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Full text of "Españoles sin patria y la raza sefardí"

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ESPAÑOLES    SIN    PATRIA 


Li^    RAZA    SBFA-RDI 


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Dr.   -A.ng'el   ZPulido    Fernández. 

(senador   y  académico) 


INTERESAS    NACIONALES 


Españoles  sin  Patria 


Y 


La    Raza    Sefardí 


^^^^ 


MADRID 

ESTABLECIMIENTO    TIPOGRÁFICO     DE    E.    TEODORO 

Amparo,  102,  y  Eonda  de  Valencia,  8. 

Teléfono  ."552. 

1905 


A  LA  GlUrtpO  DE  SALAMANCA 

Y  Á  su   GLORIOSA  UNIVERSIDAD 


Dos  dedicatorias  honrarán  la  cabecera  de  este  libro: 
virtual  la  una  y  real  la  otra. 

D.  Pedro  de  Música,  sabio  filólogo  español  residente  en 
Berlín,  nos  transmitió  un  día,  convenientemente  autorizado, 
frases  de  bondad  y  conmiseración  para  los  israelitas  espa- 
ñoles diseminados  por  el  mundo,  escritas  por  ilustre  prin- 
cesa, que  enaltece  en  la  Atenas  alemana  las  virtudes  de  la 
familia  Real  española,  y  abrigamos  entonces  el  propósito 
de  colocar  su  nombre  al  frente  de  nuestro  libro.  En  la 
conciencia  de  todos  alienta  que,  como  refleja  un  lago  tran- 
quilo las  mil  bellezas  de  idílico  paisaje,  así  refleja  tan 
egregia  dama  las  más  delicadas  virtudes  sociales  y  domés- 
ticas. Por  eso  nadie  la  lisonjea  cuando  advierte  que  su  alma 
es  accesible  á  toda  desgracia,  su  corazón  de  muy  castiza 
españolería,  cultas  sus  ideas,  generosos  sus  sentimientos, 
nobles  sus  acciones,  sencillo  su  trato,  y  como  la  propia  pu- 
reza es  de  inmaculada  su  fama.  ¿Quién  podría  patrocinar 
mejor  esta  empresa  evangélica  y  patriótica  nuestra?  Pero- 
respetos  á  la  etiqueta  y  temores  á  la  malicia,  levantaron  dis- 
cretos escrúpulos,  y  donde  hubiese  aparecido  nombre  con 
justicia  venerado,  colocamos,  como  dignos  de  sustitución, 
los  de  Salamanca  y  su  gloriosa  Universidad. 

Y  ahora  yo  te  saludo,  adorable  ciudad  castellana,  y 
esculpo  conmovido  en  el  frontispicio  de  mi  obra,  esos  tim- 
bres de  tu  fama  histórica,  que  ahondan  y  agrandan  el  pro- 


VI 


fundo  reconocimiento  que  debo  al  honor  con  que  me  hon- 
raste. ¡Quién  dijera  en  el  pobre  hogar  de  mis  padres,  cuando 
la  ancianidad  austera  señalaba  al  tierno  niño  caminos  de 
honradez  y  estudio^  como  los  únicos  capaces  de  conducir  al 
triunfo  deseado,  que  llegaría  un  día  en  el  cual  su  obscuro 
nombre  habría  de  circular  por  el  mundo,  codicioso  de  servir 
á  la  patria,  bajo  la  sombra  protectora  de  aquella  Universi- 
dad, cuyos  resplandores  deslumhraban  su  espíritu! 

Créeme:  no  puedo  visitarte  sin  emocionarme;  ni  puedo, 
lejos  de  ti,  evocar  tu  imagen,  sin  que  mi  espíritu  reproduz- 
ca, una  y  otra  vez,  esos  crepúsculos  vespertinos,  cuando 
acompañado  de  Unamuno,  Segovia,  Diez  y  Pérez  Oliva,  que 
simboHzan  perfectamente  tus  letras,  tu  carácter,  tu  hidalguía 
y  tu  amistad,  caen  nuestras  almas  en  estáticos  transportes,  al 
ver  desvanecerse  entre  las  purpurinas  sombras  de  tu  cielo 
diáfano,  la  diadema  incomparable  de  torres,  cúpulas,  cam- 
panarios y  cresterías  que  orlan  tu  frente;  la  venerable  fas- 
tuosidad de  tus  escudos,  donde  el  sol  de  los  Solís,  las  es- 
trellas de  los  Fonsecas  y  las  flores  lises  de  los  Maldona- 
dos,  acreditan  tu  linajuda  nobleza;  las  filigranas  plateres- 
cas de  tus  fachadas  incomparables  y  las  armónicas  líneas 
de  tus  robustos  palacios,  á  los  cuales  el  ardiente  Febo  de 
Castilla  ilumina  con  esos  preciosos  matices  áureos  y  rosas 
que  inflaman  el  amor  de  cuantos  te  visitan,  haciendo 
que  te  consagren  himnos  inspirados  y  obras  como  las  de 
Reynier. 

En  esa  hora  de  lan  evocaciones  misteriosas,  cuando  el 
silencio  de  tus  calles  es  roto  por  el  tañido  de  las  cam- 
panas que  alegraron  siglos  y  siglos  las  fiestas  escolares, 
mi  espíritu,  y  el  de  aquellos  mis  amigos,  se  sienten  llenos 
de  las  ejecutorias  de  tus  Colegios  mayores  y  menores.  Re- 
cordamos que  el  Papa  Alejandro  IV  te  proclamó  uno  de 
los  cuatro  estudios  generales  del  mundo,  con  París,  Oxford 
y  Bolonia;  que  fuiste  luz  del  orbe  después  de  la  antigua 
Lutecia;  que  Cristóbal  Colón  recobró  en  tu  seno  sus  ya  des- 
fallecidos alientos;  Carlos  V  se  sintió  deslumhrado  con  tus 
esplendores  y  magnificencias;  gozaste  del  amor  de  los  Pon- 
tífices, y  promulgaste  la  grandeza  de  los  Alfonsos,  esos  mo- 


vil 


narcas  que  tan  ilustrada  protección  dispensaron  á  los  judíos. 

Y  entonces,  al  conjuro  de  las  campanadas  que  vienen 
de  lo  alto,  las  sombras  de  tus  plazoletas,  calles  y  encrucija- 
das, parecen  llenarse  de  muchedumbres  escolares;  de  aque- 
llos arrogantes  tipos  de  todos  los  reinos  españoles,  que  con- 
trastan sus  cenceños  y  tostados  rostros,  y  las  becas  verdes, 
azules,  rojas  y  violetas  de  sus  trajes,  parecidas  á  flores  se- 
movientes de  un  jardín  fantástico,  con  las  cabezas  pelirojas 
y  las  fisonomías  rubicundas  de  los  irlandeses,  que  bañan  sus 
cuerpos  en  las  aguas  finas  del  Tormos  todo  el  año.  Cree- 
mos ver  resurgir  las  procesiones  de  tus  grados  académicos, 
marchando  los  doctores  exornados  de  terciopelos  y  encajes, 
con  los  tocados  polícromos  de  sus  Facultades:  blancos^  ver- 
des, azules,  rojos  y  amarillos.  Nos  ensordece  el  estrépito  de 
tus  campanas:  argentinas  y  vibrantes  las  de  San  Martín, 
graves  y  lentas  las  de  la  Catedral  y  desvanecidas  las  de  las 
iglesias  lejanas,  y  percibimos  el  vocerío,  los  vítores,  las  mú- 
sicas y  los  himnos  de  tus  falanges  estudiantiles,  que  atrue- 
nan la  urbe  universitaria  con  las  apoteosis  edificantes  del 
saber,  la  juventud  y  la  belleza. 

Allí  está  aún  el  escenario  de  tantas  glorias;  allí  las  cá- 
tedras donde  innúmeros  sabios,  entre  ellos  no  pocos  hebreos, 
conquiírfaron  universal  admiración;  allí  palpita  hoy  mismo 
el  alma  de  aquellas  lumbreras  que  afamaron  épocas,  nom- 
bres Y  doctrinas;  allí  descansan  en  sus  sepulcros  de  piedra 
las  cenizas  de  tus  proceres  inmoi  tales,  y,  como  advierte 
Unamuno,  allí,  en  las  aulas,  yacen  grabados  todavía  los  ecos 
dol  amor  en  los  troncos  muertos,  donde  se  apoyamn  los 
codos  de  tantas  generaciones  estudiosas,  y  resonaron  las 
enseñanzas  de  tantos  maestros  insignes,  porque  se  leen: 

Allí  Teresa,  Soledad,  Mercedes, 
Carmen,  Olalla,  Concha,  Lola  ó  Pura, 
Nombres  que  fueron  miel  para  los  labios. 
Brasa  en  el  pecho. 

Viviste  mucho  y  lo  fuiste  todo:  campo  de  edificaciones 
y  libertades,  y  á  las  veces  ergástula  de  miserias  y  fanatis- 
mos. Nada  te  supera  como  síntesis  de  la  vida  nacional,  ni 
te  iguala  nada  en  reflejar  tan  fielmente  las  transformacio- 


VIII 


nes  y  cambios  de  la  patria  imperecedera.  Remontaste  mucho 
el  vuelo  y  luego  caiste  á  lo  hondo  del  barranco;  pero  también, 
como  España,  sientes  la  savia  de  nueva  primavera  encender 
tu  alma,  y  á  su  hirviente  vida  retoñas,  y  despuntan  ya  las 
floraciones  espléndidas,  que  proclamarán  mañana  otra  vez  el 
valer,  la  sabiduría  y  el  amor  de  tus  esclarecidos  hijos. 

Por  eso  á  ti,  Salamanca  querida,  dedico  esta  obra  for- 
jada al  luego  de  mis  ansias  regeneradoras  por  la  patria 
santa;  á  tu  ciudad;  á  tu  Universidad:  á  tus  hijos  ilustres;  á 
tu  rector,  Miguel  de  Unamuno;  á  tus  cuatro  decanos:  Teo- 
doro Peña,  de  Leyes;  Santiago  Martínez,  de  Filosofía  y 
Letras;  Isidro  Segovia,  de  Medicina,  y  Eduardo  No,  de 
Ciencias;  á  tu  brillante  juventud  escolar^  y  pido  á  Dios  me 
permita  asistir  en  persona  y  con  servicios  á  la  obra  hermosa 
de  tu  regeneración  y  engrandecimiento,  para  que  tornes  á  ser 
lo  que  por  muchos  siglos  fuiste:  la  villa  insigne,  madre  de 
las  virtudes,  antorcha  de  las  ciencias  y  emporio  de  las  artes. 

Senador  por  la  Universidad  de  Salamanca. 


INTRODUCCIÓN 


Origen  del  libro.  — Las  primeras  gestiones.— Información   israelita.— División  y 
alcance  de  la  obra.— El  oro  judío. — Profesión  de  fe. 


Muchas  veces  he  recordado,  durante  los  últimos  meses, 
aquel  sencillo  episodio  por  el  cual  arraigó  y  floreció  en  mi  áni- 
mo, el  sostenido  afán  de  reconquistar  al  pueblo  judeo-españoi, 
tanto  para  causar  beneficios  á  España  y  á  Israel,  cuanto 
para  servir  á  la  evangélica  educación  de  razas  y  pueblos,  cuyas 
sociales  relaciones  y  humanos  sentimientos  todavía  hoy  se 
hallan  extraviados  por  i-epugnancias  y  antagonismos  feroces, 
consecuencia  de  atávicas  enfermedades  que  padece  el  alma  de 
los  pueblos  y  de  los  individuos.  Ya  en  mi  libro  Los  israelitas 
españoles  apunté  aquel  suceso,  el  cual  gustoso  traigo  al  frente 
de  este  segundo  y  más  ilustrado  estudio  acerca  de  la  propia 
materia,  como  razón  sintética  de  mi  obra  toda. 

El  24  de  Agosto  del  año  1903  salíamos  de  Belgrado,  al 
romper  el  alba,  mi  familia  y  yo,  embarcados  en  uno  de  los 
vapores  que  navegan  en  el  Danubio,  con  dirección  á  Orsova, 
adonde  habíamos  de  llegar  por  la  tarde.  Una  leve  destemplan- 
za orgánica,  que  padecí  durante  este  viaje  todo,  sentíala 
con  más  intensidad  entonces,  por  el  corto  sueño  á  que  nos  obli- 
gó la  necesidad  de  abandonar  el  hotel  antes  de  que  amaneciese, 
y  por  la  larga  espera  que  hubimos  de  hacer  á  la  intemperie, 
junto  al  embarcadero,  aguardando  que  se  presentase  el  revisor 


de  los  pasaportes;  documento  que  se  exige  á  cada  paso,  por  el 
Oriente  de  Europa,  desde  que  se  traspasa  la  Hungría.  Era  la 
mañana  fresca,  aunque  de  radiante  y  sereno  cielo.  Las  irisa- 
ciones de  la  alborada  resplandecían  con  atrayente  hermosura; 
y  por  esto,  apenas  embarcábamos  los  pasajeros,  todos  escogía- 
mos sitio  desde  donde  contemplar  mejor,  ya  los  cambiantes  de 
luz  que  se  sucedían  en  cielo  espléndido  y  dilatado,  ó  ya  el  refle- 
jo de  sus  tintas  en  las  serenas  corrientes  del  Danubio  y  el 
Sava;  los  cuales  ríos  allí  confluyen  con  pronunciados  serpenteos, 
que  reproducen  en  el  espejo  de  sus  aguas  las  bellezas  arqui- 
tectónicas de  la  capital  servia,  y  la  pintoresca  villa  de  Zimony^ 
la  ciudad  de  Hungría  donde  hay  más  judíos  españoles. 

Dos  marineros  entregados  á  la  faena  de  limpiar  suelo  y 
asientos  con  abundosas  mojaduras,  nos  echaban  de  uno  á  otro 
sitio.  Yo  procuraba  reaccionar  mi  cuerpo,  enfriado  con  el  re- 
lente de  la  madrugada,  la  neblina  fluvial  y  la  humedad  del 
baldeo;  y  apenas  atendía  á  los  contados  pasajeros  que  se  halla- 
ban sobre  cubierta,  entregados  á  la  misma  contemplación.  Fué 
alguien  de  mi  familia  quien  me  advirtió  la  presencia,  al  lado 
nuestro,  de  una  pareja,  que  debía  ser  un  matrimonio,  de  edad 
madura,  sencillamente  vestido,  modesto  porte,  talla  corta  y  es- 
casas carnes;  el  cual  conversaba  con  blandos  ademanes  y  aspec- 
to tfiste,  hablando  un  castellano  incorrecto. 
— Son  judíos  españoles — dijimos  al  punto. 
Realmente  no  conversaban:  agarrada  ella  con  una  mano  á 
la  borda,  fija  su  mirada  estuporosa  en  las  aguas  del  río,  taci- 
turna y  quieta,  escuchaba  á  su  compañero,  el  cual  le  decía 
frases  que  parecían  de  consuelo. 

La  curiosidad  me  indujo  á  hablarles. 
— ¿Está  enferma  la  señora? — pregunté. 
— No — respondió  él — está  afligida.  Acabamos  de  perder  una 
hija  y  viajamos  por  distraerla  y  consolarla  de  su  dolor. 

Pocos  minutos  después  habíamos  hecho  nuestras  respectivas 
presentaciones  y  empezaba  á  conocer  á  D.  Enrique  Bejarano, 
director  de  una  Escuela  israelita  española  de  Bucarest,  publi- 
cista distinguido,  políglota  y  buen  sabidor  de  Hteratura  judeo- 
español, quien  se  espontaneó  al  punto  con  grata  conversa- 
ción. 


3re  pareció  iuteresaute  y  venerable  este  distinguido  profe- 
sor. Escuchábale  con  singular  agrado  las  leyendas,  cantigas, 


FiG.  1.^ — D.  Enriqíie  Bejarafto,  Director  de  una  escuela  israelita  española  en 

Bacarest,  y  primer  académico  correspondiente  sefardi  de  la  Academia 

de  la  Lengua  Española. 


sentencias  y  decires  de  antigua  procedencia  española,  con  los 
cuales  amenizaba  su  relato.  Me  atrajo  la  variedad  de  sus  cono- 
cimientos gramaticales  en  distintas  lenguas;  y  más  que  todo 
esto  me  impresionó  el  estallido  de  amor  á  la  tierra  hispana, 
que  hubo  de  expresar  con  emoción  lacrimosa  y  frases  de  ex- 
tremada delicadeza  y  ternura,  como  atestiguando  un  culto  reli- 
gioso y  secularmente  conservado.  Sentí  la  más  extraña  y  fuerte 


emoción  cierta  vez  cuando,  como  si  fuese  arrastrado  por  sobre- 
natural esperanza,  le  vi  dirigirse  de  pronto  á  su  desventurada 
mujercita,  la  cual  permanecía  absorta,  muda,  siempre  con  la 
vista  clavada  en  la  corriente;  y  decirla  con  blandísimo  acento, 
de  infantil  regocijo: 

— ¿Ves  cómo  la  Providencia  nos  atiende  y  consuela?  Hoy 
nos  proporciona  la  ventura  de  ir  en  este  barco  y  conocer  á 
estos  señores,  que  son  de  España,  de  nuestra  querida  madre 
patria,  y  hacernos  sus  amigos.  ¿Ves  qué  bueno  es  Dios? 

Aquella  hipérbole  extraordinaria;  su  injustificada  venera- 
ción por  la  tierra  liispana;  el  dolor  profundo  de  la  desolada 
madre,  quien  buscaba  en  el  fondo  del  río,  con  estática  clava- 
zón de  ojos,  la  aparición  de  su  bella  hija,  arrebatada  á  la  vida 
en  edad  juvenil,  pocos  días  antes;  los  recuerdos  de  la  patria 
ausente;  el  panorama  ya  algo  lejano  de  la  capital  servia,  Bel- 
grado, cuyos  edificios  comenzábamos  á  perder  de  vista,  teñidos 
con  diferentes  matices,  á  medida  que  el  sol  iba  ganando  altu- 
ra y  desvanecía  la  neblina  matinal;  el  Konack,  que  se  alzaba 
sobre  todos,  encendido  con  reflejos  de  escarlata,  como  si  de- 
nunciase el  terrible  drama  de  los  reyes  allí  asesinados,  pocas 
semanas  antes;  quizás  la  misma  susceptibiüdad  morbosa  de 
mi  destemplanza,  todo  me  produjo  una  excitación  cerebral  tan 
viva,  que  dejé  ya  de  poder  seguir  los  relatos  del  venerable  judío 
ante  la  necesidad  imperiosa  de  atender  al  hervidero  de  ideas  y 
recuerdos  que  se  sucedían  en  mi  cabeza. 

Eran  mil  motivos  más  ó  menos  incoherentes,  relacionados 
con  el  pueblo  judío,  y  con  aquel  su  idioma  castellano,  manteni- 
do á  través  de  cuatro  siglos  de  destierro. 

Las  rientes  orillas  danubianas  y  las  poblaciones  en  ellas 
tendidas  se  sucedían  sin  que  mi  atención  apreciara  sus  bellezas: 
Pancsova,  situada  en  la  desembocadura  del  Temes;  los  her- 
mosos prados  y  viñedos  que  decoran  la  posición  topográfica  de 
Grodska;  las  robustas  y  ennegrecidas  torres  cuadradas  que  cir- 
cundan á  Semendría,  en  el  comienzo  del  espacioso  valle  de  la 
Morava...  todo  pasaba  ante  mis  ojos,  sin  dejarme  impresiones, 
mientras  Bejarano  hablaba  con  mi  familia,  y  yo,  aparentando 
escucharle,  saltaba  nervioso  de  uno  á  otro  por  los  siguientes 
pensamientos  y  contrastes: 


El  divino  drama  del  Calvario  y  el  sublime  paralelo  del  dis- 
curso de  Castelar,  pronunciado  el  12  de  Abril  de  1869,  cuando 
el  verbo  español  formuló  la  más  grandilocuente  y  conmovedora 
invocación  sobre  tolerancia  religiosa,  que  escucharon  los  Parla- 
mentos todos  del  mundo. — La  soberanía  de  los  idiomas  tan  bus- 
cada hoy  por  los  pueblos  cultos  bien  regidos,  y  su  valor  en  las 
relaciones  mercantiles,  Hterarias  y  sociales  de  los  imperios.— La 
extraña  paradoja  de  no  podernos  entender  mi  esposa  y  yo,  con 
nuestros  compatriotas,  en  1900,  cuando  hicimos  una  excursión 
á  las  salinas  de  Cardona,  obligando  á  mi  compañera  á  meterse 
en  la  cocina  de  una  posada  y  aderezar  con  propia  mano  un  al- 
muerzo, que  no  había  otro  modo  de  conseguir;  y  los  paseos  de 
la  tarde  anterior  por  las  calles  de  la  eslava  Belgrado,  donde  el 
idioma  español  nos  había  servido  para  adquirir  objetos  en  di- 
ferentes tiendas,  y  conversar  con  individuos  que  nunca  visi- 
taron España,  ni  trataron  á  sus  naturales. — Las  nociones  ad- 
quiridas desde  la  infancia  sobre  los  judíos,  con  sus  legendarios 
defectos  de  raza,  y  las  falsas  ideas  acerca  de  las  sociedades  eu- 
ropeas en  que  viven  muchos  de  esos  llamados  intelectuales  de 
nuestro  país,  que  nunca  cruzan  las  fronteras. — La  decadencia 
terrible  y  súbita  de  nuestra  patria,  y  el  desamparo  en  que  que- 
daron sus  rudimentarias  industrias. — Las  defectuosas  contien- 
das de  nuestros  políticos,  inaptos  para  remontarse  con  espíritu 
práctico  y  culto  hasta  los  grandes  problemas  de  la  vida  nacio- 
nal é  internacional;  y  el  desconsolador  atraso  de  nuestros  cen- 
sos, de  nuestra  raza  y  de  nuestras  fuentes  de  riqueza  pública. 
—Los  polos  morales  sobre  los  cuales  gira  hoy  la  vida  de  las  na- 
ciones; y  los  múltiples  fanatismos  blancos,  negros,  rojos  y  de 
mil  colores,  con  que  los  hombres  acrecen  sus  ya  ineluctables 
desdichas. — El  total  abandono  y  olvido  en  que  tenemos  esta  em- 
presa de  reintegración  nacional  judía;  y  los  propósitos  y  espe- 
ranzas que  en  ocasiones  distintas  se  produjeran  sobre  el  par- 
ticular.— La  afrentosa  y  mísera  homogeneidad  de  las  ciudades 
españolas,  como  cerradas  á  la  vida  cosmopohta  y  al  trato  pací- 
fico y  culto  del  hombre  en  sus  infinitas  derivaciones  de  razas  y 
creencias;  y  la  odiable  fama  de  pueblo  ignorante  y  fanático  con 
que  nos  juzgan  y  maltraían  los  países  adelantados...  y  á  este 
tenor  más  y  más  ideas  por  ei  estilo,  brotaban  en  mi  pensamien- 


to,  le  herían  fugaces  con  un  vivo  latigazo,  y  desaparecían  pron- 
to para  que  les  sucediesen  otras.  Y  así  fui  pensativo,  hasta  que 
al  pasar  por  Moldo  va,  invadió  nuestro  barco  una  serie  espanta- 
ble de  sociedades  excursionistas  húngaras;  con  lo  cual  se  acabó 
ya  toda  conversación  y  todo  discurso;  porque  desde  aquel  punto 
no  hubo  banco  en  que  sentarse,  ni  lugar  para  ver,  ni  mesa 
donde  almorzar,  ni  humor  y  modo  de  hacer  nada;  provocando 
tan  sofocante  \  molestísima  concurrencia  un  malestar  y  dis- 
gusto intensos,  los  cuales  nos  duraron  hasta  que  por  la  tarde  des- 
embarcamos en  (Jrsova,  casi  sin  poder  despedirnos  de  Bej araño 
y  su  esposa.  Nos  separamos  entonces;  y  ellos  siguieron  su  ruta 
por  el  Dan'ibio,  mientras  nosotros  nos  encaminábamos  á  la  ca- 
pital de  Rumania,  habiendo  ya  cristalizado  en  mi  espíritu  el 
firme  propósito  de  estudiar  algo  este  problema  durante  el  resto 
del  \iaje,  y  tratar  seriamente  de  él  cuando  regresáramos  á  Es- 
paña. 

Y  así  lo  hice. 

Recorrí  algunos  pueblos  del  Oriente  de  Europa  y  apunté 
varios  datos,  que  me  sirvieron  para  esbozar  mis  primeras 
impresiones.  Regresé  á  Madrid  de  este  viaje  el  día  3  de  Octu- 
bre de  1903;  en  la  tarde  del  13  de  Noviembre  siguiente  formu- 
lé al  Ministro  de  Estado,  Sr.  Conde  de  San  Bernardo,  en  el 
Senado,  una  excitación  para  proteger  el  idioma  castellano  en 
Oriente.  El  8  de  Febrero  de  1904  publicó  La  Ilustracién  Espa- 
ñola y  Americana  el  primero  de  los  seis  artículos,  que  fueron 
pronto  reproducidos  en  varios  idiomas  y  en  diferentes  pueblos. 
El  29  de  Abril  salieron  de  España  los  primeros  ejemplares  de 
mi  modesto  libro  Los  israelitas  españoles  y  el  idioma  castellano, 
destinado  exclusivamente  á  ponerme  en  relación  con  el  pueblo 
judío,  y  á  poder  conseguir  la  información  necesaria,  para  cono- 
cer bien  y  presentar  á  mi  país  con  algún  fundamento  esta  im- 
portante cuestión.  Por  aquellos  días  se  leyó  en  la  Real  Acade- 
mia de  la  Lengua  el  mensaje  que  le  dirigí,  por  virtud  del  cual 
se  fué  al  nombramiento  de  correspondientes  entre  los  israelitas 
españoles;  y  pocos  días  después  llevé  á  los  grandes  y  popula- 
res diarios  El  Liberal,  Heraldo  de  Madrid,  España  y  Diario 
Universal,  informaciones  y  correspondencias,  que  me  sirvie- 
ron para  divulgar  este  asunto  por  España,  y  para  que  comen- 


¿aran  ilustrados  publicistas  á  escribir  acerca  de  él;  bie  nen  su 
pro,  que  fueron  los  más;  bien  en  su  contra,  para  lo  cual  no 
faltó  alguno. 


Y  ahora  viene  á  cuento  consagrar  algunos  párrafos  á  expo- 
ner una  de  las  gestiones  más  interesantes,  y  para  mí  conmove- 
doras, que  he  realizado:  la  de  la  información  por  medio  del 
cuestionario. 

En  la  tarea  pública  que  por  vida  voy  verificando,  algunas 
informaciones  he  llevado  á  cabo;  pero  ninguna,  con  verdad, 
me  causó  la  impresión  que  esta.  Doce  meses,  día  tras  día,  he 
venido  manteniendo  una  correspondencia  extranjera,  cuyo 
texto  despertaba  á  la  continua  en  mi  espíritu,  inefables  emo- 
ciones nunca  sentidas.  Con  razón  sobrada  me  decía  una  maña- 
na el  ilustre  hombre  público  D.  Alfonso  González,  exministro 
de  la  Gobernación,  por  encontrarme  en  el  tranvía  leyendo  una 
correspondencia  de  exótico  origen  y  de  abigarrado  y  copioso 
contenido: 

— ¿Gozará  usted  placeres  extraños  con  estas  cartas? 
— Sí,  señor — le  respondí — me  interesan  tanto,  que  espero  la 
llegada  del  cartero  con  el  interés  de  un  enamorado. 

Diez,  doce  }'■  más  cartas  á  diario,  con  sobres  cuyos  sellos 
y  timbres  atestiguaban  lejanas  y  distintas  procedencias,  me 
traían  largos  escritos,  redactados  en  un  castellano  de  variado 
léxico,  obedeciendo  al  deseo  mío,  que  rogaba  siempre  á  los 
autores  empleasen  su  jerga  histórica,  de  preferencia  á  cual- 
quiera otro  idioma  de  los  usados;  y  me  daban  á  conocer  apre- 
ciabilísimas  fisonomías  morales,  inteligencias  bizarras,  almas 
dignas  de  observación,  apariciones  diferentes  de  una  persona- 
lidad étnica  y  social,  tipos  psicológicos  que  despertaban,  con 
más  ó  menos  viveza,  reacciones  variadas  de  mi  atención  y  de 
mis  afectos.  Original  vivero  de  relaciones  sociales  fué  éste, 
donde,  sin  conocer  de  presencia  á  nadie,  y  solamente  llamando, 
con  formularia  y  seca  cortesía,  á  la  gentileza  y  á  la  bondad  de 
personas  extranjeras,- vi  brotar  por  todas  partes  un  plantel  de 
correspondientes  generosos,  corteses,  delicados  en  la  expre- 


siÓD,  serviciales  ante  el  encargo,  listos  cuando  convenía  la  di- 
ligencia, nunca  reacios  ante  lo  molesto,  siempre  respetuosos, 
y  con  un  sentimiento  tan  general  y  delicado  de  gratitud  por  la 
obra  de  alta  humanidad  acometida,  que  producían  honda 
emoción  los  términos  con  que  á  las  veces  la  expresaban.  En 
las  páginas  de  este  libro  quedarán  registradas  pruebas  nume- 
rosas y  elocuentes  de  esta  afirmación  que  hago,  y  á  ellas  en- 
vío el  lector. 

Seres  extraños  á  nosotros,  todos  ellos,  y  sin  lazo  alguno  de 
interés  positivo  que  nos  uniera;  personas  de  posición  desahoga- 
da; bien  avenidas  con  su  presente,  con  su  actual  suelo  patrio 
y  las  consideraciones  civiles  de  que  disfrutan,  y  ajenas  por 
entero  hoy  á  este  desdichado  país  nuestro,  sobre  el  cual  azota 
la  desgracia;  digo  que  aquellas  misivas  breves,  desnudas  de 
toda  gala  y  lisonja,  que  en  número  considerable  partieron  de 
este  modesto  domicilio  donde  habito,  y  fueron  á  las  cuatro 
partes  del  mundo,  confiadas  á  la  caballerosidad  y  á  la  cultura, 
allí  encontraron  lo  que  buscaban.  Y  en  el  manantial  de  la  más 
exquisita  cultura  y  caballerosidad  bebieron  su  respuesta  las 
numerosas  y  prolijas  informaciones  que,  á  correo  vuelto,  me 
trajeron  un  testimonio  muy  convincente  de  que  la  humani- 
dad es  buena,  desinteresada  y  fraternal,  siempre  que  se  acude 
á  sus  sentimientos,  llevando  el  ramo  de  olivas  en  la  mano  y  las 
expresiones  de  amor  en  el  discurso. 

De  esta  afirmación  se  convencerá  el  lector,  por  sí  mismo, 
leyendo  á  los  propios  correspondientes;  quienes  le  serán  pre- 
sentados en  cuerpo  y  alma,  en  este  pequeño  escenario  de  mi 
libro;  para  lo  cual,  siempre  que  el  asunto  y  la  expresión  lo  de- 
mandaren y  consintieren,  serán  ellos  los  que  razonen  y  ex- 
pongan. Entonces  desapareceremos  nosotros  de  la  escena,  li- 
brando al  lector  de  nuestro  discurso,  nuestros  sentimientos  y 
nuestro  estilo,  para  que  goce  la  novedad  y  realice  el  estudio  de 
conocer  á  israelitas:  de  la  gigantesca  Londres  ó  de  la  consagra- 
da Jerusalén;  de  la  bella  Constantinopla  ó  de  la  elegante  Buca- 
rest;  del  abigarrado  Tánger  ó  de  la  noble  Lisboa;  de  la  altiva 
Nueva  York  ó  del  modesto  Barranquilla...  y  á  este  tenor,  á  se- 
farditas de  todo  el  mundo;  cuyo  trato  y  artes  de  expresión  tengo 
por  seguro  que,  á  ser  algo  comunicativo,  conquistarán  sus 


afectos  y  su  amistad,  como  conquistados  dejan  los  del  modesto  ■ 
autor  de  este  libro. 

Por  vida  quedarán  grabadas  en  mis  recuerdos  la  paternal 
bondad  de  Lorenzo  Asclier,  y  las  melosas  lisonjas  y  delicade- 
zas de  Enrique  Bejarano,  ambos  de' Bucarest;  la  obsequiosa 
solicitud  de  Moisés  Abravanel,  de  Salónica;  la  despierta  y  pe- 
ritísima colaboración  de  E.  Carmona,  de  Tetuán;  la  profunda 
sabiduría  literaria  de  José  Benoliel,  de  Lisboa;  el  gallardo  es- 
pañolismo y  portentosa  cultura  de  Jacques  Danon,  de  Andri- 
nópolis;  la  sencilla  bondad  y  pericia  pedagógica  de  Moisés 
Fresco,  de  Constantinopla;  la  distinguida  cortesía  de  Salomón 
Levy,  de  Oran;  la  juvenil  gentileza  y  selecta  cultura  de  Benko 
S.  Davitscho,  de  Belgrado;  la  espontánea  solicitud  y  práctica 
pericia  del  elegante  escritor  Abraham  Z.  López  Penha,  de  Ba- 
rranquilla,  y  de  Alberto  Cazes,  de  Estambul;  la  selecta,  noble 
y  prestigiosa  ilustración  del  renombrado  historiador  Enrique 
León,  de  Biarritz;  la  sugestiva  forma  literaria  de  Abraham  A. 
Cappon,  de  Sarayevo;  la  inagotable  bondad  y  entusiasta  ayuda 
de  José  Farache,  de  Madrid;  las  eruditas  exposiciones  de  José 
Romano  y  Rafael  Cohén,  de  Esmirna;  la  precisa  y  correcta  res- 
puesta de  S.  I.  Pariente,  de  Beyrouth;  la  práctica  y  rebuscarla 
información  de  José  Elmaleh,  de  Gibraltar;  las  muchas  aten- 
ciones, en  fin,  de  Spagnolo,  de  Alejandría;  Mitrany,  de  Andri- 
nópolis;  los  Salcedos  y  Pereyres,  de  Bayona;  Canetti,  de  Cala- 
rasi;  Rousso,  de  Constantinophi;  Franco,  de  Demotica;  Antebí, 
de  Jerusalén;  Dañan,  de  Lorenzo  Marqués;  Levy,  de  Londres; 
Garson,  de  Manchester;  Salem,  Nehama,  Levy  y  Arditti,  de 
Salónica;  Franco  y  Romano,  de  Esmirna;  Pisa,  Laredo,  Pinto, 
Pimienta  y  Benoliel,  de  Tánger;  la  Sociedad  Esperanza,  de 
Viena,  y  muchos  más,  que  nos  perdonarán  no  les  citemos  aquí, 
por  no  hacer  interminable  una  lista  que  publicaremos  en  otro 
lugar  entera. 

De  intento  dejo  para  manifestarles  todavía  más  especial  y 
hondo  reconocimiento,  á  doña  Micca  Gross  Alcalay,  de  Trieste, 
bella,  inteligente  y  culta  dama,  de  espíritu  abierto  á  todas  las 
reparaciones  y  grandezas  sociales  del  progreso,  en  cuyas  cartas 
se  saborean  por  igual  las  ternuras  de  un  corazón  femenino  y 
los  arrestos  de  un  cerebro  varonil;  á  la  joven  señorita  Fina 


10 


Haim.  de  Berlín,  cuyas  cartas  de  seductora  sencillez  y  esmera- 
da caligrafía  sugieren  la  impresión  de  una  niña  delicada  y  ado- 
rable; á  nuestras  compatriotas  las 
ilustradas  y  elegantes  escritoras 
doña  Concepción  Gimeno  y  doña 
Carmen  de  Burgos  Seguí,  cuyos 
exquisitos  sentimientos  perfu- 
man a  diario  las  planas  de  mu- 
chos diarios  españoles;  y  al  culto 
y  por  extremo  bondadoso  Pinhas 
Asayag,  de  Tánger,  uno  de  los 
caracteres  más  atraj^entes  que 
hemos  conocido  en  la  vida,  queri- 
do de  cuantos  le  tratan,  intere- 
sante por  sus  dolencias  físicas, 
espíritu  evangélico  que  convierte 
los  sufrimientos  de  un  sistema 
nervioso  delicado,  en  manadero 
de  sohcitudes  cariñosas  y  de  su- 
blimes sentimientos  altruistas.  A 
su  laboriosidad  debo  gran  parte  de  la  copiosa  y  profunda  in- 
formación sobre  Marruecos  que  contiene  este  libro;  á  sus  re- 
comendaciones, el  trato  de  muchos  distinguidos  israelitas,  y  á 
su  sólida  cultura,  una  continuada  cooperación,  que  gustoso  so- 
licité, y  generosamente  me  concedió. 

Fuera  omisión  imperdonable  no  consagrar  también  frases 
de  gratitud  á  algunos  de  los  muchos  compatriotas  que  me  han 
prestado  su  ayuda  y  me  han  alentado  con  sus  aplausos  en  esta 
obra  de  regeneración  patria.  Reciban  las  gracias  que  de  todo 
corazón  les  envío,  los  Sres.  Menéndez  Pelayo  y  Menéndez  Pidal, 
de  la  Academia  de  la  Lengua;  D.  í  rancisco  Cobos,  de  Buenos 
Aires;  D.  Juan  B.  Sitges  y  el  profundo  filólogo  D.  Pedro  de 
Múgica,  quien  honra  en  Berlín  el  nombre  español;  D.  Justo  Ro- 
sell,  á  cuya  servicial  actividad  debo  valiosos  datos  adquiridos 
en  París,  donde  reside;  los  Sres.  D.  Luis  Bonafoux,  D.  Jenaro 
Cavestany  y  D.  Alberto  Bandelac,  este  particular  amigo  queri- 
dísimo, y  residentes  todos  en  la  misma  capital  francesa;  D.  Luis 
Rubio  y  D.  A.  Rotondo  Nicolau,  dignos  cónsules  de  España  en 


FiG.  2.'^  —  Doña  Carmen  de  Burgos 
Seguí,  distinguida  escritora 
española. 


11 

Amberes  y  Casablanca,  y  compañeros  inolvidables  de  mi  ya  le- 
jana infancia;  D.  Benito  Feruández  Alonso,  de  Orense,  y  D.  Pa- 
blo Vallescá,  celoso  presidente  de  la  Asociación  Mercantil  de 
]\Ielilla,  quien  siguiendo  patrióticos  impulsos  me  envió  copiosa 
información  sobre  i\Iarruecos;  y  los  diarios  El  Liberal,  Heral- 
do, España  y  Diario  Universal,  cuyas  columnas  utilicé. 


Mi  modesta  obra  es  el  resultado  de  la  colaboración  de  todos. 
En  ella  hay  un  tesoro  de  buenos  deseos,  de  afectuoso  estudio 
y  con  frecuencia  de  amor  a  España,  á  Israel  y  á  los  evangélicos 
progresos  de  la  desventurada  sociedad,  que  no  puede  por 
menos  de  obtener  como  merecido  premio  el  éxito.  Todos  hemos 
puesto,  sin  duda,  nuestros  pensamientos  en  la  Humanidad  y  en 
la  Patria.  ¡Que  estos  supremos  intereses  á  quienes  servimos 
premien  á  mis  colaboradores,  porque  yo  desisto  de  cumplir  un 
deber  que  supera  á  mis  recursos! 

La  información  que  he  practicado  no  ha  sido,  ni  podía  ser, 
todo  lo  amplia  y  completa  que  convendría  á  una  materia  de 
esta  importancia.  Con  respecto  á  sus  alcances,  me  he  contraído 
á  comprender  los  puntos  más  esenciales  de  mi  estudio,  en  un 
cuestionario  que  tenía  tan  solamente  las  doce  preguntas  que 
luego  siguen. 

No  siendo  mis  intenciones  escribir  una  obra  de  carácter 
histórico,  como  las  de  D.  Adolfo  de  Castro,  D.  José  Amador  de 
los  Ríos  y  otras  varias;  ni  un  libro  de  erudición  literaria,  como 
los  cancioneros,  antologías,  centones...  que  brotaron  ya  de  la  ga- 
llarda pluma  de  D.  Marcelino  Menéndez  Pelayo  y  D.  Abraham 
Danón,  ó  preparan  hteratos  del  fuste  de  D.  Antonio  Sánchez 
Moguel  y  D.  Ramón  Menéndez  Pidal;  ni  una  relación  episódica 
de  curiosidades,  impresiones  y  amenidades  de  cronista,  sino  un 
libro  de  reintegración  nacional,  de  proselitismo  sobre  uno  y 
otro  pueblo,  de  atracciones  y  simpatías,  bastaban  á  mi  propó- 
sito los  sencillos  datos  que  en  ese  cuestionario  se  solicitan. 

Hele  aquí: 

1.0  ¿Hay  hebreos  sefardim  en  esa  ciudad  donde  usted  vive?  ¿Cuántos 
son?  2.0  ¿Hay  en  esa  nación  otras  ciudades  donde  habiten  israelitas  espa- 
ñoles? ¿Cuáles  son?  3.°  ¿Cuál  es  el  estado  social  de  los  israelitas  españoles 


12 

que  hay  en  esa  ciudad  donde  usted  vive?  4.°  ¿Ocupan  muchos  altas  posi- 
ciones: como  el  gobierno,  la  milicia,  las  cátedras,  la  jurisprudencia,  la  me- 
dicina, la  banca...?  6.°  ¿Qué  periódicos  se  publican  en  esa  ciudad,  en  idioma 
judeo-espafiol?  6.°  ¿Cuántas  escuelas  hay  y  quién  las  sostiene:  el  gobierno, 
Francia^  Alemania,  etc.?  7.o  ¿Se  enseña  judeoespañol  en  las  escuelas? 
8.0  ¿Se  conserva  bien  el  judeoespañol,  ó  se  pierde  por  el  uso  de  otras  len- 
guas? 9.0  ¿Aceptarían  con  agrado  y  simpatías  los  sefardim  de  ahí  relaciones 
con  su  antigua  patria  española?  10.  ¿Sufren  los  israelitas  en  esa  nación 
leyes  de  excepción,  persecuciones?  11.  ¿Cuáles  son  las  comunidades  de 
rito  sefardim  y  los  centros  intelectuales  á  quienes  se  pueden  mandar  libros, 
revistas,  periódicos...?  12.  ¿Cuáles  son  las  librerías  de  esa  población  donde 
se  venden  las  publicaciones  israelitas? 

Con  respecto  á  su  extensión  geográfica,  no  he  podido  rela- 
cionarme, en  el  tiempo  transcurrido,  con  todas  las  regiones 
donde  hay  colonias  y  familias  de  origen  español.  Con  más 
tiempo  y  una  correspondencia  mejor  montada,  hubiera  quizás 
completado  el  esbozo  de  distribución  topográfica  que  aparece 
en  el  comienzo  de  esta  obra;  pero  no  lo  he  hecho  por  muchas 
razones  cuya  exposición  omito.  Aquí  basta  con  advertir  que 
urgía  cerrar  ya  el  período  de  información,  y  que  he  considera- 
do no  importaba  cosa  mayor  á  nuestros  fines  redondear  y  apu- 
rar este  conocimiento.  Nuestro  principal  interés  se  contrae  á 
ofrecer  á  España  un  ensayo  de  la  distribución  que  presentan 
sus  hijos  expatriados,  entre  los  pueblos  del  mundo,  y  esto 
creemos  haberlo  conseguido  en  términos  algo  satisfactorios. 


La  obra  toda  la  dividimos  en  tres  partes: 

!.''■    Examen  del  pueblo  sefardí  en  general. 

2.'"^     Estudio  regional  de  los  sefardim  que  hay  en  el  mundo. 

3.^  Relaciones  futuras  de  España  con  sus  antiguos  hijos. 
Este  libro,  por  lo  demás,  tiene  la  mismo  orientación  y  des- 
arrollará idénticos  fundamentales  motivos  que  tuvo  y  desarro- 
lló el  anterior,  intitulado  Los  israelitas  españoles;  el  cual  fué 
no  más  que  un  ensayo  hecho  sobre  la  materia,  y  un  modo  de 
comunicarnos  y  obtener  datos  de  los  centros  sefarditas  del 
mundo.  Contendrá  un  mayor  y  más  acertado  conocimiento  de 
la  cuestión,  y  además  un  análisis  algo  severo  de  la  crítica  que 
por  una  y  otra  parte,  israelitas  y  españoles,  se  hace  y  puede 
oponer  á  la  obra  nacional  que  hemos  emprendido. 


13 

Hablamos  principalmente  para  nuestro  país,  y  aspiramos  á 
realizar,  al  propio  tiempo  que  una  obra  de  información  y  de 
■crítica,  una  misión  evangélica  y  sugestiva,  creando  en  España 
aquel  estado  de  conciencia  pública,  que  es  como  el  terreno 
donde  se  han  de  construir  las  edificaciones  y  cultivar  los  frutos 
que  deben  constituir  los  futuros  intereses  de  ambos  pueblos. 
Esta  materia  es  como  nueva  en  nuestra  patria,  la  cual  olvidó 
completamente  á  sus  liijos  expatriados;  de  igual  modo  que  estos 
olvidaron  en  absoluto  á  su  antiguo  país.  Semejante  rompimien- 
to y  total  incomunicación  causaron  lo  que  era  de  rigor  que  su- 
cediese, es  á  saber:  un  mutuo  y  lamentable  desconocimiento. 
Los  sefardim  tienen  un  concepto  equivocado  de  España.  Así 
<íomo  su  jerga  actual  es  el  idioma  que  sacaron  en  1492,  pero 
corrompido;  de  igual  suerte  la  noción  que  tienen  de  nuestras 
costumbres  y  Gobiernos  es  la  desdichadísima  que  llevaron  del 
país  de  Torquemada.  Y  esto  debe  ser  rectificado,  por  culto  á  la 
exactitud  de  los  hechos  y  por  conveniencias  de  los  nuevos 
tratos. 

De  la  propia  manera  España  desconoce  el  número,  calidad 
y  significación  de  los  sefardim  actuales.  Las  más  cultas  y  ad- 
vertidas personas  con  quienes  hemos  hablado  sobre  este  parti- 
cular, aun  aquellas  que  más  habían  viajado,  y  tenían  fundados 
motivos  para  conocer  algo  del  pueblo  judío  español,  se  han 
maravillado  de  nuestras  referencias,  como  si  pintasen  descu- 
brimientos de  un  país  desconocido.  Cuando  de  estas  altas  ca- 
pacidades descendemos  á  las  regiones  sociales  inferiores,  ha- 
llamos todavía  una  más  lamentable  ignorancia  y  un  desdicha- 
dísimo concepto  abstracto  de  lo  que  significa  la  raza  judía, 
tomado  en  las  tradiciones,  en  las  propagandas  de  los  fanáti- 
cos y  antisemitas,  y  en  los  textos  de  algunos  historiadores 
adocenados  y  maldicientes,  quienes  se  han  dado  el  gusto  de 
propalar  errores  y  necedades.  La  historia  seria,  culta,  honda  y 
desapasionada,  debida  á  plumas  como  la  de  los  Sres.  Amador 
de  los  Ríos,  Fernández  Alonso,  Pérez  Guzmán...  y  otros,  esa 
no  ha  pasado  al  común  de  las  gentes  en  los  términos  debidos, 
y  no  ha  constituido,  por  tanto,  la  opinión  general  que  debe 
existir.  Tal  es  la  razón  por  la  cual,  respetando  en  absoluto  los 
-dominios  de  la  historia,  y  sustrayéndonos  completamente  á 


14 

discusiones  y  críticas  que  no  corresponden  á  la  finalidad  de- 
este libro,  expondremos  las  rectificaciones  por  que  ha  pasada 
nuestra  indi\ádual  y  propia  conciencia,  como  un  medio  de 
contribuir  á  lo  que  demanda  la  justicia.  Cuando  fuimos  niños 
creímos  también  que  los  judíos  formaban  una  raza  abomina- 
ble, con  todos  los  horrores  intelectuales,  morales  y  hasta  orgá- 
nicos, incluso  el  desarrollo  del  apéndice  caudal,  que  almas 
ignorantes  y  simples  nos  contaban.  Fueron  necesarios  larga 
existencia,  viajes  numerosos  y  lejanos,  estudio  de  la  vida  de 
los  pueblos,  desastres  nacionales  y  un  deseo  ardiente  de  servir 
á  la  Patria,  al  Progreso  y  á  la  Humanidad,  para  borrar  de 
nuestro  ánimo  tantos  ridículos  y  perjudiciales  errores,  y  reem- 
plazarlos con  nociones  exactas  y  útiles  sobre  Israel.  El  camino 
que  hemos  recorrido  en  esta  rectificación  ha  sido  un  poco 
largo,  y  cuando  tendemos  la  vista  por  nuestra  España  y  exami- 
namos las  manifestaciones  de  algunos  de  sus  hombres,  vemos 
que  también  otros  aparecen  en  lugares  distintos  de  ese  mismo 
recorrido;  y  que  hay  todavía  intelectuales,  historiadores  y  hasta 
catedráticos,  que  son  muy  buenos  padres  de  familia,  excelentes 
amigos  y  corazones  generosos,  pero  que  se  hallan  en  los  co- 
mienzos de  esa  trayectoria.  Y  es  natural:  las  preocupaciones  mo- 
rales de  este  error  les  impiden  ver  con  claridad  y  evangélicos 
sentimientos  cuanto  tiene,  solicita  y  merece,  ante  el  derecho  pú- 
blico moderno,  un  pueblo  extraordinariamente  interesante  por 
su  historia  real,  sus  condiciones  étnicas  y  sus  desventuras  sin 
cuento.  Confiamos  en  que  muchos  seguirán  nuestro  ejemplo, 
con  lo  cual  podrán  ya  remontar  un  poco  la  vista  y  el  examen, 
para  realizar  serenamente  nobles  y  piadosas  investigaciones 
dignas  de  la  bondad  de  su  alma  y  de  la  cultura  social  moderna. 


Vamos  á  cerrar  este  prólogo  apuntando  sólo  alguna  re- 
liexión  acerca  de  un  motivo  delicado  que  juzgamos  conve- 
niente abordar.  Vacilamos  algo  al  principio  sobre  hacerlo,  por- 
que no  faltarán  quienes  lo  juzguen  imprudente  y  desusado; 
pero  la  índole  de  nuestra  campaña,  algunas  insinuaciones  pú- 
bhcas  y  particulares  que  ya  hemos  podido  advertir,  y  el  temor 
que  nos  han  apuntado  dignas  personas,  pues  no  todas  se  hallan 


15 

siempre  fortalecidas  con  el  valor  cívico  y  la  entereza  que  re- 
quieren las  firmes  convicciones  y  discutidas  causas,  nos  han 
decidido  á  echar  por  delante  este  asunto,  aun  afrontando  la 
brutal  malicia  de  aquel  principio:  excusatio  non  petita...,  etc. 
Hablamos  del  oro  judío. 

Arranque  la  humanidad  de  toda  la  primitiva  bestialidad 
que  se  quiera  suponer,  nosotros  creemos  de  ella  que  es  buena 
en  general;  que  están  en  mayoría  los  seres  de  sanos  sentimien- 
tos, y  que  aun  de  entre  los  clasificados  como  malos,  los  más 
nos  corresponden  por  derecho  propio  á  los  médicos,  en  calidad 
de  sujetos  enfermos.  De  los  tres  grandes  grupos  en  que  dividi- 
mos moralmente  á  las  personas:  buenas,  malas  y  enfermas, 
hace  años  que  la  experiencia  de  la  vida  y  los  estudios  médicos 
nos  van  ensanchando  á  diario  el  primero  y  tercero,  y  achicando 
el  segundo.  Sobre  todo,  el  traspaso  del  segundo  al  tercero  lo 
viene  reahzando  nuestra  conciencia  con  muchos  degenerados; 
cuya  terapéutica,  por  razón  de  un  concepto  patogénico  incierto, 
aiin  no  ha  sido  convenientemente  formulada,  y  mucho  menos 
impuesta. 

En  todas  partes  hay  hombres  venales  y  corrompidos;  aun- 
que muchas  veces  la  necesidad  y  el  derecho  á  obtener  de  las 
actividades  humanas  medios  de  subsistencia,  autorizarían  á 
estimar  como  escrupulosamente  correcto  y  legítimo  un  pago  que 
la  rutina  y  la  pasión  censuran.  Pero,  con  todo,  por  lo  que  nos 
incumbe,  justo  creemos  proclamar  que  España  es  uno  de  los  paí- 
ses donde  la  venalidad  y  el  interés  son  menos  frecuentes;  y  don- 
de, cuando  existen,  se  muestran  con  menos  exigencias.  Todavía 
aquí  hay  ideales,  convencimientos,  entusiasmos;  y  éstos  indu- 
cen á  pelear  por  la  doctrina  y  el  bien  humano  que  de  ella  se 
espera.  Lo  cpe  desgraciadamente  sucede  es  que,  por  \-icios  de 
educación  y  por  orientaciones  históricas  desacertadas,  esos 
móviles  espirituales  son  con  frecuencia  equivocados  y  funestos; 
y  cpe  todo  se  juzga  con  malicia. 

Mi  fraternal  amigo  el  Dr.  Tolosa  Latour,  que  es  un  altruis- 
ta culto,  con  vocación  siempre  consagrada  á  la  protección  de  la 
infancia,  hace  ya  años  que  viene  trabajando  la  creación  de  un 
sanatorio  para  niños  en  Chipiona  (Cádiz;,  en  cuya  empresa  un 
poco  le  ayudamos  algunos  amigos.  Y  con  tal  objeto,  realiza  una 


16 

labor  tenaz,  molesta  y  costosa,  para  reunir  fondos,  construir 
paulatinamente  el  edificio  y  mantener  el  escaso  número  de  ni- 
ños escrofulosos  que  hoy  allí  existe. 

Cierto  día  hablaba  nuestro  distinguido  amigo  con  otro  que 
lo  es  suyo,  quien  alardeaba  de  avisado  y  de  social;  y  expo- 
niéndole las  dificultades,  gastos  y  sinsabores  que  le  ocasionaba 
la  empresa  que  perseguía,  se  suscitó  el  siguiente  diálogo: 

— No  creo  que  sea  un  negocio  eso. 

— Es  que  yo  no  busco  un  negocio — respondió  con  viveza  To- 
losa  Latour. 

Su  amigo,  mirándole  con  fijeza  y  con  expresión  volteriana, 
repuso: 

— No  lo  entiendo. 

— Pues  lo  siento  por  usted — exclamó  algo  amoscado  el 
doctor 

— ¡Eso  es  una  ofensa! — replicó  aquél  con  viveza,  sintiendo  el 
aguijón  del  reproche.  ■* 

— No  sé  que  envuelva  ofensa  el  que  yo  lamente  carezca  us- 
ted de  aquellos  desinteresados  sentimientos  de  amor  á  la  niñez, 
á  la  patria  y  á  mi  profesión,  que  usted  no  concibe  pueda  te- 
ner yo. 

Merecida  fué  la  réplica  que  dio  mi  amigo;  pero  hubiera  sido 
más  exacta  la  primera  respuesta  si  hubiese  contestado  que  sus 
esfuerzos,  disgustos  y  sacrificios  por  servir  á  la  primera  infan- 
cia, buscaban  un  espléndido  negocio:  cual  era  la  satisfacción  in- 
mensa y  el  gozo  inefable  de  servir  á  los  necesitados;  de  hacer 
el  bien  á  manos  llenas,  entre  los  seres  más  adorables  de  la  hu- 
manidad, y  de  cooperar  al  engrandecimiento  de  su  patria  des- 
arrollando instituciones  bienhechoras,  fundamentos  de  cultura 
y  de  salud,  base  de  prestigios  púbhcos  que  anhela  todo  ciu- 
dadano. 

Y  que  realizar  esto  cuando  se  tiene  un  alma  buena,  patrió- 
tica y  sabia,  es  aquistar  bienes  espirituales  infinitos,  placeres 
supremos,  alegrías  y  estremecimientos  de  íntima  y  espansiva 
fehcidad,  que  á  la  postre  recompensan  con  creces  las  activida- 
des y  los  afanes  aplicados  á  su  logro,  y  valen  más  que  el  puña- 
do de  pesetas  con  que  aumenta  su  numerario  el  hombre  mo- 
desto y  honorable. 


17 

A  obtener  esta  recompensa  preciosa  invitamos,  con  nuestra 
•campaña,  á  las  muchas  buenas  almas  .que  sienten  latir  en  su 
pecho  un  corazón  que  ama  á  la  humanidad,  á  la  patria  y  á  los 
desgraciados,  y  tienen  un  cerebro  que  remontando  su  examen  y 
sus  determinaciones  del  antro  donde  gruñen,  rabian  y  destrozan 
con  diabólicas  iras  y  condenables  extravíos  las  enfermedades 
del  alma  que  se  llaman  fanatismo,  intransigencia  y  sed  de  lu- 
cha, los  lleva  á  esa  otra  región  serena  y  piadosa,  donde  se  ven 
confundidas  todas  las  reÜgiones  en  un  mismo  destino;  en  una 
sencilla  fórmula  y  en  una  sublime  atracción;  la  que  expresa 
•elocuentemente  nuestro  Pérez  Galdós,   en  el  final  de  su  inspi- 
rado drama  El  Abuelo,  cuando,  tras  luchas  dolorosas  entre  im- 
pulsos de  bondad  y  de  fanatismos  sociales,  toma  el  altivo 
León  de  Albrit  en  sus  brazos  á  Doli,  ser  desgraciado  y  cariño- 
so, y  abre  nueva  vida  y  descubre  nuevo  mundo  á  las  angustias 
de  su  corazón,  gritando:  -¡Amor,  la  verdad  eterna!» 


Otra  declaración,  y  acabamos. 

Nadie  tiene  por  qué  indagar  nuestra  filiación  religiosa:  la 
publicamos,  desde  luego. 

Somos  cristianos;  descendemos  de  cristianos  viejos,  y  espe- 
ramos que  nuestros  hijos  practiquen  la  religión  de  Cristo,  en 
la  cual  fueron  educados. 

Pero  la  rehgión  del  Crucificado  es  de  paz,  de  caridad  y  de 
esperanza;  no  de  guerra,  de  sevicia  y  desesperación.  En  esto  se 
diferenciaron  esencialmente  el  cristianismo  y  el  islamismo. 

Mahoma  no  predicó,  sino  que  impuso  con  sus  ejércitos. 
Jesucristo  jamás  impuso,  sino  que  persuadió  con  su  palabra. — 
Mahoma  enarboló  el  estandarte  del  guerrero  y  paseó  sus  hues- 
tes asoladoras  por  los  pueblos,  blandiendo  las  tajantes  cimita- 
rras tintas  en  sangre.  Jesús  mandó  sus  apóstoles  entre  los  gen- 
tiles como  ovejas  entre  lobos,  y  ordenó  á  Pedro  que  envainase 
la  espada  apercibida  á  la  defensa.— Mahoma  dijo  en  el  Corán: 
«Cuando  encontréis  á  los  infieles  combatidles  hasta  hacer 
grande  mortandad,  y  apretad  los  hierros  de  los  cautivos  que 
hayáis  hecho.»  Jesús  dijo  en  el  Calvario,  donde  pereció  huma- 
namente, que  moría  por  el  consuelo  y  la  gloria  del  género 


18 

humano,  y  que  su  padre  era  el  Dios  del  perdón  y  de  la  miseri- 
cordia. 

Así,  pues,  sinceramente  advertimos  que  esta  obra  aspira  á 
la  reconstitución  y  al  engrandecimiento  de  la  patria,  por  los  ca- 
minos del  amor  y  de  la  esperanza;  y  que  á  su  logro  acomodare- 
mos la  doctrina  y  el  estilo. 


SEFARDISMO     EN     GENERAL 


CAPÍTULO   PRIMERO 


Sefarditas  y  Aschkenasitas. — Aristocracia  sefardita. — Su  belleza  étnica, — Errores 
y  supersticiones  vulgares. —La  consaguinidad  hispano-judía.  — Distribución 
geográfica  de  los  sefarditas  en  Europa,  África,  Asia  y  América. — Multiplicación 
providencial  de  la  raza.  — Ideas  generales  sobre  su  censo. 

Sephard,  ó  sefarad,  es  un  vocablo  que  designa  en  lengua 
hebrea  á  la  península  ibérica:  á  Castilla,  Aragón,  León,  Nava- 
rra, Portugal...,  y  derivados  de  él  son  los  nombres  sefardim, 
sefarditas  ó  sefaraditas  (1) — pues  de  estas  tres,  y  aun  de  otras 
maneras  le  hemos  leído — con  los  cuales  se  expresa  la  naciona- 
lidad histórica,  ó  procedencia,  de  una  gran  rama  del  pueblo 
hebreo:  la  española  y  portuguesa.  La  otra  rama  es  llamada 
aschkenazim,  asJcenasim  6  asquenasitas;  y  designa  á  los  israeli- 
tas establecidos  en  países  germanos  y  eslavos. 

Ambos  nombres  expresan  además,  por  ampliación,  los  dos 
grandes  ritos,  ó  sectas,  en  que  se  divide  la  religión  hebrea;  y 
sucede,  por  mezclas  geográficas  naturales,  que  á  veces  hay 
entre  los  hebreos  de  rito  sefardita  algunos  que  no  son  oriun- 
dos de  Iberia,  sino  que  proceden  de  otros  lugares. 


(l)  Siendo  .sefardí  el  singular  hebreo,  al  españolizarse  este  vocablo  nuestro 
plural  debe  ser  sefardíes,  ó  sefaradíes.  Las  palabras  rubí,  bisturí,  borceguí,  hurí, 
etcétera,  hacen  rubíes,  bisturíes,  borceguíes  y  huríes. 


20 

Por  regla  general  los  sefarditas  son  de  origen  español,  y 
hablan  castellano;  pero  acontece  también  en  algunas  regiones 
que,  con  el  transcurso  del  tiempo  3'  el  predominio  de  los  idio- 
mas indígenas,  aquél  ha  desaparecido.  Así  se  observa,  por 
.ejemplo,  en  el  interior  de  Marruecos,  y  algunas  poblaciones  de 
Siria  y  de  Palestina,  donde  los  hebreos  descienden  de  los 
expulsados  de  España,  practican  el  rito  sefardí^  y  hablan 
solamente  el  árabe  ó  el  turco,  desconociendo  en  absoluto  el 
casteUano.  Sin  embargo,  todavía  alh  usan,  en  ciertos  actos  re- 
hgiosos,  algunas  oraciones  y  frases,  ó  formulan  algunas  ofertas 
en  español,  las  cuales  vienen  á  ser  (según  expondremos  más 
adelante)  rarísimos  vocablos  fósiles  que  atestiguan  la  existen- 
cia, en  remotos  tiempos,  de  una  lengua  viva  ya  desaparecida, 
sin  dejar  más  que  ese  leve  rastro. 

Esta  degeneración  en  el  idioma  y  aquella  mezcla  en  la  raza, 
contribuyen  á  dificultar  más  todavía  una  tarea  de  suyo  muy 
difícil,  por  la  extraordinaria  dispersión  del  pueblo  israelita:  tal 
es  la  formación  de  un  censo,  que  registre  con  alguna  exactitud 
la  totalidad  y  las  proporciones  de  una  y  otra  rama  del  pueblo 
judío;  las  cuales  se  diferencian  algo  en  su  culto  y  á  veces 
mucho  en  su  tipo  antropológico. 

Por  lo  que  atañe  al  primer  punto,  ó  sea  el  culto,  contestan- 
do el  Reverendo  D.  Emilio  Levy,  gran  rabino  de  Bayona,  al 
ilustre  publicista  sefardí  D.  Enrique  L.  León,  de  Biarritz,  con 
motivo  de  una  pregunta  hecha  á  ruego  nuestro,  dijo  que  entre 
el  rito  sefardita  y  el  rito  alemán  no  hay  diferencia  alguna  esen- 
cial. Lo  que  distingue  ambos  ritos  es  lo  siguiente:  1.°  La  ma- 
nera de  pronunciar  el  hebreo.  2."  Las  oraciones  y  antiguas 
poesías  reügiosas,  agregadas  respectivamente  al  culto  de  uno 
y  otro  rito  por  los  poetas  españoles  y  alemanes;  siendo  es- 
timadas, como  si  procediesen  de  una  inspiración  superior 
y  de  una  lengua  más  pura,  las  composiciones  de  los  poetas 
españoles  sobre  las  de  los  alemanes.  3.°  Que  los  israehtas  de  rito 
sefardí  originarios  de  España,  pretenden  ser  de  una  proceden- 
cia más  noble  que  la  de  sus  correligionarios  alemanes,  y  re- 
montan su  origen  á  la  tribu  de  Judá.  Por  esto  la  comunidad 
de  Saint  Esprit,  de  Bayona,  procedente  de  España,  se  llamaba 
antiguamente:  Nefoces  Jeuda;  es  decir:  Los  disjyersos  de  Judá. 


21 

4.''  Que  los  israelitas  sefardim,  por  haber  gozado  durante  algu. 
nos  siglos  de  una  mayor  libertad  y  de  una  más  alta  considera- 
ción que  sus  desgraciados  hermanos  alemanes,  envilecidos  por 
las  persecuciones  y  humillaciones  de  todas  clases  que  padecían, 
pasaron  siempre  por  ser  mas  distinguidos,  más  caballerescos 
física,  moral  é  intelectualmente  considerados;  diferencia  que 
tiende  mucho  á  desaparecer  en  nuestros  días,  por  el  ambiente 
social  donde  va  desarrollando  su  vida  el  pueblo  judío.  5.°  Las 
costumbres  privadas,  singularmente  en  materias  de  cocina, 
bodas,  visitas,  tradiciones...,  etc.,  las  cuales  corresponden  á  las 
distintas  procedencias  de  ambas  ramas.  Y  6.°  La  música  reli- 
giosa, que  es  diferente  también  en  ambos  ritos:  la  sefardita  es 
más  melodiosa,  más  dulce  y  se  parece  mucho  á  nuestras  ca- 
dencias andaluzas,  especialmente  las  malagueñas. 

Esto  de  la  nobleza  de  la  rama  española  es  uno  de  los  rasgos 
característicos  de  los  sefardim  y  de  los  que  más  pueden  enor- 
gullecer á  su  antigua  patria,  bajo  tal  aspecto.  En  su  Essai  ■■mr 
l'Histoire  des  lsrnélite.'<  de  I' Empire  Ottoman,  Moisés  Franco, 
nuestro  apreciable  correspondiente  de  Demotica,  afirma  que 
todos  los  israelitas  dispersados  por  la  superficie  de  la  tierra  es- 
taban igualmente  conformes  en  reconocer  una  especie  de  no- 
bleza en  sus  correligionarios  españoles.  Y  añade  que,  aunque 
muchos  judíos  aschkenazim  hubiesen  sido  expulsados  por  en- 
tonces también  de  diversos  países,  su  infortunio  no  era  nada 
comparable  al  de  sus  hermanos  españoles;  porque  mientras 
aquéllos  se  habían  endurecido  en  el  sufrimiento,  en  los  insul- 
tos y  en  los  males  tratos,  los  sefardíes  se  hallaban  habitua- 
dos á  todas  las  comodidades  de  la  vida  y  á  todas  las  dulzuras 
de  la  patria.  ¡Por  esto  les  pareció  más  cruel  su  destierro! 

Si  el  lector  examina  luego  las  cartas  de  distinguidos  israeli- 
tas que  pubHcaremos  en  la  segunda  parte,  verá  con  cuánta 
frecuencia  y  desde  cuan  distintas  comarcas  se  revela  este  sen- 
timiento de  nobleza  y  de  excelsitud  paradisíaca  de  la  tierra 
española.  Esa  encopetada  hidalguía  castellana,  que  todavía 
hoy  mismo,  cuando  \ásitamos  pueblos  y  recorremos  caseríos, 
palacios,  palacetes  y  casas  solariegas  de  nuestras  pro^*incias, 
vemos  se  halla  difundida  por  todas  partes:  Gahcia,  Asturias, 
Vizcaya,  Navarra,  Aragón,  Andalucía,  etc.,  etc.,  sí,  esa  rancia 


22 

nobleza,  se  encuentra  frecuentemente  elevada  al  cubo  por  las 
magnificencias  que  sugieren  un  culto  religioso  y  una  sangre 
real,  entre  ios  descendientes  de  nuestros  antiguos  hijos,  y  les 
induce  á  evocar  los  blasones  de  su  abolengo  hispano. 

He  aquí,  por  ejemplo,  una  nota  sobre  nobleza,  como  se  po- 
drían publicar  muchas  semejantes: 

En  la  página  141  del  Sefer-  Yoliassin  (edición  de  Varsovia) 
se  lee  que  Hezkia,  nieto  de  David  Ben  Zakai,  sucedió  en  1037 
de  J.  C.  á  Hai  Gam  como  presidente  de  la  Academia  de  Pom- 
beditáh.  Calumniado  ante  el  gobernador  de  la  provincia  donde 
residía,  fué  preso  y  despojado  de  sus  bienes.  Entonces  sus  hi- 
jos se  refugiaron  en  Granada,  pero  saqueada  esta  ciudad  por 
una  invasión  de  los  almohades,  uno  de  los  hijos  de  Hezkia  se 
refugió  en  Zaragoza.  Se  casó  aquí  y  tuvo  dos  hijos,  uno  de  los 
cuales,  Ribi-Hya-ben-Al-Daoudi,  murió  en  Castilla,  y  fué  ente- 
rrado en  León  en  el  año  1153  (4914  de  la  Creación).  Después, 
cuando  la  expulsión  de  los  Reyes  Católicos,  los  descendientes 
de  esta  familia  se  refugiaron  en  Marruecos,  donde  aún  existen 
sus  tumbas.  Desde  aquí  los  Al-Daoudi  emigraron  á  Safed. 

Como  venimos  diciendo,  con  razón,  ó  por  prejuicio  infun- 
dado, se  halla  bastante  acreditada  la  especie  de  que  existe  di- 
ferencia entre  los  sefardim  y  los  askenasim;  y  así  lo  creen  no 
solamente  individuos  de  la  primera  raza,  sino  hasta  escritores, 
tratadistas  y  viajeros,  cuyo  juicio  no  tiene  por  qué  ser  apasio- 
nado. Prescindiendo  de  examinar  los  judíos  de  uno  y  otro  rito 
en  aquellas  poblaciones  y  circunstancias  sociales  donde  las  di- 
ferencias aparecen  determinadas  por  motivos  accidentales  y 
económicos,  extraños  á  los  impulsos  de  raza,  y  apreciándolos 
donde  las  condiciones  extrínsecas  pueden  considerarse  seme- 
jantes, quizás  ningún  centro  israelita  sea  tan  adecuado  para 
juzgarlas  comparativamente  como  la  misma  ciudad  de  Jerusa- 
lén,  doude  se  mantiene  hoy,  al  amparo  de  leyes  turcas  y  de 
capitulaciones  internacionales,  una  población  israelita  abiga- 
rrada, numerosa,  oriunda  de  muy  apartadas  y  contrapuestas  na- 
ciones, influida  por  hondos  y  arraigados  sentimientos,  y  des- 
arrollada en  un  medio  social  apropiado;  lo  cual  permite  que  se 
]>roduzcan  sus  diferentes  comunidades  con  entera  naturalidad, 
y  se  manifiesten  con  sincera  y  expresiva  elocuencia.  Pues  bien; 


23 

de  las  dos  sectas  que  allí  se  juntan  y  disputan  la  supremacía,  dice 
Duc  Omercy  que,  entre  los  sefardim,  hasta  los  más  pobres  cuidan 
de  sus  cuerpos,  y  nunca  tienen  la  barba  despeinada,  ni  el  cabe- 
llo en  desmelenados  tirabuzones.  Las  mujeres  brillan  por  su 
limpieza  y  muestran  una  apariencia  gallarda,  habiendo  conser- 
vado el  andar  gracioso  y  fácil  de  las  sicilianas.  Gustan  de  los 
colores  vivos,  el  adorno  y  los  perfumes;  anchas  cadenas  de  oro 
adornan  su  busto,  ricas  pulseras  ciñen  sus  brazos,  brillantes 
anillos  resplandecen  en  sus  manos,  grandes  broches  refulgentes 
lucen  en  su  pecho  y  adornan  su  garganta  collares  de  ámbar, 
sin  los  cuales  nunca  se  las  ve;  demostrando  con  ello  que  perse- 
vera el  gusto  de  la  española,  la  cual,  así  en  lo  antiguo  como  en 
lo  moderno,  fué  muy  aficionada  á  esta  joya  de  su  tocado.  Sola- 
mente las  viejas,  las  mujeres  más  ancianas  y  ortodoxas,  llevan 
todavía  aquellas  capuzas  negras  de  terciopelo  que  debían  ser- 
iar á  las  jóvenes  para  recoger  y  ocultar  sus  cabellos,  cuando 
llegaban  á  la  doncellez.  Hoy,  según  parece,  la  coquetería  feme- 
nina ha  triunfado  de  la  austeridad  en  que  se  inspiraron  las  an- 
tiguas instrucciones  del  Talmud;  porque  la  toca  de  seda  ó  de 
batista,  deja  ver  las  líneas  ondulantes  de  cabelleras  negras  como 
el  ébano,  ó  los  áureos  bucles,  luciendo  reflejos  y  matices  se- 
ductores, á  veces  con  esos  encendimientos  de  fuego  que  entu- 
siasman á  los  pintores  de  asuntos  bíbhcos.  De  cuándo  en  cuán- 
do se  oye  entre  estas  mujeres  sonidos  puros,  frases  españolas, 
que  son  pronunciadas  por  un  órgano  sonoro  y  claro  como  el 
cristal.  España,  su  patria — añade  Duc — arrojó  desdeñosamente 
á  los  sefardim;  pero  no  obstante  tan  largo  destierro  les  ha  lle- 
nado de  tal  modo  con  su  espíritu,  que  bien  merecían  quedar 
hijos  adoptivos.  Después  de  más  de  cuatrocientos  años  vemos, 
en  estos  fugitivos,  retratos  fieles  de  particularidades  y  costum- 
bres españolas. 

Mas  dejando  para  otro  escogido  lugar  seguir  la  narración 
de  estos  graciosos  juicios  y  gallardas  descripciones,  que  lison- 
jean nuestro  patriotismo,  y  llevando  el  examen  á  los  askenasim, 
los  pinta  como  testarudos  y  salvajes,  intolerantes  contra  todo 
lo  que  difiere  de  sus  tradiciones  y  preocupaciones,  y  contra 
todo  lo  que  se  aparte  de  su  secta.  La  ciencia  es  perversa;  lo 
que  se  aparta  del  Talmud  es  blasfemo;  destierro  y  maldición 


24 

profieren  á  menudo,  con  ensañamientos  superiores  á  las  maj'^o- 
res  intransigencias  de  la  Congregación  del  índice.  Retirados 
absolutamente  de  la  vida  moderna,  enemigos  de  todo  progreso 
y  tolerancia,  vanidosos  con  su  traje  grotesco,  sus  apariencias 
de  alquimista  y  su  orgullo  de  pueblo  superior  y  escogido,  no 
han  modificado  su  caftán,  su  abandono,  su  desidia,  su  capa  fo- 
rrada de  pieles  (susia),  su  nuca  afeitada,  ni  aquellos  hurles  de 
sus  cabellos,  uno  á  cada  lado,  que  eran  estigma  con  el  cual  se 
les  obligaba  antiguamente  á  diferenciarse  de  los  árabes. 


Sea  más -ó  menos  exacto  este  paralelo,  y  aun  admitiendo 
aquellas  atenuaciones  y  salvedades  con  que  el  buen  sentido 

debe  apreciar  juicios  de  tal 
suerte  formulados,  parece 
una  verdad  inconcusa  que 
los  sefardim  encarnan  la  be- 
lleza superior  del  pueblo  ju- 
dío, lo  mismo  en  las  bíbli- 
cas comarcas  de  Palestina, 
que  en  las  templadas  costas 
de  Macedonia;  así  en  los  lu- 
josos salones  de  Viena,  como 
en  las  atrasadas  urbes  de  Ma- 
rruecos. 

Ya  en  nuestro  primer  libro 
Los  israelitas  españoles  tuvi- 
mos ocasión  de  atestiguar  la 
belleza  indiscutible  de  la  ra- 
za en  la  aristocrática  y  refi- 
nada capital  de  Austria,  don- 
de la  mujer  hebrea  se  lleva 
la  palma  por  el  juicio  común 


FiG.  3." — María  (Micca)  Gross  Aloalay, 

distinguida  sefardí  nacida  en  Sarayevo 

(Bosnia).  Sus  antepasados    fueron  orinn- 

dos  de  Alcalá  de  Henares.  Viste  traje  de 

aldeana  de  Estiria. 


de  personas  imparciales;  y 
también  registramos  la  opinión  del  ministro  americano  Caroll 
Spence  acerca  de  las  sefarditas  que  viven  en  la  ideal  Cons- 
taütinopla;  y  justo  es  consignar  que  parecidos  elogios  se  tri- 
butan á  los  judíos  españoles  que  viven  en  otros  parajes,  siem. 


pre  como  descendientes  de  nuestros  exilados  hijos.  Convir- 
tiendo la  atención  al  primero  y  más  populoso  centro  sefar- 
dita del  mundo,  á  ese  animado  puerto  de  Salónica,  que 
orean  las  templadas  brisas  del  mar  Egeo,  á  las  cuales  perfu- 
man los  efluvios  del  armonioso  concierto  de  las  islas  Cicla- 
das, las  costas  del  Asia  Menor,  la  Tesalia  y  la  Morea,  es  decir, 
toda  la  paradisíaca  región  del  mundo  donde  tuvo  su  des- 
arrollo la  cultura  helénica,  y  se  entronizó  el  reinado  de  la 
forma,  de  las  proporciones  y  de  la  armonía;  allí,  en  aquel  ve- 
nerado suelo  consagrado  con  templos  inmortales  erigidos  á  las 
sublimes  encarnaciones  de  la  belleza,  se  encuentra  un  testimo- 
nio de  esta  verdad. 

El  Dr.  Adolfo  Strauss,  espiritual  y  sabio  escritor,  dice  en 
una  de  sus  numerosas  relaciones  de  viaje,  que  siempre,  y 
cuando  sus  viajes  á  Oriente  le  llevan  por  Salónica,  se  siente 
tocado  de  una  viva  admiración  por  los  judíos  españoles,  efecto 
de  dos  motivos:  su  belleza  física  y 
su  constancia  en  las  tradiciones. 
Cuando  pasan  delante  de  mí — 
dice— estos  hombres  fuertes,  mus- 
culosos, de  elevada  estatura,  dfe  un 
exterior  agradable,  cubierta  la  ca- 
beza con  un  bonito  fez,  encuadra- 
do el  rostro  con  una  barba  patriar- 
cal, me  parece  que  han  resucitado 
los  tipos  del  Viejo  Testamento. 
Entre  los  50.000  ó  60.000  judíos 
de  Salónica  no  hay  una  sola  figura 
deforme  ó  degenerada.  El  hamal 
que  lleva,  jadeante,  sobre  sus  es- 
paldas fardos  pesados,  está  dotado 
de  un  exterior  tan  agradable  y 
lleno  de  dignidad  como  el  más 
rico  de  sus  correligionarios. 

Atribuye  esta  pureza  admirable  de  la  raza  á  lo  excepciona- 
les que  son  los  matrimonios  mixtos.  Desde  su  exilio  de  Iberia, 
los  judíos  de  lengua  española  se  casan  exclusivamente  entre 
ellos.  Hijos  de  Israel  que  dejaron  el  país  de  los  hidalgos  se 


FiG.4. 


— Israelita  española  de  Sa- 
lónica. Tipo  popular. 


26 


refugiaron  también  en  otras  comarcas,  como  Alemania,  Francia 
y  Polonia;  mas  algunos  perdieron  su  tipo  característico  por  las 

mezclas,  y  están  hoy  en  su  ma- 
3^or  parte  degenerados  y  mez- 
quinos. 

Pero sinceramente  decla- 
ramos que  no  nos  atrevemos  á 
seguir  por  este  camino,  pues  te- 
memos incurrir  en  grave  razón 
de  descrédito  por  exponer  una 
belleza  que  repugna  á  prejui- 
cios Y  pinturas  aquí  secular- 
mente expuestos;  y  como  desea- 
mos que  siempre  y  cuando  pre- 
sentemos unas  buenas  cualida- 
des manifestemos  no  olvidar  la 
razón  ó  sin  razón  de  los  defectos 
contrarios,  por  otras  opiniones 
mantenida,  no  debemos  ocultar 
que  dicha  descripción  es  preci- 
samente el  reverso  de  la  meda- 
lla con  que  procuró  presentar  á 
estos  nuestros  hijos  buen  nú- 
mero de  publicistas,  que  se  die- 
ron el  gusto  de  aumentar  con 
los  suyos  el  inmenso  depósito 
de  escritos  saturados  de  grose- 
rías, insultos  y  menosprecios 
disparados  contra  el  llamado  pueblo  lepra. 

Freseur^  y  desahogo  necesitamos,  con  verdad,  para  hablar 
así  cuando  unte  la  vista  tenemos  un  libro  que  contiene  nada 
menos  ([ue  apuntes  ¡^ara  la  ferfZaáera  (así,  la  verdadera)  histo- 
ria de  los  Judíos  en  España,  impreso  en  1<S91,  es  decir,  hace  po- 
cos años.  Este  hbro,  en  su  página  í)4,  los  presenta  Adanes  des- 
nudos, sin  más  prenda  que  el  bolsón  del  rojo  Judas  caído  so- 
bre los  cuartos  traseros,  para  ocultar  el  célebre  aditamento,  ó  ra- 
badilla, que  distingue  á  los  individuos  de  la  raza;  y  en  la  pági- 
na !ll>  describe  su  voz,  gangosa  y  gutural  unas  veces,  y  otras 


FiG.  ñ.' — Blanca  Canetti,  esposa  de 
M.  Presente,  distinguida  israelita  es- 
pañola de  Burgas  (Bulgaria).  Habla 
seis  idiomRs  y  frecuentan  su  palacio 
las  más  ilustres  personas  de  la  ciudad. 


afeminada,  hasta  causar  náuseas,  pero  siempre  repugnante, 
hablando  con  muecas  y  cliirridos  de  mono;  y  en  la  159  dibuja 
su  rostro  también  repugnante,  y  en  la  161  advierte  la  existen- 
cia incurable  en  su  cuerpo  de  hedores  y  lepra,  á  pesar  de  las 
abluciones  y  baños  cuotidianos  con  que  se  limpian,  etc.,  etc. 

Y  no  sabemos  ciertamente  cómo  sustraernos  á  la  sugestiva 
información  de  un  individuo  del  Cuerpo  diplomático  español, 
quien  atestiguando  el  desdichadísimo  sentido  con  que  repre- 
sentantes y  agregados  nuestros,  aun  entre  los  más  simpáticos, 
han  estudiado  los  serios  problemas  internacionales  y  la  pobrí- 
sima  defectuosa  literatura  con  que  acerca  de  ellos  ilustraron  á 
la  nación  (salvas  honrosas  excepciones),  hace  de  los  judíos  de 
Constantinopla  pintura  muy  desdichada,  en  una  Memoria  que 
á  la  mano  nos  sale  entre  puñados  de  cuartillas.  Ni  cómo  sus- 
traernos, en  fin,  á  aquella  otra  despectiva  crónica  de  viaje,  pu- 
blicada años  ha  en  uno  de  los  diarios  más  aristócratas  y  vene- 
rables de  España,  la  cual  fué  gallardamente  respondida  por  el 
ilustrado  corresponsal  de  Le  Temps,  en  Tánger,  D.  Abraham 
Pimienta,  y  donde  se  repetía  lo  que  dijo  el  segando,  y  el  pri. 
mero,  y...  otros.  Así  como  de  igual  modo  todos  suelen  caer  en  la 
rutina  de  evocar  al  despiadado  y  cruel  Shylock,  de  El  Mercader 
de  Venecia,  esa  fantástica  creación  del  inmortal  dramaturgo  in- 
glés, presentándole  muchos  como  modelo  de  todo  judío  para 
relevar  y  plasmar  mejor  sus  caprichosas  y  generales  invectivas 
contra  la  raza  proscripta. 

Nos  confesamos  creyente  de  cuanto  se  dice,  y  de  mucho 
más  que  todavía  no  acertó  á  exponer  el  profundo  y  secular 
menosprecio  que  á  los  exaltados  inspira  esta  raza;  porque  con- 
sideramos que  las  flaquezas  y  extravíos  del  hombre  darían 
ejemplares  sobrados  para  esas  y  otras  más  nauseabundas  des- 
cripciones, si  los  escritores  se  echaran  á  buscar,  ó  á  concebir, 
miserias  y  monstruosidades  anatómicas,  sociales  ó  morales  en 
el  pueblo  de  Israel. 

Hemos  visto  en  los  barrios  de  Balata  y  de  Hasckeu}^  alber- 
gues y  callejas  de  asquerosísimo  aspecto;  en  las  galerías  del 
Gran  Bazar  de  Stambul  y  en  las  márgenes  del  Cuerno  de  Oro, 
buhoneros  y  camelots  molestísimos  y  de  aspecto  nada  honora- 
ble; en  plazoletas  de  Bucarest,  desarrapadas  jovenzuelas,  etc.. 


28 

pero  se  uos  creerá  también  si  afirmamos  que  esto  y  mucho  más, 
hemos  visto  en  las  elegantes  barriadas  de  Londres,  París,  Bu- 
dapest y  Roma,  sin  que  tuviésemos  por  qué  cargar  á  la  cuenta 
del  pueblo  israelita  la  novedad  exclusiva  de  tan  feos  hallazgos. 

Una  de  las  causas  que  más  anublan  la  inteUgencia  humana, 
y  por  ello  más  retardan  la  evolución  moral  y  hasta  la  científica 
de  los  pueblos,  es  el  malísimo  sentido  de  las  proporciones  con 
que  Dios  dotó  al  hombre;  por  lo  cual  nuestro  juicio  marcha 
ordinariamente  desencajado,  conduciendo  los  juicios  y  las  res- 
ponsabilidades por  los  más  desatinados  discursos.  Sea  el  fana- 
tismo, sea  la  pasión,  sea  la  excentricidad,  sea  la  ignorancia,  sea 
un  misterioso  apego  á  la  paradoja,  sea  lo  que  fuere,  ello  es  que 
desde  los  más  intelectuales  á  los  más  ignaros,  todos  propende- 
mos á  generalizar  las  rarezas,  amplificar  las  minucias  y  discu- 
rrir los  absurdos,  y  que  rechazamos,  como  impropio  de  nues- 
tros superiores  alcances,  aquel  sencillo,  mesurado  y  fiel  discer- 
nimiento que  descubre  las  proporciones  justas  y  los  análisis 
exactos.  Importa  poco  que  la  experiencia  luego  nos  acuse  por 
tanta  injusticia,  que  los  perjuicios  nos  castiguen  por  aquel 
error,  y  que  las  enemigas  suscitadas  nos  maltraten  y  adolezcan 
la  existencia;  aguantaremos  impertérritos  el  daño,  defendere- 
mos tenaces  nuestros  desatinos  y  lo  haremos  todo  antes  que 
dar  el  brazo  á  torcer,  reconociendo  noblemente  nuestro  error  y 
nuestra  terquedad. 

Los  españoles  somos  un  pueblo  mal  conocido  y  peor  juzga- 
do, y  con  fundamento  nos  indignan  todas  las  majaderías  que 
de  nuestras  costumbres,  carácter  y  condiciones  se  propalan;  y 
sin  embargo,  hacemos  con  los  demás  pueblos  lo  mismo  exac- 
tamente que  tanto  nos  subleva  y  nos  irrita  cuando  se  refieren 
á  nosotros.  Recuerdo  que  nuestros  viajes  por  Francia,  Portugal, 
Inglaterra,  Italia,  Turquía,  nos  produjeron  siempre,  sin  excep- 
ción de  una  sola  vez,  un  mismo  efecto,  á  saber:  la  rectificación 
de  leyendas  disi)aratadas  y  ridiculas,  y  el  poder  levantar  sobre 
las  ruinas  de  aquella  fábula  infantil  forjada  por  lecturas  necias, 
una  creación  más  seria,  más  humana,  y  por  consecuencia,  más 
digna  de  respetos  y  cariños,  y  de  ser  aportada  á  los  ulteriores 
discursos  de  la  vida. 

Mi  hijo,  el  Dr  Pulido  Martín,  cuenta,  en  la  segunda  de  su& 


29 


■Cartas  vienesas  publicadas  en  El  Siglo  Médico,  cómo  recién 
llegado  á  Viena,  adonde  fué  para  cursar  estudios  de  su  profe- 
sión, conoció  en  los  hospitales  á  un  doctor  muy  amable,  quien 
apenas  supo  que  era  español  qui- 
so relacionarse  con  él,  y  le  invitó 
á  ir  por  su  casa,  para  presentarle 
á  su  esposa.  Era  ésta  una  señora 
amabilísima,  ilustrada,  que  había 
leído  mucho  y  viajado  bastante, 
pero   que   conocía   mal   nuestro 
país.  En  la  primera  visita,  al  de- 
cirla su  esposo,  en  francés:  «Aquí 
te  presento  á  un  colega  español», 
exclamó   asombrada  y   mirando 
de   hito    en  hito  al  presentado: 
¡Español!;  pero  ¡es  usted  espa- 
ñol!— Yo  (dice  mi  hijo)  sin  inmu- 
tarme contesté  que  sí,  que  era  es- 
pañol. Pero  como  seguía  asom- 
brada, y  me  miraba  más  y  más 
con  muy  sostenida  y,  por  lo  ex- 
traña, algo   molesta  curiosidad, 
llegué  á  picarme  un  poco,  y  en- 
tonces le  dije  sonriendo:  «Señora,  como  usted  ve,  lo  españoles 
somos  lo  mismo  que  las  demás  personas,  y  solamente  nos  dis- 
tinguimos de  los  que  no  lo  son,  por  el  sitio  del  nacimiento, 
que  es  España.»  Y  añade  que,  con  tal  motivo,  le  hizo  luego 
infinidad  de  preguntas  sobre  si  sabía  tocar  la  mandolina;  si  en 
Madrid   la  gente   salía  á  pie,  porque  le  habían  contado  que 
todo  el  mundo  juzgaba  deshonor  no  andar  en  coche;  si  cuando 
fuese  á  España,  lo  cual  haría  con  motivo  del  Congreso  inter- 
nacional de  1903,  podría  tomar  café  con  leche,  pues  no  habría 
leche  de  vacas,  porque  todos  eran  toros...,  etc. 

Ciertamente  que  mi  hijo  no  tenía  razón  en  sorprenderse  de 
estas  noticias  sobre  su  patria,  pues  pudo  recordar  que  en  1900, 
paseando  por  la  Exposición  universal  de  París,  ciudad  algo 
más  próxima  á  España  que  lo  está  Viena,  un  portador  del 
fauteil  roulant  donde  iba  mi  madre  política,  ai  ver  una  mujer 


FiG.  6."— Juana   Sliak,    distinguida 

señorita  sefardí,  sobrina  del  ilustre 

pedagogo  Moisés  Fraseo,    de  Cons- 

tantinopla. 


30 


de  color  negro,  con  un  niño  en  brazos,  creyó  poder  mostrarse 
bien  informado  en  achaques  de  razas,  y  dirigiéndose  á  él  le 
preguntó: 

— En  España  los  niños  son  de  ese  color,  ¿verdad? 
Miróle  algo  sorprendido  el  interpelado,  y  respondió  al  punto 
con  la  mayor  seriedad: 

— Sí,  todos  nacen  negros;  pero  como  los  lavamos  en  seguida, 
se  ponen  blancos. 

Nuestras  impresiones  personales  acerca  del  físico  de  los 
sefarditas  es  que  semejan  exactamente 
el  tipo  español.  Como  sucede  en  todas 
partes,  los  ha}'  altos  y  bajos,  rubios  y 
morenos,  atléticos  y  enjutos,  nasones 
y  chatos,  peludos  y  alopécicos,  suges- 
tivos y  secos,  vivos  y  calmosos.  Es  se- 
guro que  mezclados  con  nuestros  natu- 
rales pasarían  perfectamente  como  hijos 
del  país;  y  que  los  rasgos  fisonómicos 
de  la  mayoría  recuerdan  al  punto,  bien 
los  de  muchos  amigos  que  tratamos,  bien 
los  de  otras  personas  que  conocemos  de 
lugares  públicos;  y  que  no  se  ve,  en  fin, 
mirando  sus  ademanes,  vestidos  y  aspec- 
to personal,  nada  que  pueda  inducir  á 
señalarlos  como  de  otra  raza  distinta  de  la  española. 

A  los  que  alardean  de  conocer  los  judíos  solamente  por  su 
aspecto,  y  diferenciarlos  de  las  demás  personas,  les  sometería- 
mos á  la  prueba  de  que  fuesen  separando  los  de  una  y  otra 
raza,  en  un  lote  de  cien  personas,  confundidas  mitad  por  mitad; 
y  es  evidente  que  acertarían  en  unos  y  se  equivocarían  en 
otros,  hasta  que  concluyesen  declarando:  que  no  había  rasgos 
étnicos  diferenciales  bastantes  á  establecer  una  distinción  for- 
mal, y  que  sus  indicaciones  no  tenían  más  fundamento  que 
el  capricho,  la  preocupación,  ó  inexplicables  intuiciones  del 
examen. 

Si  de  estas  consideraciones  acerca  del  aspecto  exterior  nos 
remontamos  al  misterioso  problema  de  la  pureza  de  la  sangre, 
parócenos  más  imposible  todavía  marcar  diferencias.  Ignora- 


ría 7.a -Sra.  Zahara  Pin- 
to,   distinguida   dama    de 
Casablanca  (Marruecos). 


31 

mos  si  los  que  se  hallan  impuestos  eu  investigaciones  genealó- 
gicas, tendrán  medios  científicos  para  descubrir  las  diferencias 
que  puedan  existir  entre  la  sangre  del  cristiano  viejo  y  la  del 
judío;  por  lo  que  toca  á  los  hemo-análisis  que  practican  nues- 
tros laboratorios  fisiológicos  y  clínicos,  cabe  asegurar  que  no 
han  llegado  á  realizar  tanta  maravilla.  En  el  campo  del  mi- 
croscopio, en  el  tubo  de  ensayo  y  en  las  imágenes  espectrales, 
la  gota  de  sangre  tomada  á  la  vena  de  Jacobo  Levy  se  compor- 
ta exactamente  igual  que  la  de  Juan  Pérez,  habida  cuenta  de 
otras  semejanzas  nutritivas  y  biológicas.  Si  á  esto  se  añade  que 
las  primeras  inmigraciones  semitas  debieron  venir  con  los  feni- 
cios, y  que  esta  raza  poblaba  ya  nuestro  suelo  mucho  antes 
de  que  Tito  destruyera  el  segundo  templo,  y  paseara  por  la 
Vía  Apia  los  cautivos  israelitas,  como  ornamento  de  su  triun- 
fal aparato — lo  cual  acredita  que  siendo  anteriores  á  los  roma- 
nos, á  los  \-isigodos  y  á  los  árabes,  su  contacto  y  su  comercio 
con  el  resto  de  la  nación  fueron  casi  como  los  de  unos  aboríge- 
nes—advertiremos lo  imposible  que  es  averiguar  las  mezclas 
de  sangre  realizadas  entre  unos  y  otros  convivientes  por  el  ga- 
lope de  los  siglos,  las  aleaciones  de  la  vida  social  y  el  atropello 
de  las  afinidades  pasionales.  Por  esto  nos  parece  muy  prudente 
aquel  dicho  que  se  atribuye  al  marqués  de  Pombal: 

Cuenta  H.  León,  en  el  final  del  primer  capítulo  de  su  nota- 
ble obra  Histoire  des  juifs  de  Bayonne,  que  un  día  José  I  de 
Portugal  dispuso  que  todo  portugués  que  tuviese  entre  sus 
ascendientes  algún  grado  de  sangre  israelita  llevase  un  som- 
brero amarillo.  Pocos  días  más  tarde  se  presentó  en  la  corte  el 
anciano  marqués  de  Pombal  con  tres  sombreros  de  estos  deba- 
jo del  brazo.  Sorprendido  el  Rey  le  dijo:  ¿Qué  vais  á  hacer  con 
esto?  Pombal  le  respondió  que  deseaba  cumplir  las  órdenes  del 
monarca,  pero  que  no  conocía  un  solo  portugués  distinguido 
que  no  tuviese  sangre  judía  en  las  venas.  Pero — dijo  el  Rey — 
¿por  qué  lleváis  tres  sombreros? — Traigo  uno  para  mí, — replicó 
el  marqués — uno  para  el  grande  inquisidor,  y  otro  para  si 
Vuestra  Majestad  desea  cubrirse. 

Consigo  llevaron  nuestra  lengua,  nuestros  romances  y  sen- 
tencias, nuestras  costumbres,  nuestro  tipo  étnico,  las  glorias  de 
una  cultura  judía  brillantísima,  desarrollada  en  Granada,  Cor- 


32 

doba,  Toledo,  Alcalá  y  Salamanco,  formando  el  período  clásico 
de  su  saber  y  de  su  influencia  después  de  la  destrucción  del 
templo;  el  amor  á  nuestra  hermosa  tierra  «de  miel  y  leche»  }' 
las  gallardías  elogiadas  de  nuestro  porte;  y  nos  dejaron  en  cam- 
bio tanto  suyo,  que  causaría  grande  asombro  el  remanente  de 
su  herencia  si  hubiese  modo  de  conocerlo.  Apellidos  y  nombres 
israelitas  lucen  en  nuestros  árboles  genealógicos;  barriadas  su- 
yas se  alzan  todavía  casi  intactas  en  muchas  de  nuestras  ciuda- 
des;  en  sus  sinagogas  rezan  nuestros  fieles;  de  sus  vocablos  anda 
salpicado  nuestro  idioma;  sus  obras  filosóficas,  médicas  y  litera- 
rias enriquecen  todavía  nuestra  literatura,  y  formaron  por  siglos 
el  mantillo  de  nuestro  suelo  intelectual;  á  la  epopeya  de  nuestra 
Reconquista  aportaron  sus  heroísmos  y  su  sangre;  á  la  vida 
financiera  de  nuestras  nacientes  monarquías,  y  á  la  constitu- 
ción de  nuestros  derechos  públicos,  las  privilegiadas  aptitudes 
de  su  raza;  y  en  esas  coQtinuas  y  poderosas  nutriciones  que 
realiza  la  existencia  universal,  siempre  extraña  y  superior  en 
absoluto  á  las  mezquindades  y  distingos  de  la  infeliz  humani- 
dad, continuamente  rendida  á  preocupaciones,  egoísmos  y  mi- 
nucias, sólo  Dios  sabe  cuánto  y  cómo  la  circulación  de  la  vida 
mezcló  y  confundió,  unos  con  otros,  aquellos  desventurados  se- 
res de  dos  pueblos  que  al  destino  plugo  juntar,  retener  y  con- 
fundir, durante  muchos  siglos,  sobre  un  pedazo  de  tierra,  para 
que  unidos  lucharan  contra  el  dolor  fiero  y  la  tenaz  miseria 
que  por  donde  quiera  atormentan  al  hombre. 

Así  con  verdad  dice  el  docto  catedrático  Sr.  Brieva  y  Salva- 
tierra, en  discurso  que  alguna  otra  vez  hemos  de  traer  á  cuento, 
que  fuera  ceguedad  ir  contra  la  ley  histórica,  según  la  cual  no 
se  asienta  un  pueblo  por  siglos  en  tierra  de  otro  pueblo,  sin  de- 
jar mucha  razón  y  memoria  de  sí. 

Con  este  motivo  no  hemos  podido  por  menos  de  leer  gusto- 
sos las  sentidas  frases  con  que  el  Sr.  Canetti,  de  Calarasi  (Ru- 
mania), respondiendo  al  cuestionario  dice  así:  «Soy  extranjero 
»aquí;  nacido  en  Ruschuk,  ciudad  situada  en  el  Danubio,  an- 
teriormente turca  y  actualmente  búlgara.  Según  muchos  de 
»mis  amigos  rumanos  competentes  que  tengo,  me  dicen  y  me 
>aseguran  que  los  judíos  españoles  somos  en  Rumania  bien 
considerados  por  nuestra  franqueza,  modestia  y  aire  caballero- 


33 

»so  que  posedamos;  calidades  que  según  dicen  no  las  encuentran 
»en  los  judíos  alemanes;  pues  esto  ya  lo  ha  dicho  un  gran  es- 
»cribidor  de  ellos,  un  tal  Pr.  Kayserling,  que  los  judíos  espa- 
»ñoles  son  nobles  de  toda  la  nación  judía,  siendo  ainda  pose- 
» damos  la  hidalguía  española.  De  nuestra  raza  frecuentan  en 
»Bucarest  la  Corte  Real  y  logran  á  tener  todos  los  derechos  civi- 
les y  pohticos  que  los  demás  israehtas  no  los  tienen.» 

Estas  sencillas  consideraciones  que  vamos  exponiendo,  don- 
de la  erudición  rebuscada  y  la  novedad  de  la  idea  no  procuran, 
ni  pueden  embargar  la  atención  del  lector,  expresan,  ó  al  menos 
tal  se  proponen,  juicios  acertados  que  tomamos  en  el  centro  de 
ese  caudaloso  río  que  supone  el  discurso  de  tan  grave  materia. 
No  en  las  pintorescas  lindes  de  la  corriente,  donde  cautivan  el 
examen  las  desviaciones,  remansos,  monerías  y  amenidades 
del  agua  que  brilla  mucho  y  arrastra  poco;  sino  en  el  centro, 
donde  el  curso  es  sereno,  la  superficie  uniforme,  la  reflexión 
especular  limpia,  el  cauce  hondo  y  la  masa  líquida  abundante, 
es  donde  preferimos  tomar  nuestras  modestas  disertaciones,  di- 
rigidas á  corazones  sencillos  y  á  lectores  de  buena  fe. 

Y  con  esto  cerraremos  ya  el  motivo  que  trata  del  aspecto 
físico  y  porte  de  los  israeHtas,  diciendo  que  esos  hebreos, 
nuestros  hermanos,  á  los  cuales  un  antropólogo  clasificaría  como 
afiliados  al  tronco  de  las  razas  blancas,  rama  semítica  y  familia 
caldea,  pueden  ostentar  perfectamente  su  semejanza  con  los 
españoles,  digan  cuanto  quisieren  decir  en  contrario  medido- 
res de  cráneos  y  de...  sutilezas.  Y  lucen  gallardamente  gratas 
apariencias  de  complexión  y  de  figura,  que  atraen  sobre  nues- 
tro suelo  frases  y  conceptos  lisonjeros  graciosamente  prodi- 
gados por  esos  pubhcistas  que ,  al  ponderar  sus  gentilezas,  las 
relacionan  con  el  suelo  hispano,  donde  residieron  durante 
muchos  siglos.  Que  son  meras  paparruchas  y  necedades  esas 
otras  descripciones,  por  las  cuales  se  pinta  á  los  sefardim  con- 
forme á  la  impresión  que  pueden  causar  las  clases  sociales  des- 
heredadas y  más  inferiores  de  la  raza,  como  lo  serían  las  que 
se  hiciesen  de  nuestra  raza  juzgándola  por  corrompidos  sedi- 
mentos urbanos,  ó  por  lugareños  degenerados  en  comarcas  pa- 
lúdicas, y  en  regiones  atrasadas,  al  estilo  de  las  Hurdes.  Y  que 
colocando,  en  fin,  los  juicios  en  aquel  prudente  término  medio 

3 


34 

donde  deben  ponerse,  todo  espíritu  serio  ha  de  rechazar  como 
desatinado,  asi  el  hondo  menosprecio  que  nuestro  historiador, 
nuestro  diplomático  y  nuestro  cronista,  arriba  citados,  expo- 
nen; como  aquel  otro  entusiasmo  con  que  Strauss  asegura  que 
en  los  muchísimos  miles  de  judíos  españoles  de  Salónica,  no 
hay  uno  solo  deformado,  ó  degenerado;  y  que  el  más  obscuro 
cargador  del  muelle  tiene  el  aspecto  agradable  y  digno  del  más 
rico  de  sus  correligionarios.  Uno  y  otro  juicio  estimamos  inexac- 
tos; pero  si  hubiéramos  de  aceptar  forzosamente  alguno,  preferi- 
ríamos el  segundo,  porque  cuando  menos  es  el  reflejo  de  un 
alma  noble  y  generosa,  mientras  que  el  otro  es  el  vaho  nausea- 
bundo de  esos  espíritus,  cuyas  virulencias  y  morbosidades  les 
obligan  á  juzgar  muy  mal  estos  delicados  motivos  de  la  con- 
vivencia entre  razas  y  religiones. 


¿Dónde  se  halla  dicho  pueblo?  ¿Cuáles  regiones  ocupa? 

Ni  del  número  de  los  desterrados,  ni  de  los  pueblos  adonde 
llevaron  sus  luctuosas  y  necesitadas  caravanas,  hay  noticias 
seguras;  lo  cual  se  comprende  perfectamente.  Se  presume,  por 
lo  que  el  buen  sentido  concibe,  la  vida  social  y  poHtica  de  los 
pueblos  de  entonces  permite  creer,  los  hechos  posteriores  acre- 
ditan, y  las  ineluctables  imposiciones  de  la  geografía  señalan, 
que  unos  marchando  por  el  Norte,  y  atravesando  luengas  tie- 
rras, y  otros  partiendo  embarcados  por  el  litoral,  se  fueron  á 
Turquía,  dejando  á  su  paso  por  Francia,  Italia,  Hungría  y  las 
comarcas  de  los  Balkanes,  la  mayoría  de  las  colonias  hoy  allí 
residentes.  Que  cruzaron  otros  muchos  el  Estrecho  de  Gibraltar 
y  se  refugiaron  en  el  Norte  de  África;  y  que  los  emigrados 
restantes,  también  en  crecido  número,  buscaron  su  refugio  en 
Portugal,  de  donde  poco  después  los  arrojó  otro  golpe  de  aque- 
lla dura  intolerancia,  que  hacía  de  la  fe  cristiana  el  fundamen- 
to de  la  vida  nacional,  y  del  hereje  el  más  peligroso  y  odiado 
de  los  enemigos  de  la  patria.  Fué  como  el  estallido  de  una 
bomba,  cuyos  pedazos  se  dispersaron  por  todas  partes.  Un  trozo 
grande  fué  á  Holanda,  donde  más  tarde  había  de  constituir 
ese  foco  intelectual  de  resplandeciente  luz,  al  cual  se  debieron 
muchas  y  notables  producciones  literarias. 


35 

Es  conocidísimo  aquel  fragmento  de  la  Historia  Pontifical, 
de  Gonzalo  de  Illescas,  quien  recogiendo  informes,  á  finales  del 
siglo  XVI,  uno  después  de  la  expulsión,  decía  así  en  su  obra, 
impresa  en  Barcelona  el  año  1606: 

«Estando  los  gloriosos  príncipes  (Don  Fernando  y  Doña 
Isabel)  en  su  nueva  villa  de  Santa  Fe,  libraron  y  pronunciaron, 
último  día  del  mes  de  marzo  de  mil  cuatrocientos  noventa  y 
dos,  una  ley  y  pragmática  universal,  por  la  qual  mandaron 
que  dentro  de  los  quatro  meses  primeros  siguientes,  abril, 
mayo,  junio  y  hasta  postrero  día  del  mes  de  julio,  saliessen 
fuera  de  sus  reynos  todos  los  judíos  con  sus  mujeres,  hijos, 
criados  y  esclavos  que  no  fuessen  christianos,  y  que  no  paras- 
sen  ni  voMessen  jamás  á  ellos,  de  ^^vienda  ni  de  posada,  so 
pena  de  muerte  y  confiscación  de  todos  sus  bienes.  Y  porque 
no  pareciesse  tiranía  y  que  se  hazía  esto  por  tomarles  lo  que  te- 
nían, dióseles  á  los  tales  judíos  facultad  y  libre  poder  para  que 
en  estos  quatro  meses  vendiessen  sus  haziendas  á  quien  bien 
visto  les  fuessen,  y  que  pudiessen  llevarlas  fuera  destos  reynos, 
con  tanto  que  guardassen  las  leyes,  que  vedan  sacar  algunas 
mercaderías.  Con  esta  sancta  y  rigurosa  ley  salieron  de  Castilla 
passadas  de  veynte  y  quatro  mil  familias  y  casas  de  judíos; 
vendieron  todo  lo  que  tenían,  y  si  passaban  la  mar  pagauan 
dos  ducados  al  rey  por  cabeza.  Fuéronse  muchos  dellos  á  Por- 
tugal, de  donde  después  á  acá  también  los  han  echado.  Otros 
se  fueron  á  Francia,  Italia,  Flandes  y  Alemana.  Y  aun  yo  co- 
nocí en  Roma  alguno  que  había  sido  vecino  de  Toledo.  Pas- 
saron  muchos  á  Constantinopla,  Salónica  ó  Tessalónica,  al  Cai- 
ro y  á  Berbería.  Llevaron  de  acá  nuestra  lengua,  y  todavía  la 
guardan  y  usan  della  de  buena  gana,  y  es  cierto  que  en  las 
ciudades  de  Salónica,  Constantinopla  y  en  el  Cairo  y  en  otras 
ciudades  de  contratación  y  en  Venecia  no  compran,  ni  venden, 
ni  negocian  en  otra  lengua,  sino  en  español.  Y  yo  conocí  en 
Venecia  judíos  de  Salónica  hartos  que  hablaban  castellano, 
con  ser  bien  mozos,  tan  bien  y  mejor  que  yo». 


Xo  incumbe  á  este  hbro,  ni  sirve  cosa  mayor  á  sus  propósi- 
tos, ilustrar  tal  punto  de  historia,  sin  duda  por  sí  muy  intere- 


36 

sante,  pero  más  propio  de  otro  ordeu  de  estudios,  aunque  en 
algunas  de  las  cartas  israelitas  que  en  su  lugar  publicaremos, 
se  hacen  indicaciones  referentes  á  él.  En  cambio  nos  importa 
mucho  averiguar  dónde  se  hallan  actualmente,  y  respondernos 
á  esa  pregunta  que  también  nos  hicimos  muchas  veces  nos- 
otros, como  á  su  vez  refiere  la  muy  noble  y  virtuosa  infanta  de 
España  doña  Paz  de  Borbón,  que  se  hacía:  «¿Adonde  habrán 
ido  á  parar?»  Y  á  eso  podemos  responder  con  mucha  exactitud, 
huyendo  de  hipérboles  y  ampulosidades  retóricas,  que  los  hijos 
de  los  infeHces  españoles  arrojados  de  su  madre  patria,  fueron 
á  cumplir  su  destino  errante  y  aciago  por  el  mundo,  y  no  des- 
cansaron hasta  poblar  el  orbe  todo. 

¿Cuántos  salieron?  ¡Quién  lo  sabe!  La  ciencia  de  la  estadísti- 
ca es  una  de  las  más  modernas  y  de  las  más  imperfectas;  por  lo 
cual  inútil  es  querer  averiguar  con  exactitud  los  que  salieron, 
ni  los  que  había,  á  la  sazón,  en  los  diferentes  reinos  de  la  Pe- 
nínsula. De  éstos,  muchos  se  convertirían  al  cristianismo,  por 
no  abandonar  su  país  y  no  perder  sus  riquezas;  otros  se  que- 
darían afrontando  riesgos  y  desobedeciendo  la  orden  del  edicto, 
y  algunos  centenares  de  miles,  quizás  tres  ó  cuatrocientos  mil. 
abandonaron  el  suelo  santificado  con  las  cenizas  de  sus  mayo- 
res. Indudablemente  la  cifra  de  veinticinco  mil  familias  que 
señala  Illescas  es  corta;  pues  el  efecto  del  éxodo  fué  tan  gran- 
de, que  se  considera  la  expulsión  de  España  como  la  más  dolo- 
rosa  y  transcendental  desgracia  que  afligió  á  Israel,  después 
de  la  destrucción  del  Templo  y  la  dispersión  consecutiva  de  sus 
hijos. 

No  tenemos  la  pretensión  de  haber  llegado  á  registrar  las 
poblaciones,  ni  siquiera  los  países  donde  hay  sefardim.  Cono- 
cemos las  dificultades  y  el  tiempo  que  semejante  tarea  supo- 
ne, y  tenemos  la  seguridad  de  hallarnos  solamente  en  los  co- 
mienzos de  una  información.  Sin  embargo  de  esto,  nuestras 
correspondencias  nos  han  permitido  comprobar  mayor  ó  me- 
nor número  de  sefarditas,  en  los  siguientes  pueblos: 

En  Europa.  La  Turquía  europea  presenta  una  población  tan 
condensada  de  israelitas  españoles,  que  ofrece,  sin  duda,  su 
más  importante  asiento  en  la  actualidad.  Toda  la  Kumelia  los 
posee,  y  de  ella  principalmente  la  Macedonia,  cuya  capital. 


37 

Salónica,  tiene  una  población  de  60.000  sefardim  que  forma 
la  mayoría  del  censo;  la  Bulgaria  y  la  Grecia  los  poseen  en 
casi  todos  sus  \TLlayetos ,  ciudades  y  aldeas ,  en  número  de 
muchos  miles,  como  asimismo  los  hay,  por  cifras  crecidas,  en 
las  costas  fronteras  del  Asia  Menor,  donde  se  halla  Esmirna, 
con  una  población  de  cerca  de  40.000  españoles.  Es  decir,  que 
toda  esa  hermosísima  región  que  forma  la  pelvis  del  mar  Egeo, 
precisamente  donde  se  desarrolló  la  civiHzación  griega,  es  un 
vastísimo  asiento  de  poblaciones  judío-españolas,  cuya  más 
detallada  presentación  haremos  en  la  segunda  parte  de  esta 
obra,  cuando  estudiemos  las  topografías  locales. 

Servia,  Rumania  y  Bosnia,  tres  Estados  balkánicos,  eman- 
cipados pocos  años  ha  de  la  soberanía  del  gran  sultán,  tienen 
asimismo,  aunque  no  ya  en  tan  crecido  número,  una  población 
española  de  importancia,  que  influye  en  su  comercio  y  en  su 
\4da  social,  principalmente  dentro  de  sus  capitales  Belgrado, 
Bucarest  y  Sarayevo.  Barriadas  más  ó  menos  grandes  suyas, 
y  calles  de  importancia,  mantienen  una  población  que  usa  la 
jerga  castellana,  y  alimenta  recuerdos  de  su  antigua  nación. 

El  vasto  imperio  austro-húngaro  en  su  compleja  composi- 
ción étnica,  tiene  asimismo  colonias  españolas,  algunas  de  im- 
portancia, como  la  de  Viena;  otras  menores  en  número,  como 
las  de  Hungría,  y  otras  de  importancia  más  reducida  aún,  como 
las  de  Bosnia.  Puede  afirmarse  que  las  provincias  paradisíacas 
que  encuadran  el  mar  Adriático,  desde  Trieste  abajo,  también 
presentan  un  contingente  digno  de  estudio,  y  de  él  hemos  ob- 
tenido algunas  ligeras  indicaciones.  El  Tirol,  la  Moravia  y  la 
Bohemia,  tampoco  carecen  de  sefardim.  En  resumen:  Austria- 
Hungría  posee  un  buen  contingente  de  israelitas  españoles. 

Itaha  los  tuvo  en  grande  número  hace  muchos  años,  y  bien 
por  asimilación,  bien  por  emigración,  se  han  reducido  conside- 
rablemente. Sin  embargo,  los  hay  en  el  Véneto,  Piamonte,  Gol- 
fo de  Genova,  Lombardía  y  probablemente  en  Roma  y  Ña- 
póles. 

Los  tienen  varias  ciudades  de  Francia  en  número  crecido, 
singularmente  París,  Bayona,  Burdeos  y  Biarritz,  cuyas  comu- 
nidades sefarditas  presentaremos  con  algún  interés. 

Bélgica  y  Holanda  fueron,  principalmente  esta  última, — es 


38 

decir,  los  Países  Bajos — residencia  de  numerosas  y  distinguidas 
comunidades,  hoy  en  día  muy  mermadas,  casi  pudiera  decirse 
en  vías  de  extinción.  No  obstante,  de  las  que  hay  podremos  dar 
cumplida  cuenta,  gracias  al  interés  que  puso  en  nuestro  estudio 
D.  Luis  Rubio  y  Amoedo,  vicecónsul  de  España  en  la  segunda 
de  dichas  naciones. 

Alemania  también  acoge  en  su  vasto  imperio  judíos  sefar- 
dim:  los  hay  en  Hamburgo  y  Prusia;  algunos  en  la  capital  del 
imperio,  Berlín,  y  probablemente  habrá  ejemplares  varios  de  la 
raza  por  otras  ciudades  que  no  conocemos. 

Suiza  no  carece  de  ellos;  y  aunque  los  millones  de  judíos 
que  hay  en  Rusia  son  de  origen  alemán  y  eslavo,  tampoco  fal- 
tan en  absoluto  los  sefarditas,  pues  cuando  menos  en  el  Sur 
de  Rusia,  y,  más  concretamente,  en  algunas  poblaciones  de 
las  que  rodean  el  Mar  Negro  (citaremos  como  ejemplo  á 
Odessa)  sabemos  que  los  hay;  y  esto  se  comprende  perfecta- 
mente como  una  expansión  natural  de  los  de  Rumania,  Bul- 
garia y  costas  de  la  Turquía  asiática;  las  cuales  forman  el  lito- 
ral Sur  y  occidental  de  ese  mar  tan  importante  en  la  historia  de 
las  civilizaciones  mediterráneas. 

Inglaterra  tiene  en  su  metrópoli  una  distinguida  represen- 
tación de  este  pueblo  español,  y  se  halla  distribuida  por  varias  de 
sus  más  importantes  ciudades:  como  Londres,  Manchester,  Li- 
verpool y  Ramsgate.  La  comunidad  sefardita  de  Londres  es  nu- 
merosa, de  3.000  individuos;  posee  una  sinagoga  muy  venerada 
y  merece  una  detenida  presentación,  que  en  su  lugar  haremos. 

Nada  sabemos  de  Islandia,  Suecia,  Noruega  y  Finlandia, 
en  cuyas  naciones  no  hemos  logrado  correspondiente  algu- 
no que  pudiera  informarnos  sobre  el  particular,  Portugal  tiene 
también  algunos  centenares. 

España  cuenta  poquísimos  sefarditas,  pues  la  escasa  pobla- 
ción judía  suya,  que  tal  vez  será  de  unos  2.000  individuos,  re- 
sulta ser  de  origen  variado.  Sin  embargo,  en  Andalucía  (Sevi- 
lla, Málaga  y  Cádiz,  singularmente  en  Algeciras),  hay  algunas 
pequeñas  comunidades,  oriundas  de  Marruecos  y  de  Gibraltar. 
Aquí,  al  abrigo  de  la  hospitalidad  inglesa  y  de  sus  inconmovi- 
bles libertades,  vive  crecido  golpe  de  judíos  españoles. 

Como  se  advierte,  por  el  rapidísimo  bosquejo  que  hemos 


39 

trazado,  casi  todos  los  pueblos  de  Europa  alojan  descendientes 
de  nuestros  expulsados  hijos  en  número  variado,  desde  el  que 
los  cuenta  por  muchos  miles  hasta  el  que  tiene  solamente  algu- 
nos centenares. 

Veamos  lo  que  sucede  en  África. 

Aparece,  en  primer  término,  Marruecos,  asiento  de  una 
población  israelita  numerosa,  cuya  importancia  y  especiales 
atributos  analizaremos  con  algún  detenimiento  por  la  grandí- 
sima importancia  que  tiene,  y  que  cada  día  irá  aumentando  á 
causa  del  grave  problema  de  nuestros  intereses  en  dicho  impe- 
rio. Gracias  á  los  Sres.  Asayag,  Vallescá,  Nicolau,  Pimienta, 
Pisa  y  otros  atentos  correspondientes,  que  han  servido  á  nues- 
tros propósitos  con  una  información  copiosa  y  concienzuda, 
podemos  presentar  un  estudio  regular  de  esta  raza,  allí  donde 
se  conserva  más  identificada  y  encariñada  con  su  antigua  ma- 
dre, y  donde  seguramente  puede  prestarnos  mayores  servicios. 

De  los  otros  pueblos  que  existen  en  el  Norte  de  África,  sa- 
bemos que  hay  sefarditas  en  la  Argelia,  principalmente  en 
Oran  y  en  Túnez.  Nada  conocemos  de  Trípoli,  pero  corriéndo- 
se un  poco  á  Oriente  aparecen  ya  las  ciudades  egipcias  Cairo, 
Alejandría,  Tanta,  Zagazig,  Fayoum,  Suez  y  Port-Said,  donde 
existen  restos  de  las  primeras  emigraciones.  Allá  abajo  exis- 
ten en  el  Transvaal  y  en  Lorenzo  Marques,  de  donde,  cuando 
menos,  tenemos  directas  y  personales  noticias  que  acreditan 
haber  algunos.  De  otros  pueblos  de  África  hemos  oído  hablar, 
pero  faltándonos  noticias  fidedignas  sobre  ellos,  nos  abstene- 
mos de  afirmar  nada.  Sin  embargo,  en  Zanzíbar  los  hay,  según 
refiere  nuestro  distinguido  amigo  D.  Vicente  Vera  en  su  inte- 
resante libro  Un  viaje  al  Transvaal  durante  la  guerra. 

En  Asia  hay  centros  populosos  dignos  de  especial  conoci- 
miento. En  primer  término  aparece  el  Asia  Menor  con  Esmirna, 
capital  del  vilayeto  de  Aidin;  Brussa,  que  IS^es  del  de  Khuda- 
vendighiar;  Magnesia,  Cassala,  Tiria  y  otras  muchas  poblacio- 
nes, que  expondremos  cuando  corresponda,  y  en  las  cuales  hay 
miles  y  miles  de  españoles;  pues  solamente  en  la  primera  de 
las  citadas,  Esmirna,  parece  que  se  acercan,  según  ya  hemos 
dicho,  á  cuarenta  mil. 

Después  aparece  la  cuna  del  pueblo  judío,  la  provincia 


40 

asiática  Siria,  con  su  consagrada  Palestina;  y  allí,  en  aquella 
faja  de  tierra  tendida  entre  el  Mediterráneo  y  el  mar  Rojo,  por 
Occidente,  y  el  río  Jordán,  por  Oriente,  aparecen  muchas  ciuda- 
des, entre  ellas  Jerusalén,  Tiberiades,  Caiffa,  Saffed...,  donde 
vive  un  crecido  pueblo  judío,  en  porción  considerable  de  natu- 
raleza sefardita.  Más  arriba  están  Beyrouth,  Damasco...,  donde 
también  existe,  aunque  en  mucha  menor  cantidad. 

En  la  Persia  residen  colonias  hebreas  abundantes,  y  es  de 
creer  que  algunos  sefarditas  haya,  siquiera  sea  no  más  que 
por  expansión  de  los  de  Siria;  y  sabemos  que  en  las  ciudades 
principales  del  Imperio  de  Indias,  como  Calcuta,  Bombay  y 
Madras,  se  ha  hecho  notar  su  presencia.  También  los  hay  en  la 
China  y  el  Japón. 

Los  hay  en  las  ciudades  de  Djedda,  Sanaa,  Aden  y  otros 
puntos  de  la  Arabia. 

En  América  se  cuentan  ya  en  número  crecido,  y  tenemos 
noticias  directas  de  sus  tres  grandes  divisiones:  América  del 
Norte,  Central  y  Sur. 

Hay  en  los  Estados  Unidos:  refugio  moderno  adonde  van 
dirigiendo  sus  doloridas  huestes  los  emigrados  de  Rusia  y  Ru- 
mania. Gente  de  Nueva  York,  Filadelfia,  Kingston,  nos  han 
hablado  de  los  que  poseen  estas  ciudades. 

En  la  América  Central  existe  el  mar  de  las  Antillas,  donde 
el  archipiélago  de  sus  islas,  y  las  naciones  cuyas  costas  baña, 
son  un  semillero  de  colonias  israelitas:  Méjico,  Guatemala, 
Panamá,  Colombia  y  Venezuela;  Cuba,  Jamaica,  Cura9ao,  Bar- 
badoes,  Saint  Thomas,  La  Guayra,  etc. 

Por  último:  en  la  América  del  Sur  aparece  el  Brasil,  cuyas 
ciudades  de  Río  Janeiro  y  Pernambuco,  dan  cuenta  de  tenerlos. 
La  Argentina  es  una  de  las  naciones  donde  en  mayor  número 
existen,  y  entrañan  mayor  interés,  por  las  colonias  agrícolas 
israelitas  allí  fundadas. 

No  sabemos  de  más. 


Tal  es,  á  grandes  líneas  y  apuntada  con  la  mayor  brevedad 
posible,  la  distribución  geográfica  del  pueblo  israelita  español 
en  el  Globo.  Que  se  tienda  la  vista  por  el  Mapa-mundi  que  pre- 


•    LúS  jiunlüs  nyhci'  seña/an  /íz^p  n(>¿'/a4:¿¿7/ie^s'  ¿/ifj 


, LABRADOR     ^f 


j^iSP^M/ 


^^- 


>hai/  Inmunidades  /n¿is  úme/nv  nfí/?n'rí\Mó\ 


ai^vi^44/te/  i^oz  cX-  Ojt^.Li.  Jlx\jUÁo 


41 

sentamos,  que  se  aprecien  las  regiones  donde  han  puesto  su 
planta  y  ejercen  su  influencia,  grande  ó  chica,  intelectual  ó 
económica,  los  hijos  de  aquellos  que  arrojamos  de  nuestro  país, 
para  que  se  muriesen  por  los  caminos,  y  tumbaran  sus  rendidos 
cuerpos  en  el  suelo,  que  Dios,  allá  en  su  infinita  misericordia, 
se  sirviese  concederles,  y  dígase  si  no  asombra  la  vitalidad  de 
aquella  raza,  y  el  brillante  resultado  definitivo  de  su  éxodo.  Les 
negamos  un  palmo  de  tierra  española,  y  conquistaron  el  mundo 
entero,  arraigando  en  todas  partes,  con  su  derecho  á  la  vida, 
aquella  maldecida  y  odiada  actividad  de  sus  aptitudes,  aquella 
prolífica  fecundidad  de  sus  hogares  y  esa  grande  confraterni- 
dad que  es  fuente  de  sus  instituciones  benéficas  y  piadosas,  y 
por  las  cuales  se  auxilian  todos  en  sus  desgracias,  con  organis- 
mos poderosos  y  con  un  espíritu  colectivo  de  defensa  nacido, 
desenvuelto  y  vigorizado  en  la  necesidad  de  luchar  desespera- 
damente, siglos  y  siglos,  por  defender  sus  vidas,  creencias,  hon- 
ras y  ganancias  contra  los  pueblos  conquistadores  como  Babilo- 
nia y  Roma;  contra  las  razas  que,  blasonando  de  superiores,  des- 
truyen las  débiles;  contra  los  ensañamientos  de  las  religiones,  y 
con  más  exactitud,  de  los  fanáticos,  que  matan  cuando  las  con- 
ciencias y  las  convicciones  no  se  ajustan  á  las  exigencias  de  su 
particular  espíritu;  contra  los  egoísmos  y  codicias  desatentados 
de  los  dilapidadores,  holgazanes  y  aventureros;  contra  los  pa- 
triotismos torpes  y  desastrosamente  inspirados;  contra  todo  eso 
que  luchó  fieramente  por  exterminarlos,  sin  haberlo  consegui- 
do. Ahí  están:  benditos  ó  malditos  de  Dios.  Los  arrojamos  como 
se  lanzaba  al  aire  la  ceniza  de  los  criminales  carbonizados  en 
las  hogueras;  y  esa  ceniza,  esparcida  á  todos  los  vientos,  fué 
semilla  que  prendió,  retoñó  y  se  multiplicó.  Y  ahí  están,  ha- 
blando el  castellano,  llevando  nuestros  apellidos,  recordando 
nuestra  perdida  tierra,  manteniendo  nuestras  costumbres,  nu- 
triéndose con  nuestros  antiguos  guisos  y  llamándose  todavía 
españoles. 

¡  Singular  obra  la  de  este  éxodo !  Por  lo  que  se  refiere  á  los 
judíos,  los  descendientes  de  aquellos  españoles  que  no  pudie- 
ron tener  solidaridad  alguna  con  la  sentencia  de  Pilato, — porque 
fueron  extraños  en  absoluto  á  los  sucesos  de  Judea,  cuando  se 
cumplían  las  escrituras  en  el  terrible  drama  del  Calvario,  — 


42 

también  mamaron  la  leche  de  todos  los  pueblos,  cumpliendo  el 
airado  destino  señalado  por  Isaías;  y  en  lo  que  incumbe  á  nos- 
otros, los  que  todo  lo  sacrificamos  á  una  sola  f e  y  á  una  sola 
iglesia,  se  da  el  caso  de  que  por  no  ver  la  cara  satánica  del  here- 
je, estrellamos  contra  el  suelo  aquel  espejo  de  Israel,  donde  se 
habían  engalanado  y  enriquecido  nuestras  ciencias,  nuestra  lite- 
ratura, nuestro  comercio,  nuestras  industrias  y  nuestras  profe- 
siones liberales.  Y  ese  espejo  que  formaba  una  imagen  sola  en 
el  viejo  solar  de  Iberia,  se  partió  en  miles  de  pedazos,  converti- 
dos hoy  en  otros  tantos  espejos,  donde  por  el  mundo  todo  se 
reproduce  exactamente  la  propia  imagen  que  creímos  anular. 
No  se  mueve  la  hoja  en  el  árbol  sin  la  voluntad  del  Señor.  ¡Dios 
mío;  cuál  habrá  sido  la  divina  tuya? 


-iun  prescindiendo  de  que  por  ser  muy  deficientes  nuestros 
datos  es  discreto  pensar  que  la  difusión  de  los  judíos  españoles 
será  mucho  mayor  de  lo  que  hemos  podido  averiguar,  se  ocurre 
preguntar  ahora:  ¿Cuántos  serán? 

Tampoco  lo  sabemos,  ni  creemos  tenga  nadie  este  censo. 

La  Alliance  Israélite  Universelle  va  reahzando,  con  ayuda 
del  inteligentísimo  personal  de  sus  escuelas,  una  obra  de  estu- 
dio y  de  censo  que  es  muy  interesante;  pero  sus  datos  son  in- 
<iompletos  y  no  sirven  para  nuestro  particular  estudio. 

¿Son  medio  millón?  ¿Uno?  ¿Millón  y  medio?  ¿Dos?  ¿Acaso 
más?  Lo  ignoramos. 

Hemos  recibido  de  varios  correspondientes  datos  estadísti- 
cos, los  cuales  publicaremos  detalladamente  en  la  segunda 
parte,  al  hacer  las  exposiciones  regionales;  pero  basta  comparar 
unos  con  otros,  aun  los  que  nos  suministran  individuos  de  una 
misma  población,  por  ejemplo,  Salónica,  Esmirna,  Tánger... 
para  convencerse  de  que  no  se  les  puede  dar  mucho  crédito, 
porque  carecen  de  las  garantías  que  debe  tener  hoy  esta  clase 
de  cifras. 

L^na  de  las  que  aparentan  ser  más  completas  y  más  autori- 
zadas es  la  que  debemos  á  la  bondad  del  ilustrado  D.  Abraham, 
Danon,  director  del  Seminario  lidbínico  de  Turquía,  á  quien 
nuestra  Real  Academia  de  la  Lengua  acaba  de  otorgar  el  título 


43 

de  académico  correspondiente,  como  premio  á  sus  notables 
trabajos  sobre  el  judeo-español. 

Dice  así: 

«Turquía  de  Europa:  Andrínopla,  17.000;  Constan tinopla, 
50.000;  Dardanelles,  2.900;  Demotica,  900;  Kirklissé,  900;  Mo- 
nastir,  6.000;  Mustafa-Pacha,  500;  Rodosto,  800;  Salónica, 
75.000;  Serrés,  2.000;  Silivria,  1.200;  Tchorlu,  750;  Uskab. 
1.700;  Féra,  Uzun-Kupru,  etc.,  1.500:  Total,  161.000. 

Turquía  de  Asia:  Aidin,  3.500;  Angora,  2.000;  Broussa, 
3.500;  Cassaba,  1.150;  Chio,  250;  Magnesia,  1.000;  Palestina 
(Caifa,  Hebron,  Jaffa,  Jerusalem,  Safed,  Tiberiades,  etcétera), 
30.000;  Rhodes,  4.000;  Smyrna,  25.500;  Tireh,  1.450;  Bey- 
routh,  Tokat,  etc.,  5.050:  Total,  90.000. 

Bulgaria:  Choumla,  1.200;  Philippopolis,  3.800;  Roust- 
chouk,  4.000;  Samacoñ',  1.000;  Silistrie,  250;  Sofía,  7.000;  Ta- 
tar-Bazardjik,  1.500;  Varna,  1.250;  Yamboli,  1.500;  Bourgaz, 
Carnabat,  Harmanli,  Haskovo,  Kustendil,  Stara-Zagora,  etc., 
8.500:  Total,  30.000. 

Serbia:  Belgrado,  3.200;  Chabatz,  600;  Lescovatz,  200; 
Nish,  800;  Pirot,  300;  Pojarevatz,  200;  Semendria,  150;  Obre- 
novatz,  Oub,  Valjevo,  etc.,  1.050:  Total,  6.500. 

América:  Surinam,  1.400;  Caracas,  Curasao,  Jamaica,  Lima, 
Porto-Rico,  Río-de-Janeiro,  etc.,  2.600;  Argentina,  11.000:  To- 
lal,  15.000. 

No  conozco  el  número  de  la  populación  judeo-española  de 
tos  países  siguientes:  Bosnia,  Egipto,  Grecia  (Atena,  Corfú,  La- 
rissa.  Voló,  Yanina,  etc.),  HoUanda  (Anvers,  etc.),  Marruecos, 
Portugal,  Roumanía,  Tunis,  Viena,  etc. 

No  entran  en  esta  enumeración  los  israelitas  de  rito  sefar- 
dí (mas  no  habiendo  conservado  en  sus  idiomas  que  pocas  pa- 
labras del  español)  en  Londres,  París,  Bordeaux,  Bayonne,  Ita- 
lia y  más  otros  grupos  al  estado  esporádico.» 


Seguramente  esta  enumeración  es  muy  deficiente;  pues  hay 
grandes  lagunas,  y  las  cifras  adolecen  de  notoria  inexactitud: 
unas  veces  porque  aumentan;  otras,  las  más,  porque  disminu- 


44 

yen.  Según  ella,  el  número  de  sefarditas  escasamente  excedería 
de  medio  millón  en  todo  el  mundo,  y  son  muy  pocos. 

El  Sr.  D.  Jenaro  Cavestany,  de  París,  que  ha  mostrado 
deseos  de  ayudarnos  en  la  ilustración  de  este  punto,  nos  manda 
el  esbozo  de  una  estadística,  según  la  cual  se  acercaría  á  tres 
millones  la  suma  total.  Con  decir  que  en  este  cálculo  se  atribu- 
ye á  París  la  cifra  de  50.000  judíos  españoles,  se  comprende  al 
punto  que  el  cálculo  adolece  de  exagerado. 

Para  no  enfrascarnos  aquí  en  una  exposición  de  cifras  que 
sería  pesada,  y  la  cual  hemos  de  acometer  cuando  realicemos 
nuestros  estudios  regionales,  donde  sucesivamente  iremos  pre- 
sentando las  que  nos  han  suministrado,  y  analizándolas  con  al- 
gún cuidado,  suspendemos  esta  labor  y  la  relegamos  al  final 
de  la  obra. 

Allí  resumiremos  todas  las  informaciones,  y  haremos  un 
estudio  sintético  que  nos  permitirá  formar  un  cómputo  aproxi- 
mado á  la  verdad;  el  cual  suponemos,  por  el  momento,  que 
excederá  de  un  millón  y  no  llegará  á  dos. 


CAPÍTULO  II 


Conservación  del  idioma  castellano.— Opinión  de  Max  Nordau.— Belleza  del  idio- 
ma ladino.  — El  lenguaje  de  la  infancia.  — Citas  de  R.  Cohén,  A.  Danon  y  J.  Be- 
noliel.— La  herencia  lingüística.— Altivez  sefardita  según  Graetz. —  El  enquis- 
tamiento  de  una  raza.-  Estado  actual  del  castellano  israelita  en  las  diferentes 
regiones  del  mundo.— Información  de  J.  Dañan,  S.  Spagnolo  y  J.  Elmaleh. 

Este  pueblo  tan  mundialmente  situado,  y  que  conserva  las 
trazas  y  el  aire  de  sus  antiguos  compatriotas,  lleva  y  mantiene 
además  algo  que  es  de  mayor  importancia  y  transcendencia, 
porque  arranca  de  más  hondo,  liga  con  mayor  adhesión  y  for- 
ma y  modela  el  espíritu  mejor  que  otro  agente  educador  algu- 
no: nos  referimos  al  lenguaje.  Este  pueblo  habla  el  castellano. 

Circunstancia  tan  importante  reclama  detenido  examen,  y 
aunque  nosotros  no  podamos,  ni  corresponda  hacerlo  aquí,  dar 
al  aspecto  lingüístico  todo  el  desarrollo  á  que  se  presta  un  mo- 
tivo nacional  que  entraña  numerosos,  arduos  y  sugestivos  pro- 
blemas, los  cuales  ya  irán  abordando  con  el  tiempo  capacitados 
tratadistas,  no  debemos  en  modo  alguno  sustraernos  al  deber 
de  exponer  algunas  de  sus  fases,  siquiera  sea  solamente  á  gran- 
des rasgos. 

¿Cómo  ha  conservado  el  castellano?  ¿Por  qué  le  ha  conser- 
vado? ¿Cuáles  crisis  atraviesa  en  el  pueblo  israelita  este  órgano 
del  alma  nacional?  ¿Qué  importancia  tiene  su  conservación? 
¿Qué  recursos  y  gestiones  debe  apUcar  España  para  lograr 
ésta?...,  etc.,  etc.  He  aquí  una  serie  de  cuestiones  á  tratar,  lo 
•cual  realizaremos:  unas  aquí,  y  otras  en  más  adelantada  parte 


46 


de  la  obra,  del  modo  que  mejor  nos  consientan  los  datos  que 
poseemos,  los  alcances  de  nuestra  competencia  y  las  proporcio- 
nes de  nuestro  trabajo. 

Max  Nordau,  eminente  publicista  judío  de  origen  español, 
que  deja  en  la  literatura  francesa  y  en  la  historia  de  los  pros- 
criptos un  nombre  glorioso  por  sus  publicaciones  filosóficas,  so- 
ciales y  de  amena  literatura,  abordó  este  tema  en  una  entrevis- 
ta que  con  él  celebró  nuestro 
diligente  compatriota  D.  Jus- 
to Rosell,  en  París,  y  expuso 
á. grandes  líneas  creencias, 
opiniones  y  consejos  que  de- 
ben hallar  aquí  muy  prefe- 
rente lugar,  y  con  los  cuales 
decidimos  plantear  el  estu- 
dio. Atestiguaremos  con  ello 
el  profundo  respeto  y  la  jus- 
tificada admiración  que  nos 
inspira  tan  afamado  maestro, 
aunque  algunas  observacio- 
nes hagamos  sobre  ciertas 
afirmaciones  suyas,  á  nuestro  entender  poco  ajustadas  á  la  exac- 
titud de  los  hechos.  Nos  servirá  además  su  discurso  de  pauta 
para  reahzar  nuestra  labor,  como  acogida  á  su  sombra  vene- 
rable. 

En  uno  de  los  primeros  días  de  Agosto  del  año  actual  (1904), 
el  Sr.  Rosell  soücitó  la  opinión  de  Max  Nordau  sobre  nuestros 
trabajos  de  reconciliación  entre  España  y  sus  hijos  desterrados, 
y  el  profundo  pensador  tuvo  la  bondad  de  exponerla  sobre  dis- 
tintos  motivos,  entre  ellos  la  jerga  judeo-española,  el  españolis- 
mo de  los  judíos  y  lo  que  debe  hacer  España  para  bien  suyo 
en  este  negocio. 

Traigamos  á  cuento  lo  primero,  y  reservemos  los  otros  dos 
motivos  para  ulteriores  lugares  donde  han  de  ser  tratados. 

He  aquí  los  términos  en  que  mi  servicial  amigo  Sr.  Rosell 
refiere  lo  que  oyó: 

— Muy  pocos  individuos  de  mi  sangre  y  de  mi  raza— dijo  el  Di.  Max 
Nordau— tendrían  interés  en  regresar  á  España  en  la  época  presente. 


FiG.  8.^ —  D.  Justo  Rosell,   ilustrado 
publicista  español  residente  en  Paris. 


47 

El  uso  del  español,  que  se  ha  conservado  religiosamente  entre  nos 
otros  á  través  de  los  siglos  y  de  nuestras  emigraciones,  ha  ido  perdiéndo- 
se cada  día  más,  y  lo  que  quedaba  del  lenguaje  se  ha  empobrecido  y  bo- 
rrado hasta  el  punto  de  convertí  rse,  no  sólo  en  una  jerga,  sino  en  una 
jerga  corrompida. 

Siempre  ha  sido  costumbre,  en  nuestras  familias  aisladas,  que  viven 
en  lugares  donde  no  hay  grupos  compactos  de  judíos  españoles  ó  lusita- 
nos, enseñar  á  los  varones,  en  cuanto  que  cumplían  cuatro  años,  el  idio- 
ma castellano;  esta  costumbre  va  también  perdiéndose  de  día  en  día,  por 
no  obedecer  á  una  neces  idad  práctica,  sino  á  un  hábito  puramente  filial,, 
á  una  especie  de  tradición  que,  como  digo,  tiende  mucho  á  desaparecer. 

La  parte  intelectual  de  la  raza,  la  más  instruida,  sabe,  sí,  que  venimos 
de  España,  que  procedemos  de  allí;  pero,  en  general,  no  van  más  allá 
nuestras  inquietudes  ni  nuestros  sentimientos.  Yo  vi  la  luz  en  Hungría, 
pero  sé  que  mis  antepasados  nacieron  en  Segovia.  No  indagamos  más,  ni 
buscamos  más  lejos,  ni  profundizamos  más  los  lazos  con  España. 

La  clase  baja,  y  una  buena  parte  de  la  clase  media,  tiene  unas  nocio- 
nes muy  inciertas  de  su  procedencia  española,  y  hasta  ignora  que  la  jerga 
que  habla  es  española. 

Y  para  corroborar  este  aserto,  me  refirió  el  ilustre  do  ctor  que,  habien- 
do entrado  á  adquirir  sellos  de  correo  en  un  estable  cimiento  de  Belgrado, 
la  mujer  á  quien  se  dirigió  preguntó  á  su  marido: 
—  ¿Dónde  están  los  sellos? 

Nordau,  al  oiría,  exclamó: 
— ¿Habla  usted  español? 

— No,  señor — respondió  la  interpelada. — Hablo  chudeo  (judío). 
— Esta  mujer  no  está  atZía— replicó  el  marido — y  no  sabe  lo  que  habla. 
Si  lo  supiera,  diría  que  habla  español. 

Esa  jerga,  que  aún  queda,  pero  que  va  perdiéndose  cada  vez  más, — con- 
tinuó diciendo  Max  Nordau, — puede  compararse  á  una  pequeña  cantidad 
de  agua  que  se  ha  salvado  de  un  gran  caudal,  y  que  habiéndola  recogido 
en  una  pequeña  vasija,  sirve  para  todos  los  usos.  Una  palabra,  por  ejem- 
plo, topar,  expresa  por  sí  sola  una  infinidad  de  verbos:  encontrar,  buscar, 
echar,  querer,  poder,  etc.,  etc.  Creo  que  el  judeoespañol  hablado  actual- 
mente en  varios  puntos  de  Oriente  por  la  generalidad  de  los  israelitas,  ex- 
cluyendo la  gente  verdaderamente  ilustrada,  no  excede  de  trescientos  ó 
cuatrocientos  vocablos. 

Según  mis  noticias,  los  últimos  libros  que  en  los  países  occidentales 
de  Europa  fueron  escritos  por  judíos-españoles  en  su  lengua  natal,  no  en 
caracteres  hebraicos,  sino  en  caracteres  latinos,  se  han  impreso  en  H  olan- 
da,  en  Amsterdam,  si  no  me  engaño,  en  las  dos  primeras  décadas  del  si- 
glo XVIII,  probablemente  entre  1710  y  1720. 

Ese  es  un  capítulo  de  la  historia  de  la  literatura  española  que  está  aún 
por  escribir,  y  os  aseguro  que,  para  ''osotros,  ser  ía  de  gran  interés  estu- . 
diarlo . 

Los  ejemplares  no  salieron  de  Holanda,  ni  se  enviaron  á  España,  por 


48 

que  no  había  interés  alguno  para  los  israelitas  en  enviar  libros  á  España. 
Los  imprimieron  para  ellos,  para  sus  lectores  de  Holanda,  y  á  nadie  se  le 

ocurrió  mandar  á  España  algunos  ejemplares 

¿Para  qué...?  Amigos  ya  no  tenían  allí. 

Hoy  esa  jerga  española  va  corrompiéndose  más  cada  día,  y  como  no 
recibe  nuevos  vocablos  de  la  lengua  madre,  va  adaptando  palabras  de 
otros  idiomas,  en  gran  parte  del  italiano, 

Alguien  quiso,  en  cierta  ocasión,  fundar  en  Oriente  un  periódico  espa- 
ñol y  me  comunicó  su  idea. 

— ¿Cómo  lo  va  usted  á  titular? — le  pregunté. 
— El  Avenir. 

— Pues  si  quiere  usted  que  sea  español  el  título — le  repliqué — tiene  us- 
ted que  cambiarlo  y  llamarlo  El  Porvenir 

Esto  08  dará  una  idea  de  lo  corrompidísimos  que  están  ya,  aun  entre 
gran  parte  de  personas  ilustradas,  los  restos  de  vuestra  hermosa  lengua. 

Según  al  punto  se  advierte,  estos  juicios  de  Nordau  entra- 
ñan numerosas  cuestiones  interesantes  sobre  la  jerga  israelita; 
á  saber:  lo  que  se  ha  perdido  del  antiguo  idioma  castellano;  lo 
que  se  conserva  y  en  qué  estado;  el  españolismo  de  los  sefar- 
dim  y  las  relaciones  literarias  que  mantienen  España  y  los  des- 
cendientes de  sus  antiguos  hijos...;  lo  cual  nos  obliga  á  ordenar 
un  poco  nuestra  exposición,  si  hemos  de  presentar  con  alguna 
claridad  asunto  tan  importante  para  los  intereses  nacionales. 
Hablaremos,  pues,  de  lo  siguiente: 

l.^'     ¿Por  qué  conservaron  los  judíos  el  castellano? 

2.^  ¿Cuál  es  el  desarrollo  y  complexión  fisiológica  actual  de 
ese  organismo  viviente  que  se  llama  el  judeo-español? 

3.°  ¿Cuál  es  su  destino  en  las  diferentes  regiones  del  globo: 
Oriente,  África,  América  y  Europa? 

Resta  una  muy  principal  cuestión,  que  trataremos  amplia- 
mente en  la  tercera  parte  de  la  obra:  acción  de  España  en  este 
negocio. 


Es  extraordinario  y  sin  ejemplo  igual,  tal  vez,  en  la  historia 
de  los  pueblos,  el  caso  de  una  raza  que,  habiendo  salido  expul- 
sada de  una  nación  en  donde  era  exótica  y  convivió  muchos 
siglos,  al  distribuirse  por  otros  pueblos,  deshecha  en  jirones 
inás  ó  menos  grandes,  haya  conservado  secularmente  aquel 
lenguaje  que  adquirió,  y  lo  haya  mantenido  fervorosamente. 


49 

sin  ser  el  suyo  de  religión,  ni  de  origen,  y  sin  ser  el  que  se  ha- 
blaba en  los  lugares  donde  halló  refugio  su  destierro. 

Nuestra  graciosa  correspondiente  la  señorita  Fina  Haim, 
casi  una  niña  por  su  temprana  edad,  pues  se  halla  en  los  en- 
cantos de  la  adolescencia,  nos  decía  en  una  de  sus  sencillas  y 
agradables  cartas:  «Ayer,  hablando  de  los  judíos  españoles,  oí, 
como  ya  muchas  veces,  que  uno  dijo: — -Es  grande  ingratitud 
la  de  los  judíos  españoles  que  no  tomaron  la  lengua  del  país 
que  los  recogió  con  tanta  generosidad  en  tiempo  de  la  expul- 
sión de  su  patria. — Me  parece  que  ya  tienen  im  poco  de  razón 
al  decir  esto.  Pero  de  una  parte  nos  dispensa  la  hermosura  de 
la  lengua  con  sus  consejas  y  cantitas,  y  de  otra  parte  que  ella 
era  la  única  herencia  de  nuestros  padres.  Una  herencia  magní- 
fica que  conservamos  como  se  conserva  solamente  una  religión 
en  un  pueblo.» 

Señala  aquí  nuestra  gentil  amiguita  dos  motivos  podero- 
sos de  conservación:  la  belleza  del  idioma  y  la  rehgión  del 
pasado,  ó  sea  la  nostalgia  de  la  patria  perdida.  ¿Ha  oído  esto 
en  las  conversaciones  de  sus  queridos  padres,  oriundos  de  Cons- 
tantinopla,  y  hoy  avecindados  con  riquísimo  comercio  en  Ber- 
lín, ó  lo  ha  presentido  con  la  intuición  de  su  delicadeza  femeni- 
na? Sea  como  fuere,  vale  la  pena  de  hablar  algo  sobre  ambos 
motivos. 

¡La  hermosura  del  idioma  español!  ¿Quién  sería  capaz  de 
discutir  una  belleza  que  ha  sido  consignada  en  mil  formas, 
reconocida  por  todos  los  pueblos,  cantada  por  innumerables 
poetas,  invocada  por  infinitos  oradores,  á  la  cabeza  de  ellos  y 
con  grandilocuencia  divina  Castelar,  razonada  por  severos  aná- 
lisis y  justificada  por  copiosos  sedimentos  de  la  historia  y  de 
las  razas,  acumulados  aquí,  en  este  solar  privilegiado,  donde 
tantos  imperios  j  tan  poderosas  civilizaciones  y  potestades  lu- 
charon por  aquistar  el  gobierno  del  mundo  y  de  las  almas? 
¿Quién  sería  capaz  de  discutirla?  ¿Quién? 

Pero  se  dice  por  muchos  y  en  sus  cartas  nos  lo  objetan 
bastantes:  es  que  el  judeo- español  es  un  idioma  degenerado, 
coírompido,  sin  bellezas,  sin  armonías,  sin  graciosos  matices 
musicales,  sin  robustas  y  brillantes  expresiones,  sin  esa  arma- 
zón, soHdez  y  grandeza  arquitectónica  qué  dan  la  gramática  y 


50 

el  esmerado  aliño  de  la  cultura  literaria  secular;  es  que  eso  no 
es  ya  un  idioma,  sino  la  ruina,  el  desecho  lamentable  y  feo  de 
una  lengua.  Y  los  que  dicen  esto  desconocen  y  desatienden 
muchas  fundamentales  consideraciones. 

No  es  verdad  que  haya  desaparecido  el  idioma,  pues  por  lo 
que  hemos  apreciado  en  cartas  que  de  muchas  y  contrapuestas 
regiones  nos  han  escrito,  y  en  grande  número  aquí  verán  la  luz 
pública,  se  puede  asegurar  que  el  idioma  existe  en  sus  funda- 
mentos y  sus  ricos  tesoros,  siquiera  le  afeen  vicios  y  desviacio- 
nes que  más  adelante  examinaremos.  Pero  aunque  éstos  fuesen 
mucho  mayores  de  lo  que  son,  ¿cree  nadie  que  un  pueblo 
rechaza  y  abandona  su  idioma  nativo,  el  que  aprendió  en  su 
infancia,  porque  le  encuentra  malo  y  contrahecho?  Esta  es  una 
de  las  inocentadas  mayores  en  que  puede  incurrir  un  pensador. 

Todo  pueblo  tiene  el  idioma  que  reclaman  sus  necesidades, 
porque  insensiblemente  y  por  modo  naturalísimo  las  nuevas 
exigencias  del  espíritu  van  creando,  de  cualquier  modo  que 
sea,  nuevos  vocablos  de  expresión,  y  van  rectificando,  puliendo, 
incorporando  al  organismo  suyo,  cuanto  ha  podido  tomar  de 
exótico  y  de  bárbaro  en  su  desarrollo.  Esto,  por  ser  verdad  de 
Pero  Grullo,  ni  siquiera  da  derecho  á  perder  el  tiempo  en  su 
demostración. 

Los  intelectuales  de  Turquía,  Bosnia,  Macedonia,  Asia 
Menor,  etc.,  al  buscar  en  el  lenguaje  que  solamente  les  sirvió 
para  los  afectos  del  hogar  y  para  las  necesidades  del  comercio 
íntimo,  esa  otra  copiosa  palabrería  y  abundante  tecnicismo  que 
pide  la  elocuencia  moderna  para  servir  á  la  intensiva  labor  que 
realiza  el  pensamiento  humano,  sentirían  hallarse  en  la  miseria 
léxica  más  lamentable,  y  se  dirían:  ó  transformación  ó  abando- 
no. Ello  es  muy  lógico.  Pero  esto  lo  sentirían  ciento,  si  se  quiere 
mil;  en  todo  caso  los  pocos  que  están  en  la  cúspide  social,  por- 
que de  los  demás,  es  decir,  del  pueblo,  de  la  raza,  ¡ah!,  de  ésta 
ya  se  puede  afirmar,  sin  reparo,  que  seguiría  encontrando  una 
perfecta  proporción  entre  sus  necesidades  y  sus  medios  orato- 
rios; y  que  en  el  modesto  capital  de  sus  vocablos,  gestos  y 
sonidos  hallaría  términos  más  que  sobrados  para  expresar 
todas  las  ampliaciones  de  su  pensamiento  y  todos  los  modos 
de  su  sensibihdad.  Y  adviértase  que  aunque  los  exteriorizase 


51 

con  horrendos  gruñidos,  le  parecerían  de  lo  más  melódico  y 
emocionante  que  se  podría  oir. 

Tienen  aquellas  primeras  formaciones  de  nuestro  espíritu 
ese  mágico  atributo,  y  por  ello  convertimos  tan  poderosamente 
á  los  tiernos  años  y  á  los  prístinos  recuerdos  los  más  patéticos 
movimientos  de  nuestra  alma.  Blando  protoplasma  nuestro 
sistema  nervioso,  entonces,  donde  todavía  no  hay  más  que  las 
misteriosas  encarnaciones  de  la  herencia;  placa  de  exquisitas 
sensibilidades  aún  no  impresionadas,  las  primeras  actividades 
y  fuentes  de  emoción  que  le  hieren,  son  las  que  más  modelan 
y  organizan,  creando  con  sus  incorporaciones  inexplicables  un 
modo  de  ser,  de  sentir  y  de  reaccionar  que  allí  perdurará 
hasta  la  muerte,  en  su  mayor  parte.  El  esqueleto  se  osifica, 
el  músculo  se  forma,  los  sentidos  se  abren,  las  vibraciones  de 
la  \dda  universal  y  social  entran  juntas,  el  cerebro  diferencia, 
la  conciencia  surge,  los  gustos  se  crean,  los  afectos  se  enlazan, 
sentimos  las  más  vivas  ansias  de  saber  y  de  desarrollarnos, 
todo  lo  que  nos  rodea  es  un  alimento  y  un  formador  poderoso, 
cierta  euritmia,  contento  y  armonía  ideal  rigen  nuestra  evolu- 
ción, y  de  este  modo  también,  aquel  primer  perfume  que  reci- 
bió nuestro  ser,  le  deja  impregnado  por  toda  la  existencia. 

Y  esto  es  tan  positivo  y  general,  que  á  ello  responden  todos 
los  individuos  y  todas  las  razas  humanas.  Decid  á  nuestros 
vascongados  que  las  contadas  notas  de  su  dulzaina  y  tamboril 
son  pobres  y  desapacibles;  decid  á  nuestros  gallegos  que  los 
sonidos  de  su  gaita  son  agrios;  decid  á  nuestros  montañeses 
de  algunas  comarcas  que  los  chirridos  de  su  zampona,  los  cua- 
les recuerdan  los  cantos  de  sus  carretas,  son  horribles  lamentos 
de  maderas  y  cuerdas  atormentadas...  y  veréis  con  qué  energía 
os  lo  niegan;  llevadles  á  oir  los  sublimes  dramas  líricos  de 
Wagner,  las  graciosas  y  picarescas  romanzas  de  Rossini,  y  os 
dirán  con  mucha  razón  que  aquellas  sus  pobres  notas  del  te- 
rruño, con  ser  mal  concertadas,  levantan  más  eficazmente  en 
su  alma  nubes  de  recuerdos,  conciertos  de  ideas  asociadas,  cam- 
pos de  ñorestas,  campanas  que  doblan  tristezas  ó  repican  ale- 
grías, días  de  esperanzas  y  de  temores,  afectos  hondos,  albora- 
das del  amor,  intereses  sin  cuento,  sensaciones  de  la  belleza..., 
muchas  cosas,  muchas  y  muy  hondas;  esas  que  luego  procuran 


52 

remover  más  artificiosamente  las  otras  grandes  creaciones  del 
genio,  por  la  razón  de  que  son  las  que  mejor  conmueven,  en- 
ternecen, apasionan  y  persuaden.  ¡Cómo,  si  no  fuese  por  tan 
suprema  fuerza,  se  efectuaría  esa  obra  de  repatriación  propia 
de  todas  las  naciones  y  todas  las  comarcas,  por  virtud  de  la 
cual  vuelve  á  depositar  sus  huesos  en  el  humildísimo,  agreste 
y  solitario  lugar  nativo  de  su  dura  Beocia,  quien  ganó  riquezas, 
honores  y  públicas  consideraciones  en  los  grandes  centros  de  la 
civihzación;  en  las  colosales,  fastuosas  y  deslumbrantes  capita- 
les modernas! 

Veamos  si  no  á  los  humildes,  á  los  que  viven  en  la  pobreza 
léxica. 

Rafael  Cohén,  de  Esmirna,  nos  escribe  así,  en  su  carta  8  de 
Septiembre  de  1904: 

Es  emposible  Sr.  Senador  de  darle  una  chica  descripción  de  la  emo- 
ción causada  entre  algunos,  de  los  quales  yo  he  dado  á  leir  esos  jurnales. 
Muchos  que  conociendo  inuy  poco  las  letras  latinas  y  no  hallando  ningún 
pasto  en  lo  que  ellos  leian  las  Gacetas  francesas,  se  ven  en  un  grande  en- 
canto en  pudiendo  comprender  lo  que  lien,  todo  en  siendo  con  caracteres 
latinos.  Últimamente  uno  de  esos  me  habla  disiendo:  ¿es  verdad  que  lo 
que  nosotros  hablamos  es  una  lengua  Europea?  ¿Xo  es  en  Judesmo  lo  que 
nosotros  hablamos?  Y  contestándole  con  un  número  del  Liberal  él  reió  y 
continuaba  á  leir;  y  á  su  grande  marabilla  él  se  oponia  disiendo  este  es 
otro  spafiol  y  el  nuestro  es  otro...  y  á  esta  respuesta  ¿qual  corazón  no  se 
deslié?  Yo  reia  de  desgracia  y  mi  corazón  se  angustiaba  al  ver  un  pue- 
blo, mi  pueblo,  hablar  una  idioma  la  mas  ermosisima  sin  saber,  o  bien  sin 
comprender  lo  que  él  habla.  Pero  la  fuerza  con  la  cuala  esos  últimos  ha- 
blan por  sus  lengua,  nos  mostra  cuanto  esta  lengua  no  cesará  de  circular 
entre  nuestro  pueblo.  Una  cosa  falta  y  esta  es  de  asimilarla  al  verdadero 
Castellano. 

Veamos  los  altos,  los  de  inteligencia  soberana  y  cultísima: 
Abraham  Danon,  el  sabio  coleccionador  de  romances  judeo- 
españoles, el  que  dirige  el  Seminario  rabínico  de  Turquía,  en 
Constantinopla,  y  ha  sido  nombrado  académico  correspondien- 
te de  nuestra  Academia  de  la  Lengua,  decía  así  cuando  se  ha- 
llaba muy  lejos  de  pensar  en  que  este  movimiento  de  aproxi- 
mación entre  ambos  pueblos  pudiera  acometerse: 

A  pesar  del  piadoso  cuidado  con  que  se  ha  procurado  conservar  (á 
través  de  las  generaciones)  los  numerosos  romances,  ya  una  gran  parte 
de  ellos  estaba  perdida,  cuando  yo  oía  á  mi  abuela  recitar  estos  cantos  tan 


53 


dulces  de  la  patria  de  otros  tiempos.  Yo  la  veo  todavía  soñadora,  embar- 
gada por  visiones  lejanas,  procurando  reproducir  harmonías  medio  desva- 
necidas, con  la  voz,  la  mirada  y  aun  con  el  gesto.  ¿Es  el  recuerdo  de  mis 
juveniles  años  lo  que  da  penetrante  encanto  á  estas  canciones,  muchas  de 
las  cuales  son  realmente  medianas?  Si  mi  entusiasmo  de  antaño  se  ha 
calmado  un  poco^  confieso  que  continúo  sintiendo  un  profundo  respeto 
por  estos  restos  del  pasado  de  los  judíos  de  España,  y  he  considerado 
como  un  deber  acudir  á  salvar  del  olvido  lo  que  resta  aún. 

Y  observemos,  en  fin,  cómo  se  expresa  ese  profundo  litera- 
to que  ha  enriquecido  ya  con  obras  notables  el  acervo  literario 
de  su  nueva  patria,  D.  José  Benoliel,  israelita  español  domici- 
liado en  Lisboa,  en  su  carta  12  de  Mayo  de  1904: 

....  Y  compare  usted  ese  procedimiento  con  el  obstinado  é  inquebranta- 
ble amor  que  hasta  hoy  y  á  pesar  de  todo,  lejos  de  apagarse,  brilla  y  crece 
cada  vez  más  puro,  en  el  corazón  de  aque- 
llos maltratados,  incomprendidos  y  vili- 
pendiados judíos  españoles,  de  Occidente 
á  Oriente  desparramados,  hacia  su  perdida 
patria  hispánica,  que  para  ellos,  sin  embar- 
go, en  vez  de  madre  tierna  y  cariñosa,  se 
mostró  cual  madrastra  tan  cruel  como  in- 
justa. Vea  usted  ese  fenómeno,  único  tal 
vez  en  la  historia  humana,  de  la  insistente 
conservación  del  idioma  castellano  á  través 
de  loa  siglos  y  de  tantos  éxodos  por  comar- 
cas y  lenguas  tan  diversas,  que  no  es  de 
compararse  con  la  persistencia  del  español 
en  las  colonias  españolas  de  América,  del 
portugués  en  Brasil,  del  armorico  en  Bre- 
taña, etc.,  pues  que  éstos  eran  los  idiomas 
propios  de  los  que  hasta  hoy  los  hablan, 
al  paso  que  los  judíos  tenían  y  tienen  su 

idioma  nacional,  el  hebreo,  y  no  han  dejado  perderse  el  adoptivo,  no 
menos  amado  que  aquél,  el  castellano. 

¡Qué  digo!  Fué  éste  el  primero  que  embelesó  nuestros  oídos,  el  pri- 
mero con  que  nuestras  madres  nos  acostumbraron  á  balbucear  el  dulce 
nombre  de  mamá,  y  en  el  que  nos  dieron  el  de  hijos  de  su  alma;  el  pri- 
mero con  que  mecieron  nuestras  cunas  al  son  de  aquellas  remotas  can- 
tigas tan  repasadas  de  blanda  melancolía  y  que  de  madres  á  hijas  se  iban 
transmitiendo,  como  legado  precioso  de  otras  eras  más  felices!  Cuántos 
años  van  ya  recorridos,  y  todavía,  en  mis  horas  de  tristeza,  en  las  largas 
noches  de  dolores,  aún  trasoigo  el  peregrino  eco  de  aquellas  dulces  melo- 
días, como  si  en  tales  momentos  de  sí  mismas  se  desprendiesen  y  lenta- 
mente se  levantasen  del  fondo  del  alma,  donde  quedaron  estampadas 


FiG.  9.a— D.  .José  Beuoliel, 

ilustre  profesor  y  literato 

sefardí.  Lisboa. 


I 


54 

con  la  acariciadora  voz  de  mi  adorada  madre,  desde  aquellos  tiempos  con 
que  con  ellas  solía  adormecer  mis  quejas,  cuando,  de  chico,  la  enferme- 
dad me  postraba.  ¡Cuántas  impresiones  recibidas  y  apagadas  en  mis  cua- 
renta y  seis  años!  ¡Y  cómo  han  sobrenadado  aquellos  sencillos  romances 
de  la  infancia!  Era: 

La  reina  Xarifa  mora, 

La  que  mora  en  la  Almería, 

üice  que  tiene  deseo 

De  una  cristiana  cautiva,  etc. 


Otras  veces: 


O  bien: 


Rosa-blanca,  rosa-blanca, 
Rosa-blanca,  bella  flor, 
Quien  te  me  diera  esta  noohe, 
Esta  noche  y  otras  dos! 


En  la  ciudad  de  Toledo 
Y  en  la  ciudad  de  Granada, 
Allí  se  crió  un  mancebo 
Que  Diego  León  se  llama. 
Luego  la  siguiente: 

Allá  salía  el  buen  rey. 
Allá  sale  á  pasear; 
Con  él  salió  su  sobrino, 
Por  compañía  real. 
Ahora  la  canción  de  Ximena,  que: 

Delante  del  rey  de  León 
Está  Ximena  una  tarde; 
Pidiéndole  iba  justicia 
Por  la  muerte  de  su  padre. 
Después  la  del  Cid,  que  por  lo  suavísima  y  enternecedora,  no  puedo 
impedirme  de  trascribir  aquí  integralmente: 

Paseábase  el  buen  Cide 
Por  la  su  sala  reale, 
Libro  de  oro  en  las  sus  manos, 
Las  oraciones  leía; 
Lágrimas  de  los  sus  ojos 
Por  las  sus  faces  corrían: 
<¿Que  tenéis  vos,  mi  buen  padre?» 
La  princesa  le  decia; 
«Si  os  han  hecho  mal  los  moros, 
»Los  mandaré  á  castigare; 
»Si  os  han  hecho  mal  cristianos 
»Lo8  mandaré  yo  á  matare; 
))Si  08  han  hecho  mal  judíos, 
»Los  mandaré  á  desterrare.» 


55 

—  íXi  me  han  hecho  mal  los  moros, 
>Ni  los  mandes  castigare; 

»Ni  me  han  hecho  mal  cristianos, 

íNi  los  mandes  á  matare; 

Ȓsi  me  han  hecho  mal  judios, 

>  Gente  son  que  mal  no  hace. 

»Lo  que  tengo  yo,  mi  hija, 

>Es  que  ya  te  veo  grande, 

»Y  ni  tengo  ajuar  que  darte 

sXi  dinero  que  endotarte.» 

— íNo  se  08  dé  nada,  mi  padre, 

»Monja  me  quiero  quedare, 

iCriaré  á  mis  hermanitos, 

»Y  á  vuestras  barbas  honrare.» 

Oyéndola  está  el  buen  rey, 

Desde  su  sala  reale: 

«Ay!  válgame  el  Dios  del  cielo! 

»Y  que  bonito  hablare! 

»¿Si  es  algún  ángel  celeste, 

»0  persona  naturale?» 

—  «Es  la  hija  del  buen  Cide, 
lA  su  padre  á  consolare.» 

—  «Aína,  mis  consejeros, 
i>Con  ella  quiero  casare.» 
Por  la  mañana  siguiente. 
Que  el  rey  no  quiere  esperare. 
Ricas  bodas  son  armadas 

En  el  palacio  reale. 

Pero,  ¿á  qué  más  citaciones  que  para  usted  tal  vez  no  ofrezcan  otro 
interés  más  que  el  que  comporta  toda  literatura  arcaica,  y  que  para  mí  y 
los  mios,  cual  el  ranz  des  vaches  para  los  suizos,  encierran  un  fondo  de 
emocionante  ternura  y  poesía,  que  sólo  de  escribirlas,  ya  tengo  los  ojos 
bañados  de  lágrimas? 

Mal  saben  en  España  lo  que  estos  pobres  judíos  desterrados  abrigan 
aun  hoy  de  lembrancas  saudosas,  como  decimos  en  portugués,  de  su  an- 
tigua patria;  y  mal  se  hacen  una  idea  de  lo  que,  aunque  tardía,  una  justa 
reparación,  representaría  para  todos  de  hermosos  y  abundantes  frutos. 
jOjalá  sean  coronados  del  éxito  que  merecen  los  dignos  y  nobles  intentos 
de  usted,  y  veamos  pronto  medrar  y  florecer  la  buena  semilla  que  lanzó 
á  tan  fecunda  tierra  como  lo  es  la  grande  España,  para  su  mayor  gloria 
y  provecho,  y  para  honra  y  satisfacción  del  egregio  espíritu  que  inició 
tamaña  obra  de  justicia! 

Véase,  pues,  cómo  los  sabios  Benoliel  y  Danon,  al  igual  que 
los  oyentes  de  Cohén  y  Fina  Haím,  coinciden  desde  Lisboa, 


56 


Goustantinopla,  Esrairna  y  Berlín  en  responder  á  un  mismo 
sentimiento  y  á  una  misma  fuerza  poética:  las  consejas  y  las 
cantitas,  como  dice  nuestra  adorable  correspondiente. 


«La  herencia  de  nuestros  padres»  es  otra  razón  alegada  por 
la  señorita  Haim,  es  decir,  la  religión  del  pasado;  las  veneran- 
das influencias  de  nuestros  manes,  la  tradición  con  sus  miste- 
riosas ligaduras,  el  culto  mismo  que  tuvieron  nuestros  abuelos 
y  que  nos  legaron  como  formando  un  sagrado  depósito  y  trans- 
cendental destino  que  encomiendan  á  las  generaciones  ulte- 
riores. 

Sin  duda  la  angelical  Fina  ha  señalado  una  causa  seria,  cuya 
importancia  se  advierte  cuando  se  lee  lo  que  dicen  los  historia- 
dores hebreos.  Arrojados  de  España,  donde  tantos  siglos  habían 
vi\ddo  en  pacífica  y  gloriosa  confraternidad  los  israelitas,  pu- 
dieron ellos,  en  su  luctuosa  y  trágica  peregrinación  de  deste- 
rrados, sin  patria  y  sin  refugio,  odiar  á  los  causantes  de  su 
desdicha;  pero  no  pasaron  hasta  aborrecer  la  tierra  de  incom- 
parables panoramas,  el  cielo  de  radiantes  fulgores,  su  propia 
historia  de  brillantes  constelaciones  geniales,  su  prosapia  de 
regia  estirpe,  su  distinción  sobre  los  demás  individuos  de  raza; 
y  por  esto  quisieron  mantenerse  fuera  de  España  como  tales 
españoles  y  transmitir  á  sus  hijos  la  herencia  de  sus  aristocra- 
cias, encarnada  mejor  que  en  ningún  otro  atributo,  en  aquella 
riqueza  viva,  ardiente  y  luminosa  que  no  había  podido  arreba- 
tarles la  codicia  de  sus  perseguidores:  en  el  habla  castellana. 

Y  aquí  vuelve  otra  vez,  como  si  f  aese  un  ritornello  seduc- 
tor ó  un  eje  de  esperanza,  en  ese  tremendo  drama  de  un  pue- 
blo exilado,  el  orgullo  español  que  ya  hemos  descripto  una  rez, 
que  presentamos  de  nuevo  ahora,  y  que  resurgirá  muchas  ve- 
ces más  en  el  curso  de  nuestro  estudio. 

Y  para  que  nuestros  compatriotas  no  crean  que  ésta  es  una 
tonadilla  de  romancero  adocenado,  vean  en  qué  términos  habla 
del  motivo  el  historiador  alemán  Graetz,  uno  de  los  más  signi- 
ficados y  leídos  entre  los  israelitas.  Dice  así  en  el  capítulo  XVII 
del  4."  volumen  de  su  obra: 

La  expulsión  de  los  judíos  de  España  inaugura  un  período  nuevo 
para  todo  el  judaismo,  porque  esta  catástrofe  tuvo  consecuencias  desas- 


trosas,  no  solamente  para  todos  los  proscriptos,  sino  también  para  los 
judíos  de  todos  los  países. 

A  los  ojos  de  sus  correligionarios,  el  judío  español  ó  sephardim,  for- 
maba una  verdadera  aristocracia,  porque  comprendía  los  propios  descen- 
dientes directos  de  la  familia  Real  d«  David.  El  dolor  fué  general  en  Israel 
entonces,  cuando  se  supo  que  estos  judíos,  nobles  entre  todos,  también 
habían  sido  heridos,  y  con  mayor  dureza  que  sus  otros  hermanos  de  otras 
comarcas. 

Diezmados,  efectivamente,  por  el  hambre,  la  peste,  los  naufragios  y 
las  miserias  de  todas  clases,  los  proscriptos  españoles,  primero  en  nú- 
mero de  muchos  centenares  de  miles,  eran  reducidos  considerablemente. 
Los  supervivientes  erraban  á  la  aventura,  con  caras  de  espectro,  arroja- 
dos de  país  en  país,  y  mendigando  á  su  vez,  ellos,  los  príncipes  de  Israel, 
á  las  puertas  de  sus  hermanos.  Al  salir  de  España  poseían  30  millones  de 
ducados,  pero  todas  estas  riquezas  se  habían  como  fundido  en  sus  peregri- 
naciones. Se  hallaban  por  consiguiente  en  la  mayor  carencia,  rodeados  de 
enemigos  por  todas  partes,  contra  los  cuales  solamente  el  dinero  hubiera 
podido  protegerles.  En  esta  época  también  fueron  arrojados  en  Alemania 
los  judíos  de  algunas  ciudades,  en  el  Oeste  y  Este  del  Imperio,  pero 
sus  sufrimientos  distaban  de  igualar  á  los  de  los  sefardim.  Ellos  no  habían 
conocido,  al  revés  que  estos,  los  placeres  de  una  existencia  confortable  y 
la  felicidad  de  poseer  una  gran  patria,  y  desde  antiguo  venían  habituados 
á  las  violencias.  Cincuenta  años  después  de  su  destierro  de  Espa.ña  y  de 
Portugal,  los  desterrados  se  hallaban  diseminados  por  el  mundo  entero. 
Aquí  se  hallaba  un  grupo,  allá  una  familia,  ó  algunos  rezagados  solos.  Era 
como  una  emigración  de  pueblos  que  se  dirigían  á  Oriente,  sobre  todo  á 
la  Turquía.  Parecía  que  deseaban  aproximarse  á  su  patria;  ¡pero  cuántos 
males  tuvieron  que  sufrir  y  obstáculos  que  vencer,  antes  de  hallar  la  cal- 
ma y  la  seguridad! 

Sin  embargo,  su  firmeza  de  alma  permaneció  á  la  altura  de  sus  sufri- 
mientos. Sentíanse  casi  orgullosos  de  ser  tan  desgraciados.  En  el  ánimo 
de  los  sefardim  existía  la  idea,  más  ó  menos  clara,  de  que  debían  ser 
amados  particularmente  de  Dios,  cuando  con  tanto  rigor  los  trataba.  Por 
eso  triunfaron  rápidamente  de  su  desaliento,  y  apenas  repuestos  del  golpe 
terrible  que  habían  recibido,  caminaron  de  nuevo  con  la  cabeza  alta.  Lo 
habían  perdido  todo,  todo  menos  su  altivez  española  y  su  porte  castellano. 
Aunque  la  alta  cultura  tuvo  menos  adeptos  entre  ellos,  desde  que  el  ju- 
daismo se  había  dejado  invadir  por  el  espíritu  estrecho  y  sectario  de  los 
enemigos  de  la  ciencia,  y  aunque  la  intolerancia  les  había  excluido  de  la 
sociedad  cristiana,  eran,  sin  embargo,  superiores  á  los  judíos  de  otros 
países  por  sus  variados  conocimientos,  su  continente  digno,  su  lenguaje- 
elegante  y  adornado.  Conservando  en  el  fondo  del  corazón  una  adhesión 
á  su  ingrata  patria,  que  les  había  expulsado,  transportaron  su  lengua  y 
las  maneras  españolas  por  todas  las  comarcas  donde  se  establecieron,  lo 
mismo  en  África  que  en  la  Turquía  europea;  en  Siria  y  en  Palestina, 
como  en  Italia  y  Flandes.  De  este  modo  se  ha  conservado  la  lengua  cas- 


58 

tellana  entre  sus  descendientes,  casi  en  toda  su  pureza,  hasta  nuestros  días. 

Bajo  esta  relación  formaban  un  vivo  contraste  con  los  judíos  alemanes  ó 
Aschkenazim,  que  hablaban  una  jerga  corrompida  y  consideraban  casi 
como  un  deber  religioso  vivir  separados  de  los  cristianos.  Al  revés  los 
fiefardim,  se  mezclaban  á  la  sociedad  cristiana,  donde  ee  hacían  estimar 
por  la  firmeza  y  dignidad  de  su  carácter.  Les  interesaba  tener  un  exterior 
conveniente,  un  porte  limpio,  un  lenguaje  escogido,  lo  mismo  que  sus 
compatriotas  de  España;  en  sus  sinagogas  tenían  una  compostura  respe- 
tuosa, sus  rabinos  predicaban  en  español  ó  en  portugués,  esmerándose  en 
decir  bien  su  sermón. 

Los  otros  judíos  reconocían  la  superioridad  de  sus  correligionarios 
sefardim,  cuya  influencia  no  tardó  en  prevalecer  allí  mismo  donde  se  ha- 
llaban en  minoría.  Durante  el  siglo  que  siguió  á  la  expulsión  intervinie- 
ron por  doquiera,  excepto  en  Alemania  y  en  Polonia,  en  todos  los  sucesos 
de  la  historia  judía.  Llevaron  el  espíritu  de  España  á  todos  sus  correli- 
gionarios distantes;  sus  jefes  se  hallaban  por  todas  partes  en  escena,  y 
surtieron  á  todo  el  judaismo  de  rabinos,  escritores,  pensadores  y  poetas. 


Pero  con  ser  tan  hermoso  el  idioma  castellano,  tan  selectas 
las  cualidades  de  raza  que  sacaron  de  España  los  proscriptos, 
y  tan  firme  y  sostenido  el  general  deseo  de  transmitirlas  á  sus 
descendientes,  seguramente  el  idioma  no  se  hubiera  manteni- 
do en  ese  pueblo  tan  trágicamente  desmenuzado  y  disperso  por 
el  mundo,  si  no  hubiese  ejercido  también  su  influencia  pode- 
rosa otra  causa  todavía  más  eficaz  y  aisladora:  la  persecución 
y  aislamiento  social  inextinguibles  que  viene  padeciendo  la 
raza  judía. 

No  hizo  España  nada  extraordinario  cuando  tan  cruelmen- 
te se  produjo  con  sus  hijos;  obedeció  tan  solo,  con  más  ó  me- 
nos ardor,  al  espíritu  de  los  tiempos,  el  cual  fué  durante  mu- 
chos siglos  de  feroces  intransigencias  religiosas.  Ni  aun  entre 
sus  hospitalarios  y  semi- correligionarios  protectores  los  turcos, 
halló  Israel  aquel  consecuente  y  absoluto  respeto  que  todas  las 
religiones  encaminadas  al  perfeccionamiento  moral  del  hom- 
bre deben  merecer.  La  famosa  frase  atribuida  á  Mahmoud  II, 
el  extei>minador  de  los  Jenízaros,  el  que  ahumó  las  colinas  de 
Estambul  reduciendo  á  cenizas  los  cuarteles  de  esta  soldades- 
ca, y  encharcó  con  la  sangre  de  un  horroroso  degüello  la  histó- 
rica plaza  del  Afc-Méidan,  no  tuvo  nunca  perfecto  cumpHmien- 
to.  «Deseamos — parece  ser  que  dijo,  al  final  de  su  vida,  este 


59 

sultán — que  los  musulmanes  no  sean  considerados  tales  más 
que  en  sus  mezquitas,  que  los  cristianos  no  sean  cristianos  sino 
en  sus  iglesias,  y  que  los  israelitas  solamente  en  sus  sinagogas 
sean  israelitas.  Yo  quiero  que,  fuera  de  estos  lugares,  donde 
todos  rindan  igualmente  su  homenaje  á  la  divinidad,  gocen  de 
los  mismos  derechos  poHticos  y  de  mi  protección  paternal». 

Y  sin  embargo  de  estos  humanos  y  cultos  propósitos,  fue- 
se porque  no  pudiera  romper  completamente  con  los  antiguos 
prejuicios — como  dijo  un  profesor  de  la  Alianza  Israelita, — 
fuese  por  razones  fiscales,  fuese  por  las  relaciones  de  amistad, 
y  mejor  aún  de  temerosa  sumisión  que  los  israelitas  tenían 
con  los  Jenízaros,  ni  él,  ni  sus  ministros  se  mostraron  muy  be- 
névolos con  los  descendientes  de  Jacob.  Bairakdar-Bajá,  llamán- 
doles «los  más  viles  de  los  rayas»,  y  acusándoles  de  ejercer  un 
monopolio  indigno  con  las  cargas  del  imperio;  la  estrangula- 
ción verificada  en  la  venerable  figura  de  Haim  Farhi,  que  resi- 
día en  San  Juan-de- Acre;  el  asesinato  de  millares  de  judíos  que 
sobrevino  en  la  Morea,  por  el  crimen  cometido  con  el  patriar- 
ca griego  Gregorio,  en  Constantinopla,  y  el  desastroso  fin  de 
las  tres  familias  que  desempeñaron  el  papel  más  importante 
bajo  el  reinado  de  dicho  sultán:  los  Gabaí  (Yehazkel  Sabai),  los 
Adjiman  y  los  Carmona,  acreditan  este  incesante  peligro  que 
siempre  sufrió  la  raza,  á  pesar  de  las  más  elocuentes  protestas 
de  igualdad,  fraternidad  y  protección,  que  á  menudo  se  hacían 
en  los  documentos  y  locuciones,  por  los  sultanes  y  sus  más  al- 
tos dignatarios:  Visires,  Bajas,  Cheikh-ul-Islams  y  Ulemas. 

El  odio  á  la  raza  cuya  frente  selló  el  cristianismo  con  el  es- 
tigma de  pueblo  deicida;  las  enemigas  que  á  la  continua  en- 
gendraban las  miserias  de  los  humildes,  los  tesoros  de  sus  acau- 
dalados, y  las  enei'gías,  actividades  y  preponderancias  de  sus  in- 
dividuos; los  saqueos,  incendios  y  carnicerías,  que  de  cuando 
en  cuando,  y  por  los  motivos  más  triviales  ó  disparatados,  aso- 
laban las  juderías  y  sostenían  de  continuo  aterrado  el  ánimo 
de  sus  habitantes;  las  lej^es  de  rigurosa  excepción  y  las  prácti- 
cas afrentosas  á  que  se  les  sometía,  ocasionaron  un  aislamien- 
to secular,  les  obligaron  á  mantenerse  siempre  en  la  calidad  de 
extranjeros,  como  organismo  enquistado  dentro  de  otro  orga- 
nismo, imposibilitados  de  identificarse  y  confundirse  por  com- 


60 

pleto  con  sus  coterráneos,  comunicándose  en  su  lengua  propia, 
ó  de  familia,  sus  espantos  y  sus  peligros,  y  realizando  las  ope- 
raciones mercantiles  entre  sí,  con  desconfianzas,  á  escondidas 
de  las  investigaciones  y  espionajes  que  les  envolvían,  y  de  los 
atropellos  y  despojo  que  les  amenazaban. 

Por  esto,  sin  duda,  se  advierte  que  allí  donde  la  escasez  de 
judíos,  ó  la  total  inferioridad  del  medio  ambiente  amenguaron 
las  razones  para  enquistarse,  y  los  espantos  por  defenderse,  des- 
apareció el  castellano;  como  igualmente  se  ha  perdido  y  viene 
perdiendo,  en  mayor  o  menor  grado,  por  aquellos  otros  pueblos 
donde  la  igualdad  de  los  derechos  civiles  y  de  ciudadanía  han 
permitido  que  se  creasen,  entre  los  elementos  sociales  coexisten- 
tes,  esas  transfusiones  endosmóticas  y  exosmóticas  que  á  la  pos- 
tre concluyen  por  confundir  y  amasar  en  uno  solo  y  homogé- 
neo cuerpo  nacional,  todos  los  individuos  que  viven  en  la  nación 
misma,  á  la  sombra  de  una  bandera,  bajo  el  gobierno  de  unas 
mismas  leyes,  y  en  la  franca  actividad  que  el  derecho  común 
permite  á  todo  hombre  emprendedor  y  laborioso. 

No  somos  nosotros,  son  siempre  nuestros  adversarios  los 
que  mejor  nos  definen  y  precisan;  no  son  nuestros  deseos,  son 
las  imposiciones  y  determinismos  del  medio  ambiente  los  que 
nos  forman  y  predestinan,  señalándonos  lo  que  hemos  de  ser,  y 
su  cómo  y  su  por  qué;  y  así  decimos  que  esta  conservación  del 
castellano  y  de  sus  costumbres  antiguas  entre  los  judíos  espa- 
ñoles más  que  al  espíritu  de  retención,  á  las  resistencias  instin- 
tivas y  pertinaces  de  raza,  al  menosprecio  de  los  demás  convi- 
vientes, al  culto  religioso  de  tradiciones,  á  exigencias  de  la  al- 
tivez,... etc.,  hay  que  atribuirlo  á  que  el  medio  social  en  que 
vivieron  fué  para  ellos  inabordable;  á  que  eran  como  líquidos 
iumezclables  y  repelentes;  y  á  que  por  ello  guardaron  lo  que  te- 
nían, con  instintiva  y  desesperada  defensa,  porque  no  había 
modo  de  fundirse  en  el  medio  donde  se  hallaban.  Sin  que  esta 
explicación  sirva  para  desmerecer  nada  á  nuestros  ojos  lo  que 
aún  conserven  de  antiguos  españoles  los  sefardim  actuales. 
¡Cuánto  más  humano  y  más  lógico  es  este  motivo,  que  no  otro 
alguno! 

Volveremos  sobre  un  tema  tan  importantísimo  en  otro  lu- 
gar. Sigamos. 


61 

Consecuencia  natural  de  este  suceso  es  el  desigual  estado 
en  que  se  halla  hoy  nuestra  lengua,  la  cual  aparece  con  todos 
los  grados  de  degeneración  imaginables,  desde  la  copiosa,  pura 
y  elegante  dicción  que  atestiguan  los  escritos  de  Pinhas  Asayag, 
de  Tánger,  José  Benoliél,  de  Lisboa,  y  Abraham  López,  de  Ba- 
rrauquilla  (Colombia),  por  ejemplo,  hasta  los  extraños  ofreci- 
mientos religiosos  ladinos  que  se  conservan  en  algunas  comu- 
nidades de  Siria,  Egipto,  y  otros  puntos,  y  se  emplean  en  el 
ritual  de  sus  sinagogas.  Vamos,  pues,  al  conocimiento  del  es- 
tado actual  del  judeo-español. 


Comencemos  por  algunas  informaciones. 

Moisés  Franco,  el  culto  y  laborioso  autor  de  La  Historia  de 
los  Israelitas  en  el  Imperio  Otomano,  director  de  una  escuela  de 
la  Alianza  en  Demotica,  nos  dice  en  su  información,  que  Espa- 
ña se  acordó  un  poco  tarde  para  invitarles  á  venir  á  sus  tie- 
rras. Los  judíos  de  Argel  y  de  Túnez,  después  de  haber  olvi- 
dado el  castellano  para  aprender  el  árabe,  aprendieron  luego  el 
francés.  Los  de  Trípoli  y  Egipto,  que  siguieron  el  mismo  ca- 
mino, hablan  hoy  de  preferencia  el  italiano,  el  francés  ó  el  in- 
glés. Los  de  Damasco  y  Alepo  no  guardan  otra  memoria  del 
castellano  que  las  palabras  usadas  en  el  juego  de  cartas  y  la 
numeración  de  uno  á  diez,  la  cual  es  usada  en  las  ceremonias 
religiosas  de  la  sinagoga.  Los  judíos  de  Palestina,  mezclados 
con  los  indígenas  llamados  moriscos,  continúan  hablando  un 
poco  el  español  en  Jerusalén,  Hebron  y  Caiffá.  De  Saffed  y 
Tiberiades,  donde  él  vivió  unos  cuantos  años,  puede  asegu- 
rar que  no  hay  más  de  veinte  familias  que  le  entiendan.  En 
Servia  y  Bulgaria  de  tal  modo  se  hulgarizó  y  servizó,  que  pasa- 
dos algunos  años  será  difícil  reconocerle. 

De  esta  decadencia,  llevada  á  su  mayor  grado,  nos  da  cuenta 
D.  J.  Dañan,  de  Lorenzo  Marques,  en  el  África  del  Sur,  junto  al 
Transvaal,  quien  nos  dice  para  acreditar  el  interés  que  siempre 
mostraron  los  judíos  españoles  por  que  no  se  olvide  su  proceden- 
cia, que  en  los  templos  hebreos  existe  la  costumbre,  en  varias 
épocas  del  año,  de  vender  como  en  subasta  ciertas  oraciones  ó 
ceremonias  religiosas,  cuyo  producto  se  dedica  á  obras  de  caridad 


62 

y  benéficas,  ó  para  las  necesidades  y  cuidados  del  templo.  En 
las  sinagogas  de  Tetuán  y  otros  puntos  donde  se  hable  el  espa- 
ñol, claro  está  que  la  venta  se  hace  en  este  idioma,  pero  lo  no 
table  y  lo  que  da  la  prueba  antes  dicha,  es  que  en  el  Cairo,  Ale- 
jandría, Táuez...,  etc.,  países  donde  ya  se  ha  perdido  por  com- 
pleto el  idioma  castellano  que  hablaban  los  primeros  llegados, 
dichas  subastas  se  hacen,  sin  embargo,  en  español  y  como  por 
precepto  rehgioso.  Se  da  el  caso  de  que  el  que  pregona  lo  hace 
en  castellano,  y  los  otros,  que  no  lo  entienden,  ofrecen  sus  pre- 
cios en  francés,  árabe  ó  italiano.  Pero  el  pregonero  sigue  tran- 
quilamente su  castellano,  que  él  mismo  tampoco  comprende. 
La  venta  principia  así:  ¿Cuánto  dai,  señores^  Y  si  se  le  pregun- 
ta qué  dice  en  esas  palabras,  contesta  en  su  lengua:  «No  lo  sé; 
pero  nuestros  padres  nos  dejaron  estas  costumbres  en  memoria 
de  cómo  lo  hacían  en  Castilla.»  El  amigo  que  contó  esto  á 
Dañan  visitó  esos  paísQS  y  quedó  muy  sorprendido  por  esta 
particularidad  y  por  estas  reminiscencias  después  de  tantos 
siglos. 

De  su  parte  A.  Spagnolo,  vicecónsul  de  España  en  Alejan- 
dría, nos  atestigua  la  desaparición  del  castellano  en  aquella 
histórica  región,  diciéndonos  que  á  principios  del  pasado  siglo 
había  bastante  movimiento  3^  relaciones  comerciales  entre  dicho 
puerto  y  los  de  la  costa  de  Levante  de  España  y  las  islas 
Baleares.  Muchos  de  nuestros  comerciantes  y  marinos  queda- 
ron definitivamente  en  Egipto,  estableciéndose  en  Alejandría, 
y  ni  uno  solo  de  sus  descendientes,  si  bien  conservaron  hasta 
el  día  su  nacionalidad,  conoce  el  idioma  de  sus  antepasados: 
todos  ellos  practican  el  árabe,  idioma  del  país,  ó  bien  el  francés 
ó  el  italiano,  que  aprendieron  en  escuelas  establecidas  por 
Francia  é  Italia,  con  objeto  de  propagar  sus  respectivos 
idiomas. 

La  conservación  de  frases,  oraciones  y  ofrecimientos  en 
castellano  que  se  hace  en  las  sinagogas,  pertenece  ys,  al  rito 
sefardí,  y  se  usa  lo  mismo  en  unos  que  en  otros  pueblos.  Yo 
las  oí  en  Bayona  (Francia)  el  día  de  Rosch  Haschanah,  ó  día  del 
primero  de  año  (JO  de  Septiembre),  y  sobre  ellas  nos  dice  don 
José  Elmaleh,  de  Gibraltar,  que  aUí  todos  los  avisos  que  se 
exponen  en  la  sinagoga  de  esta  ciudad  inglesa  están  redactados 


63 

en  español,  siendo  leídos  por  el  Hazzan  (ministro  oficiante)  en 
las  oraciones  de  la  mañana  ó  tarde.  En  ciertas  festividades, 
tales  como  la  de  Pesah  (Pascua  de  Tortas)^  Succot  (de  Cabanas), 
Sabhuót  (de  Pentecostés),  suelen  cantarse  algunas  canciones 
mixtas  en  judío  y  español.  El  estribillo  de  la  más  conocida  es 
el  siguiente:  Ab  rahmán  cai'eh  zemctn,  careb  zemán  Él  neemán; 
que  traducido  al  castellano  quiere  decir:  «Padre  piadoso,  apro- 
xima el  tiempo,  aproxima  el  tiempo.  Dios  fiel.» 

Añade  que  al  octavo  día,  último  de  Pesah  (Pascua  de  Tor- 
tas), es  costumbre  tradicional,  después  de  recitar  la  porción 
correspondiente  del  Pentateuco,  dar  lectura  á  una  especie  de 
Cauto  Épico  en  hebraico,  llamado  Haftará;  el  cual  se  lee  en 
hebreo  primero  y  en  español  después.  Hay  que  tener  presente 
que  las  versiones  en  castellano  están  perfectamente  hechas, 
siendo  una  de  las  mejores,  ó  la  mejor,  la  debida  á  la  castiza 
pluma  de  nuestro  distinguido  amigo  D.  Pinhas  Asayag,  de 
Tánger. 

Estos  vocablos  en  labios  de  sefardíes  que  muchos  usan 
sin  comprenderlos,  obedeciendo  tan  sólo  á  legendarias  prácti- 
cas del  rito,  recuerdan  esos  pedruscos  amonitas,  ó  conchas  es- 
pirales, que  en  siglos  remotos  fueron  cobijo  de  vidas  moluscas, 
extinguidas  por  completo,  y  hoy  son  objeto  de  juego  en  manos 
de  campesinos  que  desconocen  su  significación.  Y  así  como  és- 
tos fósiles  solamente  sirven  para  que  un  naturalista  ó  un  pa- 
leontólogo puedan  remontar  su  estudio  á  las  organizaciones 
pasadas,  así  también  aquellas  frases,  allí,  no  sirven  más  que 
para  atestiguar  el  paso  de  una  lengua  ya  extinguida. 

Pero  si  desde  esas  comarcas,  donde  se  perdieron  los  deste- 
llos del  alma  nacional  española  que  llevaron  los  azares  del 
destino,  remontamos  el  examen  á  los  otros  países  donde  aún 
vive,  observaremos  una  gama  algo  variada  en  los  modos  de 
mostrarse  la  degeneración  del  castellano,  la  cual  interesa  mucho 
á  nuestro  país  conocer,  para  imponerse  cumplidamente  en  el 
estado  de  la  cuestión. 

Para  lograrlo  vamos  á  presentar,  á  modo  de  muestrario, 
una  serie  de  cartas  escritas  por  judíos  que  residen  en  lugares 
distintos;  advirtiendo,  que  en  la  segunda  parte  de  esta  obra 
hallará  el  lector  una  colección  más  numerosa  y  con  relaciones 


64 

^más  largas,  donde  podrá  ahondar  mejor  en  el  estudio  de  la 
materia.  , 

Queremos  adelantarnos  á  una  observación,  que  seguramen- 
te se  nos  hará;  es  á  saber:  la  de  que  pubHcamos  cartas  de  ju- 
díos intelectuales,  y  que  en  ellas  aparece  una  jerga  bastante 
más  inteligible  que  la  usada  por  el  común  de  los  sefardíes 
en  los  respectivos  puntos. 

No  negamos  la  exactitud  que  pueda  haber  en  esto;  pero 
hemos  de  advertir  que  en  todas  partes,  y  con  todos  los  idio- 
mas, sucede  lo  mismo.  Entre  los  judíos  españoles  de  Salónica, 
de  Esmirna  y  de  Constan tinopla,  por  ejemplo,  habrá  distintas 
capas  sociales,  las  cuales  marcarán  distintos  grados  de  cultura 
en  lo  que  toca  al  idioma  que  hablen.  Esto  sucede  igualmente 
^n  Madrid  con  el  castellano,  pues  no  son  pocas  las  veces  en  que 
hablando  con  gente  del  pueblo  bajo,  se  pregunta  uno:  ¿qué  ha 
querido  decir  este  hombre?  ¿Qué  lenguaje  es  ese? 

Ya  el  Sr.  Salem,  de  Salónica,  nos  advierte  que  los  judíos 
■de  aquella  comercial  ciudad  se  dividen  en  dos  clases:  la  obrera 
y  la  mercantil.  De  la  primera  dice  que  usan  un  español  co- 
rrompido, compuesto  de  todas  las  lenguas  habladas  en  el  país, 
y  por  esto  sería  difícil  á  un  español  de  España,  mantener  una 
conversación  con  ellos.  No  sucede  así  con  la  otra  clase,  la  que 
llama  intelectual,  la  cual  habla  una  lengua  como  la  que  él 
escribe. 

Otro  tanto  nos  dice  el  Sr.  J.  de  R.  Eousso,  de  Esmirna, 
quien  refiere,  que  entre  el  idioma  típico  hablado  -por  la  plebe 
de  sus  correligionarios  y  el  de  la  nueva  generación,  hay  una 
diferencia  sensible.  El  primero  es  el  más  corrompido  por  su 
mezcla  de  vocablos  hebreos,  turcos,  griegos,  mientras  que  el 
segundo  se  acerca  más  al  español  nuestro.  ¿Habrá  necesidad 
de  repetir  lo  mismo  tratándose  de  Constantinopla? 

Pero  en  esta  diferencia  nos  atenemos  al  lenguaje  de  los  de 
arriba;  no  solamente  porque  es  el  verdadero,  sino  porque  él 
representa  la  luz  que  marcha  por  delante,  la  que  va  señalando 
el  derrotero  que  ha  de  seguir  la  expresión;  desde  esa  altura 
desciende  al  periódico,  al  libro,  al  sermón,  al  canto,  al  teatro... 
y  allí  lo  recoge  el  pueblo  y  se  lo  asimila. 

No  hemos  podido  determinar  la  educación  que  en  el  cas- 


65 

tellano  habrán  adquirido  todos  los  firmantes  de  las  cartas;  pero 
sin  más  que  leerlas  se  sabe  que  algunos,  cuando  menos,  han 
expresado  con  toda  ingenuidad  el  judío  que  hablan;  que  es  la 
primera,  ó  de  las  primeras  veces  que  se  ven  comprometidos  á 
escribir  el  castellano  con  caracteres  latinos,  y  muy  elocuente- 
mente se  manifiesta  lo  mal  que  andan  en  expresar  nuestras 
vocales,  no  solamente  porque  la  é  y  la  i  estén  mal  usadas  en  el 
judeo-español,  sino  porque  careciendo  de  la  costumbre  de  ex- 
presarlas de  otro  modo  que  por  su  alefato,  ó  caracteres  hebreos, 
al  escribir  los  sonidos  que  usan  con  letras  latinas,  dan  á  éstas 
el  valor  del  abecedario  francés,  que  es  el  que  todos  conocen  y 
usan  en  sus  escritos,  y  con  frecuencia  figuran  la  u  española  con 
el  diptongo  francés  ou.  Algo  semejante  sucede  con  otras  letras, 
y  esto,  como  fácilmente  se  comprende,  hace  que  sea  la  conver- 
sación oral  más  inteligible  de  lo  que  al  pronto  parece  debe 
serlo,  á  juzgar  por  la  confusión  aparente  de  la  escritura. 
Y  pasemos  al  epistolario  dicho: 


CAPÍTULO 


Epistolario  israelita. — Cartas  de  D.  B.  Gabriel  Tuvy,  de  Constanza;  Rafael  Maz- 
liach,  de  Viena;  J.  de  R.  Rousso,  de  Esmirna;  José  Romano  y  José  Abravanel, 
de  Salónica;  Levy  Franco,  de  Gallipoli;  Lázaro  Ascher,  de  Bucarest;  M.  Gañy,  de 
Rosiori;  Enrique  Haim,  de  Pancsova;  Abraham  Levi  Sadic,  de  Sarayevo;  Moisés 
A.  Azriel,  de  Jafa;  Moisés  Fresco,  de  Constantinopla;  David  S.  Bencho,  de  Bel- 
grado; Enrique  Bejarano,  de  Bucarest;  María  Gros  Alcalay,  de  Trieste;  y  Pin- 
has  Asayag,  de  Tánger. 


No  pretende  el  epistolario  que  publicamos  á  continuación 
exponer  todas  las  variaciones  existentes  en  el  habla  de  los  ju- 
díos españoles,  porque  es  muy  corto,  y  porque,  además  de  su 
limitadísimo  número,  es  muy  deficiente.  Pero  como  el  traer 
más  abundosa  variedad  de  cartas  á  este  lugar  resultaría  empe- 
ño de  pesada  lectura  y  de  inadecuada  finalidad,  porque  no 
pensamos  acometer  un  estudio  concienzudo  y  gramatical  de  las 
variaciones  topográficas  que  ofrece  la  expresión  castellana  de 
los  sefardim,  bastan  las  diez  y  seis  epístolas  siguientes  para 
nuestro  sencillo  propósito  de  dar  una  idea  de  los  grados  de  al- 
teración que  presenta  nuestro  idioma  en  las  poblaciones  de 
Europa,  Asia  y  África,  donde  existen  las  mayores  comunida- 
des de  israelitas  españoles. 

Y  no  siendo  tampoco  del  caso  ordenarlas,  porque  ni  su  nú- 
mero ni  su  texto  consienten  una  serie,  escogemos  las  más  cor- 
tas de  sus  respectivos  autores  y  las  presentamos  segúji  nos  vie- 
nen á  la  mano. 

I. — Véase  en  qué  términos  se  expresa  D.  B.  Gabriel  Tuvy, 


68 

ministro  oficiante  en  la  Sinagoga  israelita  de  rito  español  de 
Constanza,  animado  puerto  rumano  en  el  Mar  Negro: 

Grande  Voestro  nombre,  i  mui  respectable 
DON  ANGELO  POLIDO  FERNANDEZ, 
Doctor  en  medecina  i  senador  del  Reino  Espagnol 

MADRID 
Sea  engradesida  Voestra  fama  alta,  mas  de  Voestra  Planeta.  En  azien- 
do  ocazion  de  lo  ke  tuvi  leído  en  munchios  journales,  raegavles  i  ajenos, 
la  alta  i  bien  esperituoza  idea  ke  akea  Espagna  «la  ke  arongio  a  los  Israe- 
litas en  1492»  aziendo  una  caente  iamada,  torna  venir  en  bu  pais.  O  dio! 
creigo  seer  en  boena  ora.  Creigo  que  dainda  no  ternias  resivido  ansi  una 
lettra  como  la  ke  en  este  dia  vos  se  prezenta?. 

Dunkue  grand  Signorl  Kero  ke  kon  mis  pokos  biervos  vengo  a  darme 
entender  ke  voestras  ideas  son  superioras,  i  bien  favorables  a  los  espar- 
zidos  Sefradim  en  Roumania;  non  diziendo  ke  mos  topamos  persicutados 
malamente,  si  non  ke  por  entereso,  mirando  la  prosperidad  ke  ai  en  los 
Gidios  en  moral  i  material.  Ma  una  grande  partida  de  nozotros  buscando 
i  lo  boeno  i  lo  mijor  por  el  avenir  de  noestras  criaturas,  mos  vino  esta 
boena  ocazion,  la  caente  i  amada  de  la  Espagna;  ke  tamien  para  voestro 
pais  seremos  una  simiente  bendichea  de  akea  ke  diso  el  Dio  a  Avraam: 
«Are  de  ti  gente  grande,  i  serán  bendichias  kon  ti  todas  las  nasiones  de 
la  tiera»,  etc.  etc.  Sigun  lo  avlates  en  voestra  Circulara,  «Boelta  de  los  gi- 
dios a  la  Espagna»  ke  el  koal  se  topa  en  mi  poder  oi,  en  nombre  de  Rab- 
bin  Espagnol  de  CONSTANTZA;  i  no  me  fue  ainda  a  estudiar  continido 
de  este  mentionado  Circular,  mezmo  de  esperar  a  ver  todo  el  livro.  lo 
solo  trato  de  voestra  iamada,  si  es  solo  meldado  en  los  Jouruales,  o  es  sa- 
lido de  voestro  alto  senado;  ordenado  de  todas  las  caveserias  espirituozas. 
Kero  saver  directamente  de  voestra  Siniatura,  legalizado  de  toda  la  parti- 
da Governala  del  actual.  Con  todo  esto,  oi  solo  mirando  los  journales,  ize 
grandes  propagandas,  i  parte  de  familiares  de  tierna  edad,  patrones  de 
braso  i  ofisios,  ovedesieron  mis  palavras  como  lo  ke  so  sus  kapo  religioso, 
Ministro  Oficiante  en  Sinagoga  Israelitte  de  Rit  Espagnol 

Ken  lo  aze  todo  esto?  —El  esprito  santo,  aiudado  de  Dios. 
Termino  mi  chika  lettra,  i  paso  saludando  en  bendiziendovos  en  giun- 
tos  mis  2  colegos,  — aviado  de  boka  i  salido  de  corasen—  ieno  de  bien. 
Ke  sea  engrandesida  la  corona  Espagnola,  con  su  nombre  de  Su  MAES- 
TAD  el  REÍ  ALFONS  XIII,  i  sus  espirituales  cavesirias,  toda  la  alta  Fa- 
milia Regala,  i  sus  capos  religiosos,  — de  ghiarse  su  respectable  Pais,  con 
prosperidad,  derechedad,  i  pas.  Amen. 

Voestro  devuado, 

B.  Gabriel  Tuvy. 

II. — Pertenece  esta  segunda  á  un  distinguido  comerciante 


69 

de  Viena,  D.  Raphael  Mazliach,  cuyo  estilo  se  desvía  menos 
que  el  anterior,  de  nuestro  castellano  corriente: 

Wien,  am  8  del  Mayo  de  1904. 
lUustrmo.  Señor  D.  Ángel  Pulido. 

Madrid. 

Señor  Senador:  A  cuanto  che  topará  por  giusto  V.  de  acerme  reproches 
al  non  aber  respondido  fin  hoy  sus  bondades,  placeres  y  favores,  tendrá 
muchissima  razón. 

Una  vez  che  me  ha  fornido  del  libro  valutoso  che  contiene  su  labor 
preciable,  o  mejor  dicho:  preciado,  aun  inpreciable,  non  me  era  possible 
estancar  en  la  lectura  tan  interessante;  a  cuanto  mas  adelantabe,  mas  cre- 
cia  el  deseo  de  conocer  las  cartas,  discursos  y  reproducciones,  los  stylos  y 
idiomas  de  mis  correligionarios,  todos  españoles  y  aun  contodo  tan  difie- 
ren tes;  mas  volvía  la  veluntad  de  enunciar  debattas,  opiniones,  criticas, 
sympathias,  agradecimientos,  gratitud  o  discussiones,  según  los  characte- 
res  sympathicos  de  los  Señores,  cuyos  nombres  eran  conosidos  a  mi  ya  de 
antes  y  preciados  como  sabios  y  illustres. 

Las  Contenencias  de  los  discursos  che  publicó  V.  y  la  debatta  del  Se- 
nado me  acementaron  varios  deseos  y  también  la  veluntad  de  entrar  en 
relaciones  comerciales  con  España,  teniendo  en  el  negocio  de  mi  firma 
Eeprasentacia  de  Industrias  y  Exportación. 

En  eso  riguardo  me  permiteré  enviarle  separata  carta  mas  a  my  inte- 
resso,  por  pedir  de  su  bondad  me  prestase  consejo  y  enseñanza  por  el 
camino,  che  a  V.  parece  mas  pratico  al  successo. 

En  mientres,  muy  Señor  mió,  agradesca  toda  la  quantitad  de  Sympathia 
y  Amor,  che  entre  una  linea  de  escritura  se  puede  esprimir. 

Siempre  su  servidor 

Raphael  Mazliach. 

ni. — La  siguiente  carta  de  D.  J.  de  R.  Rousso,  de  Esmirna, 
pone  muy  de  manifiesto  defectos  de  escritura  sobre  los  defectos 
de  locución.  Se  comprende  al  punto  que  escuchado  el  Sr.  Rousso 
aparecerá  menos  confuso  al  oído  que  á  la  vista.  Sin  embargo, 
hay  períodos  de  una  corrección  muy  aceptable,  que  alternan 
con  otros  donde  los  itaÜanismos  y  galicismos  obscurecen  el 
texto: 

Muy  querido  amigo,  y  de  mi  mas  alta  consideración;  Asiendo  siguida 
a  mi  devouada  del  18  mes  pasado  y  respondiendo  al  deseo  que  ud.  mani- 
festa  con  su  tarjeta  postal  de  26  ditto,  yo  le  escrivo  oy  en  Castellano  que 
hablamos  por  redijirle  succesitamente  los  datos  que  el  me  demanda  en 
respuesta  á  su  questionario. 

Yo  deseo  todavía  decirle  que  non  es  este  el  idioma  típico  hablado  por 


70 

la  plebe  de  mis  correligionarios.  Entre  el  Judéo-Espafiol  hablado  por  estos 
y  aqnel  de  la  nueva  generación,  ay  bien  ouna  differencia  Sensible.  El  pri- 
mero seria  á  vd.  difficilmente  comprehensible  por  el  fato  que  el  es  el  mas 
corrompido  y  por  el  usage  del  qual  tienen  recorso  á  biervos  y  espressiones 
de  linguas  estrañeras  principalmente  del  hebreo,  Turco  y  griego.  El  secun- 
do por  contra  se  acerca  del  Castellano  en  ouna  cierta  mesura  visto  que  el 
tiende  a  reformarse  y  por  lo  menos  purificarse  por  la  adoption  de  términos 
franceses  «Españolisados». 

El  Sig.  Nissim  de  J.  Pardo  de  esta  ciudad  estarla  en  misura  si  el  tiempo 
le  permette  (sola  reserva,  conosciendo  su  attamiento  á  la  question)  estarla 
en  misura,  digo  de  darle  mas  de  ouna  información  de  grande  importancia 
sovre  el  sujeto.  Yo  se, — el  Amigo  Sr.  Pardo  escusara  mi  indiscreción — 
que  desde  numero  de  años  el  se  occupa  de  asser  oun  diccionario  Castella- 
no-Judeo-Español-Francés,  que  si  venia  a  ver  la  luz,  y  seria  gradualmen- 
te adoptado  por  nuestros  publicistas,  podría  en  ouna  notable  mesura  con- 
tribuir a  reformar  nuestro  maleucontroso  idioma  y  acercarlo  del  Caste- 
llano. 

Ni  el  quadro  restretto  de  esta  letira^  ni  mi  competencia  sovre  todo,  non 
me  permeten  de  continuar  en  mis  reflecciones.  Vcl-  tenga  solo  la  convic- 
tion  que  el  assunto  al  qual  el  quere  bien  con  tanta  maestría  y  abnegación 
consacrar  sus  esforsos;  es  de  oun  interés  vital  por  el  avenir  de  nuestro 
pueblo  viviendo  en  el  Oriente. 

Siempre  á  su  disposición  por  toda  communicación  que  podria  serle 
útil,  le  ruego  de  creer,  á  los  sintimientos  de  alta 'consideración  y  estima, 
con  los  quales  me  digo  su  devoado. 

Dios  quera  que  mi  lettra  provoque  onde  usted  solo  ouna  hilaridad  y 
non  oun  sintimiento  de  disgusto. 

Non  me  ago  ninguna  i.llusion,  sovre  quanto  lechos  deve  ser  la  lingua 
que  lio  le  escrive  del  Castellano  puro  y  suave.  Es  ouna  ocasión  por  mi  de 
compiar  sovre  sou  bienveillente  indulgencia,  non  solamente  por  las  faltas 
en  todo  senso  que  usted  encuentrara  en  ella,  si  tanto  es  que  el  verla  la 
necessidad  de  corrigirla,  ma  sobre  todo  por  el  caso  onde  lio  commetteria 
involuntariamente  se  entiende,  la  falta  grave  de  escrivir  en  la  presente 
términos  o  espressiones  que  lio  crei  naivamente  ser  en  Castellano,  mien- 
tras que  ellos  non  son,  o  son  y  non  se  adaptan  al  senso  que  lio  los  destino. 

Por  esto  y  por  todo  lo  que  non  pude  preveer,  le  ruego  de  créér  a  mis 
mas  sinceras  escusas. 

J.  de  R.  B0U8S0. 

IV. — De  Esmirna  es  también  la  que  firma  D.  José  Romano, 
distinguido  profesor  de  inglés  en  la  Escuela  escocesa,  redactor 
del  periódico  El  Messeret,  y  corresponsal  de  La  Época,  de  Sa- 
lónica: 


71 

Ezmirna  el  28  6-1904. 
Illustrissimo  señor  Senador. 
Vuestro  libro  sovre  los  Israelitas  españoles,  acompañado  de  una  carta, 
lo  he  recivido  a  tiempo.  Mili  gracias  por  vuestro  cuydado  i  por  el  honor 
que  usted  me  hace.  Yo  seré  muy  venturoso  a  cumplir  el  deseo  de  usted 
en  respondiendo  a  las  preguntas  que  me  pone.  Asta  un  mes  usted  tiendra 
un  rapporto  detallado  sovre  todo  lo  que  concerna  la  ciudad  judía  en 
donde  vivo.  Vos  prometo  de  notarvos  astes  los  mas  pequemos  detalios  i 
las  mas  recientes  i  offiicieles  estatísticas. 

Escusad,  vos  ruego,  la  orthografia  de  este  jargon  i  deniad  acceptar  los 
humildes  respectos  de  vuestro  devuado  servidor, 

Joseph  Romano. 

V. — Nuestro  bondadoso  amigo  D.  José  Abravanel,  de  Saló- 
nica, nos  envió  el  10  de  Mayo  (1904)  la  carta  que  sigue,  expre- 
sión fiel  del  castellano  que  se  usa  en  dicha  linda  ciudad: 

Salónica  10-5-904. 
Estimado  Señor  Pulido. 

Le  confirmo  mis  dos  ultimas  cartas  por  las  qualas  le  enderazara  algu- 
nas enformaciones  concemando  los  Judéos  Españoles  de  Salónica.  Sigun 
se  lo  promete  á  Ud  le  escrivo  en  este  papel  un  poco  de  caligrafía  de 
Judéo-Español,  con  la  cuala  mos  servismos  por  todos  los  échos  comercia- 
les, i  particolares,  la  contabilidad,  cuentas íi  otros,  enfin  por  todas  las  co- 
respondencias  etc.  etc.  Las  romansas  que  le  prometí  están  estanpadas  en 
Judéo-Español  y  si  Ud  lo  desea  se  las  mando  con  mucho  gusto. 

Enclusotopará  una  vista  representando  una  mujer  vistida  con  custum 
en  uso  de  Salónica  i  (coiffée)  coifada  con   una  forma  i  llamada  tocado 
compuesto  de  diversas  colores  lo  que  ase  un  gusto  muy  original,  ma  que 
semeja  (semble)  desparecer  por  ser  rampla^ado  por  custum  Europeo. 

Los  ombres  visten  lo  mas  el  custum  Europeo  con  el  coifo  turco  o 
franco  (capello)  i  la  parte  que  es  inda  conservadera  de  les  viejos  usos  vis- 
ten el  entari  i  djubé  de  vistimienta  i  nombre  turca,  creo  lo  verá  Ud  en  los 
tarjetas  illustradas  que  le  mandé  estos  días. 

Creo  que  nuestro  castellano  non  es  bien  entendido  de  todo  Español  i 
quanto  regreto  de  non  poder  escrivir  bueno  esta  ermosa  i  linda  lengua 
tan  conocida  de  nuestros  avuelos. 

Non  dubito  que  en  poco  tiempo  i  con  ésforsas  de  volenta  se  puedra 
muy  bien  escrivirlo  y  leerlo  coretamente. 

Ruego  escrivirme  en  su  prossima  si  desea  Ud  corresponder  con  algu- 
nos de  mis  amigos  estabilidos  en  otras  partes  de  la  Turquía,  Smyrne, 
Jerusalem,  Andrinopole  y  otros  por  conocer  detallios  de  los  Judéos-Espa- 
ñoles  de  aquellas  partes. 

Esto  curioso  por  saver  si  Ud  reci'^ió  todos  los  periocos  i  cartas  que  le 
mandé.  Soy  siempre  de  Ud  su  devoto  i  respetuoso  por  servirlo, 

Moise  Abravanel. 


72 

VI. — De  Gallipoli,  ciudad  turca  sobre  el  mar  de  Mármara, 
es  esta  otra,  la  cual  debemos  á  D.  Levy  Franco,  hijo  del  Gran 
Rabino  de  dicba  ciudad,  población  de  unos  20.000  habitantes: 

Gallipoli  el  12  Octubre  904. 
Sr.  Dr.  D.  Ángel  Pulido. 

Madrid. 
Muy  respetable  y  distinguido  señor  mío:  Me  permito  de  decirle  que  yo 
soy  de  la  falange  de  los  admiradores  de  su  noble  campaña  digna  de  ala- 
banzas cuanto  usted  lo  es,  y  que  yo,  el  suyo  servidor,  he  seguido  con  un 
entusiasmo  particular. 

Luego  que  mí  intimo  señor  Raf.  Amato  me  ha  presentado  su  libro  yo 
me  tengo  hecho  el  placer  de  leerlo  con  la  atención  merecida.  La  impre- 
sión de  esa  lectura  ha  hecho  resucitar  en  mi  los  instintos  de  cariño  por 
mi  abuela  patria,  me  ha  tocado  sensiblemente  por  la  calor  de  sus  suaves 
palabras,  me  ha  atraedo  por  el  fondo  de  sus  nobles  y  liberales  ideas. 

Desde  mi  niñez  yo  estudié  la  historia  de  los  Israelitas  de  la  grande 
España,  leí  cuantos  sacrificios  eyos  hacian  por  sus  protectora.  Eyos  se 
destinguian  en  el  arte  militar  y  muchas  veces  misiones  delicadas  les  eran 
confiadas,  de  las  cualas  esos  ñdeles  ijos  pagaban  dignamente,  no  escati- 
mando nadie  por  sus  patria  cuando  mismo  al  reisgo  de  sus  vidas. 

Pero  noté  que,  cuando  las  horrores  de  la  edad  media  estallaron  la  in- 
quisición, esa  armada  de  ambiciosos  y  inhumanos,  reconocido  su  splan- 
dor  a  Torquemada  (de  maldicha  memoria)  ha  tenido  el  mismo  iguardo 
por  sus  hermanos  de  raza  que  por  los  judíos,  cuando  esa  ultima  juzgaba 
justo  de  apropriarsen  de  sus  haciendas.  Judios,  cristianos,  todo  les  era 
igual. 

Es  por  eso  que  no  debe  haber,  ni  hay  en  nosotros.  Israelitas  españo- 
les, ninguna  rencor  por  el  pueblo  Español.  Al  contrario  yo  los  digo  mas 
desdichados,  mas  desgraciados  de  nosotros,  pues  que  á  las  dolores  y  tur- 
mentoB  físicos  se  aj untan  los  morales. 

Si  examinamos  las  historias  de  los  pueblos  no  se  hallara  uno  que  ha 
sido  menos  cruel  enfrente  esa  fracción  de  individuos;  ma,  llegaron  a  re- 
parar a  tiempo  la  falta  de  la  superstición  de  sus  abuelos,  (a  la  excepción 
de  los  brutales  Rusia  y  Rumania). 

¿Y  yo  me  demando,  la  carisima  España  siguira  eya  el  mismo  ejemplo? 

La  existencia  de  nobles  hombres  commo  usted  en  alto  logar,  gosando 

de  una  autoredad  lo  permite  tomando  a  corazón  la  obra,  usted  decha  ver 

que  vd.  como  una  louz  resplandient'i  es  en  via  de  reflectar  las  consencias 

De  mi  parte  yo  le  presento  mis  felicitaciones  y  un  pronto  suceso. 

Dígnese  recibir,  estimadisimo  señor  mió,  la  expresión  de  mi  profonda 
gratitud  y  puro  respecto 

s.  8.  q.  b.  a.  m. 

Levy  Franco. 
Fils  au  Grand-Babbin  de  Gallipoli. 


VIL — Del  distinguido  D.  Lázaro  Ascher,  de  Bucarest,  es  la 
siguiente,  la  cual  da  una  idea  del  habla  castellana  en  la  capital 
de  Rumania: 

Bucarest,  31-5-904. 
Muy  distinguido  Señor  y  amigo  mió: 
Sin  ninguna  tardanza,  vengo  a  responder  á  su  estimada  carta  del  25 
corr.,  cuya  me  trujo  mucha  alegría.  El  amigo  Sr.  Bejarano  tuvo  un  vivo 
gusto  al  oir  que  la  Real  Academia  de  la  Lengua  le  tiene  de  nombrarlo  su 
correspondiente,  y  no  menos  la  tengo  y  yo  ademas  de  lo  que  dice  Usted, 
que  y  otros  de  mis  correligionarios  serán  honrados  con  este  titulo.  Los 
contentes  mostra  Usted  por  el  Señor  Abravanel  de  Salónica,  me  produce 
tanto  placer  como  si  yo  mismo  le  hubiere  servido  á  Usted.  En  la  primera 
carta  que  yo  escribí  á  éste  Sr.  le  dije  <Cada  uno  de  nosotros  de  cualse- 
quier  Paie,  debemos  según  el  poder  venir  en  ayuda  á  ésta  patriótica  obra 
de  Usted,  que  no  está  ahorrando  tiempo  ni  pena  en  ser  é  infatigable,  ha- 
ciendo todos  los  esfuerzos  por  alcanzar  al  patriótico  escópo  de  propagar 
el  dulce  y  lindo  idiomo  español  entre  nosotros,  hacer  á  que  se  hable  y  es- 
criba como  se  debe,  y  que  las  nuevas  generaciones  lo  conserven»,  rogán- 
dole también  á  que  mi  carta  la  mostré  a  sus  amigos.  Tanto  mas  mucho 
me  place  de  haberme  enderezado  a  éste  Sr.  porque  es  de  bien  hacer  ú 
hombre  de  corazón,  que  puedo  decir,  que  es  hecho  de  la  Providencia.  La 
sublime  idea  de  Usted  de  reproducirlo  todo  en  libros,  pue  no  puede  ser 
mejor,  que  se  esta  vendo  el  efecto,  entrando  en  relaciones  con  los  israeli- 
tas españoles  de  todas  cuatro  partes  del  mundo.  No  dudo  que  terne  el 
honor  de  recibir  a  su  tiempo  el  segundo  libro  de  Usted,  que  á  verdad 
debe  ser  mas  interesante,  que  el  primero.  Lo  siento  mucho  no  tener  otro 
retrato  mió,  y  si  como  por  el  memento  estando  ocupado  con  reparaciones 
en  casa,  en  los  dias  venederos  me  haceré  fotografías  y  le  envió  á  Usted. 
Muchas  gracias  por  los  periódicos  gusta  enviarme,  y  recibo  El  Liberal 
regularmente,  mi  es  mucho  de  interés  recibir  los  periódicos  que  hablan 
de  la  bendicha  obra  de  Usted,  que  espero  me  los  enviara,  regraciándole 
con  anticipación. 

Me  ofrezco  á  las  ordenes  de  Usted  con  mucho  placer.  Mi  familia  y  yo 
saludamos  con  estima  á  su  familia  y  Usted  y  cuente  Usted  con  la  perfec- 
ta é  ilimitable  consideración  con  quedo  de  Usted  su  aftmo.  amigo 

q.  8.  m.  b. 
Lázaro  Ascher. 

VIII. — De  Rosiori  (Rumania)  procede  la  siguiente  simpá- 
tica epístola,  cuyo  autor  M.  Gañy  no  ha  hecho  estudio  especial 
de  nuestra  lengua: 

Muy  estimado  Señor  Pulido, 
Su  carísima  carta  del  6  3   la  recebi  al  tempo  y   tadri   de  responder 
porque  estubi  muy  ocupado. 


74 


FlG.  10.  -  D.  M.   Gañy,   di 
rector  de  una  Agencia  im- 
portante de  Rosiori  (Ru- 
mania). 


Entre-tiempo  recebi  e)  N.o  de  la  Ilustración  con  el  ultimo  sobre  la 
question  de  los  judíos  Españoles  en  oriente,  qual  lei  con  grande  atención 
Leimos  su  dulce  articlo  en  una  chica  Junta  d'Españoles  y  nos  emocio- 
nimos  mucho  pensanda  a  noestra  cara  Patria 
que  perdimos.  Sus  racionamiertos  son  justos, 
su  manera  d'  exposar  las  cozas  muy  claras  y 
pensamos  muchos  d'estrechar  el  cariño  con 
noestra  tiera  d'origina. 

Viendo  su  sincera  propaganda  por  los  ju- 
díos Españoles,  pensó  de  acer  a  un  hermano 
mió  que  esta  a  París  que  venga  a  Madrid. 
Tengo  grande  deseio  recebir  una  minuciosa 
descripción  sobre  la  sebdad.  Non  se  si  es  que 
se  mas  topan  judios  en  España,  onde  y  cuan- 
tos. Agradarcere  mucho  de  conecer  esto  de- 
tallo. 

Si  se  mas  topan  judios  en  España,  pode- 
mos acer  a  unos  de  noestros  amigos  que  que- 
ren  emigrar  de  Eomania  que  vaian  hai. 

El  empesijo  ez  pezgo  y  pensó  que  non  va 
pasar  mucho  tempo,  quando  los  judios  se  con- 
vinceran  del  ¡sincero  deseio  de  los  Españoles  de  recebir  a  los  hermanos 
judios. 

Pedi  al  Sr.  Director  de  la  Ilustración  que  me  mandi  el  almanaque  1904 
y  un  numero  de  la  Ilustración. 

Topáis  aqui  10  timbres  que  valen  3  francas,  por  paga  de  este  libro. 
Rogo  respondermi  se  poedo  mandar  y  por  El  Liberal  la  paga  en  esta 
moneda.  El  Crédis  Lionaís  creio  que  los  recibe. 

Tengo  el  placer  de  notarle  unas  cánticas  que  tenemos  los  judios. 
Me  demanda  luque  comprendo  por  consegos.  Non  poedo  dar  boena  ex- 
pligación.  Yo  quero  libros  Españoles  que  tengan  subiectos  como  tiene 
un  almanaque. 

Rogo  reciba  mis  sinceras  y  ondos  saludos. 

M.  Gañi. 

IX. — De  Pancsova  (Hungría),  viene  la  que  nos  remite  don 
Enrique  Haim,  distinguido  banquero: 

Pancsova  3-9-1904. 
Muy  honorable  y  estimado  señor  mió! 
Non  respondí  fin  hoy  su  estimadísima  carta  del  16-8,  porque  aspiri 
tiner  Información  se  hay  sefardos  en  Rusia,  y  kefi  avizos  que  recivi,  non 
hay  sefardos  españoles  en  Rusia.  Son  todos  israelitas  alemanospolacos. 
Mi  rengracio  mucho  porla  ocassion  di  poder  leer  los  artículos  de  Ud 
tuquante  los  Israelitas  de  Bosna  en  el  Diario  Universal,  lu  qualo  mi 
izo  grande  gusto,  lo  mas  porque  Ud  esta  demostrando  tan  grande  Inte- 
resso  y  Amor  por  los  hermanos  desterados.  Rogava  bivir  y  alcansar  el 


75 

tiempo,  onde  nos  tornásemos  á  noestra  Tiera  amada.  Con  grande  Res- 
peto saludo 

Enrique  Haim. 

X. — Procede  de  Sarajevo,  capital  de  Bosnia,  la  siguiente 
carta  y  el  arreglo  al  judeo-español  de  la  le^'enda  danesa  Elve)-- 
conge.  Leyendo  esta  composición  de  Abrabam  Levi  Sadic  y 
las  interesantes  cartas  de  Abraham  A.  Cappon,  que  publicare- 
mos más  adelante,  se  adquiere  la  convicción  de  que  esta  ciudad 
es  una  donde  se  babla  mejor  el  español  de  Oriente: 

Sarayevo,  8  de  Junio,  de  1894. 
Señor 

p.  t.  Angelo  Pulido  Fernandez 

Madrid. 
Muí  honorable  señor! 
Por  su  mui  preciado  enderezo  vini  a  saber  del  señor  S.  D.  Alcalay  de 
aqui  i  me  tomo  la  libertad  de  enderezar  a  Usted  estos  pocos  renglones. 
El  Elverconge  de  los  Daneses,  el  cuál  existi  en  muchas  lenguas  (en 
alemán  Erlkónig),  lo  hici  ya  en  el  español  para  los  judios-españoles,  de- 
bajo del  titulo  Asmodi  sigun  incluido.   Si  Usted  pensa  que  Asmodi  se 
puede  aprovechar  también  alli,  le  rogo  de  querer  bien  dejarlo  publicar 
en  algún  periódico. 

Esperando  su  estimada  respuesta,  tengo  el  honor  de  hacer  mis  deVje- 
res,  con  respeto. 

Avran  Levi  Sadic. 

ASISIODI  (1) 
Entre  montes  'scuros,.  á  noche  alta, 
Por  leño,  por  piedra,  el  caballo  salta; 
Llevando  al  padre,  de  cuál  la  palma, 
Detiene  al  hijo,  que  ama  su  alma. 

Mi  hijo,  porqué  encubres  la  cara? — 
íío  ves  tu,  padre,  quién  es  que  se  para? 
Onde  nosotros  Asmodi  que  sube? — 
Mi  hijo,  tu  ves  'scura  una  nube. — 

No  ves  su  corona,  de  oro  su  sayo. 
No  ves  caro  padre,  sus  pies  de  gallo?  — 
Hijo  mió,  no  hai  nada  por  cierto, 
No  tengas  miedo,  yo  esto  despierto. — 

«Ven  tu  con  mi,  ven,  gracioso  hijico!»  (2) 
«Dar  te  vo  yo  mas  d'algun  juguetico;> 


(1)  El  rey  de  los  demonios. 

(2)  Los  versos  entre  comillas  cuando   abla  Asmodi 


76 

«Te  llevare  a  mostrar  mi  tesoro,» 
«Con  vestidos  te  vestiré  de  oro.>  - 

Padre  querido,  no  estas  tu  sentiendo, 
Lo  que  Asmodi  me  va  prometiendo? 
Estáte  quieto  mi  hijo,  repósate, 
El  aire  en  las  hojas  secas  bate. — 

«Bello  niño,  queres  venir  ahora?» 
«Mis  hijas  'speran,  corta  es  la  ora;» 
«Veras  cuanto  lindo  jugan  i  cantan,» 
Hermoso  mis  hijas  bailan  i  saltan.» 

Ves  padre  mió,  de  aquella  parte, 
Mozas  en  vivo  baile  i  salte? — 
Hijo  amado,  arboles  seguro, 
En  aquel  yo  veo  lugar  oscuro. — 

«Me  places  mui  mucho,  anjel  sin  alas,» 
«No  queres  con  buenas,  ven  con  las  malas!» 
Ah  padre!  mi  padre!  ahora  m'apaña! 
Trava  mi  cuerpo  Asmodi  i  daña! — 

Temblor  afera  al  padre  i  espanto, 
Blanco  se  hace  como  el  muerto. 
Su  cuerpo  cubre  sudor  helada, 
Baten  sus  dientes,  no  habla  mas  nada. 


El  hijo  jeme,  llama:  madre!  madre!.... 
Con  toda  fuersa  apresura  el  padre; 
Alcanza  su  casa  con  largos  pasos. 
El  bello  niño  muere  en  sus  brasos. 

XI. — Pertenece  á  im  conocido  editor  de  Jaffa,  como  todos 
los  anteriores  de  raza  española,  D.  Moisés  A.  Azriel,  la  siguien- 
te tarjeta  postal;  la  cual  da  idea  del  castellano  bien  conservado 
que  se  habla  en  Palestina: 

Jaffa,  el  31  de  Augusto  de  1904. 

Muy  estimado  Señor  mió.  Ricibí  su  honorada  carta  del  16  corrente 
que  me  fué  embiada  de  Jerusalem.  Ayer  le  escribí  de  largo.  En  mi  retorno 
en  Jerusalem,  le  contestaré  á  su  letra. 

El  Álbum  que  Vd.  dezea  saber,  es  un  libro  lleno  de  retratos  en  foto- 
grafía de  todos  los  monumentos  y  siudades  de  la  Palestina  y  Jerusalem, 
tales  que  la  mosqué  d'Omar,  la  tomba  de  David,  de  Salomón,  de  Rackel 
y  otras.  Escríbame  el  precio  del  Diccionario  que  yo  le  rogé  de  embiarmé. 
Lo  saludo  con  estima  y  respecto.  Su  devuado  servidor  que  esta  siempre 
a  8UH  ordenes 

Moisés  A.  Azriel. 


77 

XII. — Una  de  las  muchas  cartas  que  debemos  á  D.  Moisés 
Fresco,  renombrado  pedagogo  de  Constantinopla ,  es  la  si- 
guiente: 

Constantinopla  2  de  junio  de  1904. 
Muy  querido  señor  Pulido. 

Hé  recibido  sus  dos  cartas  del  15  y  del  18  mayo.  Estuvimos  muy  con- 
tentes de  saber  que  eu  libro  ha  producido  una  excelente  impresión  en 
España.  Aquí  también  se  habla  mucho  sobre  esta  cuestión  y  todas  las 
personas  que  lo  leen  sienten  grande  simpatía  y  afección  por  usted.  Es 
verdad  que  se  debe  considerar  como  un  triumfo  el  haber  logrado  á  nomi- 
nar hebreos  como  correspondientes  ae  la  academia. 

Cuando  recibe  su  última  carta  fui  á  ver  al  señor  David  Fresco  y  al 
Sr.  Abraham  Danon.  Este  ultimo  ha  aceptado  con  mucho  apresuramiento 
el  honor  que  le  ha  hecho  la  academia  y  me  ha  prometido  de  escribir  á  don 
Ramón  Menendez  Pidal,  y  seguro  que  lo  habrá  hecho. 

Sr.  Fresco  es  una  persona  muchísimamente  ocupada;  ocupa  en  su 
diario  la  función  de  director,  de  redactor  único,  repórter,  administra- 
dor etc.  y  tiene  otras  varias  ocupaciones.  No  pudo  contestarme  el  dia  que 
lo  he  visto  y  me  prometió  de  venir  á  verme  por  tratar  sobre  este  asunto. 
Estará  esperando  esta  visita  para  contestarle  y  es  por  esto  que  he  tardado 
á  hacerlo  por  lo  cual  ruego  á  Vd.  de  escusarme.  Si  el  dia  no  tiene  tiempo 
bastante,  le  he  pedido  de  venir  y  pasar  la  noche  en  mi  casa  (porque  mora 
en  la  campaña);  me  lo  prometió  y  hasta  ahora  no  pudo  hacerlo. 

No  tengo  la  reproducción  de  la  entrevista  entre  el  hebreo  y  el  cardinal 
Merry  del  Val.  He  escrito  á  la  redacción  de  la  Época  en  Salónica  para  que 
le  envíe  á  Vd.  esta  reproducción. 

Al  Sr.  Ruso  le  hice  saber  tam  lo  que  Vd.  me  ha  dicho  por  él. 

Mi  niña  la  castellanita  le  besa  sus  manos. 

Reciba  un  cariñoso  saludo  de  S.  S. 

M.  Fresco. 

XIII. — Del  ilustrado  Benko  S.  Davitscho,  de  Belgrado,  es 
la  siguiente  graciosa  postal  que  trae  la  fecha  de  22  de  Julio 
de  1904: 

22-VII-904. 
Muy  Señor  mió,  Del  dia  de  mi  boda  estoy  abolando  con  mi  palomba- 
No  se  maraville  que  no  respondo  á  sus  graciosa  letra  y  artículos.  Tornan- 
do a  mi  nido  lo  haré. 
Su  muy  devoto 

B.  S.  Davitscho. 

XIV. — En  Bucarest  se  conserva  bastante  bien  el  español,  y 
prueba  de  ello  la  dan  los  siguientes  trozos  de  una  carta  del 
Sr.  Be  jarano: 


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El  aire  bienhechor  del  siglo  xix  contribuyo  mucho  al  progreso  de  los 
judíos  españoles.  Viendo  la  utilidad  de  las  ciencias,  buscaron  de  salir  de 
la  letargía  y  entran  en  una  vía  de  claridad,  abandonan  ciertos  usos  que 
no  hacían  más  honor  y  empezan  á  dar  una  educación  moderna  á  sus 
niños,  sobretodo  en  los  últimos  cincuenta  años,  cuando  la  allianza  israe- 
lita apareció  en  el  Oriente. 

Dios,  ¡qué  cambiamiento!  Una  era  enteramente  nueva  se  abrió  á  los 
judíos.  Los  cientos  de  miles  que  ella  (la  Alianza)  gasta  por  ellos  traen  los 
mejores  resultados.  Ella  forma  un  elemento  higiénico,  sabio,  que  hace 
honor. 

La  criación  de  tantas  escuelas  (en  donde  se  hacen  todos  los  estudios 
modernos  y  entre  ellos  ee  cultiva  el  español),  dan  resultados  diliciosos, 
y  gracias  á  esas  casas  de  educación  que  el  idioma  llego  ahora  á  su  apo- 
geo. Se  escribe  correctamente,  se  habla  con  elegancia  y  dilicateza,  de  ma- 
nere  que  un  Señor  de  España  se  creerá,  llegando  aquí,  hallarse  en  su 
país.  Al  leer  alguna  obra  moderna  de  historia,  biografía,  etc.,  dirá  que 
lees  Cervantes  ó  Calderón.  Talmente  el  estilo  es  escogido  y  suave. 

XV. — Entre  las  primeras  cartas  que  debo  á  la  gentil  bon- 
dad de  doña  Micca  Gross  de  Alcalay,  residente  en  Trieste,  figu- 
ra la  siguiente.  En  la  correspondencia  de  esta  distinguida 
y  mu}^  inteligente  señora,  hemos  advertido  con  toda  claridad 
un  fenómeno  interesante  y  expresivo,  aunque  de  suyo  muy  na- 
tural; y  es  que  á  medida  que  iba  escribiéndonos  cartas,  iba 
mejorando  su  estilo  con  una  facilidad  sorprendente.  Sus  últi- 
mas cartas  contienen  ya  un  español  bastante  más  correcto  que 
las  primeras: 

*       Trieste  el  26-4-1904. 

Muy  estimado  Señor  Doctor!  Muchísimas  gracias  por  el  diario  El 
Liberal.  ¡Bravos  mis  judeitos  españoles  vieneses!  Se  han  sabido  bastante 
bien  ingeñar,  contestando  el  noble  saludo  de  Vd  á  esos  jóvenes.  Ya  lo 
creo  que  al  oir  la  lectura  de  ese  saludo  han  sentido  grande  entusiasmo, 
porque  el  que  la  ha  leido  es  un  castellano  (1)  y  pronunció  y  accentuó  bien 
la  misma,  sobre  todo  acaricia  el  oido  como  pronuncian  V.V.  el  c  y  z. 
Selebro  que  esa  semana  ya  sale  el  libro  sobre  los  judíos  españoles  y  no 
tengo  duda  que  sabrá  atirar  el  interés  del  que  lo  lea,  se  no  por  la  materia, 
quisas  si  todos  llevan  el  mismo  interés  por  nosotros,  mas  por  el  modo  y 
elocuencia  de  tratar  el  asunto.  De  Sarajevo  no  me  escriben  nada  sobre 
mi  pregunta,  creo  que  estaran  buscando  el  intelectual  con  2  candelas. 

No  sé  si  tendrá  algún  interés  esa  canción  para  Vd  pero  la  cantavamos, 
en  jugando,  las  niñas  más  adultas;  y  el  sitio  que  escojibamos  y  en  la 
época  que  le  jugábamos  no  es  priva  de  poesia;  con  todo  que  yo  lo  llamo 


(1)     La  lectura  fué  hecha  por  el  Dr.  Pulido  Martin  (hijo). 


79 

el  «preparandnm»  del  matrimonio,  porque  ¿cuala  de  nosotras  no  sabia  ya 
que  un  dia  tiene  que  venir  el  mas  o  menos  «caballero»  á  pedir  la  mano 
de  la  «hija  del  rey  moro»?  Le  jugábamos  el  «aqui  me  manda  el  Señor 
rey»  en  verano,  en  los  jardines;  entre  las  mochachitas  se  elegiba  un  caba- 
llero y  un  padre  guardián,  las  demás  nos  sentábamos  en  fila  dentro  un 
sotito  que  nos  servia  de  «monastero».  Con  mucho  donaire  ya  oibamos 
cantar  el  caballero  como  sigue: 

CABALLÉ EO    1 

Aqui  me  manda  el  señor  rey 
De  las  hijas  que  tenéis 
A  la  mas  bella  que  me  deis. 

PADRE   2 
Ni  las  tengo  ni  las  doy 
Ni  vos  me  las  mantenéis 
Con  el  pan  que  yo  comiera 
Comerán  ellas  también. 

CABALLERO    3 

Tan  alegre  que  yo  iba 
Tan  aflegido  que  me  voy 
A  la  hija  del  rey  moro 
No  me  la  dan  por  mujer. 

PADRE   4 
Tornad  tornad  caballero 
Venid  buen  forastero 
Subid  ariba  al  mouastero 
Excoged  cuala  queréis. 

CABALLERO   6 

A  esta  me  llevo  por  hermosa 
A  esta  me  llevo  por  esposa 
Que  me  para  una  rosa 
Acabada  de  nacer. 

Luego  la  elegida  para  esposa  la  poliban  con  flores;  y  con  frutas  y 
bollitos  se  celebraban  las  bodas.  Cuando  recuerdo  con  cuanto  anhelo 
llamaban  los  padres  de  ocasión  á  los  caballeros  que  se  les  lleve  alguna 
hija  me  rio,  porque  en  la  realdad  no  es  de  otro  modo;  tornad,  tornad 
caballero  y  luego  se  ajunte:  no  pideis  mucho  dinero. 

Una  vez  por  siempre  despensa  Vd  mis  errores. 

Tengo  el  plaser  en  saludar  Vd  con  mucha  estima. 

Micca  Gross  Alcalay. 

XVI. — Vamos  á  cerrar  este  pequeño  epistolario  con  una 
carta  de  Pinhas  Asayag,  de  Tánger,  modelo  de  pura  y  elegante 
expresión  española,  que  debe  servir  para  dar  idea  de  la  perf  ec- 


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ción  que  puede  adquirir  nuestro  idioma  entre  los  israelitas  de 
Marruecos: 

Tánger  11  Julio  1904. 
Sr.  Dr.  Dn.  Ángel  Pulido. 

Madrid, 
Mi  distinguido  amigo: 
Aunque  ya  tuve  el  gusto  de  manifestar  a  Vd.  oportunamente,  la  grati- 
tud de  todos  nosotros  hacia  Vd.  por  sus  simpatías  á  la  raza  israelita,  su 
propaganda  de  confraternidad  entre  dos  pueblos  hermanos  y  su  nobilísima 
campaña  en  favor  del  mejoramiento  y  difusión  del  habla  hispana  entre 
los  judíos  de  Oriente  y  Occidente,  quiero  en  esta  ocasión,  lo  mismo  en  mi 
nombre  que  en  el  de  los  israelitas  de  Tánger,  hacer  público,  por  medio  de 
la  prensa,  el  testimonio  de  nuestro  agradecimiento  hacia  el  campeón  es- 
forzado que  con  tanta  gentileza  de  espíritu,  como  gallardía  y  resolución, 
se  lanza  á  la  palestra  en  pro  de  un  noble  ideal,  que  hace  honor  á  Vd.  y  á 
la  misma  España,  de  cuyos  altos  intereses  y  prestigios  se  muestra  Vd.  de- 
nodado adalid. 

Aquí  seguimos  paso  á  paso  y  con  el  mayor  interés,  su  campaña  en  la 
prensa  española;  aplaudimos  con  vivo  entusiasmo  sus  grandes  iniciativas 
y  loables  esfuerzos  y  hacemos  votos  por  que  el  éxito  corone  su  obra  re- 
dentora, ya  que  con  un  valor  y  constancia  que  despiertan  nuestra  admi- 
ración, se  afana  Vd.  porque  España  conozca  y  se  atraiga^  á  un  gran  nú- 
mero de  sus  antiguos  hijos,  todos  corazones  rendidos,  que  quieren  con 
singular  afecto  á  la  que  consideran  su  madre  y  ha  sido  cuna  de  sus  glo- 
riosos antepasados. 

Celebramos  con  la  mayor  efusión  y  nos  consideramos  halagados  al  po- 
der apreciar  los  hermosos  resultados  de  su  infatigable  propaganda,  pues 
por  de  pronto  ya  ha  conseguido  Vd.  hacer  opinión  en  España,  al  descu- 
brirles un  mundo  nuevo  que  es  todo  español,  atrayéndose  á  la  vez  ele 
mentos  de  valía,  cuyo  concurso  ha  de  contribuir  á  facilitar  la  magna  obra 
de  Vd. 

Por  esto  nos  place  y  lisongea  que  instituciones  tan  eminentes  y  patrió- 
ticas como  la  Real  Academia  de  la  lengua,  la  Sociedad  de  Escritores  y 
Artistas  y  hombres  tan  insignes  y  de  tanto  valer  como  Dn.  José  Echega- 
ray,  Menendez  Pelayo,  O.  Picón,  T.  Bretón...,  etc.,  etc.,  glorias  de  las  letras 
y  artes  patrias,  se  coloquen  al  lado  de  Vd.,  le  presten  su  inapreciable  con- 
curso, y  le  alienten  á  seguir  en  la  defensa  de  tan  simpática  causa,  en  buena 
hora  emprendida  por  Vd. 

El  que  estas  líneas  tiene  el  honor  de  dirigirle,  así  como  los  israelitas 
de  Tánger  felicitan  á  Vd.  y  hacen  estensivo  su  agradecimiento  á  la  Real 
Academia  Española,  á  la  Sociedad  de  Escritores  y  Artistas,  á  su  digno 
Presidente  el  Sr.  Echegaray,  á  los  escritores,  publicistas,  periódicos  y  á 
cuantos  se  adhieren  á  la  causa  que  Vd.  sostiene  y  toman  en  ella  una 
parte  activa,  probándonos  Je  este  modo  que  no  son  indiferentes  á  las  ar- 
-  dientes  simpatías  y  cariño  sincero  que  los  israelitas  de  origen  español 


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sentimos  por  la  hidalga  patria  del  Cid  y  el  Gran  Capitán.  ¡Adelante,  mi 
querido  amigo!  Su  causa  es  noble,  patriótica,  humanitaria:  Vd.  triunfará  y 
España  habrá  un  día  de  agradecerle  el  señalado  servicio  que  Vd.  la  presta. 
Su  talento,  sus  energías,  su  ñrme  voluntad,  su  valor  cívico,  su  probado  des. 
interés  y  su  patriotismo  sano  y  bien  entendido,  son  garantías  seguras  que 
auguran  un  éxito  brillante. 

En  su  empresa  le  acompañamos  con  el  corazón  y  el  pensamiento.  Ade- 
lante y  Viva  España! 

Es  suyo  buen  amigo  que  le  distingue 

Pinhas  Asayag. 


CAPÍTULO  IV 


Biología  de  los  idiomas.— Noticias  de  Monlaii  y  de  Hartzenbusch  sobre  el  judeo- 
español.—Riqueza  de  este  idioma. —Su  escritura  variada. — Los  romances  de 
Leo-Wiener.- Diferencias  dialécticas  del  ladino.— Dialectos,  lenguas  y  jergas. 
—  Los  libros  de  rezo  de  los  sefardíes. — Lamentaciones  de  las  humanas  desdi- 
chas.—Impurificación  de  la  jerga  castellana. 


Yo  no  sé  de  cosa  alguna  que  se  parezca  tanto  á  la  compleja 
biología  de  un  pueblo,  como  la  intrincada  biología  de  un  idioma. 
Y  esto,  que  á  primera  vista  pudiera  extrañar  un  poco,  se  com- 
prende en  cuanto  se  observa  que  los  idiomas  no  son  otra  cosa 
sino  la  exteriorización  del  alma  de  los  pueblos. 

Su  génesis,  su  desarrollo,  su  complexión,  su  salud,  su  pa- 
tología, su  higiene,  su  medicina  y  su  muerte,  todo  recuerda  eso 
mismo  en  el  modo  de  ser  de  un  pueblo;  todo  lo  recuerda  también 
en  el  modo  de  ser  de  un  individuo.  ¿Quién  sorprende  cuándo  y 
cómo  nace  un  idioma;  ni  quién  sorprende  cuándo  y  cómo  nace 
un  pueblo?  ¿Quién  es  capaz  de  determinar  la  participación  que 
tienen  todas  y  cada  una  de  las  circunstancias  interiores  en  la 
filogenia  de  uno  y  otro  ser;  en  la  génesis  de  sus  complejos  y 
multiplicados  órganos;  en  la  arquitectura  soberana  de  su  ana- 
tomía; en  la  proporción  y  enlace  armónico  de  sus  componentes; 
en  el  juego  equilibrado  y  saludable  de  sus  funciones;  en  los 
desequilibrios  de  sus  temperamentos  y  sus  idiosincrasias,  que 
así  se  muestran  en  la  una  como  en  el  otro;  y  en  las  infecciones, 
anemias,  traumatismos  y  degeneraciones  que  de  parecido  modo 
sufren,  y  por  los  cuales  al  fin  se  rinden  á  la  muerte  y  á  la 


84 

historia?  Obra  de  siglos  es  el  principio  y  la  conclusión  de 
ambos;  resultado  también  de  muchísimos  agentes  y  concausas, 
y  por  esto,  como  no  hay  células  ni  tejidos  que  solos  formen 
y  maten  uu  sujeto;  ni  caudillos  que  creen  y  extingan  una  raza; 
tampoco  hay  genios  que  se  abasten  para  producir  ni  deshacer 
un  idioma,  sino  que  se  necesita  el  concurso  combinado  de  la 
vida  universal,  elaborando  sus  creaciones  en  el  inmenso  labo- 
ratorio de  la  Naturaleza,  con  la  reposada  cooperación  de  los 
siglos. 

Acuden  estas  elementales  consideraciones  á  nuestra  pluma 
porque  advertimos,  al  abordar  tal  aspecto  de  la  cuestión,  cómo 
ya  en  este  camino  que  emprendimos  creyendo  ser  el  primero  á 
marchar  por  él,  nos  había  precedido  otro,  si  menos  tenaz  en  su 
propósito,  seguramente  más  capacitado  por  su  conocimiento; 
en  qué  términos  de  semejanza  con  las  enfermedades  orgánicas 
de  una  raza  se  muestran  los  vicios  de  degeneración  de  un 
idioma,  y  cuan  erróneamente,  en  fin,  calcularon  los  que  creye- 
ron poder  evolucionar  y  herir  á  su  antojo  una  existencia  tan 
difundida  por  el  mundo,  y  de  tan  asegurada  longevidad^como 
es  la  de  este  idioma  multisecular. 

D.  Juan  Pérez  de  Guzmán,  ilustre  escritor  justamente  afa- 
mado por  la  erudición  de  su  doctrina  y  el  pergeño  de  su  forma, 
publicó  en  el  núnero  187  de  La  España  Moderna  un  estudio 
sobre  los  israelitas  de  origen  español,  con  ocasión  de  nuestro 
anterior  libro,  y  en  él  recuerda  que  la  Memoria  leída  el  I.**  de 
Enero  de  1867  por  D.  Juan  Eugenio  Hartzenbusch,  como  di- 
rector de  la  Biblioteca  Nacional,  y  para  inaugurar  las  tareas 
públicas  de  la  misma,  al  reseñar  los  trabajos  más  interesantes 
del  año  anterior,  daba  cuenta  de  que  entre  los  libros  compra- 
dos por  dicha  casa  en  el  año  QQ^  se  hallaban:  una  Biblia  en  dos 
tomos  en  4.**  mayor,  tres  tomos  en  8.°  de  Cuentos  árabes,  y  seis 
años  de  un  periódico  semanal  de  Constantinopla;  las  tres  obras 
tomadas  en  precio  de  noventa  y  un  escudos  por  el  ilustrísimo 
Sr.  D.  Pedro  Felipe  Monlau,  director  de  la  Escuela  Diplomática, 
con  motivo  de  un  viaje  hecho  á  la  Sultana  del  Bosforo.  Estaban 
las  tres  impresas  en  letras  rabínicas,  y  las  dos  últimas  redac- 
tadas en  idioma  tal,  que  de  él  decía:  «si  se  debe  llamar  español, 
se  aparta  mucho  del  Castellano». 


85 

Con  este  motivo  refería  que  en  la  capital  turca  y  sus  in- 
mediaciones, había  más  de  cuarenta  mil  judíos  que  hablaban 
dicha  lengua,  importada  de  España;  dialecto  castellano  poco  ó 
nada  conocido  en  nuestra  península.  Y  luego  añadía  algunos 
otros  datos  curiosos,  con  los  cuales  daba  á  conocer  las  princi- 
pales alteraciones  del  idioma,  si  se  le  comparaba  al  nuestro; 
y  hacía  observaciones  muy  semejantes  á  las  señaladas  en  nues- 
tro anterior  trabajo.  Así  decía  que  el  «lenguaje  de  los  periódi- 
cos consiste  en  una  mezcla  de  voces  corrientes  en  nuestro 
idioma,  de  voces  anticuadas  ya  para  nosotros  y  de  otras  nue- 
vas con  forma  rancia,  especie  de  neologismos  arcaicos  (como 
escuchamiento,  en  lugar  de  examen;  meneamiento,  en  vez  de  tem- 
blor), los  cuales  ni  conocemos  ni  aun  imaginamos;  añadiéndose 
á  esta  multitud  de  dicciones,  ya  recogidas  del  italiano,  j^a  del 
francés,  ya  del  hebreo,  giros  y  construcciones  raras,  metátesis 
frecuentes,  ó  más  bien  rudos  cambios  de  letras  ó  de  sonidos,  á 
la  manera  de  los  que  hacen  en  España  personas  del  ínfimo 
vulgo,  como  los  que  pronuncian  ])f'ohe  por  pobre,  mosotros  por 
nosotros,  cuota  por  cual,  dengün  por  ningún,  escribirsen  por  es- 
cribirse. 

«Parece  además  como  silos  judíos  de  Constantinopla  igno- 
rasen ciertas  palabras  muy  corrientes  y  nada  nuevas  en  nues- 
tro idioma;  porque  hemos  visto  la  á^  agricultura  seguida  de 
un  paréntesis  que  incluía  las  de  arar  la  tierra,  y  documento 
explicada  por  las  de  prueba  por  escrito. 

»La  escritura  es  también  singular:  teniendo  quizás  signos 
para  todos  los  sonidos  del  castellano,  la  vocal  i  les  sirve  ade- 
más para  e,  la  cual  se  expresa  también  con  h  y  con  i,  ó  con  el 
diptongo  ai;  la  u  sirve  de  o,  impresa  á  menudo  con  el  diptongo 
au;  las  aes  son  varias;  el  sonido  de  la  j  suave  extremeña,  ú  otro 
análogo  (porque  el  de  j»  castellana  no  sé  si  le  tienen),  aparece 
representado  por  diferentes  letras;  el  de  la  ñ,  con  la  í^  y  la  i,  y 
con  una  I  y  una  i,  ó  con  dos  íes,  el  de  II,  y  casi  lo  mismo  las 
combinaciones  de  la  y  con  las  vocales.  Tal  escritura,  por  su- 
puesto (como  rabínica),  va  de  derecha  á  izquierda,  y  el  libro  ó 
el  pliego  se  principia  á  leer  por  donde  nosotros  le  concluímos. 
La  Biblia,  impresión  de  Esmirna,  hecha  en  1838,  contiene  el 
texto  hebreo  y  una  traducción  castellana  que  se  aparta  muy 


86 


poco  de  la  mu}"  conocida  hecha  á  fin  del  siglo  xv  por  ios  judíos 
de  Ferrara.» 


Leyendo  variados  textos  y  cartas  de  los  judíos  españoles,  y 
apreciando,  aunque  sea  no  más  que  muy  ligeramente,  su  pen- 
samiento, se  adquiere  la  convicción  de  que  su  castellano  varía 
mucho,  según  las  regiones  donde  se  examina  y  hasta  según  la 
cultura  de  quien  le  escribe;  por  lo  cual  no  se  presta,  en  con- 
ciencia, á  señalar  líneas  biológicas  y  rasgos  gramaticales  fijos. 
Es  el  propio  idioma  español,  más  ó  menos  desfigurado  en  cada 
parte,  con  regionales  impurezas  y  añadidos;  pero  mostrando 
una  base  lingüística  tan  grande  todavía  y  un  léxico  tan  copio- 
so, en  relación  á  los  motivos  con  él  expresados,  que  se  com- 
prende al  punto  ha  de  tenerse  por  injusto  aquel  profundo  me- 
nosprecio con  que  le  trataron  cuantos  creyeron  procedía  aban- 
donarle por  inservible.  En  cualquier  dialecto  de  los  que  usan 
las  varias  regiones  de  España,  donde  asimismo  la  lengua  nacio- 
nal aparece  desfigurada,  aunque  constituyendo  el  cuerpo  prin- 
cipal del  dialecto  mismo,  se  podrían  advertir,  en  el  mismo  ó 
mayor  grado,  los  propios  defectos  que  en  el  judeo-español;  el 
cual  tiene  á  veces,  en  la  expresión  de  algunos  de  sus  publicis- 
tas, tan  manifiestas  delicadezas  y  armonías,  que  se  atraen  al 
punto  la  atención  de  quien  las  lee;  y  guarda  todavía  vocablos 
tales,  que  pudieran  ser  hasta  pequeño  jardín  donde  nuestros 
escritores  recobraran  algunas  flores  lindas  con  que  engalanar 
aún  más  el  delicioso  pensil  de  nuestra  lengua  corriente.  Buena 
prueba  de  ello  la  suministra  el  renombrado  estilista  D.  Miguel 
de  Unamuno,  Rector  de  la  Universidad  de  Salamanca,  el  cual, 
saludando  al  joven  monarca  D.  Alfonso  XIII  en  la  inaugu- 
ración del  curso  universitario  del  año  actual,  con  un  pre- 
cioso discurso  de  gentil  dicción,  como  correspondía  á  quien 
es  maestro  en  tales  artes,  utilizaba  vocablos  notoriamente  ins- 
pirados en  los  escritos  de  ese  pueblo,  un  día  hermano  nuestro. 
Y  esto  es  tanto  más  aceptable,  cuanto  que  ellos  guardan  mu- 
chos verbos  y  nombres  de  los  que  usaron  nuestros  antepa- 
sados y  sirvieron  para  magnificar  y  lucir  con  gentilezas  y 
donaires  aquel  precioso  lenguaje  de  los  siglos  xvi  y  xvii,  esti- 


87 

mado  desde  ciertos  puntos  de  vista  como  superior  y  preferible 
al  actual  nuestro;  verbos  y  nombres  que  desaparecieron  ya  de 
nuestro  uso  por  la  razón  que  tuvimos  para  sustituir  nuestros 
lindos  doblones  y  doblillas  de  oro  con  otras  monedas  notoria- 
mente inferiores;  aparte  ¡ay!  aquesta  malhadada  depreciación 
de  nuestra  moneda,  adonde  nos  llevaron  nuestras  desventuras 
y  de  donde  no  nos  sacan  nuestros  hacendistas. 

Por  de  contado  que  ese  número  de  trescientos  ó  cuatrocien- 
tos vocablos,  del  cual  no  exceden  los  del  judeo-español  hablado 
actualmente  en  varios  puntos  de  Oriente,  según  afirmación  de 
Max  Nordau,  no  puede  admitirse  como  exacto,  sino  á  todo  ti- 
rar extremando  las  circunstancias  que  él  mismo  señala;  á  sa- 
ber: que  ha  de  ser  en  el  lenguaje  que  hablan  los  no  ilustrados, 
y  que  ha  de  ser  en  varios  puntos  de  Oriente;  con  lo  cual  ni  se 
niega  aquel  caudal  léxico  del  judeo-español  que  permite  á  filó- 
logos sefarditas  escribir  diccionarios  de  este  idioma  con  más  de 
10.000  voces;  ni  se  desconoce  que,  por  donde  quiera  que  sea, 
disminuye  el  número  de  palabras  que  se  emplean  cuando  es 
menguado  el  número  de  ideas  que  se  emiten.  En  todo  pueblo 
la  riqueza  de  expresión  forma  una  pirámide  contrapuesta  á  la 
censual  de  sus  habitantes:  tiene  su  amplia  base  donde  se  ha- 
llan los  escasos  oradores  y  escritores  que  forman  su  núcleo 
más  intelectual,  y  tiene  su  diminuto  vértice  en  la  masa  cuan- 
tiosa de  las  muchedumbres  indoctas.  Háblese  con  nuestras  ba- 
jas capas  sociales  y  nuestros  campesinos,  y  se  comprobará  que 
tampoco  su  peculio  léxico  excede  de  ese  pobrísimo  caudal  de 
voces  que  usan  los  iletrados  de  Oriente.  A  bien  que  con  ellas 
todavía  sobra  para  echar  fuera  el  exhausto  activo  de  ideas  que 
hay  en  sus  discursos;  porque  engendros  chicos  y  reposados, 
no  han  menester  de  alumbramientos  espléndidos  y  tormento- 
sos. Sobre  que  en  esto  del  lenguaje  sucede  algo  parecido  á  lo 
que  se  observa  en  la  práctica  médica  de  muchos  eminentes 
profesores,  quienes  teniendo  en  sus  libros  y  memoria  surtidí- 
simo almacén  de  fármacos,  desempeñan  una  profesión  brillan- 
te empleando  muy  pocos  y  sencillos  medicamentos;  porque  en 
medicina,  como  en  administración  y  como  en  oratoria  y  litera- 
tura, el  toque  del  acierto  y  de  la  superioridad  no  está  en  dis- 
poner mucho,  gastar  monedas  á  puñados,  ni  decir  con  un  rau- 


88 

dal  de  voces  extrañas  y  sorprendentes,  sino  en  administrar  con 
talento  lo  poco  que  fué  bien  escogido. 

Además,  á  este  propósito  recuerda  nuestra  memoria  dos  in- 
teresantes réplicas  que  al  juicio  ya  formulado  de  Max  Nordau 
nos  han  opuesto  dos  autorizados  profesores  sefardíes,  bien 
versados  por  su  ministerio  docente  en  achaques  de  locución; 
uno  de  ellos  es  D.  José  Romano,  profesor  de  Lenguas  en  Es- 
mirna,  quien  nos  escribe  lo  que  sigue: 

Permítame  correjir  un  yerro  del  doctor  Xordau.  Dice  que  en  nuestro 
idioma  se  topan  solo  400  palabras  corrompidas  ó  bastardas.  Mi  eminente 
amigo  Nissim  de  Juda  Pardo  recoge  ya  mas  de  10.000  de  estos  biervos 
bastardos  y  corrompidos,  y  que  él  los  formó  en  dos  vocabularios,  prontos 
para  la  publicación. 

Corresponde  la  otra  al  ilustrado  director  que  fué  de  la  Es- 
cuela de  la  Alianza  de  Tetuán,  D.  E.  Carmona,  hoy  en  Janina, 
quien  en  su  carta  del  2  de  Septiembre  habla  así: 

El  señor  Nordau  está  equivocado  al  decir  que  no  eecede  el  judeo  es- 
pañol de  trescientos  ó  cuatrocientos  vocablos.  Xuestra  jerga  es  mucho 
mas  rica  y  suficiente  para  espresar  todas  las  ideas  sin  el  concurso  de  len- 
guas estrafias. 

Dice  mas  el  Sr.  líordau:  «Una  palabra  por  ejemplo  topar,  espresa  por 
8Í  sola  una  infinidad  de  verbos:  encuentrar,  buscar,  echar,  querer,  poder  y 
etcétera>.  Xada  justifica  esta  aserción;  sabemos  muy  bien  en  Oriente  que 
topar  no  es  equivalente  á  echar,  j  conocemos  muy  bien  los  verbos  topar, 
hallar  (fallar  on  Salónica^  buscar,  echar,  querer,  poder,  sin  confundirlos, 
ni  emplearlos  uno  por  otro.  Es  suficiente  de  pasar  unos  días  en  Oriente 
por  asegurarse  de  ello,  ó  de  leer  los  livros  y  periódicos  publicados  en 
Turquía;  pero  el  Sr.  Nordau  no  tiene  visitado  los  pueblos  que  conservaron 
el  idioma  español  y  sus  informes  son  erróneos.  Si  tuviese  viajado  en  Sa- 
lónica, Constantinopla,  Adrianopolis,  Esmirna,  etc.,  el  ilustre  doctor  cb- 
eervaría  un  fenómeno  muy  curioso  y  es  que  la  parte  intelectual  de  la 
raza,  la  mas  instruida,  es  la  que  habla  el  español  mas  corrompido,  sirvién- 
dose del  italiano  ó  del  francés  por  espresar  sus  ideas,  mientras  que  la 
clase  baja  es  la  que  conserva  el  español  en  toda  su  pureza,  su  gracia  y  sus 
palabras  antiguas.  Conozco  todos  los  pueblos  importantes  de  Turquía  y 
residí  muchos  años  en  Bulgaria;  puedo  dar  por  consiguiente  mi  opinión 
con  toda  certeza.  El  español  es  ignorado  en  Hungaria,  exceptuando  la  ca- 
pital donde  moran  algunas  familias  de  Oriente;  se  pierde  poco  á  poco  en 
Rumania  y  Servia,  pero  se  conserva  muy  bien  en  Turquía,  y  mismo 


89 


prospera  mas,  de  pocos  años  aquí,  gracias  á  los  periódicos  y  á  las  obras 
literarias  publicadas  en  Salónica  y  Constantinopolis. 


Consignado  esto  por  lo  que  se  refiere  al  caudal  de  voces  y 
al  bien  observado  fenómeno  de  que  el  español  lo  conserva 
mejor  la  clase  humilde  que  la  intelectual,  por  lo  mismo  que  es 
menos  intelectual,  hay  que  insistir  en  la  especie  de  que  no 
existe  una  jerga  determinada  llamada  judeo  español,  sino  una 
jerga  castellana,  cuyas  variaciones  locales  reconocen  numero- 
sas causas,  entre  las  cuales,  y  como  de  grande  influencia,  se  pue- 
den señalar  las  siguientes:  Castellano  que  aportaron  los  judíos 
establecidos  en  aquella  región,  de  conformidad  con  la  región 
de  España  de  donde  procedían;  alteraciones  que  en  éste  pro- 
dujeron los  idiomas  ó  dialectos  especiales  que  se  hablaban  en 
los  sitios  donde  se  refugiaron  los  proscriptos,  y  tercero,  modos 
de  expresión  literal  que  en  cada  punto  se  han  dado  á  las  pala- 
bras, por  virtud  de  los  cuales  el  mismo  vocablo  puede  aparecer 
con  aspectos  distintos  en  varias  comarcas  y  en  los  textos  de 
diferentes  escritores:  por  ejemplo,  la  misma  palabra  judío,  la 
cual  hemos  visto  escrita  de  muy  diferentes  formas,  para  expre- 
sar el  sonido  más  ó  menos  degenerado  de  nuestra  j,  hasta 
llegar  á  la  siguiente  estrofa  que  leemos  en  la  segunda  canción 
de  unos  estudios  interesantes  que  publica  Leo  Wiener,  de  la 
Universidad  de  Harsvard,  en  la  revista  Modern  Philology: 

Ya  tomó  Mosé  Kaminu  en  su  manu: 
Todus  lus  djidyós  a  el  xwerun  apañadus, — 
Serka  la  mar  xwerun  podradus. 
Ke  dispues  di  Ayiftu,  non  lu  uvo  tal  siñor 
Komu  Mosé  Rabenu  y  su  ermanu  Aaron. 

Seguramente  esta  estrofa,  sin  variar  la  expresión  fonética 
con  que  se  pronuncie,  y  ajustándonos  á  ella  con  no  menor 
exactitud  que  lo  haría  el  norteamericano,  su  autor,  la  escri- 
biríamos más  claramente  y  mejor  ajustada  á  su  génesis  de  la 
siguiente  manera: 

Ya  tomó  Moisés  caminu  en  su  manu: 
Todus  lus  chudios  á  el  juerun  apañadus,— 
Serca  la  mar  juerun  posadus 


90 

Que  dispues  de  Egiptu  non  lu  uvo  tal  siñor 
Comu  Moees  Rabenu  y  .su  hermanu  Aaron. 

La  procedencia  de  origen  regional  distinto  entre  los  hebreos 
desterrados,  debió  necesariamente  producir  algunas  diferencias 
de  expresión,  que  aun  hoy  mismo  se  advierten  con  suma  cla- 
ridad. Cuando  dimos  á  leer  á  nuestro  ilustrado  amigo  D.  Alfre- 
do Vicenti,  redactor  jefe  de  El  Liberal,  las  primeras  cartas  que 
recibíamos  de  los  judíos  de  Sarajevo,  Belgrado  y  Salónica,  ad- 
virtió al  punto  que  en  ellas  se  empleaban  muchos  vocablos  ga- 
llegos. Averiguado  el  por  qué,  supimos  pronto  que  los  residen- 
tes en  las  sendas  provincias  de  los  Balkanes  eran  oriundos  de 
Galicia.  En  las  preciosas  cartas  sobre  Salónica  y  su  jerga,  que 
debemos  al  ilustrado  profesor  J.  Ñehama,  residente  en  aquella 
ciudad,  y  las  cuales  publicamos  en  la  segunda  parte,  hay  ins- 
tructivas observaciones  sobre  este  punto,  y  á  ellas  remitimos 
al  lector.  Asimismo  las  tienen  las  cartas  de  Samuel  S.  Levy,  el 
director  de  La  Época,  de  Salónica. 

Tal  vez  por  esto  algunos  de  los  romances  por  sus  giros, 
desinencias  y  vocablos,  nos  suenan  como  gallegos  ó  asturia- 
nos, cosa  del  Noroeste,  á  los  que  hemos  nacido  en  Castilla;  y 
en  prueba  de  ello  reproduciremos  algunas  estrofas  de  los  can- 
tos recogidos  por  Leo  Wiener: 

Muxer  mía,  la  mi  muxer  (1), 
Una  palabra  vus  vo  á  decir  yo, 
Cuando  el  aya  si  mueri, 
Non  vus  estes  á  casar  vos. 

Cuando  el  aya  si  mueri 
Que  le  agas  el  su  kavod  (2) 
Estas  palabras  disiendu 
Patisán  arreventó. 

Véase  esta  otra,  que  es  el  comienzo  de  la  VIL 

Pariera  mi  la  mi  madrina, 
En  una  escura  muntina, 
Ondi  non  cantaba  gayu, 


(1)  En  vez  de  la  x,  pone  Wiener  la  z;  son  artificios  equivalentes  de 
expresión. 

(2)  Honor. 


91 

Ni  menus  canta  gavina. 
Ondi  bramaban  leonis 
La  leona  arrespondía: 
Siete  añus  le  di  de  lechi 
Di  uua  leona  parida; 
Sieti  añas  le  di  del  pan, 
Del  pan  que  yo  comía; 
Sieti  y  sieti  son  catorzi, — 
A  la  niña  se  le  entendía. 
Mandi  la  á  mercar  fariña 
Dizía  que  non  savia; 
Mandi  ¡a  á  mercar  azeti 
Dizía  que  non  pudía,  etc.,  etc. 

Leemos  en  otra,  la  IV,  por  ejemplo: 

<Ke  buskas,  mi  madri,  i  vos  por  aki? 
Bueku  yo  al  mi  fizu,  mi  fizu  Avraam, 
Al  mi  fizu  presyadu,  ke  a  paridu  aka.» 

Aun  suponiendo  que  en  la  época  del  exilio  todas  las  coro- 
nas, ó  coronillas,  que  constituj^eron  la  nación  española,  por  el 
matrimonio  de  Isabel  y  de  Fernando,  no  tuvieran  una  unidad 
de  lenguaje  todavía  inferior  á  la  mediana  que  hoy  muestran 
las  distintas  provincias  de  España;  y,  por  tanto,  que  cuatro 
siglos  de  una  misma  soberanía,  una  lengaa  oficial,  una  compe- 
netración de  intereses,  y  un  solo  idéntico  destino,  así  en  la 
próspera  como  en  la  adversa  suerte,  nada  hubiesen  propagado 
— ó  expendido,  como  dirían  nuestros  israelitas,  usando  un  verbo 
de  castiza  sangre  española, — el  alma  nacional,  es  lo  cierto  que 
actualmente  una  emigración  de  Cataluña,  Navarra,  Galicia, 
Andalucía,  las  Castillas,  Provincias  Vascongadas,  Aragón,  Ex- 
tremadura y  Galicia...  llevando  los  diez  dialectos  de  que  habla 
el  distinguido  filólogo  D.  Pedro  de  Mugica,  á  saber:  el  andaluz, 
valenciano,  leonés,  gallego,  asturiano,  navarro,  aragonés,  húr- 
gales, toledano  y  castellano,  no  aportaría  en  modo  alguno 
idénticos  modos  de  expresar  el  español,  y  que  allá  irían  con  sus 
diferentes  acentos,  modismos  y  terminaciones:  ya  en  u  ya  en  o: 
bien  en  ico,  iño,  illo  ó  ito  (1),  a  crear  problemas  de  filologene- 
sis  para  los  sabios  de  la  posteridad. 


(1)     Señor,    una  perrica,   dicen  en  Aragón  y  Murcia  los  pordioseros; 


92 

Hay,  pues,  una  diferencia  positiva  entre  el  judeo-español 
de  unos  y  otros  pueblos,  aunque  no  aparezca  siempre  muy 
clara  en  esos  romanceros  que  coleccionan  los  sabios,  y  de  los 
cuales  muy  en  breve  tendremos  dos  notables  en  España,  al  ver 
la  entusiasta  tarea  que  en  su  preparación  vienen  realizando 
D.  Antonio  Sánchez  Moguel,  quien  en  busca  de  ellos  anduvo 
por  Marruecos,  y  ahora,  según  nos  escriben  amigos  de  Buca- 
rest,  anda  á  su  caza  por  Oriente;  y  D.  Ramón  Menéndez  Pidal^ 
al  cual  favorecen  con  sus  envíos,  correspondientes  nuestros 
ilustrados  y  serviciales,  como  Benoliel,  de  Lisboa;  Abravauel, 
de  Salónica;  Levy,  de  Oran;  etc.,  etc. 

Y  hay,  asimismo,  una  diferencia  en  la  figuración  musical 
de  los  acentos,  sonidos  y  matices,  que  procuran  crear  esa 
plástica  y  colorido  de  la  expresión  que  tan  subjetivamente  se 
aprecia,  como  lo  apunta  el  ya  citado  Leo  Wiener,  quien  encon- 
trando demasiado  españolizadas  á  la  moderna  las  colecciones 
de  romances  judeo- españoles  pubhcadas  por  Kayserling, 
Abraham  Danon,  Grünbaum  y  Grünwald,  tomó  del  natural,  y 
escribió  á  su  manera,  una  colección  de  cerca  de  tres  docenas, 
durante  los  pocos  días  que  pasó  en  la  península  de  los  Balka- 
nes,  allá  por  el  año  de  1898. 

Dice  que  los  dialectos  varios  del  judeo  español  pueden  cla- 
sificarse en  dos  grupos,  que  coinciden  aproximadamente  con  la 
conservación  ú  omisión  de  la  vieja  /.•  como  enjixu,  «hijo»  ó 
ixu.  Los  catorce  primeros  cantos  que  publicó  le  fueron  dados 
por  un  vecino  de  Belgrado,  antes  de  Bosnia;  quien  trató  de  pro- 
nunciar en  su  dialecto  bosniano,  el  cual  pertenece  al  grupo  de 
los  que  conservan  la  f .  Los  demás  cantos  le  fueron  dados  por 
cantadoras  profesionales  de  bodas  en  Sofía  (Bulgaria). 

Acerca  de  este  particular  algo  que  merece  ser  traído  á  cuen- 
to nos  dicen  en  sus  cartas,  el  fogoso  pubficista  D.  Samuel  S. 
Levy,  director  de  La  Época,  de  Salónica,  y  el  oficiante  del  pri- 
mer templo  de  Sarayevo,  D.  Abraham  A.  Cappon. 

He  aquí  lo  del  primero.  Su  carta  es  del  3  de  Julio  de  1904: 


déme  una  prrrina,  dicen  en  Galicia  y  Asturias;  una  j)errita,  por  amor  de 
Dios,  dicen  en  las  Castillas;  zeñorito,  una  perrilla,  dicen  en  Andalucía.  Y 
así  en  lo  demás. 


1 


93 

El  idioma  que  emplean  los  israelitas  de  rito  sefaradi  (Sefarad  en  hebreo 
significa  España)  no  es  ni  el  español  de  Madrid,  ni  el  castellano,  ni  el  an- 
daluz, ni  el  galiciano,  ni  ningún  otro  dialecto.  Ma  el  es  todos  estos  dialec- 
tos riunidos,  tales  que  se  hablaban  al  siglo  15,  en  la  época  del  desterra- 
miento  de  los  judios.  Estos  últimos  traeron  con  ellos  el  idioma  que  se  ha- 
blaba en  las  provincias  de  onde  eran  originarios  y  constitueron  ende 
fueron,  chicas  capillas  (comunidades)  distinctas  que  tomaron  mismo  el 
nombre  de  la  ciudad  de  origin.  Es  mas  tarde,  cienes  de  anos  después,  que 
los  judios  de  Oriente  viajaron,  se  estabilleron  en  otros  centros  y  formaron 
en  cada  ciudad  una  sola  comunidad  y  sus  dialectos  fusionaron. 

Lo  que  hace  del  judio-espanol  una  mistura,  lo  que  hace  tomarlo  por 
una  jerga  corumpida,  abastardeada,  un  genero  del  Polisch  empleado  de 
parte  los  eskenazim  (por  oposición  a  sefaradim,  judios  poloneses,  alemanes) 
no  son  las  palabras  francesas,  italianas,  turcas,  grecas,  búlgaras,  etc.,  ma 
son  algo  estas  y  mucho  otras  causa?,  mas  profondas,  ma  pero  susceptibles 
de  eliminación. 

1.°  Los  israelitas  esnanoles  empleamos  una  escritura  especial  llamada 
tRachh.  Esta  escritura  se  compone  de  24  letras  que  pueden  expresar  todas 
las  consonancias  las  mas  matizadas,  ma  sus  vocales  son  insuficientes.  Una 
sola  vocal  (vav)  sirve  para  «o»  y  «zi>.  Otra  vocal  (iod)  vale  para  «e»  y  «¿». 
De  alli  nacen  confusiones.  Por  ejemplo:  nosotros  decimos  ipermetert  por 
<t])ermitir*;  icolomna-»  por  <íColnmnai> ;  i.disdey  por  «desdey  etc.,  etc.  Y  asi, 
la  mayor  parte  de  las  palabras  son  pronunciadas  mal,  sin  portanto  sopor- 
tar una  desformacion  radicala.  Para  remediar  a  este  inconveniente,  yo 
propuse  de  hacer  fondar  nuevos  caracteres  y  meter  bajo  las  vocales  (vav) 
y  (iod)  unas  chicas  senas  para  hacerlas  reconocer  si  se  aplican  a  «o»,  a  <«», 
a  «e»,  a  <¿>.  Este  inconveniente  puede  ser  eliminado  muy  prontamente. 

2°  La  masa  del  pueblo  judio— como  la  masa  de  todos  los  pueblos — 
no  recibiendo  una  instrucción  gramatical  inicíala,  era  forzada  de  conjugar 
de  una  manera  yerrada  los  verbos  de  su  propio  idioma.  La  clase  selecta,  si 
mismo  hablaba  el  judio-espanol,  acercava  la  conjugación  de  la  lengua  que 
-ella  conocía  mejor:  el  francés  o  el  italiano.  Es  asi  que  el  judio-espanol  quedo 
propiamente  sin  medios  de  conjugación,  formando  una  amalgamación  de 
vocables  ajuntados  en  frases  construidas  a  la  moda  francesa,  italiana, 
greca,  turca,  búlgara,  etc.  Al  lado  de  la  conjugación  se  resbalaron  también 
vocables  de  estas  lenguas  extranjeras,  ma  en  medida  moderada. 

3."  El  clima  ejercando  una  inñuencia  preponderente  sovre  los  lengua- 
jes, los  judios  españoles  perdieron  este  grande  dulzor  que  tiene  el  verda- 
dero español  y  emplearon  consonantes  duras  como  el  <j »  y  <ch*  del  francés; 
el  i-tckey,  idjey,  «/i>  turco  muy  pronunciadas,  y  otros  sones  compuetos  que 
dan  a  la  lengua  una  asperidad  extrema. 

Pero,  fenómeno  curioso,  muchos  viajeros  de  comercio  me  aciertaron 
que  el  tono,  los  gestos,  la  melodía  final  que  accompana  la  habla  de  los 
judios  españoles  se  encuentran  aun  en  la  habla  de  las  poblaciones  de  la 
varias  provincias  de  España.  Esto  harva  (hace  impresión)  mucho  los  via- 
jeros que  creen  hallarcen  en  España. 


94 


De  su  parte  Cappon  dos  dice  en  su  carta  30  de  Junio 
de  1904: 

En  Bosnia  y  Hercegovina  el  castellano  de  los  israelitas  es,  en  alguna 
manera,  mas  puro  que  en  Bulgaria,  Servia  y  Romanía,  y  esta  pureza  con- 
siste en  el  modo  de  pronunciar  lo  que  se  escribe  con  caracteres  rabínicos 
en  que  se  emplea  la  «i»  por  «e»  y  por  «i»,  y  la  <v>  por  «o»  y  por  «u».  Por 
ejemplo:  Si  escribimos  iDiasixSpn  •  ^n  Bosnia  nronuncian  correctamente 
«declaramos»,  mientras  que  en  otras 
partes  muchos  pronuncian  cdiciara- 
mus».  Voy  á  dar  un  ejemplo  mas  lar- 
go, donde  se  pueda  ver  la  diferencia 
que  hay  en  la  corrupción  del  castella- 
noentre  los  judíos  de  unas  provincias 
y  los  de  otras: 

En  Bulgaria,  Servia  y  Romaniu 
muchos  dicen:  <I1  iju  dil  sinior  vizinu 
«cuandu  mus  meldo  luqué  lis  acunti- 
»ció  a  lus  djidios  in  ispafia,  todus  mu- 
ssotrus  (en  Rumelia  dicen  mosós) 
«yurimus  fin  qui  mu  si  izieron  lus 
»oju8  curiladus,  ma  mus  cuntarum 
)dus  qui  meldan  jurnalis  qui  una 
»grandipirsona  di  ispania  iscrivió  in 


FiG.  11. — D.  Abraham  A.  Cappon. 
Sabio  publicista  y  primer  ofician- 
te de  la  sinagoga  de  Sarayevo 
(Bosnia). 


«un  livru  qui  alus  ispaniolis  di  mues- 

3)tru  tiempu  lis  displazi   munchu  pur 

))lus  malis  qui  si  izierun  in  lus  djiri- 

íuancius  pasadus  y  agora  istan  mi- 

»randu  rimedius  de  aduvar  il  yeru  di  sus  padris  antigus  y  dimandauqui 

»mus  ambizemus  a  aviar  buenu  la  luenga  is^ianiola  y  querin  ayudarmus 

»pára  qui  istemus  cun  eyus  in  irmaudad.» 

En  Bosnia  y  Hercegovina  hay  muchos  que  dicen:  «El  fijo  del  sinior 
ovizino  cuando  mos  maído  loque  les  acapitó  a  los  djidiós  en  spania,  todos 
smosotros  guaymos  fin  que  mo  se  fizieron  los  ojos  coreladoa,  ama  moa 
«contaron  los  que  maldan  jurnales  que  una  grande  prisona  de  spania  es- 
«crivio  en  un  livro  que  alos  spanioles  de  muestro  tienpo  les  displaze  mu. 
»cho  por  los  males  que  se  fizieron  en  los  djerenancios  pasados  y  agora 
» están  mirando  remedios  de  acumudar  el  yarro  de  sus  padres  antigos  y 
í demandan  que  mos  ambezemos  a  f aviar  (algunos  dicen  falvar)  bueno  la 
»lingua  spaniola  y  queren  ayudarmos  para  que  estemos  con  eyos  en  er- 
í  mandad.» 


Pero  todas  esas  diferencias  en  la  vida  de  la  jerga,  que 
hemos  presentado  según  los  distintos  países  de  Oriente  donde 


95 

se  la  aprecia,  son,  sin  embargo,  de  extraordinaria  insignifi- 
cancia con  relación  á  las  que  debieran  existir.  Para  expli- 
carlo es  necesario  que  vuelva  de  nuevo  el  examen  á  discurrir 
sobre  la  obra  de  aquel  singular  aislamiento  que,  por  donde 
quiera,  sufrió  el  pueblo  desterrado,  y  que  colocó  la  vida  de  su 
lengua  en  un  estado  de  catalepsia  ó  de  estancamiento,  que  le 
privó,  así  del  fresco,  espontáneo,  feraz  y  jugoso  desarrollo  de 
los  dialectos,  vivero  y  nutrición  de  los  idiomas,  ó  sean  los  len- 
guajes soberanamente  constituidos;  como  de  la  rápida  y  lamen- 
table destrucción  de  las  jergas,  ó  germanías,  bajo  cuyas  formas 
estos  lenguajes  acaban  y  desaparecen. 

En  el  orden  genésico  del  verbo  humano,  y  en  las  catego- 
rías ascendentes  y  descendentes  de  sus  creaciones,  se  considera 
ya  como  una  noción  elemental  que  los  dialectos  son  aquellos 
productos  con  los  cuales  las  familias  y  las  tribus,  en  desarrollo 
ascendente,  logran  constituir  especies  organizadas  de  la  expre- 
sión oral,  para  servir  á  la  inteligencia  y  al  régimen  de  sus  nece- 
sidades sociales.  Se  forman  por  una  verdadera  sumidad  colec- 
tiva de  la  palabra,  que  arrancando  del  individuo,  desenvol- 
viéndose en  la  familia  y  ampliándose  en  la  tribu,  llega  á  pro- 
ducir una  especie  de  nexo  común  de  diferentes  tribus,  y  por 
ello  un  régimen  verbal  de  mayorías,  el  cual  impera  y  realiza 
su  obra  soberana  en  la  colectividad  toda.  Y  esto  constituye  un 
dialecto,  cuya  vida  se  mantiene,  renueva  y  vigoriza  exacta- 
mente igual  que  lo  hace  la  de  los  individuos  y  las  sociedades: 
por  la  cooperación  más  ó  menos  prolífica  y  afortunada  de  los 
elementos  celulares  todos. 

Nos  explicaremos  más.  Sabido  es  que  cada  individuo,  sea 
el  que  fuere,  tiene  su  gesticulación,  sus  sonidos,  sus  vocablos, 
su  modo  de  exteriorizarse  personalmente,  por  los  cuales  se 
manifiestan  con  entera  ingenuidad  las  espontaneidades  de  su 
constitución  peculiar;  y  esto,  en  buen  orden  de  consideraciones, 
supone  un  dialecto  individual.  La  familia,  por  la  identidad  del 
medio,  por  las  analogías  hereditarias,  por  las  emociones  y  reac- 
ciones comunes  que  tienen  sus  miembros,  adquiere  igualmente 
lo  que  pudiera  llamarse  el  dialecto  de  familia.  El  conglomerado 
de  éstas  lleva,  por  análogas  razones,  á  modalidades  externas 
comunes,  y  surge  el  dialecto  de  tribu.  Muchas  tribus  sometidas 


96 

por  motivos  topográficos,  ó  de  otra  índole,  á  la  influencia  de  un 
orden  de  relaciones  orales,  crean  la  comarca  lingüística  y  cris- 
talizan el  verdadero  dialecto.  Cuando  uno  ó  varios  dialectos  afi- 
nes predominan  en  vasta  región,  y  desde  la  forma  elemental  y 
rústica,  ascienden  á  la  forma  literaria,  culta,  majestuosa  y  ar- 
tísticamente organizada,  conquistando  su  posición  en  la  epope- 
ya del  progreso  humano,  entonces  se  tiene  el  lenguaje,  ó  el 
idioma,  en  el  más  amplio  y  poderoso  concepto  de  la  palabra. 

Pero  sucede  que  una  ó  varias  de  las  causas  numerosas  que 
pueden  herir  de  muerte  á  un  idioma,  le  atacan  y  paralizan  su 
desarrollo,  y  entonces  su  vida  enferma.  La  asimilación  y  des- 
asimilación  de  sus  neologismos  y  arcaísmos,  de  sus  ingresos  y 
sus  voces  desusadas,  se  perturban;  la  armonía  y  la  salud  de  sus 
componentes,  se  quebrantan;  su  carácter,  su  personalidad,  es 
decir,  lo  atributivo  de  su  individualidad  orgánica  se  pierde;  las 
altiveces  se  abaten,  los  abolengos  se  olvidan,  las  fisonomías  se 
descarnan,  los  ornamentos  se  desprenden,  en  el  seno  de  sus 
entrañas  surge  un  nuevo  ser  que  se  infiltra  por  todas  partes,  y 
sustituye,  desorganiza  y  transforma  lo  existente  con  otros  ras- 
gos fonéticos,  otras  modalidades  orgánicas  y  otra  arquitectura 
gramatical;  y  entonces  aparece  la  jerga:  demostrando  que  así 
como  la  lengua  no  es  más  que  el  soberano  crecimiento  de 
varios  dialectos  que  le  han  precedido,  y  que  le  pueden  y  deben 
seguir  nutriendo;  así  ella,  la  jerga,  es  la  última  y  decadente 
fase  de  un  idioma  que  camina  á  su  desaparición. 

Las  jergas  jamás  evolucionan;  hacen  una  de  dos  cosas:  ó 
retrogradan  á  sus  prístinas  fuentes,  si  la  conversión  es  posible, 
porque  haya  modos  de  reconstitución;  ó  desaparecen  con  en- 
fermedades, de  una  cronicidad  tan  grande  á  veces,  que  duran 
siglos  y  siglos,  cuando  la  vida  de  la  jerga  se  cumple  con  más 
ó  menos  aislamientos  y  resistencias  defensivas,  y  sus  despojos 
nutren  á  otras  lenguas  y  dialectos.  Dícese  que  la  lengua  que 
llevaron  á  Islandia  los  refugiados  noruegos  se  ha  mantenido 
invariable  durante  siete  siglos,  mientras  que  la  de  su  natal 
suelo,  á  la  cual  rodean  dialectos  varios,  se  desarrolló  y  produjo 
dos  lenguas  diferentes:  el  sueco  y  el  danés.  Y  se  debe  esto,  á 
que  cuando  se  arranca  un  idioma  de  su  terreno  maternal,  y  se 
le  lleva  por  otras  tierras,  privado  de  la  savia  de  los  dialectos 


97 

que  le  alimentan,  —los  cuales  corren  líquidos  por  debajo  de  ese 
inmenso  y  magnífico  espejo  fijo  y  helado  que  representa  el 
idioma  escrito,  severamente  articulado  por  la  gramática  y  el 
diccionario,  los  cuales  son  fijadores  que  conspiran  á  la  perenni- 
dad de  la  forma, — entonces  se  detiene  el  crecimiento  del  len- 
guaje, y  con  su  desnutrición  sobrevienen  la  caquexia  y  la 
muerte. 

Los  judíos  españoles  llevaron  escrito  su  idioma  y  por  eso 
le  conservaron;  si  nó  lo  hubieran  perdido  pronto,  porque  cuan- 
do los  idiomas  no  se  escriben  y  quedan  subordinados  al  regis- 
tro del  uso  diario,  la  renovación  de  vocablos  se  precipita.  Re- 
fiérese que  en  la  América  Central  intentaron  unos  misioneros 
retener  por  escrito  el  lenguaje  de  unas  tribus  salvajes,  y  com- 
pusieron esmeradamente  un  vocabulario  donde  pusieron  todas 
las  palabras  que  lograron  aprender.  Transcurren  diez  años, 
vuelven  á  visitar  la  misma  tribu  y  observan  que  el  vocabulario 
que  habían  registrado  es  ya  antiguo  }'  por  ello  inútil:  muchas 
palabras  de  aquéllas  no  se  usan;  en  su  lugar  hay  otras  nuevas, 
y  el  dialecto  resulta  completamente  cambiado. 

Esto  explica  otro  hecho  natural,  y  es  que  cuanto  más  aisla- 
dos vivan,  por  sus  condiciones  geográficas,  los  naturales  de 
una  comarca,  mayor  será  el  número  de  dialectos  que  entre 
ellos  exista.  El  misionero  Gabriel  Sagard  contaba  en  su 
Gran  viaje  al  jJaís  de  ¡os  hurones,  allá  por  el  siglo  xvii,  que 
entre  las  tribus  de  la  América  del  Norte  apenas  se  podían  hallar 
dos  aldeas  en  las  que  se  hablase  la  misma  lengua;  y  que  hasta 
se  daba  el  caso  de  que  difería  más  ó  menos  su  lenguaje  entre 
dos  familias  de  la  misma  aldea. 

No  hay  para  qué  recordar  el  crecido  número  de  dialectos 
que  florecieron  y  se  acreditaron  en  la  raza  helena,  y  en  los 
cuales  escribieron  sus  grandiosas  obras  los  inmortales  genios 
de  aquella  raza.  Simónides,  Píndaro  y  Terento,  escribieron  en 
dórico;  Aristófanes,  en  ático;  Safo,  en  eóHco;  Anacreonte,  en 
jónico,  y  en  su  dialecto  propio  lo  hicieron  casi  todos  los  poetas 
griegos.  Hoy  cuentan  algunos  autores  hasta  sesenta  dialectos 
■del  griego  moderno. 


98 

Aplicando  estas  elementales  enseñanzas  á  la  vida  del  judeo- 
español, es  fácil  ver  cómo  sus  libros  religiosos,  sus  rezos,  sus 
cantares  y  sus  refranes  y  sentencias,  fueron  el  agente  más 
íntimo  de  su  conservación.  Cuando  visitáis  un  hogar  judío 
español,  no  dejarán  de  enseñaros  con  orgullo  aquellos  libros 
de  rezo,  transmitidos  de  generación  en  generación,  con  páginas 
muy  amarillas  y  grasicntas,  con  acotaciones  de  manuscritos 
muy  antiguos,  registros  de  ios  que  nacieron  y  fallecieron,  y 
con  gruesos  caracteres  españoles,  bien  espaciados  y  legibles, 
como  para  vencer  todas  las  impotencias  y  flaquezas  de  la 
visión  senil.  Estos  libros  los  tomaron  muchas  manos,  sirvie- 
ron á  muchos  rezos  en  noches  y  días  memorables,  y  pasaron  á 
ser  el  objeto  más  venerable  de  la  familia,  en  el  cual  la  fe  aus- 
tera de  los  ancianos,  la  despreocupación  inquieta  de  los  mozos 
y  la  curiosidad  peligrosa  de  los  niños,  pusieron  por  igual  ojos, 
manos  y  pensamientos,  haciendo  de  ellos  un  relicario  santo, 
donde  las  esperanzas  y  desmayos,  las  alegrías  y  aflicciones,  los 
terrores  y  consuelos,  las  virtudes  y  flaquezas todos  los  su- 
premos estados  del  alma,  depositaron  sus  más  venerables  y 
sagradas  comuniones. 

Debemos  al  conocido  anticuario  y  banquero  de  Madrid 
D.  A.  Salzedo  la  atención  de  habernos  dejado  uno  de  estos 
libros  de  rezo  en  castellano  judío,  reliquia  que  fué  de  sus  ante- 
pasados, por  las  trazas  impreso  en  Holanda,  en  año  remoto  de 
pasados  siglos,  dato  imposible  de  averiguar  en  él,  porque  ni  el 
comienzo  ni  el  final  tiene.  No  se  puede  hojear  sus  páginas  sin 
sentir  una  viva  emoción,  así  por  el  lenguaje  en  que  aparece 
redactada  la  doctrina,  como  por  la  eterna  queja  y  humillación 
que  exhala  el  libro,  por  donde  quiera  se  le  abra,  haciendo  de 
su  texto  la  expresión  conmovedora  de  un  pueblo  que  tiene  su 
alma  dolorida  y  profundamente  aniquilada  por  sus  culpas  y  su 
fiera  adversidad.  Son  las  eternas  execraciones  de  sus  airados 
Profetas,  y  el  gemido  de  sus  luctuosas  contricciones. 

Es  singular  el  efecto  que  causa  en  el  ánimo  este  rezo  propio 
del  pueblo  israelita.  Abrimos  ese  libro  que  tantas  generaciones 
de  judíos  españoles  habrán  hojeado,  y  leemos  estas  lamenta- 
ciones y  este  castellano: 


99 

Dijo  Jeremías  á  Israel:  <Tajar  los  tajaré,  no  como  las  uvas  de  la  vid, 
que  se  cogen  pocas  á  pocas;  ni  como  los  higos  de  la  higuera,  que  se  cojen 
uno  á  uno;  sino  todos  juntos;  fruto  y  hoja  sera  arrastrada  y  rehollada  y 
perdida;  porque  la  Ley  Santa  que  les  di  en  Monte  de  Sinay  pasaron  sobre 
ella  » 

Abrimos  el  libro  por  otro  lado  y  leemos  este  otro  quejido: 

A  nuestros  ojos  sobreforzaron  nuestra  lazería,  prolongado  y  pelado  de 
nos,  dieron  su  yugo  sobre  nos,  soportamos  sobre  nuestros  hombros,  sier- 
vos podestaron  en  nos,  redimienno  de  sus  manos;  angustias  muchas  nos 
rodearon;  llamamoste.  Alexástete  de  nos  por  nuestros  delitos,  tornamos 
de  empos  ti,  erramos  como  ovejas  y  deperdímonos,  y  aun  no  tornamos  de 
nuestro  yerro;  y  como  desvergonzaremos  nuestras  fazes  y  endureceremos 
nuestra  cerviz  para  decir  delante  de  ti.  A.  N.  D.  y  Dio  de  nuestros  padres 
justos  nos  y  no  pecadomos.  Empero  pecamos  nos  y  nuestros  padres. 

Saltamos  páginas,  queriendo  sustraernos  á  la  desesperanza 
tenaz,  buscando  motivos  más  plácidos,  y  leemos  la  siguiente 
súplica  de  piedad  y  de  clemencia: 

Nuestro  Padre,  nuestro  Rey,  apiada  sobre  nos.  Nuestro  Padre,  nuestro 
Rey,  apiádanos  y  respóndenos,  que  no  en  nos  obras,  hace  con  nos  juste- 
dad, por  tu  nombre  el  grande  y  sálvanos.  Y  nos  no  sabemos  que  haremos 
(salvo)  que  sobre  ti  nuestros  ojos.  Miembra  tus  piedades.  A.  y  tus  merce, 
des  que  de  siempre  ellas.  Sea  tu  merced  A.  sobre  nos,  como  esperamos  á 
ti.  No  miembres  á  nos  delitos  primeros;  ayna  nos  adelanten  tus  piedades, 
que  nos  empobrecimos  mucho.  Nuestra  ayuda  en  nombre  de  A.  hacedor 
de  cielos  y  tierra.  Apiádanos,  A.  apiádanos  que  muchos  nos  hartamos  de 
menosprecio. 

De  esta  índole  es  todo.  La  incurable  angustia  de  un  alma 
destrozada  que  habla  por  la  raza  judía  y  se  lamenta  como  en 
ninguna  otra.  Es  esa  alma  siempre  idéntica  de  las  razas,  de  los 
pueblos,  de  las  ciudades,  de  las  familias  y  de  los  individuos;  es 
decir,  el  alma  de  todo  cuanto  vive  y  que  solamente  porque 
existe  sufre.  Como  sufren  las  especies  animales  todas,  y  aun 
las  especies  botánicas  que  visten  y  engalanan  la  Creación,  asi- 
mismo atormentadas  como  el  hombre  y  los  animales  por  incal- 
culables daños,  enfermedades  y  epidemias.  Pues  todos  juntos 
podrían  exclamar  como  la  grey  de  Abraham: 

¡Como  frutos  y  hojas  caídos,  fuimos  arrastrados,  hollados 
y  rehollados;  y  las  tajantes  espadas  nos  tajaron  cruentas;  y  nos 
hartamos  de  menosprecio,  y  nos  empobrecimos  mucho,  y  te 


100 

alejaste  de  nosotros,  Señor,  y  errantes  y  perdidos  como  ovejas 
sin  pastor  imploramos  piedad,  y  los  males  aumentaron  para 
todos,  y  más  todavía  para  Israel,  aquel  pueblo  elegido  por  Dios, 
según  los  Santos  Padres,  para  que  poblase  colmado  de  bendi- 
ciones y  prosperidades  la  tierra  de  Canaam,  y  fuesen  benditos 
los  que  le  bendijesen,  y  malditos  los  que  le  maldijeran;  y  en  él 
fuesen  benditos  los  pueblos  todos  de  la  tierra.  Bendito  en 
Abraham,  en  Isaac,  en  Jacob,  en  José,  en  David,  en  Salomón, 
en  Daniel...,  etc.,  en  tantos  patriarcas,  reyes  y  profetas;  v  sin 
embargo  desolado  en  grado  sumo,  portando  sus  manos  el  estan- 
darte de  las  desdichas  todas,  y  marchando  al  frente  de  la 
Humanidad  entera! 

Pero,  consuélense  los  infelices  judíos,  porque  ¡edificante 
cuadro  es  el  que  presenta  hoy  la  humanidad,  veinte  siglos  des- 
pués de  consumada  la  Redención  sublime  del  Calvario!  ¡Y  se- 
ductora recompensa  la  que  gozamos  nosotros,  los  que  deshici- 
mos su  convivencia  nacional  por  ser  los  fieros  paladines  del 
catolicismo,  á  nuestro  riesgo  y  ventura!  ¡Con  verdad  que  ne- 
cesitados andamos  como  ellos  de  religiosos  afientos  y  de  aco- 
gernos en  brazos  de  la  fe! 

¡Ah!  Sublime  y  sacrosanta  fe,  la  que  en  tamañas  desven- 
turas buscas  tónicos  y  medicinas  milagrosas  y  los  hallas  en  el 
alma,  con  eficacia  tal,  que  desde  el  fondo  de  los  incurados  y  es- 
pantables sufrimientos  elevas  agradecida  tu  voz,  y  exclamas 
como  Pascal,  aquel  heroico  maestro  en  artes  de  resignación  y  de 
consuelo,  dirigiéndose  á  Cristo:  «Yo  tiendo  los  brazos  á  mi 
libertador,  que  vino  á  la  tierra  á  sufrir  y  á  morir  por  mí;  y  por 
su  gracia  aguardo  la  muerte  en  paz,  con  la  esperanza  de  unirme 
á  él  eternamente.  Y  ^^vo,  sin  embargo,  con  alegría,  ya  en  los 
bienes  que  le  plugo  darme,  ya  en  los  males  que  por  mi  bien 
me  envía,  y  los  cuales  me  enseñó  á  sufrir  con  su  ejemplo.» 
Sublime  y  sacrosanta  fe,  sí,  porque  allí  donde  ni  los  regulado- 
res del  derecho  internacional  público,  ni  la  dureza  de  las  leyes 
nacionales,  ni  las  eficacias  de  la  medicina  y  de  la  caridad,  logran 
poner  remedio  á  las  fieras  desdichas  humanas,  allí  apareces 
tú  todavía,  siendo  un  refugio  cuyas  esperanzas,  promesas  y  su- 
gestiones, tonifican  los  desalientos  y  calman  álos  desesperados! 

¡Y  basta  de  semejantes  desahogos! 


101 

Sin  duda  estos  seculares  libros  de  oraciones  influyeron 
mucho  en  el  carácter  y  sentimiento  de  los  sefardíes.  Cuando 
visitamos  la  elegante  mansión  de  D.  Aaron  Salzedo,  en  Bayona, 
su  joven  hijo  nos  condujo  á  una  reservada  habitación,  y  allí 
nos  enseñó,  entre  otras  curiosidades,  los  libros  de  rezo  de  la 
familia.  El  predilecto  estaba  impreso  enAmsterdam,elaño  1686, 
en  castellano- judeo,  y  en  sus  portadas  y  márgenes  aparecían 
registrados  de  tiempos  atrás  muchos  nacimientos;  uno  decía  así: 

«El  nuebe  de  La  Luna  de  Elul  5569  que  corresponde  al  21 
de  Agosto  de  1809,  fue  Dios  sirvido  alumbrar  á  mi  esposa  con 
un  hixo  á  las  siete  y  media  de  la  noche;  que  Dios  me  lo  dexa 
criar  para  su  santo  serviso  y  lo  haga  merecedor  de  la  santa 
ley,  que  fue  llamado  David  Salzedo:  el  padrino,  mi  suegro 
Moisés  López  Eolace;  la  madrina,  mi  madra  Rachel  Salzedo 
Morai  y  fue  circonsidado  por  Is.  de  David  de  Silva,  marte  á  la 
mañana.  Dio  me  lo  engradesca  par  bien » . 


Si  de  este  campo  de  estudios  sobre  conservación  del  caste- 
llano, pasáramos  al  otro,  al  de  las  impurificaciones,  no  faltarían 
copiosos  motivos  de  interesantes  estudios. 

Ante  la  vista  tenemos  un  opúsculo  del  venerable  constantino- 
politano  Abraham  Danon,  académico  correspondiente  de  la 
Española,  estudio  impreso  en  Hungría,  en  el  cual  trata  su  autor 
de  los  vocablos  turcos  intrusados  en  el  judeo-español;  y  es  dig- 
no del  conocido  coleccionador  de  antiguos  romances. 

De  su  idioma  madre  dice  que,  hallándose  en  estado  esporá- 
dico, y  con  ligeras  diferencias  dialécticas  en  una  grande  zona 
lingüística,  fué  tributario  de  todos  los  lenguajes  de  las  pobla- 
ciones con  las  cuales  se  halló  en  contacto,  y  le  estrecharon  por 
donde  quiera.  No  podía  suceder  de  otro  modo  atendiendo  á  que 
las  peregrinaciones  que  forzosamente  realizaban  los  hebreos, 
les  hacían  aprender  muchas  lenguas  y  singularmente  la  de  sus 
benévolos  acogedores  los  turcos. 

Por  esto,  aunque  los  judíos  vivían  en  su  cuartel  especial 
(Mahalé  ó  That-al-Qalé),  penetraba  en  ellos  el  ambiente  exterior, 
bajo  distintas  formas,  ya  por  necesidades  de  orden  judicial  y 
civil,  ya  por  himnos  y  cantos  religiosos,  donde  metían  frases  tur- 


102 

cas,  y  eran  frecuentemente  una  imitación  literal  ó  metódica  de 
ciertas  odas  griegas;  ya,  en  fin,  por  proverbios  populares,  cuya 
composición  hetereogénea  estaba  formada  de  elementos  turcos 
y  españoles. 

Así,  el  j argón  ó  ladino  que  se  ha  querido  llamar  con  el  tí- 
tulo honorífico  de  Judesmo,  rodeándole  de  una  especie  de  au- 
reola sagrada,  ha  recibido  la  intrusión  de  vocablos  turcos,  grie- 
gos, hebreos,  búlgaros;  verbos  españoles  se  han  conjugado  con 
radicales  turcas;  nombres  propios,  individuales  y  epítetos  de 
familia,  han  conservado  la  antigua  pronunciación  turca;  se  han 
mantenido  en  uso  muchas  palabras  castellanas  del  siglo  xv  hoy 
desusadas,  etc.,  etc. 

Danon  (Ab  )  advierte  que  esta  naturalización  de  voces  tur- 
cas en  el  judeo-español  ha  sido  hecha  principalmente  por  la 
población  plebeya,  pues  la  distinguida  ha  tendido  á  rechazar 
las  expresiones  turcas  para  reemplazarlas,  cuando  les  faltaba 
las  ya  olvidadas  castellanas,  con  las  francesas  ó  italianas  dis- 
frazadas á  la  española.  Por  esta  razón  fueron  las  ancianas,  en 
su  mayor  parte  de  Andrinópolis,  donde  residía  Danon  antes 
de  ir  á  Constantinopla  á  ponerse  al  frente  del  Seminario  rabí- 
nico  de  Turquía,  y  fueron  las  gentes  incultas  las  que  garanti- 
zaban mejor  la  autenticidad  de  las  intrusiones  turcas. 

Y  basta  ya  de  este  orden  de  consideraciones. 


En  resumen:  hizo  ahora  cuatrocientos  doce  años,  salieron 
de  nuestro  reino  miríadas  y  miríadas  de  españoles,  llevando  con- 
sigo muchos  miles  de  vocablos  que  constituían  uno  le  los  or- 
ganismos idiomáticos  más  espléndidos  y  galanes  que  compuso 
la  criatura  humana.  Lleváronlo  con  su  destierro  á  muchos  y 
apartados  pueblos,  pasaron  siglos  y  generaciones,  y  al  investi- 
gar ho3^  en  cual  estado  le  puso  la  mano  del  tiempo,  se  advierte 
que  es  muy  diferente  según  el  paraje  donde  se  le  busque.  Unos 
hay  donde  la  muerte  realizó  su  obra,  y  apenas  si  se  percibe  su 
remota  presencia  por  algunos  vocablos  fósiles,  todavía  allí  exis- 
tentes. En  otros,  los  más,  aparece  viviendo,  pero  con  degenera- 
ciones, lacerías,  mutilaciones,  traumatismos,  postizos  y  demás 
estragos,  es  decir:  viviendo  una  existencia  infeliz.  Y,  fiualmen- 


103 


te,  otros  hay,  los  menos,  donde  vive  con  todo  el  esplendor  y 
galanura  con  que  se  desarrolla  en  su  propio  solar. 

Contrayendo  la  atención  á  los  del  segundo  grupo,  se  obser- 
van, ya  lo  hemos  dicho,  muy  graves  alteraciones.  La  vista  de 
aquel  subhme  mosaico  que  formaron  sus  diez,  quince  ó  veinte 
mil  vocablos,  despierta  en  el  alma  mucha  lamentación. 

Trozos  hay  donde  las  piezas  se  perdieron,  y  fueron  susti- 
tuidos sus  nácares,  conchas  y  marfiles,  con  otros  embutidos  de 
material  distinto,  que 
manos  torpes  y  despre- 
ocupadas hallaron  á  su 
alcance  en  peñascales 
franceses,  turcos,  ára- 
bes, griegos,  italianos 
y  alemanes.  Muchas 
otras  de  las  que  se 
conservan,  perdieron 
sus  prístinos  colores  y 
reflejos;  buen  golpe  de 
ellas  gastaron  sus  aris- 
tas ó  desencajaron  sus 
incrustaciones;  y  á  la 
taracea  toda  dañan  los 
torpes  postizos,  desen- 
tonos y  mondas  que  no 
acertaron  á  mal  cubrir 
sucios  afeites  y  repara- 
<íiones  desdichadas.  Sin 
embargo,  no  hubo  mo- 
do de  acabar  con  el  mo- 
saico, y  alH  están  la  traza,  la  composición,  las  imágenes  y  las 
proporciones,  y  allí  el  trasunto  de  aquella  seductora  y  graciosa 
alma  que  representaba. 

Estudiar  á  conciencia  estas  alteraciones  sería  empresa  mag- 
na, que  solamente  podrían  acometer  esos  anatómicos,  fisiólogos 
y  patólogos  de  los  idiomas;  esos  arquitectos,  historiadores  y 
paleólogos  de  sus  monumentos;  esos  especialistas,  en  fin,  del 
mérito  de  nuestro  colaborador  D.  Pedro  de  Múgica,  que  anali- 


FlG 


12. — D.  Pedro  de  Múgica,  ilustre  filólogo 
español  domiciliado  en  BerTin. 


104 

zan  y  ahondan  eu  las  complejísimas  transformaciones  del  len- 
guaje.  Nada  de  esto  es  propio  de  aquí,  y  por  ello  prudente 
será  dejarlo  para  que  lo  traten  esos  sabios,  cada  día  más  nu- 
merosos, que  estudian  con  interés  las  extrañas  vicisitudes  de 
un  idioma,  á  través  del  destino,  ya  de  suyo  excepcional,  que 
sufre  el  pueblo  eternamente  desterrado. 

Vamos  á  cerrar  este  capítulo  con  la  siguiente  preciosa 
carta  del  ilustre  Rector  de  la  Universidad  de  Salamanca,  don 
Miguel  de  Unamuno,  acerca  del  judeo-español: 


Sr.  D.  Augel  Pálido. 

Mi  muy  querido  amigo:  Pocas  labores  me  parecen  más  generosas  ni 
más  fecundas  que  la  labor  en  que  está  usted  empeñado  con  eso  de  intere- 
sarnos  por  nuestros    hermanos    de 
lengua,  los  judíos  de  habla  española 
que  habitan  en  Oriente. 

Usted  sabe  el  valor  que  concedo 
al  lenguaje;  mucho  más  que  á  la  raza. 
En  rigor  apenas  sabemos  nada  claro 
respecto  á  razas;  por  lo  que  hace  á 
las  lenguas  es  más  fácil  saber  á  que 
atenerse.  Se  piensa  con  palabras  y 
mientras  dos  ó  más  pueblos  conser- 
ven un  mismo  idioma,  pensarán  en  el 
fondo  lo  mismo,  sean  cuales  fueron 
las  diferencias  aparenciales.  Con  ra- 
zón hablan  los  anglo-sajones  de  Tlie 
english-speaking  folk,  del  pueblo  que 
habla  inglés,  y  dicen  que  la  sangre  es 
más  espesa  que  el  océano,  aludiendo 
á  su  comunidad.  Y  dicen  bien  al  de- 
cirlo, aunque  un  antropólogo  niegue 
lo  de  la  consanguinidad,  porque  la 
sangre  del  espíritu  es  el  idioma. 
Mientras  ios  judíos  de  Oriente  conserven  el  habla  española,  y  en  habla 
española — ó  habla  español,  como  ellos,  con  anticuado  giro  dicen — recen  á 
su  Dios,  al  Dios  de  Aoraham  y  de  Jacob,  mientras  viertan  en  español  sus 
sentires  y  sus  añoranzas,  será  su  patria  esta  España,  que  tan  injusta  y 
cruel  fué  con  ellos.  Podrá  decir  alguno  que  sólo  buscan  en  el  español  un 
recio  atadero  que  una  entre  sí  á  los  hijos  de  Israel  esparcidos  por  el  Orien- 
te; pero  ese  recio  atadero  que  los  una  entre  sí  los  atará  reciamente  á  Es- 
paña. Para  conseguirlo  no  tratan  de  resucitar  el  hebreo,  la  lengua  sagrada, 
muerta  hace  ya  siglos,  sino  que  tratan  de  conservar  esta  lengua  viva. 


FiG.  13. — D.  Miguel  Unamuno,  Rec- 
tor de  la  Universidad  de  Salamanca. 


105 

Aquella  fué  su  lengua  madre,  ésta,  la  nuestra,  es  su  lengua  esposa,  y  escrito- 
está  que  por  la  mujer  hay  que  dejar  á  los  padres. 

Y  para  nosotros  ¡qué  ecos  de  pasados  días,  qué  antiguas  frescuras,  que 
remembranzas  de  mocedad  no  nos  trae  esa  habla  española,  de  tan  dulces 
cadencias,  de  los  judíos  españoles  de  Oriente!  En  esa  habla,  que  se  ha 
conservado  allá,  como  enquistada,  y  preservada  por  las  condiciones  mis- 
mas de  su  transformación,  de  ciertas  mudanzas,  en  esa  habla  tenemos  un 
reflejo  de  nuestro  viejo  y  robusto  romance  antes  de  la  profunda  transfor- 
mación que  sufrió  en  el  siglo  xvi.  Esa  lengua  es  la  lengua  de  nuestros  pri- 
mitivos, esa  lengua  es  la  lengua  de  la  España  juvenil. 

Recluida  allá,  en  Oriente,  sin  uso  oficial  ni  literario,  quedóse  en  lengua 
de  hogar,  en  lengua  en  que  se  breza  á  los  niños  para  adormirlos  en  la  paz 
de  su  inocencia,  en  lengua  en  que  cambian  dulzuras  los  amantes  y  sazona- 
dos afectos  los  esposos,  en  lengua  en  que  cuentan  los  padres  á  sus  hijos 
las  leyendas  de  los  abuelos,  en  lengua  en  que  se  reza,  en  el  retiro  y  el 
recogimiento  del  hogar,  al  Dios  consolador  y  corroborador  de  las  fecundas 
esperanzas.  Para  ellos,  para  los  judíos,  ha  sido  lengua  de  recuerdos,  de 
recuerdos  preñados  de  esperanzas.  Y  así  no  se  ha  bastardeado  en  las  tor- 
pezas de  la  burocracia,  ni  en  las  mentiras  del  parlamentarismo,  ni  en  las 
ligerezas  de  la  prensa.  Ha  sido  la  lengua  doméstica,  la  lengua  recogida,  la 
lengua  de  la  oración.  El  hablarla  era  un  consuelo. 

La  bondad  del  Doctor  Henrico  Bej araño,  con  quien  usted  me  puso  en 
relaciones,  me  ha  valido  algunos  libros  escritos  en  español  con  caracteres 
rabínicos,  y  créame  que  he  leído  algunos — los  de  lenguaje  puro  y  sin 
contaminaciones,  que  en  otros  abundan — paladeando  sus  párrafos,  y  go- 
zando al  encontrarme  con  viejos  vocablos  envueltos  en  rancio  aroma. 

Sucede  con  esa  habla  lo  mismo  que  con  el  castellano  que  se  habla  en 
ciertas  regiones  de  Colombia,  en  Antioquía,  por  ejemplo,  aunque  con  más 
intensidad  que  con  este  castellano,  y  es  que  merced  al  aislamiento  de  los 
que  lo  hablan  nos  muestra  con  más  vigor  la  fisonomía  propia  de  nuestro 
idioma.  A  este  respecto  pocos  libros  me  han  rendido  mayor  solaz  que  la 
Historia  de  los  jidios  desde  el  principio  hasta  nuestros  días  compuesta  por 
vía  del  Dr.  Samuel  Bervfeld,  gran  rabino  de  Belgrado  é  impresa,  en  carac- 
teres rabínicos,  en  Belgrado  en  1891.  Es  un  resumen  de  la  historia  del 
pueblo  de  Israel,  tomada  de  la  Biblia,  y  el  autor  no  pretende  originalidad, 
pero  recuerda  el  refrán  que  dice:  «el  vino  es  de  su  patrón,  ma  las  gracias 
se  da  á  aquel  que  lo  echó  al  vasoi.  Y  no  son  pocas  ni  tibias  las  gracias  que 
á  solas  y  á  las  calladas  he  dado  al  Doctor  Bernfeld  por  haber  echado  el 
vino  de  su  patrón,  la  historia  de  su  pueblo  tomada  de  sus  fuentes  religio- 
sas, en  un  vaso  tan  limpio,  tan  transparente  y  tan  hermoso  como  el  de  la 
dulce  habla  en  que  está  escrito. 

El  asunto  es  vastísimo,  mi  buen  Pulido,  usted  lo  sabe  mejor  que  ya. 
He  de  volver  á  él  cuando  escriba  sobre  8U.s  trabajos. 

Un  abrazo  de  su  amigo 

Miguel  de  Unamuno. 


CAPÍTULO  V 


Porvenir  del  castellanojudío  en  Oriente. — Cuatro  grupos  de  actitudes  con  relación 
al  castellano.  — Los  anticastellanistas. — información  de  Gav.  Francos,  de  Es- 
mirna.  —  f/ ^yen/V,  de  Salónica,  é  II  Corriere  Israelítico,  de  Trieste.- -Los 
autonomistas. — Información  de  Samuel  S.  Levy,  de  Salónica,  y  de  Rafael 
Cansinos  Assens,  de  Madrid.  —  Los  eclécticos.  —  Memoria  de  la  Sociedad  Es- 
peranza, de  Viena. 

Cuanto  llevamos  expuesto  sugiere  en  nuestro  discurso  una 
interrogación:  ¿Qué  porvenir  estará  reservado  á  la  jerga  de  los 
sefarditas? 

Apenas  se  ha  concebido  tal  pregunta  cuando  brota  ya  una 
contestación  importante:  la  de  que  no  se  puede  circunscribir 
á  una  fórmula  categórica  este  asunto,  que  se  halla  hoy  plan- 
teado de  muy  diversas  formas,  en  las  distintas  regiones  del 
globo.  Por  la  dispersión  de  los  proscritos,  por  los  aspectos  dife- 
rentes que  presenta  el  medio  social  en  que  viven  y  por  los 
ideales  varios  que  alientan  sus  congregaciones,  según  el  lugar 
donde  se  les  estudia,  imposible  es  comprenderlos  á  todos  en 
los  mismos  juicios  y  consideraciones.  Se  impone  la  necesidad 
de  dividirlos  en  varios  grupos,  para  de  esta  suerte  apreciar 
mejor  sus  peculiares  circunstancias  y  las  trayectorias  posibles 
de  su  porvenir.  Estos  grupos  son:  1.°,  el  Oriente,  comprendien- 
do bajo  este  nombre  cuantos  pueblos  pertenecieron  y  pertene- 
cen al  vasto  imperio  turco;  2.",  África,  especialmente  Marrue- 
cos; 3.0,  América  del  Sur,  y  4.°,  todo  el  resto  del  mundo,  sin- 
gularmente los  pueblos  de  Europa. 

Vamos  á  ocuparnos  primeramente  en  hablar  del  judeo- 


108 

español  que  vive  por  toda  esa  dilatadísima  región  del  globo^ 
que  comprende  desde  Viena  á  los  confines  de  la  Siria,  sitio  don- 
de se  hallan  hoy  las  grandes  masas  de  nuestros  expatriados. 

En  este  asiento  geográfico,  la  cuestión  referente  á  la  vida 
del  judeo-español  ha  sido  ya  larga  y  ardientemente  discutida; 
opiniones  contrarias  han  reñido  apasionadas  luchas;  hombres 
importantes  de  la  raza  tomaron  sus  posiciones  y  las  defendie- 
ron con  bravura  y  con  ingenio;  el  choque  de  los  debates  y  de 
las  disputas  ha  engendrado  ideales,  y  todo  esto  ha  sido  causa 
de  que  cuando  hemos  consultado  las  opiniones  y  acometido  el 
examen  de  las  cosas  nos  hayamos  encontrado  con  actitudes 
resueltas  y  convicciones  arraigadas,  cuyo  conocimiento  sincera 
y  noblemente  se  nos  ha  proporcionado.  Nuestra  fortuna  nos  ha 
permitido  poder  abarcar  la  serie  entera  de  las  posiciones  adop- 
tadas, y  apreciar  por  el  relato  de  plumas  respetables  los  funda- 
mentos de  su  conducta. 

Esto  hace  que  nuestra  información  sobre  el  particular  sea 
abundante;  y  aun  cuando  no  hemos  de  acometer  aquí  un  estu- 
dio histórico,  analítico  y  crítico  detallado,  como  cuadraría  bien 
á  la  importancia  del  tema  en  sí  y  á  la  que  tiene  para  los  inte- 
reses lingüísticos  de  España,  no  debemos  sustraernos  al  com- 
promiso de  presentar  un  esbozo  de  información  seria,  donde 
sean  oídos  los  propios  interesados  con  sus  discursos  y  sus  esti- 
los personales,  en  vez  de  serlo  nosotros  con  nuestras  más  ó 
menos  acertadas  síntesis  y  apostillas.  Después  de  exponer  res- 
petuosamente estas  opiniones,  dejando  hablar  á  los  israelitas 
españoles  de  Oriente,  expondremos  nuestros  juicios  desde  el 
punto  de  vista  que  puede  adoptar  un  español  de  Occidente. 

Fijando  nuestro  examen  en  los  informantes  sobre  el  destino 
de  la  jerga  española,  nuestro  deseo  de  reahzar  una  exposición 
clara  y  metódica  nos  lleva  á  dividirlos  en  cuatro  grupos,  que 
presentaremos  con  los  siguientes  nombres: 

A     Anticastellanistas,  ó  hispanófobos. 

B     Dialectistas,  ó  autonomistas. 

C     Oportunistas,  ó  eclécticos,  y 

D     Castellanistas,  ó  hispanófilos. 
Como  se  puede  apreciar  al  punto,  aquí  se  hallan  todos  los 
términos  fundamentales  posibles  de  la  serie:  los  que  piden  la 


109 


muerte  del  judeo-español,  los  que  piden  su  evolución,  los  que 
tantean  las  proporciones  de  su  aprovechamiento   y  los  que 
desean  la  regeneración  total  de  la  jerga. 
Oigamos  á  los  interesados. 

A. — Anticastellanistas. 

Gav.  Francos,  distinguido  publicista  de  Esmirna,  nos  pre- 
senta la  tesis  en  términos  muy  en  armonía  con  la  expresión  de 
su  apellido,  hablándonos  como  un  adversario  noble  del  caste- 
llano. Su  carta  fué  escrita  en  francés,  lleva  la  fecha  (3  de  Junio 
de  1904,  y  dice  así,  en  lo  que  más  interesa  ahora: 

Permitidme  exponer  algunas  opiniones  sobre  vuestro  objeto:  empeza- 
ré por  haceros  un  breve  resumen  de  la  historia  del  combate  sostenido  en- 
tre nosotros  con  motivo  de  la  lengua 
que  debía  adoptarse.  Este  combate 
no  se  remonta  á  larga  fecha,  apenas 
hace  de  ello  una  veintena  de  años. 
El  primer  tiro  fué  disparado  por  Mr. 
David  Fresco  el  eminente  director 
del  Tieynpo.  Xo  escribió  ni  en  pro 
ni  en  contra  del  español;  describió, 
con  muy  negros  colores,  el  estado  de 
una  nación  muda,  sin  lengua,  y  qui 
so  probar,  que  los  israelitas  de  Orien- 
te hablando  un  jargon,  sin  reglas, 
sin  diccionario  y  sin  gramática,  po- 
drían de  derecho  ser  considerados 
como  una  nación  muda.  Este  articu- 
lo, que  llevaba  el  titulo  de  cUn  pueblo 
mudo>  hizo  época,  y  en  el  se  apoya- 
ban siempre  cuando  la  cuestión  de 
lengua  era  debatida. 

En  aquellos  lejanos  tiempos,  el 
Sr.  Bejarano,  el  erudito  de  Bucarest, 
escribió  en  el  Instructor,  revista  que 
se  publicaba  bajo  la  sabia  dirección 

de  Mr.  Fresco,  un  artículo  en  el  cual  pretendía  probar  la  posibilidad  de 
hacer,  para  nosotros  los  israelitas  de  origen  español,  una  lengua  comple- 
tamente nueva.  Su  articulo  no  tuvo  eco. 

El  verdadero  defensor  de  la  lengua  española,  ó  mejor  dicho,  el  parti- 
dario mas  convencido  de  la  purificación  de  nuestro  jargon,  fué  Mr.  Xissim 
de  Juda  Pardo,  de  Esmirna  que  hace  casi  diez  años  sostuvo  una  campaña 
encarnizada  para  defender  sus  opiniones,  campaña  que  puso  en  movimien- 


FiG.  14. —Gav.  Francos,  hijo  del 

V.  Rabino  H.  Francos;  director  de  E/ 

JSovelistfí,  y  escritor  renombrado   de 

Esmirna. 


lio 

to  y  levantó  el  espíritu  de  todo  el  público,  que  empezó  por  vez  primera  á 
ocuparse  en  serio  de  este  asunto.  Tuvo  como  contradictor  apasionado  y 
encarnizado,  á  Mr.  David  Fresco,  del  Tiempo  que  condenó  el  español  y 
escribió  su  epitafio  f  aturo. 

Estando  ya  declarada  la  guerra  y  hechos  los  primeros  disparos,  los 
dos  partidos  se  hablan  formado,  los  dos  tan  convencidos  como  porfiados: 
Los  españolistas  y  los  antiespañolistas.  El  partido  de  Mr.  Fresco,  gracias  á 
la  autoridad  y  á  la  gran  reputación  de  su  gefe  pudo  impedir  siempre  el 
progreso  de  la  propaganda  de  la  parte  contraria.  La  cuestión  se  desperta- 
ba y  se  adormecía  a  su  vez,  y  la  guerra  comenzaba  siempre  de  nuevo  con 
mas  animosidad  y  corage. 

Hace  dos  años,  Mr.  Samuel  Saadi  Levi,  director  de  La  Época,  rompió 
lanzas  para  defender  el  jargon  español,  prometiendo  publicamente  que  el 
se  proponía  traducir  en  esta  lengua  bastarda,  las  obras  inmortales  de 
Kant,  S pinosa,  Hugo,  etc.  Estas  pretensiones  verdaderamente  locas,  atra- 
geron  sobre  el  GoUiat  que  las  formulaba,  los  sarcasmos  satíricos  y  los 
epigramas  picantes  del  célebre  David  Fresco.  Un  año  antes  mi  amigo 
Mr.  Jaques  Danon,  de  Andrinópolis,  sostuvo  una  nueva  campaña  para  im- 
poner el  empleo  de!  verdadero  español  con  sus  caracteres  y  su  fonética. 
El  encanto  de  su  estilo,  la  gracia  de  su  palabra  llevaron  á  su  idea  mas 
paitidarios  que  lo  hubieran  hecho  todos  los  argumentos.  Esta  nueva  cam- 
paña produjo,  en  el  campo  de  todos  los  combatientes,  enorme  confusión. 
Mr.  Levi,  de  La  Época,  habló  contra  las  pretensiones  de  mi  amigo  Danon, 
con  una  elocuencia  ciceroniana:  «El  día,  en  que  empezaran  á  emplearse  los 
caracteres  latinos,  el  judeo  español  vivirla.»  Mientias  que  por  su  parte 
Mr.  Fresco  lanzaba  en  su  periódico  El  Tiempo  sus  flechas  más  temibles, 
contra  los  otros  combatientes. 

Como  veis.  Señor  Senador,  el  combate  no  es  nuevo  y  los  combatientes 
no  son  poco  numerosos.  No  he  nombrado  sino  los  mas  importantes  de 
entre  ellos,  los  que  han  dado  pruebas  de  una  profunda  convicción,  y  de 
una  pasión  exaltada  en  defensa  de  sus  opiniones.  Tocante  á  los  otros, 
aunque  forman  una  falange  respetable,  no  haré  mención  de  el'os.  Me  lle- 
varía demasiado  lejos  y  no  tengo  tiempo. 

Os  sorprenderá  sin  duda,  ver  entre  los  partidarios  de  la  lengua  ibéri- 
ca, entre  los  españolistas  mas  decididos,  un  nombre  que  os  es  desconoci- 
do, al  menos  yo  asi  lo  creo,  porque  no  lo  he  visto  citado  en  vuestra  obra. 
Quiero  hablaros  de  mi  erudito  amigo  Mr.  Nissim  de  Juda  Pardo  de  Smir- 
na.  Aprovecho  esta  ocasión  para  recomendárosle  cariñosamente.  Es  un 
hombre  de  mérito,  de  ciencia,  y  como  todos  los  sabios,  modesto  y  delica- 
do. Conoce  muchas  lenguas,  como  posee  á  la  perfección  el  español.  Diri- 
giéndoos á  él  podéis  contar  con  un  apoyo  serio  y  fiel. 

En  lo  referente  á  mis  ideas,  soy  mas  bien  hostil  á  la  lengua  española. 
Pienso  que  un  pueblo  que,  como  el  Israelita,  no  ha  tenido  como  nación 
una  existencia  política,  debe  dividir  en  dos  partes  distintas,  las  lenguas 
que  debe  elegir.  Esta  división  que  no  tendría  razón  de  ser  en  ninguna 


111 

otra  nación,  para  la  que  los  intereses  nacionales  comerciales  se  encontra- 
sen mezclados  y  confundidos,  se  impone  para  los  israelitas,  sobre  todo  de 
Oriente,  que  tienen  que  responder  distintamente,  y  á  la  vez,  á  deberes  de 
orden  moral  y  á  intereses  materiales.  Sus  lenguas  se  dividen,  si  se  me 
permiten  estas  expresiones,  en  lengua  sentimental  y  en  lengua  material. 
Coloco  en  la  primera  gategoría  el  Hebreo  y  el  Turco,  que  no  teniendo  un 
valor  intrínseco  propiamente  dicho,  se  conservan  y  defienden  por  un  sen- 
timentalismo puro  y  sencillo;  la  primera  por  el  sentimiento  de  conserva- 
ción nacional,  y  la  segunda  por  el  sentimiento  del  deber  patriótico.  El  Es- 
pañol no  puede,  sin  duda,  ser  clasificado  entre  las  lenguas  sentimentales. 
Se  coloca,  forzosamente  entre  las  lenguas  materiales,  entre  las  adoptadas, 
por  el  provecho  que  de  ella  puede  sacarse,  comer cialmente.  Bajo  este  tí- 
tulo (el  Español  no  tiene  otro)  esta  lengua  no  tiene  entre  nosotros  ningu- 
na probabilidad  de  victoria,  ante  las  lenguas  vivas  de  naciones  industria- 
les como  Inglaterra,  Francia  y  Alemania.  No  teniendo  el  Español  ninguna 
cualidad  para  hacerse,  por  el  provecho  material  que  podria  sacarse,  pre 
ferible  á  las  otras  lenguas  mencionadas,  no  tengo  mas  que  aconsejar  á  los 
Israelitas,  que  adopten  en  lugar  del  español,  la  lengua  que  les  procure 
mas  provechos  posibles.  Por  lo  demás,  no  son  las  campañas  de  los  con- 
sejos las  que  podran  decidir  la  marcha  que  se  puede  seguir  en  esta  cues- 
tión, cuando  no  anda  por  medio  el  sentimiento.  El  interés  es  por  si  solo 
el  único  guia  en  lo  que  ha  de  suceder.  Y  si  España  quisiera  hacerse  ga- 
nar, como  Vd.  desea  que  lo  acepte,  estas  poblaciones  orientales,  no  tiene 
nada  mas  que  señalar,  para  la  adopción  del  verdadero  español  entre  nos- 
otros, un  buen  medio  de  ganar  dinero,  un  manantial  rico  de  buenos  pro- 
vechos materiales.  Si  Yd.  quisiera  apoyarse  en  su  campaña  confiándose  á 
las  protestas  de  simpatía  y  á  los  lloros  nostálgicos  del  sabio  Bejarano,  em- 
prendería Yd.,  según  mí  opinión,  un  camino  muy  estraviado.  Bejarano  for- 
ma una  verdadera  escepcion  entre  todos  los  Israelitas,  los  cuales  (quiero 
ser  franco  y  no  adularle  hipócritamente)  no  tienen,  lo  puedo  asegurar,  nin 
gun  sentimiento  de  simpatía  por  su  pais,  y  conservan  el  español,  no  por 
un  razonamiento  cualquiera,  sino  solamente  porque  se  han  hallado  con  que 
no  sabían  mas  que  esta  lengua,  y  no  habían  aprendido  ninguna  otra.  Te- 
nemos una  prueba  convincente  en  el  hecho  de  que  la  generación  nueva, 
que  es  ya  un  fruto  de  la  instrucción  francesa,  repugna  hablar  en  la  len- 
gua que  aprendieron  en  su  infancia  para  hablar  lo  mas  posible  su  nuevo 
lenguage. 

Seguramente  que  la  lectura  de  esta  carta  producirá  en  el 
ánimo  de  los  lectores  exactamente  la  misma  impresión  que  en 
el  nuestro.  Al  concluirla  siente  uno  no  hallarse  en  presencia 
del  Sr.  Francos,  para  tenderle  resueltamente  la  mano,  y 
apretando  con  efusión  la  suya,  decirle:  «Bravo,  Sr.  Francos, 
por  su  ñ'anqueza;  todo  en  usted  es  español,  de  la  cabeza  á  los 


112 

pies,  aunque  no  lo  quiera;  su  apellido,  su  claridad  de  buena 
cepa  castellana  y  el  donaire  con  que  levanta  su  visera  diciendo: 
yo  soy  un  adversario».  Encantan  los  caracteres  semejantes  y 
se  granjean  las  mayores  simpatías. 

Bien  clara  está  la  información:  David  Fresco,  de  Constan- 
tinopla,  rompió  el  fuego  con  su  artículo  «Un  pueblo  mudo»,  y 
á  su  lado  se  pusieron  muchos  para  recomendar  el  abandono 
del  español.  Enrique  Bej araño,  de  Bucarest,  y  Samuel  S.  Levy, 
de  Salónica,  alzaron  la  bandera  del  idioma  judeo-español; 
Nissim  de  Juda  Pardo,  de  Esmirna,  y  Jaime  Danon,  de  Andri- 
nópolis,  pusieron  en  su  escudo  el  mote  de  regeneración  por  la 
lengua  hispana.  ¡Demos  gracias  á  Dios  que  nos  ha  favorecido 
con  el  trato  y  la  correspondencia  de  casi  todas  estas  dignas  ce- 
lebridades, las  cuales  honran  con  sus  envíos  nuestro  libro! 

Francos  habla  de  lenguas  sentimentales  y  materiales  ó  po- 
sitivistas; coloca  entre  las  segundas  al  español,  y  la  relega  á  un 
orden  inferior. 

Francos  trata  también  un  punto  que  merecerá  detenido 
análisis  más  adelante;  el  españolismo  de  los  sefardim,  el  cual 
niega,  considerando  el  sentimentalismo  histórico  de  Bejarano 
que  presentamos  en  nuestro  primer  libro,  como  una  verdadera 
excepción.  Ya  diremos  que  como  él  opinan  muchos.  Por  lo 
demás,  atrás  queda  la  manifestación  semejante  á  la  de  Francos 
que  hizo  Max  Nordau,  cuando  la  entrevista  con  Rusell. 

Se  pubÜcan  en  Salónica  dos  periódicos  judeo-españoles, 
aunque,  como  todos,  impresos  en  caracteres  rabínicos:  La 
Época  y  El  Avenir;  y  no  hay  que  advertir  que  con  tendencias 
distintas,  porque  estas  actitudes,  en  casos  ordinarios,  se  caen 
de  su  propio  peso.  El  segundo  de  ellos,  en  su  número  corres- 
pondiente al  22  de  Junio,  dedicó  un  artículo  á  nuestro  primer 
libro  Los  israelitas  españoles,  y  á  otro  artículo  que  á  los  citados 
periódicos  dirigí,  saludando  á  la  prensa  judeo  española  en  nom- 
bre  de  la  prensa  nacional  nuestra;  modesto  trabajo  que  publi- 
-caron  ambos  galantemente. 

He  aquí  lo  más  interesante  de  aque!  artículo,  ad virtiendo 
que  se  ha  hecho  la  sustitución  de  letra  rabínica  por  letra  lati- 
na, y  que,  por  consiguiente,  repr.oducimos  fielmente  el  texto 
judeo-español: 


113 

Estamos  seguros  que  podemos  hablar  á  nombre  de  todo  judío  español 
sin  excepción,  en  aderesando  al  Sr.  Pulido  nuestros  mas  calorosos  engra. 
ciamientos  por  los  sentimientos  que  él  tiene  á  nuestro  eguardo.  Nosotros 
le  debemos  una  reconosen9Ía  particulara  por  su  firmeza  en  el  condanar 
las  barbarias  de  cuatro  cientos  años  antes;  y  el  dice  «olvidemos  los  terri- 
bles desastres  y  catástrofas  de  los  tiempos  pasados».  Podemos  asegurar 
que  estos  desastres  y  catástrofas  ya  los  olvidimos  desde  longo  tiempo;  es 
disir,  ya  entendemos  que  fueron  el  resultado  de  la  salvajería  atada  al 
hombre,  y  ya  los  perdonimos.  La  proba  es  que  aínda  continuamos  á  ha- 
blar este  judeo  español  que  truximos  de  España;  ma  malgrado  toda  nues- 
tra estima  por  el  Sr.  Pulido,  no  podemos  creer  que  su  visión  puedrá  reali- 
zarse. 

Nosotros  no  somos  <un  pueblo  español  diseminado  por  el  mundo» 
Nosotros  somos  judios  y  como  tales  no  debemos  dexarnos  aquistar  por 
ninguna  nación,  cuanto  que  tenemos  en  igual  estima  todos  los  pueblos 
sin  diferencia  de  raza  y  de  religión;  nosos  somos  por  la  más  grande  parte 
suditos  otomanos  y  como  tales  no  debemos  pensar  á  favorecer  <e  engran- 
decimiento de  los  intereses  lingüísticos,  literarios  y  mercantiles»  de  otra 
nación  cuala  fuese. 

Nosos  somos  y  queremos  restar  antes  de  todo  judios,  y  esto  demanda 
de  nosotros  una  conocencia  de  mas  en  mas  profunda  de  nuestra  lengua, 
el  hebreo,  nuestra  historia  y  nuestra  literatura.  Nosos  somos  súditos  oto- 
manos y  debemos  laborar  por  los  entereses  generales  del  pais  que  nos 
abriga  y  nos  acorda  tantos  favores.  Nosotros  somos  hombres  y  por  esto 
somos  obligados  de  ambesar  por  nuestros  hijos  y  por  nuestros  estudios  el 
francés,  el  italiano,  el  alemán  y  quien  sabe  cuantas  otras  lenguas.  Después 
de  esto  no  queda  tiempo  ni  lugar  para  el  español. 

Cuanto  a  purificar  nuestro  judeo  español  hasta  transformarlo  en  cas- 
tellano, esto  no  es  mucho  mas  fácil  de  ambezar  una  lengua  estranjera. 
El  español  y  el  judeo-español  son  hoy  mucho  diferentes  el  uno  del  otro, 
según  se  puede  ver  de  la  letra  misma  del  Sr.  Pulido,  cuanto  que  nos  per- 
mitimos de  simplificar  y  por  ensi  decir  judaizar  algunos  de  los  pasages  y 
la  publiquimos  con  caracteres  hebreos. 

Damy. 

Por  su  parte,  La  Época  publica  nuestro  artículo  y  lo  en- 
cabeza con  las  siguientes  lacónicas  y  expresivas  frases,  el  24 
de  Junio  de  1904: 

En  España. 

El  grande  Senador  español  Sr.  Ángel  Pulido,  del  cual  ya  tuvimos  ha- 
blado diversas  veces  en  La  Época,  quiere  bien  aderesarmos  el  tan  intere 
sante  articulo  siguiente  que  reproducimos  tal  y  cual  por  conserbarle  su 
sabor  entero.  La  beluntad  con  la  cuala  el  Sr.  Ángel  Pulido  se  ocupa  de  la 

8 


114 

lengua  judeo-española  y  amada  entre  nuestros  correligionarios  de  rito  se- 
fardí de  todo  el  Oriente,  debe  de  hacer  de  él  una  figura  bien  conocida. 
Heq  el  articulo: 

Como  podrán  apreciar  nuestros  lectores,  El  Avenir  sabe 
mostrar  también  su  gentileza  de  adversario  caballeroso. 

Para  terminar  con  las  informaciones  de  esta  tendencia,  re- 
produciremos la  siguiente  Nota  de  Redaccióii,  con  la  cual  el 
número  de  II  Corriere  Israelítico,  correspondiente  al  31  de 
Agosto  de  1904,  revista  mensual  que  se  publica  en  italiano 
y  ve  la  luz  en  Trieste,  cierra  un  hermoso  artículo  de  nuestro 
correspondiente  D.  Elias  S.  Arditti,  de  Esmirna,  á  favor  del 
idioma  castellano: 

Somos  gustosos  en  publicar  las  preciosas  noticias  que  nos  auuncia 
nuestro  valeroso  colaborador  macedónico,  pero  preferiríamos  que  aque- 
llos correligionarios  nuestros  se  volviesen  á  otra  literatura  (es  decir,  á  otra 
que  no  sea  la  española),  á  otra  lengua  y  á  otra  patria;  al  hebreo,  á  la 
Biblia  y  á  la  Palestina  debemos  rehacer  nuestra  alma  judía  hoy,  y  remon- 
tar á  la  edad  y  á  las  fuentes  de  nuestra  vida  nacional  libre.  La  lengua  del 
destierro  la  hemos  estudiado  y  amado  bastante;  ya  basta;  aprendamos  la 
lengua  de  la  independencia,  al  menos  como  buen  augurio,  cuando  no  como 
una  preparación.  Y  estén  ciertos  que  el  magnánimo  senador  español  no 
se  ofenderá. 


Tenemos  la  mayor  satisfacción  en  cerrar  el  primer  grupo 
con  esta  cortés  negativa,  la  cual  atestigua  una  vez  más  que 
nuestros  hermanos  de  hoy  acreditan  ser  exactos  aquel  distin- 
guido porte  y  expresiva  hidalguía  que  todos  los  historiadores 
de  la  raza  sefardita:  alemanes,  franceses  y  turcos,  reconocen 
como  vinculados  en  nuestros  proscritos.  La  estocada  al  idioma 
español  es  digna  de  la  ceremoniosa  corrección  con  que  herían 
los  caballeros  de  la  nobleza  que  conquistó  á  Granada,  y  cuya 
estampa  se  llevaron  meses  después  por  esos  mundos  nuestros 
hermanos.  Nos  haremos  cargo  de  ella. 

B, — Autonomistas. 

Pasemos  á  la  segunda  tendencia:  la  de  los  amantes  del 
judeo-espafiol  como  idioma  autónomo,  y  en  este  sentido  se  nos 
presenta  como  paladines  los  Sres.  D.  Samuel  S.  Levy  y  don 


115 


Enrique  Bejarano,  realmente  más  que  por  las  manifestaciones 
que  han  tenido  la  bondad  de  comunicarnos,  por  las  que  hicie- 
ron años  atrás,  y  por  las  posiciones  que  ocuparon  en  ese  debate 
tempestuoso  y  duradero  que  Francos  y  el  mismo  S.  Levy  nos 
describen. 

Publicamos  á  continuación  la  carta  que  nos  dirigió  con 
fecha  8  de  Junio  de  1904  el  Sr.  Levy,  donde  describe  con 
mano  maestra  la  lucha  que  mantuvo  á  favor  del  judeo-español. 
Es  un  documento  interesante  que  dimos  á  conocer  al  público 
español  desde  las  columnas  de  El  Liberal: 

Usted  me  hace  el  honor  de  demandarme  algunos  detalles  sobre  la 
prensa  judeo-espafiola  actual.  Este  capitulo,  muy  honorado  señor  mió,  es 
muy  largo  y  ocuparía  a  el  solo 
mas  muchas  columnas  que  la 
cuestión  de  los  chapeos  de  da- 
mas. 

Asta  diez  años  antes,  la 
prensa  judeo -española  de 
Oriente  no  jugo  casi  ningún 
rolo  en  la  vida  sociala  de  los 
israelitas  de  lengua  española. 
Las  razones  de  esta  media 
oscuridad  en  la  cual  vivian 
nuestros  periódicos  eran  di- 
versas y  múltiples:  l.o,  la  ig- 
norancia de  la  masa  judia;  2. o, 
la  indiferencia  desproporcio- 
nada de  la  clase  selecta  que, 
por  conocer  una  o  dos  lenguas 
estran jeras,  se  juzgava  en- 
franqueada  de  todo  obligo  en- 
verso  la  lengua  de  sus  abuelos,- 
3.0,  la  poca  valor  intrínseca  de 
los  diarios  que  eran  escribidos 
en  una  lengua  abscensa,  abas- 
tadreada  sigun  la  ciudad;  aqui 
eran  los  términos  turcos  que 

dominavan;  alli  eran  las  expreciones  francesas;  en  un  tercio  lugar  era 
la  construcción  italiana  de  las  frases.  A  esto  conviene  ajuntar  la  poca 
sustancia  del  contenido  de  los  periódicos  que  parecían  unos  instrumen- 
tos rebarbativos  de  moral,  y  una  moral  seca,  como  convenia  en  una 
época  ande  habia  a  combatir  con  dos  elementos:  la  censura  y  el  fanatis- 
mo del  pueblo. 


FiG.  15.  —  Samuel  S.  Levy,    periodista  afama- 
do; director  de  La  Epocn,  de  Salónica. 


116 

Cada  uno  de  estos  puntos  demanda  un  estudio  especial  ma  no  es  ni 
la  hora  ni  el  lugar  de  hacerlo.  Todos  estos  tropiezos  desparecieron  casi 
hoy.  La  transformación  fué  tanto  subitaña,  la  transición  tanto  brusca,  que 
se  deciria  que  un  mago  vino  en  estas  partes,  nos  apaño  en  sus  alas,  nos 
llevo  a  miles  y  milares  de  kilómetros  adelante  y  con  su  baqueta  mágica 
tocó  sobre  nuestros  hombros  y  nos  despierto  del  ondo  sueño  en  el  cual 
nos  complacimos  mientres  lungo  tiempo.  A  penas  abrimos  nuestros  ojos 
que  nos  metimos  con  una  ardor  de  neófito  a  la  obra  y  asi,  en  pocos  años 
nuestros  periódicos  cumplieron  progresos  relativamente  extraordina- 
rios. Conseguentemente  el  judeoespañol  marchó  y  camina  aun  a  pasos 
de  gigante  verso  un  mejoramiento  de  mas  en  mas  cierto. 

Debo  reconocer  aqui  que  el  principal  factor  de  este  despiertamiento, 
el  mejor  alúdante  de  el  mago  fué  el  «hecho  Dreyfus»  (Vaffaire  Dreyfus). 
Los  israelitas  del  mundo  entero  se  apasionaron  por  esta  celebre  causa. 
Nuestros  compatriotas  segueron  el  corriente  y  se  metieron  a  leer  nuestros 
diarios,  no  conociendo  otra  lengua.  Poco  a  poco,  ellos  se  acustumbraron 
y  hoy  no  se  pasan  sin  lectura. 

Este  judeo-español  ¡cuantas  luchas,  cuantos  desagradamientos  el  me 
costa!  Desde  doce  a  trece  años  que  las  circunstancias  me  hicieron  el 
defensor  de  este  idioma  que  yo  aficiono,  sería  dificil  de  contar  la  cuanti- 
dad de  polémicas  que  sostuve  con  todos  los  adversarios  del  judeo-español. 
La  causa  que  hico  de  La  Ej^oca  el  campeón  del  judeo-español  vale  de 
decirse: 

Hacen  catorce  años,  algunos  pretendidos  periodistas  judios,  se  metie- 
ron en  mientes  de  hacernos  abandonar  nuestro  idioma-madre  por  adop- 
tar otro:  el  turco,  el  francés  o  el  italiano.  Lo  que  hay  de  mas  extraño  es 
que  estos  gaceteros  escribían  ellos  mesmos  un  malo  judeo-español  y  vivían 
de  este  jerigonza.  Ellos  nos  acusavan  de  persistir  a  hablar  una  lengua 
que  debíamos  aborrecer  visto  las  sofriensas  que  nuestros  abuelos  sopor- 
taron en  España.  Fuera  de  este  punto  que  agitava  en  nosotros  la  fibra 
nacional,  los  otros  argumentos  me  parecían  muy  poco  serios.  Y  las  discu- 
cionea  empezaron.  Empezadas  sobre  el  tono  el  mas  cortes,  las  polémicas 
degeneravan  siempre  en  personalidades.  Los  adversarios  del  judeo-espa- 
fiol  empleavan  razonamientos  poco  basados  a  los  cuales  nos  esforzava- 
mos  de  oponer  la  lógica,  la  ciencia,  la  historia  y  sobre  todo  el  ejemplo. 
Por  dar  mas  fuerza  a  la  causa  que  sosteníamos  en  La  Ej)oca  yo  agrupi  a 
mi  rededor  cerca  trenta  mansevos  salidos  todos  de  las  escuelas  de  la 
iAUiance  Israélitei),  que  se  metieron  a  colaborar  con  actividad,  por  incul- 
car un  espíritu  nuevo,  por  dar  nueva  sangre  a  nuestras  gacetas.  Fuera  de 
esto,  yo  emprendí,  mientres  tres  años,  viajes  circulares  en  todo  el  Oriente 
ande  hice  conferencias  sobre  cuestiones  nacionales  y  particularmente 
sobre  el  judeo-español. 

Aquí,  en  Salonico,  en  Constantinopoli,  en  Brusa,  en  Smirna,  en  Andri- 
nopoli,  en  Cavalla,  en  Sofía,  en  Filipopoli,  en  Tatar-Bazardjik  y  en  otras 
localidades  la  masa  se  despachurrava  en  las  salas  de  conferencias,  y  con 
sus  aplausos  entusiastas  dava  el  mas  brutal  desmentido;  un  cruel  bofetón 


117 

a  nuestros  adversarios  que  no  tenían  al  meno  la  pudor  de  dar  el  ejemplo 
en  rompiendo  sus  plumas  y  en  renunciando  las  primeras  a  hablar  «este 
jerigonza  aborrecido,  corrompido,  abastardeado,  etc,  etc.»  Naturalmente, 
todo  en  recomendando  de  conservar  y  de  purificar  el  judeo-español,  yo 
inducía  seriamente  nuestros  correligionarios  a  estudiar  con  toda  sus  alma 
la  lengua  del  país,  lo  que  conaiderava  como  un  deber  patriótico,  santo  y 
como  un  menester  absoluto. 

La  mayor  parte  de  mis  conferencias  y  todas  las  polémicas  fueron  pu- 
blicadas en  La  Época  y  formarían  muchos  volúmenes.  Cuando  terne  el 
honor  de  encontrar  con  usted,  yo  me  hacere  un  agradable  placer  de  entre- 
tenerlo mas  largamente  de  esta  cuestión  que  nos  apasiona  desde  doce 
años. 

La  Época  tenia  tomado  por  devisa  a  sus  campañas,,  la  frase  seguente 
de  uno  de  sus  redactores: 

«  Que  hablen  de  mi  obra;j> 
len  bien  o  en  mal,  mai> 
tqiie  hablen. y> 

En  efecto,  todos  hablaron  y  hablaron  sin  detenersen.  A  tal  punto  que 
vimos  en  pocos  años  el  judéo-español  dar  floresencias  literarias  y  poéti- 
cas; las  traducciones  de  obras  diversas  aumentaron  en  proporciones  .enor- 
mes; yo  compuse  mesmo  tres  ovras  de  imaginación,  diversas  novellas,  por 
hacer  ver  que  nuestro  jargon  se  prestava  a  todo  y  era  suseptible  de  per- 
fectionam lento,  sin  verse  sustituir  cual  fuese  lengua  ni  mesmo  el  puro 
español  de  España.  En  mientres  fueron  también  traducidos  y  metidos  al 
estudio  de  parte  jóvenes  amadores,  miembros  de  la  sociedad  filadramatica 
«ia  Bohémey>  varias  piezas  de  teatro  (dramas,  comedias). 

Que  triunfo  fueron  las  representaciones  de  estas  piezas!  Que  entusias- 
mo! Que  delirio!  Cuanto  vibravan  los  cienes  de  espectadores  de  los  ojos 
de  los  cuales  corrían  torrentes  de  lagrimas  de  placer.  Figurece  usted  que 
hubieron  coronas  ofrecidas  a  las  graciosas  artistas  y  que  llevavan  inscrip- 
ciones como  estas:  <íViva  el  jucleo-españolh  iFor  la  lengua  madre!^  '(Ade- 
lante La  Época!  i  etc.,  etc.  De  estas  coronas  en  formas  de  liras,  de  gavi- 
llas, de  canastillos,  median  un  metro  y  mas  de  altura. 

Repeto  a  usted  que  llevaría  muy  lungo  de  poder  darle,  en  una  carta 
escrita  con  la  celeridad  a  la  cuala  me  condenan  mis  ocupaciones,  detalles 
(pormenores)  mas  largos  sobre  el  judeo-español  lo  porvenir  del  cual  yo  lo 
veo  muy  brillante.  Este  porvenir  sera  encoronado  el  dia  ande  España  se 
decidirá  a  enviar  en  Oriente  profesores  de  lengua  que  contribuirán  al 
mejoramiento  del  judeo-español,  como  la  aliance  israelite  contribuí  al  rele- 
vamiento  moral  de  los  israelitas  de  Oriente.  Entonces  España  conocerá  lo 
que  valen  sus  ijos  desterrados. 

Usted,  señor  senador,  puede  hacer  acercar  este  tan  ventureso  dia. 
Para  esto,  su  venida  en  nuestra  región  con  una  comisión  de  otros  ciencia- 
dos  seria  de  un  potente  concurso.  Y  p¿.ra  mi,  muy  estimado  señor  mió,  el 
mejor  dia  de  mi  vida  sera  aquel  onde  puedre,  en  su  presencia,  bajar  las 
collecciones  de  La  Ejjoca  y  leerle,  con  la  misma  emoción   que  yo  los  es- 


118 

crivi,  algunos  articolos  de  la  larga  serie  que  he  tenido  el  honor  de  consa- 
crar  al  judeoespañol,  la  lengua-madre  al  altar  de  la  cuala  soy  dispuesto  a 
sacrificar  lo  poco  de  energía  que  me  queda. 

En  esta  dulce  esperanza,  le  ruego,  señor  y  muy  distinguido  senador 
de  querer  bien  agradecer  la  exprecion  de  los  homenajes  profundamente 
respetuosos  de  su  servidor  q.  b.  s.  m. 

Samuel  S.  Levy. 

Pero  realmente  quien  se  presentó  como  un  verdadero  pala- 
dín de  la  autonomía  de  la  jerga  castellana,  causándonos  su 
artículo  viva  sorpresa,  fué  nuestro  inteligente  y  joven  compa- 
triota D.  R.  Cansinos  Assens,  un  descendiente  de  lejanos  circun- 
cisos, laborioso  y  entusiasta  colaborador  de  nuestra  campaña. 

La  opinión  suya  apareció  en  el  Journal  de  Salonique  (27  de 
Junio  de  1904),  en  un  artículo  dedicado  al  director  de  La  Época, 
D.  Samuel  Levy,  y  reproducimos  parte  de  él  porque  expresa 
con  mucha  decisión  y  claridad  esta  tendencia  á  convertir  en 
una  lengua  (judesmo)  el  actual  ladino. 

Dice  así: 

Por  una  carta  del  Sr.  Profesor  Nehama,  de  Salónica,  dirigida  á  don 
Ángel  Pulido  y  publicada  en  El  Liberal  de  Madrid,  nos  enteramos  de 
las  tres  tendencias  que  entre  los  judio-espanoles  de  Oriente  se  señalan  al 
tratar  de  emplear  un  idioma,  como  órgano  de  expresión.  Yo  no  puedo 
menos  de  expresar  mi  adhesión  á  la  feliz  idea  del  redactor  de  La  Época, 
Sr.  Levy,  de  favorecer  el  desarrollo  especial  de  la  jerga  ladina  que  habla 
el  vulgo  judío-español  de  esos  paises,  hasta  hacer  de  él  un  idioma  capaz 
de  cargar  con  el  peso  de  toda  una  literatura. 

Esta  idea  del  Sr.  Levy  me  ha  llenado  de  entusiasmo,  y  me  ha  movido 
á  expresarle,  desde  esta  España  lejana,  mi  afectuosa  adhesión.  Yo  no  se 
como  decirle  el  entusiasta  fervor  con  que  mi  alma  ha  acogido  su  nobilí- 
sima idea.  No  soy  partidario  de  regenerar  la  jerga  que  hoy  se  habla  ahi 
en  el  sentido  de  aproximarla  á  nuestro  castellano  actual.  Adoro  en  esa 
jerga  su  candor  y  su  donaire,  y  ese  su  estilo  sencillo  y  arcaico  que  da  un 
tono  de  fábula  á  todas  las  cosas,  é  imprime  á  todas  las  ideas  un  sello  de 
gracia  y  gentileza.  Adoro  también  en  ella  el  que  me  proporcionan  el 
encanto  de  ver  que  hoy  se  hable  y  se  escriba  como  en  tiempos  de  nues- 
tros clasicos.  Y  esto  es  lo  que  precisamente  temo  que  pierda  al  ser  rege- 
nerada esta  habla  amable. 

Nuestro  castellano  de  hoy  ha  sufrido  mucho  la  influencia  del  francés, 
hasta  el  extremo  de  perder  casi  su  ser  original  y  haber  muy  pocos  escri- 
tores,—  Valle-Inclan,  K.  Jiménez,  A.  Pulido,  etc.,  — que  lo  escriban  bien. 
La  precipitation  en  apropiarnos  la  cultura  extranjera  ha  sido  causa 
de  que  justamente  con  las  ideas  hayamos  tomado  las  palabras,  desnatu- 


119 

ralizando  nuestro  propio  idioma.  Palabras  castizas  y  muy  propias,  que 
vosotros  los  judeo-espafioles  empleáis  aun,  han  sido  sustituidas  entre 
nosotros  por  otras  de  menos  vigor  y  exactitud.  Las  letras  españolas  están 
hoy  en  crisis.  Por  todo  esto  yo  creo  que  vuestra  habla  no  ganaría  gran 
cosa  con  querer  incorporarse  al  castellano. 

Mucho  mas  racional  me  parece  lo  que  Sam.  Levy  tan  brillantemente 
propone.  Cultivar  esta  jerga,  favoreciendo  el  desarrollo  de  sus  elemen- 
tos peculiares,  sin  perder  nunca  de  vista  la  lengua  madre  de  que  se  deriva. 
Hacer  de  ella  una  lengua  literaria,  capaz  de  expresar  todos  los  matices  del 
sentimiento,  y  todas  las  modernas  ideas.  El  prof.  Nehama  parece  sonreír 
de  esta  empresa,  por  temeraria.  Yo  no  la  creo  asi.  Su  éxito  depende  en 
gran  parte  del  literato  que  la  tome  á  su  cargo.  Traduzca  el  Sr.  Levy  las 
obras  que  se  propone,  trabaje  la  lengua,  invente  vocablos  si  es  preciso, 
dentro  siempre  de  su  genio  gramatical,  y  no  dude  que  surgirá  de  entre 
sus  manos  un  nuevo  y  gentil  idioma.  En  él  podrá  expresar  esa  grey  israe- 
lita mejor  que  en  ningún  otro  sus  ideas,  porque  se  habrá  formado  á  su 
imagen  y  semejanza. 

Yo  creo  muy  sensata  la  tendencia  que  el  Sr.  Levy  dirige  y  patrocina. 
A  los  idiomas  no  cabe  regenerarlos.  Son  como  son.  Lo  que  si  se  puede  es 
favorecer  su  desarrollo  y  gestación.  Y  esto  es  lo  que  yo  creo  deber  de  todos 
los  escritores  judeo-espafioles  de  esos  paises. 

Yo  por  mi  parte,  me  permito  animar  al  Sr.  Levy  en  nombre  de  algunos 
literatos  de  España  y  rogarle  continué,  sin  desmayar,  en  su  empresa,  por 
la  que  todos  los  amantes  de  la  pureza  de  lenguaje  le  damos  gracias. 

III. — Eclécticos. 

Concedemos  una  importancia  extraordinaria  á  la  defensa 
de  la  tendencia  que  Llamaremos  oportunista,  la  cual  á  continua- 
ción verán  nuestros  lectores:  y  la  estimamos  así  por  varias  razo- 
nes; á  saber:  No  nos  habla  un  indi\TLdüo  en  ella,  sino  que  nos  ha- 
bla toda  una  sociedad  académica. — No  es  una  sociedad  cualquie- 
ra la  que  razona,  sino  que  es  la  Sociedad  Esperanza,  fundada 
exclusivamente  para  mantener-  la  lengua  española  y  hacer pos^ible 
á  SKS  miembros  la  instrucción  científica  y  literaria,  según  reza  el 
artículo  de  sus  Estatutos. — No  constituyen  esta  Sociedad  perso- 
nas insignificantes,  sino  que  la  forma  aquella  juventud  intelec- 
tual del  pueblo  judeo-español  que  hoy  habita  en  los  Balkanes;  los 
descendientes  de  la  grey  proscrita,  que  laboran  con  energía — 
según  nos  dijeron  en  su  notable  carta  del  5  de  Abril  de  1904, 
leída  por  muchos  miles  de  españoles  en  las  columnas  de  El  Li- 
beral, de  Madrid, — por  el  adelantamiento  y  derechos  de  la  nación 


120 

judía  y  su  regeneración:  sentimientos  que  agitan  á  los  miem- 
bros de  su  Sociedad  para  que,  acabados  sus  estudios,  vuelvan  á 
su  patria  y  se  pongan  en  contacto  con  su  gente. — No  residen  es- 
tos jóvenes  en  cualquier  obscuro  rincón  del  planeta,  sino  que 
se  juntan  en  Viena,  uno  de  los  focos  de  cultura  y  de  progreso 
más  l)rillantes  del  mundo  — No  cursan  en  modestos  colegios, 
sino  que  se  alistan  entre  los  que  pisan  los  altos  centros  univer- 
sitarios.— Y  no  les  mueve  atracción  ni  repulsión  á  España,  sino 
que  razonan  y  acuerdan  como  quienes  prescinden  de  las  injus- 
ticias y  desaciertos  de  la  historia,  aspirando  solamente  á  los 
aciertos  y  justicias  de  lo  futuro. 

Tenemos  singular  afecto  á  esta  Sociedad.  Después  del  en- 
cuentro con  Bej araño,  fueron  sus  Estatutos  y  su  Manifiesto  del 
15  de  Enero  de  1900 — publicado  en  nuestro  primer  libro — los 
que  nos  decidieron  á  emprender  la  campaña  que  poco  á  poco 
vamos  realizando;  y  esto  nos  obliga  con  ellos.  A  sus  propósitos 
y  sus  entusiasmos  dirigimos  nuestra  carta  leída  ante  sus  socios, 
en  Viena,  por  el  Dr.  Pulido  (hijo),  y  publicada  en  El  Liberal  del 
17  de  Febrero;  á  ella  enviamos  los  nueve  paquetes  de  libros  es- 
pañoles que  autores  afamados,  gloria  de  las  letras  españolas, 
regalaron  con  tal  objeto,  y  de  ella  se  han  ocupado  con  aplauso 
muchos  periódicos  españoles. 

Por  estas  nuestras  cariñosas  y  excepcionales  relaciones 
evacuaron  con  excepcional  solemnidad  la  consulta  que  les  hi- 
cimos. Se  juntaron  en  sesión,  examinaron  nuestro  libro  ante- 
rior, nombraron  un  ponente  distinguido,  D.  Isidoro  Sumbul, 
estudiante  de  Técnica  y  expresidente  de  la  Sociedad,  quien  re- 
dactó un  dictamen  sobre  éste  y  otros  puntos  no  menos  intere- 
santes á  la  vida  del  pueblo  judío;  formuló  las  conclusiones; 
sometieron  éstas  á  una  votación,  y  el  todo  se  nos  comunicó 
oficialmente,  en  una  Memoria  de  16  páginas  en  folio,  fechada 
en  Viena  el  24  de  Agosto  de  1904  y  firmada  por  su  distingui- 
do presidente  Sr.  Moritz  Levy.  Hemos  pensado  unas  veces  ex- 
tractar esta  Memoria  y  otras  dar  no  más  que  sus  trozos  más 
importantes;  pero  al  fin  nos  hemos  rendido  á  la  decisión  de 
publicarla  íntegra.  La  campaña  sionista  que  en  ella  se  defien- 
de, rectificando  los  ideales  lingüísticos  que  primero  sostu- 
vo esta  Sociedad;  la  noble  sinceridad  que  el  escrito  revela;  la 


121 


simpatía  que  nos  inspiran  los  jóvenes  socios  de  la  Esperama, 
por  lo  que  tienen  de  sefardíes  y  por  lo  que  como  juventud  in- 
telectual representan,  y  el  firme  propósito  de  traer  á  este  libro 
testimonios  autorizados,  que  permitan  formar  un  juicio  lo  más 
exacto  posible  de  los  aspectos  varios  que  presenta  nuestra  em- 
presa, motivos  son  que  nos  aconsejan,  y  hasta  exigen,  reprodu- 
cir íntegramente  dicha  comunicación.  Sin  hipérbole  alguna  po- 
demos decir  que  es  un  documento  de  interés  político,  social  y 
económico,  y  que  puede  tener  su  valor  en  la  historia  de  estas 
relaciones,  que  deseamos  vuelvan  á  unir  á  España  y  sus  expa- 
triados hijos: 

He  aquí  la  Memoria  dicha : 

Al  ilustre  señor  senador  por  la  Universidad  de  Salamanca  Don  Ángel 
Pulido, 

en  Madrid. 

Muy  distinguido  señor  mió  y  de  mas  alta  consideración:  Heme  en  fin 
con  la  pluma  en  la  mano  por  meter  termino  á  mi  larga  calladez  y  cumplir 
una  rogativa  aderesada  en  su  ultima 

carta á  nuestra  sociedad  «Esperanza»,  i  —      —    -•=-=■ 

onde  Vd.  nos  pide  por  nuestras  mo-  j 

destas  ideas  sobre  este  delicado  asun- 
to, cual  ocupa  á  Vd.  con  tan  ardientes 
sentimientos. 

Honorado  señor:  hé  leido  su  pre- 
ciado libro  «Los  judios  españoles  y  el 
idioma  castellano»  como  también  los 
muchos  articolos  que  Vd.  publico  en 
El  Liberal  y  España,  cualos  diarios 
me  fueron  por  Vd.  tan  cortesamente 
enviados,  sobre  cualo  le  pido  degnar 
recibir  mis  profundos  agradesimien- 
tos. 

Me  es  imposible  por  expresar  las 
impresiones  que  —  como  judio  —  mi- 
corazon  siente  en  leendo  su  libro, 
como  también  sus  articolos  yenos  de 
amor  y  amistad  por  nuestra  nación 
judia.  Una  moción  niervosa  seempa- 
trona  de  mi  cuerpo,  mispenserios  se 
revueltan  y  en  vano  busco  por  cal- 
marme, dar  á  mis  penserios  una  dirección  y  exprimir  mis  sentimientos. 
En  mi  memoria  suben  recuerdos  de  ¡a  historia  de  nuestros  abuelos  en 
España.  Gloria,  riqueza,  sencias  y  adelantamiento,  decadencia,  miseria. 


FiG.  16. — Moritz  Levy,  estudiante 
de  Filosofía  j'  presidente  de  la  So- 
ciedad israelita  española  Esperanza, 
en  Viena. 


122 

desterramiento;  delantre  mis  ojos  torna  suben  los  horribles  images  de  los 
tribunales  de  la  inquisición,  que  mi  fantasía,  en  mi  tierna  edad,  se  pinta- 
ba en  la  mas  horrible  manera,  mi  espirito  atravesa  en  un  brinco  la  histo- 
ria de  los  judíos  en  España,  el  espacio  de  7  siglos  se  abre  como  un  vasto 
campo  á  mi  vista,  y  la  fin,  la  triste  ñn  de  1492  se  empatrona  de  mi  fantasia. 
De  nuevo  se  me  presenta  la  cuestión,  cuala  en  mi  niñez  me  preguntaba 
y  jamas  hallaba  quien  me  diese  respuesta:  cMa  que  hicieron  nuestros 
abuelos  para  que  fuesen  persiguidos  en  tal  manera?>  <Es  posible  que  no 
se  hallo  un  corazón  humano  que  interviniese  por  ellos?» 

De  entre  estas  horribles  fantásticas  imaginaciones,  de  entre  visiones 
de  persiguimientos,  muerte  y  éxito,  de  entra  estas  nieblas,  sube  delantre 
mis  ojos  una  luz  de  una  lineas  escritas  con  caracteres  de  fuego: 

«Sefaradim,  los  que  lleváis  en  vuestros  nombres  apellidos  españoles, 
habláis  el  castellano  y  guardáis  en  vuestras  almas  los  venerados  recuer- 
dos y  lacrimosas  nostalgias  de  la  Patria  perdida:  ¿Sois  desgraciados  porque 
-os  persiguen,  os  saquean,  os  matan,  y  leyes  de  exepción  amenazan  vues- 
tra existencia?  Aqui — <en  España»  —tenéis  un  refugio!» 

O  luz  devina,  rayos  de  libertad  y  alforia!  Tu  única  dadiva  de  Dios  á 
sus  criados!  Cuanto  eres  preciosa  puede  contemplar  solamente  el  povre 
cautivo  de  su  oscura  y  honda  cárcel. 

O  lineas  de  paz,  cuanto  grande  fuere  tu  bendición  si  aparesiáis — aun- 
que en  la  diezma  cantidad—  5  siglos  antes!  De  cuantas  matanzas,  cuantos 
persiguimientos  y  cuantas  desgracias  salvaríais  la  humanidad!  O  libertad 
para  cualo  necesitas  exigir  de  los  hombres  un  alto  grado  de  educación 
para  que  pueda  concebirte?!  Porque  no  apareces  á  ellos  ainda  en  su  tierna 
edad  y  los  aprendes  á  preciar  tu  valor  y  tu  bendición? 

Si,  es  de  su  articolo,  noble  señor,  de  su  articolo  aparesido  en  el  diario 
España  del  12  de  Julio  de  1904  que  quiero  hablar,  cual  abunda  en  un 
sincero  y  esmoviente  amo  por  nos  judios-españoles.  Créame  Vd.,  que  al 
leerlo  fue  esmovido  hasta  lo  hondo  de  mi  alma  y  lagrimas  de  consolación 
corrían  de  mis  ojos.  Son  muy  raras  las  veses,  aunque  de  las  plumas  las 
mas  libéralas,  sean  escritos  pasajes  semejantes  por  nos  judios.  Vd.  no  se 
podra  imaginar  cuanta  consolación  siente  el  corazón  de  un  pueblo  abatido 
en  leendo  ansí  una  habla  llena  de  amor  y  nobleza,  aderesada  á  el  por  un 
tan  ilustre  señor,  y  veendo  que  no  todo  es,  sino  persicucion  alómenos  un 
yelado  indeferentismo.  Gracias,  noble  corazón,  gracias! 

Si  aunque  sus  esfuerzos  no  serán  coronados  con  eucceso,  sus  palabras 
de  amor  y  consolación  aderesadas  á  nuestro  pueblo,  jamas  se  borraran 
de  nuestra  memoria. 

Si,  España  guida  solamente  por  sentimientos  mas  altos  puede  aderesa- 
rase  á  sus  expatriados  hijos  y  buscar  de  asercarlos,  según  Vd.  muy  bien 
lo  dice,  siendo — aunque  mis  ideas  en  reguardo  á  la  industrias  son  mini- 
malas,  ya  sin  valor — yo  creo  auna  con  el  señor  Maeztu,  que  España,  al 
menos  por  largo  tiempo,  no  tirara  de  esta?  emprisa  provechos  materiales. 

Muy  honorado  señor:  Antes  de  pasar  á  el  referato,  que  por  una  noche 
el  expresidente  de  nuestra  sociedad,  señor  Isidor  Sumbul,  estudiante  en 


123 

technica,  conserniendo  la  cuestión  «Los  judios  españoles  y  el  idioma  cas- 
tellano >  ha  leído  en  nuestra  sociedad,  creo  no  sera  imperfluo  de  notificarle 
en  breves  lineas  el  gran  movimiento,  que  quasi  12  años  ocupa  la  nación 
judia  de  entero  el  mundo,  aunque  muy  seguro  Vd.  ya  estara  informado  de 
este  movimiento,  nombrado  cCionismo». 

Las  persecuciones  contra  los  judios  en  Rusia,  como  también  movi- 
mientos antesemiticos  en  Alemana  etc.  ocasionaron  á  nuestro  gran  guia- 
dor el  difunto  Dr.  Theodor  Herzl  por  aprofundirse  en  la  cuestión  de  la 
nación  judia,  cual  fruto  de  sus  meditaciones  vieron  la  luz  en  su  obra 
<Judenstaat>  (:<E1  estado  judio»:).  Su  conclusión  es:  la  cuestión  judia  se 
puede  absolver  solamente,  en  restabilisiendo  un  estado  judio  en  Palestina 
(Palestina:  en  agurdo  á  los  sentimientos  y  tradiciones  histricas  que  los 
judios  nuentien  por  la  misma).  No  solo  su  existencia  social,  prencipal- 
mente  su  existencia  moral,  su  cultura  depende  únicamente  de  esta  abso- 
lución. La  asimilación  causo  á  la  nación  judia  fuertes  y  innumerabiles 
daños.  Hombres  de  mas  grande  capasidad,  no  sustenidos  por  el  amor  na- 
cional emplean  sus  fuerzas  al  provecho  ajeno  y  grande  partida  son  perdi- 
dos enteramente  por  la  nación  judia. 

La  divisa  del  cionismo  es:  «Judio!  atrás  á  tu  nación»!  «Tu  judio,  que 
hablas  el  ingles,  francés,  alemano  etc.  y  te  estimas  como  indeviduo  de 
confección  mosaica  de  la  mesma  nacionalidad,  sos  subdito  ma  no  de  na- 
ción inglesa  etc.  sos  judio  de  nación.  Como  tal  debes  laborar  por  tu  nación 
en  dando  á  tus  hermanos  persiguidos  un  estado  autónomo  y  á  tu  cultura 
nacional  un  caractero  propio.» 

Que  este  apelo  penetro  hasta  lo  hondo  del  corazón  de  miliones  de  ju- 
lios se  deja  bien  concebir. 

Pocas  son  las  suidades  habitadas  por  judios  onde  no  existen  socieda- 
des cionisticas.  Mismo  en  America,  Australia,  India,  Caucasia,  Sibiria  y 
en  Capland  de  África  del  sud  enfloresen  cada  dia  sociedades  y  organiza- 
ciones cionisticas,  cualo  nos  da  fuerzas  nuevas  en  nuestro  combate  y  nos 
inche  de  esperanza! 

No  exista  universidades  preqnentadas  por  una  cuantidad  de  estudian- 
tes judios  onde  no  fue  fondada  una  sociedad  academicana  con  tendencia 
nacional-cionistica.  La  universidad  de  Viena  conta  mas  de  800  estudian 
tes  judios,  cuales  se  esparten  en  grupos  de  13  sociedades  academicanas 
cuyo  designio  es  nacional  judio. 

Este  tan  grandioso  movimiento  entre  los  judios  del  mundo  entero 
para  restabeleser  su  nación  con  su  glorioso  pasado,  no  pudo  y  á  nosotros 
judios-espafioles  pertenecientes  á  ideales— en  primer  lugar  como  judios — 
dejarnos  indiferentes.  Nuestra  sociedad  «Esperanza»  conta  ahora  y  ella 
entre  las  sociedades  acad.  cionisticas  de  Viena,  con  su  sublime  ideal:  la 
regeneración  de  la  nación  hebrea,  y  disgnia:  de  despertar  el  acuerdo  judio 
nacional  entre  sus  socios  y  entre  los  judios  españoles  del  Oriente. 

El  nuevo  designio  de  nuestra  sociedad:  la  regeneración  de  nuestra  na- 
ción no  envuelve,  sin  embargo,  ninguna  contradicción,  con  la  regeneración 
de  nuestro  ideoma  español,  al  contrario,  el  postero  es  ya  un  medio  para 


124 

llegar  al  primero:  y  por  esta  razón  profesamos  aun  carifío  por  esta  sublime 
lengua,  y  manifestamos  el  deseo  oiría  en  estesa  hermosura  entre  nuestros 
judios  españoles  del  Oriente;  es  la  consecuencia  del  vivo  afecto  que  nos- 
otros experimentamos  por  todo  lo  que  recuerda  el  glorioso  pasado  de 
nuestros  abuelos  en  la  anciana  España. 

Esto  que  vengo  de  comunicar  me  párese  ser  indispensable  por  poder 
manifestar  sinceramente  la  posición  nacionala  de  nuestra  sociedad  y  de 
miles  de  judios  españoles  que  mantienen  los  mismos  sentimientos  que 
nosotros.  Ahora  paso  al  referato  cuya  parte  esenciela,  solamente,  tengo 
el  honor  de  comunicarle. 


Mis  señores:  Cale  que  aga  particular  impricion  la  noticia,  que  en  Es- 
paña se  dejan  oir  voses  publicas,  que  hablan  en  favor  de  judios.  Son  raras 
las  veses  onde  un  movimiento  filojudio  salga  á  luz  sin  que  sus  iniciadores 
se  guarden  claramente  o  ocultamente  en  los  judios.  Aqui  son  los  autores 
españoles  arios,  y  los  judiqs  apenas  son  informados  de  la  cosa. 

El  acontecimiento  tiene  mas  de  extraordinario,  que  se  labora  en  favor 
de  judios,  cualos  España  no  tiene  (sabido  que  España  es  habitada  por  una 
cuenta  minimal  de  judios).  Este  movimiento  es  por  los  judios  que  en  1492 
fueron  forzados  de  quitar  España,  y  establecidos  ahora  por  el  Xorde  de 
África,  Asia  Minor  y  los  estados  balcánicos.  Oy,  después  de  mas  de  4  si- 
glos, se  levanta  un  hombre  de  reputación  en  su  patria  España,  saluda  á 
estos  judios  como  sus  hermanos,  deplora  el  disastre  de  su  tierramadre  de 
1492,  que  con  la  terrible  expulsión  perdió  una  numerosa  cantidad  de  fieles 
y  provechosos  hijos  y  se  consagra  al  deber  de  tapar  la  fosa,  400  años  en- 
teros abierta,  entre  los  persiguidores  y  los  perseguidos  de  entonces,  y  de 
establecer  relaciones  esperitualas  y  mercantiles  entre  ellos,  cuando  una 
repatriación  en  masa  no  lo  dejan  las  circunstancias  actúalas.  Este  hombre 
es:  el  ilustre  señor  senador  por  la  universidad  de  Salamanca,  Don  Ángel 
Pulido  Fernandez. 

La  lengua  madre  español,  una  riquesa  de  tradición  oral  nacionala, 
usos  españoles  de  estos  judios  y  mas  el  cariño  que  partida  de  ellos  mani- 
f están  por  España,  hicieron  discubrir  al  Sr.  Pulido  en  estos  judios  espa- 
ñoles, sus  hermanos  y  el  exige  de  su  Patria  que  estos  sean  como  tales  y 
tratados. 

En  su  libro  <Los  judios  españoles  y  el  ideoma  castellano»  el  explica 
sus  opiniones  y  propone  los  modos  para  que  España  se  realcanse  sus 
<desterrados  hijos».  No  se  puede  el  leedor  resfuir  de  una  satisfaciente 
impresión  que  el  mentado  libro  hace  con  su  caloroso  lenguaje  y  intimidad 
fraternal,  con  cuala  el  autor  habla  por  sus  «hermanos»  los  judios. 

Mis  señores:  Es  verdad  nosotros  apreciamo  la  obra  del  señor  Pulido, 
nosotros  nos  sentimos  imocionados  acausa  del  sincero  amor  que  el  expe- 
rimenta por  nosotros.  Ma  no  debemos  olbidar,  que  nuestro  obligo  es: 
de  examinar  con  sangre  fría— dejando  por  un  momento  los  ideales  — si  la 
cosa  es  en  intereso  de  nuestro  pueblo,  y  si  el  alcanzara  provechos  reales 
de  este  asunto.  Nosotros  laboramos,  seguramente,  en  senso  del  señor  Pu- 


125 

lido,  en  guardando  nuestro  intereso.  Es  mas  que  evidente,  que  el  no 
envelunda  realizar  su  proyecto  á  cuanto  de  nuestra  posición  sociala  en- 
frente nuestros  compatriotas  arios  y  nuestro  propio  intereso. 

Honorada  junta:  Nuestra  lengua,  este  producto  de  una  400  años  larga, 
absoluta  inactividad  scientifica  y  literaria,  expuesta  inmediatamente  al 
influyo  venenoso  de  lenguas  ajenas,  no  esta  en  estado  de  dar  el  primo 
mantenimiento  espiritual  á  generaciones  civilisadas.  Ella  no  puede  sin 
ayuda  de  palabras  ajenas  exprimir  lo  mas  trivial;  una  disertación  scienti- 
fica ó  una  composición  literaria  en  la  lengua  que  el  pueblo  habla,  vos 
podéis  pensar  mas  ridiculo?  Sin  gramática,  sin  vocabulario,  sin  sus  carac- 
teres, abandonada  á  una  irresponsable  voluntariedad  esta  ella  tan  estro- 
peada, cuanto  varios  son  los  estados  que  los  judíos  españoles  moran. 

Mantiene  cada  judio  español  cariño  por  España?  No.  Ay  a  labora  inte 
reses  positivos  para  los  judíos  de  conservar  y  purificar  su  idioma?  Esta  es 
la  dirección  justa  en  cuala  debemosnos  encaminar  para  arivar  á  conclusio- 
nes justas  y  provechosas;  pues  en  el  mismo  camino  anda  y  el  señor  Puli- 
do en  su  proyecto.  El  llama  con  derechedad  su  obra  patriótica,  se  trata  de 
interesos  lingüísticos,  literarios  y  mercantiles  españoles.  Sacudimos  su  pla- 
no de  las  opiniones  altas  por  los  judíos,  cualas  hacen  ganar  nuestra  amis- 
tad, resta  único  una  obra  puro  patriótica.  Que  obra  patriótica  — seguro  judia 
— hacemos  nosotros  en  mantiníendo  nuestro  idioma  español?  Que  interesos 
judíos  resultan  de  la  conservación  y  purificación  de  esta  lengua?  Siendo  la 
circunstancias  en  cualas  los  judíos  españoles  se  hallan  no  son  en  todos 
los  lugares  la  mismas,  porque  los  países  habitados  por  ellos  se  diferencian 
en  muchos  reguardos  uno  de  otro,  así  el  provecho  ó  daño  que  la  lengua 
española  trae  á  los  judíos  es  diferente;  la  solución  no  es  tan  simple. 

En  esencial  se  dejan  apartar  los  países  habitados  por  judíos  españoles 
en  dos  grupos. 

1.)     países,  donde  exista  una  cultura  indígena. 

2.)     países  entregados  á  culturas  de  naciones  ajenas. 

1.)     grupo:  Bulgaria,  Servía,  Bosnia-Herzegovina,  Rumania,  Grecia  y 
Austria. 

2.)     grupo:  Turquía  europea  y  asiática,  Egypto,  Alger,  Tunis  y  Maroco. 
Vo  ocuparme  con  el  1.  grupo. 

Me  va  ser  fácil  de  convencervos,  mis  señores,  porque  sin  exepción,  to- 
dos apartenemos  á  este  grupo  de  países,  que  intereses  económicos,  socia- 
les y  cultúreles  abligan  á  los  judíos  de  abandonar  la  lengua  española.  Re- 
cordadvos  con  que  doloriosas  penas  tiene  el  hijito  judio-español  de  com- 
batir en  las  escuelas  para  apoderarse  de  la  lengua  del  país,  cuanto  difficil 
y  laborioso  es  su  estudio  á  causa  de  su  poco  conosímiento  de  la  lengua  de 
enseñanza.  Cuántos  jóvenes  espíritos  abiertos  judíos  se  dañan,  con  el  es- 
tudio mechanico  de  la  materia,  que  por  ignoranza  de  la  lengua  estudian 
sin  entender!  Cuantos  entropesos  se  entremeten  á  cada  judio  español  en 
estos  países  en  el  combate  por  su  esistencia,  por  la  misma  rason!  No  es 
evidente,  que  en  este  tiempo  de  constante  contacto  del  individuo  con  la 
generalidad  se  halla  en  grande  daño  económico  el  que  no  conose  el  modo 


126 

de  inteligibilidad  dominante  en  el  conserniente  país!  En  el  tiempo  presen- 
te, que  la  cultura  esta  penetrando  en  estos  países,  la  esta  cada  judio  bien 
remarcando.  La  cultura  esta  venturosamente  apoderándose  y  de  los  ju- 
dioB;  por  esto  su  lengua,  el  español  que  ellos  hablan,  no  es  capache  de  sa- 
tisfacer las  demandas  de  un  pueblo  que  se  esta  civilisando.  Esto  lo  siente 
muy  bien  cada  uno.  Por  cualo  no  reinchir  esta  falta  de  una  complida  ma- 
dre lengua  con  la  lengua  del  país,  cuando  rasones  económicas  nos  hacen 
su  convencimiento  perfecto  y  sin  esto  indispensable?  Y  es  posible  de  po- 
seer dos  lenguajes  perfectos?  Como  el  tiempo  presente  nos  lo  esta  ense- 
ñando, que  el  mejor  conocimiento  de  la  lengua  del  país  de  estos  judíos  es 
á  cuento  de  la  pureza  de  su  lenguaje  español — vos  es  sabido  que  justo  en 
los  últimos  decenios  se  daño  nuestro  español,  mas  de  lo  que  pudieron  200 
años  enteros  antes  hacer — .  Así  sera  la  purificación  de  nuestra  lengua  es- 
pañola á  cuento  de  la  lengua  del  país,  según  esto  contra  nuestros  intere- 
ses económicos.  Solo  económicos?  También  cultúreles  y  sociales.  Los  ju- 
díos españoles  formamos, — en  los  países  de  cualos  tratamos — un  elemento 
extranjero  malgrado  el  tiempo  de  4  siglos,  mientras  cualos  moramos  en 
ellos.  La  lengua  ajena  nuestra  es  la  que  de  nosotros  hace  los  mismos.  La 
mancanza  de  cultura,  que  hasta  quasi  poco  tiempo  reinó  en  estos  países 
nos  pudo  á  nosotros  judíos  tener  separados  de  los  compatriotas  no-judios; 
una  primitiva  mercancía  ocasionaba  únicamente  ua  contacte  muy  flaco 
con  ellos.  Pero  oy  que  nosotros  no  queremos  restar  atrasados  en  los  pro- 
gresos cultúreles,  no  es  el  asercamiento  á  la  muchidumbre  de  la  popula 
cion  del  país  para  nosotros  indispensable?  El  cultivamiento  complido  de 
ciencias  y  artes  ordona  este  asercamiento.  Y  pues  como  hijos  de  nuestra 
Patria  por  cualo  que  no  rendamos  nuestra  cooperación  á  la  literatura  del 
país?  Y  porque,  que  el  campo  literario  reste  para  nuestra  actividad  sera, 
do,  cuando  mas  de  su  importanza  culturil,  se  abren  lugares  numerosos 
para  asegurar  mas  de  alguna  existencia  de  judíos?  Con  el  abrazamiento 
de  la  lengua  del  país  contentamos  interesos  económicos  y  cultúreles  y  en 
consecuencia  nuestra  posición  social  es  elevada.  En  el  libro  del  señor  Pu- 
lido apartimos  la  proposición:  de  establecer  escuelas,  al  ejemplo  de  las  de 
la  «Aliance  Israelite  Universellej),  con  la  lengua  de  enseñanza  español. 
Va  ser  realisable  esto  en  el  primer  grupo  de  países  contra  los  momentos 
recios  como  peñascos  que  venimos  de  explicar?  Recordó,  que  en  Sofía  la 
escuela  de  la  «A.  I.  U.>  fue  transformada  en  una  escuela  con  lengua  de 
enseñanza  holgara  y  un  numero  minimal  de  hora  por  la  lengua  fran- 
cesa. 

Pasemos  al  secundo  grupo  de  países.  Que  se  conserve  o  abandone  el 
Español?  Si  lo  ultimo,  en  favor  de  cuala  lengua?  Aquí  responder  no  es 
fácil  como  antes,  siendo  las  circunstancias  políticas  y  culturiles  son  com- 
plicadas y  diferentes,  así  que  era  necesario  tratar  cada  país  separatamen . 
te  y  absolver  la  cuestión  en  mejor  interés  de  los  consernientes  judíos. 

Consideremos  por  ejemplo  la  Turquía:  La  lengua  del  estado  es  la  tur 
ca,  la  oficiel  secunda  es  la  francesa,  el  pueV^lo  habla  el  slabo,  greigo  y  ar. 
menio.  En  favor  de  cuala  pudría   el  judio  abandonar  su  Español?  Y  es 


127 

primura  en  este  estado,  un  mosaique  de  nacionalidades  y  linguajes,  que  se- 
esparten  los  judios  de  sus  lengua  espafiol?  En  Turquía,  como  en  resto  de 
los  países  del  secundo  grupo,  reina  el  influyo  como  también  la  cultura  de 
los  estados  de  Europo  del  occidente,  cuya  dominación  no  es  constante, 
varia  como  según  la  politica.  Por  ejemplo:  en  Turquía  se  hace  en  ultimo 
tiempo  perceptible  la  necesidad  del  conosimiento  de  la  lengua  alemana, 
á  causa  de  su  influyo  político,  como  industrial.  Entregar  por  esto  á  la  pa- 
pulación  judia  á  el  trocamiento  lingüístico,  como  también  dejarla  repartir 
en  partidas  con  diversas  madre-lenguas,  según  las  diversas  ocupaciones 
individuales  lo  riqueren,  es  daño  por  su  desarrollo  nacional  como  cultu- 
ril.  La  unidad  nacional  que  se  manifesta  en  primer  punto  en  la  unidad  de 
la  lengua  va  ser  perdida  por  este  país. 

Es  seguro  que  la  absolución  de  la  cuestión  se  debe  basar  sobre  el 
principio,  que  en  cada  país  los  judios  formen  como  interior  así  y  exterior 
un  factor.  Consideramos  mas,  que  el  Español,  en  el  secundo  grupo  de 
países,  esta  no  tan  longe  del  castellano  moderno,  así,  que  su  purificación 
causara  relativamente  poca  pena,  á  la  hora  es  de  recomendar  porque  en 
los  países  del  secundo  grupo  el  Español  se  conserve  y  purifique.  Digo 
tpurifique^ .  Es  superfino  didicar  mas  palabras  al  escopo,  de  rasonar  la 
premura  de  la  purificación.  No  se  osa  adelante  dejar  que  la  lengua  se  es- 
tropie,  si  la  necesidad  de  la  conservación  es  demonstrada. 

Mis  señores:  En  considerando  bien  la  solución  que  venimos  hacer  ve- 
mos, que  arivamos  á  un  punto  muy  cercano  del  plano  del  señor  Pulido. 
La  distancia  que  nos  separa  es  bien  estrecha  cuando  pensamos,  que  la 
predominante  mayoría  de  la  populación  judio-española  habita  los  estados 
del  secundo  grupo. 

Tomando  mas  en  consideración  nuestra  viva  afección  á  la  reminiscien- 
cia'de  nuestro  pasado,  y  bien  cierto  que  muchos  judios  de  los  estados  del 
primo  grupo  no  queran  abandonar  su  lengua,  este  atadero  que  los  acerca 
á  sus  hermanos  judios  de  la  misma  suerte,  dispersidos  por  varios  estados 
y  procuraran  de  enseñarsen  en  el  Español,  cuando  partidamente  ya  lo 
conosen,  y  mas  su  considerando,  que  exista,  digamos,  una  literatura  en 
esta  lengua,  como  la  traducción  bíblica  y  otras  obras,  de  cuala  nuestro 
separamiento  no  era  tan  fácil,  entonces  es  de  adaptar,  porque  aún  en  las 
escuelas  judias  del  primo  grupo  de  estados  sea  introducida  la  enseñanza 
de  la  lengua  española,  en  restando  naturalmente  siempre  la  lengua  de 
país  como  lengua  de  enseñanza. 

Vamos  resumir:  En  estados  del  primo  grupo:  Bulgaria,  Romanía,  Ser- 
via, Bosnia,  Grecia  y  Austria  el  Español  puede  ser  instruido  en  escuelas 
judias,  más  la  lengua  de  enseñanza  á  cuala  se  debe  prestar  toda  atención 
tiene  que  ser  lengua  del  país. 

En  los  estados  del  secundo  grupo:  Turquía  europea  y  asiática,  Egypto, 
Alger,  Tunis  y  Maroco  es  absolutamente  de  recomendar  la  conservación 
de  la  lengua  española — y  no  es  minister  dicho — en  purificándola.  , 

A  unas  remarcas  del  señor  Pulido,  exprimidas  en  su  obra,  no  presen- 
timos ningún  intereso  aunque  lo  reclaman  y  lo  merecen.  Se  trata  de  la 


128 

repatriación.  De  la  repatriación  en  masa  no  ay  seguro  habla.  Pero  de  la 
repatriación  singular  por  cualo  no?  Señor  Pulido  dedica  mas  de  alguna 
pagina  de  su  libro  á  esta  cosa  y  dice,  que  el  judio  que  quere  puede  retor- 
nar á  su  vieja  Patria,  onde  podra  fácil  naturalizarse,  y  asegura  que  «la 
escura  figura  de  Torquemada  no  rige  los  destinos  públicos,  aunque  los 
gobiernos  españoles  son  (1)  clericales  >. 

En  verdad,  España  es  clerical  sin  su  par,  pero  la  fama  de  su  intoleran- 
cia data  de  atrás  de  mas  de  4  siglos.  En  este  tiempo  este  país  no  demos- 
tro  su  tolerancia,  pero  ni  su  intolerancia;  el  no  tubo  ocasión  de  manifes- 
tar ni  lo  uno  ni  lo  otro  porque  sus  habitantes  son  cerca  exclusivamente 
católicos.  Pero,  de  1492  hasta  el  día  de  oy  pasaron  muchos  años,  cualos 
trocaron  las  opiniones  y  gobiernos  de  entera  la  Europa.  En  España  no  es 
mas  posible  persecuciones  contra  los  judíos— cualos  vernan  en  ella  á 
ujorar — como  en  Rusia.  Porque?— Es  de  saber  que  los  judíos  rusos  no  de. 
ben  su  estado  dolorioso  al  pueblo,  cuanto  fanático  y  bárbaro  que  fuese 
La  rason  de  su  miseria  y  de  sus  abominables  persecuciones  es  solo  el 
absolutismo  y  birocratismo.  Un  parlamento  ruso  no  dejaría  jamas  en  la 
historia  rusa  en  el  20  siglo  la  mancha  de  un  Kichenef.  España  es  oy  un 
estado  constituciónel.  Ay  un  partido  remarcable  liberal  de  hombres  de 
fama  en  sencias  y  literatura,  según  se  aparta  ya  de  las  gacetas,  que  pres- 
tan calorosa  atención  á  las  intenciones  del  señor  Pulido  y  con  esto  simpa- 
tía por  los  judíos.  Una  cierta  cuantidad  de  judíos— que  allegaría  hasta  al- 
gunos miles — hallarían  muy  bien  su  existencia  en  España  y  salvarian  de 
su  triste  vida  en  la  miseria  de  Maroco,  de  Romanía  y  otros  estados  del 
Balean. 

El  centro  de  gravedad  de  nuestro  tratado  esta  sobre  la  cuestión  de  la 
conservación  del  ídeoma  castellano  en  principio.  Nos  párese  que  alcanzi- 
mos  á  una  satisfaciente  solución.  Que  en  toda  manera  la  conservación 
continuada  debe  ser  purificada  y  transformada  en  el  idioma  castellano 
moderno;  es  naturalmente.  Que  modos  se  deben  emplear  por  alcanzar 
este  escopo,  son  de  acceptar  con  acuerdo  unanimo  ¡os  que  el  señor  Pulido 
propone. 

El  gobierno  Español  establícíera  escuelas  españoles  en  los  países  que 
acceptan  la  conservación,  sustiniera  cátedras  por  la  misma  lengua  en  las 
escuelas  judias,  subvencionara  gacetas  judías,  de  caractes  españoles  etc. 

Mis  señores:  El  movimiento  filojudio,  que  se  esta  haciendo  remarcar 
en  España,  es  bien  importante.  Xo  sospecho  que  de  día  en  día  el  mismo 
esta  ganándose  ahí  nuevos  partisanos,  porque  para  España  es  el  movi- 
miento patriótico. 

Gracias  á  la  coincidencia  de  los  interesos,  el  movimiento  lo  saludamos 
y  nosotros  judíos-españoles  de  todo  nuestro  corazón,  porque  y  para  nos- 
otros es  patriótico. 

(J)  Nosotros  empleamos  el -subjuntivo  sean,  lo  cual  es  muy  distinto.  Es  decir, 
que  aun  suponiendo  fuesen  clericales  los  Gobiernos,  ya  es  imposible  la  ñgura  de 
Torquemada  en  España. 


129 

Cual  era  el  mas  adaptable  medio  para  traer  esta  cuestión  de  nuestro 
idioma  á  una  dissolución  defenitiva?  Para  esto  era  premuroso  un  forum 
confiado  bien  con  las  circunstancias  de  los  judios-españoles  de  todos  los 
diferentes  países  cualos  ellos  habitan  y  competente  por  asi  una  grave 
disolución. 

En  fin  propongo  por  que  la  siguiente  resolución  sea  recivida: 
«La  sociedad  académica  de  los  judios-españoles  «Esperanza»  en  Viena 
en  su  XXIV  junta  general  (extraordinaria^^  al  2 — VII — 1904,  discutio  en  su 
principio  la  obra  del  senador  español  Don  Ángel  Pulido  Fernandez,  cLos 
Israelitas-españoles  y  el  idioma  castellano,  s  cuala  trata  de  la  conservación 
y  purificación  de  la  lengua  español  de  los  judios-españoles,  mas,  de  ata- 
miento de  relaciones  espiritualas  y  mercantiles  entre  estos  y  España  y 
enfin  de  un  repatriamiento  parcial  de  los  mismos  y  decidió — eventuel — 
llego  al  resultado. 

1)  La  sociedad  aprecia  al  ilustre  autor  de  la  nombrada  obra  por  sus 
sentimientos  benévolos,  exentos  de  preocupaciones,  que  mantiene  por  la 
nación  judia  en  general  y  en  extremo  caloroso  modo  especialmente  por 
los  judios-españoles,  y  le  exprime  su  profunda  satisfación  y  sus  mejores 
agradecimientos. 

2)  Cuanto  á  las  intenciones  expremidas  en  la  nombrada  obra,  la  socie- 
dad las  saluda  con  grande  simpatía. 

1)  La  sociedad  duda  de  la  posiblidad  que  el  idioma  castellano  adelante 
se  conserve  como  madre  lengua  de  los  judios  en  algunos  estados  del  Bal- 
can,  porque  interesos  culturiles,  económicos  y  sociales  los  forzan,  que 
accepten  las  lenguas  de  concernientes  países  por  su  madre  lengua. 

2)  La  sociedad  pero  cree,  que  en  lo  mas  de  países  (como  de  Turquía 
europea  y  asiática,  Egypto,  Alger,  Tunis  y  Maroco)  [habitados  por  la  pre- 
dominante mayoría  de  la  populación  judio-española,  estos  puntos  no  vie- 
nen— ó  muy  poco — en  consideración,  por  causa  de  la  falta  de  una  única 
indígena  dominante  lengua  de  cultura,  y  pues  que  esto  supuesto, 

3)  tomando  en  consideración  el  intereso  judio  nacional  que  resulta  de 
la  conservación  del  idioma  castellano  y  en  consígnente  su  cultivo  es  nece- 
sario, la  conservación  del  dicho  idioma  debe  basar  solamente  en  su  puri- 
ficación y  adopción  del  moderno  castellano. 

■í)  En  considerando  que  la  lengua  español  forma  el  exterior  atadero 
nacional  de  mas  de  un  millón  de  judios; 

Tomando  en  nota  el  facto,  que  nuestro  idioma  anda  en  el  ultimo  tiem- 
po á  pasos  gigantescos  verso  su  corupción; 

Veendo  el  minister,  que  esta  jerga  sea  ya  transformada  en  una  lengua 
digna  de  un  pueblo  que  quere  progresar  en  la  cultura; 

Apartando  especialmente,  el  movimiento  en  España  iniciado  por  el 
señor  senador  Don  Ángel  Pulido; 

En  fin,  considerando,  que  en  mas  de  algún  país  interesos  de  natura 
espiritual  y  material  forzan  á  judios-españoles  el  accepto  de  las  cores- 
pondientes  lenguas  por  maternalas; 

Esta  la  sociedad  convensida  de  la  premura,  que  un  congreso  consis- 

9 


130 

tiente  de  representantes  de  todas  las  comunidades  judio-espaiiolas  fuera 
conllamado,  y  este  absolviese  definitivamente  la  cuestión  acuta  de  la 
lengua  español  en  el  mejor  intereso  de  la  nación  judia. 

Las  decisiones  1  y  2  fueron  recibidas  por  la  junta  unanimante. 

Las  resoluciones  1,  2,  3,  y  4  fueron  recibidas  con  mayoría  de  votos  de 
un  numero  variable. 

Muy  señor  mió:  excúseme  si  lo  hé  cansado  con  así  una  larga  lectura, 
me  vo  hacer  corto  y  pido  su  pasencia  por  ainda  solo  unas  cuantas  lineas. 

Vd.  juzgarla  muy  bien  de  esta  lectura  todos  nuestros  penserios. 

Abstraendo  todo  modo  de  entusiasmo  nos  paramos  delantre  Vd.  con 
nuestro  carácter  firme  y  nuestras  opiniones  inequívocas.  No  prometemos 
cualo  no  somos  seguros  de  cumplir,  más  ingrates  no  somos.  El  asunto, 
puede  ser,  alcanzarla  una  fasa,  cuala  no  estara  tan  longe  de  una  parcial 
realisación.  Nuestro  obligo  es  de  ser  sinceros  y  manifestar  nuestras  opi 
niónes  claras  antes  que  algún  paso  sea  echo.  Nuestra  sinceridad  nos  con- 
servara seguramente  integra  su  afección,  cuala  preciamos  y  estimamos 
como  lo  más  santo,  y  puede  ser  la  augmentara. 

En  fin,  en  nombre  de  nuestra  sociedad  '< Esperanza >;  cuyo  posto  de 
presidente  ocupo,  tengo  el  honor  de  ofrecer  á  Vd.  nuestra  cordial  afección 
y  nuestra  más  sincera  consideración,  en  desándele  todo  nuestro  corazón 
todo  bien, 

su  siervo 

q.  q.  b.  s.  m. 

Moritz  Levy 
estudiante  en  filosofía. 
Viena24,  de  Agosto  de  19047 


CAPÍTULO  VI 


Los  castellar! istas.  —  Estudio  de  Jacques  Danon,  de  Adrianópolis, 
sobre  la  pLirificación  del  judeo-español. 

Vamos  á  presentar  ahora  la  cuarta  y  última  opinión  ó  ten- 
dencia, la  cual  ha  de  estimar  como  la  más  hermosa  y  preferible 
todo  corazón  español. 

D. —  Ca.steUanistas. 

También  aquí  hacemos  lo  propio  que  hicimos  en  el  caso 
anterior:  presentamos  á  un  personaje  y  nos  retiramos  pruden- 
temente por  el  foro,  dejando  que  el  autor  de  la  exposición  se 
luzca  solo  ante  el  público.  Reconociendo,  como  no  podemos 


FiG.  17. — Vista  del  puente  y  ciudad  de  Adrianópolis. 

menos  de  reconocer,  que  el  lector,  por  muy  poco  amante  que 
sea  de  su  patria,  ha  de  venir  emocionado  á  través  de  la  lectura 
que  haga  de  los  testimonios  anteriores,  y  que  las  vibracio- 
nes de  su  alma  han  debido  ser  más  vivas  en  la  información  de 


132 

la  Sociedad  JEspei'ama,  le  anunciamos  que  los  latidos  de  su 
corazón  redoblarán  todavía  con  más  energía  cuando  lea  las 
españolísimas,  brillantes  y  persuasivas  páginas  que  siguen. 

Allá,  en  un  pintoresco  lugar  de  Oriente,  por  donde  cruza 
la]\'ía  que  va  de  Filipópolis  á  Constantinopla.  situado  alegre- 
mente en  una  expansión  de  la  Maritza,  en  la  confluencia  de 
este  río  y  de  otros  dos.  la  Toundja  y  el  Arda,  se  alza  la  segun- 
da población  de  la  Turquía  europea,  Adrianópolis,  ciudad  de 
80.000  habitantes,  famosa  en  la  historia,  capital  del  Imperio 
otomano  y  residencia  de  sultanes  en  pasados  siglos,  antes  de 
serlo  la  reina  del  Bosforo,  y  hoy  encanto  de  viajeros  por  sus 
mezquitas,  á  la  cabeza  de  los  cuales  figura  la  de  Selim  II,  con 


Fi(í.  18. — Mezquitas  de  Adrianópolis. 


999  ventanas;  su  puente,  sus  afilados  minaretes,  su  gran  bazar 
y  sus  fábricas  de  tejidos,  de  seda,  de  lana,  etc.  Pues  allá  reside 
D.  Jacques  Danon,  quien,  según  nos  deja  dicho  Fresco,  de 
Esmirua,  en  la  lucha  entablada  sobre  lo  que  habría  de  hacerse 
con  la  jerga  ladina,  enarboló  con  valentía  y  defendió  con 
talento  la  bandera  de  regenerarla  con  el  idioma  español,  y  se 
proclamó  resueltamente  españohsta.  Hemos  oído  y  leído  que 
esto  pudiera  tener  sus  inconvenientes  en  un  país  como  Tur- 
quía. Si  así  fuese  (lo  cual  no  creemos),  hay  que  reconocer  que 
Danon  los  afrontó  con  arrestos  admirables.  Publicista  distin- 
guido y  espiritual,  colaborador  de  importantes  periódicos  y 


revistas  de  París,  Constantinopla  y  Salónica,  adversario  del  Sio- 
nismo, por  razones  que  ha  expuesto  con  su  característica  luci- 
dez, premiado  por  su  Gobierno  con  la  distinción  de  caballero 
de  la  Orden  Imperial  de  Medjidié,  su  figura  presenta  moti- 
vos de  singular  aprecio  para  cuantos  nos  interesamos  por  el 
destino  de  la  lengua  española,  y  merece  ser  conocida  en  nues- 
tra patria.  Cuando  era  absolutamente  desconocido  de  todos  los 
hijos  de  España,  y  cuando  en  muchas  comarcas  de  aquí  se 
inferían  torpes  agravios  á  la  más  bella  expresión  del  alma  nacio- 
nal, se  lanzó,  en  suelo  otomano,  á  la  arena  donde  luchaban  apa- 
sionados combatientes,  y  rompió  por  la  lengua  madre  de  sus 
correligionarios  muchas  lanzas,  siendo  la  principal  de  ellas  este 
notable  artículo,  que  vio  la  luz  en  la  conocida  revista  L  Univers 
Israélite,  de  París  (números  del  2U  de  Agosto  y  15  y  26  de 
Septiembre  de  1902),  y  traducimos  del  francés  con  religiosa 
exactitud,  publicándolo  íntegro,  para  que  sea  conocido  de  la 
nación  á  quien  más  interesa  su  doctrina: 

En  busca  de  una  lengua. 

Al  hacer  su  examen  de  conciencia,  un  gran  numero  de  nuestros  corre- 
ligionarios de  Turquía,  hicieron  este  terrible  descubrimiento,  que  eramos 
muy  culpables  en  persistir  en  un  homenage  inmerecido  al  pais  de  nues- 
tros antiguos  orígenes,  empeñándonos  en  conservar  el  uso  del  español,  ó 
de  lo  que  bajo  el  nombre  de  judeoespañol  es  su  mas  barbara  deformación, 
cuando  toda  clase  de  buenas  razones,  sacadas  á  la  vez  de  nuestro  patrio- 
tismo y  de  la  perspicaz  inteligencia  de  nuestros  verdaderos  intereses,  nos 
dictaban  el  imperioso  deber  de  apropiarnos  como  lengua  materna  el  turco, 
la  lengua  oficial  del  pais. 

Estos  correligionarios,  bien  intencionados,  se  digeron,  que  al  despun- 
tar del  nuevo  siglo,  habia  sonado  para  nosotros  la  hora  de  romper  con  ese 
funesto  error;  y  animados  de  un  hermoso  celo  fueron  por  todas  partes  pre- 
dicando contra  el  judeoespañol  una  santa  cruzada,  si  esta  espresion  puede 
aplicarse  aqui. 

Fué  un  formidable  levantamiento  en  el  cual  el  eminente  decano  de  la 
prensa  israelita  Mr.  David  Fresco,  redactor  en  gefedel  periódico  El  Tiem- 
po, se  hizo  notar  por  la  vehemencia  y  la  acritud  de  su  ataque.  Este  pobre 
judeo  español  no  se  bastaba,  solo  en  toda  la  prensa,  cuando  Mr.  Sam.  Levy, 
redactor  en  gefe  de  La  Época,  de  Salónica,  tuvo  el  valor  de  salir  á  su  soco- 
rro. El  duelo  á  pluma  que  se  entabló  entre  estos  dos  periódicos  tuvo  algún 
tiempo  interesada  la  curiosidad  del  publico;  pero  acabó  por  cansarse,  por 
que  el  debate,  al  principio  muy  cortes,  no  supo  mantenerse  en  las  alturas 


134 

de  las  ideas  puras,  y  descendió  por  las  rápidas  pendientes  de  las  persona- 
lidades á  los  bajos  fondos,  donde  se  agitan  las  mezquinas  querellas  de  ve- 
cindad. Bajo  mas  de  un  punto  de  vista,  era  profundamente  desagradable 


FlG.  19.  — .Jacques  Danon,  publicista  renombrado,  jefe  de  Administración  de  la 
renta  otomana  de  tabacos  en  Adiianópolis  y  autor  de  notables  escritos  hispanófilos. 


ver  los  periódicos  que  pasan  por  ser  los  órganos  mas  acreditados  de  la 
prensa  israelita,  y  que  tienen  á  su  cabeza  dos  escritores  de  un  indisputable 
talento,  encarnizarse  en  su  propio  descrédito,  en  vez  de  cumplir  su  alta 
misión,  que  consistiría  en  ilustrar  al  ])ublico  tratando  el  asunto  con  la  in- 
dependencia, la  amplitud  y  la  alteza  exigidas  por  las  circunstancias. 

La  cuestión  (jue  ha  sido  asi  planteada,  pero  que  tan  mal  discutida  y  tan 
poco  resuelta  fué,  merece  fijar  la  atención  de  todos  aquellos  que  se  inte- 


- 


135 

resan  por  la  rehabilitación  del  judaismo  en  Turquia.  Que  se  sea  partidario 
ó  adversario  del  judeoespañol,  se  tiene  la  impresión  de  que  hay  cierta- 
mente que  hacer  algo. 

He  estado  mas  de  una  vez  tentado  de  tomar  parte  en  el  debate  levan- 
tado por  esta  cuestión,  pero  la  situación  de  nuestros  periódicos,  frente  á 
frente  los  unos  de  los  otros,  ha  resultado  de  tal  manera,  que  era  imposible 
escribir  en  alguno  de  ellos,  sin  parecer  partidario  de  la  querella,  y  he  pen- 
sado que  el  debate  ganarla  al  ser  sustraído  de  la  atmosfera  deletérea  de 
nuestras  pasiones  locales^  para  ser  trasportado  á  un  terreno  perfectamen- 
te neutro,  como  el  de  vuestra  excelente  Revista. 


La  opinión  que  quiere  que  repudiemos  el  uso  del  judeo-espafiol  para 
sustituirlo  por  el  turco  es  una  opinión  de  buen  aspecto.  Pertenecer  á  un 
partido  que  puede  orgullosamente  titularse  «El  partido  de  los  patriotas  y 
de  los  innovadores»  eso  es  de  efecto  siempre  para  la  gran  masa  del  pue 
blo,  incapaz  de  reflexionar  por  su  propia  cuenta,  y  para  el  cual  es  soberano 
el  prestigio  de  las  palabras:  yo  he  tenido  ya  aquí  ocasión,  aproposito  de 
Sionismo  (1),  de  censurar  los  resultados  de  esta  tendencia  general  á  dejarse 
.  seducir  por  la  magia  de  las  palabras,  sin  inquietarse  de  las  realidades  á 
que  corresponden. 

Lo  que  un  escritor  ha  llamado  muy  graciosamente  «el  peligro  verbal» 
merece  en  verdad  tener  su  asiento  al  lado  del  peligro  amarillo  y  del  peli- 
gro negro.  Es  sin  embargo  fácil  hacer  esta  doble  demostración  (y  este  será 
el  objeto  de  estos  artículos)  que  á  veces  no  hay  menos  mérito  y  resolución 
en  conservar,  mejorándolo,  un  estado  de  cosas  reconocidamente  malo, 
que  en  querer  sustituirlo  por  otro  enteramente  nuevo;  y  que  el  patriotis- 
mo, sea  cual  fuese  la  habilidad  de  los  que  pretenden  encauzarle  en  prove- 
cho de  sus  miras  particulares,  no  puede  ser  un  objeto  de  acaparamiento, 
como  vemos  entre  vosotros  en  el  sorprendente  egemplo  con  «La  Liga  de 
la  Patria  Francesa»  en  cuyas  filas  sería  absurdo  querer  buscar  los  únicos  y 
los  mejores  patriotas  franceses.  No,  el  patriotismo  no  tiene  absolutamente 
nada  que  ver  en  la  cuestión  que  nos  ocupa,  y  una  de  mis  mayores  sorpre- 
sas es  que  los  campeones  del  judeoespañol  hayan  parecido  desarmados 
delante  de  este  argumento  de  sus  contradictores. 

«Es,  afirmaban  estos  últimos,  faltar  gravemente  á  nuestros  deberes 
hacia  el  país  que  nos  ha  adoptado  y  en  el  que  desde  hace  cuatro  siglos 
vivimos  bajo  su  tutelar  protección,  el  no  resolvernos  a  adoptar,  de  nuestra 
parte,  su  lengua.» 

Aqui  conviene  distinguir  «la  paja  de  las  palabras  y  el  grano  de  las 
cosas». 

Somos  unos  de  los  primeros  en  reconocer  que  entre  nuestros  correli- 


(1)      Univers  Israélite  del  21  Octubre  y  30  Diciembre  1898. 


136 

gionarioe  de  Turquía,  á  su  afecto  al  país  natal  debe  unirse  un  sentimiento 
de  reconocimiento;  pero  esto  no  debe  hacernos  perder  de  vista  un  hecho; 
que  en  el  mosaico  de  pueblo  y  de  religiones  que  se  llama  la  Turquía,  la 
solidez  de  lazos  de  la  nacionalidad  es  absolutamente  independiente  de  la 
unidad  de  la  lengua.  Si  en  la  estrema  mezcolanza  de  razas  y  de  creencias 
que  concurren  á  la  formación  de  la  nacionalidad  otomana,  nuestros  corre- 
ligionarios, á  ejemplo  de  los  de  ciertos  países  en  Europa,  con  su  horrible 
jargon  judio-polones  y  judio-aleman,  fuesen  los  únicos  en  diferenciarse, 
por  la  lengua,  del  resto  de  sus  compatriotas,  puede  tenerse  por  cierto  que 
no  se  encontraría  nadie,  para  levantar  la  voz  en  favor  del  judeoespañol;  y 
hasta  me  atreveré  á  decir,  que  este  no  hubiera  encontrado  mas  encarniza- 
dos adversarios  que  sus  propios  partidarios  de  hoy. 

Pero  la  situación  dista  de  presentarse  con  este  carácter  de  escepcíon 
para  el  elemento  judio.  Sin  contar  los  numerosos  idiomas  correspondien- 
tes á  la  infinita  variedad  de  razas  que  componen  la  población  cristiana  del 
imperio,  y  aun  haciendo  escepcion  del  grupo  de  judíos  de  Turquía— muy 
importante  por  la  calidad,  ya  que  no  por  el  número,— que  pertenecen  á 
otras  nacionalidades  que  la  nacionalidad  otomana,  y  que  no  tendrán  las 
mismas  razones  para  adoptar  el  turco,  es  de  notar  que  la  unidad  de  lengua, 
no  existe  ni  aun  para  una  notable  porción  de  otomanos  de  religión  mu- 
sulmana. 

A  aquellos  que  se  permiten  sospechar  de  la  buena  fé  de  nuestro  pa- 
triotismo, bajo  el  pretesto  de  que  no  hemos  adoptado  la  lengua  de  los  con- 
quistadores, no  tenemos  mas  que  responder  con  el  ejemplo  de  numerosas 
poblaciones  musulmanas  que  ignoran  aun  mas  completamente  que  nos- 
otros esta  lengua,  y  para  los  que  sin  embargo  está  admitido  que  su  pa- 
triotismo está  por  encima  de  toda  sospecha. 

Ateniéndome  á  la  Turquia  de  Europa,  me  limitaré  á  citar  los  musulma- 
nes de  Creta,  que  hablan  el  griego, — y  á  proposito  de  esto,  ¿no  es  un  he- 
cho digno  de  notarse  que  la  comunidad  de  lengua  con  sus  conciudadanos 
de  origen  griego,  no  les  impide  ser  sus  antagonistas  irreductibles? — los 
musulmanes  de  los  vilayetos  de  Tossovo,  de  Scutarie  y  de  Janina  que  ha- 
blan el  albanes,  y  á  pocas  horas  de  camino  de  Andrinopolis,  los  Pomaks 
que  hablan  la  lengua  de  ese  nombre. 

Nos  dicen  que  la  adopción  de  la  lengua  turca,  nos  valdría,  entre  otras 
ventajas,  la  de  demostrar  á  los  ojos  de  nuestros  conciudadanos  musulma- 
nes, la  cualidad  de  nuestro  patriotismo;  pero  se  olvida  el  ejemplo  que 
tiende  á  conclusiones  mas  bien  contrarias  de  los  Armenios,  los  que  se 
hallan  incontestablemente  á  la  cabeza,  en  linea  de  poblaciones  no  musul- 
manas que  conocen  la  lengua  turca.  Por  notoria  que,  bajo  este  aspecto,  sea 
nuestra  inferioridad  con  estos  últimos,  no  creo  aventurarme  demasiado 
declarando  que  nunca  ha  llegado  hasta  aquí,  el  espíritu  de  un  musulmán, 
á  creer  el  patriotismo  de  nuestros  correligionarios  de  menos  buena  ley  que 
el  de  los  Armenios. 

Se  podran  multiplicar  las  comisiones  y  las  conferencias,  rehacer  los 
programas  de  la  enseñanza,  la  comunidad  de  lengua  no  pasará  al  orden  de 


los  hechos  posibles,  hasta  que  sea  un  hecho  cumplido  la  romunidad  de 
los  deberes — no  digo  derechos,  porque  respecto  á  eso  haríamos  muy  mal 
en  quejarnos; — pero  es  el  Estado  mismo,  quien  al  impedirnos,  como  tam- 
bién á  todos  los  sujetos  que  no  profesan  el  culto  fie  Islam,  el  honor  de 
cumplir  el  mas  esencial,  el  servicio  militar,  ha  puesto  el  mas  serio  obstá- 
culo á  la  asimilación.  Por  otra  parte,  en  vano  se  pregunta  dónde  las  ma- 
dres israelitas  podrían  adquirir  la  practica  de  la  lengua  turca  en  tal  grado 
que  sea  para  ellas  tan  familiar  que,  muy  naturalmente  y  por  instinto,  sean 
llevadas  á  hacer  pronunciar  en  este  idioma  los  primeros  balbuceos  de  sus 
hijos!  No  será  seguramente  en  el  trato  frecuente  con  familias  musulma- 
nas, cuya  vida  se  aparta  tanto  de  la  nuestra  por  muros  inaccesibles,  que 
imposibilitan  esta  mutua  penetración  de  ideas  y  de  sentimientos,  este  va- 
-ven — si  puedo  hablar  así — de  endósmosis  y  exósmosis,  sin  los  cuales, 
"ágase  lo  que  se  haga,  la  soñada  iden- 
tificación no  puede  ser  sino  imper- 
fecta, por  no  decir  una  vana  palabra. 
Esta  empresa,  ha,  en  todo  caso» 
llegado  tarde;  hace  poco  mas  de  un 
cuarto  de  siglo,  que  hubiera  encontra' 
do  un  terreno  mucho  mas  favorable, 
cuando  el  concepto  del  papel  y  de  la 
condición  de  la  mujer  ofrecía  entre 
los  israelitas  de  Turquía,  tantos  pun- 
tos de  parecido  con  el  de  sus  compa- 
triotas musulmanas;  pero  hoy  todo 
tiende  á  alejamos  (reservo  mi  opinión 
tocante  á  saber  si  en  este  cambio 
nuestras  ganancias  aumentan  ó  com- 
pensan nuestras  perdidas'.  La  crea 
oion  de  escae'.as,  el  contacto  con  la  ci- 
vilización occidental,  cada  vez  mas 
frecuente  por  la  facilidad  de  comuni- 
caciones, han  trasformado,  por  com- 
pleto, nuestras  costumbres  de  pen.sar 
y  de  vivir,  que  tienden  mas  cada  vez  á  inspirarse  y  á  unirse  al  ideal  eu- 
ropeo. 

Asi  pues,  toda  esta  inquietud,  ¿no  vendrá  de  un  esceso  de  escrúpulo? 
Yo  me  atrevería  á  afirmar,  que,  guardadas  las  proporciones,  nuestros 
correligionarios  hablan  el  turco,  tan  bien,  ó  si  se  quiere,  tan  mal,  pues  es 
absolutamente  lo  mismo,  como  los  musulmanes  analfabetos;  importa  en 
efecto  hacer  notar  que  como  h&x  fagots  y  fagots,  hay  también  turco  y  turco: 
la  lengua  literal  ó  escrita,  que  toma  la  mayor  parte  de  su  vocabulario  al 
árabe  y  al  persa,  difiere  de  manera  tan  esencial  de  la  lengua  vulgar  que  un 
turco  iletrado  comprenderla  de  la  lectura  que  le  hiciesen  de  un  articulo 
de  un  periódico,  tanto  como  un  israelita  iletrado,  es  decir,  nada.  Mientraa 
que  nuestros  innovadores  limiten  su  ambición  á  hacer  un  sitio  mayor  al 


FiG.  '¿o. — Rosa  de  Toledo,  distingui- 
da y  bella  señorita  de  Adrianópolis. 


138 

turco,  en  nuestros  programas  de  enseñanza,  no  hay  mas  queasociarse  á 
sus  esfuerzos  y  desear  de  todo  corazón  el  éxito;  pero  tan  pronto  como 
proclamen  su  designio  de  dar  al  turco  el  rango  de  lengua  materna,  y  pre- 
tendan sumerjirnos  ea  un  Letheo  que  nos  hará  olvidar  el  judeo-espa- 
ñol,  nos  separaremos  francamente  de  ellos,  no  solamente  porque  tenemos 
la  firme  convicción  de  que  es  una  tentativa  que  tiene  fatalmente  que 
frustarse,  sino  también  porque  admitiendo  que  fuese  realizable,  su 
éxito  nos  valdría  mas  perdida  que  provecho. 


II 

Del  terreno  de  las  consideraciones  morales  á  que  les  hemos  seguido, 
los  adversarios  del  judeo-español  pasan  al  de  las  consideraciones  utilita- 
rias. Aqui  coüio  allí  su  argumentación  nos  parece  falsa.  El  conocimiento 
de  la  lengua  turca  se  nos  presenta  como  el  mágico  < Sésamo  ábrete!»  que 
nos  daría  acceso  á  la  administración  otomana. 

¡Todos  funcionarios!  Esta  breve  formula  nos  parece  sintetizar  las  aspi- 
raciones de  muchos  de  nuestros  correligionarios  que  quieren  la  muerte  del 
judeo-español. 

Pero  esta  es  una  ilusión  engañosa  y  que  conducirá  á  los  peores  dis- 
gustos. 

La  esperiencia  atestigua  que  entre  nosotros,  como  en  todas  partes,  quien 
dice  burocracia  dice  mediocracia.  Yo  no  conozco  mas  cruel  referencia  de 
vida,  que  la  que  constituye  la  sencilla  y  verídica  narración  de  las  tribula- 
ciones que  llenan  la  carrera,  en  apariencia  tan  tranquila,  de  un  funcio- 
nario. 

Pero  consideraciones  de  un  orden  mas  elevado  condenan  esta  campa- 
ña que  tiende  á  lanzar  á  nuestros  correligionarios  al  burdel  de  las  coloca- 
ciones. Piensen  lo  que  piensen  en  general  loe  occidentales,  sobre  que  con- 
tinua aun  la  absurda  leyenda  del  turco  bárbaro  y  fanático,  nada  hay  tan 
cierto  como  que  la  Turquía  en  lo  tocante  á  tolerancia,  podría  enseñar  á  mas 
de  un  país  civilizado:  para  no  citar  sino  un  ejemplo,  ¿no  es  en  verdad  nota- 
ble, que  se  tolere  en  tierra  musulmana,  la  libre  expansión  de  todas  estas 
congregaciones  á  las  que  las  leyes  de  los  países  cristianos  deniegan  el  dere- 
cho de  existir?  Nos  es  grato  hacer  constar,  que  mas  que  todas  las  otras 
razas  que  pueblan  el  Imperio  otomano,  los  judíos  saben  reconocer  el  ina- 
preciable Vjeneficio  de  esta  amplia  tolerancia  que  con  gran  razón  nos  envi- 
dian, en  un  número  de  países  cristianos,  nuestros  desgraciados  correligio- 
narios víctimas  de  un  régimen  opresivo.  En  lo  que  nos  concierne  particu- 
larmente, esta  tolerancia  ¿á  qué  la  debemos?  Es  seguramente  y  ante  todo, 
á  esa  reunión  de  raras  y  nobles  cualidades  que  caracterizan  el  tipo  del 
verdadero  musulmán:  bondad,  generosidad,  protección  caballeresca  á  los 
humildes,  respeto  á  las  creencias  de  los  demás  etc.  Pero  por  puros  que 
sean  los  manantiales  en  que  se  alimenta  la  tolerancia,  sin  embargo  es 
bueno  que  su  libre  curso  no  venga  á  ser  estorbado  por  la  interposición 


139 

del  interés  personal.  Entre  los  musulmanes  y  nosotros,  hay  hasta  cierto 
punto  establecido  un  contrato  tácito,  en  virtud  del  cual  los  primeros  se 
reservan  casi  csclusivamente  la  administración,  dejándonos  libres  de  eger- 
cer  nuestra  actividad  en  el  terreno  económico.  Hemos  de  una  y  otra  parte 
respetado  las  clausulas  de  este  contrato  bilateral,  y  nuestros  intereses  no 
se  han  encontrado,  ni  lastimado  nunca;  pero  por  poco  que  afirmemos 
nuestra  resolución  de  aplicar  respecto  á  nuestros  conciudadanos  musul- 
manes el  feroz  principio  de  struggleforlifeurs  «quítate  de  ahi,  para  que  yo 
me  pongan,  veriamoe  bien  pronto  surgir  el  espectro  del  antisemitismo, 
por  que,  cada  vez  que  un  candidato  israelita  fuese  favorecido,  no  podria 
ser  sino  en  detrimento  de  una  veintena  de  musulmanes,  que  habrían  tenido 
que  despojar. 

El  encumbramiento  á  los  cargos  públicos  para  nuestros  correligiona- 
rios, ¿valdría,  al  menos,  un  aumento  de  prestigio  al  Judaismo  en  Turquía? 
Siguiendo  un  proceder  que  es  la  negación  de  toda  lógica  y  de  toda  justicia, 
pero  que  está  perfectamente  admitido  refiriéndose  á  los  judios,  la  raza 
entera  seria  responsable  de  los  malos  hechos  individuales  de  nuestros 
correligionarios,  malos  hechos  que  la  eventualidad  aumentaría  en  razón 
directa  del  numero  de  funcionarios  israelitas. 

Actualmente,  el  pequeño  numero  de  judios  al  servicio  del  gobierno 
otomano  hace,  para  el  prestigio  del  judaismo,  infinitamente  mas  bien  que 
todo  un  egercito  de  rasca-papeles.  Contribuyendo  á  la  prosperidad  comer- 
cial é  industrial  del  pais,  nuestros  correligionarios  hacen  obra  de  buenos 
patriotas,  tan  buena  como  los  mas  concienzudos  funcionarios. 

Ademas,  el  acceso  á  las  funciones  publicas  quedará  siempre  abierto  á 
las  verdaderas  vocaciones;  los  padres  que  para  ellas  quieran  preparar  sus 
hijos  no  tienen  mas  que  enviarlos  á  las  escuelas  del  Estado.  El  honor  del 
judaismo  le  veo  en  la  admisión  á  la  administración  otomana,  no  por  el 
numero,  sino  por  lo  escogido. 


III 


Hallándose  la  campaña  en  favor  de  la  adopción  de  la  lengua  oficial  del 
pais  como  lengua  madre  destinada  á  un  golpe  certero — y  nosotros  hemos 
mostrado  lo  que  conviene  sentirlo, — aparece  ya  resuelta  la  solución  del 
problema;  no  tenemos  sino  conservar  el  judeo-español,  no  este  innoble 
jargon  actual  que  parece  designarnos  á  la  reprobación  de  las  gentes,  sino 
un  judeoespañol  al  que  hayamos  puesto  piel  nueva.  Nos  es  preciso  pues, 
pulir,  afinar  nuestro  idioma  y  usarle  según  nuestros  medios  y  nuestras 
nuevas  necesidades. 

La  cosa  no  es  solamente  posible,  sino  estremadamente  fácil;  por  la 
Sencilla  razón  de  que  el  mismo  esfuerzo, — ó  á  lo  mas  un  esfuerzo  un  poco 
mayor-  puede  bastarnos  para  hacer  que  en  el  lugar  del  mal  español,  que 
hablamos  actualmente,  usemos  un  español  que  sin  aspirar  á  ser  el  mas 
puro  castellano,  sea  por  lo  menos  su  mas  próximo  pariente.  ¿Qué  ejemplo 


140 

mas  concluyente  que  el  de  nuestra  prensa  local,  que  ha  sabido  imponer  al 
publico  una  lengua  especial,  muy  distinta  de  la  lengua  hablada,  y  que  no 
puede  ser  comprendida  sino  á  la  larga  y  después  de  cierta  aplicación  por 
parte  de  los  lectores?  Es  de  lamentar  únicamente  que  ese  tiempo  y  esos 
esfuerzos  hayan  sido  empleados  por  el  publico  para  asimilarse  palabras  y 
giros  de  frases,  que  pertenecen  generalmente  á  toda  clase  de  lenguas,  con 
escepcion  del  español. 

Nuestros  periódicos,  casi  con  raras  escepciones,  han  contribuido  mas  á 
pervertir  la  lengua  que  á  purificarla,  porque  han  escrito  ya  tanto  en  judeo- 
f ranees  y  en  judeo-italiano  como  en  judeo-español. 

Una  vez  que  se  trataba  de  lanzar  á  la  circulación  palabras  nuevas  se 
debia  tener  cuidado  de  no  dar  derecho  á  citar  sino  palabras  auténticamente 
españolas.  Los  lectores  se  hubiesen  asimilado  estas  palabras  tan  fácilmen- 
te como  todas  esas  palabras  que  no  tienen  nada  de  español.  Pero  han  en- 
contrado mas  sencillo  tomar  palabras  francesas  y  vestirlas  a  la  española. 
Para  citar  ejemplos  no  tengo  sino  coger  el  primer  periódico  que  se  me 
viene  á  la  mano,  y  este  es  precisamente  —  la  casualidad  tiene  ironias  muy 
picantes —  un  periódico  que  se  precia  de  trabajar  en  el  perfeccionamiento 
de  nuestro  idioma  materno.  Entresaco  las  siguientes  palabras; 

Dedicace,  projeto,  x>oseclar,  etc.;  hubiera  sido  tan  fácil  consultando  un 
diccionario,  ver  que  el  respeto  de  la  lengua  manda  decir  y  escribir:  dedica- 
ción, proyecto,  poseer. 

La  adaptación  al  español  de  palabras  francesas,  da  origen  á  curiosas 
observaciones.  Asi  ciertos  periodistas  creen  ser  correctos  escribiendo  sco- 
lar,  spectador,  specular,  mientras  que  la  exacta  ortografía  es  escolar,  especta- 
dor, especular;  es  verdad  que  ellos  se  descubren  diciendo  espiegación,  en 
vez  de  esplicacion. 

El  ciego  servilismo  al  francés  se  nota  todavía  en  que  los  periódicos 
repudian  ciertas  palabras,  que  el  pueblo  ha  conservado  en  toda  su  pureza 
castellana  y  á  las  que  han  sustituido  palabras  francesas  con  giro  español. 
Asi  en  el  lenguaje  usual  decimos  siempre  bolsa,  retrato,  que  son  autentica- 
mente  españolas;  los  periódicos  sin  embargo  prefieren  decir  borsa,  por- 
traito,  lo  mismo  que  escriben  financias  (en  francés  finances)  en  lugar  de 
hacienda  que  es  la  verdadera  palabra  española  y  que  emplean  corriente- 
mente aun  las  gentes  incultas. 

Todo  no  esta  en  expurgar  de  nuestro  idioma  materno  las  palabras  tur- 
cas ó  hebreas;  es  preciso  también  expulsar  de  él  todas  esas  palabras  in- 
trusas, francesas,  italianas,  que  se  visten  de  un  falso  estado  civil  español: 
Nuestra  conclusión  se  adivina:  «el  mismo  esfuerzo  de  aplicación  es  sufi- 
ciente al  publico  para  asimilarse  el  buen  español  que  un  español  arbitra- 
riamente forjado  con  palabras  de  todas  las  lenguas.  Algunos  de  nuestros 
amigos,  que  han  tomado  la  costumbre  de  leer  el  periódico  madrileño  al 
que  «El  Circulo  Israelita»,  de  Andrinopolis,  ha  tenido  la  buena  inspira- 
ción de  suscribirse,  han  reconocido  conmigo  que  la  lectura  les  resulta  al 
cabo  de  poco  tiempo  tan  clara  como  la  de  los  periódicos  judeo-españoles. 

Con  tal  que  ellos  quisieran,  estos  últimos,  podrían  grandemente  contri 


141 

huir  á  la  depuración  de  nuestra  lengua  materna.  Para  comenzar,  deberían 
consagrar,  aunque  no  fuese  mas  que  una  columna  del  periódico,  á  la  re- 
producción en  caracteres  latinos  de  cuentos,  novelas,  descripciones  de 
viajes,  romances,  etc.,  que  acompañarían  de  un  léxico  judeo-español.  Estoy 
seguro  que  muchos  lectores  acabarían  por  perder  la  costumbre  de  substi- 
tuir en  su  correspondencia  los  caracteres  latinos  á  los  caracteres  hebreos  y 
eso  con  gran  facilidad,  por  ser  la  ortografía  española  de  una  estrema  sen- 
cillez. Someto  esta  idea  al  redactor  en  gefe  de  la  Época,  Mr.  Sam  Levy,  del 
cual  no  se  puede  siempre  aprobar  sus  procederes  de  polemista,  pero  al  que 
no  se  puede  negar  un  ardiente  espíritu  de  iniciativa. 

La  Alianza  Israelita  debe  no  resultar  estraña  á  esta  obra  de  renova- 
ción de  nuestro  idioma  materno.  Para  ser  toda  poderosa,  su  concurso 
no  exigirá  de  su  parte  ningún  sacrificio  pecuniario,  nada  mas  que  alguna 
alteración  en  sus  programas  de  enseñanza.  En  la  escuela  normal  orien- 
tal, los  discípulos  tienen  la  elección  facultativa  de  una  lengua  estran- 
gera.  Que  el  comité  central  decida  que  en  lo  porvenir  esta  lengua  sea 
de  rigor  el  español  para  todos  los  discípulos  cuya  lengua  materna  sea 
el  judeo-español.  El  personal  de  la  Alianza  tendría  asi  hasta  que  seguir  de 
cerca  la  enseñanza  del  español,  que  cesaría,  desde  entonces,  de  quedar 
fuera  de  toda  comprobación  entre  manos  de  solos  rabinos.  Se  acostumbra- 
ría desde  luego  al  niño  á  servirse  de  los  caracteres  latinos  para  el  uso  del 
español.  El  resultado  apetecido  seria  obtenido  con  creces  con  un  ligerisimo 
retoque  del  programa  escolar. 

Así  seriamos  deudores  á  la  Alianza,  á  la  que  nada  habría  costado,  del 
regalo  de  una  lengua  viva,  mas  viva  aun  que  el  francés,  del  que  se  ha 
convenido  proclamar  la  universalidad,  y  que  sin  embargo  no  cuenta  mas 
que  68  millones  de  persenas  que  lo  hablan,  mientras  que  el  español  es 
hablado  por  85  millones.  La  Alianza  no  ignora  cuanta  aglomeración  hay  en 
todas  las  carreras  y  en  todos  los  oficios  y  que  las  condiciones  especiales  tien- 
den entre  nosotros  á  hacer  cada  vez  mas  dificil  la  lucha  por  la  vida,  hasta 
el  punto  de  no  dejar  á  muchas  gentes  otro  recurso  que  la  expatriación. 
Para  estos  es  principalmente  para  los  que  resulta  de  gran  necesidad  el 
conocimiento  de  una  lengua  como  el  español,  que  figura  en  tan  buen  rango 
en  la  escala  comparativa  de  los  idiomas  vivos  mas  estendidos.  Extracto  de 
la  Alianza  Israelita,  este  pasage  tan  significativo: 

c Existen  actualmente  en  la  America  del  Sur,  en  la  República  Argenti- 
na, en  el  Brasil  y  en  Venezuela  sobre  todo,  grupos  enteros  y  hasta  Comu- 
nidades organizadas,  compuestas  de  Israelitas  originarios  de  Marruecos. 
Son  antiguos  discípulos  de  la  Alianza  de  Marruecos,  que  terminados  sus 
estudios  primarios,  no  pudiendo  en  su  pais  egercer  su  actividad,  se  han 
expatríado  á  la  America  del  Sur,  donde  gracias  á  su  conocimiento  de  la 
lengua  española,  han  podido  crearse  situaciones  convenientes.» 

El  español  no  podrá  tener  en  el  mismo  grado  las  cualidades  de  claridad 
y  de  elegancia  que  han  hecho  fuese  adoptado  el  francés  por  las  altas  clases 
sociales  de  todos  los  países,  pero  ciertamente  no  le  cede  en  nada  á  este 
último  en  lo  tocante  á  la  dulzura  v  suavidad  de  su  fonética. 


142 

Que  la  Alianza  y  nuestros  periódicos  pongan  un  poco  de  buena  volun- 
tad y  se  puede  asegurar  que  no  pasarán  muchas  decadas  de  años,  sin  que 
el  judeo-español  sea  remplazado  por  el  español  solo. 

Jacques  Danon. 

Andrinop«lis. 


CAPITULO  Vil 


Examen  de  las  opiniones  expuestas, — Enojo  histórico  de  los  anticastellanistas, — 
El  judesmo  es  el  castellano  alterado  con  impurezas  regionales.  —  Variaciones 
dialécticas  del  judesmo.  —  Dificultades  para  su  evolución  como  idioma  espe- 
cial,— Génesis  de  los  vocablos  y  del  lenguaje. —  La  palabra  Oclofrenia.  —  Crea- 
dores y  fijadores  de  los  vocablos.  —  Riqueza  del  castellano  actual.—  Los  opor- 
tunistas y  la  Sociedad  Esperanza.  —  Los  castellanistas. 


Vamos  á  examinar  las  proposiciones  y  juicios  más  impor- 
tantes sostenidos  en  los  informes  anteriores,  huyendo  de  todo 
aspecto  de  polémica,  la  cual  sería  impropia  de  este  libro.  He- 
mos dado  á  conocer  ajenas  opiniones,  y  se  reconocerá  que  nos 
asiste  el  derecho  y  hasta  el  deber  de  exponer  las  nuestras,  so- 
bre puntos  que  constituyen  los  fundamentos  de  esta  obra 
patriótica  que  perseguimos. 

Procedamos  en  los  comentarios  con  el  mismo  orden  que 
seguimos  en  la  exposición. 

A.  Anticastellanistas. — Descúbrese  á  las  veces,  en  ciertos 
hispanófobos,  un  fondo  de  rencor  contra  España  por  los  pasa- 
dos agravios;  y  este  sentimiento,  que  es  uno  de  los  más  huma- 
nos— porque  los  pueblos  tienen  la  continuidad  sensorial  y  cons- 
ciente de  los  individuos, — imprime  orientaciones  ineluctables 
al  discurso  y  á  los  afectos,  que  no  pensamos  combatir  aquí  con 
razones,  aunque  sí  hallarán  cumplido  examen  en  el  capítulo 
donde  tratemos  del  españolismo  de  los  sefarditas.  En  princi- 
pio respetamos  estos  desvíos  del  enojo,  y  creemos  que  la 
mejor  manera  de  reconquistar  los  corazones  injustamente  o  en- 
didos  es  hacer  lo  contrario  de  lo  que  se  hizo  para  agraviar- 


144 

los.  Cuando  menos,  esto  es  lo  que  procuraremos  hacer  nosotros 
Se  dice  que  el  idioma  español  es  una  lengua  positivista, 
pero  de  orden  inferior.   Ya  Danon  responde  á  esto  cumplida- 
mente. 

De  nuestra  parte  añadiremos,  que  cuando  se  posee  una 
lengua  que  tiene  los  precedentes  históricos  que  en  los  hijos  de 
Judáh  y  de  Le  vi  tiene  el  español,  y  ahora  es  lazo  de  unión  y 
solidaridad  entre  la  grey  proscrita  que  reside  en  Oriente,  como 
debe  serlo  mañana  entre  los  sefardim  todos  desperdigados  por 
el  mundo,  de  los  cuales  los  orientales  son  no  más  que  una  pe- 
queña parte ;  cuando  esta  lengua  la  practica  oficialmente  ma- 
yor número  de  naciones  del  que  practica  ninguna  otra  lengua; 
y  estas  naciones  forman  en  el  concierto  de  los  pueblos  cultos, 
con  impulsos  juveniles,  y  con  esas  legítimas  esperanzas  en  sus 
futuras  grandezas  que  poseen  las  naciones  de  la  América  del 
Sur  y  Central;  cuando  esta  lengua  tiene  las  perfecciones  gra- 
maticales y  galanuras  de  dicción  que  distinguen  á  la  española; 
cuando  los  tratadistas  más  autorizados  la  consideran  como  una 
de  las  muy  pocas  lenguas  que  se  pueden  calificar  de  universa- 
les, y  para  su  estudio  y  especulación  mercantil  se  crean  Acade- 
mias en  Alemania,  Inglaterra  y  Francia;  cuando,  en  fin,  se  tie- 
ne todo  esto  y  algo  más  que  no  enumeramos,  es  cometer  una 
verdadera  inexactitud,  juzgarla  y  menospreciarla  como  de  uti- 
lidad inferior. 

Quienes  tal  idea  vertieron,  no  razonaron  con  sereno  y  sabio 
juicio  su  discurso.  Corresponde  á  la  lengua  española  un  glorio- 
so pasado,  al  extremo  de  haber  sido  la  que  preponderó  políti- 
ca y  socialmente  en  el  mundo  conocido  durante  largo  tiempo; 
tiene  un  presente  valioso,  que  no  se  puede  estimar  por  las  des- 
dichas y  reducciones  que  sufre  hoy  su  madre  patria,  porque 
muchas  naciones  hijas  suyas  hay  en  el  mundo  que  la  magni- 
fican y  restablecen;  y  tiene,  sobre  todo,  quizás  el  porvenir  más 
lisonjero  y  esperanzado  que  hoy  posee  idioma  alguno,  de  cuan- 
tos habla  la  humanidad. 

Dice  el  Avenir,  de  Salónica,  que  los  judíos  españoles  son 
hombres  que  necesitan  para  sus  estudios  y  sus  hechos  apren- 
der el  francés,  el  italiano  y  el  alemán,  y  aun  otras  lenguas;  y 
que  después  de  esto  no  les  queda  tiempo  para  aprender  el  es- 


145 

pañol.  Pero  quien  dice  esto  aparenta  desconocer  que  nosotros 
nos  dirigimos  á  los  que  ya  saben  el  español,  se  llaman  españo- 
les de  Oriente,  y  no  necesitan  cursar  apenas  una  lengua  que 
dominan,  sino  pulirla  un  poco,  limpiarla  y  hacer  que  aquel  ins- 
trumento valioso  que  adquirieron  malparado  en  su  propio  ho- 
gar, sea  rehabilitado,  y  sirva  á  todos  los  varios  y  transcenden- 
tales ministerios  para  que  pueda  servir,  dentro  y  fuera  de  su 
actual  patria. 

Peregrina  y  desdeñosa  por  demás  nos  ha  parecido  semeJ9,n- 
te  ocurrencia,  y  prueba  notable  es  de  cuanto  puede  desfigurar 
la  realidad  de  los  hechos  una  actitud  de  polémica.  Muchos  cen 
tenares  de  cartas  de  israelitas  españoles  guardamos  en  nuestras 
carpetas;  pues  bien,  ni  una  sola  hemos  dejado  de  comprender, 
y  en  ninguna  perdimos  una  sola  idea.  Con  bastantes  safarditas, 
oriundos  de  varios  parajes  de  Oriente,  hemos  conversado,  y 
nunca  la  incomprensión  nos  obligó  á  cortar  nuestros  diálogos. 
Apreciamos  unos  y  otros,  cuando  hablamos,  sí,  extrañezas,  gi- 
ros desusados  á  veces  y  sonidos  chocantes,  los  cuales  eran  para 
quien  esto  escribe,  natural  del  centro  de  España,  por  ejemplo, 
como  los  que  oye  cuando  viaja  por  Galicia,  por  Extremadura, 
por  A.ndalucía  ....,  es  decir,  cuando  oye  el  castellano  con  sus 
músicas  y  gallardías  dialécticas  regionales;  pero  nada  más;  por- 
que aparte  de  eso,  en  todo  lo  restante  del  judesmo  sentía  que 
viven  y  esplenden  todavía  el  alma  y  las  opulencias  orgánicas 
del  habla  castellana. 

Si  se  tratase  de  aprender  un  idioma  nuevo  variaría  funda- 
mentalmente nuestro  problema.  A  este  empeño  podríamos  acu- 
dir, como  lo  hacen  todos  los  pueblos  que  laboran  por  sus  ex- 
pansiones inteleciuales  y  económicas;  pero  seguramente  nos- 
otros no  hubiéramos  acometido  tamaña  empresa,  comprendien- 
do que  los  intereses  comerciales,  literarios  y  políticos  de  Espa- 
ña en  Turquía,  no  reclaman  hoy,  desgraciadamente,  crear  cá- 
tedras de  castellano  en  Brussa,  Salónica  ó  Esmirna. 

De  la  nota  de//  Corriere  Israelítico,  diremos  que  la  encontra- 
ríamos muy  justificada  si  no  la  desvirtuasen  dos  consideracio- 
nes esenciales,  á  saber:  que  no  hay  persona  medianamente  im- 
puesta en  la  vida  de  las  lenguas  que  ignore  el  siguiente  prin- 
cipio biológico,  y  es  que  recomendar  á  un  pueblo  vuelva  á  usar 

10 


146 

idiomas  muertos  en  su  historia,  es  exactamente  igual  que  de- 
cirle á  un  río  torne  á  remontar  sus  aguas  por  los  ya  salvados 
cauces;  y  el  hebreo  es  una  lengua  muerta,  lo  cual  no  sucede  al 
español.  Y  segundo,  que  ese  romántico  consejo  se  da  con  la 
necesaria  autoridad,  cuando  quien  lo  emite  no  se  comunica  con 
los  correhgionarios  en  otro  idioma  distinto  de  aquel  que  se  re- 
comienda. Y  en  verdad  que  ese  digno  periódico  se  publica  en 
la  hermosa  lengua  del  Dante,  y  no  en  la  santa  de  los  profetas 
bíblicos.  Volverían  los  griegos  de  hoy  á  su  perfecto  dialecto 
del  Ática,  y  volverían  los  romanos  al  majestuoso  y  elegante  del 
Lacio,  si  resurrecciones  tales  pudieran  efectuarse.  Pero  des- 
graciadamente los  organismos  lingüísticos  son  en  esto,  como 
lo  son  en  otros  muchos  órdenes  de  consideraciones,  exacta- 
mente iguales  á  los  organismos  carnales,  y  les  sucede  que 
cuando  una  vez  han  muerto  ya  no  resucitan.  Viera  la  desdi- 
chada grey  de  Isaac  alzado  de  nuevo  su  Templo  en  la  llorada 
Sion  y  resonaran  en  él  sus  cantos  litúrgicos  admirables,  con 
las  estrofas  inspiradas  de  sus  conmovedores  himnos,  y  aun  con 
esto  allí  jamás,  jamás  resurgiría,  como  nuevo  Lázaro,  la  sagra- 
da lengua.  ¡Hay  cosas  que  no  pueden  ser,  porque  las  leyes  in- 
flexibles de  la  muerte  lo  impiden  en  absoluto! 


B.  Autonomistas. — Empresa  más  hacedera  sería,  con  verdad, 
la  que  acometieron  y  opinaron  Bejarano,  S.  Levy  y  Cansinos 
Assens;  pero  sobre  ella  haremos  algunas  observaciones;  tres,  no 
más.  Habrán  podido  estos  señores  convencerse  de  un  hecho  im- 
portantísimo, y  es  que  no  hay  un  lenguaje  que  pueda  llamarse 
con  propiedad  judesmo,  como  idioma  de  los  sefardim,  sino  que 
hay  un  castellano  viejo  corrompido,  adulterado  con  muchas  y 
distintas  alteraciones,  las  cuales  varían  en  sus  vocablos,  en  sus 
verbos,  en  su  música  y  en  sus  maltrechos  principios  grama- 
ticales, según  sea  la  región  donde  se  le  quiera  examinar,  en  la 
vasta  superficie  del  planeta  por  donde  andan  los  descendientes 
de  aquellos  desterrndos  de  España.  Es  decir,  en  cuentas  claras, 
([ue  si  queremos  admitir  que  las  ruinas  y  despojos  orgánicos 
del  viejo  castellano  sirven  de  siembras  y  abonos  para  nuevos 
dialectos,  hay  que  preguntarse  en  seguida:  ¿Y  cuál  de  estos  dia- 


147 

lectos  es  el  que  va  á  evolucionai-  para  convertirse  en  la  lengua 
futura? 

1  .^  Acudamos  á  enseñanzas  elementales,  ya  hasta  vulgariza- 
das por  las  enciclopedias.  No  perdamos  de  vista  que  el  judeo-es- 
pañol  no  es,  en  parte  alguna,  idioma  ó  dialecto  propio  del  país, 
sino  que  es  una  jerga  extranjera,  diversamente  influida,  ali- 
mentada y  cada  día  naturalmente  más  y  más  descompuesta, 
con  relación  á  su  ser  primitivo.  Esta  circunstancia  hará  por  ne- 
cesidad que  el  ambiente  que  respira,  y  el  terreno  donde  se 
asienta,  y  en  el  cual  se  nutre  como  un  árbol  exótico  transplan- 
tado, la  vayan  metamorf oseando  y  absorbiendo  poco  á  poco.  En 
Viena  y  en  los  pueblos  incorporados  al  imperio  austro-húngaro, 
la  grey  mosaica  sentirá  la  influencia  poderosa  de  la  lengua 
germana,  y  en  ese  judeo  alemán  que  se  forma,  irá  aumentando 
el  color  teutónico  poco  á  poco.  En  Brussa,  Constan tinopla^ 
Salónica,  Andrinópolis,  es  decir,  en  Turquía  y  Macedonia,  etc., 
sentirá  la  influencia  del  turco.  En  Beyrouth,  Jerusalem,  es 
decir,  en  Siria  y  su  porción  más  Sudoeste,  ó  Palestina,  sentirá 
la  influencia  del  árabe;  la  misma  que  ha  transformado  ya  com- 
pletamente el  ladino  del  centro  de  Marruecos.  En  Túnez  y 
Argelia,  la  del  francés.  En  Belgrado,  Constanza,  Odessa  y  todos 
esos  centros  contiguos  al  antiguo  Ponto  Euxino,  y  vivificados 
por  el  alma  moscovita,  la  del  ruso.  En  Bucarest  y  las  pobla- 
ciones rumanas,  donde  laLe  el  corazón  y  la  herencia  de  la  anti- 
gua Roma,  la  influencia  latina.  En  Atenas,  Morea,  ó  sea  en  esa 
histórica  región  donde  se  alzan  la  Grecia  y  el  archipiélago 
heleno,  la  del  griego  moderno.  En  las  numerosísimas  Congre- 
gaciones israehtas  que  pueblan  el  htoral  de  Marruecos,  y 
formaron  en  su  día  uno  de  los  más  grandes  jirones  del  pueblo 
deshecho  y  arrojado  de  España,  el  castellano  actual;  y  en  todas 
partes,  en  fin,  por  la  febril,  eficaz  y  creciente  obra  de  la 
AUiance  Israélite  Universelle,  el  francés.  ¿Cuál  de  estas  influen- 
cias se  llevará  la  palma  de  imponer  su  carácter  y  su  evolución? 
Porque  debemos  no  olvidar  que  la  existencia  preponderante 
de  un  idioma  es  el  resultado  de  una  concurrencia  biológica 
MuUer  dice  que  el  latín  clásico  fué  uno  de  los  numerosos  dia- 
lectos que  hablaban  los  arios  de  Itaha,  uno  de  los  muchos  del 
Lacio,  el  que  se  hablaba  en  Roma,  y  más  aún,  el  que  hablaban 


148 

algunos  patricios  distinguidos  de  esta  urbe.  De  suerte,  que  la 
lengua  que  luego  llevó  su  grandiosa  soberanía  y  majestad 
fonética  á  casi  todo  el  mundo  conocido,  fué  en  sus  principios 
el  dialecto  de  unas  familias  distinguidas,  las  cuales  le  impu- 
sieron en  su  ciudad,  de  donde  se  difundió  al  Lacio,  á  Italia  y 
á  sus  provincias,  gracias  á  las  supremacía  política  y  militar  de 
Eoma. 

Lo  mismo  había  sucedido  antes  en  Grecia.  En  Tesalia,  Pe- 

loponeso,  Asia  Menor,  Italia se  hablaban  infinitos  dialectos 

parciales,  y  de  todos  llegó  á  prevalecer  el  ático,  porque  fué 
Atenas  quien  despidió  los  resplandores  de  su  genio  sin  rival, 
con  más  intensidad  y  á  mayor  distancia  que  ningún  otro 
pueblo  de  la  confederación  helena. 

Pues  bien,  ¿á  cuál  región  irá  la  soberanía  formadora  de  ese 
nuevo  lenguaje  judeo?  ¿Quiénes  le  constituirán  con  su  genio, 
sus  triunfos  y  sus  grandezas? 


2.*  A  este  propósito  aconseja  Cansinos  Assens,  dirigiéndose 
á  Samuel  S.  Levy,  que  traduzca  obras,  que  trabaje  la  lengua, 
que  invente  vocablos  dentro  de  su  genio  gramatical,  y  le  dice 
que  no  dude  verá  surgir  de  entre  sus  manos  un  nuevo  y  gentil 
idioma. 

Mucho  y  muy  bueno  creemos  de  la  inventiva,  ingenio,  labo- 
riosidad y  entusiasmos  lingüísticos  y  propagandistas  del  fogoso 
director  de  La  Época,  de  Salónica;  mucho  más  queremos  toda- 
vía suponer  realice,  pero  aun  contando  con  esto,  nos  atrevemos 
á  creer  que  Cansinos  Assens  y  los  que  opinen  como  él,  tal  vez 
no  habrán  pensado  mucho  en  lo  que  supone  inventar  voca- 
blos y  hacer  un  idioma. 

¿Quiénes  son  los  hacedores  de  los  vocablos  que  forman  un 
idioma?  ¿Cómo  se  acredita  su  circulación,  y  se  asegura  su 
existencia?  Todos  podemos  decir  algo  sobre  este  motivo,  por 
las  enseñanzas  de  la  propia  experiencia. 

Para  hacer  un  vocablo  se  necesitan  muchas  circunstancias 
y  condiciones,  entre  ellas  las  siguientes:  primera,  tener  una  idea 
original  que  haya  de  ser  expresada  con  un  sonido  articulado 
nuevo;  segunda,  crear  este  sonido  en  condiciones  tales  que. 


149 

siendo  feliz  expresión  de  una  modalidad  sensacional  y  orgánica 
del  individuo  que  la  formula,  sea  acogido  por  otros  individuos 
con  el  éxito  con  que  se  acoge  lo  que  ha  tenido  el  acierto  de  ex- 
presar justamente  el  estado  emocional  y  orgánico  de  los  demás; 
y  tercera,  hacer  que  en  la  concurrencia  de  vocablos  que  luchan 
y  se  disputan  la  hegemom'a  y  los  favores  de  la  expresión,  sean 
esos  y  no  otros  los  que  triunfen  y  prevalezcan. 

¿Quién  ha  creado  vocablos?  ¿Quién  ha  dado  á  la  circulación 
nuevos  sonidos?  ¿Los  grandes  oradores  como  Demóstenes, 
•Cicerón,  San  Crisóstomo.  Bossuet,  Mirabeaii,  Castelar?  ¿Los 
grandes  escritores,  en  sus  distintos  géneros,  como  Isócrates, 
Aristóteles,  Tácito,  San  Agustín,  Dante,  Ariosto,  Cervantes, 
Shakespeare,  Milton?  ¿Los  profundos  gramáticos  como  Pom- 
ponio  Ático...,  y  nuestros  Benot  y  Cejador?  ¿Quiénes  son? 

Conocimos  y  tratamos  de  cerca,  durante  largo  tiempo,  al  que 
siempre  admiramos  como  el  más  grandilocuente  orador  de  los 
tiempos  modernos:  Castelar,  y  no  recordamos  de  vocablo  nin- 
guno inventado  por  él,  ni  de  que  se  jactase  una  sola  vez  de 
haberlos  inventado.  Antes  al  contrario,  escrupuloso  en  su  léxi- 
co, siempre  que  sus  críticos,  que  tuvo  muchos  y  muy  mordaces, 
censuraban  lo  que  creían  ser  sus  libertades  y  caprichos  de 
expresión,  tenía  buen  cuidado  en  hacernos  constar  que  aquella 
palabra  y  aquel  giro  eran  de  buen  cuño,  y  estaban  garantidos 
por  el  Diccionario  de  autoridades;  el  cual  tenía  siempre  á  la 
mano  y  consultaba  frecuentemente  en  sus  horas  de  trabajo. 
Puso  en  moda  vocablos,  pero  no  los  inventó.  Esto  mismo 
pudiéramos  decir  de  otros  muchos  grandes  oradores,  los  cuales, 
cuando  tienen  la  idea,  pero  carecen  de  la  palabra,  suelen  tomar 
la  de  la  nación  donde  la  idea  brotó  por  vez  primera. 

Criticando  D.  Alberto  Lista  el  comentario  que  puso  don 
Diego  Clemencín  al  Quijote,  dice  de  Cervantes  que  pocos  es- 
critores dieron  más  giros  y  locuciones  nuevas  á  su  lengua,  y 
que  él  fué  quien  la  dotó  del  carácter  y  flexibilidad  que  le  dis- 
tingue. Esto  no  pasa  de  ser  una  de  tantas  opiniones.  Para  sa- 
ber con  verdad  si  Cervantes  creó  giros  y  locuciones  nuevas,  sería 
necesario  resucitar  y  conocer  por  entero  el  idioma  que  usaron 
los  literatos  y  no  literatos  cuando  se  escribió  el  Quijote.  Una 
cosa  es  crear,  y  otra,  muy  distinta  es  tener  la  suerte  áe  fijar  con 


150 

una  obra  imperecedera  cualquier  momento  histórico  en  la  evo- 
lución de  un  idioma,  que  es  lo  que  hacen  los  genios  oratorios 
y  literarios. 

Sentimos  una  vez,  solamente  una,  en  nuestra  ya  larga  vida 
de  emborronador  de  cuartillas,  la  necesidad  de  crear  un  vocablo 
nuevo,  )'■  aprendimos  con  esto  enseñanza  muy  curiosa. 

En  nuestro  librito  La  Pena  Capital  en  Esjjaña,  del  cual 
nos  servimos  para  lograr,  después  de  algunos  años  de  una  tarea 
parlamentaria  perseverante,  corregir  nuestros  procedimientos 
nacionales  de  ejecución  de  la  pena  de  muerte,  reformando  los. 
artículos  102,  103  y  104  del  Código  penal,  hay  un  capítulo  IV 
que  titulamos  La  Odofrenia  del  Patíbulo,  donde  describimos  la 
muchedumbre  agrupada  en  torno  del  cadalso,  y  el  estado 
psicológico  particularísimo  que  entonces  adquiere  aquel  conglo- 
merado de  células  personales,  formando  un  organismo  especial 
con  un  alma  asimismo  especial,  y,  por  consecuencia  de  esto, 
con  reacciones,  energías,  impulsos,  etc.,  etc.,  igualmente  espe- 
ciales; organismo  que  no  existe  antes  del  momento  de  la 
ejecución;  que  se  disuelve  después  de  practicada  ésta;  que 
tiene  una  existencia  fugaz,  pero  que  se  constituye  con  atributos 
peculiarísimos.  Ahondando  un  poco  en  este  análisis,  por  los  des- 
arrollos de  nuestro  libro,  pronto  advertimos  que  ninguna  de  las 
frases  españolas  que  conocíamos,  como  muchedumbre,  multi- 
tud, público,  espectadores,  colectividad,  pueblo,  gentío...  ni  aun 
las  extranjeras  como /ÓMÍe,  etc..  etc.,  expresaban  nuestro  pensa- 
miento. Consultábamos  aquellas  frases  en  el  Diccionario,  dis- 
curríamos sobre  su  alcance  y  significación,  y  concluíamos  di- 
ciéndonos  siempre:  «no,  no  es  esto  lo  que  yo  siento  3^  deseo 
expresar;  es  otra  cosa».  Y  surgió  en  nuestro  ánimo  entonces  la 
necesidad  de  un  vocablo  nuevo.  Señalada  esta  necesidad,  vino 
en  seguida  un  problema:  ¿cómo  hacemos  este  vocablo? ¿Creamos 
una  frase  articulada  nueva,  o  la  arreglamos  tomando  los  ma- 
teriales en  esa  cantera  de  lenguas  muertas,  adonde  acuden  los 
sabios  para  expresar  sus  inventos?  Lo  airoso  sería  lo  prime- 
ro: crear  una  palabrita  nueva,  de  pura  savia  española,  que  tu- 
viese la  enjundia,  el  color  y  el  aire  de  cosa  castellana  neta. 
Pero  ¿cuáles  son  esta  enjundia,  color  y  aire?  ¿Dónde  se  hallan? 
¿Qué  sonidos  articulados  pueden  expresarlos?  Así  como  un 


151 

músico  combina  unas  cuantas  notas  para  formar  una  frase 
musical,  ¿vamos  á  combinar  unos  cuantos  sonidos  para  crear 
un  vocablo?  Muj''  bien! — nos  dijimos — ahí  están  las  notas 
jugosas  de  nuestras  vocales;  ahí  la  armazón  y  el  estroma  esque- 
lético y  muscular  de  nuestras  consonantes;  las  hay,  como  las 
tiene  toda  lengua,  de  índole  variada  para  exteriorizar  las  infini- 
tas modalidades  sensitivas  ó  vibraciones  íntimas  de  nuestro  sis- 
tema nervioso.  ¿Haremos  una  frase  sencilla,  ó  una  compleja  para 
que  exprese  la  complejidad  psicológica  que  deseamos  exponer? 
¿Haremos  un  vocablo  armónico  ó  desarmónico,  blando  como 
una  alfombra  de  césped,  ó  duro  como  un  suelo  pedregoso? 
¿Llamaremos  á  esa  multitud  activa  y  trágica,  por  ejemplo:  una 
domica,  ó  una  iwogrucia?  Lo  primero  es  musical;  lo  segundo  es 
tormentoso,  duro  y  siniestro.  Pero  ¿no  se  nos  reirán,  y  con 
razón,  si  salimos  ahora  lanzando  un  invento  semejante?  ¿No 
nos  calificarán  de  raro  y  de  necio?  ¿Acaso  no  ha}''  ya  un  arte 
de  hacer  palabras  al  uso  de  todo  el  mundo?  Tomaremos  las 
radicales  en  nuestras  maternales  y  provenientes  canteras,  nos 
dijimos;  y  entonces,  sofocando  un  poco  los  humos  de  neologista, 
buscamos  en  el  Diccionario  griego  tres  ó  cuatro  vocablos,  y  con 
ellos  nos  encaminamos  á  casa  de  un  ilustre  amigo,  muy  aficio- 
nado á  estos  aderezos,  el  doctor  Letamendi,  y  le  hablamos  así: 
—Querido  y  sabio  maestro,  aquí  me  tiene  enfrascado  en  este 
negocio.  Hago  esto  y  lo  otro;  necesito  esto,  me  siento  en  tal 
conflicto,  y  á  usted  acudo  en  busca  de  consejo  y  de  ayuda, 
porque  advierto  que  eso  de  hacer  una  palabra  nueva  es  más  di- 
fícil todavía  que  hinchar  un  perro. 

Y  de  aquel  esfuerzo  mancomunado  salió  la  locución  Odo- 
frenía,  que  no  quiere  expresar  lo  mismo  que  la /o?t/e  francesa; 
con  sus  dos  raíces  griegas  y  con  todos  los  perfiles  que  creímos  ne- 
cesarios; pero  con  tanta  suerte,  que  nadie  la  dispensó,  ni  la  dis- 
pensará atención  alguna;  porque  una  cosa  es  que  un  sujeto 
sienta  una  necesidad  y  la  satisfaga  á  su  antojo,  y  muy  distinta 
cosa  es  que  la  sientan  los  demás  y  consideren  hallarse  servidos 
y  contentos  con  las  satisfacciones  de  otro  temperamento  intelec- 
tual, á  ellos  extraño. 

Y  sin  embago,  en  la  realidad  nada  hay  más  espontáneo, 
usual  y  corriente,  que  hacer  palabras.  Es  la  obra  del  alma  hu- 


152 

mana,  como  procrear  es  la  obra  del  cuerpo  humano.  El  niña 
crea  vocablos,  como  que  sus  balbuceos  son  nuevas  palabras; 
los  crean  los  pastores  y  los  campesinos,  es  decir,  los  más  incultos 
seres  de  la  escala  social. 

Debrosse  estudió  la  formación  mecánica  de  las  lenguas,  y 
no  pudo  definir  con  claridad  esos  gérmenes  de  la  fonética, 
que  son  la  exteriorización  instructiva  de  nuestras  necesida- 
des y  de  nuestras  sensaciones.  Son  los  vocablos  frulo  de 
los  órganos  de  la  voz  y  de  su  mecanismo  especial;  de  la  re- 
petición y  reunión  de  gérmenes  musicales  que  se  combinan 
de  todas  las  maneras  posibles;  de  la  selección  que  se  hace  de 
estos  gérmenes  constituyendo  una  pintura  más  ó  menos  com- 
pleta de  los  objetos;  de  los  ruidos  armónicos  y  los  imitativos 
de  cosas  reales;  son  una  conjunción,  en  fin,  del  ser  que  siente, 
de  la  idea,  del  sonido  y  la  letra,  que  se  realiza  en  la  masa 
anónima  de  los  seres:  en  el  niño,  en  el  hombre,  en  la  familia, 
en  la  tribu,  y  que  luego  se  cuaja,  modela  y  organiza,  en  po- 
der de  los  seres  superiores  que  crean  las  le3'es  de  la  gramática, 
la  aristocracia  del  lenguaje,  y  las  refinadas  exquisiteces  de  la 
expresión. 

Nuestro  eminente  filólogo  D.  Julio  Cejador,  en  su  obra  re- 
cientemente pubhcada  sobre  embriogenia  del  lenguaje,  analiza 
con  mucha  profundidad  esta  importantísima  materia;  señala 
las  íntimas  relaciones  que  hay  entre  la  sensibilidad,  la  emoción, 
las  reacciones  orgánicas  musicales  y  las  ideas,  y  procura  cono- 
cer la  complejísima  vida  que  entraña  el  lenguaje. 

La  voz  es  un  gesto  sonoro — dice; — ya  la  música  con  los 
elementos  secundarios  de  la  voz  humana,  con  el  tono,  el  ritmo, 
la  cantidad  y  la  intensidad,  lleva  en  sí  los  movimientos  anímico» 
más  generales  y  los  transmite  al  alma  del  oyente.  Cada  emoción 
tiene  su  ritmo,  sus  golpes,  su  duración,  su  energía,  su  acento; 
todo  lo  cual  lo  interpreta  la  música,  despertando  en  nos- 
otros sentimientos  de  alegría  ó  de  tristeza,  de  animación  ó  des- 
aliento, de  vivacidad  ó  languidez,  y  otros  de  parecida  vaguedad. 
Pero  la  voz  humana  añade  á  esos  elementos  musicales  el  timbre, 
en  que  consisten  las  vocales  y  consonantes,  y  al  cual  está  en- 
comendada la  traducción  de  la  idea,  la  de  su  representación. 
¿Qué  relación  existe  entre  los  timbres  de  las  voces  y  las  ideas? 


153 


A  esta  pregunta  ha  tratado  de  contestar  en  su  estudio  sobre 
«Los  gérmenes  del  lenguoje». 


Se  ha  dicho  que  los  naturales  de  Roma  crearon  el  latín;  las 
familias  distinguidas  de  los  patricios  Sirio,  Andrónico,  Ennio, 
Nevio,  Catón,  Lucrecio,  le  fijaron,  y  los  Escipiones,  Horten- 
sios  y  Cicerones,  le  pulieron.  Pues  bien;  de  parecido  modo  es 
de  creer  que,  por  ejemplo,  entre  i^ esotros,  Castelar,  Echegaray, 
Pérez  Galdós,  Ayala...  en  nuestros  días;  y  Cervantes,  Hurtado 
de  Mendoza,  Fray  Luis  de  Granada,  y  de  León,  Guevara,  Santa 
Teresa,  Calderón...  en  lo  pasado,  fijaron,  aristocratizaron  y  pu- 
lieron el  lenguaje;  pero  [seguramente  todos  recogieron  los  vo- 
cablos en  el  acervo  corriente  de  las  muchedumbres. 

Observemos  algunos  hechos  á  este  propósito: 

Grimm  dice  que  el  idioma  de  las  tribus  nómadas  es  muy 
rico  en  expresiones  para  designar  Ihs  diferentes  clases  de  es- 
padas y  de  armas  de  que  se  sirven,  para  indicar  los  diversos 
períodos  de  la  vida  de  sus  ganados,  para  señalar  sus  estados 

diferentes  de  gestación,  parto,  matanza ,   etcétera;  y  hemos 

oído  más  de  cuatro  veces  á  nuestro  docto  amigo  D.  Miguel 
Unamuno,  narrar  los  vocablos  precisos  y  copiosos,  de  nueva 
factura,  con  que  los  montaraces  y  charros  de  Salamanca  ex- 
presan los  fenómenos  de  la  Naturaleza,  los  estados  de  su  espí- 
ritu y  los  elementos  de  su  riqueza  agrícola  y  pecuaria. 

Y  si  desde  estos  primeros  escalones  aupamos  el  examen 
hasta  lo  más  augusto  y  refinado  de  la  locución,  tropezaremos 
en  lo  pasado,  por  ejemplo,  con  Santa  Teresa  de  Jesús,  que  fué 
la  escritora  que  más  afinó  en  el  arte  de  matizar  los  estados  in- 
hibitorios é  hiperestéticos  de  la  sensiMlidad,  describiendo  sus 
arrobamientos,  estros,  éxtasis,  espasmos,  deliquios,  gozos,  es- 
tremecimientos y  vibraciones;  los  matices  de  las  ideas;  las  ráfa- 
gas, ondas  fugaces  y  transparencias  del  alma  mística,  y  esto  lo 
hizo  como  nadie,  absolutamente  nadie.  Y  en  lo  moderno,  ahí 
tenemos  á  ese  pulquérrimo  sacerdote  de  la  belleza  y  el  ritmo  de 
la  prosa,  Gabriel  d' Annuuzio,  quien  busca,  rebusca  y  desentraña 
los  tesoros  léxicos  acumulados  por  los  siglos  en  el  divino  idioma 
del  Dante,  para  tejer  las  guirnaldas  más  ágiles  y  los  festones 


154 

más  sinuosos  de  la  expresión;  para  hacer  una  prosa  plástica,  sin- 
iónica  y  rica,  asi  en  imágenes  como  en  colores;  para  rivalizar 
en  los  elementos  musicales  del  estilo  con  las  opulencias  de  la 
gran  orquesta  wagneriana;  para  bucear  en  los  hondos  y  recón- 
ditos depósitos  sensoriales  de  los  ascetas  y  los  apasionados,  de 
los  neurasténicos  y  los  neurósicos,  de  los  emocionantes  y  los 
exaltados,  y  de  este  modo  plastificar  los  ritmos  todos  de  la  sen- 
sualidad y  de  la  vida. 

Pues  bien,  seguramente  Santa  Teresa  y  D'Annunzio  fueron 
menos  creadores  léxicos  que  lo  son  los  montaraces  de  Salaman- 
ca, y  los  árabes  de  las  tribus  nómadas;  fueron,  sí,  más  artísti- 
cos, más  matizadores  y  más  sensibles;  pero  si  se  analizasen 
sus  inspirados  escritos  y  se  pulieran  oír  sus  ingenuas  confesio- 
nes, sabríamos  que  Santa  Teresa  tomó  todo  su  rico  vocabula- 
rio en  aquel  secular  depósito  que  años  antes  se  llevaron  los  ju- 
díos, y  que  el  poeta  italiano  lo  encuentra  todo  en  las  reservas 
y  desechos  de  una  lengua  que  nada  tiene  que  envidiar  y  nada 
pedir  prestado  á  ninguna  otra  lengua  moderna,  así  para  la  re- 
presentación de  las  cosas  todas  del  mundo,  como  de  los  estados 
todos  del  ánimo. 

Agregúense  á  estas  consideraciones  aquellas  cuatro  bases 
de  la  etimología  científica  que  señala  Max  Muller  en  sus  Lec- 
ciones sobre  la  ciencia  del  lenguaje,  según  las  cuales  un  mismo 
vocablo  toma  diferentes  formas  en  una  sola  y  misma  lengua; 
un  mismo  vocablo  toma  diferentes  formas  en  diferentes  len- 
guas; vocablos  diferentes  toman  la  misma  foi^ma  en  lenguas  dis- 
tintas, y  vocablos  diferentes  toman  igual  forma  en  una  sola  y 
misma  lengua;  por  lo  cual  se  expHca  muy  bien  que  un  mismo 
dialecto  salido  del  Lacio  haya  producido  el  francés  en  Francia, 
el  español  en  España,  el  italiano  en  Italia,  el  rumano  en  Ru- 
mania y  el  portugués  en  Portugal,  y  dígasenos,  en  definitiva, 
qué  cumplimiento  puede  dar  la  realidad  de  los  sucesos  á  las  li- 
sonjeras esperanzas  del  Sr.  Cansinos  Assens  para  que  S.  Levy 
cree  una  lengua,  no  á  usanza  de  esas  como  el  Esperanto,  hechu- 
ra de  un  genio  varsoviano,  el  Dr.  Zamenhof ,  que  busca  fórmu- 
las de  conjunción  en  todas  las  gramáticas,  de  articulación  en 
todos  los  idiomas  y  de  empleo  en  todos  los  acuerdos  y  necesida- 
des, para  que  sirvan  de  lenguaje  universal  que  guste  y  satisfaga 


155 

á  todos;  sino  un  idioma  de  alma,  enjundia,  raíces  y  florescencias 
naturales  y  étnicas,  que  meta  sus  raigambres  en  las  entrañas  de 
una  raza,  y  ascienda  sus  frondosas  copas  hasta  los  cielos  de  la 
ilusión  y  del  entusiasmo  en  las  muchedumbres. 

Ello  podrá  ser,  pero  habríamos  de  verlo  para  admitirlo. 


3.*  Y  luego  ¡cuánto  lamentamos  que  espíritu  tan  bueno  y 
eultocomo  el  del  Sr.  Cansinos  Assens  diga  aquello  de  que  buscar 
ese  desarrollo  autonómico  de  la  jerga  castellana  lo  piden  nuestro 
atraso  lingüístico,  la  pobreza  de  escritores  españoles  que  escri- 
ban bien  y  la  desnaturalización  de  nuestro  idioma,  porque  las 
letras  españolas  están  hoy  en  crisis!  ¿Cómo  puede  publicar 
estas  cosas  un  español  entre  nuestros  hermanos  de  Oriente? 
¡Anduviéramos  tan  bien  de  sentido  político,  económico  y  mer- 
cantil, como  lo  estamos  de  sentido  literario,  y  otro  gallo  nos 
cantara!  Tenemos  de  noveladores,  dramaturgos,  sainetistas, 
poetas,  cronistas  y  cuenteros,  surtido  bastante  para  servir  á  diez 
prensas  y  públicos  como  los  de  España;  y  muchísimos  de  aque- 
llos tan  superiores  y  admirables,  que  muy  frecuentemente  he- 
mos sentido  profunda  pena  al  contemplar  la  desproporción  que 
hay  entre  las  energías  disponibles  y  las  obras  realizadas;  entre 
los  merecimientos  y  las  recompensas.  Y  por  lo  que  atañe  á 
grandilocuentes  y  soberanos  aradores,  son  ya  hasta  enfermedad 
de  nuestros  Parlamentos,  Ateneos,  Asambleas  y  Academias, 
como  marean  en  un  huerto  de  naranjos  las  frondosas  copas  cua- 
jadas de  nevados  azahares.  ¡Ah!,  no,  en  esto  del  idioma  andamos 
mucho  mejor  de  lo  que  necesitamos;  y  cuando  ofrecemos  á 
pueblos  hermanos  nuestra  lengua,  podemos  hacerlo  con  tanto 
orgullo  y  seguridad  de  quedar  bien,  como  cuando  invitamos  á 
gozar  bellezas  panorámicas  en  nuestros  litorales,  ó  á  respirar 
ambientes  perfumados  con  sanos  aromas  de  labiadas,  en  los 
campos  de  nuestras  mesetas  castellanas. 

Sobre  que  ya  la  lengua  española  no  es  la  lengua  de  un  pue- 
blo, sino  que  es  la  lengua  de  veinte  pueblos;  no  expone  el  alma 
de  un  Estado,  sino  que  ostenta  el  alma  de  una  raza;  ni  la  mag- 
nifica el  genio  de  20  millones  de  españoles,  sino  el  genio  de  100 
millones  de  ciudadanos  distintos,  á  cuyo  espléndido  y  glorio- 


15ü 

so  concurso  pueden  y  aun  deben  asociarse  con  derecho  propio, 
indiscutible,  de  raza,  de  historia  y  de  lengua,  los  israelitas  es- 
pañoles todos. 

JII. — Los  oportunistas. 

La  Sociedad  Esperanza,  de  Aliena,  como  se  ha  podido  apre- 
ciar en  su  notable  escrito,  es  castellanista  en  lo  que  se  refiere  á 
que  el  judeo-español  se  debe  conservar  basándose  solamente  en 
la  adopción  del  moderno  castellano:  pero  es  oportunista  y  cir- 
cunstancial en  lo  que  atañe  á  que  los  judíos  españoles  apren- 
dan esta  lengua. 

La  comunicación  donde  se  estudia  este  problema  es  una 
gallarda  prueba  de  la  cultura,  las  previsiones  y  el  sentido  polí- 
tico de  sus  jóvenes  autores,  y  mucho  agradecemos  la  atención 
que  con  ella  nos  dispensó  la  Sociedad.  Pero  debemos  decir 
también  que  su  texto  nos  ha  producido  grande  sorpresa,  por- 
que entre  el  espíritu  que  inspira  la  redacción  de  esta  Memo- 
ria y  el  que  inspiró  así  la  constitución  de  la  Sociedad,  como  el 
Manifiesto  que  dirigió  á  los  Balkanes  el  15  de  Enero'  de 
1900  en  El  Progreso,  hay  diferencia  muy  importante.  Serán 
los  mismos  los  socios,  pero  en  poco  más  de  cuatro  años  apare- 
cen variadas  sus  creencias  y  sus  aspiraciones,  en  cuanto  se  re- 
fiere á  la  necesidad  de  que  regeneren  el  castellano  los  judíos  to- 
dos de  los  Balkanes.  El  análisis  frío  y  severo  que  ahora  se 
hace  sobre  las  utilidades  que  puede  suministrar  el  castellano,  y 
la  división  de  pueblos  donde  los  sefarditas  hallarán  más  ó 
r.  enos  ventajas  en  restablecer  su  lengua  madre,  se  apartan 
mucho  de  aquella  apelación  general,  vibrante  y  entusiasta,  que 
se  hacía  á  los  sefarditas  todos  de  los  Balkanes,  para  que  acome- 
tieran una  obra  de  raza  y  de  solidaridad  mundana.  No  discuti- 
mos ni  censuramos  la  variación;  nos  limitamos  á  exponerla  y 
á  respetarla. 

La  Experanza  se  ha  convertido  en  una  Socied  .d  sionista 
más  y  ha  renunciado  á  su  primitivo  ideal  por  la  lengua  madre. 
Registramos  este  cambio  con  pena  Claro  está  que  semejante 
suceso  advierte  que  aquella  briosa  juventud  renuncia  á  que  los 
sefarditas  todos,  hállense  donde  se  hallen,  normalicen  su  ju- 


deo-españo],  y  desiste  de  reconstituir  y  vigorizar  el  lazo  de 
unión  y  de  conservación  de  ese  pueblo,  lo  cual  supone  el  hecho 
de  que  mientras  se  recupera  la  santa  Sión,  se  verifica  la  absor- 
ción de  las  comunidades  por  las  naciones  respectivas.  Me  libraré 
mucho  de  presentar  esto  como  un  mal,  y  hasta  no  tendré  incon- 
veniente en  reconocerlo  como  ineluctable  suceso  futuro.  Pero 
admitir  hoy  tal  destino  cambiaría  completamente  los  términos 
de  la  cuestión  que  tratamos,  y  nosotros  no  atendemos  ahora  á 
lo  que  ha  de  suceder  en  lejano  porvenir.  Antes  han  de  cumplir- 
se otras  evoluciones,  y  en  éstas  pueden  hallar  España  y  sus 
hijos  israeütas  motivos  de  prósperas  y  gloriosas  inteligencias. 
Para  terminar,  véase  cómo  hablaban  ayer  los  socios  de  la 
Esperanza,  y  compárese  este  discurso  con  el  que  entraña  la  Me- 
moria arriba  publicada: 

Hermanos  judíos-españoles. 

La  «Esperanza- ,  Sociedad  académica,  compuesta  de  judíos-españoles 
que  frecuentan  las  altas  escuelas  de  Viena.  teniendo  por  uno  de  sus  esco- 
pos  de  mantener  y  cultivar  entre  sus  miembros  la  lengua  español,  saluda 
al  «Progreso  '  en  su  nuevo  vestido  con  caracteres  latinos  con  el  más  gran- 
de entusiasmo  y,  resintiendo  de  una  parte  amor  por  el  glorioso  pasado  de 
nuestra  nación,  de  otra  parte  inquietud  y  miedo  por  la  suer^^^e  y  el  avenir 
del  judaismo  en  el  Oriente,  es  forzada  de  alzar  públicamente  su  voz  y  de 
declarar  su  convicción  tocante  á  la  lengua  español  y  á  la  reforma  del  Pro- 
greso  

Oíd,  señores!  Escuchad,  hermanos! 

El  judaismo  del  Balean  (1)  tiene  mil  razones  históricas,  nacionales, 
éticas,  morales  y  materiales  de  mantener  la  lengua  español,  este  recio 
atadero  entre  todos  los  judíos  del  Oriente.  Una  vez  esta  lengua  abando- 
nada y  olvidada  en  restituendo  en  su  lugar  las  lenguas  de  los  países,  nos- 
otros no  más  seremos  un  ramo  grande  de  la  nación  judía,  sino  nos  despar 
tiremos  en  pedazos  chicos  y  menudos,  en  fracciones  las  que  no  más  ten- 
drán la  posibilidad  de  entenderse,  no  más  consentirán  la  sangre  de  her- 
mandad que  en  sus  cuerpos  circula.  Seremos  ajenos  y  alejados!  Dubiono 
hay  que  este  arrancamiento  de  nuestras  fuerzas  sería  un  grande  peligro 
por  el  judaismo,  tanto  masen  los  tiempos  actuales,  en  los  cuales  por  nos- 
otros es  grande  premura,  de  laborar  con  toda  la  energía  por  acercarnos, 
por  concentrarnos,  por  darnos  las  manos  con  concordia. 

Duuque  no  por  amor  de  España,  absolutamente  no;  sino  por  amor  de 
nosotros  mismos,  por  amor  de  nuestra  existencia  y  por  amor  del  judais- 


(l)      Alude  á  todos  los  Estados  balkánicos. 


158 

mo  debemos  sostener  la  lengoa  español  que  nuestros  padres  habla- 
ban 5'  que  nosotros  aprendemos  desde  la  más  tierna  edad  como  nuestra 
lengua  madre!! 

La  Memoria  contiene,  por  lo  demás,  muy  discretos  conse- 
jos y  consideraciones,  que  tendremos  presente  en  nuestra  ter- 
cera parte. 

IV. —  Castellanistas. 

A  los  Sres.  Nissim  Judah  Pardo,  de  Esmirna,  y  Jacques 
Danon,  de  Adrianópolis,  diremos  pocas  palabras.  Su  opinión  nos 
parece  la  más  acertada,  y  desde  luego  es  la  que  más  satisface 
á  nuestros  amores  y  esperanzas.  Quisiéramos  enviarles  con  el 
testimonio  de  nuestro  agradecimiento  el  que  les  debiera  tribu- 
tar la  madre  patria.  Su  defensa  es  hermosa  y  digna  de  sincero 
aplauso.  Aunque  no  haya  pasado  por  la  mente  de  ninguno  de 
ambos  señores  servir  ni  lisonjear  á  esta  nación,  que  tan  podero- 
sa influencia  ha  ejercido  en  los  destinos  de  la  Humanidad, no  por 
eso  debe  agradecer  menos  España  su  obra,  porque  honra  y 
exalta  su  grandeza  quien  honra  y  exalta  su  idioma. 


CAPÍTULO  VIII 


El  idioma  castellano  en  África.  —  Emigración  israelita  marroquí  á  la  América. — 
Escuelas  marroquíes  de  la  Alianza. —  Información  de  Pinhas  Asayag  acerca  del 
castellano  y  el  estado  político  y  social  de  los  sefardíes,  —  El  castellano  en  Ar- 
gel, Túnez  y  otros  pueblos  africanos.  —  Ojeada  sintética  sobre  el  castellano 
entre  los  sefardíes  de  Europa. — El  castellano  entre  ios  israelitas  de  América. — 
Las  colonias  judías  eslavas  en  la  Argentina.  — Una  carta  del  Dr.  Wechsler. 

África. — Hay  en  África  un  imperio  donde  vive  número  cre- 
cidísimo de  israelitas  españoles,  cuyo  destino  nos  interesa  de 
un  modo  extraordinario,  no  solamente  porque  su  inmediata  ve- 
cindad les  hace  casi  coterráneos  nuestros,  sino  porque  de  todos 
los  expulsados  de  España  son  los  que  han  conservado  más  co- 
rrectamente la  lengua  castellana,  mantienen  más  vivo  el  amor 
á  su  antigua  patria,  sienten  de  más  cerca  el  calor  y  la  influen- 
cia de  nuestra  vida,  han  podido  notar  mejor  que  todos  los  de- 
más cuan  grande  viene  siendo  nuestra  ceguedad  y  torpeza  al 
desatenderlos,  y  son  los  que  debemos,  en  fin,  mirar,  cada  día 
que  pasa,  con  mayor  interés,  porque  pueden  y  deben  ser  un 
factor  poderoso  en  nuestros  intereses  y  destinos  futuros.  El 
lector  habrá  comprendido  demasiado  que  aludimos  á  Ma- 
rruecos. 

Hay  muchos  judíos  españoles  en  Argel,  algunos  en  Túnez, 
bastantes  en  el  litoral  del  Nordeste  (Alejandría,  Cairo),  y  los 
hay  también  en  el  Sar  de  África;  pero  ni  por  el  número,  ni  por 
la  situación  geográfica  que  ocupan,  ni  por  las  relaciones  que 
pueden  entablar  con  la  madre  patria,  son  comparables  á  los 
del  imperio  marroquí. 


160 

Aquí  el  idioma  español  tiene,  para  ellos  y  para  nosotros, 
una  importancia  extraordinaria,  que  en  manera  alguna  puede 
compararse  á  la  que  adquiere  en  los  demás  pueblos,  y  por  este 
motivo  la  enseñanza  del  castellano  ha  sido  en  Marruecos,  un  pro- 
blema analizado  entre  los  israelitas  como  de  suma  importancia 
(aun  prescindiendo  completamente  de  lo  que  pudiera  pensar  y 
hacer  la  nación  á  quien  este  idioma  pertenece),  por  la  crecida 
emigración  que  realizan  los  judíos  de  Tetuán,  Tánger  y  otra.s 
ciudades  marroquíes,  á  las  naciones  de  la  América  Central  y  del 
Sur,  donde  se  habla  español.  Todos  nuestros  informes  sobre 
este  punto  son  de  procedencia  israelita  y  merecen  crédito. 

El  inteligente  director  que  fué  de  la  Escuela  de  la  Alianza 
en  Tetuán,  D.  E.  Carmoua,  trasladado  recientemente  á  Janma, 
nos  dice  que  no  existen  ashkenazim  en  Marruecos,  donde  los 
Israelitas  todos  son  de  procedencia  española,  si  bien  hoy 
aparecen  divididos  en  dos  clases;  los  que  habitan  los  pueblos 
de  la  costa,  llamados  roumis,  los  cuales  hablan  el  español  muy 
bien,  algunos  con  la  elegancia  y  dominio  literario  de  los  seño- 
res Pinhas  Asayagy  Abraham  Pimienta,  de  Tánger,  por  ejem- 
plo, y  los  que  habitan  los  pueblos  del  interior,  como  Fez,  Ma- 
rrakesh  y  aun  los  aduares  de  las  cabilas,  llamados  judíos  ára- 
bes, ó  forasteros,  los  cuales  usan  el  idioma  del  país  con  algunos 
vocablos  de  reminiscencia  castellana. 

Todos  los  israelitas  de  Marruecos  hablan  el  árabe;  el  hebreo 
es  conocido  solamente  de  los  rabinos,  quienes  jamás  le  usan 
para  conversar.  Aquel  dista  mucho  también  de  ser  puro,  y  por 
hallarse  mezcladas  á  él  palabras  hebreas  y  españolas,  se  ha 
formado  una  jerga  que  se  podría  llamar  judeoárabe.  Sin  em- 
bargo, refiere  Benchimol,  en  un  artículo  interesante  acerca  de 
La  lengua  española  en  Marruecos,  que  casi  todas  las  pobla- 
ciones de  este  imperio,  así  las  del  interior  como  las  del  exterior, 
poseen  ordinariamente  una  ó  muchas  familias  procedentes  de 
Tánger  ó  de  Tetuán,  que  hablan  español;  idioma  que  repre- 
senta, en  concepto  de  los  israelitas  marroquíes  todos,  ideas  y 
costumbres  más  selectas;  en  una  palabra:  la  civilización. 

Esta  desigual  posesión  del  idioma  castellano  entre  los  sefar- 
ditas del  interior  y  los  de  la  costa,  ha  influido  poderosamente 
en  el  menosprecio  con  que  son  considerados  aquellos.  Refiere 


161 

Benchimol  que,  no  hace  todavía  mucho  tiempo,  tomó  la  comu- 
nidad israelita  de  Tetuán  la  resolución  de  prohibir  á  los  nota- 
rios públicos  que  extendieran  contratos  de  matrimonio  entre 
una  joven  israelita  de  Tetuán  y  un  hebreo  del  interior,  ó  foraste- 
ro, sin  que  precediera  una  autorización  del  Gran  Rabino;  la  cual 
podía  ser  concedida  ó  negada  según  los  informes  recibidos.  De 
la  significación  de  este  permiso  puede  dar  idea  el  hecho,  de  que 
la  mayor  parte  de  las  veces  era  pura  y  sencillamente  negada; 
porque  las  costumbres  de  los  forasteros  eran  menos  cultas  y 
aceptables  que  las  de  sus  compañeros  de  raza  en  la  costa:  apa- 
recían casados  en  el  interior  y  se  divorciaban  más  fácilmente. 

Ni  los  israelitas  de  la  misma  costa  se  consideran  entre 
sí  iguales;  los  de  Tánger  y  Tetuán  representan  la  aristocracia; 
forman  lo  más  selecto,  y  constituyen  una  sociedad  singular- 
mente distinguida,  así  por  su  cultura,  como  por  su  posición  y 
su  inñuencia;  la  cual  sociedad  tendremos  el  gusto  de  presentar 
cuando  descendamos  al  estudio  topográfico  de  los  sefardíes,  en 
la  segunda  parte  de  esta  obra.  Sin  embargo,  estiman  como  de 
superior  condición  á  los  comerciantes  y  á  los  que  por  sus  viajes 
á  Londres,  París,  Marsella,  han  endulzado  sus  costumbres,  y 
han  adquirido  un  barniz  de  instrucción  que  no  es  general  entre 
sus  correligionarios. 

La  emigración  extraordinaria  de  israelitas  desde  el  Norte  de 
Marruecos,  singularmente  desde  Tánger  y  Tetuán,  aún  en  esta 
última,  á  las  naciones  de  la  América  del  Sur,  ha  evidenciado 
la  necesidad  de  enseñar  el  español  á  las  generaciones  venideras, 
para  dotarles  de  este  poderoso  auxiliar  en  la  lucha  por  la  vida; 
y  se  pide  por  ello  á  la  Alliance  la  creación  de  su  enseñanza,  y 
la  formación  de  un  profesorado  idóneo,  que  haga  obligatorio  el 
aprendizaje  del  castellano,  al  lado  de  la  escritura  y  la  gramática, 
en  todas  las  escuelas  de  la  costa  y  del  interior  de  Marruecos. 

L.  Benchimol,  que  es  un  ilustrado  israelita  residente  en  la 
Colonia  Mauricio,  de  la  Argentina,  y  estudia  los  problemas 
sociales  de  su  raza  con  vistas  á  destinos  futuros,  dice  que  la 
mejor  manera  de  vulgarizar  el  español  sería  comenzar  por 
él  su  instrucción;  como  lo  hicieron  siempre  las  escuelas  de 
Tánger  y  de  Tetuán  con  los  niños  y  las  niñas.  El  niño  va  á  la 
escuela  y  aprende  la  lectura  del  español  en  pocos  meses,  al 

11 


162 

mismo  tiempo  que  la  escritm-a  y  la  numeración.  Luego  que 
conoce  los  sonidos  representados  por  las  sílabas  y  las  letras,  se 
le  explica  lo  que  lee,  y  se  le  inicia  en  los  secretos  de  la  ortogra- 
fía; los  cuales  se  consideran  escasos  en  el  idioma  español,  por- 
que es  lengua  que  se  escribe  generalmente  como  se  habla.  Dos 
años  solamente  se  invierten  en  esta  enseñanza  elemental,  y 
ponen  al  alumno  en  condiciones  de  aprender  el  francés  y  las 
otras  asignaturas  del  programa. 

La  referida  enseñanza  es  sin  duda  escasa,  y  no  permite 
conocer  bien  nuestro  idioma.  Ciertamente  que  después  sigue 
el  aluruno  practicando  con  su  familia  y  en  la  vida  ordinaria;  y 
que  en  la  costa  adquiere  de  esta  suerte  una  posesión  del  idioma 
á  veces  casi  perfecta;  pero  esto  es  poco  en  absoluto,  y  necesita 
que  España  procure  ampliarlo,  convencida  de  que  las  necesi- 
dades lingüísticas  de  la  raza  y  las  mejores  promesas  de  la 
AUiance,  no  impedirán  que  ésta  realice  una  educación  funda- 
mentalmente francesa,  y  que  cada  día  se  advierta  más  y  más 
el  predominio  de  la  lengua  de  Moliere  en  la  juventud  israelita 
de  Marruecos.  Nuestro  ilustre  novelista  Pérez  Galdós,  que  ha 
hecho  recientemente  un  viaje  á  Tánger,  nos  decía  que  en  las 
calles  de  esta  ciudad  se  oía  á  los  niños  israehtas  hablar  francés, 
con  e^•idente  perjuicio  de  su  idioma  propio:  el  español. 

En  Tánger  hay  varias  escuelas  establecidas,  y  entre  ellas: 
dos  de  la  Aliama  israelita,  una  de  niños  y  otra  de  ni- 
ñas, las  cuales  son  las  más  antiguas  y  de  más  arraigo;  la  de 
las  RE.  MM.  de  la  O.  T.  y  la  de  los  RR.  PP.  franciscanos, 
sostenidas  por  el  Gobierno  español;  hay  otra  de  la  Alianza 
francesa,  exclusivamente  dedicada  á  la  enseñanza  del  francés, 
y  otras,  en  fin,  particulares  dirigidas  por  señoritas  hebreas, 
francesas,  y  por  misioneras  protestantes  inglesas.  No  se  en- 
seña en  ninguna  de  estas  escuelas  el  judeo-español,  y  sí  en 
algunas  el  castellano,  pero  de  modo  incompleto. 

Para  que  se  advierta  la  importancia  que  tiene  la  enseñanza 
de  la  Alliance  israelite,  en  Marruecos,  daremos  las  siguientes 
cifras  de  alumnos  de  uno  y  otro  sexo  que  á  ellas  acuden: 


163 

Niños.  Niñas.  Total. 


306 

216 

552 

168 

243 

411 

257 

104 

361 

184 

108 

292 

272 

24 

296 

222 

s 

22U 

129 

61 

190 

154 

5 

154 

1.692 

756 

2.448 

Tánger.  .  .  . 

Tetuán.  .  .  . 
Casablanca 
Larache.  .  .  . 
Marraskesk. 
Mogador..  . 

Fez 

Rabat 


En  Casablanca  hay  muchos  israehtas  del  Norte,  y  esto  ha 
servido  para  favorecer  nuestros  intereses  lingüísticos.  Dícese 
que  algunos  rabinos  de  esta  ciudad  enseñan  la  Biblia  traducida 
al  castellano.  Si  esta  práctica  se  generalizara,  es  indudable  que 
constituiría  un  nuevo  factor  de  capital  importancia  para  la  di- 
fusión del  idioma.  Aquí — según  datos  que  nos  proporciona 
nuestro  querido  amigo  el  cónsul  español  Sr.  Nicolau — viven 
5.500  israelitas,  todos  sefardim,  en  su  mayoría  pobres,  y  un 
número  considerable  dedicado  al  comercio.  No  hablan  el  judeo- 
español de  Oriente,  usan  el  español  más  ó  menos  alterado,  y 
los  que  solamente  conocen  el  árabe  se  esfuerzan  por  aprender 
algo  de  aquel,  para  responder  á  sus  necesidades  mercantiles. 

Pero  este  aspecto  lingüístico,  singularmente  en  Marruecos, 
nos  le  presenta  nuestro  buen  amigo  el  distinguido  israelita 
Pinhas  Asayag,  en  su  carta  del  9  de  Junio  (1904),  donde  con 
la  galanura  de  expresión  y  el  sentimiento  hispano  que  le  dis- 
tinguen, expone  altas  consideraciones  patrióticas,  dignas  de 
ser  reproducidas  textualmente. 

Cedámosle  la  palabra  y  veamos  en  qué  términos  se  expresa 
quien  figura,  con  razón  sobrada,  como  una  de  las  mayores 
capacidades  y  de  los  más  perspicaces  políticos  de  Tánger,  esa 
ciudad — repetimos — donde  España  debiera  poner  sus  ojos  y 
mantener  su  atención  con  extraordinario  interés: 

El  propósito  de  Vd.  es  noble,  simpático,  civilizador,  humanó,  moral, 
patriótico,  por  lo  que  debe  tener  buena  acogida  por  igual,  entre  todos  los  es- 
pañoles y  entre  aquellos  que  simpatizan  con  sus  adelantos  y  grandezas,  con 
sus  triu-'fos  y  prosperidades.  Vd.  con  el  mayor  cuidado  y  la  mas  exquisi- 
ta delicadeza  se  aparta  de  todo  fin  politico  y  va  recto  á  la  realización  de  su 
pensamiento.  Xo  hay  nada  politico  que  comprometa  ni  dé  lugar  á  recelos  y 
suspicacias,  en  lo  que  es  esencialmente  progreso,  civilización,  patriotismo. 


164 


amor  al  idioma  patrio.  La  difusión  del  dulce  habla  castellana  debe  ser  que- 
rida por  todos  y  ahi  no  hay  parcialidad  que  se  oponga.  Por  esto,  creo  que 
todos  los  partidos  en  España  estaran  al  lado  de  Vd.  y  habrán  de  prestarle 
su  valioso  concurso  para  el  fin  que  se  propone.  En  su  obra  hay  mucho  de 
práctico,  y  en  verdad  merece  elogios  por  la  franqueza  y  lealtad  que  se  re- 
velan en  sus  actos  y  palabras.  Los  móviles  que  á  Vd.  impulsan  en  su  ta- 
rea son  todos  á  cual  mas  nobles  y  dignos  de  respeto.  Vd.  no  se  limita  úni- 
camente, á  manifestar  simpatías  hacia  una  raza  honrada,  laboriosa  y  dig- 
na de  mejor  suerte;  no  se  concretan  sus  iniciativas  á  una  reciprocidad 
de  afectos,  á  una  confraternidad  de  pueblos  que  son  y  deben  de  ser  her- 
manos por  muchas  razones,  sino  que  hay  también  en  sus  campañas  algo 
otro  de  Índole  elevada  y  es  el  interés  para  España  de  estender  su  idioma 

por  paises  diversos,  en 
donde  se  hallan  disemi- 
nados muchos  miles  de 
individuos  de  la  raza  de 
Israel. 

Y  al  acertar  España 
en  la  difusión  de  su  ha- 
bla en  confines  aparta- 
dos, no  solamente  gana 
la  adquisición  de  ele- 
mentos importantes;  no 
solo  se  atrae  la  adhe- 
sión de  hijos  antiguos, 
que  en  medio  de  sus 
desventuras  y  vicisitu- 
des no  se  han  olvidado 
jamas  de  su  madre,  por 
que  madre  es  España 
de  los  judios,  antes, 
ahora  y  siempre,  digase 
lo  que  se  quiera,  sino 
que  con  el  aumento  de 
su  prestigio  en  paises 
distintos,  se  atrae  Espa- 
ña, conquista  los  cora- 
zones, todos  ellos  devo- 
tísimos, de  600.000  is- 
raelitas que  mal  ó  bien, 
hablan  siempre  el  español. 

No  ya  como  obra  de  justicia,  hasta  por  especulación,  como  interés  pa- 
triótico, debieran  los  gobiernos  españoles  secundar  los  esfuerzos  de  Vd.  y 
apoyar  con  todas  sus  fuerzas  y  los  medios  de  que  disponen,  para  poner 
en  práctica  el  programa  que  con  mano  maestra,  Vd.  traza  en  su  libro  y 
acudir,  lo  antes  posible,  á  salvar  un  tesoro  que  amenaza  perderse,  un  rico 


FiG.  21. — DoñaEstherBenayoi),  distinguiíla  israelita 
marroquí  con  traje  berberisco  (Tetuán). 


165 

edificio  que  se  desmorona,  un  idioma  que  se  estingue.  Y  no  hablo  ahora 
de  Marruecos,  porque  aqui,  en  este  pais,  aunque  falten  profesores  de  espa- 
ñol, y  en  algunas  ciudades  del  imperio  no  se  hable  con  la  pureza  y  correc- 
ción necesarias,  no  estamos  en  el  caso  de  los  israelitas  de  Oriente,  cuyo 
amor  inestinguible  á  España  me  conmueve,  cuya  jerga,  patois,  dialecto  ó  lo 
que  sea,  parece  llamado  á  desaparecer,  y  esto  no  debe  ser  visto  con  indife- 
rencia por  cuanto  se  trata  de  un  asunto  de  riqueza  nacional.  Manténgase 
entre  los  hebreos  el  castellano,  en  toda  su  plenitud;  sosténgase  en  toda  su 
pureza  y  con  todas  las  dulzuras,  sonoridades,  gentilezas  y  donaires  de  un 
idioma  tan  rico  como  hermoso,  y  con  el  cual  dicen  mis  correligionarios  de 
Oriente  que  se  habla  al  Dios  de  las  Alturas,  y  entonces  España,  no  solo 
habrá  estendido  su  soberanía  intelectual,  sino  que  conquistará  una  in- 
fluencia internacional  que  sera  la  envidia  de  otras  potencias. 

El  pueblo  español  debe  ponerse  al  habla  con  los  hebreos  de  Oriente,  en 
primer  término;  debe  interesarse  y  recabar  de  los  Gobiernos,  el  fomento 
y  desarrollo  del  idioma  entre  lo  mismos,  debe  en  fin,  inaugurar  relaciones 
de  afecto  y  cordialidad  y  establecer  otras  de  carácter  mercantil  que  sirvan 
para  dar  á  conocer  la  industria  y  productos  de  España,  hasta  conseguir 
abrir  mercados  entre  los  cuales  tengan  fácil  y  segura  colocación.  Si  algo 
se  intentara  en  este  sentido,  estoy  seguro  de  su  buen  éxito,  al  decir  de  un 
amigo  mió  oriundo  de  aquellas  tierras  y  amante  de  España.  Hubo  un 
tiempo  en  que  tuvieron  aceptación  en  Turquía  las  importaciones  españo- 
las; después  la  desidia,  la  apatia,  que  constituyen  una  idiosincrasia  propia 
de  algunos  seres,  hizo  que  terminasen  unas  relaciones  que  bajo  tan  buenos 
auspicios  se  hubieron  inaugurado. 

No  se  necesitan  grandes  esfuerzos  por  parte  del  Gobierno;  no  hay  tam- 
poco que  hacer  grandes  sacrificios  para  establecer  y  estender  la  enseñan- 
za del  español  entre  los  judios.  La  «Alianza  Israelita»  tiene  establecidas 
escuelas  en  Marruecos  y  en  Oriente.  España  no  necesita  crear  otras  nue- 
vas; con  que  se  ponga  de  acuerdo  con  aquella,  y  con  abrir  una  cátedra  en 
cada  escuela,  basta  para  el  fin  apetecido. 

El  Ministro  de  Estado  Sr.  Conde  de  San  Bernardo  ofreció  á  Vd.  en  el 
Senado,  establecer  escuelas  allá  donde  hubiera  un  núcleo  de  individuos 
(en  Oriente)  que  hablaran  español.  Ya  que  durante  su  corta  gestión  no 
pudo  llevar  á  cabo  tan  buen  propósito,  influya  cuando  menos  ahora,  para 
que  se  haga  eso,  ó  algo  parecido.  Y  si  es  que  al  fin  se  cumple  lo  prome- 
tido, tengase  en  cuenta  Marruecos  por  los  grandes  intereses  que  aqui  tie- 
ne España;  por  las  contingencias  del  porvenir  y  por  la  conveniencia  de 
una  politica  de  atracción,  que  hoy  mas  que  nunca,  tiene  que  seguir  el  Go- 
bierno de  Madrid,  aquende  el  Estrecho.  Fijese  España  en  este  punto  muy 
importante  y  que  dice  mucho  del  alcance  y  eficacia  de  una  gestión  bien 
encaminada.  Inglaterra,  Alemania  y  hasta  la  misma  Rusia,  ¡pásmense  los 
recalcitrantes  de  por  acal  se  afanan  por  atraerse  á  los  hebreos  de  Oriente» 
ora  influyendo  por  difundir  entre  ellos  el  idioma  de  sus  respectivos  paises, 
ora  ofreciéndoles  ventajas  y  facilidades  para  entablar  y  estrechar  con 
ellos  relaciones  comerciales.  De  tal  modo  están  persuadidos  del  feliz  re- 


166 


saltado  de  tan  sabia  politica,  que  uo  vacilan  en  poner  en  práctica  todos 
los  medios  que  están  á  su  alcance,  hasta  conseguir  la  adhesión  de  un  ele- 
mento del  que  se  puede  sacar  positivo  provecho. 

De  Francia  nada  digamos.  Basta  leer  el  articulo  del  «Monde  Illustré» 
que  Yd.  reproduce  en  su  libro,  para  poder  ha- 
cerse una  idea  del  maravilloso  éxito  alcanzado 
por  esa  nación  entre  los  israelitas  de  Oriente, 
gracias  á  las  gallardas  iniciativas  y  á  los  es- 
fuerzos infatigables  de  la  «Alianza  Israelita 
Universal». 

Hasta  en  las  regiones  más  apartadas,  la 
Alianza  ha  dejado  sentir  los  efectos  de  su 
mano  bienhechora,  á  todas  partes  ha  llevado  la 
instrucción  y  el  progreso  y  ha  hecho  que  el 
francés  sea  conocido  y  bien  hablado,  tanto  en 
Oriente  conio  en  Occidente. 

Y  España  que  tiene  sobrados  motivos  para 
(í'Tresponder  á  una  adhesión  espontánea  é  in- 
quebrantables, que  debe  proteger  la  existencia 
y  el  sostenimiento  de  un  idioma  que  los  hebreos 
hablan  con  preferencia  y  en  el  cual  aprenden 
á  espresar  su  afecto  y  predilección  á  la  madre 
patria;  España  que  tiene  una  alta  misión  que 
cumplir  y  un'gran  porvenir  en  el  Moghreb,  ¿no 
habrá  de  afanarse  y  acudir  presurosa  para  dar  alientos  á  los  que  la  si- 
guen, para  sostener  su  idioma  y  hacer  que  el  castellano   viva  incólume  y 
se  perfeccione  y  estienda  entre  todos  los  israelitas  de  origen  español? 

Conviene  recordar  y  hacer  constar  por  lo  que  valga,  que  á  raiz  del  re- 
ciente tratado  anglo  francés  relativo  á  Marruecos,  los  franceses  se  felicita 
ban  úfanos  del  tal  acuerdo  como  cosa  ya  descontada,  teniendo  en  cuenta 
la  semilla  echada  en  el  surco  hace  tiempo  y  los  elementos  con  que  Francia 
cuenta  en  Marruecos,  gracias  á  una  política  sabia  y  previsora.  Y  hasta  un 
periódico  de  la  importancia  de  Le  Matin  de  Paris,  decia  que  Francia  en 
Marruecos  podia  considerarse  en  su  misma  casa,  pues  que  contaba  con 
elementos  do  tanta  valia  como  los  israelitas  que  hablan  todos  el  francés, 
gracias  á  la  Alianza  Israelita  que  asi  habia  prestado  á  Francia  el  mas  va- 
lioso y  eminente  servicio.  Y  al  fijarse  en  este  punto  concreto  y  capital;  al 
señalar  la  ventaja  de  contar  con  la  adhesión  de  una  colonia  numerosa  y 
trabajadora  en  cuyas  manos  está  el  comercio  delpai8,el  conocim  iento  que 
del  mismo  tienen  y  sus  relaciones  con  los  indigenas,  Le  Matin  rendía  un 
tributo  de  admiración  y  gratitud  á  la  «Alianza  Israelita>,  por  las  numero- 
sísimas ventajas  ofrecidas  á  Francia,  gracias  al  celo  y  perseverancia  de 
tan  noble  institución. 

Hay  en  Tánger  un  plantel  de  inteligencias  á  cual  mas  fecundas;  una 
pléyade  de  jóvenes  instruidos  y  muy  aprovechados.  Inteligentes  son  todos 
V  desde  la  mas  tierna  edad  ya  revelan  grandes  aptitudes,  demostrando  una 


FlG.  22. — D.  Abraham  Y. 
Benasayag ,  comerciante 
ilustrado  y  de  renombre. 
Presidente  de  la  Asocia- 
ción de  antiguos  discípu- 
los de  la  Alianza  (Tánger). 


167 


FiG.  23.— D.  Fortunato  Le- 

vy,  profesor  de  la  Alianza 

en  Fez. 


fina  penetración  y  un  alcance  y  una  potencia  intelectual  que  asombran. 

La  situación  de  los  judios  en  general  en  Marruecos  ha  variado  nota- 
blemente, merced  á  las  escuelas  de  la  Alianza  que  ha  luchado  y  se  ha  es- 
forzado en  pro  de  una  idea  noble  y  levantada, 
consiguiendo  llevar  hasta  el  riñon  del  imperio, 
los  beneficios  de  la  enseñanza.  Nada  menos  que 
en  Fez,  la  capital  del  Islam,  el  centro  de  todos 
los  fanatismos  y  preocupaciones,  allá  donde  el 
europeo  no  puede  todavía  transitar  libremente 
sin  llamar  la  atención  de  los  indígenas  que  se 
fijan  en  él  como  ave  rara,  la  Alianza  Israeli- 
ta ha  establecido  una  escuela  que  progresa  ad- 
mirablemente y  dá  resultados  sorprendentes. 
Un  dicipulo  de  aquel  centro  docente,  hijo  del 
mismo  Fez,  ha  conseguido  en  Paris  el  grado  de 
profesor  y  dirige  hoy  con  ventaja  la  escuela  de 
Larache. 

Me  fijo  principalmente  en  la  escuela  de  Fez 
por  las  circunstancias  escepcionales  que  en  ella 
concurren,  pues  las  demás  todas  establecidas  en 
los  diferentes  puntos  de  Marruecos,  tienen  ya 

una  historia  honrosa  que  dice  mucho  en  su  favor  y  son  un   homenage 
para  ia  Alianza. 

Si  en  todas  partes  son  provechosos  los  resultados  de  la  instrucción,  en 
Marruecos  han  sido  enormes,  inmensos,  escepcionales.  Los  israelitas  ma- 
rroquíes son  testigos  de  mayor  escepcion.  Lo  que  son  y  lo  que  valen  áella 
lo  deben:  educación,  moral,  posición,  bienestar,  influencia,  respeto,  sim- 
patías, relaciones,  todo  lo  deben  á  la  enseñanza,  al  estudio  y  su  amor  al 
progreso.  La  instrucción  los  ha  elevado,  los  ha  dignificado,  los  ha  regene- 
rado. Gracias  á  los  esfuerzos  de  su  intelectualidad,  gracias  a  su  cultura 
tienen  hoy  conciencia  de  su  personalidad,  conocen  bien  su  situación  en  el 
pais  y  pueden  medir  el  alcance  de  acción  dentro  del  radio  en  que  giran, 
se  mueven  y  luchan.  Entienden  que  á  igual  de  sus  semejantes  de  otros 
confines  y  otras  procedencias  y  orígenes,  tienen  sagrados  deberes  que  cum- 
plir y  también  derechos  que  gozar. 

Ya  pasaron  aquellos  tiempos  en  que  cualquier  pelagatos  y  cualquier  me- 
quetrefe de  esos  que  se  decían  porta  estandartes  de  la  civilización,  se 
creían  con  derecho  á  erigirse  en  reyezuelos  de  la  peor  calaña,  para  atre- 
pellar y  denigrar  á  todo  aquel  que  por  no  profesar  sus  mismas  creencias, 
llegaba,  aun  sin  motivo,  á  merecer  los  rigores  de  su  arrebatos,  ó  los  efec- 
tos de  una  soberbia  incalificable.  El  judio  era  la  carne  de  cañón  de  una 
ira  imbécil;  con  razón  ó  sin  ella,  el  judio  debía  de  ser  culpable  de  todo  y 
en  él  había  que  descargar  todos  los  golpes.  Perfasópernefas  él  hablada 
ser  la  victima  propiciatoria  sin  que  el  judio  se  creyera  con  derecho  á  pro- 
testar. Todos  los  fanatismos,  todas  las  mezquinas  pasiones,  todos  los 
odios  ocultos  y  manifiestos  tenían  irremisiblemente  que  chocar  contra  el 


168 


blanco  de  bus  iras.  Asi  era  todo,  tal  la  situación;  los  estraños  contempla- 
ban como  buenos  los  hechos  censurados,  y  las  víctimas  de  tanto  escar- 
nio, tanto  baldón,  tanta  injusticia,  se  sometían  á  tales  escándalos,  sin  que 
de  su  pecho  saliera  un  grito  de  protesta  ni  de  indignación,  acostumbrados 
á  soportarlo  todo  con  una  humillante  mansedumbre  que  indigna  y  suble- 
va. Tal  actitud  era  obra  del  ambiente;  tenian  miedo,  les  rodeaban  enemi- 
gos poderosos,  por  todas  partes  eran  ataques  y  persecuciones;  nadie  les 
tendía  una  mano  protectora  y  ellos  en  tan  aflictiva  situación,  enmedio  de 
tanta  miseria,  ni  tenian  la  suficiente  fuerza  de  espíritu  que  les  diera  alien- 
to para  un  pensamiento  grande,  ni  eran  capaces  de  un  arranque  generoso, 
de  una  protesta  viril,  de  un  gesto  airoso  que  les  levantara  del  suelo  don- 
de estaban  postrados,  que  les  elevara  á  la  categoría  de  hombres,  que  les 
hiciera  en  fin,  intentar  siquiera,  sacudir  el  yugo  que  les  oprimía. 

La  atmósfera  que  respiraban  era  malsana,  sentían  físicamente,  pero  no 
veían;  vivían  en  la  abyección  y  esto  oscurecía  su  inteligencia,  entorpecía 
su  cerebro,  embotaba  todas  sus  facultades, 
oprimía  sus  sentimientos  y  estrechaba  su  cora- 
zón. Todo  eso  ha  concluido  para  no  volver  mas: 
el  aire  que  se  respira  es  más  sano  y  mas  libre; 
la  inteligencia  se  ha  despertado  y  recibe  el 
rayo  de  luz  que  penetra  todas  las  almas,  el  es 
piritu  se  ha  elevado,  los  sentimientos  se  han 
purificado  educándose,  el  corazón  se  ha  en- 
sanchado y  late  con  sus  latidos  generosos,  las 
energías  vuelven  al  individuo,  le  sacuden,  le 
animan,  le  dan  vigor  y  fuerza  y  el  ser  humano 
se  eleva  en  toda  su  magnitud  y  vindica  todos 
sus  derechos  y  prerrogativas,  haciendo  alarde 
de  su  virilidad,  de  su  resolución  y  de  sus  ini- 
ciativas. 

Sí  se  le  persigue  y  maltrata,  sabe  parar  el 
golpe;  si  se  le  zahiere  ó  se  le  injuria,  devuelve 
ofensa  por  ofensa;  si  se  le  provoca,  acepta  en 
todos  los  terrenos  la  provocación.  No  consiente 
merma  á  su  decoro  ó  dignidad.  Si  se  le  arrastra 
á  la  lucha,  á  ella  va  y  no  rehuye  ninguna  circunstancia,  aun  cuando  ten- 
ga que  luchar  en  condiciones  de  inferioridad.  Podrá  venceré  sucumbir, 
que  esto  no  se  puede  prever,  pero  él  acude  á  la  liza  y  cumple  su  deber. 
A  estos  antecedentes  se  debe  el  que  la  situación  de  los  judíos  haya  me- 
jorado en  grado  sumo.  Hoy  no  se  desprecia  al  judío,  por  el  contrario  se 
le  respeta.  Cuanto  mas  firme,  mas  entero,  mas  se  tienen  en  cuenta  sus 
condiciones  aun  por  los  mismos  adversarios.  Podrá  en  algunos  casos  no 
ser  querido;  pero  se  le  dispensan,  cuando  menos,  las  consideraciones  á 
que  tiene  derecho.  Con  esto  basta.  Se  ha  conseguido  poder  luchar  frente 
á  frente  y  con  las  mismas  armas.  Esta  igualdad  es  una  garantía  y  signifi- 
ca un  triunfo  para  la  causa. 


FiG.  24.— D.  Mesod  M.  Be- 
nasayag,  comerciante  afa- 
mado, joven  de  mucha  ilus- 
tración y  bibliotecario  de  la 
Asociación  de  los  Áncíenx 
eleves  (Tánger). 


1Ü9 

Si  de  Marruecos  llevamos  nuestro  examen  á  la  nación- 
inmediata,  Argel,  allí  encontraremos  una  población  española 
numerosísima,  al  grado  de  que  solamente  en  Oran  se  calcula 
que  pasa  de  60.000  entre  los  100.000  que  forman  la  capital  de 
esta  colonia  francesa.  Pero  son  emigrados  de  las  provincias 
costeras  de  España,  no  solamente  extraños  á  los  sefardíes,  sino 
á  veces  hasta  hostiles  á  ellos,  ya  por  fanatismos  heredados,  ya 
por  antagonismos  de  intereses. 

En  Argelia  y  en  Túnez  hay  muchos  sefardíes:  de  este  rito 
son  todos  los  judíos  que  allí  existen;  pero  si  en  Oran,  Tlemecen, 
Mascara,  Belabbes,  Relizane,  y  en  casi  todas  las  aldeas  de  esta 
provincia  hablan  español,  no  sucede  otro  tanto  en  Túnez, 
donde  ya  el  castellano  es  casi  desconocido  por  completo.  Los 
de  Trípoli  hablan  italiano.  En  Oran  hay  unos  10.000  judíos, 
7.000  indígenas  y  3.000  españoles,  oriundos  de  Marruecos. 
Antes  se  hacía  esta  inmigración  con  abundancia,  pero  ahora 
los  judíos  marroquíes  prefieren  dirigirse  á  las  Américas  del 
Norte  y  Sur. 

Por  último,  diremos  que  cuanto  se  refiere  á  los  sefardíes 
del  Oriente  de  África  (Cairo,  Alejandría,  Port-Said),  correspon- 
de á  nuestras  ya  expuestas  reñexiones  acerca  del  castellano  en 
Oriente. 

En  el  África  del  Sur  hay  colonias  israelitas  oriundas  también 
del  Norte,  y  que  hablan  el  castellano.  Conocemos  su  existencia 
por  D.  J,  Dañan,  de  Lorenzo  Marqués,  y  D.  Vicente  Vera,  pero 
desconocemos  su  número  y  su  importancia. 


Europa. — Suelen  los  sefardíes  conservar  en  todos  los  pue- 
blos de  Europa  donde  existen,  su  idioma  nativo,  aunque  su 
mayor  cultura  moderna  y  la  igualdad  de  derechos  que  por 
todas  partes  van  adquiriendo,  los  van  desvaneciendo  y  naciona- 
lizando poco  á  poco  en  el  ambiente  común.  Sin  embargo  de 
esto,  aún  subsiste  el  culto  á  su  antiguo  idioma,  y  se  oye  fre- 
cuentemente donde  se  juntan.  En  París,  el  acreditado  restaurant 
de  madame  Luna,  sefardí  oriunda  de  Constantinopla,  se  halla 
concurrido  por  una  clientela  de  raza,  la  cual  habla  con  frecuen- 
cia el  castellano  ladino.  En  Inglaterra  los  sefardíes  no  han 


170 

perdido  del  todo  su  carácter  hispano;  la  colonia  israelita  de 
Viena,  que  es  numerosa,  mantiene  su  histórico  lenguaje,  y  de 
todas  partes  donde  recibimos  cartas:  Italia,  Istria,  Holanda, 
Bélgica,  Suiza,  Prusia...,  siempre  que  un  sefardí  nos  escribe. 
Jo  hace  fácilmente  en  español,  si  lo  solicitamos  con  interés. 

Prueba  esto  que  hay  todavía  residuos  estimables,  que  pu- 
dieran servir  de  base  á  una  regeneración  lingüística,  pues  las 
cartas  todas  aplauden  empresa  que  se  encamine  á  este  fin, 
con  más  franqueza  y  menos  recelo  de  lo  que  muestran  algunos 
sefardíes  de  Oriente.  No  hay  verdaderos  anti-españolistas.  Su 
mayor  cultura,  su  espíritu  más  liberal  y  progresivo,  les  hace 
olvidar  los  dramas  de  una  historia  remota,  y  muéstranse  fácil- 
mente propicios  á  celebrar  cuanto  dignifique  y  ensanche  los 
destinos  y  consideraciones  de  la  grey  israelita,  en  el  seno  de 
las  naciones  adelantadas. 

América. — Si  desde  Europa  llevamos  nuestro  examen  á  los 
pueblos  de  América,  fácilmente  se  advierte  que  la  grande 
inmigración  que  recoge  la  del  Norte,  debe  comprender  muchos 
sefardíes  oriundos  de  Rumania;  pero  la  mayoría  de  los  que 
pertenecen  á  esta  raza  van  á  las  naciones  de  la  América  Central 
y  del  Sur,  donde  hay  numerosas  colonias,  las  cuales,  como  es 
natural,  usan  ya  modernizado  su  antiguo  idioma. 

La  emigración  israeÜta  africana  á  los  Estados  de  América 
es  considerable.  Según  nos  refiere  D.  Abraham  Pinto,  de 
Tánger,  comenzó  hace  ya  más  de  sesenta  años,  pero  su  número 
se  ha  acentuado  desde  hace  treinta.  Primero  se  dirigieron  al 
Norte  del  Brasil,  pero  como  el  desarrollo  comercial  de  aquí  era 
escaso,  los  que  fueron  regresaron  desalentados  á  su  país,  y 
mejor  preparados  ya  con  las  enseñanzas  de  la  Alliance,  se  di- 
rigieron á  los  países  donde  se  habla  el  castellano:  á  la  Argen- 
tina, Perú,  Venezuela  y  Amazonas  (Brasil),  y  con  preferencia 
á  Iquitos  (Perú)  en  el  río  Amazonas,  donde  todos  prosperaron 
y  encontraron  lo  que  buscaban:  igualdad  de  derechos,  activi- 
dades comerciales  y  pueblos  nacientes  y  emprendedores.  Sola- 
mente de  Tánger  y  de  Tetuán  se  puede  calcular  que  pasan 
de  3.000  los  que  hay  establecidos,  dueños  de  importantes  casas 
comerciales.  Cuando  tratemos  de  estas  regiones  en  la  segunda 
parte,  examinaremos  más  detenidamente  dichas  colonias,  las 


171 

cuales  presentan  la  singularidad  de  que,  con  ellas,  los  descen- 
dientes de  los  expulsados  en  1492,  aparecen  buscando  su 
refugio  y  medios  de  vida  entre  los  descendientes  de  aquellos 
españoles,  hermanos  suyos,  que  fueron  á  poblar  las  jóvenes 
naciones  americanas. 

Pero  aquí  hay  algo  más  curioso  todavía,  y  es  que  muchos 
miles  de  emigrados  de  Rusia,  judíos  eslavos  de  pura  raza,  van 
á  compenetrarse  con  el  sentimiento  histórico  español,  y  á  for- 
marse en  esta  lengua,  gracias  á  las  colonias,  agrícolas  algunas, 
que  se  están  desarrollando  en  la  Argentina. 

Un  ilustrado  compatriota  nuestro,  D.  Federico  Rahola, 
distinguido  abogado  catalán,  hizo  poco  ha  con  el  señor  Zulue- 
ta  una  excursión  á  la  América  del  Sur,  y  escribió  acerca  de 
estas  colonias  á  nuestro  distinguido  amigo  D.  Juan  B.  Sitges, 
carta  por  extremo  agradable  y  sentida,  donde  le  comunicaba 
la  impresión  que  le  causó  el  modo  de  producirse  los  emigrados 
moscovitas  en  la  colonia  Clara;  la  cual  cuenta  tres  aldeas  y 
42  grupos  de  hogares:  en  total,  unas  800  casas  habitadas  por 
730  colonos,  con  sus  respectivas  familias. 

Volver  de  nuevo  á  despertar  los  intereses  y  sentimientos 
agrícolas  en  el  pueblo  de  Abraham,  es  uno  de  los  empeños  más 
difíciles  y  espléndidamente  realizados,  gracias  á  los  muchos 
millones  concedidos,  para  estas  y  otras  empresas  benéficas,  por 
el  barón  de  Hirsch  y  filántropos  de  su  talla.  En  la  Palestina  y 
en  La  Plata  esta  educación  ha  sido  acometida  en  términos  y 
con  recursos  verdaderamente  admirables,  que  dan  idea  cum- 
plida de  la  seriedad  y  grandeza  con  que  afrontan,  los  bien- 
hechores de  Israel,  la  sublime  tarea  de  educar  y  reconstituir  á 
sus  desdichados  correligionarios. 

Los  judíos  fueron  en  tiempos  de  su  prosperidad  agricultores 
y  ganaderos  muy  inteligentes.  «Hombres  pastores  somos  desde 
nuestra  niñez  hasta  ahora»,  dijeron  á  Faraón  los  hermanos  de 
José.  Y  efectivamente,  cuando  las  tribus  independientes  pudie- 
ron labrar  y  enriquecer  la  tierra  prometida,  cuya  posesión  les 
costó  tantas  l)atallas,  acreditaron  poseer  aquella  su  hermosa 
condición,  porque  se  consagraron  con  inteligente  afán  á  obtener 
del  suelo  los  bienes  y  frutos  *que  podía  producirles.  En  la 
cima  de  sus  montes  se  erguían  majestuosos  cedros;  en  las  ver- 


172 

tientes  se  soleaban  las  pomposas  y  fecundas  vides,  cuyos 
grandes  y  henchidos  racimos  formaban  á  veces  la  carga  de  un 
hombre,  como  sucedía  con  los  del  Eshol;  bosques  de  olivos 
mostrábanse  por  todas  partes  y  producían  copiosas  cosechas 
del  afamado  y  bendito  óleo;  por  las  llanuras  se  tendían  los  dila- 
tados y  ondulantes  trigales,  donde  se  recogía  el  dorado  grano; 
y  por  todas  partes  verdeaban  bien  segadas  praderas,  en  las  cua- 
les apacentaban  hermosos  rebaños,  como  los  afamados  de  Bas- 
han  y  cuantos  animaban  el  suelo  de  Palestina. 

Es  difícil  esta  adaptación  al  trabajo  agrícola:  muchos  siglos 
de  vida  nómada,  de  agrupación  y  encierro  defensivo  en  los^^eí- 
tos,  de  ganarse  el  sustento  sin  poder  adquirir  bienes  ostensibles, 
fincas  y  tierras  de  labor,  y  por  ello  de  hallarse  necesariamente 
consagrados  al  comercio,  recogiendo  y  amontonando  los  des- 
pilfarros  del  vicio  y  los  despojos  de  la  ruina,  que  padecían  los 
demás,  han  creado  en  la  raza,  por  donde  quiera  que  existe,  há- 
bitos y  necesidades  urbanas  que  se  avienen  muy  mal  con  las 
labores  campestres.  Por  eso,  lo  mismo  en  la  Argentina,  que  en 
el  África,  que  en  la  Mesopotamia,  donde  se  han  instalado  las 
colonias  agrícolas  y  profesionales,  los  nuevos  hábitos  indus- 
triales y  agrícolas  se  despiertan  y  organizan  perezosamente, 
los  colonos  desmayan  á  menudo  en  sus  propósitos  y  compro- 
misos, dejan  con  facilidad  la  esteva  por  el  cachivache,  el  campo 
por  la  ciudad,  y  desertan  instintivamente  de  aquellas  faenas 
que  sus  profecías  les  presentan,  como  las  únicas  redentoras  de 
sus  pasadas  culpas  á  los  ojos  de  Dios,  y  como  las  únicas  capa- 
ces de  volverles  á  la  gracia  de  su  divina  Ley.  «He  aquí — habla 
Amos  en  el  vers.  13  de  su  cap.  IX — vienen  los  días,  dice  el  Señor: 
y  alcanzará  el  que  ara  al  que  siega,  y  el  que  pisa  las  uvas  al 
que  siembra:  y  los  montes  destilarán  dulzura,  y  todos  los 
collados  serán  cultivados.» 

«Y  levantaré  el  cautiverio  de  mi  pueblo  de  Israel  (vers.  14), 
y  edificarán  las  ciudades  abandonadas,  y  las  habitarán:  y  plan- 
tarán viñas,  y  beberán  el  vino  de  ellas:  y  harán  huertos,  y  co- 
merán las  frutas  de  ellos.» 

Los  israelitas  que  nacieron  ya  en  América,  ó  inmigraron 
jóvenes,  dice  Rahola  que  se  asimilan  al  país  y  resultan  buenos 
ganaderos  y  excelentes  agricultores,  como  si  el  medio  resucitase 


173 

la  naturaleza  primitiva  de  la  raza;  visten  como  gauchos,  hablan 
bien  el  castellano,  y  se  confunden  con  el  lugareño  argentino. 
Estos  no  son  jd,  puebleros,  como  se  denomina  á  los  aficionados 
á  la  ciudad,  sino  rurales,  se  mezclan  con  las  hijas  del  país  y 
confunden  su  linaje  con  el  de  los  naturales  de  aquella  tierra. 
Los  viejos  emigrados  aman  su  libertad  y  el  respeto  de  que 
gozan;  recuerdan  melancólicamente  las  estepas  moscovitas, 
parecidas  á  las  pampas  de  la  Argentina,  toman  diariamente  el 
té  ruso  preparado  en  el  samovar,  y  usan  dentro  del  hogar  el 
antiguo  idioma  de  la  patria  perdida,  mientras  los  cruzamientos 
van  españoHzando  el  tipo  eslavo,  y  formándolo  en  aquel  su 
espíritu,  siempre  mantenido  por  la  raza. 

AHÍ  la  vida  es  tranquila,  de  una  serenidad  rural  conmove- 
dora. Parece  que  se  cumplen  aquel  suspirado  perdón  y  piadosa 
clemencia  anunciados  por  Ezequiel  en  el  cap.  XXXVI,  y  que, 
«calmada  la  cólera  de  Dios»,  recobra  Israel  su  gracia. 

«Y  derramaré  sobre  vosotros  agua  pura;  y  os  salvaré  de 
vuestras  inmundicias  todas;  y  llamaré  al  trigo,  y  lo  multiplica- 
ré, y  no 'traeré  hambre  sobre  vosotros.» 

«Y  multiphcaré  el  fruto  del  árbol,  y  las  cosechas  del  campo, 
para  que  no  sufráis  más  el  oprobio  de  la  hambre  entre  las 
gentes. » 

Rahola  visitó  el  hospital  de  la  colonia,  las  ocho  escuelas 
donde  se  enseña  el  castellano,  la  farmacia  y  la  biblioteca,  y  al 
regresar  á  la  estación  vio  por  el  camino  varias  familias  que 
iban  en  carricoches,  tirados  por  seis  ú  ocho  caballos  de  frente. 
Los  hombres  vestían  trajes  obscuros,  sus  barbas  eran  rubias,  }'■ 
largas  las  guedejas  de  sus  cabellos.  Al  cruzarse  saludaban  gra- 
ves, con  el  aire  resignado  y  triste  del  mujick  ruso. 

He  aquí,  pues,  un  nuevo  y  agradable  aspecto,  con  el  cual 
el  idioma  castellano  interviene  como  alma  vivificante  de  la 
nueva  redención,  que  ofrecen  á  los  descendientes  de  Isaac 
esas  feraces  y  nacientes  naciones  donde  España  ha  dejado 
su  idioma,  su  genio  y  su  carácter.  No  se  trata  ya  de  que 
los  judíos  españoles  depuren  su  corrompida  jerga;  se  trata  de 
algo  más  importante:  de  que  muchísimos  miles  de  seres  per- 
\  tenecientes  á  ese  pueblo  judío  que,  en  número  de  cerca  de  cin- 
^^co  millones,  habita  la  Rusia  y  sufre  los  brutales  atropellos  y 


174 

asesinatos  que  se  les  inflige,  no  ya  en  el  año  de  1492,  sino  en 
el  propio  año  de  1904  que  ahora  corre;  conviertan  sus  esperan- 
zas á  ese  otro  vivero  de  naciones  descubiertas  y  civilizadas  por 
el  heroísmo,  la  abnegación  y  el  desinterés  de  la  raza  española; 
aprendan  allí  su  idioma  castellano,  y  vayan  á  buscar,  en  sus 
vírgenes  comarcas,  la  suspirada  redención  que  les  anuncian 
sus  profetas.  Pudiera  creerse  que  para  ellos  decía  Barúch: 
«El  mismo  que  envió  los  males  traherá  de  nuevo  un  regocijo 
sempiterno  con  su  salud.»  «Y  aquellos  hijos  que  envió  disper- 
sos, vuelven  congregados  del  Oriente  al  Occidente,  gozándose 
en  la  palabra  del  Santo,  para  honra  de  Dios.» 

Y  como  también  dijeron  Barúch  é  Isaías:  «Los  que  salieron 
á  pie,  el  Señor  los  traherá  levantados.»  «No  vendrán  á  pie,  sino 
levantados  en  coches.» 


Pero  hay  'más  todavía,  y  más  peregrino  en  lo  que  toca  al 
castellano  entre  los  israelitas  de  América;  pues  por  algo  es 
aquella  tierra  de  novedades  y  briosos  alientos.  No  ya  de  un  ju- 
dío español;  ni  de  uno  ruso,  sino  de  uno  alemán  recibimos  el  tes- 
timonio de  amor  más  inesperado  por  nuestra  lengua  y  por 
su  propaganda  que  pudiéramos  concebir.  Procede  de  un 
distinguido  médico,  el  Dr.  Teófilo  Wechsler,  avecindado  en  Co- 
ronel Suárez  F.  C.  S.  (República  Argentina),  quien  nos  escribe, 
con  fecha  8  de  Diciembre  de  1904,  una  carta  que  dice  así: 

Acabo  de  leer  su  interesante  obrita  sobre  los  correligionarios  mios  lla- 
mados españoles  y  le  ruego  me  permita  iniciar  una  correspondencia  sobre 
este  tópico,  aunque  me  conste  que  le  han  de  llover  ahora  cartas  de  todos 
lados  hasta  el  cansancio,  ¡^pero  tendrá  que  pensar  en  el  refrán  castellano 
«Tú  lo  quisiste,  fraile  mostén  etc.» 

Sucede  que  vino  Vd.  con  su  epocal  empresa  de  fomentar  el  cultivo  del 
idioma  castellano  entre  los  Judios  orientales,  á  realizar  un  sueño  y  un  ar- 
diente deseo  mió,  que  he  cobijado  desde  muchos  años,  desde  el  primer 
momento  que  he  tenido  la  suerte  de  coi^ocer  y  cultivar  esta  harmoniosa 
cuanto  riquísima  lengua.  Para  mi  ha  sido  un  idioma  extrangero,  porque 
mi  lengua  vernacular  ha  sido  el  alemán  corrompido,  que  hablamos  nos- 
otros los  Judios  de  Rumania,  Rusia  y  Polonia;  después  adopté  el  idioma 
alemán  puro,  como  había  ido  desde  chico  á  Berlin  para  estudiar.  Me  reci- 
bí de  médico  en  esa  facultad  y  ejercí  en  la  ciudad  mencionada,  donde  me 
casé  con  una  alemana.  Vine  como  médico  de  las  colonias  israelitas  del 
barón  Kirsch  á  este  país,  y  me  puse  á  revalidar  mi  título,  lo  que  me  eos- 


175 

tó  un  estudio  completamente  nuevo.  Tomé  en  la  capital  la  redacción  del 
Semanario  Médico  (único  periódico  semanal  de  nuestro  gremio  en  toda  la 
America  meridional),  fui  después  á  la  campaña  por  estar  enfermo,  á  con- 
secuencia del  exceso  de  trabajo,  y  ejerzo  ahora  en  este  pueblo  como  médi- 
co con  muy  buena  clientela,  habiendo  ya  cumplido  con  la  dirección  de  di- 
chas colonias. 

La  idea  que  yo  tengo  es  tratar  de  hacer  adoptar  el  bello  idioma  caste- 
llano como  idioma  nacional  de  los  Judios,  cuando  estos  tengan  un  país 
autónomo,  sea  en  Pale&tina,  sea  en  Uganda  ú  otra  parte.  Soy  contrario  al 
idioma  alemán  por  varias  razones  que  no  le  interesarán  á  Vd.,  y  del  idio- 
ma hebreo  (como  para  el  uso  común)  por  la  razón  de  su  extrema  dificul- 
tad y  pobreza,  mientras  el  castellano  me  parece  el  ideal  en  cuanto  á  rique- 
za, sonoridad,  facilidad,  cultura,  etc.  etc.  hasta  el  punto  que  yo  pienso  se 
riamente  hacer  más  tarde  en  Europa  una  propaganda,  para  recomendarlo 
como  idioma  universal  á  los  candorosos  que  se  descavilan  inventando  idio- 
mas artificiales. 

Vd.  vé,  distinguido  Señor^mio,  que  hemos  caido  de  acuerdo  en  nues- 
tras aspiraciones,  y  con  este  motivo  me  permito  rogarle  se  sirva  contes- 
tarme, si  le  gusta  que  quedemos  en  contacto  episbtflar  por  lo  pronto.  Qui- 
zás podamos  entreayudarnos  en'nuestras  tareas. 

Le  mando  una  obrita  mía  que  he  mandado  imprimir  por  mi  cuenta,  y 
encuadernados  que  fueron  mil  ejemplares  los  mandé  traer  al  país,  para 
repartirlos  gratis  entre  los  colonos,  con  el  único  objeto  de  que  adopten 
el  idioma  castellano,  acercándose  así  á  los  hijos  del  país  y  á  la  cultura  mo- 
derna. Pensaba  hacer  más,  pero  vinieron  algunos  reveses  de  la  vida  que 
me  desviaron  de  esos  rumbos.  Sin  embargo,  pienso  volver  á  ocuparme  de 
asunto. 


En  este  pais  hay  ahora  unos  16.000  Judios  rusos  y  unos  500  marroquíes 

Los  primeros  han  sido  traídos  en  su  mayoría  por  los  Jewish  Coloniza- 
tion  Association  (del  Barón  Hirsch),  pero  hay  también  muchos  que  han  ve- 
nido espontáneamente  y  que  se  han  formado  una  posición  holgada  por  el 
comercio  ó  industrias. 

Le  mando  un  periódico  israelita  escrito  en  castellano  que  se  edita  aquí, 
y  me  pongo  á  sus  ordenes  para  mandarle  cualquiera  otra  cosa  que  le  pue- 
da interesar.  Incluyo  un  número  de  la  Semana  Médica  del  tiempo  de  mi 
dirección  (yo  era  secretario  nominalmente,  pero  director  de  facto). 

Mi  obrita  esta  escrita  en  alemán  con  caracteres  hebreos,  según  la  pro- 
nunciación askenazi  (con  algunas  palabras  en  hebreo  y  ruso). 

Llegó  á  nuestras  manos  el  envío  anunciado,  y  efectivamen- 
te el  libro,  titulado  Manual  de  lengua  castellana  al  uso  de  Ios- 
colonos  israelitas  en  la  República  Argentina,  por  el  Dr.  W.,  es 
un  tratado  pedagógico  notable,  y  muy  adecuado  para  el  fin  que 


176 

se  propone  su  autor.  Fué  impreso  en  Berlín,  en  1897.  Pensamos 
^utilizarle  para  nuestro  uso.  Tiene  perfectamente  expresadas  las 
equivalencias  fonéticas,  y  liaría  un  gran  servicio  en  las  escue- 
las israelitas  donde  se  enseñase  el  castellano. 


CAPÍTULO  IX 


Españolismo  y  patriotismo  sefardí,— Complejidad  del  amor  patrio.— Testimonios 
de  Bejarano,  Max  Nordau,  la  Sociedad  Esperanza  y  El  Avenir  de  Salónica.- 
Sefardíes  españolistas  y  anti-españolistas.  —  Nostalgias  y  resonancias  históri- 
cas.— Testimonios  de  Garson,  Behar,  Elmaleh,  Danon,  Romano,  Antebi,  Spag- 
nolo,  Pisa  y  Toledano. — Examen  de  causas  hispanófobas. — Antipatías  instinti- 
vas.—  El  edicto  de  1492.— Tolerancia  y  respeto  á  la  conciencia  religiosa. 

Corresponde  tratar  ahora  de  un  motivo  esencial  en  nuestra 
empresa:  el  españolismo  de  los  sefardíes;  y  para  exponerlo 
convenientemente,  necesario  es  empezar  sentando  una  distin- 
ción que  pertenece  á  lo  más  elemental  de  la  vida  afectiva,  y  nos 
importa  mucho  aclarar  y  exponer  aquí.  Así  hemos  prometido 
hacerlo  en  diferentes  ocasiones  y  gustoso  cumplimos  este  deber. 

Españolismo  es  un  sentimiento  de  atracción,  simpatía  y 
amor,  en  grado  mayor  ó  menor,  hacia  España,  y  cuanto  interesa 
á  su  vida  y  su  destino;  es  decir:  amor  á  su  historia  y  á  sus  le- 
yendas; á  sus  comarcas,  sus  productos,  su  carácter  y  sus  hijos; 
á  sus  destinos  y  grandezas.  Es:  quererla  bien,  preferirla  en  los 
afectos  íntimos  y  externos,  desear  su  prosperidad  y  su  ventura, 
ayudarla  y  servirla  en  lo  que  se  pueda. 

Patriotismo  es  sentir,  desear  y  hacer  todo  esto  con  respecto 
á  la  nación  donde  se  ha  nacido,  y  de  cuya  vida,  riquezas  y 
destino,  se  forma  parte. 

Todos  llevamos,  ó  debemos  llevar,  un  ideal  patriótico  en 
nuestra  alma;  y  todos  también  el  culto  de  una  religión  muy  viva 
y  adorable,  derivada  de  este  ideal.  Pero  como  en  los  varios 
órdenes  del  sentimiento  no  existe  un  culto  solo,  aunque  exista 
uno  preponderante,   sino    que   á   su   sombra   se   desarrollan 

12 


178 

otros  que  á  las  veces  completan  y  sirven  al  fundamental,  por 
esto,  en  materia  de  cultos  nacionales,  todos  llevamos  con  el 
amor  de  la  patria  predilecta,  }'■  señora  de  nuestras  solicitudes, 
otros  de  orden  más  secundario,  que  resultan  servidos  y  honra- 
dos en  innumerables  ocasiones  de  nuestra  existencia. 

Por  motivos  distintos  cuya  total  enumeración  sería  imposi- 
ble hacer,  por  ejemplo:  camaradas  de  la  infancia,  antecedentes 
de  familia,  \dajes  realizados,  lecturas  preferidas,  artículos  de 
uso  y  de  consumo,  narraciones  impresionantes,  grandezas  ó 
flaquezas  de  la  historia,  hegemonías  más  ó  menos  podero- 
sas, heroísmos  de  la  vida,  adelantos  de  las  funciones  públicas, 
brillo  de  los  hombres,  etc. ,  etc. ;  es  decir ,  por  causas  infi- 
nitas que  actúan  sobre  cada  temperamento  individual,  según 
la  índole  de  su  imprssionabilidad  y  sus  aficiones,  es  lo  cierto 
que  todas  las  personas  ostentan,  además  del  amor  sustantivo 
que  por  nacimiento  les  corresponde,  otro  adjetivo  que  denuncia 
esa  dispersión  ó  amplificación  del  culto  nacional,  por  virtud  del 
cual,  tratándose  de  España,  por  ejemplo,  además  de  ser  espa- 
ñoles, como  la  práctica  de  buenas  virtudes  cívicas  requiere, 
somos,  ó  nos  sentimos,  franceses,  ó  ingleses,  ó  alemanes...  De 
esto  resulta  que  si  se  descendiera  á  una  clasificación  de  nues- 
tros sentimientos  nacionales,  muy  pocas  personas  ilustra- 
das podrían  llamarse  con  verdad  españolas  á  secas,  sino  que 
se  llamarían  con  más  exactitud:  hispano-francesas,  hispano- 
inglesas,  hispano-alemanas,  etc.  Y  este  calificativo  no  sería 
puramente  romántico,  sino  que  expresaría  un  estado  positivo  y 
eficaz  del  espíritu,  porque  si  se  examinara  la  vida  de  los  tales 
sujetos,  se  vería  que,  además  de  aquel  sustantivo  y  esencial 
amor  á  su  legítima  patria,  resultan  fieles  servidores  de  la  otra, 
ya  que  así  instintiva  como  reflexivamente,  propenden  siempre 
á  que  los  muebles  de  su  hogar,  las  prendas  de  sus  vestidos,  los 
libros  de  su  biblioteca,  las  defensas  de  sus  discursos,  las  prefe- 
rencias de  sus  compras,  las  recomendaciones  de  su  consejo, 
todo,  en  fin,  cuanto  puede  servir  á  otro  país  que  no  sea  el  suyo, 
sirve  de  preferencia  al  país  adjetivo;  y  es  un  hecho,  en  definitiva, 
que  de  este  país  hacen  una  segunda  patria,  la  cual  vive  en 
honrada  armonía  con  la  primera;  y  muchas  veces,  muchísimas, 
hasta  la  ayuda  y  engrandece,  puesto  que  las  enseñanzas,  en 


179 

aquel  adquiridas,  sirven  de  acicate  y  de  inspiración  para  des- 
arrollar y  enriquecer  esta. 

Convirtiendo  ahora  nuestras  reflexiones  á  los  sefardíes, 
hemos  de  consignar  con  toda  franqueza,  que  uno  de  los  motivos 
que  más  nos  impresionaron,  y  por  ello  más  contribuyó  á  esta 
empresa  de  reconciliación  nacional  entre  España  y  sus  deste- 
rrados hijos,  fué  el  sentimiento  de  veneración  histórica,  de  re- 
cuerdo vivo  y  emocionante,  de  simpatía  franca  y  comunicativa, 
con  que  oíamos  expresarse  á  los  judíos  que  se  llamaban 
españoles  (así,  españoles),  y  que  acreditaban  con  sus  espon- 
táneas protestas  hacerlo  muy  de  corazón.  Hubiéramos  obser- 
vado todo  lo  contrario:  repulsión  á  nuestro  país,  prevenciones 
para  nuestro  trato,  rencores  y  agravios  incurados  por  dramas 
remotos,  y  no  tendríamos  por  qué,  ni  para  qué  fijar  nuestra 
atención,  ni  comprometer  nuestros  propósitos,  en  los  intereses 
de  una  raza  que  vive  desmenuzada  y  repartida  por  el  mundo, 
conllevando  todavía  el  terrible  destino  que  le  señalaron  sus 
Profetas:  aquí  bueno,  allá  aceptable,  acullá  mediano,  en  tales 
países  malo,  y  en  ese  otro  vastísimo  imperio  donde  residen 
por  millones,  tan  desastroso  y  espantable,  que  allí  se  reprodu- 
cen en  el  siglo  xx  las  persecuciones  sangrientas  de  los  fa- 
natismos medio-evales,  imposibles  hoy  en  España. 

Cuestión  es  esta  muy  importante,  mal  apreciada  á  veces, 
y  que  ha  inspirado  en  periódicos  de  Oriente  y  en  algunas  per- 
sonas ilustres,  como  el  propio  Max  Nordau,  juicios  erróneos 
acerca  de  nuestros  propósitos.  En  el  libro  Los  Israelitas  Espa- 
ñoles, y  en  artículos  publicados  en  varios  periódicos  madrile- 
ños, singularmente  los  que  aparecieron  en  España,  hemos  pro- 
curado aclararla  suficientemente;  pero  sucede  que  respondien- 
do algunos  israelitas  más  bien  á  las  preocupaciones  y  recelos 
propios,  que  á  los  enunciados  nuestros,  piensan  en  deslealtades 
patrióticas  y  en  repatriaciones  de  muchedumbres  israelitas;  y 
estas  ideas  suponen  desaciertos  y  enormidades  que  jamás  pa- 
saron por  nuestra  imaginación,  cuanto  menos  descendieron  á 
nuestros  escritos. 

Porque,  ¿quién,  que  no  fuese  un  loco  de  la  índole  de  los 
malvados,  puede  pedir  á  nadie  infidelidades  contra  la  nación 
donde  vio  la  luz,  goza  de  derechos  civiles  y  realiza  muy  á  su 


180 

gusto  la  vida?  ¿Quién,  que  no  tenga  el  más  absoluto  descono- 
cimiento de  la  vida  de  los  pueblos,  y  de  la  que  se  realiza  en 
España,  podría  aconsejar  la  inmigración  de  numerosas  colo- 
nias hambrientas,  que  buscasen  aquí  facilidades  de  existencia 
negadas  á  su  laboriosidad  donde  ahora  residen?  Esto  es  desca- 
bellado; y  apreciar  así  nuestro  problema  de  la  reconciliación  de 
España  eon  sus  hijos,  es  sencillamente  plantear  un  desatino 
que  no  merece  formal  estudio,  sino  un  absoluto  menosprecio. 

No,  no  deseamos  nada  de  esto:  es  otra  empresa  la  nuestra, 
muy  distinta,  conveniente  en  alto  grado  á  España  y  conveniente 
asimismo  á  Israel;  perfectamente  comprendida  y  apreciada  por 
muchos  sefardíes,  amantísimos  de  la  nación  donde  viven,  al  gra- 
do que  por  su  prosperidad  sacrificarían  vidas  y  haciendas,  y  la 
cual  seguramente  merecería  la  aprobación  del  propio  Sultán  de 
Turquía,  y  del  más  fanático  de  los  ulemas,  si  la  conociesen  en 
sus  verdaderos  términos  y  alcances.  Presentarla  cumplidamen- 
te, de  suerte  tal  que  nadie  pueda  desconocerla,  es  la  misión  de 
este  hbro,  y  la  doctrina  de  sus  capítulos  todos. 

Hablemos,  pues,  del  españolismo  y  patriotismo  de  los  is- 
raelitas. 


Pero  antes  precisemos  y  ordenemos  nuestras  impresiones. 

D.  Enrique  Bejarano  es  un  ilustrado  director  de  una  Es- 
cuela israelita  española  de  Bucarest,  lindísima  y  flamante 
capital  de  Rumania,  persona  impuesta  en  enseñanzas  de  la 
historia,  publicista  respetado  en  Oriente,  hombre  de  madu- 
ro juicio,  y  absolutamente  extraño  á  la  vida  y  á  los  intereses 
de  la  España  contemporánea;  y  este  señor,  navegando  por  el 
Danubio,  encuentra,  unos  viajeros  españoles  que  le  son  desco- 
nocidos, y  ante  ellos,  ex  ahundantia  coráis,  expone  su  venera- 
ción y  sus  amores  por  la  patria  de  sus  abuelos  con  términos 
apasionadísimos. 

Pasan  meses,  se  desvanecen  las  impresiones  del  personal 
encuentro  y  escribe  en  una  carta  el  respetable  sabio: 

Si  Vd.  leía  en  mi  corazón,  cuanto  se  arde  del  deseo  de  besar  un  día 
las  piedras  de  aquella  patria  y  fregar  mis  ojos  con  el  polvo  de  aquella  tie- 
rra donde  duermen  los  huesos  de  mis  abuelos.  Yo  daría  una  prueba  seria 
que  soy  hijo  digno  de  aquellos  padres  que  transmetieron  á  sus  hijos  los 
sentimientos  de  piedad  y  de  vertud. 


181 

Pasa  más  tiempo  y  Bejarano  escribe  otro  dia: 

Su  carta  escrita  á  los  estuiantes  de  Viena  me  conmovió  tanto  que 
de  cariño  por  su  país  estoy  enfermo. 

Miles  de  pensamientos  me  preocupan  mi  cabeza,  de  manera  que  no 
sé  en  que  mundo  estoy.  Siento  una  matadera  nostalgia  que  me  mina  el 
alma  y  come  mi  corazón. 

Ah  ¡si  tenia  alas!!  Si  era  yo  una  paloma!....  Si,  Señor  mió,  yo  seria  el 
mas  infeliz  hombre  si  murise  sin  ver  el  suelo  de  mis  antepasados! 

Adelante!  Señor.  Su  empresa  será  gravada  en  telas  de  nuestros  co- 
razones. Todos  las  naciones  le  glorificaran  con  loor. 

Cambiemos  de  persona. 

El  doctor  Max  Nordau  es  otro  judío,  de  origen  español,  sabio 
y  publicista  de  renombre  universal,  domiciliado  en  París,  que 
habla  y  escribe  perfectamente  el  español  moderno,  pero  que  su- 
ponemos no  siente  admiración  ni  afecto  especial  por  un  país  que, 
si  fué  patria  de  sus  antepasados,  hoy  es  menos  poderoso,  menos 
rico,  menos  inteligente,  más  infeliz  y  menos  adelantado  que 
aquella  gloriosa  nación  desde  donde  habla  á  los  intelectuales 
del  mundo,  en  la  hermosa  lengua  de  Voltaire.  Consultado  por 
nuestro  amigo  D.  Justo  Rosell,  dice: 

Cierto;  la  campaña  de  nuestro  excelente  amigo  el  Doctor  Ángel  Puli- 
do, es  muy  noble,  muy  conmovedora....,  pero  hay  que  confesar  que  no 
se  vé  bien  el  resultado  práctico  inmediato. 

No  hay  que  creer,  porque  varios  judíos  hayan  tenido  la  fortuna  de  en- 
contrar al  Doctor  Pulido  en  el  transcurso  de  su  viaje  y  le  hayan  expresa- 
do su  satisfacción  de  oir  hablar  castellano  por  un  castellano,  que  los  is- 
raelitas españoles  tienen  tanto  interés  en  regresar  y  en  conocer  á  España. 
La  exaltación  del  momento,  el  choque  de  simpatías,  sentidas  y  desperta- 
das, han  hecho,  seguramente,  que  las  palabras  hayan  ido  más  allá  de  don- 
de el  pensamiento  haya  querido  llevarlas. 

En  el  libro  Los  Israelitas  Españoles,  que  he  leído  con  mucho  interés 
y  simpatía,  he  visto  el  relato  que  se  hace  de  la  emoción  que  causó  en  una 
familia  israelita  la  llegada  de  un  periódico  español.  Todos  lloraban  de 
alegría  y  recordaban,  durante  su  lectura,  los  dulces  acentos  de  la  madre 
patria.  ¿No  son  estas  manifestaciones  ligeramente  exageradas? 

Si  los  referidos  israelitas  hubieran  tenido  tantísimo  interés  en  leer 
periódicos  españoles,  ¿no  los  hubieran  comprado?  ¿no  hubieran  encargado 
á  quien  fuera  que  se  los  enviasen?  Todo  el  mundo  sabe  hoy  que  con  cinco 
ó  diez  céntimos  se  puede  comprar  un  periódico,  y,  con  otros  cinco  de 
franqueo,  enviarlo  á  cualquier  parte  del  globo. 

La  Sociedad  Usperama,  de  Viena,  en  su  Manifiesto  del  24 


182 

de  Julio  de  1897,  dirigido  á  los  israelitas  españoles  de  los  Bal- 
kanes,  dice  así,  en  un  párrafo  que  condensa  la  razón  de  su  lla- 
mamiento: 

Dunque  no  por  amor  de  España,  absolutamente  no;  sino  por  amor  de 
nosotros  mismos,  por  amor  de  nuestra  existencia  y  por  amor  del  judaismo 
debemos  sostenbe  la  lexgüa  bspanol  que  nuestros  padres  hablaban 
y  que  nosotros  aprendemos  desde  la  más  tierna  edad  como  nuestra  lengua 
madre!! 

Por  último,  y  para  no  alargar  la  serie,  El  Avenir,  periódico 
judeo-español  que  ve  la  luz  en  Salónica,  con  ocasión  de  publi- 
car un  artículo  nuestro,  escrito  para  saludar  á  la  prensa  judeo- 
española,  y  luego  de  exponer  nuestros  propósitos,  dice  así: 

Xosotrop  somos  suditos  otomanos  y  debemos  laborar  por  los  intereses 
generales  del  pais  que  nos  abriga  y  nos  acorda  tantos  favores.  Nosotros 
somos  hombres  y  por  esto  somos  obligados  de  embesar  (aprender)  por 
nuestros  hijos  y  por  nuestros  estudios  el  francés,  el  italiano,  el  alemán  y 
quien  sabe  cuantos  otras  lenguas.  Después  de  esto  no  queda  tiempo,  ni 
lugar  para  el  español. 

Nos  parece  que  con  solamente  cuatro  ejemplos  hemos  pre- 
sentado toda  la  amplitud  de  la  serie,  desde  el  sefardí  que  ex- 
presa con  ternísima  frase  un  hondo  sentimiento  de  veneración 
y  cariño  á  la  tierra  consagrada  por  los  despojos  de  sus  remotí- 
simos antepasados,  hasta  el  que  opone  secas  y  extemporáneas 
protestas  de  lealtad  á  la  patria  donde  reside,  y  desdeña,  con  ra- 
zón baladí,  el  aprecio  de  esa  misma  lengua,  en  la  cual,  no  obs- 
tante, expresa  sus  ideas,  realiza  sus  propagandas  y  mantiene  sus 
comunicaciones  con  los  correligionarios. 

Algunos  espíritus,  en  fuerza  de  querer  mostrarse  avisados, 
nos  han  advertido  que  caminábamos  muy  equivocado  y  ex- 
puesto, por  ello,  á  sufrir  decepciones  si  creíamos  que  los  se- 
fardíes todos  sentían  y  se  expresaban  como  el  Sr.  Bej  araño 
(véase,  por  ejemplo,  la  carta  de  Francos,  pág.  10,  y  lo  de  Bigart> 
más  adelante),  y  que  íbamos  á  encontrar  en  ellos  una  adhe- 
sión y  cariño  tan  elocuentes  hacia  su  antigua  madre  patria;  ad- 
vertencia que  nos  parecía  ser  del  género  más  simple,  pues  es 
como  si  un  espíritu  que  alardease  de  experto  nos  advirtiera, 
para  evitarnos  lamentables  desencantos,  que  en  la  corteza  de 
quina  no  es  todo  quinina,  y  que  en  una  esportilla  de  aurífera 


1 


183 

tierra  tomada  en  el  cauce  del  Darro  no  son  oro  puro  todos  los 
granos  que  contiene. 

Si  esto,  en  que  nunca  pensamos,  pudiera  suceder,  y  por  ello 
se  diera  el  caso  de  que  los  sefardíes  dispersados  por  el  mundo 
sintieran  como  correspond-e  á  las  expresiones  de  Bejarano,  y  á 
tal  linaje  de  sentimiento  subordinasen  la  conducta  suya  de  ad- 
hesión y  protección  á  España,  y  luego  sucediese,  además,  que 
esto  se  revelase  como  un  hallazgo  en  la  ocasión  presente,  ¿duda 
nadie  de  que  España  habría  encontrado,  no  ya  la  reparación 
económica  y  social  de  sus  recientes  desastres  coloniales,  sino 
compensaciones  quizás  mucho  más  espléndidas  y  preferibles? 
¿Podría  negar  alguien  que  entonces  España  aparecería  de  pronto 
con  la  base  comercial  y  lingüística  más  grande  que  puede  conce- 
bir pueblo  alguno,  y  que  le  sería  dable  gritar  con  entusiásticos 
transportes  Sursum  corda,  bendiciendo  los  buenos  resultados  de 
la  siembra  que  nos  hiciera  aquel  siniestro  Torquemada,  para 
que  recogiéramos  sus  frutos  cuando  mayores  eran  nuestras  ne- 
cesidades? 

Queda,  pues,  descontado  que  muchísimos,  la  mayoría,  la 
inmensa  parte  de  los  sef ardim,  permanecen  indiferentes,  y  has- 
ta si  se  quiere  rencorosos  á  España,  al  país  de  Torquemada, 
como  algunos  se  dan  el  gusto  de  escribir;  pero  tampoco  se  pue- 
de negar  que  allá,  acullá  y  por  todas  partes,  á  medida  que  esta 
nueva  de  reconciliación  cunde,  brotan  con  evidente  espontanei- 
dad afectos,  adhesiones,  esperanzas,  amistades,  simpatías,  im- 
pulsos y  movimientos  de  comunicación  innumerables.  El  uno 
porque  oye,  quizás,  en  el  fondo  de  su  alma  los  ecos  de  sentidas 
añoranzas,  y  el  otro  porque  necesita  cambiar  de  ^dda  espiritual; 
este  porque  entrevé  el  cumpHmiento  de  reparaciones  profetiza- 
das, y  aquel  porque  vive  á  disgusto  con  su  condición  actual  y 
busca  su  mejoramiento;  quién  porque  sufre  persecuciones  y 
necesidades  y  cree  hallar  aquí  el  bienestar  que  en  su  actual 
país  le  falta,  y  cual  otro  porque  considera  que  las  circunstan- 
cias de  España  ofrecen  buen  escenario  á  sus  aptitudes,  y  hasta 
muchos  tal  vez  por  fuerza  de  inexplicables  atavismos  morales, 
los  cuales  convierten  las  satisfacciones  del  deseo  á  remotísimas 
organizaciones,  que  perduraron  secularmente  á  través  de  nume- 
rosas vicisitudes  y  más  tarde  se  restablecen  de  nuevo,  como  si 


184 

denunciasen  naturales  inclinaciones  y  equilibrios  de  las  razas, 
los  cuales  se  cumplen  por  un  fenómeno  semejante  á  la  marcha 
de  esos  ríos  que,  desencauzados  por  cataclismos  geológicos, 
vuelven  de  nuevo  á  sus  antiguos  cauces  gracias  á  cambios  del 
terreno  no  siempre  bien  apreciados;  sea,  en  fin,  por  lo  que  fue- 
ve,  es  lo  cierto  que  miles  de  israelitas,  ricos  y  pobres,  se  inte 
resan  hoy  en  esta  reconciliación  y  vuelven  á  España  sus  pen- 
samientos de  amor  y  de  esperanza. 

Verdad  inconcusa  es  que  la  grey  sefardita  desperdigada 
por  el  mundo,  se  conmueve  cuando  España  yergue  su  augusta 
figura  entre  sus  antiguos  hijos  y  les  habla.  La  fuerza  de  la  san- 
gre en  unos,  y  los  sedimentos  de  la  historia  en  otros,  hacen  latir 
muchos  corazones,  humedecerse  muchos  ojos,  de  ancianos  y  de 
jóvenes,  de  los  nacidos  en  Oriente  y  en  Occidente;  y  las  pala- 
bras de  esperanza  y  de  atracción,  por  ella  pronunciadas,  jamás 
se  pierden  en  el  silencio  y  en  el  abandono. 

Podrá  la  venerada  Iberia  buscar  prosélitos  entre  todos  los 
pueblos  del  mundo,  pero  seguramente  ninguno  le  ofrecerá 
todavía,  de  pronto  y  como  por  ¿adoración  sobrehumana,  tantos 
y  tan  leales  apasionados  como  le  presenta  Israel.  España  es 
para  muchísimos  una  segunda  Sión,  y  su  eco  amoroso  hace 
vibrar  al  punto  las  cuerdas  más  sensibles  de  sus  almas.  De  esta 
verdad  tenemos  muchos  ejemplos,  algunos  extraordinarios. 
Permitan  nuestros  lectores  les  hagamos  conocer  unas  pocas 
declaraciones,  repasen  también  las  cartas  de  nuestro  capítulo  III, 
las  que  seguiremos  publicando  en  las  páginas  sucesivas,  y 
adviertan  que  podríamos  registrar  muchas  más  declaraciones 
de  este  género,  lo  cual  no  hacemos  por  no  abusar  de  la  de- 
mostración. 

David  S.  Garson,  de  Manchester,  dice: 

Y  todos  tenemos  gozo  de  descender  de  aquellos  señores  desterrados 

de  España  el  1492;  pero  nuestro  amor  y  ruegos  por  su  prosperidad  son 
tan  grandes,  que  cualquier  adelanto,  cualquier  suceso  que  tenga  la  España 
siempre  nos  regocija. 

Desde  Nueva  York  nos  escribe  J.  V.  Behar: 

La  lectura  de  estas  bellas  páginas  ha  despertado  en  mí  la  idea  de 
esta  patria,  que  yo  oía  cantar  cuando  niño,  y  siento  ahora  un  deseo 
ardiente  de  tocar  el  suelo  de  esta  tierra  donde  vivieron  y  reposan  nuestros 


185 
abuelos.  Quisiera  dejar  la  América,  pero  me  lo  impiden  grandes  motivos. 

Así  nos  dice  desde  Londres  Joshua  M.  Levy,  rico  comer- 
ciante: 

Se  mantiene  siempre  simpatía  por  la  antigua  patria,  aunque  son  po- 
quísimos los  que  conocen  España. 

José  Elmaleh,  ilustrado  publicista  de  Gibraltar,  habla  de 
este  modo: 

Yo  soy  muy  joven — cuento  apenas  veinticinco  años— puedo  de  mí 
decir  que  fué  tal  la  impresión  que  la  lectura  de  Los  Israelitas  Españoles 
me  produjo,  que  no  pude  sustraerme  á  la  necesidad  que  sentía  de  derra- 
mar unas  cuantas  lágrimas,  mientras  me  deleitaba  leyendo  su  libro. 
Bebiéndome  aquellas  líneas,  condensadoras  de  un  porvenir  simultáneamen- 
te dichoso  para  los  hebreos  y  para  España,  experimentaba  yo  una  alegría 
que  no  acierto  á  definir,  un  gozo  interior  que  los  labios  no  pueden  expli- 
car, y  un  placer  inefable  que  mi  pluma  no  se  atreve  á  transcribir. 

J.  Dañan,  desde  Lorenzo  Marqués,  consagra  de  este  modo 
su  amor  hispano: 

Cuando  la  destrucción  del  primer  templo  de  Jerusalem,  los  judíos  fue- 
ron dispersados  por  distintos  y  lejanos  países.  Volvieron  á  congregarse 
después,  y  los  que  quedaron  en  el  Oriente  de  Europa  y  Syria  acordaron  la 
construcción  del  segundo  templo,  invitando  para  ello  á  todos  los  judíos 
dispersos  por  el  mundo.  Eutonces  se  dio  el  caso  que  de  todas  partes  acu- 
dieron y  de  todos  los  países,  excepto  los  judíos  españoles,  que  ya  te- 
nían tal  amor  á  su  patria,  que  preferían  no  hacer  parte  de  los  que  cons- 
truían el  sagrado  edificio,  á  abandonar  su  amado  suelo,  y  dirigieron  en- 
tonces á  Jerusalem  una  carta  extensa,  que  todos  los  días  se  lee  en  la 
oración  de  la  mañana,  aceptando  y  conformándose  de  antemano  con  todo 
cuanto  hicieran  en  Jerusalem;  pero  dejar  á  España  ¡nunca! 

No  menos  expresivo  aparece  Joseph  Romano,  profesor  de 
lenguas  en  Esmirna  y  redactor  de  El  Messeret,  saludando  así 
la  lectura  de  nuestros  artículos: 

Y  en  leendo  vuestro  estudio  en  <E3paña>  yo  creí  leir  ó  sientir  las  pa- 
labras de  un  apostólo,  de  un  Paulo  moderno,  predicandono  sobre  las 
alturas  de  la  colina  de  Marso.  Pero  en  España,  en  esta  tierra  onde  mismo 
el  polvo  güele  de  santidad  y  gloria,  y  en  la  cual  los  recuerdos  de  brillos 
pasados  y  la  magnificencia  presente,  las  hermosuras  natuiales,  devinas, 
sublimes,  aguntanse  al  carácter  franco,  leal,  justo  y  amable  del  pueblo,  la- 
renden  simpática,  dulce  y  tierna  como  una  mañanada  de  primavera  al 
romperse  el  día  entre  las  claras.  ¿No  es  la  España  el  panorama  esquisito, 
vivo  y  atraente  de  la  Europa?  ¿Xo  es  ella  el  guerto  del  mundo  civilizado? 
Ansilo  topi  yo  hasta  aora,  ansi  espero  toparlo  hasta  la  fin  de  mis  dias. 


186 

Aunque  de  severo  análisis,  el  director  de  la  Escuela  Profe- 
sional de  Jerusalem,  D.  Alberto  Antebi,  no  puede  sustraerse  al 
amor  de  España,  y  nos  escribe  en  una  de  sus  cartas: 

Nosotros  guardamos  todavía  un  recuerdo  conmovedor  de  ]a  residencia 
gloriosa  de  nuestros  abuelos  en  España  y  del  papel  eminentemente  civili- 
zador que  aili  jugaron. 

Desde  Alejandría  nos  escribe  A.  Spagnolo,  cónsul  español, 
Y  nos  dice: 

Muchos  amigos  particulares  judios  españoles  han  leido  su  libro  y  pue- 
do asegurarle  que  su  lectura  ha  producido  mas  que  agradecimiento,  en- 
tusiasmo, al  ver  que  después  de  cuatro  siglos  se  ha  levantado.,  por  prime- 
ra vez,  la  voz  de  un  español  que  acordándose  de  los  que  un  dia  fueron  hi- 
jos de  España  aboga  por  su  aproximación  á  la  antigua  madre  patria. 

Hasta  la  graciosa  Fina  Haim  nos  envía,  desde  Berlín,  una 
nota  del  españolismo  de  sus  correligionarios  de  Oriente,  de 
donde  es  natural,  diciéndonos  en  una  de  sus  cartitas: 

Sigun  contan  mis  padres  hay  en  el  Oriente,  sin  hablar  de  los  sabios  y 
ricos,  entre  los  pobres  que  no  tienen  ninguna  educación,  muchisimos  que 
hablan  el  vero  español  antiguo,  y  uno  cree  que  está  en  la  España  con  sus 
costumbres  antiguos.  Los  israelitas  españoles  quedaron  en  el  corason  es- 
pañoles, y  fuera  de  su  patria  detenieron  la  honra  de  ser  españoles. 

No  debemos  seguir;  llenaríamos  muchas  páginas  si  publicá- 
semos todos  los  testimonios  de  esta  índole  que  hemos  recibido, 
y  entre  ellos  algunos  mensajes  firmados  por  numerosos  indi-\d- 
duos.  Pero  si  desistimos  de  continuar  registrando  aquí  otras 
protestas  parecidas,  de  recuerdos  y  de  simpatías,  no  queremos 
omitir  las  de  tres  distinguidos  israelitas,  por  la  singularidad  que 
entrañan. 

Uno  de  ellos,  persona  distinguida  de  una  ciudad  de  Hun- 
gría, solicitado  por  un  ilustre  abogado  de  Budapest  á  entablar 
correspondencia  con  nosotros,  muestra  resistirse  á  hacerlo.  De 
su  carta  aparece  que  ellos  (los  israelitas)  pueden  estar  orgullo- 
sos de  sus  antepasados,  de  los  cuales  hablan  con  placer;  que 
hay  interés  por  España,  pero  nada  de  pensar  en  trasladarse 
adonde  aquéllos  fueron  horriblemente  tratados.  No  tienen  in- 
terés en  ver  libros  y  Revistas  españolas  modernas;  ninguno  en 
ver  el  lenguaje  escrito,  y  no  tendría  objeto  una  corresponden- 
cia con  el  Dr.  Pulido. 


187 

Pero  le  escribe  su  amigo  en  el  idioma  de  su  hogar  y  de  su 
historia,  y  en  seguida  el  espíritu  cambia,  las  simpatías  renacen, 
sentidos  ecos  del  pasado  conmueven  su  alma  y  contesta  á  co- 
rreo vuelto  del  modo  siguiente: 

Recibí  su  estimada  karta  dil  4  corienti  y  consienti  iírande  gusto  leen 
do  una  karta  en  la  habla  dulci  española.  Nosotros  israelitis  espanolis  nos 
gustamos  mucho,  quando  topamos  occasion  di  poder  hablar  noestra  lin- 
gua,  también  con  giente  que  non  son  de  nuestra  Ra(,'d,  con  ejo  nos  cajiu- 
tamos  mas  mucho  por  noestra  habla  di  madri,  viendo  que  non  la  olvidi- 
mos,  y  por  ello,  mi  querido  señor  Doctor,  li  do  mis  gracias  d©  corasson 
porque  mi  respondió  en  noestra  habla  y  este  asigurado  que  su  carta  la 
guardaré  como  una  Gyoja. 

La  segunda  manifestación  es  de  un  joven  sefardí  cultísimo, 
Isaac  Pisa,  oriundo  de  Constantinopla,  quien  sentía  prevencio- 
nes y  rencoroso  menosprecio  contra  España,  pero  se  impresiona 
con  nuestros  escritos,  visita  la  patria  de  sus  antepasados,  y  en 
seguida  envía  á  una  de  las  publicaciones  más  acreditadas  entre 
los  israelitas,  un  entusiasta  artículo  donde  dice,  con  el  relato 
de  otras  muchas  impresiones,  lo  siguiente: 

Debo  confesar  que  las  impresiones  qae  he  sentido  viajando  por  este 
bello  pais  de  la  hidalguía  han  cambiado  mi  manera  de  ver  los  hombres  y 
las  cosas  de  España.— Yo  no  hablo  del  pais,  tan  hermoso,  tan  pintoresco, 
donde  cada  nombre  recuerda  una  gran  página  de  la  historia.  En  particular 
para  un  judio  se  puede  adivinar  lo  que  despiertan  ea  su  espirita  estas  pa- 
labras: Toledo,  Córdoba...  . 

La  España  es  nuestra  patria,  la  tierra  donde  están  nuestros  padres. 
AUi  duermen  nuestras  glorias  y  allí  nuestros  monumentos;  allí  se  escri- 
bieron las  páginas  mas  gloriosas  de  nuestra  historia.  Yo  mismo  me  he 
sentido  por  vez  primera  viajando  en  mi  propio  pais.  Los  tipos  no  me  eran 
desconocidos;  eran  los  nuestros;  sus  aspectos  los  nuestros;  la  lengua,  á 
través  de  los  barbarismos  que  nosotros  en  ella  hemos  introducido,  es 
siempre  la  nuestra.  Que  nos  acoja  España,  que  nos  reciba  en  su  seno  y 
tendremos  una  patria,  una  bandera,  deberes  y  derechos  de  ciudadano.  No 
seremos  los  proscriptos  de  todas  partes 

La  tercera  manifestación  corresponde  á  una  distinguida  se- 
ñorita, Rahma  Toledano,  sobresaliente  en  Tánger  por  su  talen- 
to de  escritora,  su  gracia  y  su  bondad.  Es  secretaria  de  muchas 
Sociedades  y  ha  publicado  informes  y  Memorias,  artículos  de- 
licados y  de  alta  poesía  en  El  Eco  Mauritano,  uno  de  los  perió- 
dicos que  se  publican  en  Tánger.  Pertenecen,  ella  y  sus  dos  her- 


188 


manas,  á  esa  cultísima  y  simpática  sociedad  israelita  tangerina, 
que  tan  gallardamente  nos  presenta  Pinhas  Asayag  en  sus  pre- 
ciosos escritos,  y  en  la  cual  late  una  preciosa  alma  española.  La 
carta,  redactada  en  elegante  castellano,  como  se  puede  apreciar, 
es  un  modelo  de  ternura  y  españolismo: 

Profundamente  emocionada  por  la  lectura  de  su  libro   <  Los  Israelitas 
y  el  idioma  castellano»  no  he  podido  resistir  al  impulso  de  manifestarle, 

en  los  términos  en  que  mis  modestos 
conocimientos  del  idioma  me  per- 
miten hacerlo,  toda  la  admiración  que 
su  obra  me  ha  sugerido. 

Educados  los  jóvenes  judíos  en  las 
escuelas  de  la  Alianza  Israelita,  don- 
de la  enseñanza  es  principalmente 
francesa,  aprendemos  el  idioma  cas- 
tellano por  el  uso  familiar  y  por  la 
lectura.  Sin  embargo,  en  francés  nos 
han  enseñado  á  pensar,  pero  nó  á 
sentir.  En  los  bancos  de  las  escuelas 
de  la  Alianza,  hemos  recibido  inte- 
lectual impulso  y  recojido  principios 
de  carácter.  Allí  hemos  cobrado  con- 
ciencia de  nuestra  personalidad;  allí 
se  ha  desarrollado  el  sentimionto  la- 
tente de  dignidad  y  propia  estima- 
ción, por  tanto  tiempo  comprimido; 
allí,  en  fin,  se  ha  formado  nuestro 
cerebro;  y  por  estos  beneficios  debe- 
mos á  dicha  institución  gratitud 
eterna. 
Pero  nuestro  corazón  es  puramente  español,  por  la  ternura,  la  sensibi- 
lidad, la  afección  sincera  y  desinteresada,  por  la  indolente  predisposición 
á  soñar,  por  el  espirita  de  sacrificio  y  por  esa  atmósfera  de  sentimentalis- 
mo con  que  se  envuelve. 

Por  eso,  al  leer  su  libro,  rebosante  de  nobleza  y  elevadas  miras,  he 
sentido  la  gratitud  del  que  vé  desvanecerse  una  impresión  dolorosa. 

Su  campaña  de  Vd.  elevadísima  no  solo  rehabilita  á  España,  sino  que 
logra  borrar  la  infanda  visión  de  una  España  cruel  é  inquisidora.  Cuan- 
do niña,  por  una  de  esas  casualidades  provocadas  por  la  curiosidad  y  el 
afán  de  conocer,  vino  á  mis  manos  la  historia  sangrienta  é  inhumana  de 
la  Inquisición.  Escondida  en  un  rinconcito,  leía  con  espanto  tan  tre- 
mendos acontecimientos,  y  al  través  de  mi  imaginación  infantil,  veía  con- 
fusamente, como  en  una  pesadilla,  arder  los  autos  de  fé,  condenar  á  mil 
torturas  á  inocentes  criaturas,  perpetrar  horrores  inauditos  en  cuerpos  de 


FlG.  Üo.  — Señorita  Rahma  Toleda- 
no. Distingaida  escritora  y  .Secreta- 
ria de  La  Armonía. 


189 

mujeres  jóvenes.  Mi  alma  entera  entonces  protestaba,  se  sublevaba  y  so- 
llozaba de  indignación.  Entreveía  como  fantasmas  del  infierno  las  figuras 
mostruosas  de  Torquemada  é  Ignacio  de  Loyola,  y  desde  el  fondo  de  roi 
tierno  corazón  de  niña  maldecía  sus  horrores. 

Luego  el  tiempo,  la  reflexión,  el  estudio  borraron  en  parte  la  impresión 
que  en  mi  alma  dejó  grabada  esa  lectura,  y  así  como  odié  siempre  á  los 
hombres  sin  entrañas  de  ese  siglo  de  sangre,  supe  también  estimar  á  los 
hombres  contemporáneos,  liberales  y  progresistas,  y  amé  á  España,  á  la 
España  conciliadora,  irresponsable  del  pasado. 

Su  libro  de  Vd  fortalece  iy  justifica  la  atracción  que  nos  aproxima  á 
España.  Por  Vd.,  por  su  talento  generoso,  sentimos  una  alta  estimación  y 
simpatía. 

Su  nombre  en  nuestra  sociedad  es  querido  y  popular,  porque  represen- 
ta una  noble  tarea  de  reparación  y  de  justicia,  y  es  emblema  de  un  ideal 
de  armonía.  Los  conceptos  laudatorios  expresados  acerca  de  Vd.  por  el 
Sr.  Isaac  Pisa,  en  la  revista  parisién  «L'Univers  Israélite>  son  los  que  to- 
dos abrigamos  aquí.  Este  artículo  ha  sido  leido  con  el  placer  que  despier- 
ta entre  nosotros  cuanto  encierra  una  aprobación  de  la  noble  tarea  de  Vd. 

Permítanos  darle  el  nombre  de  amigo,  y  sírvase  aceptar  como  humilde 
prueba  de  roi  entusiástica  admiración,  con  mis  ardientes  votos  por  la  pros- 
peridad de  su  campaña,  la  expresión  de  rri  mas  profunda  consideración. 


Pero  no  todos  se  expresan  de  esta  manera.  Es  verdad;  los 
hay  que  oponen  á  nuestras  propagandas  sentimientos  contra- 
rios. Son  muy  pocos,  excepcionales,  entre  los  que  se  cartearon 
con  nosotros,  quizás  porque  algunos  rendirían  su  desvío  á  la 
cortesía  y  al  respeto,  y  admitimos  que  serán  muchos  miles  en- 
tre las  muchedumbres  sefardíes  que  pueblan  el  globo;  pero 
esto,  ¿qué  importa  para  la  alta  aspiración  de  nuestra  cam- 
paña? 

Hemos  recogido  y  anaÜzado  con  interés  las  causas  de  dicha 
resistencia,  y  dejando  aparte  las  que  pudiéramos  juzgar  peque- 
ñas, vamos  á  examinar  cuatro  fundamentales: 

A. — Antipatías  instintivas. 

B. — El  edicto  de  expulsión  de  1492. 

C. — El  patriotismo  de  los  sefardim. 

Z). — Nuestro  fanatismo. 

Vale  la  pena  que  analicemos  un  poco  estas  causas  de  opo- 
sición. La  importancia  del  sujeto  requiere  apreciar  con  fría 
razón  y  justicia  los  fundamentos  de  tales  motivos.  En  el  capí- 
tulo próximo  nos  saldrá,  naturalmente,  la  más  poderosa  razón 


190 


por  la  cual  muchos  miles  de  sefarditas  deben  amar  á  España; 
aquí  apreciaremos,  á  grandes  rasgos,  por  qué  otros  la  detestan. 

A. — Antipatías  instintivas. 

Como  existen  repugnancias  inconscientes  del  gusto,  las  hay 
también  del  sentimiento,  aunque  aquéllas  y  éstas  tengan  en  la 

trama  misteriosa  de  la  inerva- 
ción razones  perfectamente  de- 
terminadas. 

Esos  tipos  me  revientan  por- 
que sí,  decimos  brutalmente  en 
España  cuando  queremos  ex- 
presar una  antipatía  ya  formada 
y  que  no  pasamos  á  definir;  y 
sinceramente  admitimos  que  á 
muchos  judíos  les  puede  suce- 
der esto  con  los  españoles.  ¿Es 
por  nuestra  figura,  nuestro  ca- 
rácter, nuestro  grado  de  ade- 
lanto, nuestra  historia,  nuestro... 
qué  sé  yo?  No,  no  es  por  nada 
en  concreto;  es  por  nosotros  en 
todo  lo  que  somos,  y  no  hay  por 
qué  analizar  más. 
Respetable  y  legítimo  sentimiento  es  este,  que  no  da  derecho 
á  queja  ni  á  impugnaciones.  Las  reacciones  instintivas  de  la 
sensibilidad  y  del  sentimiento  no  admiten  más  correctivo  que 
el  de  su  propia  educación.  Aquí  no  caben  análisis;  hay  que 
hacer  un  cortés  saludo  y  retirarse.  El  mundo  es  grande  y  brin- 
da tierra  para  todos. 

B. — El  edicto  de  expulsión  de  1492. 

Este  motivo  ya  consiente  un  análisis  más  formal. 

Son  poquísimas  las  cartas  que  hemos  recibido  en  las  que 
no  se  le  recuerde:  las  unas  manifestando  su  daño,  las  otras  su 
olvido,  las  otras  la  necesidad  de  su  revocación,  algunas  la  me- 
moria odiable  que  dejó  y  aún  perdura.  Fuera,  por  tanto,  una 


FiG.  26 — Señorita  Anita   Toleilano, 
estimada  por   sus  aptitmles   artísti- 
cas. (Tánger). 


19] 


omisión  torpe  no  decir  algo  de  él.  Prescindir  en  absoluto  de  su 
examen,  quizás  pareciera  á  muchos  prudente;  nosotros  lo 
creeríamos  cobardía. 

Max  Nordau  que  tiene  un  conocimiento  profundo  de  los 
hombres  y  de  las  cosas  de  la  humanidad,  y  un  talento  extra 
ordinario,  hablando  con  el  doc- 
tor Pulido,  hijo,  el  día  l.*>  de 
Octubre  del  año  corriente  de 
1904,  en  París,  formuló  un  con- 
sejo inspiradísimo  acerca  de 
nuestra  campaña,  que  llegó  á 
nosotros  como  un  hermoso  rayo 
de  luz: 

«Su  señor  padre — le  dijo  — 
no  debe  acometer  obra  de  repa- 
ración de  un  error  histórico,  por- 
que los  errores  históricos  son 
hechos  consumados.  España  de- 
be abrir  en  este  asunto  cuenta 
nueva,  como  se  dice  en  lenguaje 
comercial.  Sin  embargo — aña- 
dió,— comprendo  que  apelar  á  la 
reparación  histórica,  pueda  te- 
ner acaso  influencia  en  España,  donde  habrá  personas  que 
sentirán  arrastrada  su  simpatía  hacia  esa  causa,  alegando  tal 
carácter  que  seduce  al  sentimiento  caballeroso  de  los  españoles. 
Y  en  campañas  de  tan  transcendental  importancia  no  deben  ser 
despreciados  cuantos  medios  permiten  atraer,  al  público.» 

Al  leer  esto  se  sienten  ganas  de  gritar:  ¡Bravo!  Porque  con 
ello  el  maestro  dio  en  el  blanco. 

Sí,  lo  más  práctico  sería  quizás  abrir  una  cuenta  nueva,  no 
más  que  declarando  liquidado  todo  lo  pasado;  pero  esto  no  sa- 
tisfaría á  muchos,  y  es  forzoso  decir  aquí  algo  acerca  de  ese 
edicto. 

Y  lo  primero  que  tenemos  que  exponer,  es  un  estado  de 
nuestro  ánimo,  que  sorprenderá  á  quien  crea  que  el  espíritu  y 
las  tendencias  de  este  libro  requerían  mostrásemos  otro  muy 
distinto.  No  sentimos  indignación  ninguna  contra  los  Reyes 


FiG.27.  —  Messotly  Toledano,  distin- 
guida señorita  de  Tánger. 


192 

Católicos,  ui  siquiera  contra  Torquemada,  por  el  edicto  abomi- 
nable del  31  de  Marzo  de  1492;  y  no  descenderá  de  nuestro 
discurso  á  la  pluma  el  más  leve  calificativo,  por  un  acuerdo 
que  tanto  daño  causó  física  y  moralmente  á  nuestro  país. 
Diremos  más.  Cuando  leímos  el  discurso  que  escribió,  hace 
poco,  un  docto  catedrático  de  la  Universidad  Central,  en  el  cual 
hacía  una  defensa  erudita  de  la  política  y  los  actos  de  los  Reyes 
CatóÜcos,  avanzábamos  con  recelosa  emoción  por  sus  páginas; 
pero  cuando  llegamos  al  final  respiramos  tranquilo,  y  tampoco 
nos  sentimos  disgustado  contra  quien  defendía  el  tribunal  de 
la  Santa  Fe  y  la  expulsión  de  los  judíos.  Y  nos  quedamos 
muy  tranquilo,  porque  una  vez  más  nos  penetramos  de  que  no 
son  las  monstruosidades  de  la  voluntad,  sino  los  determinismos 
irresistibles  de  las  sociedades  y  la  complexión  moral  de  los 
individuos,  las  fuerzas  que  lógicamente  y  con  perfecta  inspira- 
ción de  su  ética,  los  llevan  á  realizar  las  mayores  atrocidades, 
gozando  la  honda  satisfacción  de  quien  ha  realizado  el  acto  más 
sublime  de  su  existencia. 

¿Qué  historiador  genialísimo  sería  capaz,  entonces,  ni 
mucho  menos  ahora,  412  años  después,  de  presentar  con  fide- 
lidad en  su  número,  su  calidad  y  sus  relaciones,  los  motivos 
por  los  cuales  firmaron  Isabel  y  Fernando  ese  edicto  de  seis  ú 
ocho  párrafos,  cuyos  fundamentos,  hoy  triviales,  hacen  reir  á 
un  espíritu  medianamente  culto,  y  cuyas  consecuencias  hubie- 
ron de  ser  tan  horrorosas? 

¿Qué  historiador,  ni  dramaturgo,  por  genial  que  se  le  con- 
ciba, sería  capaz  de  exponer  toda  la  razón  moral  del  estallido 
con  que  Torquemada  formuló  el  apostrofe  de  los  dineros  de 
,  Judas,   pesando   en  el  ánimo  bondadoso  y  prudente  de  los 
monarcas,  hasta  empujarlos  al  desastre? 

Imposible  de  toda  imposibilidad  sería  realizar  esto.  Por 
creerlo  así,  estamos  seguros  que  si  las  eminencias  historiadoras 
más  eximias  pretendieran  reproducir  la  disposición  espiritual, 
á  la  cual  obedecieron  tales  resoluciones,  y  la  formulasen  en  un 
escrupuloso  estado  de  conciencia,  ni  los  augustos  monarcas,  ni 
su  violento  y  lúgubre  inquisidor,  aceptarían  aquel  retrato,  y 
protestarían  indignados  contra  la  inexactitud  de  una  descrip- 
ción que  rechazarían  como  verdadera  monstruosidad. 


193 

* 

¡Buena  ocasión  sería  esta  para  recordar  aquel  juicio  de 

nuestro  genial  humorista  Campoamor,  sobre  la  exactitud  de 
la  historia,  cuando  decía:  «desde  que  veo  como  se  escribe  la 
historia  contemporánea,  no  creo  ya  lo  que  cuenta  la  historia 
antigua*! 

Y  consiste  esto  en  que  los  individuos  y  los  pueblos,  de  los 
cuales  aquéllos  constituyen  ineras  unidades  celulares,  son  má- 
quinas complejísimas,  dispuestas  para  realizar  una  función  tan 
fatalmente  mecánica  como  la  de  una  máquina  bruta  cualquiera; 
y  la  realizan,  sea  cual  fuere,  con  la  más  perfecta  justificación 
ética.  Entre  el  caníbal  que  se  merienda  un  extranjero,  el  pa- 
gano que  inñamaba  hace  siglos  con  neroniana  antorcha  un  na- 
zareno, el  cristiano  que  á  su  vez  calcinaba  después  en  santa 
hoguera  un  judaizante,  y  el  anarquista  que  hoy  hace  volar  un 
burgués,  no  hay  diferencia  alguna  esencial.  Son  todos  unos  es- 
crupulosos y  heroicos  progresistas,  que  cumplen  con  estricta 
severidad  su  dinamismo  psicológico,  con  la  misma  razón  ética 
que  el  martinete  aplasta  cuanto  se  pone  bajo  su  pilón,  el  cañón 
despide  el  proyectil  que  encierra  en  su  seno,  y  la  glándula  ex- 
creta el  veneno  que  elaboran  sus  accinis. 

Por  esto  no  es  justo  censurar  con  indignación  monstruo- 
sidades que  no  existen,  ni  fierezas  y  perversidades  de  ánimo 
que  no  hay;  porque  todo  se  hace  dentro  de  cierta  estricta 
moral,  con  el  sano  propósito  de  cumplir  lo  mejor  posible  la 
función  esencial  que  se  desempeña,  y  sirviendo  á  la  mayor 
gloria  de  aquel  alto  ministerio,  ó  sacrosanto  culto  en  que  se 
comulga. 

Y  buen  ejemplo  de  ello  nos  le  ofrece  el  referido  catedráti- 
co de  Filosofía  y  Letras,  á  quien  tocó  en  turno  dirigir  la  voz  al 
país  y  á  la  generación  escolar,  en  nombre  de  la  sabiduría  y  la 
enseñanza,  para  señalar  caminos  de  progreso  y  de  evolución, 
artes  y  modos  por  los  cuales  pueda  España  adelantar  en  sus 
grandes  atrasos,  y  ponerse  otra  vez  á  la  par  de  esos  pueblos  que 
con  su  poder,  su  cultura  y  su  mejor  conocimiento  de  la  reali- 
"  dad,  nos  han  arrojado  desde  la  primera  á  la  segunda  fila  en  el 
concierto  de  los  grandes  Estados. 

Presentarse  en  la  tribuna  más  saliente  de  las  Universidades 
españolas,  en  día  1.°  de  Octubre  del  año  1904,  en  ocasión  tan 

13 


194 

• 

señalada  como  el  acto  de  inauguración  del  curso  académico; 

leer  un  discurso  de  estructura  abigarrada, — porque  unas  veces 
su  dicción  fluye  natural  y  con  vestidura  moderna  correctísima, 
y  otras  veces  hieren  materialmente  el  esfuerzo  y  la  preocupa- 
ción que  aparecen  por  reproducir  giros,  modismos  y  vocablos  de 
un  arcaísmo  chocante  y  desusado  hoy,  como  lo  sería  presentar- 
se en  una  solemnidad  \ástiendo  traje  de  etiqueta  desfigura- 
do con  mangas  acuchilladas  en  el  frac,  gregüescos  sobre  los 
calzones  y  gola  sobre  la  almidonada  pechera;  todo  lo  cual  de- 
nuncia síntomas  de  una  preocupación  estiüsta verdaderamente... 
fenomenal; — y  con  esta  traza  venir  á  proclamar  ¡hoy!  la  necesi- 
dad de  ser  intolerante  en  materia  de  doctrinas  y  de  creencias  ínti- 
mas, diciendo  que  no  se  debe  tolerar,  porque  tolerar  es  sufrir 
las  doctrinas  y  los  hechos  malos,  ó  que  por  tal  se  tienen.  Por- 
que la  tolerancia  no  existe  ni  puede  existir  en  rigor  psicológico 
y  ético,  pues  no  hay  teorías,  ni  escuelas  filosóficas,  ni  educación 
que  baste  á  ello.  Que  no  se  puede  ser  tolerante  sino  en  aquello 
que  no  se  cree  ó  que  no  importa,  siendo  la  fe  donde  la  toleran- 
cia es  por  extremo  dificultosa...  Y  de  esta  suerte  formular  una 
serie  de  principios,  que  son  verdaderos  dislates  para  la  concien- 
cia, el  sentido  social  y  la  cortesía  de  muchos;  hacer  esto,  en 
fin,  revela  que  la  organización  psíquica  de  los  hombres  difiere 
de  unos  á  otros,  tanto  como  difieren  entre  sí  las  máquinas  de 
una  Exposición  universal;  y  que  cada  cual  funciona  con  arre- 
glo á  su  propio  mecanismo,  dispuesto  en  unos  para  el  respeto 
y  la  conveniencia  social,  y  dispuesto  en  otros  para  la  coacción 
y  el  atropello. 

¿Tolerancia?  ¡Hasta  la  frase  y  el  concepto  sublevan!  En 
aquello  que  es  atributivo  de  nuestra  organización  psíquica,  no 
menos  fatal  é  ineludible  que  la  organización  fisiológica,  como 
quiera  que  es  derivación  suya,  ya  natural,  ya  adquirida,  y  que 
á  nadie  ofende,  limita  y  perjudica  en  sus  derechos  é  intereses, 
¿habrá  insulto  mayor  que  el  de  que  nadie  diga  que  nos  lo  tole- 
ra? ¿Acaso  no  hay  derecho  á  pedir  que  nos  lo  respete? 

Esas  personas  que  tales  doctrinas  profieren,  y  cuyas  rectas 
y  fatales  consecuencias  llevan  á  espantables  atentados,  ¿qué 
hacen?  ¿Por  dónde  viajan?  ¿En  qué  círculos  se  mueven?  ¿Entre 
quiénes  viven?  ¿Qué  ideas  tienen  de  las  razas,  de  los  pueblos, 


195 

de  las  religiones,  del  cosmopolitismo  de  la  vida  contemporánea 
cada  día  más  y  más  grande,  de  las  complexiones  orgánicas  de 
la  criatura  humana,  de  todo,  en  fin,  cuanto  salta  á  la  vista  y  se 
cruza  á  cada  minuto  con  nuestra  existencia,  exigiendo  á  los  de- 
más respeto  para  nuestros  cultos,  y  reclamándonos,  en  justa  co- 
rrespondencia, respeto  para  los  suyos? 

Cuando  niños,  éramos  también  intransigentes,  porque  creía- 
mos que,  dueños  de  la  verdad  y  poseedores  de  la  fuerza,  tenía- 
mos el  derecho  de  imponer  aquélla  á  los  demás,  y  si  se  resis- 
tían, el  de  exterminarlos.  Pero  nuestros  viajes  nos  llevaron  á 
Inglaterra,  Alemania,  Holanda,  Turquía...  y  otros  muchos 
puntos;  presenciamos  distintos  cultos;  supimos  que  los  católi- 
cos, apostólicos  y  romanos  éramos  los  menos  en  número  y  los 
más  débiles  en  fuerza,  y  entonces  pedimos  3^a  que  se  nos  res- 
petara nuestro  culto,  y  que  no  hicieran  los  demás  con  nosotros 
aquello  que  algún  tiempo  creímos  estaba  en  nuestro  poder  y 
derecho  reahzar  con  ellos. 

No  somos  los  cristianos  sino  una  parte  pequeña  entre  los 
que  profesan  otras  religiones,  ya  que  solamente  brahamanes, 
boudhistas,  discípulos  de  Confucio,  fetichistas  y  paganos,  hay 
tres  veces  más;  ni  somos  los  católicos  sino  una  parte  entre 
los  cristianos  que  presumen  gozar  la  posesión  de  la  verdadera 
doctrina. 

Dirigid  la  mirada  á  casi  todos  los  grandes  Estados  del 
mundo,  examinad  su  compleja  población  religiosa.  ¿Cuál  vida 
sería  la  suya,  si  no  los  contuviera  el  respeto  á  la  conciencia 
ajena?  Tú,  pobre  fanático,  que  quieres  imponer  en  este  mísero 
puñado  de  tierra  que  se  llama  España,  tu  credo  á  los  demás,  y 
cuando  no  te  obedecen  quieres  someterlos  á  terrible  castigo, 
porque  tus  creencias  se  hallan  aquí  en  mayoría,  ¿qué  recíproco 
destino  señalas  á  tus  hermanos  en  confesión  dentro  de  esa 
Rusia,  por  ejemplo,  donde  frente  á  11  millones  de  católicos  hay 
89  de  ortodoxos  griegos?  ¿A  qué  suerte  los  condenas  en  esa 
Turquía,  donde,  circunscribiéndonos  á  la  Europea,  viven  con- 
fundidos, turcos,  griegos,  albaneses,  búlgaros,  servios,  ar- 
menios, zíngaros,  judíos cada  uno  con  sus  respectivas  reli- 
giones? 

Sentimos  la  ineludible  necesidad  de  ese  santo   respeto  al 


196 

derecho  de  la  conciencia,  aquel  primer  día  de  fiesta  cuando, 
hallándonos  en  un  país  no  católico,  quisimos  practicar  nuestras 
costumbres  piadosas.  Tímidamente  averiguamos  entonces  si 
habría  en  la  ciudad  una  capilla  católica,  y  se  nos  respondió 
que  se  hallaba  en  lugar  muy  cercano.  Preguntamos  de  seguida, 
recelosos  por  nuestro  carácter  español,  si  se  corría  algún  pe- 
Hgro  en  ir  á  ella,  y  nos  respondieron  que  ninguno;  allí  eran 
respetados  con  verdad  todos  los  cultos.  Después,  al  entrar  en 
las  mezquitas,  en  las  iglesias  ortodoxas,  en  las  capillas  evangé- 
licas, en  las  sinagogas,  llevando  á  todas  partes  nuestra  creencia 
católica,  la  religión  de  nuestros  padres,  nos  acordábamos  de 
España  y  pensábamos:  ¿nos  ofenderán?  ¿nos  dirán  algo? 
Sabiendo  que  no  somos  mahometano,  protestante,  judío,  ¿nos 
arrojarán  airados?  ¿Creerán  que  venimos  á  burlarnos  de  su 
creencia,  y  á  profanar  su  templo?  Y  al  observar  en  todas  partes 
la  cortesía  y  la  bondad  para  nuestra  comunión  íntima,  nos 
decíamos:  ¡Así  debe  ser!  ¿Por  qué  no  han  de  respetarnos?  Creen 
ellos  sin  duda  que  practican  la  religión  verdadera,  pero  ¿por 
qué  no  han  de  respetar  y  conceder  el  que  seamos  tan  sincero, 
tan  honrado  y  tan  religioso  como  ellos,  cuando  pensamos  en  la 
nuestra,  aquí,  en  este  templo,  que  no  es  católico;  en  esta 
ciudad,  que  no  es  cristiana;  y  en  este  imperio,  que  no  conoce 
la  redención  divina  del  Calvario? 

Y  de  tan  sencillo  modo,  más  que  con  todas  las  lecturas, 
reflexiones,  debates  académicos  y  sutilezas  teológicas  y  filosó- 
ficas, surgió  en  nuestro  ánimo  la  firme  convicción,  de  que  se 
puede  y  se  debe  respetar  la  creencia  ajena  sin  abdicar  de  la 
propia. 

Con  este  elemental  ejemplo  se  afirmó  en  nuestro  espíritu 
aquella  sentencia  de  Jesús,  que  expresa  el  evangelio  de  San 
Juan  en  su  capítulo  V,  vers.  19,  la  cual  dice  así:  «En  verdad, 
en  verdad  os  digo:  Que  el  Hijo  no  puede  hacer  por  sí  cosa 
alguna,  sino  lo  que  viere  hacer  al  Padre;  porque  todo  lo  que 
el  Padre,  lo  hace  igualmente  el  Hijo.» 

Y  con  esta  rudimentaria  enseñanza,  apreciamos  todo  el  sano 
consejo  de  aquel  versículo  de  San  Mateo  (VlI-12):  «y  así  todo 
lo  que  queréis  que  los  hombres  hagan  con  vosotros,  hacedlo 
también  vosotros  con  ellos;  porque  esta  es  la  ley  y  los  profetas,» 


197 

consejo  este  que  señala  iin  régimen  de  equilibrio  en  la  diná- 
mica social,  sin  el  cual  la  sociedad  humana  retrogradaría  al 
estado  de  salvajismo  y  de  barbarie  que  debió  tener  el  hombre 
de  las  cavernas,  tipo  por  desgracia  sobrado  frecuente  en  la 
fauna  de  este  belicoso  planeta  que  habitamos. 


CAPÍTULO  X 


Más  sobre  el  edicto  de  1492,-  España  hizo  lo  que  los  demás  pueblos.— Resumen 
histórico  por  José  Romano. — La  tolerancia  otomana. — Manifestaciones  varia- 
das.—  Más  todavía  sobre  el  patriotismo  de  los  sefardíes. — Conveniencias  y  tér- 
minos de  la  reconciliación  hispano-sefardí.  —  El  fanatismo  actual  de  España. — 
La  tolerancia  y  el  respeto  á  los  cultos  religiosos,  según  la  Constitución  y  el 
Código  Penal,  en  España. — Testimonio  de  D.  Aarón  Salcedo. 

Sigamos  nuestro  estudio. 

Tiene  mucha  razón  el  Sr.  Brieva:  hay  que  ver  las  cosas  en 
su  tiempo  y  lugar,  y  quien  no  entienda  de  hacerlo  que  no  se 
meta  en  historias.  Por  esto  es  grandísima  la  dificultad  que 
ofrece  siempre  la  obra  de  los  historiógrafos;  los  cuales  general- 
mente vienen  á  ser  unos  artífices  de  narraciones  más  ó  menos 
exactas,  urdidas  para  servicio  de  sus  temperamentos  y  comu- 
niones, cuándo  políticas,  cuándo  religiosas,  cuándo  de  otra  ín- 
dole. 

¡Ya  es  empresa  conocer  y  juzgar  todos  los  factores  que  in- 
tervinieron antes  del  edicto  de  1492,  y  apreciarlos  con  aproxima- 
da exactitud!  Nada  sabemos  nosotros  de  aquello,  y  sin  embar- 
go, para  explicarnos  cómo  pudo  acometerse  una  resolución  tan 
dramática,  acuden  á  la  mente  numerosas  y  tremendas  concau- 
sas. Por  ejemplo:  Las  luchas  religiosas  mantenidas,  dentro  del 
territorio  con  los  desesperantes  vaivenes  de  !a  Reconquista,  y 
fuera  con  las  espantables  invasiones  de  la  Reforma; — la  insti- 
tución del  Santo  Oficio  para  meter  en  cintura  la  criminalidad 
reinante  por  los  campos,  y  la  herejía  por  las  ciudades; — el  en- 
cendido deseo  de  santificar  el  Reino,  haciendo  de  la  fe  el  tejido 
conjuntivo  de  la  unidad  nacional,  que  había  de  soldar  en  un 


200 

bloque  fortísimo  aquel  amasijo  de  coronillas  que  se  habían 
juntado  para  formar  la  gran  corona  de  España; — las  luchas  se- 
culares mantenidas  entre  cristianos,  moros  y  judíos,  con  aque- 
llos períodos  de  calma  y  cordialidad,  durante  los  cuales  convi- 
vían y  se  ayudaban  todos  en  sus  respectivas  empresas;  y  la  su- 
perioridad intelectual,  financiera,  mercantil  y  social  que  mos- 
tró siempre  el  pueblo  de  Israel,   gracias  á  la  cual,  lo   mismo 
en  los  Califatos  y  Amiratos  árabes,  que  en  las  nacientes  mo- 
narquías católicas:  asturianas,   leonesas  y  castellanas,  siempre 
que  no  eran  terriblemente  perseguidos,  ^conquistaban  al  punto 
las  primeras  posiciones  de  la  vida  pública,  y  de  su  seno  salían 
los  más  expertos  consejeros  de  los  Reyes,  los  voceros  y  nego- 
ciadores diplomáticos  más  hábiles  y  felices,  puestos  al  servicio 
de  los  numerosos  y  batalladores  príncipes  de  la  Península,  los 
más  sabios  profesores  de  la  enseñanza  y  de  la  ciencia,  los 
más  profundos  y  acertados  médicos,  los  más  inspirados  culti- 
vadores de  la  poesía,  los  naás  ingeniosos  recaudadores  del  Te- 
soro público,  los  más  profundos  gramáticos  y  filólogos  de  len- 
guas antiguas  y  orientales,  los  más  emprendedores  y  afortu- 
nados comerciantes....;  siendo  por  ello  frecuente  ver  brillar 
figuras  del  fuste  de  aquel  Samuel  Levy  Aben  Nagrela,  que 
llegaban  á  la  cumbre   de  la  privanza,  y  gobernaban  reinos 
como  los  de  Granada  y  Zaragoza,  entre  los  árabes,  ó  se  atraían 
monarcas  como  los  Alfonsos  VI  y  VII  entre  los  cristianos, 
conquistándose,  según  cuentan  hispanos  cronistas,  reputación 
de  ser  claro  su  ingenio,  extremada  su  prudencia,  inalterable 
su  carácter,   profundo  su  conocimiento  de  las   pasiones  hu- 
manas, claros  y  elocuentes  sus  consejos,  cautas  y  maduras 
sus  resoluciones  y  atinadas  sus  obras;  con  lo  cual  dicho  se 
está  que,  dada  la  pobre  condición  humana,  concluían  por  inspi- 
rar, así  en  sus  buenos  como  en  sus  malos  ministerios,  á  la 
corta  ó  á  la  larga,  todas  las  envidias  y  odiosidades  que  suscitan 
el  poder,  la  riqueza  y  la  superioridad.  Si  á  esto  se  añade  que 
las  revueltas  complicaciones  de  su  existencia  les  hacían  aparecer 
necesariamente  cuándo  sirviendo  á  los  moros  y  cuándo  á  los 
cristianos;  es  decir,  cuándo  contra  y  cuándo  á  favor  de  la  Re- 
conquista; que  el  pueblo  siempre,  desde  los  tiempos  visigodos 
desataba  fácilmente  sus  tormentosas  pasiones  contra  la  grey 


201 

deicida  maltratada  por  los  Concilios;  que  muchísimos  conver- 
sos, de  los  que  amillares  desertaban  de  la  ley  mosaica,  eran  los 
más  fieros  enemigos  de  sus  antiguos  correligionarios,  abatían 
en  el  polvo  con  repugnante  crueldad  la  frente  de  sus  herma- 
nos de  raza  y  excitaban  contra  éstos  los  odios  de  los  cristianos, 
en  cuyas  manos  ponían  la  tea  y  el  hierro  destructores;  y  que,, 
sobre  todo,  era  entonces  cuando  las  escuadras  y  los  ejércitos 
turcos  amenazaban  la  Europa,  después  de  haber  plantado  la 
media  luna  en  la  cúpula  de  Santa  Sofía,  j  hecho  del  Medite- 
rráneo y  otros  mares,  seguros  lagos  para  sus  piraterías,  se  com- 
prende que  todo  ello,  unido  á  muchas  más  causas  imposibles 
de  analizar  ahora,  pudiera  inducir  al  cumplimiento  de  lo  que 
juzgamos  hoy  una  monstruosidad,  á  monarcas  tan  españoles, 
gloriosos  y  bien  advertidos,  como  lo  fueron  los  Reyes  CatóHcos. 

Que  las  consecuencias  de  la  expulsión  dañaron  á  la  vida 
nacional,  no  hay  quien  Jo  desconozca;  pues  hasta  los  más  fieles 
y  entusiastas  defensores  de  aquel  orden  de  cosas  reconocen,  que 
con  el  edicto  perdieron  la  tierra,  la  población,  las  industrias  y 
los  caudales  de  España;  de  lo  cual  algo  diremos  en  el  próximo 
capítulo. 

Pero  no  hay  tampoco,  sin  duda,  por  qué  cargar  todo  á  la 
responsabilidad  del  fanatismo  español  y  cristiano.  Frente  al 
hecho  inicuo  de  los  conversos,  azuzando  á  las  muchedumbres 
con  su  palabra  y  sus  escritos  contra  los  hebreos,  aparecen  á  las 
veces  los  mismos  Papas,  como  Alejandro  II.  cuando  recomen- 
daba á  Alfonso  VI  no  fueran  degollados  los  judíos,  los  cuales 
eran  gente  dispuesta  en  todas  partes  á  buena  servidumbre;  y 
aparecen  esclarecidos  y  fervientes  prelados,  quienes  los  llama- 
ban á  sus  palacios,  les  confiaban  sus  bienes,  y  reconocían  sus 
excelencias;  ó  acudían  a  templar  las  iras  de  la  persecución, 
enconadas  por  conversos  del  ardor  neófito  de  fray  Alonso  de 
Espina,  en  tiempos  de  Enrique  IV  y  de  Isabel.  Así  procedieron 
obispos  virtuosos  y  sabios,  como  el  de  Calahorra;  Pero  Gonzá- 
lez de  Mendoza,  Uamado  el  Gran  Cardenal  de  España;  fray 
Alonso  de  Oropesa,  general  de  la  Orden  de  San  Jerónimo;  el 

Dr.  Alonso  de  Montalvo,  primer  jurista  de  su  tiempo y  otras 

dignidades  y  lumbreras  de  este  linaje. 

Fueron,  pues,  los  tiempos;  las  excelencias  propias  de  ia  raza; 


202 

su  participación  ineludible  en  las  fieras  luchas  de  una  epopeya 
tan  sangrienta  y  complicada  como  nuestra  Eeconquista;  el 
ardor  natural  que  la  grey  israelita  pone,  por  sus  propias  y  na- 
turales disposiciones,  en  la  ^áda  social;  las  enemigas  formida- 
bles del  exterior  y  del  interior  contra  la  fe;  la  Unidad  y  la  In- 
dependencia nacional;  el  fiero  destino  que  por  todas  partes 
amargaba  la  existencia  de  este  desdichado  pueblo,  y  otros  moti- 
vos, los  que  deben  tenerse  presentes  para  juzgar  aquel  funesto 
edicto.   . 

Donde  quiera  que  esté  la  raza  israelita,  despertará  grandes 
luchas  por  su  valer  y  su  fuerza,  y  contra  esas  sus  preciosas 
cuaUdades  se  esgrimirán  siempre  el  anatema  y  los  odios  del 
deicidio,  por  los  que  crean  que  pueden  servir  á  sus  instin- 
tos de  persecución  y  de  exterminio.  Y  esta  crueldad  humana 
no  debe  coger  de  nuevas  á  los  israelitas,  quienes  fueron  gran- 
des y  feroces  luchadores  cuando  pudieron  serlo,  y  mostraron  á 
su  vez  también  las  mayores  intransigencias,  cuando  se  hallaron 
en  ocasiones  de  mostrarlas.  Contra  los  de  fuera  y  los  de  su  raza 
peleó  Israel  con  implacable  ardor,  como  ningún  otro  Imperio; 
y  la  lectura  de  Josefo  acredita  cuan  ciegos  y  feroces  se  vuelven 
los  pueblos  más  escogidos  cuando  los  condena  Dios  á  su  perdi- 
ción. No  pelearon  ni  vencieron  siempre  con  tratos  humanos  y  sua- 
ves, con  solas  las  divinas  artes,  gracias  á  las  cuales  eran  ya  las 
aguas  del  Mar  Rojo  las  que  ahogaban  los  ejércitos  faraónicos;  ya 
los  ecos  vibrantes  de  siete  trompetas  los  que  derribaban  los  mu- 
ros y  torres  de  Jericó;  ya  la  confusión  de  voces,  luces  y  clarines, 
lo  'que  hacía  se  entremataran  los  madianitas,  ó  ya  el  i^ngel  del 
Señor,  quien  entraba  en  el  campo  de  las  terribles  huestes  de 
Senaquerib,  y  exterminando  soldados  por  millares,  en  una  noche, 
obligaba  al  ejército  asirlo  á  refugiarse  en  Nínive  y  huir  de 
Jerusalem.  Luchando  como  valientes,  batiéndose  sanguinarios, 
perdiendo  y  recobrando  muchas  veces  el  terreno  al  filo  de  la 
espada,  y  llevando  en  su  alma  la  idea  ferviente  de  un  Dios  y 
las  ansias  de  una  patria,  fué  como  tomaron  asiento  en  el  mundo 
y  nacieron  á  la  historia.  Fueron  hombres,  muy  hombres,  y 
como  tales  encendieron  y  fomentaron  las  pasiones,  intereses  y 
luchas  que  lleva  consigo,  por  modo  inevitable,  la  Humanidad. 

Hay  que  decir  más,  y  es  que  tampoco  se  hallan  muy  auto- 


203 

rizados  los  severos  talmudistas  para  recordar  siempre  airados 
la  intransigencia  fanática  de  los  Reyes  Católicos,  si  meditan 
sobre  la  que,  segán  atestigua  el  Viejo  Testamento,  hubo  el 
pueblo  de  Dios  con  los  que  claudicaban  en  la  pureza  de  su 
culto.  Cuando  Moisés  descendió  del  Sinaí  y  vio  á  los  judíos 
adorando  el  becerro  de  oro,  manifestó  á  Aaron  su  disgusto 
profundo  por  ello,  mandó  á  los  de  la  tribu  de  Levy  que  toma- 
ran sus  espadas,  y,  corriendo  á  través  de  los  campos,  matasen 
á  cuantos  encontraran,  sin  respetar  amigos,  deudos,  padres, 
ni  hijos;  lo  cual  causó  la  muerte  de  23.000  idólatras.  Y  poco 
después,  cuando  los  sacerdotes  Nadad  y  Abin,  primogénitos 
-del  propio  Aaron,  tomaron  en  sus  incensarios  un  poco  de  fuego 
extraño  para  evitar  que  se  apagasen.  Dios  lanzó  contra  ellos  su 
cólera,  y  los  abrasó  con  un  fuego  interior;  duro  castigo  que 
completó  Moisés  arrojando  sus  cuerpos  fuera  del  Santuario, 
envueltos  en  sus  albas  vestiduras  de  Uno,  y  negándoles  todo 
llanto  y  toda  exequia.  ¡Y  es  que  el  ardor  del  celo  religioso 
siempre  se  mostró  con  igual  enfurecimiento  y  locura! 

Por  esto,  sin  duda,  muchos  israelitas  de  buen  instinto 
social  nos  advierten,  ellos  mismos,  que  no  hay  por  qué  abri- 
gar hoy  contra  España  rencor  especial  alguno  por  el  edicto 
de  141)2;  pues  todos  los  pueblos,  todos  sin  excepción,  en  más 
ó  menos  grado,  según  la  importancia  cuantitativa  y  cualitativa 
que  adquirieron  dentro  de  su  vida  nacional,  cometieron  crimen 
semejante.  Podríamos  exponer  de  nuestra  propia  búsqueda 
cita  de  muchos  destierros,  los  cuales  nos  proporcionan  las  his- 
torias israelitas  que  tenemos  á  la  mano;  pero  considerando 
l^referible,  siempre  que  se  pueda  ceder  la  palabra  á  los  sefar- 
díes que  nos  han  honrado  con  sus  escritos,  leer  lo  que  ellos 
dicen,  gustosos  somos  reemplazados  esta  vez  por  el  distinguido 
D.  José  Romano,  de  Esmirna,  quien  nos  presenta  una  gallarda 
muestra  del  lenguaje  castellano  que  usan  los  israelitas  de  la 
Grecia  asiática,  en  la  siguiente  síntesis  histórica  acerca  de  las 
matanzas  y  persecuciones  sufridas  por  los  descendientes  de 
Judáh: 

Muchas  personas  vos  criticaran,  pero  ¿es  esta  una  razón  para  detener- 
nos en  vuestra  grande  y  noble  tari??  La  principal  razón  o  reprocha  sera 
siempre  la  mizma,  a  saver:  que  nosotros  fuimos,  cualos  masacrados  y  oua- 


204 

los  exilados  de  España.  Ma  esta  reprocha  no  deve  existir  mas.  Si  semejan- 
tes rasonamientos  deven  ser  tomados  en  consideración,  entonces  nozotros 
no  devemos  habitar  ningún  país  en  el  mundo,  afuera  de  la  Turquía  (jien- 
do  que  ^enas  mas  horibles  que  las  de  España  se  passaron  caje  en  todos 
los  países.  La  hestoria  esta  ai  para  atestiguar  esto.  En  el  año  61  A.  D- 
20,000  israelitas  fueron  masacradon  en  Jerusalem.  En  el  año  Gfi  otros 
3,800;  en  67,  20,000  en  Cesárea.  En  69,  98  mil  fueron  matados.  En  año  70, 
17,000  murieron  de  ambrera  en  la  ciudad  Santa,  y  23,000  fueron  vendidos 
como  esclavos,  y  antes  que  el  pais  f  uece  vencido  enteramente  por  los  ro- 
manos, 8,000  otros  israelitas  fueron  masacradon  en  Judea.  En  Maseada 
murieron  volontariamente  960.  Tito  tomó  a  Roma  traendo  con  el  100  mil 
presioneros.  Aparte  del  1,113,800  israelitas  que  se  deperdieron  en  Pales- 
tina solo,  60,000  fueron  matados  en  Antioch  por  los  Griegos  y  60,000  en 
Alessandria.  En  116  A.  I).  600,000  fueron  matados  en  Alessandria.  Entre 

A.  D.  901  asta  A.  D.  300  persecuciones  ho- 
ribles tuvieron  lugar  en  la  Persia  ande  mu- 
rieron 12,000  personas,  endes  de  grandes 
persecuciones  en  Grecia,  Italia  y  España 
por  los  cristianos.  Denuevo  entre  A.  D.  401 
yA.  D.  600  grandes  massacrosde  israelitas 
en  Persia. — En  Palestina  persecuciones. — 
En  Creta  y  en  Minorca  muchos  convertidos 
por  la  fuerca  — en  Alessandra  muchos  mata- 
dos espojados  y  exilados.  Entre  A.  D.  601 
asta  A.  D.  600,  renovadas  persecuciones  tu- 
vieron lugar  en  Persia— En  Francia  mu- 
chos fueron  convertidos  por  la  fuersa  -  En 
España  persecución  y  massacros  — En  A. 
D.  601  asta  A.  D.  700  muchos  israelitas  per- 
secutidos  y  massacrados  en  Persia — en  Es- 
paña muchos  persecutidos  y  matados  y 
90,000  babtizados  por  la  fuersa.— En  Fran- 
cia grandes  opreciones.  A.  D.  701  asta  800  una  oprecion  continual  en 
Francia  y  Persia.  En  el  cieglo  9"°  en  Francia  muchos  exilados  y  sus  cria- 
turas rovadas  para  el  bautismo-  En  Grecia  oprecion  aínda  de  los  Grie- 
gos sovre  los  judios  — En  Persia  muchos  matados  por  los  Persanos  Cie- 
glo 10""  grande  persecución  en  Persia,  exilados  totalmente  de  Babylonia 
—Un  grande  massacro  de  israelitas  en  Cantón,  China.  Cieglo  11"°  leyes 
contra  los  israelitas  passados  en  Inglitierra— en  España  en  1066  mata- 
ron 4000  israelitas.  En  Francia  los  solados  de  las  cruasadas  extermi- 
naron muchos  israelitas.  Las  mizmas  cruazadas  en  Alraania,  en  las  ciu- 
dades de  Treves,  Spezes,  Worms  y  Mayenca  muchos  judios  fueron  ma- 
tados y  baptizados  Ainda  otros  12,000  en  Rhine-land.  Cieglo  12"°  en 
Russia  persecución  y  exilo.  La  infamia  de  la  sangre  retual  fue  echada 
sovre  los  judios  en  este  cieglo.  En  Blois,  Francia  37  hombre  y  14mujere8 
fueron  quemados.   Al  mizmo  tiempo   muchos  otros   matados   en   otras 


FiG.  28. — ,Jo.>iü  Romano.  Pro- 
fesor de  lenguas,   publicista 
y  redactor  de  El  MeKxeret{&s- 
mirna.) 


205 

ciudades.  En  1,191  todos  los  ieraelitas  fueron  expulsados  del  reynado. 
En  1189  grande  massacro  de  judios  de  todas  las  edades  en  Inglitierra 
y  otros  1600  fueron  roassacrados  en  el  mezmo  paes  en  1190 — En  Russia 
todos  los  judios  fueron  expulsados.  Cieglo  13°''  600  judios  matados  en  In. 
glitierra  y  280  otros  en  Londra.  Una  ley  cruella  hizo  abandonar  la  patria 
Inglesa  a  16,000  judios  en  A.  D.  1290.  Muchos  massacros  en  Almania  y 
280  quemados.  En  Francia  opreniidos.  En  España  12,000  matados  en  di- 
ferentes ciudades.  En  Italia  grandes  massacros.  En  Francia  en  1209  mu- 
cho- matados  y  captivados.  Otros  massacros  de  3000  judios  en  Bordeaux 
etc  Una  sinagoga  y  toda  la  congregación  quemada  en  Liuziz  (Alemania^ 
En  Munich  180  quemados  y  muchos  matados.  En  Inglitierra  (1264)  1600 
matados.  En  1278  293  judios  colgados  y  16,611  exilados  del  mezmo  paes — 
Grandes  massacros  de  judios  en  Persia.  Cieglo  14"°.  En  Francia  grandes 
massacros— 6000  quemados.  En  1394  todos  los  judios  de  Francia  expul- 
sados.— En  Alemania  muchos  massacrados  y  quemados.  En  España  mas 
de  100,000  judios  muertos  entre  matados  y  quemados.  En  Switgera  los 
judios  matados  en  todas  las  ciudades.  En  Strasburg  2000  quemados  en  un 
solo  dia.  En  Worms  400  quemados;  Majence  6000  y  en  Erfurt  3000  matados 
en  el  mezmo  año  En  Austria,  Bohemia,  Bavaria  muchos  matados;  en  Po- 
landa  mas  de  10,000. 

Nozotros  savemos  ya  muy  bueno  lodo  lo  que  tuvo  lugar  en  España 
entre  A.  D.  1401  asta  A.  D.  1600.  Reelmente  las  horares  que  sooaportaron 
los  israelitas  en  España  sovrepassan  qualquier  otras  dezde  el  primer  asi- 
dlo de  Jerusalem,  pero  las  agonías  y  las  crueldades  fueron  siempre  igua- 
les por  todo  lugar — no  hay  dos  colores  de  muerte,  la  deferencia  solo  esta 
entre  una  muerte  súbita,  o  instantánea,  y  una  muerte  lenta,  agonizante. 
Entre  A.  D.  1501  y  A.  D.  1600  grandes  crueldades  cometidas  en  el  Portu- 
gal Los  judios  bautizados  (Marranos)  fueron  las  victimas  de  la  Inquisi- 
ción asta  que  en  1548  mili  judios  fueron  metidos  en  libertad;  pero  muchos 
de  ellos  quemados  bivos  —La  mizma  coza  se  passo  en  España — En  Italia 
grande  oprecion  y  exilo— En  Bohemia  los  judios  fueron  desterados,  ma 
fueron  permitidos  a  retornar  en  el  año  1571 — Egualmente  ellos  fueron 
desterados  de  Berlino  y  de  otras  ciudades  de  Alemania,  por  los  Luthera- 
nos. — Cieglo  17""  fue  aiuda  negro  por  los  israelitas.  Todas  las  comunida- 
des de  Austria  y  de  Bohemia  fueron  desteradas.  Egualmente  ellos  fueron 
desterados  de  todas  las  ciudades  españolas  del  Xorte  de  la  África — Teri- 
bles  sufriencas  de  los  judios  en  PolanJa — Los  Cossakes  en  sus  guerras 
con  los  Poles,  quemaron  mas  de  4000  judios  -En  todo  250,000  israelitas 
fueron  matados  en  el  espacio  de  14  años  (1683-1651)— En  Portugal  10  is- 
raelitas fueron  quemados  por  la  Inquisición  -  Cieglo  18"°  no  fue  menos 
oscuro  para  los  israelitas,  ciendo  que  en  Jenayo  del  1748  todos  los  israe. 
litas  fueron  exilados  de  la  Austria  y  de  la  Bohemia  en  medio-invierno. 
De  la  ciudad  de  Prague  solo  partieron  20,630  almas— Eu  1761  ellos  fue- 
ron expulsados  de  la  ciudad  de  Bordeaux.  En  1766  grandes  sufriencas  de 
los  israelitas  de  Russia— Entre  A.  i).  1801  y  A.  D.  1900  la  hestoria  es 
aínda  mas  precisa  sovre  todo  La  primera  exlosion  de  la  guerra  contra  los 


206 

israelitas  tuvo  Ingar  en  Alemana,  por  los  protestantes.  El  resto  de  las  ex- 
pulsiones aqui  y  ai  ya  nos  es  bien  conocido  y  yo  no  quiero  fatigar  la  pre- 
ciosa pacencia  de  vuestro  siñorio  en  dando  vos  detalios  de  lo  que  vos  ya 
conosech  mejor  de  mi. 

Dunque,  en  mirando  o  en  leendo  todos  lo  acontecimientos  que  prece- 
den, ¿qualo  hay  que  acuzar  a  la  España  mas  que  a  los  otros  goviernos  a  la 
excepción  de  la  tolérente  Turquía,  a  la  quala  no  pueden  reprochar  nada 
de  inhumano?  El  solo  nombre  de  este  paes  deve,  humanitariamente  ha- 
blando, hacer  inclinar  toda  la  Europa  y  reconocer  altamente  el  espirito  de 
egualidad  y  justicia  y  tolerancia  que  nunca  quedo  de  existir  en  este  vasto 
emperio,  en  donde  vinimos  como  en  un  paradizo  y  bacho  la  protección  se- 
gura de  nuestro  magnánimo  monarca.  Y  yo  repieto  denuevo  que  el  israe- 
lita non  deve  mas  ronjarce  en  accusaciones  absurdas.  Y  después  de  todo 
(sigun  ya  lo  escribi  en  el  articulo  donde  tubi  el  honor  de  enbiarvos  un  nu- 
mero) la  España  de  hoy  no  puede  en  ninguna  manera  ceer  responsable 
por  la  España  de  ayer.  Esta  es  mi  opinión  y  yo  la  sostendré  siempre  con 
firmeza.  Vos  y  toda  la  resplandeciente  galaxia  de  personajes  iminentes 
que  nos  encorajan  y  luchan  con  vos  lado  a  lado,  en  la  mezma  cauza,  hizi- 
tech  ya  bastante  para  atenuar  eternelmente  un  acto  de  ciego  fanatismo 
cometido  antes  un  pocco  mas  de  4  elegios. 


Es  muy  noble  y  hermosa  la  protesta  de  gratitud  que  hace 
el  Sr.  Romano  por  la  tolerancia  y  protección  que  siempre  ha- 
llaron los  judíos  entre  los  turcos,  y  como  esta  suya  otras  mu- 
chas hemos  recibido,  todas  sentidísimas;  pero  después  de  loar 
como  debe  ser  alabada  esta  protesta,  nos  permitiremos  asegu- 
rar que  ni  allí  tampoco  gozaron  siempre  de  aquel  absoluto  res- 
peto, igualdad  de  derechos  y  comunidad  de  legislación  que  nos- 
otros pedimos  en  España  para  ellos.  Hacernos  decir  aquí  lo 
contrario  sería  sencillamente  traer  á  este  libro,  escrito  en  Es- 
paña, donde  la  imprenta  y  el  pensamiento  gozan  de  en\ddiable 
Ubertad,  los  temores  y  convencionahsmos  que  demanda  un  li- 
bro publicado  en  Turquía,  donde  informes  sobrados  nos  advier- 
ten que  no  se  pueden  manifestar  los  publicistas  con  la  reposa- 
da y  bien  garantida  libertad,  con  que  hoy  se  escribe  en  todos  los 
pueblos  cultos,  entre  los  cuales  es  de  justicia  comprender  Es- 
paña. 

De  una  ciudad  de  la  Turquía  nos  escribe  un  distinguido  is- 
raehta:  « ¡ Ah!  cuánto  dichosos  deben  ser  los  países  que  gozan 
de  la  libertad  de  la  prensa;  en  Turquía,  gobierno  despótico  por 
excelencia,  este  derecho  no  nos  es  reconocido:  el  más  chico  in- 


207 

cidente,  uua  alusión  insignificante  á  un  hecho  pohtico  preten- 
dido suspecto,  una  nada,  en  fin,  bastan  porque  la  censura  se 
creyga  en  deber  de  hacer  suspender  ios  periódicos  turcos,  cuyos 
redactores  son  obligados  de  afectar  sentimientos  diametralmen- 
te  opuestos  á  aquellos  que  ellos  profesan  interiormente».  Y 
añade  más  adelante,  después  de  hacer  algunas  otras  considera- 
ciones sobre  el  particular:  «Debo  prevenirle  que  todo  lo  que 
he  dicho  es  á  titulo  de  confidencia  amical,  siendo  si  mi  carta 
es  publicada,  aun  fuese  en  España,  ¡ay  de  mi!,  arriesgo  mucho 
de  no  ser  mas  entre  los  vivios». 

De  su  parte,  otro  ilustre  israelita,  que  nos  escribe  extensa  y 
muy  instructiva  carta,  desde  una  importante  ciudad  del  Xorte 
de  África,  sobre  cuestiones  de  raza,  la  termina  diciéndonos:  «Le 
suplico  que  no  publique  esta  carta  porque  podria  perjudicar  á 
mis  amigos  de  Oonstantinopla,  á  los  parientes  que  todavia  ten- 
go alli,  y  que  serian  víctimas  de  autoridades  otomanas  impa- 
cientes y  que  no  sufren  las  criticas  más  inofensivas,  sobre  todo 
cuando  son  sinceras». 

Por  último,  para  no  ampliar  mucho  este  orden  de  reflexio- 
nes, las  cuales  pudieran  estimarse  contrarias  á  un  país  que  mi- 
ramos con  mucha  simpatía  desde  que  le  hemos  visitado;  y  para 
el  cual  deseamos  la  prosperidad,  respeto  y  adelantos  intelectua- 
les que  pedimos  para  nuestra  amada  patria,  reproduciremos 
las  siguientes  hneas  pubÜcadas  en  un  notable  artículo  de 
L  Univers  Israélite,  por  D.  Isaac  Pisa,  uno  de  los  profesores 
más  ilustrados  de  la  Alianza: 

Considero  por  donde  quiera  como  un  paria  el  israelita  sefardí;  no  tiene 
patria.  Guardaremos  un  reconocimiento  eterno  á  Turquía  por  la  hospitali- 
dad que  nos  ofreció,  con  una  generosidad  que  la  honra  en  la  historia;  pero 
ni  Turquía  ni  Marruecos  pueden  ser  nuestras  patrias.  Distamos  Je  ellas 
tanto  como  en  1492.  No  tenemos  alli  ninguno  de  estos  derechos,  ni  de  es- 
tos deberes  que  ennoblecen  al  hombre.  No  tenemos  ni  las  mismas  aspira- 
ciones, ni  el  mismo  ideal,  ni  las  mismas  costumbres,  ni  la  misma  lengua. 

Prescindiendo  de  esta  clase  de  testimonios,  los  cuales  acre- 
ditan la  referencia  de  que  en  Turquía  no  gozan  ni  pueden  go- 
zar los  subditos  otomanos  de  aquellas  sagradas  hbertades  que 
en  los  países  regidos  constitucionaJ  mente  disfruta  el  ciudadano, 
ni  de  la  igualdad  y  amplitud  de  sus  derechos  políticos,  públi- 


208 

eos  y  privados,  sino  de  aquella  tolerancia  y  desigual  régimen 
'que  consiente  la  dulce,  ó  áspera,  paternidad  de  los  Sultanes,  vi- 
sires y  gobernadores  de  provincia,  no  se  puede  negar,  por  ser 
hechos  que  consigna  la  historia,  recuerdan  los  cantares  y  hasta 
conmemoran  fiestas  de  Purim,  que  si  hubo  un  Bayaceto  II,  de 
gloriosa  fama,  que  acogió  con  exquisito  sentido  político  aque- 
lla riqueza  nacional  que  echaban  de  su  reino  Isabel  y  Fernan- 
do; también  hubo  Sultanes,  como  Murad  III,  Ibrahim  I  y  otros, 
que  no  la  apreciaron  de  igual  modo.  Ni  se  puede  olvidar  que  las 
humillaciones  y  estigmas  en  el  vestido,  en  los  bienes  y  las  liber- 
tades indi\dduales  fueron  muy  frecuentes;  que  sus  juderías  de 
Askeuy  y  de  Balata  iniciaron  muchas  veces,  por  odios  de  los  ge- 
nízaros  y  de  sus  convivientes,  los  terribles  incendios  de  Cons- 
tan tinopla;  que  los  impuestos  y  las  cor  veas  que  pagaban,  eran 
muchos  y  onerosos,  aun  en  tiempos  de  Solimán  el  Magnífico; 
y  que  sobraron  ocasiones  y  graves  motivos  á  los  desdichados 
israelitas,  para  no  perder  de  su  memoria  el  tristísimo  destino 
que  vienen  sufriendo,  desde  la  destrucción  de  su  segundo 
Templo. 

Cierto  ilustrado  israelita,  que  reside  en  una  de  las  más  be- 
llas poblaciones  de  África,  nos  explica  la  injustificada  oposi- 
ción que  hacen  algunos  diarios  de  Oriente  á  nuestra  campaña, 
en  los  términos  que  siguen: 

Hay  un  grupo  de  nacionalistas  judias  turcqftlos  que  combaten  el  resta 
blecimiento  de  afectuosas  relaciones  entre  hermanos  de  la  misma  lengua, 
invocando  no  sé  cuál  solidaridad  mal  entendida  entre  los  padres  perse- 
guidores de  hace  400  años  y  los  hijos  convertidos  en  los  obreros  de  una 
obra  reparadora  y  noble  en  grado  sumo.  Esta  intransigencia  os  habrá  sor- 
prendido y  hasta  os  habrá  apenado,  señor  Senador,  pero  yo  estoy  mejor 
situado  que  mis  compatriotas  para  analizar  este  estado  de  animo,  no  por- 
que mi  psicología  se  halle  mejor  advertida,  sino  sencillamente  porque  le- 
jos de  su  terrorismo  turco  puedo  hablar  más  libremente  y  con  mas  exac- 
titud. 

Los  que  como  M.  N.  y  otros,  haciendo  protestas  de  su  amor  para  los 
turcos,  mezclan  á  su  legitimo  reconocimiento  hacia  un  pueblo  que  les 
ha  tratado  siempre  bien,  mucha  adulación  é  interés  personal,  proceden 
asi  porque  es  para  ellos  una  cierta  manera  de  anunciar  y  de  gritar  alto 
su  lealtad  hacia  sus  amos.  Digo  bus  amos  porque  el  turco  no  es  mas  que 
un  dueño  potente  y  caprichoso  del  judio,  como  lo  es  del  armenio  y  del 
griego,  los  rayas  de  ayer.  Para  estos  turcofilos  nuestra  jerga  tan  graciosa, 
tan  sutil,  tan  llena  de  «al  en  sus  expresiones  arcaicas,  debe  ceder  su  pues- 


209 

to  al  turco  pesado  y  rudo,  como  si  se  pudiese  arrancar  la  lengua  á  todo  ua 
pueblo.  Para  ello  fundan  comisiones,  redactan  programas,  haciendo  la 
propaganda  del  turco  en  perjuicio  del  español;  pero  las  comisiones  y  los 
programas  solamente  sirven  para  la  galería.  Desde  hace  tres  ó  cuatro  años 
que  funcionan  estas  comisiones,  no  han  determinado,  que  yo  sepa,  una 
sola  familia  á  abandonar  esta  lengua,  nuestro  patrimonio,  nuestro  tesoro, 
diria  yo,  porque  ella  nos  pondrá  un  día  en  relaciones  con  el  mundo  occi- 
dental, y  nos  dará  derecho  de  ciudadanía  en  la  gran  familia  latina.  De  to- 
dos los  pueblos  de  Oriente:  eslavos,  turcos,  magiares,  solamente  nosotros 
podremos  pretender  revindicar  nuestro  titulo  de  occidentales,  á  pesar  de 
las  capas  de  civilización  oriental  que  ocultan  y  recubren  nuestro  pensa- 
miento y  nuestras  aspiraciones  desde  hace  cuatro  siglos. 

Y  dejando  de  copiar  más,  porque  no  queremos  molestar 
sentimientos  nobilísimos  de  nadie,  aunque  éstos  se  alcen  contra 
aquellos  otros  que  deseamos  promover  en  bien  de  nuestra  em- 
presa hispano-sefardita,  vamos  á  cerrar  tal  orden  de  consi- 
deraciones, diciendo  como  resumen  de  estas  enseñanzas  que, 
en  lo  que  á  España  interesa,  el  mejor  de  los  consejos  lo 
dio  A'Iax  Nordau,  cuando  dijo:  «Hay  que  abrir  cuenta  nueva  y 
respetar  lo  histórico  como  hechos  consumados»,  y  esto  es  lo 
que  procuramos  hacer. 

C. — El  patriotismo  de  los  sefardíes. 

Se  ha  sublevado  tan  respetable  y  bello  sentimiento  en  algu- 
nos sefardíes  con  nuestra  campaña,  y  hay  que  decir  á  estos  se- 
ñores que  sus  protestas  y  recelos  carecen  de  todo  fundamento, 
porque  nada  ha  estado  más  lejos  de  nuestro  ánimo  que  el  pro- 
poner ridículos  desatinos. 

Aunque  en  el  comienzo  del  anterior  capítulo  hemos  dicho 
bastante  para  que  pudiera  considerarse  bien  aclarado  e$te  par- 
ticular, en  lo  que  toca  al  amor  conjunto  de  la  patria  actual  y 
de  la  patria  histórica,  y  á  las  relaciones  que  se  pueden  tener 
con  ambas,  queremos  ampliar  este  orden  de  consideraciones 
reproduciendo  lo  que  decíamos  en  el  periódico  España,  con 
motivo  de  los  improcedentes  comentarios  que  oponían  algunos 
á  la  supuesta  deslealtad,  dándose  el  gasto  de  arremeter  contra 
an  enemigo  creado  por  su  desacertada  suspicacia. 

Decíamos  entonces,  allá  por  el  mes  de  Julio  último: 

Hay  que  examinar  con  reposo,  sin  extravíos  de  sectario, 
cuánto  y  de  qué  clase  es  lo  que  ganamos  y  comprometemos  los 

14 


210 

españoles  con  que  nuestra  nación  diga  á  sus  expatriados:  «Os 
reconozco  como  hijos  míos,  y  deseo  que  vivamos  en  afectuosas 
relaciones.  Quiero  que  mi  sombra  regocije  vuestra  alma  espa- 
ñola, donde  estuviereis;  y  que  este  viejo  solar  de  vuestros  pa- 
dres sea  como  huerto  florido,  donde  encuentre,  quien  los  bus- 


FiG.  29. —  Isaac  Bajá,  Módico  del  Sultán  de  Turquía,  israelita  español. 


que,  con  sus  manantiales  de  vida  y  de  ternura,  los  propios 
tratos,  derechos  y  deberes  que  en  él  tienen  todos  los  demás  ciu- 
dadanos, dentro  del  más  leal  respeto  al  sagrado  de  vuestras 
conciencias » . 

Y  hay  que  examinar  cuánto,  á  su  vez,  ganan  y  pierden  los 
sefardim,  no  ya  abandonando  sus  residencias  y  nacionahdades, 


211 

que  no  hay  por  qué  eD tenderlo  así;  ni  siendo  ingratos  y  deslea- 
les con  la  nación  donde  residen,  sino  correspondiendo  como 
hijos  independientes  de  España,  ó  en  ella  connacionalizados, 
según  mejor  les  viniere,  al  resurgir  de  la  patria  un  día  per- 
dida, y  cantada  siempre  por  sus  abuelas  y  sus  madres,  en  las 
dulces  baladas  que  adormecían  los  sueños  de  su  primera  in- 
fancia. 

Veamos  lo  que  interesa  al  patriotismo  español:  es  decir,  lo 
que  ofrece  y  necesita  nuestro  país: 

La  despoblación  actual  de  Espaila;  la  cual  es  una  de  las  na- 
ciones menos  habitadas  de  Europa,  pues  solamente  tiene  36 
habitantes  por  kilómetro  cuadrado,  cuando  ha}'-  pueblos  que 
tienen  más  de  200. — El  estado  siempre  virtual,  nunca  potencial, 
de  nuestra  riqueza  púbÜca:  científica,  docente,  agrícola,  indus- 
trial y  mercantil;  la  cual  vive  de  continuo  esperando  aptitudes 
capacitadas,  voluntades  firmes  y  educadores  prácticos. — La  in- 
veterada patología  de  nuestro  espíritu  nacional,  monstruoso  y 
enfermo  por  efecto  de  teratologías  y  de  infecciones  psíquicas, 
que  reclaman  con  angustia:  ya  el  empleo  de  una  pedagogía  co- 
rrectora y  curatriz,  que  nos  haga  más  cultos  y  prácticos;  ó  ya 
la  incorporación  de  un  modificador  étnico  poderoso,  que  nos 
mejore  y  enderece. — La  escasa  costumbre  que  tenemos  de  tras- 
pasar las  fronteras,  para  aprender  en  la  \áda  de  los  pueblos 
cultos  el  respeto  á  todas  las  confesiones,  con  el  conocimiento 
hondo  y  acertado  del  espíritu  moderno  y  de  las  funciones  pú- 
blicas contemporáneas. — La  transformación  que  pudieran  pro- 
ducir; de  un  lado,  en  nuestras  alma,  vida  y  riqueza  nacional 
interna,  la  aportación  de  caracteres  como  los  de  esos  judíos  es- 
pañoles: Beaconsfield,  Gambetta  y  Max  Nordau,  y  de  espíritus 
filantrópicos  como  los  Cremieux,  3Iontefiore,  barón  de  Hñchs 
y  Rothschild;  y  del  otro  lado,  en  nuestra  dilatación  nacional 
externa,  recoger  el  afecto  y  lenguaje  de  unos  expatriados,  que 
han  hecho  de  los  pueblos  todos  de  Europa,  Asia,  África  y  Amé- 
rica su  residencia,  constituyendo  así  un  sistema  nervioso  sin 
igual,  que  permitiría  circular  el  alma  y  las  corrientes  nerviosas 
del  pueblo  español  por  el  mundo  todo. — Nuestra  cooperación 
eficaz  á  la  obra  del  humano  progreso,  empleando  las  únicas  ar- 
mas que  nuestras  desdichas  y  pobrezas  hoy  decorosamente  nos 


212 

consienten,  á  saber:  el  maestro  y  el  libro,  el  fruto  que  da  la 
tierra  y  el  artículo  que  trabaja  el  hombre. — El  gravísimo  y  mal 
llevado  problema  de  nuestra  influencia  en  Marruecos  y  en  todo 
el  África  del  Norte,  donde  hay  un  pueblo  israelita  numeroso, 
rico,  intehgente,  que  habla  el  castellano,  convive  nuestras  pe- 
nas y  mantiene  firme  un  espíritu  español  á  prueba  de  desde- 
nes...., etc.,  etc.,  creemos  bastan  las  consideraciones  apuntadas 
para  que  un  lector  despierto  encuentre  muchas  más,  avanzan- 
do por  el  mismo  camino. 

De  su  parte,  el  patriotismo  y  los  intereses  de  raza  de  los 
sefardíes  podrían  recoger  lo  siguiente: 

La  clausura  y  reparación  posible  de  un  éxodo  multisecular, 
otorgadas  por  la  histórica  Sefard  á  sus  hijos  exilados. — La  liber- 
tad amplia  para  que,  quien  guste  hacerlo,  pueda  pisar  y  con- 
vivir la  tierra  donde  reposan  las  cenizas  de  sus  antepasados, 
disfrutando  de  todos  los  derechos  políticos  de  un  ciudadano 
cualquiera,  y  teniendo  garantido  un  absoluto  respeto  al  sagrado 
de  su  conciencia  religiosa. — La  consagración  de  esas  leyendas  y 
ejecutorias  de  nobles  abolengos,  transmitidas  de  unas  á  otras 
generaciones,  en  el  santuario  del  hogar  azotado  por  las  adver- 
sidades y  persecuciones;  las  cuales  ejecutorias  guardan  los 
sefardim  con  profunda  veneración,  desde  que  fueron  expulsa- 
dos de  su  llorada  madre  Patria. — -La  purificación  y  desarrollo  de 
eso  que  es  como  sangre  y  nervio  de  los  individuos  y  los  pueblos 
el  idioma  del  hogar,  con  el  cual  les  es  dable  reconstituir  y 
tender  por  todas  partes  el  único  lazo  de  unión  que  aproxima, 
junta  y  engrandece  á  las  infinitas  comunidades,  hoy  dispersas 
por  el  mundo  y  desconocidas  entre  sí. — La  posesión  y  disfru- 
te del  verbo  humano,  que  emplean  oficialmente  veinte  (1)  na- 
ciones, y  que  accidentalmente  han  diseminado  ellos  mismos 
por  el  mundo  todo,  como  se  tendería  un  cendal  fino  que  en- 
volviese con  pliegues  más  ó  menos  espesos  la  tierra  habitada 
por  el  hombre. — La  perduración  de  sus  ideales  como  «pueblo 
elegido  por  Dios»  para  realizar  colectivamente  grandes  minis- 


(1)  Argentina,  Bolivia,  Chile,  Colombia,  Costa  Rica,  Cuba,  Ecuador,  El  Sal- 
vador, España,  Guatemala,  Haití,  Honduras,  Méjico,  Nicaragua,  Paraguay,  Perú, 
Puerto  RioOj  Santo  Domingo,  Uruguay  y  Venezuela.  A  éstas  pueden  agregarse 
las  posesiones  del  Archipiélago  magallánico,  donde  se  habla  español. 


213 

terios  humanos;  ó  su  desaparición,  fundiéndose  en  el  depósito 
de  sus  actuales  naciones. — El  derecho  á  cooperar  en  los  des- 
arrollos de  un  país,  cuyo  suelo  y  clima  tienen  por  privilegiados, 
y  á  disfrutar  de  sus  rendimientos  en  la  parte  proporcional  á  su 
labor  y  á  sus  aptitudes,  desenvueltas,  ya  dentro,  ya  fuera  del 
territorio  nacional ,  etc.,  etc. 

Y  añadíamos  luego: 

«España,  al  dirigirse  á  sus  hijos  expatriados,  no  puede  ha- 
cerlo más  que  hablándoles  en  los  términos  siguientes,  y  dentro 
también  del  siguiente  dilema,  que  no  nos  cansaremos  de 
repetir: 

«Sefardim,  los  que  lleváis  en  vuestros  nombres  apellidos 
españoles,  habláis  el  castellano  y  guardáis  en  vuestras  almas 
los  venerados  recuerdos  y  lacrimosas  nostalgias  de  la  Patria 
perdida:  ¿Sois  desgraciados  porque  os  persiguen,  os  saquean, 
os  matan,  y  leyes  de  excepción  amenguan  vuestra  existencia? 
Aquí  tenéis  un  refugio. 

»¿Amais,  acaso,  el  solar  de  vuestros  mayores  y  deseáis  ha- 
bitarle solamente  por  eso,  porque  le  amáis?  Pues  venid  á  mí, 
porque  soy  santuario  de  vuestras  reliquias,  encarnación  de 
vuestras  leyendas  y  jardín  florido  de  vuestros  recreos.  Sed 
conmigo  y  gozadme. 

»Que  mi  suelo  fructifique  con  vuestro  trabajo;  mis  indus- 
trias se  desarrollen  con  vuestras  iniciativas;  mi  riqueza  pública 
aumente  con  vuestro  comercie,  y  mis  hermosuras  se  engalanen 
con  vuestros  adornos.  Para  vuestras  virtudes  será  mi  protección; 
contra  vuestros  excesos  y  delitos  ser\drán  mis  leyes  y  san- 
ciones generales. 

»¿No  sois  desgraciados  donde  residís  y  amáis  á  vuestra 
patria  act'ial?  Dios  bendiga  vuestra  noble  acción  y  premie 
vuestra  lealtad. 

»Que  los  Sultanes  aumenten  la  bondad  con  que  os  acogie- 
ron en  Turquía;  las  leyes,  el  derecho  escrito  con  que  os  digni- 
ficaron y  redimieron  en  Francia;  el  espíritu  moderno,  la  demo- 
cracia por  la  cual  convivís  en  los  Estados  Unidos  de  América 
y  de  la  Gran  Bretaña,  y  en  los  Estados  libres  de  la  América 
del  Sur;  y  la  hospitalidad  humana,  en  fin,  aumente,  si  cabe,  la 
sencillez  magiar  que  os  ha  identificado  con  Hungría. 


214 

»No  he  pensado  jamás  inferiros  el  ultraje  de  que  fueseis 
desleales  á  vuestras  naciones.  Servidlas,  honradlas  y  dispensad 
á  ésta  de  vuestros  mayores  un  culto  cariñoso  y  servicial.  Por- 
que como  Dios  quiere  las  oraciones  de  sus  criaturas  todas,  Es- 
paña necesita  el  amor  y  la  ayuda  de  todos   sus  descendientes. 

>Los  hijos  pueden  servir  lo  mismo  dentro  que  fuera;  y  un 
hogar  honrado  y  puro  así  engrandece  con  la  obra  positiva  del 
hijo  sumiso,  al  cual  mantiene  dentro,  como  con  la  aureola  de 
respeto  y  bondad  del  hijo  emancipado,  que  reside  fuera. 

»Que  venga  á  mí  quien  lo  desee,  y  que  me  honre  quien, 
fuera,  ^dva  feliz.  Para  todos  serán  mi  amor  y  mis  posibles 
atenciones.» 


¿Cabe  más  amplio  concepto  del  patriotismo  que  este  por 
nosotros  presentado?  ¿Cabe  ofrecer  campo  más  libre,  para  que 
cada  cual  pueda  abstenerse,  aproximarse,  asociarse  ó  fundirse, 
según  mejor  cuadre  á  sus  necesidades  materiales,  y  á  sus  ideales 
y  previsiones  de  raza?  ¿En  qué,  ni  cómo  puede  un  tan  generoso 
ofrecimiento  sublevar  el  más  delicado  y  receloso  patriotismo, 
sino  en  tanto  cuanto  se  responda  á  una  creación  puramente 
fantástica,  y  á  un  enemigo  que  no  existe? 

Dice  el  ilustre  historiador  Amador  de  los  Ríos,  en  su  pre- 
ciosa obra  Historia  de  los  judíos  en  España,  que  la  familia 
hebrea  conserva  con  fuerza  la  tradición  y  la  memoria  de  los 
lugares  donde  moraron,  y  fueron  sepultadas  las  cenizas  de  sus 
abuelos;  que  no  es  maravilla  ver  llegar  á  las  antiguas  ciudades 
españolas  viajeros  devotos  que,  visitándolas  con  santo  respeto, 
recogen  en  ellas  huesos  y  otros  objetos,  como  inestimables  re- 
liquias. Y  que  no  faltaban  algunos  que  traían  las  llaves  de  las 
moradas,  abandonadas  por  sus  abuelos  en  el  momento  de  la 
expulsión,  suponiendo  que  puedan  existir  intactas;  de  las 
cuales  llaves  pudo  el  historiador  adquirir  algún  diseño. 

Pues  bien,  aunque  solamente  respondiese  á  este  culto  tra- 
dicional, ¿existe  nada  más  plausible  que  ofrecer  el  viejo  solar 
de  la  patria  á  la  satisfacción  tranquila  de  tan  sagrados  cultos? 

Y  el  adjetivo  «tranquila»  nos  lleva  al  cuarto  y  último  moti- 
vo, es  á  saber: 


215 

D.  — yuestro  fanatismo. 

3Iuchas  cartas  de  israelitas  contienen  temores  y  preocupa- 
ciones sobre  la  tolerancia  garantida  por  nuestras  leyes,  y  sobre 
la  necesidad  de  que  el  Gobierno  de  España  revoque  literal- 
mente el  famoso  edicto  de  1492,  con  una  disposición  especial, 
sin  la  cual  no  consideran  bastante  asegurado  el  respeto  á  las 
ajenas  creencias  religiosas,  cuando  éstas  no  son  de  la  comunión 
católica;  y  justo  es  decir  que  ambos  temores  no  tienen  funda- 
mento. 

Sufre  España,  en  el  concepto  de  los  demás  pueblos,  una 
injusta  fama  de  pueblo  intolerante,  que  nosotros  mismos,  los 
españoles,  mantenemos  con  nuestras  exaltadas  campañas  perio- 
dísticas. 

Circunstancias  y  condiciones  inenarrables  hicieron  que  en 
su  suelo  lucharan  encarnizadamente:  primero,  encontradas 
civihzaciones;  después,  fanatismos  rehgiosos;  luego,  pasiones 
pohticas,  y  que  todavía  hoy  á  su  suelo  vengan  las  locuras 
anarquistas  á  cometer  sus  más  terribles  atentados;  y  esto  le  ha 
creado  una  reputación  que  corresponde  mal  á  sus  hechos  y  su 
carácter. 

Es  verdad  también  que  en  España  se  han  dado,  y  se  siguen 
dando,  muchas  batallas  entre  el  espíritu  liberal  y  el  reacciona- 
rio; y  no  lo  es  menos  que  con  lamentable  frecuencia,  así  en  las 
plazas  públicas  ccn  brutales  agresiones,  como  en  el  Parlamento 
y  Ja  Prensa  con  acalorados  debates,  riñen  todavía,  y  reñirán 
Dios  sabe  por  cuanto  tiempo,  esas  dos  antagónicas  tendencias; 
pero  la  lucha,  más  que  por  intolerancias  que  afectan  á  loíntimo 
de  la  conciencia,  se  mantiene  ya  por  el  predominio  y  el  mo- 
nopolio de  los  negocios,  altos  cargos  y  representaciones  de  la 
vida  pública.  Por  lo  demás,  hay  que  proclamar  con  justicia  que 
no  por  ser  España  constitucioualmente  un  país  católico,  deja 
de  ser  un  pueblo  tolerante  como  el  más  adelantado,  donde  los 
tribunales  de  justicia,  y  las  autoridades  eclesiásticas,  jamás 
salen  al  encuentro  de  nadie  para  molestarle  en  motivos  de  opi- 
nión, ni  en  prácticas  que  no  ataquen  violentamente,  con  actos 
dehctuosos,  al  derecho,  á  la  seguridad  y  á  los  intereses  de  los 
demás  ciudadanos.  Bajo  este  aspecto  no  hay  fundamento  alguno 
para  censuras  ni  recelos  contra  el  derecho    escrito,  y  ya  basta 


216 

con  lo  dispuesto  en  nuestras  leyes,  para  que  cualquier  confesión 
religiosa,  que  responda  á  los  dictados  de  una  moral  universal, 
pueda  vivir  tranquila  en  España. 

En  prueba  de  ello  reproduciremos  aquí  los  principales 
artículos  que  garantizan  este  respeto. 

CONSTITUCIÓN  DE  LA  MONARQUÍA  ESPAÑOLA, 

ó  sea  la  ley  fundamental  del  Estado. 

Artículo  11. 

La  religión  católica  apostólica  romana,  es  la  del  Estado.  La  nación  se 
obliga  á  mantener  el  culto  y  sus  ministros. 

Nadie  será  molestado  en  el  territorio  español  por  sus  opiniones  religio- 
sas, ni  por  el  ejercicio  de  su  respectivo  culto,  salvo  el  respeto  debido  á  la 
moral  cristiana.  No  se  permitirán,  sin  embargo,  otras  ceremonias  ni  mani- 
festaciones públicas  que  las  de  la  religión  del  Estado. 

CÓDIGO  PENAL 

Sección  tercera. — Delitos  relativos  al  libre  ejercicio  de  ios 
cultos: 

Art.  236.  Incurrirá  en  la  pena  de  prisión  correccional  en  sus  grados  me- 
dio y  máximo  y  multa  de  250  á  2.600  pesetas,  el  que  por  medio  de  amena- 
zas, violencias  ú  otros  apremios  ilegítimos,  forzare  á  un  ciudadano  á  ejer- 
cer actos  religiosos  ó  á  asistir  á  funciones  de  un  culto  que  no  sea  el  suyo. 

Art.  237.  Incurrirá  en  las  mismas  penas  señaladas  en  el  artículo  an- 
terior el  que  impidiere,  por  los  mismos  medios,  á  un  ciudadano  practicar 
los  actos  del  culto  que  profese  ó  asistir  á  sus  funciones 

Art.  238.  Incurrirán  en  la  pena  de  arresto  mayor  en  su  grado  máximo 
á  prisión  correccional  en  su  grado  mínimo  y  multa  de  125  á  1.250  pesetas: 
1."  El  que  por  los  medios  mencionados  en  el  artículo  anterior  forzare  á 
un  ciudadano  á  practicar  los  actos  religiosos  ó  á  asistirá  las  funciones  del 
culto  que  éste  profese  2.°  El  que  por  los  mismos  medios  impidiere  á  un 
ciudadano  observar  las  fiestas  religiosas  de  su  culto.  3. o  El  que  por  los 
mismos  medios  le  impidiere  abrir  su  tienda,  almacén  ú  otro  establecimien- 
to, ó  le  forzare  á  abstenerse  de  irabajos  de  cualquier  especie  en  determi- 
nadas fiestas  religiosas. 

Lo  prescrito  en  este  artículo  y  los  anteriores  se  entiende  sin  perjuicio 
de  las  disposiciones  generales  ó  locales  de  orden  público  y  policía. 

Art.  239.  Incurrirán  en  las  penas  de  prisión  mayor  en  sus  grados  mí- 
nimo y  medio  los  que  tumultuariamente  impidieren,  perturljaren  ó  lucie- 
ren retardar  la  celebración  de  los  actos  de  cualquier  culto  en  el  edificio 
destinado  habitualmente  para  ello,  ó  en  cualquier  otro  sitio  donde  se  cele- 
bren. 

Art.  240.     Incurrirá  en  las  penas  de  prisión  correccional  en  sus  grados 


1 


217 

medio  y  máximo  y  mnlta  de  250  á  2.b00  pesetas:  l.o  El  que  con  hechos, 
palabras,  gestos  ó  amenazas  ultrajare  al  Ministro  de  cualquier  culto  cuan- 
do se  hallare  desempeñando  sus  funciones.  2.°  El  que  por  los  mismos  me- 
dios impidiere,  perturbare  ó  interrumpiere  la  celebración  de  las  funcio- 
nes religiosas  en  el  lugar  destinado  habitualmente  á  ellas,  ó  en  cualquier 
otro  en  que  se  celebraren.  3.°  El  que  escarneciere  públicamente  alguno  de 
los  dogmas  ó  ceremonias  de  cualquiera  religión  que  tenga  prosélitos  en 
España  4.°  El  que  con  el  mismo  fin  profanare  públicamente  imágenes, 
vasos  sagrados  ó  cualesquiera  otros  objetos  destinados  al  culto. 

Art.  241.  El  que  en  un  lugar  religioso  ejecutare  con  escándalo  actos 
que,  sin  estar  comprendidos  en  ninguno  de  los  artículos  anteriores,  ofen- 
dieren el  sentimiento  religioso  de  los  concurrentes,  incurrirá  en  la  pena  de 
arresto  mayor  en  sus  grados  mínimo  y  medio. 

Otras  leyes,  decretos,  Reales  órdenes  y  disposiciones,  po- 
dríamos traer  á  cuento  para  confirmar  el  respeto  que  se  concede 
hoy  á  los  extranjeros  y  nacionales,  en  esta  materia;  pero  basta 
con  lo  señalado  para  tranquilizar  el  ánimo  más  suspicaz  y  te- 
meroso que  pueda  haber,  advirtiendo  que  estas  leyes  derogan 
en  absoluto  toda  legislación  anterior,  cuyo  texto  se  oponga  al 
enunciado  de  las  mismas;  y,  por  consiguiente,  que  el  edicto 
del  31  de  Marzo  de  1492,  ordenando  la  expulsión  de  los  judíos 
del  reino  de  España,  ha  perdido  enteramente  su  valor,  y  se 
halla  no  sólo  en  completo  desuso,  sino  revocado  por  una 
cuantiosa  legislación  posterior. 

Volveremos  sobre  este  importantísimo  tema  en  la  tercera 
parte.  A  ello  nos  inducen  Kayserling  y  Bigart. 

¿Existe  en  el  trato  de  las  gentes  la  misma  tolerancia  que  or- 
denan las  leyes? 

Acerca  de  este  particular  conviene,  en  justo  tributo  á  la 
verdad,  hacer  algunas  consideraciones. 

Conocen  mal  á  España  los  extranjeros  todos  que  la  consi- 
deran como  un  país  de  fanáticos  católicos,  porque  pocos  serán 
los  pueblos  donde  se  halle  más  deshecho  el  sentimiento  de  la 
unidad  religiosa.  Una  gran  parte  del  país  es  de  una  vestidura 
ultramontana  muy  llamativa;  otra  crecida  parte  es  apasionada- 
mente antirreligiosa;  muchísimos  son  de  una  tolerancia  resig- 
nada, ó  quejumbrosa,  contra  las  demasías  de  ambas  clases  de 
radicales,  y  crecidísimo  número  es  de  indiferentes  más  ó  menos 
francos.  Cuando  en  cualquiera  de  las  muchas  Corporaciones 
polemistas  nuestras  (ateneos,  círculos,  academias),  se  entablan 


218 

debates  sobre  motivos  religiosos,  sucede  que  la  masa  de  socios 
se  divide  y  se  subdi\'ide  siempre,  en  tantos  grupos  y  banderías 
diferentes,  que  aun  el  más  obcecado  acaba  por  convencerse  de 
que  la  unidad  religiosa  de  España  no  existe,  más  que  en  el 
enunciado  del  primer  párrafo  del  artículo  11  de  la  Constitución. 
Esta  multiplicación  de  la  conciencia  religiosa  ha  traído  necesa- 
riamente lo  que  tenía  que  traer:  una  práctica  tolerancia,  y  por 
ella  viven  juntas  personas  de  las  creencias  más  contrapuestas, 
y  se  estiman  y  se  guardan  las  consideraciones  que  requiere  la 
vida  moderna  en  todo  pueblo  adelantado. 

Los  judíos  son  todavía  en  España  un  tipo  casi  legendario. 
Por  muchas  frases  usuales,  que  son  un  sedimento  de  anti- 
guas luchas, — el  cual  todavía  llegó  hasta  nosotros  sin  rectifi- 
cación alguna,  por  la  total  ausencia  del  sujeto  hebreo  que  le  de- 
terminó en  la  historia, — puede  haber  entre  clases  bajas,  en  la& 
gentes  incultas  y  en  los  espíritus  estrechamente  rehgiosos,  pre- 
ocupaciones y  antipatías,  ya  inofensivas,  que  desaparecen  fá- 
cilmente apenas  el  trato  de  personas  permite  restablecer  la 
exactitud  de  los  hechos.  Fuera  de  esto  el  juicio  corriente  es 
muy  bueno,  y  existe  en  la  conciencia  general  la  convicción 
de  que  se  hizo  una  mala  obra  al  expulsarlos,  y  que  el  fanatis- 
mo fiero  reahzó  con  ellos  incalificables  atentados.  Aun  los  más 
distinguidos  paladines  del  antiguo  orden  de  cosas,  no  pueden 
menos  de  reconocer,  como  lo  declara  el  propio  señor  Brieva 
y  Salvatierra,  varias  veces  aludido,  que  fueron  afrenta  de  su 
tiempo  aquellas  sangrientas  asonadas  que  se  realizaron  contra 
los  judíos,  y  que  sería  un  loco  quien  sostuviera  que  hoy  era 
posible  la  Inquisición.  Tienen,  con  verdad,  las  instituciones 
humanas  su  lugar  y  tiempo;  y  el  ambiente  de  la  sociedad  espa- 
ñola actual  no  permite  ya  la  vida  de  tales  organismos. 

Por  esto,  con  ser  muchísimos  los  israehtas  que  viajan  por 
España,  y  no  pocos  los  en  ella  domicihados  y  que  ejercen 
sus  industrias,  no  sabemos  de  ninguno  que  manifieste  haber 
sufrido  vejaciones,  ni  descortesías  siquiera,  por  causa  de  su  re- 
ligión y  de  su  raza.  Aquí  no  se  conoce  el  antisemitismo,  porque 
no  sentimos  ninguna  envidia,  mortificación  ó  desconfianza  na- 
cidas de  sus  monopolios,  usuras  y  absorciones. 

La  siguiente  declaración  que  nos  hace  en  una  de  sus  cartas 


219 

el  distinguido  Sr.  D.  Aaron  Salcedo,  de  Bayona  (Francia),  es  un 
testimonio  de  valor  indiscutible  por  lo  mucho  que  representa 
su  autor,  y  singularmente  expresivo  por  dos  razones:  primera, 
porque  se  refiere  á  hechos  de  una  época  más  atrasada;  y  se- 
gunda, porque  alude  á  una  población  de  escaso  vecindario, 
donde  el  respeto  social  i^rogresivo  está,  naturalmente,  menos 
desarrollado  que  en  las  grandes  capitales.  Dice  así  nuestro 
querido  amigo  en  carta  3  de  Octubre  de  1904: 

Una  de  las  cosas  las  mas  importantes  que  deseaba  comunicarle  es  que 
joven  aun,  he  visitado  casi  toda  España.  Nunca  he  pregonado  al  medio 
de  ia  plaza  mayor,  que  era  «Jitáio»  i^ero  nunca,  absolutamente  mincüy  lo 
he  ocultado,  buscando  al  contrario  la  ocasión  de  decirlo,  y  lo  mismo  que 
como  lo  he  dicho  varias  veces  á  mi  inolvidable  y  respetable  amigo  Don 
Joaquín  Jovellar  (Q.  E.  P.  D.),  he  hecho  conocer  en  Francia,  á  España  y  los 
españoles,  en  ana  época  donde  pensaban  que  África  empezaba  en  los  pire- 
neos;  y  lo  mismo  he  procurado  en  España  persuadir  que  los  Judios  no  eran 
los  Cafres  que  se  figuraban.  En  todas  y  todas  partes  he  sido  siempre 
muy  atendido  y  muy  obsequiado;  particularmente,  nunca  lo  olvidare,  al  pie 
del  respectable  Moncayo,  coronado  de  sus  canas,  siempre  blancas,  en  la 
Ciudad  de  Tarazona  de  Aragón  —de  mi  Tarazona — donde  he  sido  acogido 
como  un  hijo,  festejado  por  todos.  Y  no  ignoraban,  muy  al  contrario,  que 
apartenecia  al  decho  viejo  pueblo  hebreo.  Xo  olvidare  nunca  las  pre venen- 
cias de  mi  inolvidable  Vicente  Arbiol  (Q  E.  P.  D.),  de  la  Señora  bendita 
Madame  Rosa,  de  su  hija  Carmencita,  hoy  madre  de  familia  de  las  fa- 
milias Lizarbe,  Laza,  Roldan  Madame  Concha,  de  los  curas  Luis  Bazur- 
te  y  Amperosa,  de  toda  la  población.  Espero  aun  que  Dios  me  permitirá 
volver  á  decha  Ciudad  tan  hospitalaria,  estrechar  las  manos  de  los  amigos 
que  quedan,  y  rezar  sobre  las  tumbas  de  los  desaparecidos,  pero  que  vi- 
virán siempre  en  mi  corazón. 


CAPÍTULO  XI 


Un  episodio  judío.  -Síntesis  histórica  de  Israel.  — Carácter  y  rasgos  diferenciales 
de  este  pueblo.— Variedad  de  su  aspecto  nacional  á  través  del  tiempo,  las  ci- 
vilizaciones y  los  demás  pueblos.  — Destrucción  del  segundo  Templo  por  Tito 
y  dispersión  de  la  raza.— Los  judíos  en  España. — Algunos  recuerdos  de  su  vida 
entre  los  árabes  y  los  cristianos. — Protección  de  los  Alfonsos. —Esplendores  y 
miserias.  — El  valle  de  Genasar. 

Es  verdad:  los  hebreos  juzgan  mal  á  los  españoles,  pero  de 
este  mismo  defecto  adolecemos  nosotros  con  relación  á  ellos,  de 
los  cuales  no  guardamos  otro  recuerdo  que  el  que  correspon- 
de á  sus  flaquezas  humanas  más  inferiores,  y  á  las  imputacio- 
nes falsas  ó  exageradas  de  su  fanatismo  talmúdico.  Y  esto  hay 
que  rectificarlo,  porque  es  imposible  estimar  á  pueblos,  á  colec- 
tividades y  á  indi^dduos,  si  de  su  complexión  moral  y  procedi- 
mientos tenemos  concebida  una  lamentable  idea.  En  casos  tales, 
lo  primero  que  se  debe  hacer  es  verificar  los  fundamentos  de 
nuestros  juicios,  y  si  son  erróneos,  penetrarnos  de  esta  inexac- 
titud, y  confiar  á  la  propia  conciencia  la  debida  reparación;  pues 
siendo  dicho  sentimiento  por  naturaleza  bueno,  seguro  es  que 
enmendará  sus  extravíos,  como  la  j  usticia  y  la  razón  demandan. 

Nos  contaba  una  tarde,  en  el  Senado,  el  entonces  honorable 
Presidente  del  Consejo  de  Estado,  señor  Marqués  de  Aguilar 
de  Campóo,  hoy  Ministro  de  la  Corona,  im  episodio  que  pre- 
senció en  la  estación  de  San  Sebastián  (Guipúzcoa),  y  como  su- 
ceso que  le  había  impresionado  mucho. 

Descendió  del  tren  un  apuesto  moro,  de  arrogante  presen- 
cia, y  al  avanzar  por  entre  los  demás  viajeros,  cuando  busca- 


222 

ban  todos  la  salida,  sintió  que  le  tiraban  del  jaique.  Volvió  la 
cabeza  y  vio  que  un  buhonero,  al  parecer  judío,  se  había  arro- 
dillado y  besaba  el  bajo  de  su  vestidura. 
.  Sin  decir  una  palabra,  dio  un  tirón  violento  al  jaique,  para 
arrancarlo  colérico  de  las  manos  del  israelita;  le  lanzó  una  mi- 
rada de  profundo  menosprecio,  y  siguió  adelante,  expresando 
con  su  actitud  la  mayor  altivez  imaginable. 

Y  decía  el  señor  Marqués  de  Aguilar  de  Campóo: 
— Nunca  vi  cosa  más  teatral.  ¡Ni  Taima! 

De  esta  suerte,  es  decir,  humillados,  ó  atesorando  caudales 
con  sórdida  codicia,  ó  persiguiendo  y  escarneciendo  las  prácti- 
cas cristianas,  era  como  solíamos  concebir  en  España  á  los  ju- 
díos, faltos  de  narradores  y  de  ejemplos  que  nos  los  presenta- 
sen como  fueron  en  la  historia,  y  como  realmente  son  en  la 
actualidad. 

Allá,  en  los  tiernos  años  de  la  infancia,  es  decir,  cuando  la 
inteligencia  se  abre  á  las  más  elementales  enseñanzas,  es  cuan- 
do suele  recoger  nuestro  espíritu  las  primeras  impresiones  acerca 
de  Israel,  aprendiendo  lo  que  nos  dicen  del  Antiguo  Testamento, 
los  libros  de  aquella  edad,  con  la  suma  concisión  que  exige  su 
destino.  Y  como  el  creyente  español  nunca  fué  lector  de  la  Biblia, 
ni  siquiera  aficionado  al  conocimiento  de  la  vida  de  los  pueblos 
antiguos,  no  adquirimos  después  la  más  rudimentaria  noción 
del  carácter  extraordinario  de  Israel;  de  su  ministerio  incompa- 
rable en  la  evolución  moral  de  la  humanidad;  de  su  génesis  en 
la  existencia  del  cristianismo;  de  la  grandeza  estoica  de  su  raza, 
sin  igual  en  el  concierto  de  todas  las  conocidas,  y  de  las  tre- 
mendas energías  y  aptitudes  sociales  que  encarnan  sus  indivi- 
duos, las  cuales  bien  disciphnadas  y  libremente  regidas  fueron, 
son  y  serán,  un  factor  preciosísimo  de  adelanto  moral  y  de  ri- 
queza positiva,  donde  quiera  se  hallen. 

Conmueve  siempre  la  historia  de  todo  pueblo,  sea  cual  fue- 
re, porque  no  hay  ninguno  cuya  existencia  no  se  haya  conse- 
guido y  asegurado  con  heroísmos  admirables,  en  sus  terribles 
luchas  contra  las  inclemencias  de  la  Naturaleza  y  contra  los 
fieros  ataques  de  otros  pueblos  conquistadores;  pero  en  verdad 
conmueve  más  que  ninguna  otra  la  de  esta  grey  semita,  la  cual 
persigue  todavía  con  ciego  entusiasmo  el  destino  que  señaló 


223 

Dios  al  patriarca  Abraham,  cuando  le  ordenó  dirigiera  su  pue- 
blo predilecto.  Siempre  que  se  leen  sus  historiadores,  así  en  los 
disertos  tratadistas,  á  lo  Graetz,  como  en  los  amenos  y  sinté- 
ticos, á  lo  Hosmer,  el  espíritu  es  agitado  por  extrañas  y  hondas 
emociones  que  le  inducen  á  mirarle  con  simpatía,  porque  ha 
revelado  poseer  con  muy  pronunciado  relieve,  durante  su  in- 
calculable larguísima  existencia,  los  más  hermosos  y  los  más 
feos  atributos  de  la  condición  humana,  los  más  altos  y  los  más 
bajos;  razón  por  la  cual  hay  en  el  acervo  inagotable  de  su  his- 
toria, motivos  copiosos  para  que  allí  se  inspiren  las  buenas  y 
las  malas  almas,  los  pensadores  de  todas  las  escuelas  y  religio- 
nes, y  digan  cuanto  les  venga  en  gana,  desde  lo  más  excelso  y 
sublime,  hasta  lo  más  detestable  y  chabacano,  en  pro  y  en 
contra  de  los  destinos  de  su  raza  y  los  hechos  de  sus  hombres. 


No  se  parece  á  ninguna  otra  historia  la  de  los  judíos.  Su 
antigüedad,  su  altivez  de  pueblo  escogido  por  Dios,  las  trans- 
formaciones de  su  carácter  nacional,  sus  éxodos  numerosos,  sus 
guerras — donde  lo  divino  y  lo  humano  juegan  en  combinaciones 
sorprendentes, — su  monoteísmo  y  su  decálogo,  el  exterminio 
de  su  independencia  y  la  perennidad  de  su  civilización  y  de  su 
historia,  inmutables  estas  en  el  seno  y  en  la  historia  de  todos  los 
demás  imperios  que  después  aparecieron,  vivieron  y  murieron, 
hasta  aparecer  hoy  más  numerosos  y  potentes  que  nunca,  todos 
-estos  hechos  son  rasgos  que  sólo  Israel  presenta  y  llevan  impar- 
cialmente  á  sincera  admiración  y  á  graves  meditaciones. 

Con  razón  decía  Pascal  que,  extendiéndose  su  historia  desde 
los  primeros  tiempos  hasta  los  últimos,  encierra  en  su  duración 
los  ciclos  sucesivos  de  las  historias  todas. 

Sobre  el  polvo  de  sus  contemporáneos  de  Egipto,  Caldea  y 
Troya,  duermen  ya  los  recuerdos  de  más  de  cuarenta  siglos,  y 
ellos  viven  aún.  Desafiaron  entonces  las  iras  de  los  faraones; 
destruyeron  á  los  madianitas;  hicieron  retroceder  humildes  y 
vencidos  los  purpúreos  canos  de  guerra  de  los  asirlos;  la  civili- 
zación helénica  nació,  creció  y  decayó  luego;  apareció  después 
el  pueblo  romano  con  sus  grandezas,  llevando  sus  conquistas 
á  los  confines  del  mundo  conocido;  los  teutones,  los  árabes,  los 
eslavos,  los  turcos,  los  españoles,  dominaron  más  tarde,  ilumi- 


224 

nando  las  páginas  de  la  historia  cou  !os  resplandores  de  sus 
magnificencias  y  los  desastres  de  sus  caídas;  fueron  arrojados 
del  diminuto  solar  de  su  reino,  pasados  á  cuchillo,  quemados, 
sometidos  á  duro  cautiverio,  y  todavía  hoy,  aun  careciendo  de 
los  tres  vínculos  que  se  consideran  más  obhgados  para  que  un 
pueblo  conserve  su  individualidad  nacional:  su  patria,  su  idio- 
ma y  hasta  esa  solidaridad  religiosa  que  por  todas  partes  ya 
deshace  la  libertad  de  cultos,  cada  día  más  y  más  desarrollada, 
todavía  hoy,  alzan  sus  voces  en  todos  los  pueblos;  así  en  el 
corazón  de  los  desiertos  africanos,  en  las  estepas  del  Asia  Cen- 
tral y  en  las  pampas  de  la  América  del  Sur,  como  en  las  in- 
mensas metrópohs  de  Londres,  Nueva  York,  París,  Berlín, 
Viena,  Constantinopla  y  Roma;  y  alzan  sus  voces  concertan- 
do entusiasmos  y  aspiraciones  de  un  pueblo  joven  toda- 
vía, para  reconstituir,  veinte  siglos  después,  aquel  microscópico 
reino  que  deshicieron  Vespasiano  y  Tito,  á  fines  del  primer 
siglo  de  nuestra  era,  y  cuyos  despojos  se  creyó  habían  sido 
anulados  por  completo,  en  las  trágicas  fastuosidades  y  orgías 
de  la  corte  de  los  Ilavios.  ¡Se  concibe  cosa  tan  extraordinaria! 


Fueron  pocos,  pues  jamás  los  cálculos  hacen  pasar  su  cifra 
de  diez  millones,  y  ocupaban  un  territorio  no  mayor  que  el  de 
una  sexta  parte  del  suelo  de  Inglaterra,  como  un  par  de  provin- 
cias de  nuestra  nación;  á  lo  sumo,  el  terreno  que  se  anda  en  doce 
horas  con  un  tren  de  marcha  media.  Cuentan  que  desde  la  alta 
cumbre  de  la  montaña  que  hay  en  el  centro  de  su  antiguo  rei- 
no de  Galilea,  se  pueden  distinguir  perfectamente,  en  días  cla- 
ros, los  límites  de  todo  el  territorio.  En  las  lejanías  del  Sur 
aparecen  las  cordilleras  de  la  Arabia,  precedidas  de  vastas  sá- 
banas de  arena,  cruzadas  por  líneas  de  montañas,  donde  no  hay 
vegetación  alguna;  al  Norte  se  alzan  los  picos  del  Líbano  hasta 
la  región  eterna  de  los  fríos,  presentando  blancas  las  cimas 
por  la  nieve,  y  verdes  sus  quebradas  lomas  i)or  los  bosques  de 
majestuosos  cedros;  al  Oeste  brilla  la  superficie  líquida  del 
Mediterráneo,  y  al  Este  se  divisan  prados  y  llanuras  de  estériles 
estepas.  Es  decir,  que  formaban  una  parte  insignificante  de 
aquellos  imperios  caldeo,  macedónico,  romano  y  turco,  que  su- 
cesivamente los  dominaron. 


225 

Desde  el  principio  creyeron  ser  un  pueblo  extraordinario 
elegido  por  Dios,  y  no  han  perdido  todavía  esa  altivez  de  raza 
Cautivos  de  los  egipcios,  de  quienes  los  libertó  Moisés;  cautivos 
de  los  caldeos  y  los  asirlos;  cautivos  de  los  macedonios  y  los  ro- 
manos; cautivos  de  todos  los  pueblos  grandes  y  dominadores 
y  habiendo  servido  sus  hijos  para  engrandecer,  con  trabajos 
forzados,  las  inmensas  metrópolis  asentadas  en  las  orillas  de  los 
ríos  Nilo,  Tigris,  Eufrates  y  Tíber,  siempre  afirmaron  que  la 
nación  hebrea  nació  para  exhibir  la  perfección  de  la  belleza 
como  un  reflejo  de  la  divinidad;  siempre  se  formuló  entre  sus 
filósofos  la  especie,  de  que  si  no  se  hubiese  impedido  el  progre- 
so de  su  pueblo,  hace  más  de  mil  años  que  se  hallarían  resuel- 
tos todos  los  problemas  de  la  civilización  que  plantean  hoy  los 
contemporáneos;  y  muchos  fueron  los  que,  como  el  gran  hombre 
Beaconsfield,  genial  estadista  del  imperio  más  dilatado  y  pode- 
roso de  la  Edad  Moderna,  sostuvieron  que  los  hebreos  eran  muy 
superiores  á  las  razas  modernas  más  vigorosas,  y  habían  con- 
quistado con  su  inteügencia  la  Europa  contemporánea,  mien- 
tras, de  su  parte,  Freeman  dice  que  son  una  raza  tan  pura  que, 
como  al  amianto,  no  la  pudo  consumir  el  fuego  del  amor  ni  el 
del  odio. 

Mirando  á  la  característica  que  ofrece  su  vida  como  pueblo, 
se  advierte,  afirma  con  razón  Neill,  que  el  judaismo  no  es  una 
confesión,  ni  una  legislación,  ni  una  filosofía,  ni  una  literatura, 
sino  que  es  todo  esto,  reunido  en  una  mezcla  tan  compleja,  y 
con  tantos  elementos  coexistentes,  que  no  parece  sino  que  se 
sustrae  á  todas  las  definiciones  y  clasificaciones  de  la  ciencia. 
En  sus  instituciones  religiosas,  morales  y  sociales,  en  sus  obras 
literarias,  en  su  lengua,  en  sus  cosas  muertas  y  vivas,  las  cien- 
cias recogen  elementos  para  grandes  disertaciones  y  actuales 
aprovechamientos.  Como  advirtió  James  Darmesteter,  sigue  á 
la  historia  universal  y  la  penetra  por  mil  tramas;  abre  á  la  in- 
vestigación un  campo  de  una  variedad  infinita  y  de  una  per- 
fecta unidad,  y  ofrece  á  la  sociología  un  interés  sin  rival,  por- 
que presenta  la  serie  más  larga  de  experiencias  que  ha  regis- 
trado pueblo  alguno,  ejercidas  en  los  medios  más  diferentes  de 
suelo,  de  razas  y  de  civilizaciones,  siempre  por  una  sola  y  cons- 
tante fuerza  humana. 

16 


226 

En  cualquiera  de  sus  momentos  históricos  se  muestra  inte- 
resante y  confiado  en  sus  destinos,  cuya  misión  religiosa  jamás 
desconoce  ni  olvida.  Miradle  así  en  su  marcha  tras  de  la  tierra 
prometida  y  en  las  fastuosidades  del  reinado  salomónico,  como 
en  las  sangrientas  convulsiones  con  que  pereció  8u  existencia 
nacional,  y  siempre  aparece  con  su  compleja  personalidad  mo- 
ral, con  su  aspecto  y  naturaleza  variados,  que  contradicen  las 
<ieducciones  de  los  historiadores  y  sociólogos  todos.  Ninguno 
prueba  como  él  que  es  pura  novela  cuanto  opinan  de  las  razas 
superiores  y  las  inferiores  todos  esos  historiadores  ingleses,  ale- 
manes, italianos  y  franceses,  que  quieren  justificar  los  crimina- 
les atropellos  y  despojos  de  los  pueblos  poderosos;  ninguno 
atestigua  con  tantas  y  tan  abrumadoras  demostraciones,  que  las 
vicisitudes  históricas  explican  mejor  que  los  fundamentos 
étnicos  la  grandeza  y  decadencia  de  los  imperios.  Esclavo,  nó- 
mada, guerrero,  pastor,  agricultor,  mercader,  banquero,  inte- 
lectual, teólogo,  nacionalista,  cosmopolita lo  ha  sido  todo,  y 

supo  imponer  sus  rasgos  en  todas  las  otras  civilizaciones,  aco- 
modándose á  las  lej'^es  y  al  carácter  de  ellas. 

Vedle  cómo  iba  á  la  lucha.  Llevaban  sus  huestes  en  el  cen- 
tro del  ejército,  como  si  fuera  estandarte  de  guerra,  el  Arca  de 
la  Alianza,  á  hombros  de  los  sacerdotes  levitas,  guardando  las 
dos  piedras  donde  Jehová  había  escrito  con  su  dedo  el  Decálo- 
go, que  constituyó  el  Código  moral  humano  más  universal  3'^ 
más  imperecedero;  y  rodeábanle  las  tribus,  agrupada  cada  una 
bajo  su  especial  bandera:  al  Norte  Dan,  al  Sur  Rubén,  Efraim 
al  Oeste  y  Judáh  al  Este. 

Toma  un  día  la  deseada  posesión  de  su  tierra  prometida,  y 
los  que  eran  un  pueblo  tan  esencialmente  guerrero,  que  cada 
israelita  suponía  un  soldado,  se  consagran  á  las  artes  y  labores 
de  la  paz.  Y  fueron  entonces  agrícolas  en  los  feraces  valles, 
donde  se  cultivaban  ricas  mieses,  palmeras,  olivares  y  vi- 
ñedos; ganaderos  donde  copiosísimos  rebaños  pastaban  por 
dilatadas  y  jugosas  praderas;  leñadores  en  las  ondulantes 
lomas  del  Líbano,  donde  se  producían  las  preciosas  made- 
ras, con  las  cuales  hacían  sus  arquitectos  ciudades  que  al- 
bergaban poblaciones  prósperas  y  fecundas;  pescadores  en  las 
aguas  del  Meron  y  de  Galilea,  donde  un  día  buscara  el  hijo 


227 

de  Dios  los  apóstoles  de  su  doctrina;  industriales  y  mercaderes, 
en  fin,  porque  trabajaban  mejor  que  nadie,  y  recorriendo  con 
sus  naves  el  mundo  todo  conocido,  traficaban  los  ricos  tejidos 
de  purpura  y  escarlata;  las  obras  artísticas  en  oro,  plata  y  ce- 
dro; los  elegantes  y  ricos  vasos;  las  especias  y  perfumes  de  la 


FiG.  30  — Templo  de  Jerasalem  en  tiempo  de  Salomón.  (Modelo  reconstruido 

por  Schich.) 

Arabia;  las  sedas  y  algodones  de  la  India;  los  ricos  metales  de 
la  Bética,  de  Ofir  y  de  Tulea;  los  ganados  de  cerda  y  lana  cria- 
dos en  la  Armenia;  las  primorosas  tallas  de  marfil  labradas  en 
Nínive  y  el  ámbar  del  Báltico. 

Recordemos  cómo  fué  su  destrucción,  y  digamos  luego  si 
hubo  en  la  historia  de  las  guerras  sangrientas  nada  que  se  le 
parezca,  nada  que  influyese  más  sobre  Roma,  ni  nada  que  re- 
cuerde todavía  hoy  mismo  mejor  la  Ciudad  Eterna,  con  sus  ve- 
nerados monumentos. 


Josefo  se  había  defendido  heroicamente  contra  \^espasiano, 
en  Jotapata,  y  su  bravura  no  pudo  impedir,  sino  más  bien 
apresuró,  que  Galilea  y  Judea  fuesen  dominadas  más  bárbara- 
mente por  los  romanos,  y  que  éstos  destruyesen,  y  al  filo  de 


228 

sus  espadas  matasen,  ciudades  y  villas  como  Jope,  Tiberiades, 

Tarichea,  Gamala,   Giscala,   Gerasa.  Hierichuuta y  tantas 

otras,  hasta  que  llegó  su  turno  á  Jerusalem. 

Se  hallaba  ésta  defendida  con  las  más  inexpugnables  forti- 
ficaciones que  había  conocido  la  historia,  y  contra  ella  envió 
aquel  aguerrido  general,  ya  emperador,  á  su  hijo  Tito,  po- 
niendo á  sus  órdenes  las  legiones  5,  10,  12  y  15,  ó  sean  las 
llamadas  Macedonia,  Fretensis,  Fulminata  y  ApoUinaris,  cuyos 
legionarios  habían  sido  reclutados  entre  lo  mejor  de  Asia, 
África  y  Europa,  y  se  hallaban  auxiliados  por  crecidísimo  nú- 
mero de  guerreros  asirios  y  de  otros  pueblos,  quienes  acudían  á 
la  lucha  por  adulación  á  Roma,  ó  por  odio  á  los  judíos. 

De  una  y  otra  parte  se  extremaron,  cuanto  fué  posible,  los 
medios  de  guerrear. 

La  posición  topográfica  de  la  ciudad  y  del  Templo  era  pri- 
vilegiada. Rodeábanla  por  tres  de  sus  cuatro  lados,  además  de 
grandes  barrancos  y  precipicios  de  granito,  un  formidable  mu- 
ro, y  defendíanla  por  el  otro  tres  distintos  órdenes  de  murallas 
gigantescas,  y  extraordinarias  fuertes  torres,  como  las  de  Anto- 
nia, Hípicos,  Psefina,  Faselon,  Mariamnes,  y  otras  fortificacio- 
nes, que  además  se  repetían  dentro,  habiendo  algunas,  como  la 
muralla  de  Salomón,  fabricadas  con  colosales  piedras,  hasta  de 
sesenta  pies  de  largo.  En  lugar  preeminente  se  hallaba  el  Tem- 
plo, inmenso,  espléndido,  de  riqueza  maravillosa,  también 
construido  con  la  solidez  de  una  inexpugnable  fortaleza.  Allí, 
en  la  ciudad,  la  alta  y  la  baja,  en  el  Templo,  en  las  fortalezas 
y  parapetos,  se  agitaba  un  pueblo  fanatizado  por  su  reHgión  y 
su  patriotismo,  que  aumentaba  diariamente  con  hordas  de 
bandidos,  fugados  de  otras  villas,  los  cuales,  con  peregrinos 
anuentes  de  todo  el  mundo,  acudían  fanáticos  á  la  lucha,  apor- 
tando sus  ofrendas  y  sus  vidas. 

A  su  vez,  las  legiones  romanas  eran  completas,  y  se  habían 
pertrechado  del  mejor  y  más  abundante  material  de  guerra  que 
podía  arbitrar  Roma.  Formidables  y  numerosos  eran  los  arietes 
y  catapultas;  vestidos  los  legionarios  de  cascos  y  corazas,  con  sus 
terribles  espadas  cortas,  provistos  de  arcos  y  lanzas,  un  saco, 
una  sierra,  un  hacha,  una  tira  de  hierro  y  un  garfio;  la  caba- 
llería espléndidamente  enjaezada,  y  la  discipHua  militar  seve- 


229 

ramente  apercibida  de  que  sería  tan  implacable  y  fiero  el  cas- 
tigo con  los  desertores,  como  seguro  y  generoso  el  premio  para 
los  valientes.  Los  árboles  talados  para  construir  los  aggeres, 
bastiones,  castillos  y  catapultas,  fueron  tantos,  que  arrasaron 
los  bosques  de  las  montañas  en  muchas  leguas;  los  aprovisio- 
namientos consumieron  las  cosechas  y  los  rebaños,  y  previa- 
mente habían  sido  saqueadas  y  destruidas  muchas  ciudades,  y 
sus  habitantes  todos  pasados  á  cuchillo,  puestos  en  cautividad, 
ó  refugiados  en  Jerusalem. 

La  lucha  fué  larga,  terrible,  desesperada.  El  azufre,  la  pez, 
la  brea,  y  otros  betunes  inflamables,  encendían  sin  descanso 
los  artificios  preparados  para  los  ataques. 

Las  salidas  y  los  asaltos  se  reproducían  sin  parar,  provo- 
cando heroicos  y  nunca  igualados  episodios.  Se  apuraron  las 
resistencias,  defendiendo  palmo  á  palmo  el  terreno;  y  contribu- 
yeron poderosamente  á  la  obra  de  destrucción,  el  hambre,  la 
sed  y  las  enfermedades;  á  las  cuales  juntaban  sus  efectos  un 
ardor  estival,  caliginoso,  y  el  fuego  que  arrojaban  de  continuo 
las  catapultas  sobre  los  indomables  luchadores. 

Las  legiones  se  unieron  y  organizaron,  hasta  constituir  un 
instrumento  de  guerra  perfectamente  seguro  y  matemático,  y 
aun  así  iban  á  estrellarse  contra  aquella  incomparable  resisten- 
cia, que  no  cedía  un  instante,  porque  condenado  era  á  la 
muerte  quien  hablaba  de  capitulación,  y  como  crimen  se  con- 
sideraba el  solo  hecho  de  juntarse  y  de  llorar.  Dentro  de  la 
ciudad  se  marchaba  sobre  montones  de  cadáveres;  y  no  se  en- 
terraban siquiera  los  muertos.  Tito  mismo  se  sintió  horroriza- 
do con  los  estragos  de  tanta  crueldad,  ira  y  locura,  y  viendo 
que  ni  Josefo  conseguía  convencer  á  sus  hermanos  en  rehgión, 
con  sus  prudentes  y  reiterados  consejos,  apeló  ante  Dios  para 
declararse  irresponsable  de  aquel  desastre  nunca  visto. 

Pues  bien,  cuentan  que  ni  con  eso  hubiera  triunfado  Roma, 
si  las  discordias  no  hubieran  provocado  y  mantenido  tenaz  y 
fiera  lucha  intestina  entre  los  sitiados,  aun  desde  antes  del  asedio 
de  las  legiones.  El  gran  sacerdote  Anano  rodeado  de  sus  parti- 
darios; las  bandas  de  ladrones  que  se  habían  refugiado  en  el 
Templo;  la  secta  de  los  Zelotas,  los  cuales  se  mostraban  feroces, 
intransigentes,  y  pusieron  á  su  cabeza  al  revoltoso  Juan  de 


230 

Giscala;  la  iutervención  de  los  bravos  idumeos,  y  las  hordas 
acaudilladas  por  Simón,  hijo  de  Giora,  que  mandaba  en  la  ciu- 
dad, como  Juan  dominaba  en  el  Templo,  todos  pelearon  desespe- 
radamente, ciegos  y  crueles,  unos  contra  otros,  3^  no  se  unieron 
ni  siquiera  para  guerrear  juntos  contra  los  romanos.  El  ardor 
y  la  ira  por  destruirse  fueron  como  nunca  se  había  visto.  El 
fanatismo  y  la  locura  de  sangre  habían  llegado  al  colmo.  Los 
jefes  trataban  de  sobrepujarse  en  ferocidad  y  en  heroísmo,  y 
muchas  veces  hasta  los  piadosos  peregrinos  y  sacerdotes  ofi- 
ciantes eran  muertos,  en  mitad  de  sus  sacrificios,  por  los  dardos 
y  piedras  que  arrojaban  los  partidarios  de  Juan.  En  su  furor 
llegaban  hasta  quemarse  las  provisiones  de  trigo,  cuando  no 
podían  arrancárselas  unos  á  otros.  ¡Imposible  parecía  que  aquel 
pueblo  tan  destructor  y  homicida,  fuese  el  mismo  que  había 
realizado  las  idílicas  leyendas  de  las  Sagradas  Escrituras! 
¡Cuanto  hizo  después  el  fanatismo  de  los  pueblos  todos  contra 
Israel,  fué  menos  inhumano,  bestial  y  horrible,  que  lo  hecho 
por  los  mismos  israelitas! 

La  obra  de  destrucción  que  verificaban  los  romanos  avan- 
zaba poco  á  poco,  y  se  iba  reduciendo  el  círculo  de  la  lucha. 
Los  efectos  de  los  arietes  y  las  catapultas,  los  incendios,  los 
asaltos  repetidos  una  y  otra  vez,  sin  descanso,  las  sorpresas, 
los  avances  y  retrocesos,  lograban  agotar  las  defensas  de 
los  judíos.  Se  caminaba  sobre  un  terreno  cubierto  de  cadá- 
veres. Los  ataques  se  hacían  con  estruendosa  confusión  de 
clamores  y  trompeterías,  y  cuando  por  fin  se  llegó  al  Templo, 
tantas  veces  impurificado  y  sucio  por  Juan  y  los  Zelotas,  allí 
los  sacerdotes,  pisando  cuerpos  que  ocultaban  el  pavimento 
sagrado,  blandían  á  falta  de  armas  las  banquetas  de  cuero  y 
los  azadones  del  servicio  religioso,  prefiriendo  morir  abrasados 
en  las  llamas,  antes  que  entregarse  á  los  enemigos. 

La  historia  que  dejó  escrita  Josefo,  testigo  presencial  y 
esforzado  campeón  de  este  espantable  suceso  de  la  historia, 
produce  en  el  ánimo  una  emoción  que  supera  con  mucho  á  la 
de  los  sucesos  más  sangrientos  de  los  pueblos,  y  las  revoluciones 
todas,  incluso  la  francesa.  Las  matanzas,  traiciones,  incendios, 
robos,  sacrilegios,  \^olaciones,  crímenes,  locuras  furiosas,  ins- 
tintos  de  destrucción  y  de  crueldad llegaron  á  un  colmo 


231 


como  quizás  no  se  repita  caso  igual  en  la  humanidad:  madres 
que  cocían  á  sus  hijos  y  se  los  comían;  sacerdotes  y  peregrinos 
asesinados  por  los  religiosos;  degollaciones  hasta  el  cansancio 
por  epidémicas  matanzas....  ¡Oprime  el  corazón  y  sume  en 
hondas  meditaciones,  tan  incomprensible  carnicería  y  tanta 
aboüción  de  humanos  sentimientos! 

Todo,  fué  arrasado,  y  Jerusalem  se  convirtió  en  un  montón 
de  escombros.  Demolidos  fueron  el  Templo  y  las  mejores 
construcciones,  y  solamente  quedaron  de  aquél  la  base  y  algu- 
nas torres  que  Tito  quiso  conservar,  para  recuerdo  de  tan 
inexpugnables  forta- 
lezas .  Duró  muchos 
días  la  elección  y  dis 
tribución  de  prisione- 
ros. Flavio  Josefo 
dice,  en  el  último  pá- 
rrafo de  su  notable 
historia,  acerca  de 
Las  guerras  de  los  ju- 
díos, que  en  éstas  de 
entonces  murieron 
1.425,630  hebreos  por 
fuerza  de  armas,  fue- 
go, hambre  y  pesti- 
lencia. Fueron  vendi- 
dos á  mu}^  bajo  precio 
97.000  esclavos  jóve- 
nes, los  cuales  lleva- 
ron luego  á  Italia  y  á 
otros  pueblos  el  calor 
de  su  raza  y  de  sus 
apostolados.  Se  desti- 
naron algunos  miles 
para  ser  repartidos 

por  las  provincias  y  degollados  en  los  anfiteatros,  con  luchas 
mutuas,  y  en  incendios  de  espectáculos  públicos.  Más  de  2.500 
perecieron  enPaneas,  el  24  de  Octubre,  festejando  el  día  del  na- 
cimiento de  Domiciano.  y  otros  tantos  el  17  de  Noviembre  para 


FiG.  81.  —Arco  de  Vespasiano  y  Tito  exigido   en 
Roma  para  conmemorar  la  guerra  judaica.  Inau- 
gurado bajo  Domiciano  el  año  81,  once   después 
de  la  destrucción  de  Jerusalem. 


232 

celebrar  el  aniversario  de  ^^espasiano.  Se  dio  muerte  á  los  en- 
fermos; se  vendió  á  los  menores  de  doce  años;  perecieron  de 
hambre  12.000,  y  los  700  mancebos  más  altos,  hermosos  y  fuer- 
tes, fueron  destinados  á  formar  parte  del  cortejo  triunfal  de 
Tito,  llevando  consigo  el  botín  de  oro,  plata,  marfil  y  pedrería, 
que  constituía  un  río  de  riqueza;  las  preciosas  cortinas  de  púr- 
pura, las  vestiduras  pontificales,  los  bordados  de  Babilonia,  las 
copas  y  obras  de  arte  depositados  por  la  fe  durante  siglos,  y 
aquellos  más  preciados  despojos  del  Templo:  como  la  tabla  de 
oro,  que  pesaba  muchos  talentos,  el  candelabro  de  los  siete  bra- 
zos, y  las  tablas  sagradas  que  contenían  la  Ley  de  los  judíos. 
Entre  los  prisioneros  fué  también  Simón,  hijo  de  Giora,  con  una 
soga  al  cuello,  de  la  que  tirábanlos  700  cautivos,  y  le  llevaron 
al  templo  de  Júpiter  Capitolino,  donde  fué  sacrificado,  mien- 
tras Juan  de  Giscala,  otro  de  los  jefes,  moría  de  hambre  en 
una  cárcel. 

El  8  de  Septiembre  del  segundo  año  del  imperio  de  Vespa- 
siano  fué  destruida  Jerusalem;  cinco  veces  había  sido  tomada 
antes:  por  Asocheo,  rey  de  Egipto,  primero;  por  Antioco,  por 
Pompeyo,  por  Sosio  y  por  Heredes,  después;  destruida  había 
sido  una  vez  por  el  rey  de  Babilonia,  pero  esta  última  vez  lo  fué 
por  siempre.  Tito  ordenó  que  destruyeran  toda  la  ciudad  y  todo 
el  Templo,  dejando  solamente  aquellas  torres  como  las  de  Fa- 
selo,  Hípico  y  Mariamnes,  que  podían  dar  idea  del  mérito  de  su 
conquista,  y  restos  de  algún  muro  del  Templo,  para  enseñanza 
de  los  siglos  venideros.  Ciudad  muy  principal,  alabada  y  en- 
grandecida por  los  hombres  todos  del  mundo,  desapareció  como 
por  maldición  celeste.  En  tiempo  de  Cestio  se  calculaba  que 
tenía  2.700.000  personas;  no  se  conoció  nunca  templo  mayor, 
pues  en  un  día  de  sus  solemnes  fiestas  de  Pascua,  llegaron  á 
ser  sacrificados  en  él  256.500  animales.  Cuando  el  hijo  de  Ves- 
pasiano  regresó  á  la  ciudad  de  los  Césares  lo  dejaba  todo  arra- 
sado. 

Roma  creyó  acabar  así  con  el  pueblo  judío,  y  en  rigor  no 
hizo  más  que  arrancarlo  del  nido  de  Palestina  para  diseminar- 
lo por  el  mundo,  como  en  1492  le  extirpamos  nosotros  de  Ibe- 
ria para  difundirlo  por  la  tierra  conocida.  Dispersados  los  israe- 
litas primero  por  los  egipcios  y  asirios;  dispersados  después  por 


1 


Alejandro,  cuando  invadió  el  Asia;  dispersados  por  los  romanos- 
con  más  fiera  saña  y  deseo  de  total  exterminio,  cambia  el  destino- 


FiG.  32. —  Maro  meridional  del  Templo  de  Salomóa.  Adoración  de 
los  viernes  por  la  tarde. 


de  este  pueblo  y  desaparece  su  historia  particular  como  unidad, 
para  aparecer  ya  incorporada  á  la  historia  de  cada  nación.  En 
adelante,  España,  Portugal,  Alemania,  Inglaterra,  Francia,  Ita- 
lia, Turquía ,  etc.,  los  verán  incorporados  á  su  existencia. 


Cerrado  el  ciclo  de  sus  grandezas  orientales,  se  abre  otro 
nuevo  en  Occidente,  en  lugar  contrapuesto  geográficamente  á 
aquel  de  donde  fueron  expulsados;  al  otro  preciso  extremo  del 
mar  Mediterráneo;  en  el  país  donde  ellos  habían  apreciado  be- 
llezas sin  cuento,  tesoros  naturales  infinitos,  idíhcas  seduccio- 
nes climatológicas:  es  decir,  en  Iberia. 

¡Palestina  y  España!  He  aquí  los  dos  grandes  asientos 
donde,  en  porfiada  lucha  con  su  aciago  destino  de  siempre,  bri- 
Uó  el  genio  de  esta  raza. 

La  verdad  es  que  cuando  se  lee  serenamente,  sin  apasiona- 
mientos de  sectario  en  ningún  sentido,  esa  preciosa  historia  de 
los  judíos  en  España,  debida  á  la  elegante  pluma  de  D.  José 
Amador  de  los  Ríos,  la  cual  ni  cuando  vio  la  luz,  ni  hoy,  ha  go- 
zado de  todo  el  renombre  y  estimación  que  merece;  cuando  se 
lee  esa  historia — repetimos — se  adquiere  una  convicción  muy 


234 

lógica,  y  es  la  de  que  los  judíos  en  Iberia  manifestaron  ser 
un  pueblo  excepcionalmente  activo  y  capaz,  siempre  dotado  de 
sentimientos  firmes  y  enérgicos,  y  que  desplegaron  aquí  sus 
aptitudes  privilegiadas,  con  aquellas  orientaciones  humanas 
que  las  circunstancias  les  aconsejaban,  ó  les  imponían,  para  bien 
suyo.  Raza  exótica  y  con  frecuencia  escarnecida  y  vejada,  reac- 
cionó haciendo  daño  contra  sus  verdugos  y  tiranos  cuando 
pudo.  Atendida  y  honrada  otras  veces,  dio  'sus  bienes  y  su  vida 
en  noble  correspondencia,  cuando  el  sacrificio  fué  necesario. 
Arco  y  cuerda  de  fuerte  elasticidad,  proporcionó  las  enei^ías 
de  la  restitución  al  grado  y  clase  de  violencia  con  que  se  le 
forzaba.  Se  comprende  que  en  un  país  católico,  que  basaba  la 
unidad  nacional  en  la  uniformidad  religiosa,  y  que  hacía  de  este 
sentimiento  director  de  la  conciencia  individual  el  alma  del 
Estado,  los  judíos  tenían  que  ser  un  factor  social  perseguido  y 
peligroso,  á  pesar  de  aquel  juicio  de  Alejandro  II:  de  que  cons- 
tituían en  todas  partes  gente  dispuesta  á  la  servidumbre;  por- 
que seguramente  que  esta  su  dócil  condición,  no  se  puede  ad- 
mitir sino  en  tanto  vivan  en  la  ignorancia,  en  el  desaliento  y 
en  la  abyección,  como  agua  y  carbón  que  permanecen  inertes 
y  sin  empleo  alguno.  Pero  cuando  aquellas  aptitudes  se  edu- 
can, se  aplican  y  se  orientan,  entonces  surgen  activos  opera- 
rios de  la  obra  humana,  y  por  eso  avanzan,  y  desenvuelven, 
con  significada  personalidad,  aquel  orden  de  energías  donde 
ellos  aciertan  á  poner  en  actividad,  la  vida  acumulada  en  el 
carbón  y  el  agua  de  sus  innatas  energías. 

Por  eso  dice  con  mucha  verdad  Amador  de  los  Ríos,  que 
aquellos  hijos  de  Isaac,  que  unas  veces  se  hallaban  bajo  el  yugo 
del  Islam  y  otras  al  servicio  de  las  monarquías  cristianas,  siem- 
pre con  la  pelea  en  puerta,  y  no  pocas  veces  aparejada  la  sen- 
tencia de  muerte,  probaron  su  inteligencia  privilegiada  ilumi- 
nando los  horizontes  de  la  civilización  arábiga  entre  los  árabes, 
y  los  de  la  española  entre  los  cristianos. 


¿Cuándo  vinieron  á  España  las  primeras  colonias  hebreas? 
¡Quién  lo  puede  averiguar!  Es  de  creer  que  apenas  los  pueblos 
de  Asia,  donde  florecían  imperios  adelantados,  tuvieron  cono- 


235 

cimiento  de  la  Península  Ibérica,  comenzarían  las  expediciones 
israelitas  en  busca  de  las  riquezas  prodigiosas  con  que  les  brin- 
daba el  suelo  de  Tarsis,  afamado  ya  por  sus  minerales.  Supó- 
nese  que  las  naves  de  Hiran,  aliado  y  amigo  de  Da^'id,  visita- 
ban con  frecuencia  las  costas  españolas,  regresando  á  Tiro  car- 
gadas de  inestimables  tesoros,  y  que  aportaron  recursos  los  he- 
breos españoles  al  Templo,  en.\'ida  de  Salomón,  á  quien  paga- 
ban tributo. 

Lo  cierto  es  que  en  tiempos  de  la  República  Romana  los 
judíos  habían  difundido  ya  su  lengua,  religión  y  comercio  por 
todos  los  pueblos  conocidos;  y  entre  éstos  se  hallaba  nuestra 
península.  Y  es  asimismo  un  hecho  que,  después,  comenzaron 
á  sentir  aquí  los  efectos  de  la  persecución  que  contra  el  judais- 
mo reahzaba  su  hija  directa  la  Iglesia  cristiana,  pues  ya  en  el 
Concilio  Iliberitauo,  celebrado  en  los  primeros  días  del  siglo  iv, 
cuando  la  Iglesia  distaba  mucho  todavía  de  alcanzar  la  paz  de 
Constantino,  los  representantes  alh  reunidos  de  las  provincias 
Bética,  Lusitania  y  Tarraconense,  fijaron  sus  severos  y  airados 
juicios  en  la  raza  hebrea,  temerosos  de  que  los  fieles  cristianos 
macularan  el  dogma  con  las  impurezas  de  la  Sinagoga.  El  ca- 
non XVI  del  expresado  ^Concilio  equiparaba  á  los  judíos  con 
los  herejes,  consideraba  su  bendición  mala  para  las  mieses  y 
los  frutos,  hacía  responsable  á  lus  judíos  españoles  del  drama 
del  Calvario,  y  prohibía  todo  consorcio  entre  la  mujer  cristia- 
na y  el  israehta.  Desde  entonces  la  grey  hebrea  comenzó  á  sen- 
tir las  consecuencias  de  una  desconsideración  y  rebajamiento 
social  y  jurídico,  cuyas  manifestaciones  habían  de  ser  más  ó 
menos  intensas  y  crueles  en  lo  futuro,  según  el  espíritu  de  las 
dignidades  eclesiásticas,  el  carácter  de  los  reyes,  las  agitaciones 
de  las  multitudes,  la  influencia  mayor  ó  menor  de  los  hebreos 
en  los  negocios  públicos,  las  envidias  que  despertasen  sus  for- 
tunas, los  abusos  y  delitos  que  cometieran,  la  clase  de  auxihos 
que  prestaran  á  los  príncipes  y  caÜfas  empeñados  en  guerras, 
y  otros  muchos  motivos  semejantes  de  atención  pública. 

Maltratados  y  perseguidos  en  tiempo  de  los  visigodos,  al 
extremo  de  que  Sisebuto,  por  consejo  del  emperador  bizantino 
HeracÜo,  los  expulsaba  perpetuamente  de  su  reino,  se  com- 
prende que  las  iras  y  los  dolores  concentrados  por  humillacio- 


236 


nes  y  despojos  crueles,  padecidos  durante  largos  años,  los  pre- 
parasen á  servir  con  gusto  la  causa  de  los  árabes  cuando  las 
hordas  africanas  salvaron  el  Estrecho  y  acabaron  con  la  dege- 
nerada dinastía  visigoda.  Por  eso 
ayudaron  entonces  al  invasor,  y 
hubieron  Tariq,  Muza  y  sus  lugar- 
tenientes, de  poner  en  sus  manos 
la  guarda  de  ciudades  y  fortalezas, 
que  iban  arrancando  sucesivamen- 
te al  poder  visigodo,  y  en  las  cua- 
les no  podían  dejar  fuerzas  que 
necesitaban  para  seguir  apoderán- 
dose de  la  Península  con  aquellas 
complejas  huestes  que,  según  Ama- 
dor, invadieron  Iberia,  en  las  cua- 
les, hermanados  con  los  árabes, 
venían  abigarradas  muchedum- 
bres que  moraban  de  antiguo  en 
las  regiones  del  África;  es  decir: 
los  idólatras  berberiscos  de  las  ver- 
tientes del  Atlas;  los  gentiles  que, 
residentes  allí,  habían  sobrevivido  á  las  convulsiones  y  ruinas 
del  mundo  antiguo;  los  residuos  de  los  vándalos,  arrojados  por 
Ataúlfo  á  las  costas  mauritanas;  los  cristianos  orientales,  últi- 
mos vestigios  del  decaído  imperio  bizantino,  y  con  ellos  los 
descendientes  de  Judah;  así  los  oriundos  de  las  familias  asen- 
tadas, desde  antiguos  tiempos,  en  las  comarcas  occidentales  del 
África,  como  los  más  modernos  arrojados  por  los  emperadores 
Tito  y  Adriano. 

Según  era  de  rigor  que  sucediese,  la  raza  hebrea  lisonjeó  al 
principio  la  omnipotencia  musulmana,  y  se  la  vio  por  ello  iden- 
tificada con  las  autoridades  y  soberanos  dominantes,  poniendo 
sus  facultades  al  servicio  y  esplendor  de  las  respectivas  sobe- 
ranías y  civilizaciones.  Es  siempre  una  fuerza  que  se  destaca 
al  punto,  y  coopera  brillantemente  al  esplendor  de  la  vida  que 
le  rodea. 

En  Córdoba,  á  fuer  de  comerciantes,  industriales  y  cultiva- 
dores de  las  letras  arábigas  y  de  las  ciencias,  contribuyeron 


FlG.  33. —  D.  José  Amador  ile  los 

Ríos,  ilustre  escritor   orientalista 

y  autor  de  la  notable  obra  Historia 

lie  ¿os  JudíoH  en  EupciTia. 


mucho  al  lustre  y  engrandecimiento  del  imperio  de  los  Benú- 
Omeyya,  y  más  singularmente  de  la  ciudad  de  Córdoba.  Lo- 
graron entonces  una  prosperidad  nunca  soñada  por  sus  ante- 
cesores en  las  regiones  de  Occidente,  pues  extinguidas  las  aca- 
demias orientales  de  Pombeditáh  y  de  Mehasiáh,  vino  á  Es- 
paña la  luz  hebraica  que  allí  se  apagó,  y  sobresalieron  en  el 
cultivo  del  árabe,  penetraron  en  la  delicadeza  de  sus  rasgos 
gramaticales,  adquirieron  perfecta  intehgencia  de  las  diferen- 
tes especies  de  poesía,  fueron  grandes  matemáticos  y  tomaron 
en  su  mano  el  cetro  de  la  Medicina  y  el  gobierno  de  la  Hacien- 
da. Califas  como  los  Abder-Rahman  II  y  III,  los  distinguieron 
mucho,  elevando  en  su  gobierno  á  ñguras  esclarecidas  y  con 
grandes  dotes  de  estadistas,  como  Rabbi  Mosséh-Aben-Ha- 
noch,  y  Jacob-Aben-Gan,  el  cual  cautivó  con  sus  talentos  la  vo- 
luntad de  Al-Manzor,  como  Joseph  Aben-Hasdaí,  conquistó  la 
de  Abder-Rahman  III,  y  Samuel  Levy  Aben  Nagrela,  la  de 
Aben-Habbús,  á  cuya  más  alta  privanza  Uegó,  gobernando 
con  mucho  acierto  el  reino  de  Granada. 

Otro  tanto  hicieron  de  su  parte  los  asentados  en  las  nacien- 
tes monarquías  cristianas,  cuando  al  frente  de  éstas  hubo  sobe- 
ranos tolerantes  y  de  alto  sentido  político,  como  lo  fueron  los 
Alfonsos  VI  y  VII.  Fernando  III  y  Jaime  I;  el  segundo  de  los 
cuales  monarcas  acogió  generosamente  á  los  expulsados  de  los 
dominios  musulmanes,  primero  por  Yusuf,  y  después  por  Abd- 
elMumen;  tuvo  en  su  corte  de  Toledo  sabidores  hebreos  y  col- 
mó de  honras  y  distinciones  á  algunos,  como  Abeu-Joseph-Aben- 
Hezra.  á  quien  dio  el  título  de  Príncipe  y  le  hizo  intervenir 
en  su  imperial  Consejo. 

No  fueron  ingratos  los  hebreos  con  quienes  procuraban 
sacarles  de  la  abyección  y  los  consideraban.  Mucho  los  ayuda- 
ron en  sus  grandes  empresas  y  les  fueron  leales  hasta  el  sacrifi- 
cio. Merece  ser  recordado  algo  que  esto  acredita: 

Designado  Aben-Kalif  por  el  Emperador  Alfonso  VI,  para 
que  recibiese  del  Amir  de  Sevilla  Al-Motamid,  las  parias  con 
que  poder  proseguir  el  sitio  de  Toledo,  notó  que  era  de  baja 
ley  la  moneda  en  que  se  pagaban  y  negóse  á  recibirla,  excla- 
mando: «¿Tan  necio  me  juzgas  que  tome  moneda  falsa? Yo 

no  recibo  sino  oro  puro,  y  el  año  que  viene  sólo  tomaré  ciuda- 


238 

des.»  Irritado  Al-Motamid  por  aquellas  frases,  mandó  poner  en 
una  cruz  al  judío  y  prender  á  los  caballeros  cristianos  que,  con 
él,  componían  la  embajada.  Levantado  el  sitio  de  Toledo  pudo 
Alfonso  tomar  venganza,  llevando  el  espanto,  la  esclavitud  y  la 
muerte,  hasta  las  puertas  ^e  Sevilla,  Medina  Sidonia  y  Tarifa. 
Pero  la  prueba  mayor  de  adhesión  al  Emperador  hijo  de 
Fernando  I  fué  dada  cuando,  tomado  ya  Toledo  en  1085,  se 
aterraron  tanto  los  reyes  de  Taifa,  que  solicitaron  el  auxilio  de 
Jusuf-ben-Texufin,  príncipe  que  se  había  levantado  con  el 
Imperio  de  Marruecos,  y  unidos  los  ejércitos  de  ambos  con  los 
de  Abdil  láh,  de  Granada;  Al-Mótamid,  de  Sevilla,  y  Al-Mota- 
guakkil,  de  Badajoz,  se  aprestaron  á  dar  la  batalla  al  rey 
cristiano,  en  campos  de  esta  última  región.  Voló  Alfonso  en  su 
busca,  llevando  en  sus  haces  40.000  hebreos,  que  se  diferen- 
ciaban de  los  demás  combatientes  por  su  vestimenta  y  sus 
turbantes  negros  y  amarillos.  Fué  la  batalla  desastrosa  para 
Castilla,  y  dando  en  ella  los  judíos  pruebas  de  valor,  vendieron 
caras  la  victoria  y  la  vida  que  les  tomaron.  Los  campos  de 
Sacralías  (Zalaca)  quedaron  cubiertos  de  turbantes  amarillos 
y  negros;  testimonio  heroico  del  amor  que  había  inspirado 
Alfonso  VI  á  la  grey  israelita,  y  del  ardor  con  que  ésta  derra- 
mó su  sangre  por  el  triunfo  del  Imperio  cristiano. 


Se  comprenderá  que  no  pasemos  á  mayores  entretenimien- 
tos de  citas  y  motivos  de  historia  en  libro  como  el  nuestro,  más 
comprometido  á  procurar  lo  futuro  que  á  referir  lo  pasado. 
Con  lo  dicho  basta  para  adquirir  siquiera  sea  no  más  que 
un  eshozo  de  idea,  sobre  el  pro  y  el  contra  de  la  vida  judía  en 
España.  En  los  primeros  tiempos  de  la  Reconquista  la  lucha 
fué  de  exterminio  y  de  grande  intolerancia  por  todas  partes; 
después,  porque  el  pechero  cristiano  cultivaba  las  tierras  y  el 
hidalgo  solamente  sabía  esgrimir  la  espada,  ó  blandir  la  lanza, 
hubo  ocasión  sobrada  para  que  los  hebreos  acudiesen  á  ñorecer 
la  vida  intelectual  bajo  todos  sus  aspectos;  á  tal  grado  que,  como 
dice  Amador  de  los  Ríos,  será  difícil  abrir  la  historia  de  la 
Península  Ibérica,  por  su  aspecto  civil,  político,  religioso,  cien- 
tífico y  literario,  sin  tropezar  en  cada  página  con  algún  hecho,. 


239 

ó  nombre  memorable,  relativo  á  la  nación  judía.  Por  eso  ellos, 
después  de  la  destrucción  de  Jerusalem,  pasado  el  enojo  de  los 
visigodos,  y  aplacado  el  encarnizamiento  de  la  primera  etapa 
de  la  Reconquista,  hallaron  en  España  una  prosperidad  como 
no  la  tuvieron  en  pueblo  alguno;  gozaron  de  privilegios  y  con- 
siguieron una  organización  social  y  religiosa  completa  é  inde- 
pendiente, y  fuéles  en  muchas  ocasiones  dable  pensar,  que  Dios 
había  calmado  por  fin  su  enojo  y  sus  castigos  contra  el  pueblo 
predilecto.  Tenían  leyes  propias;  eran  juzgados  por  alcaldes  de 
su  raza;  no  se  les  podía  sentenciar  sin  que  formara  parte  del 
tribunal  superior  cierto  número  de  jueces  hebreos,  para  garan- 
tizar que  el  fallo  definitivo  no  sería  contrario,  ni  disconforme 
con  las  leyes  talmúdicas,  que  formaban  el  derecho  civil  y 
criminal  de  los  judíos.  Eran  muy  útiles  al  Estado,  no  sólo  por- 
que administraban  bien  sus  arbitrios  y  contribuciones,  sino 
porque  acudían  á  sostenerle  con  tales  impuestos  y  subsidios, 
que  no  resultaba  fácil  sustituir  con  otras  las  crecidas  rentas  que 
ellos  proporcionaban  á  los  reyes  y  proceres,  á  los  prelados  y  ca- 
bildos. 

Pero  esto  mismo  llevaba  consigo  gérmenes  de  destrucción 
y  de  enemistad  implacable.  Las  diferencias  religiosas  subsistían 
siempre.  Quien  dirige,  cobra  y  gobierna,  tiene  fatalmente,  por 
bueno  y  genial  que  sea,  el  disgusto,  la  envidia  y  el  odio  aper- 
cibidos contra  su  obra,  sus  exacciones  y  energías.  Leyes  hechas 
en  Cortes,  cánones  de  los  Concilios,  Códigos  y  pragmáticas 
reales,  se  formulaban  de  cuándo  en  cuándo  contra  su  vida  so- 
cial. Malevolencias,  odios  y  supersticiones  populares  caían  sobre 
ellos,  imputándoles  todo  lo  malo.  Por  ejemplo:  ellos  profanaban 
las  formas  consagradas,  las  imágenes  de  Dios  y  de  la  Virgen, 
amasaban  las  hostias  y  mezclaban  el  vino  con  venenos;  sacrifi- 
caban los  niños,  poniéndolos  en  cruz  y  bebiendo  su  sangre;  co- 
metían irreverencias  los  días  de  Semana  Santa;  en  sus  prácticas 
profesionales  de  medicina  y  farmacia  mataban  los  enfermos,  en- 
venenando los  instrumentos  y  las  heridas;  usuraban  sin  piedad, 
condenando  los  cristianos  á  la  miseria;  atormentaban  á  los 
obreros  que  no  eran  de  su  religión;  los  conversos  profanaban 
los  sacramentos  cuando  oficiaban  de  sacerdotes;  se  habían  apo- 
derado de  los  altos  cargos  civiles  y  de  las  dignidades  eclesiás- 


240 

ticas;  en  sus  manos  estaban  las  Universidades  y  los  Colegios 
mayores;  hasta  se  habían  apoderado  de  los  más  ilustres  apelli- 
dos del  reino  para  deshonrarlos;  eran,  en  fin,  los  malditos  de 
siempre,  y  sobre  las  doce  tribus  habían  caído  terribles  maldi- 
ciones que  debían  perseguirlos  hasta  la  consumación  de  los  si- 
glos, pues  ya  al  nacer  traían  manchada  de  sangre  la  cabeza  y 
pegada  á  ella  la  mano  derecha  en  señal  del  deicidio  cometido; 
y  todas  las  mezclas  y  ayuntamientos  no  podían  curarles  de 
este  imborrable  estigma,  aunque  se  sucedieran  muchas  genera- 
ciones. Como  escribía  el  franciscano  Fray  Francisco  de  Torre- 
joncillo,  en  1(373,  no  dejaban  de  ser  enemigos  de  Cristo  y  de  su 
ley  divina  con  sólo  que  hubiese  entre  los  ascendientes  un  judío; 
bastaba  con  que  lo  fuese  la  madre,  no  entera,  ni  aun  la  mitad; 
bastaba  un  cuarto,  un  octavo,  y  la  Inquisición  santa  llegó  á 
descubrir  que  bastal)an  hasta  21  grados  distantes  para  judaizar 
y  merecer  la  muerte. 

No  hay  por  qué  decir,  con  esto,  que  los  judíos  eran  tenidos 
por  ingratos,  díscolos,  vanagloriosos,  pórfidos,  hipócritas,  con- 
tumaces y  traidores;  cuyas  cualidades  se  habían  extremado  con 
la  protección  que  les  dispensaban  los  reyes,  príncipes  y  mag- 
nates. 

De  tal  modo,  cargando  á  su  cuenta  todos  los  defectos  huma- 
nos— los  mismos  que  después  siguieron  imputándose  los  espa- 
ñoles unos  á  otros,  cuando  desaparecieron  los  israelitas  de  nues- 
tro escenario  nacional;  y  los  mismos,  en  fin,  con  los  cuales  hoy 
se  motejan  cuantos  luchan  en  religión,  en  política,  en  sociolo- 
gía, en  artes  bellas  y  aun  en  ciencia,  en  esa  purísima  y  desin- 
teresada ciencia,  que  no  concibe  más  culto  que  el  bien  y  la 
verdad,  y  contra  la  cual  se  oyen  á  lo  mejor  voces  de  fanáticos, 
ó  se  lee  la  execración  de  cualquier  Catecismo  redactado  por 
algún  sectario; — de  este  modo,  sí,  hubo  de  irse  necesariamente 
al  edicto  de  1492,  asunto  ya  tratado  en  el  capítulo  anterior. 


¡Tristezas  y  alegrías  de  la  existencia,  terrores  y  esperanzas, 
dolores  y  placeres,  miserias  y  grandezas,  tinieblas  y  resplando- 
res! He  aquí  lo  que  registra  la  historia  de  la  existencia  hebrai- 
ca en  España.  Cuentan  narradores  cristianos  imparciales,  que 


241 

las  dos  centurias  XII  y  XIII,  que  fueron  las  más  gloriosas  y 
fecundas  en  la  epopeya  de  la  Reconquista,  fueron  también 
aquellas  en  las  cuales  los  hijos  de  Judáh  tuvieron  en  sus  manos 
las  riquezas  de  toda  España;  y  se  comprende  por  ello,  que 
cuando  los  judíos  oyen  las  tradiciones  de  sus  abuelos  y  leen 
los  relatos  de  sus  historias,  el  recuerdo  de  España  evoque  en 
su  alma  encontradas  y  fuertes  emociones,  como  las  evoca  el 
recuerdo  de  Palestina,  porque  después  de  perder  la  Tierra 
Prometida,  ya  durante  muchos  siglos,  muchos,  no  volvieron  á 
reposar  tranquilamente,  ni  á  brillar  con  fuerza  sus  organizacio- 
nes colectivas,  sino  en  este  hermoso  suelo  de  Iberia.  Y  como  la 
vida,  aquí  y  en  todas  partes,  hoy  lo  mismo  que  ayer,  no  es  sino 
luchar  y  sufrir,  una  peregrinación  á  través  de  cañadas  y  desfi- 
laderos agrios  y  difíciles,  con  reposos  fugaces  en  frescos  y  lin- 
dos oasis,  aquí  hallaron  eso  los  israelitas,  y  aquí  gozaron  y  su- 
frieron durante  un  tiempo  imposible  de  calcular. 

Cuando  se  leen  las  trágicas  descripciones  de  Flavio  Josefo, 
sucede  al  lector  que,  caminando  por  el  libro  III  adelante,  des- 
pués de  impresionarse  mucho  con  las  dramáticas  descripciones 
donde  se  pinta  cómo  Vespasiano  y  Tito  pasaron  á  cuchillo  los  des- 
venturados habitantes  de  muchas  ciudades  y  villas,  y  las  arrasa- 
ron hasta  en  sus  cimientos,  llega  adonde  habla  del  triste  destino 
á  que  fué  sometida  Tarichea,  como  lo  habían  sido  antes  Jotapa- 
ta,  Jope,  Tiberiades  y  lo  fueran  más  tarde  otras.  Aquí  Josefo 
hace  un  alto  en  la  descripción  de  matanzas,  y  se  solaza  pintando 
á  grandes  rasgos  la  laguna  de  Genasar  y  la  fertilidad  de  su  valle, 
con  términos  que  dejan  en  el  ánimo  sobrecogido  del  lector  un 
idíHco  bienestar,  que  recuerda  el  inefable  descanso  que  goza 
destrozado  viajero,  cuando  se  tiende  á  la  sombra  de  un  árbol, 
refrescada  por  delicioso  manantial. 

La  tierra,  larga  no  más  de  treinta  estadios  (1)  por  veinte  de 
ancha,  gozaba  de  un  clima  templado  y  excepcional  que  servía 
á  todo  cultivo,  por  lo  cual  los  labradores  la  tenían  llena  de 
árboles  y  plantas  de  muy  distinta  naturaleza.  Allí  los  nogales, 
árbol  que  desea  mucho  el  frío,  abundaban  y  florecían  junto  á 
las  palmas,  que  requieren  calor;  allí  las  higueras  y  los  olivos, 


(l)      Cada  estadio  vecia  á  serla  octava  izarte  de  una  milla;  125  pasos  geométricos. 

16 


242 

que  piden  mayor  blandura;  las  manzanas,  que  se  producen  y 
conservan  como  si  fueran  siempre  de  su  propio  tiempo;  las 
pasas,  que  se  sazonaban  y  endulzaban  con  la  serenidad  del 
viento,  que  era  muy  manso,  etc.  Y  esta  tierra  fértilísima  y  pa- 
radisíaca se  regaba  con  una  fuente  muy  abundante,  que 
llamaban  los  naturales  Capernao,  y  suponían  ser  alguna  vena 
filtrada  del  Nilo,  porque  en  sus  aguas  se  criaba  pescado  seme- 
jante al  de  Alejandría. 

Pronto  se  salva  este  pasaje;  y  después,  cuando  se  ha  leído 
la  obra  toda,  entre  las  impresiones  de  apocalípticas  crueldades  y 
matanzas,  y  de  los  grandiosos  temas  descriptivos,  como  el  Tem- 
plo de  Jerusalem,  por  ejemplo,  resurge,  siempre  dulce,  risueña 
y  fragante,  aquella  plácida  visión  del  valle  y  laguna  de  Genasar, 
nacida  al  relatar  el  cerco  y  la  destruccióji  de  Tarichea. 

Pues  bien:  sinceramente  creemos  que  así  debe  resurgir 
España  en  la  mente  de  todo  sefardí,  fiel  conocedor  de  su  pasado; 
porque  es  bella  y  seductora  entre  las  que  más  lo  sean,  y  por- 
que fué  verdadera  tierra  de  promisión,  cuyos  encantos  arroba- 
ron su  alma,  y  guarda  hoy  riquezas  por  desentrañar,  que 
debieran  invenir  mejor  sus  legisladores  y  enardecer  más  á  sus 
hijos  todos. 

Suspiran  los  hebreos  por  aquellos  fértiles  valles  centrales 
de  Palestina,  donde  ondulaban  las  mieses;  por  aquellas  lomas 
del  Carmelo  y  del  Eshcol,  donde  verdecían  los  pámpanos;  por 
aquellas  llanuras  de  Sharon,  donde  aromaban  el  ambiente  las 
hierbas  balsámicas;  por  aquellos  pastos  de  Bashan,  donde 
fecundaban  los  ganados;  por  aquellas  cordilleras  del  Líbano, 

donde  embosquecían  los  cedros y  deben  asimismo  suspirar 

los  sefardíes  todos  hoy,  por  estos  campos  de  Castilla,  donde  se 
tuestan  las  ricas  mieses;  por  estas  ondulaciones  suaves  del 
Priorato,  la  Mancha  y  Andalucía,  donde  endulzan  los  pesados 
racimos,  destilan  los  ricos  mostos,  y  sazonan  los  copiosos  oliva- 
res; por  estas  vegas  del  Júcar  y  Segura,  donde  balancean  las  pal- 
meras cargadas  de  dátiles  sabrosos,  y  enrojecen  las  naranjas  y 
granadas;  por  estas  cordilleras  de  Asturias  y  Cataluña,  de  San- 
tander y  Vasconia,  donde  sombrean  los  bosques  de  castaños  y 
nogales,  de  pinos  y  robles;  por  estos  prados  de  Soria  y  Galicia, 
donde  engordan  y  lustran  los  ganados  de  exquisitas  carnes;  en 


243 

fin,  por  esta  tierra  toda,  llena  asimismo  de  su  espíritu  y  de  sus 
recuerdos,  á  pesar  de  los  cuatro  siglos  transcurridos,  y  necesi- 
tada como  nunca  de  sus  energías  y  su  actividad 

Por  eso,  procediendo  con  justicia,  si  pueden  citar  á  España 
llamándola  el  país  de  Torquemada,  deben  llamarla  también 
el  país  de  los  Alfonsos,  es  decir:  la  tierra  de  leche  y  mieles;  la 
segunda  Palestina,  donde  los  hebreos  lucieron  las  mayores 
grandezas,  y  gozaron  las  sumas  libertades. 


CAPÍTULO  XII 


Reivindicación  social  del  tipo  hebreo.  —  La  hebrea  en  la  historia. — El  cantar  de 
los  cantares  de  Salomón. — La  israelita  en  Jerusaiem  y  Tánger. — Elevación  in- 
telectual y  moral  de  la  israelita. — Notas  epistolares  de  Micca  Gross, — Injusti- 
cias seculares  contra  la  moral  hebrea. — La  familia  hebrea. — El  acto  de  la 
bendición  el  día  de  año  nuevo  judío. — Un  hogar  venerable. 


Si  desde  el  aspecto  histórico  del  pueblo  hebreo  pasamos  al 
aspecto  social,  no  es  menor  la  necesidad  que  sentimos  de  re- 
constituir y  dignificar  el  tipo  del  judío,  oponiendo  á  tanta  ca- 
lumnia y  falsedad  con  que  se  ha  envilecido  su  figura,  otros  in- 
formes y  juicios  más  justos  y  corteses,  que  sirvan  á  corregir 
algo  nuestro  secular  error. 

Consejos  de  bondad  y  de  amor  dio  Jesús  en  su  Sermón  de 
la  montaña,  hasta  para  tratar  con  los  enemigos,  y  la  verdad  es 
que  en  este  sano  sentimiento  se  debieron  inspirar  muchas  plu- 
mas al  exponer  motivo  tan  importante.  Cuando  recordamos  las 
injurias  y  exageraciones  con  que  ha  presentado  á  los  hebreos 
larga  serie  de  escritores  nacionales  y  extranjeros,  desde  el  bon- 
dadoso Amicis,  abajo,  los  cuales  han  agotado  las  frases  despec- 
tivas y  humillantes  del  diccionario,  para  exponer  defectos  pu- 
ramente humanos,  no  queriendo  tomarse  el  trabajo  de  hacer 
otra  cosa  que  recoger  toda  la  basura  posible,  de  la  execrable  sen- 
tina donde  fermentan  los  prejuicios,  supersticiones  y  egoísmos 
de  la  historia,  sentimos  que  esta  es  una  de  tantas  grandes  in- 
justicias que  debe  combatir  el  espíritu  hidalgo  y  recto  de  la 
democracia  y  la  civilización  modernas. 


246 

No  ya  en  aquella  grotesca  Historia  verdadera  de  los  judíos, 
que  citábamos  en  nuestro  primer  capítulo,  sino  en  un  libro  ti- 
tulado Marruecos,  que  pretende  servir  á  las  aspiraciones  nacio- 
nales de  España,  y  que  lo  hace  con  tan  exquisito  sentido  polí- 
tico, que  escarnece  y  vilipendia  á  la  única  raza  que  encarna  en 
el  imperio  de  Marruecos  la  inteligencia,  nuestra  lengua  y  el 
amor  á  nuestra  patria,  allí  leemos  también  párrafos  tras  párra- 
fos, donde  aparecen  acumulados  todos  los  groseros  y  adocena- 
dos menosprecios  de  Bonelli,  Conring,  Murga,  y  otros  autores, 
reforzados  con  los  de  propia  cosecha  del  autor,  donde  se  niega 
y  se  desconoce  todo  lo  que  puede  ser  bueno,  en  una  raza  que, 
muchas  veces,  ofrece  abrumadoras  demostraciones  de  su  excel- 
situd entre  las  otras  razas,  cuando  se  cotejan  todas  en  igual- 
dad de  condiciones. 

«Son  malditos  y  miserables — dice; — su  sordidez  y  avaricia 
los  hace  despreciables,  y  no  darían  las  pilas  de  oro  que  tienen 
escondidas  en  las  paredes  de  sus  casas  sucias,  por  adquirir  la 
dignidad  de  hombres  y  la  libertad  de  ciudadanos.  Poseen  mara- 
villosas facultades  para  acomodarse  á  todo  género  de  humillacio- 
nes. Tienen  las  pasiones  más  bajas  de  la  humanidad.  Su  mira- 
da es  inquieta  y  atravesada.  Su  fisonomía  es  innoble  y  brutal, 
disgusta  y  repele  porque  por  ella  se  deja  traslucir  su  fealdad 
moral.  Del  hombre  do  tienen  más  que  los  instintos  inferiores  y 
los  apetitos  animales,  y  su  probidad  está  por  las  alcantarillas. 
Todas  las  judías  tienen  muy  mala  fama,  y  es  merecida,  porque 
el  ramo  de  azahar  está  muy  poco  justificado  entre  ellas.  Hay 
que  negarles  toda  ciudadanía,  porque  con  ella  se  les  da  más 
medios  de  explotar  á  sus  vecinos,  etc.,  etc.» 

¡Y  todas  estas  calumnias  y  brutalidades  se  han  publicado! 
Muchas  veces  hasta  pretendiendo  servir  la  causa  de  Aquel  que 
dejó  dicho  por  boca  de  San  Mateo:  «Si  vuestra  justicia  no  fue- 
re mayor  que  la  de  los  escribas  y  fariseos,  no  entrareis  en  el 
reino  de  los  cielos. — Con  el  juicio  con  que  juzgáis  seréis  juzga- 
dos, y  con  la  medida  con  que  medís  os  volverán  á  medir. — 
¿Y  por  qué  miras  la  mota  que  está  en  el  ojo  de  tu  hermano,  y 
no  echas  de  ver  la  viga  que  está  en  tu  ojo?»  Y  del  que  formu- 
ló, á  este  tenor,  otros  muchos  consejos  y  Uneas  de  conducta,  so- 
lamente destinados  á  ensalzar  la  bondad  de  corazón;  porque 


1 


247 

como  asimismo  advirtió  por  boca  de  San  Lucas:  «El  buen  hom- 
bre, del  buen  tesoro  de  su  corazón  saca  bien;  y  el  mal  hombre, 
del  mal  tesoro  de  su  corazón  saca  mal;  porque  de  la  abundan- 
cia del  corazón  habla  su  boca». 

Vamos,  pues,  á  derramar  algunas  gotas  de  oloroso  bálsamo 
sobre  estas  lacerías,  y  unas  pocas  flores  sobre  esta  basura  de 
menguados  historiadores  y  cronistas,  seguro  de  que  con  ello 
nos  acercaremos  más  á  esa  bondad  y  justicia  que  recomendó 
Jesús  para  juzgar  al  prójimo. 


Y  lo  primero  que  se  pregunta  el  espíritu  menos  hidalgo  y 
caballeresco  es  lo  siguiente: 

¿Qué  daño  habrán  hecho  á  estos  maldicientes  las  hebreas? 

¿Por  qué  envolver  en  tan  general  infamia  á  esa  criatura, 
que  tiene  derecho  á  encontrar  en  el  alma  de  todo  cristiano  la 
simpatía  y  la  defensa,  por  ser  ella  quien,  con  las  figuras 
de  su  historia,  modeló  los  primeros  esbozos  de  nuestro  cul- 
to á  la  mujer,  durante  los  tiernos  años  de  la  infancia?  ¿Por 
qué  negarle  hasta  uno  de  los  más  hermosos  rasgos  c{ue  le  han 
distinguido,  siempre  que  pudo  mostrarlos:  el  de  su  delicade- 
za femenina  y  su  santidad  en  el  hogar?  Y  cuando  se  advierte 
que  en  muy  refinadas  aristocracias  de  nuestras  modernas  gran- 
des metrópolis,  allí  donde  reinan  el  confort  y  la  opulencia,  se 
hace  del  impudor,  el  adulterio  y  la  infidelidad,  como  un  sjport 
histé)-ico,  que  nada  disculpa,  y  el  cual  todo  lo  atropella,  ¿por  qué 
trazar  la  característica  moral  de  ese  sufrido  ser,  generahzando  lo 
que  puedan  hacer  en  algunos  lugares  ciertas  desdichadas,  cuyo 
impudor  halla  su  más  legítima  defensa  en  la  miseria  que  las 
mata,  en  el  ejemplo  que  las  educa,  en  el  ambiente  social  que 
las  induce,  y  aun  en  las  presiones  imperiosas  de  la  tiranía  so- 
cial que  las  fuerzan? 

Ofrece  un  fenómeno  raro  el  tornadizo  concepto  que  forman 
los  cristianos  de  la  mujer  israelita.  En  las  inmortales  enseñan- 
zas de  la  galería  femenina  que  nos  presentan  las  Sagradas  Es- 
crituras, concebimos  por  ella  una  serie  ascendente  de  dignifi- 
cación y  virtudes  humanas,  que  remata  en  la  divina  y  conmo- 
vedora creación  de  María.  De  igual  suerte  que  en  el  inmortal  y 


248 


bucólico  epitalamio  el  Cardar  de  los  Cantares  aprendemos,  así 
las  frases  más  dulces,  como  los  sentimientos  más  idílicos  que 
pueden,  no  ^^a  ligar  los  corazones  de  uno  y  otro  sexo,  sino  has- 
ta sublimar  las  impurezas  de  la  posesión.  Pues,  sin  embargo  de 
esto,  á  partir  del  drama  del  Calvario,  aquel  ser  que  tan  delica- 
dísimas creaciones  sus- 
citara en  nuestra  alma, 
y  aquel  sentimiento 
que  tan  exquisito  se 
mostró,  parece  como  si 
cayeran  de  pronto  en  el 
más  nauseabundo  fan- 
go, pierden  todas  sus 
aptitudes  y  mereci- 
mientos, y  provocan 
solos  repugnantes  y 
aborrecibles  conceptos 
y  anatemas;  ¿puede  dar- 
se nada  que  esté  más 
en  contradicción  con  la 
lógica  y  la  justicia,  ni 
nada  más  reñido  con 
la  caridad  y  la  obser- 
vación? 

La  pureza  de  Sara, 
siempre  inmaculada  á 
través  de  muchos  peli- 
gros; la  blonda  belleza 
y  evangélica  hospitalidad  de  Rebeca;  las  virtudes  sencillas  de 
Raquel;  la  santidad  y  vivísimo  amor  filial  de  Ruth;  el  heroísmo 
fiero  de  Juditli;  las  piadosas  inspiraciones  de  Esther;  la  castidad 
de  Susana...,  todas  osas  virtudes  y  escogidos  sentimientos  con 
que  aparece  dotada  la  mayoría  de  las  mujeres  del  Antiguo  Tes- 
tamento, no  fueron  sino  una  especie  de  campo  y  ambiente  his- 
tórico, donde  había  de  ñorecer  en  su  día  la  más  ideal  y  arro- 
badora imagen  que  ha  concebido  por  siempre  el  pensamiento 
humano:  la  de  la  madre  de  Dios;  esa  divina  encarnación  que 
invocamos  siempre  con  los  simbolismos  más  galanos  y  precio- 


Fio.  34  — Victoria  Barisac,  distinguitla  señori- 
ta sefardí  de  Constantinoi^)la,  en  tr»je  turco. 


(Dolci. 


María   de    Nazareth . 

5*0/  de  Justicia.  —  l\/ladre  de  los  desgraciados. 
Refugio  de  los  perseguidos. 


250 

sos,  y  con  las  frases  más  tiernas,  y  á  la  cual  llamamos  madre  ad- 
mirable, estrella  de  la  mañana,  puerta  del  cielo,  espejo  de  jus- 
ticia, torre  de  marfil,  vaso  precioso  de  la  gracia,  casa  de  oro, 
reina  délas  vírgenes...  etc.,  etc.;  y  además  de  tan  místicas  ala- 
banzas, la  diputamos  refugio  y  medicina  de  nuestros  males 
y  terrores  todos,  abogada  de  nuestras  flaquezas,  dulzura  y  con- 
solación de  nuestras  amarguras  y  gemidos. 

Y  luego,  fijándonos  en  ese  otro  divino  cantar  de  Salomón, 
¿cuántos  inspirados  poetas  no  han  bebido  en  su  fuente  el  dulce 
jugo  de  sus  lindísimas  anacreónticas,  y  cuántos  no  han  tomado 
flores  en  tan  delicioso  huerto?  ¿Qué  Teócrito,  Virgilio,  ni 
Fray  Luis  de  León  cantaron  con  más  ternura  la  purísima  sen- 
sualidad de  castos  esposos,  por  la  cual  pudo  simbolizarse  en 
aquellos  eróticos  transportes  el  amor  de  Cristo  con  su  Iglesia, 
la  encarnación  del  Verbo  Eterno  y  de  su  divina  compañera? 
Idilio  es  ese  donde  goza  el  alma  del  creyente  íntimas  y  extra- 
ordinarias infusiones  de  la  gracia  sobrenatural,  elevaciones  del 
ánimo  y  raptos  de  inefable  consolación. 

Como  modelo  de  bien  hablar  y  primor  de  efusiones  amo- 
rosas, se  tendrá  siempre  cantar  que  abunda  en  decires  del  tenor 
siguiente: 

«óleo  derramado  es  tu  nombre;  por  eso  te  amaron  las  don- 
cellas.— Es  mi  amiga  entre  sus  hijas  como  lirio  entre  espigas. — 
Sostenedme  con  flores,  cercadme  de  manzanas,  porque  desfa- 
llezco de  amor. — ¡Qué  hermosa  eres,  bien  mío,  qué  hermosa 
eres!  Tus  ojos  son  de  paloma;  tus  cabellos  como  la  vestidura 
de  las  cabras  que  suben  del  monte  Galaad;  tus  labios  como  cin- 
ta de  grana;  dulce  es  tu  habla,  y  tus  mejillas  parecen  trozos  de 
granada. — Destilan  tus  labios  panal,  esposa  mía;  miel  y  leche 
hay  debajo  de  tu  lengua,  y  huelen  tus  vestidos  con  el  olor  del 
incienso. — Cuanto  de  ti  mana  es  como  verjel  de  granadas  y  fru- 
to de  manzanos,  nardo  y  azafrán,  caña  y  cinamomo,  mirra  y 
áloes,  con  todos  los  más  exquisitos  perfumes,  fuente  de  huer- 
tos y  pozos  de  aguas  vivas  que  corren  con  ímpetu  del  Líbano. — 
Ábreme,  hermana  mía,  porque  llena  está  de  rocío  mi  cabeza,  y 
mis  guedejas  de  las  gotas  nocturnas. — Mi  amado  es  blanco  y 
rubio,  escogido  entre  millares;  su  cabeza  oro  muy  bueno;  sus 
cabellos  como  renuevo  de  palmas,  negros  como  el  cuervo  sus 


251 


ojos,  como  los  de  paloma  lavada  con  leche  y  posada  junto  á 
corrientes  muy  copiosas;  sus  mejillas  como  plantel  de  aromas;- 
sus  labios  lirios  que  destilan  la  mirra  más  pura;  sus  manos  de 
oro  torneadas,  llenas  de  jacintos. — Ven,  amado  mío,  salgamos 
al  campo,  levantémonos  de  mañana  y  veamos  si  floreció  la  viña, 
si  producen  fruto  las  flores,  si  están  en  ciernes  los  granados. — 
Ya  las  mandragoras  die- 
ron su  olor,  ya  en  nues- 
tras puertas  están  todas 
las  manzanas.  Todas  las 
he  guardado  para  ti,  las 

nuevas  y  las  viejas » 

Dícese  que  así  cantó  el 
rey  Salomón  sus  desposo- 
rios con  la  hija  del  rey  de 
Egipto.  Lo  que  no  admite 
duda  es  que  los  siete  can- 
tos que  forman  el  poema, 
atestiguan  la  gentileza  ca- 
balleresca de  una  raza  y 
de  una  civilización.  Por- 
que, ¿hay  algo  en  los  otros 
pueblos  que  supere  á  su 
regalada  música,  ni  á  su  pastoril  encanto? 

Y  lo  que  tampoco  admite  duda  es  que  esa  raza  semita  tie- 
ne, como  dice  Keane,  la  más  profunda  concepción  del  orden 
moral,  puesto  que  las  tres  grandes  religiones  conocidas:  judais- 
mo, cristianismo  y  mahometismo,  hijas  suyas  son,  y  se  nutrie- 
ron de  aquella  subhme  poesía  que  hizo  de  los  hebreos  los  más 
tiernos  cantores  de  la  divinidad. 


FiG.  35.  —  Señora    Gimol    Lasry  y    señorita 

Esther  Lasry.  Ornamento  de  la  más  distin- 

gaida  sociedad  tangerina. 


Abarcando  con  el  pensamiento  la  serie  de  comunidades  se- 
fardíes que  se  hallan  dispersadas  por  el  mundo,  es  imposible 
tener  datos  sobre  todas,  ni  formar  juicio  acerca  de  sus  condicio- 
nes. Natural  es  por  eso  que  las  haya  de  moralidad  tan  variada, 
y  de  cultura  social  tan  diferente,  que  ofrezcan  ancho  campo- 
donde  cada  cronista,  ú  observador,  encuentre  con  exceso  demos- 
traciones para  sostener  la  tesis  que  le  convenga:  desde  quien. 


Oñ9 


se  proponga  [)ouderar  su  belleza  física  y  moral,  hasta  quien  ten- 
ga interés  en  sostener  lo  contrario.  ¡Qué  puntos  de  comparación 
puede  haber,  entre  la  opulenta  y  distinguida  sociedad  israelita 
sefardí  de  Londres  y  Viena,  por  ejemplo,  con  las  desdichadas 
y  escarnecidas  colonias  de  algunos  desconocidos  poblados  y  vi- 
Uarejos  del  Mogrebh  y  Kurdistan;  ni  qué  se  puede  decir  que 
comprenda  por  igual  á  hebreas  de  unas  y  otras  comunidades! 
Dejando  aparte  las  que  corresponden  á  los  pueblos  cultos, 

y  concentrando  nuestra  aten- 
ción sobre  las  que  residen  en 
los  países  musulmanes,  que  son 
las  que  más  pueden  interesar, 
tenemos  datos  referentes  á  va- 
rias comunidades,  pero  nos  cir- 
cunscribiremos á  presentar  con 
singular  interés  las  de  dos  ciu- 
d  a  d  e  s  geográficamente  m  u  3' 
contrapuestas:  Jerusalem  y 
Tánger. 

De  las  hebreas  españolas  que 
viven  en  la  famosa  ciudad  de 
la  Judea,  conservamos  informes 
que  nos  suministró  nuestra 
adorable  amiguita  la  señorita 
Fina  Haim,  tomándolos  de  las 
impresiones  de  Duc  Omercy,  ya 
citado  en  nuestro  primer  capí- 
tulo. Consecuentes  aquellas  sefardíes  con  gustos  oriimdos  de 
España,  hace  siglos  envuelven  sus  hombros  en  chales  de  colo- 
res claros,  tejidos  con  arabescos  demasiado  vivos  y  que  acaban 
con  muchas  franjas.  Llevan  preciosos  vestidos  adamascados  de 
seda,  de  colores  vivos,  y  botinas  preciosas  con  altos  tacones. 
Se  distinguen  por  sus  movimientos  graciosos,  sus  ademanes, 
la  vida  y  expresión  de  sus  ojos,  y  su  animada  mímica.  Sin  em- 
bargo, el  estado  social  de  la  hebrea  debe  ser  aquí  más  atrasado 
que  en  Constantinopla  y  Salónica,  y  desde  luego  mucho  más 
que  lo  es  en  Tánger. 

Esta  ciudad  exhibe  con  orgullo  su  población  israelita  como 


FiG.    36. — Judith   Toledano,    distin- 
gaida  dama  de  Oran  (hija  de  Dn  Sa- 
lomón Levy). 


253 

una  de  las  más  distinguidas,  ilustradas  y  elegantes  que  ofrece 
la  raza  por  el  mundo  todo.  La  belleza,  la  educación  literaria,, 
políglota  y  artística,  y  las  costumbres  enteramente  europeas, 
han  elevado  la  mujer  hasta  colocarla  en  ese  trono  desde  donde 
ejerce,  con  la  magia  de  sus  ternuras,  sus  encantos  y  sus  vir- 
tudes, la  seductora  y  eficaz  soberanía  que  le  corresponde,  por 
natural  derecho,  en  toda  sociedad  culta  y  caballeresca. 

La  vida  política  y  social  que  ofrecen  las  poblaciones  del 
Imperio  marroquí  es  tan  variada,  abarca  tan  extensa  gama^ 
desde  la  cultura  europea  más  perfecta  hasta  la  barbarie  más 
primitiva  de  la  kábila  riffeña,  que  se  puede  admitir  como  exac- 
ta toda  información  sobre  sus  razas  pobladoras,  y  por  consi- 
guiente no  ya  las  descripciones  fieles  y  discretas  que  hace  nues- 
tro querido  amigo  el  doctor  Ovilo,  en  su  libro  La  Mujer  Ma- 
rroquí, sino  hasta  las  repulsivas  que  hacen  sus  más  injustos 
censores.  Porque  ¡cuáles  regresiones  y  atrasos  no  habrá  en  mu- 
chos selváticos  poblados  y  ciudades  del  interior! 

Dice  Ovilo  que  la  hebrea  marroquí  tiene  ojos  grandes,  ne- 
gros y  expresivos,  nariz  aguileña,  boca  purpurina  y  hermoso 
cabello;  pero  advierte  que  tiene  la  mala  costumbre  de  teñirse 
éste  con  algeña,  los  ojos  con  el  coliol,  lo  mismo  que  las  moras, 
y  la  boca  con  la  corteza  de  nogal  ó  con  nueces  frescas.  Sin  duda 
estas  prácticas  no  son  generales;  ni  en  eso  de  teñirse  cuanto  sea 
posible  tampoco  tienen  porqué  avergonzarse  las  que  lo  hagan, 
porque  nuestras  señoritas  europeas,  desde  las  más  encopetadas 
á  las  más  plebeyas,  en  artes  de  tinturas  y  afeites  dejan  atrás  á 
la  mora  más  pintada. 

A  bien  que  el  doctor  Ovilo  habló  de  lo  que  antes  hacían  al- 
gunas israelitas,  y  no  de  las  más  distinguidas.  Hoy  ya  nadie 
acude  á  tales  actos,  los  cuales  más  afean  que  embellecen,  y  son 
mal  juzgados,  así  por  los  propios  como  por  los  extraños.  Des- 
de que  el  bondadoso  doctor  Ovilo  escribió  su  libro  (1880),  ha 
progresado  mucho  la  colonia  hebrea  en  el  Norte  de  Marrue- 
cos, y  hoy  adelantan  en  sus  modas,  las  israelitas  de  Tánger,  á 
muchas  señoritas  de  grandes  capitales  europeas.  La  cultura,  la 
elegancia  y  la  distinción  han  encontrado  aUí  su  natural  asiento. 

Poco  dispuesto  á  la  galantería  el  Sr.  Olivié,  ni  á  nada 
que  pueda  suscitar  una  migaja  de  simpatía  hacia  esta  raza,  re- 


254 


conoce  en  su  libro  Marruecos,  que  la  belleza  plástica  de  las  ju- 
días ha  llamado  la  atención  de  los  viajeros;  pero,  aunque  todos 
comdenen  en  que  hay  entre  ellas  figuras  realmente  estatuarias, 
el  exceso  de  plasticidad  en  su  cuerpo  y  la  falta  de  expresión  en 
su  rostro,  las  rebaja  á  la  simple  categoría  de  hembras.  ¡Así,  para 
que  se  den  tono,  no  más  que  á  la  categoría  de  hembras,  y  gra- 
cias! 

Un  distinguido  colaborador  3^  muy  culto  amigo  nuestro,  nos 
dice  de  las  israelitas  tangerinas,  á  las  cuales  ha  tratado  y  cono- 
ce mucho,  que  la  mujer  hebrea  reúne  allí  todas  las  condiciones 
necesarias  para  hacer  la  felicidad  del  hogar  doméstico:  es  inte- 
Hgente,  perspicaz,  discreta,  honesta,  wtuosa  y  por  lo  general 
hermosa.  Por  su  elegancia  natural,  su  gracia  suprema,  la  gen- 
tileza de  su  figura,  su 
porte  y  su  belleza,  se 
parece  mucho  á  la  mu- 
jer andaluza.  Se  parece 
asimismo  en  su  expre- 
sión y  en  sus  ojos  gran- 
des y  rasgados,  que 
fulguran  rayos  de  amor 
y  hablan  un  lenguaje, 
por  lo  visto,  como  el 
ya  citado  de  las  hebreas 
de  Palestina.  Dices e 
que  hasta  en  su  acento, 
la  mujer  tangerina  re- 
cuerda á  las  hijas  de 
Andalucía;  lo  cual  es 
perfectamente  natural, 
ya  que  entre  unas  y 
otras  hay  solamente 
cien  minutos  escasos 
de  navegación. 

Cuanto  quieran  decir 

espíritus  avinagrados  y 

maldicientes  contra  la  beüeza  de  las  sefardíes  tangerinas,  es 

tiempo  perdido.  Su  fama  se  halla  tan  acreditada,que  ya  rega- 


ría. 37. — Señorita  Esther  Nahon.  Pertenece  á  lo 
más  selecto  de  la  sociedad  tangerina.  Aventaja- 
da en  el  canto. 


255 


tearlas  esto  vale  tanto  como  decir  que  España  es  el  país  de  las 
nieblas.  ¡Benditas  sean  y  Dios  les  conserve  esa  hermosura,  de 
la  cual  algunos  ejemplos  podemos  ofrecer  á  nuestros  lectores 
en  este  libro,  gracias  á  la  fineza  y  bondad  de  las  interesadas! 
Hablar  de  que  son  aficionadas  al  lujo,  y  amigas  de  compo- 
nerse, como  un  defecto  de  raza,  es  expo- 
ner lo  mismito  que  se  dice  de  la  mujer 
en  todos  los  tiempos,  todos  los  pueblos  y 
todas  las  civilizaciones;  y  sorprende  que 
observadores  serios  censuren  esto.  Se 
usa  generalmente  el  traje  europeo  entre 
ellas.  Sin  embargo,  todavía  guardan  al- 
gunas en  son  de  fiesta  local,  como  lo  ha- 
cen nuestras  charras,  su  traje  berberis- 
co, el  cual  tiene  muchos  puntos  de  se- 
mejanza con  el  de  nuestras  citadas  sal- 
mantinas, y  como  éste,  brilla  recargado 
de  oro  y  joyería  de  precio.  He  aquí  la 
descripción  que  hace  Ovilo  de  dicho 
traje: 

FíG.  38.  —  Judía  española 
Eate  traje  se  compone  de  varias  prendas,  en  jg  Tetuán. 

las  que  abundan  los  bordados  de  oro,  y  le  vis- 
ten en  todas  las  grandes  ceremonias,  siendo  de 

rigor  en  las  bodas.  El  novio  hace  los  mayores  sacrificios  para  regalársele 
á  su  futura,  y  á  este  fin  ahorran  cuanto  pueden:  muy  pobre  ha  de  ser  el 
contrayente  para  no  llevar  á  efecto  esta  antiquísima  costumbre. 

Las  casadas  no  pueden  llevar  descubiertos  los  cabellos,  y  se  los  ocul- 
tan con  las  crinches,  postizos  de  pelo  ó  de  hilos  finos  de  seda  negra,  que 
las  caen  sobre  las  sienes  imitando  un  peinado  que  estuvo  muy  en  moda 
en  España  á  mediados  de  este  siglo  y  que  se  conocía  con  el  nombre  de  co- 
cas. Entre  las  prendas  que  usan  para  la  cabeza  sobresale  por  su  mucha  ri- 
queza la  esfifa,  diadema  forrada  interiormente  de  seda  negra,  y  al  exterior 
cubierta  de  bordados  de  oro  y  perlas,  entre  las  que  brillan  algunas  pie- 
dras preciosas;  cuando  es  más  sencilla  recibe  el  nombre  de  chari.  La  juaya 
es  una  cinta  archa  de  tejido  de  seda  y  oro,  que  se  coloca  desde  la  parte 
alta  de  la  cabeza  hasta  la  posterior,  donde  vienen  á  unirse  sus  puntas;  y 
el  mejerma,  un  pañuelo  de  colores  vivos  doblado  como  una  chalina  de 
hombre,  que  tiene  su  puesto  en  el  centro  de  la  esfifa.  Reemplazando  á  la 
mantilla  llevan  por  la  calle  un  albornoz  de  muselina  blanca  con  tiras  ne- 
gras, largas,  estrechas  y  paralelas. 

Lajjwnto,  el  casó  y  la  chiraldeta  son  las  prendas  que  constituyen   ver- 


25Ü 

(laderamente  el  vestido,  para  el  que  se  emplean  el  vehidillo  ó  el  terciope- 
lo bordado  de  oro  hasta  la  profusión.  El  casó  es  una  chaqueta  entallada 
que  se  cierra  cerca  de  la  cintura,  para  dejar  ver  la  punta  que  se  lleva  en 
el  pecho  sobre  la  ropa  interior.  Las  mangas  del  casó  son  cortas  para  que 


FjG.    39.  —  Pinhas  Asayag,    cultísimo  colaborailor  de    esta 

o^  ra.  Escritor   elegante,  condecorado  por  el  Gobierno  esp.a- 

ñol,  y  prestigioso  en  la  alta  sociedad  de  Tánger. 

puedan  lucir.se  los  brazos;  gasas  transparentes,  tejidas  de  seda  y  con  algu- 
nos hilillos  de  oro,  y  graciosamente  recogidas, las  sustituyen,  huchiralde- 
ta  es  una  falda  semejante  al  mantelo  de  nuestras  provincias  del  Noroeste, 
abierta  por  delante,  pero  de  tal  corte,  que  estando  puesta  se  cubre  perfec- 
tamente la  orilla  interior  y  no  forma  la  menor  arruga;  una  faja  fuerte  de 
la  mejor  seda  entretejida  de  oro  sujeta  la  falda  y  las  caídas  de  la  jiiaya. 
Las  joyas  sobresalen  más  por  la  riqueza  que  por  el  gusto:  arillos  de 


257 

gran  tamaño  de  los  que  penden  arracadas — aljorzas — de  peso  enorme;  co- 
llares de  gruesas  cuentas,  y  numerosas  sortijas  en  los  dedos;  mucho  oro, 
muchas  piedras,  pero  todo  amazacotado  y  sin  arte. 

En  Tánger  la  estimación  que  inspira  la  mujer  nada  tiene 
que  envidiar  á  la  que  merece  en  la  sociedad  inglesa  más  re- 
finada. Preguntado  sobre  este  particular  nuestro  buen  amigo 
Pinhas  Asayag,  contestó  con  un  canto  tan  apasionado,  que 
sonrojaría  á  la  más  exigente:  es  la  ñor  perfumada  que  embal- 
sama y  purifica  el  ambiente  del  hogar;  el  ángel  que  lo  alegra 
con  sus  gracias  y  encantos;  la  dulce  compañera  que  sabe  eri- 
girse en  soberana  con  su  amor,  su  tacto  y  su  discreción.  Orna 
su  frente  la  diadema  del  pudor.  Es  el  emblema  de  la  paz,  el 
símbolo  de  la  felicidad,  la  discreción  que  se  impone,  la  genti- 
leza que  se  admira,  la  fidelidad  que  enorgullece,  y  el  todo  que 
da  aliento  y  vida.  De  acuerdo  con  su  esposo  se  convierte  en 
una  reina  constitucional,  que  gobierna  y  administra  con  per- 
fecto sentido  práctico  y  circunspección  suma  los  negocios 
domésticos,  desde  la  cocina  al  sarao. 

Los  matrimonios  israelitas  gozan  aquí  de  bien  sentada  paz. 
La  hebrea  es  una  madre  heroica,  sublime,  y  sufre  por  sus  hijos 
cuanto  es  necesario,  á  veces  hasta  el  sacrificio.  Mantiene  aque- 
llas virtudes  que  canta  la  historia  sagrada;  limpia  y  ordenada, 
tanto  más  cuanto  más  pobre  es  el  hogar;  trabajadora,  resigna- 
da, y  todos  han  elogiado,  como  debe  serlo,  aquella  exquisita  y  * 
obsequiosa  hospitalidad,  algunas  veces  ya  hasta  torpemente 
juzgada,  que  viene  á  ser  como  un  resultado  complejo  de  la 
religión,  de  la  bondad  congénita  y  la  cultura,  que  distinguen 
á  esta  sociedad. 

Por  ello,  quien  traspasa  el  umbral  de  una  casa  de  familia, 
israelita,  tiene  desde  luego  la  seguridad  de  ser  acogido  y  agasa- 
jado, con  arreglo  á  sus  merecimientos,  y  á  cuanto  exigir  pueda, 
no  solamente  la  buena  educación,  sino  la  más  obsequiosa  hos- 
pitalidad. 

Por  las  cartas  que  publicamos  en  nuestro  primer  libro,  re- 
ferentes al  hogar  de  D.  Lorenzo  Ascher,  de  Bucarest,  y  por 
muchas  otras  que  hemos  recibido,  se  puede  afirmar  que,  en 
numerosos  puntos,  la  mujer  israelita  atestigua  ya  una  ilustra- 
ción que  supera  al  de  muchas  mujeres  de  otras  razas  adelanta- 

17 


258 


das.  Hablan  tres  y  cuatro  idiomas,  se  adornan  con  el  piano  y 
el  canto,  intervienen  en  organizaciones  sociales  benéficas,  y 
representan  una  fuerza  impulsiva  poderosa  en  la  educación  y 
regeneración  de  sus  hijos.  Por  esto  nos  alarma  el  desdén  con 
que  muchas  consideran  el  judeo-español,  y  por  esto  creemos, 
con  nuestro  distinguido  colaborador  D.  Justo  Rosell,  de  París, 
que  sería  una  eficacísima  obra  mantenerla  en  ciertos  antiguos 
cultos  de  raza  y  convertirla  en  agentes  de  la  purificación  de  su 
idioma  histórico.  Nuestra  admirada  amiga  doña  Concepción 

Gimeno  de  Flaquer,  que  tan 
hermosos  libros  ha  escrito  acer- 
ca de  la  mujer,  y  las  mujeres 
célebres,  hallaría  aquí  muy  su- 
gestivos motivos  para  escribir 
una  soberbia  obra  digna  de 
nuestros  tiempos.  Tuvo  la  aten- 
ción  de  enviarnos,  á  ruego 
nuestro,  un  articulito  sobre  la 
significación  de  la  mujer  israe- 
hta  en  la  historia.  Muy  sugesti- 
vo tema  sería  escribir  un  hbro 
de  alto  vuelo,  estudiando  la  in- 
fluencia de  la  mujer  israehta 
contemporánea,  en  la  renovación  asombrosa  que  presentan 
nuestros  expatriados  hijos. 

Materia  larga,  ya  impropia  de  nuestro  cometido,  nos  ofrece 
este  asunto,  pero  aunque  sea  muy  grato  nos  es  forzoso  renun- 
ciar á  seguir.  En  las  comunicaciones  que  hemos  recibido  hay 
para  llenar  tres  capítulos  enteros.  Cerraremos  tan  sencilla  ex- 
posición, trayendo  unos  sentidos  recuerdos  de  nuestra  inteli- 
gente y  bella  amiga  la  señora  de  Gross  Alcalay,  de  Trieste. 
Dice  así  uno  de  los  párrafos  de  su  carta  12  de  JuHo  (1904): 

usted  me  dice  que  hable  algo  de  nuestras  costumbres,  que  tengan  algo 
de  tierno  femenino.  Ante  todo  quiero  hablarle  de  las  bendiciones,  que  son 
usuales.  Es  uso  que  la  joven  salude  á  la  mas  anciana  con  decirla:  »beso 
sus  manos».  Si  la  joven  es  una  moza,  la  bendice  la  anciana:  cdicha  y 
suerte  buena  tengas».  En  vez  si  es  una  casada,  <  tures  dichosa,»  o  simple- 
mente: ^dichosa  y  alegre».  Si  está  incinta:  «bien  parido  de  un  hijo»,  A  las 


FiG.    40. — Sara   Cohén,    distinguida 
señorita  de  la  colonia  tangerina. 


259 

hijas  nos  quieren  cuando  ya  nacimos:  <forza  magiore,»  dice  el  italiano. 
Lo  mas  conmovedor  es  la  vigilia  del  matrimonio.  A  casa  de  la  joven, 
ó  novia,  vienen  las  cantaderas  de  profesión  con  sus  panderas  y  cantan 
como  sigue,  que  hacen  derramar  muchas  lagrimas  si  la  niña  se  casa  para 
irse  al  extranjero,  como  fué  mi  caso: 

«Hija  antes  que  te  vayas, 
mira  bien  y  para  mientes, 
por  los  caminos  que  irás, 
no  hay  hermanos  ni  parientes. 

A  los  ajenos  aparienta, 
no  te  des  á  borecer, 
hija  del  buen  parecer.» 
La  melodía  es  árabe  y  triste  como  su  letra,  pero  es  una  monición  muy 
necesaria á  la  niña  de  «hacer  á los  ajenos  parientes»  y  no  «darse  á  borecer». 

Ya  en  otra  carta  suya  anterior,  nos  escribió  el  siguiente 
bonito  párrafo  sobre  costumbres  locales: 

Vd  me  da  una  tarea  un  poco  difícil,  de  hablarle  de  las  hebreas  espafio. 
las.  Aunque  me  encuraja  con  el  concepto  que  de  ellas  tienen  en  España, 
temo  que  mi  juicio  no  sea  tenido  por  parcial,  porque  si  hablo  mal  de  ellas 
les  hago  la  más  grande  injusticia,  por  eso  es  mi  deber  hablar  de  ellas  lo 
que  sé,  y  repito  hablo  solo  de  las  de  mi  raza.  In  forma  hay  que  recono- 
cerles su  vertud  moral;  las  adúlteras,  muchachas  perdidas,  son  pocas, 
como  las  moscas  blancas.  Y  ¿cómo  quiere  Vd  que  lo  seamos  de  otro  modo, 
si  ya  de  chicas  nos  inculcan  el  pecado  y  horror  que  trae  la  prostitución? 
La  segunda  vertud  es  el  amor  al  hogar,  á  la  familia;  en  modo  especial  la 
caridad  y  amor  al  próximo.  Mi  buen  padre  me  decía;  «hija  el  pobre,  ó 
mendigo;  son  todos  de  una  religión;  dá  al  que  te  tiende  la  mano».  Merecen 
todos  los  elogios  por  sus  vertudes  domesticas,  son  muy  mafierosas  y 
ecónomas.  Punto  hermusura  no  se  pueden  generalisar,  hay  de  todo;  pero 
las  verdaderamenta  feas  son  en  minoridad.  El  ideal  de  las  de  mi  raza  es  la 
educación  y  enstrucción  y  elevación  de  la  niña  á  buena  casera.  En  Bosnia 
todas  las  jóvenes  ya  hablan  3  ediomas:  castellano,  alemán  y  slavo,  la  len- 
gua del  pais.  En  los  conventos  aprenden  lindísimos  trabajos  manuales. 
Una  monja  en  Sarayevo  me  decía,  hablando  de  las  alumnas  israelitas, 
que  son  las  más  diligentes  y  listas,  aprenden  con  facilidad  el  alemán.  El 
feminismo  no  penetró  donde  nosotras  aun;  el  hombre  es  lo  que  es:  el  rey 
de  la  tierra. 


Si  de  las  hebreas  pasamos  nuestras  consideraciones  al  sexo 
masculino,  vemos  también  la  necesidad  que  existe  de  combatir 
en  España  supersticiones,  calumnias  y  disparates,  propagados 
y  mantenidos  por  esa  malhadada  preocupación  y  tradiciones 
tantas  veces  presentadas  en  este  libro. 


260 

— «Pero  hombre,  ¿quiere  usted  traernos  esta  gente  tan  des- 
agradable?— nos  pregunta  uno. — Crea  usted  que  no  merecen 
que  se  tome  usted  tanto  interés,  ni  trabaje  mucho  por  ellos — 
nos  dice  otro.  Y  aunque  estas  opiniones  llegan  á  nuestros  oídos 
en  muy  menguado  número,  comparadas  con  los  muchísimos 
aplausos,  felicitaciones  y  frases  de  general  aliento  y  adhesión  que 
por  doquiera  escuchamos,  entrañan  un  testimonio  de  ese  error 
y  de  esa  desconfianza  que  brotan  de  primera  intención  en  cier- 
tos ánimos,  apenas  se  trata  de  incorporar  nuevamente,  de  cerca 
ó  de  lejos,  y  bien  de  un  modo,  bien  de  otro,  el  pueblo  sefardí 
á  la  vida  nacional  nuestra,  y  por  esto  exige  que  nos  detenga- 
mos un  poco  hablando  acerca  de  la  rehabilitación  social  de 
nuestros  repatriados. 

Para  hacerlo  con  algún  orden,  siquiera  no  pueda  ser  más 
que  á  muy  grandes  rasgos,  examinaremos:  primero,  los  defec- 
tos morales  del  judío;  segundo,  la  renovación  social  producida 
por  la  Alliance  Israélite  üniverselle  y  otras  Asociaciones  pare- 
cidas; y  tercero,  la  posición  intelectual  y  moral  de  los  sefardíes 
en  la  evolución  del  progreso  humano  actual. 


Por  motivos  de  pohcía  literaria  y  por  miramientos  elemen- 
tales de  estética,  renunciamos  á  traer  aquí  tanta  falsedad  y  ri- 
dicula invención  como  hemos  leído  en  autores  contemporáneos, 
cuando  se  trata  de  presentar  esta  raza  y  discurrir  sobre  sus 
cualidades.  Siempre  que  se  estudian  la  evolución  del  espíritu 
humano  á  través  de  la  historia,  y  las  supersticiones  que  presen- 
taron los  pueblos  primitivos  sobre  todo  orden  de  conocimien- 
tos, y  que  todavía  hoy  mismo  ofrecen  los  pueblos  que  figuran 
en  las  últimas  series  de  la  escala  contemporánea,  se  maravilla, 
aun  el  menos  talentudo  y  reflexivo,  de  que  tanta  necedad  y  juicio 
sin  fundamento  hayan  podido  regir  el  gobierno  de  las  muche- 
dumbres y  marcar  derroteros  á  su  existencia;  y  entonces  se 
comprende  cuan  difícil  y  peregrina  empresa  es  esta  de  ir  sa- 
cando el  alma  humana,  poco  á  poco,  de  los  abismos  donde  rei- 
nan la  estupidez  y  la  barbarie. 

Caída  semejante  á  la  que  expusimos  en  párrafos  anteriores 
hablando  del  concepto  de  la  mujer,  ha  experimentado  el  juicio 
de  los  pueblos  en  lo  que  incumbe  á  los  israelitas.  Fueron  los 


261 

patriarcas  y  hebreos  del  Antiguo  Testamento  los  que  encarna- 
ron los  mejores  modelos  de  las  humanas  ^ártudes.  San  Grego- 
rio, Papa,  dijo  que  Abel  simbolizaba  la  inocencia;  Henoch  la 
pureza  de  corazón;  Noé  la  perseverancia  en  la  justicia;  Abra- 
ham  la  perfección  en  la  obediencia;  Isaac  la  castidad  en  el  ma- 
trimonio; Jacob  la  constancia  en  los  trabajos;  José  el  olvido  de 
las  injurias;  Moisés  la  dulzura,  aun  para  los  más  rebeldes,  y 
Job  una  paciencia  invencible  en  el  colmo  de  la  aflicción;  y  hoy 
— ¡qué  cambio! — no  hay  hombre  plagado  de  vicios  y  pecados 
que,  sintiéndose  enemigo  de  los  judíos,  por  cualquier  motivo, 
no  impute  á  esos  desdichados  toda  la  maldad  que  abriga  él  en 
su  alma.  Los  usureros,  los  libertinos,  los  sectarios  inaguantables, 

los  desidiosos formulan  graves  cargos  contra  la  codicia,  la 

liviandad,  el  proselitismo  y  el  desaseo  de  aquellos;  y  esto  lo  ha- 
cen con  un  desahogo  que  sorprendería  á  quien  no  ad\'irtiera 
con  cuánta  razón  Jesús  conde qó  ya,  como  hemos  dicho,  la  in- 
curable ceguera  por  la  cual  censuramos  la  mota  del  ojo  ajeno, 
sin  preocuparnos  con  la  viga  que  llevamos  en  el  propio. 

¡Qué  maldades  no  se  atribuirán  á  los  israehtas  cuando  has- 
ta se  les  veja,  persigue  y  mata  todavía,  en  algunas  comarcas, 
por  los  supuestos  asesinatos  rituales  de  niños;  es  decir,  por  esa 
criminal  imputación  mil  veces  rectificada,  prohibida  por  su 
ley,  cuyo  infame  y  falso  invento  fué  demostrado  una  y  otra 
vez  por  Tribunales  de  justicia,  así  en  Persia  como  en  Turquía, 
en  Rusia  como  en  Marruecos!  Pues  bien,  sí,  todavía  en  Rusia 
este  mismo  año  anterior  de  1904,  fué  invocado  dicho  género  de 
asesinato  por  almas  diabólicas  para  arrojar  contra  barriadas 
judías  las  muchedumbres  enfurecidas  y  ganosas  de  sangre. 

Cuando  se  id^-ierte  que  aún  puede  prosperar  una  calumnia 
tan  disparatada  y  tan  antisocial,  ¿qué  tiene  de  extraño  que  se 
acepten  como  exactas  otras  imputaciones  más  probables? 


No  comprendemos  que  en  un  país  medianamente  goberna- 
do, donde  hay  leyes  que  condicionan  y  regulan  el  derecho  y  los 
deberes  de  los  ciudadanos,  autoridades  que  cuidan  del  cumpli- 
miento de  las  leyes,  y  Cámaras  legislativas  que  atienden  de 
continuo  á  las  indicaciones  que  va  presentando  la  vida  nacio- 
i^^íj  7  pulsan  las  necesidades  todas,  acudiendo  con  sus  previ- 


262 

siones  y  acondicionamientos  á  las  demasías,  abusos  y  delitos 
del  cuerpo  social  y  de  sus  individuos,  se  pueda  temer  ni  difi- 
cultar aquellas  inmigraciones,  ó  incorporaciones  de  las  cuales 
andamos  necesitados.  Toda  asimilación  realizada  por  fuerzas 
sociales  que  tengan  principios  de  moral  universal,  respeten  el 
derecho  constituido,  profesen  una  religión  de  perfeccionamien- 
to y  depuración  espiritual,  y  contribuyan  con  sus  actividades, 
así  al  desarrollo  de  los  intereses  públicos,  como  al  progreso  his- 
tórico de  la  nación,  es  un  ingreso  precioso,  que  debe  procurar- 
se un  pueblo  culto,  mucho  más  si  es  como  España  de  los  que 
lamentan  y  sufren  escasez  de  población,  falta  de  trabajadores 
y  pobreza  de  energías  industriales,  económicas  y  mercantiles 
convenientemente  aplicadas  y  mantenidas.  Discutir  y  rechazar 
esto  teñámoslo,  en  caso  tal,  por  acuerdo  tan  insensato  como 
sería  prohibir  el  riego  en  campos  donde  las  cosechas  fenecen  de 
sequía. 

Desde  que  hemos  acometido  esta  obra  de  reconciliación 
llevamos  tratados  muchos  israelitas,  unos  de  presencia  y  otros 
por  escrito,  y  casi  nos  sonroja  decir  perogrullada  tan  grande 
como  la  de  que  no  hemos  observado  nada  que  justifique  ese 
prejuicio  contra  la  raza  que,  no  en  España,  sino  en  Francia, 
Rumania,  Austria  y  otros  pueblos,  hemos  notado. Cumplidos  ca- 
balleros, atentos,  distinguidos,  de  una  corrección  y  cortesía  per- 
fectamente hidalgas,  generosos,  discretos,  dotados,  en  fin,  de 
todas  aquellas  cualidades  que  puede  apetecer  la  Sociedad  más 
honorable,  los  hallamos,  y  nunca  observamos  episodio  alguno 
ó  revelación  imprudente,  que  indujera  al  espíritu  más  recelo- 
so á  pensar  que  podían  mostrar  cualquiera  de  los  muchos  de- 
fectos que  se  les  atribuye. 

Cuando  tendemos  la  mirada  en  nuestro  derredor  y  vemos 
ese  hervidero  de  crímenes,  delitos,  faltas,  egoísmos,  perfidias, 
engaños  y  sorpresas  que  constituyen  el  coeficiente  ordinario  de 
criminalidad  y  delincuencia  de  un  pueblo  que  vive,  lucha  y 
rinde  su  contribución  fatal  á  las  vesanias,  neurosis  y  maldades 
humanas,  nos  preguntamos:  ¿cuánta  gravedad  no  adquiere  todo 
esto  en  Israel?  ¿Con  qué  severidad  fiera  no  se  juzgan  contra  la 
raza,  caídas  tales  de  sus  individuos?  Estos  niños  que  desapare- 
cen sin  saber  cómo;  esos  sujetos  que  se  encuentran  muertos  á 


263 


mano  airada,  sin  que  haya  modo  de  descubrir  á  sus  autores; 
esos  escándalos  de  la  embriaguez  y  del  vicio  que  arroja  el  her- 
vor de  la  vida  á  la  superficie  social,  como  espuma  revuelta  que 
despide  el  hervor  de  una  olla;  ¿qué  tremendas  responsabilida- 
des y  fieras  venganzas  provocan  cuando  hay  una  colonia  judía 
á  quien  culpar?  ¿Cuan  fácilmente  se  precipitan,  por  la  torrente- 
ra del  fanatismo  y  el  odio,  las  agitaciones  y  la  ira  de  las  muche- 
dumbres en  casos  tales,  hasta  parar  en  matanzas  y  atenta- 
dos tumultuosos?  ¡Desdichadas  gentes! 

Que  se  asocian,  comercian,  disputan  á  los  demás  sus  ganan- 
cias, ahorran,  previenen  sus  necesidades  futuras,  utiHzan  la  su- 
perioridad de  su  ingenio  y  de  su  laboriosidad,  se  aprovechan 
de  los  despilfarres  del  pródigo,  lu- 
chan en  las  concurrencias  de  la  astu- 
cia y  del  engaño,  á  veces  con  las  mis- 
mas armas  con  que  se  les  ataca.  Bue- 
no, y  aun  suponiendo  que  esto  su- 
ceda, ¿qué  tiene  de  abominable?  ¿Qué 
inferioridad  arguye  semejante  con- 
ducta? ¿En  qué  se  opone  á  que  por 
lo  demás  acrediten  su  probidad,  la 
garantía  de  sus  tratos,  el  áureo  valor 
de  su  palabra  y  la  honorabilidad  de 
su  carácter?  ¿Acaso  no  hacen  lo  mis- 
mo todos?  ¿No  es  la  vida  social  siem- 
pre esto:  en  Nueva  York  y  en  Roma, 
en  Berlín  y  en  Londres?  ¿No  pro- 
ceden así  todas  las  razas  humanas? 

Gozan  de  una  fama  altamente  es- 
timable: la  del  culto  de  la  familia.  La 
santidad  del  hogar  hebreo  tiene  to- 
davía crédito  en  España.  Creemos  que  los  indi^dduos  de  una 
casa  israehta  constituyen  una  Sociedad  algo  bíbhca  de  patriar- 
cales \'irtudes  y  respetos;  y  esto  es  un  motivo  de  singular  ve- 
neración. 

España  tiene  fama  de  poseer  todavía  un  hogar  respetable, 
santificado  por  íntimas  virtudes.  Pues  bien,  el  hogar  israelita  con- 
serva mejor  aún  las  tradiciones  venerandas  y  los  respetos  filiales. 


FiG.  41.  —  Abraham  Pinto, 

reputado  comerciante  sefar- 

'li  (^Tánger). 


264 


n 


Quien  no  haya  presenciado  el  acto  de  la  bendición  de  las 
familias  el  día  I.*'  del  año  judío  (el  de  la  fiesta  de  Rosch  Has- 
chanah),  no  ha  sentido  una  de  las  más  tiernas  y  profundas 
emociones  que  puede  sentir  el  alma  humana.  Le  presenciamos, 
el  10  de  Septiembre  del  año  actual,  en  la  sinagoga  de  Bayona 
y  no  pudimos  contener  la  ola  de  llanto  que  subió  desde  nuestro 
corazón  á  los  ojos. 

¡Que  cuadro  tan  extraordinario  y  tan  sublime!  Al  terminarse 
la  ceremonia  religiosa,  que  es  prolongada,  pues  empieza  á  las 
siete  de  la  mañana  y  concluye  al  mediodía,  las  familias  se  agru- 
pan; los  individuos  todos,  de  uno  y  otro  sexo,  abuelos,  padres, 
hijos,  miembros  de  dos,  tres  y  á  veces  hasta  de  cuatro  genera- 
ciones, forman  una  pina  apretada;  en  el  centro  se  coloca  el  más 
anciano,  el  cual  es  con  frecuencia  una  venerable  figura  de 

ochenta,  noventa  y  más  años; 
abre  sus  brazos,  coge  con  una  y 
otra  mano  los  extremos  del  se- 
doso Y  albo  taleth  que  pende  de 
su  cuello,  posa  aquéllas  sobre 
las  cabezas  de  sus  hijos,  y  en 
medio  del  silencio  general  más 
profundo,  mientras  todos  do- 
blan la  cabeza,  él  levanta  la  mi- 
rada y  pide  á  Dios  la  bendición 
para  sus  descendientes.  Enton- 
ces se  oye  sola  una  voz  augusta, 
un  canto  vibrante,  hermoso,  sen- 
tido, de  una  melodía  y  majestad 
inefables:  es  el  rezo  del  hazan, 
quien  canta  en  el  centro  del 
templo,  en  la  Téba,  y  con  hon- 
da, ardiente  súplica,  entona  la 
bendición  de  los  sacerdotes,  aquel  final  del  capítulo  VI  del  K- 
bro  de  los  números,  que  dice  así:  «Que  Dios  te  bendiga  y  te 
guarde.»— «Que  Dios  dirija  sobre  ti  los  rayos  de  su  luz  y  te  sea 
propicio.»  — «Que  Dios  vuelva  á  ti  su  rostro  y  te  dé  paz.» 

Nuevo  para  nosotros  aquel  cuadro,  recogíamos  con  avidez 
hasta  sus  menores  detalles. 


FiG.  42. — Doña  Preciada  Pinto,  da- 
ma tangerina,  esposa  de  D.  A.  Pinto. 


265 

Las  mujeres  habían  descendido  de  sus  tribunas,  se  habían 
juntado  uno  y  otro  sexo  y  se  habían  constituido  muchos  gru- 
pos de  famihas.  unos  pegados  á  otros.  Mis  ojos  no  podían 
apai-tarse  del  de  la  familia  deD.  Aaron  Rodríguez,  octogenario 
que  comprendía  entre  sus  brazos  cuatro  generaciones,  como  la 
gallina  bajo  sus  abiertas  alas  cobija  numerosa  cría.  Se  veían  en 
respetables  mezclas  los  niños  tiernos,  los  jóvenes  hermosos  y 
robustos,  la  grisácea  madurez  y  la  ancianidad  encorvada  y  de 
argentinas  guedejas.  Los  que  habían  sufrido  las  embestidas  de 
la  muerte  formaban  pequeños  núcleos;  los  de  las  famihas  fe- 
cundas y  prósperas  lucían  su  cuantiosa  prole. 

Oficiaba  de  hazan  D.  Alejandro  Pereira,  de  gallarda  y  va- 
ronil presencia,  mediada  la  edad  de  la  ^ida,  y  sonora  y  pastosa 
su  voz  de  barítono,  la  cual  se  alzaba  ^-ibrante.  Oíase  robusto  el 
himno  con  temblores  de  llanto,  porque  acudía  á  su  memoria  la 
muerte  de  su  madre,  ocurrida  poco  tiempo  antes. 

Esta  voz  era  única;  las  bóvedas  y  pilastras  de  la  sinagoga 
parecían  estremecerse,  y  solamente  se  escuchaban,  por  aquí  y 
por  allá,  muy  quedos,  ahogados,  comprimidos  sollozos  que  sa- 
lían de  los  grupos  y  que  eran  un  homenaje  sentidísimo  de 
aflicción  que  se  tributaba  á  los  miembros  fallecidos,  á  los  ausen- 
tes, á  los  ohddados,  á  los  que  por  una  ú  otra  causa  no  estaban 
aUí  y  dejaban  en  el  alma  el  hondo  desconsuelo  de  una  pérdida 
irreparable,  de  una  lejanía  angustiosa,  tal  vez  de  una  deserción 
ingrata,  de  un  vacío,  en  fin,  que  se  mostraba  entonces,  en 
aquel  día  y  ocasión  solemnes,  como  un  gemido  y  dolor  incon- 
solables del  alma  sagrada  de  la  familia. 

Desde  la  sinagoga  nos  fuimos  á  almorzar  al  hotel  del  distin- 
guido sefardí  D.  Aaron  Salcedo,  donde  presenciamos  otro  cuadro 
no  menos  conmovedor  de  familia,  al  ver  en  la  mesa  dignos  repre- 
sentantes de  tres  generaciones  respetables:  abuela,  padre  é  hijo, 
ya  mozo,  para  los  cuales  aquí  pedimos  también  la  bendición  de 
Dios,  por  la  noble  hospitahdad  con  que  fuimos  acogidos. 

Dejó  aquel  sencillo  almuerzo  impregnado  nuestro  espíritu 
con  santo  perfume  de  familia  bíblica.  Aquella  madame  Elvire  se 
nos  presentaba  como  la  hebrea  de  los  antiguos  tiempos:  siempre 
atenta  á  su  hogar,  á  sus  hijos,  á  sus  menesteres  y  faenas  de 
cocina  y  de  beneficencia  social;  levantándose  á  las  cuatro  de  la 


266 


mañana  los  viernes  del  invierno,  para  prevenirse  al  reposo 
santo  del  sábado;  haciendo  sus  oraciones  con  vivo  sentimiento 
religioso,  en  libros  veneradísimos  y  castellanos;  consagrándose 
al  cuidado  de  los  enfermos  de  la  comunidad,  y  siendo  bende- 
cida, igualmente  por  el  rico  que  por  el  pobre,  como  un  alma 
de  Dios,  ilustre  por  sus  gloriosos  antepasados,  y  más  ilustre 
todavía  por  las  virtudes  de  toda  su  larga  existencia. 


Otro  sentimiento  superior  hay  muy  desarrollado  en  los 
hebreos:  el  de  la  caridad,  ó  beneficencia. 

Leyendo  la  notable  obra  del  Sr.  Henry  León,  Histoire  des 

Juifs  de  Bayonne,  se  advierte 
cuánto  preocupó  en  todos  los 
tiempos,  á  las  comunidades  se- 
fardíes, la  práctica  de  esta  bien- 
hechora virtud.  La  enseñanza  y 
la  beneficencia  son  dos  necesi- 
dades fundamentales  de  orden 
social,  á  las  cuales  acuden  con 
donativos  cuantiosos,  y  con  ins- 
tituciones bien  organizadas  y 
mantenidas. 

Un  distinguido  amigo  nues- 
tro, que  nos  aconsejaba  dedicá- 
semos nuestra  atención  á  em- 
presa que  más  valiese,  nos  de- 
cía: «Es  gente  egoísta,  incapaz 
de  caridad  y  beneficencia.»  Y 
entonces  no  pudimos  menos  de  replicarle:  Ese  es  uno  de 
tantos  infundados  cargos.  Precisamente  la  raza  judía  es  de 
las  razas  donde  más  y  mejor  se  manifiesta  la  beneficencia. 
¿Qué  hubiera  sido  de  muchos  desdichados,  y  cómo  existiría  la 
mayoría  de  sus  comunidades,  si  en  los  terribles  temporales  de 
su  larguísima  odisea,  no  hubiese  venido  con  frecuencia  en 
auxilio  la  caridad  de  sus  hermanos? 

La  referida  obra  del  Sr.  León  ofrece  una  lectura  muy  inte- 
resante acerca  de  la  suerte  que  tuvieron  las  comunidades 
arrojadas  de  nuestra  Península,  y  detenidas  en  los  Bajos  Piri- 


FlG.     43.  —  Doña     Rebeca     Elvira 
Athias,  viuda  de  Moisés  Salcedo. 


267 

neos  franceses;  y  en  ella,  á  través  de  las  curiosas  ^ácisitudes 
por  las  cuales  se  las  ve  ir  recabando,  poco  á  poco,  en  medio  de 
las  convulsiones  revolucionarias  de  Francia,  el  estado  de  dere- 
cho público  que  hoy  gozan,  se  advierten  siempre  cuatro  pre- 
ocupaciones fundamentales:  el  lugar  de  entierro  para  los  muer- 
tos, la  educación  de  los  niños,  los  socorros  á  la  pobreza  y  la 
casa  de  Dios  donde  celebran  sus  prácticas  piadosas.  Sus  insti- 
tuciones abarcan  estos  cuatro  motivos  siempre,  y  en  los  regla- 
mentos que  las  organizan  aparece  el  capítulo  de  la  Hébera,  ó 
beneficencia,  con  una  esmerada  prohjidad  que  atestigua  elo- 
cuentemente el  interés  que  se  le  concede. 

Fruto  de  este  hermoso  y  general  ^sentimiento  son  esos  colo- 
sales donativos  de  los  grandes  capitahstas  judíos,  como  el  de 
diez  millones  de  francos,  que  acaba  de  dar  Rothschild,  en  este 
año,  para  construir  barriadas  de  obreros;  y  como  los  que  sirvie- 
ron para  fundar  esas  grandiosas  instituciones  de  enseñanza 
y  beneficencia,  inglesas  y  francesas,  que  no  tienen  nada  seme- 
jante en  la  grey  catóhca  de  los  pueblos  todos,  por  sus  acauda- 
lados recursos,  por  la  ampHtud  mundial  de  su  destino,  y  por 
la  perfección  y  buena  práctica  de  sus  estatutos. 

Hablamos  de  la  Jewish  Colonization  Association,  de  la 
Anglo  Jewish  Association,  y  de  la  AUiance  Israélite  üniveiselle, 
dignas,  sobre  todo  la  última,  de  algún  más  detenido  conoci- 
miento. 


CAPITULO  XIII 


Grandes  asociaciones  bienhechoras  de  Israel. — El  tratado  de  Berlín  de  1878, — 
La  Alianza  israelita  Universal. — Su  organización,  servicios,  personal  docente  y 
presupuesto.— Opulentos  bienhechores. — Rápida  ojeada  á  las  consideracio- 
nes nacionales  dispensadas  á  los  hebreos.  — Rusia,  Italia,  Inglaterra,  Francia^ 
Estados  Unidos,  etc. — La  Nueva  Tierra  de  Promisión.  — Un  discurso  de  Roo- 
selvet 

Si  la  raza  judía  toda  no  ofreciese  hoy  á  la  consideración  y 
examen  de  cuantos  se  preocupan  con  el  estudio  del  progreso 
moral  de  la  humanidad,  otros  títulos  que  los  de  sus  Asociacio- 
nes benéficas  La  Alliance  Israélite  üniverselle,  la  Jeivish  Coló- 
nization  Association,  y  la  Anglo  Jeivish  Association,  así  hubie- 
ra pecado  con  indecible  maldad,  y  hubiese  caído  en  la  mayor 
ignorancia  y  degradación  posibles,  bastarían  la  finalidad,  orga- 
nización y  práctica  de  esas  grandes  instituciones,  para  redimirla 
de  sus  pasados  errores,  y  dotarla  de  legítimo  derecho  á  figurar 
en  el  concierto  de  los  pueblos  que  más  luchan  por  la  evolución 
espiritual  del  hombre. 

Solamente  una  persona  de  malísimos  sentimientos  y  de 
apasionado  juicio,  podría  enterarse  de  la  obra  altamente  evan- 
gélica y  social  que  dichas  Sociedades  realizan,  sin  sentirse  con- 
movida hasta  lo  más  hondo,  y  sin  quedar  ganada  á  su  cariño 
y  adhesión. 

La  rehabilitación  intelectual,  moral  y  social,  que  estos  orga- 
nismos bienhechores  van  produciendo,  asoma  ya  por  todas 
partes;  y  como  si  fuese  aquella  resplandor  y  luces  celestiales, 
desciende  hoy  á  los  obscuros  antros  donde  gemía  antes  abando- 


270 

nado  y  corrompido  el  proletariado  israelita,  por  todos  lospueblos. 
La  protección,  los  recursos,  los  gritos  de  aliento  y  de  esperanza, 
y  la  obra  pedagógica  de  reconstitución  espiritual  bajo  todos 
sus  aspectos,  emanan  de  esos  brillantísimos  faros  que  se  llaman 
Londres  y  París,  y  surge,  á  \ástas  de  todo  el  mundo,  una  nueva 
Israel  purificada  y  activa,  que  se  dispone  á  centuplicar  sus 
esfuerzos  para  cooperar,  también  con  labor  intensiva,  á  la 
epopeya  del  mejoramiento  humano. 

Fueron  la  dispersión  de  los  judíos,  la  variedad  de  sus  des- 
dichas, su  miseria,  su  desfallecimiento,  la  decadencia  profunda 
y  mortal  con  que  aparecían  en  algunas  comarcas  donde  vivían 
olvidados,  su  aglomeración  asfixiante  en  otras,  y  la  incapacidad 
absoluta  de  levantarse  por  sí  en  muchas,  los  motivos  que  indu- 
jeron á  unos  pocos  hebreos,  inñuy entes,  poderosos  y  ricos,  para 
organizar  un  esfuerzo  común  y  sostenido,  que  permitiera  cons- 
tituir una  fuerza  social  nueva,  capaz  de  hacer  llegar  su  acción 
desde  los  Gobiernos  de  Europa  hasta  los  recónditos  lugares  de 
Persia  y  Rusia,  donde  el  fanatismo  realiza  su  mayor  obra  de  in- 
justicia y  de  egoísmo. 

Había  que  luchar  contra  todo:  de  un  lado,  entre  los  pueblos, 
contra  los  prejuicios  de  la  tradición,  las  violencias  del  popu- 
lacho, las  absorciones  crueles  de  los  nacionahstas  ó  patriotas, 
las  ciegas  fierezas  de  los  supersticiosos,  las  exacciones  y  leyes 
opresivas  de  los  Estados  todos;  y  había  que  luchar,  del  otro,  en 
Israel,  contra  el  desaliento,  la  desconfianza,  la  mahcia,  la  deca- 
dencia ya  fosilizada,  la  ignorancia  que  se  revuelve  contra  el 
bien  mismo  antes  que  cambiar  de  postura,  contra  esa  maleza, 
en  fin,  que  resultaba  del  abandono  y  la  corrupción  de  muchos 
siglos.  Y  sin  embargo,  la  lucha  se  entabló  y  los  frutos  aparecen 
hoy  copiosos  por  todas  partes. 

Fué  Cremieux,  el  ilustre  ministro  de  Gracia  y  Justicia,  de 
Francia,  de  religión  hebrea,  y  fué  Leven,  el  actual  venerable 
presidente  de  la  Alianza,  los  primeros  que  se  pusieron  al  frente 
de  esta  institución  en  el  año  de  1860,  cuando  nació  con  todos 
los  temores  y  debilidades  naturales  á  su  magno  propósito.  Vino 
en  buena  época,  porque  el  período  de  1860  á  1880  fué  de  sen- 
timientos europeos  muy  liberales;  de  amor  á  los  derechos  hu- 
manos que  había  consagrado  la  Revolución  francesa,  y  de  odio 


271 


á  toda  intolerancia  religiosa;  por  lo  cual  la  Prensa,  los  Parla- 
mentos de  Europa  entera  y  los  Gobiernos,  hasta  el  de  la  misma 
Rusia,  se  mostraron  propicios  á  reunirse  en  Congreso  y  formu- 
lar el  tratado  de  BerKn  de  1878,  donde  se  proclamó  general- 
mente un  principio  social  tan  justo,  tan  necesario  á  la  vida 
contemporánea  y  á  la  tranquilidad  de  los  hombres,  como  es  la 
hbertad  rehgiosa  y'^la  obligación  de  reconocer  «que  la  distinción 
de  las  creencias  religiosas  y  de  las  confesiones  no  se  podía 
oponer,  para  excluir 
ni  incapacitar  á  na- 
die, en  cuanto  se  re- 
fiere á  derechos  ci^^- 
les  y  rehgiosos». 

Verdad  fué  que  los 
prejuicios  y  los  egoís- 
mos seculares  no  se 
declararon  vencidos 
por  eso,  ni  rindieron 
sus  espadas  sangrien- 
tas  y  batalladoras, 
porque  dejando  apar- 
te el  motivo  religioso, 
se  invocaron  los  inte- 
reses pohticos,  econó- 
micos y  comerciales, 
y  en  Austria,  Alema- 
nia, Rusia,  y  hasta 
en  el  mismo  Francia, 
se  presentó  el  antise- 
mitismo, también  irri- 
tado y  feroz.  Pero  la  intransigencia  había  recibido  ya  un  golpe 
grave,  y  el  espíritu  humano  había  entrado  en  un  nuevo  cami- 
no, que  permitía  á  la  Alianza  desarrollar  su  obra  con  más 
comodidad  y  mejor  derecho. 

Las  primeras  creaciones  de  la  Alianza  fueron  las  escuelas, 
por  considerar  éstas  el  medio  más  poderoso  de  dignificación  y 
de  fortalecimiento.  Cuando  Cremieux  y  Munk  fueron  á  Egipto, 
en  1840,  por  el  asunto  de  Damasco,  las  fundaron  ya  en  el  Cai- 


FiG.  44. — Cremietix.  Ministro  que  fnó  de  Justicia 
en  Francia,  primer  presidente  de  la  Alianza  israe- 
lita Universal. 


272 

ro  y  Alejandría;  cuando  en  1859  fué  Piccioto  á  llevar  socorros 
á  Marruecos,  también  señaló  la  necesidad  de  aplicar  este  reme- 
dio, y  por  eso,  en  1862,  fundó  la  Alianza  la  primera  de  sus  es- 
cuelas en  Tetuán,  la  segunda  en  Tánger,  y  después  pasó  á  fun- 
dar otras  en  Turquía.  En  el  número  28  del  Bidletin  de  la  Allian- 
ce,  correspondiente  al  año  1903,  se  da  cuenta  de  los  servicios 
que  realiza,  y  allí  aparecen  con  escuelas  de  instrucción  prima 


FiG.  45.  — Mr.  Narciso  Leven,  Presidente  actual   ile  la   Alianzi. 

ria  las  siguientes  naciones:  Marruecos,  Bulgaria,  Turquía  de 
Europa,  Turquía  de  Asia  (Asia  Menor,  Siria,  Mesopotamia), 
Trípoli,  Egipto,  Persia  y  Argel. 

Entre  todas  suman  120  (76  de  niños  y  44  de  niñas),  con  un 


273 

efectivo  escolar  de  33.000  niños,  siu  contar  el  de  las  otras  es- 
cuelas de  que  luego  hablaremos. 

Al  fundar  estos  nuevos  centros  cuidó  mucho  la  Alianza  de 
hacerles  perder  el  carácter  y  estructura  que  tenían  los  antiguos 
Talmud-Tora  (ó  escuelas  reh glosas  de  barrio).  Lugar  anticuado 
del  ghetto  pobre,  miserable,  obscuro,  antihigiénico,  negado  á 
toda  luz  natural  y  hasta  social,  porque  en  él  se  comenzaba  á 
modelar  el  espíritu  no  menos  obscuro,  enfermizo  y  fanático  del 


FiG.  46. — Talmud  Tora,  antigua   escuela  de  primeras  letras. 


intolerante  talmudista,  había  que  reformar  este  carácter  en  las 
escuelas  y  abrirlas  completamente  á  las  exigencias  higienizado- 
ras  de  la  educación  moderna,  que  orea  igualmente  la  sala  que 
el  cerebro;  y  cuida  de  purificar  así  el  subsuelo  como  el  espíritu. 
Instaló  bien  materialmente  las  escuelas,  las  dotó  de  un  per- 
sonal preparado  con  esmero,  amplió  las  enseñanzas  literarias 
cuidando  mucho  de  enseñar  idiomas:  el  del  país  y  el  francés 
en  todas  partes,  y  además  el  inglés  en  Egipto  y  Mesopotamia, 
en  Siria  y  Marruecos;  el  alemán  en  Jerusalem,  Constantinopla^ 
Adrianópolis  y  muchas  escuelas  de  Bulgaria;  el  español  en  Ma- 
rruecos, y  el  italiano  en  Túnez  y  Trípoli.   Tropezándose  con 

18 


274 

más  necesidades,  creó  las  cantinas  escolares,  y  reglamentó 
modos  de  dar  una  comida  á  medio  día  y  vestir  á  los  niños  ne- 
cesitados. 

No  bastaba  esto;  había  que  seguir  la  educación  del  joven, 
para  colocarle  en  condiciones  de  llenar  un  ministerio  social;  y 


FiG.  47 


-Patio  lie   la   escuela  israelita  de  niñas  de  la  Alianza 
en  Damasco  (Siria). 


entonces  se  crearon,  además  de  enseñanzas  manuales  dentro 
de  las  escuelas  anteriores,  las  escuelas  profesionales:  las  de  ar- 
tes y  oficios  y  las  agrícolas.  Esta  empresa  difícil  fué  al)ordada 
con  más  ó  menos  esplendor  según  los  puntos,  escogiendo  siem- 
pre los  oficios  más  prácticos  y  socorridos  de  aquellas  poblacio- 
nes, lo  cual,  en  naciones  como  Turquía.  Marruecos  y  Persia, 


por  tener  pocas  industrias,  ofrecía  muchas  dificultades.  Sin 
embargo,  con  perseverancia  y  sacrificios  se  instalaron  buenos 
talleres,  y  hoy  se  forman  excelentes  obreros,  de  uno  y  otro  sexo, 
en  Constantinopla,  Adrianópolis,  Esmirna,  Damasco,  Túnez, 
etcétera. 

'Uno  de  los  más  notables  centros  profesionales  es  el  de  Je- 
rusalem,  el  cual  data  de  1882,  tiene  gastos  por  valor  de  fran- 
cos 106.182,  y  suministra  enseñanzas  de  escultura,  herrería, 
calderería  y  picapedrería.  Hemos  contado  38  centros  de  talle- 
res para  chicos,  y  22  para  chicas,  distribuidos  en  otras  tantas 
poblaciones  de  Estados  asiáticos,  africanos  y  europeos.  Acuden 
á  ellos  996  jóvenes. 

La  agricultura  es  otra  de  las  enseñanzas  á  que  se  dispensa 
mayor  atención  y  esfuerzo.  El  convencimiento  profundo  de 
que  Israel  debe  renovar  su  antiguo  amor  á  la  tierra,  de  que  la 
labor  de  los  campos  le  redime  y  prospera  como  ninguna  otra, 
y  que  le  conviene  transformar  su  exagerado  amor  al  comercio 
y  á  las  especulaciones  de  la  ruina,  han  hecho  que  se  acentúe 
esta  protección,  y  se  duphque  la  tenacidad  y  el  sacrificio  que 
demanda  atraer  y  fijar  la  juventud  á  un  género  de  trabajos, 
contrarios  á  los  que  fueron  siempre  preferidos  por  su  raza. 

Sin  embargo,  las  escuelas  agrícolas  de  Mikweh,  en  Palesti- 
na, y  de  Djedeida.  en  Túnez,  atestiguan  cómo  la  perseverancia 
concluye  por  llevar  al  triunfo,  á  pesar  de  los  mayores  contra- 
tiempos. Cultivan:  el  almendro,  la  avena,  el  trigo,  las  viñas, 
las  moreras  (para  la  sericultura),  la  cebada,  hortalizas,  etc.,  et- 
cétera, y  se  amplían  poco  á  x^oco  los  terrenos.  Los  discípulos  de 
la  primera,  fundada  en  Jaffa  en  1870,  procuran  desarrollar  sus 
aptitudes  en  Egipto,  esa  tierra  abonada  siempre  para  las  gran- 
des explotaciones  agrícolas,  y  de  tan  memorables  recuerdos  en 
la  antigua  historia  mosaica.  Las  enseñanzas  de  la  escuela  tu- 
necina disponen,  desde  1895,  de  una  grande  propiedad,  que 
mide  4.000  hectáreas,  y  la  cruza  el  río  Medjerda,  en  una  ex- 
tensión de  tres  kilómetros;  lo  cual  no  solamente  proporciona 
agua  para  riegos,  sino  también  fuerza  motriz  para  molinos  y 
máquinas  agrícolas. 

Organizó  en  ]  898,  la  Alianza,  el  Seminario  rabínico  de  Cons- 
tantinopla para  instruir  buenos  directores  religiosos,  y  á  su 


276 

frente  puso  al  sabio  D.  Abraham  Danon,  correspondiente  de  la 
Real  Academia  de  la  Lengua  Española. 

Por  último,  para  terminar  con  las  grandes  líneas  de  esta 
compleja  organización  docente,  mencionaremos  la  más  impor- 


FiG.  ib. — Escuela   profesional  de  Jerusalem  (Las  Fraguas). 

tante  y  delicada  de  todas  sus  instituciones,  la  encargada  de  for- 
mar, en  París,  aquellos  maestros  que  luego  han  de  repartirse  por 
ese  mundo  judío,  yendo  de  Teherán  á  Fez,  de  Jerusalem  á 
Constantina,  ó  de  Esmirna  á  Damasco,  llevando  á  todas  partes 
el  espíritu  y  la  cultura  de  la  nación  francesa,  que  es  realmente 
el  que  más  preside  todas  estas  enseñanzas  en  la  práctica,  y 
efectuando  una  obra  de  expansión  política,  intelectual  y  mercan- 
til de  nuestra  nación  vecina;  como  si  dijéramos,  realizando  una 
verdadera  penetración  pacífica  en  los  imperios  mahometanos. 


Bien  merece  este  plantel  brillante  de  profesores  de  la  Alian- 
za, por  ser  los  que  tienen  hoy  bajo  su  ministerio  la  transforma- 
ción más  grande  que  ha  experimentado  la  grey  sefardita  desde 
que  salió  de  España,  que  expongamos  algunos  datos  acerca  de 
su  modo  de  formarse  y  de  las  condiciones  de  su  vida  profe- 
sional. 

Constituyen  un  Cuerpo  realmente  distinguido  por  su  cultura, 
su  dehcadeza,  su  espíritu  amplio  y  hbre,  y  la  elevación  con  que 
aprecia  su  ministerio.  Hemos  tratado  á  algunos;  su  amabihdad 


277 


nos  lia  servido  de  mucho  en  nuestras  informaciones,  y  las  caba- 
llerosas cualidades  con  que  se  nos  han  mostrado  los  Carmona 
(de  Tetuán),  Franco  (de  Demotica),  Pariente  (de  Esmirna),  Ne- 
hama  (de  Salónica),  Pisa  (de  Tánger),  Le\^'  (de  Fez),  Amato  (de 
Gallípoh),  Fresco  (de  Constantinopla)  y  otros  más  que  por  bre- 
vedad omitimos,  han  exaltado  en  nuestro  espíritu  la  obra  de  la 
Alianza,  y  nos  han  despertado  sincero  amor  á  su  vida  y  á  su 
prosperidad,  la  cual  vivamente  deseamos. 

Diremos  más:  si  España  ha  de  hacer  algo  en  este  asunto, 
como  lo  piden  sus  intereses,  debe  ser 
asociándose  á  la  Aliafiza,  ayudándola  en 
su  altísima  y  mundial  obra,  buscando 
también  su  cooperación,  y  realizando 
juntas  una  obra  de  alta  cultura  que  re- 
dundará en  bien  de  la  humanidad,  en 
primer  término,  y  en  bien  de  ambos 
pueblos,  tan  unidos  por  la  geografía  y 
por  la  historia,  después.  Estas  conside- 
raciones y  la  importantísima,  ya  seña- 
lada, de  que  el  pueblo  judío  español  está 
cambiando  hoy  gracias  principalmente  á 
la  influencia  que  ejerce  la  Alianza  so- 
bre una  población  de  cerca  de  medio 
millón  de  israelitas,  en  su  mayoría  de  ori- 
gen sefardí,  nos  requieren  detenernos  un  poco  exponiendo,  si- 
quiera sea  solamente  á  grandes  rasgos,  la  constitución  del  pro- 
fesorado. 


FiG.  49. — Isaac  Pisa,  ilug- 
trado  profesor  de  la  Alian- 
za en  Tánger. 


Los  profesores  de  la  Alianza  israelita  se  escogen  entre  los 
discípulos  de  sus  Escuelas  de  Oriente  y  del  Norte  de  África 
por  medio  de  un  concurso  general.  Todos  los  años,  en  el  mes 
de  Junio,  fija  el  Comité  central  el  número  de  admisiones  que 
necesita  la  Escuela  Normal  Oriental,  y  abre  un  concurso,  al  cual 
aspiran  los  alumnos  que  tienen  inclinación  particular  al  profe- 
sorado y  que  no  padecen  enfermedad  crónica  alguna,  ni  defec- 
to físico.  El  Comité  central  escoge  los  mejores  entre  los  pro- 
puestos. 

Los  escogidos  deben  hacer  cuatro  cursos  anuales  en  la  Es- 


278 

cuela  Normal.  El  primer  año  se  preparan  para  el  título  elemen- 
tal, que  da  derecho  á  enseñar  el  francés.  Los  años  segundo  y 
tercero  se  preparan  para  el  título  superior,  que  supone  el  de 
institutor.  El  cuarto  año  es  llamado  año  pedagógico  y  sirve 
para  acabar  la  educación  particular  que  debe  tener  un  profesor 
de  la  Alianza,  el  cual,  durante  los  tres  años  primeros,  recibe  la 
misma  educación  que  los  profesores  destinados  á  enseñar  en 
Francia.  Estos  estudios  del  año  último  comprenden  dos  partes: 


FiG.  50. — Escuela  agrícola  de  Mikweh.  (Trilladora  mecánica). 


1."^  Los  cursos  hechos  por  los  profesores  de  historia:  política,  et- 
cétera, geografía,  historia  de  la  literatura  francesa  contempo- 
ránea y  las  literaturas  extranjeras;  ciencias,  matemáticas,  peda- 
gogía, historia  de  la  pedagogía;  y  2.'"^  Las  conferencias  hechas 
por  los  alumnos  para  habituarles  á  hablar  en  público.  El  alum- 
no escoge  su  asunto  en  hteratura,  ciencias,  etc.,  y  le  estudia 
durante  algunos  meses.  Cuando  está  ya  preparado  le  presenta 
á  sus  camaradas  bajo  la  dirección  del  profesor,  que  hace  la  crí 
tica  de  su  conferencia. 

Finalmente,  el  alumno  de  cuarto  año  debe  presentar  dos 
Memorias,  escritas  la  una  sobre  un  asunto  dado  y  la  otra  elegi- 
da á  su  gusto. 

Independientemente  de  los  cursos  franceses  y  de  lenguas 
extranjeras  hay  los  cursos  de  hebreo,  que  comprenden  el  estu- 
dio de  la  Biblia  y  de  la  gramática  hebrea,  del  talmud  y  de  la 


279 

historia  judía.  Al  fiual  del  tercer  año,  el  alumno  sufre  un  exa- 
men ante  el  gran  rabino  de  Francia,  quien  le  expide  un  diplo- 
ma de  hebreo. 

Finalmente,  el  alumno  debe  conocer  un  oficio  manual,  que 
generalmente  es  el  de  carpintero. 

El  alumno  goza  generalmente  de  libertad  completa  en  sus 
estudios,  y  no  tiene  otra  dirección  moral  que  la  de  los  profeso- 
res. Ninguna  vigilancia  le  molesta  en  sus  estudios,  ni  en  su 


[. 

%^tmjB^^m 

fll^^^ 

FiG.  51.-— Alnmwos  ile  la  escuela  agrícola  ile  Mikwelí,  á  la  vuelta  ilel  .Jonlán. 

conducta.  De  este  modo  desarrolla  todas  sus  facultades  y  se 
aplica,  sin  perder  de  vista  los  exámenes,  á  la  rama  ó  materia 
que  más  le  agrada. 

El  profesor  de  esta  suerte  formado  se  compromete  á  servir 
durante  diez  años  á  la  Alianza;  pero  las  deserciones  son  poco 
numerosas,  y  la  mayoría  sirve  más  tiempo.  Las  obligaciones 
que  contrae  son  múltiples:  Debe  primero  dar  sus  cursos  en  la 
escuela,  ayudar  al  director  en  la  vigilancia,  mantener  alñerta 
la  biblioteca  á  todo  el  mundo,  etc.  Cada  dos  meses,  por  lo  menos, 
debe  dirigir  al  Comité  central  alguna  relación  sobre  cualquier 
asunto;  por  ejemplo:  la  vida  de  la  escuela,  la  conducta  de  los 
alumnos,  los  métodos  de  enseñanza,  sucesos  en  la  Comunidad 
y  en  la  población,  costumbres,  usos,  supersticiones,  relaciones 
entre  los  judíos  y  los  extranjeros,  los  estudios  personales, 
etcétera,  etcétera. 


280 


■  Estos  son  sus  deberes;  pero  como  la  Aliama  quiere  que  sus 
profesores  sean  verdaderos  misioneros  y  campeones  de  todas 
las  ideas  modernas,  no  se  encierra  su  misión  en  los  cuatro  mu- 
ros de  la  escuela,  sino  que  están  y  se  sienten  obligados  moral- 
mente,  á  interesarse  en  todo  lo  que  sucede  en  la  Comunidad:  á 
crear,  dirioir,  organizar  sociedades  de  beneficencia,  literarias  y 
artísticas;  á  conferenciar  por  todas  partes  donde  se  les  llama, 
dar  cursos  de  noche  á  los  adultos  que  desean  aprender,  defen- 
der los  israelitas  contra  las  persecuciones  y  las  calumnias,  sin 
meterse  en  polémicas. 

En  los  pueblos  todavía  bárbaros,  como  Persia  y  Marruecos, 
la  misión  de  un  profesor  de  la  Alianza  adquiere  la  grandeza  de 
un  verdadero  apostolado:  es  el  jefe  de  la  Comunidad,  su  repre- 
sentante, el  que  distribuye  los  socorros,  el  que  preside  todas  las 
sociedades  y  las  defiende  contra  los  ataques  de  los  fanáticos, 

con  ayuda  de  los  cónsules  ex- 
tranjeros, el  que  ejerce,  en  fin, 
una  especie  de  tutela  y  de  pro- 
tectorado en  nombre  de  la  ci'sdli- 
zación  y  de  los  derechos  consa- 
grados en  los  pueblos  cultos. 

El  profesor  comienza  con  un 
sueldo  de  1.400  francos  al  año, 
y  además  percibe,  según  las 
ciudades  donde  profesa,  una  in- 
demnización de  residencia.  Tie- 
ne derecho  á  un  mobiliario  to- 
dos los  años;  si  es  apreciado  su 
trabajo,  se  le  aumenta  en  ciento 
ó  doscientos  francos. 

La  baronesa  de  Hirsch  dejó 
al  morir  un  legado  de  cinco 
millones  de  francos  para  cons- 
tituir una  Caja  de  retiro.  Esta  no  se  ha  constituido  aún,  y  no 
se  ha  fijado  todavía  la  edad  á  que  tienen  derecho  á  jubilación, 
ni  la  suma  á  que  se  debe  aspirar.  Los  profesores  confían  en  su 
Comité  central,  que  es  quien  decide  los  derechos  al  retiro. 
Los  profesores  no  tienen  caja  de  socorros.  Si  cae  enfermo 


FiG.  52.  —  Isaac  Eilaanlo  Kann,  Se- 
cretario   general     qae    fué     ile     la 
Alianza. 


281 


un  profesor  en  el  ejercicio  de  sus  funciones,  la  Alianza  se  cuida 
de  atenderle.  En  este  mismo  año  se  ha  constituido  una  Socie- 
dad de  profesores  con  el  fin  generoso  de  ayudar  á  los  enfermos 
y  sostener  el  derecho  de  las  viudas  y  los  huérfanos. 


Cuando  se  leen  los  boletines  de  la  Alianza,  y  se  aprecia  la 
alta  obra  de  cultura  que  realizan  los  profesores,  se  siente  por 
ellos  un  aprecio  grande.  Con  razón  se  los  llama  apóstoles,  y  su 
ministerio  en  algunos  pueblos,  como  en  Persia  y  Marruecos,  es 
de  una  belleza  evangélica  interesante.  Las  correspondencias 
que  escriben,  donde  se  relatan  las  vicisitudes  por  que  pasan 
para  llegar  á  su  destino  á  través  de  lugares  peligrosos,  consti- 
tuir las  escuelas  y  ejercer  eficazmente  su  función  tutelar  contra 
los  atropellos  del  fanatismo  y  de  la  barbarie,  son  á  veces  hasta 
conmovedoras,  y  tienen  todo  el  color  y  amenidad  de  las  aven- 
turas de  los  más  sufridos  exploradores. 

Las  referencias  publicadas  en  el  tomo  de  1903,  por  Mr.  Con- 
fino, sobre  Chiraz,  y  por  Mr.  Basan,  sobre  Bourougerde  y  Ker- 
manchah,  en  Persia,  cautivan  el  ánimo  y  honran  sobremanera 
lo  mismo  al  heroico  personal  de  la  Alianza^  que  al  Instituto 
por  ellos  representado. 

Veáse  el  presupuesto  de  ingresos  y  gastos  correspondientes 
al  año  1903,  que  sostuvo  esta  bienhechora  Institución: 


INGRESOS  Francos. 


Suscripción 163.310,96 

Donativos  á  la  obra  general 4.893,90 

Rentas  diversas 866.262,75 

Rentas  de  la  Caja  de  previsión 16.078,90 

Subvenciones  diversas  para  las  escuelas.  .  .  .  •         46.660 

ídem  de  la  Jewish  Colonization  Association. . . .  263.700 

ídem  del  Gobierno  tunecino 10.000 

Para  las  obras  de  educación  de  la  Argelia 42.805,60 

Cuotas  perpetuas 27.772,35 


Total 1.440.474.35 


282 


GASTOS  Francos. 

Escuela  preparatoria  de  niñas 53.982,65 

Escuelas  primarias,  niños  y  niñas 608.577,15 

Alimentos  y  vestidos 78.961,20 

Escuelas  secundarias  y  superiores 11.615 

Aprendizaje  de  niños  en  Oriente 67.059,60 

ídem  de  niñas  en  id 30.174,15 

Escuela  profesional  de  Jerusalem 65.680,15 

ídem  agrícola  de  Jaffa 68.221,35 

Granja-escuela  de  Djédeída 82*225,85 

Subvenciones  y  alquileres  distintos 8.411,50 

Biblioteca 9.319,05 

Impresiones 18.885,20 

Franquicias 5.632,25 

Alquileres ■% 7.608,30 

Gastos  diversos 61.930,35 

Inmuebles  escolares 303.868,80 

Depositado  en  la  Caja  de  previsión 15.078,90 

Cotizaciones  perpetuas  vertidas  al  capital 27.772,25 

Total 1.625.003,70 


Gastos 1.525.003.70 

Ingresos 1.440.474,35 

Déficit  tomado  del  capital 84.529,35 


Con  recursos  más  cuantiosos  atiende  á  sus  obras  de  bene- 
íicencia  y  á  la  creación  de  colonias  profesionales^  La  Jeivish 
Colonization  Association,  fundada  con  un  capital  de  trescientos 
millones  de  francos,  gracias  á  la  extraordinaria  caridad  de  esos 
bienhechores  que  se  llamaron  barón  y  baronesa  de  Hirchs; 
quienes  abrieron  en  los  negrísimos  destinos  de  los  deshereda- 
dos de  Israel  una  era  nueva,  donde  las  realidades,  por  lo  que 
atañe  á  los  socorros,  y  las  esperanzas,  por  lo  que  incumbe  á  los 
destinos  futuros,  mejoraron  la  vida  horrorosa  de  mirladas  de 
criaturas. 

Hay,  sí,  numerosísimos  nombres  en  la  lista  de  los  que  pro- 
digaron poderosos  auxilios  á  los  descendientes  de  Abraham. 
La  historia  de  la  caridad  y  de  la  beneficencia  en  este  pueblo, 
llenaría  algunos  tomos,  y  las  figuras  que  con  tal  motivo  se  exa- 
minasen causarían  veneración  y  reconocimiento  profundos.  In- 
finitas fueron  y  son  todavía  las  desventuras  y  sufrimientos  de 


283 

la  grey  mosaica,  pero  esto  mismo  ha  servido  para  que  surgie- 
ran de  su  seno  hermosas  y  sacrosantas  encarnaciones  de  la  pie- 
dad, la  misericordia  y  el  altruismo,  y  se  destacaran,  pasando  á 
la  historia,  figuras  como  Montefiore,  el  barón  y  la  baronesa  de 
Hirchs,  Guedalla,  Cremieux,  Rothschild  hermanos,  Pinciotto  y 
otros  muchos  que  son  orgullo  de  la  humanidad. 

Cuando  el  examen  cambia  de  motivo,  y  desde  las  grande- 
zas de  la  virtud  pasa  á  las  de  la  inteligencia,  sorprende  la  evo- 
lución de  este  pueblo,  y  el  número  y  valer  de  sus  genios.  Ha- 
blar de  los  Saadia,  los  Maimonides,  los  Juda  Halevy,  en  pasa- 
dos tiempos;  de  los  Mendelsohn,  Graetz,  Munk,  Heine,  Lasa- 
lle,  Marx,  Herzl,  Disraeli,  Gambetta,  Ottolenghi,  Luzatti, 
en  épocas  contemporáneas ;  y  los  innumerables  que  han  servi- 
do al  desarrollo  y  esplendor  de  imperios  poderosos,  bellas 
artes,  ciencias,  profesiones  liberales,  industrias,  etc.,  sería  abor- 
dar un  aspecto  hermoso  de  la  historia  hebrea  que  no  puede  te- 
ner aquí  formal  cabida.  Ya  en  nuestro  libro  anterior  indicamos 
algo  sobre  la  materia,  y  expusimos  la  regeneración  moral  que 
está  experimentando  el  pueblo  judío  todo,  incluso  el  más  des- 
graciado de  Oriente;  y  forzoso  nos  es  contraernos  á  tan  some- 
ros apuntes.  Se  realice  ó  no  el  ideal  sionista  que  millones  de 
hebreos  alimentan,  va  sin  duda  clareando  más  y  más  la  cerra- 
zón tempestuosa  que  ennegreció  el  cielo  de  su  existencia  du- 
rante miles  de  años.  Días  risueños  se  ofrecen  á  su  porvenir;  de- 
rechos civiles  y  libertad  religiosa  les  consentirán  desenvolver 
tranquilamente  sus  privilegiadas  aptitudes,  y  la  grey  de  Jacob 
podrá  reposar  al  fin  su  atormentado  cuerpo  donde  más  le  plaz- 
ca, y  podrá  servir  con  toda  su  capacidad  á  la  causa  del  progre- 
so como  mejor  prefiera. 

Desde  el  Vaticano,  donde  son  recibidas  con  bondad  comi- 
siones israelitas,  hasta  el  palacio  imperial  de  los  czares,  donde 
Nicolás  II  promete  endulzar  las  severas  disposiciones  que  ri- 
gen la  vida  de  los  cinco  millones  y  pico  de  israelitas  que  resi- 
den, con  aglomeración  mortal,  en  las  provincias  Sudoestes  eu- 
ropeas de  su  inmenso  imperio,  por  todas  partes  alborea  ya  un- 
día  luminoso  y  puro.  Y  esto  permitirá  á  la  infeliz  madre  judía 
mirar  con  risueña  esperanza  la  frente  de  su  hijo,  adormecido 
sobre  su  seno,  como  si  de  ella  se  hubiese  desviado  ya  aquella 


284 


eterna  maldición  que  hacía  exclamar,  siempre  que  un  nuevo 
vastago  de  Judáh  venía  al  mundo:  ¿qué  terrible  destino  se  ceba- 
rá en  ti,  desventurada  criatura?  ¿Para  qué  habrás  nacido,  si  la 
tierra  no  presenta  más  que  abrojos  á  tu  paso? 


La  prensa  numerosa  de  Israel,  que  tiene  órganos  en  todos 
los  idiomas  y  en  las  grandes  metrópolis  del  mundo,  atestigua 
perfectamente  el  esplendor  y  las  consideraciones  de  que  va  go- 
zando su  raza.  Los  reyes  reciben  y  honran  con  frecuencia  á  re- 
presentantes distinguidos  de  ella,  expresándoles  su  estimación; 
los  Gobiernos  todos  les  confían  misiones  importantes  y  altos 

cargos  gubernativos; 
en  los  ejércitos  euro- 
peos, asiáticos  y  ame- 
ricanos tienen  un 
puesto  de  honor  y 
abrillantan  su  oficiali- 
dad; en  la  pohtica  y 
en  la  legislación  inter- 
vienen como  corres- 
ponde á  sus  altas  ca- 
pacidades; la  investi- 
gación científica  re- 
cluta entre  ellos  inge- 
niosos exploradores, 
y  la  alta  enseñanza 
universitaria  sus  más 
afamados  maestros; 
en  la  vida  compleja  y 
esplendorosa  de  las 
grandes  ciudades,  sus 
creaciones  adquieren  una  notoriedad  distinguida,  y  sus  sacrifi- 
cios y  actos  heroicos  se  suman  igualmente  con  los  de  los  más 
fervientes  patriotas,  siempre  que  hay  necesidad  de  atestiguar 
<3on  la  propia  vida  el  amor,  la  gratitud  y  la  lealtad  que  se  deben 
á  la  patria  donde  se  ha  nacido. 

De  esta  suerte,  por  ejemplo,  recuerda  nuestra  memoria  en- 


FiG,  53. — Baronesa  <le  Hirsch. 


285 

tre  muchísimas  referencias  y  noticias,  que  es  un  israelita,  Mat- 
ther  Nathau,  el  gobernador  actual  de  Hong-Kong. — Que  pasan 
de  trece  mil  los  soldados  hebreos  que  hay  en  Rusia,  los  cuales 
vierten  su  sangre  en  los  campos  de  batalla  por  la  gloria  y  el 
poder  de  su  ingrata  patria,  entre  ellos  el  general  Stoessel,  que 
manda  Port-Arthur;  pues  según  referencias  también  desciende  de 
raza  israelita. — Que  fueron  en  número  de  diez  los  distinguidos 
diputados  hebreos  que  había  en  las  últimas  Cámaras  italianas, 
y  es  de  creer  pasen  de  este  número  los  que  vengan  á  las  que  se 
votarán  en  el  mes  de  Noviembre. — Que  en  el  mismo  Rusia, 
mientras  el  czar  decora  al  docto  Beer  Rathner  con  medallas  de 
oro  y  la  Orden  de  Estanislao,  por  su  brillante  labor  intelectual, 
con  la  cual  enriquece  las  ciencias  y  la  historia;  y  Kouropatkine 
decora  en  los  campos  de  batalla  á  médicos  y  soldados  judíos, 
por  su  heroico  comportamiento  en  los  sangrientos  combates  de 
la  Mandchuria,  en  Holanda  es  nombrado  Ministro  de  Estado 
K.  Asser,  profesor  de  Derecho  internacional  de  la  Universidad 
de  Amsterdam;  en  Inglaterra,  Eduardo  II  invita  á  su  baile  del 
palacio  de  Buckingham,  numerosas  damas  y  caballeros  israeÜ- 
tas  de  la  corte,  entre  ellos  los  Ephrussi,  Rothschild,  Yorke, 
Taudel-Phillips,  Sasson,  Gubbay,  Neumann  y  otros  muchos; 
en  Itaha  visita  el  rey  Víctor  Manuel  la  nueva  sinagoga  de  Roma, 
recientemente  inaugurada;  y  en  Londres,  la  infanta  española 
Doña  Eulalia  se  hospeda  en  casa  de  la  señora  van  Raalte. — Que^ 
el  Dr.  Meyer  comienza  á  ejercer  su  alto  cargo  en  Berlín,  v  mon- 
sieur  Hertzberg  crea  nuevos  organismos  públicos  en  la  Austra- 
lia, donde  ha  sido  reelegido  en  su  puesto  de  miembro  de  la  Cá- 
mara de  Comercio  de  Brisbane.^Que  Marcus  Samuel,  lord 
mayor  de  Londres,  recibe  la  gran  Orden  del  Sol  Naciente,  con- 
ferida por  el  emperador  del  Japón,  al  paso  que  los  restos  hu- 
manos del  gran  apóstol  del  sionismo,  Dr.  Herzl,  son  enterrados 
en  Viena  entre  testimonios  de  dolor  de  las  más  ilustres  repre- 
sentaciones profesionales,  intelectuales  y  políticas  de  la  capital 
austríaca. — ^Que  la  reina  de  Inglaterra  confía  á  la  ilustre  pinto- 
ra israelita  Mrs.  Gertrude  Massey,  el  encargo  de  pintar  un  cua- 
dro, y  el  presidente  de  la  República  francesa  decora  con  la  Le- 
gión de  Honor  á  numerosos  israelitas  que  se  han  distinguido 
en  sus  respectivas  profesiones. — Que  un  judío  español  levanta 


286 

en  la  gran  Exposición  universal  de  San  Luis  el  pabellón  Ben- 
quiat;  uno  de  los  mayores  atractivos  en  objetos  de  arte,  y  en  el 
ilustrado  periódico  The  Boolman,  el  autor  de  un  artículo  muy 
sugestivo  sobre  D'lsraeli,  AVilfrid  MeyneJl,  pregunta:  ¿Cómo 
estaría  hoy  España,  cuál  sería  su  lugar  entre  los  pueblos  de 
Europa,  si  hubiera  tenido  por  Ministro  al  judío  español  D'ls- 
raeli?— Que  una  grande  Asamblea  convocada  en  Nueva  York 
por  iniciativa  de  los  profesores  Adler  y  Schechater  decide  fun- 
dar una  Universidad  israelita,  mientras  en  Londres  se  prepara 
la  construcción  de  un  teatro  exclusivamente  hebreo  en  East  End, 
con  dos  mil  localidades,  de  ellas  75U  butacas,  y  un  aspecto  mo- 
numental que  le  hará  figurar  dignamente  entre  los  mejores. — 
Que  en  Hamburgo  se  desenvuelve  La  B'nei  Brith  Loge,  una  de 
las  más  importantes  organizaciones  israelitas  de  Germania, 
cuyo  lema  señala  su  misión  altruista:  «Misericordia,  Caridad, 
Unión»,  y  en  Nueva  York  se  publica  la  Gran  Enciclopedia 
judía,  una  de  las  empresas  literarias  más  colosales,  etc.,  etc., 
y  á  este  tenor  recordamos  una  granizada  de  noticias  que  reci- 
bimos á  diario,  y  acreditan  la  coparticipación  del  judaismo  en 
la  vida  nacional  y  en  el  desarrollo  del  progreso  humano. 


No  pueden  sustraerse  los  Gobiernos  á  empresa  tan  razonable 
como  la  de  atender  y  aprovechar  estas  energías,  y  por  todas 
partes  se  observa  una  protesta  contra  las  injusticias  y  vejacio- 
nes que  todavía  puedan  sufrir  en  algunos  puntos,  y  una  ten- 
dencia á  incorporar  franca  y  noblemente  sus  elementos  á  la 
vida  nacional  común. 

Con  motivo  del  natalicio  del  nuevo  heredero  de  la  corona 
de  Rusia,  y  de  la  sustitución  que  motivó  el  asesinato  de  Plehve, 
— aquel  Ministro  del  Interior  que  tuvo  no  poca  responsabilidad 
moral  en  el  degüello  y  saqueo  de  Kischinef , — lo  mismo  el  czar 
que  el  príncipe  Schwiatopolk  Mirsky,  á  quien  se  confió  la 
cartera,  manifestaron  sus  propósitos  de  ampliar  la  vida  y  me- 
jorar la  suerte  de  los  desdichados  israelitas.  Podrá  hacerse  más 
pronto  ó  más  tarde,  según  las  circunstancias  políticas  que  se 
produzcan  en  ese  colosal  imperio  sometido  hoy  á  una  de  las 
más  terribles  y  sangrientas  pruebas  de  su  existencia,  con  la 
guerra  fuera  y  la  revolución  dentro;  podrán  los  reaccionarios 


287 

y  fanáticos  contener  un  poco  esta  obra  de  civilización  y  de  hu- 
manidad, pero  la  luz  se  ha  hecho,  la  necesidad  se  ha  reconoci- 
do, la  protesta  del  mundo  entero  pesa  sobre  Rusia,  cada  vez 
que  allí  se  comete  un  crimen  contra  el  pueblo  desamparado,  y 
la  obra  definitiva  de  reparación  ya  no  puede  faltar. 

En  Italia,  donde  hay,  según  el  último  censo,  35.617  israeli- 
tas distribuidos  por  igual  en  las  provincias  septentrionales  y 
centrales,  con  alguna  mayor  aglomeración  en  la  Toscana  y  el 
Piamonte,  los  cuales  suministran  ministros  á  los  Gobiernos, 
profesores  á  casi  todas  las  Universidades,  legisladores  á  sus 
Cámaras,  artistas  y  profesionales  de  mérito  á  su  vida  social, 
allí  donde  acreditan  su  amor  á  la  cultura  en  tales  términos  que, 
según  datos  oficiales,  sus  varones,  desde  quince  años  en  adelante 
sólo  presentan  3  analfabetos  por  1.000,  mientras  que  el  resto 
de  la  población  presenta  425,  allí,  en  fin,  el  rey  manifiesta  su 
cariño  á  esta  raza,  se  interesa  por  sus  destinos,  conoce  y  admira 
sus  grandes  figuras,  recuerda  con  orgullo  que  su  país  acogió 
siempre  con  buena  hospitalidad  á  sus  desgraciados  hijos,  pro- 
clama los  grandes  servicios  prestados  á  la  patria  italiana  por 
israelitas  como  Ottolenghi,  Luzatti,  Malvano,  y  recomienda  las 
debidas  atenciones  al  culto  hebreo,  para  que  su  esplendor  no 
desmerezca  del  que  tiene  el  culto  católico.  Y  allí  también, 
hombres  como  Bertarelli,  y  diarios  como  la  Stanipa,  de  Turín, 
examinan  cuánto  conviene  al  Estado  realizar  la  fusión  con  ese 
factor  étnico,  que  habiendo  llegado  á  Italia  después  de  purifi- 
carse á  través  del  filtro  de  toda  la  Europa  Central,  puede  repre- 
sentar una  parte  no  indiferente  en  la  prosperidad  futura  de  la 
nación. 

Y  de  su  parte,  en  fin, — para  no  citar  más  que  tres  grandes 
y  distanciados  Imperios — aparecen  los  Estados  Unidos  de  la 
América  del  Norte,  donde  hallan  un  refugio  gratísimo  los  emi- 
grados rusos  y  rumanos,  ofreciendo  grandes  y  legítimas  espe- 
ranzas de  bienestar  á  la  raza  judaica. 

Como  nueva  tierra  prometida  se  les  ofrece  este  vastísimo 
pueblo,  donde  realizan  uno  de  los  acontecimientos  más  extra- 
ordinarios y  transcendentales  de  su  vida;  el  que  exponía  el 
celoso  y  avisado  secretario  de  la  Alianza,  en  su  discurso  resu- 
men presentado  á  la  XV  Asamblea  celebrada  en  29  de  Abril 


288 


de  1903,  en  París.  Al  hablar  de  los  ejércitos  numerosos  de 
emigrados  que  llegan  sin  cesar  á  los  Estados  Unidos,  y  de  los 
cuales  hubo  meses  en  1902  de  ascender  á  (3.000,  anunciaba  la 
esperanza  de  que  entre  el  viejo  elemento  judío  allí  existente  de 

antiguo,  oriundo  de 
Alemania,  Inglaterra, 
Francia  y  Holanda, 
que  se  ha  asimilado 
la  cultura  de  los  paí- 
ses occidentales,  y  es- 
tas emigTaciones  mos- 
covitas que  llevan 
ideal  nuevo,  un  cono- 
cimiento profundo  de 
la  literatura  hebrea,  y 
una  rica  reserva  de 
energía  moral,  puede 
resultar  un  floreci- 
miento espléndido, 
como  ya  permiten  es- 
perarlo los  primeros 
resultados  alcanzados. 
Gracias  á  esto,  hay 
motivos  para  pregun- 
tarse si,  pasados  cincuenta  años,  no  estará  en  la  América  del 
Norte  el  centro  del  Judaismo  universal. 

Lo  cierto  es  que  la  América  del  Norte  es  claramente  pro- 
tectora de  esta  raza.  Cuando  los  asesinatos,  incendios  y  saqueos 
de  Kischinef  conmovieron  al  mundo  civilizado,  en  los  días  G  y 
20  de  Abril  de  li)02,  se  formuló  una  protesta  casi  general  en 
los  Estados  Unidos,  desde  el  presidente  de  la  República,  abajo. 
En  más  de  cincuenta  lugares  de  veintisiete  Estados  de  la  Con- 
federación, se  celebraron  setenta  y  siete  reuniones  púbHcas: 
senadores,  diputados,  gobernadores  de  Estados,  un  cardenal, 

tres  arzobispos,  cuatro  obispos se  interesaron,  de  palabra  ó 

por  escrito,  en  estos  mitins,  y  rirmó  luego  las  protestas  de 
tan  soberbia  manifestación  de  piedad  y  de  humanidad,  un  nú- 
mero asombroso  de  senadores,  diputados,  altos  funcionarios^ 


FiG.  -54. — Barón  de  Hirsch. 


289 

gobernadores  de  los  Estados  particulares,  presidentes  de  tribu- 
nales superiores,  jueces  de  tribunales,  alcaldes,  etc.  Solamente 
el  clero  cristiano  aparecía  representado  por  tres  arzobispos,  siete 
obispos  y  504  pastores. 

Cuando  Rooselvet  recibió  la  comisión  que  le  llevaba  el  men- 
saje firmado,  para  que  se  sirviera  cursarle  y  remitirlo  al  Go- 
bierno ruso,  el  presidente  pronunció  un  discurso  muy  elevado, 
y  en  él  recordó  lo  que  deben  los  Estados  Unidos  á  la  raza  ju- 
día, así  en  los  campos  de  batalla  <como  en  la  paz.  «Uno  de  los 
poemas  más  conmovedores  de  nuestro  gran  poeta  Long  fellow 
— dijo — está  consagrado  al  cementerio  judío  de  Xueva  York, 
y  todo  el  que  visite  los  campos  santos  de  nuestras  ciudades,  que 
recuerdan  los  antiguos  tiempos  de  la  colonización,  leerá  con  re- 
conocimiento los  nombres  de  los  americanos  de  raza  judía  que, 
así  en  la  paz  como  en  la  guerra,  consagraron  todas  sus  fuerzas 
á  la  fundación  de  nuestra  patria». 

Combatiente  Rooselvet,  á  su  vez,  en  uno  y  otro  campo,  citó 
á  este  propósito  las  muchas  ocasiones  en  que  el  valor  y  el  pa- 
triotismo de  los  israelitas  americanos  habían  emocionado  su  co- 
razón patriota;  y  entre  otras  sentidas  declaraciones,  todas  dig- 
nas del  Presidente  de  una  gran  Repúbhca,  hizo  las  siguientes, 
con  las  cuales  deseamos  cerrar  este  capítulo: 

s<03  he  referido  algunos  ejemplos  de  hombres  que  han  ser- 
vido á  mis  órdenes,  ya  en  mi  regimiento,  ya  en  la  policía  neo- 
yorkina.  Pero  además  de  ellos,  muchos  de  mis  mejores  amigos, 
de  aquellos  con  quienes  me  hallo  en  contacto  más  estrecho  en 
la  vida  política,  son  judíos. 

.Siento  naturalmente  por  vosotros  una  alta  simpatía  perso- 
nal; por  otra  parte,  experimento  una  indignación  personal  ante 
la  espantable  tragedia  que  acaba  de  suceder.  Os  puedo  asegu- 
rar, señores,  que  mis  sentimientos  son  absolutamente  idénticos 
á  los  vuestros.  De  igual  modo  que  yo  me  hallaría  con  derecho 
á  esperar  de  vosotros  la  misma  indignación  ante  una  tragedia 
de  la  cual  fuese  víctima  un  pueblo  cristiano,  así  también  me 
sentiría  indigno  de  la  situación  que  ocupo  si  no  sintiese  el  mis- 
mo dolor,  la  misma  indignación,  ante  las  violencias  que  sufrían 
los  judíos  en  cualquiera  parte  del  mundo». 

Y  concluyó  su  culta  alocución  con  las  siguientes  frases: 

,     19 


•290 

«Ningún  suceso  de  los  últimos  tiempos  atrajo  ni  atraerá  en 
grado  mayor  mi  atención.  Tomaré  una  medida  que  prometa  un 
resultado  cualquiera  para  probar  la  sinceridad  de  la  divisa  his- 
tórica de  los  Estados  Unidos,  según  la  cual  cada  uno  debe  ser 
juzgado  conforme  á  sus  méritos,  sin  mirar  á  su  religión,  á  su 
raza,  ni  á  su  origen. » 

Y  con  estas  altísimas  palabras  declaramos  terminada  la  pri- 
mera parte  de  nuestra  obra. 


SBQ-XJNDjV  p^rte 


CAPÍTULO  PRIMERO 


índice  de  nuestra  colaboración  sefardita  mundial.  -Europa.— Alemania.— Sefar- 
díes de  Berlín.— Informe  de  Fina  Ha'ím.- Sefardíes  de  Hamburgo.— Informes 
de  Benezra  y  Cassuto.— Austria  Hungría.— Viena.— La  leyenda  de  D.  Diego  de 
Aguilar.— Colonia  sefardita  vienesa. — Marcos  M.  Ruffo.— La  nueva  sinagoga 
española.  — Cementerio  sefardita.— Informe  de  Mazliach.— Hungría.  — Informes 
de  Kayserlingy  Steuer  Geza.— Los  israelitas  españoles  de  Hungría.  — Croacia. 
—  Los  israelitas  españoles  de  Zimony,  ó  Semlin. 


Vamos  á  exponer  en  esta  segunda  parte  los  informes  re- 
gionales que  hemos  logrado  recoger  acerca  de  los  sefardim.  La 
rápida  presentación  que  dejamos  hecha  en  el  capítulo  primero 
de  la  obra  tendrá  aquí  mayor  desarrollo,  y  permitirá  apreciar 
con  más  exactitud  la  importancia  y  distribución  de  este 
pueblo. 

Dijimos  ya,  y  volveremos  á  repetir  ahora,  que  nuestra  in- 
formación no  es  completa,  porque  faltan  datos  para  abrazar  y 
conocer  bien  el  conjunto  y  las  proporciones  de  la  dispersión 
que  hoy  presentan  los  descendientes  de  nuestros  expatriados; 
pero  eso  no  impide  que  sean  interesantísimos  los  que  podremos 
aportar  á  este  sitio,  para  que  tengan  conocimiento  de  ellos  así  la 
nación  española  como  los  mismos  sefardíes,  cuya  auto-difusión 
por  el  planeta  conocen  mal. 

Haremos  nuestra  exposición  según  mejor  nos  parezca:  unas 


292 

veces  extractaremos  lo  interesante  y  pertinente  de  la  correspon- 
dencia; otras,  siempre  que  juzguemos  debe  ser  leído  el  mismo 
informante,  ya  por  su  autoridad  personal,  ya  por  su  estilo  ó  ya 
por  la  materia  que  presenta,  reproduciremos  cuándo  los  trozos 
más  importantes  de  su  correspondencia,  cuándo  la  carta  toda. 

La  nación  que  cuenta  mayor  número  de  sefardíes  y  éstos 
más  uniformemente  distribuidos,  es  Turquía;  pero  como  tiene 
su  imperio  situado  en  Europa,  Asia  y  África,  esta  circunstan- 
cia nos  obligará  á  estudiar  fragmentada  su  población  israelita, 
para  sujetarla  á  la  necesidad  que  sentimos  de  ordenar  la  mate- 
ria, presentando  primero  su  distribución  topográfica  por  conti- 
nentes, y  después  las  naciones  por  orden  alfabético. 

Dedicaremos  un  espacio  proporcionado  á  la  importancia  es- 
tadística y  social  que  tengan  las  comunidades.  Por  este  motivo 
nuestro  estudio  se  esmerará  un  poco  cuando  hablemos  de  los 
sefardim  que  habitan  Constantinopla,  Salónica,  Esmirna,  Vie- 
na,  Tánger  y  Buenos  Aires,  que  son  los  centros  principales  del 
judaismo  español.  Los  de  Bucarest,  Bayona,  París  y  Londres 
merecerán  también  una  exposición  preferente,  aunque  en  me- 
nor grado. 

Publicamos  á  continuación  la  lista  de  los  señores  á  quienes 
debemos  la  amabilidad  de  habernos  alentado  y  escrito  sobre  la 
materia  israelita,  con  más  ó  menos  extensión,  y  el  lugar  de  su 
residencia  (1).  Una  vez  más  les  repetimos  nuestro  agradecimien- 
to, ya  consignado  en  el  prólogo  de  la  obra.  En  casi  su  totali- 
dad son  israelitas,  pero  hay  algunos  que  no  lo  son.  Para  evitar 
confusiones,  irán  con  letra  bastardilla  estos  segundos: 

EUROPA 

Ale^iaxía. — Berlín:  Fina  Haim.  Y.  Errera,  Dr.  Hollé;  Liceo  Covo  y 
Pedro  JJúr/ica. — Hamburgo:  David  lienezra  y  J.  Cassuto. 

AusTUiA-HuNGKÍA. —  Viena  (Austria):  Moritz  Levy;  Liceo  Adutt  y 
Rafael  Mazliach. — Budapest  (Hungría):  M.  Kayserling  y  Dr.  Steiier  Geza. 
—Pancsova  (Hungría):  Enrique  Haim.— S'em/im(Slavonia-Hungría):  M.  Ca- 
len.—Tnesíe  (Istria):  Micca  Gross  Alc&lay.  —  Sarayevo  (Bosnia):  Abraham 
Cappon,  Abraham  Levi  Sadic,  Salomón  S.  Alcalay,  y  «La  Benevolencia». 

BÉLGICA. — Amberes:  Luis  Rubio  Amoedo,  Y.  Galimi  y  Joseph  S.  Hirsch, 


(l)     Cerramos  la  -serie  al  imprimirse  el  pliego.  Por  lo   ilemás,    huelga    decir 
que  con  frecuencia  recibimos  cartas  de  nuevos  correspondientes. 


293 

España. — Madrid:  Señores  varios:  Sitges,  Cansino,  Picón,  Menéndez, 
Pidal  (R),  Farache,  de  Burgos  Seguí  (Doña  Carmen),  Argente,  Pando  y 
Valle,  etc. —Sevilla:  Carlos  Cañal  y  José  Levy. — Cádiz:  Bonifacio  Domín- 
guez.— Barcelona:  Isidro  Torres,  J.  C.  Pundsack  y  Agustín  G.  Minguez. — 
Irún:  Mauricio  Percire. — Orense:  Benito  Fernández  Alonso. — Alicante: 
M.  J.  Bensasson. 

Fe ANCí A.  — PaWs;  Justo  Rosell,  Jenaro  Cavestany,  Max  Nordau, 
Eduardo  Enriquez,  M.  L.  Cornea,  Zadoc  Kan,  J.  Levy,  Ys.  Danon. — 
Bayona:  Aaron  Salcedo,  Gersam  Pereire. — Biarritz.  Enrique  L.  León. — 
Enghien  les  Bains:  Emman.  Contamine. 

Gkecia. — Doctor  Francisco  de  los  Cobos. 

IiíGLATEREA. — Londves:  Joshua  M.  Levy. — Manchester:  David  G.  Gar- 
son.—  Gibr altar:  Joseph  Elmaleh  y  S.  Cohén. 

Italia. —  Turin:  Henri  Jacques  Vítale. — Cásale  Mon  Ferrato:  Ferrucio 
Levi. 

Portugal. — Lisboa:  José  Benoliel. 

Rumania. — Bucarest:  Enrique  Bejarano,  Lázaro  Ascher,  Isaac  David 
Bally. — Rosiori:  M.  Gafiy. — Constanza:  Gabriel  Puvy. — Calarasi:  Jaime 
Canetti. 

Servia. — Belgrado:  Benko  S.  Davitscho  y  Aaron  Lowy. 

Sviz A. —Ginebra:  Wer  Meimer. 

Turquía  Europea. — Constantinopla:  Moisés  Fresco,  Abraham  Danon^ 
Daoud  Rousso,  Moisés  dal  Médico,  Alberto  Cazes,  Nicasio  Moral  y  Cañete, 
Elias  Bajá. — Salónica  (Macedonia):  Moisés  Abravanel,  Samuel  S.  Halevy, 
Elía  S.  Arditti,  Salomón  Salem,  José  Nebama.— Serrés  (Macedonia):  Mer- 
cado J.  Covo. —  Adrianópolís:  Jacques  Danon,  José  Mitrani. — Janina: 
E.  Carmena,  E.  J.  Levy. — Demotica:  Moisés  Franco. — Gállipoli:  Rafael 
Amato  y  Levy  Franco. — Monastir:  Joseph  Misraeli. 

ASIA 

Turquía  Asiática. — Esmirna:  Joseph  Romano,  Gad  Franco,  Rafael 
Cohén,  León  Hadjes,  J.  de  R.  Rousso,  Aaron  José  Azan .  —  Beyrouth 
(Siria):  S.  I.  Pariente,  Elmaleh,  León  Calef,  Joseph  Behar  Isaíe. — 
Jerusalem  (Palestina):  Alberto  Antebi,  Moisés  Azriel. — Jaffa:  Joseph  Sou- 
cino. 

ÁFRICA 

Marruecos. — Tánger:  Rahma  Toledano,  Pinhas  Asayag,  Abraham 
Pimienta,  Salomón  Benoliel,  Abraham  Ribbi,  Isaac  Pisa,  Abraham  Pinto, 
A.  tle  J.  Laredo,  Jacobo  S.  Levy. —  Tefuán:  Enrique  Carmona.  —  Fez: 
Fortunato  Levy,  Alfonso  Cerdeira. —  Casablanca:  A.  Rotonda  Nicolau. — 
Larache:  3.  Benchimol. —ü/ct^a^áM;  David  Moses  Mazagán — Melilla:  Pablo 
Vallescá. 

Argelia. —  Oran:  Salomón  Levy. — Constantina:  L.  H.  Navon. 

TÚNEZ. —  Túnez:  Salomón  Lasry,  Abraham  Castro. 


294 

EoiFTO.—  Alejandría:  A.  Spagnolo,  J.  Danon.— E'Z  Cairo:  Abraham 
Galante. 

Bahía  Delagoa. — Lorenzo  Jfarqués:  Judah  Danon. — Zanzibar:  Vi- 
cente Vera. 

AMÉRICA 

Estados  Víi idos.— Nueva  York:  A.  D.  Strauss,  J.  V.  Behar. 
Colombia. — Barr anquüla:  Abraham  López. 
Antillas  Holandesas.— Citrafao;  Haim  M.  Pensó  y  Haim  Sénior. 
Abgentina. — Buenos  Aires:  Abraham  D.  Levy  y  Dr.  T.  Wechsler. 


L— EUROPA 


ALEMANIA- BERLÍN 


Debemos  á  nuestros  amables  correspondientes  la  Srta.  Fina 
Haim  y  D.  Liceo  Covo  los  datos  que  poseemos  sobre  la  capital 
del  Imperio  alemán. 

Hay  contados  sefardim  en  Berlín,  y  éstos  se  constituyeron 

en  hermandad  ó  comunidad,  se- 
gún nos  refiere  Fina,  hace  poco 
tiempo.  El  Sr.  Covo,  en  una  res- 
puest"^  á  nuestro  cuestionario  que 
nos  envió  con  fecha  14  de  Julio 
de  1904,  nos  habla  de  los  siguien- 
tes israelitas  españoles  allí  resi- 
dentes: Isidoro  Covo  y  L.  Haim. 
mercaderes,  en  grande,  de  tapices 
orientales;  Víctor  i^lbahary,  comi- 
sionista; Elias  Benyaisch,  Mosco 
Calmi,  Ernest  N.  Covo  y  N.  Ro- 
mano, comerciantes;  Liceo  Covo, 
Bension  Benvenisto,  A.  Rosano, 
Nissim  Cohén,  Eskenazy  y  Hein- 
rich  Levy,  E.  Y.  Uziel  é  Is.  Kamer- 
mam,  comisionistas;  Navon,  estu- 
diante de  alemán  y  profesor  de 
español;  Dr.  Samuel,  profesor  de 
francés;  Dr.  Benaroyo,  médico;  Darío  Errera,  ingeniero-me- 
cánico; Cappon,  empleado,  etc.,  y  tres  ó  cuatro  más. 

No  cree  Covo  que  haya  muchos  sefardim  en  Alemania.  So- 


FiG.  55.  —  Señorita  Fina  Haim,   is- 
raelita española,  de   talento  artís- 
tico y  premiacla  en  escultura. 


295 


lamente  conoce  en  Mimich  á  D.  S.  Gabay,  también  comercian- 
te de  tapices  orientales.  No  ocupan  posiciones  en  el  Gobier- 
no, no  publican  periódicos  en  judeo-español,  ni  tienen  escuelas 
españolas  ó  donde  se  en- 
señe el  español.  Hay,  sí. 
quienes  aprenden  el  espa- 
ñol, como  podría  atesti- 
guarlo el  distinguido  pro- 
fesor D.  Pedro  de  Múgica. 
que  á  algunos  ha  enseña- 
do. En  un  acreditado  Co- 
legio de  Berlín  que  dirige 
su  esposa  D.*  Celes  Sey- 
del,  y  el  cual  visitan  comi- 
siones extranjeras,  fueron 
educadas  las  señoritas  de 
Hañn.  Conservan,  los  que 
hay,  su  idioma  nativo:  el 
judeo-español;  y  acepta- 
rían con  placer  relaciones 
con  su  patria  española. 
No  sufren  leyes  de  excep- 
ción, ni  persecuciones.  No 
teniendo  comunidades 
propias,  se  han  incorpo- 
rado á  las  alemanas.  Is- 
raelitas alemanes  hay  de 
ochenta  á  cien  mil. 

La  fineza  de  la  Srta.  Fina  Haím  nos  suministra  el  siguiente 
romance.  Nos  le  manda  escrito  según  le  ha  oído  á  su  abuelita, 
á  quien  pidió  le  cantara  leyendas  españolas.  Bien  se  advierte 
que  está  corrompido.  Nuestra  adorable  amiguita  pertenece  á 
una  distinguida  famiha  española  oriunda  de  Oriente.  Sus  pa- 
dres poseen  el  mejor  almacén  de  alfombras  y  tapices  que  hay 
en  Berlín,  y  tiene  otras  tres  hermanas,  no  menos  encantadoras 
que  Fina,  llamadas  María,  Clara  y  Rosa,  con  cuyos  retratos 
embellecemos  este  libro: 


FlG.  56. — Señorita  María   Haím,  ili.stiugni.la 

sefardí,  aventajaila  en  la  E.scnela  de  arte.*;  ó 

indu.strias. 


296 

ROMANCE  ESPAÑOL 

Traición  á  Don  Vergele 
Por  los  Palacios  del  rey 
Por  amar  una  doncella 
Que  se  llamava  Sadé. 
Xi  maf  alta  ni  mas  baja, 
Sobrina  era  del  rej*. 
«Que  lo  meten  á  Don  Vergele 
A  las  cárceles  del  revi. 
Passo  tiempo  y  vino  tiempo 
Ninguno  se  acordan  del; 
Su  madre  la  desdichada 
Cada  dia  lo  iva  a  ver. 
Debajo  del  pecho  izquierdo 
Le  Uevava  de  comer. 
El  rey  estando  en  la  misa 
Vido  pasar  una  mujer; 
Demandó  el  rey  a  su  gente 
¿Quien  es  esta  mujer 
Que  de  pretos  va  vistida 
De  cabesa  hasta  los  pies? 
Madre  es  de  Don  Vergele 
Que  en  las  cárceles  tenéis. 
Agamos  pronto  la  misa 

Y  allí  lo  iremos  á  ver. 
Salto  ¡a  reina  y  dijo: 
«Yo  sin  él  no  comeré». 

-i Buenos  dias  Don  Vergele» 
«Buenos  me  tenga  el  Siñor  rey>. 
«¿Que  haces  tu  Don  Vergele 
En  las  cárceles  del  rey?> 
«Penando  estoy  mis  cabellos 
Con  la  mi  barba  también, 
Agora  por  mis  pecados 
3Ie  se  empiesa  a  enblanquecer». 
«¿Cuantos  afios  Don  Vergele 
Que  en  las  cárceles  estas?  " 
«Siete  años  Siñor  rey, 
Tres  me  mancan  para  dies. 
Si  gusta  Siñor  rey 
Cumpliré  los  dies  y  seis». 
«Altos,  altos  caballeros 
Los  que  de  mi  pan  coméis. 
Tomaréis  a  Don  Vergele 

Y  al  baño  lo  llevaréis, 


297 

Vestidos  buenos  le  poneréis, 

Y  montado  en  mi  caballo 
Al  palacio  lo  llevaréis, 
Con  Sade  lo  casaréis, 

Y  hombre  grande  lo  haceréis». 
Estas  palabras  diciendo, 

La  romance  se  acabo. 


HAMBURGO 


Dos  conocidos  sefardíes  han  tenido  ]a  amabilidad  de  ilus- 
trarnos acerca  de  los  correligiouaiios  que  existen  en  esta  es- 
pléndida ciudad  alemana: 
los  Sres  D.  David  Benez- 
ra  y  D.  J.  Cassuto. 

El  primero  nos  esti- 
mula á  perseverar  en  la 
empresa,  diciéndonos: 

Tarde  ó  temprano  sus  es- 
fuerzos serán  coronados  de 
suceso  y  siguramente  encon- 
traran la  gratitud  de  miles  <'e 
hermanos.  A  mesura  que 
aprenderán  la  lingua  española 
apreciaran  también  su  valor. 
La  introducción  entre  los  ju- 
díos de  Turquía  de  la  verda- 
dera lingua  española  traerá 
grandes  provechos  á  los  dos 
países  turccí-español,  í  los  ju- 
díos serán  dichosos  de  poder 
ser  útil  á  su  vieja  y  nueva  pa- 
tria; i  desenvolver  el  comercio 
entre  España  y  Turquía. 

El  Sr.  Benezra  recuer- 
da noblemente  lo  que  de- 
ben los  judíos  al  Gobierno 

turco  3'  á  sus  magnánimos  soberanos,  por  la  hospitalidad  y 
derechos  que  les  fueron  acordados?;  por  lo  cual  es  un  deber 
sagrado  de  todo  judío  de  Oriente  laborar  por  el  progreso  de  su 
patria. 


FiG.  57. — Señorita  Rosa  Haim,  distinguida 
por  .su  talento  y  cultura. 


298 


El  Sr.  Cassuto  nos  proporciona  una  información  clara  y 
breve.  Por  ella  sabemos  lo  siguiente: 

La  comunidad  sefardita  de  Hamburgo  data  de  fines  del  siglo  xvi. 
La  fundó  cierto  número  de   israelitas,  principalmente   negociantes 
oriundos  de  Portugal;  motivo  por  el  cual  adoptó  el  título  de  «Comunidad 

portugués-israelita >,  aunque  cree- 
que  con  más  razón  debía  haberse 
llamado,  como  hizo  la  de  Londres 
«comunidad  de  israelitas,  españoles 
y  portugueses >,  pues  no  pocos  de 
sus  fundadores,  aunque  hablaban  el 
portugués,  descendían  á  su  vez  de- 
antepasados españoles,  como  lo  pue- 
ban  sus  apellidos:  García,  Belmonte, 
de  Lemos  etc.  En  los  tres  siglos  que 
mediaron  desde  su  fundación,  esta 
comunidad  perdió  mucho  de  su  an- 
tiguo explendor;  gran  número  de  Ios- 
miembros  que  la  componían  emi- 
graron, cooperando  á  formar  otras 
congregaciones,  como  la  de  Nueva 
York  y  la  de  Jamaica;  la  cual,  según 
se  dice,  consta  en  su  mayor  parte  de 
sefardíes,  descendientes  de  la  de 
Hamburgo.  Esta,  en  tiempos  pasa- 
dos, contaba  entre  sus  miembros 
muy  insignes  eruditos  y  poetas,  y  un 
número  considerable  de  riquísimos 
negociantes  que  contribuyeron  en 
notable  grado  al  desarrollo  de  las 
relaciones  comerciales  entre  esta  ciu- 
dad y  la  península  ibérica  y  sus  colonias.  En  la  actualidad  ya  tío  son  más 
que  unas  veinte  familias.  Hasta  principios  del  siglo  xix  dominaba  entre- 
ellos  el  idioma  portugués,  el  cual  fue  poco  á  poco  suplantado  por  el  del 
país,  es  decir  el  alemán,  aunque  á  la  par  siempre  se  ha  conservado  vivo  el 
recuerdo  de  España,  cuya  lengua  quedó  investida  de  una  especie  de  san- 
tidad casi  igual  á  la  hebrea.  Así  es  que  el  antiguo  reglamento  de  la  es- 
cuela de  niños  preceptuaba  que  los  discípulos  aprendiesen  á  traducir  el 
pentateuco  y  los  profetas  en  ladino,  esto  es,  en  castellano  antiguo.  En  el 
cementerio  israelita  de  Hamburgo  existe  una  lápida  que  lleva  esculpida 
en  hebreo  y  castellano  la  bendición  que  acostumbran  decir  cuando  entran 
en  dicho  recinto.  Hasta  hace  pocos  años  las  señoras  que  no  comprendían 
bastante  el  hebreo,  usaban  devocionarios  en  castellano  antiguo,  y  aun  hoy,, 
en  los  dias  solemnes,  el  sochantre  dice  en  español  las  primeras  palabras 
de  las  oraciones.  En  lastres  semanas  de  luto  que  en  memoria  de  la  des- 


FlG.    5^.—  Stñorita  Clara  Haim,  dis- 
tinguida por  .sus  cuadros  al  óleo. 


299 

tracción  del  Templo  se  observan  por  los  meses  de  Julio  y  Agosto,  el  ca- 
pítulo de  Jos  profetas  que  es  costumbre  leer  en  las  sinagogas  todos  loa 
Sábados,  se  recita  alternadamente  en  hebreo  y  castellano,  sin  duda  para 
recordar  al  mismo  tiempo  el  destierro  de  España  que  sucedió  en  igual 
temporada  del  año  de  1492. 

Respondiendo  al  cuestionario,  nos  dice  el  Sr.  Cassuto  lo  si- 
guiente; 

Hay  en  Hamburgo  unos  80  ó  100  individuos  israelitas  españoles. 

Hamburgo  es  el  único  punto  de  Alemania,  donde  actualmente  se  halle 
una  comunidad  sefárdica.  Hasta  hace  unos  veinte  años  había  otra  pequeña 
en  Altona,  y  hasta  principios  del  siglo  xix  otra  en  Glückstadt;  ambas 
eran  sucursales  de  la  de  aquí.  En  Berlín  me  consta  que  vive  un  corto  nú- 
mero de  sefardim,  pero  aun  no  ha  llegado  á  formar  Corporación  indepen- 
diente. 

El  estado  bocial  es  el  de  los  demás  habitantes  de  esta  ciudad;  desde 
el  año  de  1848  los  israelitas  gozan  de  los  derechos  de  ciudadanía,  sin  res- 
tricción alguna. 

La  mayor  parte  de  los  individuos  se  dedican  al  comercio  por  mayor; 
algunos  son  abogados  en  los  tribunales,  otros  ejercen  la  medicina. 

Ningún  periódico  se  publica  aquí  en  el  referido  idioma. 

Xo  tenemos  escuela  especial  para  esta  comunidad;  los  niños  concurren 
ya  á  las  escuelas  públicas,  ya  á  la  de  la  comunidad  israelita  alemana. 

No  se  enseña  el  judeo-español  en  las  escuelas. 

Sin  duda  alguna  aceptarían  con  agrado  relaciones  con  su  antigua 
madre  patria. 

Gracias  á  Dios  y  al  estado  del  progreso  que  aquí  reina,  no  sufrimos 
leyes  de  excepción,  persecuciones. 

La  única  librería  de  alguna  importancia  para  semejantes  publicaciones 
es  la  de  A.  Goldschmidt,  calle  Kohlhofen. 

VTENA 

La  capital  de  Austria  constituye  un  centro  sefardí  muy  im- 
portante y  merece  que  le  dediquemos  mayor  espacio. 

La  colonia  sefardita  de  Mena  pasa  de  mil  familias,  descen- 
dientes de  los  judíos  expulsados  de  España  y  Portugal,  las  cua- 
les en  gran  parte  fueron  á  Hungría  y  luego  de  allí  retrocedie- 
ron, instalándose  en  Viena,  donde  se  consagraron  principal- 
mente al  comercio,  á  lo  cual  les  inducían  sus  aptitudes  y  los 
privilegios  concedidos  por  tratados  ajustados  entre  Turquía  y 
Austria.  En  ellos  figuraban  algunos  derechos  de  que  todavía 
hoy  disñ'utan,  y  la  tolerancia  ]  eHgiosa  que  les  permite  celebrar 
culto  sefardí  en  su  propia  sinagoga.  No  usan  vestido  especial;^ 


300 

constituyen  un  factor  social  distinguido  de  la  población;  usan 
el  idioma  histórico  en  su  casa  y  en  el  templo.  Recuerdan  con 
orgullo  que  los  Espinosa,  lord  Beaconsfield,  Pereiras,  fundado- 
res del  Credit  Mohüier,  de  París,  Montefiore,  Conde  de  Cam- 
mondo  y  muchas  otras  eminencias  científicas,  financieras  y  ar- 
tísticas, fueron  descendientes  de  España,  y  mantienen  con  glo- 
ria la  superioridad  de  esta  raza. 

La  comunidad  sefardí  vienesa  fué  fundada  por  Moisés  Ló- 
pez Perera  (Diego  de  Aguilar)  y  su  esposa,  quienes  á  principio 
del  año  1730  eligieron  esta  ciudad  para  establecerse  permanen- 
temente. Años  después  (1736)  habían  reunido  algunos  correli- 
gionarios, los  bastantes  para  fundar  una  comunidad,  en  la  cual 
se  hallaban  las  familias  Cammondo,  Nissan  y  Naftali  Eskena- 
sy,  de  Constantinopla,  quienes  se  juntaban  en  una  casa  (nú^ 
mero  307,  dentro  de  los  muros  del  Ring)  para  celebrar  sus 
prácticas  piadosas.  El  origen  de  esta  comunidad  tiene  acredita- 
da una  leyenda  curiosa,  de  la  cual  nos  mandaron  varios  ejem- 
plares. En  la  ya  citada  Memoria  del  Marqués  de  Hoyos  se  re- 
produce también  en  lenguaje  ladino.  Daremos  de  ella  una  idea, 
aunquCj  como  dice  el  referido  Marqués,  si  es  exacta  la  existen- 
cia histórica  de  D.  Diego  de  Aguilar,  no  lo  son  los  detalles  del 
guante,  la  Inquisición,  etc. 

Se  cuenta  que  la  Inquisición  predominaba  por  el  año  1728 
€n  España  y  practicaba  sus  horrores  con  grande  ensañamiento 
sobre  los  que  judaizaban  y  se  resistían  al  baustismo.  Muchos 
se  sometían  á  las  apariencias  cristianas,  pero  seguían  siendo 
israelitas  en  su  corazón. 

Una  noche,  novelesca  por  lo  tormentosa,  en  la  cual  violen- 
to huracán  y  torrencial  lluvia  azotaban  furiosos  las  ventanas 
del  Palacio  de  la  Inquisición  de  Madrid,  y  los  relámpagos,  su- 
cediéndose  con  grandísima  frecuencia,  iluminaban  la  obscuri- 
dad seguidos  de  aterradores  truenos,  se  detuvo  ante  la  puerta 
principal  de  dicho  edificio  una  mujer,  mirando  con  ansiedad  á 
las  ventanas.  Varias  veces  cogió  el  llamador  y  otras  tantas  lo 
dejó  sin  golpear,  hasta  que  con  nerviosa  resolución  dio  fuertes 
golpes.  Se  abrió  la  puerta,  y  entrando  manifestó  al  vigilante  que 
'necesitaba  ver  al  inquisidor  D.  Diego  de  Aguilar.  Tomaron  am- 
bos por  una  escalera  de  mármol,  atravesaron  varios  corredores 


301 

y  salas  hasta  llegar  á  una  pequeña  puerta,  donde  se  detuvieron. 

— ¿A  quién  anuncio? — preguntó  el  criado. 
Sin  responderle,  cogió  la  mujer  el  picaporte,  abrió  la  puerta 
y,  avanzando,  se  encontró  frente  á  frente  del  inquisidor,  enta- 
blándose el  siguiente  diálogo: 

— ¿Quién  sois  y  para  qué  me  necesitáis? 

— Quiero  suplicaros  gracia  para  una  vida  que  me  es  muy 
cara.  Mañana  al  amanecer  será  conducida  mi  hija  á  la  hogue- 
ra. No  ha  cometido  ningún  delito.  Solamente  ha  obedecido  á 
su  madre. 

— ¿Cómo  se  llama  tu  hija? 

— Es  una  joven  bautizada  á  la  fuerza,  que  vuelve  ahora  á 
su  fe,  la  que  mamó  con  su  leche  materna. 

— Xo  hay  salvación  para  ella,  pobre  mujer.  Has  venido  en 
vano 

— ¡Cómo,  inquisidor!  ¡Quieres  dejarla  morir  sin  compasión; 
quemarla! — exclamó  indignada  la  mujer. 

— La  sentencia  está  dictada  y  yo  no  puedo  revisarla — con- 
testó el  inquisidor. 

— ¿No  puedes — gritó  la  madre — aunque  te  diga  que  esa  jo- 
ven es  tu  hermana,  y  que  esta  mujer  que  tienes  arrodillada  de- 
lante de  ti  es  tti  madre? 

Y  la  infeliz  comenzó  á  narrar  la  historia  del  inquisidor.  Su 
padre  murió  en  la  hoguera.  Ella  y  un  hermano  de  tres  años 
fueron  perdonados  al  aceptar  la  fe  cristiana.  Pocos  días  después 
de  esto  dio  á  luz  un  niño,  el  cual  fué  criado  en  la  fe  judía,  has- 
ta tm  día,  cuando  tenía  siete  años,  en  que  fué  robado  por  agen- 
tes de  la  Inquisición,  mientras  la  madre  y  la  hermana  se  vieron 
precisadas  á  huir.  Pasados  algunos  años,  volvieron  á  Madrid, 
siempre  judías,  y  un  día  apresaron  á  la  hija,  comprobaron  su 
fe  y  la  condenaron  á  la  hoguera. 

— «Tú  eres  mi  hijo — añadió — tú  te  llamas  Moses  Perera.» 
Este  nombre  evocó  muchos  recuerdos  en  el  inquisidor.  Se 
acordó  de  sus  primeros  años,  de  su  madre,  de  su  hermosa  y  pá- 
lida hermana,  y  estrechando   en  sus  brazos  á  la  mujer,  ex- 
clamó: 

— Sí,  debo  salvar  pronto  á  mi  hermana,  muy  pronto,  porque 
si  no,  llegaremos  tarde. 


302 

Abandonó  el  aposento,  y  la  infeliz  mujer  esperó  tiempo, 
mucho  tiempo,  hasta  que  apareció  otra  vez  el  inquisidor  con  el 
rostro  mortalmente  pálido  y  su  cuerpo  encorvado  por  profun- 
do desaliento,  y  con  frase  tristísima  le  dijo: 

— Imposible  darte  lo  que  deseas.  Tu  alhaja  morirá  en  el  tor- 
mento antes  de  pocas  horas.  Espérame,  vuelvo  pronto  y  aban- 
donaremos juntos  esta  casa  del  terror;  no  quiero  llevar  más 
tiempo  este  traje. 

Salió  y  volvió  pronto,  desvestido  ya  de  su  traje  religioso,  y 
llevando  un  guante  y  una  cadena  de  oro,  regalo  que  le  hizo  la 
Archiduquesa  María  Teresa  en  cierta  ocasión,  cuando  el  Empe- 
rador Carlos  YI  se  detuvo  en  Madrid  acompañado  de  su  hija, 
y  el  inquisidor  D.  Diego  de  Aguilar  dio  un  banquete  en  honor 
de  ambos  ilustres  huéspedes.  Con  esta  cadena  en  el  cuello  y  en 
la  memoria  el  ofrecimiento  que  le  hizo  el  Emperador  de  que  se 
dirigiera  á  él  mismo,  si  alguna  vez  se  veía  obligado  á  ir  á  Vie- 
na,  pues  haría  por  servirle  cuanto  pudiese,  partió,  abandonan- 
do ambos  desgraciados  seres  aquel  palacio  para  dirigirse  á  la 
reina  del  Danubio. 

La  madre  enfermó  y  murió  en  el  camino.  Meses  después 
llegó  D.  Diego  Aguilar  á  Viena  y  se  presentó  á  María  Teresa, 
implorando  su  protección  para  él  y  varios  españoles  fugitivos 
que  se  habían  establecido  en  aquella  ciudad.  La  súplica  fué 
atendida.  Moses  Lopes  Perera  obtuvo  grande  protección.  Sus 
merecimientos  le  aquistaron  altas  consideraciones  en  la  corte; 
fué  íntimo  del  Canciller,  y  varias  famiÜas  judías  españolas  lo- 
graron establecerse  á  su  sombra,  entre  ellas  las  ya  citadas  de 
Cammondo,  Nissan  y  Eskenasy. 

Un  día  llegó  á  sus  oídos  la  noticia  de  que  serían  desterra- 
dos de  Austria.  Perera  se  dirigió  á  palacio,  deseando  ver  á  la 
Emperatriz,  y  no  fué  recibido;  en  cambio  se  le  comunicó  la  or- 
den de  suspender  en  absoluto  sus  visitas  ala  corte.  Perera  acu- 
dió á  su  amigo  íntimo  el  Canciller,  quien  le  tranquilizó.  Se  ges- 
tionó por  el  ilustre  judío  español  de  Constantinopla,  Conde  de 
Cammondo,  la  intervención  del  Sultán;  pocas  semanas  después 
llegó  á  Viena  un  correo  extraordinario,  quien  entregó  á  la  Em- 
peratriz una  carta  de  su  soberano.  María  Teresa  llamó  á  su 
•Consejo,  y  en  una  sesión  secreta  quedó  acordado  notificar  al 


303 


Sultán  que  la  Emperatriz  satisfacía  su  deseo  con  tanto  más 
gusto  cuanto  que  no  estaba  acordado  aún  el  destierro  de  los 
judíos.  Aquel  mismo  día  la  Soberana  disolvió  su  Consejo  y 
encargó  al  Canciller  la  formación  de  otro  nuevo.  Quiso  llamar 
á  Perera,  pero  éste  había  huido  de  Viena  porque  el  Gobierno 
español  le  reclamaba,  y  nadie  supo  adonde  se  dirigió.  Según 
unos,  se  encaminó  á  Amsterdam;  según  otros,  á  Bucarest,  don- 
de en  1886  vivía  una  señora  judía  rica  y  anciana,  con  apellido 
de  Aguilar,  que  se  supone  fuese  una  descendiente  suya.  Antes 
de  su  huida,  sin  embargo,  dejó  algunos  legados  á  la  comu- 
nidad. 

Durante  ciento  cincuenta  años  los  israelitas  españoles  de 
Viena  celebraron  sus 
reuniones  en  aquel  mo- 
destísimo cuarto,  que 
les  proporcionó  Perera. 
Poco  á  poco  se  creó  una 
sinagoga  modesta,  con 
la  cual  vivió  la  comu- 
nidad, hasta  que  la  elec- 
ción de  Marcus  M.  Ruf- 
fo  para  la  presidencia, 
en  1881,  abrió  una  fase 
más  ])rillante  y  pública 
en  los  destinos  de  la 
gre}^  sefardita-vienesa. 
acometiendo  la  obra  de 
demoler  una  sinagoga 
recién  construida  y  le- 
vantar otra  más  pre- 
ciosa. 

Hemos  visitado  la 
nueva  sinagoga,  situa- 
da en  la  calle  del  Cir- 
co, y  la  creemos,  efectivamente,  una  de  las  preciosidades 
arquitectónicas  de  la  capital.  Construida  con  subvenciones  vo- 
luntarias que  ascendieron  á  500,000  marcos  (125.000  duros), 
todavía  hubo  ocasión  para  que  su  presidente  demostrase  la 


FlG.  59.  —  \farcns  M.  Ruífo,  Pre.sidente  de  la  co- 
lonia israelita  española  de  Viena.    Bienhechor  j- 
figura  de  grandes  prestigios  públicos. 


304 

generosidad  y  amor  que  sentía  por  su  raza,  regalando  más  de 
la  mitad  de  la  suma  necesaria  para  construir  el  edificio. 

Este  templo,  la  creación  de  un  coro  de  niños  para  el  servi- 
cio religioso,  fundaciones  caritativas  varias,  un  colegio  nacio- 
nal compuesto  de  seis  clases  y  una  administración  modelo,  acre 
ditan  que  este  ilustre  sefardí  es  una  figura  bienhechora  y  vene- 
rable, cuyo  recuerdo  constituye  uno  de  los  timbres  de  gloria 
más  legítimos  de  la  comunidad  española  de  Viena. 

La  sinagoga  fué  construida  en  estilo  árabe,  muy  parecida  á 
las  bellezas  de  la  Alhambra  de  Granada,  de  la  cual  se  han  to- 
mado preciosos  detalles.  Han  querido  los  sefardíes  vieneses  re- 
cordar las  sinagogas  españolas,  y  de  este  modo  han  materiali- 
zado los  sentimientos  de  la  patria  perdida;  los  cuales  surgen 
por  doquiera,  en  las  tracerías  y  alicatados  que  enriquecen  cuan- 
tas superficies  y  objetos  impresionan  á  la  vista:  la  fachada  del 
edificio,  la  del  patio,  la  del  interior  de  la  sinagoga,  el  altar,  las 
lámparas  y  los  candelabros,  en  todo  lo  cual  se  aprecia  el  estilo 


FiG.  60. — InteiJür  do  la  sinagog^a  española  en  Viena. 


moresco  más  fino  y  la  armonía  de  los  colores  más  delicados. 

La  sinagoga  anterior  se  empezó  á  demoler  el  10  de  Agosto 
de  1885;  el  16  de  Noviembre  colocó  Ruffo  la  primera  piedra  en 


3U5 

el  sitio  donde  había  de  colocarse  el  altar,  y  en  ella  metió 
escrita  en  alemán  y  español,  un  acta  del  personal  que  for- 
maba la  comunidad  y  de  los  Soberanos  que  regían  los  des- 
tinos de  Austria  y  Turquía  en  la  fecha  de  la  ceremonia.  Fué 
arquitecto  de  la  obra  Hugo  Ritter,  de  Wiedenfebd.  Tiene  va- 
rias dependencias;  tres  puertas;  hay  asientos  para  314  perso- 
nas, pueden  colocarse  280  más  y  pueden  estar  de  pie  500.  En 
la  galería  de  señoras  hay  100  sillones  y  lugar  para  :¿50  perso- 
nas en  pie.  La  bóveda  tiene  espejos  y  adornos  de  colores.  En 
el  sitio  del  órgano  se  pueden  colocar  48  personas  sentadas  y  30 
de  pie;  que  forman  el 
coro.  La  descripción  de 
esta  obra  nos  ocuparía 
mucho  y  renunciamos 
á  dar  más  detalles. 

El  12  de  Septiem- 
bre de  1887  se  celebró 
la  fiesta  de  apertura. 
Algunos  meses  después 
Ruffo  y  el  arquitecto 
fueron  condecorados 
por  el  Sultán. 

Cuando  estuvimos 
en  Viena  visitamos  esta 
sinagoga;  y  asimismo 
visitamos  el  hermoso 
cementerio  de  la  comu- 
nidad, donde  hay  tum- 
bas israelitas  preciosas, 
que  recuerdan  algunos 
nombres  ilustres  de  la 
grey  sefardí  vienesa. 
Al  Sr.  Mazliach  debemos  cuatro  fotografías,  que  reproducimos 
aquí.  Son  de  los  más  artísticos  mausoleos  y  acreditan  los  talleres 
de  la  casa  Vulkau  y  Neubrunu,  de  Viena,  afamada  para  esta  y 
otras  clases  de  monumentos. 


FiG.  61  — Panteón  de  Antonia    Asriel  (esposa 

<le  Moreno  Asriel).  Fué  un  ángel  de  Caridad.  So 

distinguió  por  sus  limosnas. 


20 


306 


Ya  hemos  dicho  que  la  colonia  sefardita  vienesa  goza  de 
notoria  distinción  social,  y  justo  es  consignar  que  merece  figu- 
rar entre  lo  más  selecto  de  la  raza  en  el  mundo. 

Viena  es  indudablemente  la  población  donde  se  reúne  el 
núcleo  más  interesante  y  evolucionista  de  los  sefardim,  porque 
es  la  cultísima  y  sabia  ciudad  adonde  acuden  todos  los  jóvenes 
oriundos  de  Oriente  y  de  los  pueblos  balkánicos,  que  desean 
formarse  en  sus  carreras  y  ponerse  al  frente  del  movimiento 
progresivo  de  sus  comunidades. 

Aunque  admitamos  que  la  Sociedad  Esjjeranza  se  ha  con- 
traído á  ser  una  de  tantas  Sociedades  de  ideal  sionista,  las  cua- 
les en  la  práctica,  á  las  veces,  no  llenan  realmente  ninguna 
finalidad  política,  étnica  ni  religiosa,  y  se  contraen  á  ser  meros 
círculos  de  recreo  y  de  compañerismo,  cuya  principal  función 

es  organizar  bailes,  ve- 
ladas ó  sesiones  acadé- 
micas más  ó  menos  fri- 
volas, frecuentes  y  ani- 
madas, no  se  puede 
desconocer  que,  además 
del  contingente  propio 
constituido  por  sus 
banqueros,  profesiona- 
les y  comerciantes  dis- 
tinguidos, Mena  tiene 
esa  numerosa  y  brillan- 
te juventud  oriental,  • 
que  pisa  las  aulas  uni- 
versitarias y  recoge  las 
luces  de  la  cultura 
occidental  para  des- 
pués llevarla  á  sus  res- 
pectivos pueblos.  Y 
esto  lo  hace  en  propor- 
ciones no  igualadas  por 
ninguna  de  las  otras 
grandes  metrópolis  in- 
telectuales del  mundo,  como  Berlín,  París  y  Londres,  lo  cual 


FiG.  62. — Panteón  de  Moreno  y  Salomón  As- 
riel.   Dos   hermanos  que  fundaron   una   casa 
comercial  célebre.  Se  distinguieron  por  su  be- 
neficencia y  su  espíritu  organizador. 


307 


le  da  uua  significación  extraordinaria  desde  el  punto  de  vista 
que  examinamos,  ó  sea  el  de  la  evolución  de  los  israelitas  des- 
cendientes de  nuestros  compatriotas. 

La  dama  sefardita  vienesa  goza  reputación  de  ser  la  más 
hermosa  y  elegante  de  la  capital.  Hemos  oído  ponderar  su  be- 
lleza como  de  fama  ya  muy  acreditada,  y  esto  mismo  nos  con- 
firmó el  Dr.  Pulido  (hijo)  con  motivo  de  haber  asistido  á  un 
baile  organizado  por  la  Sociedad  Esperanza,  donde  se  reunie- 
ron muchas  y  distinguidas  damas  de  la  colonia,  en  las  cuales 
pudo  apreciar  el  predominio  del  tipo  moreno:  pelo  negro,  ojos 
rasgados  y  expresivos  '  y  cutis  blanco  y 
fino,  que  constituye  el  tipo  femenino  ca- 
racterístico de  muchas  regiones  españo- 
las, singularmente  del  Mediodía  y  Le- 
vante. 

Las  invitaciones  y  recuerdos  que 
suelen  dispensar  á  la  Em-bajada  y  Con- 
sulado de  España  atestiguan  un  fondo  de 
españolismo  que  podría  aumentarse  fá- 
cilmente si  los  diplomáticos  que  repre- 
sentan á  nuestra  nación  en  Viena,  hu- 
bieran prestado  un  poco  de  atención  al 
problema  que  tratamos,  y  hubieran  sig- 
nificado, como  hubiera  sido  discreto  ha- 
cerlo, el  interés  y  el  cariño  que  les  me- 
recían los  que  llevaban  en  su  historia 
recuerdos  de  España,  en  su  filiación  el 
nombre  de   españoles  y  en  su  vida  el 

símbolo  del  alma  nacional,  nuestro  idioma  castellano.  Como 
prueba  de  la  exactitud  de  este  juicio,  reproduciremos  los  si- 
guientes párrafos  de  una  de  las  cartas  con  que  nos  ha  favoreci- 
do el  distinguido  sefardí  vienes  D.  Rafael  Mazhach: 


FiG.  63— Doña  Rachol 
Asriel,  esposa  del  comer- 
ciante \-ienés  que  firma 
con  la  razón  social  Asriel 
y  Tardi,  afamado  en  Vie- 
na. Budapest  y  Belgrado. 
Ornamento  de  la  alta  so- 
ciedad  israelita   vienesa. 


Desde  agora  dinguno  ha  echo  algiin  passo  referente  a  los  judios  espa- 
ñoles, dinguna  emanación  al  tenoro  de  esvellar  Interesso  por  la  abla  tan 
graciosa,  o  por  la  hermosa  España;  desdé  dos  decennios  antes,  jamás 
oymos  Información,  que  la  generación  presente  se  topa  en  alto  grado  di 
Adelantamiento,  Cultura  y  Civilisacion;  que  la  España  de  agora  es  mui 
differente  de  aquella,  que  muestros  agüelos  conocieron  y  abandonaron. 


308 


En  las  ultimas  epochas  de  1870  asta  la  presencia,  pocas  episodas 
paesaron  que  asimentavan  sentimientos  di  Sympatia,  p,  e:  Cánovas  del 
Castillo,  Echegaray,  la  personalidad  de  S.  M.  el  Rey  Alfonso  XII! 

En  la  Colonia  de  Vienna  que  honra  y  estima  la  Dynastia  Imperial,  se 
consientis  paucho  Interesso,  quando  el  Rey  casó  con  la  Archiducesa 
Austríaca,  y  pues  al  Interesso  se  agumtó  Sympatia  y  dolor  por  la  muerti 
del  Rey,  rispecto  y  honor  por  la  viuda  real,  quala  demustró  tanta  sencia; 
non  queri  dicho  que  a  todos  estos  consientimentos  el  Rey  juben  ensendió 
Amor  con  su  gracia,  como  se  fuere  muestro  Suberano. 

Me  akodro  yo  de  las  visitas  de  S.  S.  M.  M.  en  Vienna  y  Badén,  onde  se 
acujeron  caji  todos  los  Colonistas  á  las  Staciones  de  ferrovia,  ala  Arena, 
al  iWeilbourg»,  ecc.  por  conosser  las  altas  Maestades;  me  akodro  de  la 
Jornada  de  Adelina  Patti,  que  cantó  también,  aparti  de  operas  españolas 
un  canto  de  Yradier:  La  Paloma»,  qual  todos  los  mansebos  y  damas  de 
la  Colonia  ambesaron  y  cantaron;  me  akodro  de  la  Stagione  de  la  «Studian- 

tina  española  >  de  Madrid,  que  daban 
Conciertos  en  el  Cari  Theater,  qua- 
los  fueron  frequentados  de  toda  la 
Jubentud  de  la  Colonia  y  causó  un 
cierto  grado  de  amistad. 

Esto  son  mas  o  menos  emportan- 
tes  Episodas;  ellas  señifican  puntos 
claros  de  assercamiento  a  los  coras- 
sones  y  mos  hacen  creer,  que  con  re- 
medios de  Cultura,  Poesia,  Lyteratu- 
ra,  Hystoria  de  una  vanda,  y  funda- 
ción de  Interessos  commerciales  y 
económicos  de  otra  vanda,  será  pos- 
sible  de  formar  el  assercamiento 
sporadico  a  Addhesion  durable. 

Pero,  dos  deministeris  son,  a  mi 
paressér,  actuales:  uno  que  los  Judíos 
con  osean  a  la  Generación  presente 
de  España,  que  sepan  las  respuestas 
y  encuentras  que  topan  las  emanacio- 
nes de  los  ilustres  Angeles  Pulidos — 
hay  mas  de  uno? -que  veyan  la  ve- 
duta  que  se  abre  por  realizar  estas  entencionee,  o,  también,  quen  son  los 
contrarios  de  la  Idea;  esto  sería  el  un  deminister;  el  segundo  es:  «la  len- 
gua española  que  se  mantenga!»  Señor,  yo  puedo  con  mucha  tristesa 
constatar,  que  la  Juventud  de  Vienna  y  de  los  estados  balcaniquos  se  esta 
alejando  de  la  lengua  maternel;  las  lenguas  de  los  estados  de  sus  domici- 
lios, aquí  el  alemán,  ayí  el  serbo,  están  mayorgando  el  español!  mien- 
tres  que  los  Viejos  detienen  con  amor  la  lengua  maternel. 


FiG.  64. — Raíael  Mazliach,   distin- 
guido banquero  y  agente  comercial 
vienes . 


309 
Budapest  (Hungría). 

De  esta  cultísima  capital  de  la  Hungría,  á  la  cual  estima- 
mos como  uno  de  los  focos  más  progresivos  y  atrayentes  de 
Europa,  tenemos  una  información  interesante,  proporcionada 
por  nuestro  ilustre  amigo  el  Dr.  Steuer  Geza,  distinguidísimo 
abogado,  patriota  entusiasta,  á  quien  los  progresos  de  Hungría 
conmueven  con  justicia  y  proclama  orgulloso  en  cuantas  oca- 
siones se  le  presentan;  y  persona  muy  amante  también  de  Espa- 
ña, cuya  historia  y  costumbres  conoce  perfectamente,  á  la  cual 
ha  visitado;  y  posee  su  idioma  en  los  términos  que  acreditan  las 
comunicaciones,  gallardamente  escritas,  que  á  continuación 
publicamos.  Llama  adorable  é.  nuestra  lengua  y  le  rinde  el  más 
estimable  de  los  cultos,  su  frecuente  trato. 

Pero  antes  de  publicar  el  estudio  de  Geza  consignaremos 
nuestra  gratitud  al  ilustre  Gran  Rabino  de  Budapest,  doctor 
Mayer  Kayserling,  celebridad  literaria  de  fama  universal,  autor 
de  notables  obras  sobre  la  historia  y  la  literatura  de  los  judíos 
españoles  y  portugueses.  Habla  bien  el  castellano  y  ha  estado 
en  España.  No  es  de  origen  español,  como  nos  dice  él  mismo 
en  su  carta,  escrita  en  francés. 

Hela  aquí: 

Budapest  27  de  Mayo  del  904. 
Muy  honorable  señor: 

Ha  tenido  Vd.  la  bondad  de  enviarme  su  obra  cLos  Israelitas  Españo- 
les y  el  Idioma  Castellano  >  He  leido  su  precioso  libro,  asi  como  sus  ar- 
ticules en  La  Ilustración  Española  y  Americana  del  15  y  22  de  febrero 
con  mucho  gusto.  Mis  reconocimientos  igualan  á  mi  alta  estima.  A  Vd.  es, 
muy  honorado  señor,  á  quien  debe  su  país  haber  suscitado  de  nuevo  la 
cuestión  judía,  es  decir,  el  retorno  de  los  judios  á  España,  esta  España 
que  amamos  y  cuya  lengua  los  judios  originarios  españoles  cultivan  toda- 
vía hoy  dia  con  tanto  amor.  Yo  no  soy  judio  español,  pero  me  ocupo  en  la 
literatura  y  la  historia  española  y  portuguesa  desde  hace  próximamente 
medio  siglo. 

Os  agradezco,  muy  honorado  señor,  una  vez  mas  vuestra  excelente 
obra,  á  la  que  no  vacilaré  en  servir.  Asegurándoos  que  me  felicitaré  mu- 
cho de  complaceros  soy  con  mayor  respeto  vuestro  affmo. 

Dr.  Kayserling. 

Véase  ahora  la  brillante  información  del  Dr.  Geza  y  trozos 
de  algunas  de  sus  cartas: 


310 


Los  judíos  españoles  en  Hungría. 

La  cuestión  de  los  judíos  españoles  toma  aspecto  muy  distinto  en 
Hungría  del  que  tiene  en  los  estados  balcánicos.  En  los  países  semi-civili- 
zados,  ó  medio  barbaros,  la  raza  judía  representa  una  mediación  singular 
entre  el  asiatismo  y  los  adelantos  de  la  civilisacion  europea.  Con  su  mayor 
agilidad  y  viva  inteligencia  comercial,  el  judío  ocupa  puestos  antes  aban- 
donados por  los  indígenas  del  país,  quedando  por  consiguiente,  siempre 
en  una  situación  excepcional  que  les  impide  ser  absorbidos  totalmente. 
El  judío  español  arrebatado  de  su  antigua  patria,  pierde  poco  á  poco  su 
patriotismo  antiguo,  sin  lograr  participar  los  sentimientos  nacionales  con 
sus  nuevos  compatriotas.  Queda  en  todas  partes  como  estranjero  inteli- 
gente, muy  capaz  para  la  asimilación,  eso  sí,  pero  imposibilitándole  la 
absorción  integral  su  carácter,  su  lenguaje,  y  sus  costumbres  distintas. — 
En  Hungría  el  trato  de  los  judíos  fué  caracterizado  desde  principios  por 
una  amigable  tolerancia,  la  cual   sancionó  la  ley  de  1867  y  después  una 

larga  serie  de  instituciones  liberales;  de 
esta  manera  la  absorción  de  la  raza 
por  los  elementos  magyares  se  hizo  com- 
pletamente en  el  espacio  de  medio  siglo, 
con  respecto  á  la  situación  legal,  y  casi 
completamente  en  cuanto  á  la  situación 
social  de  los  judíos  naturalizados  hún- 
garos.— La  consecuencia  y  no  la  causa, 
de  esta  absorción,  fué  el  que  desapare- 
cieran las  costumbres  y  sentimientos  es- 
peciales y  se  adaptasen  al  espíritu  y  al 
patriotismo  húngaros.  De  aquel  vivo  y 
ardiente  amor  de  la  patria  y  de  la  len- 
gua hxíngara,  que  tanto  caracteriza  nues- 
tro país,  participan  ya  cuantos  judíos  hay 
sobre  la  tierra  húngara,  tanto  los  des- 
cendientes de  padres  españoles,  cuanto 
los  de  judíos  alemanes  ó  rusos.  Sería 
exageración  pretender  que  la  recepción 
de  los  judíos,  ya  garantizada  por  las  le- 
yes, esté  también  generalmente  recono- 
cida por  la  sociedad  cristiana  de  Hungría. 
Tal  recepción  nunca  se  hace  de  veras  sin 
una  mezcla  compleja  de  sangre;  es  decir,  por  el  único  medio  de  matrimo- 
nios interconfesionales;  y  estos  son  todavía  poco  comunes  en  Hungría. 
Pero  no  admite  duda  que  un  progreso  se  verifica  también  por  ese  camino, 
y  que  los  judíos  húngaros  ya  no  se  consideran  como  de  raza  especial  y  aun 
rechazan  indignados  tal  idea,  pero  siguen  como  comunidad  'religiosa;  son 
buenos  patriotas  húngaros  y  nada  más. 

Los  pocos  que  hay  oriundos  de  judíos  españoles  en  Hungría,  represen- 


FiG.  65. — Dr.  Steuer  Geza,  repu- 
tado jurisconsulto  y  publicista  de 
Budapest.  Hispanófilo. 


311 

tan,  pues,  una  definitiva  pérdida  para  la  cultura  española,  y  esto  no  por 
influencia  de  la  Allio.nce  Israélite  üniverselle,  tau  poderosa,  ni  de  la 
Jeivish  Colonization  Associationi,  ni  tampoco  por  consecuencia  de  la  ne- 
gligencia de  la  parte  de  España:  sino  únicamente  por  aquella  singular 
fuerza  de^  nuestro  suelo  húngaro,  que  asimila  y  hungariza  todo  lo  que 
tiene  arraigado  en  él. 

Sin  embargo,  la  historia  de  los  judíos  españoles  en  Hungría  no  carece 
de  apuntes  interesantes  para  el  historiador  y  el  filólogo.  Y  no  puede  ser 
indiferente  para  toda  España  la  suerte  de  sus  hijos  en  país  tan  lejano  y 
tan  hospitalario.— La  grande  obra  intelectual  que  consagra  al  estudio  de 
esta  cuestión  el  señor  Dr.  Ángel  Pulido,  quien  me  distingue  con  su  amis- 
tad personal,  y  la  lectura  de  su  precioso  libro  «Los  Israelitas  Españoles  y 
el  Idioma  Castellano^ ,  me  impulsaron  á  colaborar  cuanto  pueda,  con  mi 
humilde  trabajo,  en  tan  digna  materia,  y  á  poner  á  su  disposición  algunos 
datos  que  — por  escasos  que  sean — servirán  de  algo  para  completar  la 
historia  de  la  raza  expulsada  con  respecto  á  Hungría. 

El  camino  que  tomaron  generalmente  los  judíos  españoles  durante  su 
destierro  fué,  como  consta,  la  península  délos  Balcanes,  donde  se  estable- 
cieron por  casi  todas  las  poblaciones.—  Hungría  se  hallaba  entonces  en 
aquella  guerra-continua  y  cruel  contra  los  Turcos,  que  consagraba  su  papel 
histórico  durante  tres  siglos,  el  cual  fue  el  de  la  defensa  de  Europa  y  de 
su  cultura  contra  la  aniquilación  amenazadora  por  las  lunas  otomanas. — 
La  primera  huella  de  los  judíos  españoles  en  esta  tierra  coincide  con  la 
dominación  turca  y  con  la  primera  invasión  á  Temesvár.  (Gran  ciudad  en 
el  Sur  de  Hungría).  En  el  siglo  xvii  vivían  ya  en  esta  ciudad  algunas  fa- 
milias judías.  En  su  cementerio  judío  se  admira  aun  la  losa  sepulcral  é 
inscripción  ladina  de  Assael  Azriel,  quien  murió  en  1636.  Cuando  los  Tur- 
cos fueron  expulsados  de  Temesvár  y  las  tropas  austro-húngaras  se  apo- 
deraron de  ella— en  1716 — vivían  allí  12  familias  judeo  españolas.  En  1736 
—  al  mismo  tiempo  que  se  hizo  la  gran  colonisacion  española  cristiana  en 
Hungría,  de  la  cual  daré  extensa  y  curiosa  información  en  otro  sitio — se 
establecieron,  cinco  familias  judías  más,  prestando  muy  buenos  servicios 
al  ejercito  austro-húngaro.  Como  recompensa  de  estos  servicios,  el  capi- 
tán general  austríaco,  conde  Wallis,  les  concedió  permiso  para  vivir  en- 
tre los  muros  del  castillo  (ciudad  interior  actual),  quedando  prohibido 
esto  á  los  judíos  no  españoles,  y  para  adquirir  casas  y  bienes  inmuebles. 
Luego  les  dio  permiso  para  negociar  y  ejercer  cualquiera  industria  y  abrir 
almacenes. — En  1739  fué  fundada  la  primera  comunidad  religiosa  de  ju- 
díos españoles  en  Hungría;  en  1760  se  inauguró  la  primera  sinagoga  de 
rito  «sefardí».  Dos  sinagogas  mas  fueron  erigidas  en  Temesvár  mismo, 
durante  los  dos  siglos  consecutivos;  la  comunidad  religiosa  se  tenía  siem- 
pre apartada  de  los  demás  judíos,  y  se  mantuvo  la  separación  hasta  1901, 
cuando  la  comunidad  española,  ya  muy  empobrecida,  se  vio  precisada  á 
unirse  con  la  que  llamaron  tedesca,  ó-  no  española. — 


312 

Los  sefardim  jugaron  siempre  importante  papel  en  la  historia  social 
de  la  Hungría  del  Sur. — Las  familias  más  notables  eran:  Aseael  (con  dos 
descendientes  que  viven  en  la  ciudad  de  Arad),  Amigo,  Tai'tasack,  Nis- 
sim,  Matsar  (más  tarde  convertido  en  Magyar),  Mecaddo,  Baruch,  Segal, 
Lividi,  (VHerrera  (Derera),  Semi,  Alcalaj',  Haim,   Ezra,  Pereira.   Actual- 


FiG.  66. — Sinagoga  de  Temesvar. 


mente  existen  unas  10  familias  en  Temesvar,  4  en  Pancsova  4ó  Sen  Arad 
10  en  Zimony  y  pocas  en  Ujvidék,  la  mayor  parte  emparentadas  entre  si, 
puesto  que  el  orgullo  tradicional,  de  los  «sefardim»,  que  parece  una  heren- 
cia de  su  antigua  patria,  les  prohibía  que  se  casaran  con  ^aschkenazinn  ó 
judíos  venidos  de  otras  tierras.— Aun  en  nuestros  días  los  ancianos  de  la 
comunidad  hablan  con  desprecio  de  matrimonios  contraídos  con  aschke- 
nazim.  La  familia  que  alcanzó  más  distinción  social  fué  la  de  D.  Izrael 
Z)erera  (corrompido  de  Herrera);  su  jefe  es  uno  de  los  «caciques»  del  co- 
mitado  (provincia)  de  Temes,  tiene  fortuna  considerable;  hace  6  afíos  fué 
ennoblecido  por  el  Rey  como  recompensa  de  sus  méritos  acerca  de  la  pu- 
blicidad y  de  la  beneficencia,  obteniendo  el  predicato  de  «Gyarmathi». — 
También  la  familia  del  abogado  Magyar,  ahijado  y  emparentado  con  mu- 
chos Budapestinenses,  es  mencionada  entre  los  notables. 

Los  ancianos  que  hay  entre  los  judíos  españoles  de  Hungría,  por  bue- 
nos Húngaros  que  se  sientan,  todos  hablan  y  escriben  aun  el  castellano,  ó 
mejor  dicho  el  «ladino»,  corrompido  y  mezclado  con  palabras  Turcas, 
Serl)ia8,  Italianas;  pero  todavía  inteligible.  También  entienden  el  castella- 


313 


no  moderno,  aunque  nunca  leen  libros  ó  periódicos  modernos.  Xo  tenien- 
do ningunas  relaciones  con  su  antigua  patria,  de  día  en  día  van  perdien- 
do mas  sus  peculiaridades  de  raza,  cayendo  en  olvido  lentamente  el  habla 
materna.  Los  jóvenes,  sus  hijos,  al  salir  de  las  escuelas  del  Estado  bunga 
ro,  donde  se  criaban  sin  excepción  y  donde  les  inculcan  un  fuerte  patrio- 
tismo magyar,  ni  siquiera  entienden  la  lengua  de  sus  padres,  se  conside- 
ran buenos  magyares  y  lo  son  de  veras. —  De  su  ingrata  patria  no  conser- 
van mas  recuerdo  que  un  amargo  dolor  por  las  injusticias  que  sufrían  allí 
sus  padres. —  A  pesar  de  esto  hay  una  comarca,  y  es  la  ciudad  de  Temes- 
vár,  donde  una  aproximación  de  la  parte  de  Kspaña  sería  aceptada  pro- 
bablemente con  agrado  y  simpatías  y  por  buena  razón. —  La  comunidad 
española,  por  falta  de  interés  y  de  dinero  de  los  correligionarios,  se  halla- 
ba tan  empobrecida  que  se  vio  precisada  á  unirse  con  los  demás  judíos  de 
la  ciudad,  suspender  sus  oficios  divinos  de  ritual  español,  y  hacer  derri- 
bar su  templo  antiguo,   el  cual  transformaron  los  laschkeoazim»  en  vi- 
viendas y  almacenes  para  alquiler.  Es  natural  que  los  <sefardim»  les  guar- 
den rencor  y  aceptarían  con  alegría  un  amparo  de  cualquier  lado  que  vi- 
niera, para  sostener  la  separación  del  culto  religioso,  el  uso  de  la  lengua 
materna  y  con  esto  todo  lo  que  les  queda  de  su  nacionalismo   castellano. 
No  nos  falta  mucho  por  decir  de  los  judíos  españoles  en  las  demás  po- 
blaciones de  Hungría.  Hay  muy  po- 
cas; ademas  de.  las  mencionadas,  las  _ 
ciudades  Becskerek,   Palánka  y  tal 
vez  Zágráb  (Agram,  Croacia)  alber- 
gan algunos  de  ellos.  Su  historia  se 
pierde  en  las  tinieblas  de  los  siglos, 
se  desvanece  su  carácter  y  su  idioma, 
del  cual  por  cierto  se  sirven  aun  mu- 
chos entre  los  suyos,  ni  siquiera  ba- 
ilándose enterados  de  que  hablan  la 
lengua  castellana.    En   todas  partes 
conservan  el  orgullo  tradicional,  se 
consideran  la  aristocracia  del  judais- 
mo, despreciando  más  ó  menos  á  los 
aschkenazim,   no    mezclándose    con 
ellos  y  con  cristianos  tampoco,  donde 
resulta  sin  duda  la  degeneración  de  su 
raza,  que  se  observa  en  los  tipos  ju- 

deo-españoles  encontrados  de  vez  en  cuando  en  los  almacenes  de  la  pro- 
vincia húngara. 


FiG.  67. — Rafael  Magyar,  disting-ui- 

do  ingeniero,  descendiente  de  judíos 

españoles  de  Temesvar. 


No  por  descuido  vengo  á  tratar  en  ultima  línea  de  Budapest,  la  hermo- 
sa capital  de  Hungría,  nuestro  orgullo  nacional.  El  poderoso  empujón  del 
magyarismo,  ya  mencionado  antes,  prevalece  con  centuplicada  fuerza  en 
este  foco  de  la  vida  húngara.  La  revindicación  que  contrapone  Hungría  á 


314 


su  enemigo  tradicional,  al  germanismo  austriaco,  exijió  una  implacable 
guerra  de  exterminación  á  todos  los  idiomas  extranjeros  que  se  arraiga- 
ron en  la  capital  con  perjuicio  de  la  lengua  húngara.  El  estranjero  que 
se  establece  en  nuestra  ciudad,  no  puede  serlo  por  mucho  tiempo.  Muy 
pronto  se  halla  rodeado  de  un  ambiente  nacional  tan  fuerte,  tan  irresisti- 
ble, que  se  ve  precisado  á  modificar  sus  costumbres,  trasformar  su  carác- 
ter, cambiar  su  lenguaje,  adaptándose  en  todo  á  la  viva  y  enérgica  cultura 
húngara. 

Hace  30  años  Budapest  tenía  370,000  habitantes  de  los  cuales  no  ha- 
blaban más  que  la  mitad  el  idioma  magyar;  hoy  tiene  más  de  760,000  y 
apenas  la  decima  parte  de  ellos  confiesan  tener  otra  lengua  materna. 

El  primer  judío  español  que  puso  pié  en  la  tierra  de  Budapest  era 
un  bisabuelo  de  nuestro  gran  escritor  y  publicista  Adolfo  Agai,  padre  de 
su  abuelo  materno,  D.  Izhac  Elias  de  nombre.  Vico  á  fines  del  siglo  xvín 
desde  Constantinopla,  bajo  circunstancias  bastante  románticas.  En  un 
barco  que  llevaba  esclavas  destinadas  para  un  harem  turco,  vio  una  her- 
mosa joven  de  Georgia,  enamoróse  de  ella  y  tomando  los  dos  las  de  Villa 

diego  huyeron  por  Rumelia  hasta  Buda- 
pest, donde  se  casaron  y  se  establecieron 
juntos  con  algunos  compañeros  de  viaje^ 
los  AlmosKnos  y  Albachany,  cuyos  descen- 
dientes numerosos  aun  viven  aquí.  Existía 
ya  entonces  la  antigua  comunidad  judía  en 
OBuda.  D.  Izhac  murió  á  la  patriarcal  edad 
de  104  añOE.  La  comunidad  (Khile)  judeo- 
española  fué  fundada  por  su  hijo  D.  José 
Elias,  abuelo  del  Sr.  Agai,  cuando  el  numero 
de  participantes  masculinos  lograba  ya  la 
cifra  de  10,  prescrita  por  el  rito  de  los  oficios 
divinos.  En  el  año  1840  había  ya  más  de 
100  sefardim  en  Budapest;  se  reunían  en 
su  sinagoga  particular.  Pero  bajo  la  influen- 
cia creciente  de  los  aschkenazim,  muchos 
más  numerosos,  —tenemos  hoy  en  días  unos 
lf)0,000  judíos— y  la  minúscula  comunión 
española  se  restringió  notablemente.  Su 
ultimo  jefe  (Rase  Khol)fue  el  Sr.  Ahraham 
S.  Albachany;  hace  algunos  años  se  suspen- 
dieron los  oficios  divinos  enteramente, por- 
que ya  no  era  posible  reunir  el  sacro  nume- 
ro de  diez  sefardim,  y  los  pocos  hombres 
restantes  no  quisieron  completar  el  numero 
con  los  aschkenazim  despreciados.  El  rito  de  los  sefardim  se  diferencia- 
ba notablemente  del  usado  en^otras  sinagogas.  La  oración  principal  de 
sábado  llamada  .Mussat  fué  substituida  por  otra  en  lengua  ladina;  ade- 
mas había  otras  particularidades;  el  texto  del  ritual  fuera  de  las  oracio- 


FlG.    68.  —  Israelita    español 
con  traje  nacional  húngaro. 


315 


nes  hebreas  era  en  «ladinos,  un  castellano  muy  poco  distinto  de  aquél 
hablado  en  el  siglo  xv. 

En  nuestros  días,  ya  de  la  que  fué  importante  comunidad  judeo-espa- 
ñola  de  Budapest  no  quedan  mas  de  10-12  fami- 
lias, que  aún  hablan  entre  sí  la  jerga  antigua  here- 
dada por  sus  padres.  Sus  hijos  ya  se  declaran  hún- 
garos, y  se  va  olvidando  así  rápidamente  el  idio- 
ma castellano.  Tres  grandes  sinagogas  y  numero 
infinito  de  otras  pequeñas  reúnen  á  todos  los  is- 
raelitas, sin  diferencia  de  origen,  para  los  oficios 
divinos.  Entre  los  descendientes  de  judíos  espa- 
ñoles hay  algunos  en  Budapest,  cuya  celebridad 
hace  el  orgullo  de  toda  Hungría.  Citamos  al  es- 
critor y  director  de  periódicos  Adolfo  Agai,  y  al 
eminente  catedrático  y  escritor  doctor  Maximilia- 
no Seháchter,  profesor  de  la  facultad  de  Medicina 
de  Budapest;  y  ante  todos  al  gran-rabino  Doctor 
Mayer  Kayserling ,  cuyo  renombre  por  sus  trata- 
dos y  estudios  históricos  sobre  esta  misma  histo- 
ria de  los  judíos  españoles  y  portugueses,  traspa- 
só las  fronteras  de  Hungría  alcanzando  universal 
celebridad  (1  . — Estos  señores,  y  además  el  señor 
redactor  de  periódicos  Lendvai,  en  Temesván,  me 

proporcionaron  gran  parte  de  los  datos  que  he  aprovechado  en  este  hu- 
milde tratado. 

Entre  las  importantes  familias  co 
-^^ — .^  merciantes  que  conservan  aún  el  idio- 

ma castellano,  las  más  notables  son: 
M.  Russo,  A.  S.  Albachany,  S.  B. 
Amar,  Azryel  y  Tarchi. — Todos  estos 
señores,  por  muy  húngaros  que  sean, 
sienten  y  demuestran  cierta  nobleza 
y  exclusivismo  en  su  trato  que  les 
diferencia  de  sus  correligionarios.  Pe- 
ro esta  soberbia  tan  característica  y 
tan  castellana,  j-a  no  tiene  nada  que 
hacer  con  el  amor  á  Castilla,  perdido 
para  siempre;  no  tiene  el  vigor  del 
patriotismo  que  ensalza  y  fortalece 
los  corazones;  es  la  rigidez  de  una 
planta  que  va  secándose  falta  de  ju- 
go vital  y  pronto  caerá  en  deflnitfvo 
anonadamiento. — Quizás  los  nobles  é  infatigables  esfuerzos  del  Dr.  Pulido 


FiG  69. —  Señorita  sefar- 
dí húngara,  vestida  á  la 
española,  con  prendas  y 
telas  de  sus  antepasados 
(traje  para  baile). 


/: 


^ 


FiG.  70.  —  Dama  seiarili  húngara, 
con  tocado  de  joyería  antigua. 


(1)     En  su  carta,  antes  publicada,  nos  dice  el   mismo    Kaj-serliug  que  no   des.- 
oiende  de  judíos  españDles. 


316 

y  especialmente  la  propagación  y  lectura  de  su  libro  «los  Israelitas  Espa- 
ñoles!, ya  conocido  y  leído  mucho  hasta  aquí,  lograrán  detener  el  paso 
destructivo  del  destino.  ¡Ojalá  viniera  así! 

Los  judíos  españoles  de  Zimony  (Eslavonia). 

En  esta  importante  población  de  Eslavonia  (perteneciente,  por  la  media- 
ción de  esta,  al  reino  de  Hungría)  hay  cerca  de  16.000  habitantes,  entre 


FiGS.  71  y  72.  —  Sefardim  de  la  familia  del  Sr.  Mag-yar.  Retratos  en  ella  venerados 
que  atestiguan  tipos  de  raza  española. 


ellos  -^6  familias  judías  de  origen  español.  La  cercanía  de  Belgrado  que 
ocupa  la  ribera  opuesta  del  Danubio  y  el  contacto  continuo  de  las  dos 
ciudades  explican  la  analogía  de  la  situación  social  de  los  judíos  en  ambas. 

La  mayoría  de  estas   familias  que  lle- 
van nombres  muy  castizos  (como  Majo, 
^¡^^  -.  Kalderon,  Mataras,  Eskenazy,  etc.)  sa- 

^^^^^Bf~^,  >^^         lieron  de  la  península  del  Balkan,  espe- 

^^^Hrpiitfá^  Ifl^k       cialmente  de  Salónica,    Sarayevo,   Bel- 

mtllm^         '*^  sHt     grado  y  Castorija,  estableciéndose,  bajo 

la  protección  de  la  corona  de  San  Este- 
ban, donde  gozaron  completa  libertad 
de  comercio  é  igualdad  social,  desde 
principios  del  siglo  xvii,  ocupándose  la 
mas  grande  parte  en  espediciones  de 
mercancías,  efectuando  el  cambio  co- 
mercial entre  los  países  adyacentes.—  De 
los  hijos  de  Zimony  pocos  alcanzaron 
mucho  renombre  hasta  hoy.  Hace  33 
años  tienen  comunidad  religiosa  tsefar- 
dú  autorizada  con  propias  matrículas; 
el  culto  religioso  es  el  de  las  demás  comunidades  «sefardim».  En  días  de 
grande  fiesta  suele  interpretar  el  texto  hebreo  el  predicador  en  su  lengua 


FlG.  73. — Dama  perteneciente  á  los 
antepasados  del  Sr.  Magyar. 


317 

materna,  que  es  la  castellana  corrompida,  hablada  por  todos  en  su  trato 
familiar,  y  escrita  también,  pero  con  caracteres  hebreos. — Se  llaman  j  adiós 
f renquis»  (francos)  y  ya  á  penas  saben  que  la  lengua  que  hablan  es  la  dulce 
española.  Me  aseguran  mis  corresponsales  de  allí,  que  sería  muy  oportuno 
este  momento  para  establecer  relaciones  entre  ellos  y  la  patria  perdida;  y 
con  mucho  agrado  aceptarían  impresos  y  libros  destinados  á  tal  fin.  — Una 
nota  curiosa  y  única: — á  lo  menos  respecto  á  Hungría  es  que  todas 
las  familias  judeo-españolas  tienen  criadas  cristianas  escogidas  entre  las 
Suevas  (alemanas)  muy  frecuentes  en  aquel  sitio;  y  sucede  que  después  de 
haber  servido  casas  algunos  años,  todas  aprenden  y  aceptan  con  mucho 
agrado  el  habla  de  sus  amos,  y  aún  hay  quienes  lo  hablan  perfectamente,, 
haciendo  alarde  de  poseer  bien  su  lengua  judía. 

Dr.  Steuer  Géza. 


CAPÍTULO   II 


Los  serfadíes  de  Pancsova  (Croacia).— Trieste. — María  (Micca)  Gross  Alcaiay.— 
Sus  fragmentos  epistolares. — Sociedad  Benevolencia  de  Sarayevo. — Informe 
de  D.  Abraham  Cappon. 


Pancsova  (Hungría). 

D.  Enrique  Haim,  exconsejero  municipal,  director  de  un 
Banco  y  censor  del  Banco  Austro -Húngaro,  lia  tenido  la  bon- 
dad de  suministrarnos  algunos  datos  sobre  los  sefardíes  de 
Pancsova. 

Hoy  solamente  residen  allí  cuatro  familias  de  judíos  espa- 
ñoles, las  cuales  vinieron  de  Turquía  y  Servia  hace  más  de 
treinta  años.  Había  antes  treinta  familias;  mas  volvieron  á 
Oriente.  Hablan  español;  pero  la  generación  venidera  hablará 
solamente  húngaro.  Aunque  no  hay  comunidad  de  sefardíes,  en 
los  días  solemnes  se  hacen  las  oraciones  en  rito  español,  y  traen 
un  cantante  de  Belgrado,  para  que  actúe  conforme  á  su  rito  es- 
pañol. Creen  que  la  lengua  que  hablan  es  la  misma  española 
de  hace  cuatrocientos  años,  si  bien  con  algunas  impurezas  tur- 
cas, ser^^as  y  alemanas.  No  poseen  libros  ni  periódicos  espa- 
ñoles. 

Los  fragmentos  siguientes  de  cartas  suyas  son  dignos  de 
figurar  en  esta  información: 

Li  rogava  mucho  Sr.  Doctor,  si  era  posibli,  que  aga  la  bondad^  de 
mandar  el  libro  que  eskrivio  por  los  Israelitos  Españoles,  como  también  y 
otros  libros  y  gazettas  que  contienen  Interesso  para  nosotros,  por  azer  un 


320 

prisipio  i^Beginu)  di  atamiento  con  la  tierra,  onde  bivieron  noeetros  Padres 
con  aligrija  y  esjues  con  grande  mal,  y  posible  que  el  Tiempo  traiga  la 
ocasión,  que  torna  yamasa  la  España  asus  Israelitos,  que  se  asentin  en  sus 
lugares  viezos,  y  que  una  grande  parte  de  ejos  si  tornaran. 

Rogo  por  Pedron,  que  tan  tarde  respondi  su  muy  amestable  karta, 
razón  que  me  topi  en  camino,  (viaje)  y  hoy  arivi  en  kaza:  Non  li  poedo 
dizir  como  di  grandi  gusto  consienti,  quando  lei  la  karta  di  Usted,  como 
tambjen  di  resivir  él  libro  afamado,  el  qual  lo  vo  leir  con  grandi  Interesso 
y  Gusto;  Cali  que  de  muchas  Gracias  á  Usted  por  el  Présente  que  mi  izo, 
como  tambjen  por  el  Interesso  y  la  Amor  que  Usted  esta  demostrando 
por  los  Israelitos  Españoles.  En  vero  es  una  Manifestación  muy  hermoza, 
y  es  de  rogar  al  Dios  grande  y  poderoso  que  entre  esta  amor  tambjen  en 
el  pueblo  español,  porque  venga  el  tiempo,  onde  podran  muchos  Israelitos 
Españoles  con  todo  ripozo  tornarsen  assu  tierra  amada,  que  es  la  España: 
Mi  hermano  Dr.  Izidor  Haim  II  Prater  strasse  N.°  34  Viena  (Wien)  terna 
Gusto  si  Ubted  li  mandara  karta,  y  con  plazer  cervira  con  Datos  diminis- 
tirozos  tuquante  los  Sephardim  di  Vienna. 

Semlin  ó  Zimony,  es  una  bonita  población  de  Eslavonia,  si- 
tuada en  la  frontera  austro -húngara,  en  la  confluencia  del  Da- 
nubio y  la  Sava,  á  quince  minutos  de  Belgrado  en  vaporcito. 

M.  Calev,  profesor,  nos  proporciona  los  siguientes  datos: 
hay  25  familias  sefardim,  generalmente  de  comerciantes;  tienen 
una  escuela  donde  se  enseña  lengua  española  tres  veces  por 
semana;  viven  satisfechos  y  considerados. 

Observamos  que  en  esta  información  la  terminación  en  u 
es  muy  frecuente.  Por  ejemplo:  «Midianus  mercaderis»,  «solu 
una  (escuela)  en  la  lingua  Espaniola  el  comité  la  sustiene», 
«estu  difera  según  angaramentus » ,  «en  todas  las  partes  el  judea 
español  es  buenu  vistu»,  etc.  (V.  Zimony,  por  Geza). 

Trieste  (Istria). 

La  lectura  de  nuestros  artículos,  pubHcados  en  La  Ilustra- 
ción Española  y  Americana,  acerca  de  los  israelitas  españoles, 
conmovió  á  doña  María  (Micca)  (Iross  Alcalay,  de  Trieste,  y  la 
indujo  á  escribirnos,  agradeciendo  con  sentidas  frases  el  bien 
((ue  deseábamos  hacer  á  sus  correligionarios.  Desde  aquel  día 
hemos  mantenido  frecuente  corresnondencia  con  tan  distingui- 
da dama,  y  hemos  utilizado  sus  parientes,  amigos,  conocimien- 
tos y  privilegiadas  disposiciones,  para  la  información  que  re- 


321 

quería  nuestra  segunda  obra.  Ya  lo  hemos  dicho,  y  tenemos 
gusto  en  repetirlo:  esta  colaboración  ha  sido  de  las  más  eficaces 
que  podíamos  desear;  y,  aparte  de  otras  secundarias  relaciones, 
le  debemos  las  que  nos  han  permitido  conocer  las  comunida- 
des sefardíes  de  Bosnia  y  Servia. 


FiG,  74.^Doña  Maiia  (Micca)  Gross  Aloalay,  distinguida  dama  española  de  Bosnia, 
domiciliada  en  Trieste,  inteligente  colaboradora  de  nuestra  obra. 


Hija  esta  dama  de  una  señora  servia  y  de  un  alto  empleado 
bosniano,  quien  desempeñó  la  Dirección  de  Aduanas  en  Bosnia 
antes  de  que  dicha  provincia  fuese  incorporada  al  Austria,  casó 
muy  joven  con  un  honorable  israelita  alemán,  y  trasladó  su 

21 


322 


residencia  á  Trieste.  Hállase  de  esta  suerte  emparentada  con 
distinguidas  familias  de  Bosnia  y  Servia,  tiene  hoy  hermanos 
en  Belgrado,  y  recuerda  siempre  con  orgullo  que  desciende  de 
españoles,  que  vivieron  en  Alcalá,  de  donde  procede  su  apelli- 
do Alcalay.  Es,  pues,  una  hebrea  descendiente  de  madrileños, 
y  por  su  tipo  muy  bien  puede  pasar  como  una  madrileña  neta. 
Posee  y  escribe,  por  lo  menos,  que  sepamos,  cuatro  idio- 
mas: alemán,  italiano,  ñ'ancés  y  español;  tiene  una  ilustración 
general  bien  equilibrada,  es  de  un  espíritu  progresivo  y  al- 
truista, vive  y  cultiva  su  hogarcito  con  la  sencillez  de  una 
buena  burguesa,  lee  mucho,  juzga  con  perfecto  sentido  social,  y 
no  tiene  pretensiones  de  literata,  cuanto  menos  de  pubhcista; 
siendo  esta  una  tarea  que  nunca  reaUzó. 

Sus  misivas  son  modelo  de  ingenuidad  y  gracia,  á  veces  de 
travesura  delicada,  ternura  femenina  y  buen  sentido.  Nuestra 
empresa  le  conmueve,  y  considera  como  uno  de  los  hechos  más- 
interesantes  de  su  sencilla  vida  la  colaboración  que  nos  dispen- 
sa. En  ella  discurre  con  buen  juicio  varonil,  y  á  veces  descri- 
be en  pocos  rasgos  con  la  soltura  y  el  acierto  con  que  pudiera 
hacerlo  un  escritor  formado.  Nos  sería  agradable  publicar  sus 
cartas,  aunque  fueron  escritas  con  carácter  confidencial,  porque 
todas  entrañan  motivos  interesantes  para  el  mejor  conocimien- 
to de  las  costumbres,  historia  y  alma  de  nuestros  desterrados 
hijos;  pero  no  consintiéndolo  las  dimensiones  del  libro,  nos 
contraemos  á  pubhcar  fragmentos  distintos  de  su  correspon- 
dencia, los  cuales  servirán  para  conocer  detalles  curiosos  acer- 
ca de  los  hebreos  españoles  residentes  en  las  comarcas  conti- 
guas al  mar  Adriático.  He  aquí  los  diferentes  motivos  que  to- 
mamos: 

Saludo. — Sefardíes  de  Bosnia. — Cultura  social. — Españolismo  sefardí. — 
Prejuicios  sociales. — El  castellano  entre  los  israelitas.  — Canciones  infantiles. 
—El  matrimonio  entre  los  israelitas. — Las  morenitas.  —  Tipo  español. — La 
Electra,  de  Galdós. — La  Herzegovina. — Nostalgias. 

Muy  Señor  mió:  Una  judia  apañóla  que  ha  leido  con  mucho  interés  los 
magnánimos  artículos  en  favor  de  los  judios  spañoles,  envia  á  V,  Sr.  Doc- 
tor, su  grandísima  admiración.  Permítame  V.  de  felicitar  las  buenas  pas- 
cuas con  mis  mas  cordiales  saludos.  (Tarjeta  postal  fechada  27-III-04:.) 


323 

A  Trieste  son  poquísimos  los  judíos  que  hablan  el  castellano.  Hay- 
unas  20  familias;  todas  se  ocupan  de  comercio;  dos  son  fabricantes  de 
papel,  Sr.  Salto  de  Constantinopolis  y  Sr.  Medeano  de  Salonique.  Este 
pasa  por  muy  rico.  Los  otros  son  mis  compatriotas  de  Sarajevo,  Bosnia, 
los  que  hablamos  diferente  de  los  belgradeanos;  ejemplo:  faser,  fariña,  fija 
chitia  (chica).  Muy  gente  de  bien  son  los  Señores  Salom,  quienes  antes  de 
la  ocupación  de  las  provincias  Bosna  y  Hezegovina  (en  la  capital  de  la  últi- 
ma, Mostar,  hay  tanbien  unas  cuantas  familias)  ocuparon  altos  implegos 
turcos.  Tanbien  mi  defunto  padre,  bajo  el  nombre  Yusuf  efendi,  fue  hasta 
la  ocupación  Director  de  las  aduanas  turcas,  succesivamente  fin  ultimo  á 
Metcovich.  Aqui  no  forman  una  comunidad,  ni  tienen  su  templo  separado, 
siendo  las  oraciones  eguales  á  las  de  los  judios  italienos  asimilados.  Digo 
asimilados  porque  son  de  esteso  origen  que  nosotros  Sefardim.  De  mi  pa- 
tria adoptiva  no  le  hablo  nada:  supongo  que  su  Sr.  hijo  el  doctor  habrá 
tomado  noticias  de  su  colega  el  Dr.  Salom  de  Sarajevo.  Se  no  me  yerro  fue 
presidente  de  la  junta  «El  Progreso»  en  Sarajevo.  Otras  informaciones 
sobre  los  judios  españoles  de  aqui  no  se  darle,  porque  no  tienen  la  impor- 
tancia de  los  de  Salonnique,  Constantinopolis  y  otras  ciudades  en  Oriente. 


Hasta  el  1878  hemos  vivido  en  el  mas  grande  obscurismo  que  Vd  se 
pueda  imaginar,  sin  un  rayo  de  progreso,  ni  el  mínimo  contacto  con  la 
civilisacion.  El  modo  de  estudiar  é  iniciar  los  varones  en  el  talmud,  es- 
tesos  como  Vd  los  pintó  en  sus  articolos  tan  bien.  No  hemos  tenido  ni  el 
vantaje  de  los  israelitas  de  Selanique,  Costantinopololis  etc.  de  las  escue- 
las de  la  Alliance;  ni  la  posición  geográfica  de  nuestro  pays  permitió  un 
movemiento  de  extranjeros,  como  lo  fue  en  las  citadas  ceudades;  ansi  que 
la  ocupación  nos  encontró  en  el  estado  apático  de  el  «cinquecento»  como 
suelen  decir  los  italianos.  ¿Es  posible  que  en  28  años  haga  un  pueblo  el 
progreso  que  le  permite  de  ocuparse  de  leteratura moderna?  No  crea  Vd  sea 
por  mancansa  de  inteligensia,  mas  por  mancansa  de  libertidad  de  sacud'r 
las  tradicionales  costumbres  e  modo  de  ver  y  agir  de  los  ansíanos.  Luego 
hase  muy  poco  el  gobierno  austríaco  por  facilitar  los  altos  estudios  á 
pobres  estudiantes.  El  gobierno  central  ha  estipulado  una  subvención  en 
stipendios,  para  pobres  ó  buenos  estudiantes  de  las  provincias  Bosna  y 
Herzegovina,  y  son  admetidos  los  turcos  católicos  y  serbos  (slavos);  pero 
los  judios  españoles  de  el  pays  son  exclusos  de  dichos  vantajes.  Los  que 
no  pueden  ir  á  Viena,  tienen  que  contentarse  con  lo  que  ofrese  Sarajevo. 
Las  mas  altas  escuelas  creo  que  son  las  gimnasias  y  la  academia  de  co- 
mercio. De  sensias  y  leteraturas  no  se  quiere  hablar;  hay  que  ir  á  Viena. 
No  quiero  haser  de  menos  y  no  dar  una  merecida  alabansa  á  mis  compa- 
triotas. Concernando  el  grande  amor  que  tienen  por  los  estuodios  y  la 
avidez  por  el  progreso,  basen  el  posible  y  el  imposible  por  adelantar  y  no 
parecer  muy  antiguos.  No  es  culpa  de  ellos  más  de  las  condeciones  i  cir- 
cunstancias en  las  cualas  han  vivido.  Como  alabo  á  los  jóvenes,  ansi  no 
perdono  á  los  viejos,  porque  no  han  hecho  un  poco  de  historia.  ¡Y  que 


324 


interesante  hay  de  ser  esta!  ¿Que  quiere  más  le  diga  sino  que  nadie  sabe 
decir  con  precisión  en  qué  año  han  emigrado  los  judios  españoles  en 
Bosnia?  A  mi  me  parece  que  lo  mas  autentico  que  he  oyido  es  lo  que  nos 
contaba  nuestro  difunto  abuelo,  de  que  han  venido  junto  con  los  osman- 

lis  (turcos  de  Oriente  central)  siendo 
ocupadas  las  provincias  por  los  sol- 
dado del  Sultán,  en  1626  creo.  Hasta 
el  1306  lo  fue  por  los  Servus  y  Huga- 
reses;  fin  1376  fueron  independien- 
tes, y  luego,  como  dejo  dicho,  fue- 
ron ocupadas  por  los  osmanlis.  Las 
fechas  corresponden.  Si  á  la  fin  de  el 
siglo  diecimocuarto,  salieron  los  ju- 
dios de  España,  puede  darse  que 
llegaron  con  los  turcos  como  he  di- 
cho. Hay  dicientes  de  que  emigraron 
á  la  Italia,  porque  tenian  muchas  re- 
laciones con  los  hermanos  quedados 
en  Italia.  Cuando  he  leido  el  Quijo- 
te me  ha  sorprendido  que  hase  ha 
blar  siertos  aldeanos  como  hablan 
en  mi  pays  «faser»  (haser)  «agora» 
(ahora),  etc.,  por  eso  mi  párese  que  al 
gunas  familias  han  emigrado  directa- 
mente de  España  á  Bosnia  pasando 
antes  la  Turquía.  Puede  ser  que  algu- 
no habrá  descubierto  algunas  paginas 
inedictas  sobre  la  historia  de  los  judios  de  la  Bosnia,  pero  lo  dudo,  ya  lo 
veremos.  Con  todo  ser  grande  mi  deseo  de  haberlo,  no  me  fue  posible  in- 
dagar i  tomar  informaciones  de  hestorias  y  cosas  que  conciernen  la 
emigración  y  formación  de  la  comunidad  en  los  primos  tiempos,  por- 
que en  mi  pays  es  feo  que  una  mujer  se  interesi  y  devierta  de  cosas  in- 
telectuales. La  historia  de  los  judios  la  conosco  por  el  doctor  Kayser- 
ling,  el  cual  me  hiso  regalo  de  un  libro  «Din  Judan  in  Portugal»  (los 
judios  en  Portugal). 


FiG.    75.— Matilde  Salom,  linda   y 

graciosa  señorita,  de  lo  más  selecto 

de  la  colonia  israelita   española  de 

Sarayevo. 


Que  el  Sr.  Valera  no  se  «apesadumbre»  ni  «recele»  tanto  de  los  judios 
españoles  en  Austria  (1);  hay  que  tomar  en  consideración  que  para  la  más 
grande  parte  de  los  mismos  el  aprender  el  castellano  es  un  lujo  particolar, 
pues  para  sostener  la  lucha  por  la  existencia  en  el  pais  que  viven  no  les 
sirve  el  castellano,  aunque  cada  uno  de  ellos  en  el  fondo  sienten  grande 
amor  por  la  madre  lengua.  Estoy  de  acuerdo  con  el  simpático  Sr.  Sitges  (su 
carta  me  lo  hace  ser  simpático):  en  vez  de  escuelas,  cátedras  en  cada  es- 


(l)     Alude  á  lo  que  dice  el  ilustre  maestro  en  nuestro  libro  anterior. 


325 

cuela,  y  verán  V.V.  cuantos  adherentes  escucharán  los  cursos.  Yo  muchas 
veces  decia  á  mis  correUgionarios:  en  vez  del  francés  (no  hablo  de  la  Tur- 
quía) aprended  el  vero  castellano,  veréis  la  diferen9ia  del  idioma  corrom- 
pido (permítame  esa  frase)  que  hablamos  nosotros.  Luego  me  respondían 
con  razón:  <las  maitresses  francesas  son  fácil  encontrarlas;  ¿pero  donde 
sacar  una  española,  ó  sea  un  español?>  Luego  más  fácil  es  comprar  una 
obra  en  la  ciudad  que  se  vive,  que  hacerla  traer  de  lejos.  Tanbien  los 
libreros  anticuarios  ofren  el  ventaje  de  poder  adquirir  una  obra  á  medio 
precio  para  los  menos  bienestantes.  Vd  encuentra  en  dichos  anticuarios 
(tanbien  en  Trieste  hay  un  librero  que  revende  y  compra  libros  usados) 
las  mas  recientes  obras  en  francés,  inglés,  alemán,  italiano,  menos  en  es- 
pañol. Se  yo  tuviera  que  responder  al  Sr.  Valera  le  baria  prevaler  lo  que 
acabo  de  decir  arriba,  en  respuesta  á  su  queja  de  que  los  libreros  se  com- 
placerían en  enviarles  á  los  judíos  todos  cuantos  pidiesen,  desde  París, 
Madrid  ó  Barcelona:  «A  mí  me  parece  que  las  señoras,  por  mas  damas  de 
moda  que  fuesen,  irían  mal  vestidas  sí  estuviesen  forzadas  de  hacer  venir 
las  toilettes  de  París,  Madrid,  etc.  estando  en  Budapest  ó  otras  provincias 
de  la  Hungueria.  Se  mi  previsión  no  rae  engaña,  no  se  arrepentirán  aque- 
llos ilustres  Señores  que  irán  -hacia  la  montaña»,  porque  en  dicha  monta- 
ña hay  plantas  fructíferas.  A  pesar  de  todo  es  bien  amable  ese  señor  en 
haber  ofrecido  14  de  sus  obras  para  que  Vd,  buen  Señor,  las  destrebuiese. 

Mí  difunto  abuelo  nos  contaba  que  nuestro  apellido  deriva  de  una 
ceudad  en  España.  Cuando  se  encontraban  los  fugetívos,  los  cuales  afluían 
de  diferentes  pueblos,  se  preguntaban  unos  á  los  otros  de  donde  son;  los 
hijos  de  Alcalá  respondían:  somos  Alcalais;  la  <y»  no  me  la  explico,  por- 
que en  ladino  se  escribe  Alcalais,  hoy  se  dirá  alcalainos.  De  aquí  luego, 
corumpido,  en  Alcalais. 

Usted  es  muy  amable  en  suponer  que  las  judias  españolas  son  hermo- 
sas, las  hay  muy  lindas;  pero  tanbien  son  las  menos,  como  entre  todas 
las  razas. 

Mi  difunto  y  amado  padre  tenía  siempre  esta  frase  de  resignación  en 
boca,  «Todo  lo  que  hacen  de  los  Cíelos  es  por  bien  ,  apliquemosla  á  Vd, 
nosotros  Doctor;  lo  que  hace  será  por  su  bien.  Yo  considero  Vd  como  un 
Sansón,  concerniente  á  su  magnánima  empresa  en  asercar  dos  razas  que 
se  las  puede  considerar  como  2  hermanastros,  pero  hermanastros  de  pa- 
dre, que  siempre  queda  un  lazo,  aunque  después  de  la  muerte  de  la  ;  ma- 
dre» tuvieron  que  abandonar  los  unos  el  amado  hogar.  Si  Señor,  es  trabajo 
de  un  coloso  emprender  á  convencer  un  pueblo  tan  lleno  de  prejuicios, 
esceptando  pocos,  contra  nuestra  raza,  que  no  tenemos  otro  defecto  ni  pe- 
cado que  de  ser  judíos,  como  exclamó  el  desdichado  Dreyfus:  <je  nai  pas 
un  autre  defaut  que  d'etre  né  juift. 

Deseo  de  toda  mí  alma  que  mis  conrelígionarios  logren  á  perfeccionar- 
se en  el  amado  castellano,  cualo  les  servirá  de  antorcha  en  sencias  y  cul- 


326 

tura.  En  mi  ultimo  viaje  en  Belgrado,  speso  encontré  jóvenes  que  mani- 
fiestaban  el  pesar  de  no  comprender  el  castillano  actual,  para  leer  las  obras 
tan  bien  reputadas  de  autores  modernos,  las  mas  conocidas  entre  nos- 
otros, Echegaray  y  Galdós.  Del  ultimo  me  ha  regalado  un  joven  abogado, 
Sr.  Finzi,  de  Belgrado,  diciendo  con  un  profundo  sospiro  «aqui  tiene  la 
Eiectra,  yo,  por  mis  pecados,  entiendo  poco  ó  nada»,  y  cuando  mi  herma- 
no, amigo  suyo,  le  contó  el  intusiasmo  que  esa  grande  producción  en  su 
genero,  produjo  en  mi,  le  respondió:  «beata  ella,  que  sabe  por  lo  que  vive». 
Eh  bien,  presto,  esperamos,  que  ellos,  los  ignaros  de  la  amada  leteratura, 
sabrán  por  lo  que  viven,  mejor  aun  de  mi,  porque  la  aprenderán  metódi- 
camente. 

Mi  pregunta  Vd.  si  en  Sarayevo  se  habla  bien  el  castillano;  «magari» 
como  decimos  por  aqui;  no,  Doctor  no  lo  hablan  bien.  Antes  de  la  Ocupa- 
ción se  hablaba,  aunque  corrumpido,  pero  mas  genuino  que  ahora;  sobre 

todo  las  mujeres  que  estábamos  siem- 
pre entre  nosotras;  no  penetraba 
ninguna  influenza  ajena,  ni  buscába- 
mos expreciones  ajenas,  porque  no 
las  conocíamos;  pero  ahora  ya  están 
influendo  las  2  lenguas  predominan- 
tes: alemán  y  slavo.  Con  todo  se  ha- 
bla en  uso  familiar  exclusivamente 
este  idiomas,  ó  mejor  dicho  dialec- 
to. Yo,  personalmente  estudié  sola, 
y  lei  cuanto  me  fué  posible  hacerlo. 
Para  la  pronunciación  me  fué  muy 
útil  el  conocimiento  de  una  Sra.  de 
Buenos  Ayres,  natural  de  Valencia, 
pero  ya  hay  mucho  tiempo  que  siguió 
á  su  esposo  en  Italia  y  yo  vine  aqui 
á  vivir  desde  Fiume  (allá  traté  esa 
americana  española)  donde  nuestros 
respectivos  esposos  negociaron.  Pero 
mas  me  valió  la  lectura,  y  ahora  esa 
amena  correspondencia  con  Vd.,  buen 
Doctor,  me  está  más  aproximando  á 
mi  madre  lengua,  que  amo  más  que 


FiQ.    76.— Oracia    Sumbol    y  Ricca 
Pinto,   pertenecientes  á  muy  distin- 
guida familia   israelita  española  de 
Sarayevo. 


otras,  porque  en  ella  balbuce  mis  primeras  palajjras. 

Lástima  que  no  tenga  chicos  para  regocijarme  en  oyirlos  cantar  estas 
muy  graciosas  meloditas  (1),  pero  ¡quien  sabe!  mas  vale  asi.  En  mi  pais 


(l)     Alude  á  la  colección  de  cantos  infantiles,  coleccionados  por  Montalbán,   y 
dispuestos  para  piano,  que  le  remitimos. 


I| 


327 

dicen:  «Cante  mañera— la  que  no  parió».  También  suelen  decir:  «La  que 
no  parió— con  un  dolor  murió— y  la  pariaera  muchos  llevó»  Como  ve  Vd. 
estoy  bien  enterada  de  las  modismas  que  me  sirven  de  consuelo.—  Lo 
mas  de  las  canciones  del  corro  me  parecen  ocasional  ¡qué  estraño!  Lo  más 
de  las  canciones  tanbien,  que  no  eran  romances,  cantadas  en  mi  pais,  eran 
ocasionales.  Me  acuerdo  de  una  muchacha  de  muy  rica  familia  de  nom- 
bre Anula  (Ana)  pero  fea  como  la  noche  y  encopetada  hasta  ser  antipáti- 
ca; le  «levantaron  cántica»  como  dicen  en  Sarajevo;  y,  para  más  acentuar 
la  ironia,  la  apostrofaron  Sultana  (reina  de  hermusura);  empesaba  la  can- 
ción: 

« Sultánica  bien  del  padre, 

Y  también  de  la  su  madre, 
A  su  padre  le  parece 

Oro  fino  y  un  diamante, 

A  su  madre  le  parece 

Perlas  caras  y  joyeles,  etc». 
Luego,  otra,  tanpoco  hermosa,  que  hizo  mucho  para  atirar  la  atención 
de  un  moso  muy  bonito  de  nombre  Davo,  siendo  el  de  ella  Sara,  empesa- 
ba, la  canción: 

«Sara  se  muere  por  Davo, 

Pero  Davo  no  la  puede  ver, 

Aunque  su  padre  dé  gran  dote, 

Y  un  ajuar  de  por  allá». 

El  ípor  allát  significaba  Viena,  ú  otras  ciudades  de  Europa,  porque 
nosotras  estábamos  peor  que  en  el  fondo  de  Asia;  tan  ignaros  de  progreso 
y  civilisacion,  no  solo  los  israelitas,  sino  todos  los  moradores  de  la  Bosna. 
Ahora  quisiera  que  viera  Vd.  á  mis  conpatriotas  que  .bien  atildadas  que 
van,  como  las  de  «por  alia»,  y  entre  los  hombres  hasta  ser  mequetrefes. 

Esas  cosas  de  pasiones  y  grandes  amores  son  buenas  para  cuentos  y 
romances.  Son  una  ficción.  En  realidad  no  existen  en  la  vida.  Es  ansí 
como  se  hacen  los  matrimonios:  cuando  la  niña  llega  en  la  edad  que  sus 
padres  deciden  casarla,  un  dia  os  entra  el  papá  mas  serio  que  de  costum- 
bre, en  vuestro  cuartito,  nido  de  dulces  sueños,  y  os  dice;  Hija,  fulano  te 
pide  por  esposa  ¿le  quieres?  La  niña  se  pensa;  pues  que  es  precisa  casar- 
se, ó  sea  uno,  ó  otro,  es  indiferente.  Responde  al  padre,  «como  á  Vd.  me- 
jor paresca».  Yo  no  sé  que  yole  diga  lo  que  gánala  niña  en  el  matrimoño, 
ó  mejor  lo  que  pierde;  el  ideal  del  hombre,  el  Dios  de  sus  sueños,  llega  á 
ser  un  objeto  material,  ^assai  materiales  me  decia  una  amiga  dálmata- 
El  matrimoño  se  hace  mas  tarde  con  la  costumbre  de  estar  siempre  unida 
al  hombre,  con  el  cual  tiene  de  pasar  sus  dias  y  al  cual  se  afecciona  como 
á  todo  lo  que  nos  apartiene.  Vd.  me  dirá,  que  suceden  los  suicidios  por 
amor  ó  el  adulterio.  Los  candidatos  al  primo  ya  son  lo  mas  alienados  y  se 
toman  la  vida  por  cualquier  razón;  lO  segundo  es  debilidad  de  carácter,  y 
mancansa  de  orgullo.  La  que  tiene  orgullo  pensa:  «¿por  qué  que  sea  yo  el 


828 

juguete  al  hombre,  el  cual  sin  piedad  nos  contemplan  por  flores,  nos  cojen, 
nos  uelen  y  tiran  á  la  basura?».  No  me  tome  Vd.  por  enemiga  de  ustedes, 
no,  solo  le  expono  la  vida  real  que  tienen  que  acceptar  las  mujeres  en 
cambio  de  la  poesia  de  su  niñez. 

A  las  resaladas  se  las  llaman  entre  nosotras  «sangrinas»  es  decir  sim- 
páticas; tienen  sangre  dulce,  y  las  cantan  como  sigue: 

Morena  sois  dama 
como  la  pimienta, 
vuestra  sangre  dulce, 
en  mi  alma  entra,  etc. 

Aqui  tiene  Vd  una  canción  paricida  á  la  que  se  canta  en  Asturias  (1): 
«Morena  me  llama 
el  hijo  del  rey, 
si  otra  vez  me  llama, 
yo  con  él  me  iré.» 

Una  señora  qsie  traté  en  Fiume,  de  la  que  ya  le  hablé  en  una  carta  mia, 
la  cual  vivía  en  Buenos  Ayres  y  era  natural  de  Valencia,  cuando  me  em- 
pesó  á  tratar  mas  de  serca,  me  decia.  Sabe  Vd  señora  que  injustas  semos 
con  ustedes  las  judias,  las  calumnamos  por  sucias,  j Jesús,  Maria,  que  lim- 
pia tiene  Vd  su  casa!  les  contaré  cuando  vaya  á  mi  pais,  que  fué  una  judia 
la  que  me  enseñó  como  se  procede  para  tener  tan  lustrosos  los  parquetes, 
y  que  mi  deseo  fué  tomar  una  sirvienta  que  salga  de  donde  Vd,  para  aho- 
rrar el  aprentisaje,  y  diré  que  de  ella  aprendí  hacer  muchas  dulzuras  y 
bollitos,  y  que  semos  muy  injustas  con  Vdes.  Seguia  deciendo,  asi,  tanto 
era  eu  entusiasmo  de  saber  que  los  judios  desterrados  no  eramos  tan 
monstruosos  como  los  pintan  en  España,  habiendo  conocido  una  parte  de 
mi  familia,  la  que  me  venia  á  visitar  á  Fiume,  y  muchos  compatriotas  que 
pasaban  para  Abbazia. 

Un  dia  viene  esta  señora  á  llamarme  que  la  acompañe  para  ir  al  mer- 
cado. A  mi  pregunta  para  qué,  me  respondió,  que  ya  veré.  Al  llegar  al  mer- 
cado veo  que  llama  á  dos  mozitas  en  castellano,  la  miro  sorprendida.  Me 
dijo:  son  las  servientas  del  cónsul  francés,  las  que  se  trajo  de  Barcelona, 
son  catalanas,  ahoia  verá  Vd. — ¿Veis?,  les  dice,  aqui  hay  una  otra  compa- 
triota nuestra.  Si,  esclaman,  quien  diria  que  de  tres  diversas  partes  de  Es- 
paña se  encuentren  en  un  sitio  tan  lejano.  Vd  es  de  Valencia,  nosotras  de 
Barcelona  y  esa  señora  de  Madrid.  Yo  muy  sorprendida  ¿y  quién  les  dijo 


(1)     La  <le  Asturias  citada  dice  asi: 

Morenita,  resalada. 
Me  llaman  los  marir.eros, 
Otra  voz  que  me  lo  llamen 
A  bordo  me  voy  con  ellos. 


329 

á  Vdes  que  yo  sea  de  Madrid?  ¿Tal  ves  esa  'siñora  (la  valenciana)?  No  se- 
ñora, nunca  nos  habló  esa  señora  de  Vd  (lo  que  me  lo  afirmó  doña  Merce- 
des) pero  á  las  madrileñas  se  las  conoce  de  una  legua.  Mi  amiga  muy  con- 
tenta de  la  sorpresa,  viéndome  conmovida  y  soñadora,  me  habló  de  mu- 
chas cosas  no  muy  favorable  á  mi  raza,  que  se  dicen  y  sostienen  en  Espa- 
ña, de  lo  que  yo  no  quiero  hablar  aqui. 

Antes  que  leya  <!;Electra>  de  Galdós  ya  sabia  que  los  «Pantojas»  abun- 
dan en  España,  pero  ¿quien  hace  caso  de  ellos?  Recuerdo  de  todas  las 
consejitas  (cuentos)  que  me  contaba  mi  defunto  abuelo;  en  todas  habia 
los  dos  espirites:  el  del  bien  y  el  del  mal;  y  siempre  sucumbía  el  espíritu 
del  mal,  y  el  del  bien  vencía.  Pues  bien^  Doctor,  no  se  precisa  grande 
perspicacia  para  acertar  de  esa  lucha  dinámica  en  toda  Europa  cual  de  los 
dos  espiritos  está  para  sucumbir,  pues  en  todas  partes  el  pueblo  se  está 
imancipando  y  con  ello  ganando  siempre  mas  y  mas  su  independencia  y 
su  valor  individual.  «El  colectivismo  ya  pasó,  me  decia  un  socialista,  que 
me  fué  vicino  de  puesto  en  una  conferencia,  y  no  era  colectivista,  «hoy  cada 
hombre  vale  un  mundo,  como  dicen  los  americanos,  y  continuaba:  las 
Americas  para  el  americano,  pues  nosotros  sostendremos;  el  pulpito  para 
el  fraile;  la  política,  pedagogía,  industria,  para  el  laico».  Se  entiende  que 
en  España  la  lucha  será  mas  áspera,  pues  como  es  lo  queVd  describe  tan 
bien  en  su  IV  articolo:  el  estado  patológico  del  pueblo,  «monstruoso  y  en 
fermo  por  efecto  de  teratologías^ ,  etc. 

Con  la  Herzegovina  no  le  relaciono,  pues  nada  de  interesante  á  su 
asunto  le  pueden  relatar.  No  creo  que  en  tota  la  Herzegovina  haya  50  fa- 
milias sefardis.  Esta  Provincia  es  en  la  mas  grande  parte  estéril,  y  muy 
montañosa;  no  tiene  mas  que  un  valor  estratégico  para  la  Austria;  siendo 
la  Herzegovina  la  frontera  del  Monte  Negro,  el  cual  mira  esa  provincia 
como  el  gato  la  carne  (1). 

No  son  todas  mis  compatriotas  las  que  tienen  la  lengua  español  por 
la  judia;  la  mas  grande  parte  saben  muy  bien  porqué  hablamos  español. 
Todos  los  pueblos  tienen  las  clases  instruidas  y  ignorantes.  Aqui  esta  (2) 
el  Cónsul  del  México  con  su  familia.  Hablan  en  español,  naturalmente, 
pero  no  son  naturales  del  México;  él  es  triestino,  y  ella  de  la  Bohemia, 
por  consecuencia  no  hablan  tan  bien  el  español,  pero  los  chicos  que  na- 
cieron y  crecieron  allá,  le  hablan  bien,  y  con  ellos  mi  tlivierto  un  mundo. 

Son  tres  niñas  y  un  niño:  la  mas  chica  que  tiene  seis  años  es  muy 
mónita.  Cuando  me  ve  aparecer  al  parque  grita  con  toda  su  bosesita. 
¡mamá,  allá  va  la  siñorita  que  habla  en  español!  Me  les  hago  sentar  á  mi 
lado,  les  prometo  muchas  cosas  para  que  me  canten  en  español.  Lo  que 
mas  me  gusta  es  el  himno  mexicano.  Confeso  que  me  devierten  mucho  las 
chicas. 


(1)  Este  parrafito  es  moilelo  de  concisión,  claridad  y  b-:cn  seutido.  (A.  P  ) 

(2)  En  Porte  Rose,  donde  veraneó  en  1904 


330 

La  declaración  del  Dr.  Nordau  á  cerca  de  la  purificación  de  nuestra 
jerga  tiene  grande  valor  specialmente  para  los  indiferentes  de  nuestra 
parte  de  batalla.  Muy  desacertado  encuentro  su  juicio,  sobre  que  la  lectu- 
ra que  Vd  envia  nos  hace  derramar  lagrimas,  «lo  de  que  podíamos  adqui- 
rir libros  por  los  libreros»  y  otros  juicios  suyos.  Aunque  la  resiiuesta 
de  Vd  es  bien  acertada,  no  pudo  decir  sin  comprometer  su  modestia  el 
motivo  de  nuestra  emoción.  Pues  le  diré  yo,  que  hacia  años  que  yo  leia 
la  Ilustración  Española,  en  la  que  frecuentemente  leía  hermosos  cuentos 
y  interesantes  articolos,  pero  ni  siquiera  por  la  mente  me  pasó  manifestar 
mi  admiración  á  los  rispectivos  autores  de  ellos,  y  al  leer  sus  articolos 
con  tanto  amor  y  magnanidad  escritos  y  con  tanto  calor  espuestos,  no 
hubo  fuerza  que  me  retenga  de  mi  manifestación  al  noble  autor  de  ellos. 
Aun  hay  que  decirle  al  Sr.  Nordau  que  esta  lectura,  que  tanto  nos  emocio- 
nó, no  nos  la  pudiamos  conquistar  con  caro  dinero  y  enutil  era  recurrir  á 
los  libreros  Y  que  lo  tenga  por  bien  sabido,  que  otras  lecturas  españolas 
nos  las  aquistamos  de  los  libreros.  Comprendo  que  las  cartas  rumenas 
chocaron  algo  á  Nordau  y  que  Bejarano  vertió  algo  demasía  sus  lagrimas; 
pero  hay  que  respectar  su  emoción. 

Sarayevo  (Bosnia). 

Hemos  recibido  cartas  expresivas  de  diferentes  distinguidos 
sefardíes,  entre  ellos  el  fabricante  D.  S.  D.  A.lkalay;  D.  Abra- 
ham  Leví  Sadic,  también  fabricante  y  distinguido  literato, 
cuya  es  la  carta  que  dejamos  publicada  en  la  pág.  75;  la  So- 
ciedad La  Benevolencia  y  D.  Abraham  A.  Cappon,  ilustrado 
publicista  y  primer  oficiante  y  predicador  del  templo  israelita. 
La  correspondencia  del  Sr.  Cappon  es  de  las  más  sugestivas  con 
que  hemos  sido  favorecidos. 

Muy  respetable  Señor  y  de  toda  nuestra  consideración. 

Su  muy  estimada  carta  del  6  del  ultimo,  dirigida  á  nuestro  señor  pre- 
sidente, nos  arivo  á  su  tiempo  y  tomimos  nota  de  su  continiente. 

Nos  honoramos  en  regraciando  á  "Vd.  en  nombre  de  todos  nuestros 
socios  por  la  agradable  sorpresa  que  quijo  bien  hacernos  en  enviandomos 
su  inapreciable  libro  «Los  israelitas  españoles  y  el  idioma  castellano». 

La  lectura  de  esta  obra  de  grandísimo  valor,  nos  procura  uno  de  los 
mas  vivos  placeres  que  pueden  alegrar  los  corazones  de  un  pueblo  que 
tiene  menester  de  bien  habladores  como  Vd.  y  nos  impone  el  deber  de 
dar  nuestro  concurso  posible  por  la  realización  de  su  loable  impresa. 

La  ausencia  de  nuestro  señor  presidente  nos  ha  impedido  de  disponer 
por  la  satisfacción  de  la  voluntad  de  Vd.  en  dándole  algunos  datos  y  en- 
formaciones  sobre  nuestros  coreligionarios  de  esta  provincia.  Pero  en 
pensando  que  esta  ausencia  de  nuestro  gefe  podra  durar  ayuda,  y  habién- 
donos informado  que  el  reverendo  señor  Abraham  Aaron  Cappon,  primer 


831 

oficiante  y  predicador  de  nuestro  nuevo  templo,  ee  determina  ya  de  po- 
nerse en  relación  con  Vd.,  nos  atrivimos  rogarle,  y  el  nos  premetió  ama- 
blemente de  representar  á  nuestra  sociedad  serca  de  Vd.  tocante  á  esta 
question. 

Felicitando  á  Vd.  cordialmente  por  el  sublime  obraje  que  viene  de 
emprender  en  favor  de  el  españolismo  en  general,  y  particularmente  en 
favor  de  nuestros  coriligionariós,  le  saludamos  con  grande  afección  y  pro- 
fundo respeto  S.  S.  Q.  B.  S.  M.— Por  la  Dirección:  el  cajero,  Rafael  Attias. 
— ^Por  el  presidente:  el  secretario,  Bernardo  Pinto. 

A  continuación  publicamos  las  cartas  del  Sr.  Cappon: 

La  obra  de  Vd.,  «Los  israelitas  españoles  y  el  idioma  castellano»  hizo 
conmover  mi  corazón,  que,  palpitando  de  alegría,  me  grita:  recobra  tu 
ánimo  y  lüanifiesta  de  nuevo  tu  amor  por  la  armoniosa  lengua  española 
que  tu  adoras  y  regracia  á  éste  ángel  bienhechor  que  se  para  por  salvar 
de  la  decadencia  á  tu  lengua  madre. 

Pero,  yo  que  me  siento  muy  pobre  en  expresiones  para  puder  complir- 
me  éste  deber  de  conciencia,  y  que  considero  á  Vd.  como  un  profeta,  que 
supo  leer  en  el  corazón  de  mi  pueblo  el  deseo  que  mantiene,  estoy  seguro 
que  pudra  bien  imaginarse  cuanto  mi  alma  bendice  á  Vd.  que,  por  su 
empresa  digna  de  todas  las  alabanzas,  se  ha  adquirido  el  mérito,  que  cada 
corazón  israelita  le  manifieste  gratitud  y  veneración. 

Dios  que  cría  en  su  mundo  personas  ilustres,  para  que  favorisen  á  los 
perseguidos  de  la  suerte,  acorde  todas  las  bendiciones  y  felicidades  celes- 
tes á  Vd.  que  hace  parte  de  los  munificientes,  por  las  cuales  el  profeta 
Daniel,  en  hablando  de  la  regeneración  de  Israel,  dice:  <Los  inteligentes 
alumbrarán  como  el  esplendor  del  cielo  y  los  que  favorisan  á  la  muche- 
dumbre serán  como  las  estrellas  brillantes  a  toda  perpetuidad.» 

Soy  uno  de  los  que  desean  ver  la  regeneración  del  idioma  castellano, 
que  nosotros  israelitas-españoles  conservamos  como  una  preciosa  heren- 
cia que  nos  resta  de  nuestros  abuelos  desterrados  de  España,  donde  deja- 
ron las  cenizas  de  muchos  mártires,  los  huesos  de  muchos  celebres  que 
respandieron  luz  de  sabiduría  en  el  universo,  y  enfin  donde  dejaron  mu- 
chos de  sus  hermanos,  de  los  cuales,  indudablemente,  descienden  muchos 
de  los  españoles  de  hoy. 

Soy  uno  de  los  qne  lucharon  por  el  perfeccionamiento  de  la  lengua  que 
nosotros  llamamos  española  y  que  para  serlo  en  realidad  necesita  grandes 
esfuerzos  y  sacreficios. 

Puedo  añadir,  y  tengo  pruebas  incontestables,  que  soy  materialmente 
la  victima  de  mis  esfuerzos  por  el  reemplazamiento  de  -nuestro  idioma 
corrompido,  con  la  hermosa  lengua  española  que  nos  vaie  para  hablar  con 
Dios,  según  canta  en  su  santa  poesía  mi  carisisimo  amigo,  el  bien  conoci- 
do erudito,  Sr.  Bejarano. 

Pero  estoy  moralmente  satisfecho,  porque  el  fruto  de  mis  trabajos  co- 
mensó  ya  á  verter  gotas  de  bálsamo  sobre  las  heridas  que  mi  corazón  ha 


suportado,  por  falta  de  remedios  pecuniares,  en  la  lucha  que  me  había 
impuesto  en  favor  de  la  literatura  judeo- española,  á  la  cual  he  dedicado 
mis  modestas  facultades. 

Soy  el  fundador  y  redactor  de  la  revista  literaria  «La  alborada»  de 
Ploesti,  Romanía,  imprimada  en  Rustchuk,  Bulgaria;  después  soy  el  redac- 
tor de  «La  alborada»  refondada  en  Sarajevo  como  órgano  del  judaismo  de 
Bosnia  y  Hercegovina. 

Pero...  ¿que  digo  yo?...  soy  el  redactor...!  Ah,  ¡no!...  yo  he  sido  el  redac- 
tor de  éste  periódico,  que  todas  las  dos  veces  tubo  la  suerte  de  la  hiedra 
de  Joñas;  porqué,  como  propagador  de  la  purificación  de  nuestio  idioma 
comprometido  y  mezclado,  debía  yo  servirme  de  un  estilo  relativamente 
literario,  y  portanto  no  debía  admitir  publicaciones  escritas  en  aquella 
lengua  española  empobrecida  que  disgustaría  todavía  á  los  progresistas. 
Pero  la  mayor  parte  de  mis  correligionarios  conosen  poco  el  lenguaje 
literario  y,  aunque  yo  hacía  todo  lo  posible  porqué  mi  periódico  fuera  al 
buen  agrado  de  todos  los  lectores,  pocos  han  sabido  apreciar  el  valor  de 
mi  pesgada  obra,  a  pesar  de  las  numerosas  adhesiones  y  recomendaciones 
de  distinguidas  capacidades  culturales.  Es  así  que  «La  alborada»  cesó  de 
aparecer  y  por  consiguiente  mis  flacas  fuerzas  financíales  fueron  reduci- 
das hasta  que  yo  pueda  decirme  «la  víctima  de  mis  esfuerzos  por  el  bien- 
estar de  mi  pueblo». 

Como  se  comprende  de  lo  que  dije  mas  ariba,  la  lectura  de  la  muy  cele- 
bre obra  de  Vd.  hizo  redespertar  en  mi  corazón  el  deseo  de  conlaborar, 
tanto  que  me  será  posible,  por  el  realzamiento  del  nivel  cultaral  judío- 
español  y  portanto  me  complazgo  ponerme  á  las  órdenes  de  Usted,  que, 
con  su  grandiosa  empresa  en  favor  de  mis  coreligionarios,  hace  entusias- 
mar á  todos  los  buenos  españoles  de  España  y  de  Oriente. 

Los  israelitas  de  Bosnia  y  Hercegovina  conservan  ellos  también  mu- 
chos usos  y  costumbres  de  origen  español;  ellos  se  nombran  y  los  llaman 
españoles.  Es  característico  ésto,  que  en  demandando  á  alguno:  «¿qué  sos 
tu?»  responde:  «¡soy  español!»  y  á  la  demanda:  «¿qué  lengua  hablas?» 
responde:  «¡en  djidio!»  (q.  d.  judío).  Antes  dos  años  tube  la  ocasión  de 
conversar  con  el  príncipe  hijo  de  Don  Carlos  y  con  un  otro  príncipe  espa- 
ñol (no  me  recuerdo  el  nombre)  que  hablan  venido  con  una  compaña  de 
automobilistas  de  París.  Era  interesante  de  ver  la  alegría  y  la  emoción  de 
muchos  judios  que  se  decían  los  unos  á  los  otros:  «¡están  hablando  en 
djidio!»  Muchos  romances  de  origen  español  son  los  cantos  de  predilección 
de  los  judíos  de  ésta  provincia  y  son  cantados  con  unos  accentos  de  santa 
membranza  que  hacen  conmover  los  corazones  y  arrancan  lágrimas.  Si 
'.  c.  me  demandará,  le  enviaré — con  las  notas  musicales — algunos  de  los 
'    e  no  serían  ya  publicados. 

Aquí  el  idioma  castellano  es  reelamente  corrompido;  y,  á  la  excepción 
de  algunos,  que  se  ocupan  de  la  literatura  moderna,  todos  se  sirven  de 
expresiones  hebreas,  turcas,  alemanas,  croatas,  italianas  etc.  La  metatesa 
también  es  empleada  en  el  castellano  de  Bosnia,  como  en  otras  provincias 
del  Oriente;  pero  con  una  diferencia  remarcable,  por  ejerrplo,  aquí  pro- 


nuncian:  arie,  baliar,  bauteca,  danár,  meruzar,  peniar,  talva,  en  lugar  de 
aire,  bailar,  banqueta,  nadar,  mesurar,  peinar,  tabla;  mientras  que  en 
otras  partes  dicen:  acodrar,  adrer,  cuedra,  codrero,  guadrar,  godruca,  mo 
drer,  odrenar,  pader,  pedronar,  pedrer,  tadrar,  vedrad,  enjlugar  de  acordar, 
arder,  cuerda,  cordero,  guardar,  gordura,  morder,  ordenar,  pared,  perdo- 
nar, perder,  tardar,  verdad.  Lo  que  pronuncian  aquí  abusivamente,  pro- 
nuncian en  otras  partes  corectamente,  y  así  la  vuelta. 

Hasta  el  1900  se  hallaban  aquí  muy  pocos  que  amaban  leer  gacetas, 
pero  gracias  á  los  9  meces  de  existencia  de  «La  Alborada>,  actualmente 
hay  40  —  50  suscritores  de  varios  periódicos.  En  Sarajevo  habitan  apro- 
ximativamente 700  familias  de  Judíos-españoles.  Ellos  tienen  una  nueva 
escuela,  imp:sante  y  moderna;  pero  la  enseñanza  del  judío-español  se 
hace  en  siguiendo  los  métodos  los  mas  primitivos.  En  el  interior  de  ésta 
escuela  hay  un  templo  aspectuoso  que  se  distingue  por  sus  reglas  y  co- 
rresponde alas  exijencias  de  nuestro  tiempo  de  progreso  y  civilisación; 
mientras  que  las  otras  4  synagogas  mantienen  aynda  muchas  reglas  de  la 
antigüedad  y  de  origen  oriental;  pero  se  espera  que  ellas  también  seguirán 
succesivamente  el  ejemplo  del  nuevo  templo,  donde  soy  el  primer  ofician- 
te y  predicadoi-. 

En  ésta  localidad  hay  unas  cuantas  sociedades  caritativas  y  culturales 
Estas  últimas  son  solamente  religiosas  y  portanto  manca  una  seriosa  aso- 
ciación que  pueda  respandir  la  cultura  moderna).  Las  mas  distinguidas, 
por  el  actitud  de  sus  bravos  representantes  son:  «La  Benevolencia>  pre- 
sidada  del  muy  generoso  banquero,  Señor  Salvador  Daniel  Salom  y  «La 
Umanidad»  presidada  de  la  bien  conocida  virtuosa  Señora  Reyna  David 
Alcalay,  madre  del  Señor  Salamó  D.  Alcalay  (á  la  gentilesa  del  cuál  debo 
yo  el  placer  inexprimable  de  haber  leído  la  inapreciable  obra  de  Vd.)  Es- 
tas dos  sociedades  son  ya  dignas  de  sus  nombres  y  pueden  ser  contadas 
entre  las  instituciones  de  este  genero  bien  organizadas  del  mundo  civili- 
sado.  Hay  también  una  sociedad  de  canto  «La  Lira»,  adherada  y  sosteni 
da  de  muchos  hombres  aclarados  que  contribuen  a  las  necesidades  indis- 
pensables por  el  adelantamiento  de  sus  hermanos. 

El  Judaismo  de  Sarajevo  puede  alabarse  y  felicitarse  con  sus  8-10 
doctores  y  estudiantes  académicos,  que  hacen  honor  al  nombre  de  Israel. 
Hablando  de  estos  últimos  diré,  y  creo  no  engañarme,  que  la  fundación  y 
el  progreso  sensible  de  «La  Esperanza»,  sociedad  académica  de  los  judíos 
españoles  del  Oriente  en  Viena,  se  deben  en  grande  parte  á  los  esfuerzos 
y  á  la  habilidad  de  los  valientes  jóvenes  de  Sarajevo,  que  hicieron  y  ha- 
cen sus  estudios  en  la  capital  de  Austria. 

Promitiendole  de  proporcionarle  detalios  sobre  todo  lo  que  Vd.  me 
demandará  por  el  estado  y  las  condiciones  de  los  israelitas  españoles  de 
Bosnia  y  Hercegovina,  me  pongo  de  nuevo  á  los  ordenes  de  Vd.  Pues  la 
sociedad  «La  Benevolencia»  también  me  ha  encargado  de  representarla 
sobre  éste  asunto. 

Agradeciéndole  sinceramente— de  mi  parte  y  en  nombre  de  mis  ami- 
gos y  conosencias  que  pensan  conmigo  sobre  el  deber  que  el  judaismo  es- 


334 

pañol  tiene  de  serle  á  Vd.  siempre  reconociente— por  la  benevolente  y 

eminentisima  empresa  de  Vd.,  le  ruego  de  recibir  mis  respetuosas  saluda- 

ciones  y  la  asigurancia  de  mi  muy  grande  afección,  con  que  le  soy  devoto 

servidor  q.  b.  s.  m. 

Abraham  A.  Cappon. 
P.  S. 

Desde  la  dolorosa  desaparición  de  «La  Alborada»  he  perdido  la  gana 
de  escribir  á  las  gacetas,  pero  poseo  diversos  obras  que  yo  pensó  de  publi- 
car mas  tarde,  en  brochaduras  ó  en  libro. 

Próximamente  voy  remitir  á  Vd.  algunas  de  mis  composiciones  en 
versos.  Conozco  que  ellas  son  mancas  de  toda  sustancia  y  no  soy  tan  osa- 
dioso  hasta  creer  que  merecen  ser  publicadas  en  España.  Si  me  permito 
enviárselas  es  por  que  son  engendradas  por  mis  impreciones  sobre  el  es- 
tado-moral-social-cultural  y  sobre  las  tendencias  y  perspectivas  de  mis 
coreligionarios  españoles  orientales  y  por  tanto  resultan  noticias,  que 
puede  ser  Vd.  las  hallara  interesantes. 

Lo  siguiente  corresponde  á  su  segunda  carta,  fecha  30  VI 
1904: 

Recibí  y  leí  con  una  indescriptible  alegría  de  alma  y  de  corazón  su  muy 
preciosa  carta  del  20  del  actual.  Con  sus  expreciones  elogiosas  sobre  la 
manera  conque  yo  escribo  el  castellano,  y  prometiéndome  una  honrosa 
atención  en  su  segundo  libro  sobre  los  israelitas  españoles,  Usted  me  li- 
sonjea muchísimamente  y  me  pone  mucho  mas  arriba  del  modesto  lugar 
que  yo  pueda  merecer,  entre  los  personajes  dignos  de  ayudar  á  Vd.  en  su 
eminentísima  empresa  en  cuestión.  Sobre  todo  quedé  extasiado  al  ver 
que  Vd.,  de  la  altísima  y  bien  merecida  posición  social-cultural  en  que  se 
halla,  me  tiende  la  mano,  á  mí  que  nada  valgo,  y  se  nombra  mi  amigo- 
Esto  me  hace  sentir  un  profundo  orgullo  así  que,  estimándome  bienaven- 
turado, le  tiendo  mi  flaca  mano,  del  bajísimo  escalón  enqué  me  hallo,  y 
me  declaro  devotísimo  amigo  y  fiel  servidor  de  Vd.  Por  la  gentilísima 
atención  y  por  tanta  estima  que  tubo  la  benevolencia  de  manifestarme, 
le  ruego,  muy  señor  mío  e  ilustrísimo  amigo,  de  recibir  mis  respetuosos 
agradecimientos  y  la  aseguranza  de  mi  eterno  reconocimiento. 

Por  no  tardar  hasta  que  yo  pusda  acoger  los  datos  precisos  para  res- 
ponder á  las  12  preguntas  del  cuestionario  que  Vd.  viene  de  dirigirme, 
voy  darle  hoy  algunas  noticias  referentes  á  las  demandas  que  me  hace  en 
su  estimable  carta: 

Cuanto  á  mis  campañas  y  publicacioneo  sobre  la  regeneración  de  nues- 
tro idioma  castellano,  baste  decir  que  mi  periódico,  «La  Alborada»,  en  el 
lenguaje  conque  fué  redactado,  pudo  muy  bien  distinguirse  entre  los  dia- 
rios judíos,  escritos  en  un  francés  españolisado  ó  en  un  español  france- 
-siado  y  con  expreciones  extrañas,  podiendo  ser  comprendidas  soio  délos 
que  conocen  la  lengua  del  país  en  que  la  gaceta  aparece.  Sobre  esta  ver- 
dad pueden  atestiguar  las  dos  series  oe  'La  Alborada»,  que  me  complaz- 
:;o  remitir  á  Vd.  por  el  mismo  correo. 


335 


«La  Alborada»  ha  contribuido,  relativamente,  bastante  á  la  purifica- 
ción de  nuestro  idioma  corrompido,  y  ella  no  podría  tener  la  desdicha  de 
desaparecer,  si  no  me  hubiera  mancado  el  remedio  material  para  poder 
reducir  el  precio  de  suscripción  y  para  poder,  unos  cuantos  meses  otros, 
cubrir  los  gastos  que  pasarían  á  los  revenidos,  hasta  que  un  mas  conside- 
rable número  de  coreligionarios  apreciarían  mi  obra.  Pues  muchos  no  pa- 
garon el  abonamiento,  por  mengua  de  un  viajero. 

Como  un  remedio  eficaz  para  regenerar  nuestro  idioma  castellano,  yo 
dije  y  digo  que  sería  bueno  de  introducir  en  nuestras  escuelas   de  ambos 
sexos  la  enseñanza  de  la  «Petite  histoire  Sainte  de  Isaac  Levy,  grand  Ra- 
bbin  du  consistoire  de  Vesoul»,  traducida  en  español  con  caracteres  rabí- 
nicos  y  latinos.— El  muy  valiente  joven  Sr.  D.  Isidor  I.  Sumbul,  estudian- 
te en  electro-tecnología,  trasladó  ya,  hay  cuatro  años,  esta  importante 
obra  en  judeoespañol  y,  adherando  á  mi  proposición,  me  autoriso  de 
transcribirla  en  un  lenguaje  suave  que  corresponda  á  las  edades  de  los 
alumnos,  los  cuales  debran  aprender  su  historia  succesivamente  en  todas 
las  clases  de  las  escuelas  primarias  y  segundarias.  Yo  he  comenzado  ya 
este  trabajo  y  me  place  creer  que  será  bien  recomendado  por  los  compe- 
tentes que,  en  primer  término,  disponerán  sobre  la  corrección  del  trasla- 
do que  es  una  condición  sine  qua  non,  porqué,  como  uno  que  poco  ha  cul- 
tivado la  literatura  española,  estoy  seguro  de  la  abundancia  de  yerros  que 
debe  contener,  pues  estoy  bastante  encargado 
de  fatigas,  pero  creo    también  que  este  pro- 
yecto no  podrá  realisarse  hasta  que  los  podero- 
sos no  tomarán  á  corazón  su  grande  importan- 
cia.— Antes  de  todo  se  debe  pensar  á  la  nece- 
sidad de  imprimir  el  libro  en  muchos  miles  de 
ejemplares,  porque  pueda  ser  vendido  á  precio 
muy  barato.  Es  así  que  todas  las  escuelas  lo 
adoptarían   y  que    nuestros  hijos   e  hijas,  en 
aprendiendo  su  historia,  aprenderían  propor- 
cionalmente  el  español. — Es  muy  seguro  tam- 
bién que  miles  y  miles  de  particulares  acoge- 
rán este  libro,  único  en  su  género  y  tan  indis 
pensable  para  la  vida  religiosa  israelita,  por- 
que es  un'obraje  muy  favorable  para  hacer  co- 
nocer con  facilidad  á  los  jóvenes  todo  lo  que 
la  biblia  conta  en  sus  muchos  libros,   de  la 
criación  del  mundo  hasta  la  destruición  de  la 
existencia  política  del  judaismo.  Los  periódi- 
cos en  judeoespañol  no  pueden  tanto  aprove- 
char para  la  purificación  de  nuestro  idioma,  cuanto  podría  ser  provecho- 
sa la  enseñanza  de  las  leccionps  de  historia  judía  en  un   mas  limpio   es 
pañol,  que  en  todo  caso  debra  ser  preferido  al   idioma  corrompido  que 
actualmente  aprenden  nuestros  niños  en  las  escuelas. 


FiG   77. — Royna  Alcalay 
Salom,  distinguida    dama. 
Presidenta    de   la   Asocia- 
ción caritativa  de   señoras 
hebreas  «Humanidad» 
(Sarayevo) 


336 

(Siguen  los  tres  párrafos  publicados  en  la  página  94.) 

En  Bosnia  y  Hercegovina  no  hubo  antes  de  <La  Alborada»  y  no  hay 
actualmente  ningún  periódico  judeo-español;  pero  algunos  de  los  40-60 
suscritoree  de  la  «La  Época»  y  de  <E1  Avenir»  de  Salónica  y  del  «Hascho- 
far»  de  Filipopoli  prestan  á  otros  las  gacetas,  y  así  podemos  creer  que  en 
Sarajevo  se  hallan  cerca  100  lectores  de  periódicos  en  judeo-español. 

En  Romanía  también  no  hubo  antes  del  «Lucero  de  la  paciencia»  de 
Turnu-Severin  (1886-87)  ni  hay  después  de  «La  Alborada»  de  Ploesti  (1898- 
99),  ningún  periódico  judeoespañol. 

En  Servia,  el  primer  y  el  último  periódico  judío  que  hubo,  fué  el  «Ami- 
go del  pueblo»  redactado  2-3  años  en  Belgrad.  Este  mismo  «Amigo  del 
pueblo»  fué  el  que  tubo  otros  8-10  años  de  existencia  en  Sofía  y  Rusts- 
chuk,  como  primera  gaceta  judeo- española  en  Bulgaria,  donde  después 
aparecieron;  «El  Día»,  -La  Verdad»,  «El  Eco  Judaico»  y  el  «Haschofar»; 
pero  estos  también  no  tubieron  una  suerte  tan  brillante.  Unos  durmieron 
algún  tiempo  y  se  despertaron  transportados  en  otras  localidades,  mien- 
tras que  otros  parecen  á  unos  paralizados  menguados  de  toda  fuerza. 
Y  estos  todos  eventos  se  pasaron  en  unos  10-12  años,  desde  que  existe 
una  prensa  judía  en  Bulgaria.  El  mencionado  «Haschofar»  parece  ser  mas 
feliz,  porqué  es  el  órgano  del  Sionismo  de  Bulgaria  y  es  sostenido  del 
comité  de  acción  respectivo,  para  qué  pueda  ser  enviado  á  los  suscripto- 
res  con  un  precio  mas  barato  que  los  otros  diarios  que  aparecen  en  judeo- 
español. 

Entre  los  judíos  de  Sarayevo,  es  verdad,  dominan  aynda  ideas  retró- 
gradas; pero  hay  muchos  intelectuales  que  luchan  con  la  baraganía  del 
león  por  el  bienestar  de  sus  hermanos.  En  el  intervalo  de  4-5  años  se  han 
hecho  mejoramientos  sensibles  en  el  seno  de  la  comunidad.  Las  socieda- 
des «La  Benevolencia»  y  «La  Lira»  organisan  de  cuando  en  cuando  repre- 
sentaciones de  obras  teatrales,  (en  español)  conciertos  musicales  etc.,  y 
todo  es  muy  bien  ejecutido  por  los  bravos  y  talentados  jóvenes.  (Yo  he 
trasladado  del  francés  y  de  otras  lenguas,  varias  obras,  he  también  com- 
puesto monólogos,  poesías  etc.,  ayudando  con  e'Sto,  como  y  con  conferen- 
cias etc.,  á  la  realisación  de  muchos  buenos  proyectos.)  Pues  en  cada  oca- 
sión los  periódicos  locales  publican  artículos  elogiosos  aserca  de  estas  dos 
sociedades  que  son  dos  luceros  brillantes  del  judaismo  español  de  Bosnia 
y  Hercegovina. 

Cuanto  se  refiera  á  costumbres,  fotografías  etc.,  voy  hacer  todo  lo  po- 
sible de  satisfacer,  en  el  curso  del  mes  próximo  la  voluntad  de  V.  Todavía 
creo  que  hasta  8-10  días  le  mandaré  mi  retrato  y  algunos  otros,  junto  los 
versos  que  le  he  prometido  en  mi  primera  carta. 


CAPÍTULO 


Bélgica. — Amberes. — Informes  de  Rubio  y  Galimedi.  — España,  — Madrid, —  Don 
José  Farache.  — Sevilla.  -  Su  colonia  hebrea.  —  Rachel  de  Pilo.  —  Informes 
varios.— Cádiz,  Málaga  y  Algeciras.—Gibraltar.— Informe  de  José  Elmaleh. — 
Barcelona,  San  Sebastián,  Irún  y  Alicante.— Francia. — París.  — Informes  del 
gran  rabino  Zadoc  Kahn  y  los  doctores  Max  Nordau  y  Enríquez. — Informes  de 
I.  Danon  y  M.  L  Cornea, 

Bélgica-Amberes. 

Nuestro  distinguido  amigo  D.  Luis  Rubio  Amoedo,  vice- 
cónsul de  España  en  Amberes,  nos  ha  proporcionado  intere- 
santes datos  sobre  los  sefardim  de  Bélgica  y  de  Holanda.- 

He  aquí  los  primeros: 

Las  contestaciones,  que  he  pedido  obtener  y  he  comprobado,  al  cues- 
tionario, son; 

Hay  solamente  veintitantas  familias  sefardim  (unas  veinticinco)  de 
modo  que  individuos  se  pueden  calcular  unos  ciento  cincuenta.  La  mayo- 
ría de  ellos  son  de  Oriente.  De  Holanda  hay  una  familia  únicamente 
(Mr.  Namías),  y  aunque,  como  la  mayoría  de  los  de  ese  pais,  procede  de 
Portuga,  no  habla  nada  portugués. 

Galimedi,  Presidente  de  la  Comunidad  Israelita  de  Oriente  español, 
Salomona,  Mlesabi,  Levi,  Abolefia,  Salti,  Esterazi,  Tavil  de  Piciotto,  Cha- 
mal, Natheu,  Bejai,  Betran,  Capmano,  Asseo,  Lera  y  Menasché,  son  los 
mas  conocidos. 

En  Bruselas  existen  otras  cuatro  ó  cinco  familias,  pero  no  creo  haya 
mas  en  el  resto  de  Bélgica. 

La  mayor  parte  son  diamantistas,  esto  es,  comercian  con  los  diaman- 
tes que  hacen  tallar,  y  son  grandes  negociantes  en  esta  provechosísima 
ocupación,  pues  es  sabido  que  Amberes  es  el  centro  para  esas  operaciones 

22 


338 


FiQ.  78.  —  D.  Luis  Rubio  Amoedo^ 
cónsul  de  España  en  Amberes. 


que  los  judíos  (sefardim  y  de  otros  sectas)  casi  monopolizan  Esterazi  ee 
ocupa  del  comercio  de  granos  y  cafes,  y  tiene  una  importante  casa.  La  po- 
sición metálica  de  todos  los  citados  es  desahogadísima,  y  solo  tres  ó  cua- 
tro, que  yo  sepa,  tienen  situación  mas 
modesta.  Dos  de  ellos  sobre  todo,  pues 
uno  vende  castañas  y  chucherías  por  los 
cafes,  y  otro,  con  su  gorro  encarnado, 
chocolates  y  caramelos.  El  rabi  creo  que 
no  posee  mas  bienes  de  fortuna,  ni  per- 
sonales, que  su  escelente  voz. 

íso  hay  ningún  periódico  judeo  es- 
pañol; ni  en  toda  Bélgica  tampoco. 

No  hay  escuelas  donde  se  enseñe  el 
español. 

Únicamente  lo  hablan  entre  si. 
No  ureo  que  otras  lenguas  se  ha- 
yan mezclado  hasta  ahora;  pero  para 
hablar  conmigo,  por  ejemplo,  hacién- 
dolo deprisa,  quedaremos  mas  entera- 
dos en  francés,  y  yo  mas  seguro  de 

que  me  comprenden,  que  si  hablamos  nuestros  respectivos  españoles. 
Algunos  israelitas  me  han  dicho  que  no  les  interesan  las  relaciones 
con  España.  Resentimientos,  falta  de  necesidad  de  espansionar  su  rela- 
ciones, ó  cualquier  otra  cosa  semejante;  pero  no 
tienen  grandes  entusiasmos,  ni  quieren  nuevas 
relaciones.  Otros  las  aceptarán  con  gusto  cuando 
acaben  de  convencerse  bien  de  nuestra  buena 
fé,  de  nuestro  valer  (que  no  conocen  por  com- 
pleto) ó  de  ventajas  que  entreven.  Galimedi(que 
es  el  mas  ilustrado,  y  es  distinguido  especial- 
mente entre  ellos)  y  Salomona,  las  aceptan  con 
verdadero  gusto. 

Aqui  los  israelitas  son  completamente  inde- 
pendiente y  libres,  y  si  existe  cierta  separación 
de  vida  es  porque  ellos  voluntariamente  y  por 
conveniencia  de  sus  asuntos,  forman  ranchos 
aparte,  tienen  circulo  propio  y  acaparan  un 
barrio. 

Se  pueden  mandar  libros  á  Monsieur  J.  Ga- 
limedi,  30  rué  Leys,  ó  Club  des  diamantaires 
rué  Pelican  46. 

Sinagoga  aun  no  tienen;  pero  están  reunien- 
do fondos  para  hacer  una  propia.  Los  grandes  acontecimientos  de  su  vida 
los  celebran  en  la  sinagoga  de  rito  oriental,  bajo  la  dirección  del  rabi. 


FiG.  79.      D.  ,J.   Galimedi 

presidente  de  la  Comuni 

liad  Israelita  Eápañola  de 

Amberes. 


339 

El  Sr.  D.  J.  Galimedi  uos  ha  favorecido  con  la  siguiente 
carta: 

Fue  por  me  un  gran  placer  y  mucho  honor  de  tener  una  entrevista 
con  Wd. 

Por  nosotros,  desciendientes  de  los  Españoles  Judeos  desterrados  a  la 
siguida  de  los  acontecimientos  de  1492,  y  espandidos  en  grande  parte  en 
el  Oriente,  es  una  particularidad  muy  rara  y  muy  emocionnante,  de  hallar 
nuestros  conpatriotes  de  hay  quatro  cientos  años,  y  hablar  con  ellos  en 
una  lingi-!a  vieja  que  conservimos  disde  tantos  siglos. 

Tanto  grande  fue  el  asciendiente  que  la  España  tuvo  sobre  nuestros 
espíritus,  que  a  través  nuestros  antepasados,  creemos  tener  aun  la  visión 
de  lo  que  era  este  antigo  y  tan  celebre  pais. 

Así  como  la  vida  y  el  caractere  de  un  pueblo  se  traducin  en  sus  prover- 
bios, sus  cantos  y  sus  bailes,  es  con  un  estremecimiento  de  placer  que 
nos  sentimos  revivir  en  los  cantes  y  refranes  españoles,  y  espertar  en 
nosotros  recuerdos  que  dormían  desde  la  antiquidad. 

Muchos  de  los  usos  quiedaron  entre  nosotros,  y  aun  creemos  zimbar 
los  oídos  de  muchas  máximas  y  proverbios  de  muestras  madres,  como 
estos. 

l.o  En  tu  casa  comen  habas 

en  la  mía  calderadas. 
2.0  Pleito  de  hermanos 

alheña  de  manos. 
3. o  Paciencia 

es  pan  y  sciencia. 
4.0  Cuando  mas  obscurece 

es  por  amanecer. 
5.0  Cierra  tu  puerta 

alaba  tu  vecino. 
6.0  Cércate  de  buen  vecino 

tendrás  buen  doctrino.  -     - 

7°  Ningún  sabs  que  hay  en  la  hoya 

mas  de  la  cuchara  que  la  menea 
8.0  Paga  lo  que  debes 

sabes  lo  que  tienes. 
9.0  Quen  tiene  tejado  de  vidro 

no  hecha  piedra  al  vecino. 
lO.o  Tu  pan  no  me  arta 

tu  palabra  me  contenta. 
11.°  Mejor  caer  en  rio  córlente 

y  no  en  boca  de  gente. 
12."  Quen  la  miel  menea 

algo  se  le  apega. 
13.0  Passan  malas  cuchiadas 

y  no  malas  palabradas 


540 


14.°  Quen  ve  la  barba  del  vecino  quemar 

mete  la  suya  á  remojar. 

Como  cantos  también  tenemos  en  cantidad,  que  se  topan  recojidos  en 
un  libro  judeo-español,  que  se  cantan  en  todo  el  oriente. 

(Les  romances  judeoespañol  del  Sr.  Danon  publicado  en  la  librairia 
Durlacber  en  Paris\ 

Muestros  bailes  guardan  mucho  de  aquellos  tiempos. 
Ya  ve  que  la  influencia  de  la  España  no  esta  circa  de  borrar,  y  lo  que 

espero  es  que  estas  cuan- 
tas liñas  haciendo  revelar  a 
muchos  Españoles  la  exis- 
tencia de  los  antigos  com- 
patriotes  en  el  Oriente, 
contribuirán  a  formar  en- 
tre ellos  relaciones  de  sim- 
patía que  se  forteceran 
mas  de  dia  en  dia. 

España. 

Hay  en  España  cer- 
ca de  2.000  hebreos, 
aunque  muchos  de  ellos 
no  son  sefardhn. 

Nuestro  distinguido 
y  excelente  amigo  don 
José  Farache,  sefardí 
residente  en  Madrid, 
entusiasta  por  España, 
y  por  su  engrandeci- 
miento, es  persona  co- 
nocedora de  la  escasa 
grey  compatriota  que 
habita  nuestro  país,  y 
nos  dice  que  viven 
enteramente  asimilados  á  los  españoles,  y  algunos  con  los  mis- 
mos derechos  y  deberes  de  ciudadanía.  No  sabemos  de  ninguno 
que  ejerza  funciones  gubernamentales,  aunque  tampoco  ne- 
gamos que  lo  haya,  pero  hay  israelitas  desempeñando  altos 
cargos  de  la  banca,  de  empresas  y  de  industrias.  Entre  ellos 
hay  el  director  de  uno  de  los  más  importantes  ferrocarriles  de 
España.  Procedentes  de  las  comunidades  sefardíes  del  Sur  de 


FiG.  £0. — D.  Josó  Farache,   distingaido  israelita 
español  domiciliado  en  Madrid. 


841 

Francia  existen  algunos,  y  como  un  ejemplo  mencionaremos  á 
D.  A.  Salcedo,  distinguido  banquero  y  anticuario,  cuya  firma 
goza  de  mucho  crédito  en  la  capital.  Es  persona  de  estimadísi- 
ma honorabilidad  en  la  sociedad  madrileña.  Por  lo  demás,  en 
Madrid  figuran  altas  familias  israelitas,  como  los  señores  de 
Baüer,  por  ejemplo,  cuyos  salones  y  trato  frecuentan  las  más 
ilustres  representaciones  del  clero,  la  política  y  la  literatura. 

El  amor  que  estos  israelitas  sienten  por  nuestro  país  es 
intenso,  y  algunos  nos  atestiguan  con  sentidas  protestas  el  en- 
tusiasmo y  la  gratitud  que  les  inspira  esta  campaña  de  reconci- 
liación hispano-hebrea  en  que  nos  ocupamos.  Como  prueba  de 
ello  publicaremos  la  siguiente  carta,  que  sirvió  para  entablar 
nuestras  relaciones  con  D.  José  Farache,  de  quien  puede  decirse 
con  justicia  que  es  espejo  de  caballeros,  espíritu  culto  y  cerebro 
intehgentísimo.  Con  su  amistad  nos  honramos  hoy,  y  á  sus 
buenos  servicios  acudimos  en  más  de  una  ocasión,  cuando 
nuestra,  correspondencia  con  sus  correligionarios  así  lo  exige. 
Procede  de  Gibraltar,  vive  en  Madrid  hace  ya  muchos  años,  y 
aquí  goza  de  la  estimación  que  merecen  sus  atrayentes  cuali- 
dades: 

Ante  todo  debo  manifestar  á  Vd.  que  es  á  nuestro  bueno,  simpático  y 
cariñoso  amigo,  D.  Francisco  Beltran  á  quien  debo  y  de  corazón  agradez- 
co el  poseer  la  admirable  obra  de  Vd.  «Los  Israelitas  Españoles»  y  á  Vd. 
mi  querido  señor,  la  sencilla,  pero  para  mi  mas,  mucho  mas  que  gratísi- 
ma dedicatoria. 

¿Será  verdad  que  en  esta  amadísima  patria  de  mis  antepasados,  haya 
quien  defienda  la  justa  causa  del  pueblo  de  Dios?.... 

Me  parece  un  sueño,  un  sueño  ayer  ideal;  pero  que  se  realiza  hoy. 

Bien  sabe  el  Dios  de  Abraham,  Isac  y  Jacob  que  no  os  fácil  como  al- 
gunos pueden  creer,  eso  de  llegar  á  compenetrarse  en  los  sentimientos 
del  autor  de  un  libro.  ¡Apenas  ha  de  reunir  condiciones  y  aptitudes  quien 
se  proponga  alcanzar  merecidamente  tan  codiciado  y  merecido  título! 
Pero  modesta  y  humildemente  me  permito  manifestarle  que,  el  tiempo 
que  acabo  de  emplear  en  la  lectura,  en  la  sabrosísima  y  lenitiva  lectura 
de  su  bienhechora  obra,  ha  sido  el  mas  feliz  de  mi  vida. 

Soy  juciio  español,  títulos  que  siempre  ostento  con  verdadero  orgullo, 
y  hace  26  años  que  habito  este  hermoso  y  sagrado  suelo;  siempre  conten- 
to y  satisfecho;  y  acariciando  la  buena  amistad  de  sinceros  y  cariñosos 
amigos. 

Si  mi  ánimo  no  estuviera  embargado  por  el  natural  temor  de  molestar 
á  Vd.j  le  pediría  me  concediera  el  alto  honor  de  estrechar  su  mano. 


342 


Sevilla. — En  provincias  hay  israelitas;  en  Barcelona,  Sevilla, 
Cádiz,  Málaga,  San  Sebastián,  Irún,  y  algunas  otras  ciudades. 
De  todas  estas  poblaciones,  la  capital  de  Andalucía  es  la  que 
los  cuenta  en  mayor  número,  y  tuvieron  el  buen  gusto  de  pre- 
sentarse colectivamente  y  saludar  al  monarca  Alfonso  XIII 

cuando  hizo  su  visita  á 
la  reina  del  Guadalqui- 
vir, en  Mayo  del  año  ac- 
tual (1904).  Se  asocia- 
ron con  entusiasmo  á 
la  general  alegría,  y  lo 
manifestaron  en  tér- 
minos muy  simpáticos, 
que  merecieron  el 
aplauso  de  todos  los 
buenos  sevillanos  y  de 
la  Prensa  local. 

Ocupaba  la  colonia 
hebrea  una  casa  de  la 
calle  de  la  Feria,  cuyos 
muros  se  hallaban  cu- 
biertos con  telas  de  los 
colores  nacionales,  for- 
mando pabellones  con 
lujosos  mantones  de 
Manila,  y  en  el  centro 
un  riquísimo  y  antiguo 
tapiz  árabe.  En  los  bal- 
cones había  lindas  he- 
breas, vestidas  y  ador- 
nadas con  elegancia  y  gusto,  y  en  frente  de  la  casa  armaron  una 
espaciosa  tribuna,  donde  se  colocaron  muchas  personas  de  la 
colonia,  entre  las  cuales  mencionan  los  periódicos  á  las  si- 
guientes señoras:  Raquel  Pilo,  Mesodi  Sabal,  Ester  Soto,  Ahló 
Cohén,  Doní  Soto,  Jola  Dodó,  Jola  Benayon,  Sara  Levi,  Ardue- 
ñas  Cohén,  Simonica  Cohén,  Sultana  Levi,  Clara  Levi,  Simo- 
nica  Soto,  Ester  Levi,  Simonica  Benarroch,  Simi  Benasayag, 
Rahma  Peso,  Merima  Benejira,  Ledicia  Bothoty  Simi  Barrujel. 


FlG    81. — Doña   Raquel  Pilo,   distinguida  dama 

sefardí   perteneciente   á   la   colunia  israelita  de 

Sevilla. 


343 

Señoritas:  Sara  Pilo,  Raquel  Pilo,  Simi  Tapiero,  Sol  Levi, 
Ester  Benayon,  Mesodi  Navarro,  Aicha  Navarro,  Estrella  Levi, 
Menirma  Benarroch,  Merima  Benazayag,  Reina  Cohén,  Mesodi 
Levi,  Enezer  Levi,  Sol,  y  Ragú  Barrujel. 

Del  sexo  fuerte  estaban  Mojluf  Benayon  (sabio  ó  rabí), 
David  Pilo,  Julián  Pilo,  Abraham  Sabal,  Mesod  Sabal,  Julián 
Soto  Levi,  Salomón  Cohén,  Salomón  Sabal,  Saúl  Cohén,  Joseph 
Levi,  Judá  Levi,  Joseph  Benarroch,  Jacob  Vivas,  Mesó 
Benarroch,  Abraham  Benazayad,  Abraham  Soto  Benayon, 
Julián  Benazayad,  Moyses  Levi,  Jacobo  Cohén,  Rafael  Cohén, 
Jacobo  Benayon,  EHas  Benazayad,  Curt  Weigat,  Isaac  S.  Beu- 
zisura,  Julián  Barugel,  Jacob  Cohén,  JuHán  Levi,  Joseph  Levi, 
Judá  Bentolila,  Abraham  Me  jira,  Abraham  Me  jira,  Abraham 
Barrugel,  Samuel  Sanane,  Judá  Sananes,  Maigar  Cohén,  Elie- 
zer  Ben  Cohén,  y  otros  muchos  más;  personas  todas  conocidas 
y  estimadas  en  la  ciudad. 

Preciosos  carteles,  bien  dispuestos,  decían  así:  « Viva  el  Rey 
Alfonso  XIII»,  «Viva  la  Reina  Doña  María  Cristina,  fundadora 
de  los  asilos  de  lactancia  de  niños  pobres  de  pecho  de  Madrid», 
«La  Colonia  hebrea  á  D.  Alfonso»,  «Viva  el  Rey»,  y  en  carac- 
teres hebraicos:  «Bendita  la  venida,  bendita  la  ida».  Huelga 
decir  que  esta  casa,  así  como  las  hebreas  que  ocupaban  los  bal- 
cones y  tribuna,  fueron  el  blanco  de  las  miradas  de  todos  los 
transeúntes. 

Al  pasar  el  Rey  por  otras  calles  fué  aclamado  por  la  nume- 
rosa concurrencia,  y  desde  los  balcones  arrojaron  sobre  el  coche 
una  verdadera  Uuvia  de  flores,  dando  suelta  á  muchas  palo- 
mas; pero  allí,  en  la  colonia  hebrea,  fué  donde  el  entusiasmo 
llegó  á  más  alto  límite,  los  vivas  eran  ensordecedores,  y  sobre 
el  carruaje  del  Rey  cayó  una  avalancha  de  flores;  palomas 
adornadas  con  preciosos  lazos  cruzaban  el  aire,  pasando  algu- 
nas rozando  el  cuerpo  del  monarca,  y  hojas  volanderas  llevaban 
por  todas  partes  sentidas  poesías  que  atestiguaban  el  respeto 
de  los  hebreos  al  joven  Soberano.  Ha  venido  á  nuestras  manos 
un  sencillo  romance,  escrito  por  una  dama  distinguida  de  la 
colonia,  doña  Rachel  Pilo,  el  cual  merece  ser  reproducido 
aquí,  no  más  que  por  la  manifestación  que  hace: 


344 

A  vuestras  plantas,  Señor, 
esta  humildísima  hebrea, 
respetuosa,  le  pide 
tenga  presente  á  esta  tierra 
donde  á  su  Rey  se  le  quiere, 
y  se  le  estima  y  respeta; 
donde  acuden,  fervorosos, 
á  recibir  con  nobleza 
á  su  invicto  Alfonso  XIII, 
nuestro  ideal,  nuestro  emblema. 

No  porque  mi  religión 
sea  distinta  de  la  vuestra   * 
he  de  callar  los  latidos 
que  á  cada  momento  suenan 
en  mi  corazón,  con  ansias 
por  expresarle  sincera 
mi  adhesión  á  su  Trono 
con  su  venida  halagüeña; 

No,  mil  veces  no,  repito, 
el  corazón  de  una  hebrea 
nunca  calla  cuando  siente 
una  dicha  grande,  inmensa; 
que  le  grita  fuertemente 
con  envidiable  firmeza: 
¡Viva  don  Alfonso  XIII, 
El  Rey  de  la  España  entera! 

Interesados  en  conocer  algunos  datos  más  acerca  de  esta 
colonia,  solicitamos  el  concurso  de  D.  Carlos  Cañal,  diputado 
á  Cortes,  y  D.  José  Levy,  portero  del  hotel  de  Madrid,  de  reli- 
gión hebrea,  y  á  la  bondad  de  estos  señores,  y  á  la  de  D.  Joaquín 
Real,  exteniente  de  alcalde  de  Sevilla,  debemos  una  cumplida 
información: 

José  Levy  nos  dice  lo  siguiente: 

Todos  los  judios  que  hay  en  Sevilla  son  de  la  Costa  de  Marruecos, 
incluso  un  servidor  de  Vd.  que  soy  de  Mogador,  otro  que  es  de  Rabat;  2  ó 
3  de  Tánger;  y  los  demás  todos  de  Tetuan.  Habrá  entre  todos  como  12 
familias.  La  residencia  en  Sevilla  del  mas  antiguo  lleva  40  años.  Sus  ocu- 
paciones son:  trabajar  el  calzado  y  los  dulces;  y  van  á  las  ferias  de  Anda- 
lucía. 

Guardan  su  Religión,  y  los  días  festivos  se  juntan  en  un  pequeño  tem- 
plo á  celebrar  las  oraciones  del  culto. 

Casi  todos  son  pobres,  pero  contentos  de  lo  bien  que  son  tratados  en 


345 

este  hospitalario  Pais  de  España;  sus  hijos  nacidos  en  España  están  ins- 
critos en  el  Registro  Civil. 

Los  que  son  de  Tetuan  ignoran  el  idioma  Árabe,  como  el  Idioma  de  la 
Judería  de  Tetuan  es  el  Castellano  como  Vd.  comprende  y  sabe  es  un  poco- 
corrompido.  Aqui  no  dejan 
de  dedicar  una  hora  al  dia 
para  dar  á  sus  hijos  las  lec- 
ciones en  hebreo. 

Ninguno  de  ellos  se  que- 
da sin  comer  nunca,  porqué 
se  socorren  mucho  entre 
ellos. 

Apesar  de  su  situación, 
como  he  indicado  antes,  es- 
tán muy  contentos  y  satis- 
fechos, dando  gracias  al 
Gran  Dios,  y  además  tie- 
nen un  gran  cariño  por  este 
Pais  de  España. 

Durante  la  estancia  de 
S.M.el  Rey  D.Alfonso  XIII 
(q.  D.  G.)  en  esta  ciudad  de 
Sevilla,  levantaron  en  la 
calle  de  la  Feria  una  Tribu 
na  con  mucho  lujo  y  ver 
sículos  de  la  Sagrada  Es- 
critura ó  Biblia;  referente 
á  la  bienvenida  del  joven 
monarca,  S.  M.  los  recibió 
muy  bien  y  aquel  dia  fué 

para  ellos  un  dia  de  mucha  alegría  y  jolgorio,  y  se  fueron  al  templo  y 
oraron  por  la  salud  y  prosperidad  del  noble  joven  Rey  y  felicidad  para  la 
noble  España. 

La  información  de  D.  Joaquin  Real  confirma  lo  anterior,  y 
además  nos  dice  lo  siguiente,  digno  de  ser  conocido: 

Desde  la  expulsión  hasta  el  año  1860,  no  tuvieron  en  Sevilla  residen- 
cia fija,  apareciendo  los  primeros  en  el  indicado  año  de  1860. 

Hablan  el  español. 

Existe  entre  ellos  un  rabino  designado  por  los  individuos  de  la  Colo- 
nia, teniendo  en  cuenta  los  conocimientos  de  aquel  en  las  prácticas  reli- 
giosas, su  edad  y  sus  condiciones  personales. 

Desde  la  creación  del  Registro  Civil  han  inscrito  los  nacimientos  y  de- 
funciones, haciendo  poco  tiempo  que  se  vá  generalizando  la  costumbre 
de  casarse  civilmente  con  arreglo  á  las  Leyes  del  Paia. 


FiG.  82. — Calle  de  la  Judería  on  Sevilla. 


346  4 

Es  corriente  la  naturalización  expresa. 

Se  dedican  á  la  fabricación  de  confites,  turrones,  calzado  y  venta  y 
compra  de  alhajas,  generalmente  en  las  ferias  de  Andalucía  y  Extrema- 
dura. 

Algunas  familias  sostienen,  aunque  en  pequeña  escala,  con  hebreos  de 
Tetuan  y  Tánger,  relaciones  comerciales,  consistentes  en  la  compra  y  ven- 
ta de  mantecas,  aceites,  miel  y  dátiles,  siendo  mayor  la  exportación  que 
la  importación. 

Son  monárquicos,  no  existiendo  mas  que  tres  ó  cuatro  individuos  de 
una  familia  que  son  republicanos. 

Son  poco  afectos  á  exteriorizar  sus  ideas  políticas,  pero  por  regla  re- 
neral  los  días  de  elecciones  emiten  sus  sufragios. 

Habitan  al  final  de  la  Alameda  de  Hércules,  sin  que  haya  razón  espe- 
cial para  ello;  solo  la  de  estar  reunidos;  habiendo  en  otras  ocasiones  ocu- 
pado sitio  distinto  de  la  población,  y  siempre  procurando  sean  aquellos 
donde  los  arrendamientos  resulten  mas  barato. 

Viven  en  general  con  relativas  comodidades  que  satisfacen  con  los 
productos  de  sus  industrias  y  negociaciones. 

Todos  los  meses  entregan  los  cabezas  de  familias  una  cantidad  volun- 
taria al  rabino,  el  que,  en  unión  de  dos  individuos  de  los  mas  caracteriza- 
dos de  la  Colonia,  las  reúnen  y  distribuyen  entre  los  necesitados,  que  ge- 
neralmente son  transeúntes,  y  en  determinadas  fiestas  religiosas  socorren 
á  las  familias  pobres,  teniendo  en  cuenta  que  durante  las  citadas  fiestas 
no  pueden  trabajar. 

No  se  recuerda  la  intervención  de  la  Autoridad  en  ningún  delito  co- 
metido por  individuo  de  la  Colonia,  desde  la  fecha  en  que  llegaron  las  pri- 
meras familias;  y  respecto  á  vicios,  se  puede  decir  que  no  hay  ninguno 
que  pueda  estimarse  con  repetición  bastante  para  formar  concepto  gene- 
ral del  mismo,  siendo  sobrios  y  trabajadores  los  varones,  y  las  mujeres  se 
ocupan  en  las  faenas  de  su  casa,  ayudando  á  bus  padres  y  maridos  en  las 
industrias  á  que  se  dedican. 

Esta  reseña,  autorizada  y  exacta,  es  la  más  elocuente  y 
formal  rectificación  que  puede  hacerse  al  injusto  y  mal  fundado 
cargo  que  hizo  á  España  el  Sr.  Bigart,  en  U  JJnivers  Israélite, 
acerca  de  como  son  tratados  los  hebreos  en  Andalucía. 

Pero  de  este  artículo  hablaremos  en  la  tercera  parte. 

Cádiz. — Según  nos  comunica  D.  Bonifacio  Domínguez,  hay 
unos  sefardíes:  familias  Tapiero,  Albo,  Benchimarts,  Chocrou 
y  Abuji,  dedicados  al  comercio. 

Málaga. — Hay  pocos  y  de  escasa  significación,  según  nues- 
tras noticias. 

Algeciras  y  Gihraltar. — Aquí  hay  una  colonia  sefardita  nu- 


347 


merosa,  la  mayor  del  suelo  ibérico.  Aunque  la  segunda  perte- 
nece á  Inglaterra  diremos  algo  de  ella  en  este  sitio,  considerán- 
dola como  española. 

Dos  distinguidos  israelitas,  los  señores  D.  José  Elmaleh  y 
D.  S.  H.  Cohén,  nos  han  suministrado  datos  interesantes. 

Debemos  excepcio- 
nal atención  al  primero 
por  su  copiosa  y  aten- 
tísima correspondencia, 
donde  se  acredita  la 
vasta  ilustración,  el  en- 
tusiasmo publicista,  el 
perfecto  dominio  d  e 
nuestro  idioma,  y  la 
pri^álegiada  inteligen- 
cia que  le  distinguen. 

José  Elmaleh  es 
muy  joven,  desempeña 
cargos  importantes  en 
varias  sociedades ,  ha 
sido  distinguido  con 
premios  en  concursos 
intelectuales,  es  corres- 
ponsal de  El  Liberal, 
de  Sevilla,  y  ha  escrito 
algunos  trabajos  bien 
recibidos,  entre  ellos  un 
monólogo  para  el  tea- 
tro, titulado  Caridad,  que  fué  muy  aplaudido.  Se  destaca,  en 
fin,  como  un  joven  brillante,  en  la  colonia  hebrea  de  Gi- 
braltar. 

De  su  estilo  y  su  discurso  pueden  dar  cumplida  idea  los 
siguientes  fragmentos  que  entresacamos  de  su  correspondencia, 
donde  nos  suministra  observaciones  y  datos  importantes: 

Contribuía  Yd.  también,  con  la  publicación  de  sus  artículos  y  cartas  á 
«ndulzar  la  tristeza  de  los  israelitas  que  lejo.s  de  España  y  cerca  de  ella 
veian  con  sentimiento  perderse,  desaparecer  de  entre  ellos,  el  hermoso 
idioma  de  Cervantes,  trocándose  en  un  jargon  detestable,  que,  andando  el 


FtG.  83. — M.  José  Elmaleh,  publicista  y  emplea- 
do, sefardí;  de  Gibraltar. 


348 

tiempo,  vendría  á  parar  en  un  patois  que  de  todo  tuviera  menos  del  cas- 
tellano. 

¡Qué  acertado  há  estado  Vd.,  distinguido  Doctor,  dedicando  su  tomito 
al  Excmo  Sr.  Ministro  de  Estado,  á  la  Academia  de  la  Lengua,  á  las  Cáma- 
ras de  Comercio  y  á  la  Asociación  de  Escritores  y  Artistas!  ¡Qué  acertado 
há  estado  V.  y  qué  acierto  pondrían  de  manifiesto  dichas  Corporaciones^ 
qué  acierto  el  ministro  de  Estado,  si  prestasen  su  atención — una  atención 
real,  decidida — á  un  asunto  que  muchos  méritos  tiene  para  merecerla! 

Yo  que  soy  muy  joven  —  cuento  apenas  25  años  —  puedo  de  mí  decir 
que  fué  tal  la  impresión  que  la  lectura  de  Los  Israelitas  Españoles»  me 
produjo,  que  no  pude  sustraerme  á  la  necesidad  que  sentia  de  derramar 
unas  cuantas  lágrimas  mientras  me  deleitaba  leyendo  su  libro;  hebiéndome 
aquellas  lineas  condensadoras  de  un  porvenir  simultáneamente  dichoso 
para  los  hebreos  y  para  España  experimentaba  yo  una  alegría  que  no 
acierto  á  definir,  un  gozo  interior  que  los  labios  no  pueden  explicar  y  un 
placer  inefable  que  mi  pluma  no  se  atreve  á  transcribir.  Lloré,  sí;  lloré 
porque  ante  los  conceptos  bellos — tan  bellos  como  verídicos — que  Vd. — 
haciendo  gala  de  sus  bien  fundados  conocimientos — formula  en  dicho 
libro  sobre  esa  noble  raza  á  quien  el  destino  tiene  dispersada  por  las 
cuatro  partes  del  mundo,  ante  tan  hermosísimos  conceptos,  reveladores 
de  una  verdad  indiscutible,  no  puede  el  que  sabe  sentir  resistirse  á  llorar, 
no  es  posible,  no,  dejar  de  hacerlo.  Y  yo  lo  hice,  lo  hice  por  esa  dicha 
necesidad,  y  también  mis  lágrimas  tenían  por  motivo  acaso  el  pensar  en 
la  triste  decadencia  de  la  España  de  hoy  y  en  la  considerable  diferencia 
de  la  España  de  ayer;  de  la  de  hoy  en  que  se  la  tiene  bautizado  con  el  fú 
nebre  nombre  de  ciudad  muerta;  de  la  de  ayer  en  que  ¡¡podía  Chamberlain 
atreverse  á  así  calificarla!! 


En  Gibraltar  el  número  de  israelitas  oscila  entre  250  y  270  familias, 
componiendo  un  total  de  900  á  1.000  individuos.  El  idioma  que  hablan  es 
el  español  (algo  andaluzado,  puede  decirse,)  y  en  todas  las  ocasiones  que 
de  España  se  llega  á  hablar,  reflejan  un  marcado  sentimiento  por  los  infor- 
tunios de  su  madre  patria  y  se  conduelen  de  su  mala  política  para  con 
ellos. 

En  el  trato  íntimo — en  familia —hablase  generalmente  el  castellano  y 
en  sus  relaciones  mercantiles,  dentro  de  la  localidad,  predomina  siempre 
el  español,  y  en  todo  y  por  todo  el  castellano  es  su  idioma. 

Cariño  á  España  no  me  atrevo  á  decir  que  sientan  los  judíos  de  Gibral- 
tar; compadecen,  sí,  sus  desgracias,  lloran  sus  reveses,  se  conduelen  del 
continuo  abandono  en  que  la  tienen  sumida  los  malos  gobiernos  etc.,  etc. 
Aman  si  (¿cómo  nó?^  el  suelo  español,  porque  en  las  entrañas  de  esa  tierra 
duermen  sus  antepasados;  aman,  sí,  aquellos  puntos  españoles  que  encie- 
rran para  ellos  recuerdos  tradicionales,  en  una  palabra,  aman,  sienten 
acendrado  cariño  por  la  España  que  fué  hace  más  de  cuatro  siglos. 

Haga  España  lo  que  debe  hacer,  hagan  sus  gobernantes,  aquellas  Cor- 


349 

poraciones  á  las  cuales  su  libro  va  dedicado,  y  entonces  todos  los  judios 
todos,  colectivamente  sabrán  quererla  y  sabrán  amarla. 

En  esta  no  se  publica  ningún  periódico  en  judeo-español. 

La  escuela  de  «Talmud  Tora)>  sostiénela  el  Gobierno.  (Es  la  única 
exclusivamente  para  israelitas.) 

Libros,  revistas,  periódicos  se  pueden  mandar  á  los  Circuios  israelitas 
«Liceo  Calpense»  (Galle  Bell  Lañe),  «Coronation  Club»  (Calle  Cornwall's 
Lañe). 

No  hay  en  ésta  ninguna  Librería  donde  se  vendan  las  publicaciones 
israelitas. 


FiG.  84. —  Sinagoga  Nefusot  Yehudá,  de  Gibraltar. 


La  (íHaggadáT)  especie  de  cuento  con  sus  correspondientes  prólogo  y 
•epílogo,  de  la  esclavitud  de  Egipto,  léese  en  las  dos  primeras  noches  de 
Pesah  (Pascua  de  Tortas  ó  de  Primavera)  en  hebreo  y  en  español. — El  día  O 
del  mes  de  Ab.  (nombre  de  mes),  también  se  lee  en  español  una  porción 
-de  la  Biblia,  en  que  se  lamenta  la  pérdida  de  Jerusalem;  El  Libro  de  Job, 
el  «^Cantar  de  los  Cantares»,  el  Libro  de  Ruth,  la  «Ética  de  los  Padres»  y 
otros  muchos  lóense  en  determinadas  épocas  del  año  en  castellano,  á 
la  par  que  en  hebraico,  en  las  diferentes  sinagogas  que  en  ésta  existen. 
Estas  son  cuatro; 

1:     «Shaar  Hashamayin.» 

2:     «Nefusot  Yehudá.» 

3:     «Abudarham»  y 

4:  «Es  Hayim.» — Ademas  hay  una  instalada  en  la  casa  particular  de 
Benatar  llamada  «Bet  Josef»  situada  en  el  barrio  Sud  de  la  población  (ba- 
rrio conocido  por  «Europa»). 

Escuelas. — En  la  llamada  «Talmud  Tora»  para  la  enseñanza  del  hebrái- 


350 

co  é  inglés,  todas  las  explicaciones  en  lo  que  á  aquél  respecta,  principal- 
mente, son  hechas  en  español,  además  de  darse  las  Lecciones  para  casa  de 
Gramática  Hebraica  con  traducciones  al  margen  en  castellano  también. 
Es  de  importancia  suma  tener  presente  que  las  traducciones  del  hebraico 
que  desde  algunos  años  se  hacen  en  dichas  Escuelas,  distáncianse  mucho 
del  antiguo  ladino,  especie  de  jerga  ó  patois.  El  «Libro  de  Leyes»  (Dinim) 
tradúcese  asimismo  al  español,  y  en  éste  idioma  dánse  las  necesarias  ex- 
plicaciones y  hácense  los  comentarios  de  rigor.  Los  escritos  de  i-Rashh,  el 
eminente  sabio  cordobés,  de  igual  modo  son  traducidos  y  explicados  en 
el  idioma  de  Cervantes.  Todos,  en  fin,  los  libros  hebraicos  de  que  se  sirven 
para  la  enseñanza  en  dicho  «Talmud  Tora»  pasan,  al  ser  traducidas  y 
explicadas  sus  lineas,  al  habla  de  nuestroj  antepasados  desterrados  de 
España. 

El  gran  hombre  que  fué  D.  Israel  Gabay,  mi  siempre  llorado  maestro, 
tuvo  la  gran  idea,  años  atrás,  de  verter  al  castellano,— idioma  que  domi- 
naba á  la  perfección  —  una  especie  de  Catecismo  en  hebreo  y  español, 
libro  que  fué  adquirido  para  la  Ensefíauza  en  «Talmud  Tora»  y  cuyo 
empleo  produjo  magníficos  resultados. 

Un  dato  muy  importante  concerniente  á  la  conservación  de  la  lengua 
española  entre  los  Serfardim  es  el  siguiente; 

En  Inglaterra  y  en  Francia,  las  ceremonias  que  preceden  á  la  lectura, 
en  los  Templos,  del  Pentateuco,  en  Sábados  y  Dias  Festivos,  y  para  las 
cuales  es  costumbre  designar  á  individuos  de  la  Comunidad,  llévanse  á 
cabo  por  medio  de  proclamaciones  en  idioma  español! 

Hace  pocos  años,  en  ocasión  de  celebrarse  en  Londres  el  segundo  cen- 
tenario de  la  Sinagoga  de  Bevis  Mark,  varios  de  los  adornos  del  Templo 
ostentaban  los  colores  de  la  bandera  Española. 

De  Gibraltar  es  la  bella  Srta.  Simita  Benatar,  pariente  del 
Sr.  Farache,  educada  en  Londres,  pero  de  un  amor  intenso  á 
España,  como  heredado  de  aquellos  ilustres  Benatar,  que  du- 
rante siglos  dieron  hijos  ilustres  á  esta  nación;  entre  ellos  David 
Benatar,  el  cual  nació  en  Toledo  el  año  1420,  fué  predicador 
uotable  y  Rabbi  de  la  sinagoga  «Tob  Layehudim»,  hoy  llama- 
da El  Tránsito,  y  Salomón  Benatar,  anterior  en  veinte  años, 
quien  nació  en  Córdoba  y  escribió  varias  obras  notables,  entre 
ellas  JíJl  libro  de  la  medicina  y  El  libro  de  la  mesa,  ambos  en 
hebreo  y  castellano. 

Los  antepasados  de  esta  señorita,  llamada  «La  Judith  gi- 
braltareña»,  fueron  expulsados  de  Toledo  cuando  el  edicto. 

Barcelona. — Hemos  mantenido  correspondencia  acerca  del 
particular  con  los  señores  J.  C.  Punsack,  Agustín  G.  Mín- 
guez,  é  Isidro  Torres.  De  ella  deducimos  que  en  la  ciudad 


351 


FlG.  85.  -  Sta.  Simita  Bena- 
tar,  distinguida  israelita  es- 
pañola de  Gribraltar. 


condal  hay  crecido  número  de  israelitas  alemanes  y  franceses, 
algunos  de  estos  quizás  sefarüm. 

San  Sebastián,  Irím. — En  las  provincias  vascas,  por  deriva- 
ción de  las  importantes  comunida- 
des sefardíes  que  hay  en  Bayona  y 
Biarritz,  existen  intereses  y  represen- 
taciones importantes  de  la  raza. 

Hablando  en  Bayona  con  don 
Edmundo  Pozo,  nos  refirió  que  tiene 
en  San  Sebastián  una  fábrica  impor- 
tante, y  que  se  halla  muy  satisfecho 
del  respeto  y  las  consideraciones  que 
se  le  tributan. 

En  Irún  conocimos  y  nos  amista- 
mos con  D.  Mauricio  Pereyre,  agente 
comercial  en  aquella  población  de  la 
frontera.  Es  un  joven  simpático, 
muy  despierto,  como  todos  los  de 
su  raza,  inteligente,  sociable,  de  un  trato  ameno  y  generoso. 
Pertenece  á  la  distinguida  fami- 
lia de  los  Pereyre,  que  reside 
en  Bayona,  donde  tuvimos  el 
gusto  de  saludarla,  y  procede 
de  antigua  y  distinguida  fami- 
lia española. 

Registramos  gustoso  una 
sentida  manifestación  de  apre- 
cio, en  las  cuales  abundan  sus 
cartas: 

Efectivamente  los  Judíos  Españo- 
les hoy  diseminados  por  todo  el  orbe 
conservamos,  á  pesar  de  los  412  años 
trascurridos  desde  la  inicua  espul- 
sion,  el  idioma  castellano  de  genera- 
ción en  generación,  y  profesamos  un 
amor  grandísimo  á  España,  nuestra 
madre  patria,  manteniéndose  aún  vi- 
vos los  recuerdos  de  tiempos  pasados  en  esta  noble  tierra,  donde  nuestros 
antepasados  colaboraron  al  fomento  de  las  artes,  ciencias,  industria,  co- 


FiG.  86. — D.    Mauricio  Pereyre, 
sefardí  comisionista  (Irún). 


352 

mercio  y  al  esplendor  y  riqueza  de  España;  más  como  Vd.  lo  indica  en  su 
libro,  y  lo  denuncia  como  un  grave  peligro,  hoy  las  naciones  procuran  por 
todos  los  medios  sustraer  aquellos  recuerdos,  y  por  lo  tanto  si  el  Gobierno 
no  toma  cartas  en  el  asunto  ira  desapareciendo  el  idioma  castellano  y 
apagándose  el  amor  nacional. 

Su  voz  de  alerta  no  podia  ser  mas  oportuna,  y  tengo  la  completa  segu- 
ridad que  no  tardará  Vd.  en  recoger  frutos  de  su  noble  propaganda. 

Alicante. — De  esta  bella  ciudad  levantina  hemos  recibido 
-cartas,  que  nos  ha  remitido  el  dis- 
tinguido negociante  israelita  es- 
pañol M.  J.  Bensasson,  natural  de 
Oriente,  quien  visita  con  frecuen- 
cia nuestro  país,  le  profesa  mucho 
cariño,  y  muestra  haberse  intere- 
sado en  nuestra  campaña;  acerca 
de  la  cual  ha  publicado  ya  artícu- 
los en  periódicos  locales,  y  anun- 
cia preparar  trabajos  literarios  de 
mayor  importancia  y  encaminados 
al  mismo  fin. 

FiG.  87.  —  M.   J.   Bensasson, 
publicista  sefardí. 


Tal  es,  á  grandes  líneas,  lo  que  hemos  averiguado  acerca  de 
los  israelitas  que  conviven  hoy  en  nuestro  país,  como  si  fuesen 
españoles,  sin  que  jamás  hayan  motivado  ni  sufrido  ningún  su- 
ceso que  acredite  la  prevención  que  algunos  extranjeros  mues- 
tran contra  la  intolerancia  y  el  fanatismo  de  España.  Que  se 
lean  las  declaraciones  que  hacen  los  señores  D.  Aaron  Salcedo, 
de  Bayona,  José  Farache  y  A.  Salcedo,  de  Madrid,  José  Levy, 
de  Sevilla,  Edmundo  Pozo,  de  San  Sebastián,  Mauricio  Pereyre, 
de  Irún,  y  todos  atestiguan  que  España  les  atiende,  considera 
y  estima  en  el  grado  que  lo  hace  con  los  demás  ciudadanos; 
que  sus  atributos  personales  son  los  que  determinan  la  clase 
de  respetos  y  estimación  que  se  les  dispensa;  que  sus  industrias, 
sus  comercios  y  sus  personas,  viven  y  florecen  al  amparo  de  la 
ley  común,  y  que  es  una  injusticia  ó  una  ignorancia  afirmar  y 
sostener  lo  contrario,  contra  la  cultura  y  el  buen  nombre  de 
este  pueblo  perfectamente  hospitalario. 


353 

Francia. 

Deben  sumar  algunos  miles  los  israelitas  de  origen  español 
avecindados  en  diferentes  poblaciones  de  la  nación  contigua. 
Los  hay  en  grande  número  en  París,  Bayona,  Biarritz,  Burdeos, 
y  probablemente  en  varias  más. 

París. — Hemos  sido  honrados  con  algunas  informaciones 
y  juicios,  que  si  no  sirven  para  adquirir  un  conocimiento 
satisfactorio  del  número  y  calidad  de  los  sefardim  que  residen 
en  la  espléndida  capital  de  Francia,  contienen  testimonios 
autorizados,  noticias  de  interés  y  observaciones,  los  cuales 
cumple  recoger  en  nuestro  libro. 

El  ilustrado  escritor  D.  Justo  Rosell,  de  quien  ya  hemos 
hablado  varias  veces,  nos  ha  honrado  con  una  correspondencia 
activa,  que  ha  entrañado  servicios  y  consejos  muy  estimables, 
todos  dignos  de  agradecimiento.  Otro  tanto  podemos  decir  del 
Sr.  D.  Jenaro  Cavestany,  quien  nos  ha  remitido  artículos  va- 
rios, atestiguando  el  interés  que  le  ha  inspirado  nuestra  obra 
y  el  deseo  de  ayudarnos  cuanto  le  fuese  posible.  Ambos  seño- 
res son  de  nacionahdad  española,  no  israelitas. 

Además  hemos  sido  favorecidos  con  juicios  y  cartas  de 
distinguidos  sefardim,  entre  ellos  el  Gran  Rabino  de  Francia, 
el  eminente  pensador  Dr.  Max  Nordau,  el  afamado  médico  de 
los  hospitales  D.  Eduardo  Enríquez,  el  honorable  rumano  don 
M.  L.  Cornea,  el  ilustrado  director  de  la  Escuela  Normal  Orien- 
tal D.  I.  Danon,  y  otros. 

Comencemos  por  la  carta  del  Gran  Rabino  de  Francia,  el 
honorable  Zadoc  Kalm.  Dice  así: 

París  8  Noviembre  de  1904. 

Muy  honorable  Señor  Senador: 

Soy  muy  culpable  de  haber  tenido  mucho  tiempo  sin  respuesta  vues- 
tra carta  de  26  de  Septiembre  último.  Me  sería  fácil  alegar  algunas  escu- 
sas valederas  para  esplicar  este  retardo;  pero  prefiero  reconocer  pura  y 
sencillamente  mi  culpa  y  pediros  perdón. 

Dicho  esto,  me  felicito  de  deciros,  muy  honorable  señor,  que  vuestra 
carta  me  ha  conmovido  profundamente  y  que  no  sabría  expresaros  bas- 
tante mi  reconocimiento  personal  y  el  de  mis  correligionarios  por  la  ge- 
nerosa campaña  que  habéis  emprendido  y  os  proponéis  continuar  en  fa- 
vor de  c  Los  Israelitas  Españoles». 

23 


354 

¡Qué  fenómeno  tan  interesante,  la  fidelidad  persistente  de  estos  des- 
cendientes de  los  antiguos  judíos  de  España  hacia  la  patria  de  sus  ante -^ 
pasados  y  al  idioma  que  llevaron  consigo  al  destierro!  Yo  me  he  maravi- 
llado muchas  veces,  por  que  hasta  en  París,  en  la  Sinagoga  de  rito  sefardí, 
ee  puede  observar  el  fenómeno,  pues  la  lengua  española  conserva  alli 
cierto  sitio;  pero  ¡cuanto  mas  sorprendente  es  en  los  centros  de  población 
oriental! 

Realiza  Vd.,  muy  honorable  señor,  una  obra  de  noble  justicia  publi- 
cando este  hecho  con  vuestras  sabias  publicaciones,  y  yo  os  felicito  y  os 
lo  agradezco  con  todo  mi  corazón.  Que- el  Muy-Alto  bendiga  vuestro  tra- 
bajo y  08  otorgue  la  sola  recompensa  ambicionada  por  vos:  el  éxito  de  las 
ideas  que  defendéis  con  tanto  calor  y  grandeza  de  alma! 

Reciba,  muy  honorado  Señor,  la  expresión  de  mi  alta  consideración  y 
de  mis  sentimientos  de  gratitud. 

Zadoc  Kakn, 
Grau    Babino. 

Hemos  mantenido  escasa  y  muy  concisa  correspondencia 
(tres  cartas)  con  el  digno  secretario  de  la  Allíance  Israélite  Uni- 
verselle.  Gustosísimo  le  enviamos  cuantos  ejemplares  de  nuestro 
libro  nos  dispensó  el  honor  de  pedirnos ;  atento  nos  remitió,  á 
su  vez,  hermosos  retratos  de  los  inolvidables  bienhechores  de 
Israel:  Cremieux,  barón  y  baronesa  de  Hirsch,  Leven  y  Kann, 
que  le  rogamos  nos  proporcionase.  No  tuvimos  el  gusto  de 
que  honrara  este  libro  con  el  suyo,  y  de  su  correspondencia,  en- 
juta y  sobria,  publicamos  la  siguiente  carta,  por  hallarse  redac- 
tada en  términos  algo  afectuosos,  dignos  de  gratitud: 

París  10  de  Mayo  de  1904. 

Señor: 

Hemos  reoibido  vuestra  carta  del  7  de  Mayo,  como  los  6  ejemplares 
que  nos  mandó  de  su  hermoso  libro  sobre  Los  Israelitas  Españoles. 

Tenemos  el  honor  de  expresaros  nuestro  reconocimiento  por  vuestro 
envió,  y  le  agradeceríamos  infinito  que  nos  remitiese  una  decena  mas  de 
ejemplares. 

Tenemos  la  intención  de  repartir  este  bello  trabajo  en  nuestras  escue 
las  de  los  países  donde  los  israelitas  hablan  todavía  el  castellano  viejo. 

Recibirá  Vd.  por  el  correo  dos  ejemplares  de  nuestro  boletín  mensual. 

Tened,  señor,  la  seguridad  de  nuestros  mejores  sentimientos.  El  Se- 
cretario, J.  Bigart. 

La  entrevista  que  hizo  D.  Justo  Rosell  al  Dr.  MaxNordau, 
y  de  la  cual  hablamos  en  varias  páginas,  sirvió  pnra  que  e 
eminente  filósofo  emitiese  juicios,  dignos  de  ser  recog     ^s  como 


255 


suyos.  En  otros  lugares  cousiguamos  lo  que  allí  era  pertinente, 
y  ahora  registraremos  aquí  lo  que  el  venerable  maestro  opina 
sobre  las  artes  á  que  debe  acudir  España,  para  contener  la 
desaparición  rápida  que  presenta  hoy  el  castellano  judío. 


FiG.  88. — Dr.  Max  Nordau,  seí'arili  ilescencliente  de  familia  segoviana  (París^ 


Antes,  sin  embargo,  publicaremos  la  carta  con  que  nos  fa- 
voreció al  recibir  nuestro  anterior  libro,  la  cual  está  escrita  en 
buen  castellano  y  de  su  propia  letra: 

París  10  de  Mayo  1904. 
Muy  Señor  mió  y  de  toda  mi  consideración: 

Le  ofrezco  á  Vd.  mis  gracias  por  el  amable  envío  de  su  libro  <Los  Is- 
raelitas Españoles»  que  he  leido  con  un  interés  y  une  emoción  sin  par. 


356 

Eh  una  obra  generosa  y  valiente,  si,  también  valiente,  porque  es  un 
hecho  bien  conocido  que  hay  en  España  todavía  hombres,  y  no  pocos,  el 
estado  de  alma  de  quienes  no  es  muy  diferente  de  el  de  la  generación  que 
ha  desterrado  mis  padres  hace  quatro  siglos.  Pero  voces  como  aquella 
de  Vd.  trabajan  poderosamente  á  cambiar  esa  condición  de  los  espíritus. 

Siento  mucho  no  poder  darle  á  Vd.  las  informaciones  sobre  los  Judíos 
españoles  de  París  ó  de  Francia  que  me  ruega.  No  veo  aqui  mucha  gen- 
te de  mi  raza  y  casi  nada  sé  de  ella. 

Tengo  el  honor  Señor  Senador,  de  saludarle  y  de  decirme  s.  s.  s.  q.  b.  s.  m. 

Dr.  M.  Nordau. 


Y  sigue  la  entrevista  dicha,  hablando  Max  Nordau  (1): 

Lo  mismo  puede  decirse  de  los  libros.  ¿Enviar  libros?  ¿Mandar  nove- 
las, revistas,  folletos?.... 

En  primer  lugar,  los  que  los  reciban  tienen  que  saber  leerlos  ó  tener 
interés  en  comprender  su  lectura.  Pero  si  lo  tuvieran,  si  realmente  des- 
pertase interés  en  ellos  la  lectura  de  libros  españoles  ¿porqué  no  los  han 
pedido  antes?  ¿Hay  cosa  más  fácil  que  adquirirlos,  encargándolos  á  una 
librería  extranjera?.... 

No;  ese  no  es  el  camino;  eso  no  es  lo  útil,  lo  práctico,  lo  cierto. 

Si  queréis  que  los  judíos  de  Oriente  vuelvan  los  ojos  hacía  España;  si 
queréis  formar  españoles,  fundad  escuelas,  liceos  ó  institutos  españoles, 
donde  los  profesores  sean  españoles;  donde  la  enseñanza  se  haga  solo  en 
español;  donde  se  practique  una  segunda  enseñanza  pura  única  y  exclu- 
sivamente española;  donde  se  enseñe  á  los  jóvenes  adultos  las  grandezas 
pasadas  de  la  patria  española  y  se  les  inculque  la  fé  en  los  destinos  y  en 
el  porvenir  de  España,  por  medio  del  trabajo  de  la  libertad  y  de  la  ^tole- 
rancia. Así  fundaríais  generaciones  nuevas  que  se  sentirían  poco  á  poco 
atraídas  hacia  la  vieja  España;  que  buscarían  su  afecto,  su  apoyo,  su  co- 
municación y  su  cariño.  Y  cuando  esos  jóvenes  salieran  de  ese  instituto, 
tendrían  el  corazón  español. 

Sería  preciso  comenzar  por  fundar  esas  escuelas  de  segunda  enseñan- 
za en  Salónica  y  en  Constantinopla.  También  convendría  hacerlo  en  Phi- 
lippopoli:  pero,  en  todo  caso,  esos  serían  los  dos  puntos  principales:  Saló- 
nica y  Constantinopla.  Más  tarde,  ya  veríais  lo  que  teníais  que  hacer. 

Con  un  presupuesto  anual  de  treinta  ó  cuarenta  mil  pesetas  para  cada 
escuela,  podríais  tener  seis,  ocho  ó  diez  profesores  españoles.  Desde  lue- 
go, sería  un  sacrificio;  pero  ¡cuan  grandes  serían  los  beneficios  que  ese  sa- 
crificio reportaría  á  España! 

Ni  que  decir  tiene  que  la  enseñanza  habría  de  ser  absolutamente  libre, 


(l)     Se  puode  reconstituir  la  entrevista  toda  uniendo  á  lo  que  sigue  lo  de  las 
páginas  46,  47,  48  y  l&l. 


357 

desprovista  por  completo  de  todo  espíritu  confesional,  y  aunque,  como 
acabo  de  decir,  debería  de  ser  única  y  exclusivamente  española,  no  esta- 
ría demás  que  se  enseñasen  algunas  lenguas  extranjeras,  el  francés,  por 
ejemplo,  pero  en  español. 

Ese  es  el  verdadero  camino  y  sobre  ese  terreno  habría  que  trabajar  el 
asunto.  Veríais  cuan  abundantes  y  beneficio  sos  serían  los  frutos. 

Un  israelita  de  Sofía  fué  á  pasar  una  temporada  á  España  y  aprendió, 
naturalmente,  el  español  moderno.  A  su  regreso  á  Sofía  tenía  siempre  á 
su  alrededor  gran  número  de  compatriotas  que  le  oían  con  gusto  hablar 
en  español  y  aprendían  solícitos  los  vocablos  con  que  aquél  hombre  ve- 
nía á  aumentar  su  pobre  caudal  lingüístico.  Os  he  hablado  antes  de  la  va 
sija  y  do  la  cantidad  de  agua  salvada  de  la  catástrofe  y  transmitida  reli- 
giosamente de  generación  en  generación.  ¡Imaginaos  con  qué  regocijo  re- 
cibiría aquella  gente  esa  preciosa  provisión  de  agua  nueva  que  venía  á 
purificar  la  antigua!....  Y,  al  cabo,  consiguió  formar  un  núcleo  de  cincuen- 
ta israelitas  que  aprendieron  el  español,  ó  que,  por  lo  menos,  mejoraron 
notablemente  el  resto  del  que  sabían.  Si  esto  ha  hecho  un  hombre  solo, 
en  sus  ratos  de  ocio,  compartidos  amistosamente  con  sus  compatriotas  en 
el  cultivo  de  vuestra  lengua,  calcúlese  lo  que  podrían  hacer  varios  insti- 
tutos con  profesores  exclusivamente  españoles. 


Al  despedirme  del  venerable  Doctor, — diceRosell, — después  de  haberle 
expresado  mi  agradecimiento  por  las  interesantes  declaraciones  que  había 
tenido  la  bondad  de  formular,  me  habló  de  la  Unión  Ibero-americana  y 
dedicó  un  aplauso  sincero  y  entusiasta,  á  la  labor,  altamente  patriótica, 
que  viene  realizando. 

El  Congreso  de  1900 — me  dijo — fué  un  suceso  considerable  y  de  suma 
transcendencia.  Yo  hice  un  estudio  acerca  del  mismo,  que  publiqué  en 
La  Nación  de  Buenos-Aires  y  que  han  reproducido  no  pocos  periódicos 
y  revistas.  Ahi  está — añadió — además  de  lo  que  puede  hacerse  por  los  is- 
raelitas españoles,  el  porvenir  de  la  raza. 

Cuando,  pensativo  y  cabizbajo,  salí  del  hotelito  del  Doctor  Max  Nordau, 
medí  con  profunda  pena  la  desidia  y  apatía  de  nuestros  gobernantes  que 
han  dejado  en  el  más  incalificable  abandono  prestigios  é  intereses  que 
los  demás  pueblos  tienen  buen  cuidado  de  recoger. 

Esa  jerga,  que  aún  queda,  ■pero  que  va  perdiéndose  cada  día  más,  recu- 
peraría todo  el  magnífico  esplendor  de  nuestra  hermosa  lengua  si,  para 
cada  escuela,  se  consagrasen  treinta  ó  cuarenta  mil  pesetas  en  el  presu- 
puesto. 

¡Treinta  ó  cuarenta  mil  pesetas  para  propagar,  para  difundir  el  habla 
castellana;  para  devolver  á  España  sus  antiguos  hijos!... 

¿Habrá  gobernantes  españoles  que  se  atrevan  á  rebasarlas,  tratándose 


358 


de  Un  problema  de  tan  evidente  Iranscendencia  para  el  poi venir  de  la 
patria? 

Justo  Eosell. 

El  Dr.  D.  Eduardo  Earíquez,  que  hoy  es  una  gloria  de  la 
medicina  francesa,  desciende  de  israelitas  españoles;  pasó  de 
Oriente  á  París,  donde  hizo  sus  estudios  de  medicina,  fué  in- 
terno de  los  hospitales  en  1888, 
doctor  en  1892,  obtuvo  de  la 
Academia  de  Medicina  los  si- 
guientes premios:  en  1892,  el  de 
Godard;  en  1898,  el  de  Portal,  y 
en  1899,  el  de  la  Academia.  Ha 
publicado  muchos  y  muy  nota- 
Ijles  libros,  generalmente  sobre 
infecciones  de  la  sangre,  mielitis, 
inyecciones  intravasculares,  le- 
siones del  riñon  y  de  la  medula, 
alteraciones  nerviosas  por  infec- 
ción, estudios  del  cuerpo  tiroides, 
asma,  litiasis  renal,  etc.,  etc. 

Le  debemos  atenciones  va- 
rias, que  le  agradecemos,  y  la 
noble  solicitud  que  muestra  por 
la  tierra  de  sus  antepasados.  He 
aquí  fragmentos  de  una  de  sus  cartas,  todas  efusivas  y  amis- 
tosas: 


FiG.  89.-  Dr.  D.  Eduardo  Euriquez, 
eminente  médico  (Paris). 


Personalmente  estaba  ya  enterado  de  vuestra  valiente  iniciativa  por 
mis  amigos  de  España. 

El  hijo  de  la  marquesa  de  Bellamor,  M.  Luis  Bea,  que  es  uno  de  mis 
buenos  amigos,  me  habi'a  enviado  un  ejemplar  del  diario  El  Liberal,  creo, 
donde  exponía  Vd.  su  manera  de  ver  el  asunto,  y  añadía  él  en  su  carta: 
«esto  os  probará  que  todos  los  españoles  no  son  clericales  y  nacionalistas. i 

Yo  nunca  lo  he  dudado,  y  aprovecho  la  ocasión  para  participaros  mi  pro-; 
fundo  reconocimiento  por  la  obra  de  alto  empeño  moral  y  filosófico,  á  la 
cual  se  ha  querido  Vd.  dedicar. 

Yo,  aunque  he  dejado  Esmirna,  mi  patria,  á  la  j¿!ad  de  8  años,  para  ve- 
nir á  Francia  á  hacer  mis  estudios,  había  conservado  bastantes  nociones 
de  español  para  comprenderlo  de  corrido.  En  15  días  de  lección  Berlitz 
pude  perfeccionarme  lo  bastante  para  poder  hacer,  en  el  año  último,  una 
comunicación   en  lengua  española  al  Congreso  de  Medicina  de  Madrid, 


359 


sección  de  Fisiología.  Mi  acento  castellano  sorprendió  á  todos  los  españo- 
les que  me  escuchaban,  y  que  afirmaban  haber  oido  rara  vez  á  un  francés 
hablar  el  español  con  tanta  pureza.  Había  una  razón  muy  sencilla  y  era 
que  mis  antepasados  habían  cantado  esta  hermosa  lengua  durante  siglos. 
Tendría  muchas  cosas  que  deciros  sobre  el  sentimiento  intimo  que  yo  ex- 
perimenté cuando  entré  por  vez  primera  en  España,  las  reflexiones  de 
tristeza  y  de  amargura  que  me  asaltaron  cuando  hice  una  excursión  á  To- 
ledo, y  á  esa  España  que  sería  un  crimen  demoler. 

El  ilustrado  director  de  la  Escuela  Normal  Israelita  Orien- 
tal, J.  Danon,  nos  dice  en  carta 
7  de  Junio  lo  siguiente,  con  muy 
correcto  castellano: 

He  tenido  sumo  placer  en  leer  su 
libro,  placer  tanto  mas  satisfactorio 
cuanto  yo  mismo  pertenezco  á  la  fami- 
lia de  los  Israelitas  de  España. 

Creo  que  le  agradara  saber  que  en 
esta  escuela  normal  Israelita  oriental, 
cuyos  alumnos  vienen  todos  sea  de 
Oriente,  o  sea  de  Marruecos,  se  estu- 
dia la  lengua  castellana  con  mucho 
afán.  Se  estableció  el  curso  hace  mas 
de  doce  años  y  desde  aquella  época  los 
estudios  están  dirigidos  por  Don  Ma- 
nuel Contamine  Delasom,  Catedrático 
de  los  principales  centros  docentes  de 
esta  capital  y  correspondiente  de  las 
reales  academias  de  Madrid  y  sevillana 
de  Buenas  Letras.  Muchos  alumnos 
prosperan  mucho. 

Y  efectivamente,  este  digno 
profesor  á  quien  alude,  D.  Manuel  Contamine,  nos  dice  en  12 
de  Agosto: 

Yo  le  puedo  asegurar  que  los  alumnos  de  la  escuela  normal  oriental  Is- 
raelita estudian  el  castellano  con  mucho  afán,  y  que  cuando  salen  de  aquí 
han  perdido  la  mala  pronunciación,  las  palabras  anticuadas,  asi  como  las 
bastardas,  y  que  hablan  y  escriben  correctamente. 

Muchas  extensas  cartas  tuvo  la  bondad  de  escribirnos  don 
M.  L.  Cornea,  negociante  rumano,  domiciliado  en  París,  y  en 
ellas  expone  numerosos  datos,  reflexiones  y  consejos,  algunos 
ya  registrados  en  nuestra  obra  por  coincidir  con  informaciones 


FiG.'90. — Luis  Bonafoux,  distingui- 
do corresponsal  del  Heraldo  de  Ma- 
drid en  Faris.  Defensor  de  la  raza 
perseguida. 


360 


de  otros  sefardíes.  Esto  nos  obliga  á  tomar  solamente  los  que 
entrañan  mayor  originalidad  ó  singular  interés. 

El  Sr.  Cornea  ha  viajado  mucho,  especialmente  por  Orien- 
te, habla  diversos  idiomas,  entre  ellos  el  hebreo  bíblico,  ha  co- 
laborado en  numerosos  periódicos,  ha  publicado  varias  obras 
sobre  economía  social,  y  sostiene  una  filosofía  positivista,  pro- 
clamando el  imperio  de  la  ciencia  y  de  la  razón: 

Agradesco  macho  á  Ud.  por  su  muy  apieciable  carta,  como  también  al 
muy  estimado  Sr.  Dr.  Cobos,  que  tuvo  la  extre- 
ma amabilidad  de  ponerme  en  raportes  con  Ud. 
En  pocos  días  tendré  el  gusto  enviarle  los 
datos  que  Ud.  desea  para  su  obra  referente  á 
los  Sephardistas,  que  se  encuentran  también 
entre  los  pueblos  mangolios  del  Kaukas  y  Tur- 
kestan,  bajo  la  dominación  rusa. 

Dichas  colonias  chaldeas  disidentes  de  los 
pueblos  religiosos  y  bigotas  de  tiempos  bien 
remotos,  divididos  en  Eskenazistas  y  Sephar- 
distas, no  creio  que  tienen  algo  de  interés  o  de 
común  con  la  nación  española. 

Éstos  restos  de  luchas  sterilas  de  la  reli- 
gión mosaica  de  tiempos  oscuros,  interesan 
creio  mas  las  obras  theologicas,  hyeraticas,  de- 
moticas  y  philologicas  algo. 

No  creio  que  su  obra  tiene  por  objectivo  de- 
mostrar la  superioridad  o  la  inferioridad  de 
creiencias  de  diversos  pueblos,  que  hoy  dia  no  tiene  mas  importancia  o 
inrtuencia  alguna. 

Rindo  mi  homenage  a  la  nación  española,  por  su  gran  cultura  que  po- 
sea, guardando  su  esplendor  literaria,  de  la  cual  se  alimenta  toda  la  Ame- 
rica latina  a  donde  vive  la  flor  de  la  humanidad,  y  se  aUmentaran  tam- 
bién casi  todos  los  pueblos  cultos  del  mundo  entero. 

Dedicó  mi  aplauso  especial  a  su  obra,  que  tiene  por  objectivo  revelar 
el  nob'e  carácter  de  hydalgia  de  la  nación  española,  alejándose  y  divor- 
ciándose completamente  de  las  torpezas  religiosas  de  cual  esta  captivada 
y  presa  de  siglos  pasados,  y  presentándose  al  mundo  civilizado  con  nuevo 
vigor  a  cimentar  la  hermandad  en  la  humanidad,  encendiendo  cuanto 
mas,  el  amor  a  las  sciencias  y  descubrimientos  de  la  inteligencia  humana 
que  forma  el  obelisco  y  el  nuevo  Pharo  de  la  civilisacion. 

Referente  a  la  proposición  hecha,  de  buscar  y  tomar  propio  sin  demo- 
ra, las  medidas  practicas,  para  reunir  los  pueblos  de  origen  y  que  usan  el 
idioma  español,  bajo  la  bandera  nacional,  le  garanto  que  con  buena  volun- 
tad se  pueden  llevar  a  cabo  fácilmente  dicho  proyecto. 


FlG.    91. — M.    L.    Cornea 

distinguido   publicista    se 

fardi  (Paris). 


361 

Cuanto  mas  tiempo  se  dejara  pasar  mas  dificultoso,  sera  el  problema 
de  realizar  si  propio  empleiase  dobles  esfuerzos.  La  razón  sencilla  es  que 
los  nuevos  estados  modernos  no  tienen  mas  otra  arma  de  conquista  mas 
poderoza,  que  el  idioma  que  buscan  respander  bajo  todos  los  medios.  La 
creación  de  escuelas  que  dan  luz  y  vida  a  los  chiquelos  forman  los  nuevos 
pueblos  y  hazen  desaparecer  los  viejos.  Los  estados  que  dan  mas  luz  y 
mas  atención  á  su  idioma,  aquellos  dominan  los  pueblos,  y  por  dicha  razón 
me  tome  la  libertad  llamar  la  atención  de  Ud.  como  legislador  de  la  gran 
nación  española  que  mucho  estimo. 

En  conclusión:  <A  la  palabra  y  al  pensamiento  escritos  y  bien  espresa- 
dos, pues  tiene  que  seguir  la  acción. 2.  Para  esto  me  permito,  llamar  la 
atención  de  Ud.  como  miembro  del  alto  cuerpo  legislativo  á  proponer  al 
gobierno  un  Decreto  o  ley  en  el  sentido  siguiente  que  ponga  en  ejecución: 

cCon  todo  que  por  la  Constitución  queda  abrogado  el  Edicto  de  1492 
> referente  á  los  Israelitas  españoles,  pero  para  dar  una  especial  atención  y 
> satisfacción  de  justicia,  se  declara  por  la  presente  ley  espresamente,  que 
>todo  israelita  de  origen  español  queda  de  hecho  y  derecho  ciudadano  es- 
>pañol,  sujeto  y  protejido  español  a  su  simple  manifestación  requerida,  seia 
»que  se  encuentra  radicado  a  dentro  o  fuera  del  teritorio  español. > 

Por  dar  amplia  satisfacción  a  la  generación  presente,  que  se  declare  en 
el  Decreto  o  en  la  ley  sanccionada  que  quedan  exceptos  de  impuestos, 
cargos  y  de  serv^icio  militar  obligatorio,  los  israelitas  españoles  sujetos  y 
protejidos  que  se  encuentran  radicadoa  y  establecidos  con  sus  negocios  o 
diversas  profesiones  en  el  exterior,  quedando  libres  a  enrolarsen  a  sas 
voluntad,  sin  ninguna  presión  de  alguna  autoridad  venga  ulterioramente 
destorbarlos. 

Asi  dará  la  hidalgua  España  un  ejemplo  de  justicia  humana,  y  de  cons- 
titucionalidad  moderna  a  los  estados  retrogados  que  maltratan  dichos 
puebloS;  mefrisando  los  principios  elementares  de  civilización  en  el  si- 
glo XX  de  paz  y  de  luz. 

Asi  procedió  Austria  con  los  israelitas  polacos  emigrados  en  el  Orien- 
te, y  conserva  hasta  la  fecha  la  preponderancia  comercial  en  todo  el 
oriente. 

Asi  procedió  la  pequeña  HoUanda  y  tiene  posesiones,  sujetos  y  prote- 
jidos en  todo  el  mundo,  asi  que  su  población  exterior  es  mucho  mas  gran- 
de y  mas  importante  que  la  que  reside  en  el  pais  mismo. 

Asi  procedió  Francia  con  la  Algeria,  Túnez  etc,  y  va  siguiendo  en  el 
Asia  y  África. 

Asi  conquistara  intelectualmente  nuevos  pueblos  España  como  ningu- 
na otra  nación,  sin  gastos  y  sin  esfuerzos  diplomáticos  algunos. 


362 


Estadística  de  los  israelitas,  suministrada  por   D.   M.   L    Cornea. 

Los  israelitas  en  Rusia  son  2.612.000  almas  (1)  repartidas  en:  San  Pe- 
tersburgo,  Odesa,  Kiev,  Vov-Garod,  Yilna,  Moscova,  Lituania,  Livanie, 
Stavropol,  Chemigof,  Putalva,  Ecaterinov,  Kersan,  Courland,  Caucasia, 
Tauride,  Siberia,  Polonia,  Basarabia,  etc. 

1.829.600  Israelitas  viven  en  Rusia  grande. 
683.079  »  >       »    Polonia. 

34.457  »  >       >    Caucasia. 


2.547.036  Askenazistas. 
64.964  Karaím. 


Los  2.612.000  israelitas  rusos  tienen  en  Rusia  610  templos  y  comuni- 
dades. 

El  bigotismo  cristiano  ortodoxo  que  domina  en  Rusia,  mas  la  ignoran- 
cia crasa  del  pueblo  y  los  abusos  autocratos  de  las  autoridades,  hacen  muy 
a  menudo  sufrir  injusticias  y  persecuciones  á  los  israelitas  como  en  nin- 
guna'parte  del  mundo,  asi  que  una  buena  parte  emigran  para  Jerusalem 
y  America. 

La  clase  culta  y  elevada  rusa,  prefiere  a  los  israelitas  en  todas  las  tran- 
sacciones comerciales  que  tienen,  mejor  que  todas  las  otras  poblaciones. 

A  demás  en  tiempos  de  guerra,  los  jefes  de  la  armada  no  se  pueden 
pasar  sin  ellos,  para  proveer  los  cuerpos  de  armada  de  alimentos  y  de  todo 
lo  necesario. 

Los  Israelitas  en  Turquía  y  todo  Oriente  son  431.000  almas  de  origen 
español:  Alexandria,  10  000;  Aleppo,  10.000;  Aidin,  3.000;  Adrianopol, 
16.000;  Bagdad,  35.000;  Basara,  2.000;  Beyrut,  3.000;  Burgos,  650;  Brusa, 
3.000;  Constantinopla,  40.000;  Damascus,  10.000;  Esmyrna,  25.000;  Cairo, 
7.000;  Caifa,  1.000;  Varna,  900;  Corfú,  3.000;  Casablanca,  '5.000;  Casaba, 
850;  Chios,  250;  Dardanelas,  2.700;  Deraotica,  900;  Fez,  12.000;  Havadan, 
5.000;  Jaffa,  3.000;  Sofía,  7.000;  Jerusalem,  40.000;  Magnesia,  2.000;  Moga 
dor,  10  000;  Monastir,  6.000,  Fambuli,  1.400;  Pergano,  800;  Filipopolo, 
4.000;  Rustchuc,  3  100;  Schumba,  3.000;  Safed,  6.500;  Salónica,  60.000; 
Samacof.  1.200;  Tánger,  10.000;  Tetuan,  6.000;  Teherán,  000;  Tiberias, 
4.000;  Tirsch,  1.200;  Tripolis,  10.000;  Tunis,  40.000:  Tata.-,  1.600. 


Dichas  colonias  hebreas,  que  en  otras  partes  se  llaman  Sefardistas,  en 
la  Rusia  se  destacan  bajo  el  nombre  de  Karaím. — Tfenen  sus  templos,  y 
comunidades  en  diversos  puntos  del  país,  como:  Petersburgo,  Moscova, 
Odessa,  y  especialmente  mas  concentrados  se  encuentran  en  Troki,  Vilna, 
Lithwania,  Galicia,  Crimea,  Kaukasia,  etc. 


(1)     El   almanaque  de  Ghota  del  año  1905  pnblica  el  censo  de  Rusia  de  1897,  y 
el  reparto,  según  los  cultos,  eleva  á  5.189.401,  la  cifra  de  los  israelitas.  (A.  P.) 


3(53 

Antes  que  la  Rusia  estubiese  formada  en  el  siglo  viir,  dichas  sectas  he- 
breas se  encontraban  en  los  confines  asiáticos  provinientes  de  Babylonia. 
Pasaran  bajo  la  dominación  rusa  mas  tarde  como  otras  sectas  religiosas, 
ouando.se  apodero  de  dichas  regiones  orientales. — Los  caraístas  forman 
una  casta  a  parte.  Gozan  de  todos  los  derechos  y  privilegios  civiles  y  po- 
líticos en  todo  el  imperio,  como  todos  los  rasos  cristianos  ortodoxes,  mien- 
tras que  los  otros  israelitas,  provenien  tes  de  Polonia,  reino  destrozado  por 
la  fuerza  bruta  moscovita  y  austríaca,  que  se  llaman  Askenarastas,  sufren 
ias  mas  grandes  injusticias  y  persecuciones,  igual  y  a  veces  peor  que 
en  Eumania.  El  pueblo  ruso  inculto  y  cristiano  fanático  ortodoxo,  ignora 
completamente  los  Karaístas  que  son  israelitas,  y  los  confunde  con  las 
otras  sectas  turkestanas  del  islam. 

Israelitas  de  religión  y  de  nacionalidad  aj  ena  es  prohibido  habitar  la 
Rusia,  y  specialmente  San  Petersburgo,  asi  que  israelitas  de  origen  espa- 
ñol como  existe  en  la  Turkia  y  diversas  partes  del  mundo  no  hay  en  la 
Rusia  y  no  puede  haber.  Los  Sefardistas  rusos  son  hebreos  Karaim  de 
tiempos  bien  remotos,  y  no  deben  ser  confundidos  con  los  Sefardistas  de 
origen  español.  Los  rituales  en  hebreo  son  igual,  pero  el  idioma  y  el  teri- 
torio  español  o  portugués  les  son  desconocidos.  Los  Karaim  son  venidos 
directamente  de  Palestina,  antes  de  los  rusos  ortodoxos  cristianos,  y  mu- 
cho antes  de  la  llegada  de  los  moros  y  hebreos  en  España. 

Los  israelitas  askenazistas,  incluso  los  de  la  Polonia  y  de  la  Rusia  que 
son  la  mayoría,  se  respandieron  en  Austria,  Alemania,  Inglatera,  Francia, 
Nord-America  y  todas  partes  del  mundo.  Los  Sephardistas  después  de  la 
emigración,  o  mejor  dicho  después  de  la  Inquisición,  se  respandieron  en 
ciertos  paises  y  specialmente  en  la  Turquía,  por  que  era  grande  y  podero- 
za  a  su  tiempo,  llevando  y  conservando  hasta  la  fecha  el  idioma  y  casi  to- 
dos los  usos  y  costumbres  españoles. 

En  1492  ellos  fundaron  sus  templos  y  comunidades  en  Marruecos,  Al- 
geria,  Tunisia  y  todos  los  paises  del  Oriente.  También  en  Ñapóle,  Floren- 
zia,  Venezia,  Ancona,  Livorno  y  toda  I  talia.  En  Smyrna,  Rhodes,  Cons- 
tantinopla,  Adrianopola,  Salonic,  Jerusalem,  Yaphet,  Corfú,  Candía,  et- 
cétera. 

De  la  Turquía,  pasaron  en  los  paises  danubianos  como  Serbia,  Bulga- 
ria, Rumania,  Austria,  etc. 

En  1552  una  pequeña  colonia  de  Sefardistas  españoles  se  formo  en 
Bayona,  pues  mas  tarde  en  Burdeos,  Marsella,  Montpelier,  Avignan,  Per- 
pignan,  Carpentras,  Lyon  y  París.  En  1593  fue  fundada  una  importante 
comunidad  de  Sefardistas  de  origen  español  en  Amsterdam.  Actualmente 
no  hablan  mas  español,  si  no  hollandez.  En  1700  se  formo  una  importan- 
te Congregación  de  Sefardistas  en  Haraburgo  y  Altona,  pero  hoy  natural- 
mente esta  el  Alemán  sustituido  al  español.  En  la  capital  de  Austria,  Vien- 
na,  hay  formada  una  Congregación  de  israelitas  españoles  que  usan  y 
conservan  el  idioma  español,  pero  se  intitulan  turcos.  El  pueblo  austría- 
co, que  es  también  católico  fanático,  confunde  dicha  colonia  con  los  turcos 
musulmanos.  En  Paris  mismo  el  templo  de  Sephardistas,  lo  llaman  tem- 


364 

pío  portuguez,  con  todo  que  nadie  habla  aqui  el  portuguez  que  solo  espa- 
ñol y  francés. 

En  Salonico,  Bosnia,  Herzegovina,  Persia,  Egipto,  Marruecos,  Algeria, 
Tunisia  y  todos  los  paises  del  Danubio,  existen  colonias  y  congregaciones 
organizadas  de  israelitas  Sefardistas  que  uzan  y  hablan  el  español.  Los 
Israelitas  Aekenazistas  que  usan  mas  el  Alemán  tienen  sus  comunidades 
y  BUS  instituciones,  templos,  etc.,  mucho  mas  grandes  y  mas  importantes 
en  el  mundo  entero,  y  se  impanen  ante  los  gobiernos  igual  como  que  fue- 
se un  Estado,  confundiéndose  religión  por  nacionalidad. 

Mi  especial  placer,  y  principal  deseo  seria,  de  ver  relevada  la  gran  na- 
ción española;  preocupándome  poco  la  question  de  creencias,  la  cual  di- 
vide la  humanidad  y  entorpese  la  via  de  las  ciencias  y  todo  progreso  hu- 
mano. 

Sobre  este  punto  me  permito  llamar  la  atención,  que  si  yo  tuviese  el 
honor  del  cargo  a  formar  un  programa  de  conquista  intelectual  para  Es- 
paña, lo  haria  con  mucho  gusto.  Es  lastima  de  ver  pueblos  enteros  ha- 
blando el  español,  y  después  de  haberse  conservado  el  idioma  entre  ellos 
mas  de  cuatro  siglos,  que  desaparesca  de  golpe  con  la  invasión  de  nuevas 
idiomas  de  los  pequeños  estados. 

Si  Ud.  concorda  con  mi  opinión,  no  tengo  inconvenieote  prestar  mi 
concurso  de  llevar  a  cabo  prácticamente,  para  que  el  idioma  español  do- 
mine en  Europa,  lo  mismo  como  en  la  America  latina,  sin  gasto  alguno  y 
sin  brusquar  nada.  Mi  proposito  seria  adoptar  el  mismo  systema  que  usa 
la  pequeña  Hollanda,  que  es  una  táctica  lógica  y  razonabila,  haciendo  su- 
jetos y  protegiados  en  todas  partes  del  mundo  a  todos  que  manifiestan  el 
deseo  de  serlo,  sin  muchas  travas. 

En  este  sentido,  hay  que  obrar  España,  en  todas  partes  a  donde  se  en- 
cuentran colonias  de  origen  español,  que  se  encuentran  sin  amparo  y  sin 
protecion  en  estados  que  no  comprenden  sus  misión. 

La  madre  patria  España,  a  excitación  de  Ud.  y  con  el  deseo  manifestó 
de  los  altos  dignitarios  y  sabios  que  representan  el  pais,  y  que  conducen 
sus  destinos,  con  buena  voluntad,  seguro  se  pueden  muy  fácil,  reunir 
dichas  colonias  españolas  del  oriente,  dándoles  un  abrazo  de  cariño  de 
hermandad,  como  ellas  con  afán  esperan.  Hay  que  buscar  pronto  sin  va- 
cilaciones liis  medios  prácticos  de  dar  a  dichas  colonias  una  forma  y  pro 
teccion  legal  y  equitativa,  conservándose  asi  para  siempre  los  vincules  de 
hermandad  con  sus  patria  madre,  por  el  bien  y  la  grandeza  de  la  hydalgua 
España. 


CAPÍTULO  IV 


Sigue  la  informsción  de  París.— Justo  Rosal!,  Jenaro  Cavestany.  — Bayona,  de 
Francia.— Una  anécdota  de  Mendizábal.— Informes  de  Gersam  Pereyre  y  Aaron 
Salcedo.— Biarritz  y  Mr.  León.  — Grecia.- Datos  del  Dr.  Cobos.— Holanda.— 
Inglaterra.— Londres.— Informe  de  Joshua  M.  Levy.  —  Manchester.  — Informe 
de  David  8.  Garson.— Italia.  — Informe  de  Enrique  8.  Vidal.  -Portugal.- Re- 
cuerdos y  estudio  de  José  Benoliel. 

De  las  muchas  cartas  con  que  nos  ha  favorecido  D.  Justo 
Rosell  registramos  los  siguientes  párrafos: 

Las  esposas  de  los  agentes  diplomáticos  españoles  en  Oriente  podrían 
hacer  no  poco  en  favor  de  la  obra  tan  noble  y  patriótica  emprendida  por 
V.,  tomando  ejemplo  en  lo  hecho  por  las  mujeres  de  altos  funcionarios  de 
esta  República  en  varias  colonias  y  posesiones  francesas. 

Estas  señoras,  con  objeto  de  propagar  su  lengua  entre  los  indígenas, 
asisten,  dos  ó  tres  veces  por  semana,  a  las  escuelas  é  interrogan  en  fran- 
cés, á  los  alumnos,  dándoles  explicaciones  en  francés,  entregándoles  li- 
bros franceses,  etc.,  etc. 

¿Porqué  las  mujeres  españolas  favorecidas  por  la  fortuna  y  residentes 
en  lejanas  tierras,  no  han  de  hacer  otro  tanto  en  pro  de  la  cultura  y  de  la 
lengua  patria? 

Yo  creo  que  ese  español  más  ó  menos  corrompido  que  hablan  varones 
tan  ilustres  como  D.  Enrique  Bejarano,  habría  de  transformarse  rápida- 
mente y  convertirse  en  el  más  puro  reflejo  de  nuestra  hermosa  lengua,  si 
las  mujeres  españolas  contribuyesen  á  ese  renacimiento,  á  esa  resurrec- 
ción del  idioma  patrio,  que  tanto  beneficio  reportaría  á  los  españoles  cató- 
licos como  á  los  israelitas^  españoles. 

Las  fábulas  de  Iriarte,  las  de  Samaniego,  el  «¿Juanito»,  algunos  cuentos 
morales,  etc.,  etc.,  me  parecen  obras  perfectamente  indicadas  para  esa 
obra  de  cultura  y  aproximación  á  España. 

¡Pero  que  ¡por  Dios!  uo  se  caiga  en  el  abismo  de  querer  cristianizar 


366 


á  los  israelita?,  so  pretexto  de  inculcarles  eu  antigua  lengua  y  las  damas 
españolas  se  pongan,  no  á  españolizar,  sino  á  pretender  convertir  los  judíos 
al  catolicismo!.... 

Ese  es  el  escollo;  eso  es  lo  que  yo  temo  si  tal  cosa  se  intentase;  pues 
de  emprender  la  obra  por  semejante  camino,  no  sería  una  acción  de  apro- 
ximación y  de  reconciliación  lo  que  se  practicase,  sino  una  cruzada  de  re- 
ligión y  de  raza  que  se  emprendería,  terminando  en  guerra  lo  que  ha  de 
ser  una  obra  de  amor,  de  paz  y  de  solidaridad  humana. 

Nuestro  inteligente  compatriota  D.  Jenaro  Cavestany  nos 
ha  suministrado  algunos  datos  acerca  de  las  colonias  hebreas 
de  América,  que  expondremos  en  lugar 
oportuno;  nos  habló  del  acreditado  res- 
taurant  de  Mad.  Luna,  en  la  rué  Cadet, 
dama  oriunda  de  sefardíes  constantino- 
politanos,  cuyo  establecimiento  es  centro 
concurrido  de  muchos  compatriotas  y 
sefardim.  Varios  de  éstos  nos  han  cele- 
brado la  cocina  española  que  alh  se  gui- 
jl  5^^  .^  sa,  y  el  espíritu  español  que  muestra  la 

Pi^^  Jjm  simpática  dueña  del  Hotel,  de  quien  he- 

mos oído  sinceros  elogios  á  desinteresa- 
das personas. 

El    Sr.    Cavestany    nos    ha   escrito 

muchas  veces  acerca  del  censo   de   los 

sefardim  que  existen  en  el  mundo,  cuyo 

número  cree  se  eleva  á  tres  millones.  Su   razonamiento  está 

expresado  en  las  siguientes  líneas,  las  cuales  no  prueban  con  el 

fundamento  con  que  estas  materias  hoy  necesitan  ser  probadas: 

Si  Vd.  me  viere  discutir  este  punto  en  el  restauraat  Louna  con  Israe- 
litas ilustrados,  quedaría  convencido  de  la  verdad  de  mí  afirmación,  así 
como  que  el  numero  total  de  los  mismos  en  el  mundo  se  eleva  á  3.000.000. 
Todos  empiezan  por  negar,  fundados  solo  en  caprichosas  estadísticas 
pero  todos  al  cabo,  después  de  haber  sacado  millón  y  medio,  entre  Tur- 
quía, Bosnia,  Hercegovína,  Austria  y  principados  de  Danubio,  tienen  que 
afirmar  que  bien  pueden  existir  600.000  maa  en  los  países  Orientales 
como  Grecia,  Egipto  y  otrDs  con  los  cuales  ninguna  relación  tienen  los  es- 
tablecidos en  París.  ¿Y  no  habrá  otro  millón  en  el  resto  del  mundo,  cuan- 
do Vd.  sabe  que  no  hay  país,  en  que,  pocos  ó  muchos,  no  existan  judios 
eepañoleí-? 


FiG.    92. — Madame  Louna, 
dueña    del  Hotel   i.sraelita 
español  de  la   Rué  Cadet, 
París. 


367 


Bayona. 


Esta  culta  ciudad  francesa  que,  por  hallarse  vecina  á  Es- 
paña, refleja  perfectamente  la  contextura  y  el  espíritu  mixto 
peculiar  de  las  poblaciones  fronterizas,  y  donde  el  español  cree 
hallarse  en  el  extranjero  sin  haber  dejado  todavía  por  entero 
su  querida  patiia,  conserva  por  esta  misma  razón,  sin  duda, 
una  colonia  sefardita  altamente  simpática,  donde  el  idioma  j 
el  espíritu  español  se  han  mantenido  durante  cuatro  siglos 
conviviendo,  como  buenos  patriotas^  la  existencia  nacional  fran- 
cesa; aquistando  poco  á  poco,  con  una  perseverancia  y  mereci- 
mientos admirables,  los  derechos  civiles  de  que  hoy  goza  Israel 
en  Francia;  sirviendo  honradamente,  con  nobilísimo  entusias- 
mo, á  su  gloriosa  nueva  nación,  pero  suspirando  allá,  en  lo 
hondo,  por  aquella  otra  patria,  cu3'0  suelo  se  tiende  tras  de  las 
altas  montañas  de  los  Pirineos,  y  tras  de  las  inquietas  olas  del 
Cantábrico  que,  con  brevísima  distancia,  baten  y  espumarajean 
las  costas  de  una  y  otra  nación,  por  aquel  sitio. 

Sí;  los  expulsados  de  España  y  de  Portugal,  retenidos  por 
su  ardiente  amor  á  la  cruel  Iberia,  quisieron  desviarse  de  ésta 
lo  menos  posible,  y  por  eso  donde  la  vida  les  fué  tolerada  se 
detu\4eron,  allí  arraigaron  con  la  firmeza  y  la  pasión  con  que 
Israel  hace  todo,  y  allí  crearon  la  comunidad  española  más  in- 
teresante que  hoy  existe  en  Francia. 

Ha  tenido  esta  comunidad  la  suerte  extraordinaria  de  haber 
producido  un  cronista  de  grandísimo  mérito,  escritor  elegante 
y  de  instrucción  profunda;  el  cual  ha  levantado,  con  muchísi- 
ma paciencia  de  investigador  y  en  el  transcurso  de  largos  años, 
un  monumento  tan  precioso  como  seguramente  no  le  tienen 
semejante  los  sefardíes  de  ninguna  otra  población  del  mundo. 

La  obra  Histoire  des  Juifs  de  Bayonne,  escrita  por  D.  En- 
rique López  León,  honra  á  su  autor,  á  Francia  y  á  la  comuni- 
dad de  Bayona,  y  exalta  mucho  la  venerable  figura  de  su 
autor;  la  cual  merece  asimismo  el  sincero  aprecio  de  todo  espa- 
ñol ilustrado,  no  solamente  porque  lleva  en  sus  venas  sangre- 
española,  posee  muy  bien  nuestra  lengua  y  palpitan  en  su  co- 
razón nobles  sentimientos  por  la  tierra  de  sus  antepasados,, 
sino  porque  eu  la  obra  toda  luce  gallardamente  un  espíritu  ca- 


368 

balleresco,  del  cual  jamás  parte  nada  que  envuelva  ofensa  á 
Portugal  y  España,  de  donde  fueron  expulsados  sus  abuelos. 

Hemos  leído  este  libro  (de  tamaño  4.<*  mayor,  con  436  pági- 
nas y  una  impresión  lujosa)  v  podemos  afirmar  que  nos  han 
conmovido  mucho  sus  páginas.  Al  narrar  las  fases  por  que  ha 
pasado  la  comunidad  bayonesa,  hace  en  rigor  su  ilustre  autor 
una  historia  general  de  la  lenta  incorporación  de  los  israelitas 
franceses  al  organismo  nacional;  y  en  aquellos  avances  y  retro- 
cesos de  sus  derechos  civiles,  en  aquellos  flujos  y  reflujos,  que 
lograron  por  fin  el  triunfo  determinante  de  sus  modernos  des- 
tinos, entre  las  tempestades  sangrientas  de  1789,  se  expone  con 
toda  exactitud  y  elocuencia,  cuan  lenta  y  penosa  fué  la  rehabi- 
litación moral  de  este  pueblo,  y  cuan  digno  de  haberla  conse- 
guido. Los  37  capítulos  que  forman  el  libro  y  la  interesantísi- 
ma documentación  acerca  de  la  vida  política,  religiosa,  benéfica 
y  social  que  los  avalora — la  cual  recogió  el  Sr.  León  de  los  ar- 
chivos de  Bayona  y  de  la  Biblioteca  de  Pau — se  leen  como  si 
fuese  una  novela  sensacional,  y  allí  se  adquieren  muchas  ense- 
ñanzas y  referencias  interesantes  á  la  historia  y  á  personajes 
célebres  de  nuestra  patria. 

Los  apellidos  que  aparecen  en  sus  documentos,  actas,  listas, 
cementerios...,  son  de  castiza  marca  española:  por  ejemplo,  los 
Gómez,  Rodríguez,  Núñez,  Flórez,  Méndez,  Espinosa,  Ríos, 
López,  Campos,  Herrera,  González,  Villanueva,  Salazar,  Ca- 
rrión.  Acuña,  Enríquez,  Fonseca,  del  Valle  (transformado  en 
Delvaille),  León,  Salcedo,  Chaves,  Acevedo,  Díaz,  Bernal,  Cas- 
tro, Talavera.  Serrano,  Torres,  Larra,  Córdoba,  Céspedes...,  etc.; 
sus  costumbres  son  las  nuestras,  sus  escudos  y  blasones  de  le- 
gítima españolería^  y  en  todo  se  observa  una  transplantación 
tan  pura  de  nuestra  alma  nacional,  que  conmueve  hondamente 
meditar  sobre  el  despilfarro  que  hemos  hecho  de  nuestras  na- 
turales fuerzas. 

Con  motivo  de  presentar  los  blasones  de  la  comunidad  de 
Saint-Esprit,  cuenta  León  una  anécdota  referente  á  nuestro  in- 
mortal hacendista  Mendizábal,  de  cuando  fué  embajador  en  San 
Petersburgo.  Parece  ser  que  un  día,  en  una  comida  oficial,  los 
comensales  distinguidos  alardeaban  de  la  antigüedad  de  sus 
blasones,  y  cuando  hubieron  hablado  todos  dijo  Mendizábal: 


369 

«Pues  bien,  señores,  yo  creo  que  no  hay  nadie  entre  los  pre- 
sentes cuya  nobleza  pueda  igualar  á  la  mía  en  antigüedad, 
porque  data  de  tan  lejos  como  puede  admitirla  la  historia.  Aun- 
que español,  soy  descendiente  de  judío,  y  sabéis  que  los  ju- 
díos descienden  de  los  patriarcas .  Yo  reivindico ,  por  tanto, 
como  antepasados 
míos,  las  figuras  de 
Abraham,  Isaac  y  Jacob 
y  desafío  á  que  nadie 
pueda  remontarse  tan 
alto  como  yo.»  Y  díce- 
se  que  todo  el  mundo 
aplaudió  esta  confesión. 

Hoy  mismo  la  comu- 
nidad de  Bayona,  que 
es  muy  numerosa,  dis- 
tinguida, admirable- 
mente organizada  y  con 
una  sinagoga  histórica, 
muestra  un  espíritu  es- 
pañol digno  de  agra- 
decimiento y  mantiene 
relaciones  mercantiles 
y  sociales  con  su  anti- 
gua madre  patria. 

He  aquí  algunas  in- 
formaciones: 

D.  Gersam  Pereira,  que  pertenece  á  histórica  y  distinguida 
familia,  dice  así: 


FiG.  93.— Sinagoga  de  Saint -Esprit,  de  Bayonne. 


Mi  hijo  Mauricio  Pereyre  que  reside  en  esta  ciudad  fronteriza,  donde 
paso  algunos  dias,  me  ha  puesto  al  tanto  de  la  noble  é  interesante  cam- 
paña, que  ha  movido  Vd.  en  el  Senado,  a  favor  del  idioma  Español,  que 
todavía  conservan  multitud  de  hebreos  en  Oriente,  hijos  de  los  desdicha- 
dos, que  fueron  expulsados  por  los  Reyes  Católicos  e  inspirados  por  el 
nefasto  Inquisidor  Torquemada. 

He  leido  su  libro  de  Vd.,  y  todas  las  cartas  que  contiene,  son  la  verda- 
dera expresión  de  un  pueblo  entero,  a  favor  de  su  persona  tan  digna,  de 
un  intelecto  tan  sensible  á  las  vibraciones  del  corazón  que  no  tan  solo  es 
el  patriotismo,  ó  el  interés  comercial,  que  le  movió  al  atravesar  el  Danu- 

24 


370 

bio  y  el  acercarse  de  Vd.  al  sabio  hebreo  Español  D.  Enrique  Bejarano, 
que  invadieron  todo  su  ser  impresionándole  profundamente  y  de  una  ma- 
nera tan  poderosa,  que  sus  sentimientos  lloraban  y  al  mismo  tiempo  se 
alegraban  de  un  encuentro  de  esta  Índole. 

Digo  pues  que  el  patriotismo  y  el  interés  comercial  si  bien  han  sido 
factores  y  vehículos  de  sus  primeros  pasos  para  la  noble  é  interesante 
canpaña,  es  sin  duda  el  hábito  prudente  para  presentar  la  cuestión  al  Se- 
nado y  rendirla  pública. 

El  análisis  de  sus  primeras  impresiones  las  sospecho,  y  tengo  la  segu- 
ridad intima  de  no  equivocarme.  Su  fecundo  cerebro  hacia  later  su  no- 
ble corazón  al  recordarse  el  desascierto  de  aquellos  fuertes  decretos,  in- 
dignos de  una  nación  civilizada  y  al  ver  todavía  que  existen  un  tan  grande 
numero  hijos  de  esas  victimas  conservando  el  hablar  Español,  y  apesar  de 
todo  manifestando  cariño  y  deseos  de  reanudarse  con  España  llamada  por 
ellos  como  Jerusalem,  tierra  de  predilección. 

Entonces  su  impresión  dictaba  la  resolución  siguiente: 
.  Yo  quiero  a  todo  tranze,  hacer  que  estos  hebreos  hijos  de  Españoles, 
estén  rehabilitados  en  España.  Decretando  en  contra  de  la  expulsión  y 
dándoles  especial  derecho  en  venir  habitar  España,  con  facultad  de  abrir 
sus  Templos  con  entera  libertad  de  culto. 

D.  Alfonso  Padre  del  rey  actual,  abrió  las  puertas  pero  estimaron  los 
Hebreos  que  las  garantías  estaban  al  capricho  de  un  ministerio. 

En  Francia  tenemos  libertad  entera  de  cultos  y  nuestros  Rabinos  y 
primeros  Ministros,  tienen  un  sueldo  pagado  por  el  Estado.  Los  Templos 
ó  sinagogas  pertenecen  a  las  comunidades.  Ahora  se  esta  construyendo 
uno  en  Biarritz  costeado  por  la  familia  Rusa  Pou  Yacof. 

En  Lisboa  acaba  de  inaugurarse  un  Templo;  según  informes,  de  arqui- 
tectura oriental,  es  obra  muy  buena.  Volvamos  á  la  cuestión.  Si  por  pri- 
meros elementos  y  factores  materiales  enprendemos  la  cuestión  comer- 
cial, creando  relaciones  con  todos  aquellos  centros,  debemos  en  primer  lu- 
gar encargar  á  los  consulados  Españoles,  nos  faciliten  una  nomenclatura 
datalladade  los  géneros  que  reciben  aquellos  países,  la  importancia  délos 
mismos  y  los  derechos  de  entrada.  Luego  después  podremos  crear  un  cen- 
tro de  Representaciones  en  Barcelona,  donde  conocemos  especialmente  la 
fabricación  la  mas  importante  que  es  la  de  tejidos,  pañería  y  géneros  de 
unto,  negocio  que  venimos  trabajando  hace  ya  40  años. 

Yo  habito  Bayona,  donde  tengo  casa  de  comercio  de  tejidos  al  por 
mayor  (y  en  nuestra  comunidad  Israelita  soy  uno  de  los  administradores 
(en  Español  Pamas),  mis  abuelos  vinieron  de  Amsterdan,  de  la  comunidad 
Española,  tengo  una  hermana  de  mí  Madre  Q.  E.  P.  D.,  de  87  años,  que 
tiene  sus  libros  de  rezos  en  E.spaiiol  y  no  hay  cuidado  que  los  cambie  con- 
tra franceses. 

Tenemos  en  Bayona  las  familias  que  todas,  sobre  todo  los  varones, 
hablan  el  Español  y  son  las  de  D.  Julio  Gómez  Brito,  Aristide  Gómez, 
Isaac  Salzedo,  Aaron  Salzedo,  Félix  Rubio,  León  Delvaille,  Fernando  Del- 
vaille,  Eugenio  León,  Gastón  Dacosta,  Regulus  Fonseca,  Amadeo  Silva 


371 


Jorge  Frois,  Isidoro  Nuñes,  Edmundo  Potto,  Eugenio  Gómez  Vaez,  Alber- 
to Bernal,  Doctor  Delvaille  Q.  E.  P.  D.,  este  amigo  yo  lo  recibí  en  mi  casa 
en  Irun,  cuando  lo  habitaba  siendo  dicho  Doctor  nombrado  por  el  Gobier- 
no Francés  para  una  misión  en  España.  Pues  esas  familias,  y  mas,  están 
adheridas  en  el  tirretoria  de  Francia,  como  lo  eran  antes  sus  abuelos  en 
España.  El  movimiento  sionista  deja  frió  á  todos  los  Hebreos  Franceses; 
claro,  el  cambio  no  puede  convenir  mas  que  a  los  que  sufren. 

Acabare  mi  larga  espistola  dándole  facultad  de  hacer  de  ella  lo  que  le 
plazca,  si  alguna  vez  he  llegado  a  la  altura  de  sus  elevados  sentimientos, 
para  poderle  espresar  todo  mi  reconocimiento  y  honra  de  haberme  dado 
lugar  a  dirigirle  la  expresión  viva  y  leal  de  mi  alma. 

El  distinguido  israelita  D.  Aarou  Salcedo,— de  quien  hemos 
hablado  ya  en  varías  partes  de  este  libro  (págs.  219  y  265), 
descendiente  de  una  fa- 
milia ilustre  que  ha  da- 
do muchos  y  bienhe- 
chores miembros  á  la 
comunidad  israelita  de 
Saint -Esprit,  cónsul 
que  fué  de  Perú  y  per- 
sona que  ha  desempe- 
ñado cargos  importan- 
tes, nos  ha  escrito  va- 
rias cartas  con  datos  in- 
teresantes y  sugestivos. 
Por  referirse  á  venera- 
bles sefardíes,  cuyo  co- 
nocimiento gustoso  hi- 
cimos el  día  10  de  Sep- 
tiembre, cuando  tuvi- 
mos ocasión  de  asistir 
á  su  ceremonia  religio- 
sa de  primero  de  año, 
publicamos  los  siguien- 
tes parraros:  ^j^  94  _d^  AaronSaloedo,  rico  y  honorable  pro- 
pietario de  la  colonia  sefardita  de  Bayona, 

He  comunicado  su  deseo 
á  nuestro  muy  respectable  amigo  Mr.  Jules  Gomnies,  le  agradece  infinito 
sus  amables  palabras  y  pretende  que  bolo  su  barba  blanca  ha  podido  lla- 
mar su  amable  atención.  No  tiene  fotografía  pero  me  ha  prometido  que 


372 

cuando  la  haga — y  su  familia  se  la  pide — tendrá  sumo  gusto  de  enviar- 
le una. 

Mr.  Aaron  Rodriguez-Ely — 86  años  también  como  Dn.  Julio  Gómez — 
respectando  á  la  letra  el  II  mandamiento  <Tu  ne  feras  aucunimage>  nun- 
ca ha  hecho  su  retrato,  pero  en  el  físico  y  sobre  todo  en  lo  moral  es  una 
bella  fígura.  Mucho  se  podria  decir  sobre  Jules  Gonmes:  nacido  de  una 
familia  muy  modesta,  ha  salido  á  los  12  afíos  de  la  escuela,  y  por  su  inte- 
ligencia, su  honradez,  su  trabajo  fue  dependiente,  socio,  Gefe  de  una  gran 
casa  en  Madrid  y  banquero  en  esta,  ha  venido  á  una  muy  buena  posición 
pecunaria  y  muy  alta  consideración  social.  No  olvida  los  primeros  pasos 
y  tiene  una  gran  satisfacción  de  recordarlos — sobre  todo  de  hacer  larga, 
inmensa  caridad,  pero  con  inteligencia,  con  una  brevedad,  y  una  amabili- 
dad que  dobla  el  precio,  enfadándose  si  olvidan  de  pedirle,  ó  de  señalarle 
un  infortunio.  Seria  necesario  leer  los  articules  de  toda  la  prensa  reac- 
cionaria, republicana,  imperialista,  cuando  hace  dos  años  fue  nombrado 
caballero  de  la  Legión  de  honor.  Si  puedo  procurarme  estos  artículos  se 
los  enviare. 

BlARRITZ. 


Hicimos  un  viaje  á  esta  aristocrática  población  solamente 
por  haber  el  gusto  de  conocer  personalmente,  ofrecer  nuestros 

respetos  y  saludar  al  ilustre  escri- 
tor D.  Henry  L.  León,  autor  de 
muchos  notables  trabajos  de  his- 
toria y  literatura.  Hemos  tenido  la 
satisfacción  de  presentarle  en  pá- 
rrafos anteriores,  así  como  su  prin- 
cipal obra,  y  por  eso  nos  contrae- 
mos aquí  á  desearle  largos  años  de 
vida  para  honra  de  su  comunidad, 
3^  á  publicar  algunos  trozos  intere- 
santes de  su  correspondencia. 

Antes  diremos  que  en  Biarritz 
hay  una  colonia  sefardita  bastante 
numerosa  y  distinguida,  en  parte 
allí  domiciliada,  y  en  parte  de  re- 
sidencia temporal  y  oriunda  del 
Norte.  El  10  de  Septiembre  de 
1904  inauguró  una  sinagoga  cons- 
truida de  nueva  planta,  á  la  cual  se  refiere  Gersam  Pereyre  en 
su  carta. 


FiG.   95. — D.  Enrique  L.  León, 

¡lustre  historiador  y  publicista, 

autor  de  La  liixtnria  de  Ion  judíos, 

de  Bayona. 


373 

Mucho  habría  que  decir  sobre  la  Causa  que  Vd.  trata,  de  la  conBerva- 
cien  del  idioma  español  en  las  diferentes  colonias  de  Judies  diseminadas 
en  el  mundo  y  el  retorno  en  España  de  ese  pueblo  privilegiado.  Como  Is- 
raelita nacido  de  los  que  fueron  desterrados  de  ese  reyno,  me  he  ocupado 
de  la  historia  de  su  emigración  en  estos  parages  y  he  reunido  todo  lo  que 
podía  conocerse  en  un  libro  intitulado  «Histoire  des  Juifs  de  Bayonne». 

He  remitido  el  volumen  al  Señor  Pereyre  para  que  se  lo  dirija  en  mi 
nombre,  y  supongo  le  enteresará,  encontrando  en  los  varios  capitules  todo 
lo  que  desearla  saber  sobre  el  establecimiento  de  nuestros  antepasados  en 
St.  Esprit  y  Bayonne. 

A  mas  de  ese  libro  he  hecho  un  folleto  de  recuerdos  familiares  y  se  lo 
envió,  pensando  que  también  lo  leerá  Vd.  con  gusto.  Pero  todas  esas  cos- 
tumbres de  ayer  van  desapareciendo  hoy,  y  con  la  dispersión  de  nuestros 
hijos  sometidos  á  la  educación  moderna,  poco  quedara  de  tales  recuerdos 
de  nuestros  abuelos. 

Estoy  ahora  reuniendo  los  cantos  ó  romances  que  en  el  siglo  pasado 
se  cantaban  aun  en  nuestra  población  de  St.  Esprit.  en  español,  después  de 
los  oficios  del  templo,  o  en  la  familia  al  fin  de  la  comida.  Veo  que  en  su  li- 
bro habla  de  los  que  también  se  han  conservado  en  Oriente  en  lenguaje 
español. 

En  mi  libro  de  1' «Histoire  de  Juifs  de  Bayonne >  vera  Vd.  el  capitulo 
que  trata  del  retorno  de  los  Judios  en  España.  Veo  el  problema  muy  difi- 
cil,  con  todas  las  diferencias  de  nacionalidades  que  llevan  hoy  los  israeli- 
tas, y  con  la  libertad  de  conciencia,  hay  que  dejar  al  tiempo  hacer  poce  a 
peco  le  que  una  teoria  no  podria  lograr. 


He  dirijido  a  Vd.  una  otra  brochure  que  toca  a  la  historia  moderna  de 
ese  reyne  en  sus  chronicas,  y  en  que  mi  familia  fue  mesclada  come  servi- 
cie favorecido  a  una  Infanta  de  España  por  mis  padres.  Varias  cosas  po- 
dría añadir  sobre  ese  sujeto,  y  si  Vd.  viniese  aqui  contarle  muchos  he- 
chos generosos  de  israelitas  y  particularmente  de  mi  familia,  cerca  de  los 
descendientes  de  los  que  nos  rechasaron  en  tiempos  antiguos  por  causa 
de  nuestra  antigua  religión. 

Si  hubiese  Romances  españoles  que  tengan  el  verdadero  carácter  de 
recuerdo  Judio,  mucho  me  intereseria  conocerlos  y  publicados  conserva- 
rían la  phisionomia  de  la  historia  familial  de  los  israelitas  en  España.  Asi 
vea  lo  que  podria  conseguir  en  ese  sentido  y  se  lo  agradeceré. 


¿Porqué  ne  se  formaria  en  España  una  Sociedad  sobre  el  estilo  de  la 
<  AUiance  Francaise  Universelle»  que  Vd.  debe  conocer,  y  que  mantendría 
y  aumentaría  el  uso  al  estrangero  de  la  lengua  española  con  toda  su  pure- 
sa?  Esta  Sociedad  sería  ya  en  relación  con  los  Israelitas  del  universo  que 
han  conservado  el  idioma  de  sus  padres  y  lograría  Vd.  así  el  deseo  mani- 
festado. Tenemos  también  la  <Allíance  Israelite  Universelle»  que  viene 


en  ayuda  de  rAUiance  Francaise,  con  sus  escuelas  y  sus  obras  de  morali- 
sacion  y  de  trabajo;  y  el  Francés  con  el  Español,  podrían  darse  la  mano 
para  conservar  su  influencia  en  sus  intereses  comunes. 


Grecia. 

El  distinguido  Dr.  D.  Francisco  de  los  Cobos,  hijo  de  España, 
y  residente  en  la  Argentina,  hace  frecuentes  viajes  á  Grecia, 
encanto  de  sus  sentimientos  artísticos,  y  á  España,  religión  de 
sus  encendimientos  patrióticos,  y  con  este  motivo  nos  propor- 

. cionó  datos  que  tomó 

en  el  mismo  suelo  hele- 
no, con  ocasión  del  via- 
je hecho  en  este  verano 
de  1904. 

Hay  muchos  hebreos 
españoles  en  Grecia  y 
Creta,  aunque  no  se  co- 
noce la  cifra  exacta  por- 
que no  se  ha  hecho  cen- 
so de  ellos.  Se  cree,  sin 
embargo,  que  su  nú- 
mero asciende  á  12.50U, 
distribuidos  así: 

En  Corfú 6.500 

Voló,  Larissa  y  Trí- 

khala 4.000 

Arta,  Epiro 1.000 

j^tenas 600 

Zante 400 

Cefalonia,  Calama- 
ta,Patras,yotro8 

puntos 100 

12.600 


J 


FiG.  96. — Dr.  D.  Francisco  de  los  Cobos,  módico 
e.spaíiol,  re.sidente  en  Bueno.s  Aires. 


Corfú. — Hay  personas  muy  distinguidas,  de  alta  represen- 
tación, en  la  Banca,  profesiones,  industrias  y  comercio.  Entre 
los  banqueros  de  Corfú  figuran  con  prestigio  extraordinario  los 
Sres.  David  B.  Nacmias  y  Pacífico  Calónimos,  los  cuales  han 
procurado  conservar  la  nacionalidad  española. 

Aquí  hay  cuatro  sinagogas,  y  se  destacan  entre  lo  más  sa- 
liente los  Sres.   Vita  Battino  Cávallero,  banquero;  Dr.  F.  Bat- 


Í5í0 

tinos,  médico;  David  Cavallero,  Elias  Ferro,  Elias  Cavalleroy 
Moisés  Persiades,  comerciantes;  Daniel  Azard,  joyero;  Moisés 
Azard,  fabricante;  Samuel  Azard,  industrial,  y  Moisés  Caimi, 
profesor  de  lenguas. 

En  Larissa  brillan  los  comerciantes  Sres.  Abravanel  y  Mata- 
lón. En  Voló,  el  Sr.  Dafas.  En  Tríkhala,  los  Sres.  Misajariy 
Elias  Coen.  En  Arla,  donde  hay  dos  sinagogas,  el  presidente 
de  la  comunidad  D.  Isaac  Devaría,  y  los  Sres.  Mosnlla  Besos 
y  Moisés  Salomón  Re^4c,  comerciantes.  En  Atenas,  los  señores 
D.  Abraham  Constantino,  presidente  de  la  comunidad;  los 
comerciantes  Zarfatí,  hermanos;  Eleazar  Aser  y  Sakys.  y  el 
Sr.  Danon,  que  es  el  director  de  la  Compañía  de  Gas  en  el  Píreo. 

En  la  Canea  (Creta)  figuran  los  Sres.  Eblagón,  presidente; 
Minerbo  y  Sarda,  comerciantes;  Coen,.  banquero;  Amaff,  Miño- 
ni,  Isaacku.  Graciano  y  Ventura,  comerciantes;  Salem,  comi- 
sionista, y  León  Franco,  farmacéutico. 

HOLAXDA. 

La  siguiente  información  procede  de  Amsterdam,  y  nos  la 
ha  proporcionado  el  celo  de  nuestro  buen  amigo  D.  Luis  Rubio; 

Hay,  poco  mas  ó  menos,  5.000  sefardim  en  Amsterdam. 

En  el  Haya  hay  algunos  y  existe  en  dicha  corte  una  comunidad  israe- 
lita sefardim.  No  hay  otras  ciudades  en  donde  habiten. 

Los  hay  de  todas  las  clases  sociales,  desde  los  mas  pobres  hasta  los 
mas  opulentos. 

Los  hay  que  ocupan  altas  posiciones  en  todos  los  ramos:  gobierno,  mi- 
licia, cátedras,  especialmente  en  jurisprudencia,  medicina  y  banca. 
■  2Í0  hay  periódicos  en  judeo-español. 

Hay  un  seminario  y  una  escuela  elemental  sefarditas,  los  dos  sosteni- 
dos por  fondos  propios. 

No  se  enseña  el  judeo-español  en  las  escuelas,  el  cual  se  ha  perdido 
por  completo.  Solamente  se  conserva  el  portugués  por  publicaciones  ofi- 
ciales, y  también  por  la  oración,  en  la  sinagoga,  para  la  casa  Real. 

En  general  la  simpatía  para  la  patria  española  no  es  muy  grande  entre 
los  judeos  sefardim.  Sin  embargo,  hay  algunos  que  con  cierto  orgullo  se 
acuerdan  de  su  origen  español  ó  portugués. 

No  hay  absolutamente  leyes  de  excepción,  ni  persecuciones  molestas. 

La  única  comunidad  que  probablemente  tendría  algún  interés  en  reci- 
bir libros,  revistas,  periódicos,  etc.,  seria  la  comunidad  portuguesa  israeli- 
ta. Realmente  no  tendría  objeto  el  envío  en  la  lengua  española,  que  no  es 
entendida. 


re 


FiG.  97.  —  D.  Joshua  M.  Levj-,  dis- 
tingaiclo  sefardí  de  Londres. 


La  casa  Van  Creueld  &  C.a  y  la  casa  J.  L.  Joachimsthal,  ambas  en 
Amsterdara,  venden  publicaciones  israelitas;  pero  solamente  en  nerlandés 

y  hebreo;  no  en  español  ni  en  portugués. 

Inglaterra  (Londres). 

Debemos  algunos  datos  de  la 
importantísima  colonia  sefardita 
inglesa  al  amable  sefardí  D.  Joshua 
M.  Levy,  de  Londres,  nacido  en 
Gibraltar  en  1854,  y  establecido  en 
la  colosal  metrópoli  desde  1858. 

Como  es  sabido,  en  varias  ciu- 
dades del  Reino  Unido  hay  des- 
cendientes de  las  familias  portu- 
guesas y  españolas,  expulsadas  de 
Portugal  y  España,  cuyo  número 
asciende  á  algunos  miles.  Gozan 
de  la  libertad  propia  de  aquel  pue- 
blo, cu  yas  leyes  no  establecen  di- 
ferencias entre  cultos  religiosos. 
En  Londres  se  pueden  calcu- 
lar unos  3.000  los  judíos  sefar- 
díes, y  poseen  su  principal  sina- 
goga en  Be\as  Marks,  se  cons- 
truyó hace  doscientos  catorce 
años,  y  es  una  copia  en  chico  de 
la  de  Amsterdam. 

Nuestro  bondadoso  amigo 
D.  Abraham  Laredo,  de  Tánger, 
ha  tenido  la  bondad  de  regalar- 
nos un  ejemplar  del  elegante 
libro  publicado  en  1901,  con 
motivo  de  cumplirse  el  segundo 
centenario  de  la  fundación  de  la 
sinagoga  Catedral,  y  la  lectura 
de  este  libro,  escrito  por  el  Re- 
verendo Haham  Dr.  Moses  Gas- 
ter,  nos  causó  una  emoción  semejante  á  la  que  nos  produjo  la 


FIG.9S.- 


Reverendo  Haham  Dr.  Moses 
Gaster,  de  Londres. 


377 

monografía  de  los  judíos  de  Bayona,  del  Sr.  León.  Imposible  es 
leer  aquellas  páginas  llenas  de  nombres  españoles,  y  documen- 
tos redactados  en  español  y  portugués,  como  imposible  ver 
aquellos  retratos  históricos,  por  ejemplo,  los  de  los  Dres.  Da\dd 
Nieto,  Fernández  Méndez  y  Castro  Sarmiento  y  los  de  aquellos 
ilustres  y  venerables  Hahams:  Salomón  Ayllón,  Gómez  de  Mez" 
quita,  D'Acevedo,  Meddola,  sin  sentir  profunda  pena.  Repasa- 
mos, por  ejemplo,  cualquiera  de  las  numerosas  listas  de  sus- 
cripciones que  allí  se  publican,  y  leemos  los  apellidos  siguien- 
tes: Fernández  Núñez,  Martínez,  Córdoba,  Mercado,  Fonseca,. 


FiG.  99. — Sinagoga  española  de  Bevis  Marks,  en  Londres. 


Correa,  Machado,  Díaz  Arias,  Alvarez,  Enríquez,  Franco,  Sala- 
zar,  Suárez,  Valencia,  Miranda,  Moreno,  Rodríguez,  Matos,  Car- 
vajal, Pacheco,  Losada,  Silva,  Navarro,  Faro,  Cáceres,  Sierra, 
Caño,  Vega,  Mezquita,  Avila,  Lindo,  Fresco,  Delgado,  Cardoso, 
Casares,  Carrión,  Acevedo,  Escudero,  y  otros  muchos  semejan- 
tes que  no  copiamos,  todos  de  netísima  prosapia  española. 

El  Sr.  Levy  nos  manda  una  lista  de  sefardíes  ilustres,  entre 
ellos  figuran  los  siguientes: 

D.  Francis  Montefiore.  Barón  desde  el  afio  1886.  Nacido  en  Londres 
en  1860.  Casado  en  1888  con  doña  Mariana  von  Gutmann  de  Viena.— 
D.  Gabriel  Lindo.  Nacido  en  Londres  en  18-^9  y  casado  con  doüa  Miriam 


878 

Da  Costa,  quien  falleció  en  1875.— D.  Frederick  David  Mocata.  Nacido  en 
Londres  en  1828  y  casado  en  1856  con  doña  Mary  Goldsmid.  Publicó  en 
1877  una  obra  intitulada  «The  Jews  of  Spain  &  Portugal  &  the  Inquisi- 
tion». — D.  Sir  Edward  Sassoon.  Barón  por  sucesión  á  su  padre  en  1896. 
Diputado  á  Cortes  por  Hythe.  Nacido  en  1856  y  casado  con  doña  Alina 
Carolina,  hija  del  Barón  Gustave  de  Rothschild,  de  París. 

Manchester. 


Debemos  al  distinguido  Sr.  D.  David  S.  Garson  algunos 
datos  acerca  de  sus  correligionarios. 

Dicho  señor  es  un  sefardí  oriun- 
do de  Gibraltar,  hijo  de  judíos  espa- 
ñoles de  Tetuán.  Lleva  veinticinco 
años  de  residencia  en  la  industriosa 
ciudad,  y  ha  desempeñado  cargos  po- 
líticos y  civiles  de  importancia ,  y  re- 
presentaciones honrosas.  Desde  1898 
al  1900,  fué  presidente  de  la  comuni- 
dad de  judíos  españoles  de  Manches- 
ter,  y  hace  poco  fué  nombrado  ma- 
gistrado, siendo  el  primer  sefardí 
que  desempeña  este  cargo  en  tan  in- 
dustriosa ciudad. 

Los  siguientes  son  fragmentos  de 
su  correspondencia: 


FiG.  ICO.— Mr.  David  S.  Gar 

son,  honorado  sefardí  de 

Mancliester. 


Mucho  agradezco  su  amabilidad  en  man- 
darme su  estimada  obra  por  los  Judios  Se- 
phardim  que  he  leido  muy  atentamente  y  es- 
pero escusara  el  no  haberle  escrito  antes  a  causa  de  tener  muchas  ocupa- 
ciones entre  ellas  el  abrir  unaesnoga  en  esta  de  Judíos  de  Rumania.  Su  ob- 
jeto es  de  tener  todas  las  informaciones  obtenibles  hacia  mis  correlijiona- 
rios  en  esta,  pero  no  le  estrañara  cuando  le  advierto  que  la  comunidad  he- 
braica en  esta  es  muy  moderna.  Los  sephardim  no  creo  que  están  estable- 
cidos en  esta  mas  de  medio  siglo.  Hasta  el  mes  pasado  lo  que  había  es  una 
Sinagoga.  Hoy  hay  dos,  pero  en  ambas  no  hay  más  de  lóO  familias,  casi 
todas  comerciantes  de  esportación  y  en  buena  posición  en  la  plaza.  Las 
nacionalidades  son:  muchas  de  Bagdad,  Maruecos,  Gibraltar,  Corfú,  Creta, 
Salónica,  Stamboul,  Esmirna,  Holanda,  Bombay,  Alepo,  Siria,  Beirut, 
Italia,  Bulgaria,  Rumania  y  algunas  otras,  de  que  no  tengo  en  idea.  Por 
lo  presente,  ademas  del  comercio.  Be  ocupan  de  la  política  del  im  perio  \ 


379 

muchas  instituciones  de  caridad  etc.  Hay  fabricantes  de  algodones  y 
abogados  y  están  muy  respetados  en  el  pueblo.  Este  su  servidor  fué  ele- 
gido últimamente  representante  de  los  conservadores  de  Manchester,  en 
la  conferencia  nacional  de  los  conservadores  de  Inglaterra,  que  tendrá 
lugar  al  fin  del  mes  en  Southampton,  donde  el  Sr.  Balfour,  Primer  ministro 
del  imperio  atendrá.  Todos  tenemos  gozo  de  descender  de  aquellos  seño- 
ree desterrados  de  España  el  1492,  pero  nuestro  amor  y  ruegos  por  la 
prosperidad  de  España  es  tan  grande  que  cualquier  adelanto,  cualquier 
suceso  que  tenga  la  España  siempre  nos  regocija,  y  esperamos  el  día  que 
haya  tanta  libertad  en  ese  bendito  imperio  que  comparara  ventajosamen- 
te con  cualquiera  otra  nación. 

Acaba  de  fallecer  el  Sr.  Haim  Guedalla,  que  hace  algunos  años  estuvo 
en  correspondencia  con  Castelar  y  Cánovas  en  esta  misma  cuestión. 


En  su  muy  apreciado  libro  se  refiere  á  la  question  de  representantes 
de  España  en  el  estranjero,  pues  mucho  podia  utilizar  el  gobierno  á  aque- 
llos Judios  Españoles  que  empleados  en  el  comercio  y  conocidos  del  pue- 
blo podian  dar  mucho  beneficio  a  la  nación  y  extender  y  introducir  la 
industria  española.  Alemania,  Italia  y  otras  naciones  lo  hacen  ¿porque  nó 
España? 

Permítame  agradecerle  infinito  por  su  gran  interés  en  nuestro  favor 
pidiendo  al  Ser  Supremo  le  de  todos  sus  buenos  deseos. 

Italia. 

Ya  hemos  dicho  algo,  en  nuestra  parte  primera,  de  los 
israelitas  residentes  en  Italia,  y  debemos  ampliar  aquí  estas 
noticias. 

El  número  de  israelitas,  de  ambos  ritos  que  hay  en  Italia 
es  próximamente  de  36.000,  cantidad  proporcionada  que  expÜca 
no  se  haya  desarrollado  en  Itaüa  el  antisemitismo,  como  se  ha 
desarrollado  en  Austria,  donde  aquellos  suman  1.200.000;  en 
Alemania,  donde  cuentan  600.000,  y  en  Rusia,  donde  se  pasan 
de  5.000.000. 

Se  distribuyen  con  cierta  uniformidad  en  diferentes  regiones 
de  la  ItaHa  del  Norte  y  del  Centro.  Abundan  en  la  Toscana, 
donde  hay  2.543  judíos  por  millón  de  habitantes,  y  forman  un 
núcleo  compacto  en  Liorna;  son  menos  numerosos  en  el 
Piamonte,  menos  aún  en  Liguria  y  en  Lombardía,  y  apenas 
hay  en  las  islas,  sobre  todo  en  Sicilia,  donde  la  población 
israehta  flotante  se  eleva  escasamente  á  100  personas. 


380 


Los  judíos  italianos  son  poco  prolíficos;  el  85  por  100  ha- 
bita las  grandes  ciudades;  son  muy  numerosos  en  E,oma 
(7.121),  donde  su  origen  se  remonta  á  los  primeros  años  de  la 
cristiandad,  y  donde  acaban  de  inaugurar  una  bonita  sinagoga. 
Los  hay  en  Milán  (3.012),  Turí)i  (2.800),  Genova  (1.053),  Fe- 
rrara (1.227)  y  Mantua  (1.068). 

Han  dado  á  Italia  ministros,  generales,  profesores,  artistas, 

ciudadanos  ilustres  de  todas  clases. 
Forman  uno  de  sus  factores  socia- 
les más  activos,  ilustrados,  inteli- 
gentes, perseverantes  y  laboriosos 
en  todas  las  tareas  de  la  vida  pú- 
blica. 

Así,  por  ejemplo,  5.000  se  de- 
dican á  la  industria  y  al  comercio, 
350  á  la  banca,  329  ejercen  la  Me- 
dicina, 212  el  Derecho,  otros  prac- 
tican la  ingeniería,  el  periodismo, 
la  música,  la  pintura,  la  agricultu- 
ra,.., etc.  Como  en  Prusia,  como  en 
Rusia,  como  en  todas  partes,  mues- 
tran grande  interés  por  su  cultura 
y  presentan  menos  iletrados  que 
las  demás  clases  confesionales. 

Un  distinguido  sefardí  residente  en  Turín,  D.  Enrique  San- 
tiago Vidal  (Henri  Jacques  Vítale),  nos  ha  suministrado  algu- 
nos datos  referentes  á  los  de  origen  ibérico.  En  Turín  habrá  tal 
vez  unos  100,  cuya  procedencia  se  deduce  todavía  por  sus  nom- 
bres. Los  hay  también  en  varios  sitios  de  la  Italia  septentrional, 
en  la  Toscana,  y  muchos  son  procedentes  de  Soria  y  de  las  pro- 
vincias vascas.  Pertenecen  al  elemento  intelectual  y  social  eleva- 
do; algunos  ejercen  con  grande  reputación  profesiones  liberales. 
No  hablan  el  judeo- español.  Hay  comunidades  religiosas  de 
rito  español  en  Toscana,  donde  la  lengua  es  la  hebraica,  pero 
con  infiltraciones  españolas.  Aunque  todos  de  corazón  italianos, 
aceptarían  de  buen  grado  relaciones  con  su  antigua  madre 
patria. 

«Yo,  por  ejemplo  —nos  dice  el  Sr.  Vidal — me  felicitaría 


FiG.  101. 


-Nueva  sinagoga  de  Bo- 
ma. Exterior. 


381 

mucho  de  poder  restablecer  los  orígenes  españoles  de  mi  fami- 
lia, y  una  vez  hallados  consentiría  volver  á  España  para  confir- 
marlos. Esto  me  halagaría  mucho.» 

Hay  periódicos  israelitas  en  lengua  itahana:  entre  ellos 
mencionaremos  II  Vesillo  Israélitico,  revista  muy  interesante, 
que  se  publica  meusualmente  en  Cásale  Monferrato. 

No  cerraremos  esta  breve  información  sobre  los  sefardíes 
de  ItaHa  sin  aportar  un  testimonio  de  inmortal  renombre,  de 
■cuyo  glorioso  autor  conserva  palpitante,  nuestra  memoria,  el 
recuerdo;  con  quien  aprendimos  el  culto  á  la  patria,  servirla 
y  enaltecerla,  y  quien,  en  su  famosísima  contestación  á  Mante- 
rola  (12-IV-1869),  hizo  perdurable  la  siguiente  referencia  álos 
judíos  españoles  de  Liorna;  Castelar: 

« Señores  Diputados,  yo  no  sólo  fui  á  Roma,  sino  que  también 
fui  á  Liorna  y  me  encontré  con  que  Liorna  era  una  de  las  más 
ilustres  ciudades  de  Italia.  No  es  una  ciudad  artística  cierta- 
mente, no  es  una  ciudad  científica,  pero  es  una  ciudad  mercan- 
til é  industrial  de  primer  orden.  Inmediatamente  me  dijeron 
que  lo  único  que  había  que  ver  alh  era  la  sinagoga  de  mármol 
blanco,  en  cuyas  paredes  se  leen  nombres  como  García,  Rodrí- 
guez, Ruiz,  etc.  Al  ver  esto,  acerquéme  al  guía  y  le  dije: 
«Nombres  de  mi  lengua,  nombres  de  mi  patria»;  á  lo  cual  me 
contestó:  «Nosotros  todavía  enseñamos  el  hebreo  en  la  hermosa 
lengua  española,  todavía  tenemos  escuelas  de  español,  todavía 
enseñamos  á  traducir  las  primeras  páginas  de  la  BibHa  en  len- 
gua española,  porque  no  hemos  olvidado  nunca,  después  de 
más  de  tres  siglos  de  injusticia,  que  allí  están,  que  en  aquella 
tierra  están  los  huesos  de  nuestros  padres. »  Y  había  una  ins- 
cripción y  esta  inscripción  decía  que  la  habían  visitado  reyes 
españoles,  creo  que  eran  Carlos  lA''  y  María  Luisa,  y  habían  ido 
aUi  y  no  se  habían  conmovido  y  no  habían  visto  los  nombres 
españoles  alH  esculpidos.  Los  Médicis,  más  tolerantes;  los 
Médicis,  más  filósofos;  los  Médicis,  más  previsores  y  más  ilus- 
trados, recogieron  lo  que  el  absolutismo  de  España  arrojaba  de 
su  seno,  y  los  restos,  los  residuos  de  la  nación  española  los 
aprovecharon  para  aumentar  su  gran  ciudad,  su  gran  puerto, 
y  el  faro  que  le  alumbraba  arde  todavía  alimentado  por  el 
espíritu  de  la  hbertad  religiosa.» 


382 

Portugal. 

.Tenemos  especial  gusto  eu  presentar  con  alguna  detención 
al  Sr.  D.  José  BenoKel,  figura  literaria  distinguida,  verdadero 
honor  de  su  raza,  descendiente  de  españoles,  muy  encariñado 
con  los  recuerdos  y  destinos  de  la  patria  de  sus  abuelos  y  sig- 
nificado como  uno  de  los  más  brillantes  discípulos  y  profesores 
de  la  Alliance.  Perfecto  conocedor  de  los  idiomas  hebreo,  es- 
pañol, portugués,  francés,  judeo- español  y  algunos  otros  que 
no  recordamos,  sus  aficiones  literarias,  su  laboriosidad  y  su 
entusiasmo  por  servir  á  las  letras  lusitanas  y  españolas  le  han 
llevado  á  publicar  muchos  y  sobresalientes  trabajos  y  ayudar 
en  ios  suyos  á  literatos  españoles,  como  D.  Ramón  Menéndez 
Pidal,  por  ejemplo,  prestando  así  inestimables  ser\ácios  á  nues- 
tro idioma,  los  cuales  es  de  creer  premien  de  alguna  manera 
nuestros  Gobiernos  y  la  Academia  de  la  Lengua.  (V.  pág.  53). 

Nació  en  Tánger  en  Septiembre  de  1857,  y  poco  después 
tuvo  que  refugiarse  en  España  por  la  guerra  hispano-marroquí 
de  1859,  donde  residió  un  año,  parte  en  Algeciras  y  parte  en 
Tarifa,  y  donde  su  padre  hizo  trabajos  de  ingeniería,  y  pudo 
atender  con  ellos  al  sostenimiento  de  su  familia.  La  hospitali- 
dad que  esta,  y  otras  de  israelitas  tangerinos,  hallaron  en  nues- 
tra nación  fué  tan  grata,  tan  pródiga  en  simpatías  y  considera- 
ciones, que  no  se  borró  nunca  de  su  mente,  sin  embargo  de 
haberla  apreciado  siendo  tan  niño.  He  aquí  cómo  la  refiere: 

Contaba  yo  entonces  muy  pocos  años — nos  dice — y,  sin  embargo,  aun 
estoy  viendo,  con  increible  nitidez,  aquellas  santas  vecinas  mias,  hechas 
de  candorosa  ternura  y  de  inagotable  dedicación,  en  cuyos  brazos  pasaba 
yo  los  dias  y  las  noches,  atracado  de  dulces  y  golosinas,  y  comido  de  be- 
sos y  caricias. 

Fué  en  Tarifa  donde  un  domingo,  evadido  del  toril,  venia  en  deshe- 
cha carrera  un  toro  furioso,  por  una  callejuela  estrecha  y  larga,  donde 
todo  estaba  cerrado  á  la  sazón,  y  donde  entretenido  en  infantil  pasatiem- 
po, mi  hermano  Salomón,  con  ocho  años  de  edad,  hubiera  fatalmente  sido 
cojido,  si,  con  peligro  de  la  vida,  no  hubiese  acudido  un  arrojado  español 
que,  á  cuatro  pasos  de  la  fiera,  voló  hacia  él,  le  alzó  y  echó  por  la  clarabo- 
ya de  una  tienda,  salvándose  en  seguida  á  si  propio,  mientras  el  toro  que- 
daba un  instante  perplejo  y  asombrado  ante  tamaña  osadia,  ó  mas  bien 
contenido  por  una  fuerza  superior,  que  no  podia  permitir  que  se  perdiese 


I 


383 

la  preciosa  vida  de  quien  tan  denodadamente  la  exponía  por  la  de  un  ino- 
cente niño.  Nunca  nos  fué  dado  conocer  el  nombre  de  aquel  hombre  de 
bien;  pero  ¿que  importa  el  nombre?  Dios,  que  bien  le  conoce,  habrá  sabido 
enderezarle  las  sentidas  bendiciones  de  que  nuestra  gratitud  nunca  fué 
avarienta. 

La  gratitud,  señor  y  amigo  mió,  es  muchas  veces  el  único  recurso  de 
que  disponemos  para  de  algún  modo  corresponder  á  la  bizarría  de  nues- 
tros bienhechores,  y  puede  V.  creer  que  no  se  la  regateamos. 

De  ello  dio  bastantes  pruebas,  en  aquellos  mismos  tiempos,  un  tio  de 
mi  padre,  llamado  Judah  Benoliel,  que  siendo  algo  músico  y  no  poco  poe- 
ta, (enfermedad  de  familia,  y,  según  creo,  incurable),  se  nos  salia  frecuen- 
temente con  alguna  poesia,  ya  de  loores  para  España  y  sus  hijos,  ya  de 
chistosos  motejos  contra  los  de  Gibraltar,  que,  en  materia  de  hospitalidad, 
leian,  como  es  sabido,  por  una  cartilla  á  bien  decir  rudimentarisima.  Ju- 
díos y  cristianos  cantaban  con  igual  afán  aquellas  sencillas  trovas,  sin  que 
á  nadie  se  le  ocurriese  la  idea  de  conservarlas  por  escrito.  A  una  de  ellas- 
servia  de  estribillo  la  siguiente  copla: 

Viva  España  y  la  Corona! 

Viva  la  reyna  Isabel, 

Que  tanto  bien  está  haciendo 

Con  el  pueblo  de  Israel! 
Una  de  las  satíricas  principiaba  del  siguiente  modo: 

Un  dia,  por  mi  desgracia, 

Me  presenté  en  Gibraltar, 

Pero  al  ver  mis  blancas  barbas 

No  me  dejaron  entrar. 
Y,  aludiendo  á  España,  decia  mas  adelante: 

En  esta  tierra,  Señores, 
^       Todos  vivimos  contentos. 

Sin  licencias,  ni  etiquetas, 

Ni  inspectores,  ni  sargentos. 

Educado  en  la  escuela  de  la  Alianza  Israelita,  en  Tánger^ 
pasó  en  1872  á  la  de  París,  donde  concluyó  sus  estudios  y  ob- 
tuvo diploma  de  profesor.  En  1876  fué  enviado  á  Mikweh, 
cerca  de  Jaffa,  la  cual  dejó  dos  años  más  tarde  por  falta  de 
salud.  Pasó  después  algún  tiempo  en  Tánger,  Mogador  y  Gi- 
braltar, y  por  último  se  estableció  en  Lisboa,  cuyo  clima  sentó 
bien  á  su  naturaleza,  y  cuyo  trato  social,  urbano  y  fino,  agradó 
sobremanera  á  sus  sentimientos. 

Ejerció  aquí  el  Magisterio,  fué  nombrado  en  1888  profesor 
oficial  de  la  Escuela  Industrial  Marqués  de  Pombal,  abrió  un 
curso  de  lengua  hebrea  en  enseñanza  superior,  explicó  cátedras 
en  el  Liceo  Central  y  se  consagró  con  alma  y  vida  á  la  cultura 


2S4 

lusitana,  naturalizándose  en  el  vecino  reino  y  procurando  ser- 
vir al  idioma  y  á  los  intereses  de  su  nueva  patria.  También  ha 
prestado  valiosos  servicios  á  la  Academia  de  la  Historia  de  Es- 
paña, por  los  cuales  fué  nombrado  Caballero  de  Isabel  la  Ca- 
tólica. 

Ha  publicado  algunas  obras:  dos  didácticas:  Fraseología 
francesa,  aprobada  por  el  Consejo  de  Instrucción  pública  y 
destinada  á  la  instrucción  secundaria,  y  Elementos  de  Gramá- 
tica francesa;  otras  literarias:  Ltjricas  de  Luis  de  Camoes,  Ecos 
da  Solidao,  fábulas  de  Lokman  (traducidas  en  portugués  y  en 
versos  hebreos),  Episodios  de  Inés  de  Castro,  Gigante  Adamas- 
tor,  Vasco  de  Gama  (poema),  pubUcado,  como  el  anterior,  por 
la  Sociedad  de  Geografía  de  Lisboa.  Tiene  entre  manos,  con  el 
Sr.  Ailland,  de  París,  un  diccionario  francés-portugués  y  vice- 
versa; es  inventor  de  una  máquina  para  la  escritura  de  los  cie- 
gos, ha  sido  honrado  con  sus  títulos  por  varias  Corporaciones 
científicas,  como  la  Sociedad  de  Geografía  de  Lisboa,  el  Insti- 
tuto de  Coimbra,  el  Comité  de  la  Liga  Portuguesa  de  la  Paz, 
la  Asociación  Real  de  Arquitectos  Civiles  y  Arqueólogos  Por- 
tugueses..., etc.,  y  los  compatriotas  de  Tánger  le  citan  con  or- 
gullo por  su  talento,  su  erudición  y  su  conocimiento  de  idiomas. 

«Es  el  que  más  descuella  entre  las  ilustraciones  de  Marrue- 
cos», nos  dice  Pinhas  Asayag,  cuyo  juicio  tanto  vale.  «Es  el 
primer  autor  que  se  haya  atrevido  á  traducir  al  idioma  hebrai- 
co las  Liiisiadas,  de  Camoens,  y  sobre  todo  en  versos  cuya 
belleza,  elegancia  y  corrección  le  han  vaÜdo  elogios  por  parte 
de  los  más  competentes  hebraístas.  Traducido  á  casi  todos  los 
idiomas,  hasta  el  chino,  nunca  lo  había  sido  al  hebreo,  á  causa 
de  las  muchas  dificultades  que  ofrecía  la  empresa.  Es  muy 
exacta  la  versión  y  se  distingue  por  su  pureza  y  exactitud.» 

Las  fábulas  de  Lokman  contienen  el  texto  árabe  seguido 
de  una  traducción  en  versos  habraicos  de  extraordinaria  varie- 
dad. El  lenguaje  es  purísimo  también;  sus  ritmos,  cadencias  y 
formas  nada  dejan  que  desear,  y  le  acreditan  de  ser  un  orien- 
talista eminente. 

He  aquí  algunos  datos  sobre  los  israelitas  españoles  de  Por- 
tugal debidos  al  Sr.  Benoliel: 


385 


Los  israelitas  en   Portugal. 

Independientemente  de  los  procedentes  de  la  Europa  central  ó  septen- 
trional, que  ni  forman  entre  si  Káhal  (comunidad),  ni  se  asocian  al  exis- 
tente, ni  siquiera  se  nos  revelan  sino  en  circunstancias  excepcionales 
óbito,  nacimiento  de  hijo 
varón,  consorcio  con  Judia 
del  país— lo  que,  en  mi  con- 
cepto, es  tan  censurable 
como  perjudicial, — los  Is- 
raelitas, manifiestamente 
organizados  en  comunidad 
religiosa  en  Portugal,  son 
todos  del  rito  sefardí,  y  di- 
manan directa  ó  indirecta- 
mente de  Marruecos,  vi- 
niendo unos  de  Tánger, 
Tetuan,  Rabat,  Mogador, 
etcétera,  siendo  otros  des 
cendientes  de  los  que  de 
aquellas  ciudades  se  fue- 
ron á  establecer  en  las  is- 
las Azores  ó  de  Cabo  Ver- 
de, y  procediendo  otros  de 
Gibraltar,  cuyos  vecinos 
judíos,  no  obstante  su  pue- 
ril y  disculpable  jactancia 
de  europeos,  son,  como  es 
sabido,  de  origen  marroquí 
aún  reciente. 


FiG.  102. — Interior  de  la  nueva  sinagoga  ile  Boma. 


De  400  almas  aproximadamente  se  compone  todo  el  elemento  hebreo 
de  Portugal,  no  contando,  esta  clase,  los  que,  p?ra  no  serlo,  ocultan  su 
creencia  y  raza,  residen,  por  la  mayor  parte,  en  Lisboa,  pocos  en  Faro,  al- 
gunos en  Evora,  Oporto,  Azores  y  posesiones  de  África;  saben  casi  todos 
el  español,  usándolo  muchos  en  familia,  ó  unos  con  otros;  todos,  en  sus 
ketubbol  (actos  matrimoniales)  se  reconocen  como  hijos  de  los  Israelitas 
expulsados  de  Castilla,  y  en  sus  ritos,  costumbres,  apellidos,  tradiciones, 
etcétera,  en  nada  se  distinguen  de  los  Judios  de  origen  idéntico. 

Es  el  comercio  la  ocupación  á  que  se  dedica  el  mayor  numero,  sobre- 
saliendo en  este  ramo  varios  nombres,  como  los  de  Bensaude,  Levy,  Bu- 
zatlo,  Amzalak,  Seruya,  Azulay,  Sequerra,  Amram,  Abecasis,  Anahory, 
Añalo,  etc.,  algunos  de  ellos  banqueros  ó  directores  de  bancos;  jefes  de 
importantes  explotaciones  industriales  ó  agrícolas;  directores  de  compa- 
ñías de  navegación,  etc. 

Las  profesiones  liberales  cuentan  entre  los  Israelitas  protugueses  un 


386 

contingente  de  adeptos  relativamente  crecido.  Citaré  entre  otros  los  seño- 
res Dr.  Kaul  Bensaude,  establecido  en  París,  donde  goza,  como  medico, 
de  una  reputación  tan  distinguida  como  justamente  merecida;  Dr.  Altias, 
que  ejerce  en  Lisboa,  donde  es  considerado  como  hábil  y  estudioso;  Pro- 
fesor Alfredo  Bensaude,  insigne  mineralogista,  cuyos  trabajos  en  crista- 
lografía son  muy  apreciados  en  el  mundo  cientifico,  y  que  rije  en  el  Insti- 
tuto Comercial  é  industrial  de  Lisboa  una  cátedra  de  aquella  especialidad; 
su  hermano  el  ingeniero  Joaquín  Bensaude,  Alfredo  Benarus,  profesor  de 
dibujo  y  pintura  en  la  escuela  Industrial  de  Habreyas  (Lisboa;  Jacob 
Bensabat,  profesor  de  ingles  en  el  Liceo  de  Oporto,  y  autor  de  importan- 
tes obras  de  enseñanza;  los  saraggas,  hebraisantes  eméritos  que  fueron;  el 
que  escribe  estas  palabras  y  que  también  ocupa  una  cátedra  en  la  escuela 
industrial  Marques  de  Pombal;  el  primoroso  poeta  Miguebuse,  Aarao  Co- 
hén y  su  hermano  y  distinguido  sabio  David  Cohe  n,  ambos  fallecidos  en 
la  flor  de  la  edad,  etc. 

Algunos  también  se  consagran  á  profesiones  manuales,  y  todos  gozan 
en  Portugal  de  consideración  y  estima  por  «u  actividad^  correctísimo  pro- 
ceder é  instrucción,  generalmente  superior  á  la  mediana,  no  habiendo  en- 
tre ellos  analfabetos,  y  muchos  poseyendo  á  fondo  cinco  ó  seis  idiomas, 
como  el  Sr.  Abraham  Anahory,  D.  Isaac  Levy,  director  de  la  importante 
casa  comercial  Levy  &  C.'%  que  poseen  todas  las  lenguas  latinas,  el  inglés, 
el  alemán,  el  árabe  y  el  hebreo. 


A  Portugal  fueron  viniendo  Judies  de  Gibraltar,  en  cualidad  de  ingle- 
ses, desde  principios  del  siglo  pasado  ó  fines  del  antepasado,  pues  j'a  en 
1801,  para  la  inhumación  de  sus  difuntos,  obtenían,  en  el  cementerio  in- 
glés La  Estrella,  un  pedazo  de  terreno  donde  se  ven  lapidas  con  fecha 
de  1804. 

Ya  desde  aquella  época  figuraban  honrosamente  entre  los  negociantes 
de  la  Capital  los  Levy  y  los  Cardozo,  á  quienes  se  debió,  durante  una 
grande  hambre,  el  servicio  de  la  importación  de  cereales  para  el  abasteci- 
miento del  pais. 

En  1813,  el  rabbino  Abraham  Dabella  fundaba,  con  el  nombre  de 
«Sha'ar  Hashamaim^,  en  el  Beco  áaLínheira  (hoy  Travessa  do  Ferregial), 
una  pequeña  sinagoga,  que  aun  existe  en  el  mismo  lugar,  con  el  nombre 
de  «Es  Haim  Ií>'. 

Abolida  definitivamente  la  inquisición  en  Portugal  (1821),  era  poco  des- 
pués (1826)  establecida  por  la  Carta  Constitucional  la  tolerancia  (sino  la 
libertad)  de  cultos,  lo  que  facilitó  la  venida  de  Judíos  de  Marruecos,  au- 
mentando la  colonia  á  punto  de  ser  precisa  la  creación  de  otra  synagoga 
en  la  Travesia  da  Palha  (que  mas  tarde  fué  transferida  al  Beco  dos  Apas- 
tólos, donde  permaneció  hasta  el  18  de  mayo  de  1904,  en  que  sus  frecuen- 
tadores y  todo  lo  que  contenia  se  pasaron  á  la  nueva  sinagoga,  de  que  mas 
adelante  hablaré),  y  la  compra  de  mayor  terreno  en  la  Estrella,  para  ser- 
vir de  cementerio  á  Abraham  de  José  Pariente,  subdito  ingles,  á  su  fami- 


387 

lia  y  otras  personas,  y  que  constituyó  el  viejo  cementerio  israelita,  hoy 
cerrado,  y  todo  ya  ocupado  por  160  tumbas  aproximadamente. 

El  actual  cementerio,  muchisimo  mas  extenso,  todo  cercado  de  muro, 
admirablemente  tratado,  plantado  de  arboles  frondosos  y  variadas  flores, 


PiG.   103.— Nueva  sinagoga  de   Lisboa. 


con  casa  edificada  para  servicios  fúnebres,  residencia  de  un  guardia,  etc., 
con  gas  en  todas  sus  avenidas,  agua  canalizada,  y  todas  las  ventajas  y 
comodidades  requeridas  en  esta  especie  de  establecimientos— todo  esto 
debido  al  zelo,  actividad  y  talento  de  la  benemérita  sociedad  de  Guemütit 
Hassadim—taé  comprado  por  la  Colonia  Israelita  en  1665,  y  aplicado  á 
su  destino  desde  1868,  en  virtud  de  una  autorización  (alvará)  del  Gobierno 
portugués,  firmada  por  el  Rey  D.  Luis  I,  y  rubricada  por  el  Obispo  de 
Vizeu,  D.  Antonio  Alves  Martins,  entonces  Ministro  de  la  Gobernación  y 
presidente  del  Consejo. 

Hasta  16  años  á  esta  parte,  muchasJfueron  las  tentativas  que  se  hicie- 
ron para  organizar  la  colonia  israelita  en  comunidad,  y  centralizar  sus  vii- 
ferentes  y  múltiples  servicios,  pero  todas  resultaron  infructíferas.  Cada 
sinagoga  se  administraba  á  si  propia  conforme  podia;  sus  frecuentadores 
pagaban  un  hazzan  (ministro  oficiante)  y  el  alquiler  de  casa;  cada  sociedad 


388 

de' beneficencia  era  autónoma,  y  solo  era  común  el  cementerio  y  la  shehitá 
(matanza  de  reses),  si  bien  esta  última  podia  considerarse  como  industria 
particular,  pues  los  hazzanim,  siendo  al  mismo  tiempo  shohatim,  mas  no 
recibiendo  por  este  servicio  un  sueldo  determinado,  se  remuneraban  de 
su  trabajo  por  medio  de  un  ligero  impuesto  que  cada  consumidor  pagaba 
por  kilo  de  carne. 

(El  mal  estado  de  su  salud  impidió  al  Sr.  Benoliel  comple- 
tar esta  detenida  reseña.) 


CAPÍTULO  V 


Rumania. — Bucarest.  Informes  de  E.  Bejarano  y  Lázaro  Ascher. — Rosiori.  Infor- 
me de  M.  Gañy.  —  Romances  El  Nauiguero  y  La  Reina  Pecac/ora.  —  Calarasi.  In- 
forme de  H.  Canetti. — Constanza.  Carta  del  V.  D.  Gabriel  Tuvy,— Servia. — Bel- 
grado. Informe  de  Benko  S.  Davitscho.  — Suiza.  — Turquía  Europea.  Constanti- 
nopla.  Informes  de  David  Rousso  y  M.  Fresco.  —  Reunión  Hispanófila  de  Cons- 
tantinopla.-  Los  israelitas  españoles  de  Constantinopla. — Las  Escuelas  Israe- 
litas. 

RUMANÍA. 

En  nuestro  anterior  libro  Los  Israelitas  Españoles,  hemos 
publicado  interesantes  cartas  de  los  Sres.  Bejarano,  Ascher  y 
David  Bally,  de  Bucarest,  las  cuales  contienen  noticias  abun- 
dantes acerca  de  los  sefardim  de  Rumania,  sus  sinagogas, 
escuelas,  comunidades,  etc.,  etc.,  y  á  ellas  remitimos  al  lector, 
por  no  reproducir  en  esta  obra  lo  ya  publicado  en  aquella. 
Hay  1.600  israelitas  españoles,  dos  sinagogas  y  dos  escuelas; 
no  hay  periódico  judeo-español;  se  habla  en  las  familias  el 
judesmo;  en  las  escuelas  confesionales  se  traduce  la  Biblia  al 
rumano  y  al  español,  y  los  judíos  españoles  gozan  de  más  con- 
sideraciones nacionales  que  los  polacos.  Hay  comunidades  es- 
pañolas, además  de  estas  de  Bucarest,  en  las  ciudades  Craiova, 
Turnu-Severin,  Calafal,  Corabia,  Ploiesti,  Giusgiu,  Constanza 
y  Calarasi,  y  en  todas  partes  las  comunidades  están  organiza- 
das como  en  la  capital.  En  la  Mundenia  hay  también  algunas 
ciudades  con  familias  españolas,  aunque  pocas. 

Publicaremos  algunas  correspondencias  de  fecha  posterior 
á  las  allí  publicadas. 


390 

Bucarest. — Del  distinguido  D.  Enrique  Bejarano  es  la  si- 
guiente, que  muestra  el  mismo  estilo  lisonjero,  cortés  y  tierno 
de  su  ya  publicada  correspondencia,  y  sobre  el  cual  fijaron  su 
atención  muchas  personas,  á  partir  del  mismo  Nordau.  Tiene 
sin  duda  el  erudito  director  de  la  escuela  española  de  niños  de 


FiG.  104.  —  Escuela  israelita  española  de  Bucarest. 

Bucarest,  una  personalidad  literaria  muy  interesante,  y  en 
pocos  judíos  aparece  el  ladino  tan  simpático  y  atrayente  como 
en  sus  escritos. 


Me  hallo  en  Campiña  (cerca  de  Ploesti)  ciudad  pequeña,  cuyo  clima  es 
bien  dulce,  para  recobrar  mis  fuerzas  ruinadas  á  causa  de  mi  laboro  peni- 
ble  que  me  ha  rindido  muy  anímico  y  flaco. 

A  pesar  del  orden  imperioso  de  mi  medico  de  consacrarme  al  sosiego 
y  no  laborar  por  algún  tiempo,  no  obstante  no  puedo  resistir  al  deseo  ar- 


391 

<Uente  de  escribirle  mi  presente  carta,  por  agradecerle  cordialmente  por 
haberme  manifestado  tanta  afección  y  hacer  conocer  mi  humilde  y  oscura 
persona  á  todo  lo  que  España  tiene  de  ilustre,  al  cuerpo  académico,  quien 
se  dignó  nombrarme  miembro  correspondiente.  Es  pues  á  Vd.,  Ilustre 
Señor,  que  mi  raza  debe  esa  honra,  manifestada  á  un  Israelita  después  de 
mas  de  cuatro  siglos  pasados. 

De  mismo  le  soy  muy  grato  de  los  votos  que  Vd.  y  su  noble  familia, 
forman  por  el  casamiento  de  mi  querida  hija  Kosa  con  el  joven  Segall. 
Espero  en  Dios,  que  ellos  serán  realizados,  pues  que  salen  de  un  corazón 
sincero  como  el  de  Vd.  manadero  de  bendición  y  de  bondad! 

Séame  indulgente,  Excmo.  Señor  de  hablarle  algo  sobre  su  santa  em- 
presa que  tanto  lo  preocupa  desde  un  año . 

Digo: 

Todo  el  mundo  devino  observador  de  los  sucesos  de  actualidad,  una 
partida  dirige  sus  ojos  sobre  los  evinimientos  tristes  del  extremo 
Oriente. 

Observadores  curiosos  miran  con  sangre  fría,  la  sangre  caliente  y  ino- 
ciente  que  corre  sobre  el  campo  de  guerra,  sin  pensar  á  las  victimas,  que- 
nes  dejan  sus  cadavres  á  los  animales  de  prea  cuyo  vientre  es  sus  entie- 
rro; dejan  viudas  tiernas,  huérfanos  infelices  y  genitores  desconsolados!!! 
Todos  esos  desastres  los  asechan  con  hielor!  Nadie  se  pone  por  dar  fin  á 
esa  desdicha!!  Desean  ver  combatir  a  los  rivales  por  que  ambos  ellos  sean 
aflacados.  ¡Ay  que  egoísmo  maldicho! 

Mientres  que  aquellos  se  placen  a  ver  con  aquel  egoísmo  condenado,  loe 
desastres  de  la  guerra  actual,  que  Dios  sabe  cuando  se  acabara  y  á  quien 
sera  la  victoria,  otra  parte  de  gente,  hombres  de  corazón,  admiran  y  cele- 
bran con  entusiasmo  la  acción  humana  de  Vd.  Ellos  ven  con  un  vivo  pla- 
cer que  lo  que  no  pueden  hacer  miles  de  cañones  en  aquel  lugar  sinistro, 
Vd.  lo  hace  en  su  patria  con  su  péndola  aguda  con  unas  cuantas  gotas  de 
tinta! 

Si,  querido  Señor,  Vd.  con  sus  artículos  patrióticos,  con  su  estilo  dul- 
ce, suave,  convertió  tantos  miles  de  hombres  á  los  sentimientos  de  her- 
mandad; ata  los  corazones  de  dos  pueblos,  con  lazo  de  amor;  busca  con 
cariño  la  fraternidad  y,  espero  en  Dios  que  lograra  del  buen  éxito  de  su 
deseo  patriótico. 

Todo  el  mundo  civilizado  lo  felicita!  Admiran  con  migo,  su  zelo  sin 
ejemplo!  Cuando  todo  el  mundo  goza  de  la  belleza  de  la  natura,  Vd.  se 
ocupa  con  escribir  sus  articolos  que  brillan  como  el  sol  bienhechor  y  rani- 
man  el  alma.  «Quiero  servir  mi  patria,  dice  Vd.,  nada  demás!  «Esa  fatiga 
legítima  afresco  mi  corazón  mas  que  todos  los  sosiegos  que  otros  gozan, 
es  su  dictamen! 

Es  una  verdadera  alegría  de  ver  cuanto  efecto  sus  palabras  hizieron  en 
todo  el  mundo.  Xo  digo  de  los  periódicos  españoles  de  grande  sentada 
que  aplauden  su  idea;  no  hablo  de  los  periódicos  serios  de  Oriente  que 
consacran  articolos  llenos  de  amistad,  y  celebran  el  nombre  de  Vd.  como 
un  ángel  del  Cielo;  pero  lo  que  me  encanta  mucho  es  que  muchisimas 


392 

personas  de  alta  importancia  de  los  paises  ajenos  me  escriben  cartas  lle- 
nas de  cariño,  y  de  alabanza  por  Vd.  por  el  ideal  de  su  empresa. 

Me  permito  pues  de  citarle  algunos  pasajes  que  conserna  á  nuestra 
cuestión. 

Don  C.  A.  Menendez  de  Habana  después  de  haberme  escrito  una  car- 
ta anterioramente  referente  á  la  ilustre  persona  de  Vd.,  me  escribe  aun 
con  fecha  14  Julio  lo  siguiente: 

«Mucho  celebro  que  mis  ilustrados  compatriotas  hayan  reconocido  en 
Vd.  cuanto  representa  en  el  mundo  intelectual  y  hayan  tenido  la  buena 
idea  de  hacer  a  Vd.  su  asociado  y  compañero  de  letras  del  Templo  de  la 
sabiduría ^ 

«Después  que  mis  compatriotas  de  ilustración  den  fama  á  los  ilustra 
sdos  israelitas  que  descienden  de  nuestra  raza  confío  que  el  Gobierno,  ee- 
» güera  ¡os  consejos  del  muy  Ilustra  patriota  Dr.  Ángel  Pulido,  y  los  pro- 
>tegerá  para  ayudar,  mismo  con  sacrificios  á  la  propaganda  del  idioma  es- 
pañol por  todos  los  paises  donde  existen  sucesores  de  los  Israelitas  que 

sfueron  españoles Pues  no  dudo  que  poco  á  poco  se  arraigue  la  idea 

>en  mi  patria,  de  que  es  preciso  que  el  idioma  nacional  se  desfunda  por  to- 
»dos  los  ámbitos  de  la  tierra,  como  esto  procediendo  muy  cuerdamente 
»nuestra  viMna  la  España.» 

«5¿  esto,  que  seria  la  grandeza  y  la  honra  de  mi  patria,  no  se  llegara  á 
efectuar  en  ])roxima  época,  los  Gobiernos  nacionales  debrian  ser  maldicidos 
y  despreciados  de  todo  buen  español.-» 

Señor  Don  A.  Z.  López  Penha  de  Barranquilla  (República  de  Colombia 
Sud  America)  con  fecha  de  6  Julio  1904,  me  escribe  una  carta  llena  de 
buenos  sentimientos,  entre  otras  dice  lo  siguiente: 

«Perdone  que  rae  derige  á  Vd.  desde  mi  oscuridad,  pero  lo  hago  con 
el  mas  puro  de  los  afectos  e  inspirado  en  mi  admiración  por  Vd.  gracias 
á  los  articolos  tan  preciosos  del  Ilustre  y  Excentisimo  Doctor  Don  Ángel 
Pulido  que  he,  hasta  ahora,  leedo  en  la  Ilustración  de  Madrid,  etc.,  etc..» 

<i Espero  que  los  nobles  esfuerzos  del  eminente  sabio  Señor  Dr.  Pulido  ten- 
dran  valorosos  frutos  en  pro  de  Israel  y  de  la  querida  Esparía,  que  bien  caro 
pagó  las  iniquidades  y  los  errores  de  sus  antiguos  hombres  de  Estado. » 

«Yo  también  conservo  vivo  cariño  á  este  recuerdo.  Y  es  una  prueba 
de  ello  que  á  pesar  de  ser  natural  de  la  isla  de  Curasao,  posesión  holande- 
sa, en  las  Antillas,  siempre  he  preferido  escribir  en  español.» 

Digamos  de  pasada  que  Señor  A.  L.  Penha  es  un  poeta  de  grande  ce- 
lebredad,  autor  de  muchas  obras  y  proprietario  del  «Siglo»  periódico  ex- 
celente que  aparece  en  Barranquilla,  y  goza  de  una  estima  universal. 

Don  R.  Monner  Sans  de  Buenos  Ayres.nn  ilustre  sabio  y  felolologo  de 
grande  estima,  en  su  carta  fecha  de  7  Julio  celebra  con  entusiasmo  las  le- 
tras que  V.  publica,  letras  que  las  lee  con  gran  satisfacción  y  envóca  la 
bendición  de  Dios  sobre  el  buen  succeso. 

Lo  queria  comunicarle  á  V.  la  idea  de  aprobación  que  muchos  otros 
sabios  de  ajeno  me  e&creben,  pero  temo  de  no  abusar  de  su  alta  bondad  y 
le  notifico  solamente  lo  que  menciona,  afin  de  darle  una  prueba  de  mas 


393 

que  todo  el  mundo  civilisado  esperan  con  despacencia  ver  el  buen  resul- 
tado de  su  empresa  santa! 

El  proyecto  de  apel  que  Y.  publico  en  el  Diario  (nacional)  me  hizo  llo- 
rar lagrimas  de  alegría.  ¡Ah  que  términos  dulces!  Que  palabras  consolade- 
ras!  Que  llamada  cariñosa!! 

Créame,  Ilustre  amigo,  que  leendo  aquella  llamada  paterna  yo  cae  so- 
bre mi  mesa,  en  una  reflexión  profunda  y  me  emaginaba  que  era  un  pro- 
feta que  hacía  aquel  apel!  Yo  me  figuraba  oir  Tsaía  diciendo  (Isaia  60  V.  4): 
Alza  al  rededor  tus  ojos  y  mi- 
ra á  tus  hijas  y  tus  hijos  venir  — . 

hacia  ti,  de  lejos,  etc! 

Adelante,  querido  Señor, 
ángel  de  Dios!  Son  cerca  los 
dias  en  los  cuales  Y.  vera  el 
fruto  de  su  obra! 

De  nuestro  distingui- 
do amigo  D.  Lorenzo  As- 
cher,  rico  propietario,  ex- 
banquero, bienhechor  de 
sus  correligionarios,  y  per- 
sona de  grande  ilustración , 
publicamos  ya  notal>l-  ~ 
cartas,  cuyo  contenido  ha 
sido  estimado  por  escrito- 
res de  nuestro  país.  De  su 
correspondencia  posterior 
publicaremos  los  siguien- 
tes fragmentos: 

Muchas  gracias  por  su  re 

trato,  cual   nos  causo   un  gozo        ^IG.  laS.— D.  Lázaro  Ascher,  rico  propietario 

!•     1  1      ,1        -,  .1  V  e.xbaTiqnero  de  Bucarest. 

inesplicable.  Al  recibo,  estando  ^  ^ 

solo  en  casa  profité  de  la  oca- 

cion  y  fué  por  encuadrarlo,  después  de  una  hora  lo  mostré  á  mi  familia; 

era  de  ver  con  que  gusto  corrieron  por  veerlo,  y  en  pasándolo,  de  en  mano, 

en  mano,  cada  una  decia  su  parecer,  que  hermoso!  se  le  vee  la  bondad  en 

la  cara!  parece  á  fulano  Señor,  si  ya  parece,  tamien  asemeja  á  tal  Señor 

(amigos  nuestros).  Yo  les  dije:  verdad  dijisteis;  lo  mas  justo  es  que  parece 

á  si  mismo. 


La  nueva  que  la  Real  Academia  de  la  lengua  nombra  Correspondiente 
á  nuestro  amigo  Don  E.  Bejarano  me  causo  gran  gusto.  Este  titulo  tan 
bien  merecido  y  primer  fruto  de  la  patriótica  y  brillante  obra  de  Usted  , 


394 

será  un  gran  honor  no  solo  para  nuestro  amigo,  si  también  para  todos 
mis  coreligionarios  en  general  y  los  israelitas  españoles  en  particular; 
ademas  según  dice  Usted,  que  será  el  primero  hebreo,  que  ía  Academia 
Española  concede  este  honor.  Este  Señor  me  dice  ya  escribió  á  Usted,  su 
callada  entre  este  tiempo  es  de  atribuir  a  las  ocupaciones  tiene  por  los 
examines  de  los  elevos  de  la  escuela  que  ya  se  cercan. 

Veo  con  mucho  placer  el  libro  de  Usted  ya  comenza  á  producir  su  efec- 
to, y  repito  mis  votos  á  que  esta  brillante  obra  de  Usted  y  sus  esfuerzos 
sean  de  un  complido  suceso. 


Por  contentar  á  su  deseo  de  saber  algunos  datos  de  los  examenes  de 
nuestras  escuelas  me  permito  dicirle  lo  siguiente.  Nuestros  alumnos  y 

alumnas  después  de  haber  sido  examinados 
en  las  ciencias  y  conocencias  necesarias  para 
la  vida  humana,  a  las  cualas  casi  todos  res- 
.  pondieron  en  modo  admirable,   ellos  fueron 

^pHkk  examinados  también  en  la  santa  Biblia.  Era 

^  ^^^m  \        curioso  verdaderamente  de  ver  con  que  agili- 

[^        Hf  dad  trasladaban  en  puro  castellano  los  pasa- 

ges  poéticos  de  la  sagrada  escritura,  malgra- 
do  el  poco  uso  que  tienen  de  hablar  corecta- 
mente  en  eí  seno  de  la  familia.  Mucho  hace- 
mos por  que  este  idioma  tan  dulce  de  nuestra 
patria  madre  no  se  depierda  con  todo  que  han 
pasado  cuatro  siglos  sobre  nosotros. 


FiG.  106. — Doña  Thamarad 
Ascher,  esposa  de  D.  L.  As- 
oher  (Bucarest). 


Nuestro  amigo  D.  Bejarano  está  de  mas 
mucho  tiempo  enfermo,  ahora  ya  está  mejor, 
y  en  pocos  dias  podra  entrar  en  sus  ocupacio- 
nes. El  Excmo  Don  Antonio  Sánchez  Moguel 
visito  nuestra  ciudad,  y  tuve  el  honor  de  hacer  su  conocencia.  Ese  erudi- 
to é  ilustre  Señor,  hombre  de  corazón,  estuvo  todo  el  tiempo  cerca  de 
Sr.  Bejarano,  compatisandopor  su  infermedad,  le  hice  ver  Jos  alumnos  de 
la  escuela,  examinándolos,  D.  Sánchez,  decia  en  hebreo,  y  los  alumnos  tra- 
ducían en  español  á  su  gran  satisfacción.  Siento  mucho,  que  por  falta  de 
mi  familia  de  aqui,  y  la  casa  aun  en  reparación,  estando  todo  en  desorden, 
no  lo  pude  introducir  cerca  de  mi  familia.  Según  le  escribí  á  Usted  de 
Zajzon  (Hungría),  la  Union  Ibero-Americana  me  envió  2  tomos  de  actas 
del  Congreso  Hispano  Americano  y  otros,  sobre  cualo  respondí  según  la 
copia,  aqui  inclusa,  no  sé  si  la  recivierou. 


Lo  siguiente  corresponde  á  esta  comunicación  dirigida  á  la 
Unión  Ibero- Americana: 

Mi  permito  á  manifestarles,  que  la  labor  realizada  por  su  honorable 


395 


Sociedad  expuesta  en  la  Memoria  correspondiente  al  afio  1903  merece 
toda  alabanza,  y  de  todos  mucho  apreciada,  que  ruego  recibir  mis  since- 
ras felicitaciones.  Concerniente  a  la  opinión  que  de  mi  gusta  saber,  lo 
siento  mucho  por  causa  mi  falta  de  conosimiento,  no  puedo  satisfacer  su 
solicitación.  Mi  atrevo  á  hablar  algo  sobre  las  relaciones  comerciales,  que 
su  pais  tiene  con  el  nuestro  pais,  cuyos  son  tan  pocos,  que  se  puede  decir, 
no  existen.  La  exportación  de  España  en  el  año  1901,  fué  de  706,200,3áS 
Pesetas,  en  cuala  la  Rumania  (según  nuestra  estadística  oficial)  entra  en 
el  mismo  afio  con  cerca  100  toneladas.  Mi  demando,  porque  tampoco  é  in- 
significado?  pensó  que  una  de  las  razones  sera  el  mancamiento  de  conosi- 
miento hay  entre  nosotros.  El  ilustre  patriota  Doctor  Ángel  Pulido,  pro- 
motor del  sublime  y  patriótico  escopo,  que  por  intereses  nacionales  entró 
en  relación  con  mis  correligionarios  israe- 
litas españoles  de  todas  cuatro  partes  del 
mundo,  haciendo  que  nos  conoscamos,  es  de 
gran  valor  y  utilidad  para  el  comercio  con 
su  pais.  Cada  hijo  del  noble  España  debe 
aplaudir  y  dar  ayuda  á  esta  patriótica  obra 
del  ilustre  Don  Pulido.  Y  nosotros  los  israe- 
litas españoles,  aunque  nos  confirmamos 
tras  el  sesudo  refrán  español  <En  cada  tie- 
rra su  uso,  y  en  cada  casa  su  costumbre  >' 
quiero  decir  que  nos  arreglamos  politica- 
mente á  los  usos  y  costumbres  de  los  para- 
jes donde  vivimos,  también  debemos  dar 
ayuda  a  esta  grande  idea,  si  como  somos 
descendientes  de  nuestros  antepasados  que 
fueron  también  hijos  del  noble  España,  y 
que  después  de  cuatro  siglos  ainde  habla- 
mos el  castellano,  conservando  usos  y  cos- 
tumbres de  su  pais.  El  España  teniendo  una 
exportación  considerable  ciertamente  debe 

poseer  muchos  articolos  que  se  pueden  importar  de  la  Rumania,  sobre  todo 
el  algodón.  En  los  dias  pasados  lei  en  <E1  Liberah  del  24  Julio  de  Madrid 
un  articolo  «La  crisis  del  algodón»,  entre  otras  muy  interesantes  que  el 
Sr.  Mosvart  Moré  describe  la  visita  hizo  á  la  gran  fabrica  de  la  razón  so- 
cial. Hijos  de  Pablo  Ribas,  dice 

«Los  géneros  de  punto,  por  ejemplo,  que  se  fabrican  en  Cataluña,  nos 
los  compran  los  ingleses,  que  después  los  traen  á  España  con  marca  de 
aquel  pais,  y  cobran  por  ellos  tres  veces  de  lo  que  les  ha  costado»  a  si  y 
otros  paises.  Cosa  que  a  verdad  dicha  yo  no  sabia,  y  debo  ser  grato  al  pre- 
cioso periódico  dicho. 

Al  leer  esto  mi  dije  por  seguro  el  España  puede  concurrir  en  este  ar" 
ticolo  con  Inglaterra  y  podra  hacer  enormes  salidas  para  la  Rumania  y  el 
oriente  entero.  Mi  hago  el  placer  á  enviarle  el  libro  de  la  estadística  por 
nuestro  comercio  exterior  de  nuestro  Ministerio  de  Haciendas  por  el  año 


Fio.  107. — Doña  Blanca  M.  Fai - 

chy,    distinguida    dama    sefardí 

de  Bucarest. 


396 

1901  (otro  mas  reciente  no  hay)  para  gobierno  de  Usted^  y  pueda  tomar 
conociencia  de  los  articolos  que  la  Rumania  importa  de  otras  partes. 

En  la  pagina  207  comprobara  que  la  Inglaterra  en  el  año  1901  exporto 
para  la  Rumania  56,426,088. — francos  de  los  cualos  20,677,101  francos  tela 
de  algodón  (N.  1,2-13)  5,698,742  francos  hilo  de  algodón  torcido  (N.  4).  La 
Inglaterra  hay  mas  de  3/4  de  siglo,  que  esta  en  relaciones  comerciales  di- 
rectas con  la  Rumania,  y  da  créditos  grandes  á  firmas  de  primer  rango  á 
términos  de  6  a  9  meses.  Admitiendo  que  el  España  podra  vender  con  los 
mismos  precios  y  condiciones,  una  cosa  pensó  en  cuala  podra  tener  dificul- 
tad, y  es  la  cuestión  Monedara.  En  Inglaterra  es  el  marco  (ctalon)  en  oro, 
en  España  no  lo  es,  y  aunque  los  precios  deberán  hechos  en  oro,  si  como  las 
condiciones  de  la  paga  serán  como  dije  á  términos  de  6  a  9  meses,  les  sera 
dificil  por  causa  del  grande  agio  y  agiotage  que  hay  en  España.  Ya  es  sa- 
bido que  en  paises,  que  el  marco  (ctalon)  no  es  en  oío  se  coneria  el  agio 
y  agiotage  que  es  y  mas  pericoloso,  y  trae  prejuicio  al  comercio.  Con  todo 
esto  si  la  Union  IberoAmericana,  junto  los  comerciantes  y  los  grandes 
industriales  con  las  Juntas  de  comercio  á  la  cabecera,  podran  estudiar 
esto,  y  lo  deseo  de  todo  mi  corazón  un  buen  resultado. 

Rosiori. — DeD.  M.  Gañy,  renombrado  agente  comercial  de 
esta  población  rumana,  son  la  siguiente  carta  y  antiguos  ro- 
mances. (V.  fig.  10,  pág.  74): 

Mi  faltan  las  palabras  con  qualas  quería  io  mostrarle  la  reconocencia 
que  tengo,  por  la  pena  que  usted  si  esta  dando  para  cercar  el  cariño  entre 
nosotros  y  noestra  Patria-Madre.  Leo  con  grande  intereso  y  pasión  los 
diarios  y  libros  que  recibo,  ademas  los  articolos  que  se  referan  a  la  ques- 
tion  judio-Española. 

Non  posedo  completamente  la  lingua  Española  y  esta  es  la  grande 
causa  porquala  yo  non  mi  arrojo  en  grandes  questiones  y  discuciones.-- 
Le  agradeceré  mucho  si  en  una  futura  carta  mi  mostrara  la  manera  que 
esta  recibida,  en  las  grandes  sociedades  Españoles,  la  question  Judio  Es- 
pañola. 

Quería  saber  qualos  diarios  nos  critican  y  qualos  nos  protegen.  ¿Hay 
muchas  personas  que  se  ocupan  de  esta  question?  ¿Discutan  muchos?  En 
fin,  ¿se  buscan  remedios  por  cercar  lazo  de  cariño  mas  tenso?  ¿Que  pro- 
posiciones sehazen?Pido  excusarme  de  estas  todas  demandas  que  le  hago, 
ma  hay  personas  que  me  preguntan,  quando  les  hablo  de  la  question. 

Quando  los  judios  conocerán  las  intenciones  completas  del  Gobierno 
y  del  Poeblo  Español,  seguramente  que  se  toparan  muchos  cuyos  en  logar 
(le  expatriarsen  por  America,  se  irán  alegres  en  España,  quya  lingua  co- 
nocen y  onde  las  leyes  los  recibirán  como  un  ciudadano  volveado. 

Esto  es  lo  que  lio  soñó:  Que  España,  nos  acorde  todos  los  derechos  ci- 
viles y  práticos  antes  de  llegar  en  noestra  vieja  Patria;  seguramente  se 
van  alegrar  de  esta  salutosa  ley  los  que  se  van  establecer  en  España  y  los 
que  demandaran  con  regla. 


397 

La  question  no  se  va  acabar  presto  ma  espero,  que  y  lio  vo  tener  la> 
ocasión  de  alegrarme  por  la  reconciliación  de  l'Españaysos  hijos  disper- 
sados. 

EL  XAVIGUERO 


Xaviguero,  naviguero, 
Onde  vais  y  mi  desais, 
Mi  desatis  chiquitica, 
Chiquitiga  de  edad. 
Tres  ijicos  chicos  tengo, 
loran  mi  demandan  pan. 

R.       Icho  mano  al  su  pecho 
100  dublones  quito  a  dar 
E  esto  par  luque  m'abasta, 
Xon  mi  abasta  para  pan 

R-       Campos  y  viñas  vos  dejo, 
Que  vendáis  y  que  comáis 
Si  it  los  siete  (afios)  yo  non  vengo, 
A  los  8  vos  casáis 
Vos  tomáis  un  mansebico, 
Un  mansebico  de  edad. 
(La  madre.)      Esto  que  sentio  su  madre, 
Maldición  si  foe  á  echar 
Todas  las  naves  del  mundo 
Vaian  y  tornin  atrás, 
La  navi  de  el  mi  ijo 
Yaia  y  non  torne  mas. 

R        Xon  maldiga  la  mi  madre. 
Que  este  foe  mi  boen  maral. 

II 

Paso  tempo,  vino  tempe 
El  escarifio  la  venció, 
Se  aparo  a  la  ventana. 
La  ventana  de  la  mar. 
Por  ay  paso  una  navi 
Navigando  por  la  mar. 
Naviguero,  naviguero, 
Alci  scapi  de  la  mar, 
Xon  lu  vitis  al  mi  ijo, 
Al  mi  ijo  el  coronar? 
lí-       Ya  lo  vide  al  su  ijo, 
Al  su  ijo  el  coronar. 


398 

Con  la  pedra  por  cabesera, 
La  arena  por  cobierta. 

ni 

Esto  que  sentio  la  vieja, 
A  la  mar  si  foe  á  echar. 
R,       Non  se  eche  la  mi  madre, 
lo  so  su  ijo  el  coronar. 

LA  REINA  PECADORA 
I 

La  Reina  staba  al  espejo, 
Peinanduse  sus  cabellos 
Con  un  peine  de  oro  fino, 
Con  un  peine  de  oro  fino. 
El  Rey  por  borlar  con  eia, 
Con  vala  de  oro  li  daria. 
(A  la  Reina  li  párese  que  el  amante  la  toco,  i  canta): 
Andaleto,  Andaleto.. 
Mi  querido  enamorado, 
Dos  ijicos  chicos  tengo 

Y  con  los  tuios  se  asen  cuatro. 
Los  del  Rey  van  a  la  guerra, 

Y  los  tuios  en  mi  lado, 

Los  del  Rey  ievan  carnizas  de  ceda. 

Y  los  tuios  seda  broslada. 
Los  del  comen  a  la  meza 

Y  los  tuios  en  mi  lado. 

II 

Ella  que  abolta  la  cara, 
Al  Rey  si  la  vido  a  lado. 
Perdón,  Perdón  señor  Rey, 
Que  es  hoefio  mi  asonaba. 
R.       Perdón  io  te  daré 

Con  la  spada  degoiada. 
(La  Reina).       Andaleto,  Andaleto, 

Mi  querido  enamorado, 
Dami  a  mi  tu  consejo. 
Que  del  Rey  stamos  matados. 
(Andaleto,  fuyendo,  respondí): 

Consejo  para  mi  tengo, 

Y  para  ti  topóte — lo. 

Al  Rey  por  marido  tenes. 
Por  loque  ti  preme  y  otro. 


399 


(La  Reyna  muriendo  dici): 

Maldición  en  las  mojares 
Que  en  los  hombres  van  se  creien 
Que  los  hombres  son  muy  falsos, 
Si  los  altos,  si  los  bajos. 

Calarasi. — H.  Canetti  es  uu  rico  comerciante,  natural  de 
Roustchouk,  ciudad  situada  á  orillas  del  Danubio,  antes  turca  y 
hoy  de  la  Bulgaria.  Cursó  en 
Viena,  \aajó  y  comerció  en 
América.  Es  primo  de  la  señora 
de  Presente.  (Véase  pág.  2(i, 
fig.  5.-). 

En  varios  diarios  romanos  he 
leido  el  año  pasado  de  la  entrevista 
de  Vd.  que  ha  tenido  con  mi  maes- 
tro el  Sr.  Enrique  Bejarano  y  su  ca- 
loroza  atención  que  Vd.  manifesta 
por  los  hebreos  españoles,  cosa  que 
me  sorprendió,  puesto  que  nadies  eu 
este  mundo  hasta  hoy  se  ha  ocupado 
de  nuestra  raza,  probablemente  por 
ser  llamada  judia,  sin  conocer  nues- 
tras buenas  calidades,  entre  cual  as  y 
la  de  ser  buenos  patriotas,  de  amar 
todavía  un  pays  del  cual  hace  -100 
años  fuemos  bruscamente  alejadas. 

Dispénseme  Señor  mió  de  haber 
entrado  en  un  sujeto  para  Vd.  puede  ser  enfadoso,  antes  de  decirle  el  de- 
signo de  mi  carta  que  es: 

En  mi  tíltima  estadía  en  Bucarest  al  6  Julio  a.  c.  tuve  el  gusto  de  bus- 
car a  nuestro  común  amigo  el  Señor  Bejarano,  para  preguntarle  de  la  ca- 
sualidad que  lo  trajo  de  hacer  el  conosimiento  de  Vd.  y  de  contarme  al- 
gunos pasajes  de  sus  conversación,  cualos  tanto  me  entusiasmaron,  hasta 
que  le  rogué  al  mismo  de  quierer  ponerme  en  relación  con  Vd.  y  le  agra- 
dezco muchísimo  al  Sr.  B.  de  no  haberme  rehuzado,  dándome  en  mismo 
tiempo  una  carta  para  su  amable  persona  cuala  aqui  adentro  tengo  el 
agrado  de  anexarla. 

Habiéndome  contado  el  Sr.  Bejarano  tanto  bueno  de  Vd.,  habiéndome 
figurado  a  Vd.  como  alma  de  Dios  que  lleva  un  prenombre  bienmerecido, 
no  dudo  que  entre  sus  numerozos  amigos  quierera  contar  y  a  mi  umilde 
pequenez  con  todo  que  no  me  conciento  valorozo  por  mis  tan  pocos  mé- 
ritos. 

Antes  de  ponerme  a  escribir  a  Vd.  he  terminado  de  leer  su  obra  titu- 


FlG.  108. — D.  Haime  Canetti,  rico  co- 
merciante de  Calarasi  .Rumania). 


400 

lada  cLos  Israelitas  Españole8>  que  el  Sr.  Bejarano  me  ha  hecho  el  plaser 
de  mandarme  aqui,  adonde  trae  Vd.  tantos  elogios  y  alabaciones  a  mi 
raza  por  cualo  en  nombre  de  todos  mis  conhermanos  le  agradezco,  y  le 
digo  que  si  más  existe  en  nosotros  algo  de  caballerismo  y  buenas  manie- 
ras deben  ser  herencia  de  España  ainda  nuestra  patria. 
Estoy  seguro  que  Vd.  me  honrara  con  algunas  rayas. 

Constanza. — Del  venerable  D.  Gabriel  Tuvy,  ministro  ofi- 
ciante en  la  sinagoga  de  rito  español  de  Constanza,  publicamos 
ya  otra  carta  en  la  página  10. 

Grande  y  muy  respectable 

Sea  su  nombre  engrandesido  para  siempre  con  honor  i  grandeza. 

En  possession  de  su  spirituoza  cartolina  postala,  rogo  de  escuzar  de 
non  aver  respondido  fin  hoy,  a  kavza  ke  falti  de  la  cita.  Ebreos  Espagnu 
les  en  Rusia. — Sigun  mis  enformasiones  ebreos  Espagnoles  en  Rusia  non 
asementai  on.  Solamente  en  ODESA  hay  3  familias  venidas  de  CONSTAN- 
TI^'OPLE,  los  koalos  van  i  vienen  a  CONSPLE.  En  PETERSBOURG  hay 
2  familias,  y  4  hombres  sin  familias  y  se  encuvrin  a  dizir  ke  son  Ebieos. 
Todos  se  topan  en  boena  position. —  Ma,  hay  una  secsia  de  Ebreos  nom- 
brados íCARAIMji  y  otra  «ESKENAZIM  /tudescos,  estos  son  munciop- 
y  son  souditos  Rusos. — 

Héspero  de  ser  honorado  de  su  presiozo  libro,  travajo  relatando  de  los 
Ebreos  Espagnoles.— 

Termino  augurándole  reuchita  boena  en  su  laboro  y  saludándolo  con 
alta  estima. 

Servia. 

Hay  muchos  israelitas  españoles  en  esta  joven  nación,  los 
cuales  conservan  bastante  del  castellano.  En  Belgrado  pudimos 
hablar  con  varios  de  ellos,  y  nos  entendíamos  perfectamente. 
No  hemos  mantenido  correspondencia  más  que  con  un  joven 
y  distinguido  abogado  de 

Belgrado. 

D.  Benko  S.  Davitscho,  cuyo  conocimiento  debemos  á  los 
buenos  oficios  de  Ja  señora  de  Gross  Alcalay.  Es  un  excelente 
conocedor  de  nuestra  literatura.  Mejor  que  pudiéramos  presen- 
tarle nosotros,  lo  hace  él  en  la  siguiente  carta: 

Hace  ya  unos  tres  meses  que  estoy  esperando  recibir  «El  oráculo  ma- 
nual...» de  Gradan  que  ordené  por  via  de  una  librería  de  aqui  y  tuve  un 
dia  grande  gusto  en  recibir  del  postilion  entre  otras  letras  un  libro  en 
cubierta  sellada  en  Madrid. 


401 


Creía,  por  seguro  es  el  libro  que  tanto  estaba  deseando. 

Pero,  no  fué  chico  el  encanto  mió  de  tener  en  mis  manos  en  lugar  del 
libro  mencionado,  la  obra  en  cuala  Usted  trata  sobre  los  Israelitas  españo- 
les y  el  idioma  castellano  con  sentimientos  de  hermandad  y  ideas  dignas 
de  un  apóstol  moderno. 

No  le  esconderé  a  Usted,  que  aunque  tengo  muy  buena  opinión  sobre 
la  España  de  hoy,  jamas 
creia  que  en  las  guertas  de 
Madrid  crecen  asi  unas  flo- 
res como  aquellas  que  Us- 
ted me  presentó. 

Estubé  un  poco  sorpren- 
dido de  ver  con  cuanta 
energía  un  Español  aclara- 
do de  hoy  ee  hecho  a  ligar 
las  relaciones  que  rasgaron 
los  Españoles  de  un  tiempo 
oscuro,  dando  de  ese  modo 
una  satisfacción  moral  á 
los  Judios  por  las  llagas  his- 
tóricas de  la  Inquisición. 

Yo  le  do  mis  gracias 
como  judio.  Se  las  dó  de 
alma  y  de  corazón,  mas 
pienso  que  el  vero  remeri- 
miento  Usted  topó  y  topará 
en  la  obra  propia  y  que  las 
gracias  de  los  judios  espa- 
ñoles no  es  lo  que  Usted 
de  su  obra  espera. 

La  obra  de  Usted  es  obra 
patriótica;  patriótica  en  el 
senso  lleno  de  la  palabra, 
siendo  esa  busca  a  enrique- 
cer la  España  con  los  bie- 
nes y  poderes   morales   y 

materiales  de  miles  y  miles  de  sus  hijos  qui  aymda  hoy  estiman  la  Es- 
paña unos  como  sus  madre  y  otros  como  sus...  madrastra. 

Y  Usted  tiene  mucha  razón,  por  que  sin  ningún  dubio,  los  judios 
hablando  en  masa  el  idioma  castellano  en  diversos  paises  del  Balean  y 
teniendo  la  mas  grande  parte  del  comercio  en  sus  manos,  representan  un 
caudal  importante  para  la  España— solo  un  miope  pudiera  negarlo  —y  del 
gobierno  de  España  y  de  la  inteUgencia  de  allá  depiende  a  que  su  patria 
trave  el  interés  de  ese  caudal  disperso. 

De  hablares  con  agentes  de  comercio  sé  que  hay  artículos  que  de  Es- 
paña se  importan  por  los  diferentes  paises  del  Balean  por  via  de  algunos 

26 


FiG.  If  9. — Señoritas  Baca  Canetti,  hija  de  D.  H. 
Canetti,  y  Sofía  Azriel,  niña  premiada  en  las   es- 
cuelas búlgaras '^Rumania  y  Bulgaria). 


402 

representantes  comerciales  en  Viena.  Una  tal  importación  directa  no  esis- 
te  entre  mi  pais  y  el  suyo,  mas  es  muy  seguro  que  pudiera  establecerse 
con  grande  avantaje  por  ambas  partes. 

Lo  que  por  horas  la  Serbia  empiezo  a  importar  de  España  son  los... 
bienes  literarios. 

Créame  Usted,  que  no  es  ninguna  exageración  decirle  que  algunos 
autores  de  Madrid  ya  son  conservados  a  Belgrado  como  si  fueran  de  casa. 
Gracias  a  las  traducciones  de  mi  hermano,  el  Sr.  H.  S.  Da%útcho,  anti- 
guo consulo  general  de  Serbia  a  Trieste,  en  el  Teatro  Nacional  de  aqui  se 
represendan,  á  mas  de  todas  las  joyas  del  Teatro  Español,  imprimidas  fin 
hoy,  mas  de  10  dramas  de  Echegaray,  el  cual,  sin  saberlo,  esta  influendo 
á  la  drama  original  serba. 

Yo  propio  traducé  de  Echegaray  su  gracioso  capricho  cómico  entitula- 
do  «El  critico  incipiente*  como  también  y  «La  caida  de  un  ministro»  de 
D.  Ramón  Navaulle  y  Landa. 

Cosa  muy  característica  constaté  atrae  tres  años  cuando  por  prima  ves 
se  representó  en  el  Teatro  Nacional  «El  gran  filón»  traducido  por  mi  her- 
mano. 

,  La  comedia  de  ese  illustre  autor  dipinta  tan  bueno  las  flaquezas  y  las 
fuerzas  de  la  vida  política  de  aqui,  que  en  los  circuios  literarios  se  mantu- 
bó  al  pricipio  la  opinión  que  la  comedia  es  un  original  escrito  por  mi  her- 
mano y  que  « Don  Tomas  Rodríguez  Rubi»  no  es  mas  que  un  pseudónimo. 
Con  la  misma  pasión  que  mi  hermano  tradució  dramas  españoles  hizé 
yo  traducciones  de  unas  doloras  de  Campoamor,  y  las  qne  imprimé  en 
unos  periódicos  serbos  hacieron  apreciar  Campoamor  mas  que  Copee, 
Sully  Prud'homme  y  Beaudelaire  y  nada  menos  que  V.  Hugo.  Jamas  puedo 
olvidarme  el  aplauso  frenético  que  tubo  la  prima  dona  de  nuestro  Teatro 
Nacional,  cuando,  por  primera  vez,  en  un  matinée  literario  de  la  mancebe- 
ría  hebrea  de  Belgrado,  declamó  la  dolora  «Quien  supiera  escribir»  de 
Campoamor— en  mi  traducción. 

Por  horas,  pocos  son  los  mancebos  judios  que  conocen  la  lingua  del 
pais  perfectamente,  mas  con  tiempo  lo  serán,  a  mi  parecer,  muchos  y  en- 
tonces serán  mas  numerosos  los  jardinieros  para  plantar  flores  de  España 
en  el  suelo  de  Serbia. 


Aunque  del  libro  que  Usted  me  presentó,  veo,  que  ya  tiene  en  manos 
los  «Refranes  de  los  judios  españoles»  imprimidos  por  cuidado  del  Sr.  Kay- 
serling,  me  permeto,  muy  Señor  mió,  enviarle  los  mismos  en  edición  par- 
ticular y  en  pasando  las  tempestades  de  mi  boda  que  tienen  que  ser  al  26 
cor.  le  enviaré  también  unas  pruebas  de  Úrica  judio -español,  que  tendrá, 
puede  ser,  un  interés  para  los  que  acompañan  la  materia  de  que  Usted 
trata. 

Mucho  le  agradeceré  a  Usted  si  me  excusara  la  tardanza  en  resppnder 
su  muy  honorada  del  mes  pasado  y  en  darle  mis  remercimientos  por  el 


403 

libro  que  me  presentó. — Piénsese  Usted  que  estoy  desposado  y  que  tengo 
secuestradas  y  mis  manos  y  mis  pensamientos. 

También  le  agradeceré  a  Usted  muy  honorado  Señor  Senador,  si  excu. 
sará  mi  pobre  castellano.  Hace  ya  quinientos  años  que  salimos  de  Castilla 
y  sera  maravilla  si  habrá  hoy  quien  nos  entienda. 

Suiza. 

Sabemos  que  hay  sefardim  en  varias  poblaciones  suizas, 
pero  no  hemos  entablado  relaciones  con  ninguno  de  ellos.  Nos 
dirigimos  al  ilustre  Gran  Rabino  de  Ginebra,  quien  nos  escri- 
bió en  14  de  Julio  una  breve  carta  diciéndonos  lo  siguiente,  en 
francés: 

Señor  Senador. 

Acabo  de  realizar  un  viaje  y  encuentro  vuestra  honorable  carta  del  24 
de  Junio.  Tengo  necesidad  de  repartir  hoy  mismo  por  algún  tiempo.  Pero 
cuando  regrese  me  ocuparé  en  respondeí  á  las  preguntas  que  me  hace. 

Reciba  Vd.,  señor  Senador,  la  expresión  de  mi  consideración  más  dis- 
tinguida. 

Wer  Meimer. 

Ignoramos  si  este  honorable  señor  habrá  regresado  ya  á 
(^rinebra.  Es  de  creer  que  no,  cuando  no  hemos  recibido  la  in- 
formación prometida. 

Turquía. 

■     i 

Es  copiosa,  y  de  muy  diversos  puntos,  la  información  que 
tenemos  de  este  imperio.  La  iremos  presentando  en  serie  algo 
ordenada:  primero  la  de  ciudades  correspondientes  á  la  Turquía 
europea,  y  segundo  la  de  correspondientes  á  la  Turquía  asiáti- 
ca. Después  pondremos  las  de  Egipto,  cuyo  jgivtectúrado  inglés 
no  debe  impedir  que  las  consideremos  como  de  pertenencia 
turca.  Empezaremos  por  la  Reina  de  las  Ciudades: 

Constmitinopla. — En  nuestro  libro  anterior  hemos  consigna- 
do la  importancia  que  tiene  el  elemento  judío  en  Constantino- 
pla,  casi  todo  de  origen  español,  por  su  número,  su  distinción, 
su  cultura  y  el  aprecio  con  que  le  honra  el  Sultán. 

Se  calcula  que  pasan  de  mil  los  funcionarios  hebreos  espa- 
ñoles que  desempeñan  cargos  distinguidos  en  Turquía.  Hay 
generales,  coroneles,  capitanes,  médicos,  cirujanos,  farmacéuti- 


404 

eos,  abogados  de  gran  reputación,  miembros  del  Consejo  Supe- 
rior, publicistas  y  periodistas  renombrados.  En  el  comercio 
otomano  los  hebreos  españoles  figuran  en  primera  línea. 

Pero  mejor  es  leer  lo  que  ellos  mismos  nos  digan.  Amantí- 
simos  todos  de  su  gloriosa  y  hospitalaria  patria,  como  sucede 
siempre,  mal  conocida  y  peor  juzgada  por  los  pueblos  cristia- 


PiG.  110. — Elias  BaJH,  módico  del  Sult&n  de  Turquia,  israelita  español. 

nos;  leales  á  la  tierra  donde  hallaron  refugio  en  los  días  terri- 
bles de  la  desgracia,  y  dispuestos  al  sacrificio  por  su  esplendor 
y  su  gloria,  no  impide  esto  á  su  espíritu  culto  y  á  sus  elevados 
sentimientos  consagrar  nobles  deseos  y  cariñoso  concurso,  á  la 
histórica  madre  patria,  donde  sus  antepasados  hallaron  todo, 
así  lo  bueno  como  lo  malo,  durante  muchos  siglos. 

En  nuestro  libro  anterior  publicamos  cartas  interesantes  de 


405 

los  israelitas  españoles  Elias  Bajá,  médico  del  Sultán,  Moisés 
Fresco,  David  Rousso  y  Moisés  dal  Medico,  coronel.  Publicare- 
mos en  este  libro  parte  de  la  correspondencia  posteriormente 
recibida.  Nuestros  lectores  apreciarán  el  interés  que  encierran 
sus  observaciones  y  consejos  3^  la  amenidad  de  sus  relatos. 

El  Sr.  David  Rousso,  sefardí  muy  intelectual,  distinguido 
abogado  y  consejero  de  la  Embajada  española,  fué  auxiliar  en 
la  obra  de  colonización  judía  en  Palestina  y  nos  ayudó  con  in- 
terés en  nuestras  primeras  informaciones.  Es  joven,  pues  nació 
en  Esmirna  en  1875,  y  tan  cortés  se  muestra  su  trato  como 
gallarda  su  presencia. 

Las  dos  siguientes  cartas  atestiguan  el  eficaz  interés  con 
que  ha  emprendido  la  tarea  de  servir  á  esta  renovación  de 
afectos  hispano -israelitas.  De  sus  proposiciones  volveremos  á 
ocuparnos  en  la  tercera  parte. 

El  Sr.  David  Rousso  nos  escribe  en  francés. 

Su  carta  del  10  de  Octubre  de  1904,  dice  así: 

Acabo  de  recibir  su  carta  postal  y  un  ejemplar  de  El  Liberal  del  8  del 
corriente. 

Las  palabras  sublimes  de  su  Alteza  Keal  la  Infanta  JD.»  Paz,  me  han 
colmado  de  alegría  y  de  gratitud.  La  reunión  relativa  á  la  propaganda  de 
la  lengua  española,  se  ha  celebrado  bajo  la  presidencia  del  Sr.  Moral  y 
Cañete,  nuestro  cónsul  de  España,  que  es  uno  de  vuestros  más  fervientes 
adeptos.  Se  interesa  mucho  en  esta  importante  cuestión,  y  envía  mañana 
una  relación  circunstanciada  al  Ministerio  sobre  este  asunto. 

Contamos  con  su  influencia  para  lograr  que  el  Gobierno  tramite  favo- 
rablemente este  informe. 

El  cónsul  os  escribirá  y  os  comunicará  él  mismo  copia  del  acta  de 
nuestra  reunión.  Se  ha  formado  un  Comité  para  ocuparse  constantemente 
sobre  esta  cuestión.  Se  reunirá  de  cuando  en  cuando  bajo  la  presidencia 
del  señor  cónsul. 

Cinco  días  más  tarde  recibimos  la  interesante  relación  que 
sigue,  cuya  importancia  no  necesita  encarecimiento.  Sobre  ella 
hablamos  una  tarde  en  el  Senado: 

Tengo  el  honor  de  confirmaros  mi  carta  del  20  del  corriente.  Como 
veréis  por  la  lectura  de  la  relación  que  Mr.  Moral  (1)  os  envía,  el  mejor 
medio  y  el  mas  practico  de  hacer  necesario  el  estudio  de  la  lengua  espa- 


(1)     No  hemos  recibido  esta  relación  clei  señor  cónsal,  quien  nos  e.scribió  una 
breve  carta  de  salutación  del  28  de  Junio  de  1934,  muy  cortés  pero  brevísima. 


406 

ñola  es  crear  tratos  mas  frecuentes  y  relaciones  comerciales  mas  estensas 
entre  la  Península  y  el  Oriente. 

En  mi  carta  á  la  Union  Ibero  Americana,  fecha  del  16  de  Septiembre 
pasado,  recomendaba  entre  otras  cosas,  el  envió  de  una  comisión  de 
comerciantes  á  Turquía — como  lo  hace  Alemania, — con  el  objeto  de  estu- 
diar á  la  vista,  la  situación  de  esta  plaza.  Tenemos  ahora,  en  Constanti- 


Fiu.  111. — D.David  S.  Rousso,  distinguido  abogado  sefardí  de  Coustantinopla. 


nopla,  la  visita  de  sesenta  comerciantes  é  industriales  alemanes,  que 
traen  á  su  cabeza  al  Ministro  de  Comercio.  Visitan  el  Imperio  Otomano 
detenidisimamente  por  todos  los  sitios  y  escondrijos. 

Lo  que  falta,  sobre  todo,  es  un  servicio  directo  de  navegación  entre 
España  y  Turquía.  La  creación  de  una  linea  española  de  navegación,  asi 


407 


como  la  apertura  de  sucursales  del  Museo  Comercial  de  España,  en  Tur- 
quía, serian  los  mejores  factores  de  vuestra  hermosa  campaña.  Fuera  de 
desear  que  los  negociantes  é  industriales  españoles,  se  dirigieran  siempre 
para  icformes  y  notas,  á  los  Cónsules  de  España  en  Oriente,  á  fin  de 
evitar  toda  clase  de  equivocaciones  y  abusos. 

El  Consulado  Real  de  España  en  Constantinopla,  se  pone  á  la  disposi. 
cion  de  los  que  quieran  entrar  en  relaciones  con  este  pais. 

Si  para  los  comienzos,  el  Gobierno  de  S.  M.,  prestara  su  concurso  á  los 
exportadores  españoles,  acordándo- 
les, por  ejemplo,  una  prima  sobre  la 
materia  bruta  de  la  exportación,  ó 
eobre  la  navegación,  el  éxito  estarla 
por  completo  asegurado. 

Lo  que  Alemania  é  Italia  han  con- 
seguido en  el  dominio  comercial  é 
industrial  es  prodigioso.  Italia,  hace 
diez  años  no  exportaba  casi  nada  á 
Turquía.  Hoy  hace  maravillas.  Su 
cambio  que  estaba  á  16  por  100  hace 
ocho  años,  esta  hoy  á  la  par,  y  á  pun- 
to de  obtener  prima. 

He  aqui,  á  grandes  rasgos,  lo  que 
se  ha  decidido  en  el  Consulado  de 
aqui,  para  el  mejoramiento  y  la  pro- 
paganda de  la  lengua  española  en 
Oriente. 

Crear  cursos  nocturnos,  en  que  la 
lengua  se  enseñara  al  mismo  tiempo 
que  una  materia  útil  cualquiera,  tal 
como  la  contabilidad,  teneduría  de 
libros,  correspondencia  comercial,  para  hacer  el  curso  atrayente. 

Mejorar,  gradualmente,  el  lenguaje  de  los  periódicos  que  se  publican 
en  judeo-español.  Publicar  como  folletín,  en  estos  periódicos,  en  caracte- 
res latinos,  novelas  españolas,  después  de  haber  puesto  esta  lengua  al 
alcance  de  sus  lectores. 

Crear  una  biblioteca  española. 

Esto  para  empezar. 

Esperando  se  buscaran  los  medios  de  aumentar  las  relaciones  entre  la 
Península  y  los  países  orientales. 

D.  Moisés  Fresco  es  el  director  de  la  escuela  de  niños  de  la 
Álliance,  en  Galata,  y  no  hay  frases  que  expresen  todo  lo 
simpático  y  servicial  que  se  muestra  en  sus  cartas.  Pedagogo 
distinguido,  autor  de  muchos  trabajos  interesantes  para  la  en- 
señanza, tuvimos  el  gusto  de  ponerle  en  relaciones  con  ese 


FiG.  112. —  D.  Moisés  Fresco,  Direc- 
tor de  una  Escuela  de  la  Alianza,  de 
Galata. 


408 


tantas  veces  premiado  y  meritísimo  profesor  de  las  escuelas 
municipales  de  Madrid,  D.  Ecequiel  Solana,  y  del  concurso  y 
españolismo  de  ambos  hay  derecho  á  esperar  frutos  importan- 
tes, si,  como  esperamos,  esta  obra  que  hemos  emprendido 
sigue  adelante  con  la  cooperación  de  otras  más  poderosas  y 
autorizadas  personas.  El  texto  que  sigue  del  Sr.  Francos  es  el 
suyo,  sin  correcciones: 

Hé  recibido  su  excelente  libro  tan  interesante  y  tan  bien  documentado. 
No  hay  duda  que  será  leido  con  grandísima  curiosidad  en  toda  España. 

Seriamos  muy  deseosos  de  saber  que 
impresión  harán  sus  opiniones  sobre 
esta  cuestión  entre  sus  compatriotas. 
En  mi  familia  estamos  todos  leyendo 
su  obra:  mi  señora,  mi  padre  y  todos 
mis  parientes.  De  tanto  oir  hablar 
de  cosas  de  España  mi  chica  niña 
comenzó  á  estudiar  de  sí  misma,  y  sin 
que  se  lo  hemos  demandado,  el  espa- 
ñol puro  en  los  libritos  de  enseñanza 
que  el  señor  Solana  tuvo  la  buendad 
de  enviarme. 

No  sé  si  ha  leido  Vd  el  cuento 
rendido  publicado  últimamente  en 
los  diarios,  de  una  entrevista  que  tuvo 
uno  de  nuestros  correligionarios  de 
Europa  con  el  secretario  del  Papa.  El 
secretario  que  es  español  le  ha  dicho-. 
Hé  oído  que  hay  israelitas  en  el 
Oriente  de  origen  español  y  que  des- 
pués de  cuatro  siglos  han  conserva- 
do todavía  la  lengua  castellana,  y  esto  para  mí  es  una  maravilla. 

Estoy  recibiendo  regularmente  el  periódico  cEspaña»  y  he  leido  con 
gran  interés  sus  dos  artículos.  (Le  hago  saber  á  Vd.  que  los  judíos  del  in- 
terior del  Marrueco  no  son  askénazim.) 

Su  libro  ya  fue  leido  aquí  por  mas  de  cincuenta  personas  y  lo  será  por 
mas  muchos.  Veo  que  Vd.  supo  en  poco  tiempo  hacer  enteresar  muchísi- 
mas personas  á  esta  cuestión  y  criar  un  movimiento  muy  importante  en 
España. 

Israelitas  españoles  de  Constantinopla. 

Los  Israelitas  de  Constantinopla  son  muy  sociables.  Les  gusta  mucho 
las  visitas,  las  frecuentaciones.  La  soledad  les  es  insuportable.  Conosco 
al  director  de  la  fábrica  de  vidrios  situada  en  el  Bosforo.  Este  señor  y  su 


FiG.    113. — Cabeza  con   tocado    de 
jadía  española  (Constantinopla). 


409 

familia  que  tienen  su  morada  allí  (1)  se  consideran  como  prisonieros  y  me 
han  dicho:  «Estamos  aquí  en  la  isla  del  Diablo».  Al  borde  de  este  encan- 
tadero  Bosforo,  delante  de  una  decoración  que  ofrece  mil  y  mil  maravillas, 
entornados  de  una  naturaleza  riente  y  pintoresca,  se  consideran  como  pri- 
sonieros. Porque  no  tienen  con  quien  frecuentar.  <La  mar  no  habla»,  dicen. 
Si  uno  va  en  busquida  de  una  casa  para  morar,  la  primera  cosa  que  le 
demanda  su  mujer  es:  «¿Tiene  vista  de  calle,  es  calle  pasajera?»  La  vista 
del  mar  la  aprecian  pero  por  algún  tiempo,  no  por  siempre.  El  espactácu- 
lo  moviente  de  la  multitud  les  gusta  mas  que  el  de  las  olas  del  mar. 

Entremos  en  la  judería  (2)  de  Haskeuy  ó  de  Balat.  Que  animación!  que 
ruido!  Por  las  calles  los  hombres  discuten  con  voz  alta  y  gestos  expresi- 
vos; las  mujeres  se  interpelan  de  la  ventana  á  la  calle,  ó  establecen  con- 
versaciones de  ventana  á  ventana.  Algunas  casitas  son  bajas  y  el  que  pasa 
por  la  calle  vé  muy  bien  el  interior.  Se  puede  remarcar  que  el  interior  por 
tan  pobre  que  sea,  es  muy  limpio. 

Vemos  á  una  mujer  con  tocado  (3)  sentada  á  su  ventana  sobre  el  sofá, 
tiene  una  custura  en  sus  manos  y  con  el  pié  cuna  á  su  criatura  y  canta: 

«Durmete  mi  blanca  niña 
«Durmete  mi  blanca  flor» 

ó  esta  que  es  muy  popular: 

«Abrijme  (4)  galanica 
Que  ya  va  amanecer  (bis) 
Abrir  ya  vos  abro 
Mi  lindo  amor 
Que  la  noche  yo  no  durmo 
De  pensar  en  vos. 

Sefior  padre  esta  escribiendo 
Si  se  hechara  (bis) 
Vaciadle  el  tinterico 
Si  se  hechara 
Amatadle  la  candela 
Si  se  durmira. 

Los  vendedores  pasan  cada  uno  con  su  grito  ó  su  cante. 
,       «Biscocho!  con  un  huevo  veinte!  > 
«Escaldada!' 
«Leche!  lechel» 

(1)  La  sola  fábrica  de  vidrios  de  Tarqnía.  Pertenece  al  Sr.  Mediano,    israelita 
sefardí. 

(2)  Habitada  por  la  mayor  parte  de  la  clase  la  mas   pobre  de  la   populacior 
israelita. 

(3)  Las  mujeres  del  pueblo  ó  las>  viejas  han  conservado  aún  el  tocado. 
Le  hice  un  bosquejo  para  que  vea  Vd.  el  tocado. 

(4)  Abridme. 


410 

«Del  carai  no  se  aprovechen 2  (1). 

Vara  en  la  mano,  alforja  al  hombro  los  limosneros  van  de  puerta  en 
puerta  y  no  con  voz  suplicante  ó  cante  mancioso  piden  la  limozna,  sino 
que  con  gritos  y  como  si  reclamaran  una  deuda.  Consideran  que  exertan 
un  oficio  como  cualquier  otro  y  del  todo  humillante.  No  se  retiran  si  no  se 
les  da  algo.  Oygo  á  uno  que  tardan  de  echarle  la  moneda,  que  canta  con 
la  cantilena  de  los  salmos  como  se  cantan  en  las  sinagogas: 

<Ojo8  tienen  y  no  ven 
Orejas  y  no  oyen 
Manos  y  no  dan». 
Las  juderías  no  son  mas  habitadas  que  por  el  pueblo  pobre  ó  de  chico 
poder.  Los  otros  moran  en  Pena,  en  las  islas,  ó  en  el  Bosforo. 

Todos  los  hombres  penan  y  lasdran  para  mantener  sus  familias  siem- 
pre muy  numerosas.  Se  van  al  amanecer  y  volven  al  anochecer.  Trabajan 
todo  el  dia  sin  descanso  y  casi  sin  comer,  contentandosen  á  la  mediodía 
de  una  revanada  de  pan  con  un  pedazo  de  quezo  ó  un  racimo  de  uvas. 

Pero  el  sábado  es  el  reposo,  es  la  alegría.  El  buen  judio  no  debe  el  sá- 
bado no  solamente  hacer  ningún  trabajo,  pero  ni  hablar  mismo  de  sus  he- 
chos, ni  pensar  en  sus  hechos,  ni  tener  ninguna  preocupación  ni  cuidado, 
ni  abrir  la  carta  que  pueda  recibir  en  este  dia. 

Vea  Vd.  al  judio  de  la  judería  caminando  por  la  calle  el  sábado  ó  pa- 
seándose por  el  campo;  es  otro  hombre.  El  judío,  el  mas  pobre,  el  ambu- 
lante que  va  por  las  aldeas,  cargado  mas  que  sus  fuerzas,  marchando  por 
los  soleros  y  los  polvos  de  los  caminos,  doblado  en  dos,  su  flaco  piscueso 
(nuca)  quemado  y  tostado  por  el  sol,  el  sábado  es  rey  ¿Quién  es  este  que 
ya  con  un  paso  lento  y  mesurado,  paseándose,  la  cabeza  alta,  el  cuerpo 
derecho,  las  manos  detras  de  la  espalda,  la  derecha  desgreñando  su  rosa- 
rio, vestido  con  su  ropa  limpia  del  sábado,  y  su  capote  de  forro,  ligero  el 
verano  y  espeso  el  invierno?  Es  Abraham  Castro  el  barquero,  ó  Jacin  Abra- 
rand  el  pepitero,  ó  Mordecaí  Sevilla  el  hilero. 

En  la  judería  no  se  oye  mas  el  sábado  que  cantes  alegres  y  oraciones 
que  volan  por  las  ventanas.   Se  oyen  cantos  hebreos  y  cantos  españoles: 
Hazme  ver  á  tu  vista 
Hazme  oir  á  tu  voz 

Que  tu  voz  sabrosa  , 

Y  tu  visto  donosa 

Es  el  cantar  de  los  cantares  de  Solomón,  otras  veces  son  loe  salmos 
de  David  ó  traducciones  en  español  de  algunas  poesías  de  Gabiro  ó  de 
Juda  Halevi. 

El  aire  se  yena  de  cantares  y  todo  tiene  una  vista  de  fiesta  y  de  ale- 
gría. 


(1)     £1  eoncarrente  es  earaita.  Los  caraitas  forman  ana  secta  de  judíos  que  no 
admiten  otro  libro  relijioso  que  la  Biblia. 


411 

Los  Judíos  son  muy  frugales;  en  sus  familias  se  contentan  de  lo  que 
sea...  basta  que  no  lo  sepa  el  vecino.  Les  parece  nobleza  el  desden  que 
mostran  por  el  comer.  Pero  para  el  vestir  y  las  fiestas  gastan  sin  pensar  y 
sin  prudencia. 

No  son  cernedores  ni  bebedores.  No  se  ve  nunca  en  la  judería  un  bo- 
rracho titubear  por  las  calles,  como  se  ve  entre  otras  naciones.  El  sábado 
sin  embargo  beben  vino  mas  del  menester  porque  €  el  vino  alegra  el  cora- 
zón del  hombre». 

Como  no  es  el  uso  aquí  que  la  mujer  se  ocupe  de  otra  cosa  que  de  su 
interior,  es  sobre  el  hombre  que  pesa  toda  la  carga  de  ganar  la  vida  por 
toda  su  familia.  Los  hombres  no  conocen  la  ociosidad.  Y  mismo  cuando 
alcanzan  un  poco  de  riqueza  no  por  esto  amenguan  su  labor,  porque  los 
menesteres  van  aumentando.  Las  mujeres  aman  con  pasión  el  lujo  y  los 
maridos  no  saben  refresarles  nada.  Y  gastan  con  gran  facilidad  lo  que  se 
ha  ganado  con  tanto  afán.  Muy  presto  les  crecen  alas  á  estas  ormigas  y 
quieren  volar  alto,  como  dice,  me  parece,  el  buen  Sancho  cuando  abando- 
na su  govierno  de  la  isla  de  Baratada. 

■(Los  paños  dan  honor»  dice  el  refrán,  es  por  esto  que  visten  mas  de  su 
poder.  Las  fiestas  también  son  causa  de  grandes  gastos.  Las  bodas  dura- 
ban antes  siete  dias,  y  cada  dia  eran  combites,  tañeres  y  grandes  manja- 
rias.  Hoy  no  celebran  tantos  dias  la  boda  pero  los  gastos  no  amenguaron, 
y  un  padre  que  casa  á  su  hijo  ó  á  su  hija  gasta  en  dos  dias  lo  que  ha  re- 
cogido con  sudor  en  seis  meses.  Y  muchos  se  endeuda.  Por  <los  ojos  del 
mundo»  como  dicen  aquí  no  hay  gasto  que  no  se  haga. 

Y  esto  es  una  causa  de  ruina. 

Los  que  se  enriquesen  presto  se  acostumbran  á  la  vida  nueva  y  á  loa- 
gastos  que  necesita  su  nueva  posición  y  cuando  se  empovresen  no  saben 
reducir  la  despensa. 

Las  mujeres  se  visten  con  mucho  gusto  y  nobleza,  mismo  las  que  de 
nada  llegaron  á  buena  posición.  Todas  las  damas  de  las  otras  naciones  re- 
conocen que  el  lujo  de  la  mujer  judia  no  es  del  todo  gritador,  como  se  dice 
en  francés  (luxe  tapageur)  al  contrario  que  es  de  buen  gusto  y  distingui- 
do. Constantinopla  es  una  ciudad  cosmopolita  que  conta  muchas  lindas 
europeas;  y  nuestras  elegantes  israelitas  serian  confundidas  con  ellas,  y  no 
ee  pudieran  distinguir  si  no  hubiesen  conservado  de  los  usos  orientales  el 
amor  de  las  joyas. 

Les  gustan  los  paseos,  las  reuniones,  los  bailes,  los  teatros.  Tuvimos 
aquí  este  invierno  un  violinista  celebre  que  dio  dos  ó  tres  conciertos  en 
Pera.  La  mitad  de  la  sala,  ó  por  no  esagerar  el  tercio,  eran  judios  (1)  y  se 
debe  remarcar  que  los  precios  eran  relativamente  elevados,  y  conoce  en- 
tre ellos  un  buen  número  que  pertenecían  á  la  clase  de  pequeña  posición. 

(1)     La  potlacion  israelita  representa  el  5  por  100  de  la  población  total. 


412 

Si  se  dan  veinte  fiestas  al  propósito  de  obras  de  caridad  las  diez  son 
judias. 

Ahora  en  el  verano  en  todas  las  campañas  en  todos  los  paseos  vera 
Vd.  muchos  israelitas. 

Mismo  la  clase  pobre  se  pasea  en  los  días  de  fiesta  mas  que  las  otras 

naciones.  La  población  de  las  jude- 
rías de  Haskeuy  y  de  Balat  los  dias 
de  reposo  y  de  fiesta  corren  las  ori- 
llas de  las  Aguas  Dulces  á  la  extre- 
midad del  Cuerno  de  Oro. 

Por  las  obras  de  caridad  dan  rela- 
tivamente mas  de  su  poder. 

Supersticiones: 

Una  señora  francesa  se  burlava 
de  las  supersticiones  populares  de 
nuestro  país. 

— De  manera,  le  he  dicho,  que  Vd. 
no  es  del  todo  supersticiosa. 
—Seguro  que  no. 

—Por  ejemplo,  Vd.  no  tiene  mie- 
do de  sentarse  en  la  mesa  cuando 
con  ella  son  trece. 

—Si  que  tengo  miedo  y  nunca  lo 
haré;  pero  no  es  la  misma  cosa  ni  se 
puede  llamar  esto  superstición. 

— Entendió.  No  se  llaman  supersticiones  sino  que  las  de  los  otros. 


FlG.  114. — Hijos  de  Moisés  Fresco 
(Constantinopla). 


Hé  aquí  algunas  supersticiones  particulares  á  nuestros  judíos. 

Cuando  una  persona  esta  enferma,  si  el  médico  no  entende  lo  que  es  la 
enfermedad  dice  nervios.  Las  matronas  dicen:  «Esto  viene  de  ojo  malo. 
La  señora  enferma  se  fué  al  paseo,  estara  bien  vestida.  Alguna  enemiga 
ó  celosa  le  echaría  ojo.»  Presto  clavos  de  comer  (clavos  de  especia).  Una  ma- 
trona toma  un  puñado  de  clavos  y  los  echa  en  la  lumbre;  un  perfume  agra- 
dable sube  á  las  narices  y  si  no  se  queman  los  espíritus  malos  ó  gines  es- 
condidos en  los  rincones  de  la  camareta,  ya  destruirá  puede  ser  algunos 
microbes  dañadores.  Los  clavos  saltan  alegres.  «Así  salten  los  ojos  de  los 
enemigos,  dice  la  matrona  con  voz  de  pitcmisa,  que  se  quemen  como  se 
queman  en  la  lumbre  estos  clavos  y  que  no  dañen  mas.» 

El  ajo  preserva  del  ojo  malo.  Y  me  acuerdo  en  mí  chiquéz  que  á  los 
rec'en  nacidos  se  les  colgaba  un  ajo  sobre  la  escufía  ó  bonete. 

El  siguiente  artículo  desenvuelve   gallardamente,   y   con 
narración  episódica,  el  asunto  que  hemos  tratado  en  el  capí- 


413 


tulo  XIII  de  nuestra  primera  parte,  acerca  de  la  obra  pedagó- 
gica de  la  Alianza.  El  Sr.  Fresco  nos  ha  mandado  este  trabajo 
en  francés,  sin  duda  para  describir 
con  más  soltura  y  más  literario 
estilo.  Aparte  lo  amenísimo  del  re- 
lato, su  texto  contiene  una  ense- 
ñanza importante  que  debiera  im- 
presionar á  nuestros  hombres  de 
gobierno.  Este  artículo,  como  ha- 
ce el  titulado  La  lengua  francesa 
entre  los  israelitas  de  Oriente,  que 
publicamos  en  nuestro  libro  ante- 
rior, expone  con  elocuencia  los  tér- 
minos de  que  se  vale  Francia  para 
implantar  su  lengua  donde  antes 
solamente  se  hablaba  la  castellana, 
y  muestra  el  interés  con  que  Ale- 
mania, Italia,  Francia  y  Austria, 
se  esmeran  por  conquistar  con  sus 
escuelas  lo  que  nosotros  poseía- 
mos, todavía  tenemos,  y  estamos   dejando  perder. 


PiG.    115. —  Srta.    Fanny    Behar, 

israelita   española    de  Coustanti- 

nopla. 


Las  escuelas  israelitas  y  sus  resultados. 

(ANTES    Y    AHORA) 

Para  poder  juzgar  la  obra  realizada  por  las  escuelas  de  la  Alianza  en 
Constantinopla,  y  apreciar  los  resultados  de  los  esfuerzos  empleados  con 
objeto  de  mejorar  el  estado  intelectual  y  moral  de  nuestros  correligiona- 
rios de  la  capital,  es  necesario  dirigir  una  rápida  mirada  al  pasado.  Para 
esto  no  tenemos  necesidad  de  remontarnos  al  diluvio;  basta  volver  la  vista 
á  40  ó  50  años  atrás.  Precisamente  me  ha  venido  estos  últimos  días  á  las 
manos  una  colección  de  los  archivos  israelitas  de  Francia,  de  esta  época, 
y  he  descubierto  una  carta  muy  curiosa,  muy  interesante  y  muy  instruc- 
tiva, firmada  en  Constantinopla  por  un  corresponsal  que  había  vivido  allí 
algún  tiempo,  y  en  la  que  pinta  con  vivos  colores,  y  ciertamente  muy  sin- 
ceros, la  situación  material  y  moral  de  la  comunidad  israelita  de  esta 
ciudad. 

Por  esta  correspondencia  se  ve  hasta  qué  punto  era  general  la  ignoran- 
cia en  la  masa  del  pueblo  en  Constantinopla. 

La  comunidad  no  contaba  con  otras  escuelas  que  las  llamadas  Talmud 
Tora,  donde  no  se  toleraba  más  enseñanza  que  la  bibiia  y  el  talmud,  y 


414 

hasta  esta  enseñanza  estaba  tan  mal  entendida,  no  saliendo  de  los  moldes 
de  la  rutina,  que  los  resultados  eran  muy  medianos. 

Huelga  decir  que  la  comunidad  contaba  con  algunos  miembros  ilustra- 
dos; pero  éstos  no  constituían  sino  excepciones. 

El  mal  parecía  tan  grande,  que  el  corresponsal  en  cuestión  acabó  por 
preguntarse  si  era  posible  remediarlo,  y  si  el  pueblo  israelita  de  esta 
<;iudad  llegaría  alguna  vez  á  sacudir  sn  entorpecimiento:  y  aun  excusándo- 
se de  ser  demasiado  pesimista,  deja  ver  bien  claro  que  desesperaba  del 
porvenir. 

Para  algunos  á  quienes  interese  esta  mirada  al  pasado,  nada  es  más 
instructivo  que  la  lectura  de  los  periódicos 
israelitas  que  aparecían  en  Constantinopla 
del  año  1860  al  1870.  Hay  que  seguir  las 
batallas  que  se  reñían  contra  el  espíritu 
atrasado  de  la  época.  Era  el  combate  de  la 
luz  contra  las  tinieblas.  Hay  que  hacer  jus- 
ticia á  la  prensa  judía,  que  ha  contribuido 
en  gran  parte  á  desarrollar  el  gusto  de  la 
instrucción  y  preparar  el  terreno  á  los  que 
vinieron  más  tarde  á  sembrar  la  buena  se- 
milla. Esta  resistencia  á  toda  reforma  se 
explica  por  el  temor  que  tenían  las  gentes 
demasiado  piadosas,  de  ver  debilitarse  las 
creencias.  Por  lo  cual  toda  enseñanza,  fuera 
de  los  libros  santos,  era  tenida  como  sos- 
pechosa, y  el  estudio  de  las  lenguas  eu- 
ropeas era  visto  con  malos  ojos  por  cierta 
parte  del  pueblo. 
Creo,  y  de  ello  estoy  casi  cierto,  que  si  en  esos  momentos  se  hubiese 
pensado  en  dar  una  enseñanza  de  espíritu  moderno  en  lengua  española, 
la  resistencia  de  los  espíritus  atrasados  hubiera  sido  menor  ó  nula,  porque 
«1  español  no  era  ni  podía  ser  considerado  como  una  lengua  profana. 

Sin  embargo,  gracias  á  la  impulsión  de  los  amigos  del  progreso,  se 
abrió  una  primera  escuela  en  Constantinopla;  más  tarde  otra;  después 
una  tercera,  como  las  luces  que  se  encienden  una  tras  otra  en  el  templo; 
luces  débiles  al  principio;  vacilantes,  mal  defendidas  contra  las  bocas  que 
soplaban  sobre  ellas  para  apagarlas,  y  que  se  sostenían  muchas  veces. 


FiG.  116.— Srta.   Elena  Be- 

liar,   israelita   española   de 

Constantinopla. 


II 


¿Qué  eran  esas  pequeñas  escuelas  al  principio,  y  cuál  era  su  personal 
de  enseñanza?  Deseando  hacer  bien  las  cosas,  la  comunidad  había  busca- 
do para  profesores,  franceses  llegados  de  Francia.  Eran,  para  ella,  una 
garantía  de  saber  y  de  ciencia  pedagógica.  Pero  estos  maestros,  reclutados 
por  personas,  forzosamente  inexpertas,  y  nada  al  corriente  de  cosas  esco- 


415 

laree,  eran  casi  siempre  de  valor  muy  mediano.  Muchos  de  ellos  habían 
abrazado  la  carrera  de  maestros,  después  de  haber  fracasado  en  todas  las 
otras,  y  como  una  manera  de  vivir.  Estos  profesores  no  lo  habían  sido  en 
ninguna  parte. 

Cuando  cierro  los  ojos  y  me  quito  treinta  años  de  encima,  veo  un  mu- 
chachito sentado  en  un  banco,  delante  de  un  pupitre  demasiado  alto  para 
é\,  en  una  salita,  en  la  que  había,  apretados  unos  contra  otros,  cerca  de 
cuarenta  camaradas.  Algunos  pasos  distantes  de  allí  se  podía  respirar  un 
aire  puro  y  vivificador,  porque  nuestra  escuela  estaba  en  lo  alto  de  una 
colina,  muy  cerca  del  campo.  Pero  en  nuestra  salita  nos  ahogábamos,  y 
nos  faltaba  aquel  aire  que  había  con  profusión  al  lado  nuestro.  En  aquella 
atmósfera  pesada  que  daba  sueño,  los  discípulos  se  dormían  á  menudo,  y 
los  maestros  respetaban  su  sueño,  no  tenían  derecho  á  mostrarse  dema- 
siado severos  con  un  género  de  pecado  al  que  sucumbían  también. 

En  las  viejas  paredes  de  la  sala  pendían,  demasiado  altos,  atlas  geo- 
gráficos, á  los  que  solamente  había  tocado  el  polvo.  Sin  duda  se  encontra- 
ban allí  para  adorno;  no  teníamos  ninguna  idea  de  lo  que  podían  significar, 
ni  de  lo  que  allí  hacían;  procurábamos  descubrir  en  ellos  formas  y  figuras 
de  animales  extraños  y  fantásticos,  como  los  que  forman  las  nubes  blan- 
cas en  el  fondo  azul  del  cielo. 

Recuerdo  el  día  en  que  esperábamos  á  nuestro  profesor  francés,  que 
nos  habían  anunciado,  y  el  cual  iba  á  darnos  su  primera  lección.  Hasta 
entonces,  habíamos  aprendido  de  un  maestro  indígena  lodo  lo  que  él  sa- 
bía de  francés,  es  decir,  el  silabario  en  un  alfabeto  con  tapas  rosa,  donde 
se  pasaba  bruscamente  de  los  primeros  ejercicios  sobre  las  sílabas,  á  lec- 
ciones sobre  el  termómetro,  el  barómetro  y  el  pararrayos.  Entonces  atacá- 
bamos penosamente  las  primeras  páginas  de  nuestro  libro.  Se  abre  la  puer- 
ta y  vemos  entrar  un  señor  grueso,  vestido  de  negro,  llevando  un  sombre- 
ro de  copa,  un  vientre  enorme,  la  frente  cubierta  de  sudor  y  soplando 
como  una  foca. 

El  señor  grueso  se  quita  el  sombrero,  pasa  un  pañuelo  sobre  su  cráneo 
calvo,  que  brillaba  como  una  bola  de  billar,  y  mirándonos  á  través  de  sus 
anteojos  empieza: 

Messieurs,  les  beaux  esprits—dont  la  prose  et  les  vers — son  d'un  style 
pompeux~et  toujours  admirable — mais  que  Von  n'entend point — ecoutez  cet- 
tefable — et  tachez  de  devenir  clair. 

Después  recitó  de  un  tirón,  delante  de  su  auditorio  asustado,  la  fábula 
<ie  Florian,  titulada  «El  mono  que  enseña  la  linterna  mágica». 

Huelga  decir,  que  nosotros  no  habíamos  entendido  una  sola  palabra  de 
lo  que  nos  había  recitado  con  grandes  gestos  y  ademanes.  Al  acabar  se  di- 
rigió al  primer  discípulo,  sentado  en  la  primera  fila,  y  le  mandó  que  reci- 
tase la  fábula.  El  discípulo  bajó  modestamente  la  cabeza,  «y  guardó  de 
Conrado, —  el  silencio  prudente».  Interrogó  al  segundo,  al  tercero,  al  cuar- 
to, hasta  el  último,  sin  sacar  una  sola  palabra.  Después  de  lo  cual  consul- 
tó su  reloj,  se  puso  el  sombrero  y  se  fué. 

A  la  mañana  siguiente  volvió  á  la  misma  hora,  la  cara  congestionada. 


41tí 

y  siempre  soplando  como  una  foca.  Se  quitó  su  sombrero;  enjugó  su  crá- 
neo de  marfil  y  empezó; 

<Mes8Íeur8  les  beaux  espñts*  con  la  misma  entonación  y  los  mismos 
gestos  que  un  actor  que  declama. 

Después,  con  la  misma  imperturbabilidad,  mandó  á  cada  uno,  según 
su  turno,  y  sin  olvidar  á  ninguno,  que  repitiese  la  fábula,  y  todos  guarda- 
mos invariablemente  el  silencio  de  la  tumba.  La  misma  escena  se  repitió 
el  tercero,  el  cuarto,  y  basta  el  décimo  día,  después  del  cual  no  le  vimos 
más.  Se  nos  dijo  que  se  había  sentido  demasiado  fatigado;  yo  no  creo  que 
sería  por  los  esfuerzos  de  imaginación  que  había  desplegado  para  variar 


Í'IG.  117. 


Hospital  israelita   español,   esmeradamente  organizado 
(Constantinopla). 


8u  método  de  enseñanza.  Es  probable  que  fuesen  las  cuestas  las  que  mo- 
lestaran al  pobre  hombre. 

Tuvo  por  sucesor  un  individuo  de  tipo  militar,  vestido  con  una  larga 
levita  ajustada,  con  un  fuerte  bigote  y  mirada  dura.  Llevaba  un  bastón 
grueso  que  no  abandonaba  nunca.  El  primer  día  de  su  llegada,  sacó  á  uno 
de  nosotros  al  encerado  y  le  mandó  que  escribiese  un  nombre. — El  niño 
comprendió  que  le  mandaban  escribir  algo,  pero  no  sabía  el  qué,  y  remo- 
vía la  tiza  entre  sus  dedos.  ¡Un  nombre!  Pero  ¿qué  quiere  decir  un  nom- 
bre? Un  apuntador — lo.s  hay  siempre  que  vienen  en  socorro  de  los  mu- 
chachos apurados,  pero  tienen  más  á  menudo  buen  deseo,  que  saber,  — un 
apuntador,  pues,  le  dijo  caritativamente:  Que  escñbas  tu  nombre  (1).  Y  el 
otro,  bravamente,  escribió  su  nombre  en  grandes  caracteres:   tAbraham 


(l)      Asi,  en  español. 


417 

Levy:>.  Nuestro  hombre,  creyendo  que  querían  burlarse  de  él,  furioso,  le- 
vantó el  bastón,  y  lo  aplicó  brutalmente  sobre  los  dedos  del  niño,  que  dejan- 
do la  tiza  y  llevando  su  pobre  mano  golpeada  ala  boca,  volvió  á  su  puesto 
llorando  de  dolor.  El  segundo  muchacho  escribió  temblando:  Jacobo  Co- 
hén. El  hombre  se  puso  carmesí.  Cayó  sobre  el  pobre  chico  y  comenzó  á 
golpearle  de  firme.  Todos  tuvieron  que  pasar  por  el  encerado.  Los  basto- 
nazos caían  como  granizos,  acompañados  de  bofetadas,  de  puñetazos  y  de 
puntapiés.  Cada  uno  recibió  su  parte,  y  nadie  tuvo  derecho  á  mostrarse 
envidioso  de  su  camarada.  Sobreexcitado  por  los  lloros  y  los  gemidos, 
nuestro  verdugo  redoblaba  su  rabia,  y  no  se  sabe  cuando  hubiera  dejado 
su  cruel  ocupación,  si  los  vecinos  no  hubiesen  venido  para  salvarnos  de 
sus  manos. 

Escuelas  de  niñas  se  abrían  igualmente. — En  un  barrio,  conocí  á  la 
maestra  que  era  una  mujer  del  campo,  francesa,  y  que  hablaba  muy  bien 
el  patois,  pero  muy  mal  el  francés,  y  esta  mujerera  la  encargada  de  exten- 
der en  Oriente  la  lengua  de  Racine  y  de  Víctor  Hugo.  No  dudaba  de  nada 
la  pobre  mujer  y  repetía  á  quien  quería  oírselo  que  sus  discípulas  estarían 
muy  pronto  en  condiciones  de  presentarse  en  la  mejor  sociedad,  y  en  todas 
partes  «donde  se  hable  la  hermosa  lengua  francesa»,  como  ella  decía. 

Lo  que  había  todavía  de  más  lamentable,  eran  los  comités  que  admi- 
nistraban estas  escuelas.  Los  periódicos  de  la  época  están  llenos  de  quejas 
respecto  á  este  objeto.  Aparte  del  comité  de  la  escuela  de  Galata,  que  des- 
de el  principio  se  había  mostrado  á  la  altura  de  su  misión,  los  de  los 
otros  barrios  de  la  ciudad  estaban  compuestos  de  personas  que  al  hacerse 
miembros  únicamente  tenían  una  mezquina  satisfacción  de  amor  propio 
y  la  vana  ambición  de  llevar  un  título,  el  de  presidente,  el  de  vicepresi- 
dente ó  de  secretario.  Estos  títulos  debían  ser  entonces  tanto  más  busca- 
dos cuanto  que  la  cosa  tenía  el  atractivo  de  la  novedad,  y  el  que  estaba' 
investido  de  él  era  considerado  como  un  ser  especial.  El  orgullo  y  el  amor 
propio  constituían  los  principales  móviles  que  hacían  moverse  á  estos  se- 
ñores; y  por  esto  la  desunión  no  tardó  en  nacer  en  sus  reuniones,  y  cada 
uno  procuraba  contrarrestar  las  opiniones  de  sus  colegas  únicamente  por- 
que eran  del  colega;  no  había  más  que  rivalidades  é  intrigas  para  preva- 
lecer las  unas  contra  las  otras. 

Estas  rencillas  y  estas  envidias  de  los  que  se  llamaban  amigos  del  pro- 
greso, hacían  tal  vez  tanto  mal  á  las  escuelas  como  los  enemigos  declara- 
dos de  las  innovaciones,  calificadas  entonces  de  peligrosas. 

III 

Como  las  diversas  comunidades  finalmente  se  dirigieron  al  Comité 
central  de  la  Alianza  Israelita  Universal  para  la  organización  de  sus  es- 
cuelas, la  situación  cambió  entonces  por  completo. 

De  1875  á  1880  la  Alianza  ha  fundado  en  Constantinopla  once  escue- 
las de  niños  y  niñas,  y  una  de  artes,  cuyos  gastos  de  sostenimiento  se  ele- 
van á  la  suma  de  más  de  200.000  francos  por  año,  y  á  los  que  la  Alianza 

27 


418 

contribuye  con  la  mitad,  estando  la  otra  mitad  á  cargo  de  las  comunida- 
des y  de  los  padres  acomodados. 

Una  de  las  notabilidades,  Mr.  Isaac  Fernández,  mietrbro  del  Comité 
central,  residente  en  Constantinopla,  está  á  la  cabeza  de  la  obra  de  la 
Alianza  en  Oriente,  prestando  á  esta  obra  un  apoyo  eficaz  con  una  inteli- 
gencia y  un  apasionamiento  notable. 

No  me  extenderé  largamente  sobre  los  progresos  rápidos  de  estas  es- 
cuelas y  sobre  los  beneficios  que  han  producido.  Diré  solamente  que  todas 
las  personas  competentes  que  las  han  visitado  han  alabado  unánimemen- 
te su  organización  y  el  método  de  enseñanza  de  que  se  sirven  los  maes- 
tros, animados  de  un  inteligente  celo. 

Las  escuelas  han  producido  una  legión  de  jóvenes  que  se  han  formado 
posiciones  muy  honrosas,  y  algunas  muy  brillantes.  Los  unos  han  entrado 
en  las  carreras  liberales,  otros  en  la  Administración  pública  ó  privada.  Un 
gran  número  ocupan  plazas  importantes  en  el  comercio. 

Si  el  corresponsal  de  los  archivos  volviese  al  mundo,  se  sorprendería 
mucho  de  los  progresos  existentes.  Ya  no  hay  nadie  en  las  comunidades, 
ni  aun  entre  el  clero,  que  vea  con  malos  ojos  la  enseñanza  moderna. 
Y  hasta  entre  los  miembros  del  rabinato  los  hay  que  envían  á  sus  hijos  ó 
á  sus  hijas  á  París  para  darles  una  instrucción  superior.  En  todas  las  cla- 
ses del  pueblo  judío,  tanto  en  las  altas  como  en  las  bajas,  hay  un  deseo 
ardiente  de  aprender,  de  levantarse  cada  vez  más  alto  por  la  instrucción, 
de  dar  á  los  niños  una  educación  sólida,  de  hacerles  aprender  lenguas 
europeas,  de  hacerles  viajar. 

Pero  las  escuelas  de  la  Alianza  no  son  bastantes  para  contener  todos 
los  niños  israelitas  que  solicitan  su  admisión,  y  buen  número  de  ellos 
frecuentan  los  liceos  y  universidades  turcas,  y  otros  entran  en  las  escue- 
las que  los  Gobiernos  alemán,  austriaco  é  italiano  han  fundado  en  nuestra 
ciudad,  y  que  son  excelentes. 

Así  es  que  en  Galata,  por  ejemplo,  el  número  de  muchachos  israelitas 
en  edad  de  frecuentar  una  escuela  es  de  LOOO  aproximadamente;  600 
están  en  las  escuelas  de  la  Alianza  y  de  la  comunidad;  los  otros  400  fre- 
cuentan las  escuelas  turcas  y  extranjeras  de  que  hemos  hablado.  El  núme- 
ro de  niñas  asistentes  es,  sobre  poco  más  ó  menos,  el  mismo.  La  escuela 
de  hi  Alianza  contiene  450  niñas;  las  otras  frecuentan  igualmente  las  es- 
cuelas de  niñas  alemanas,  austríacas  é  italianas. 

Los  padres,  aun  los  más  pobres,  se  imponen  sacrificios  á  fin  de  dar  á 
sus  hijos  una  instrucción  cuidada,  y  no  puedo  menos  de  admirar,  aun  re- 
conociendo sus  defectos,  á  una  población  que  en  tan  pocos  años  ha  hecho 
tan  grandes  progresos  en  la  vía  de  la  civilización. 


CAPÍTULO  VI 


Sigue  la  información  de  Constantinopla.  — Abraham  Danon.— Adrianópolis.  Jac- 
ques  Danon  y  J.  Mitrany.  —  Demotica.  Informe  de  Moisés  Franco. — Gallipoli. 
Informe  de  Rafael  Amato  y  Levy  Franco.— Seres  y  Monastir.  Informe  de  José 
Misraeli. — dañina.  Informe  de  E.  Carmona. 


D.  Abraham  Danon,  director  del  Seminario  rabínico  de 
Constantinopla,  ha  sido  citado  tantas  veces  en  nuestro  libro 
anterior  y  en  este,  que  huelga  toda  presentación  detallada.  Fi- 
gura literaria  de  renombre  universal,  autor  de  colecciones  de 
romances  judeoespañoles  y  estudios  filolpgicos  de  mérito  y  co- 
laborador en  muchos  periódicos  judeo- españoles,  como  El 
Tiempo  y  El  Telégrafo,  de  Constantinopla;  La  Verdad,  de  Sofía; 
La  Voz  del  Pueblo,  de  Belgrado;  El  Avenir,  de  Salónica;  El 
Novelista  y  La  Buena  Esperanza,  de  Esmirna...  etc.,  la  Eeal  Aca- 
demia de  la  Lengua  le  ha  honrado  nombrándole  académico  co- 
rrespondiente, por  lo  cual  significamos  á  ésta  nuestra  gratitud 
y  le  rendimos  nuestro  aplauso. 

La  siguiente  información  es  un  estudio  apreciable,  escrito, 
como  se  puede  advertir,  en  muy  buen  castellano: 

Mil  excusas  por  el  retardo  que  yo  metí  á  responder  á  su  carta  de  Yd. 
del  8  /6/  1904.  d.  me  sera  muy  indulgente  cuando  sabrá  que  (lo  digo  por 
disculparme,  y  no  por  presunción)  el  infrascripto  servidor  es,  si  no  el  mas 
ocupado,  mas  uno  de  los  hombres  los  mas  cargados  de  ocupaciones  que 


420 

hayga  en  Turquia.  Afuera  de  mis  trabajos  literarios  y  oratorios  y  de  no  i 
asidua  participación  á  obras  comunales,  tengo,  en  medio  de  penibles  cir- 
constancias,  la  enseñanza  y  la  dirección  en  el  Seminario  Rabinico  de  esta 
Capital,  que  absorbe  la  mas  grande  partida  de  mi  tiempo  y  de  mis  fuerzas, 
sobretodo  en  esta  fin  de  año  escolar  que  exige  del  director  de  una  seme- 
jante institución  un  aumento  de  labor  por  hacer  la  sintesis  del  ejercicio 
anual,  redactar  informes,  etc. 

Basta  esto  como  preámbulo.  Arribemos  al  esencial.  Por  serle  agrada- 
ble, consignaré  aqui  (tanto  cuanto  mi  tiempo  y  los  estrechos  limites  de 
una  carta  lo  permiten)  algunas  notasen  respuestas  á  las  preguntas  de  Vd., 
pero  sin  la  precisión  y  la  exactitud  conocidas  en  el  Occidente,  porque  en 
nuestro  pais  manca  aun  aquella  abundancia  de  manaderos  de  información 
que  tanto  facilita  la  tarea  del  escribiente  europeo,  y  porque  el  censo,  por 
ejemplo,  no  alcanzo  aqui  toda  la  perfección  deseada.  Por  consiguiente, 
nos  contentaremos  con  lo  que  tenemos  á  nuestra  disposición  sobre  este 
sujeto  fluctuante. 

Los  israelitas  hablando  mas  o  menos  el  castellano  parecen  asi  reparti- 
dos á  numero  de  almas: 

(Sigue  la  relación  estadística  que  publicamos  en  la  pág.  43.) 

Esta  lista  es  suficiente  también  por  indicar  cuales  son  las  comunidades 
las  mas  importantes  por  el  número  de  sus  miembros,  á  quienes  se  pueden 
mandar  libros,  revistas,  periódicos 

Af  aera  de  Maruecos  en  que,  sin  la  protección  oficial  otorgada  por  las 
potencias  á  un  cierto  número  de  israelitas,  los  excesos  los  mas  graves  se- 
rian de  temer  cada  dia  de  la  parte  de  una  populación  aun  barbara,  que 
vee  un  enemigo  en  cada  no  moslemo,  los  judíos  españoles  viven  quietos 
y  sosegados  en  todas  partes,  especialmente  en  el  querencioso  Imperio 
Ottomano.  Acá  no  hay  leyes  de  excepción  contra  los  israelitas,  no  hay 
persecuciones  legales  del  Gobierno,  ni  ideas  añejas  y  fanáticas  de  parte 
del  pueblo  musulmán;  mas  de  todas  las  bandas  se  veen  relaciones  amis- 
tosas, la  ejecución  de  los  principios  de  igualidad  y  de  justicia,  expedien- 
tes enérgicos  contra  todos  los  desórdenes  o  abusos  de  los  regidores  de 
chico  grado. 

Conforme  á  la  Constitución  que  declara  á  todos  los  sujetos  otomanos 
iguales  delante  la  ley,  muchos  israelitas  son  admitidos  en  las  funciones 
del  Estado.  Tres  personas  de  religión  mosaica  fueron  miembros  de  la 
asamblea  de  diputados  escogidos  en  el  1877,  dos  otros  eran  miembros  de 
Senado  que  fué  formado  en  el  mismo  año,  un  otro  israelita  ocupa  una  si- 
lla en  la  junta  superior  de  Estado,  etc.  Es  cansoso  de  computar  todos  los 
judies  empleados  en  los  tribunales  y  en  las  diyersas  ramas  de  la  adminis- 
tración, la  jurisprudencia,  la  medicina,  la  banca,  etc. 

Prosigue  luego  exponiendo  la  obra  escolar  de  la  AlUance,  ya 


421 

ampliamente  tratada  en  capítulos  anteriores,  y  añade  después 
lo  siguiente: 

Estos  hermosos  frutos  resultan  particularmente  de  las  escuelas  que  la 
Alliance  Israélite  Universelle  de  Parip  fundó  en  todas  partes  desde  el  1862. 
Aquella  de  Andrinopla  (1867),  la  cuarta  después  de  las  de  Tétuan,  Tánger 
y  Bagdad,  empeza  la  seria  de  las  que  ella  abrió  en  la  Turquía  de  Europa, 
es  decir  la  primera  por  los  judios  españoles.  Por  dar  á  la  mujer  también 
la  autoridad,  el  lugar  legitimo  que  le  pertenece  en  la  familia  y  que  las  cos- 
tumbres locales  le  rehusaban,  la  parte  que  ella  debe  tener  en  la  dirección 
intelectual  y  moral  de  sus  criaturas  y  que  su  estado  de  inferioridad  social 
la  hacia  incapaz  de  realizar,  convenia  levantarla  al  nivel  de  sus  hermanos 
y  de  su  marido  por  su  instrucción  y  por  su  educación.  Por  esto,  la  Allian- 
ce I.  U.  pensó,  desde  el  principio  de  su  obra,  á  organizar  escuelas  de  hi- 
jas como  de  muchachos.  Abstracción  hecha  de  otros  países  (Tünis,  Ha- 
rnéeos, Persia,  etc.,  asi  como  Alep,  Bagdad,  Egipto,  etc.,  en  que  reina  el 
arabo  o  el  persano)  y  de  su  Escuela  Normal  Oriental  de  París,  y  del  Semi- 
nario de  Costantinopla,  como  de  sus  Escuelas  agricoles  de  Jaffa,  de  Smyr- 
na,  y  de  Djedeida  y  profesional  de  Jerusalem,  solamente  en  ciudades 
orientales  en  que  se  habla  por  la  mayor  parte  el  castellano  (Turquía  de 
Europa,  Anatolia,  Palestina,  Bulgaria)  la  Alliance  tiene  hoy  36  escuelas  de 
hijos  con  9162  discípulos,  y  21  escuelas  de  hijas  con  6644  alumnas,  según 
lista  á  la  fin  de  esta  carta  en  P.  S. 

En  estos  establecimientos  primarios  el  francés,  y  algunas  veces  el 
alman  y  el  ingles,  hacen  concurrencia  á  la  lengua  español,  que  portanto  no 
es  olbidada.  En  efecto,  se  encontran  en  la  America  del  Sud  comunidades 
compuestas  en  mayor  parte  de  viejos  alumnos  de  las  escuelas  de  la  Allian- 
ce en  Maruecos  que,  gracias  á  sus  conocimiento  del  español,  pudieron 
prontamente  acostumbrarsen  á  las  maneras  americanas  meridionales. 
¿Por  cualo  no  emigrarían  también  un  dia  á  la  España  si  ellos  toparian  alli 
brazos  abiertos  y  medios  de  existencia? 

Pero,  hay  en  el  Oriente  mas  escuelas  de  instrucción  elementaría,  lla- 
madas «Talmud-Tora».  Es  sobre  los  bancos  de  estas  escuelas  primitivas 
que,  antes  que  la  Alliance  fundara  las  suyas,  las  precedentes  generacio- 
nes pasaban  sucesivamente  y  recibían  todo  sus  saber.  Aun  hoy,  ellas  con- 
servaron mucho  de  sus  antigua  importancia,  y  si  algunas  (como  la  de  An- 
drinopla con  sus  970  alumnos)  se  contentan  con  ser  simples  semilleros  que 
preparan  discípulos  para  las  escuelas  de  la  Alliance,  muchas  otras  (en  Sa- 
lónica, Smyrna,  etc.)  que  son  frecuentadas  por  mas  de  mil  niños  cada  una, 
quedaron  en  un  estado  independiente.  Mismo  estos  Institutos  de  enseñan- 
za popular  que,  por  causas  lamentables,  fueron  largo  tiempo  descuidados, 
aplican  ahora  bajo  la  influencia  saludable  de  la  Alliance,  medios  directos 
y  prácticos  á  la  vulgarización  de  conocimientos  útiles.  Es  en  estos  Talmud- 
Tora  que  el  viejo  idioma  castellano  reina  casi  sin  rival,  porque  las  mate- 
rias del  programa  son  enseñadas  con  este  suave  dialecto. 

Nuestro  Seminario  de  reciente  fundación  procuró  ya,  para  algunos  de 


422 

estos  Talmud-Tora,  directores  y  profesores  que,  con  sus  camaradas  que 
los  seguirán  en  la  misma  carrera,  servirían  como  los  mas  eficaces  instru- 
mentos de  propaganda  por  la  lengua  española,  si  ellos  eran  materialmen- 
te encorajados  á  cultivarla  y  purificarla  de  sus  escorias,  por  enseñarla  á 
perfección  en  aquellas  escuelas  elementarlas  y,  por  decir  mas  claro,  de- 
brian  ser  pensionados  con  el  proposito  de  que  adquieran  especiales  cono- 
cimientos que  sirva  n  como  medio  de  hacer  nacer  relaciones  simpáticas 
entre  los  Sefardim  de  acá  y  la  España.  Es  un  punto  á  estudiarse. 

Es  en  el  mismo  escopo  de  purificación  lenguistica  que,  afuera  de  mis 
pasadas  obras  sobre  la  materia,  yo  vengo  de  publicar  un  «Essái  sur  les 
vocables  tures  dans  le  judéo-espagnoh  de  que  recibirá  Vd.  un  ejemplar 
como  homenaje  de  honda  amistad. 

Asi  vee  Vd.  como  yo  amo  seguir  la  vena  de  estudios  castellanos  que 
meatraeron  de  temprano.  De  mismo,  mi  hijo  Samuel  que  se  hizo  agróno- 
mo al  servicio  de  la  AUiance  en  Djedeida  (Tunis)  preferirlo  estudiar  á 
fondo  el  castellano  por  pasar  sus  exámenes  en  Paris,  en  que  exigen  de 
todo  candidato  la  adquisición  de  una  lengua  extranjera  afuera  del  fran- 
cés. Mi  primo-hermano  Jacques  Danon  de  Andrinopla  le  es  conocido  ya  á 
Vd.  como  filo-español.  En  una  palabra,  esta  nostalgia  por  las  cosas  ibéri- 
cas es  vieja  tradición  en  la  familia. 

En  mi  precedente  carta  señali  ya  una  lista  de  los  mas  importantes  dia- 
rios jadeo-españoles,  sirviendo  también  como  librerías. 

Nuestros  alumnos  hizieron  sus  educación  en  turco,  porque  todas  las 
materias  de  nuestro  programa  en  el  Seminario  son  enseñadas  con  este 
idioma  de  nuestra  querida  patria  ottomana,  y  que  nos  siervo  de  lazo  de 
unión  con  nuestros  afectuosos  compatriotas  osmanlis  bajo  la  benevolentí- 
sima protección  de  nuestro  magnánimo  y  paternal  soberano  el  Glorioso 
Gazi  Sultán  Abdul-Hamid  Han  II. 

Entre  tanto,  hay  ciertas  circunstancias  en  que  nosotros  israelitas, 
pueblo  poliglotta  por  necesidades  económicas,  nos  vemos  en  la  obligación 
de  adquirir,  como  secundaria  al  turco  que  debe  ocupar  el  primer  rango 
en  nuestra  boca  y  en  nuestro  corazón,  una  otra  lengua  europea  que,  por 
preferencia,  puede  ser  el  castellano  que  ya  poseemos,  aunque  corrompido, 
y  que  se  trata  de  esmerarlo.  Asi,  aquellos  miles  de  niños  que  frecuentan 
los  Talmud-Tora  hasta  una  [edad  relativamente  chica,  abandonando  por 
falta  de  medios  la  escuela  en  la  edad  de  13  á  14  años,  pudrían  (dije  yo) 
después  de  aprender  el  Turco,  lengua  nacional  y  esencialmente  necesaria 
y  preciosa  para  nos,  perfeccionar  y  purificar  sus  dialecto  maternal  (el  es' 
pañol),  esto  que  no  demanda  tanto  tiempo  y  medios  como  por  estudiar  de 
un  cabo  al  otro  una  nueva  y  desconocida  lengua  (francés,  alman,  ingles). 
A  muchos  hijos  desheredados  de  la  fortuna  que  forman  la  mas  grande 
partida  de  la  población  escolar  de  los  Talmud-Tora,  podria  el  castellano 
puro  que  ellos  aprendieron,  servir  ulteriormente  por  facilitarles  la  entrada 
en  relaciones  comerciales  con  las  naciones  que  hablan  el  español,  como 
arribó  por  muchos  judios  de  Maruecos  que  (según  mencioni  en  mi  pre- 


423 

cedente  carta)  pudieron  constituir  colonias  en  la  America  del  Sur.  Esto  es 
el  fondo  de  mi  pensamiento,  que  soporta  detallada  amplitud  y  extensión 
cuando  sera  juzgado  oportuno  de  meterlo  en  práctica. 

D.  Alberto  Cazes  es  un  inteligente  y  muy  culto  comisionis- 
ta, consocio  de  una  rica  casa  comercial  de  Constantinopla,  el 
cual  vino  á  Madrid  por  atención  á  nuestra  propaganda,  habló 
con  nosotros,  estudió  fábricas  españolas  y  nos  comunicó  sus 
impresiones  en  un  estudio  que,  por  su  importancia  mercantil, 
llevaremos  á  nuestra  tercera  parte,  cuando  tratemos  del  aspecto 
comercial  de  nuestras  relaciones  hispano-judías. 

Adrl\nópolis. 

Ya  hemos  dicho  que  es  la  segunda  ciudad  de  la  Turquía 
europea,  residencia  de  dos  muy  apreciados  colaboradores 
nuestros,  D.  Jacques  Danon,  muy  conocido  de  nuestros  lectores 
(véase  todo  el  cap.  VI,  pág.  131),  y  D  J.  Mitrany,  distinguido 
sefardí  á  quien  debemos  los  siguientes  informes: 

Los  israelitas  de  Adrianópolis. 

La  comunidad  israelita  de  nuestra  ciudad  conta  mas  de  20.000  almas 
aunque  las  statesticas  non  acensan  que  17.000.  La  ciudad  de  Andrinople 
tiene  a  sus  rededores  munchas  otras  chicas  ciudades  donde  habiten 
israelitas  españoles  ellas  son:  Démotica  habitada  por  cerca  1.000  israelitas, 
Kirselissé  1.000,  Dédéagatch  150  200,  Gallipoli  2.600,  Eodosto  1.800, 
Gumuldjina  800,  Tchorlou  700,  Mustafa-Pacha  500. 

El  estado  social  de  los  israelitas  de  nuestra  ciudad  es  bastante  bueno. 

Los  israelitas  de  Andrinople  contan  sus  seno  munchas  personas  que 
occupan  altas  posiciones  como  el  gobierno,  la  milicia,  la  medicina,  la  juris- 
prudencia y  la  banca. 

En  nuestra  ciudad  non  se  publica  ningún  periódico,  los  israelitas 
sueldan  journales  en  judéo  español,  publicados  en  Constantinople  ou  Sa- 
lonique,  ma  ellos  sueldan  particularmente  re\'istas  y  periódicos  publicados 
en  Francia. 

Nuestra  ciudad  conta  4  escuelas,  2  escuelas  una  de  niños  y  una  de 
niñas  sostenidas  de  parte  de  la  Alliance  Israélite  Universelle,  un  Talmud 
Thora  frecuentado  de  parte  cerca  1  000  niños  sostinido  en  partida  de 
parte  r Alliance  Israélite  y  en  mas  grande  parte  sostenido  á  los  gastes  de 
la  comunidad,  y  una  escuela  de  niños  pagantes  tenida  por  un  particolar. 

El  judeoespañol  non  es  enseñado  en  las  escuelas,  siendo  non  es  consi- 
derado como  una  lingua  vivante,  ma  todos  lo  conocen  por  averio  enseñado 
de  sus  parientes  en  sus  tierna  edad. 


424 


El  judeo-español  se  conserva  bien  en  nuestra  ciudad  aunque  en  mun- 
chas  familias  emplean  la  lingua  francesa,  el  judeo-espafiol  predomina 
siempre. 

Los  israelitas  de  Turquía,  el  de  qualunque  ciudad,  acceptarían  con 

agrado  y  simpatías  relaciones  con  sus 
antigua  patria  española,  si  de  estas  rela- 
ciones resultan  algunos  provechos  mora- 
les como  materiales. 

Los  Israelitas  non  sufren  de  ninguna 
ley  de  excepción  ni  de  persecuciones; 
ellos  biven  en  la  mas  parfecta  harmonía 
con  todos  los  otros  habitantes  de  naceo- 
nalidad  estrangeras  á  nuestro  religión. 

Los  centros  intellectuales  a  quien  se 
pueden  mandar  libros  y  levistas  son:  Le 
Cercle  Israélite,  le  Cercle  de  la  Bien- 
faisance,  la  Société  Dorché  Aséala,  la 
Societé  Hessed  vé  Emmed;  toda  vía  ellos 
deven  ser  mandados  gratuitamente  en  el 
enteresso  de  la  propaganda. 

Non  ay  en  nuestra  ciudad  librerías 
donde  se  vendi  revistas,  periódicos  on 
libros  en  judeo-español. 


FiG.    118.— D.    Roberto    Effencli 

Misrachi,  Gobernador  (?)  del  vila- 

yeto  de  Andrinópolis. 


Jacques  Danon  nos  ha  remiti- 
do muy  interesantes  trabajos,  que 
sentimos  no  poder  publicar,  por  la  necesidad  en  que  nos  ha- 
llamos de  contraer  ya  mucho  esta  información.  En  carta  29  de 
Enero  nos  favorece  con  el  envío  de  los  retratos  de  dos  distin- 
guidos israelitas  españoles:  el  del  Gran  Rabino  de  la  comunidad 
israelita  de  Andrinópolis,  D.  Rafael  Behmoisam,  muerto  hace 
diez  años;  y  el  del  ilustrado  joven  D.  Roberto  Effendi  Misrachi, 
director  de  los  negocios  políticos  (extranjeros)  de  la  provincia 
de  Andrinópolis.  Miembro  de  una  de  las  más  distinguidas  fa- 
milias de  Oriente,  á  la  edad  de  treinta  y  cinco  años  ha  llegado 
por  su  instrucción  y  su  inteligencia  fina  y  delicada,  á  ocupar  un 
puesto  de  alta  consideración  pública.  Ha  desempeñado  comisio- 
nes importantes  y  está  significado  como  una  figura  diplomáti- 
ca sobresaliente,  llamada  al  desempeño  de  difíciles  embajadas. 
Ha  sido  condecorado  por  muchos  Gobiernos:  turco,  francés, 
italiano,  griego,  persa...,  etc. 


425 


Demotica. 

Aquí  saludamos  al  distinguido  sefardí  Moisés  Franco, 
autor  de  la  conocida  obra  Essai  sur  Vhistoire  des  Israélítes 
de  VEmpire  Ottoman,  de  la  cual  hablamos  extensamente  en 
nuestro  primer  libro  y  hemos  ci- 
tado varias  veces  en  los  capítulos 
anteriores.  Es  director  de  la  es- 
cuela de  la  Alianza,  y  nos  ha  fa- 
vorecido con  uaa  extensa  infor- 
mación, de  la  cual  reproducimos 
los  motivos  más  interesantes, 
pues  los  demás  los  hemos  presen- 
tado con  frecuencia.  Es  joven 
este  distinguido  publicista:  nació 
en  Mayo  de  1864,  su  nombre  pro- 
viene de  una  aldea  de  Navarra; 
es  discípulo  de  la  Alianza,  cursó 
en  París  y  enseñó  en  varias  ciu- 
dades de  Oriente;  ha  publicado 
varios  libros,  declarados  de  texto 
en  las  escuelas  turcas,  y  ha  cola- 
borado en  revistas  diferentes,  siendo  lo  más  importante  de 
todas  sus  colaboraciones  los  150  artículos  suministrados  á  la 
Jewis  Encyclopedie  de  Neiv-Yorlc,  obra  dirigida  por  el  Dr.  Isi- 
doro Siuger. 

Su  obra,  Señor, — nos  dice— es  una  buena  y  meritoria  acción;  es  en 
mismo  tiempo  un  acto  patriótico.  Además  es  también  une  buena  lección 
dada  a  los  representantes  de  España  en  Oriente  asi  que  a  otras  autorida- 
des teniendo  misión  de  llevar  alto  el  pendón  caballeresco  de  España. 

Al  apoyo  de  eso,  yo  le  puedria  citar  un  hecho  personal.  Cuando  yo  im- 
primí mi  pequeño  libro  sobre  la  Historia  de  los  Israelitas  del  Imperio  Oto- 
mano, yo  me  vide  ref  usar  el  mas  mínimo  subsidio,  sea  por  la  embajada  es- 
pañola en  Costantinopla,  sea  por  la  Academia  Real  de  Madrid. 

Pero,  según  dice  un  refrán  viejo:  <í Lo  pasado,  olvidadoy..  Pasemos  una 
esponja  sobre  eso  y  hablemos  por  lo  porvenir. 

Desde  64  años,  las  escuelas  de  la  Alianza  Israelita  travajan  en  Oriente 
y  echan  cómo  un  fermento  en  medio  de  la  masa  popularla,  digamos  1.500 
niños  y  niñas  al  año.  Digamos  también  que  sobre  624.000  judios  de  Orien- 
te, se  hallan  100.000  que  ya  pasaron  por  las  escuelas  de  la  Alianza.  No  re- 


FiG.119.-D  Rafael  Behmoisam,  Gran 
Rabino,  que  fué,  de  Antlrinópolis. 


426 


FiG.  120. — D.  Moisés  Fran- 
co, publicista  distinguido. 


sulta  de  allí,  que  la  masa  popularla  cambio  su  forma.  Si  es  verdad  que 
hubo  traeformacion  en  este  pueblo  de  Oriente;  pero,  ella  no  fue  bastante 
radical  por  crear  en  Turquía  un  espíritu  publico,  una  clase  razonante,  de- 
mandándose 4e2yourquoi  ct  le  parcequé-n  el  porqué  y  el  por  causa  quéi>  de  las 
cosas. 

Una  de  las  razones  que  contribueron  a  este  entontecimiento  de  los  Ju- 
díos de  Turquía  es  sobre  todo  el  empedimento 
del  Gobierno  turco  de  dejar  establecer  clubes 
y   de  organisar   conferencias  publicas,   queré 
decir  el  empedimento  de  los  dos  moldes  pode- 
rosos de  tener  acción  sobre  la  muchedumbre. 
En  consecuencia,  yo  puedo  afirmar  que  ja- 
más los  Judíos  de  Turquía  no  se  demandaron 
hasta  hoy  si  sus  estado  social  actual  es  bueno 
o  no,  y  si  sería  mejor  por  ellos  de  vivir  en  tal 
país  o  de  emigrar  en  tala  contrada.  La  existen- 
cia de  estos  Judíos  semeja  un  poco  á  la  del 
carnero:  ellos  nacen,  viven  sin  pensar  a  otra 
coea  que  al  pan  cotidiano  y  sin  razonar  sobre 
sus  situación.  Lo  importante  para  ellos  es  que 
los  patrones  del  país  los  dejen  hacer  sus  ora- 
ciones y  sus  fiestas  religiosas  en  libertad.  Por 
el  resto,  ellos  usan  a  decir  una  sentencia  orien- 
tal:  <íEl  Dios  es  grandeh-  o  en  turco:  «AUah  Kérim!» 
Asi  es  que  ellos  se  remeten  á  Dios  por  lo  porvenir. 
Según  sus  decir,  una  vez  que  Dios  es  nuestro  patrón  y  que  el  decidió 
que  vivamos  en  Turquía,  es  sin  duda  porque  no  le  plasio  mas  que  viva- 
mos en  España.  Ya  se  puede  hacer  contra  los  ordinos  de  Dios?  Es  pecado. 
Cuando  vendrá  la  hora,   cuando  vendrá  el  Massiha  (Mesías)  el  Dios  nos 
llevara  á  la  Tierra-Santa  y  no  á  España. 

En  consecuencia.  Señor  mió  los  cuatro  siglos  de  riña  hicieron  gran 
tuerto  a  su  proyecto.  Pero,  según  dice  un  proverbio  francés-  <Mas  vale 
tarde  que  jamase). 

Examinemos  presto,  en  consicuencia  lo  que  hay  de  hacer  siendo  no 
hay  tiempo  a  perder.  Tengamos  cuidado  de  ser  prácticos  en  nuestros 
moldes: 

1.0  Vd.  hacerla  bien  de  organizar  en  Madrid  una  Sociedad  con  el  nom- 
bre do  ALIANZA  HISPANO-ORIENTALA.  Dita  Alianza  devra  serrecono- 
cida  del  Gobierno  español  y  tener  un  Comisado  Central  en  Madrid,  un 
sub-Comisado  en  el  porto  de  Barcelona  y  un  otro  sub-Comisado  en  un 
porto  de  desembarco  enfrente  de  las  cuestas  africanas  asi  que  un  comita- 
do  corresponsal  en  la  embajada  de  Costantinopla. 

2.0  Dita  Sociedad  devra  enviar  un  ejemplario  de  sus  estatutos  á  todos 
los  Cónsules  españoles  en  las  Escalas  del  Levante. 

3.0  Según  ya  sáve  \'d.,  la  Alianza  Israelita  entretiene  en  París  una  Es- 
cuela Normal  Preparatoria  (69  Eue  Boileau,  Auteuíl)  onde,  entre  otras 


427 


materias,  ella  hace  enseñar  la  lengua  española,  desde  unos  cuantos  años, 
en  atención  á  aquellos  de  los  profesores  destinados  á  las  Escuelas  de  Ar- 
gentina. Muchos  de  estos  institutores,  travajando  actualmente  en  Turquía, 
no  enseñan  con  todo  dita  lengua  á  sus  alumnos  siendo  la  Alianza  no  sen- 
tio  el  menester  de  eso. 

Seria  bien,  en  consecuencia,  si  el  Comitado  Central  de  Madrid  propo- 
nía á  la  Alianza  Israelita  de  entroducir  en  el  programa  de  sus  escuelas  en 
la  mas  alta  clase  una  lección  de  lengua  es- 
pañola, á  condición  que  la  Alianza  Hispano- 
orientala  sumir.istra  los  libros  de  clase  me- 
nesterosos, asi  que  una  chica  biblioteca  con- 
teniendo les  mejores  autores  espagnoles. 

4."  También  el  Comitado  central  hispano- 
oriental  hacerla  bien  de  enviar  en  todo 
centro  judio  de  Turquía,  ó  donde  la  juven- 
tud posea  un  lugar  de  reunión,  sea  gacetas, 
sea  gramáticas,  sea  diccionarios  francés 
español  y  español-francés  (por  D.  Vicente 
Salva,  París  Librería  Garnier)  sea  varias 
publicaciones  que  no  hablan  contra  la  poli- 
tica  turca. 

5.^*  En  cada  ciudad  de  Oriente  ó  onde  se 
estableció  la  Alianza  Israelita  exista  une 
obra  de  aprendizaje  de  oficios  dicha  «  Oeuvre 
d' Apprentissage  de   Gargonst  la  cual  tiene 

por  jefe  al  director  de  la  escuela,  fuera  de  Costantinopla,  ó  donde  hay  un 
encargado  especial.  Supesto  eso,  que  Yd.  me  permita  de  explicarle  mi  idea. 
El  retorno  de  los  Judíos  españoles  de  Turquía  en  España,  ó  las  rela- 
ciones con  este  país,  no  puedra  empezar  que  en  atirando  desde  luego  so- 
bre las  tierras  ibéricas  Judíos  artesanos  conociendo  bien  un  oficio  y  po- 
seando  unas  cuantas  piastras  de  cabdal. 

El  director  de  cada  obra  de  aprendizaje  a  medida  que  va  hallando  en- 
tre les  obreros,  jóvenos  dispuestos  á  ir  á  España,  se  meterá  de  acuerdo 
con  el  consulado  de  España  el  mas  cercano  de  sus  ciudad,  con  el  fin  que 
el  dicho  consulado  expida  gratis  hasta  Barcelona  a  los  émisrantes  escoji- 
dos.  Dichos  emigrantes  partirán  solteros  según  hacen  los  Judíos  Marro- 
quinos  que  emigran  en  la  America  española.  Cuando  sus  hechos  caminan 
en  buena  regla,  dichos  solteros  fondan  en  luego  una  familia  en  sus  país 
de  adopción.  Asimismo  sera  por  nuestros  emigrantes;  y  entonces  empeza- 
ra la  verdadera  colonización  en  España.  El  Comitado  de  Barcelona  con  el 
Comitado  de  Madrid  haceran  lo  menesteroso  por  hallar  travajo  a  estos 
obreros,  los  cuales  se  contentan  de  muy  poco  por  vivir  según  el  uso  de 
Turquía. 

6.0  Seria  bueno  también  que  España  enviara  empleados  de  comercio 
(commis-voyageurs)  en  Turquía  ó  onde  ellos  eerian  recividos  con  mucha 
simpatía  por  los  Judíos. 


FiG.  121. — Doña  N.  Franco, 
hermana  de  M.  Franco  (Cairo). 


42S 

7.0  Seria  bueno  también  que  por  ganarse  amigos  en  Oriente,  España 
decorara  algunos  Judios  inteligentes  y  instruidos  de  Turquía,  y  que  les 
diera  titules  honoríficos,  según  la  proposición  ya  hecha  por  Vd. 

Necesidad  de  un  edicto  abrogando  expresamente  al  de  1492  según  la 
opinión  de  Sr.  Bally  (pagina  150  de  su  libro). 

8."  Una  proposición  sobre  la  cual  attraígo  la  atención  de  Vd.  seria  la 
siguiente:  Vd.  sentio  un  gran  placer  á  conversar  en  Oriente  con  los  Ju- 
dios. Pues  que  los  20  millones  de  Españoles  no  pueden  vinir  sentir  la 
misma  dulce  impresión  en  trasportandosen  en  Turquía,  no  pensa  Vd., 
digo,  que  seria  bien  de  hacer  vinir  á  Madrid  á  las  vacaciones  del  iaño  1905 


FiG.  122. — Escuela  de  la  Alianza  do  Demotica.  En  el  centro  de 
la  primera  fila  aparece  Moisés  Franco,  Director, 

(Agosto  y  setiembre)  unos  cuantos  ejemplares  de  esta  raza  que  Vd.  gusta  a 
reatar  á  España?  No  es  modesto  de  predicar  por  su  parroquia,  según  se 
dice  en  francés,  pero,  yo  seria  muy  contente  de  ir  en  Madrid  pronunciar 
une  conferencia  delante  un  poblico  inteligente  y. sobre  todo  simpático  á 
la  idea  de  una  franca  reconciliación  entre  Judios  españoles  y  Españoles 
de  España.  Por  explicarme  mejor  diré  á  Vd.  que  seria  bien  de  hacer  vinir 
en  España  a  los  Señores  Abr.  Danon,  director  del  Seminario  de  Costanti- 
nopla,  á  Samuel  Saadi  Halévy,  director  del  «Journal  de  Salonique»  á  Don 
Enrique  Bejarano  de  Bucarest,  a  Jacques  Danon  de  Adrianopla  y  a  mi,  si 
gusta  Vd.  Cada  uno  de  nosotros  devra  hacer  une  conferencia  sobre  la 
cuestión  que  nos  ocupa  sea  en  Madrid  sea  en  algún  otro  centro.  Los  mis- 
mos discursos  puedran  ser  repetidos  en  dos,  tres  ciudades,  si  gusta  el  Co- 
mitado  de  la  Alianza  HispafioOrientala. 


1 


429 


Los  israelitas  de  Demotica. 

Sobre  10.500  almas  que  contiene  Demotica,  se  hallan  906  Judios,  todos 
de  lengua  española. 

Los  Judíos  de  Demotica  se  ocupan  del  comercio  de  exportación  de 
cereales,  huevos,  quesos,  cueros  y  capullos.  Hay  también  unos  cuantos 
obreros  como  sastres,  carpinteros,  hojalteros,  fabricantes  de  quesos,  dro- 
gueros, etc.  Un  joven  judio  es  sub-agente  de  una  compañía  de  seguros 
española  nombrada  La  Polar. 

Hay  un  Judio  en  la  gendarmeria^turca. 

Xingun  periódico  sejpublica  en  esta  ciudad. 

Solo  hay  una  escuela  judia  mixta  de  170  alumnos  con  alumnas  soste- 
nida en  parte  por  la  Alianza  Israelita,  y  en  parte  por  la  comunidad  local. 

A  parte  de  eso,  hay  escuelas  no  frecuentadas  por  Judios;  como  1 
escuela  grega,  3  turcas  y  1  armena. 

Si  uno  de  nuestros  profesores  enseña  el  judéo-español. 

El  Judeoespañol  vivirá  largo  tiempo  aqui. 

Esto  seguro  que  al  punto  de  vista  comercial,  por  ejemplo,  es  con  placer 
que  los  Judios  de  aqui  volverían  relaciones  con  España  asi  que  bajo  otras 
conexiones. 

Los  Judios  de  aqui  a  causa  de  sus  ignorancia  de  la  lengua  turca  y  por 
el  despotismo  con  el  cual  se  rigen  las  ciudades  de  provenza,  tienen  á  su 
frir  de  las  autoridades. 

Se  puede  enviar  libros  con  este  sobrescrito:   «Al  Señor  Director   de  la 
Escuela  israelita  por  la  Sociedad  de  Lectura  israelita. 
Turquie  d'Europe 
Pres  Adrinople. 

Demotica. 


Gallipoli. 

Esta  ciudad,  la  primera  europea  que  tomaron  ios  turcos, 
unos  cien  años  antes  de  apoderarse  de  Constantinopla,  está  si- 
tuada en  la  parte  europea  del  canal  de  los  Dardanelos,  cerca 
del  mar  de  Mármara,  tiene  unos  10.000  habitantes,  buenos 
bazares,  pocos  y  medianos  minaretes  y  unas  fortiñcaciones 
antiguas.  Allí  vive  uno  de  nuestros  más  simpáticos  correspon- 
dientes, D.  Rafael  Amato,  director  de  una  escuela  israeli- 
ta, quien  nos  ha  escrito  muy  afectuosa  correspondencia,  ates- 
tiguando verdadero  entusiasmo  por  nuestra  lengua  y  nuestra 
prosperidad  nacional.  El  Sr.  Amato  demuestra  ser  un  profesor 


430 

muy  culto,  de  espíritu  abierto,  á  quieu  nuestra  campaña  indu- 
ció  á  realizar  estudios  españoles.  A  una  de  sus  cartas  (3-X-1904) 
corresponde  lo  que  sigue  sobre 


Los  israelitas  de  GaJIipoli. 

Por  hablar  francamente,  en  haciéndome  el  honor  de  pedirme  de  escri- 
birle algo  en  castellano  sobre  los  israelitas  españoles  de  Gallipoli,  usted 
me  mete  en  grrande  embarazo,  pues  que  es  por  la  primera  vez  que  voy 

permitirme  de  garrapatear  en  esta  lengua, 
toda  via  me  aprisuro  de  conformarme  á  su 
deseo,  al  resigo  mismo  de  hacer  muchos  erro- 
res por  los  cuales  tenga  Vd.  la  bondad  de 
excusarme. 

Volvamos  pues  a  tocar  la  materia:  Aun- 
que la  distancia  que  separa  nuestra  ciudad 
de  la  capital  del  Imperio  es  bastante  insigni- 
ficante, la  situation  de  la  comunidad  israelita 
que  comprende  1869  miembros,  deja  mucho 
á  desear  bajo  todos  los  puntos  de  vista.  El 
Cuartel  judio  es  tan  ruidoso  que  creerían  fá- 
cilmente á  mucho  mas  de  este  numero.  Algu- 
nas familias  de  las  mas  en  vista,  venidas  de 
Zaragoza  asi  que  sus  nombre  lo  indica,  cele- 
bran cada  año  el  aniversario  de  un  aconteci- 
miento milagroso  que  tiendría  salvado  la  vida 
á  sus  abuelos  de  la  sobredicha  ciudad,  en  el 
17  chevah  del  año  6180  de  la  creación  del  mundo.  Justamente  el  Gobierno 
Español  es  representado  aqui  por  el  decano  de  estas  familias.  Señor  Pre- 
ciado Saragossi,  Cónsul  honorario. 

Muy  religosos,  mis  coreligionarios  (si  permitido  es  á  un  libre  pensador 
de  emplear  esta  palabra)  de  Gallipoli,  tienen,  por  sus  demenesteres  del 
culto,  dos  sinagogas  cuya  una  contiene  un  rollo  santo  traído  de  España 
mientras  el  éxodo;  esto  no  los  impide  de  frecuentar  las  tabernas  que  son 
muy  numerosas  en  sus  cuartel  y  que  son  la  causa  de  tanto  ruido;  muy 
atrasados,  ellos  dan  crédito,  como  todos  los  pueblos  ignorantes,  á  las  más 
ridiculas,  groseras  supersticiones.  Tal,  por  no  citar  que  un  ejemplo,  aque- 
lla concernando  el  Peñasco  Agujerado  (Rocher  troué)  que  se  halla  en  la 
orilla  de  la  mar,  abajo  del  pharo.  Cuando  alguno  esta  gravemente  enfermo 
y  que  desesperan  de  el,  lo  pasan  muy  de  mañana  por  el  agujero  de  este 
peñasco,  tres  dias  consecutivos.  Esta  operación  terminada,  el  enfermo  se 
curaria  o  mueriria  sin  mas  penar! 

Aunque  sus  sitiacion  económica  no  sea  del  todo  brillante,  no  hay  aquí 
Israelita,  fuese  el  mas  povre  (excepción  hecha  de  5  á  6)  que  no  possei  una 
casa,  plutót  (?)  una  bohardilla. 


FiG.  123.— D.  Rafael  Amato. 
Director  de  una  escuela  is- 
raelita de  Gallipoli. 


431 


Dichosamente,  el  Grande  Rabino,  S.  E.  Haím  Franco  que,  de  mismo 
que  su  servidor,  no  es  originario  de  Gallipoli,  es  un  hombre  aclarado  y 
amigo  del  progreso.  Desde  su  venida  aqui,  quere  decir  en  el  espacio  de 
dos  años,  el  ha  hecho  muchos  esfuerzos  por  adelantar  sus  obejas.  Su  hijo, 
mi  intimo  señor  Levy,  va  escribirli  con  su  mano  en  esta  misma,  la  expre- 
sión de  sus  respectuosos  homenages,  siendo  el  también  es  de  la  legión  de 
los  admiradores  de  su  admirable  y  noble  empreza. 

Algunos  jóvenes  bastante  instruidos  de  nuestros  Israelitas,  entusias- 
mados por  su  bella  campaña,  son  dis- 
puestos á  expatriarsen  y  andar  esta- 
bilicersen  en  el  dulce  país  de  España, 
en  el  caso  onde  haberia  por  ellos  la 
probabilidad  de  ganar  ahi  sus  vida  ea 
colocandosen  como  empleados  de  ha- 
cienda o  comtables,  porque  al  conoci- 
miento de  las  lenguas  francesa,  turca, 
griega  y  judeo-española,  ellos  anadien 
este  de  llevar  la  contabilidad.  Dignise 
li  rogo  escribirme  su  opinión  sobre 
este  asunto. 

Por  poder  estudiar  el  castellano, 
me  ee  hace  sentir  el  menester  de  una 
gramática  que  me  es  imposible  de  man- 
dar yo  mismo,  falta  de  un  catalogo.  Me 
hacería  grande  gusto  si  usted  reco- 
mendava  á  alguna  librería  de  Madrid 
de  enviarme  su  catalogo  afin  de  no 
importunar  mas  Vd.  cuando  el  menes 
ter  se  presenta. 

Un  otro  amigo,  señor  Moíse  Gabaí,  proveedor  de  la  armada  imperial, 
me  carga  de  presentarle  sus  respectos. 


FiG.  124.  — D.  Hizkia  Franco,  escul 
tor  di.stinguido  de  Esmirna. 


Á  mi  humilde  aviso,  es  á  desear  que  con  el  nombre  de  mi  estimado 
Señor  Jacques  Danon,  aquellos  de  dos  de  nuestros  mas  distinguidos  jour- 
nalistas  ñguraran  en  su  hermoso  libro:  se  trata  de  los  publicistas  Señores 
Hizkia  y  Gad  Francos  (1).  Todos  los  dos  eon  originarios  de  Melas  (en  el  Vila- 
yet  de  Aidin  ou  Esmirna)  mi  ciudad  natal,  y  se  estabelecieron  en  Esmirna, 
onde  fondaron  una  imprenta  en  sociedad.  Colaboraron  un  cierto  tiempo 
al  Novelista,  el  primero  como  Administrador  y  el  segundo  como  Redactor 
en  capo;  Señor  Hizkia  Franco,  que  es  mi  tio,  se  ha  hecho  distinguir  prin- 
cipalmente con  su  alta  competencia  en  sus  articolos  sobre  la  eternel  cues- 
tión de  la  lengua  á  adoptar  por  nuestros  Israelitas.  Últimamente  li  escribí 
por  demandarle  algunos  de  sus  escritos  y  si  possible  su  retrato  en  el  objeto 


(l)     Véase  el  retrato  de  Gad  Franco,  página  109. 


432 

de  mandárselos  á  Usted.  Señor  Gad  es  el  hijo  de  nuestro  Grande  Rabino 
S.  E.  Haim  Franco  y  hermano  de  mi  intimo  Señor  Levy. 

Efectivamente:  nos  escribió  D.  Levy  Franco  una  carta  muy 
lisonjera,  disculpando  las  persecuciones  de  España  como  ex- 
presión de  tiempos  atrasados  y  tendencias  generales,  y  nos 
remitió  el  Sr.  Amato  artículos  y  retratos  de  los  publicistas  se- 
ñores Gad  é  Hizkia. 

De  la  carta  del  Sr.  Levy,  hijo  del  Gran  Rabino  de  Gallipo- 
li,  publicamos  los  siguientes  párrafos,  donde  se  aprecia  un  cas- 
tellano bien  conservado: 

Me  permito  de  decirle  que  yo  soy  de  la  falange  de  los  admiradores  de 
su  noble  campaña  dignr,  de  alabanzas  cuanto  usted  lo  es,  y  que  yo,  el 
suyo  servidor,  he  seguido  con  un  entusiasmo  particular. 

Luego  que  mi  intimo  señor  Raf.  Amato  me  ha  presentado  su  libro,  yo 
me  tengo  hecho  el  placer  de  leerlo  con  la  atención  merecida.  La  impre- 
sión de  esa  lectura  ha  hecho  resucitar  en  mi  los  instintos  de  cariño  por  mi 
abuela  patria,  me  ha  tocado  sensiblemente  por  la  calor  de  sus  suaves  pa- 
labras, me  ha  atraedo  por  el  fondo  de  sus  nobles  y  liberales  ideas. 

Desde  mi  niñez  yo  estudié  la  historia  de  los  Israelitas  de  la  grande 
España,  leí  cuantos  sacrificios  eyos  hacían  por  sus  protectora. 

Pero  noté  que  cuando  las  horrores  de  la  edad  media  estallaron  la 
inquisición,  esa  armada  de  ambiciosos  y  inhumanos,  reconocido  su  splan- 
dor  a  Torquemada  (de  maldicha  memoria),  ha  tenido  el  mismo  iguardo 
por  sus  hermanos  de  raza  que  por  los  Judios,  cuando  esa  ultima  juzgaba 
justo  de  apropiarsen  de  sus  haciendas,  Judios,  cristianos,  todo  le  era 
igual. 

Es  por  eso  que  no  debe  haber,  ni  hay  en  nosotros,  Israelitas  españoles, 
ninguna  rencor  por  el  pueblo  Español.  Al  contrario  yo  los  digo  «mas  des- 
dichados, mas  desgraciados  de  nosotros,  pues  que  á  las  dolores  y  turmen- 
tos  físicos  se  aj untan  las  morales.» 

Si  examinamos  las  historias  de  los  pueblos  no  se  hallara  uno  que  ha 
sido  menos  cruel  enfrente  esa  fracción  de  individuos;  ma  llegaron  a  repa- 
rar a  tiempo  la  falta  de  la  superstición  de  sus  abuelos  (a  la  excepción  de 
las  brutales  Rusia,  y  Rumania) 

Y  yo  me  demando,  la  carísima  E.spaña  ¿siguira  eya  el  mismo  ejemplo? 

La  existencia  de  nobles  hombres  commo  usted  en  alto  logar,  gosando 
de  una  autoredad,  lo  permite  tomando  a  corasen  la  obra,  usted  decha  ver 
que  Vd.  como  una  louz  resplandiente  es  en  vía  de  reflectar  las  consencias. 
De  mi  parto  yo  le  presento  mis  felicitaciones  y  un  pronto  suceso. 


•ioo 

Antes  de  presentar  á  Salónica,  el  más  populoso  centro  is- 
raelita español  del  mundo,  hablaremos  de  Seres,  Monastir  y 
■Janina. 

Desde  el  primero  nos  escribió  el  profesor  Sr.  Mercado  J. 
Covo,  muy  contento  y  agradecido  por  haber  leído  nuestro  libro 
¡escrito  en  esta  bella,  melodiosa  y  divina  lengua  española  Cjue 
han  hablado  mis  abuelos,  cuyas  cenizas  reposan  en  el  país  de 
Cervantes  y  de  don  Emilio  Castelar »  y  nos  promete  una  infor- 
mación larga,  que  no  hemos  recibido  al  escribir  estas  líneas. 

Monastir  es  ciudad  de  unos  50.000  habitantes  turcos,  alba- 
neses,  valaquios,  búlgaros,  griegos  y  judíos,  casi  todos  españo- 
les, que  dista  unos  219  kilómetros  de  Salónica  y  que  ha  sido 
teatro  de  sucesos  importantes  en  la  última  insurrección  mace- 
dónica. Un  distinguido  sefardí,  D.  José  Misraeli,  nos  favorece 
con  la  siguiente  información: 

En  primo  rogo  escotezarme  ei  probalimente  non  poedra  entender 
boeno  mi  espagñol,  ma  siendo  touve  lettra  de  noestro  amigo  Abravanel, 
de  responderle  en  el  idioma  que  aviamos,  porque  se  aga  usted  una  idea  de 
la  lingua  aviada  á  Monastir,  me  determiné  á  escrevirle  en  espagñol  i  non 
en  francais. 

Aqui  abscho  repoesta  á  sous  demandas  numérotadas. 

Todos  los  Israelitas  de  noestra  niudad  son  sefardim  los  coalos  se 
elevan  al  numero  de  sech  mille  (6.000). 

Dos  otras  ciudades  serca  de  Monastir  habitan  Israelitas,  Bastoria  con 
cuna  population  de  2.000  almas;  i  Janina  con  2.500-3.000. 

En  moestra  ciudad  non  ai  mouchos  ricos,  ma  la  mas  parte  de  los 
Israt'litas  viven  de  sous  lavoro. 

Ai  algounos  también  en  boena  position  financiera,  etúpiegados  al  go- 
verno,  avocatos,  i  Derectores  de  Banca  (como  ei  Director,  Jous  Director  i 
cachero  de  la  Banca  de  Salonique  en  moestra  ciudad  son  Israelitas). 

Desgrassiadamente  non  tenemos  negoun  periódico  que  es  publicado 
en  judéo  espagñol. 

Ea  primo  ai  la  escuela  de  la  Alliansa  sostenida  por  la  communita  de 
Monastir  i  la  AUiance  Israeüte  Universelle  de  Parí?,  i  dos  otras  de 
segoundo  rango. 

La  lingua  judeo  español  es  la  prima  en  segundo  rango  viene  el  Turco  - 
fransés.  Siempre  es  conservado  el  judeo  espagñol. 

Acceptarian  las  escuelas  con  moncho  agrado  libros,  revistas  i  periódi- 
cos españoles. 

Xon  souffren  del  todo  los  Israelitas  de  aqui,  al  contrario  gozan  de 
ouna  egoalidad  como  todas  las  otras  nationes  i  sin  nengoana  exception 
de  leyes. 


434 


Non  tenemos  librerías  españolas;  todos  mos  aprovisionamos  de  Saloni- 
que,  ciudad  onda  viven  monchos  Israelitas. 

De  muevo  rogo  escuzarme  por  noestro  espagfíol  es  el  mismo  aviado  en 
todas  las  famillias  de  a(ui. 

Janina.  —  A  esta  población  fué  destinado  recientemente 
nuestro   muy   servicial  y  estimado   colaborador   D.  Enrique 

Carmona,  de  quien  hemos  ha- 
blado ya  varias  veces,  y  al  cual 
presentaremos  como  lo  demanda 
nuestro  aprecio,  cuando  hable- 
mos de  Tetuán.  Apenas  llegado 
á  dicha  ciudad,  donde  se  puso 
al  frente  de  la  escuela  de  la 
Alianza,  nos  dirigió  los  siguien- 
tes informes: 

Desde  el  principio  de  Octubre  me 
encuentro  sin  novedades  de  Vd.  Ya  le 
tuve  avisado  de  mi  traslado  á  Janina  y 
del  dia  que  deje  Tetuán;  mientrestodo 
mi  largo  viaje,  el  nombre  de  Vd,  su 
noble  campaña  en  favor  de  mis  her- 
manos, no  salieron  de  mi  memoria.  No 
le  escribí  por  ser  muy  fatigado  del  ca- 
mino y  muy  ocupado  en  mi  nueva  ta 
rea.  Le  ruego  de  no  decir  de  mí:  «Le- 
jos de  los  ojos,  lejos  del  corazón»;  ten- 
go siempre  el  mismo  cariño  y  admiración  por  Vd,  el  mismo  interés  por 
su  obra  y  deseo  con  ardor  saber  como  van  las  cosas,  leer  sus  nuevas  pu- 
blicaciones y  los  artículos  que  la  prensa  española  sigue  por  cierto  publi- 
cando sobre  este  particular. 

No  se  puede  figurar  el  travajo  que  tengo  de  quaudo  llegué  en  Janina, 
se  trataba  de  abrir  2  escuelas  y  de  negociar  con  una  comunidad  judia 
atrasada  y  que  no  habla  ma.s  que  la  lengua  griega,  lengua  que  ignoro  com- 
pletamente. Como  ve  Vd  no  es  fácil  de  darse  á  entender,  de  convencer  los 
demás  solo  con  gestos;  sin  embargo  mis  esfuerzos  tuvieron  un  buen  resul- 
tado, visto  que  en  estos  dias  se  abrieron  las  dos  escuelas,  la  de  los  niños 
conta  400  alumnos  y  la  de  las  niñas  170.  Todas  las  dos  están  debajo  la 
dirección  de  mi  Señora  y  de  su  servidor  y  seguirán  el  programa  de  la 
«AUiance».  Por  desgracia  la  lengua  castellana  no  se  habla  aqui  y  esto  lo 
sentimos  mucho  mi  señora,  Carola  y  yo;  somos  obligados  de  estudiar  el 
Griego  para  darnos  á  entender  con  nuestros  alumnos  y  con  toda  la  pobla- 
ción. Los  Judios  de  aquí  que  son  en  número  de  6  mil,  pretienden  no  ser 


FiG.  125. — Srta.  Carolina  Carmona, 
bija  de  D.  E.  Carmona,  joven  inte- 
ligente, hispanófila  y  de  habilidades 
artisticas. 


435 

desciendentes  de  los  desterrados  de  España,  pero  de  habersen  estableci- 
dos en  Epiro  desde  el  tiempo  de  las  guerras  de  Roma.  Puede  ser  se  en- 
cuentran aqui,  como  también  en  el  resto  del  Imperio  Ottomano,  judios 
venidos  directamente  de  Palestina  antes  las  conquistas  de  los  Turcos; 
pero  está  seguro  de  que  la  mas  parte  de  los  Judios  de  Janina  son  origina- 
rios de  España,  como  sus  coreligionarios  de  las  otras  provincias  de  Tur- 
quía; ellos  olvidaron  el  idioma  castellano  por  ser  en  minoridad,  en  medio 
de  una  población  griega  importante,  que  supo  imponer  su  cultura  y  su 
lengua  mismo  á  los  Turcos.  La  prueoa  de  ello  resulta  de  que  muchos 
judios  de  aqui  fiestan  el  Purín  de  Saragosa  (1).  (Vd  pudo  leer  en  <La  Ee- 
vue  des  Ecoles»  el  origen  de  esta  fiesta  particular  á  ciertas  familias 
judias  españolas)  y  también  en  los  apellidos;  se  encuentran  aqui  los  nom- 
bres de  Confino,  Cabili,  Alcalay,  Batino  Mercado,  Naluncás,  Cantos,  Cas- 
tro, etc..  que  no  son  ni  griegos,  ni  turcos,  ni  ebraicos,  pero  puros  españo- 
les. Demás  sus  usos  y  costumbres  son  iguales  á  los  de  sus  coreligionarios 
de  Salónica  y  de  Constantinopoli. 

En  el  resto  de  la  provincia  ay  otros  dos  mil  Judios,  repartidos  en 
Arta,  Reveza,  Arlona,  Santi-Quaranta,  etc,  que  hablan  solo  el  Griego 
pero  que  tienen  el  mismo  origen  que  los  Judios  de  Janina. 

En  conociendo  mejor  el  pais,  no  faltare  de  escribirle  datos  que  pueden 
tener  algún  interés  por  Vd;  en  mientres  le  ruego  de  no  olbidarse  de  mi,  de 
comunicarme  si  no  le  es  pena,  sus  escritos  y  todo  lo  que  se  publica  en 
España  sobre  la  questión  judia. 


(l)     Es  la  misma  fiesta  conmemorativa  de  que  nos  habla  Amato,  de  Gallipoli. 


CAPÍTULO  VI 


Salónica.  Informes  de  Abravanel,  S.  Levy,  Arditti  y  Neahama.— Asia.— Turquía 
Asiática.— Esmirna. — Nissim  de  Juda  Pardo.  Informes  de  Romano,  Cohén,  Ma- 
zan, Ascher  (J.)  y  Rousso  (J.  de  R.). 


Salónica. 

Esta  ciudad  entraña  tanto  motivo  de  estudio  para  nuestra 
campaña,  que  si  pudiéramos  disponer  del  espacio  necesario, 
deberíamos  consagrarle  varios  capítulos,  á  lo  cual  nos  induciría 
la  copiosa  y  esmerada  información  con  que  se  han  servido  fa- 
vorecernos los  distinguidos  sefardíes  D.  Moisés  Abravanel,  don 
"Samuel  S.  Levy,  D.  Elias  S.  Arditti,  D.  José  Nehama,  D.  Sa- 
lomón Salem  y  D.  Aaron  J.  Hazan. 

Salónica,  la  antigua  Tesalónica,  es  una  ciudad  esencialmen- 
te mercantil,  con  puerto  situado  en  el  golfo  de  su  nombre  y 
rodeada  geográficamente  de  comarcas,  archipiélagos,  cabos, 
montes  y  ciudades,  todos  glorificados  con  renombre  inmortal  por 
las  luchas  3^  los  esplendores  de  los  pueblos  heleno  y  romano.  Tie- 
ne hoy  unos  110.000  habitantes,  de  los  cuales  las  dos  terceras 
partes  son  israelitas  españoles  que  hablan  y  escriben  el  español- 
judío.  Su  viejo  castillo,  las  blancas  y  torreadas  murallas,  los 
elegantes  minaretes,  las  casas  situadas  en  la  falda  de  una  coli- 
na, el  hermoso  muelle,  que  constituye  un  paseo  predilecto,  las 
principales  vías  Chadó-Jolu  y  calle  Hissar,  los  cafés  concurridos 
y  elegantes,  el  Arco  de  triunfo  de  Constantino,  la  mezquita 


438 

Santa  Sofía,  construida  con  el  mismo  plano  que  la  de  Constan- 
tinopla,  el  boulevard  Hamidié,  plantado  de  árboles...,  todo  hace 
de  ella  una  población  animada,  pintoresca  y  simpática. 

La  importancia  y  carácter  del  pueblo  judío  en  esta  comarca, 
y  singularmente  en  la  ciudad,  nos  los  han  expuesto  los  citados 
señores,  y  muy  singularmente  el  Sr.  Abravanel,  distinguido 


FiG.  126.— Embarcadero  y  cafés  elegantes  de  Salónica. 

sefardí,  descendiente  de  noble  familia  de  Isaac  Abravanel, 
quien  fué  ministro  de  Alfonso  V  y  dio  una  serie  de  figuras  bri- 
llantes, que  intervinieron  en  los  gobiernos,  distinguiéndose  por 
su  lealtad  á  la  Monarquía  cristiana. 

D.  Moisés  se  ha  mostrado  en  nuestra  empresa  con  un  entu- 
siasmo y  soHcitud  servicial  tan  extremados,  mandándonos  ver- 
siones del  ladino,  fotografías  y  reseñas,  y  relacionándonos  con 
otros  colaboradores,  que  realmente  no  hallamos  frases  para 
manifestarle  nuestro  agradecimiento.  Imposibilitados  de  pu- 
blicar sus  cartas,  pues  pasan  de  cuarenta  y  formarían  ellas 
solas  un  libro,  nos  limitamos  á  hacerlo  de  los  trozos  más  inte- 
resantes, conservándoles  su  peculiar  estilo. 

Los  israelitas  españoles  de  Salónica. 

En  nuestra  ciudad  se  topa  la  comunidad  de  sefaradim  la  mas  emportan- 
te  del  Oriente,  y  el  secretario  de  la  comunidad  me  dio  la  nota  de  62,000 


i 


439 


como  numero  oficial.  Cuando  los  sefaradim  vinieron  en  Salonico  ellos  tro- 
varon casi  1000  ebreoa  que  moravan  desde  muchos  años  y  posedavan  una 
academia  famosa,  hablavan  el  grego  y  el  ebreo,  y  los  libros  dicen  que  eran 
del  tiempo  de  los  romanos  y  que  tuvie- 
ron en  sus  sinagoga  el  apostólo  Saint 
Fierre,  cuando  estuvo  de  pasage  por 
TJiessalonico ,  actualmente  Salónica. 

El  estado  social  de  los  Israelitas  de 
nuestra  ciudad  non  es  desgraciado  ni 
oreso;  los  ricos  son  en  minorita,  ma  por 
contra  son  los  mas  fortunados  de  todas 
las  otras  comunidades.  Se  puede  divisar 
en  3  categorías.  Prima  clase:  los  muy 
ricos,  que  son  también  muy  pocos,  se 
ocupan  de  hechos  de  banca,  operaciones 
financieras,  y  un  poco  de  entrepresa  en- 
dustriala — la  segunda  clase,  la  mediane- 
ra, hace  diversos  uficios,  negozio,  comi- 
siones, representantes  de  comercio  (muy 
numerosos)  detallistas,  las  mercansias 
de  todo  modo  de  articolo,  avocatos,  me- 
digos  y  un  gran  número  de  comesos  de 
casas,  contables  viagiatores  al  interno 
otomano,  y  en  fin  pocos  capaces  en  lavo- 
ros   industriales,   menuisiers,    sartos   y 

otros  chicos  mestires;  la  tercera  clasa  es  muy  numerosa,  es  la  mas  povre 
ocupan  todos  los  duros  lavoros  con  todos  iletrados;  ellos  hacen  los  des- 
cargadores de  bastimento  á  vapor,  transportadores  de  cargas  en  sus  om- 
bros,  vendedores  menudos  de  las  calles,  colpotores,  careteros  y  otros  me- 
nudos echos  miseriosos,  que  con  pena  les  reporta  el  pan  de  cada  dia;  esta 
ultima  clasa  se  puede  dicir  ocupa  los  -/s  de  la  población  Israelita  Españo- 
la, la  ellos  frequentan  también  algunas  fabricas  industriales  ma  que  son  de 
poca  emportencia. 

La  Industria  en  moestras  partes  es  circa  nada,  apenas  4  a  5  usinas  en 
toda  la  ciudad. 

Xo  ocupan  altas  posiciones  al  govierno,  siendo  nuestra  comunidad  vi- 
vió siempre  separada,  y  non  conocíamos  la  lengua  del  Estado  turco  por 
esta  razón,  non  ocupan  que  raros  postos  en  la  administración;  en  la  mile- 
cia,  solo  los  que  hacen  la  medicina  son  recividos;  las  cátedras  non  son  nu- 
merosas, solo  escuelas  elemantarias  hay.  La  juresprudencia  es  la  mas  ocu- 
pada por  los  Israelitas,  el  prisco  abogado  es  el  renanmado  Em.  Salem, 
condecorado  de  16  goviernos,  y  muchas  otras  personas  tienen  parte  en  la 
abogacía;  mas  en  las  cortes  tribunales  son  muy  raros  los  que  han  partici- 
pado. 

La  medicina  es  también  muy  ocupada  por  los  Israelitas;  los  '/^  de  me- 
digos  de  la  ciudad  son  judios,  ellos  hacen  los  estudios  en  Paris  y  Italia. 


FiG.  127. — D.  Moisés  Abravanel, 

distinguido  y  celoso  cololiorador 

de  esta  obra. 


440 

La  banca  es  entre  las  manos  de  los  judios  como  se  lo  escrivi  en  la  cues- 
tión del  estado  social. 

Periódicos  son  La  Época  y  el  Avenir,  aquella  esistencia  de  28  afios 
este  de  tí  años. 


FiG.  128. — Israelitas  españoles,   vendeilores  de  naranjas  y  semillas 
en  Salónica. 


Las  escuelas,  lia  le  escrivi  en  una  ultima  carta  largos  detalles,  ma  le 
diré  que  hay  también  2  escuelas  francesas,  3  Italianas,  1  Alemana;  en  todas 
estas  frequentan  las  mas  parte  los  Israelitas,  siendo  en  nuestra  ciudad  son 
pocos  los  forestos  Europeos.— Y  escuelas  de  la  Alianza,  3  comunales,  40 
particulares  sin  nula  emportancia,  con  0,600  elevos  de  2  sexos. 

En  las  escuelas  turcas  hay  pocos  Israelitas. 

El  JudeoEspanol  se  enseña  solo  por  escrivir  y  por pudar  meldar (leer) 
los  diarios  que  aparecen  en  nuestras  partes  y  los  libros  de  oración;  el  res- 
to de  todo  el  enseñamiento  se  hace  en  francés.  Italiano,  según  las  es- 
cuelas. 

P^ntre  la  alta  aristocracia  non  se  habla  el  castellano  que  muy  poco; 
adoptan  el  francés  o  el  Italiano;  ma  entre  la  mediana  y  la  ordinaria  es  el 
JudeoEspanol  que  domina,  y  en  algunas  familias  de  la  clasa  madiana 
también  se  empesa  hoy  a  emplear  el  francés,  creo  que  non  se  piedre  en 
tan  poco  esta  lengua  linda,  siendo  hoy  todo  el  número  de  judios  de  nues- 
tra ciudad  que  la  hablan  y  la  emplean.  La  asimilación  a  otros  pueblos 
hace  dar  una  emportancia  segundaria  al  Español,  que  puede  piadrer  mu- 
cho de  su  valor  si  otro  gobierno  ocuparía  nuestra  provincia. 

La  cuestión  de  tratar  España  non  fue  posada  hasta  hoy;  ma  creo 
que  es  un  placer  por  todos  el  conocer  la  vieja  patria,  la  España,  ande  re- 
cuedros  muy  sensibles  esisten  de  nuestros  avuelos,  y  también  conocer  la 
literatura  y  todos  los  usos. 


441 

Los  Israelitas  non  sufren  nada  de  leyes  de  excepción,  al  contrario  los 
turcos  son  muy  tolerantes  y  les  somos  muy  agradecientes  por  todo  lo  que 
hacen  por  nos,  existen  algunas  leyes  rigoresas,  ma  son  por  todos  los  que 
non  son  Islamos,  y  los  Judios  gosamos  de  grande  mor  verso  los  turcos  que 
nos  consideran  mas  de  las  otras  comunidades. 

En  nuestra  ciudad  esisten  pocos  centros  intellectuales  de  reuniones. 
Hay  muchos  que  tuvieron 
fondado  clubes  de  instruc- 
tion,  maque  non  continua- 
ron mucho.  Actualmente 
el  mejor  centro  de  letura 
es  la  Associaccion  des  viejos 
elevas  de  la  Alianza  que 
poseda  un  local  con  2  bi- 
bliotecas francesa  y  Ingle- 
sa y  periódicos  en  muchas 
lenguas.  Ma  que  haria  mu- 
cho gusto  si  reciviria  algún 
envió  de  libros  españoles. 
De  esta  sociedad  hacemos 
parte  M.  Matalón  director 
de  la  Alianza,  Nehama,  lio, 
su  servidor,  y  todo  elcorpo 
ensenciante  de  la  Alianza 
y  mas  de  100  mancevos 
amadores  de  instrucción. 
— Hay  muchos  otros  cen- 
tros de  reuniones,  ma  es 
con  otro  escopo—  por  las 
otras  comunidad  non  co- 
nosco  mucho  ni  creo  que 

existe.  Las  librerías  ebraicas  non  havian  echo  con  libros  de  carácter  latino 
ma  hay  otras  tenidas  por  Israelitas  que  se  ocupan  de  publicaciones,  fran- 
cesas, inglesas,  Italianas,  etc..  y  que  le  escrivo  las  señas  en  la  carta. 


FiG.  129.  —  Comparsa  musical  de  israelitas  espa- 
ñolas en  Salónica. 


Judies  distinguidos. — Ay  en  nuestra  ciudad  un  gran  numero  de  illus- 
tres  Judios  Españoles. — Antes  de  enumerarlos  le  diré  a  Usted  que  desde 
muchos  años  unas  quantas  familias  ricas  i  estimadas,  non  plasientes  de 
ser  subditos  turcos  reusieron  a  troearsen  en  protejados  de  diversas  nacio- 
nes. Italianos,  Franceses,  Austríacos,  etc.,  estos  todos  ablan  siempre  el 
castellano  i  tienen  también  los  mismos  usos  de  todos. — En  primo  lugar  le 
cito  la  iWustrc  familia  Allatini  que  es  llamada  la  providensia  de  Salonico, 
ello»  contribueron  largamente  á  la  fondacion  de  las  escuelas,  aspedales 
et  sostienen  muchas  buenas  obras.  El  canciliero  Cario  Allatini  que  está 
en  nuestra  ciudad  es  un  vero  angelo  de  bueudad  i  de  generosidad,  i  son 
veros  súdelos  italianos  ma  de  muchos  años  estabilidos  en  Salónica;  la  fa- 


442 


milla  Madiano  Saíil,  que  su  hijo  major  el  cavallero  Jacob  es  presidente  del 
consistorio,  famosa  familia  que  ase  onor  a  nuestra  comunidad;  el  eminente 
abogado  Emanuel  Salem  jurisconsulto  distinguido,  condecorado  de  mas 
de  12  governos,  abogado  i  consejero  de  todos  los  consolados  i  administra- 
ciones de  nuestra  ciudad,  las  familias  illustres  Misrahi,  Fernandez,  Mor- 
purgo,  Tiano,  Hassid,  J.  Abravanel  todos  los  apartenientea  a  estas  fami- 
lias illustres  revelan  el  prestigio  de  la  comunidad  Judia  Española. —A  ci- 
tar entre  las  familias  de  sensia.  -  Los  Covos  que  dieron  un  numero  de  ra- 
binos emportantes,  los  qualos  gosaron  de  gran  fama  de  talmudistas  i  auto- 
res de  muchas  obras  en  ebreo,  a  citar  nuestro  gran  rabino  atual  Su  Emi- 

nensia  Jacob  Covo 
que  representa  la 
Comunidad  al  ver- 
so las  Autoridades 
TurcaSjOmbre  acla- 
rado i  versado  en 
los  studios  rabini- 
cos  —  las  familias 
Gattegno,  Mobho  i 
Namias  Aambiero 
posedan  miembros 
muy  renomados  en 
los  studios  ebrai- 
cos  —  i  por  serar 
esta  lista  le  diré 
que  los  Levi  isieron  muchos  i  attivos  esforzos  por  aser  aclarar  la  popula- 
ción que  estava  muy  ignorante;  sus  hijos  que  continúan  el  camino  del 
defunto  padre  meresen  todo  alavamiento;  de  mas  Sr.  Samuel  Levy  uno 
de  los  hijos  de  Sadi  Levi  es  un  buen  escrividor  i  dirige  la  Época,  que 
tiene  escrito  muchos  articolos  por  que  el  Castellano  se  repare  i  se  able 
mas  ermoso  entre  nosos — dirije  mas  el  Journal  de  Salonique,  publicación 
bi-ebdomadaria  francesa  i  que  se  ocupa  de  los  intereses  Judios. 

Tomi  desplaser  al  leir  que  Usted  iva  venir  en  nuestra  ciudad  i  que  por 
las  insureciones  macedonianas  non  pudo — oy  el  reposo  i  calmo  esta  per- 
feto,  i  para  el  escopo  que  su  merced  tiene  aga  lo  posible  por  venir  en  nues- 
tra ciudad  i  será  por  nosos  una  allegria,  i  vera  de  serca  la  aglomeración 
española;  por  ande  va  a  caminar  va  sentir  ablar  el  castellano  por  las  stra- 
das,  calles,  caffés,  restorantes  patios,  enfin,  por  todos  lugares,  el  ermoso 
castellano,  mas  non  como  Usted  lo  abla,  a  este  efeto  le  contaré  una  curio- 
sa. Ay  circa  8  9  años  vino  en  nuestra  ciudad  un  couple  de  duetistas  es- 
pañoles illamados  Lina  Serano;  el  arivo  fue  como  un  avenimento  para 
nosos,  todos  fuemos  a  sentirlos;  mira  como  hablan,  disian  los  unos,  son 
Judios  disian  los  inorantes  (siendo  el  que  habla  español  es  judio  para  los 
no  istruidos)  todos  aprendimos  con  curiosidad  las  cantigas  por  cantarlas 
a  nuestras  madres— y  siempre  en  el  publio  quando  algún  duetto  viene  le 
demandan  las  cantigas  del  chiquito  del  Amor  etc.  etc. — i  los  españoles  son 


FiG.  130. — Boulevard  Hadmidié  de  Salónica,  donde  están 
los  consulados. 


I 


443 

mirados  con  sucesso — Mi  amigo  Señor  Salomón  Salem,  el  qual  me  remet& 
la  tarjeta  visita  por  Usted,  me  dicho  que  tiene  una  colección  de  proverbios 
i  citaciones  al  numero  de  1000,  todos  usados  i  empleados  por  las  familias 
Júdeo  Españolas,  si  le  son  de  utilidad  me  are  un  plaser  a  demandarlos 
por  mandarlos  a  Usted. 

Como  semoniíes  de  España  se  topan  en  nuestra  siudad  las  sinagogas 
(lieux  de  priére)  que  llevan  nombres  como  Madrid,  sinagoga  de  Aragón, 
Sevila,  Gredada,  de  Lisbona,  de  Saragosa  i  otros  diferentes  nombres  espa- 
ñoles; se  topan  también  nombres  de  familas  como  Toledo,  Cadix,  Atias 
Mansanares,  todos  originarios  de  estos  lugares  (lieues)  Ai  mesmo  un  café 
que  lo  nombran  Alambra.  Si  esaminamos  el  campo  de  la  pas  (cimetiere) 
se  veen  anticas  sarcofagios  en  epitafes  de  puro  castilano — . 

Qaantas  cosas  se  nulvidaron  en  nuestras  partes  por  non  estar  al  cu- 
ríente de  cosas  de  españa?  si  en  este  tiempo  la  lingua  francesa  es  aviada 
de  todas  las  fami- 
las aristocráticas, 
i  cosa  curiosa,  to- 
dos son  enteligen- 
tes,  el  mas  pekenio 
conose  3  a  -i  lin- 
guas,  el  español, 
lingua  maternala^ 
f ranees,  alemán, 
ingles,  turco,  grego, 
i  otros  idiomas  del 
enterno. 

La  ermosa  lite- 
ratura i  poesia  es- 
pañola es  enteramente  inorada  en  Salonico  i  Oriente,  creo  que  seria  pro- 
vejoso  si  osted  me  enviara  algún  recolio  (recueil)  de  estos  escritos  ami, 
que  revista  española  o  illustrada  o  literaria. 


FiG.  131. — Cementerio  israelita  español  de  Salónica. 


Nuestros  auélos  possedan  fin  oy  mudjag  pitorescas  espressiones,  ma 
que  por  malora  non  son  muy  entendidas  de  todos  nos.  Las  viejas  de  nues- 
tra ciudad  cantan  indas  remansas  con  veras  palavras  españolas,  que  res- 
taron como  un  souvenir  de  nuestra  antica  passadia. 

Del  fogoso  y  renombrado  director  de  La  Época.  D.  Samuel 
S.  Levy,  no  tenemos  por  qué  ocuparnos  extensamente,  pues  ya 
se  nos  ha  dado  á  conocer  él  mismo  con  sus  comunicaciones  en 
varias  partes  de  este  libro,  especialmente  en  la  pág.  115. 

Recordaremos,  en  justo  honor  al  autor  de  sus  días,  que  es 
hijo  D.  Samuel  de  otro  eminente  reformador  de  la  cultura  ju- 
daica, D.  Saadi  Levy,  el  cual  murió  el  7  de  Enero  de  1903, 


444 


habiendo  dejado  una  sucesión  de  67  personas,  que  recordaba 
la  familia  de  los  patriarcas  bíblicos,  tres  periódicos,  un  nombre 
venerado  en  todo  Oriente  y  una  interesantísima  obra  de  evolu- 
ción social,  realizada  en  unión  del  bienhechor  doctor  Moisés 
Allatini. 

Samuel,  su  hijo,  representa  hoy  una  de  las  figuras  más  dis- 
tinguidas del  pueblo  israeüta-español,  y  con  su  no  menos  sig- 
nificado hermano  D.  Saadi  Levy,  acaba  de  ser  condecorado  por 

el  Sultán  de  Turqm'a  en  premio  á 
su  obra  de  progreso  y  á  los  servi- 
cios prestados  ala  patria  otomana. 
Ilustrado  poeta,  amante  de  la 
literatura,  es  el  Sr.  D.  Salomón  Sa- 
lem, empleado  en  la  C.i»  Otomana 
de  aguas  de  Salónica,  quien  nos 
ha  favorecido  con  estimables  com- 
posiciones. De  sus  cartas  recoge- 
mos los  siguientes  consejos: 


FiG.  132.— D.  Salomón  Salem, 
poeta  y  literato  (Salónica). 


Por  la  question  de  la  purification  de 

la  lengua  hablada  entre  nosotros  y  por 

despertar  los  sentimientos  de  la  patria 

ia  existentientes,  sigan  mi  umile  aviso 

se  hace  menester  los  remedios  seguentes 

1.°     Subvencionar  ciertas  escuelas  onde  la  mayor  parte  de  la  ense^ 

ñanssa  es  el  judeo  español,  emponer  la  condición  que  ellas  abandonarian 

los  caracteres  ebreos,  por  adoperar  los  latinos. 

2.0  Subvencionar  o  incorojar  algunos  periódicos  judeo-espafiol  en 
exijende  de  ellos  que  las  dos  primas  pajinas  sean  emprimida  con  caracte- 
res latinos. 

3.°  Que  el  gobierno  español  mandara  sus  agentes  consulares  hombres 
de  su  propio  estado,  en  las  ciudades  que  la  población  judia  es  numerosa, 
o  que  el  diera  la  preferencia  a  los  judios  los  cuales  puedian  render  mas 
servicios  que  aqullos  rendidos  por  los  estranjeros  ocupando  estos  pastos. 

D.  Elias  S.  Arditti  es  un  joven  publicista  de  justificada  no- 
toriedad, periodista,  que  ha  pubHcado  trabajos  en  La  Esperan- 
za, de  Esmirna;  El  Avenir  y  La  Época,  de  Salónica;  El  Tiempo 
y  El  Telégrafo,  de  Constantinopla.  Ha  escrito  novelas  intere- 
santes, cuentos  y  romances;  ha  dado  á  la  escena  dramas  aplau- 
didos, originales  y  arreglados;  ha  divulgado  libros  de  moral 


445 


por  las  escuelas;  es  correspoDsal  de  varios  periódicos  italianos 
y  franceses...  y  ha  producido  con  tanta  fecundidad  que  de  él 
■iecía  Samuel  S.  Levy:  «No  tiene  treinta  años  y  ya  ha  publica- 
do en  cantidad  de  más  de  cincuenta  volúmenes.»  A  esta  labor 
literaria  agrega  una  intervención  diligente  en  la  fundación  de 
Sociedades  benéficas,  sociales  y  de  elevación  moral,  en  las  cua- 
les desempeña  cargos  importan- 
tes. Entre  ellas  citaremos,  por 
ejemplo,  la  Sociedad  Filantró- 
pica Israelita,  de  la  cual  es  pre- 
sidente hace  más  de  dos  años- 

Ha  pubhcado  en  la  revista 
de  Trieste  II  Corriere  Israelítico 
(númeroy  4  3^  6  del  año  1904) 
unos  artículos  notables  sobre  ia 
lingiia  giudeo-spagnola  e  la  sua 
evoluzione,  inspirados  en  un  sen- 
timiento de  amor  á  su  lengua 
madre  y  de  estimación  á  la  Es- 
paña contemporánea,  como 
cumple  á  quien  piensa  con  ele- 
vación y  con  generosidad. 

Mucho  deploramos  que  las 
exigencias  del  espacio  nos  pri- 
ven del  gusto  de  dar  á  conocer  á  nuestros  lectores  estos  artícu- 
los íntegros,  porque  seguramente  serían  muy  de  su  agrado.  El 
Sr.  Arditti,  en  Macedonia,  reproduce  la  simpática  figura  de  Jac- 
ques  Danon.  en  Adrianópolis,  y  es  por  ello  acreedor  á  nuestras 
simpatías.  Para  que  se  pueda  apreciar  la  razón  de  este  juicio, 
traduciremos  algunos  párrafos  de  los  artículos  donde  se  reve- 
la el  sentimiento  de  su  autor. 

Contestando  á  los  ataques  dirigidos  contra  nuestra  patria  y 
campaña,  dice  así: 

Si  España  fué,  hace  cuatro  siglos,  el  país  donde  reinó  como  soberano 
el  jesuitismo,  también  debemos  confesar  que  fué  la  tierra  de  las  aspira- 
ciones nobles;  jamás  debemos  olvidar  que  en  medio  de  las  crueldades  de 
la  Inquisición,  levantaron  su  voz  en  defensa  nuestra  poetas  5'  sabios;  no 
se  debe  olvidar  jamás  que  los  Herrera,  los  Abravanel,  Fernández,  y  otros 


FiG.    133.- 
ilustre    y 


-D.    Elias    S.    Arditti, 
fecnndo    publicista    de 
Salónica. 


446 

israelitas,  guerreros  unos,  ministros  otros,  españoles  todos,  formaron  la 
gloria  del  judaismo;  debemos  luego  recordar  que  el  suelo,  el  cielo  y  los 
astros  españoles,  inspiraron  á  nuestros  mayores  poetas  nacionales,  como 
Giuda  Levita,  y  debemos  inclinarnos  ante  la  sublime  obra  de  reparación 
que  la  hidalguía  comienza  á  realizar  hoy,  entre  sus  ilustres  hermanos,  el 
senador  Pulido. 

Yo  fui  siempre  amigo  de  este  lenguaje  despreciado;  yo  combatí  encar- 
nizadamente junto  á  Sam.  Levy,  y  otros  pocos,  contra  sus  adversarios;  yo 
di  pruebas  de  mi  adhesión  á  la  causa  combatida  por  su  conservación, 
uniendo  los  hechos  á  las  palabras,  y  publicando,  mientras  la  discusión 
estaba  en  el  colmo  de  su  violencia  y  de  su  interés,  necesario  es  decirlo, 
tres  ó  cuatro  volúmenes  en  pocos  meses,  y  hasta  yo  participé  y  participo 
por  entero  la  idea  de  Levy,  de  que  los  israelitas  de  Oriente  cesarán  de 
conocerse  el  día  en  que  pierdan  su  lengua  llamada  española. 

Arditti  es  partidario  de  purificar  el  judeo-español  con  la 
lengua  castellana  actual,  huyendo  de  galicismos,  italianismos..., 
etcétera,  y  propone  la  celebración  de  un  Congreso  de  los  prin- 
cipales escritores  judeo-españoles,  para  deliberar  sobre  la  con- 
ducta lingüística  que  se  debe  seguir  y  adoptar  una  para  todos. 
Asimismo  en  una  de  sus  cartas  propone  la  siguiente  colabora- 
ción, la  cual  seguramente  se  realizará  más  adelante: 

Yo  pensó  que  por  entablar  relaciones  y  simpatías  entre  nosotros  judíos 
españoles  y  los  españoles  de  España,  seria  menester  de  estabilicir  un 
curíente  de  amistad  entre  los  escritores  de  los  dos  payses.  Seria  dunque 
a  desear  que  los  periódicos  españoles  de  Madrid,  Barcelona,  etc.,  nombra- 
ran corespondientes  en  los  diversos  centros  españoles  de  Oriente.  Esos 
corespondientes  pudrían,  alado  de  los  acontecimientos  políticos,  hablar 
de  los  usos  y  de  los  costumbres  de  esos  ijos  perdidos  de  España — como 
lo  dise  justamente  Ud — y  puede  así  rendirse  cuento  de  lo  que  conserva- 
ron de  sus  vieja  tierra,  y  también  ver  los  rapportos  que  existen  entre 
España  y  Oriente.  Yo  de  mi  parte  seria  muy  dichoso  de  prestar  mí  flaco 
concorso  á  esta  «obra  de  confraternidad  humana»  quiero  dizir  de  sirvir 
de  coresponsal  a  los  periódicos.  Si  Ud  pensa  como  mi,  y  se  cree  útil  de 
íntervinir  cerca  de  los  gacetas,  rivistas,  ilustraciones,  etc.,  puede  contar 
sobre  mi  que  los  serviré  con  placer.  Yo  tenía  mismo  idea  de  escribir  direc- 
tamente a  los  jornales,  ma  pensi  que  es  muncho  mijor  de  demandar  em- 
prímero  la  opinión  de  Usted  y  en  mismo  tiempo  sus  buenos  auspicios,  en 
el  caso  onde  está  de  acuerdo  con  mí. 

Mi  excellente  amigo  señor  Salem  me  habló  del  projecto  de  hacer  apa- 
recer una  gaceta,  la  cuala  publicaría  una  partida  en  puro  español  con  ca- 
racteres latinos.  La  idea  es  muy  buena,  muy  hermosa  y  muy  practica,  por 
lo  cual  yo  le  di  luego  mi  entera  adesion. 


44"; 


Repeto  a  Usted  que,  según  me  lo  tubieron  dicho  los  señores  Abravanel 
y  Salem,  yo  le  escribo  en  el  español  que  hablamos  aqui,  sin  ir  buscar  tér- 
minos selectos.  Así  creo  que  S.  S.  tomará  mas  muncho  gusto  y  pudra  ha. 
cerse  una  concepción  mas  justa  del  estado  actual  de  nuestra  lengua. 

Me  dicen  que  el  prof.  Nehama  iso  una  conferencia  sobre  los  «judios» 
españoles  y  la  España».  Otros  quinze  dias,  yo  vo  tener  una  habla  sobre 
«El  Sentimiento  en  los  Judios»,  cuya  una  buena  parte  es  consacrada  al 
amor  de  los  judios  españoles  escuentra  sus  vieja  patria. 

De  D.  José  Nehama,  ilustrado  profesor  de  la  Alianza,  cuyo 
nombre  ha  visto  la  luz  ya  más  de  una  vez  en  nuestro  estudio, 
hemos  recibido  asimismo  cartas  estimables.  De  una  fechada  el 
9  de  Diciembre  son  los  siguientes  párrafos,  que  atestiguan  el 
bien  que  podrían  hacer  nuestros  Gobiernos  y  Corporaciones  á 
la  difusión  del  español,  cuando  solamente  nuestras  modestas  y 
personales  iniciativas  obtienen  la  consideración  y  eficacia  que 
acredita  hombre  tan  honorable  como  dicho  Sr.  Nehama: 

Me  permito  de  enviarle  un  ejemplar  de  un  librito  en  judeo-español 
sobre  la  historia  de  los  Israelitas  desde  la  Creación  has:a  nuestros  dias 
que  vengo  de  publicar.  Lo  escrivi  en  el  judeo-espafiol  el  mas  general  po- 
sible. El  manoscrito  fué  examinado  de  parte  un  judio  búlgaro,  un  adriano- 
politano,  un  constantinopolitano,  un 
smirmote  y  varios  salonikiotes.  Cada 
uno  me  indico  los  tornos  de  frases, 
los  biervos  que  compatriotes  o  con- 
ciudadinos  no  podrían  entender,  y  es 
sobre  sus  indicaciones  que  modifiqui 
la  lingua  de  mi  modesta  obra  desti- 
nada a  las  chicas  escolas  de  Oriente. 
También  me  esforsi  de  non  emplear 
en  su  redacción  palabras  turcas, 
griegas  o  italianas.  Es  ansi  que  mi  li- 
brito puede  ser  metido  entre  las  ma- 
nos de  todos  los  niños  judios  de 
Oriente. 

Si  la  vigorosa  y  muy  generosa 
impulsión  que  Ud  dio  a  los  judios  de 
Oriente  non  terna  las  consequencias 
deseadas  por  los  nobles  corazones 
de  España,  que  quieren  el  aserca- 
miento  de  todos  los  hombres,  sin  di- 
ferencia de  culto,  ella  tiene  ya  riául- 

tados  satisfacientes  entre  los  judios  ellos  propios,  que  toman  de  mas  en 
mas  conciencia  de  ellos  mesmos  y  de  sus  dignidad.  Numerosos  libros  de 


FiG.  134. — Judia  española  de  Salónica 


448 

clase  están  hoy  en  preparación  y  muchos  maestros  hacen  laudables  es- 
forzos  por  componer  para  bus  elevos  obras  en  judeoespañol  limpio  y 
claro.  Por  este  risultado,  divido  sobre  todo  a  la  campaña  que  siguió  la  pu- 
blicación de  «Los  Israelitas  españoles».  Ud  merece  la  reconociencia  de 
nuestros  coreligionarios. 

ASIA 

Turquía  asiática. — Esmirna. 

Es  ciudad  de  unos  230.000  habitantes,  con  el  puerto  más 
grande  y  la  plaza  de  comercio  más  rica  de  Oriente;  situada  ad- 
mirablemente en  el  fondo  de  un  magnífico  golfo,  y  en  situación 
geográfica  tan  privilegiada,  que  arroba  el  ánimo  cuando  se 
abre  el  mapa  y  se  ve  cuanto  le  rodea:  al  Norte  Europa,  por 
debajo  África  y  la  Arabia,  por  Levante  el  Asia  Menor  y  por 
Poniente  aquel  riquísimo  plantel  de  archipiélagos:  las  islas 
Cicladas,  las  Esporadas,  Samos,  Chío,  Mitilene,  Lemnos,  An- 
dros.  Palos,  Milo,  Samotracia...  y  otros  infinitos  paradisíacos 
lugares  que  brotan  á  ñor  de  agua  en  un  mar  riente,  como 
nenúfares  en  estanque  gigantesco,  y  cuyos  nombres  afamados 
y  gloriosos  despiertan  un  mundo  de  conmovedores  recuerdos 
solamente  con  su  evocación,  y  sirven  de  ornamento  á  la  Morea, 
la  Ubea  y  la  Thesalia,  que  se  alzan  un  poco  más  á  Poniente, 
magníficas  y  venerables  con  sus  legendarias  consagraciones. 

Esmirna  es,  como  Salónica  y  Constantinopla,  ciudad  de 
crecidísima  población  española,  la  cual  presentaremos,  á  gran- 
des líneas  también,  con  fragmentos  de  informaciones  suminis- 
tradas por  dignos  y  bondadosos  sefardíes. 

Pero  al  hablar  de  Esmirna  nuestras  primeras  referencias  se 
lian-de  consagrar  á  saludar  á  un  ilustre  literato  y  honorable 
filólogo,  con  quien  no  hemos  solicitado  correspondencia,  pero 
cuyo  nombre  nos  salió  al  encuentro  desde  los  primeros  in- 
formes que  de  allí  nos  remitieron,  envuelto  siempre  en  una 
aureola  de  respeto,  cariño  y  elogios  tales,  que  hubo  de  conquis- 
tar nuestra  admiración  y  sim^Datía:  hablamos  de  D.  Nissim  de 
Juda  Pardo,  quien  tiene  derecho,  por  su  historia,  á  la  honorifi- 
cación  de  este  libro  y  al  conocimiento  de  cuantos  amen  el  idio- 
ma español. 


4 


449 


Gad  Franco,  enemigo  sincero  de  la  regeneración  castellana 
del  judeo,  nos  hizo  una  hermosa  presentación,  por  lo  elocuente 
y  sentida,  en  aquella  su  carta  que  publicamos  en  nuestras  pá- 
ginas 109,  110  y  111  (véase  el  final  de  la  110),  y  lo  que  él  allí 
dice  fué  confirmado  espontáneamente  por  otros  no  menos  ilus- 
trados publicistas: 

Yo  sé — dice  J.  de  Rousso — que  el  amigo  Sr.  Pardo  excusará  mi  indis- 
creción, que  desde  número  de  años  se  ocupa  de  asser  un  diccionario  Cas- 
tellano judeo-español-f ranees,  que  si  venía  á  ver  la  luz  y  sería  gradual- 
mente adoptado  por  nuestros  publicistas,  podría  en  una  notable  mesura 
contribuir  á  reformar  nuestro  malencontioso  idioma  y  acercarlo  del  Cas- 
tellano. 

Quien  nos  lo  presentó  con  más  amplitud,  hom-ándonos  con 
su  retrato,  fué  nuestro  diligente  y  ser%dcial  correspondiente 
D.  José  Romano,  el  cual  nos  dijo  lo  que  sigue  con  fecha 
7-VII-1904: 

El  Señor  Xissim  de  Jada  Pardo  es  un  hombre  de  45  años.  Disde  20 
años  él  se  ocupa  de  la  lingua  española  y  tiene  recojido  (en  10  años)  10.000 
palabras  del  jerigonza  español.  El  las  metió  en  orden  alphabetico  y  está 
sobre  el  punto  de  publicarlas  en  forma  de  diccionario.  Antes  dos  dias  yo 
tubi  el  plazer  de  ver  este  señor  en  su  cámara  de  estudio.  El  me  mostró 
los  dos  volúmenes  que  componen  esXív 
ovra,  única  en  su  genero.  En  esos  dos 
volúmenes  se  topan  qualquier  palabra 
ajena,  ó  corompida,  con  su  traducion 
en  puro  español  al  lado.  El  me  mostró 
también  un  diccionario  único:  Español- 
hebreo.  Asta  agora  habia  muchos  dic- 
cionarios hebreo-españoles,  pero  ese  es 
el  primo  de  Español-hebreo. 

Siempre  el  señor  Pardo  fue  partidario 
y  fervente  defendedor  y  propagador  de 
la  lingua  Española.  Antes  10  años  el  se 
engajó  en  una  campaña  por  la  lingua  es- 
pañola que  duró  mas  de  un  año.  Yo  le 
rogi  de  darme  copia  de  esosarticolos  que, 
en  ellos  mizmos,  son  una  defensa  única 
en  favor  del  español,  y  el  me  prometió 
de  cumplir  mi  dezeo.  El  tiene  colabora- 
do á  muchos  periódicos,  y  sobre  mi  ro- 
gativa, el  me  copió  en  puro  español  un  articolo  que  tuvo  publicado  antes 
mucho  fiempo.  En  leendo  su  escrito,  usted  se  ara  una  idea  de  la  valor  li- 

29 


FiG.  135.  — D.  Nissim   de   Jad» 
Pardo,  eminente  rilólogo  judeo- 
español de  Esmirna. 


450 

teraria  y  linguestica  de  ese  señor.  Usted  puede  concluir  de  eso  que  señor 
Pardo  es  un  grande  philalogo  y  un  erudita  de  primer  orden.  El  tiene  una 
colección  de  mas  de  100  diccionarios  de  diferentes  linguas.  Como  carác- 
ter, el  es  noble,  modesto  y  simpático.  El  se  decha  acercar  de  quaqier  per- 
sona y  siempre  tiene  una  dulce  sonrisa  en  los  labios  para  todos.  El  es 
padre  de  5  criaturas. 

Para  que  se  pueda  apreciar  el  dominio  del  castellano  mo- 
derno que  acredita  el  Sr.  Juda  Pardo  y  la  pureza  de  sus 
propagandas  literarias,  reproduciremos  solamente  un  párrafo 
de  un  artículo  suyo  sobre  «El  juego»,  publicado  en  La  Esperan- 
za del  19  de  Junio  de  1896,  el  que  nos  remite  Romano: 

Ese  cacodemonio  vestido  de  diferentes  trajes  que  parece  haberse  des- 
cadenado  y  huido  del  infierno  para  corrom- 
per y  pervertir  una  parte  del  genero  huma- 
no, loores  a  Dios,  no  pisó  nunca  el  umbral 
de  mi  puerta  ni  tampoco  extendió  su  mano 
sobre  mi.  Y  con  todo  eso,  sesudos  lectores, 
yo  no  puedo  ver  su  sombra  ni  sentir  su 
nombre,  y  no  tengo  menester  de  deciros, 
porque  ya  os  lo  imagináis,  cuanto  debe  dis- 
gustarme su  presencia.  Si  prestáis  vuestra 
atención  algunos  momentos,  no  tardaréis  a 
conocer  la  causa  de  mi  repugnancia  o  aver- 
sión por  ese  maldito  diablo. 

El  Sr.  Romano  nos  ha  suminis- 
trado la  información  más  extensa. 
Según  ella  hay  40.000  israelitas  en 
Esmirna:  38.000  sefardim  y  íí.OOO 
asckenazim.  Además  los  hay  en  las 
siguientes  poblaciones  de  las  provin- 


FiG.  186.  — Sara  Estrugo,  dis- 
tinguida   señorita    israelita 
e.spañola  de  Esmirna. 


cías  otomanas  asiáticas: 

Provincia  de  Esmirna,  compuesta  de  42  ciudades,  tiene:  *  Smyrna, 
38.000;  Aidin  (via  Smyrna),  4.000;  Magnesie,  1.800;  Cassaba,  1.200; 
Fireh;  1.460;  Menemen,  400;  Melassos,  450;  ''  Macri,  400;  Pergamos,  550; 
Nazilli,  300;  Akhissar,  280;  Alachchir,  2ü;  Salihly,  80;  Kirkagach,  100; 
Boudroum,  120;  Kienyedjegis,  80;  ''  Mermeris,  26;  '"  Vurla,  360;  *  Bain- 
dir,  70;  *  Cesmé,  180;  *  Phocée,  100;  "  Scala  nova,  180. 

Provincia  de  las  Islas  ottomanas  se  compone  de  18  islas:  Rhodes,  4.000; 
Chio,  300;  Cos,  40;  Halki,  40;  Lemnos,  70;  Metilin,  20;  Patines,  7. 


Las  señaladas  sou  puerto  de  mar. 


451 

Provincia  Conia:  *  Adalia,  150;  *  Finica  y  Elmali,  60. 
Provincia  Adana;  *  Mersina,  50. 

Gracias  á  la  confraternidad  que  existe  entre  los  correligio- 
narios, su  estado  social  es  bueno  j  los  hay  distinguidos  y  con- 
siderados en  la  vida  pública:  algunos  ocupan  posiciones  en  la 
Banca,  Gobierno,  Milicia,  Enseñanza,  Jurisprudencia,  Medicina. 
Entre  eJlos  pueden  ser  citados:  Nissim  Levi,  miembro  del  Con- 
sejo Administrativo  de  la  provincia;  Sr.  Yoseff  Asher,  miem- 
bro del  Tribunal  de  apelación;  Mordochai  Levy  y  Rabeno  Cu- 
riel,  miembros  del  Tribunal  de  Justicia;  Nissim  Estrago,  del 
Consejo  municipal;  Jacob  Saúl,  jefe  de  los  archivos  en  la  Di- 
rección de  política  de  la  provincia;  Jacob  De\idas,  censor;  Ra- 
phael  Cicourel  y  Jacob  Haim,  comisarios  de  policía;  Da\'id  Ben 
Maor,  jefe  secretario  de  la  Banca  Imperial  Agrícola;  los  docto- 
res Toledano,  miembro  del  Consejo  Higiénico  de  la  provincia; 
Danon,  médico  de  la  Municipalidad,  y  como  médicos  distingui- 
dos libres  los  siguientes  son  los  más  afamados:  Dres.  Isaac 
Crespin,  Alazraki,  Cori,  Spirer  (oculista),  Segura,  Farachi  y 
Deshuron.  Como  abogados  son  citados  los  Sres.  D.  Alberto 
Farica,  Gabriel  Caleph,  Pertev  Levi,  Joseph  Sonsino  y  Besalel 
Ventura.  En  la  Banca  brillan:  Ciaves,  Rebbi,  Levi,  Arditti  her- 
manos, León  Lidi,  traductor  de  la  Banca  Imperial  Otomana; 
David  Hazan,  secretario  de  la  Renta  de  los  tabacos,  y  Shemtov 
Alazraki,  jefe  farmacéutico  en  el  Hospital  Civil  Otomano. 

Después  hay  un  incalculable  número  de  empleados  en  los 
ferrocarriles,  en  las  administraciones  particulares,   en  correos. 

En  las  Sociedades  de  seguros  y  navegación,  abundan  tam- 
bién sefardim  inteligentes  y  muy  estimados. 

La  prensa  judeo- española  es  importante  en  Esmirna,  el 
centro  más  literario  y  más  intelectual  de  esta  raza  en  Oriente; 
y  acerca  de  ella  nos  suministra  algunas  referencias  interesan- 
tes D.  Rafael  Cohén,  quien  nos  dice  lo  siguiente: 

Se  publican  3  periódicos,  in  jadío-Español  y  con  caracteres  Rabinos; 
de  los  quales,  usted  iso  ya  mention  en  su  estimado  livro,  y  es  <  La  Buena 
Esperanza»,  que  cuenta  34  años,  quyo  directores  el  venerable  Sr.  Hazan, 
descendiente  de  una  de  las  mas  ilustres  familias  de  Andalosia,  que  se 
isieron  destinguir  por  sus  poesías  Religiosas. 

El  segundo  es  «El  Novelista»  (15  años)  que  devia  ser  redijido  en  len 
gua  Francesa;  y  que  a  causa  de  sus  pocisimos  lectores  en  esta  lengua,  su 


452 


director  el  Sr.  Jacob  Algranti;  malgrado  su  perseverencia  se  vido  en  el 
menester  de  trocar  la  forma  y  la  lengua  de  su  diario  (Note  Bien)  y  hoy  se 
publica  in  el  ermozicimo  Castellano. 

El  tresero  es  «El  Messeret»  (Palabra  turca  equivalente  a  Alegría)  8 
años,  qnyo  director  el  muy  Hábil  y  sympatico  Sr.  Alexandro  Benghiat,  el 
qual  acumbe  una  tarea  muy  pesgada,  en  publicando  su  diario  in  Turco 
y  en  Español. 

Hay  escuelas  varias  de  la  Alianza,  comunales,  y  particula- 
res sostenidas  por  lo  que  pagan  los  alumnos.  No  se  enseña 

el  judeo-español,  pero  se  habla,  y 
se  escribe  y  se  hacen  en  esa  len- 
gua todas  las  traducciones.  Se  en- 
señan en  la  escuela  Scotch  Mis- 
sion  School — donde  enseña  inglés 
el  Sr.  Romano — el  judeo-español 
y  hasta  el  castellano. 

En  su  información  el  señor 
Cohén  nos  dice  que  se  enseña  el 
judeo-español  en  todas  las  escue- 
las particulares.  Es  enseñado  el 
castellano  verdadero  en  las  escue- 
las de  las  misiones  protestantes, 
frecuentadas  en  su  mayoría  por 
niños  y  niñas  sefarditas. 

Aquí  todos  los  sefardim  ha- 
blan español  en  familia,  aun  los 
que  aprenden  el  inglés  y  el  fran- 
cés en  las  escuelas;  y  Cohén  nos 
advierte  que  si  la  campaña  iniciada  por  nosotros  sigue,  no 
tardará  el  establecimiento  de  relaciones  comerciales  y  persona- 
les con  su  antigua  madre  patria. 

Son  considerados  con  los  derechos  y  el  respeto  que  les  tie- 
ne otorgados  Turquía,  y  ellos  á  su  vez  se  muestran  pacíficos, 
activos,  honestos,  fieles  y  patriotas. 

D.  Rafael  Cohén,  ilustrado  profesor  de  idiomas  y  redactor 
de  El  Messeret,  nos  ha  remitido  una  concienzuda  información, 
que  no  difiere  de  la  de  Romano.  De  sus  cartas  entresacamos 
los  siguientes  pensamientos: 

Por  vez  primera  despuea  de  4  seglos  yo  e  visto  un  Spagnol  que  comu- 


FiG.  137. — D.    Rafael   Cohén,    co- 
nocido profesor  de  Lenguas    y  re- 
dactor de  El  Meiseret,  periódico  ja- 
deo español. 


453 

nica  con  uno  de  los  exilados  de  Españia  y  todo  en  viendo  las  justas  re- 
puestas que  el  Messeret  como  el  Avenir  touvieron  dado,  yo  me  siento  bien 
flaco  por  responder  á  las  suas  demandas.  Ma  con  todo  yo  me  tomo  la 
libertad  de  dizirle  en  breve  que  el  conservamiento  de  la  lengua  Española 
entre  nozotros  deve  continuarse,  Malgrado  todas  laspersicutiones;  porque 
si  la  oulvidariamos  oulvidamos  también  la  mas  emportante  estoria  que 
nos  con^erna.  Como  puevlo  indulgente  que  lo  fuimos,  siempre  nozotros 
perdonamos  á  los  que  mos  azen  mal.  Y  como  soditos  fieles  que  somos 
mos  es  impossible  de  expatriarmos  de  el  tolérente  paiz  de  Turquía. 

Mis  ojos  se  umediaron  en  meldando  su  carta  adressada  a  la  Prenssa 
Espaníola  in  Salónica.  Y  digo  claramente  que  no  hay  otra  consolation  por 
un  judio  Espaníol  que  de  ser  consolado  por  uno  de  los  descendientes  de 
los  Expectatores  del  Auto-Da-fé. 

D.  Aaron  José  Hazan,  director  de  La  Buena  Esperanza, 
nos  dice  lo  siguiente,  digno  de  ser  tenido  en  cuenta  para  cuan- 
do se  acometa  alguna  acción  sobre  esta  campaña: 

Los  editores  y  diarions  de  España  no  podran  contar  sobre  una  clien- 
tela en  el  Oriente  que  si  los  escritos  pueden  ser  bien  intendidos  aqui. 

Ya  sabe  Usted  como  nuestro  lenguaje  es  corrompido. — Es  menester, 
poco  á  poco,  assercarlo  de  la  verdadera  lengua  de  Cervantes. 

Por  obrar  en  este  senso,  impezi  á  publicar  en  la  «Buena  Esperanza» 
algunas  puésias  inseradas  en  la  «Revista  Ibero-Americana». — Para  conti- 
nuar en  mi  taria,  me  permiti,  Señor  Senador,  de  rogarle  de  querer  bien 
hacer,  de  mi  parte,  offritas  de  cambio  á  algunos  diarions  humoristas  y 
lettararions  de  Madrid,  como  tambisn  de  rogar  á  algún  editor  de  mandar- 
me— porque  aga  la  recla'na — algunos  libros  de  poésias,  de  romansos,  etc. 

Espero  poder  ansi  secundar  los  esfuerzos  de  Usted  por  perfectionar  la 
lengua  española  hablada  en  el  Oriente,  y  ser,  de  esta  manera,  un  humilde 
obrador  en  la  taria  patriótica  que  Usted  entreprendio. 

D.  José  Ascher,  rico  comerciante,  regresa  á  Esmirna  de  un 
largo  viaje  á  América,  se  entera  de  nuestra  campaña  por  los 
periódicos  y  las  conversaciones,  y  nos  escribe  una  carta  muy 
española,  de  donde  tomamos  el  siguiente  párrafo: 

Llegado  á  mi  ciudad  nativa,  cuan  no  fué  mi  curiosidad  al  ver  el  gran- 
de movimiento  y  la  interesante  conversación  que  era  la  cuestión  del  día, 
de  la  que  se  ocupa  actualmente  nuestra  joven  generación? 

El  nombre  del  Doctor  Don  Ángel  Pulido  se  hizo  muy  popular  y  mucha 
simpatía  le  muestran  aún  siendo  conocido  solo  por  nombre  y  por  sus  ac- 
ciones. Muchas  cartas  me  han  sido  dadas  á  correjir  y  hacerlas  en  puro 
idioma  Español,  para  a^í  enviarle  á  Vd.  rengraciamientos  por  su  intere- 
sante obra  y  por  la  importante  nota  que  Vd.  ha  tomado,  en  prometiendo 
de  ocuparse  y  discutir  á  fondo  en  la  honradísima  cámara  de  su  respectado 


454 

gobierno,  por  la  cuestión  Jadeo-Español.  No  dudo  que  muchos  de  dichos 
señores  no  tendrán  el  coraje  ó  se  vergüenzarán  de  enviarlas. 

Y  del  distinguido  D.  J.  de  R.  Rousso,  ya  varias  veces  cita- 
do en  nuestra  obra,  reproduciremos  solamente  algunas  mani- 
festaciones: 

Ni  el  quadro  restretto  de  esta  lettra,  ni  mi  competencia  sovre  todo,  non 
me  permeten  de  continuar  en  mis  reflecciones.  Ud.  tenga  solo  la  convic- 
tion  que  el  asunto  al  qual  el  quera  bien  con  tanta  maestria  y  abnegación 
consacrar  sus  esforzos,  es  de  oun  interés  vital  por  el  avenir  de  nuestro 
pueblo  viviendo  en  el  Oriente. 

La  juventud  sovre  todo  acceptaría  creo,  con  bienveillenza  y  simpatía 
relaciones  con  la  España,  relaciones  sovre  todo  tendiendo  a  modificarle 
la  situación  humillante  en  la  quala  se  topa  de  appartener  á  oun  pueblo 
sin  lingua. 

Hoy,  absolutamente  non. 


CAPÍTULO  VIII 


Siria.  — Beyrouth,  Informe  de  Pariente,  Elmaleh  y  Calef  — Los  israelitas  españoles 
de  Siria  y  Palestina.— Jerusalem.  Informe  de  Antebí  y  Azriel.  — África,- Arge- 
lia.— Oran.  Informe  de  Salomón  Levy.  —  Bahía  Delagoa.  Informe  de  J.  Dañan. 
Egipto.— Alejandría-  Informes  de  Spagnolo  y  Danon  (José).—  El  Cairo  y  Port- 
Said.  Informe  de  A.  Galante. 

Siria. — Beyrouth. 

Comencemos  por  la  juventud,  siempre  simpática.  Un  estu- 
diante nos  trae  un  eco  de  la  discutida  Facultad  de  Medicina 
francesa  en  Oriente,  con  la  siguiente  petición,  que  fué  servida 
al  punto: 

Aviendo  embezado  sou  adresso  pour  ouno  de  mis  amigos,  vengo  rogar- 
le si  me  poédia  embiajarme  oun  livro  editado  sovre  los  -^Jidios  Castilla- 
nos-i  yo  touve  grande  plazer  en  embizando  ke  oun  semejante  mouvemien- 
to  viene  de  aver  en  nouestra  vieja  patria.  Yo  tenere  grande  plazer  de  mel- 
dar  esta  ovra  escrita  pour  sous  nobles  manos  y  si  ousted  dezea  embearmé 
rogo  de  embearmé  al  aderesso  segiente. 

Joseph  Behar. 

Uno  de  los  israelitas  españoles  más  generalmente  celebrados 
en  la  correspondencia  que  hemos  mantenido,  por  su  amor  á 
España,  por  la  obra  que  ha  realizado  en  beneficio  del  castellano 
judío,  por  sus  prestigios  naturales  y  los  rasgos  de  su  bondad, 
es  el  Sr.  D.  S.  J.  Pariente,  director  de  los  servicios  de  Coloniza- 
ción de  Palestina,  quien  ha  respondido  á  nuestros  deseos  con 
exquisita  atención.  A  él  debemos  las  fotografías  de  los  hermo- 
sos tipos  de  jóvenes  judías  españolas  que  llevan  los  núme- 
ros 139  y  140. 


456 

He  aquí  una  manifestación  suya,  á  la  cual  sigue  el  notable 
informe  sobre  los  israelitas  de  Palestina,  que  debemos  al  señor 
Elmaleb,  digno  secretario  del  Sr.  Pariente.  Mene  escrito  en  el 
buen  castellano  con  que  le  publicamos,  y  su  texto  debiera 
interesar  á  nuestros  bombres  de  gobierno: 

Agradezco  á  V.  infinito  por  haberme 
remitido  su  apreciable  obra,  la  que  he 
leido  con  sumo  placer.  Soy  feliz  de  cons- 
tar que  la  España  moderna  y  liberal  bus- 
ca borrar  los  tristes  recuerdos  de  la  In- 
quisición. Los  hombres  talentados  y  de 
corazón  que  provocan  tal  movimiento 
merecen  la  simpatía  universal  y  me  per- 
mito felicitar  á  V.  por  sus  valientes  es- 
fuerzos. 

Soy  el  primero  quizas  que  ha  buscado 
en  Turquía  á  perfeccionar  el  dialecto  he- 
breo-español. Desde  el  año  1870,  en  los 
diferentes  puestos  que  he  ocupado  como 
director  de  escuelas  de  la  «Alianza  Israe- 
lita»,  he  propaga-do  en  mi  modesta  esfe- 
ra el  bello  idioma  castellano.  Era  una  dul- 
ce recompensa  para  mis  alumnos  cuando 
les  daba  una  lección,  y  varios  de  ellos  son 
hoy  los  mejores  adepto.s  de  la  propagan- 
da en  Oriente  del  español  de  Iberia. 

El  Sr.  Elmaleh  se  encargó  de  contes- 
tar á  V.  acerca  de  las  «Cuestiones  sobre  los  Israelitas  españoles. 

Sigue  el  mencionado  informe  del  Sr.  Elmaleb. 


Fig.  138. — D.  S.  J.  Pariente,  israe- 
lita español,  Director  de  la  coloni- 
zación israelita  de  Palestina. 


Los  israelitas  españoles  de  Siria  y  Palestina. 

1.0  Vive  en  Beyrouth  una  comunidad  israelita  de  3.000  almas.  Este  nú- 
mero es  aproximativo,  no  habiéndose  hecho  ningún  censo  desde  largos 
años.  Todos  los  judíos  de  Beyrouth,  con  raras  excepciones,  son  sefardim. 
Su  lengua  materna  es  el  árabe.  Beyrouth  cuenta  tan  solo  de  40  á  45  fami- 
lias israelitas,  oriundas  de  Turquía  de  Europa  ó  de  los  países  balcánicos, 
cuyo  idioma  es  el  judeoespañol.  Pero  esta  lengua  la  emplean  casi  única- 
mente en  su  trato  íntimo  del  hogar;  en  sus  relaciones  mundanas,  la  ma- 
yoría usa  más  bien  del  francés,  que  es  generalmente  en  Turquía  la  lengua 
de  la  gente  culta  é  ilustrada. 

2.0  Hay  en  Siria  y  Palestina  varias  poblaciones  donde  se  encuentran 
algunas  familias  españolas,  como  Caiffa,  Tiberiado,  Saffed,  Hebron,  Da- 


457 


masco,   Alepo,  Bagdad;   donde  las  hay  mas  numerosas  es  en  Caiffa  y 
Jerusalen. 

3.°  y  4.°  El  estado  social  de  los  judios  españoles  en  Beirut  es  mas 
elevado  que  el  de  sus  coreligionarios  árabes.  Han  tenido  mejor  instruc- 
ción y  educación,  tienen  roze  continuo  con  la  colonia  europea  de  esta  ciu- 
dad, ocupan  muchas  buenas  posiciones  en  la  banca,  el  negocio,  ó  en  admi- 
nistraciones públicas. 

5.0  No  se  publica  ningún  periódico  en  Beyrouth  en  idioma  judeo-es- 
pañol. 

6.0^  7."  y  8."  Hay  en  Beyrouth  muchísimas  escuelas  superiores  y  dos 
Facultades  de  Medicina, 
una  norte-americana  y  otra  m 
francesa,  esta  última  dirigi- 
da por  los  Padres  Jesuitas. 
La  lengua  que  mas  se  ense- 
ña y  se  habla  en  Beyrouth 
es  el  francés.  Por  razones 
Políticas  é  históricas  que 
Vd.  conoce,  el  gobierno 
francés  da  un  apoyo  eficaz, 
con  su  oro  y  su  protección 
oficial,  á  la  enseñanza  Con- 
greganista.  Por  eso  son  aqui 
numerosísimas  las  escuelas 
dirigidas  por  órdenes  reli- 
giosas francesas,  los  con- 
ventos  para  señoritas. 

Se  enseña  también  el 
francés  en  las  dos  escuelas 
de  niños  y  niñas  de  la  Alian- 
za Israelita. 

La  Alianza  francesa.  So- 
ciedad muy  distinta  de  la 
precedente,  y  cuyo  fin  es  el 
desarrollo  de  la  lengua  fran- 
cesa en  el  estranjero,  ha 
fundado  en  Beirut  una  bi- 
blioteca y  salón  de  lectura 
donde  se  encuentran][revistas  y  periódicos  franceses. 

En  la  Universidad  norte-americana  de  Beirut,  se  cursan  estudios  en 
inglés  hasta  el  doctorado. 

Hay  escuelas  florecientes  subvencionadas  por  Alemania  e  Italia. 
Los  intereses  políticos  y  comerciales  que  se  agitan  en  este  país  son 
muy  importantes  y  tienen  por  consecuencia  la  lucha  entre  diversas  nacio- 
nes por  la  difusión  de  sus  lenguas. 

España  sola  se  queda  apartada  de  esta  lucha.  En  ninguna  de  estas 


FiG.  139. — Tipo  de  judia  joven  de  Beyrouth  .En- 
viado por  Pariente. 


» 
458 

escuelas  se  enseña  el  español.  El  hermoso  idioma  castellano  es  completa- 
mente desconocido  en  esta  tierra.  Ha  sido  para  el  que  escribe  estas  líneas 
una  sorpresa,  por  cierto  muy  agradable,  el  oir  una  tarde,  á  bordo  de  un 
buque,  dos  padres  franciscanos  conversar  en  castellano. 

El  mismo  agente   consular  de  España  en  Beirut  es  un  italiano,  que 
ignora  completamente  nuestra  lengua. 

Tengo  la  convicción  que  el  español  encontrarla  en  Siria,  particular- 
mente en  el  Líbano,  donde 
vive  una  población  cristia- 
na de  mas  de  60.000  almas, 
un  ancho  campo  de  des- 
arrollo. Efectivamente,  mi- 
les de  jóvenes  de  Líbano 
emigran  todos  los  años  ha- 
cia la  America  española, 
Argentina  principalmente, 
y  acudirían  gustosos  en  su 
niñez  á  escuelas  donde  se 
les  enseñaría  la  lengua  que 
mas  ha  de  servirles  para 
sus  negocios. 

Pero  no  es  esta  la  cues- 
tión que  nos  ocupa  y  vol- 
vamos á  los  judíos  espa- 
ñoles. 

9. o  Es  muy  dificil  pro- 
nunciarse sobre  la  cuestión 
de  saber  si  los  israelitas 
españoles  aceptarían  con 
agrado  y  simpatías  relacio- 
nes con  BU  antigua  patria. 
A  mi  parecer,  el  punto  de 
vista  sentimental  debe  de  ser  apartado;  los  lazos  que  unían  á  los  judíos 
con  España  se  han  poco  á  poco  aflojado  y  olvidado;  se  han  casi  borrado 
de  sus  memorias  los  tristes  recuerdos  del  siglo  xv;  esto  es  del  dominio 
de  la  historia.  Los  judíos  desterrados  han  encontrado  allá  donde  se  diri- 
giesen protectora  hospitalidad.  ¿Se  les  podia  pedir  que  llorasen  eterna- 
mente la  patr'a  española  perdida?  Lo  que  debia  de  suceder,  sucedió;  las 
mismas  causan  produjeron  los  mismos  efectos.  Como  al  amparo  de  los 
reyes  de  España  se  sintieron  hijos  cariñoEOs  de  la  tierra  donde  vivían,  y 
fueron  sus  fieles  servidores,  asi  al  amparo  de  otras  naciones  tolerantes 
sintieron  para  eus  nuevas  patrias  el  mismo  filial  afecto. 

Bajo  otro  punto  de  vista,  éste  puramente  literario,  agradarla  á  los 
judíos  tener  relaciones  con  España  y  quedarían  sinceramente  agradecidos 
por  todo  lo  que  se  hiciere  en  este  particular.  Desearían  seguramente 
corregir  y  purificar  su  lengua  actual,  eliminar  todas  las  escorias  que  la 


FlG.  140. — Busto  de  la  ñg.  139. 


I 


459 


deslucen,  hasta  conseguir  de  hablar  el  castellano  moderno.  Por  ser  el 
judeo-español  tan  pobre  elemento  de  cultura  intelectual,  y  por  desconocer 
la  lengua  castellana,  la  juventud  israelita  torna  su  espíritu  curioso  de 
saber  hacia  otros  paises  cuyo  idioma  le  han  enseñado. 

Seria  de  gran  interés  para  España  que  los  judios  del  Oriente  conocie- 
sen bien  el  castellano.  La  industria  española  pudiera  crearse  con  facilidad 
nuevas  salidas;  el  comercio  español  crecerla  en  importancia,  y  esto  pres- 
cindiendo de  los  intereses  políticos  que  pueda  tener  España  en  esta  parte 
del  Mediterráneo. 

10.  Los  israelitas  en 
Turquía  no  sufren  leyes  de 
excepción  ni  persecuciones. 
Viven  en  la  mayor  armonía 
con  sus  compatriotas  del 
Imperio,  sobre  todo  los  de 
religión  mahometana.  Han 
ocupado  hasta  .ahora  altas 
posiciones  en  el  Gobierno, 
principalmente  en  la  capi- 
tal. Están  exentos  del  ser- 
vicio militar  que  rescatan 
por  medio  de  una  tasa 
anual. 

11  y  12.  No  hay  Hbre- 
rias  en  Beirut  donde  se 
vendan  publicaciones  ju- 
deo-españolas,  ni  bibliote- 
cas ó  centros  intelectuales 
donde  se  puedan  mandar 
libros,  revistas. 

Nota. — No  hay  mas  que 
muy  raros  judios  de  origen 
española  en  las  colonias  de 
agricultura  de  Palestina. 

Se  puede  calcular  apro- 
ximativamente el  numero 
de  los  Hebreos  que  hablan 
el  judeoespañol,  como  si- 
gue:  6.000    en    Jerusalen, 

100  en  Hebron,  300  en  Jaffa,  700  en  Caifa,  200  en  Tiberiada,  200  en  Sa- 
ffed,  200  en  Beirut,  200  en  Damasco,  200  en  Alepo,  300  en  Bagdad,  500 
en  diversas  poblaciones  de  Siria;  total,  8.900. 

En  Palestina  la  mayor  parte  de  los  Israelitas  son  Askinazim  ó  de  ori- 
gen alemana.  Hablan  un  <¡j argón»  llamado  «Yedisch-Deutch!>.  En  Siria, 
casi  la  totalidad  de  los  Israelitas  son  «sefardim?)  ó  de  origen  española, 
aunque  su  lengua  materna  sea  el  árabe. 


FxG.  141. — .Judía  joven  de  Damasco.  Retrato  en- 
viado por  A.  Pariente.  Recuerda  fielmente  un 
tipo  y  el  traje  de  las  mandas  madrileñas  á  prin- 
cipios del  siglo  XIX,  por  su  redecilla,  madroños  y 
chaquetilla.  (V.  también  la  fig.  113.) 


460  • 

En  Jerusalen  y  Tiberiade  se  encuentran  numerosos  judíos  oriundos 
del  interior  de  Marruecos  que  hablan  el  árabe. 

A  esta  Memoria  acompaña  una  carta  donde  el  Sr.  Elmaleh 
nos  dice  lo  siguiente: 

A  su  tiempo  habla  leido  ya  en  el  Liberal  la  hermosa  carta  que  dirigía 
Vd.  á  la  juventud  judio-española  de  Viena  y  me  hablan  impresionado  sus 
nobles  y  sentidas  páginas  sobre  una  cuestión  que  tanto  nos  interesa  á  nos- 
otros, judíos  españoles.  Acabo  de  leer 

_ — — — — .  su   libro  con  especial  afición   y  me 

permito  dirigirle  á  mi  vez,  después  de 
tantas  y  tan  ilustres,  mi  mejor  y  mas 
sincera  felicitación. 

León  Calef,  distinguido  in- 
dustrial y  comerciante,  nos  ha 
favorecido  también  con  una  ex- 
tensa información  que  contiene 
las  mismas  ideas  expuestas  en 
otras  muchas  sobre  el  idioma, 
el  destierro,  etc.,  etc. 

Concluye  nuestro  bondado- 
so colaborador  proponiendo  que 
el  Gobierno  español  subvencio- 
ne la  enseñanza  del  español,  es- 
timule el  comercio  de  Oriente 
con  España,  y  dé  instrucciones 
á  los  consulados  españoles  en 
Turquía  para  que  faciliten  la 
naturalización  á  los  sefardim  que  deseen  ponerse  bajo  la  pro- 
tección española. 


Fio.  142.  — José  Antebi,  distinguido 

colaborador  de  este  libro  y  biznieto 

del  Gran  Rabino  Jacobo  Antebi.  De 

Jerusalem. 


Palestina. — Jerusalem. 

Hemos  tenido  en  la  Ciudad  Santa,  cuna  del  judaismo  y  el 
cristianismo,  dos  correspondientes  muy  atentos,  quienes  han 
respondido  cumplidamente  á  nuestras  interrogaciones  con  dili- 
gencia y  amplitud :  D.  Alberto  Antebi,  de  la  AUiatice  Isi'aélite, 
y  D.  Moisés  A.  Azriel,  editor. 

El  Sr.  Antebi  es  un  biznieto  del  célebre  Gran  Rabino  Jacob 


461 


Antebi,  de  Damasco,  mártir  de  la  infame  acusación  de  asesi- 
nato ritual,  que  formuló  el  Padre  Tomás  en  1840,  por  la  cual 
estuvo  preso  seis  meses,  á  pesar  de  su  edad  venerable,  y  fué 
sometido  á  la  tortura  para  arrancarle  la  confesión  de  un  cri- 
men no  cometido.  Las  gestiones  de  Montefiore  y  Cremieux, 
así  en  Constantinopla  como  en  el  Cairo,  le  salvaron  de  la  prisión 
y  de  la  deshonra.  Había  nacido  en 
Damasco  y  murió  en  Jerusalem, 
después  de  haber  desempeñado  du- 
rante treinta  años  aquel  Gran  Ra- 
binato. 

El  reverendo  Jacob  Saúl  Elyas- 
char,  Gran  Rabino  de  la  Palestina, 
nació  en  Junio  de  1817  y  tuvo 
desde  su  infancia  una  vida  acci- 
dentada por  las  guerras  y  con- 
quistas imperiales  de  Abdalla  Pa- 
cha y  Mehemed  Alí,  que  hicieron 
sufrir  á  su  familia  persecuciones, 
asedios  y  viajes.  Casó  con  una 
huérfana  en  1832.  Su  abuelo  Jacob 
Wilne  vivía  en  Hebrón,  donde  fué 
llamado  El  Justo  (El-Yachar)  á  cau- 
sa de  su  honestidad  y  su  integridad 

ejemplares.  Elyaschar  habla  hebreo,  árabe,  turco,  italiano  y 
griego.  Conoce  á  fondo  el  Talmud  y  los  comentarios  todos,  y 
le  consultan  motivos  religiosos  los  rabinos  de  Turquía,  Italia, 
Alemania  y  Marruecos.  Sus  contestaciones  han  sido  reunidas 
en  algunos  volúmenes,  que  llevan  los  nombres  de  Bené  Benja- 
mín, Kerev  Isch,  Iche  Emoimin,  Simha  Leiche,  Maasé  Iche, 
Yissa  Iche...,  etc. 

He  aquí  la  información  del  Sr.  Antebi,  quien  la  remite  en 
francés: 


FiG.  U3. — Rvilo.  Jacob  Saúl 

Elyaschar,    G-ran    Rabino     de 

Palestina,  de  83  años. 


Los  israelitas  en   Palestina. 


El  judeo-espafiol  es  hablado  corrientemente  en  la  Turquía  europea,  y 
la  razón  es  muy  sencilla.  En  estas  ciudades  hetereogéneas  y  compuestas 
de  las  más  diversas  poblaciones,  cada  confesión  ha  guardado  su  lengua  de 


462 

origen,  el  judío,  cogido  entre  el  turco  y  el  judeo-español,  ha  adoptado  la 
primera  para  su  tráfico  y  la  segunda  para  su  interior. 

En  Egipto^  Siria  y  Mesopotamia  el  árabe  es  su  lengua  única,  en  la  casa 
como  en  su  almacén,  aunque  se  encuentran  en  Damasco  y  Beyrouth  fami- 
lias con  nombres  castellanos  ó  portugueses,  tales  como  los  Lizbona,  Tarhi, 
Harari,  Belilos,  Piccioto,  etc.,  y  aunque  la  totalidad  de  la  población  israe- 
lita pertenece  exclusivamente  al  rito  sefardí.  Solamente  la  Palestina  con- 
serva el  uso  de  nuestro  idioma,  recordando  la  lengua  hablada  otras  veces 
por  la  segunda  patria  del  pueblo  israelita.  Se  debe  esto  á  que  Jerusalem, 
nuestra  ciudad  santa,  patria  de  nuestros  reyes  y  profetas,  cuna  de  las  re- 
ligiones fundamentales,  está  poblada  de  comunidades  israelitas,  que  difie- 
ren esencialmente  en  costumbres,  aspiraciones  y  nacionalidades.  Los  se- 
fardim  proceden  de  los  antiguos  españoles  e  migrados  de  la  Turquía  euro- 
pea ó  de  Marruecos,  de  los  Yemenitas  procedentes  de  la  Arabia,  de  los  si- 
rianos,  y  por  último  de  los  boukhariotas  georgianos  y  persas. 

Los  sefaradim  constituían  en  otro  tiempo  la  casi  totalidad  de  la  pobla- 
ción judía,  no  formando  un  cuerpo  autónomo  los  raros  askenazim.  Sola- 
mente después  de  las  últimas  expulsiones  rusas  ó  rumanas,  hechas  tan 
frecuentes  desde  1880,  es  desde  cuando  nuestra  población  judía  ha  dobla- 
do, y  hasta  triplicado,  dando  nacimiento  á  una  comunidad  askenasita, 
fuerte  de  16  á  18.000  habitantes,  y  administrada  por  sus  rabinos,  jefes, 
etcétera,  que  experimenta  la  influencia  alemana  y  rusa.  Ciertos  críticos 
comprueban  la  misma  clasificación  que  entre  los  cristianos.  Tenemos  los 
askenasim  ú  ortodoxos,  que  comprenden  los  rusos,  alemanes,  austríacos- 
húngaros,  americanos  y  holandeses;  y  los  sefaradim  ó  latinos,  formados 
de  los  italianos,  franceses,  españoles  y  otros  países,  que  reciben  su  in- 
fluencia. 

lie  aquí,  por  lo  demás,  algunos  detalles  referentes  á  su  constitución: 

El  gran  rabino  de  los  sefardim,  ó  Khakham  bachi,  es  nombrado  vita- 
licio por  elección.  Lleva  el  nombre  de  Gran  Rabino  de  la  Palestina,  y  tie- 
ne él  solo  el  privilegio  de  ser  reconocido  por  la  Puerta,  y  de  designar  bajo 
tal  aspecto  los  delegados  religiosos  que  están  encargados  de  representar 
la  comunidad  judía  en  su  totalidad,  en  el  seno  del  Medjliss  Idaré,  ó  Con- 
sejos Administrativos  Otomanos.  El  Gran  Rabino  de  los  sefardim  es  ayu- 
dado, para  los  negocios  administrativos,  de  un  Consejo  de  seis  miembros, 
tres  laicos  y  tres  religiosos,  y  para  los  negocios  religiosos,  de  cuatro  tri- 
bunales rabínicos  ó  Beth-Din,  que  funciona  cada  uno  un  trimestre  del 
año,  y  se  compone  de  tres  miembros.  Sus  sentencias  son  ejecutorias  en 
caso  necesario  para  la  autoridad  otomana. 

Los  sefardim  no  están  reunidos  como  los  askenazin,  en  «Collelim»,  su- 
jetos otomanos  la  mayor  parte  desde  hace  largo  tiempo;  han  perdido  el 
recuerdo  de  su  país  de  origen,  y  la  constitución  de  agrupaciones  determina- 
das se  les  ha  hecho  imposible.  No  reciben  como  los  askenazim  la  Halouca. 
Los  recursos  destinados  al  sostenimiento  de  familias  pobres  provienen  de 
cuestaciones  que,  ciertos  de  entre  ellos,  hacen  periódicamente  en  Europa; 
<le  subsidios  (cerca  de  20.000  francos  anuales),  que  envían  regularmente 


4(33 


Francia  é  Inglaterra  por  intermedio  de  la  Alliance  Israélite,  y  de  los  dona- 
tivos extraordinarios  debidos  á  la  generosidad  de  ciertos  filántropos  israe 
litas,  como  los  Efrussi,  los  Rothscliild  y  los  Osiris.  Su  presupuesto  anual 
se  eleva  de  este  modo  á  cerca  de  80.000  francos.  Hay  que  notar  aparte,  sin 
embargo,  ciertas  comunidades  que  están  generalmente  comprendidas  entre 
los  sefardim;  pero  que  forman  agrupaciones  distintas  de  esta  masa: 

1.0)  Los  Marroquíes  ó  Mogrebinos  (judíos  de  la|región  Nomeste  de  Áfri- 
ca), cerca  de  2.000  que  go- 
zan de  una  autonomía  es- 
pecial, teniendo  un  gran 
rabino  particular  y  sus  re- 
caudadores propios; 

2.0)  Los  Georgianos,  en 
número  de  700,  que  son, 
con  los  Bouknariotas  se- 
ñalados más  abajo,  los  más 
ricos  de  los  judíos  de  la 
Palestina; 

3. o)  Los  Boukbariotas 
en  número  próximo  de  500. 
— Los  Boukbariotas  y  los 
Georgianos  ban  intentado 
mucbas  veces,  con  el  apoyo 
del  Consulado  de  Rusia, 
de  donde  proceden  en  su 
mayoría,  sustraerse  á  la  ju- 
risdicción del  gran  rabino 
y  ser  completamente  auto 
nomos.  Los  Georgianos 
tienen  ya  su  cementerio 
distinto; 

4.0)  Los  Yemenitas  ó 
Tbemanitas  ÍTbeman 
nombre  bebreo  de  la  Arabia  del  Sur),  cerca  de  2.000,  son,  por  el  contrario^ 
los  más  pobres  emigrados  de  los  israelitas.  La  Alliance  los  protege  de  una 
manera  especial; 

5.0)  Los  Persas,  en  número  de  un  millar. 
El  Gran  Rabinato  de  los  Sefardim,  mantiene  en  Jerusalem  un  pequeño 
número  de  Talmud  Thoras,  especie  de  escuela  primaria  imperfecta,  donde 
se  enseña  sobre  todo  el  hebreo  y  mucbas  veces  una  lengua  extranjera.  La 
Alliance  subvenciona  tres,  á  la  cabeza  de  las  cuales  ha  colocado  maestros, 
suministrados  por  ella  y  que  enseñan  el  francés. 

Dicbo  esto  paso  á  tratar  de  algunos  puntos  de  vista  que  os  interesan 
particularmente.  Nosotros,  los  judíos,  guardamos  todavía  un  recuerdo  con- 
movedor de  la  mansión  gloriosa  de  nuestros  antepasados  en  España  y  del 
papel  eminentemente  civilizador  que  allí  desempeñaron.  ¡Cómo  olvidar  á 


FiG.  144. — Tipos  de  juilíos  de  -Jerusalem.  ün  sefar- 
ilí  j-  dos  aslikenazim. 


464 

nuestros  sabios  y  nuestros  literatos,  nuestros  filósofos  y  nuestros  poetas? 
La  detención  impresa  á  nuestro  desarrollo  por  las  expulsiones  de  la  edad 
media,  expulsiones  debidas  á  algunos  fanáticos  obscurantistas,  no  bas- 
tan á  hacernos  murmurar  contra  nuestra  segunda  patria,  á  pesar  de  nuestra 
debilidad  humana. 

La  prueba  está  en  nuestra  adhesión  y  nuestra  lengua  y  nuestras  cos- 
tumbres, y  en  la  afección  profunda  que  guardamos  para  nuestras  glorias: 
los  Abravanel,  Cardoso,  León,  Maimonides  y  Gabirol. 

Usted  quisiera  hacer  este  sentimiento  más  vivo  y  más  real,  provocando 
la  vuelta  de  los  judíos  á  España  y  propagando  entre  ellos  su  lengua. 

¿Cómo  quiere  Vd.  que  los  jefes  y  superiores  de  los  Sefardim  prediquen  á 
sus  correligionarios  el  abandono  de  esta  hospitalaria  Turquía  para  arrojarse 
en  la  incertidumbre  de  España? 

Cierto;  no  vivimos  ya  en  los  tiempos  de  la  Inquisición,  no  tenemos  que 
temer  ya  la  sombra  de  Torquemada,  y  la  nueva  España  ha  cerrado  por 
siempre  la  era  de  los  maranos  (1),  pero  Vd.  perdonará  á  los  oprimidos  su 
franqueza,  si  ellos  manifiestan  alguna  incredulidad  en  presencia  de  leyes 
restrictivas  nunca  derogadas.  Sabéis,  efectivamente,  señor  senador,  que 
las  leyes  que  edictaron  la  expulsión  de  los  judíos,  forman  siempre  parte 
de  la  legislación  española  y  que  no  han  sido  anuladas  por  la  Constitu- 
ción. 

Ha  visto  usted,  por  otra  parte,  que  por  doquiera  donde  los  frailes  ex- 
pulsados de  Francia  han  elegido  domicilio,  sobre  todo  en  el  Canadá,  los 
judíos  empiezan  á  temer  el  movimiento  antisemita  engendrado  por  los  je- 
suítas. 

Estaraos  condenados  á  defender  hasta  en  los  países  constitucionales, 
donde  está  garantida  por  las  leyes,  nuestra  existencia  contra  los  atentados 
de  los  clericales;  ¿que  sería  de  nosotros  en  la  España,  país  de  Torquema- 
da,  de  los  auto  de  fe  y  de  las  expulsiones,  si  la  influencia  del  clérigo  re- 
cordase un  día  á  sus  sectarios  que  los  judíos  no  estaban  legalmente  auto- 
rizados para  residir? 

La  primera  medida  que  hay  que  tomar,  la  sola  eficaz  para  producir  la 
repatriación  de  los  j  udíos  en  vuestro  país,  es  el  voto  de  una  legislación 
que  los  autorice  á  entrar  allí,  garantizándoles  al  mismo  tiempo  que  la  li- 
bertad de  las  conciencias,  el  libre  y  pleno  goce  de  todos  los  derechos  de 
los  ciudadanos  españoles. 

En  Jerusalem  el  cónsul  de  España  concede  una  amplia  protección  á  los 
sujetos  israelitas,  y  facilita,  en  cuanto  le  es  posible,  la  naturalización  es- 
pañola de  todos  los  que  le  solicitan.  Yo  me  enorgullezco  de  mantener  re- 
laciones seguidas  y  cordiales  con  D.  Rafael  de  Casares. 


(l)     Los  judíos  forzados  á  hacerse  cristianos  para  defender  su  vida,  su  hacien- 
da y  su  residencia. 


465 


Contestación  al  Cuestionario  del  Sr.  Pulido. 

1.0  En  la  ciudad  de  Jerusalem  hay  unos  18.000  judíos  sefaradim  de 
entre  los  40.000  que  componen  su  población  judía. 

2.0  En  Palestina  hay  otras  muchas  ciudades  habitadas  por  los  israeli- 
tas sefaradim.  Tales  son: 

Hebron con       500  sefaraditas  entre    960 

Jaffa —    3.000         -             —      6.000 

Saffed —    4.000         —            —     7.000 

Tiberiades. . .  —    5.600         —            —     8.000 

Caiffa —    1.000  *      —            —      1.300 

3.0  La  mayoría  de  los  israelitas  sefaraditas  de  Jerusalem  son  sujetos 
otomanos.  Los  hay  que  son  sujetos  franceses,  ingleses,  españoles,  pero  en 
muy  pequeño  número.  Una  gran  parte  no  tiene  ningún  estado  civil  oficial, 
y  por  consiguiente  ninguna  nacionalidad. 

4. o  No  tienen  posición  en  el  gobierno  y  la  milicia;  muy  pocos  la  tienen 
en  la  jurisprudencia,  un  número  suficiente  en  la  medicina,  muchas  casas  de 
banca  son  sefaradim. 

6.0  No  hay  más  que  una  revista  pequeña  en  judeo-español,  cuya  apari- 
ción es  irregular;  pero  tenemos  dos  periódicos  hebreos,  La  Haschkafa  y  El 
Habazeleth,  revistas  semanales,  y  una  tercera  revista  talmúdica. 

6.0  No  hay  más  escuelas  que  la  de  la  Alliance,  y  la  del  Anglo  Jewish 
Association,  que  sean  frecuentadas  casi  totalmente  por  los  israelitas  sefara- 
dim. Estos  últimos  tienen  también  muchos  asilos,  ó  Talmud-Thora,  mante- 
nidos por  los  cuidados  de  la  Comunidad  y  de  los  parientes. 

7.°     Se  enseña  el  judeo-espafiol  en  los  Asilos  exclusivamente. 

8.0  Casi  todos  los  israelitas  sefaradim  hablan  el  judeoespañol  en  fami- 
lia. Los  oriundos  de  la  Siria  y  de  la  Arabia  hablan  el  árabe  y  no  conocen  el 
español.  El  progreso  de  la  civilización  y  de  las  escuelas  tienden  á  reempla- 
zar el  judeó  español  por  las  lenguas  siguientes:  francés,  inglés  y  hebreo. 
Pero  esto  no  se  encuentra  más  que  en  las  jóvenes  familias  formadas  en  las 
escuelas,  mientras  que  las  antiguas  conservan  siempre  el  judeo-españoi 
como  lengua  materna. 

9.0  Ciertamente  que  se  entablarían  con  placer  relaciones  comerciales,  y 
se  volvería  voluntariamente  á  nuestra  antigua  patria  con  tal  que  la  España 
aboliese  las  antiguas  leyes  de  expulsión,  no  derogadas  aún. 

10.  Los  israelitas  de  aquí  no  sufren  ninguna  ley  restrictiva,  sobre  todo 
los  venidos  de  la  Turquía  Europea  y  de  África,  y  que  guardan  aún  el  sello 
español  por  su  idioma  y  sus  costumbres.  Sin  embargo,  recientemente  órde- 
nes superiores  prohiben  á  todos  los  extranjeros,  y  singularmente  á  los 
israelitas,  comprar  terrenos  rurales  en  Palestina. 

11.  Las  Comunidades  de  los  sefardim  se  dividen  eu  dos:  los  sefardim 
propiamente  dichos,  y  los  marroquíes.  Solos  los  primeros  han  conservado 
el  judeo-español,  mientras  que  los  otros  le  han  reemplazado  por  el  árabe 
marroquí.  Sin  embargo,  un  buen  numere  de  familias  habla  el  español. 

12.  No  hay  librerías  judeo-españolas.  Se  reciben  algunas  obras  editadas 

30 


466 


en  Constantinopla  y  en  Salónica.  M.  Moisés  Azriel,  que  se  ocupa  en  la  venta 
de  estos  libros,  podría  quizás  recibir  vuestras  publicaciones,  así  como  en 
las  otras  escuelas.  En  general,  las  familias  sefaraditas  leen  con  avidez  el 
judeo-español. 

En  carta  aparte  nos  dice  que  Mr.  Eafael  Casares,  cónsul  de 

España  en  Jerusalem,  recibe 
muchas  adhesiones  y  solicitu- 
des de  naturalización  de  sefar- 
díes, quienes  quisieran  estable- 
cerse bajo  el  protectorado  de  su 
antigua  madre  patria. 

D.  Moisés  A.  Azriel,  sefar- 
dí distinguido,  nos  ha  enviado 
otra  información  en  bastante 
buen  castellano.  Creemos  con- 
veniente publicar  algunas  de 
sus  referencias: 

Yo  me  contento  de  escribirle  se- 
gún hablamos  la  hermosa  lingua  es- 
pañola en  nuestra  siudad,  y  es  por  )a 
primera  ves  que  un  libro  Español  con 
caracteres  latinos  me  passa  por  él  ojo, 
y  en  mismo  tiempo  és  por  la  preme- 
ra  ves  que  yo  hago  la  corresponden- 
cia én  ésta  lingua,  por  hacer  él  deseo 
á  usted. 
El  libro  de  «los  Israelitas  Españoles»  lo  ésto  mudando  y  esto  topando 
en  grandísimo  placer,  y  de  mi  parte  aré  todo  lo  posible  por  hescribirle. 

La  populación  general  de  los  sepharadim  de  Jerusalem,  soumé  á  mas 
de  10.000  habitantes,  entré  ellos  se  topan  vinidos  de  Bulgaria,  Serbia, 
Rumania,  Bosna  y  Herzegovina,  Turquía,  Egitto,  Persia,  Maroco,  etc.,  etc., 
y  es  por  esto  que  no  le  puedo  decir  por  él  momento  un  numero  exacto. 
La  populación  Israelita  en  general  de  nuestra  siudad  és  de  mas  de  50.000 
moradores  eskenazim  et  Sefaradim,  que  de  todas  las  partes  vienen  los 
Judíos  morar  en  esta  Santa  Siudad,  y  sobré  todo  los  viejos  que  vienen 
enterar  sus  guesos  en  la  Terra  Santa. 

Yo  me  ésto  ocupando  de  estudiar  en  los  sefteres  del  consilio  Comonal, 
én  el  sefter  del  Tribunal,  por  aserió  saber  mas  tadre  él  numero  exacto  de 
los  Sefaradim. 

Sé  topan  muchas  otras  siudades  que  hablan  el  Judio  español  y  que  es 

la  linguia  familiar,  como  Jaffa,  Hebron,  Kaífa,  Beyrouth  (muy  poco)  etc. 

Por  el  estado  social  de  los  Sefaradim,  tengo  mucho  á  hescribirle,  pero 


FlG.  145. — Rvdo.  Jacob    Meir.   Ra- 
bino, Miembro  de  Beth  Dian,  Pre- 
sidente del  Consistorio   de  los   Is- 
raelitas de  Jerusalem. 


467 

no  oy  que  me  topo  muy  ocupado,  tengo  solamente  á  dizirle  que  en  Jerú- 
salem  ay  proves  én  él  verdadero  senso  del  hiervo,  que  no  tienen  ni  pan 
para  comer,  y  ellos  sé  resinian  con  sus  provedad,  son  buenos  padres  de 
famillias,  corazones  doulces,  én  algunas  de  mis  letras  le  haré  saber  mas 
tadré  la  Vida  de  los  Sefaradim  de  Jerusalem. 

No  ocupan  ninguna  alta  posición  no  én  él  gobierno,  y  no  én  la  milicia 
(porque  no  toman  soldados  Israelitas  en  el  emperio  Ottomano)  ay  un  solo 
Doctor  y  una  sola  Banca  de  Sefaradim  (y  de  Eskenajen  se  topan  mas  de 
5  doctoree.) 

Seria  cosa  grande  si  nos  permetian  de  publicar  un  Journal  Judeo-Es- 
panol  o  mismo  un  periódico  Semanal-Espafiol  con  caracteres  latinos,  por- 
que el  puevlo  sea  civilísado  y  instruido. 

El  Judeo  Español  no  se  enseña  en  ningouna  escuela,  que  solamente 
ella  es  la  lingua  familliar  que  se  habla  én  caza  y  en  la  plasa  como  linguia 
biva  i  hermoza. 

Malorosamente  se  puede  decir  que  se  pierde  él  Judéo  Español  por  él 
uso  del  francés.  En  la  escuela  de  la  Allianza  hablar  todo  en  francés. 
Niños  y  niñas  (de  la  Escuela  de  Evelina  de  Rothschíld  de  ninas)  hablar 
ingles  y  francés,  y  él  español  lo  gouadran  por  sus  cazas. 

La  cuestión  de  relaciones  con  España  la  vó  hescribir  en  curto.  Es  ver- 
dad que  hamos  subido  muchas  sufriensas,  muchos  males  con  esta  antigua 
patria,  que  se  adoloria  el  corason  de  mudarlas,  pero  ¿puedemos  estar 
siguros  que  aqueas  viejas  leyes  tan  crouelas  no  van  á  continuarlas  por  él 
avenir?  ¿Quien  savé..  si  no  sé  levantara  on  sigundo  Tomas  Torquemada  y 
ara  nuevos  suplicios  y  crueldades?  ¿Dispones  de  esto,  el  Gobierno  Espa- 
ñol, esta  de  acordó  én  loque  usted  queré?  ¿Va  dechar  que  no  agan  leyes 
de  escepcion  con  los  Judíos?  Nos  dan  todos  los  direchos  que  tenemos 
en  Turquía?  Los  Judios  no  guardan  malquerencia;  y  anque  los  males 
foueron  muy  grandes  que  no  devian  ser  ulvidados,  y  como  la  Turquía  dio 
la  libertad  á  todos  los  Judios  de  morar  en  su  pays,  con  todo  pudian  tener 
relaciones  con  la  España  si  se  repentio  de  lo  viejo. 

La  lingua  Española  és  muy  linda,  bella,  que  todos  la  amamos  con 
grande  querencia,  y  seria  bueno  si  fondava  él  Gobierno  Español  escuelas 
por  no  ulvidarsé  ésta  ermoza  lingua,  embiar  libros,  journales,  etc.,  porque 
estudien  esta  lingua.  Acer  también  periódicos  en  Turquía  y  no  dicharla 
perder  su  lingua. 

Nuestra  Librería  és  la  única  que  egsíste  en  Jerusalen  y  ya  le  touvé 
mandado  él  Catalogo,  y  por  la  cuestión  de  libro  y  Journales  etc.  yo  me 
cargarla  con  plaser  por  ricibir  todo  loque  usted  dezea  mandar,  y  éspartir 
los  libros. 


468 


ÁFRICA 
Argelia. — Oran. 

Muy  honorable  j  conocido  sefardí  es  D.  Salomón  Levy ,  va- 
rón de  trato  excepcionalmente  agradable,  servicial,  cónsul  de 
Venezuela  en  la  capital  argelina,  quien  ha  manifestado  á  Es- 
paña muchas  simpatías  y  á  nuestra  obra  un  aprecio  y  solicitud 
que  nos  tienen  muy  reconocidos. 

Posee  una  famiHa  de  notoria  estimación  púbhca,  lo  cual  se 
reveló  cumplidamente  hace  pocos  años 
con  motivo  de  casarse  su  bella  hija  (véa- 
se retrato,  pág.  252)  con  D.  Isaac  Tole- 
dano, pues  lo  más  significado  de  Oran 
honró  sn  elegante  morada  y  le  atestiguó 
su  aprecio. 

De  sus  cartas  son  los  siguientes  frag- 
mentos y  el  que  pubhcaremos  al  ha- 
blar de  los  sefardíes  de  Nueva  York: 

La  obra  que  Vd.  ha  emprendido  ademas  de 
ser  patriótica,  ha  llenado  de  jubilo  á  todos  los 
corazones  de  los  judios  Españoles,  que  desde 
Marruecos  hasta  los  confines  del  Oriente  con- 
servan después  de  4  siglos  el  habla  de  Cervan- 
tes, el  habla  que  sus  madres  les  habló  por  pri" 
mera  vez. 
La  iniciativa  de  Vd.  no  podía  ser  mas  oportuna,  porque  debido  á  las 
Escuelas  de  la  Alianza  que,  con  gran  conocimiento  de  causa,  trata  su  libro 
esta  seria  la  ultima  generación  que  hablarla  el  Español. 

Aqui  en  Oran  hay  sobre  diez  mil  Judios,  y  mil  indigenas  y  3  mil  Es- 
pañoles que  desde  la  conquista  por  la  Francia  de  este  pais  han  emigrado 
de  Marruecos,  esta  emigración  ha  parado  desde  20  ó  25  años  dirigiendos  e 
hoy  con  preferencia  á  las  Americas  del  Sur  y  el  Norte. 

Personalmente  soy  muy  aficionado  á  la  literatura  Española  y  me  he 
ocupado  en  algunas  publicaciones  y  en  procurar  datos  para  el  filántropo 
Mr.  Mocatta,  que  se  ha  ocupado  mucho  de  los  Judios  Españoles  habiendo 
hecho  algunas  conferencias  en  Londres. 

Yo  tuve  el  honor  de^haber  hablado  4  veces  en  mi  vida  con  esa  gloria, 
no  Española,  sino  Universal,  Castelar  y  cuando  su  muerte  la  Comunidad 
Israelita  de  Gibraltar  me  delegó  para  asistir  á  sus  funerales. 


FiG.  146-  D.Salomón  Le- 
vy. Rico  propietario  y  cón- 
sul de  Venezuela.    Israeli- 
ta  espnñol  (Orác). 


El  señor  Dato,  Ministro  de  la  Gobernación  en  aquel  entonces,  me 


I 


469 

signó  un  lugar  entre  los  Representantes  de  las  Provincias  de  España,  el 
Jeicish  ChronicU  al  dar  cuenta  de  ello  manifestó  'que  fué  el  primer  acto 
oficial  de  reconocimiento  del  Gobierno  Español  á  los  Judíos,  después  del 
destierro. 

Cuando  muy  joven  colaboré  á  una  carta  que  apareció  en  las  «Noveda- 
des de  Madrid>  el  8  Mayo  1869  cuya  copia  acompaño  ,  T. 

Al  agradecer  á  Vd.  el  envió  del  libro  debo  decirle  que  encontré  en  el 
nn  consuelo,  un  balsamo.  Hace  afios  somos  el  blanco  de  todas  las  calum- 
nias, de  todas  las  humillaciones  y  esclusiones  sociales,  el  ser  Israelita  es 


FiG.  147. — D.  Jacqnes  Coriat, 

sefardí  distinguido,  cón.sal  de 

Costa  Bica  en  Niza. 


FlG.  148.— Doña  Perla  'Levy,  señora 
de  Jacqnes  Coriat,  hija  de  S.  Levy. 


hoy  un  baldón,  un  crimen...  si  señor,  hasta  en  Francia,  la  culta  Francia, 
que  fué  la  primera  en  la  que  tuvimos  derechos  civiles. 

La  iniciativa  de  Vd.  le  pondrá  en  la  posteridad  al  lado  de  los  regene- 
radores de  los  paises;  deseo  traer  un  grano  de  arena  al  monumento  que 
se  propone  construir,  en  pocas  palabras,  lo  poco  que  valgo  está  á  sus 
ordenes. 

En  Tlemcen,  Mascara,  Belabbes,  Relizane  y  en  casi  todas  las  aldeas  de 
esta  Provincia  hay  sefardíes.  Se  hallan  en  el  mismo  estado  que  en  Oran, 
descrito  en  mis  cartas.  Ocupan  buenas  posiciones,  pero  en  menor  propor- 
ción que  los  Católicos.  No  se  publica  periódico  judio  ninguno  en  toda  la 
Argelia,  Túnez  y  Marruecos.  Todas  las  Escuelas  son  del  Gobierno,  en  las 
que  no  se  enseña  el  Castellano.  Xo  se  enseña  el  judeo  español.  Se  pierde 
el  Castellano  por  abandono  y  por  la  lengua  francesa.  Con  mucho  gusto 
aceptarían  relaciones  con  su  madre  patria.  Xo  sufren  leyes  de  excepción. 
Todos  los  Israelitas  de  la  Argelia,  Túnez  y  Marruecos  son  del  rito  Sefardí, 


(1)      Sentimos  que  las  proporciones  de  esta  intormacióa  nos  impidan  reproducir 
la  carta,  verdaderamente  notable  por  sus  razones  y  su  estilo. 


470 


y  no  hay  Librerías  esclusivamente  Israelitas,  pero  todas  se  encargarian 

de  vender  Obras  Israelitas. 

Desearía  y  Vd.  lo  comprenderá,  hacer  el  conocimiento  personal  de  su 

apreciable  persona,  ya  ese  te- 
nor le  hago  las  siguientes  pro- 
posiciones para  que  Vd.  elija 
la  que  mejor  le  convenga: 

A  fines  de  Julio  y  Dios  me- 
diante me  trasladaré  a  Vichy 
y  a  principios  de  Set.  me  ha- 
llaré en  Paris,  donde  perma- 
neceré Set.  y  parte  de  Oct.  si 
en  esos  puntos  pudiéramos 
vernos,  bien,  de  lo  contrario 
regresaré  a  esta  por  Madrid, 
deseo  discutir  con  Vd.  la  con- 
veniencia de  un  viage  a  Orien- 
te, las  poblaciones  indicadas 
por  Cazes.  Si  Vd.  se  determi- 
na le  acompañaré  con  mucho 
gusto,  pero  en  este  caso  te- 
niendo que  pasar  aqui  por 
asuntos  de  familia  los  meses 
de  Dic.  y  Enero  no  podria  em- 
prenderlo hasta  Febrero  te- 
niendo que  estar  de  vuelta 
para  Abril,  ó  bien  dejarlo  para 
fines  de  Abril  que  entonces  es 
la  mejor  época  del  año,  tenien- 
do en  cuenta  que  en  el  Oriente 
hace  mucho  frió  y  se  trata  de 

poblaciones  que  no  tienen  el  «Comfort»  de  Europa. 

De  todos  los  beneficios  que  de  su  proyecto  de  Vd.  redundaran  para  los 

Israelitas  Españoles,  sobresale  uno  y  la  prueba  al  canto:  es  decir  que  va 

a  servir  de  eslabón  en  la  cadena  para  unir  a  los  israelitas  entre  si. 

Bahía  Delagoa. — Lorenzo  Marqués. 

En  varios  pasajes  de  este  libro  hemos  expuesto  datos  con 
que  se  ha  servido  favorecernos  el  rico  comerciante  del  Sur  de 
África  Don  J.  Dañan,  hebreo  amante  de  España,  cuya  es  tam- 
bién una  información  que  publicaremos  después  sobre  los  se- 
fardíes de  Tetuán: 

Existe  en  este  pueblo  (Lorenzo  Marqués)  algunas  familias  israelitas, 
cerca  de  treinta  personas,  llegadas  de  Tetuan,  Tánger  y  Lisboa.  Todos 


FiG.  149. — Sr.  Levy  liijo  y  el  niño  Toledano, 
hijo    (Familia  de  D.  S.  Levy).  Oran. 


471 


son  de  origen  español  pues  hasta  los  Libonenses  conservan  y  hablan  el 
castellano  antiguo.  Se  dedican  al  comercio,  travajan  mucho  y  viven  bien. 
Son  considerados  de  todos,  del  público  como  de  las  autoridades.  Están 
casi  todos  en  posición  acomodada  algunos  son  propietarios,  y  uno  de 
ellos  el  Sr.  Cohén  representa  á  España 
de  largo  tiempo  en  esta  población.  Otros 
representa  grandes  Compañías  de  nave- 
gación inglesas  y  portuguesa.  Sí,  hay 
algunos  otros  judíos  Eshquenazim  ale- 
manes, ó  rusos,  aunque  se  sospechen, 
pero  no  se  han  dado  á  conocer,  como 
hebreos,  y  ademas  ya  estos  no  son  de  ori. 
gen  español.  Escuelas  españolas  públi- 
cas ó  particulares  donde  los  hijos  de 
estos  judíos  españoles  puedan  ir  á  reci- 
bir su  instrucción  no  hay.  Pero  sí  se  ha 
formado  una  sociedad  de  beneficencia, 
para  el  cuido  del  cementerio  israelita,  y 
para  socorrer  á  todo  el  coreligionario 
Sefardim  ó  Eshquenazim  que  venga  des- 
amparado, y  se  le  facilita  todo  cuanto 
pueda  necesitar  hasta  su  reembarque. 


FiQ.  150  — D.  J.  Dañan,  rico    co- 
merciante  sefardí  en  Lorenzo 
Marqués. 


Egipto. — Alejandría. 


La  siguiente  información  del  digno  cónsul  de  España  en 
Alejandría,  D.  A.  Spagnolo,  es  interesante,  y  ya  la  menciona- 
mos al  final  de  nuestro  capítulo  II: 

Séame  permitido,  ante  todo,  expresarle  mis  más  sinceros  aplausos  por 
la  patriótica  iniciativa  tomada  por  V.,  llamando  la  atención  de  nuestro 
Gobierno,  sobre  lo  muy  útil  y  conveniente  que  seria  para  los  intereses 
nacionales,  si  no  difundir,  cuando  menos  impedir  que  vaya  desaparecien- 
do nuestro  idioma  de  entre  esos  centenares  de  miles  de  judíos  españoles 
que  dispersados  por  todos  estos  países  de  Levante  y  á  pesar  de  los  siglos 
trascurridos  han  sabido  conservarlo  hasta  nuestros  días,  con  patriotismo 
y  honra  suya. 

(Sigue  lo  consignado  en  la  pág.  62.) 

Añadiré  más,  muchos  de  aquellos  judíos  españoles  que  hicieron  de 
Egipto  su  mansión  definitiva,  para  substraerse  á  vejámenes  que  les  causa- 
ban las  Autoridades  Turcas,  hasta  en  épocas  no  muy  lejanas,  recurrieron 
á  Gobiernos  europeos  solicitando  su  naturalización  en  aquellos  reinos,  la 
que  les  fué  inmediatamente  concedida,  y  así  hoy  día  se  explica  cómo  fami- 
lias enteras  tanto  aquí  como  en  El  Cairo,  con  apellidos  tan  comunes  en 
España,  como  los  de  Rodríguez,  Suarez,  Gutiérrez,  Pardo,  Perera  etc.  son 


472 

de  nacionalidad,  italianos  ó  austríacos;  por  lo  general,  gente  acomodada 
que  se  dedica  á  obras  ó  negocios  de  importancia  en  un  pais  como  este 
falto  de  industrias,  beneficiando  con  sus  empresas  las  fabricas  y  el  comer- 
cio de  su  país  adoptivo. 

He  leído  con  la  atención  que  merece  el  libro  «Los  Israelitas  españoles 
y  el  idioma  castellano>  que  tuvo  V.  la  amabilidad  de  enviarme,  habiéndo- 
lo pasado,  también,  á  varios  conocidos  y  amigos  mios  particulares  judío- 
españoles,  y  puedo  asegurarle  que  su  lectura  ha  producido  más  que  agra- 
decimiento, entusiasmo,  al  ver  que  después  de  cuatro  siglos  se  haya  levan- 
tado, por  primera  vez,  la  voz  de  un  español,  que  acordándose  de  los  que 
un  día  fueron  hijos  de  España  aboga  por  su  aproximación  á  la  antigua 
madre  patria.  En  cuanto  á  este  servidor  de  V.  no  tengo  autoridad  ni  títu" 
lo  alguno  que  me  permita  emitir  juicios,  pero,  válgame  siquiera  mis  pocos 
conocimientos  de  este  pais  donde  he  pasado  al  servicio  del  Gobierno  la 
mayor  parte  de  mi  ya  larga  carrera,  para  decir  á  V.  que  en  mi  humilde 
parecer  la  idea  emitida  de  regenerar  el  habla  de  los  judíos  españoles,  no 
puede  ser  ni  más  feliz  ni  más  patriótica,  persuadido,  como  lo  estoy  firme- 
mente, de  que  ha  de  influir  ya  en  el  orden  político  ya  en  el  de  los  intere- 
ses económicos  de  nuestra  patria. 

Ahora  le  añadiré  que  para  contestar  al  cuestionario  que  venía  al  pié 
de  su  apreciable,  yo  no  podía  satisfacer  mejor  los  deseos  de  V.  sino  encar- 
gando de  ese  trabajo  á  una  de  las  personas  más  competentes  en  todo 
Egipto;  mi  distinguido  amigo  Sr.  J.  Danon,  persona  ilustrada  que  ocupa 
el  importante  cargo  de  Director  de  las  escuelas  <  AUiance  Israelite  Univer- 
selle>.  Ha  tenido  la  amabilidad  de  entregarme  una  carta  para  V.  que  ad- 
junto tengo  el  gusto  de  acompañar,  dicho  señor  conoce  el  hebreo-español 
pero  ha  preferido  servirse  del  francés. 

He  aquí  el  texto  de  la  información  de  D.  José  Danon,  di- 
rector de  las  Escuelas  de  la  Alianza  en  Alejandría,  persona 
muy  culta,  cuyo  retrato  sentimos  no  publicar: 

D.  Alejandro  Spagnolo,  nuestro  distinguido  cónsul  en  Alejandría,  me 
ha  honrado  comunicándome  la  generosa  y  activa  campaña  que  habéis  rea- 
lizado en  vuestro  país,  para  anudar  relaciones  estrechas  entre  vuestros 
compatriotas  y  mis  correligionaries  de  lengua  española,  dispersados  por  un 
gran  número  de  comarcas;  conservar,  depurando  el  idioma  castellano  que 
ha  permanecido  nuestra  lengua  materna,  y  por  esto  reavivar  las  simpa- 
tías naturales  que  sentimos  por  nuestra  antigua  patria.  España,  para 
nosotros  como  una  segunda  Palestina,  nos  atrae.  Quizás  le  somos  nfectos 
por  la  misma  razón  de  los  sufrimientos  que  ahí  hemos  soportado;  las 
lágrimas,  la  sangre,  las  cenizas  de  nuestros  abuelos  se  han  mezclado  á 
vuestro  suelo  y  nos  le  han  hecho  más  querido. 

Vuestro  libro  Los  israelitas  españoles  y  el  idioma  castellano,  me  ha 
interesado  mucho  y  me  ha  sugerido  ciertas  reflexiones  '  ue  me  permitirá 
exponerle.  De  buena  gana  las  expondría  en  mi  lengua  materna,  pero  no 


473 

tengo  valor  para  hacerlo.  ¡Temo  maltratar  un  idioma  que  amo,  y  sufriría! 
¡No  toquemos  á  la  Beina! 

En  mi  humilde  opinión,  para  conseguir  el  fin  que  usted  encomienda  á 
la  buena  voluntad  de  su  Gobierno,  sería  necesario  variar  su  método,  se- 
gún loe  medios  y  las  circunstancias.  Se  podría  dividir  el  campo  de  vues- 
tra acción  en  tres  circunscripciones: 

1.a  Marruecos. — Este  país  es  vecino  de  España.  Mantiene  con  ella 
relaciones  comerciales.  Los  israelitas  hablan  español,  piensan  y  sienten 
forzosamente  en  español,  y  desearían,  creo,  acoger  en  sus  escuelas  maes- 
tros españoles  y  confiarles^cursos  de  lengua  española. 

2.a  En  Turquía  y  en  los  países  balkánicos,  en  Esmirna,  Salónica, 
Constantinopla,  Adrianópolis,  el  español  no  es  como  el  francés,  el  inglés 
ó  el  alemán,  necesario  para  las  transacciones  comerciales,  y  no  se  le  po- 
dría acoger  en  las  escuelas.  Pero  se  podría  llegar  al  fin  deseado  por  otros 
medios.  En  estos  parajes  los  israelitas  tienen  la  costumbre  de  traducir 
del  hebreo  al  español.  Se  escogerían  maestros  de  hebreo  que  conocieran  el 
español  y  que  tradujeran  la  Biblia,  con  lo  cual  habría  la  doble  ventaja  de 
que  se  formarían  generaciones  familiarizadas  con  el  español  depurado, 
capaces  de  leer  libros  y  periódicos,  hoy  publicados  en  jerga  y  mañana 
redactados  en  castellano. 

3.a  Hay  numerosas  familias  israelilas  españolas  establecidas  en  paí- 
ses árabes  y  que  forman,  bajo  el  aspecto  lingüístico,  como  oasis  en  medio 
de  un  inmenso  desierto.  Por  la  frecuentación,  por  la  educación,  por  laa 
uniones,  que  yo  llamaría  mixtas,  estas  familias  olvidan  gradualmente  la 
lengua  española  y  adoptan  la  del  país  donde  viven.  Los  israelitas  españo- 
lee que  habitan  Egipto,  se  hallan  en  este  caso.  Y  sobre  esta  clase  de  per- 
sonas, es  necesario  obrar  enérgicamente,  y  he  aquí  cómo,  en  mi  opinión. 

Hemos  agregado  á  nuestras  instituciones  escolares  bibliotecas,  círcu- 
los de  lectura.  Si  usted  nos  enviase  libros,  periódicos,  revistas,  publica- 
ciones ilustradas  españolas,  las  prestaríamos  á  nuestros  correligionarios 
de  origen  castellano.  Si  yo  juzgo  por  mí  mismo,  éstos  deben  mantener 
una  afección  profunda  á  su  lengua  madre,  gustarán  leer  vuestras  obras, 
les  tomarán  afición  y  serán  llevados  irremisiblemente  á  procurarse  direc- 
tamente las  publicaciones  que  les  hubieran  recomendado  los  periódicos  y 
revistas. 

Se  pueden  emplear  también  otros  medios  para  reconquistar  en  bien  de 
España  una  parte,  cuando  menos,  de  sus  antiguos  hijos.  Cuando  sea  posible 
deberían  vuestros  representantes  concederles  su  protección  y  vuestro  go- 
bierno la  nacionalidad  á  algunos  de  vuestros  antiguos  conciudadanos,  cuya 
adopción  os  llevaría  una  fuerza  material  ó  moral. 

Es  imposible  que  estas  personas  no  se  adhieran  estrechamente  á  Espa- 
ña y  que  ellas  no  la  dediquen  sus  hijos.  Mas  para  que  vuestra  campaña 
triunfe  se  necesita  que  estemos  convencidos  de  que  nosotros  seremos 
vuestros  verdaderos  hermanos,  gozaremos  de  los  mismos  derechos  que 
vosotros.  Sea  lo  que  fuere  yo  no  puedo  menos  de  admirar  vuestra  genero- 
sidad, vuestra  amplitud  de  ideas  y  vuestra  clarividencia  política. 


474 


A  esta  preciosa  comunicación  acompaña  el  siguiente  discre- 
to y  breve  informe  sobre 

Los  israelitas  de  Alejandría. 

Los  sefardim  que  hablan  español  en  Alejandría  son  de  1.500  á  2.000. 
El  Cairo  encierra  otros  tantos.  Tantah,  Port-Said,  unos  cincuenta. 

Se  ocupan  en  el  comercio  y  la  ban- 
ca; ejercen  todos  los  oficios  manua- 
les. Están  considerados. 

Hay  algunos  médicos  israelitas 
españoles. 

No  se   publica  ningún  periódico 

judeo-español. 

I  •'^^•^  El  Cairo  y  Alejandría  tienen  es- 

\  -«^^^«^  I       cuelas  de  la  Alianza.  Pronto  las  ten- 

\        ^^^^         .^^^^^        /        ^^^  Tantah.  No  se  enseña  el  español. 

\^^^^^^    ^^^^^^^^  Se  pierde  éste  en  Egipto  siendo  reem- 

^^^^^^m^^^^^^^^  plazado  por      árabe,  el  francés,  el  in- 

^^^^H^^^^^^  glés  y  el 

Muchos  sefardim  serían  felices  si 
pudieran  adquirir  la  nacionalidad  es- 
pañola. 

Gozan  en  Egipto  del  derecho  co- 


FiG    151.  —  D.  J.  Toledano.  Descen- 
diente  de  Daniel   Toledano    de   Cór- 
doba (Yerno  de  S,  Levy,  pág.  468). 


El  Cairo. 

Debemos  esta  información  á  D.  Abraham  Galante,  de  quien 
nos  comunicó  amplias  noticias  el  Sr.  Romano,  de  Esmirna.  Es 
una  de  las  figuras  más  distinguidas  y  simpáticas  de  los  sefar- 
díes de  Turquía.  Natural  de  Boudroum  (antiguo  Alicarnassos, 
patria  de  Herodoto),  estudió  en  Esmirna  y  tendrá  hoy  treinta 
afios  de  edad.  Ya  á  los  veinte  fundó  y  dirigió  una  escuela  judía 
en  Rhodas;  un  año  después  explicó  matemáticas  en  el  Liceo 
Otomano;  cinco  más  tarde  fué  nombrado  inspector  de  Instruc- 
ción pública  y  luego  se  consagró  en  Esmirna  al  periodismo, 
siendo  de  advertir  que  ya  había  colaborado  en  casi  todos  los 
periódicos  judeo-españoles  de  alguna  importancia:  El  Telégra' 
fo,  El  Novelista,  La  Buena  Esperanza,  y  en  muchos  de  otras 
lenguas.  Ha  escrito  obras  teatrales;  conoce  el  hebreo,  turco, 
árabe,  persa,  griego,  francés,  inglés  y  alemán,  además  del  espa- 
ñol, que  es  su  idioma  natural.  Goza,  pues,  de  reputación  litera- 


475 


ria  en  Oriente  y  su  opinión  tiene  autoridad.  Es  hispanófilo  en- 
tusiasta y  ha  escrito  artículos  á  favor  del  español.  Se  ocupa  en 
redactar  una  obra  importante  sobre  la  raza  israelita  y  con  este 
fin  abandonó  Esmirna  y  se  fué  al  Cairo.  Desde  esta  hermosa 
ciudad  nos  favorece  con  la  siguiente  información: 

El  Egitto  es  un  país  Arabo,  todos  los  poeblos  hablan  el  Arabo,  y  el 
español  no  es  hablado  que  por  los  judíos  de  Turchia.  Todo,  en  referando- 
me  a  lo  que  le  escribí  en  mí  ultima, 
tocando  la  populación  judéo-Españo- 
la,  le  digo  que: 

Los  judios  actuales  españoles  son 
turcos. 

Ellos  moran  en  Cairo,  Alexandria, 
Tanta,  Zagazig,  Tayoum,  Suez,  Port- 
Said  y  en  otros  logares.  Ma,  sigun  mi 
ultima,  los  centros  importantes  son 
el  Cairo  y  Alexandria. 

El  estado  social  es  muy  bueno,  y 
al  mismo  pié  de  igualdad  que  todos 
los  otros  elementos:  el  Egitto  siendo 
un  país  libero. 

Siendo  sudittos  ottomanos,  ellos 
no  ocupan  en  el  gobernó  postos,  ma 
en  el  commercio  y  la  banca  pro- 
gressan.  Los  grandes  Rabbinos  de  Cairo  y  Alexandria  son   Sefaradim. 

Hoy  no  se  publica  ningún  periódico  en  Español.  Antes  un  año  parecia 
el  íMisral'm»  en  judéo-Espagnol,  publicado  por  Señor  Isaac  Oarmona 
originario  de  Constantinople.  Actuellemente  esta  gacetta  aparece  entéra- 
mento  en  arabo,  bajo  la  mesma  dirección  y  bajo  una  redacción  de  la  cual 
yo  ago  parte.  Sercamento  publicaré  yo  en  Cairo  un  journal  judéo-espagnol, 
con  el  mombre  <la  Vara». 

En  las  escuolas  no  se  enseña  el  judeo-espagnol.  Hay  escuelas  de  la 
Allian^a  y  de  la  comunidad,  solamente  en  Alexandria  y  en  Cairo. 

El  judeoespañol  se  conserva.  Mismo  los  judios  ottomanos  que  vivin 
en  el  Egitto  disdé  longo  tiempo  lo  emplean.  En  todo  cavso  muchos  biervos 
arabos  se  mesclan  á  la  lengua.  Periódicos  Israelitas  de  Turquía  vienen 
también  á  Egitto. 

Con  placer  se  admiten  relaciones  con  España.  Estas  relaciones  poeden 
bien  estabelicersin  con  el  commercio.  Aun  que  nuevo  en  el  Egitto,  me 
parece  que  el  negocio  con  la  España  es  poco.  La  prova  es  que  es  difficil 
de  topar  aquí  personas  conociendo  el  español  puro,  siendo,  un  negociante 
de  Cairo  deseando  entretener  relationes  commerciales  con  la  España,  se 
propuso  de  escribir  circulares  en  Español.  Después  de  muchas  busquida- 
des  yo  fui  cargado  de  la  traducción  de  esta  pieca. 


FiG.  152.  — D.  Abraham  Galante,  re- 
nombrado publicista  sefardí. 


476 


De  otra  parte  uno  de  los  ricos  viajadores  españoles  que  passan  el  en- 
vierno  in  Cairo;  Señor  Antonio  Medina,  vino  antes  un  mes  vesitar  la 
redacción  del  journal  €Misraím>  y  después  de  hacernos  acodrar  la  con- 
ducta de  la  España  enfrente  de  los  judios  y  arabos,  trato  de  la  tentativa 
del  espandimiento  de  la  litteratura  española  aqui. 

No  sufren  del  todo.  Aqui  vivin  en  libertad  complida. 
Sociedades  litterarias  propiamente  dichas  judeo-españoles,  no  existen. 
Si  puede  etnbiar  solamente  a  particulares. 

Xo  existe  ni  una  librería  israelita.  Todo  lo  menesteroso  es  traido  de 
Turquia.  Diré  en  passando  que  en  Cairo  hay  dos  estamparías  judias  y  en 
Alexaudría  una,  onde  se  puede  estampar  livros 
en  judéo-Espafiol,  Dos  chicos  libricos  fueron 
sulamente  estampados  en  Cairo  en  judéo-Es- 
pagnol. 


Hay  también  en  las  ciudades  de  Djedda, 
Sanaa,  Aden  portos  de  la  Arabia  muchos  ju- 
dios-Españoles  de  Turquia.  En  todo  sus  numero 
poede  sobir  á  70/80  familias.  En  las  Indias, 
China,  Japón,  Transval,  se  topan  muchos  espa- 
ñoles turquinos,  lo  mesmo  in  Europa  y  en 
America;  puede  consignarlo  así. 

Y  se  habla  el  español  en  el  Líbano. 
¿Será  Vd.  corioso  de  la  novedad  que  le  do, 
según  lo  fue  lio  mesmo?  Un  amigo  mió  que  es- 
tubo  sech  meses  en  el  Liban,  (Syria)  me  contó 
que  la  lengua  española  es  espandida  en  esta  región,  y  que  vido  journales  y 
revistas  españolee.  ¿Como  puede  ser  esto,  en  un  logar  onde  no  hay  judios? 
La  rason  es  que  miles  de  Libaneses  emigran  cada  año  á  la  America  del  Sud, 
y  tornan  después  de  muchos  años.  Muchos  de  ellos  se  casan  con  america- 
nas y  tornan  á  vivir  sovre  el  monte  Liban.  Mi  amigo  me  contó  que  el 
perfetiono  su  judeoespañol  en  el  Liban,  y  me  ajounto  que  en  casi  todos 
los  casales  el  español  es  mas  o  menos  hablado. 


FiG     1.5:s    —  Rdo.   Rabino 
José  Antebi,  del  Cairo. 


Tengo  a  escribir  muchas  cosas  sovre  las  cosas  españolas  en  Egitto. 
Ma  como  so  nuevo  en  el  Pais,  no  me  ha  occupado,  y  pues  lo  que  pensó 
escribir,  siendo  un  estudio,  merecí  tiempo  y  documentos,  Las  notas  dichas 
ariva,  y  las  de  la  oltima  carta  mia,  mostran  un  resumido  complido  de  las 
preguntas  ponidas  por  Vd. 

Tengo  en  Español  dos  teatros:  una  comedia  sobre  los  usos  de  los  judios 
de  Oriente,  y  un  dramo  sobre  un  acontecimiento.  Si  los  escribo  con  lettras 
lattinas  y  con  notas  ¿pueden  ellos  servir  á  alguna  cosa?  Deseo  saber  su 
alta  opinión. 


477 

No  saldremos  del  Cairo  sin  saludar  al  reverendo  Rabino 
Sr.  Antebi,  padre  de  nuestro  correspondiente  de  Jerusalem, 
D.  Alberto  Antebi,  nieto  del  célebre  Rabino  de  Damasco  Jacob 
Antebi,  ya  presentado  en  nuestra  pág.  460.  Desempeña  actual- 
mente el  Rabinato  del  Cairo  y  se  consagra  á  la  enseñanza  reli- 
giosa, al  culto  y  á  la  predicación. 

Port-Said.  —  Suez. 

Signe  Galante  habiéndonos  de  Egipto: 

Porto-Said,  el  porto  fraguado  por  Delesseps,  el  ingenior  que  avrio  el 
canal  de  Suez,  tiene  también  una  chica  communad  judia-española.  En  este 
interessante  porto  muchos  arabos  hablan  el  español.  Ellos  lo  embesaron 
de  los  soldados  españoles  que  passavan  por  el  canal  para  las  islas 
Philippinas. 

Suez,  la  civdad  onde  se  escapa  el  canal,  tiene  una  communidad  judia- 
española,  en  un  hiervo  los  judios  turcos  españoles  que  se  topan  en  todas 
las  partes  de  Aifto  mesmo  en  el  Sondan  son  contados  in  el  nomero  de 
16.000.  Ellos  se  occupan  de  todo  sorte  de  echo.  La  mas  parte  son  origina- 
rios de  Constantinopoli,  Salonico,  Smyrne.  Oy  la  emigration  arrivo  asta 
las  chicas  communidades  judias  de  Turchia,  de  sorte  que  de  quasi  todos 
los  logares  vienen  á  bivir  aqui.  De  resto  es  muy  fácil  para  conocer  la 
civdad  de  un  judio  turco,  nada  que  del  tono  de  su  lingua.  Ansi  en  el 
Cairo  ay  una  caleja  (rué)  habitada  esclusivamente  por  Israelitas  turcos 
españoles.  El  que  passa  por  esta  caleja  y  siente  hablar  sus  moradores, 
save  distinguir  la  civdad  de  onde  ellos  venieron. 


CAPÍTULO  IX 


Marruecos.— Importancia  del  estudio  de  este  Imperio. — Salutación  á  los  rabinos 
de  Tánger  y  Debdú. -Tánger,  Informe  de  Pinhas  Asayag.— Consideraciones 
sociales  y  políticas  sobre  los  israelitas  marroquíes.- -Moret,  Vega  Armijo,  León 
y  Castillo  y  Alba  Salcedo.— Informes  de  Benoliel  (S.),  Pimienta  y  Pisa.— Te- 
tuán.  Informes  de  Carmona  y  Dañan. 


Marruecos. 

Ningún  pueblo  puede  ni  debe  interesar  tanto  á  España,  en 
la  actualidad,  como  Marruecos,  y  ninguna  grey  sefardita,  entre 
todas  las  repartidas  por  el  mundo,  debe  atraer  tanto  su  atención 
ni  merecer  sus  solicitudes,  como  la  cuantiosa  que  vive  en  este 
descompuesto  Imperio.  Si  tuviéramos  en  España  gobiernos  y 
ministros  de  Estado  capaces  de  mirar  al  día  de  mañana,  y  ver- 
daderamente aptos  por  su  universal  cultura,  por  su  espíritu 
progresivo,  por  sus  dotes  diplomáticas,  y  por  su  amor  ardiente 
y  previsor  á  la  patria,  otra  muy  distinta  sería  nuestra  influen- 
cia en  este  pueblo  africano,  donde  siempre  mantuvo  España 
puestos  sus  ojos  y  comprometidos  sus  más  caros  intereses.  Con 
la  inquieta  renovación  de  ministros  que  caracteriza  á  nuestros 
gobiernos  nacionales,  con  la  clara  vacuidad  y  falta  de  pre- 
paración que  se  advierte  en  muchos  políticos  que  desempe- 
ñan las  carteras,  con  ese  trasiego  desatinado,  por  virtud  del 
cual  notorias  incapacidades,  que  no  han  acreditado  con  su  his- 
toria, sus  trabajos,  sus  producciones,  sus  discursos  y  sus  campa- 
ñas, hahevae  penetrado  siquiera  de  la  transcendencia  que  tienen 


480 

los  asuntos  que  competen  á  sus  departamentos,  y  con  esa  fri- 
volidad y  ligereza  que  nos  mantienen  dentro  de  las  situaciones 
políticas  todas,  como  viajeros  sin  destino  y  sin  finalidad  en  una 
población  donde  se  hallan  de  paso,  no  es  raro  nos  suceda  que 
aun  aquellos  mismos  elementos  que  por  su  historia,  su  idioma, 
su  corazón  y  sus  necesidades,  se  sienten  más  españoles,  como 
acontece  con  los  israelitas  de  Marruecos,  sean  abandonados, 
alejados,  cuando  no  mortificados  y  hostilizados  por  diplomáticos 
torpes,  agentes  consulares  imbéciles,  burócratas  arcaicos  y 
mezquinos,  y  por  toda  esa  taifa  de  cerebros  ineptos,  rutinarios 
y  enmohecidos,  que  nos  han  hecho  descender  del  puesto  que 
debiéramos  desempeñar  en  el  concierto  de  las  naciones  adelan- 
tadas. 

Nuestra  información  sobre  Marruecos  es  tan  copiosa  y  ex- 
celente, que  nos  produce  preocupación  y  pena  la  imposibilidad 
de  dar  ni  siquiera  una  pálida  idea  de  ella,  y  registrarla  aquí 
como  lo  demanda  su  importancia.  Con  una  solicitud  extremada, 
haciendo  de  nuestra  modesta  persona  una  encarnación  de  la 
patria  querida,  y  de  nuestra  empresa  un  motivo  de  esperanzas, 
nos  han  remitido  Pinhas  Asayag,  Pablo  Vallescá,  Rotondo 
Nicolau,  Pimienta,  Laredo,  Pisa,  Levy,  Cerdeira,  y  otros  mu- 
chos, largas  comunicaciones  y  meditados  estudios  que  requerían 
ser  expuestos  y  anaüzados  en  obra  más  voluminosa.  Lo  decla- 
ramos sinceramente:  la  grandeza  de  la  materia  nos  abruma; 
pasamos  sobre  importantes  motivos  como  un  alocado  carrerista, 
que  guía  veloz  automóvil,  cruza  vertiginoso  una  comarca,  sin 
apenas  poder  fijar  su  mirada  en  cuanto  encuentra  á  su  paso. 
Nos  brotan  por  doquiera  motivos  de  monografías  interesantes, 
estímulos  de  gestiones  públicas,  razones  de  esperanzas  y  de 
esfuerzos,  todo  ello  útil  á  la  patria,  y  no  podemos  presentarlo 
en  forma,  cuanto  menos  atenderlo  y  servirlo.  ¡Solamente  Dios 
sabe  la  pena  que  esto  nos  produce! 


Comencemos  por  hacernos  cargo  de  respetables  manifesta- 
ciones de  gratitud,  que  obligan  á  corresponder  con  otro  análogo 
y  más  vivo  sentimiento.  De  todas  partes  hemos  recibido  testi- 
monios lisonjeros  que  nos  dispensaron  dignidades  religiosas 


481 


de  Israel,  por  nuestros  benévolos  y  humanitarios  propósitos;  por 
todas  partes  labios  sacerdotales  han  formulado  oraciones  á  Dios, 
nacidas  al  calor  que  produce  esta  otra  larga  oración  de  nuestra 
obra,  donde  pedimos  que  se  junten  las  almas  buenas,  y  reine 
entre  las  criaturas  la  paz,  el  amor  y  la  esperanza;  conmovedo- 
ras frases  han  brotado  de  reverendos  sacerdotes  y  han  forta- 
lecido nuestro  deseo  de  hacer  el  bien;  pero  esta  consolado- 
ra y  celeste  música,  que  tanto  seduce  y  arroba  á  todo  buen 
espíritu  cristiano,  nos  ha  venido 
de  Marruecos  en  términos  tan 
singularmente  expresivos,  que 
obligan  á  fijar,  aunque  de  pasa- 
da, la  atención  en  ella,  y  luego 
de  recoger  con  cierta  solemni- 
dad nuestro  pensamiento,  con- 
testar diciendo:  «Gracias,  dig- 
nos ministros  de  vuestro  culto, 
gracias,  y  pidamos  á  Dios  todos 
juntos,  que  no  desampare  sus 
criaturas  y  haga  por  que  reinen 
Su  Gracia  y  Su  Divino  Amor  en 
esta  loca  humanidad,  cada  día 
más  atacada  de  instintos  des- 
tructores y  pasiones  de  odio!» 

Finhas  Asayag,  que  ya  nos 
comunicó  desde  el  principio 
sentidas  protestas  de  aliento  y 
adhesión  del  reverendísimo  y  muy  prestigioso  Sr.  D.  Mordojay 
Bengio,  rabino  de  Tánger,  las  cuales  consignamos  en  nuestro 
libro  anterior,  reproduce  este  homenaje  y  nos  dice  en  una  de 
sus  últimas  cartas: 


FiG.  154. — Abraham  Acohen.  Rabino 
de  Debdú  (Marruecos). 


Y  vengo  observando  por  las  pruebas  que  me  envía,  que  habla  de  los 
diferentes  rabinos  que  aplauden  su  campaña.  No  omita  al  de  Tánger,  pues 
esta  omisión  no  me  parece  justa.  Merecen  los  esfuerzos  de  Vd.  que  todo 
el  mundo  sepa  que  el  Revdisimo.  Illmo.  Sr.  Dn.  Mordojay  Bengio  ha  ma- 
nifestado en  distintas  ocasiones,  su  completa  adhesión  á  la  noble  campa- 
ña de  Vd.,  que  aplaude  sin  reservas.  Nuestro  Gran  Rabino  vé  con  marca- 
de  simpatía  la  defensa  que  hace  Vd.  del  pueblo  hebreo  y  le  elogia  y  ben- 
dice como  Vd.  se  merece.  Me  ha  dicho  que  son  raros  en  el  mundo  los 

31 


482 

hombres  como  Vd.  y  que  es  Vd.  un  enviado  de  Dios,  que  vino  á  esta  tie- 
rra para  dulcificar  las  penas  y  amarguras  que  han  pesado  de  continuo  so- 
bre la  existencia  del  pueblo  de  Israel.  Llama  á  Vd.  nuestro  grande  y  mejor 
amigo  y  pide  á  Dios  para  Vd.  y  los  suyos  éxito  completo  y  bienandanzas 
sin  límite. 

Y  D.  Pablo  Vallescá,  celoso  presidente  de  la  Asociación 
Mercantil  é  Industrial  de  Melilla,  nos  remite  un  retrato  precioso 
del  muy  reverendo  Rabí  de  Debdú,  quien  tuvo  la  bondad  de 
escribirnos,  en  el  dorso,  tan  expresiva  dedicatoria,  que  consi- 
deramos un  deber  reproducirla  por  lo  mucho  que  á  la  empresa 
favorece,  ya  que  nuestra  persona  representa,  y  con  justicia  siem- 
pre, un  factor  sobrado  humilde  y  desheredado  para  que  pueda, 
ni  deba,  admitir  lo  que  solamente  pertenece  á  una  idea. 

He  aquí  la  fotografía  de  la  dedicatoria: 


— ^i»^'  6"3tooí  w  jtow  rinía  j^m  jíc  ssm  o)'M  '1?"?»  'W  W 


Y  he  aquí  la  traducción  que  nos  ha  proporcionado  D.  Isaac 
Pisa,  de  Tánger. 

Después  de  la  fórmula  religiosa  inicial  y  peculiar  de  este  se- 
ñor Rabino,  dice: 

Al  honorable  y  excelso  Señor,  elevado  y  enaltecido  Señor  Dn.  Ángel  JPm- 
lidOy  Madrid. 


483 

Uno  de  los  que  están  al  frente  del  fuerte  y  enaltecido  reino  de  España, 
que  Dios  eleve  su  gloria  y  ponga  su  estrella  muy  alto,  Amen. 

Es  el  prínci])e  de  la  misericordia  que  busca  por  la  paz,  busca  por  hacer 
bien  á  nuestros  hermanos  de  la  nación  israelita  sefardi,  que  viven  á  la  som- 
bra de  otros  reinados.  Reciba  nuestra  oración  delante  Nuestro  Padre,  Nues- 
tro Bey,  que  está  en  los  cielos;  que  prolongue  sus  días  con  bien,  y  sus  años 
con  delicias,  y  que  su  trabajo  el  bueno  le  será  recompensado  conpresentes  de 
la  Gracia  Divina.  Y  esta  modesta  plegaria  la  hago  ante  la  Gloria  de  su 
grandeza  enaltecida,  yo  el  humilde  predicador  de  la  justicia  en  la  ciudad  de 
Debdú,  una  de  las  ciudades  de  Marruecos,  y  hoy  residente  á  la  sombra  del 
reino  glorioso  y  generoso  de  España. 

Melilla,  el  que  suscribe  con  alegría  grande 

Abram  Acohen. 

Tánger. 

Pinhas  Asayag  es  sobrado  conocido  de  los  lectores  para  que 
necesitemos  presentarle  aquí.  Ha  sido  uno  de  los  más  poderosos 
estímulos  de  nuestra  campaña.  Escribiéndonos,  con  su  claro  y 
selecto  estilo,  siempre  motivos  de  amor  á  España;  desarrollando 
bienhechora  actividad  desde  el  lecho  donde  el  dolor  le  sujeta 
con  tenaces  y  mortificadoras  ligaduras,  y  mostrándonos  con  su 
ejemplo  un  altruismo  emocionante,  ha  vigorizado  en  nuestro 
espíritu  el  propósito  de  seguir  esta  empresa,  y  nos  ha  ayudado 
al  extremo  de  poder  consignar,  con  justicia,  que  nuestra  obra 
está  muy  influida  por  él.  Guardamos  de  su  solicitud  la  más 
ampha  de  todas  las  correspondencias.  Motivos  sociales,  étnicos, 
literarios,  y  sobre  todo  de  alta  razón  poKtica,  aparecen  cuida- 
dosamente tratados  en  sus  cartas,  con  esas  clarividencias  y 
ternuras  que  muchas  veces  parecen  fruto  especial  de  los  espí- 
ritus buenos  atormentados,  á  lo  Pascal,  por  el  dolor  y  la  me- 
lancolía. ¡Exquisitas  flores  de  la  planta  humana,  que  convier- 
ten en  aromas  y  esencias  vivificantes  la  podre  y  las  injurias 
atmosféricas  con  que  se  nutren! 

De  las  numerosas  cartas  de  Pinhas  Asayag  tenemos  en  la 
mano  una,  fecha  14  de  Junio  de  1904,  que  llena  12  grandes 
páginas,  y  donde  tras  de  merecidos  elogios  á  la  Alianza  Israe- 
lita, al  personal  docente,  á  la  obra  de  cultura  que  éste  viene 
reaUzando  en  Tánger,  así  pedagógica  como  social,  á  la  impre- 
sión que  produjo  nuestro  primer  libro  sobre  los  israelitas,  ala 
gratitud  que  despiertan  los  periódicos  españoles  como  El  Libe- 


484 

ral,  Heraldo,  España,  Diario  Universal...  que  dedican  sus 
e  olumnas  á  esta  cuestión  y  á  la  Asociación  de  los  antiguos  discí 
jmlos  de  la  Alianza,  que  unidos  realizan  una  obra  de  profunda 
regeneración  étnica,  nos  habla  de  la  cultura  social  de  Tánger, 
y  sobre  todo  nos  habla  en  términos  expresivos,  de  intereses  na- 
cionales relacionados  con  Marruecos. 

Publicaremos  algunos  de  sus  párrafos: 


L' Association  des  Anciens  Eleves  tiene  ademas  establecidos  por  su  cuen- 
ta talleres  que  funcionan  con  notable  éxito,  de  bordado,  costura  y  plan- 
chado, á  los  cuales  las  antiguas  alumnas  menesterosas  acuden  con  solici- 
tud y  asiduidad  y  adquieren  ahi  conocimientos  de  gran  utilidad  que  per- 
feccionan y  aprovechan  luego   para 
ganar  honrosamente  el  sustento  pro" 
pió  y  el  de  los  suyos  y  asegurarse  asi- 
una    existencia  modesta,   pero  tran- 
quila y  segura. 

Como  prueba  de  la  cultura  de  la 
juventud  tangerina  de  ambos  sexos, 
existe  aqui  y  funciona  con  aplauso 
general,  una  sociedad  artistico-filar- 
monica  de  aficionados  que  lleva  por 
nombre  «La  Armonía». 

Suele  dar  veladas  que  alcanzan  un 
éxito  asombroso  y  en  las  cuales  esos 
jóvenes  ponen  de  relieve  sus  faculta- 
des artísticas,  distinguiéndose  prin- 
cipalmente nuestras  bellísimas  paisa- 
nas, que  descuellan  tanto  en  la  mú- 
sica, en  el  canto  como  en  la  declama, 
cion  y  son  orgullo  de  nuestra  comu- 
nidad y  causan  la  admiración  de 
propios  y  estraños.  La  prensa  local 
se  ha  ocupado  con  elogio  de  la  citada 
sociedad  haciendo  cumplida  justicia 
á  las  relevantes  ajjtitudes  de  nuestra  juventud.  «La  Armonía»  no  se  limi- 
ta á  divertir  á  los  socios  y  sus  familias,  sino  que  da  representaciones  á 
beneficio  de  la  caridad,  consiguiendo  de  este  modo  socorrer  á  muchos  ne- 
cesitados que  corresponden  con  una  lágrima  y  una  frase  de  gratitud  para 
tan  simpática  sociedad. 

Hablando  de  hombres  políticos  españoles  que  comprendie- 
ron la  conveniencia  de  reconquistar  el  corazón  hebreo,  cita 
varios,  entre  ellos  á  Moret,  León  y  Castillo  y  Vega  de  Armijo. 


FiG.  156.  -  Señorita  Lisita  H.  Na- 
hon,  tesorera  de  la  Sociedad  Armo- 
nía y  concertista  de  piano  en  Jun- 
tas de  caridad  (Tánger). 


485 

De  ambos  y  en  distintas  ocasiones  hace  algunos  años  he  podido  reco- 
ger directamente  sus  impresiones,  y  me  cabe  la  satisfacción  de  manifestar- 
le que  este  servidor  de  vd.  ha  tenido  la  honra  de  escuchar  de  los  labios 
de  ambos  personajes,  frases  de  simpatías  hacia  los  hebreos  de  origen  es- 
pañol, en  términos  tales,  que  vienen  á  coincidir  con  la  campaña  de  vd. 

El  Sr.  Moret  estuvo  por  mucho  tiempo  en  la  inteligencia  de  que  los 
israelitas  de  Marruecos  solo  hablaban  el  idioma  hebreo,  sin  pensar,  ni 
remotamente,  de  que  su  verdadero  idioma  es  el  castellano.  Y  su  sorpresa 
fué  grande  al  saber  que  conservamos  y  hablamos,  como  idioma  propio,  el 
que  nos  legaron  nuestros  antepasados  de  Castilla,  de  la  que  guardamos  el 
recuerdo  de  hijos  cariñosos,  que  no  olvidan  á  su  madre,  por  la  que  todos 
sentimos  afecto  y  veneración.  Esto  pareció  halagar  el  patriotismo  del 
Sr.  Moret,  tanto  cuanto  que  felicitándose  de  tan  buenas  disposiciones  por 
parte  de  los  hebreos,  se  expresó  en  términos  lisongeros,  que  el  que  suscri- 


FiG.  157.— D  Haim  M.  Na- 
hon,  banquero  ,  represen- 
tante del  Banco  de  España. 
Condecorado  por  los  Go- 
biernos de  España  é  Italia 
(Tánger^. 


FiG.  158.— D.''  Mesody  Xahon,  vice- 

presidenta  de   la    Sociedad   benéfica 

La  Maternelle.  Muy  ilu.strada   y    muy 

entusiasta  por  España. 


be  escuchó  con  regocijo,  y  tuvo  luego  la  honra  de  trasmitir  á  sus  correli- 
gionarios. 

El  Sr.  León  y  Castillo,  entonces  como  ahora.  Embajador  de  España  en 
Paris,  estuvo  aun  mas  espresivo.  Ha  manifestado  inmensa  satisfacción  al 
saber  que  los  israelitas  marroquíes  procedentes  de  España  hablan  el  cas- 
tellano, lo  cual  consideraba  como  un  homenaje  que  debe  halagar  á  todo 
buen  español,  condenando  con  frase  enérgica  y  en  términos  claros  y  de- 
cisivos, el  funesto  decreto  de  los  Reyes  Católicos,  que  privó  á  la  patria 
del  valioso  concurso  de  unos  hijos  fieles  y  laboriosos,  que  hubiera  traído 
días  de  prosperidad  á  la  nación.  Pensaba  el  ilustre  diplomático  que  por 
tal  motivo,  y  recordando  las  persecuciones  y  los  rigores  de  la  expulsión 
que  entonces  sufrieron,  los  israelitas  alentarían  odio  á  España  confun- 


486 

diendo  á  todos  sus  hijos  en  el  mismo  anatema.  Pero  el  ilustre  Sr.  León  y 
Castillo,  que  es  un  gran  patriota  y  un  perfecto  caballero,  tuvo  ocasión  de 
apreciar  que  se  equivocaba  en  tal  creencia,  y  su  patriótico  júbilo  subió  de 
punto  al  saber  que  los  judios  de  Marruecos  que  proceden  de  España,  han 
dado  al  olvido  desde  hace  tiempo  las  persecuciones  sufridas  hijas,  después 
de  todo,  del  fanatismo  religioso;  que  no  confunden  á  la  España  de  la  In- 
quisición con  la  España  moderna,  y  que  lejos  de  sentir  aversión  ó  animo- 
sidad contra  ella,  la  profesan  por  el  contrario,  afecto  sincero  y  ardientes 
simpatías. 

Traigo  á  colación  estos  antecedentes,  solo  con  el  objeto  de  demostrarle 
que  hay  en  España  hombres  eminentes  que  se  inspiran  en  igual  criterio 
que  vd.  y  cuyas  opiniones  vienen  á  robustecer  las  nobles  ideas  sustenta- 
das en  su  libro  cLos  Israelitas  Españoles». 

Creo  también  del  caso  citar  al  caballeroso  y  noble  Marqués  de  la  Vega 


FiG.  159.  —  Doña  Cliiquinha 
Salgado,  distinguida  dama  de 
la  colonia  sefardí  natural  de 
Tetuán,  vive  en  Para  (Brasil). 


FiG.  160.— Doña  Simy  Ben- 

simon,  distingaida  dama  de 

MazagáQ    (colonia     sefardí 

tangerina). 


de  Armijo  que,  dados  sus  antecedentes  y  por  lo  que  he  tenido  el  honor  de 
colegir  de  sus  palabras,  hace  algún  tiempo,  no  es,  no  puede  ser,  indiferen- 
te á  la  patriótica  labor  de  vd.  El  ilustre  procer  qwe  ha  sido  uno  de  los 
mejores  Ministros  -de  Estado  que  ha  habido  en  España,  sabe  que  hay  en 
Marruecos  muchos  israelitas  de  origen  español  y  que  quieren  mucho  á 
España.  A  algunos  de  ellos  ha  hecho  justicia,  atendiendo  eficazmente  á 
sus  demandas. 

De  su  gestión  larga  y  laboriosa,  al  frente  del  Ministerio  de  Estado,  se 
conservan  en  Tánger  muy  buenos  recuerdos.  De  todas  las  dificultades  y 
conflictos  surgidos  entre  España  y  Marruecos,  y  en  los  cuales  ha  tenido 
que  intervenir  como  Ministro,  ha  salido  airoso  el  Sr.  Marqués.  Gracias  á 
su  ingénita  energía,  á  la  independencia  de  su  carácter  y  á  su  patriotismo 


487 

nunca  desmentido,  ha  obtenido  triunfos  para  su  nación,  levantando  el 
prestigio  de  España  y  dejando  bien  sentada  su  influencia  aquende  el 
Estrecho. 

También  se  conservan  en  Marruecos  indelebles  huellas  de  la  gestión 
del  insigne  estadista  Sr.  Moret,  como  ministro  de  Estado.  Hablan  por  él 
entre  otras  cosas,  la  Cámara  de  Comercio  Española,  fundada  por  él  y  el 
servicio  de  Correos,  entre  Cádiz  y  Tánger,  que  lleva  á  cabo  la  Compañía 
Trasatlántica,  que  es  un  modelo  de  exactitud,  regularidad  y  precisión,  de- 
bido á  la  feliz  iniciativa  del  infatigable  hombre  público. 

Pero  el  que  haya  habido  tan  buenos  ministros  en  España,  no  ha  sido 
obstáculo  para  que  vinieran  á  Tánger  y  se  eternizaran  en  esta  plenipoten- 
cia, representantes,  que  hallándose  en  pugna  con  los  ideales  de  sus  gefes 
gerarquicos  y  siguiendo  una  política  desastrosa,  funesta  para  los  intereses 
que  se  decian  servir,  infirieron  al  mismo  tiempo  grave  daño  á  los  israeli- 
tas marroquíes,  couvirtiendoles  en  blanco  de  sus  iras  implacables. 

Todo  esto  extrañara  en  España,  porque,  me  consta,  alli  no  se  pensaba 
ni  se  piensa  asi,  pero  es  la  verdad.  España  siendo  un  pais  esencialmente 
democrático,  no  se  para  en  esclusivismos  ni  anida  sentimientos  de  peque- 
ñas pasiones,  ni  prejuicios  de  raza  y  religión  para  señalar  y  ver  con  pre- 
vención al  que  no  profese  sus  mismas  creencias. 

En  Marruecos,  hace  esto  mas  de  veinte  años  y  ya  ha  pasado  felizmen- 
te, se  seguía  otra  política  distinta,  dándose  el  caso  que,  mientras  el  señor 
Cánovas  del  Castillo  contestando  á  una  interpelación  del  inolvidable 
Sr.  Carvajal,  declaraba  en  pleno  Congreso  de  los  Diputados  que  España 
no  había  pensado,  ni  por  un  solo  momento,  renunciar  al  derecho  de  pro- 
tección en  Marruecos,  su  representante  en  Tánger, —  cuyo  nombre  no 
quiero  citar  para  que  no  parezca  que  me  ensaño — contestando  á  una  soli- 
citud de  los  israelitas  de  Tetuan,  á  quienes  sin  motivo  que  lo  justificara, 
habia  retirado,  como  á  los  de  otras  ciudades,  de  golpe  y  porrazo  la  pro- 
tección española,  de  la  que  habían  gozado  por  espacio  de  muchos  años, 
les  devolvía  la  solicitud  y  faltando  á  todas  las  conveniencias,  á  todas  las 
consideraciones  á  su  gefe  y  todos  los  respetos  á  la  verdad,  les  decía  en  el 
margen  del  mismo  documento,  estas  rudas  y  lacónicas  palabras:  « Ordenes 
del  Gobierno  no  se  pueden  alterar*,  poniendo  al  pie  su  firma. 

Todo  esto  se  hizo  entonces  del  dominio  público,  se  puso  de  relieve  la 
contradicción  entre  lo  declarado  por  el  Sr.  Cánovas  y  lo  manifestado  por 
su  representante,  llegó  á  Madrid  el  mencionado  documento  y  el  Gobierno 
tuvo  que  convencerse  de  que  las  quejas  de  los  israelitas  eran  justas,  que 
el  Sr.  Carvajal,  Diputado  por  Gaucin,  tenia  razón  en  cuanto  afirmaba,  al 
decir  que  los  israelitas  habían  sido  eliminados  de  la  lista  de  protegidos  y 
de  que,  en  fin,  el  Gobierno  había  cometido  una  pifia  al  declarar  por  boca 
de  su  gefe,  y  solo  por  atender  á  apasionados  informes  de  su  ministro  en 
Tánger,  todo  lo  contrarío  de  la  verdad, 

A  pesar  de  esto  y  mucho  mas  que  seda  prolijo  enumerar,  y  que  no 
viene  á  cuento  en  estas  impresiones,  el  Gobierno  no  tuvo  á  bien  darse 
por  enterado  de  tales  demasías,  y  siguió  dispensando  su  confianza  al  cita- 


488 


do  representante  que  ocupó  esta  plenipotencia  por  espacio  de  doce  años!! 
¡Cosas  de'la  política!  Bienfes  verdad  que  conservadores  y  liberales  siguie- 
ron el  mismo  rumbo,  perdiendo  España  un  tiempo  irreparable  y  con  él 
toda  su  influencia  adquirida  anteriormente  y  la  que  hubiera  ganado  de  se- 
guir otra  política  mas  en  armonía  con  las  aspiraciones  y  deseos  del  país. 
Asi  se  anduvo  dando  tumbos,  y  de  tropiezo  en  tropiezo,  hasta  que  vino 
en  hora  buena  el  Marqués  de  la  Vega  de  Armijo,  y  sacudiendo  todo  pre- 
juicio y  dejando  á  un  lado  consideraciones  personales  que  no  son  nada  al 
lado  de  los  intereses  sagrados  de  la  patria,  y  en  un  arranque  varonil  y 
patriótico,  dio  al  traste  con  el  hombre  causa  de  tanto  desbarajuste  y  con- 
cluyó, de  una  vez  para  siempre,  con  lo  que  era  una  remora  irresistible 
contra  la  marcha  progresiva  de  los  intereses  españoles  en  el  Moghreb. 
Desde  entonces  se  inició  una  era  de  paz  y  trabajo,  marchando  lenta  pero 
progresivamente,  de  modo  que  acreciente  el  prestigio  de  España  y  se  con- 
siga reparar  los  errores  de  una  política  desatentada  que  tan  malos  resul- 
tados hubo  dado. 

Consigno  con  el  maj'or  placer  que  de  esa  política  no  queda  el  menor 

vestigio;  que  ahora  no  se  va  á  remolque 
de  nadie,  ni  se  atenta  contra  los  intereses 
de  la  nación;  que  en  esta  Legación  se 
hace  política  amplia,  liberal,  indepen- 
diente y  sobre  todo  eminentemente  es- 
pañola. 

El  nombre  respetado  y  prestigioso  del 
Sr.  Dn.  Bernardo  Cólogan,  que  ocupa  fe- 
lizmente la  Plenipotencia  de  Tánger,  es 
una  garantía  que  habla  alto  en  favor  de 
España,  sus  prestigios  y  sus  intereses. 
El  digno  ministro  de  S.  M.  C.  es  perso- 
na competentísima  y  laboriosa,  vigilan- 
te y  atento  siempre  á  su  deber.  Sabe 
hermanar  la  energía  con  la  prudencia  y 
en  el  poco  tiempo  que  lleva  en  Tánger 
ha  sabido,  en  muchas  ocasiones,  poner  á 
salvo  el  nombre  de  España,  sanando 
prestigio  y  el  aplauso  de  propios  y  estra- 
ños. 

Entiende  el  Sr.  Cólogan  que  conviene 
á  España  una  política  de  atracción  y  á 
ella  se  dedica  con  el  mayor  afán,  con 
celo  y  perseverancia  y  sin  extemporáneos  alardes.  España  no  ha  de 
conquistar  á  Marruecos  por  las  bayonetas,  pero  sí  con  su  idioma,  con 
su  comercio  y  su  [industria,  creando  intereses  que  no  existen,  estre- 
chando relaciones  y  atrayéndose  el  afecto  [de  los  elementos  estraños 
que  constituyen  el  núcleo  principal  de  este  país  cosmopolita  y  en  el  cual 
puede  ejercer  España  una  acción  hábil  y  provechosa,  siguiendo   la  li- 


FlG      161. — Señorita   Esther    A. 

Serfatj-,  distinguida    sefardí  muy 

estimada    por    .su     preciosa    voz 

(Ténger). 


48^ 


nea  de   conducta   trazada   acertadamente  por  el   referido  diplomático. 

La  adhesión  de  iroros  y  judios  puede  ser  muy  eficaz  y  de  gran  utilidad 
para  España.  Que  el  Gobierno  estudie  el  carácter  de  los  moros  y  les  atrai- 
ga; que  corresponda  á  los  entusiasmos  y  simpatías  de  los  hebreos  y  se  lot? 
aproxime  mas  y  mas. 

El  idioma  es  un  gran  factor,  quiza  el  principal.  Esta  parte  está  ya  ga- 
nada por  España  desde  el  momento  que  los  ju 
dios  hablan  el  español  y  le  difunden  por  e^ 
pais.  Proteja  y  fomente  este  vehiculo  de  con 
fraternidad  y  asi  habrá  ganado  la  partida,  res- 
pondiendo á  las  reivindicaciones  del  pais  y  á 
la  política  sabia  y  correcta,  sostenida  gallarda- 
mente por  el  Sr.  de  Cólogan. 

Con  un  apoyo  decidido  por  parte  del  Gobier- 
no, ninguno  tan  indicado  para  ello  como  e¡ 
Sr.  Cólogan,  que  cuenta  con  el  respeto  de  pro- 
pios y  estraños;  que  merece  las  simpatías  de  los 
israelitas  todos;  qae  cuenta  con  la  adhesión  de 
todos  sus  nacionales  y  protegidos,  y  que  goza 
de  preferentes  consideraciones  entie  todo  el 
Cuerpo  Diplomático  que  tiene  en  cuenta  sus  an- 
tecedentes y  hace  justicia  á  sus  relevantes  mé- 
ritos. 

Con  estas  circunstancias  el  triunfo  no  es 
dificil. 

Tiene  la  palabra  el  Gobierno  de  Madrid. 


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FiG.  162.  — Estlier  Y.  Ser- 
faty,   una  de  las  más  dis- 
tinguidas señoritas   de  la 
sociedad  tangei'ina. 


Termina  esta  notable  comunicación  con  un  sentido  recuerdo 
tributado  á  D.  Leopoldo  Alba  Salcedo,  del  cual  guardan  vene- 
rable memoria  los  israelitas  marroquíes,  por  la  defensa  que  hizo 
de  sus  intereses  cuando  se  celebró  en  Madrid  un  Congreso  di- 
plomático, donde  se  trató  de  cancelar  la  protección  que  las  na- 
ciones europeas  ejercían  en  Marruecos,  y  entregar  al  desdichado 
y  meritorio  pueblo  judío,  atado  de  pies  y  manos,  á  la  saña  de 
los  musulmanes.  Castelar,  Alba  Salcedo,  Moret,  Canalejas, 
Vega  Armijo,  Villanueva,  León  y  Castillo...,  cuantos  hacen  un 
pequeño  bien  á  Israel,  dejan  en  su  corazón  huellas  indelebles 
de  gratitud. 

Pinhas  nos  remite  la  siguiente  estadística  de  los  sefardim 
de  Marruecos: 


Hay  en  Marruecos  una  población  israelita  de  150.000  almas  aproxima 
damente  que  se  dividen  en  la  forma  siguiente: 


490 

Marrakesh,  14.000;  Mogador,  10.000;  Tánger,  10.000;  Fez,  10.000;  Te- 
taan,  6.600;  Mequinez,  6.000;  Casablanca,  6.600;  Rabat,  2.000;  Mazagan, 
1.500;  Saffi,  1.600;  Tazza,  1.500;  Debdú,  1.500;  Larache,  1.320;  Alcázar, 
1.000.  Total,  72.320.  Ciudades  del  interior,  77.680.  En  todo  aproximada, 
mente,  150.000. 

D.  Salomón  Benoliel,  hermano  de  nuestro  distinguido  cola- 
borador de  Lisboa,  ilustrado  profesor  de  la  Alianza,  á  la  cual 
ha  prestado  valiosos  servicios  en  las  diferentes  escuelas  de  Tán- 
ger, Larache  y  Fez,  fundando  unas  y  luchando  en  otras  contra 
el  ambiente  hostil  y  bárbaro  que  le  rodeaba,  ha  prestado  ser- 
vicios á  la  Academia  de  la  Historia  de  España,  y  fué  condeco- 


FiG.  163.— D.  Salomón  Be- 
noliel, ¡lustrado  profe.sor  de 
la  Alianza,  condecorado  pel- 
el Gobierno  español. 


FiG.  164.— D.  Abraham  Pi- 
mienta, distinguido  publi- 
cista sefardí,  corresponsal 
de  Le  Tempx  y  redactor  de 
varios    periódicos. 


rado  por  el  Gobierno  español  con  la  orden  de  Isabel  la  Católica. 
He  aquí  los  términos  con  los  cuales  manifiesta  su  afecto  á 
España  este  ilustrado  sefardí,  quien  también  abandonó  el  lecho 
para  escribirnos: 

Permítame  decirle  que,  adulterado  ó  correcto,  no  es  el  idioma  español 
el  único  lazo,  ni  el  más  eficaz,  que  al  través  de  los  siglos  y  de  las  distan- 
cias nos  une  aún,  nos  unirá  siempre,  á  España.  Son,  sí,  aquellos  vínculos 
imperecederos  que  emanan  de  esencia  primordial  é  incorruptible:  la  Pa- 
tria. Esta  pasión  caracteriza  á  los  judíos  de  todos  los  tiempos,  se  hereda 
de  padre  á  hijo,  circula  por  nuestras  venas  en  nuestra  sangre.  Desde  los 
excesivos  trabajos  de  Egipto,  hasta  los  tardos  tropicales  de  la  isla  del  Dia- 
blo, atestiguan  el  heroísmo  judío  por  el  suelo  que  los  vio  nacer. 


491 

Si  despojados  de  su  patrimonio,  si  expulsados  de  eu  tierra,  anduvieron 
errantes  nuestros  antepasados  mendigando  albergue  y  sustento,  ¿ha  sido 
reservada  mejor  suerte  á  la  madre  Patria? 

Jamás  abrigamos  resentimiento  alguno  á  España.  Hacemos  ardientes 
votos  por  su  rehabilitación,  y  si  algún  día  su  atmósfera  intelectual  nos  lo 
permitiese,  contribuiríamos  con  nuestros  medios,  con  nuestras  energías,  á 
la  conquista  de  su  antiguo  esplendor  en  el  mundo. 

Sus  gestiones  oficiales  en  favor  de  la  difusión  de  la  lengua  española 
entre  el  elemento  judío  procedente  de  España  son  laudables.  Preveo,  sin 
embargo,  un  obstáculo.  ¿Dispone  de  medios  el  Gobierno  español  para  tal 
destino?  ¿No  sería  contraproducente  una  interpelación  en  las  Cámaras? 
Me  parece,  en  consecuencia,  más  lógico  y  con  mayores  probabilidades  de 
éxito  solicitar  del  Gobierno  su  apoyo  moral  y  oficial  en  favor  de  la  ense- 
ñanza de  la  lengua  española  en  las  escuelas  ya  establecidas  en  el  Oriente 
y  en  Marruecos  por  la  Alianza  Israelita  Universal,  residente  en  París.  En 
consideración  al  interés  que  se  tomara  el  Gobierno,  no  se  opondría  la 
Alianza  Israelita  (la  enseñanza  del  idioma  español  no  entra  en  su  progra- 
ma); las  diferentes  comunidades  aprobarían  gustosas,  y  la  juventud  esco- 
lar, entusiasmada  al  saber  que  todo  un  ministro  ó  un  cónsul  de  España 
examinaría,  y  tal  vez  premiara  con  una  palabra  lisonjera  ó  con  un  bonito 
libro  á  los  más  aplicados  en  su  idioma,  harían  progresos  sorprendentes. 
En  cuanto  á  los  profesores,  que  son  oriundos  de  Turquía  ó  de  Marruecos, 
estudiarían  ó  perfeccionarían  el  idioma  español  para  enseñarlo.  Sin  impo- 
nerse sacrificios  pecuniarios,  conseguiría  España  su  propósito. 

Lo  que  anticipo  está  fundado  sobre  mi  experiencia  propia.  Bajo  los 
auspicios  de  la  Alianza  citada  he  fundado  y  dirigido  algunas  escuelas  en 
Marruecos.  Por  amor  á  España  he  enseñado  su  idioma  en  mis  horas  de 
descanso  generalmente.  En  mi  escuela  de  Larache  me  ha  prestado  su  con- 
curso moral  D.  Francisco  Lozano  Muñoz,  á  la  sazón  cónsul  de  España.  Sus 
palabras  amables,  acompañadas  alguna  que  otra  vez  de  un  bonito  premio, 
estimulaban,  y  deseosos  de  captarse  las  simpatías  de  este  funcionario  ofi- 
cial, se  esforzaban  por  sobresalir  los  alumnos  en  el  idioma  español. 

No  por  eso  dejaba  de  ser  el  patriota  más  entusiasta,  el  defensor  enér- 
gico é  incansable  de  los  intereses  de  su  Nación,  el  juez  más  recto  en  el 
ejercicio  de  sus  funciones.  Si  se  imitara  al  Sr.  Lozano  en  todas  nuestras 
escuelas,  mucho  ganaría  el  idioma  español  y  el  prestigio  de  la  Nación  en 
Marruecos. 

D.  Abraham  Pimienta,  distinguido  corresponsal  de  Le 
Temps,  de  París,  periodista  renombrado,  redactor  de  Le  Reveil 
de  Maroc  y  Le  Maroc,  fundador  de  la  Comisión  de  Higiene  de 
Tánger,  de  carácter  internacional,  de  la  cual  es  secretario,  dos 
veces  presidente  de  la  Asociación  de  Anciens  Eleves  de  Vecóle 
Israélite,  nos  remitió  una  interesante  y  larga  información,  de 
donde  tomamos  los  siguientes  párrafos: 


492 

Se  sabe  positivamente  que  hasta  mediados  del  siglo  xvii  los  hebreos  de 
Fez  y  Mequinez  de  origen  español  hablaban  todavía  el  castellano,  pues 
existen  manuscritos  y  reglamentos  civiles  y  religiosos  instituidos  por  ellos, 
escritos  en  castellano,  con  caracteres  hebreos  que  así  lo  prueban. 

Pero  en  Fez,  Mequinez,  Eabat  y  otras  poblaciones  existían  antes  de  la 
expulsión  de  los  judíos  de  España,  Comunidades  hebreas  establecidas 
desde  tiempos  muy  remotos,  de  habla  árabe,  y  que  por  su  superioridad 
numérica,  fueron  asimilándose  poco  á  poco  los  elementos  de  origen  español 
hasta  hacerles  perder  el  uso  de  su  lengua.  Estas  sin  embargo,  merced  á  su 
superioridad  intelectual,  impusieron  su  ritual  religioso  y  varias  costumbres 
traídas  de  España. 

Se  distinguen  todavía,  sin  embargo,  en  dichas  ciudades  los  hebreos  de 
origen  español  por  sus  nombres  y  apellidos,  entre  los  que  abundan  mucho 
los  Toledano,  Vivas,  Manzano,  Cerero,  Cabeza,  Verdugo,  etc.  etc.  y  aunque 
hablan  árabe  conservan  ciertos  modismos  que  causan  su  origen  español. 

Hasta  en  la  pequeña  ciudad  de  Debdú  perdida  en  el  fondo  del  Rif  existe 
una  Comunidad  hebrea,  que  en  su  mayoría  debe  ser  de  origen  español,  pues 
casi  todos  llevan  allí  el  apellido  de  «Murci  ino>. 

Supongo — y  hay  muchos  datos  en  apoyo  de  ésta  creencia — que  al  ser 
expulsados  los  hebreos  de  España  vinieron  con  preferencia  á  Marruecos 
los  elementos  mas  intelectuales  atraídos  por  la  celebridad  de  que  gozaban 
entonces  en  el  mundo  judeo  los  rabinos  de  Fez  y  Mequinez,  quienes  man- 
tenían antiguas  relaciones  de  carácter  religioso  con  sus  coreligionarios  de 
España,  mientras  que  á  Turquía  fueron  principalmente  los  que  contaban 
con  mas  medios  y  podían  dedicarse  á  negocios. 

Isaac  Pisa,  inteligente  y  de  los  más  cultos  profesores  de  la 
Alianza  (véase  fig.  49),  hace,  con  Fortunato  Levy ,  comprofesor  re- 
sidente en  Fez,  un  viaje  á  España;  nos  honran  ambos  con  su  vi- 
sita en  Madrid;  les  enseñamos  nuestros  Museos,  nuestras  escue- 
las, nuestros  elementos  de  cultura  y  de  regeneración;  y  al  regre- 
sar á  Tánger  nos  escribe  la  siguiente  carta,  que  es  un  hermoso 
himno  al  porvenir  de  nuestra  patria,  y  una  explosión  de  entu- 
siasmo que  merece  estrecho  abrazo: 

La  grata  impresión  que  traigo  de  España  queda  grabada  en  mi  cora- 
zón. Habia  leído  tantas  veces  y  tantas  cosas  sobre  la  decadencia  de  Espa- 
ña, había  oído  tantas  relaciones  de  viajeros  de  poca  fe,  que  me  parecía  mi 
antigua  patria  casi  perdida  y  sin  esperanza  de  ninguna  vuelta  hacia  la 
gloria.  Vd.  me  ha  hecho  comprender  lo  que  es  la  verdadera  España  actual. 
El  español  de  hoy  es  el  mismo  que  el  de  la  historia;  heroico,  bondadoso  y 
hospitalario,  con  mas  fé  en  el  progreso  y  mas  afán  para  obtenerlo.  Basta 
que  España  tenga  pensadores  y  entusiastas  como  Vd.  para  tener  esperan- 
za en  el  porvenir.  Lo  poco  de  la  vida  española  que  Vd.  me  hizo  conocer 
indica  aspiraciones  sublimes  de  su  pais,  que  es  el  mío.  ¿Porque  nosotros, 


493 

los  Israelitas  españoles,  con  nuestras  riquezas,  con  nuestras  capacidades 
comerciales,  con  nuestro  genio  reconocido,  no  contribuiremos,  como  por 
lo  pasado,  al  esplendor  y  renovación  de  España? 

Los  Israelitas  de  Turquía,  aparte  sus  corresponsales,  ignoran  absolu- 
tamente á  España.  Las  escuelas  de  la  Alianza,  sin  quererlo,  han  implanta- 
do en  los  corazones  el  amor  por  Francia.  Ya  se  que  el  sentimiento  patrio 
es  natural,  pero  la  educación  influye  mucho  sobre  él;  prueba  el  amor  que 
todas  las  nuevas  generaciones  israelitas  tienen  por  Francia.  ¿Porque  este 
amor  no  lo  tendremos  por  nuestra  antigua  patria,  España?  Turquía,  ó  Ma- 
rruecos, no  son  nuestras  patrias,  no  pueden  serlo.  No  tenemos  allí  ningún 
derecho,  ningún  deber  de  aquellos  que  ennoblecen  al  hombre;  no  tenemos 
ni  las  mismas  aspiraciones,  ni  las  mismas  ideas,  ni  el  mismo  ideal,  ni  la 
historia,  ni  la  misma  lengua.  Nuestro  genio  se  ha  marchitado.  En  4  siglos 
no  hemos  tenido  ni  una  sola  notabilidad  artistica.  Mientras  que  España 
es  nuestra  alma  mater  natural.  Allí  duermen  nuestras  glorias;  allí  solo 
crecen  nuestros  laureles.  Las  páginas  las  mas  gloriosas  de  la  historia  post- 
bíblica  fueron  escritas  allí.  La  lengua  que  hablamos,  por  corrompida  que 
esté,  es  la  de  Cervantes.  Todos  mis  sentimientos  de  buen  español,  hechos 
por  la  historia,  la  lengua,  las  costumbres,  y  que  dormían  en  mi  corazón, 
se  despertaron  al  soplo  de  mi  pais.  En  ferrocaril  cada  nombre  de  grande 
ciudad  me  recordaba  una  de  nuestras  grandes  glorias,  y  en  el  aire,  en  el 
suelo,  en  las  casas,  en  los  tipos  sentía  una  impresión  de  idéja  vm .  Los 
Israelitas  de  Marruecos  no  conocen  tampoco  al  verdadero  Español,  los  del 
interior  por  no  verlo,  los  de  la  costa  juzgando  de  él  por  la  espuma  que  re- 
chaza España  aquí. 

A  estos  todos  israelitas  es  menester  convertirlos,  como  se  lo  he  dicho 
yá.  He  encontrado  gran  escepticismo  por  la  buena  solución  de  su  admira- 
rable  campaña.  Yo  me  dedicaré  enteramente  á  su  obra.  Mi  persona,  mi 
inteligencia,  mis  conocimientos,  mi  entusiasmo,  todas  mis  facultades  es- 
tan  á  su  disposición  para  ayudarle  con  mis  modestos  medios.  Vd.  lucha 
por  allí;  somos  unos  cuantos  decididos  que  lucharemos  por  aquí.  Convier, 
ta  á  los  Españoles,  convertiremos  á  los  israelitas. 

Una  de  las  cosas  principales  que  debe  crear  Vd.  en  España,  después 
de  la  impresión  que  producirá  el  libro  que  prepara,  es  una  Sociedad  como 
la  (íAlliance  fra?igaiseT> .  La  tAlliance  Israélite^  que,  como  se  lo  he  dicho, 
no  tiene  nada  que  ver  con  la  primera,  es  de  carácter  confesional  y  no  pue- 
de ser  tomada  por  modelo.  La  'í  Alliance  frangaiseí»  es  una  sociedad  patro- 
cinada por  el  Ministerio  de  Instrucción  publica  para  desarrollar  el  idioma 
francés.  Funda  escuelas'  en  las  colonias  y  en  el  estranjero.  La  «Alianza 
española»  no  tendrá  menester  de  escuelas;  existen.  En  enviando  un  pro- 
fesor de  español  á  cada  escuela  de  la  íAlliance  Israélitet ,  bastara  para 
acordar  á  los  Israelitas  que  España  existe,  el  español  vive  y  que  nosotros 
somos  españoles.  A  mi  modesto  parecer,  es  la  primera  obra  en  la  que  debe 
empeñarse  Vd.  antes  de  la  inmigración  que  es  actualmente  imposible,  y 
de  las  relaciones  comerciales  que  vendrán  naturalmente  después  de  la  re- 
conciliación. 


494 


Para  esto  es  menester  tener  la  ayuda  de  la  Alianza,  porque  es  una  de 
las  primeras  fuerzas  de  los  Israelitas. 

D.  Abraham  de  J.  Laredo 
nos  ha  favorecido  con  valiosas 
comunicaciones  y  con  envíos, 
como  el  citado  en  la  pág.  376. 
Es  serfardí  de  origen  español, 
conoce  mucho  Europa  y  Orien- 
te, donde  ha  permanecido  largo 
tiempo;  escribe  y  habla  correc- 
tamente el  español  y  nos  ha  re- 
mitido datos  sobre  Inglaterra, 
que  nos  han  servido  para  escri- 
bir sobre  los  sefardíes  de  esta  na- 
ción. Venera  el  recuerdo  de  Cas- 
telar  y  goza  de  consideraciones 
públicas  por  su  cultura. 

D.  Abraham  Ribbi,  director 
de  la  Escuela  de  niños  de  la 
Alianza  en  Tánger,  tuvo  la  bon- 
dad de  escribirnos,  refiriendo  gratos  recuerdos  españoles  de  su 
infancia  acerca  de  la  lengua,  cancio- 
nes, trajes,  costumbres,  etc. 

D.  Jacob  S.  Levy  nos  remitió  un 
artículo,  donde  dice  que  la  colonia  is- 
raelita forma  un  total  de  500.000; 
que  la  colonia  hebrea  reside  en  todos 
los  puntos  de  Marruecos  en  un  ba- 
rrio aparte  llamado  Mellah;  goza  de 
la  mayor  independencia,  y  no  paga 
djezaya  (impuestos). 

Y  antes  de  abandonar  Tánger, 
donde  tantos  motivos  de  afecto  y  sim- 
patía entre  israeütas  españoles  halla 
un  corazón  español,  saludaremos  al 
ilustre  presidente  de  la  comunidad  is- 
raelita, D.  Abraham  Laredo,  vicecónsul  de  Italia,  secretario  del 
Comité  Sanitario  internacional  de  Marruecos,  condecorado  por 


FlG.     165.- -D.  Abraham  de    J.  La 
redo,  honorable  sefardí  tangerino. 


Fiü.  166. — D.  Abraham  La- 
redo,    presidente   de  la  Co- 
munidad israelita  de  Tán- 
ger. 


495 


Italia  y  Portugal  como  premio  á  sus  obras  benéficas  y  persona 
de  altos  prestigios  públicos. 


Tetüán. 

D.  Enrique  Carmona,  otro  de  nuestros  más  entusiastas, 
ilustrados  y  diligentes  colaboradores,  nos  ha  suministrado 
copiosas  informaciones  sobre  los  sefardim  de  Oriente,  América 
y  Marruecos,  retratos,  canciones  y  música  de  tonadillas  popula- 
res. Pertenece,  como  él  mismo  nos 
refiere  después,  á  una  ilustre  fami- 
lia de  Constantinopla.  Forma  parte 
de  la  Alianza  desde  la  edad  de 
veinticinco  años;  ha  dirigido  las  es- 
cuelas de  Rouschouk,  Chumla,  Ta- 
tar-Bazardjik  (Bulgaria),  Damasco, 
y  desempeñó  durante  cuatro  años 
la  de  Tetuán.  Hoy  está  en  Janina 
(véase  su  carta,  pág.  434).  A  la  en- 
señanza se  consagra  también  su 
esposa,  hermana  del  distinguido 
Sam.  Levy,  de  Salónica,  la  cual 
dirigió  las  escuelas  de  Ortakeuy 
(Constantinopla),  Adrianópolis,  y 
otras  de  las  ya  citadas.  En  las  es- 
cuelas de  Tetuán  educaban  300 
niñas  y  250  niños,  de  ellos  cinco 
españoles,  uno  moro,  y  los  demás 
israelitas. 

Oigamos  al  mismo  Carmona,  quien  escribe  bastante  bien  el 
castellano,  y  abunda  en  sentimientos  delicados  y  referencias 
dignas  de  atención.  Pubhcaremos  algunos  trozos  de  su  corres- 
pondencia, donde  trata  motivos  interesantes: 

Soy  nativo  de  Turquía  y  tengo  parientes  en  Constantinopla  y  Salonico; 
es  decir  que  hablo  el  judeo-español  tan  horroroso  que  Vd.  conoce,  y  tengo 
por  España  el  mas  grande  cariño,  una  afección  filial.  Pero  mas  favorecido 
que  mis  hermanos  de  Turquía,  mi  posición  en  Tetuán,  á  las  puertas  de  la 
Andalusia,  me  da  la  ventaja  de  conocer  muchos  españoles,  de  leer  sus 
periódicos  y  varios  escritos  de  sus  mejores  escritores.  Tuve  también  el  año 


FiG.  167. — D.  E.  Carmona,  orga- 
nizador y  director  de  escuelas  d© 
la  Alianza,  descendiente  de  ilus- 
tres israelitas  españoles. 


496 

pasado  en  las  vacaciones,  la  felicidad  de  visitar,  juntos  mi  señora  y  mi 
niña,  la  maravillosa  Sevilla  y  la  chica  localidad  de  Carmena,  la  patria  por 
cierto  de  mis  abuelos,  siendo  asi  yo,  como  muchos  españoles,  yebo  el  ape- 
llido de  Carmena.  Si,  fue  una  felicidad  por  mi  de  pisar  el  suelo  de  este 
pais  onde  los  antiguos  judios  tubieron  una  existencia  tan  tormentada,  este 
pais  por  el  qual,  después  de  quatro  siglos,  guardamos  vivos  en  nuestro 
corazón  los  mas  santos  recuerdos. 

¡Quantos  de  mis  compatriotas  que  desearían  hacer  como  mi  esta  pia- 
dosa peregrinación! 

Me  permitirá  de  aprovechar  la  ocasión  que  Vd.  me  ofrece  por  decirle 
que  mi  familia  no  le  es  desconocida;  en  su  libro  sobre  los  «Israelitas espa- 
ñoles y  el  idioma  castellano  t  ,  Vd.  habla  de  mi  difunto  suegro  Saadi  Levy, 
por  el  qual  Vd.  pide  una  recompensa. 

Quanto  á  la  familia  Carmona  ella  es  célebre  en  el  Oriente  por  los  nu- 
merosos funcionarios  que  dio  al  gobierno  turco.  Mi  bisabuelo  fué  victima 
de  la  avidez  y  d-3  la  barbarie  del  Sultán  Mahmud  el  reformador.  Su  historia 
es  relatada  en  los  «.Archives  israélites^  de  1856  pagina  469;  en  el  lEduca- 
tore-i  de  1856,  pagina  266,  en  la  Historia  de  los  judios  de  Turquía,  de  mi 
colega  Sr.  Franco  y  en  la  «Biographie  d'Albert  Cohem  del  Sr.  Loeb,  quese 
exprime  de  este  modo,  hablando  de  la  decadencia  de  los  judios  de  Turquía, 
antes  de  la  abiertura  de  las  escuelas  de  «rAlliance>: 

«Una  familia  poderosa,  la  de  los  Carmona,  que  hubiera  podido  reivin- 
»dicar  y  ejercer  esta  autoridad,  fue  despojada  por  el  Sultán  Mahmud,  y  su 
sgefe  tuvo  un  fin  trágico.  Carmona  poseia  grandes  créditos  sobre  la  corte 
íotomana.  En  1820  ó  1821  el  Sultán  Mahmud  le  hizo  estrangular  y  confis 
»car  todos  sus  bienes.  El  palacio  de  Carmona  daba  al  Bosforo  y  hubiera 
» podido  huir  por  una  ventana  con  una  embarcación  que  le  envió  la  Sultana 
¡> Validé  apresuradamente;  pero  era  dia  de  fiesta  y  prefirió  morir  á  infrin- 
»gir  la  ley  sabática  cayendo  victima  de  su  fe  religiosa.  En  1856,  el  hijo  de 
>Carmona  que  dirigió  después  largo  tiempo  «El  Tiempo»,  un  diario  en  ju- 
ídeo-español,  obtuvo  algunas  indemnizaciones  del  Sultán,  gracias  á  la  in- 
»tervencion  del  gobierno  ingles  solicitado  por  el  «Board»  de  los  israelitas 
»de  Londres.» 

Los  Judios  aclarados  de  todos  los  paises  siguen  con  afán  esta  campaña 
y  esperan  de  ella  los  mejores  resultados.  Vd.  no  ha  predicado  en  el  desier- 
to, vera  Vd.  los  frutos  de  su  obra  y  esto  sera  la  mejor,  la  única  recompensa 
que  pueda  desear.  Tengo  la  convicción  que  relaciones  comerciales  puedian 
establecerse  entre  los  Judios  de  Oriente  y  España  y  de  este  modo  los  hijos 
de  la  misma  patria  se  conocerán  y  ee  apreciaran.  Sé  de  manadero  seguro 
que  muchos  judios  marroquíes  residentes  en  America  del  Sur  correspon- 
den con  casas  de  comercio  españolas.  «Pariente  hermanos»  de  Caracas 
hacen  todos  sus  pedidos  á  las  fabricas  de  Barcelona.  Los  Judios  de  Oriente 
clientes  de  Alemana,  Austria,  Italia  y  Inglaterra  hallaran  mas  ventajas  en 
tratar  con  España  si  un  servicio  regolar  directo  de  vapores  pudia  estable- 
cerse entre  la  península  y  los  puertos  principales  de  Turquía:  Constanti- 
nopla,  Salónica  y  Esmirna.  Yo  tengo  un  hermano  en  Esmirna,  León  Car- 


497 


mona  que  es  negociante  bien  conocido  en  cereales  y  representante  de  gran- 
des casas  de  Francia,  el  cual  me  promete  de  estudiar  la  question.  Deseo 
que  sea  un  miembro  de  la  familia  Carmona  que  tome  la  iniciativa  de  estas 
relaciones  que  serán  provechosas  por  arabas  partes. 

He  leido  las  cartas  interesantes  de  Jerusalem  y  de  Saraievo  publicadas 
en  los  periódicos.  Estos  periódicos  han  contribuido  á  la  regeneración  de 
los  Jndios  de  Oriente  y  á  la  conservación  de  la  len  gua  castellana;  si  acep- 
tasen de  reformar  algo  y  modificasen  su  manera  de  escribir,  nuestro  judio- 
español  no  seria  mas  una  ensalada  donde  los  términos  turcos,  griegos, 
búlgaros  y  latinos  se  confunden  y  for- 
man mía  cacofonía  muy  burlesca,  horo- 
roea  al  escachar,  y  mas  hororosa  de  ver- 
se estampada  en  las  publicaciones. 

Xo  pueden  los  Judios  tan  lejos  de 
España  y  después  de  4  siglos  hablar  el 
puro  castellano  y  no  hay  inconveniente 
si  dicen  discho  por  dijo, /a¿er  por  hacer, 
formo  por  orno,  chapeo  por  sombrero, 
mercar  por  comprar,  etc.  pero  con  un 
poco  de  atención  los  individuos  de  cierta 
cultura  pueden  muy  bien  evitar  de  decir 
ó  escribir:  estonces  por  entonces,  pedrer 
por  perder,  tadre  por  tarde,  comitato  por 
comité  etc.  Esto  depiende  mucho  de  los 
periodistas  que  tienen  gran  influencia 
■sobre  los  lectores.  A  este  proposito  per- 
rm'tame  de  contarle  lo  que  sucedió  en 
Tánger  donde  un  nuevo  maestrito  de 
origen  oriental,  que  teniendo  recibido 
en  Paris  sú  diploma  de  lengua  espa- 
ñola, lo  que  los  estudiantes  orientales  obtienen  fácilmente  en  Paris 
gracias  á  su  idioma  maternal,  se  creia  por  lo  menos  emulo  de  Cervantes 
y  fué  encargado  de  la  enseñanza  en  una  de  las  chicas  clases  de  la  escuela 
de  la  fAUiance».  En  consecuencia  él  hacia  leer  el  francés  á  sus  alumnos 
y  las  palabras  nuevas  para  las  jóvenes  inteligencias,  el  las  traducia  en 
español  por  hacerse  mejor  comprender.  El  leia  <orange»  y  traducia  la 
perUical;  tpa8téque>,  el  Karpuz;  cfourcbette»,  e\  pirón;  íassiette>  el  cMni; 
crideau»,  el  perdé.  El  infeliz  enseñaba  á  los  chicos  de  Tánger  el  judeo- 
español de  Turquía,  sin  dudarse  de  ello.  Un  chico  mas  despierto  y  atre 
vido  so  dirige  al  maestro:  -Señor,  «orange»  es  naranja  en  Espafioh  — No, 
mi  hijo,  estas  equivocado,  naranja  es  otro  fruto;  <orange  se  áice  pertucal 
en  Español  porque  \&s  pertucales  vienen  del  Portugal.'... 

Un  dia  un  padre  le  encuentra  en  una  casa  y  se  queja  por  la  conducta 
de  su  hijo.  ^Signar,  le  contesta  nuestro  amigo,  adresse  al  Director  y  si  el 
director  710  faze  nada,  buen  comitato  tenemos.^  El  hombre  que  no  compren- 
de replica:  tQué  comió  Vd? 


FiG.  165. — .Jndia  española  .le  Te- 
tnán  en  traje  berberisco. 


32 


498 

El  padre  del  niño  y  el  maestro  se  trababan  de  manos  si  la  buena  gente 
no  intervenía. 

Este  maestro  se  encuentra  hoy  en  Argentina  donde  comprendió  bien 
pronto  que  el  diploma  ganado  en  Paris  no  es  suficiente  por  enseñar  el 
castellano  y  es  él  el  primero  á  burlarse  de  las  incongruencias  que  decla- 
maba en  Tánger  con  tanta  soberbia. 

Don  J.  Dañan,  de  Lorenzo  Marqués,  muy  conocedor  de  la 
colonia  tetuanista,  nos  ha  enviado  también  informes  detenidos 
sobre  los  sefardim  de  esta  ciudad  musulmana,  los  cuales  no  pu- 
blicamos porque  coinciden  exactamente  con  los  remitidos  por 
otros  colaboradores. 


Fez. 

Hemos  recibido  de  la  capital  del  imperio  marroquí  corres- 
pondencia de  nuestro  compatriota  el  distinguido  médico  espa- 
ñol D.  Alfonso  Cerdeira  y  un  largo  informe  de  D.  Fortunato- 
Levy,  profesor  de  la  Alianza. 

El  primero  está  agregado  á  la  legación  de  España  en  Tán- 
ger y  puede  servir  mucho  á  nuestra  causa,  favoreciendo  las  bue- 
nas relaciones  de  nuestros  representantes  con  los  israelitas. 

El  segundo,  cuyo  retrato  publicamos  en  la  página  167,  nos 
remitió  una  extensa  información  en  francés,  semejante  en  un 
todo  á  tantas  como  hemos  publicado,  encareciendo  las  ventajas 
de  esta  reconciliación  y  su  conveniencia  para  los  intereses  lin- 
o-uísticos  y  comerciales  de  España.  Los  datos  que  nos  suminis- 
tra han  sido  registrados  en  diferentes  partes  de  la  obra.  De 
esta  información,  que  sentimos  no  poder  publicar  íntegra  por 
falta  de  espacio,  reproducimos  algunos  trozos: 

Aqui  hay  unos  10.000  israelitas  que  hablan  el  árabe.  Desde  que  he  lle- 
gado á  Fez  he  organizado,  á  petición  de  algunos  jóvenes,  un  curso  de  es- 
pañol, sobretodo  de  español  comercial.  No  tengo  motivos  mas  que  para 
felicitarme  con  toda  franqueza  de  los  progresos  realizados  por  mis  oyen- 
tes en  tan  poco  tiempo.  Comprenden  el  español  y  cuando  se  le  habla  des- 
pacio, algunos  saben  ya  hasta  traducir  y  descifrar  cartas  comerciales  que 
reciben  sus  parientes. 

Yo  me  permitiría  pedir  para  ellos  algunos  libros  de  lectura  fácil  y  al- 
gunos diccionario?.  Es  un  coiaienzo  que  no  se  debe  despreciar.  Hoy  tengo 
15  alumnos;  mas  tarde  tendré  mas. 

Los  israelitas  viven  en  un  ghetto  llamado  Mellah,  separado  de  la  ciu- 


499 

dad  árabe.  Esta  adosado  al  palacio  del  Sultán,  quien  los  atrajo  cerca  para 
sustraerlos  á  la  capacidad  y  al  fanatismo  de  los  indigenas.  No  impide  esto 
que  sufran  muchas  leyes  de  excepciones;  no  pueden  ocupar  empleos  públi- 
cos en  palacios,  en  la  administración  y  en  la  jurisprudencia.  No  pueden 
tener  almacenes  en  la  ciudad.  No  pueden  vestirse  como  los  árabes  y  deben 
llevar  siempre  que  van  á  la  ciudad  un  birrete  negro,  un  djellaba  (especie 
de  manto)  negro,  y  los  zapatos  negros.  No  pueden  ir  á  la  ciudad  montados; 
siempre  han  de  ir  á  pie.  Sin  embargo  de  esto  su  vida  es  tolerable,  hay  al- 
gunos ricos,  unos  cincuenta,  cuya  fortuna  se  eleva  á  50.000  duros. 

He  aquí  otro  fragmento  curioso  de  esta  información: 

Hay  un  abismo  entre  las  costumbres  de  los  israelitas  de  Oriente  y  los 
del  interior  de  Marruecos,  los  cuales  propenden  á  tomar  las  costumbres 
árabes.  Por  ejemplo,  las  judías  cubren  su  cabellera  con  una  especie  de  bo. 
nete  y  no  se  dejan  ver  nada.  Les  es  permitido  la  poligamia  y  el  mismo 
Gran  Rabino  tiene  mas  de  una  mujer.  Este  sexo  padece  aqui  de  inferiori- 
dad semejante  al  de  las  árabes.  Si  hay  convidados  la  mujer  debe  servir  y 
no  asiste  á  la  mesa.  Cuando  hay  unfestin  las  mujeres  están  en  una  habita- 
ción, los  hombres  en  otra,  y  aqui  las  mujeres  se  casan  á  los  10  y  aun  á  los 
6  años.  Yo  he  asistido  á  los  dichos  de  una  muñeca  de  cinco  años  con  un 
muchacho  de  doce  que  frecuenta  nuestra  escuela.  He  asistido  también  al 
matrimonio  de  una  niña  de  ocho  años.  Mientras  los  convidados  llenaban 
la  casa  y  los  músicos  atronaban  cou  sus  aires  monótonos,  la  mujercita 
jugaba  con  niños  de  cuatro  y  cinco  años. 


CAPÍTULO  X 


Sigue  Marruecos. — Larache.  Informe  de  Benchimol,— Casablanca.  Informe  de 
Rotondo  Nicolau.— Melilla.  Informe  de  Valíescá. — Túnez.  Informes  del  gran 
Rabino  y  Lasry. — América. — Estados  Unidos. — Nueva  Yori<.  Informes  de  Levy, 
Pereira  Mendes  y  Strauss.— República  de  Colombia.  — Barranquilla.  Informe 
de  López  Penha. — Los  judíos  sefardim  en  Barranquilla.  — Curagao.  — Informes 
de  Pensó  y  Sénior.— Costa  Rica.  Informe  de  Chumaceiro.— República  Argentina. 

Larache. 

Pertenecen  los  siguientes  datos  á  la  información  que  nos  ha 
proporcionado  el  conocido  y  culto  director  de  la  Escuela  de  la 
Alianza,  de  Larache,  D.  J.  Benchimol: 

En  la  ciudad  de  Larache  hay  una  pequeña  comanidad  de  hebreos 
sefardim  que  cuenta  más  ó  menos  1.600  almas. 

Cuando  se  viaja  por  la  costa  de  Marruecos  con  rumbo  Norte-Sur,  en 
Rabat  cesa  el  español  para  dar  lugar  al  árabe.  Sin  embargo,  en  poblaciones 
como  Casablanca  y  Mazagan,  los  hebreos  sefardim  son  en  número  de 
alguna  importancia. 

En  Marruecos,  todos  los  israelitas  son  sefardim,  líi  única  diferencia  que 
existe  es  la  que  al  idioma  se  refiere. 

El  estado  social  de  los  israelitas  de  esta  población  no  es  seguramente 
el  mismo  que  el  de  aquellos  de  Tetuan  y  Tánger,  pero  tiende  á  mejorar 
desde  algunos  años. 

Hay  varios  buenos  comerciantes  y  los  demás  ejercen  algún  oficio  ó 
viven  del  negocio  al  menudeo. 

No  se  publica  en  Larache  ningún  periódico. 

Existen  dos  escuelas,  una  de  varones  y  otra  de  niñas,  fundadas  las  dos 
por  la  «Alianza  israelita  universal».  La  primera  cuenta  con  un  efectivo  de 


502 

200  alumnos  y  de  100  la  segunda.  Las  dos  son  subvencionadas  por  la  Co- 
munidad israelita  de  esta  ciudad. 

Ademas,  los  alumnos  pobres  de  las  dos  escuelas  almuerzan  todos  los 
días  en  los  establecimientos  escolares  respectivos.  Este  almuerzo  les  es 
ofrecido  gratuitamente.  Esto  es  debido  á  la  generosidad  de  la  Señora  Ba- 
ronesa de  Kirsch.  Todos  los  días  de  trabajo,  los  alumnos  pobres  en  todas 
las  escuelas  de  la  Alianza  reciben  un  almuerzo  gratuito. 

En  las  escuelas,  se  enseña  el  castellano  que  se  habla  hoy  en  España, 
pero  la  Biblia  es  traducida  por  los  rabinos  en  «ladino»  que  es  el  judeo-es- 
pafiol. 

La  primera  escuela  que  la  Alianza  israelita  ha  fundado  es  la  de  Tetuan, 
y  ha  sido  inaugurada,  en  tiempos  en  que  el  fanatismo  reinaba  todavía  en 


FiG.  169.— Srta.  Estrella  Be- 

nasayag.  Gentil  vicepresiden- 

ta  de  la  Sociedad  Armom'a. 


FiG.  170. — D.  Samuel  Salama,  distin- 
guido banquero  de  Melilla. 


otras  partes,  por  uno  de  los  mas  célebres  rabinos  de  Marruecos,  el  Reve- 
rendo Isaac  Bengualid. 

Otro  rabino  ilustre  de  Tetuan,  el  Reverendo  Samuel  Nahon,  ha  sido 
durante  mas  de  cuarenta  años  presidente  del  «Comité»  de  la  Alianza 
israelita.  Aquel  Señor  se  interesaba  muchísimo  por  los  adelantos  de  los 
alumnos  délas  dos  escuelas  de  Tetuan. 

Solía  visitar  con  frecuencia  los  establecimientos  escolares  y  se  deleita- 
ba en  pasar  largos  ratss  en  cada  clase,  excitando  así  la  emulación  de  los 
niños  y  la  actividad  de  los  maestros. 

Espíritu  de  gran  cultura,  de  gran  tolerancia  y  de  suma  imparcialidad 
en  la  justicia,  tales  son  las  prendas  de  virtud  que  poseía  aquel  ilustre  ca- 
ballero que  ha  dejado  en  los  corazones  de  todos  los  que  le  han  conocido 
un  recuerdo  imperecedero. 

Hé  aquí  como  han  procedido  los  jóvenes  de  Tetuan  y  Tánger  en  tiem- 
pos ya  algo  remotos. 

Me  refiero  á  la  época  de  la  ocupación  de  Tetuan  por  los  Españoles  en 


503 

el  año  1860.  Esta  población  era  entonces  un  centro  industrial  y  comercial 
de  gran  importancia.  Xo  habían  escuelas,  pero  la  instrucción  hebraica  ha- 
bía alcanzado  un  grado  de  cultura  tal  vez  superior  al  de  hoy.  Las  relacio- 
nes comerciales  existían  en  su  mayoría  con  Gibraltar. 

Después  de  la  ocupación,  todo  cambió  de  aspecto.  Las  principales  fa- 
milias habían  dejado  Tetuan  para  ir  á  establecerse  á  Gibraltar  ú  Oran,  la 
mayor  parte  de  ellas  con  la  intención  de  no  volver  mas.  Las  que  se  que- 
daron en  Tetuan  no  escaparon  al  saqueo.  Sucedió  pues  que  al  llegar  loe 
Españoles,  se  encontraron  con  una  población  israelita  que  no  poseía  mas 
que  la  ropa  que  llevaba  puesta. 

Pero  pronto,  de  todas  partes  llegaron  socorros.  La  vida  principió  á 
volver  á  su  estado  normal.  Los  negocios  prosperaban;  muchos  israelitas, 
hoy  hombres  de  fortuna,  reunieron  sus  primeros  cuartos  en  aquel  tiempo. 

Pero  la  cosa  no  duró.  Al  marcharse  los  Españoles,  desapareció  el  bien 
estar  de  que  habían  gozado  durante  cerca  de  dos  años. 

Fué  entonces  precisamente  cuando  la  juventud  principió  á  buscar  en 
otros  países  un  campo  de  acción  que  no  encontraba  en  su  patria. 

Los  primeros  emigrantes  se  dirigían  á  Argelia,  pero  luego  no  tardaron 
en  ver  que  había  que  ir  mas  lejos.  El  Brasil  fué  uno  de  los  primeros  paí- 
ses visitados  por  ellos,  luego  fueron  estableciéndose  en  Argentina  y  en 
Venezuela,  y  hoy  los  encuentra  Vd.  en  toda  la  América  del  Sur. 

Aunque  al  principio  se  contentaban  con  reunir  un  capital  y  volverse  á 
su  tierra,  hoy  la  mayor  parte  de  ellos  se  establecen  ya  en  Sud-América 
con  la  idea  de  no  volver  mas  á  su  país.  Bajo  el  amparo  y  la  gran  toleran- 
cia de  dichas  Repúblicas,  principian  ya  á  asociarse  en  Comunidades  y  á 
observar  su  culto. 

Casablaxca. 

Nuestro  ilustrado  condiscípulo  D.  A.  Rotoudo  Nicolau, 
cónsul  de  España  en  Casablanca,  nos  ha  suministrado  los  si- 
guientes datos: 

Los  Israelitas  que  viven  en  Casablanca  son  todos  del  rito  sefarad.  Pa- 
san de  5.500  almas. 

En  Marruecos  hay  numerosos  centros  donde  viven  un  gran  número  de 
Israelitas.  Las  ciudades  mas  importantes  son: 

Casablanca  cuenta  una  población  hebrea  de  5.500  almas:  Fez,  10.000; 
Larache,  1.500;  Marrakesh,  10.000;  Mogador,  10.000;  Rabat,  2.000;  Tánger, 
10.000;  Tetuan,  6.500. 

Las  pequeñas  localidades  donde  hay  Israelitas  son  muy  numerosas, 
sobre  todo  en  el  interior:  Demnat,  Taza,  por  ejemplo,  son  centros  donde 
la  población  Israelita  pasa  de  1.500  almas.  En  Asemour,  Tadla,  Saffrou 
llega  á  mas  de  1.000  almas. 

Los  Israelitas  de  nuestra  ciudad  son  en  la  mayoría  pobres.  Sin  embar- 
go una  gran  parte  de  ellos  se  dedican  al  comercio  y  gozan  de  una  posi- 


504 

cion  muy  desahogada.  Los  que  componen  la  clase  mediana  etc.  que  son 
los  mas  numerosos,  ganan  su  vida  ejerciendo  piofesion  de  corredores. 
Ningún  comerciante  puede  pasar  sin  ellos,  son  los  auxiliares  indispensa- 
bles de  toda  casa  europea  de  alguna  importancia. 

En  Casablanca  no  se  publica  ningún  periódico,  pero  en  Tánger  existe 
uno  español;  en  Marruecos  no  se  habla  el  judeo  español.  Ese  dialecto  no 
se  emplea  mas  que  en  Turquía  de  Europa,  en  Asia  Menor,  en  Bulgaria, 
Servia,  Roumelia  Oriental  y  un  poco  en  Rumania. 

El  español  es  no  solamente  la  lengua  madre  de  los  Israelitas  de  la 
costa  marroquí,  pero  la  lengua  comercial  la  mas  empleada. 

Todos  los  Israelitas  del  interior  (forasteros)  que  hablan  comunmente  el 
árabe  se  esfuerzan  por  aprender  el  español  que  es  indispensable. 

Los  Israelitas  de  Marruecos  no  gozan  de  ningún  derecho  civil  ni  polí- 
tico. Están  expuestos  al  fanatismo  y  á  la  avidez  de  los  musulmanes  y  no 
se  pasa  un  año  donde  no  se  registren  bastantes  casos  de  raptos,  pillages, 
violaciones  y  conversiones  forzadas. 


Melilla. 

De  D.  Pablo  Vallescá,  celoso  y  muy  patriota  presidente  de 
la  Asociación  Mercantil,  Industrial  y  de  Propietarios  de  Melilla, 
hemos  recibido  muchas  comunicaciones,  todas  á  cual  más  in- 
teresantes, que  entrañan  un  estudio  importantísimo  de  nuestro 
problema  político  en  Marruecos.  Como  Pinhas  Asayag,  el  señor 
Vallescá  levanta  la  información  á  grande  altura;  examina  la 
influencia  presente  y  futura  de  España  en  el  Imperio  vecino;  las 
muchísimas  y  lamentables  deficiencias  de  nuestra  Administra- 
ción; el  casi  absoluto  y  lamentable  abandono  en  que  tenemos 
aquella  plaza;  el  régimen  militar  hosco  y  antipático  que  allí 
impera,  más  á  propósito  para  crearnos  enemigos,  que  para 
atraernos  voluntades;  la  rutinaria  y  perjudicialísima  descon- 
fianza y  animadversión  en  que  se  inspiran  nuestros  tratos  con 
los  hebreos  y  moros;  la  desigualdad  irritante  que  se  observa  en 
las  exacciones  municipales,  etc.,  etc.,  y  contra  todo  esto,  que 
detalladamente  expone,  pide,  con  vivos  sentimientos  patrióti- 
cos, remedios  sencillos. 

No  sabemos  si  nuestros  Gobiernos  y  ministros  de  Estado 
atenderán  mucho,  ni  poco,  á  estas  advertencias  y  declamacio- 
nes que  formulan  Asociaciones  y  Cámaras  de  Comercio;  no 
sabemos  si  oficinistas  de  tales  ó  cuales  dependencias  del  Estado, 
saldrán  al  encuentro  de  estas  gestiones  con  rumores  maldi- 


505 

cientes,  letales  resistencias,  y  torpes  negativas;  lo  que  sí  deci- 
mos es  que  las  quejas  de  la  Asociación  merecen  ser  atendidas, 
y  que  á  ellas  pensamos  dedicar  en  otro  lugar  espacio  y  atencio- 
nes que  aquí  no  nos  permite  nuestro  libro. 
Véanse  algunas  ideas  de  esta  información: 

En  esta  Plaza  habita  una  colonia  hebrea  rica  é  importante  compuesta 
de  1.300  individuos  descendientes  en  su  mayoría  de  los  que  fueron  expul- 
sados de  nuestra  Patria  y  que  son  «os  que  sostienen  en  si,  exclusiva- 
mente, el  comercio  con  el  Imperio. 

Por  este  motivo  comprendemos  la 
verdad  que  encierra  su  citada  comu" 
nicacion  y  cuan  urgente  es  que  el  Go- 
bierno y  la  opinión  ilustrada  se  pre- 
ocupen de  una  cuestión  que  puede  ser 
de  trascendentales  consecuencias  para 
la  influencia  de  España  en  Marruecos. 

Y  en  corroboración  de  lo  afirmado 
por  V.  E.  debemos  manifestarles  que 
«La  Alianza  israelita»  va  á  establecer 
muy  pronto  en  esta  Plaza  escuelas 
para  sus  correligionarios,  con  lo  cual 

indudablemente  disminuirá  el  pres-  t. 

,       ,      ,  ,  .,      ^  FiG.  1/1.— D.   Pablo  Vallescá.  Pre- 

tljlO  que  hasta  hoy   ha  tenido  entre  sidente  de  la  Asociación  Mercantil, 
ellos  el  nombre  español.  Industrial  y  de  Propietarios  de 

.—  Melilla. 

Los  hebreos  que  llevan  algunos 
años  viviendo  en  la  Plaza,  hablan  correctamente  el  español.  Los  llegados 
de  Marruecos,  há  poco  tiempo,  hablan  el   árabe;  pero  se  esfuerzan  en 
aprender  el  español. 

Creo  que  convendría  que  nuestros  Gobiernos  se  preocuparan  de  rela- 
cionarse con  los  judios,  porque  el  hebreo,  por  sus  aptitudes  especiales 
para  el  comercio,  por  la  solidaridad  que  hay  entre  todos  los  de  su  raza,  y 
por  hallarse  esparcidos  por  todo  el  Imperio,  constituye  un  excelente  me- 
dio de  penetración  pacífica  en  Marruecos. 


Dá  verdadero  sentimiento  comparar  lo  que  ocurre  en  Francia  y  en  Es- 
paña con  respecto  á  Marruecos.  Alli  el  Gobierno  y  los  particulares  traba- 
jan unidos  para  recojer  el  fruto  del  Convenio  de  8  de  Abril.  Por  una  parte 
aquel  activa  sus  gestiones  cerca  del  Sultán,  á  fin  de  asegurar  la  preponde- 
rancia en  el  Imperio;  avanza  cada  vez  mas  por  el  Sur  Oranis,  inclinándo- 
se ahora  hacia  el  Oeste;  establece  depósitos  francos  en  Marnia,  Beni-Ounif, 
Ben-Zizag,  &,  para  dar  mayor  impulso  á  su  comercio;  fomenta,  por  cuan- 
tos medios  están  en  su  mano,  la  factoría  comercial  del  Kiss,  la  que,  en 
unión  de  Marnia  hace  una  competencia  ruinosa  á  MeliJla;  y  traza  el  futu- 


506 

ro  ferrocarril  de  Tlemem  á  Marnia,  que  más  tarde  llegará  á  TJxda,  Tazza 
y  Fez.  Por  otra  parte  los  particulares  aunan  sus  esfuerzos  para  coadyu- 
var á  la  obra  de  su  Gobierno,  mediante  la  formación  del  Comité  de  Ma- 
rruecos y  la  suscricion  pública  abierta  por  «LeFigaro»,  y  destinada  á  sub- 
vencionar misiones  de  estudio  y  de  investigación  en  el  Imperio.  ¡Es  her- 
moso el  movimiento  de  Francia!:  la  suscricion  escede  de  la  importante  ci- 
fra de  100.000  francos,  habiendo  contribuido  las  principales  entidades 
bancarias;  el  Comité  de  Marruecos  agita  la  opinión  en  todos  sentidos;  se 
forman  otros  Comités  en  la  Argelia;  el  grupo  Colonial  de  Diputados  y  Se- 
nadores no  cesa  en  sus  trabajos  y  ya  una  Misión,  dirigida  por  Mr.  Segon- 
zac,  se  dispone  á  emprender  el  viaje. 

En  cambio  en  España,  ¿qué  se  hace?  Que  yo  sepa,  nada.  El  Gobierno 
inactivo;  las  Sociedades  y  Corporaciones  calladas;  la  Prensa  descansando 


FiG.    172. — Sra.    D.''  Meriam  (María) 

Benasayag.  Celosísima   Secretaria  de 

la  Sociedad    benéfica    La    Matcrndle. 

Adorada  por  su  caridad  (Tánger). 


FiG.  173.— D.  Salomón  Melul,  uno  de 
los  principales  comerciantes  de  teji- 
dos en  Melilla.  Judio  español  oriundo 
de  Tetnán.  Subdito  español. 


después  de  haberse  despachado  con  algunos  artículos  sobre  el  tema  de 
actualidad;  y  en  resumidas  cuentas,  nada  práctico. 

Terminaremos  registrando  en  nuestro  libro  las    reformas 
que  con  tanto  interés  solicitan  los  buenos  españoles  de  Melilla: 

La  asamblea  de  las  Cámaras  de  comercio  reunidas  en  Barcelona  apo- 
yan estas  reformas  pedidas  por  la  Asociación  Mercantil,  Industrial  y  de 
Propietarios  de  Melilla,  contenidas  en  una  circular  dirigida  á  todas  las  Cá- 
maras. 


507 

Son  las  siguientes; 

1  Rápida  construcción  del  puerto. 

2  Traslación  del  presidio. 

3  Crear  en  Melilla  los  juzgados  civiles,  así  como  los  servicios  relativos 
al  registro  de' la  propiedad  y  al  Notariado  en  el  grado  necesario. 

4  Los  españoles  en  Melilla  disfrutarán  de  todos  los  derechos  consigna- 
dos en  la  Constitución  y  en  las  leyes. 

5  Establecer  en  Melilla  ayuntamiento. 

6  Creación  de  hospitales  para  musulmanes  en  los  que  sean  asistidos 
respetando  sus  creencias  religiosas. 

7  Establecimientos  de  escuelas  no  profesionales,  á  las  que  los  musul- 
manes y  hebreos  puedan  enviar  sus  hijos  sin  el  temor  de  que  se  les  im- 
ponga otra  religión. 

8  Establecimiento  en  nuestro  campo  de  Melilla  de  un  zoco  (mercado 
moro^  que  á  imitación  de  los  creados  en  Argelia  á  lo  largo  de  la  frontera 
marroquí,  contribuya  al  desarrollo  del  comercio  con  Marruecos. 

9  Colonización  del  campo  de  Melilla  igual  que  el  de  Ceuta  y  crear  una 
granja  agrícola  y  pecuaria. 

10  Restablecer  en  Melilla  compañías  de  tiradores  del  Riff  como  la  de 
Ceuta. 

11  Cables  de  Chafarinas  á  Nemours  y  de  Melilla  á  Málaga. 

12  Vias  de  comunicación  de  Melilla  á  Tazza  y  Fez. 

13  Libertad  absoluta  de  comercio,  autorizándose  la  exportación  de  ga- 
nado de  Marruecos  que  hoy  se  hace  por  Argelia. 

14  Libre  introducción  en  la  península  del  pescado  cogido  en  las  costas 
de  Marruecos  por  barcos  españoles,  aunque  no  sea  en  aguas  españolas. 

16  Procurar  por  cuantos  medios  sea  posible  que  el  comercio  español 
sustituya  al  inglés  y  al  francés  en  esta  parte  de  Marruecos,  bien  estable- 
ciendo en  la  península  puertos,  zonas  ó  depósitos  francos,  bien  concedien- 
do  primas  ó  bonos  de  exportación,  bien  otorgando  franquicia   aduanera. 

Con  fecha  15  de  Agosto  19Ü4  recibimos  un  Mensaje  en- 
tusiástico de  cariño  á  España,  firmado  por  once  hebreos,  y  de 
ruego  para  que  á  los  subditos  hebreos  se  les  reconozcan,  en 
Melilla,  los  mismos  derechos  que  á  los  demás  españoles.  He  aquí 
los  nombres:  Jacob  J.  Salama,  G.  E.  Benarroch,  Jacob  Harsan, 
Abraham  J.  Serfaty,  Isaac  J.  Serfaty,  Salomón  Melul,  Benarroch 
C.  Sicsu,  Joseph  Chocron,  Isaac  Benkinsonn,  Gererson  A.  Be- 
narroch y  David  Benchimol. 

Túnez. 

El  Gran  Rabino  de  Túnez  nos  honró  con  una  carta,  en 
francés,  según  la  cual  no  hay  en  este  pueblo  ningún  israelita 


508 

español,  actualmente.  Son,  sí,  sefardim  los   israelitas   tuneci- 
nos que  hablan  árabe,  francés  é  italiano. 

Algo  más  informativa  es  la  siguiente  respuesta,  que  debe- 
mos al  Sr.  D.  Salomón  Lasry,  conocido  agente  comercial  de 
Túnez: 

Hay  unos  40.000  Hebreos  en  eata  ciudad  y  todos  son  del  rito  sefa- 
radim. 

Si  hay  otras  ciudades  con  ellos.  Las  principales  son:  Bizerta,  Susa, 
Monastir,  Mehdia,  Sjax,  Gabes  y  Gerba  en  el  litoral,  y  ademas  hay  varias 
otras  de  menos  importancia  en  el  interior. 

Pasable  la  posición  social. 

Algunos  ocupan  buena  posición:  El  maestro  de  Ceremonias  Beyliace 
es  Hebreo  con  titulo  de  general.  Hay  varios  en  la  jurisprudencia,  medi- 
cina y  Bancas. 

Ninguno  periódico  hay  en  judeo  español.  Se  publican  en  Arabo  que  es 
el  idioma  dominante,  el  Español  se  habla  solamente  por  algunos  Hebreos 
recienvenidos  de  Turquía. 

Hay  varias  escuelas:  la  principal  esta  sostenida  por  la  comunidad  y 
coadyudada  por  !a  AUiance  Israelite  Universelle. 

No  se  enseña  judeo  español. 

Los  indígenas  están  aun  sujetos  á  la  jurisprudencia  Árabe,  sufren  en 
algunos  casos,  pero  los  protegidos  por  las  naciones  Europeas  gozan  de 
perfecta  igualdad. 

La  Comunidad  Hebrea  en  esta  ciudad  esta  dividida  en  dos  secciones: 
la  Portuguesa  y  la  Tunesina,  la  primera  es  casi  toda  compuesta  de  venidos 
de  Italia,  la  segunda  y  la  mas  importante,  se  cree  que  esta  compuesta: 
una  parte  de  origen  de  Cartagena,  Cartago  la  vieja,  que  datan  de  antes  de 
la  destrucción  del  segundo  Templo;  una  parte,  que  es  la  mayoría  de  la 
Emigración  de  España,  y  una  pequeña  parte  venidos  de  Turquía. 

AMÉRICA 

Estados  Unidos. — Nueva  York. 

Hemos  mantenido  correspondencia  con  los  señores  don 
.J.  V.  Behar,  D.  A.  D.  Strauss,  y  el  Rvdo.  Dr.  H.  Pereira  Men- 
des.  También  nos  iia  informado  sobre  los  sefardim  de  la  gran 
metrópoli  americana,  nuestro  colaborador  de  Oran,  D.  Salomón 
Levy. 

Véanse  algunas  notas  expresivas. 

D.  Salomón  Levy,  de  Oran,  nos  dice  lo  siguiente: 

La  ciudad  de  New  York  es  la  que  mas  Judios  encierra,  hay  Seis  Cien- 


509 

tos  Mil  (1)!!  entre  loa  cuales  se  encuentran  Sefardim;  pero  en  la  minoria 
ocupan  buena  posición  social  y  poseen  una  de  las  sinagogas  mas  monu- 
mentales de  los  Estados  Unidos,  lo  mismo  que  en  Philadelfia.  En  las  de- 
mas  poblaciones  no  sé  que  hayan  Sinagogas  de  Sefardim,  exepto  en  New- 
port,  donde  existe  una  Sinagoga  relativamente  pequeña  pero  muy  bonita 
y  artística,  que  el  opulento  Judah  Truro,  construyó  en  el  año  1826,  dejan- 
do en  su  Testamento  la  suma  necesaria  para  el  sostenimiento  de  la  dicha 
Sinagoga.  La  Familia  Truro  se  ha  estinguido  y  los  Israelitas  que  debian 
ser  numerosos  en  aquella  época  no  existen  hoy,  resultando  que  rara  vez  se 
hacen  Oraciones  publicas  (necesitándose  para  el  caso,  el  numero  de  diez 
cuyo  nombre  técnico  es  «Minyan»,  palabra  que  debe  haber  encontrado  en 
la  Obra  de  León)  y  el  Rabino  va  tres  veces  al  día  para  rezar  solo. 

Del  Sr.  Behar  registramos  ya  un  testimonio  eu  la  pág.  184. 

El  Rvdo.  Dr.  H.  Pereira  Mendes  nos  informa  que  en  Nueva 
York  hay  de  1.000  á  1.500  sefardíes.  Los  hay  en  otras  muchas 
naciones  de  América,  ya  señaladas  por  nosotros  al  principio  de 
la  obra.  Ocupan  posiciones  muy  elevadas:  en  el  Gobierno, 
Ejército,  Jurisprudencia,  Medicina,  Banca.  No  hay  periódicos 
en  judeoespañol.  Hay  tres  escuelas  en  Nueva  York  sostenidas 
por  la  Congregación.  No  se  enseña  el  judeo-español,  ni  se  habla 
más  que  por  algunos  judíos  españoles  venidos  de  Oriente.  No 
sufren  leyes  de  excepción. 

Al  Sr.  Strauss,  cónsul  de  Nicaragua  (no  israehta  que  sepa- 
mos), pertenece  lo  siguiente: 

He  tenido  verdadero  placer  en  recibir  el  ejemplar  del  libro,  el  que  me 
puse  á  hojear  y  encontré  tan  interesante,  que  le  estoy  leyendo  atentamen- 
te, antes  de  entregarlo  á  la  persona  que  lo  solicitó  por  conducto  mió;  quien 
es  el  rabino  de  una  Sinagoga  portuguesa,  y  se  llama  Federico  Da  Sola 
Méndez,  y  quien  habla  bien  el  castellano. 

República  de  Colombia. — Bakr arquilla. 

Escritor  castellano  de  buena  cepa,  fecundo  novelista  y  poeta 
inspirado,  autor  de  libros  importantes,  impresos  en  Barcelona 
para  mejor  atestiguar  su  amor  á  España,  es  el  Sr.  D.  Abraham 
Z.  López  Penha,  á  quien  presentamos,  el  cual  nos  produjo 
gratísimas  impresiones  con  sus  preciosos  envíos  literarios;  unos 
impresos,  otros  manuscritos,  y  todos  de  mérito  para  acreditarle 
€omo  un  notable  literato. 


(l)      Se  calculan  más  todavía. 


510 


Nació  en  Cura9ao,  isla  holandesa  próxima  á  Barrauquilla,. 
en  las  Antillas.  Nunca  le  enseñaron  el  español,  y  dice  que  es  el 
idioma  que  mejor  posee.  Su  padre,  israelita  español,  le  puso  á 
leer  á  los  siete  años  obras  españolas,  á  las  cuales  se  aficionó  con 
pasión  tan  desmedida,  que  cuando  aquel  dejaba  por  alguna 


FiG.  174. — D.    Abraham  López  Penha,  ile  Barranqiiilla  (Repú- 
blica de  Colombia;.  Notable  e.scritor  (novelista  y  poeta). 


razón  de  procurarle  libros,  rehusaba  alimentarse  y  no  se  dejaba 
consolar.  Eetirado  del  colegio  y  dedicado  al  comercio,  huía  del 
trato  con  los  compañeros,  siempre  por  leer  las  obras  de;Pérez 
(raidos,  Palacio  Valdés,  ó  bien  Dumas,  el  Dante,  etc.  De  la  isla 
se  fué  á  Barrauquilla,  en  1887,  donde  se  estableció  como  libre- 


511 

ro,  después  como  comerciante  eu  otros  artículos,  basta  que  á 
consecuencia  de  una  guerra  ci\'il  larga  y  desastrosa,  vendió 
ambos  establecimientos.  Después  fundó  con  el  ilustrado  joven 
colombiano  Héctor  M.  Baena,  un  periódico,  El  Siglo,  órgano  de 
noticias  generales,  que  bo}-  existe. 

De  los  sentimientos,  estilo  y  amor  bispano  del  Sr.  López 
Penba,  pueden  dar  idea  sus  cartas  de  una  ternura  y  entusias- 
mo grandísimos.  Lasgrandezasbistóricas  de  nuestra  patria,  sus 
tristezas  actuales  y  su  destino  futuro,  le  conmueven  como  al 
más  ardiente  patriota,  y  se  esmera  en  dar  consejos  económicos 
y  señalar  términos  de  reconciliación,  dignos  de  aprecio.  Por 
ser  la  siguiente  carta  la  menos  Hsonjera  á  nuestra  campaña,  y 
más  interesante  á  sus  fines  utiütarios,  la  publicamos  de  pre- 
ferencia á  otras,  donde  el  estilo  se  levanta  con  más  sentidos 
párrafos: 

Mi  admirado  maestro  y  muy  ilustre  amigo:  Con  placer  intensísimo  he 
leído  su  preciosa  comunicación.  Xo  sé  cómo  agradecer  á  usted  tanta  hon- 
ra, ni  favor  tan  inmerecido.  ¡Ah,  si  todos  los  hijos  de  España  tuvieran  la 
grandeza  de  corazón  aunada  á  los  acendrados  sentimientos  de  noble  pa- 
triotismo y  de  humanidad  que  por  tan  notable  manera  animan  el  hidalgo 
espíritu  de  usted!  ¡Cómo  veríamos  presto  florecer  y  engrandecerse  á  la  que 
fué  patria  (y  sigue  siéndolo,  no  obstante  todo,  siendo  usted  tan  genuina 
muestra  y  alto  ejemplo  de  ello),  patria  de  tantos  preclaros  varones  y  de 
tantos  genios  inmortales!  ¡Desdichadamente  temo  sean  pocos  los  que  si- 
gan sus  huellas,  pocos  los  que  con  tan  loable  entusiasmo  quieran,  como 
usted,  convertir  sus  ojos  á  la  verdadera  prosperidad  de  España!  ¿Cómo 
explicar  esa  indiferencia  ó,  si  se  quiere,  escepticismo  que  parece  obscure- 
cer el  ánimo,  la  vivísima  perspicacia  española?  ¡Culpable  dejadez,  lamen- 
table abandono! 

Imaginóme  los  miles  de  obstáculos  que  habrán  de  erguirse  delante  de 
usted  en  la  noble,  ardiente  y  hermosa  campaña,  á  la  que  se  ha  dado  con 
tanto  desinterés  como  entusiasmo. 

En  la  horda  admiración  que  me  inspira  su  obra,  no  puedo  menos  de 
hacer  los  más  fervorosos  votos  por  que  usted  obtenga  cumplido  triunfo, 
para  gloria  suya  y  bien  de  nuestra  querida  España.  Y  algo  me  dice  que 
triunfará,  tarde  ó  temprano,  su  labor  será  fructuosa  y  dará  abundante  co- 
secha de  bienes.  Tras  los  vivísimos  dolores,  los  grandes  padecimientos 
sufridos,  vendrá  para  la  madre  patria  el  día  de  las  retribuciones,  y  verá 
lucir  mejores  días.  Aleccionada'por  la  amarga  ciencia  de  la  adversidad,  ha- 
llará eu  la  estrecha  y  perfecta  unificación  de  todos  sus  hijos  nuevas  y  pro- 
digiosas fuerzas  para  reconquistar  su  antiguo  gloriosísimo  puesto  de  reina 
y  señora  entre  los  grandes  pueblos  de  la  tierra. 


512 

No  sabré  significarle  con  cuan  grande  interés  leí  su  importantísimo 
libro  acerca  de  los  judíos  españoles,  ni  cuánta  pena  sentí  al  pensar  en  la 
indiferencia  y  el  olvido  con  que  han  mirado  los  agentes  del  Gobierno  es- 
pañol á  los  descendientes  de  sus  desterrados  hijos.  No  crea  usted  que 
achaco  esta  dejadez  sólo  á  cierta  ingénita  repugnancia  de  secta  y  á  causas 
que  tengan  por  origen  un  sentimiento  de  repulsión  nacido  de  la  educación 
netamente  católica,  no.  Tal  sentimiento  jamás  se  podría  imputar  á  toda 
una  nación. 

¿No  debiera  antes  atribuirse  semejante  actitud  al  fondo  mismo  del  ca- 
rácter de  la  mayoría  de  los  españoles,  obra  de  la  incuria  de  los  encargados 
de  dirigir  y  encauzar  el  espíritu  de  la  nación?  ¿No  hemos  visto  práctica- 
mente ser  esta  actitud  la  propia  asumida  por  España  en  el  curso  de  tantos 
años,  frente  á  frente  á  todo  el  continente  sudamericano?  ¿Quién,  sino  Es- 
paña, era  la  llamada  á  ejercer  en  esta  América  el  inmenso  predominio  mo- 
ral y  comercial  á  que  le  daban  y  danle  aún  derecho  sus  incontrastables, 
sagrados  títulos  de  madre  de  grandes  y  prósperas  Kepúblicas,  que,  con 
su  generosa  sangre,  heredaron  su  religión  y  su  habla  incomparable? 

Naturalmente,  á.tal  olvido,  obra  de  muy  justo,  pero  de  harto  largo  re- 
sentimiento, débese  también  ese  despego  con  que,  andando  el  tiempo,  es- 
tas Repúblicas  miraron  á  la  noble  señora  que  les  dio  el  ser,  ¡Y  pensar, 
Santo  Dios,  en  que  data  de  tan  pocos  años  una  reconciliación,  que  en  tan 
largos  bienes  habrá  de  ser  fecunda  para  la  gran  familia  hispana! 

Dolor  me  da  decirlo;  pero,  aun  hoy,  por  lo  sé  que  se  reñere  á  esta 
hermosa  parte  de  América,  he  podido  convencerme,  en  mi  práctica  co- 
mercial, que  los  grandes  centros  productores  y  manufactureros  de  España 
no  han  sabido  explotar  debidamente  estos  mercados,  donde  podrían  pro- 
curarse fácil  y  provechosa  salida  para  sus  productos  y  artefactos. 

Son  contadísimos  los  viajantes  de  comercio  y  representantes  de  casas 
españolas  que  aportan  á  estas  playas;  y,  con  todo  el  respeto  que  se  merecen, 
la  verdad  sea  dicha,  los  agentes  que  de  España  nos  envían,  salvo  honrosas 
excepciones,  no  están  á  la  altura  de  su  misión,  ni  poseen  los  conocimien- 
tos, la  expedición  y  la  práctica  comerciales  que  pide  tan  importante  em- 
pleo, y  que  distinguen  á  los  viajantes  ingleses,  americanos,  franceses, 
austríacos  y  aun  italianos,  que  de  continuo,  y  cada  vez  con  mayor  éxito, 
visitan  estas  plazas. 

La  culpa  de  todo  esto  la  tienen,  á  buen  seguro,  las  grandes  casas  ma- 
nufactureras y  los  comisionistas  españoles,  quienes,  al  parecer,  rehuyen 
emplear  agentes  de  probada  habilidad  para  esta  carrera,  probablemente 
por  lo  costoso  de  su  emj)leo,  y  acaso  por  obedecer  á  un  superficial  mal 
entendido  espíritu  de  economía,  temerosos  de  no  alcanzar  por  este  medio 
suficiente  compensación  á  los  sacrificios  que  implicaría  el  sostenimiento 
de  tales  agentes.  Pero  nada  más  falso,  como  harto  lo  prueba  la  expe- 
riencia. 

¿Quién  puede  desconocer  el  inmenso  poder  del  anuncio  y  del  reclamo? 
Un  viajante  de  comercio  inteligente  y  práctico  en  su  empleo  es  todo  eso 
y  mucho  más:  es  el  éxito,  superando  por  su  bondad  lo  que  por  otros  me- 


513 

dios  no  osaríamos  nunca  esperar;  significa  la  introducción,  la  colocación 
pronta  y  segura  de  todos  los  productos  que  se  pueden  dar  ala  circulación 
}'  al  consumo,  é  implica  un  cambio  de  valores  en  un  radio  que,  natural- 
mente, tiende  á  ensancharse  más  y  más,  donde  la  oferta  y  la  demanda  re- 
obran  recíprocamente,  inventando,  con  las  nuevas  necesidades  creadas, 
nuevas  y  provechosas  maneras  de  satisfacerlas. 

Ni  por  un  instante  dudo  que  usted  verá  en  estas  ligeras  observaciones 
mi  franco  y  sincero  deseo  de  que  se  estrechen  más  y  más  los  lazos  que 
nnen  América  á  España,  pues  no  otro  anhelo  me  ha  llevado  á  dar  á  esta 
carta  una  extensión  que  pudiera  pasar  de  enfadosa. 

Ojalá  quisiera  usted  influir  en  el  sentido  de  avivar  estas  relaciones 
comerciales.  Es  punto  de  importancia,  que  mucho  influiría  en  la  prospe- 
ridad de  España. 

Por  lo  que  se  refiere  á  Colombia,  me  permito  informarle  que  está  por 
explotar;  los  productos  españoles  hallarían  aquí  en  todo  tiempo  pronta  y 
provechosa  salida. 

Como  el  mejor  vínculo  para  una  unificación  sólida  y  duradera  es  el  que 
estriba  en  la  creación  de  intereses  rantuos  y  bien  cimentados,  me  atrevo 
á  llamar  su  atención  hacia  la  importancia  que  revestirá  para  la  realización 
de  esa  bella  labor  que  usted  se  ha  impuesto,  de  atraer  una  vez  más  el  ca- 
riño y  la  amistad  de  los  judíos  españoles  hacia  su  antigua  patria,  un  inte- 
ligente y  bien  dirigido  empleo  de  viajantes  de  comercio,  hábilmente  esco- 
gidos, que  acometieran  la  empresa  de  abrir  para  el  comercio  de  España 
nuevos  mercados  en  aquellos  centros  donde  más  imperan  las  comunida- 
des de  israelitas  españoles.  Estos  agentes  pudieran  ser  lo  que  los  repre- 
sentantes de  comercio  que,  por  miles,  y  miles  envía  el  Japón  á  la  China 
•es  decir,  agentes,  no  tan  sólo  encaminados  á  procurar  grandes  mercados 
para  el  excedente  de  sus  artefactos  y  naturales  productos,  sino  unos  á 
modo  de  agentes  políticos,  que  tienen  por  misión  la  conquista  lenta,  pero 
segura,  primero,  de  las  riquezas;  luego,  del  espíritu  nacional;  en  provecho 
de  su  país. 

Haga  usted  por  que  se  establezcan  escuelas  para  la  purificación  del 
idioma;  esfuércese  por  que  los  centros  editoriales  tengan  sucursales  y  li- 
brerías en  pueblos  y  ciudades,  y  que  los  grandes  ceñiros  manufactureros 
y  las  importantes  casas  comisionistas  de  España  establezcan  un  servicio 
inteligente  y  activo  de  viajantes  de  comercio  que  inunden  esos  mercados, 
y  verá  cómo  sus  nobilísimos  esfuerzos  habrán  de  ser  presto  coronados  con 
un  éxito  que  acaso  sobrepuje  todas  las  esperanzas. 

Por  lo  que  respecta  á  esa  labor  de  secreta  conquista  que  los  japoneses 
fie  han  propuesto  realizar  en  la  China,  le  recomiendo  un  luminoso  estudio 
<iue,  con  el  título  de  Le  paiimongolisme  japonais,  publicó  Mr.  A.  Vlar  en 
el  núm.  4  de  la  Revue  de  París  (ancienne  Revne  des  Bevues),  correspon- 
diente al  15  de  Febrero  de  este  año.  Ojalá  se  pudiera  organizar  en  España 
algo  parecido  á  esto. 


33 


514 


Los  judíos  sefardim  en  Barranquilla,  República  de  Colombia. 

Hay  unas  pocas  familias  sefardim  procedentes  de  la  colonia  de  Cura- 
<;ao,  isla  holandesa,  en  las  Antillas,  al  Norte  de  Venezuela. 

Creo  que  no  las  hay  en  las  otras  ciudades,  al  menos  que  no  se  excep- 
túe á  la  joven  república  de  Panamá,  donde  hay  bastantes  sefardim  proce 
dentes  de  Curazao  y  de  San  Tomas,  isla  danesa,  en  las  Antillas.  Ocupan 
muy  buenas  posiciones.  Para  informes  puede  V.  dirigirse  á  Panamá  al  Se. 
ñor  Ángel  de  Castro  ó  al  Señor  Moisés  Delvalle  Henríquez. 

Su  estado  social  ha  sido  y  es  muy  distinguido. 

Han  ocupado  siempre  y  ocupan  altas  posiciones  en  la  banca  y  en  el 
comercio.  El  fundador  de  la  Compañía  Colombiana  de  Transportes,  la 
más  importante  compañía  de  vapores  fluviales  que  surcan  el  río  Magdale- 
na (principalísima  arteria  de  toda  la  república),  fue  ir;i  difunto  hermano 
David  López  Penha  Júnior,  el  cual  estuvo  al  frente  de  esa  directiva  hasta 
que  él  falleció.  El  actual  administrador  director  de  esa  Compañía,  es  el 
señor  Jacobo  Cortíssoz,  parienle  mío  y  también  sefardim. — Hay  aquí  dos 
bancos  y  al  frente  del  más  importante,  el  Banco  del  Atlántico,  está  un  is- 
raelita, el  señor  Moisés  Desoía;  el  Gerente  del  otro  banco,  el  de  Barran- 
quilla,  lo  fué  por  mucho  tiempo  su  tío  el  Señor  David  Desoía,  actual  Ad- 
ministrador de  la  Compañía  del  Acueducto  de  Barranquilla,  que  es  una  de 
las  empresas  más  importantes  de  la  ciudad. 

En  cuanto  á  ocupar  puestos  en  el  gobierno  ó  la  milicia,  nuestra  calidad 
de  extranjeros  nos  lo  impide. 

Paso  por  alto  las  preguntas  6,  6,  7,  8  por  referirse  á  un  idioma  que  ya 
no  hablamos  por  aquí  por  razones  que  son  obvias. 

Aunque  algo  entibiada  la  vieja  predilección  por  España,— obra  del 
tiempo,  y  acaso  también  de  las  libertades  de  que  en  estos  países  se  goza, 
— no  deja  la  mayoría  de  conservarle  cierta  afición. 

Gozan  de  libertad  absoluta. 

No  tenemos  sinagoga  aquí  ni  centros  intelectuales. 

No  existen  por  no  ser  necesarias  librerías  israelitas. 

Nota:  á  título  de  curiosidad  le  informo  que  mi  difunto  hermano  David 
López  Penha  Júnior  fué  el  primer  Cónsul  que  tuvo  España  &'  uí,  cargo  que 
desempeñó  hasta  su  muerte.  Tuvo  además  la  honra  de  ser  nombrado  por 
Su  Majestad  Católica  Comendador  de  la  orden  de  Isabel  la  Católica.  Pocos 
días  antes  de  su  fallecimiento  (en  Amsterdam,  Holanda)  vio  cumplidos  sus 
deseos,  logrando  una  audiencia  de  la  Reina  Madre,  estando  la  Corte  en- 
tonces en  San  Sebastián.  Fué  muy  particular  amigo  de  don  Bernardo  de 
Cólogan,  primer  Ministro  español  venido  á  este  país  desde  la  Independen- 
cia, y  á  quien  cupo  la  honra  de  establecer  relaciones  diplomáticas  con  la 
Madre  Patria. 


515 


CüRACAO. 

El  director  de  El  Imparcial  de  esta  Antilla  holandesa,  don 
H.  M.  Pensó,  nos  escribió  una  carta  muy  expresiva  por  nuestra 
campaña,  reprodujo  parte  de  nuestros  escritos,  nos  mandó  fo- 
tografías, y  nos  prometió  una  información  acerca  de  los  sefar- 
dim  que  en  aquella  isla,  Venezuela  y  otros  sitios,  cultivan  la 
literatura  castellana. 

En  Cura9ao  vive  D.  Haim  Sénior,  israelita  español  que 
mandó  una  «Carta  Abierta»  al  periódico  España,  publicada  en 
su  número  243,  dedicada  al  autor  de  este  libro.  Digna  es  de 
gratitud  por  el  amor  á  España  que  la  inspiró,  y  muy  interesan- 
te por  las  sentidas  quejas  que  formula  contra  las  persecuciones 
que  sufre  la  raza  judía.  Si  el  autorice  esta  obra  hallará  respon- 
didas algunas  observaciones  suyas. 

De  la  carta  tomamos  la  siguiente  información  que  nos  hace 
sobre  la  isla  de  Cura9ao: 

Aquí,  en  esta  libre  y  hospitalaria  isla,  todos  los  hebreos  son  Sephar- 
dim,  con  una  gran  sinagoga  paia  celebrar  sus  cultos.  También  existe  un 
templo  reformado  de  los  mismos,  que  cuenta  con  menos  adeptos  que  los 
ortodoxos.  Las  leyes  que  rigen  en  el  país  nos  protegen,  y  hay  muchos  de 
nuestros  correligionarios  que  ocupan  puestos  distinguidos  en  la  alta  esfe- 
ra. Entre  nuestras  mujeres  se  distingue  bastante  la  procedencia  de  la  san- 
gre: son  muy  hacendosas,  y  en  el  hogar  son  amantísimas  esposas  y  ma- 
dres cariñosas. 

Las  hay  llenas  de  gracia,  que  hacen  recordar  al  tipo  andaluz,  con  ojos 
negros  y  rasgados,  que  en  su  mirar  parece  que  hablan  con  expresión  y 
despiden  chispas  que  el  amor,  fuente  de  do  mana  lo  más  bello  de  la  crea- 
ción, produce  en  sus  arranques  de  pasión  y  sentimiento. 

Entre  nosotros  se  habla  el  español  con  más  ó  menos  propiedad,  porque 
la  educación  que  se  recibe  es  cosmopolita  y  los  idiomas  se  aprenden  con 
relativa  perfección.  Vivimos  muy  unidos,  y  nuestra  holgada  posición  nos 
permite  disfrutar  de  los  placeres  públicos,  prefiriendo  siempre  los  que  lle- 
van cierto  dejo  de  españolismo,  que  continuamente  nos  acosa.  Así,  por 
ejemplo,  al  llegar  una  compañía  dramática  española,  que  son  regularmen- 
te las  que  trabajan  en  nuestro  teatro,  asistimos  casi  todos,  porque  siendo 
el  idioma  de  nuestra  predilección,  hay  más  gozo  para  nuestro  espíritu  y 
más  deleite  para  nuestra  alma,  viendo  esas  creaciones  artísticas  de  nues- 
tros hermanos  los  dramaturgos  españoles.  En  el  trato  familiar  usamos  de 
cierta  jerigonza  del  país,  llamada  papiamento;  pero  en  los  actos  públicos, 
en  nuestro  comercio,  que  es  bien  extenso,  y  en  nuestras  expansiones  lite- 


516 

rarias,  empleamos  siempre  el  español.  Nuestros  libros  favoritos  y  los  pe- 
riódicos que  más  leemos  son  los  que  se  publican  en  el  idioma  de  Cer- 
vantes. 


Costa  Rica. 

También  de  Costa  Rica,  república  del  Centro  América,  he- 
mos recibido,  á  punto  de  meter  en  prensa  este  pliego,  una  entu- 
siasta carta  de  D.  David  H.  Chumaceiro,  publicista  conocido, 
escrita  con  sobresaliente  galanura  y  delicadeza.  Tiene  la  fecha 
12  de  Febrero  de  1905,  y  de  ella  tomamos  algunos  párrafos: 

Juzgo  deber  de  todos  los  que  á  las  hermosas  labores  del  pensamiento 
se  consagran  y  por  el  bien  del  humano  linaje  se  interesan  y  preocupan, 
inclinarse  respetuosos  ante  Vd.,  y,  sombrero  en  mano,  saludar  su  trabajo 
de  paz  y  de  concordia  entre  los  homores,  y  de  engrandecimiento  y  eleva- 
ción para  todos  los  pueblos  de  la  tierra. 

Con  entusiasmo  y  con  tesón  dignos  de  loa,  consagra  Vd.  el  brillo  de  su 
talento  y  la  generosa  energía  de  su  espíritu,  á  la  propaganda  de  sus  altos 
ideales,  que  muchos  miran  hoy  con  criminal  indiferencia  y  llaman  desde- 
ñosamente sueños  de  poeta;  pero  que  para  los  que  tenemos  fe  en  el  porve- 
nir, serán  algún  día  hermosa  realidad.  Xo  está  Vd.  solo  en  la  cruzada  ge- 
nerosa. En  la  noble  campaña  de  borrar  odios  de  razas  y  de  pueblos  y  de 
sembrar,  como  semilla  del  cielo,  la  armonía  en  las  modernas  sociedades, 
le  acompañan  pensadores  distinguidos  de  uno  y  otro  lado  del  Océano,  y 
poetas  muy  notables  han  entonado  ya  cánticos  hermosos  en  loor  del  día 
de  la  gloria  que  vislumbran:  del  día  de  la  verdadera  confraternidad  entre 
la  gran  familia  humana! 

Habla  de  los  escritos  del  austríaco  Paul  Hausen,  y  del  poeta 
uruguayo  Arturo  de  Castro,  y  sigue  diciendo  después: 

Y  en  España,  la  nación  hidalga,  cuna  de  mil  ingenios  peregrinos  que 
lustre  dieron  á  las  ciencias  y  á  las  letras,  Vd.,  Doctor  Pulido,  espíritu 
abierto  á  todos  los  vientos  de  la  cultura,  figura  á  la  cabeza  de  los  luchado- 
res de  la  buena  causa.  Los  importantísimos  libros  de  Vd.,  que  merecen 
ser  ampliamente  conocidos  por  su  doctrina  y  por  su  estilo,  dignos  son  del 
aplauso  más  calmoso  y  entusiasta,  y  ofrecen  á  la  contemplación  de  la  in- 
telectualidad contemporánea,  una  personalidad  de  alto  mérito,  así  por  sus 
vastos  conocimientos  como  por  su  buena  fe  y  su  sinceridad  de  buena  ley, 
cualidades  estas  últimas  no  muy  comunes,  por  desgracia,  en  los  tiempos 
que  alcanzamos. 

Consuela  ver  que  mientras  Rusia,  para  baldón  eterno  de  su  nombre  y 
bochorno  de  la  época,  se  empeña  en  una  propaganda  de  intolerancia  y  de 
odio,  y  castiga  á  millares  de  infelices  arrojándoles  de  su  seno,  una  voz 


J 


517 

como  la  de  Vd.,  autorizada  por  más  de  un  motivo,  se  levanta  airada  y 
pide  justicia  para  las  inocentes  víctimas,  y  anuncia  la  era  de  ventura  para 
la  raza  humana,  en  que,  desprovistos  de  odio  los  espíritus,  marcharán 
juntos  cristianos  y  judíos  y  trabajarán  todos  por  el  bien  común. 

Siga  Vd.  en  la  labor  hermosa  á  que  hoy  dedica  sus  esfuerzos.  Pasarán 
acaso  largos  años,  pero  el  día  del  triunfo  llegará.  Xo  es  posible  que  la  in- 
jaeticia  impere  por  los  siglos  de  los  siglos.  No  se  concibe  que  el  error  per- 
dure. La  cuestión  es  de  tiempo,  y  es  fuerza  tener  valor  en  la  contienda. 

Envío  á  Vd.  por  este  correo  algunos  libros  de  los  cuales  soy  autor  y 
que  le  pido  acepte  en  señal  de  profunda  admiración  y  de  respeto.  Ojalá 
lleve  Vd.  su  benevolencia  hasta  el  punto  de  favorecerme  con  ios  suyos. 

República  Argextixa. 

En  diferentes  partes  del  libro  hemos  hablado  de  las  colonias 
ieraehtas  argentinas.  El  Dr.  Wechsler  (véase  pág.  174),  don 
Samuel  D.  Levy,  de  la  Colonia  Mauricio,  y  D.  Jenaro  Caves- 
tauy,  de  París,  nos  han  escrito  y  prometido  datos  tan  abundan- 
tes, que  reclaman  trabajo  más  detenido  del  cpe  consiente  este 
lugar. 

El  primero  nos  ha  remitido  una  interesante  Memoire  sur 
Jes  Colonies  AgricoJes  Israéiites,  y  en  carta  muy  atenta,  que  re- 
cibimos al  imprimir  este  pliego,  nos  dice: 

En  cuanto  al  estado  actual  de  las  colonias  le  puedo  informar  que  es 
muy  satisfactorio,  por  haber  cambiado  la  dirección  y  adquirido  el  perso- 
nal subalterno  una  práctica  suficiente  en  el  manejo  de  las  cosas.  Hay  en 
todo  el  país  (repartidas  en  tres  provincias)  más  de  diez  colonias  agrícolas, 
con  cerca  de  diez  mil  almas,  que  prosperan  bastante  gracias  á  los  hábitos 
de  gran  sobriedad  que  son  un  rasgo  eminente  del  carácter  judio  religioso. 

ritimamente  la  Jewisch  Colonization  Association  ha  adquirido  grandes 
extensiones  de  tierras  más  de  100,000  ha)  para  proceder  pronto  á  una 
colonización  más  activa. 

A  más  de  los  judíos  colonizados,  y  en  parte  de  estos  mismos,  han  ve- 
nido á  establecerse  en  Buenos  Aires  y  otras  ciudades,  muchas  familias 
ruso-israelitas  para  ejercer  comercio  é  industrias;  prosperando  bastante 
gracias  á  su  inteligencia  y  actividad.  A  medida  que  aumenta  esta  pobla- 
ción trabajadora  y  honrada,  hemos  tenido  la  satisfacción  de  ver  dismi- 
nuir la  basura,  ya  por  si  misma  avergonzada  delante  de  sus  compatriotas 
decentes,  ya  corridos  y  perseguidos  por  estos  directa  ó  indirectamente. 

¡Una  casualidad  curiosa!  Pocos  días  después  de  recibir  su  atenta  me 
llega  un  artículo  del  suplen  liter  del  Berliner  Tageblatt  donde  un  gran 
escritor  alemán  habla  de  los  judíos  asquenazi  del  Oriente  lo  mismo  que 
Vd.  de  los  latinos  sefardí;  ¿será  inspirado  por  su  obra?  Si  Vd.  lee  alemán 
se  lo  vov  á  mandar. 


518 

Nuestra  tarea  indujo  al  Sr.  Cavestany,  de  París,  á  escribir- 
nos un  interesante  y  largo  artículo  sobre  las  colonias  israelitas 
de  América,  del  cual  hemos  prometido  ocuparnos  aquí.  Forzoso 
nos  es,  sin  embargo,  destinarle  á  otro  lugar  más  adecuado. 

Seguramente  el  celoso  secretario  de  la  Unión  Ibero-Ameri- 
cana, Sr.  Pando  y  Valle,  le  acogerá  con  gusto  en  la  notable 
Revista,  que  tan  bien  dirige,  y  en  la  cual  vienen  ya  haciendo 
leer  sus  preciosos  escritos  muchos  colaboradores  sefardim  de 
nuestro  libro. 


TEJROBR^  FAETB 


CAPÍTULO  PRIMERO 


Preliminares  de  la  tercera  parte.  — El  ambiente  español  ante  el  problema  sefardi- 
ta.—  Fundamentos  naturales  de  toda  oposición  á  cualquiera  empresa, — Varie- 
dad de  resistencias  y  actitudes  negativas,- -Una  sentencia  de  Budha, 


Henos  ya  en  la  tercera  parte  de  nuestra  obra,  donde  hemos 
de  exponer  las  relaciones  que,  en  nuestra  opinión,  debe  entablar 
España  con  los  descendientes  de  sus  antiguos  hijos. 

En  las  dos  primeras  hemos  procurado  reivindicar  la  signifi- 
cación intelectual  y  moral  que  hoy  demandan,  ante  la  justicia 
y  la  razón,  Israel  en  general  y  los  expulsados  de  Iberia  en  par- 
ticular; las  consideraciones  sociales  que  gozan  en  unas  partes 
y  merecen  por  natural  y  legítimo  derecho  en  todas;  su  impor- 
tancia cuantitativa  y  cualitativa;  su  cooperación  á  la  obra  del 
progreso  humano;  el  estado  en  que  se  halla  el  ladino,  ese  testi- 
monio de  nuestra  alma  nacional,  que  llevaron  consigo  y  man- 
tuvieron más  ó  menos  alterado  durante  cuatro  siglos,  y  la  obra 
de  absorción  y  de  incorporación  emprendida,  y  en  gran  parte 
ya  realizada,  con  ellos,  por  los  pueblos  que  marchan  á  la  cabeza 
de  la  civilización  y  del  poder:  Estados  Unidos  del  Norte  Amé- 
rica, Alemania,  Inglaterra,  Francia,  Italia  y  la  Argentina.  He- 
mos demostrado,  aun  no  siendo  este  nuestro  principal  motivo, 
que  dicha  raza  semita  constituye  hoy  una  fuerza  que  hace  sen- 


520 

til'  su  influjo  poderoso  en  la  vida  de  las  naciones,  y  de  la  cual 
no  puede  prescindir  ningún  antropólogo,  ningún  sociólogo^ 
ningún  economista,  ni  estadista  alguno,  que  se  propongan  estu- 
diar y  conocer  en  serio  los  factores  todos  que  integran  actual- 
mente esa  masa  inquieta  y  evolutiva  que  se  llama  Humanidad, 
los  aspectos  y  motivos  de  su  desenvolvimiento  y  las  fuentes  de 
sus  energías  y  riquezas.  Hemos  expuesto,  asimismo,  el  grado  de 
alteración  en  que  se  hallan  sus  recuerdos  históricos  y  sus  senti- 
mientos hispanos.  Hemos  procurado,  en  fin,  que  acudan  con  una 
información  amplia,  inteligente  y  sincera,  á  exponer  ante  su 
antigua  patria  el  estado  de  su  alma  y  las  emociones  y  afectos 
que  les  sugieren,  no  nuestra  persona,  de  todos  desconocida  in- 
telectual y  moralmente,  sino  nuestras  aspiraciones  y  el  símbolo 
de  nuestra  nación  querida,  el  cual  hemos  levantado  como  si 
fuese  una  bandera,  que  proclama  la  esperanza  de  futuras  re- 
conciliaciones y  convivencias  de  Israel  con  España. 

No  se  podrá  desconocer  el  valor  de  nuestra  información. 
Damas  y  señoritas,  rabinos,  filósofos,  jurisconsultos,  médicos, 
literatos  y  periodistas  eximios,  banqueros,  catedráticos  y  pro- 
fesores, comerciantes  y  comisionistas  de  todas  las  grandes  nacio- 
nes, nos  han  favorecido  con  sus  aplausos  y  consejos,  formando 
un  testimonio  colectivo  sin  precedente. 

Y  hemos  hecho  más:  venciendo  naturales  y  pudorosas  re- 
sistencias, hemos  traído  á  nuestro  libro  los  retratos  de  distin- 
guidas y  honorables  señoras  y  señoritas,  sometiéndolos  á  una 
publicidad  inusitada,  no— ¡cuidado! — para  exhibir  escogidos 
tipos  de  escaparate,  como  si  se  tratara  de  mostrar  actrices  y 
bellezas  profesionales  á  la  moda,  sino  para  documentar  con 
fisonomías  honestas, — como  quiera  que  son  las  de  los  seres  con- 
tiguos á  nuestros  colaboradores,  las  de  sus  propias  familias,  sen- 
cillas y  corrientes, — esa  afirmación  tantas  veces  hecha,  de  que 
son  las  que  vemos  en  nuestros  hogares  propios,  en  nuestras 
relaciones,  en  nuestro  ambiente  social;  lo  cual  hemos  creído  sea 
un  medio  gráfico  y  sencillo  para  demostrar,  que  esos  sefardim 
son  una  espansión  mundial  de  nuestro  pueblo. 

Ahora  bien;  después  de  esta  labor  que  debe  producir  algún 
efecto  en  el  ánimo  de  los  lectores  más  indiferentes,  llegamos 
por  camino  obligado  á  la  parte  más  positiva  de  nuestra  obra,  6 


521 

sea  la  de  estudiar  las  relaciones  que  España  puede  y  debe  con- 
traer con  los  sefardíes. 


Desde  el  13  de  Noviembre  de  1903,  en  que  formulamos 
ante  el  Senado  nuestro  ruego  al  malogrado  Sr.  Conde  de 
San  Bernardo,  cuando  fué  Ministro  de  Estado,  sobre  la  necesi- 
dad de  atender  á  la  conservación  de  la  lengua  española,  veni- 
mos oyendo  muchos  pareceres  sobre  este  asunto,  y  declaramos 
que  frente  á  dos  juicios  desfavorables  (¡solamente  dos!),  uno  de 
menosprecio  y  otro  de  abandono,  todas  las  demás  personas 
que  nos  hablaron,  y  cuyo  número  nos  sería  imposible  concre- 
tar, nos  tributaron  alabanzas  y  frases  de  aliento  para  perseve- 
rar en  una  campaña,  con  la  cual  creen  se  puede  servir  á  valio- 
sos intereses  de  humanidad,  de  justicia,  de  patriotismo  y  de  re- 
paración sobre  pasados  yerros. 

Vamos  á  concretar  más  las  manifestaciones  del  ambiente 
en  que  vivimos. 

El  autor  de  este  libro  es  un  Senador  y  se  mueve  en  las  Cá- 
maras legislativas,  hablando  con  Senadores  y  Diputados  de  to- 
das las  opiniones  y  creencias.  Pues  bien,  ni  uno  solo  le  ha  cen- 
surado ni  le  ha  combatido  su  obra,  y  cuantos  de  ella  le  habla- 
ron lo  hicieron  en  términos  laudatorios. 

El  autor  de  este  libro  es  un  publicista  que  ha  llevado  sus 
artículos  á  distintos  periódicos,  desde  El  Liberal  (demócrata 
republicano)  hasta  España  (de  sentido  conservador  y  prudente- 
mente gubernamental).  Pues  los  directores  todos  han  puesto 
atentos  y  entusiastas  sus  diarios,  sin  condición  alguna,  al  servi- 
cio de  la  empresa  nacional. 

El  autor  de  este  libro  es  un  académico  y  concurre  á  centros 
y  sociedades,  donde  se  juntan  ancianos  y  jóvenes,  que  encarnan 
la  vida  intelectual  de  España.  Pues  declara  que  en  ninguno  de 
ellos  hubo  de  mantener  la  más  pequeña  discusión,  porque  á  sus 
juicios  contrapusiera  nadie  otros  de  censura  ó  disconformidad. 

El  autor  de  este  libro  es  un  profesional,  que  desempeña  un 
ministerio  médico  en  el  seno  de  la  sociedad,  por  el  cual  visita 
desde  la  morada  del  rico  al  tugurio  del  necesitado.  Pues  no  re- 


522 

cuerda  de  hogar  alguno  donde  sus  propagandas  hayan  suscita- 
do un  juicio  desfavorable. 

El  autor  de  este  libro  es  uno  de  tantos  que  se  agitan  en  la 
calle,  en  tertulias,  en  el  tranvía  y  en  todas  partes,  respirando  el 
ambiente  común  y  hablando  de  todos  los  asuntos  con  toda  clase 
de  personas.  Pues  afirma  que  nadie,  ilustre  ó  insignificante,  rico 
ó  pobre,  religioso  ó  ateo,  clérigo  ó  seglar,  le  ha  opuesto  el  más 
mínimo  reparo  que  denunciase  una  alarma,  una  repugnancia  ó 
una  odiosidad  acerca  de  la  grey  mosaica. 

En  cambio,  puede  atestiguar  lo  siguiente: 

Como  Senador  dos  veces  habló  en  la  Alta  Cámara  legislati- 
va á  favor  de  los  israelitas  españoles,  y  en  las  dos  los  Poderes 
públicos,  representados  por  el  Ministro  de  Estado  y  el  Presi- 
dente del  Consejo  de  Estado,  mostraron  consideración  y  sim- 
patía hacia  sus  recomendaciones,  sin  que  nadie  opusiera  juicio 
ni  limitación  alguna.  Véase  el  Diario  de  Sesiones. 

Se  dirigió  á  la  Real  Academia  de  la  Lengua  en  solicitud  de 
que  honrase  á  distinguidas  personas  israehtas,  y  con  ser  esta 
ilustre  Corporación  de  las  que  juzga  el  concepto  vulgar  y  co- 
rriente, como  una  de  las  más  guardadoras  del  espíritu  histórico 
nacional,  fué  al  punto  atendido;  y  por  ello  dos  ilustres  publi- 
cistas sefardim  fueron  incorporados  al  organismo  académico, 
con  la  circunstancia  de  que  en  esta  decisión  mostraron  interés 
muy  principal  varones  ilustres,  como  los  Menéndez  Pelayo  y 
Pidal,  que  simbolizan,  ante  campañas  públicas,  con  razón  ó  sin 
ella,  el  culto  de  nuestras  tradiciones. 

Ha  solicitado  el  concurso  de  la  Asociación  de  Escritores  y 
Artistas  en  sus  propagandas,  y  para  ello  fué  al  seno  de  su 
Junta  directiva,  donde  informó;  y  esta  Junta, — la  cual  preside 
una  gloria  nacional,  el  Sr.  Echegaray,  y  componen  celebrida- 
des varias, — se  puso  al  punto,  sin  vacilaciones,  á  disposición 
suya  para  ayudarle  en  la  obra. 

Solicitó  el  concurso  de  la  Cámara  de  Comercio  de  Madrid, 
y  lo  mismo  en  comunicación  oficial,  que  por  manifestaciones 
particulares  de  su  digno  presidente,  D.  Pablo  Ruiz  de  Velasco, 
fué  contestado  con  términos  lisonjeros  y  ofrecimientos  esti- 
mables. 

Es  decir,  que  todo  el  campo  que  puede  abarcar  el  observa- 


523 

torio,  siempre  reducido  por  lo  individual,  del  iniciador  de  una 
idea,  con  excepciones  verdaderamente  insignificantes  por  su 
número,  atestigua  esta  vez  un  concierto  de  sentimientos  y  de- 
seos benévolos,  reparadores  y  atractivos,  verdaderamente  ines- 
perado y  consolador  por  su  armonía. 

Y  queda  así  contestada  una  interrogación,  que  nos  han 
hecho  muchos  israelitas  con  sostenido  interés,  y  desde  los  más 
contrapuestos  lugares:  Gross  Alcalay,  de  Trieste;  Abravanel, 
de  Salónica;  Romano,  de  Esmirna;  Carmona,  de  Tetuán;  Elma- 
leh,  de  Gibraltar;  Azriel,  de  Jerusalem;  Gañy,  de  Calarasi,  y 
otros  varios  que  no  recordamos;  á  saber:  ¿Cómo  recibe  España 
nuestra  obra?  ¿Qué  odios  suscita?  ¿Cuáles  peligros  corremos? 


Ahora  bien:  ¿quiere  decir  esto  que  todos  los  españoles 
aplauden  nuestra  campaña,  y  piensan  ó  sienten  como  los  ya 
dichos,  y  como  nosotros?  No;  ni  hay  que  esperar  tan  estupendo 
fenómeno. 

Dios  puso  la  contradicción  y  los  contrastes  en  todos  los  mo- 
tivos de  la  vida,  y  no  hay  por  qué  esperar  quede  incumplida 
ley  tan  general  en  materia  grave  y  controvertible  como  la  que 
defendemos.  Quiso  Aquél  seducir  las  almas  y  arrobar  los  senti- 
dos con  lo  más  delicado  y  armónico  de  la  creación,  vistiendo  de 
flores  los  campos;  y  junto  á  la  flor  que  perfuma,  puso  la  que 
hiede;  junto  á  la  que  acaricia  con  sus  atercioiDclados  pétalos,  la 
que  punza  con  sus  agudas  espinas;  junto  á  la  que  sana  con  sus 
medicinales  destilaciones,  la  que  envenena  con  sus  corrosivos 
jugos.  Y  si  esto  sucede  entre  las  flores,  ¡qué  antagonismos  no 
han  de  presentarse  entre  las  personas,  donde  los  temperamen- 
tos, los  impulsos,  las  ideas,  las  necesidades,  las  reacciones... 
varían  mucho  más  que  varían  las  formas,  los  colores,  los  aromas 
y  la  contextura  entre  las  plantas! 

Hay  que  decirlo  con  ingenuidad;  no  han  llegado  hasta  nos- 
otros los  ataques  ni  los  clamores  de  una  oposición;  pero  ¿cómo 
desconocer  que  debe  haberlos,  que  los  habrá,  porque  han  de 
ser  muchos  los  que  se  sientan  inducidos  á  realizarla? 

Si  esta,  la  oposición,  faltara,  habría  razón  para  escandali- 
zarse y  poner  el  grito  en  el  cielo,  reclamando  contra  esa  infrac- 


524 

ción  de  la  ley  de  los  contrastes,  y  esa  merma  del  coeficiente 
negativo  y  destructor  que  acompaña  á  toda  empresa  humana. 

Miramos  la  complejísima  masa  social;  recordamos  la  obra 
que  realizan  cuantos  afirman  y  crean;  la  modesta  que  durante 
nuestra  vida  toda  hemos  cumplido,  y  á  f e  que  ya  los  echamos 
de  menos,  porque  frente  al  concierto  de  adhesiones,  palabras 
lisonjeras  y  promesas  de  colaboración,  que  por  doquiera  reco- 
gemos, no  pueden  faltar  las  censuras,  los  reparos  y  las  enemigas 
de  muchos,  que  ven,  por  naturaleza  suya,  el  reverso  de  esta 
medalla,  cuyo  anverso  hemos  presentado  y  seguiremos  presen- 
tando con  algún  detenimiento. 

Aquí,  como  en  todas  partes  sucede,  surgirán  los  espíritus^ 
negativos,  los  fanáticos,  los  disphcentes,  los  paradójicos,  los 
impulsivos  y  los  auto-denigrantes.  Los  pobres  y  duros  de  cora- 
zón, cuyos  sentimientos  jamás  vibran  al  unísono  con  la  desgra- 
cia; y  los  atrofiados  de  inteligencia,  que  creen  en  los  augurios 
de  los  eclipses,  las  tercerías  de  San  Antonio  y  el  apéndice 
caudal  de  los  israelitas.  Los  anacoretas  de  la  historia,  que  sumen 
su  espíritu  en  fantásticas  Tebaidas  y  padecen  luctuosas  rever- 
siones á  tiempos  muertos  y  sucesos  pasaf^os.  Los  políticos 
vacuos,  cuyos  discursos  tienen  menos  lastre  que  esquife  de  re- 
gata, y  atisban  horizontes  más  estrechos  y  sombrados  que  el 
hemisferio  de  sus  quita-soles.  Aquellos  sabios  de  quienes  dice 
Anatole  Franco,  que  no  ven  ni  comprenden  haya  secretos  en  el 
Universo  dignos  de  estudio,  fuera  de  los  zoolitos  encerrados  en 
su  vitrina.  Los  sectarios  que  desconocen  y  ofenden  á  Jesús 
diariamente,  setenta  veces  multiplicadas  por  siete,  con  sus 
fierezas  y  odios,  mil  veces  condenados  en  los  evangelios.  Los 
que  no  ven  del  cielo  más  que  lo  que  abarca  la  lumbrera  de  su 
bohardilla  moral,  ni  saben  de  la  tierra  más  que  las  referencias 
de  su  rapabarbas.  Los  que  piden  dinamita  contra  todas  las 
tiendas  que  hacen  sombra  á  la  suya,  y  se  revuelven  airados 
contra  los  que  aguijonean  su  cabalgadura  para  que  camine  de 
prisa,  etc.,  etc. 

Y  diremos  más;  esperamos  la  otra  oposición:  la  digna 
y  serena,  la  de  los  razonadores,  los  advertidos,  los  desconfiados, 
los  que  temen  acometer  empresa  alguna,  porque  ven  siempre 
fracasos  y  perjuicios,  y  esperan  que  el  bien  venga  por  sí  solo,. 


525 

Dios  sabe  cuando;  eu  fin,  la  de  los  que  hacen  meditar,  porque 
son  buenos  y  á  su  manera  buscan  el  bien. 

Un  distinguido  catedrático,  honra  del  profesorado  español, 
que  viene  procurando  con  largos  y  costosos  viajes,  beber  en 
sus  mismas  fuentes  los  conocimientos  necesarios  para  escribir 
obra  muy  concienzuda,  y  sin  duda  (se  puede  adelantar  el  juicio) 
de  extraordinario  mérito,  acerca  de  los  romances  judíos,  filo- 
logía antigua,  sedimentos  fonéticos  del  idioma  castellano,  y 
sobre  lo  que  de  él  conservan  los  israelitas  españoles  de  África 
y  Oriente;  persona  cuyo  aprecio  á  los  judíos  tiene  demostrado, 
nos  presentaba  con  negrísimas  tintas  el  reverso  de  nuestras 
creencias;  en  términos  tales  que,  á  ser  menos  tenaces  y  fieles 
á  nuestros  juicios,  tiraríamos  la  pluma  con  que  este  libro 
escribimos,  quemaríamos  la  información  con  tanta  solicitud 
lograda,  y  llevaríamos  nuestra  labor  á  otros  campos  de  más 
agradecida  y  esperanzada  siembra. 

Porque,  ¿para  qué  hacer  nada? — ¿Idioma?  Ya  no  hay  sino 
ima  ruina  lamentable  que  vale  más  se  pierda  por  bien  de  ellos 
y  de  nosotros. — ¿Raza  sefardí?  Es  de  las  israelitas  la  más 
atrasada  y  miserable.  ¡Buena  diferencia  entre  ella  y  la  aschke* 
aiazita,  que  convivió  y  aprovechó  otras  más  luminosas  civiliza- 
ciones! Pero,  ¿la  sefardí?  Siempre  en  la  barbarie  de  Turquía  y 
Marruecos,  ¡cómo  ha  de  estar! — ¿Unión,  solidaridad?  ¡Ni  pen- 
sarlo! Donde  hay  grandes  masas  de  sefardíes,  como  en  Salóni- 
ca, no  se  juntan,  ni  se  entienden,  ni  se  ayudan,  ni  dignifican 
su  destino  social  y  religioso. — ¿Ayudarles,  instruirles?  Serán 
tiempo  y  dinero  malgastados,  que  hacen  falta  en  otros  servicios. 
Es  ya  una  batalla  perdida;  Francia,  Alemania,  Italia...  nos  han 
<ierrotado,  y  nada  podemos  contra  ellas.  Hace  cuarenta  años 
ial  vez  hubiéramos  conseguido  algo,  antes  de  la  obra  de  la 
Alliance;  pero  ¡hoy  ya!  .. — ¿Repatriarlos?  Sería  un  peligro,  por- 
que levantarían  en  España  un  antisemitismo  que  ahora  no 
existe... 

Y  así,  con  esta  inclemente  severidad  expuestos,  caían  seme- 
jantes juicios  y  absoluta  condenación  sobre  nuestras  risueñas 
esperanzas,  como  caen  chorros  de  metal  fundido  sobre  delica- 
da carne  humana.  No  opusimos  ninguna  réplica;  entendía- 
mos que  nuestro  deber  era  oir,  callar  y  fortalecer  nuestro  ana- 


526 

lisis  cou  aquella  viva  contrariedad.  Podíamos  oponer  muchísi- 
mas observaciones:  afirmar  en  seco  que  precisamente  todo 
aquello  que,  visto  de  un  modo  parecía  aconsejar  el  abandono, 
visto  de  otro  obligaba  más  todavía  á  la  acción;  —  que  cuanto 
mayor  era  el  daño  ya  producido,  mayor  era  también  la  necesidad 
de  contener  el  que  aún  faltaba  por  producir;  —  que  cuanto  más 
caída  estaba  la  raza  por  nuestro  abandono  de  ayer,  mayor  era 
nuestro  compromiso  de  levantarla  hoy  j  mayor  gloria  para  ma- 
ñana en  conseguirlo; — que  todos  los  pueblos  por  instinto  vital  se 
unen  cuando  se  les  crea  un  lazo  de  unión,  y  España  era  la  única 
nación  que  podía  producir  el  que  concertara  á  sus  hijos  sefardíes 
todos; — queja  más  se  pierden  tiempo  y  dinero  cuando  se  invier- 
ten en  hacer  un  bien,  y  menos  cuando  lo  practica  país  tan  ne- 
cesitado, como  el  nuestro,  de  aquistar  por  el  mundo  buenas  vo- 
luntades;— que  España  no  tenía  por  qué  armarse  en  son  de  gue- 
rra para  luchar  contra  la  obra  de  Alemania,  Inglaterra,  Fran- 
cia, Italia,  ni  pretender  ridiculamente  superarles  en  nada,  sino 
convertirse  en  una  bienhechora  más  de  Israel;  ayudar  en  su 
acción  á  dichos  pueblos;  ser  como  ellos:  bondadosa,  tolerante  y 
educadora;  ejercer  un  acto  de  aprecio,  de  recuerdo  y  de  atrac- 
ción entre  sus  hijos,  ayer  perseguidos  y  maltratados;  practicar, 
en  fin,  la  caridad  y  la  justicia,  para  que  el  premio  le  fuese  dado 
por  añadidura,  ya  que  donde  otros  siembran  y  recogen  á  ma- 
nos llenas,  también  ella  puede  sembrar  y  recoger;  pues,  como 
dice  Micca  Gross,  «no  se  arrepentirán  las  buenas  almas  de  ir 
hacia  la  montaña,  porque  en  dicha  montaña  hay  plantas  fruc- 
tíferas»— y,  finalmente,  que  eso  de  provocar  hoy  el  antisemi- 
tismo en  España  sería  tanto  como  provocar  una  tempestad  en 
una  atmósfera  desprovista  de  electricidad  y  de^  nubes,  por  lo 
que  atañe  á  los  judíos  nuestros. 

Pero  no  son  tales  materias  buenas  para  defendidas  con  ca- 
lor, sino  para  analizadas  con  calma,  y  esto  es  lo  que  seguiremos 
haciendo  en  adelante,  no  de  otro  modo  que  como  lo  hemos  he- 
cho hasta  aquí. 

La  clase  de  recibimiento  con  que  la  sociedad  española  aco- 
ge nuestra  propaganda  demuestra  lo  adelantado  que  se  halla  el 
espíritu  español  y  lo  conveniente  que  es  seguir  defendiendo 
esta  doctrina  del  respeto  á  la  conciencia  religiosa;  no  olvidando 


527 

aquellas  frases  de  Castelar,  de  que  la  sociedad  no  acepta  jamás 
una  idea  sino  después  de  haberla  definido  en  la  tribuna  y  en  la 
prensa,  y  de  haberla  divulgado  por  el  verbo  de  la  propaganda, 
empapando  en  su  impalpable  luminoso  éter  la  conciencia  pú- 
blica. 

Por  lo  demás,  hay  que  contar  siempre  con  que  nuestras 
propagandas  hallarán,  á  un  lado,  los  adversarios  irreductibles;^ 
al  otro  los  convencidos  por  cuenta  propia,  y  en  el  centro  la  gran 
masa  de  los  que  leen,  oyen  y  se  dejan  convencer. 

Ya  lo  dijo  Budha:  Todos  los  seres  se  dividen  en  tres  clases: 
los  que  viven  y  permanecen  en  el  error,  los  que  viven  y  per- 
manecen en  la  verdad,  y  los  que  viven  en  la  incertidumbre. 
Y  añadía:  « Que  yo  enseñe  la  ley  ó  no  enseñe  la  ley,  los  prime- 
ros jamás  la  conocerán;  que  yo  enseñe  la  ley  ó  no  la  enseñe,  la 
conocerán  los  segundos;  pero  aquella  otra  parte  de  seres  que 
vive  en  la  incertidumbre,  si  yo  enseño  la  ley  la  conoce,  y  no  la 
conoce  si  yo  no  enseño  la  ley.» 

Vamos,  pues,  de  nuestra  parte,  á  seguir  enseñando  nuestra 
ley  á  los  que  viven  en  la  incertidumbre,  y  para  realizarlo  ha- 
gámonos cargo  de  las  siguientes  preguntas  que  nos  formula  con 
energía  nuestro  pensamiento: 

¿Perdió  España  con  la  expulsión  de  los  judíos? 

¿Conviene  hoy  á  España  reconciliarse  con  los  descendien- 
tes de  sus  hijos  y  atraerlos  á  su  amor? 

¿Se  halla  en  condiciones  de  hacer  algo  por  ellos? 

¿Qué  debe  hacer? 

A  la  ilustración  de  estas  cuestiones  destinaremos  los  capí- 
tulos siguientes. 


CAPÍTULO  II 


Pérdidas  causadas  á  España  por  la  expulsión  de  los  judíos.— Pérdidas  materiales 
é  intelectuales. — Israelitas  españoles  ilustres. —Examen  crítico  acerca  de  la 
reintegración  sefardita.  -  Diferencias  fundamentales  entre  el  código  biológico 
de  las  naciones  del  siglo  XV  y  las  del  siglo  XX.  —  Absorciones  y  abusos  de  la 
raza  judía.  —  El  antisemitismo  en  Viena  y  Bucarest,  —  Las  luchas  de  la  concu- 
rrencia.— Lo  que  conviene  á  España. 

No  requiere  larga  exposición,  ni  persuasiva  dialéctica,  de- 
mostrar que  España  perdió  con  la  expulsión  de  los  judíos,  por- 
que esta  verdad  se  halla  en  la  conciencia  de  todos  los  españoles, 
sea  cualquiera  su  credo  religioso.  Hasta  el  propio  Sr.  Brieva  y 
Salvatierra,  no  obstante  su  culto  por  lo  pasado,  y  su  canto  de 
alabanzas  á  la  expulsión,  declara  que  con  ella  «perdían  la  tierra, 
la  población,  las  industrias  y  los  caudales».  Aunque  dice  que 
«puesto  todo  en  peligro,  de  no  poder  salvarlo  todo,  habíase  de 
salvar  lo  más  y  mejor». 

Demos  por  advertido  que  lo  mcis  y  mejor,  por  fin  y  á  tanta 
costa  salvado,  fueron  la  seguridad  del  Estado,  la  unidad  nacio- 
nal, la  santificación  de  las  almas,  la  concordia  en  la  vida  social 
de  las  ciudades,  y  hasta  el  despojo  que,  á  mansalva,  se  hacía 
en  los  bienes  y  propiedades  de  la  grey  mosaica.  Con  dolor 
mayor  ó  menor,  fué  el  caso  que  se  hizo  una  amputación  cruenta 
en  el  organismo  nacional,  y  todas  las  amputaciones  suponen 
una  pérdida.  Ganarían  mucho,  muchísimo,  sin  duda,  los  en- 
tonces supremos  intereses  pohticos  y  religiosos  de  la  nación 
arriba  citados;  pero  los  demás:  los  intelectuales,  los  industriales, 

34 


530 


los  agrícolas,  los  mercantiles  y  los  financieros,  todos  los  gran- 
des intereses  de  que  hoy  cuida  la  economía  política,  y  consti- 
tuyen nervios,  sangre  y  músculos  de  los  pueblos  modernos, 
esos  con  seguridad  quedaron  lamentablemente  maltratados. 

Un  religioso,  comedido  y  concienzudo  historiador  de  Orense, 
que  viene  consagrando  estudios  interesantes  á  ilustrar  recuer- 
dos acerca  de  la  vida  de  los  judíos  en  Galicia,  D.  Benito  Fer- 
nández Alonso,  no  puede  por  menos 
de  registrar  cuánto  perdió  España 
con  aquella  copiosísima  y  duradera 
hemorragia.  A  su  talento  financiero 
y  á  su  laboriosidad,  había  debido  el 
país  su  preponderancia  y  el  manejo 
de  grandes  capitales.  Ellos  trabaja- 
ron para  aprovechar  los  ricos  produc- 
tos del  suelo,  se  dedicaron  á  la  cons- 
trucción de  barcos  mercantes,  esta- 
blecieron industrias,  instalaron  fábri- 
cas, desarrollaron  el  comercio,  dentro 
y  fuera  del  Reino,  honráronse  con 
un  trabajo  que  los  españoles  de  en- 
tonces consideraban  envilecedor,  fomentaron  con  los  moros 
las  tan  celebradas  fábricas  de  seda,  paños,  curtidos,  papel  y 
otros  mil  artículos  de  consumo  y  de  exportación;  adelantaron 
la  dulcería,  destilaciones  licoreras  y  pastelerías,  y,  gracias  á 
ellos,  durante  algunos  siglos,  fueron  muy  solicitados  los  pro- 
ductos elaborados  en  Murcia,  Almería,  Granada,  Córdoba, 
Toledo,  Cuenca,  Ciudad  Real,  Segovia,  Villacastín,  Baeza,  Se- 
villa, Huete,  Úbeda,  Ávila,  y  otros  puntos;  todos  los  cuales  lle- 
vaban á  las  ferias  de  Medina  del  Campo  riquísimas  transac- 
ciones, que  ascendieron  á  cerca  de  663  millones  de  pesetas 
el  año  de  1563,  según  informe  que  sostuvo  en  las  Cortes  de  la 
nación  un  ministro  de  Felipe  II. 

Más  de  1.000  navios  mercantes  se  ocupaban  en  repartir  por 
el  mundo  nuestros  productos  nacionales;  y  solamente  en  Galicia 
se  contaban  más  de  200  buques,  sin  agregar  los  1.500  barcos 
menores  que  traficaban  con  Portugal.  Repararon  las  antiguas 
vías  romanas,  y  abrieron  nuevos  caminos  y  senderos  para 


FiG.  175. —  D.  Benito  Fernán- 
dez Alonso;  distinguido  aboga- 
do y  escritor  de  Orense.  His- 
toriador de  los  judios  gallegos. 


531 

facilitar  el  transporte  de  aquellos  ricos  paños,  tapices,  sedas, 
mercerías,  cueros,  arneses,  sillas,  que  cobraron  tan  universal 
fama. 

Muchos  años  después,  cuando  la  hemorragia  bruscamente 
iniciada  á  fines  del  siglo  xv  y  lentamente  sostenida  durante  los 
siglos  XVI  y  XVII,  hubo  producido  sus  efectos,  sobrevino  tan 
profunda  anemia  y  postración  fabril,  agrícola  y  mercantil, 
que  la  industria,  la  agricultura  y  el  comercio  enfermaron  de 
un  modo  gravísimo.  Los  Reyes  daban  decretos  afirmando  que  la 
marina  mercante,  el  comercio,  la  industria  y  las  artes  mecáni- 
cas, no  eran  innobles;  pero  esto  no  conjuraba  el  mal.  Los  barcos 
eran  desarbolados;  y  cuenta  Jovellanos  que  en  el  siglo  xvii, 
aquel  Vigo  antes  tan  animado,  permanecía  casi  desconocido 
por  falta  de  tráfico.  Galicia,  Asturias  y  León,  apenas  podían 
transportar  nada  al  interior,  y  la  banca  y  el  comercio  habían 
pasado  de  manos  judías  á  las  de  genoveses  y  flamencos,  igual- 
mente aborrecidos  del  pueblo,  como  lo  fueron  los  judíos,  al 
extremo  de  verse  obligados  por  Carlos  II  á  vivir  en  barrio 
aparte. 

Y  perdimos  más,  perdimos  la  aristocracia  de  una  raza,  ad- 
mirada y  venerada  por  sus  correligionarios,  celebrada  hoy  mis- 
mo por  sus  historiadores  todos,  la  cual  arrojó  un  contingente 
de  mentalidad  precioso  para  que  degenerase,  se  corrompiera  y 
anonadara  por  muchos  pueblos,  si  más  hospitalarios  entonces, 
también  más  atrasados  que  el  nuestro. 

Perdimos,  sin  duda,  una  cantidad  grandísima,  incalculable, 
de  energía  nerviosa,  de  actividad  aprovechable,  de  aptitudes 
creadoras  y  geniales,  que  aun  viéndose  mal  dispersadas  y  so- 
metidas á  mísero  cultivo,  como  desencauzadas  de  su  natural  co- 
rriente y  privadas  de  sus  legítimos  medios  de  vida,  todavía  die- 
ron figuras  gloriosas  que  enriquecieron  la  grandeza  de  otros 
Imperios  y  los  intereses  morales  de  la  humanidad,  como  lo 
atestiguan  hombres  del  valer  de  Espinosa,  cafificado  de  ser  el 
filósofo  más  alto  de  toda  la  filosofía  moderna; — de  Benjamín 
Disraeli,  conde  de  Beaconsfield,  quien  conquistó  la  jefatura  de 
la  raza  más  aristocrática  del  mundo,  la  más  orgullosa  y  conser- 
vadora de  Inglaterra,  los  Tories  de  la  Gran  Bretaña;— de  Gam- 
betta,  descendiente  de  israelitas  genoveses  emigrados  de  Ibe- 


532 

ría,  quien  fué  dictador,  Ministro  de  la  paz  y  de  la  guerra,  due- 
ño virtual  de  Francia,  eminente  orador,  ídolo  y  salvador  de  un 
grande  y  entonces  desdichado  imperio; — de  Manin,  uno  de  los 
hijos  más  ilustres  de  Italia,  prototipo  de  esos  hombres  civiles 
que  aquí  tanto  necesitamos,  fundador  de  una  república  bajo  las 
bombas  enemigas,  heraldo  sublime  de  la  libertad,  que  sostuvo 
la  independencia  de  su  patria,  como  dijo  en  inmortal  discurso 
nuestro  gran  tribuno,  interponiendo  su  pecho  entre  la  podero- 


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FiG.  176.  —  Alegrina  Pinto.  Distin- 
guida dama  tangerina. 


FiG.  177. — Doña  Amelia  Laredo  de 

Toledano.   Distinguida  dama  de  la 

colonia  sefardí.  Tánger. 


sa  Austria  y  la  indefensa  Italia; — de  Abraham  Furtado,  el  ami- 
go de  Vergniaud,  Guadet  y  Gensonne,  orador,  filósofo,  histo- 
riador y  literato,  presidente  de  la  famosa  Asamblea  general  de 
los  israelitas  de  Francia  y  de  Italia,  gran  defensor  de  los  dere- 
chos políticos  y  humanos  de  su  raza,  entre  el  fragor  de  la  Revolu- 
ción francesa  y  ante  las  omnipotencias  del  imperio  napoleóni- 
co;— del  conde  Abraham  de  Camondo,  banquero,  émulo,  orien- 
tal de  los  Rosthschilds,  bienhechor  de  sus  hermanos,  querido  y 
honrado  de  los  Gobiernos  de  Europa,  y  cuyos  restos,  traslada- 
dos desde  París  á  Constantinopla,  fueron  sepultados  en  el  ce- 
menterio de  Haskeuy  bajo  el  duelo  más  general,  más  sentido  y 


538 


más  emocionante  que  la  Reina  de  las  ciudades  tributó  á  israeli- 
ta alguno,  durante  los  seis  siglos  que  lleva  allí  de  residencia  la 
grey  mosaica; — y  de  tantos  otros,  cuyas  gloriosas  biografías  co- 
mienzan siempre  diciendo:  «Hijo  de  los  judíos  expulsados  de 
España  y  Portugal».  ¡Ah!  todos  llenaron  con  su  fama  y  sus 
hechos  la  historia  de  los  grandes  pueblos,  correspondiendo  así 
al  singular  y  lamentable  destino  de  esta  nación  española,  cuyos 
hijos  fueron  pródigamente  dispersados  por  el  Mundo,  al  extre- 
mo de  que  no  hay  en  el  suelo 
del  planeta  palmo  de  tierra  que 
no  se  halle  abonado  con  la  cal 
de  huesos  españoles;  no  hay  en 
sus  Imperios  grandezas  heroi- 
cas donde  no  brille  algún  nom- 
bre ibérico;  no  hay  briosos  mo- 
vimientos y  adelantos  del  alma 
humana  universal  sin  que  en 
ellos  fulguren  atisbos,  esfuerzos 
ó  genialidades  del  espíritu  his- 
pano; ni  hay,  en  fin,  locas  aven- 
turas, desatinos  y  derroches  de 
la  pasión,  cometidos  por  los  ex- 
travíos de  los  pueblos,  donde  no 
aparezcamos  los  primeros,  dis- 
puestos siempre  á  tirar  la  casa 
por  la  ventana,  por  ser  los  Qui- 
jotes de  Dulcineas  más  ó  menos  fantásticas,  y  los  paladines  de 
engendros  más  ó  menos  sensatos. 

¿Es  posible,  pues,  dudar  que  España  perdió  mucho  con 
la  expulsión  de  los  judíos?  Y  si  nosotros  quisiéramos  descono 
cerlo  ú  ocultarlo,  ¿no  nos  lo  dicen,  prueban  y  rememoran  á  dia- 
rio los  escritores  extranjeros? 

Hoy  mismo  recibimos,  con  carta  cariñosa,  del  Sr.  León,  de 
Biarritz,  un  número  de  La  Frunce  correspondiente  al  17  de 
Febrero  de  1905,  y  en  un  artículo  de  L.  Víctor  Meunier,  muy 
atento,  muy  sentido,  mu}'  cariñoso  para  España,  examina  el 
atraso  de  nuestra  agricultura,  nos  infunde  preciosas  esperan- 
zas, nos  formula  útiles  consejos,  y  dice  con  DL-Ivaille:  «Esta  Es- 


FlG.  178.—  D  Isaac  A.  Abensur.  Ban 
quero,  dragomán  de  la  legación  de 
Austria.  Presidente  de  la  Coniis.ión 
de  Higiene.  De  nacionalidad  inglesa 
por  una  ley  especial  del  Parlamento 
inglés.  ^Tánger.) 


534 


paña  que  en  tiempos  de  Carlos  V  era  el  primer  país  de  Euro- 
pa, ha  decaído  como  esos  soles  que  llenaban  todo  el  cielo  con 
sus  resplandores  y  que  desde  lo  alto  de  los  acantilados,  se  les 
ve  descender,  palidecer  y  hundirse  en  el  mar. » 


¿Conviene,  pues,  á  nuestra  patria  reconciliarse  con  sus  an- 
tiguos hijos  y  atraerlos  á  su  amor? 

Siempre  que  en  nuestro  ministerio  médico  tomamos  la  plu- 
ma para  formular  una  indicación,  y  con  ella  ingerir  en  organis- 
mo enfermo  un  agente  que  deseamos  cure,  ó  cuando  menos  ali- 
vie, siempre,  sin  excepción  alguna,  sentimos  brotar  un  senti- 
miento de  desconfianza  en  nuestro  ánimo,  que  nos  induce  á 
pensar:  ¿Estará  indicada  esa  medicina?  ¿Habremos  apreciado 
bien  la  índole  de  las  alteraciones  y  la  del  remedio?  ¿No  aumen- 
taremos el  mal  en  vez  de  disminuirlo? 

Actuando  de  médico  político,  ante  los  graves  sufrimientos 
que  hoy  aquejan  á  España,  y  evacuando  con  tanto  interés  esta 
consulta  en  que  nos  ocupamos,  á  nadie  sorprenderá  que  confe- 
semos ingenuamente  nos  han  asaltado  muchas  veces  las  mismas 
dudas  al  formular,  no  un  tratamiento  nacional, — porque  este  es 
emi)eño  sobrado  complejo  y  vastísimo  para  que  pueda  ence- 
rrarse en  nuestra  obra,  pretensiones  y  conocimientos, — sino  uno 
de  tantos  recursos,  ó  agentes  terapéuticos  bienhechores  ó  útiles, 
que,  sumado  con  otros  muchos,  reanime,  entone  y  ayude  á 
desenvolver  las  fuerzas  nacionales,  para  que  España  salga  de 
su  postración,  como  salieron  Prusia,  Italia  y  Francia,  de  otras 
graves  dolencias  semejantes  que  les  deparó  el  destino. 

Esta  desconfianza  nos  induce  á  meditar  sobre  las  observa- 
ciones que  se  nos  hacen,  aunque  sean  dolorosas;  convencido  de 
que  en  la  pedagogía  moral,  como  en  la  terapéutica  humana, 
los  amargos  son  muchas  veces  los  mejores  tónicos  del  espíritu. 

Por  eso,  cuando  algunos  israelitas,  disconformes  con  nues- 
tros pensamientos,  nos  han  apuntado  observaciones,  ó  contra- 
dicho algo,  les  hemos  instado  á  que  ampliasen  aquellas,  por  el 
bien  que  con  ellas  nos  procuraban. 

Pero  lo  difícil  en  esto  es  tropezarse  con  algo  que  venga  en 


535 

condiciones  de  recibo,  y  que  no  sea  una  gansada,  ó  un  síntoma 
de  idiosincrasia  moral. 

De  lo  último  fué  ejemplo,  debidamente  condenado  por  la 
opinión,  lo  que  plugo  decir  al  autor  de  aquel  ya  citado  discurso 
de  atávicas  vestiduras,  á  favor  de  la  intolerancia  reügiosa  y 
que  actuó  este  mes  del  pasado  Octubre  en  el  augusto  Paraninfo 
de  la  Universidad  Central. 

Véase  la  ocurrencia: 

Una  novedad  muy  curiosa  ha  aparecido  ahora  en  esta  España  que  ha 
bastante  más  de  doscientos  años  que  perdió  la  brújula  y  va  á  mucha  costa 
estrenando  modas,  ya  de  puro  viejas  en  las  demás  naciones  europeas 
desechadas.  Pónese  casi  nuestro  porvenir  en  colonizarnos  con  las  reliquias 
de  los  judíos  expulsos  en  1492.  Algo  de  lo  que  decían  los  arbitristas  del 
siglo  XVII,  que  eran  muy  ocurrentes  y  provechosos  antecesores  de  los 
otros  arbitristas  que  con  diverso  porte  y  hábito  le  salieran  á  la  sociedad 
contemporánea.  Vamos;  nada  menos  que  retroceder  en  el  siglo  xx  á 
aquellos  candores  primitivos^  tan  bien  cantados  por  la  inspirada  musa 
del  Padre  Isla,  y  que  negocios  tan  redondos  hicieran  á  fenicios  y  carta- 
gineses. 

El  menos  lince  en  achaques  de  opinión  sabe  ya,  que  las 
personas  adoptan  en  el  camino  de  la  vida,  posiciones  semejan- 
tes á  las  que  toman  esos  touristes  que  en  grandes  breaJcs 
recorren  los  lindos  parajes  de  Escocia;  unos  de  frente,  contem- 
plando lo.  que  aparece;  otros  de  espaldas,  viendo  lo  que  ya 
pasó.  Aquellos  tienen  las  previsiones,  las  ansias,  las  preocupa- 
ciones de  lo  futuro;  estos,  las  luchas,  los  conflictos  y  las  pasio- 
nes de  lo  pretérito;  y  es  imposible  que  coincidan  los  estados  de 
su  ánimo. 

En  el  caso  actual,  sobrado  se  advierte  que  nuestro  viajero 
tomó  asiento  de  espaldas  al  conductor,  y  ni  puede  saber  lo  que 
hicieron  fenicios  y  cartagineses,  porque  aquello  se  pierde  ya  en 
las  lejanías  de  la  leyenda;  ni  mucho  menos  lo  que  hacen  las 
actuales  naciones  europeas,  porque  esto  le  coge  camino  adelante, 
y  no  hay  modo  de  que  lo  vea  quien  viaja  mirando  con  el 
occipucio  á  lo  porvenir. 

Y  no  decimos  más,  porque  no  queremos  comentar  la  especie. 


536 


Mucho  más  de  lo  que  cambian  los  ejes  morales  en  la  vida 
de  los  individuos,  cambian  los  ejes  morales  en  la  vida  de  los 
Imperios  y  de  las  civilizaciones,  y  por  ello  sucede  que  los  mo- 
tivos fundamentales  de  la  biología,  y  las  exigencias  de  la  cosa 
pública,  se  diferencian  según  los  tiempos.  ¿Pueden  ser  hoy  un 
peligro  para  la  fe  católica  y  para  España,  la  piratería  ni  las  in- 
vasiones del  Turco?  ¿Bus- 
caría nadie  en  la  unidad 
rehgiosa  el  nexo  de  la  vida 
nacional?  ¿Interesa,  poco 
ni  mucho,  á  la  seguridad 
del  Estado,   cuales   sean 
las  confesiones  teológicas 
de  sus  ciudadanos?  ¿No 
ha  pasado  á  ser  uno  de  los 
más  hermosos  testimonios 
de  la  cultura  moderna  y 
de  la  sociabilidad  huma- 
na, á  tanta  costa  adquiri- 
das, la  convivencia  de  to- 
das las  iglesias  cristianas 
con  las  de  otros  cultos,  en 
Londres,   París,   BerHn, 
Nueva   York,   Constanti- 
nopla,  etc?  ¿No  son  el  tra- 
bajo, la  cultura  y  el  aho- 
rro, base  de  la  riqueza  y 
el  poder  de  las  naciones? 
El  censo  de  éstas,  el  sanea- 
miento de  sus  campos  y 
ciudades,  el  aprovechamiento  de  sus  condiciones  naturales  para 
fines  industriosos,  el  desarrollo  de  su  comercio,  la  labor  intensiva 
de  los  laboratorios,  la  difusión  de  la  enseñanza,  el  mejoramiento 
de  los  estados  llanos  y  las  bajas  capas  sociales,  la  igualdad 
ante  las  leyes,  el  respeto  á  la  conciencia  religiosa,  el  derecho 
internacional  público  y  privado,  la  legislación  penal  y  los  pro- 
cedimientos procesales,  el  ideal  de  autoridad  en  la  Iglesia,  la 
soberanía  del  poder  civil,  la  libertad  de  la  cátedra,  el  derecho 


FiG.  179. — Srta.  Luna  Berasayag.  Distinguida 

señorita,  perteneciente  á  lo  más  selecto  de  la 

buena  sociedad  tangerina. 


537 

de  asociación,  los  fundamentos  y  la  responsabilidad  de  los 
Poderes  públicos,  todo  eso,  en  fin,  que  constituye  ya  el  Código 
biológico  de  los  pueblos,  ¿es  hoy,  acaso,  como  lo  fué  en  el 
siglo  XV?  ¿Se  concibe  hoy  que  se  arroje  de  una  nación  á  parte 
muy  principal  de  ella,  porque  sus  individuos  comen  carnes  que 
fueron  muertas  de  tal  ó  cual  manera,  celebran  la  Pascua  de 
este  ó  el  otro  modo,  y  exphcan  sus  fiestas  como  se  les  antoja? 
¿Sería  admisible  que  á  nadie  se  condenara  á  confiscación  de 
bienes,  presidio  y  muerte,  porque  chupa  la  sangre  de  los  niños, 
entisica  con  mal  de  ojos,  lee  libros  cabaKsticos,  ara  los  campos 
llevando  candelas  y  ramas  de  laurel  y  oliva  benditos,  pone- 
ristras  de  cebollas  al  cuello  de  cualquiera  imagen  en  un  camino, 
coloca  sobre  sus  carnes  amuletos  y  hace  otras  mil  extravagan- 
cias semejantes,  fruto  del  histerismo,  la  idiotez  y  la  ignorancia? 

¿Sería  hoy  posible,  siquiera,  que  un  jefe  de  Estado,  euro- 
peo ni  americano,  decretase  de  la  noche  á  la  mañana  que  su 
pueblo  cambiara  de  religión,  como  hizo  Teodosio  cuando  cam- 
bió en  el  Senado  romano  la  religión  pagana  por  la,  católica; 
como  hizo  Enrique  VIU  cuando  cambió  la  católica  por  la  pro- 
testante, y  como  hizo  la  Convención  francesa  cuando  cambió 
las  teológicas  todas  por  la  diosa  Razón? 

Esos  incongruentes  sectarios  que  nos  hablan  de  intoleran*- 
cias  y  de  herejes  á  la  usanza  antigua,  entre  el  rodar  de  los^ 
tranvías  eléctricos,  el  silbido  de  las  máquinas  de  vapor,  los  res- 
plandores deslumbrantes  de  los  potentes  focos,  las  revelaciones 
de  los  rayos  Roentgen,  las  comunicaciones  telegráficas  marco- 
nianas  y  la  mezcla  sin  fin  de  razas  y  de  pueblos,  ¿no  son  ya 
ejemplares  preciosos  de  museo,  capaces  de  producir  en  el  alma 
la  sentida  unción  de  lo  pasado,  como  la  producen  el  famoso 
sarcófago  de  Alejandro,  el  multisecular  ladrillo  del  rey  Sargon 
y  las  antigüedades  palmirianas,  reliquias  que  guardan  los 
museos  imperiales  de  Estambul? 

Es,  pues,  indudable  que  España,  hoy,  no  arrojaría  á  sus  hi- 
jos israelitas,  como  los  arrojó  el  año  de  1492,  porque  las  razo- 
nes y  las  causas  que  indujeron  á  semejante  edicto  no  viven  ya 
en  el  espíritu  intelectual,  moral,  refigioso  ni  político  de  este 
país,  y  porque  hoy  el  alma  nacional  es  otra  muy  distinta. 

Ahora  bien,  si  hoy  consideraríamos  una  monstruosidad  cri- 


538 


minal  arrojarlos,  ¿hay  intereses  que  aconsejan  atraerlos,  por 
otras  recomendables  cualidades  suyas? 


Como  se  advierte,  vamos  derecho  á  razonar  un  juicio  de 
prescripción  médica,  y  para  ello  comenzaremos  admitiendo  un 
principio  que,  con  más  ó  menos  exageración,  con  alguna,  sin 
duda,  corre  muy  acreditado:  el  de  la  energía  absorbente  de  la 
raza  hebrea. 

Ya  hasta  admitimos  que  cuando  se  habla  de  la  raza  hebrea  se 
trata  de  lo  que  pudiéramos  llamar  una  substancia  enérgica,  un 
medicamento  de  acción  fuerte,  cuya  administración  reclama 
mucho  sentido  práctico  y  buen  conocimiento,  así  del  sujeto  en- 
fermo como  de  la  medicina. 

Nadie  tiene  derecho  á  desconocer  la  acción  que  desenvuel- 
ve el  pueblo  hebreo,  allí  donde  se  presenta.  Es  verdad:  como  el 
mercurio,  la  quinina,  el  opio,  la  digital,  losioduros...  despliega 
una  acción  verdadera,  enérgica  y  reclama  que  esté  indicado  su 
empleo  y  hasta  que  se  pueda  dosificar  bien.  Pero  cuanto  más 
enérgico  es  un  remedio,  mayores  beneficios  puede  producir 
bien  empleado,  y  más  precioso  es.  En  la  terapéutica  social, 
como  en  la  terapéutica  médica,  importa  mucho  que  los  reme- 
dios desarrollen  energías  y  hagan  sentir  su  presencia  en  el  jue- 
go de  las  funciones  sobre  las  cuales  se  quiere  influir,  si  han  de 
ser  agentes  eficaces. 

Prescindiendo  de  las  groseras  calumnias  y  estúpidas  impu- 
taciones que  hemos  examinado  en  la  primera  parte  de  nuestra 
obra,  haciéndoles  la  debida  justicia,  y  considerando  aquellos 
atributos  que  reconocen  todos  los  historiadores  y  críticos  serios 
en  Israel,  es  evidente  que  el  antisemitismo  no  viene  á  ser  otra 
cosa  que  una  oposición  violenta  de  clases  sociales  que,  en  la  lu- 
cha de  la  concurrencia  vital,  se  sienten  apuradas,  vencidas  y 
sobrepasadas  por  el  triunfo  de  las  energías  mayores  y  mejor 
empleadas  que  muestran  los  israelitas. 

Los  cuadernos  I-III  del  tomo  XLV  del  Boletín  de  la  Real 
Academia  de  la  Historia,  que  acaba  de  publicar  este  ilustre 
Instituto  (Julio  y  Septiembre  de  1904),  contiene  la  pubHcación 
de  un  interesante  estudio  del  difunto  marqués  de  Hoyos  (el  cual 


539 

mencionamos  ya  en  nuestro  anterior  libro)  acerca  de  Los  judíos 
españoles  en  el  imperio  austríaco  y  en  los  Balkanes:  y  refiriendo 
su  autor,  al  principio  del  trabajo,  la  encarnizada  lucha  política 
y  social  entre  semitas  y  antisemitas  que  presenció  en  Viena, 
donde  desempeñó  el  alto  cargo  de  Embajador  de  España,  dice 
así: 

«Durante  largos  años  habían  los  judíos  ejercido  en  el  ar- 
chiducado de  Austria,  y  señaladamente  en  su  capital,  una  in- 
fluencia tan  predominante,  que  casi  podía  llamarse  una  domi- 
nación. Con  la  habilidad  y  perseverancia  propias  de  esa  pros- 
crita raza,  habían  pasado  poco  á  poco  de  la  simple  tolerancia  á 
la  igualdad  de  derechos,  de  la  igualdad  al  acaparamiento  y  la 
imposición,  de  la  imposición  al  mando.  Todas  las  grandes  ca- 
sas y  establecimientos  bancarios  les  pertenecían.  El  alto  y  el 
mediano  comercio,  la  industria  fabril,  las  profesiones  liberales, 
abogacía,  medicina,  ingeniería,  los  periódicos  de  mayor  circu" 
lación.  casi  todas  las  fuerzas  y  riquezas  sociales,  á  excepción 
de  la  gran  propiedad  territorial,  estaban,  en  su  mayor  parte,  en 
manos  de  los  descendientes  de  Israel  Pero,  como  suele  suceder, 
el  abuso  de  su  fuerza  fué  el  origen  de  su  decadencia. » 

He  aquí  en  breves  y  vigorosas  frases  pintadas  las  energías 
de  un  carácter  étnico,  que  es  como  si  dijéramos:  he  aquí  des- 
crito, á  grandes  y  felices  rasgos,  un  medicamento  heroico,  don- 
de se  registra  una  fuente  de  actividades,  su  naturaleza,  su  ac- 
ción terapéutica  y  hasta  la  acción  tóxica  que  siempre  se  des- 
envuelve cuando  rebasa  aquella. 


Concretemos  más  prácticamente  nuestra  idea. 

Supongamos  que  esta  reincorporación  de  la  grey  sefardita 
á  la  vida  nacional,  diese  los  frutos  que  deseamos,  y  que  inde- 
pendientemente de  las  relaciones  internacionales,  que  sirvieran 
á  las  expansiones  de  nuestra  lengua,  nuestra  Uteratura,  nuestra 
industria,  nuestro  comercio  y  hasta  nuestra  influencia  política, 
viniera  una  repatriación  de  quince,  veinte  ó  veinticinco  mil 
hebreos  españoles,  entre  los  cuales  hubiese  mil  ó  dos  mil  capaci- 
dades sobresalientes  (pues  si  todos  fuesen  medianías  ó  insignifi- 
cancias, tanto  daría  que  viniesen  como  que  se  quedasen  donde 


540 

están,  porque  su  reintegración  sería  un  suceso  de  ninguna 
transcendencia),  y  que  estas  capacidades  se  manifestaran,  como 
decimos,    en   modismos  familiares,  pegando  firme,    es   decir, 
apretando  en  sus  aptitudes,  tomando  digna  y  legítimamente 
sus  posiciones,  ¿qué  resultaría?  Que  tendríamos:  en  nuestros 
laboratorios,  un  plantel  israelita  de  ingeniosos  y  pacienzudos 
investigadores  y  experimentadores;  en  nuestras  cátedras,  un 
personal  de  catedráticos  afamados,  como  los  judíos  que  hoy 
desempeñan  cátedras  de  Viena  y  Berlín,  del  genio  de  Politzer, 
Capossi,  Nothnagel,  Neisser  y  otros,  por  ejemplo;   en  nuestra 
Hacienda  pública  y  en  nuestra  Banca,  financieros  del  fuste  de 
Mendizábal,  y  de  aquellos  arbitristas  y  recaudadores  de  la  Edad 
Media,  cuyas  extraordinarias  aptitudes  celebran  sin  regateos 
historiadores  y  cronistas;  en  nuestras  industrias  y  nuestros  co- 
mercios, fabricantes  y  expendedores  de  mucho  más  empuje  y 
de  más  acertados  recursos  que  los  que  hoy  existen,  más  sentido 
práctico  y  más  alientos,  para  producir  y  colocar  nuestros  pro- 
ductos por  el  mundo  todo;  en  nuestra  política,  estadistas  y  le- 
gisladores más  profundos,  más  capaces  y  más  avisados  que  los 
que  desgraciadamente  hoy  nos  gobiernan;  en  nuestros  suelos  y 
campos,  el  fruto  de  una  ingeniería  agrícola  é  higiénica  más 
espléndida;  en  nuestras  ciudades,  más  riqueza,  más  ornato,  ma- 
yor suntuosidad,  etc.,  etc.,  y  el  resultado  total  sería  que  la  cima 
de  nuestra  intelectualidad  y  grandeza  nacional  habría  ganado 
en  altura,  y  que  seriamos  un  país  más  poderoso,  más  brillante 
y  más  considerado. 

¿Que  al  suceder  esto  vendrían  las  rivahdades,  las  envidias, 
los  odios  de  los  vencidos,  la  lucha  de  los  inferiores,  los  menos 
aptos,  los  más  abandonados,  los  flojos  y  degenerados?  Eso  hay 
que  tenerlo  por  descontado  y  como  mal  inevitable,  porque 
jamás  esta  lucha  falta,  y  en  ella  lo  más  baladí  es  el  nombre  6 
mote  con  que  se  titula  á  los  vencedores;  lo  importante  es  que 
representa  el  griterío  de  los  menos  capacitados,  de  los  menos  te- 
naces, de  los  menos  virtuosos,  de  los  que  representan  las  bajas 
capas  de  la  mentalidad,  el  vigor  y  e!  esfuerzo,  en  las  hermosas 
luchas  del  progreso  humano,  y  desean  que  lo  suyo  inferior 
prevalezca. 

Cuando  hicimos  nuestro  viaje  á  Rumania  nos  enteramos 


541 

con  algún  afán  de  la  lucha  antisemita  que  allí  existe.  Esta 
nación  de  reciente  origen,  por  ser  uno  de  los  Estados  eman- 
cipados de  Turquía  á  mediados  del  pasado  siglo,  interesa 
mucho  al  viajero,  y  en  su  lindísima  y  flamante  ciudad  de 
Bucarest  se  adquiere  la  convicción  de  que  es  un  pueblo  que  se 
alza  con  vigor  sorprendente  y  rápido,  como  pueblo  adelantado, 
científico,  social  y  brillante.  Pero  este  pequeño  país  tiene 
una  lucha  antisemita  odiable;  allí  se  merma  la  vida  al  pueblo 
israelita  con  indignas  leyes  de  excepción;  se  infringe  el  tratado 
de  Berlín;  se  priva  á  los  hebreos  de  recursos,  llevándoles  á  una 
extrema  indigencia;  no  pueden  residir  en  la  campiña;  no  pueden 
poseer  tierras;  no  pueden  naturalizarse;  hay  leyes  para  limi- 
tarles el  comercio,  la  industria,  las  profesiones  liberales  y  la 
instrucción  en  las  escuelas;  el  natural  que  sirve  en  el  ejército 
rumano  paga  una  contribución  de  sangre,  de  la  cual  se  muestra 
orgulloso,  pero  no  por  eso  se  dignifica,  ni  adquiere  derechos 
de  ciudadano,  y  de  tal  manera  se  les  produce  el  vacío  en  su 
ambiente  social,  que  hace  dos  años,  en  una  población  de  250.000 
almas  israelitas,  más  de  las  tres  cuartas  partes  no  veían  otro 
remedio  á  su  miseria  que  la  emigración;  la  cual  se  hacía  á 
grandes  masas,  en  términos  de  que  el  éxodo  de  1902  sumó 
más  de  10.000  hebreos. 

Deseoso  de  conocer  el  por  qué  de  este  estado  social,  impro- 
pio del  siglo  XX,  comprábamos  en  las  librerías  de  Bucarest  re- 
vistas y  folletos  de  los  antisemitas,  y  desde  esta  bella  capital  á 
Constanza  fuimos  leyendo  La  question  israélite  en  Móumanie, 
de  Juan  Lahovar,  y  apreciamos  bien  toda  la  filosofía  y  razón 
de  esta  enemiga,  de  esta  lucha,  que  no  es  más  que  la  protesta 
de  los  vencidos,  de  los  inferiores,  de  los  que  gritan  airados:  se- 
ñores, no  empujar!! 

Una  revista  católica  española,  que  pertenece  á  la  respetable 
y  batalladora  orden  de  los  agustinos,  viene  publicando  una  se- 
rie de  artículos  sobre  los  judíos,  cuya  tendencia,  con  decir  que 
es  obra  de  cierto  fraile,  sobrado  se  puede  comprender  cuál  será. 
Pues  bien,  acerca  de  ella  nos  decía  un  escritor  católico  conoci- 
do: En  su  esencia  reproduce,  contra  los  judíos,  el  mismo  car- 
go que  el  Gobierno  de  Francia  invoca  para  expulsar  á  las  co- 
munidades religiosas:  que  se  apoderan  de  todo. 


542 

Y  entonces  no  pudimos  menos  de  contestarle:  Pues  que  el 
autor  aplique  bien  la  moraleja;  porque  si  encuentra  tiránico  y 
antisocial  que  el  Poder  civil  en  Francia  se  defienda  contra  las 
letales  absorciones  y  tiranías  idiosincrásicas  del  Poder  ultra- 
montano, ¿con  cuánta  más  razón  protestará  esta  raza  de  venci- 
dos y  atropellados  contra  esa  negativa  á  la  vida  y  á  la  concu- 
rrencia social,  que  implacablemente  le  oponen  los  fanáticos, 
qpando  á  una  y  á  otra  tiene  derecho  sagrado,  tan  solamente  por- 
que Dios  la  trajo  y  mantiene  en  el  mundo? 

Y  si  esto  puede  decirse  de  la  raza  semita  en  cualquier  país, 
¿con  cuánta  más  poderosa  razón  debe,  no  decirse,  sino  gritarse 
en  España,  acerca  de  la  cual  todos  los  pueblos  y  los  espíritus 
independientes  todos  lamentan  los  estragos  seculares  de  una 
tiranía  monástica  y  la  necesidad  de  orear  nuestro  cerrado  espí- 
ritu nacional,  con  las  sanas  brisas  del  respeto  y  la  libertad  reli- 
giosa? 

El  ya  citado  Víctor  Meunier  dice,  recogiendo  la  idea  más 
acreditada  en  todos  los  pueblos  cultos,  acerca  de  España: 

«Mientras  que  las  naciones  que  habían  abrazado  la  Refor- 
ma en  el  siglo  xvi,  Inglaterra  y  Alemania,  se  levantaban  con 
un  esfuerzo  sostenido;  mientras  que  Francia  salvando  de  un 
salto  la  etapa  llegaba,  el  día  de  la  Revolución  libertadora,  á  la 
emancipación  de  los  espíritus,  España  permanecía  arrodillada, 
prosternada,  en  oración,  esperando  pasivamente  de  un  Poder 
sobrenatural  esa  felicidad  que  todos  tenemos  necesidad  de 
crear  con  nuestro  trabajo.  Por  esto  su  caída,  por  esto  su  actual 
miseria.  Y  esa  resignación  la  ha  impuesto  el  clericalismo  opre- 
sor; esa  ignorancia  paralizante  la  ha  hecho  perdurar  el  clerica- 
lismo, y  lo  que  domina  no  es  la  iglesia,  sino  el  convento.» 

¿No  es  verdad,  por  tanto,  que  hará  muy  mal  hoy  ese  con- 
vento en  alzar  de  nuevo  su  voz  para  contener  las  expansiones 
vivificantes  del  espíritu  moderno?  ¿Y  qué  haría  peor  España,  si 
esa  voz  se  03^era,  al  no  ahogarla  con  una  protesta  general? 

¡Que  se  apoderan  de  todo,  dicen  los  que  ya  de  todo  ee  ha- 
llan dueños!  Permítasenos  un  recuerdo. 

Cuando  desempeñábamos  la  Dirección  general  de  Sanidad 
se  celebró  en  Madrid  una  Asamblea  de  los  médicos  rurales  de 
España  para  recabar  justas  y  necesarias  concesiones,  y  el  dis- 


543 

tinguido  director  de  afamada  publicación  periódica,  que  ha  ele- 
vado mucho  el  nivel  intelectual  de  nuestra  clase  médica,  nos 
refería  un  día  que  ciertos  asambleístas  le  habían  visitado  y  le 
habían  expuesto  sus  propósitos  de  disponer  las  cosas  de  tal 
suerte,  que  en  su  población,  una  rica  villa  castellana,  no  pudie- 
ran establecerse  ni  ejercer  más  médicos  sino  los  cuatro  que  allí 
había  entonces;  los  cuales  se  hallaban  de  perfecto  acuerdo  y  no 
querían  que  otros  vinieran  á  apoderarse  de  nada.  Los  demás 
profesores  que  se  presentaren  con  ánimo  de  crear  emulaciones 
y  competencias,  serían  tratados  como  judíos  y  obligados  á 
emigrar. 

Vivir  tranquilamente,  gozando  del  bien  adquirido;  no  mo- 
verse; no  sufrir  el  acicate  de  la  competencia;  subordinar  el  bien 
y  la  vida  del  prójimo  á  la  holganza  y  comodidades  del  posee- 
dor; desconocer  el  derecho  de  los  demás  á  producirse  con  su- 
perior actividad,  con  mayor  acierto  y  con  más  eficacia;  plantar 
el  carro  del  progreso  dónde  y  cómo  mejor  parezca,  ¡he  aquí  el 
ideal  de  algunos!  ¡He  aquí,  en  su  esencia,  la  filosofía  del  anti- 
semitismo en  muchas  partes! 

Y  esto  no  es,  ni  puede  ser  jamás,  lo  que  conviene  á  una 
nación,  sino  precisamente  lo  contrario. 

En  resumen.  Eso  de  que  los  judíos  se  apoderan  de  todo  es 
una  de  tantas  hipérboles;  pero  si  no  lo  fuese,  siempre  habría 
razón  para  decir:  Que  si  se  apoderasen  de  todo,  esto  todo  en 
España  se  quedaba.  Y  que  no  daba  en  malas  manos  cuanto 
cayera  en  las  suyas,  porque,  cuando  menos,  su  casticismo  de 
buena  ley  y  su  amor  á  España,  algo  más  acrisolados  son  y  me- 
jor acreditados  se  hallan  que  los  de  esa  inundación  de  órdenes 
monásticas  con  que  Francia  acaba  de  obsequiar  á  España,  dis- 
puestas á  arramblar  cuanto  cojan  por  delante. 


CAPÍTULO  III 


Reivindicación  de  nuestro  concepto  nacional.  — Nuestras  campañas  por  los  inte- 
reses públicos. — Los  autodenigrantes. — Razas  superiores  y  razas  inferiores. — 
Un  artículo  de  L'Uniuers  ¡sraélite.— En  defensa  de  nuestra  patria. — La  tole- 
rancia religiosa  en  España.— Las  leyes  y  la  conciencia  pública. — Edictos  de 
expulsión  en  Francia. — El  antisemitismo  en  Francia. — La  frase  de  Breno. 


En  diferentes  partes  de  nuestro  trabajo  hemos  procurado 
conocer  algo  las  cualidades  del  pueblo  hebreo,  y  debemos  ahora 
tratar  de  conocer  algo  también  las  condiciones  y  necesidades 
de  nuestro  país.  Es  decir,  hemos  analizado  una  medicina  y 
ahora  debemos  examinar  el  sujeto  á  quien  puede  ser  adminis- 
trada. 

¿Se  halla  España  en  condiciones  de  reconquistar  el  amor  de 
sus  hijos  desterrados?  ¿Somos  un  pueblo  irremediablemente 
anonadado,  herido  con  incurable  enfermedad  de  atraso  y 
muerte,  ó  un  pueblo  que  tiene  aún  condiciones  de  vida  y  de 
evolución? 

Cuando  Israel,  en  su  afán  por  regenerarse,  acometió  la  em- 
presa de  verificar  estos  últimos  esfuerzos  que  dejamos  descrito 
en  nuestro  capítulo  XIII,  no  tuvo  que  luchar  solamente  contra 
sus  enemigos  de  raza,  sino  que  le  fué  necesario  hacerlo  también 
contra  sus  propios  correligionarios;  muchos  de  los  cuales, 
fuese  por  indisciplina,  abandono,  extravío  mental  y  moral, 
-desesperación,  ó  fuese  por  otras  causas,  sumaban,  cuándo  su  fu- 
nesta acción,  cuándo  su  pasividad,  á  la  obra  de  los  adversarios. 

3ó 


546 

Y  este  mal  que  acompaña  siempre  á  los  esfuerzos  y  desastres 
humanos,  no  le  falta  á  España  en  su  regeneración. 

Es  dificilísimo  problema  en  la  medicina  personal  conocer  al 
individuo  enfermo,  pero  es  mucho  más  difícil  todavía  en  esa 
otra  medicina  pública  que  realizan  los  hombres  de  Gobierno, 
conocer  el  sujeto  sobre  el  cual  se  opera,  ó  sea  la  «nación». 

Quien  desee  practicar  á  conciencia  su  delicadísimo  minis- 
terio de  remediar  enfermedades  del  cuerpo  humano,  sabe  ya 
dónde  y  cómo  ha  de  estudiar  la  anatomía  por  medio  de  la  di- 
sección, la  fisiología  en  los  laboratorios,  la  patología  en  el  luc- 
tuoso lugar  de  las  clínicas  y  de  las  cámaras  de  necropsias,  y  los 
remedios  en  sus  aplicaciones  variadas;  pero  ¿dónde  hallan  sus 
equivalentes  educativos  los  que  aspiran  á  remediar  las  enfer- 
medades del  cuerpo  social,  y  de  ese  otro  más  importante  y 
complicado  sujeto  que  se  llama  la  Patria?  ¡Así  vamos  de  ayunos 
y  vacuos  los  más  á  la  gobernación  del  país!  ¡Así  de  mal  prepa- 
rados! Y  sin  embargo,  para  ejercer  este  alto  ministerio  político 
todos  deseamos  ser  médicos,  todos  pretendemos  formular  me- 
dicinas y  planes  terapéuticos,  todos,  sabios  ó  ignorantes,  aptos 
ó  ineptos,  prestigiosos  ó  insignificantes,  viejos  ó  jóvenes,  todos 
nos  sentimos  con  la  misma  autoridad,  y  alzamos  nuestra  voz 
para  decir:  «debe  hacerse  esto  que  yo  propongo»;  desde  el  que 
pide  revoluciones  y  desastres  apocalípticos,  hasta  el  que  impide 
las  más  pequeñas  reformas  y  propagandas;  desde  el  que 
cree  que  habita  un  país  incapaz  de  salvación,  hasta  el  que  sos- 
tiene ser  este  uno  de  los  pueblos  de  más  porvenir  y  engrande- 
cimiento posibles. 

La  materia  que  estudia  nuestro  libro  le  destina  (aparte  las 
salvedades  que  toda  modestia  y  prudente  desconfianza  aconse- 
jan) á  ser  algo  leído  en  nuestro  país,  y  á  serlo  mucho  más  en 
el  extranjero.  Su  antecesor,  Los  israelitas  españoles,  recorrió 
(según  consta  por  la  información  de  nuestra  segunda  parte) 
muchas  comarcas  del  mundo,  y  no  creemos  incurrir  en  necia 
presunción,  si  confiamos  en  que  este  segundo  libro,  hoy  espe- 
rado con  curiosidad,  cuando  no  con  interés,  por  numerosas 
comunidades  sefarditas  residentes  en  Europa,  Asia,  África  y 
América,  según  asimismo  afirman  noticias  fidedignas  aquí  re- 
gistradas, ha  de  ser  todavía  más  leído,  comentado  y  discutido^ 


547 

que  lo  fué  el  primero;  lo  cual  advertimos,  no  para  mostrar 
pueriles  ilusiones,  sino  para  advertir  importante  circunstancia 
que  obliga  á  exponer  con  la  mayor  circunspección  y  autoridad 
posible  su  doctrina. 

Vamos  á  exponer  excelencias  y  defectos  de  nuestra  adora- 
da patria;  grandezas  y  miserias  suyas;  vamos,  tanto  á  censu- 
rarla, cuanto  á  defenderla  de  otras  censuras  formuladas  por  es- 
píritus ajenos  y  propios;  vamos,  en  fin,  á  estudiar  la  acción  más 
positiva  de  nuestra  campaña,  y  es  natural  que  tales  iniciativas 
despierten  recelos  y  curiosidades  acerca  de  la  persona  del  autor 
y  se  pregunten  los  lectores:  ¿Pero  conocerá  bien  ese  país  en  cu- 
yos destinos  desea  intervenir?  ¿Dónde  están  los  fundamentos 
que  abonan  sus  observaciones?  ¿Dónde  los  poderes  que  acredi- 
tan su  representación?  ¿Qué  importancia  y  autoridad  se  pueden 
conceder  á  esta  singular  rectificación  de  los  hechos  de  la  liisto- 
ria  en  que,  nuevo  D.  Quijote,  se  ha  metido?  Y  el  autor  de  este 
libro,  que  si  se  tratase  de  medicinar  á  un  enfermo  invocaría  al 
punto  el  derecho  que  le  daba  para  hacerlo  su  título  profesional, 
á  esta  otra  juiciosa  y  respetable  interrogación  no  puede  contes- 
tar exhibiendo  título  alguno;  pero  sí  debe  responder  sencilla- 
mente presentando  su  modesta  personalidad,  siquiera  sea  esto 
lo  más  desairado  y  pehgroso  que  cabe  realizarse. 

Pero  por  muy  desairado  y  peligroso  que  sea,  hay  conve- 
niencias de  orden  ético  que  le  aconsejan  dedicar  algunos  párra- 
fos, no  á  exponer  aptitudes  ni  merecimientos,  pues  éstos  al 
lector  solamente  incumbe  recogerlos  y  justipreciarlos,  sino  afa- 
nes y  empeños  tenaces  de  su  vocación  que  exphquen  su  obra 
presente  por  sus  campañas  pretéritas. 

Y  así  quiere  y  puede  decir  á  sus  lectores: 

Este  Quijote  que  inicia  la  aventura  de  reconciliar  España 
con  sus  hijos  expulsados  hace  siglos,  transpuso  dos  años  ha  ya 
la  cumbre  de  los  cincuenta,  y  dejando  atrás  los  rientes  panora- 
mas y  entusiasmos  de  la  juventud,,  va  descendiendo  á  través 
de  recuerdos  y  desencantos  de  la  experiencia.  Arrancó  su  vida 
social  de  la  hoyada,  donde  la  suma  virtud  y  el  rudo  combate  de 
sus  padres  acreditaron  un  hogar  espartano,  y  poco  á  poco,  como 
concienzudo  naturaHsta  que  va  estudiando  las  diferentes  espe- 
cies botánicas  de  una  sierra  por  la  cual  asciende,  así  fué  estu- 


548 

diando  las  distintas  capas  sociales  de  su  país,  desde  los  plebeyos 
á  los  nobles,  desde  los  analfabetos  á  los  intelectuales,  desde  los 
miserables  á  los  opulentos  y  desde  los  poderdantes  á  los  le- 
gisladores; con  todos  los  cuales  ha  convivido.  Quiso  conocer 
á  su  patria,  y  no  hay  en  las  provincias  rincón  interesante  que 
no  haya  pisado;  quiso  conocer  los  pueblos  de  Europa,  y  muj- 
pocas  son  las  naciones  de  ella  que  le  restan  por  visitar.  Afa- 
nes y  propósitos  varios  lleváronle  de  uno  á  otro  sitio,  gano- 
so de  vivir  lo  pasado,  lo  presente  y  lo  venidero;  interesándose 
con  la  misma  vehemencia  cuando  fué  á  ver  personalmente  en 
las  desembocaduras  del  Ebro,  Guadiana,  Tajo,  Duero,  Miño, 
Segura  y  Guadalquivir,  verterse  al  mar  las  riadas  que  dejaban 
tras  de  sí  campos  estériles  por  las  sequías;  como  cuando  con- 
templaba en  las  ciudades  de  Málaga  y  Alicante  insuperables  re- 
sidencias invernales  sustraídas  á  la  prosperidad  por  falta  de  aseo 
y  de  cultura;  y  gozando  por  igual  sus  sentidos  al  impresionarse 
con  las  ricas  vegas  de  Valencia  y  Murcia,  los  vastísimos  trigales 
castellanos  y  los  seculares  bosques  de  Asturias,  como  con  las 
riquísimas  colecciones  de  monumentos  históricos  y  obras  de 
arte  que  nuestros  pasados  esplendores  dejaron  en  el  solar  pa- 
trio. Los  hierros  de  Vizcaya  y  Santander,  las  teleras  cuprosas 
de  Huelva,  las  cuencas  carboníferas  de  Córdoba  y  Asturias,  y 
los  plomos  argentíferos  de  Levante  le  sumieron  en  estudios  y  le 
indujeron  á  escribir  libros.  Las  brisas  de  Andalucía,  perfuma- 
das con  jazmines  y  claveles,  y  los  lugares  del  Norte,  consagra- 
dos con  templos  visigóticos  y  románicos,  las  sensuales  filigra- 
nas moriscas  del  Mihrab  de  Córdoba  y  los  soberbios  residuos 
del  pueblo  romano  en  Segovia  y  Alcántara  de  Valencia,  en  Mé- 
riday  Tarragona,  también  movieron  su  pluma,  como  la  esti- 
muló el  aire  palúdico  de  casi  todas  nuestras  comarcas  ribereñas 
y  el  aire  vivificador  y  balsámico  de  nuestros  pinares  en  las  serra- 
nías de  Guadarrama  y  Cuenca.  Ha  visitado  las  principales  fábri- 
cas importantes  de  España.  Ha  presidido  gremios,  reglamentado 
sociedades  obreras,  organizado  instituciones  benéficas,  fundado 
centros  científicos  y  reformado  servicios  públicos.  Su  palabra, 
siempre  desaliñada  y  modesta,  tuvo  que  vencer  los  frenos  del 
temor  ante  los  mandatos  imperativos  del  deber,  para  dejarse 
oir  en  el  Senado,  en  el  Congreso  de  Diputados,  en  las  Corpora- 


549 

dones  populares,  Diputac?ón  y  Ayuntamiento,  Reales  Acade- 
mias, Consejos,  Ateneos,  Sociedades  y  Centros  obreros,  siem- 
pre para  sostener  lo  que  creyó  justo  y  progresivo  y  también 
siempre  por  cumplir  un  fin  estoico. 

Graves  cuestiones  públicas  de  minería  y  metalurgia  le  lle- 
varon á  zonas  mineras  y  escribió  dos  libros;  graves  conflictos 
regionales  de  agricultura  y  comercio  le  llevaron  á  feraces  vegas 
y  produjo  otros  dos;  graves  intereses  públicos  de  sanidad  le  lle- 
varon á  recorrer  provincias  y  ciudades,  y  escribió  varios  más, 
que  figuran  en  la  serie  suya;  en  todos,  sucesos  sangrientos,  ame- 
nazas de  terribles  colisiones  ó  cuantiosos  intereses  de  la  riqueza 
pública,  atribuían  singular  importancia  á  su  cometido.  No 
hay  periódico  madrileño  de  renombre  donde  falten  testimonios 
de  sus  propagandas  desde  hace  treinta  y  cinco  años,  desde  que 
era  casi  un  niño;  y  cerca  de  sesenta  obras  impresas,  grandes  y 
chicas,  todas  nacidas  al  calor  germinador  de  intereses  en  con- 
flictos, de  problemas  en  evolución,  de  viajes  para  estudio,  es 
decir,  de  la  vida  en  lucha,  pregonan  su  impresionabilidad,  su 
vehemencia,  su  amor  al  progreso  y  al  desarrollo  de  la  cultura 
nacional,  ya  que  no  puedan  acreditar  su  brillantez  ni  su  ta- 
lento. 

Tuvo  muy  profundos  cultos  personales,  en  los  cuales  pudo 
recoger,  si  no  acertó  á  recogerlas,  preciosas  enseñanzas,  y  á  sen- 
tir altos  ideales.  En  el  Dr.  Velasco,  el  trabajo;  en  el  Dr.  Mén- 
dez Alvaro,  el  desinterés;  en  el  Dr.  Rubio,  la  enseñanza;  en  el 
Dr.  Letamendi,  la  doctrina,  y  en  Castelar,  la  patria.  Esos  re- 
cuerdos venerados  forman  hoy  su  culto  íntimo,  y  á  ellos  procura 
monumentos  públicos,  libros  y  cuanto  puede  dar  la  veneración 
de  un  espíritu  rehgioso. 

Luchó  con  la  pluma  y  la  palabra,  en  unión  de  su  maestro 
Esquerdo,  otro  culto  suyo,  por  arrancar  al  loco  de  los  errores 
letíles  de  la  justicia  y  la  crueldad  de  la  ignorancia;  luchó  con 
éxito  por  humanizar  la  pena  en  el  reo  de  muerte;  luchó  por  los 
perseguidos,  los  enfermos  pobres  y  los  explotados;  luchó  por  la 
enseñanza  y  la  democracia,  y  ahora  señala  á  su  país  en  estos 
dos  libros,  que  vienen  á  sumarse  con  otros  parecidos  suyos, 
nuevos  motivos  de  lucha,  riqueza,  veneros  de  progreso  y  de 
cultura.  Amasijo  de  contradicciones  orgánicas,  y  manantial  de 


550 

nerviosidades  mal  reguladas,  es  áspero  y  dulce,  tenaz  y  deses- 
peranzado; y  como  se  halla  convencido  hoy  de  que  son  acci- 
dentales las  formas  de  gobierno,  en  cuya  esencia  creyó  sincera- 
mente ayer,  cuando  joven,  es  respetuoso  también  con  todos  los 
cultos,  porque  cree  que  las  oraciones  todas  del  hombre  llegan 
al  cielo,  como  al  cielo  llegan  los  aromas  de  todas  las  flores  y  los 
cantos  de  todas  las  aves  que  pueblan  la  tierra.  Su  mayor  fe  y 
esperanza  están  en  la  redención  por  el  trabajo,  y  siempre  que 
las  contrariedades  de  la  existencia,  el  convencimiento  de  su 
insignificancia  y  la  escasez  de  sus  facultades,  le  sumen  en  me- 
lancólicas postraciones,  se  acuerda  de  que  no  hay  fuerza  que 
se  pierda  por  completo,  y  á  su  memoria  acuden,  en  definitiva, 
las  palabras  de  Jesús  á  sus  discípulos,  cuando,  después  de  la 
curación  del  lunático,  les  reconvino  de  este  modo:  «porque  de 
cierto  os  digo  que  si  tuviereis  fe,  como  un  grano  de  mostaza, 
diréis  á  este  monte:  Pásate  de  aquí  allá,  y  se  pasará;  y  nada  os 
será  imposible.» 

Lector,  disculpa  y  perdona  este  inusitado  aparte,  cuya  ra- 
zón no  encontrarás  tú  muy  clara,  y  continuemos. 


Tropieza  nuestra  empresa  ahora  con  un  dificultad  excep- 
cional: el  pesimismo  auto- denigrante  de  muchos  españoles  y  el 
desdén  rutinario  de  no  pocos  extranjeros, 

España  sufre  hoy  la  mayor  de  sus  desgracias  históricas;  y 
la  desgracia  en  los  pueblos,  como  en  los  individuos,  tiene  pocos 
amigos  buenos. 

Hemos  observado  fenómeno  todavía  más  desdichado,  por  lo 
que  al  sujeto  se  refiere:  las  desgracias  de  los  individuos  digni- 
fican á  muchos  que  las  sufren;  mientras  las  desgracias  de  las 
naciones,  por  el  contrario,  envilecen  á  muchos  ciudadanos  que 
las  provocan. 

Recordamos  haber  visto  hombres  grotescos,  fantoches,  semi- 
idiotas,  recibir  en  el  alma  una  de  esas  profundas  heridas  que 
jamás  se  olvidan:  la  muerte  de  un  hijo  adorado,  por  ejemplo, 
y  transformarse,  renunciando  á  indignos  tintes  de  pelo,  y  á 
pedanterías  insoportables,  hasta  mostrarse  como  poseídos  de 
una  superioridad  intelectual  y  moral  sorprendentes.  En  cam- 


551 

bio  hemos  visto  nacionalistas  bullangueros  y  especuladores 
contribuir  á  los  desastres  de  la  patria,  y  caer  en  el  anti-espa- 
fiolismo  más  criminal  y  odioso,  precisamente  cuando  más  nece- 
sita la  nación  del  amor  y  el  esfuerzo  de  sus  hijos. 

España  sufre  hoy  de  esta  odiable  enfermedad  como  nunca, 
y  su  examen  nos  produciría  el  más  amargo  y  profundo  de  los 
desalientos,  si  no  tuviéramos  presente  que  de  ella  padecieron 
también  Alemania,  Italia  y  Francia,  en  sus  pasados  desastres; 
que  de  ella  antes  padecieron  otros  pueblos  luego  dignificados; 


Ftg.  1^.0.  — D.  Jacob  J.  Sala- 
ma,  distinguido  subdito  espa- 
ñol de  Melilla. 


FiG.  181. — D.*  Ledicia  Toleda- 
no, distinguida  dama  tange- 
rina de  gran  talento  musical. 


que  hoy  mismo  amenaza  con  espantables  destrucciones  á  Ru- 
sia, y  que  es  como  una  secuela  inevitable  de  la  desdicha 
misma. 

El  coronel  E.  Barone  refiere  que  después  del  desastre  de  Jena 
hubo  en  Prusia  un  decaimiento  y  envilecimiento  tan  grande 
del  sentimiento  patrio,  que  hasta  los  periódicos  alemanes  pu- 
blicaban los  cantos  de  triunfo  franceses  y  adulaban  á  Napoleón 
y  sus  mariscales. 

Los  desastres  de  la  Francia  produjeron  una  degradación  del 
sentimiento  nacional  en  tantos  espíritus,  que  el  mismo  Lapou- 
ge  estigmatizaba  á  los  ciudadanos  de  la  tercera  República  fran- 
cesa, porque  vieron  con  indiferencia  la  expulsión  de  un  diputa- 
do como  Derouléde,  cuando  Francia  entera  se  conmovió  por  la 
expulsión  de  Manuel  en  la  época  de  la  Restauración. 

Itaha  padece  en  tal  grado  la  monomanía  auto-denigrante, 
aun  entre  sus  grandes  intelectuales,  que  la  preciosa  obra  de 


552 

Colajanni,  sobre  Razas  superiores  y  razas  inferiores,  no  es  más 
que  un  hermoso  canto  de  amor  y  de  esperanza  á  la  Italia  redi- 
viva y  siempre  joven,  que  muestra  grandes  energías  en  su  exis- 
tencia interior  y  sorprendentes  expansiones  en  su  vida  inter- 
nacional de  África  y  América,  para  oponerlo  como  un  tónico 
moral  necesario  contra  el  aplanamiento  que  causa  tan  funesta 
influencia  y  contra  las  injusticias  de  tan  sistematizados  y  per- 
vertidos estudios, 

Pero  España  es,  entre  todos  los  pueblos  latinos,  aquel  don- 
de esta  monomanía,  humillante  y  despreciativa,  ha  tomado  más 
desarrollo.  Como  dice  Buixó,  con  razón,  en  su  prólogo  á  la  ver- 
sión española  del  ya  citado  libro  de  Colajanni,  hemos  arrojado 
tantas  piedras  á  nuestro  tejado,  que  casi  todos  hemos  quedado 
lastimados  por  su  rebote. 

Y  es  funesta  esta  influencia,  porque,  como  advierte  Ross,  se- 
rán razas  vigorosas  las  que  tengan  un  fuerte  sentimiento  de  la 
propia  superioridad;  ya  que  en  el  encuentro  inevitable  de  los 
pueblos,  en  esa  concurrencia  internacional  que  hoy  es  mayor 
que  nunca,  aun  dentro  de  la  paz  y  de  la  amistad,  se  efectúa  una 
silenciosa  batalla,  ajena  al  grado  de  civilización  de  cada  uno, 
pero  influida  por  el  grado  de  confianza  que  cada  cual  tiene  en 
sí  y  en  sus  ideales.  Cuando  los  griegos  se  asimilaron  todos  los 
pueblos  de  la  pelvis  mediterránea,  con  excepción  de  los  he- 
breos, tanto  ó  más  que  de  sus  armas  se  valieron  de  aquel  sen- 
timiento de  superioridad,  por  el  cual  se  consideraban  como 
misioneros  entre  paganos;  y  hoy,  los  anglo-sa jones,  que  vienen 
á  ser  los  helenos  de  la  actualidad,  creen  también  en  la  superio- 
ridad suya,  y  esta  fuerza  moral  les  sirve  de  mucho  en  su  obra 
dominadora.  Por  eso  dice  Alice  Corren  que  un  francés  duda  y 
pierde,  mientras  que  un  anglo-sajón  cree  y  triunfa.  Desgracia- 
damente en  España  hace  tiempo  que  parece  ni  la  duda  ya 
sentimos. 

Y,  sin  embargo,  no  tenemos  en  España  defectos  graves  que 
en  grado  igual  ó  mayor  no  tengan  los  demás  pueblos,  ni  si- 
quiera en  las  corrupciones  tan  censuradas  de  nuestra  adminis- 
tración pública,  las  cuales  son  grano  de  anís  al  lado  de  las  que 
han  expuesto  y  condenado  muchos  libros,  de  autores  naciona- 
les y  extranjeros,  estudiando  esa  nación  hoy  imperialista  y  so- 


553 

berbia  que  cometió  la  iniquidad  del  Maine  y  nos  despojó  de 
nuestro  colonial  Imperio. 

No  se  necesita  haber  leído  el  famoso  ¡Si  Cristo  fuese  á  Chi- 
cago!, de  William  Stead,  del  cual  se  han  hecho  centenares  de 
ediciones  en  América;  ni  los  documentados  y  serenos  estudios 
de  Dana  Durand,  publicados  en  The  Political  Science  Quater- 
ly,  de  Boston,  ni  la  Pólice  corruption  and  Nation,  de  Frank 
Moss...,  ni  tantos  otros  severos  trabajos  modernos  acerca  de  la 
moralidad  que  preside  á  los  servicios  públicos  del  Norte  Amé- 
rica, para  saber  que  allí  hay  una  sentina  humana  tan  corrompi- 
da y  miserable  como  no  la  tiene  igual  este  desventurado  y  de- 
caído pueblo  nuestro. 

No  somos  tan  grandes,  ni  en  lo  bueno  ni  en  lo  malo,  Y  es 
una  gran  verdad  que  si  la  corrupción  matase,  como  dice  Novi- 
cow,  los  Estados  Unidos  serían  un  cadáver. 


Esta  injusticia  denigrante  que  cometemos  nosotros  mismos 
la  cometen  también  con  España  muchos  extranjeros,  y  tene- 
mos la  pena  de  ver,  con  ocasión  de  nuestra  campaña,  que  ha 
venido  á  recoger  algo  de  su  eco  una  figura  ilustre  y  bondado- 
sa, cuyos  prestigios  en  Israel  son  tan  grandes  como  merecidos, 
el  Sr.  Bigart,  celoso  secretario  de  la  Alianza  Israelita  Uni- 
versal. 

Pocas  semanas  después  de  haber  traspasado  la  frontera 
nuestro  libro  Los  Israelitas  españoles,  un  distinguido  y  acomo- 
dado sefardí  que  reside  en  África,  nos  mandó  copia  de  un  frag- 
mento de  carta  particular  que  le  dirigía  desde  París  otro  ilustre 
amigo  suyo,  que  desempeña  cargo  importante  en  la  Jewish 
Colonization  Association,  y  en  él  se  formulaban,  acerca  de  nues- 
tros propósitos,  importantes  y  atendibles  consideraciones,  que 
leímos  con  interés  y  las  cuales  prometimos  examinar  al  es- 
cribir este  segundo  libro,  echando  por  delante  nuestro  sincero 
agradecimiento  á  la  cortés  observación  y  al  prejuicio,  particu- 
lar y  correctamente  expuesto. 

Pero  es  el  caso  que,  con  motivo  de  haber  publicado  el  nú. 
mero  8  de  LJJnivers  Israélite  (11  de  Noviembre  de  1904)  un 
artículo  entusiasta  de  amor  á  España,  debido  á  la  pluma  de 


554 

D.  Isaac  Pisa,  nn  ilustrado  sefardí  que  pisó  nuestro  suelo,  estu- 
dió algo  nuestros  adelantos  y  carácter,  y  expuso  lealmente  la 
rectificación  de  desacertados  juicios  anteriores  suyos,  apareció 
en  seguida  en  el  número  9,  del  mismo  periódico,  y  como  si 
fuese  toque  de  apercibimiento,  otro  artículo  del  digno  secretario 
-de  la  Alliance  Israélite  Universelle,  quien  repite  las  mismas 
observaciones  de  aquel  otro  señor,  pero  á  veces  con  tan  notoria 
injusticia  y  dureza  para  España,  que  bien  vale  la  pena  de  que 
se  le  opongan  algunas  reflexiones,  así  por  la  siguificación  de  su 
■autor,  como  por  tributo  á  la  verdad.  El  cargo  y  la  persona  do- 
tan de  tan  merecida  autoridad  á  los  juicios  del  Sr.  Bigart,  que 
impone  la  obligación  de  examinarlos  con  detenimiento.  Per- 
mita á  un  español  reivindicar  á  su  patria. 

He  aquí  la  síntesis  de  lo  que  dicen  ambos  señores,  quienes 
seguramente  concertaron  su  juicio  sobre  esta  propaganda 
nuestra,  que  surge  en  España  como  obra  de  un  ciudadano: 

— La  iniciativa  del  Sr.  Pulido  se  inspira  en  una  idea  noble  y 
merece  nuestro  reconocimiento,  pero  no  puede  desconocer  las 
-dificultades  del  problema  y  los  obstáculos  de  todas  clases  que 
se  alzan  ante  su  voluntad.  (Conformes). 

— Al  judío  se  le  representa  hoy  en  las  villas  y  en  los  campos 
de  España  bajo  la  figura  repugnante  de  los  verdugos  de  Cristo, 
contra  los  cuales  predican  los  curas  el  odio  de  un  extremo  á 
otro  de  la  Península,  durante  la  semana  de  la  Pasión. 

— Hace  algunos  años  se  inauguró  en  Madrid  una  capilla 
protestante,  y  las  damas  de  la  más  alta  nobleza  acudieron  al 
Rey  para  impedir  este  escándalo.  No  lo  lograron  porque  la 
Constitución  proclama  la  libertad  de  cultos.  Si  en  lugar  de  ser 
capilla  inglesa  hubiera  sido  una  sinagoga,  y  en  vez  de  ciuda- 
danos ingleses,  judíos  otomanos  ó  marroquíes,  es  de  creer  que 
-el  Gobierno  español  hubiera  encontrado  excelentes  razones  de 
«orden  público»  para  complacer  á  las  damas  madrileñas. 

— Isidoro  Loeb  advirtió  en  1887  que  el  edicto  de  1492  no  ha 
■  sido  derogado  expresamente,  y  un  Gobierno  reaccionario  puede 
resucitar  sus  efectos. 

— Las  canciones  populares  y  poesías  castellanas  de  Oriente, 
son  interesantes  para  el  folklorista  y  el  psicólogo;  pero  el  polí- 
tico y  el  economista  no  pueden  sacar  partido  de  estos  recuer- 


555 

dos  sentimentales  para  resucitar  una  mentalidad  hace  tiempo 
desaparecida. 

— Los  israelitas  que  el  Sr.  Pulido  ha  visto  en  Bucarest  y 
Constantinopla  no  han  querido  entristecerle,  pero  nosotros  sa- 
bemos pertinazmente  que  no  tienen  ningún  deseo  de  volver  á 
España. 

— Podrían  con  su  lengua  española  favorecer  el  comercio 
/entre  España  y  Turquía,  pero  ambos  países  exportan  produc- 
tos similares,  agrícolas  y  primeras  materias;  é  importan  produc- 
tos manufacturados  en  Francia,  Alemania,  Austria  é  Inglaterra. 

— Los  judíos  del  Norte  de  Marruecos  podrían  producir  una 
<?orriente  de  inmigración,  pero  los  pocos  inmigrantes  que  hay 
en  Andalucía  disimulan  su  raza  y  evitan  practicar  públicamente 
su  culto,  porque  son  objeto  de  menosprecio.  Es  verdad  que  en 
Marruecos  su  seguridad  es  precaria,  viven  en  barrios  cerrados, 
llenos  de  privaciones  y  con  frecuentes  inquietudes,  pero  son 
respetados  en  su  culto  y  en  sus  tumbas,  y  preferirían  el  ghetto 
de  Marruecos  á  los  bulevares  de  Madrid. 

; — España  aglomera  todos  los  años  docenas  de  miles  de  hijos 
suyos  en  América  y  Argelia,  porque  no  pueden  ganar  la  vida 
■en  la  madre  patria,  á  pesar  de  su  robustez  y  sobriedad;  mal 
puede  ofrecerse  á  los  israelitas  expatriados. 


Comencemos  por  consignar  un  motivo  de  extrañeza.  De 
cualquier  israelita  podríamos  temer  que  saliera  al  encuentro 
de  nuestra  campaña  con  un  artículo  de  esta  índole,  menos  del 
secretario  de  una  Institución,  cuyos  estatutos,  pocos  en  su  nú- 
mero, claros  y  precisos  en  su  texto,  dicen  que  la  Sociedad  tiene 
por  fin:  l.^'  Trabajar  por  todas  partes  en  la  emancipación  y  los 
progresos  morales  de  los  israelitas;  2.^  Prestar  un  apoyo  eficaz 
á  los  que  sufren  por  su  cualidad  de  israelita,  y  3.°  Alentar  á 
toda  publicación  que  sirva  para  conducir  á  este  resultado. 

Porque  ¿no  sorprende,  con  verdad,  que  cuando  en  España 
se  observa  el  fenómeno  nuevo  de  que  en  las  Cámaras  legislati- 
vas, en  la  prensa  de  más  circulación,  en  Academias  y  Corpo- 
raciones oficiales  y  en  la  opinión  pública  toda,  se  inicia  un  mo- 
vimiento que  propende  á  la  dignificación  y  rehabilitación  moral 


556 

del  tipo  hebreo;  y  que  se  va  á  la  enmienda  de  pasados  errores- 
y  odios;  al  aumento  de  los  naciones  donde  Israel  pueda  vivir 
democráticamente,  bajo  la  igualdad  de  derechos  constituciona- 
les, y  á  la  reconquista  civil  de  un  suelo  donde  floreció  el  pueblo 
de  Judáh  más  que  en  otro  alguno,  después  de  su  destierro  de 
Palestina;  se  presente  el  secretario  de  la  Alianza  como  ganoso 
de  sofocar  este  movimiento,  arrojando  á  la  faz  de  aquel  país 
pasados  errores,  también  en  E  rancia  cometidos;  enemigas  de  la 
superstición,  no  tan  grandes  como  las  en  Francia  hoy  fomen- 
tadas; miserias  y  movimientos  sociales,  exactamente  iguales  á 


FiG.  182.  —  D.a  Hola  Ser- 
faty,  distinguida  dama  de 
la  buena  sociedad  tange- 


FiG.  183.  —  D.a  Sunca  Salom,  esposa 
del  distinguido  presidente  de  la  Co- 
munidad israelita  de  Sarayevo.  (V.  pá- 
gina 333  ) 


los  que  exhibe  Francia,  y  resabios  de  intolerancia  rehgiosa  y 
odios  de  raza,  seguramente  hoy  menos  exaltados  y  vivos  en 
España,  que  los  que  presenta  Francia  á  la  contemplación  del 
mundo  entero,  y  agitan  su  existencia  nacional?  ¿Qué  explica- 
ción puede  tener  esta  indiscreta  y  desacertada  conducta?  ¿Cuá- 
les beneficios  puede  traer  á  la  causa  de  Israel,  al  desarrollo  de 
sus  intereses  mundanos  y  al  malestar  de  esos  hijos,  errantes 
todavía  por  unos  y  otros  pueblos,  en  busca  de  la  necesaria  tran- 
quilidad y  los  derechos  civiles,  en  muchos  sitios  negados? 

Dejemos  cuanto  se  refiere  á  la  mentalidad  hispánica  y  lin- 
güística de  los  judíos  expulsados,  sobre  lo  cual  discurre  bastante 
el  artículo  del  Sr.  Bigart,  porque  de  ello  hemos  tratado  amplia- 
mente en  la  primera  parte. 


oot 


Dejemos  asimismo  cuanto  interesa  á  la  conducta  que  debe 
seguir  España  con  los  expatriados,  porque  de  esto  trataremos 
€n  capítulos  sucesivos. 

Y  hablemos  aquí  solamente  de  los  cargos  con  los  cuales  más 
atacan  y  más  impresionan  los  que  nos  salen  al  encuentro  en 
esta  campaña,  uno  de  ellos  el  Sr.  Bigart;  es  decir,  de  esos  car- 
gos contra  el  ambiente  poKtico,  moral  y  económico  que  España 
ofrece  hoy  á  la  venida  y  á  las  relaciones  de  cualquier  extranje- 
ro, mejor  que  á  la  infundada  especie  de  que  retornen  los  hijos 
todos  de  los  judíos  expulsados  en  1492,  la  cual  nadie  ha  sos- 
tenido. 

Para  tratar  serenamente  de  este  punto,  hay  que  rogar  á 
nuestros  impugnadores  un  verdadero  sacrificio:  el  de  que  re- 
nuncien, siquiera  sea  por  breve  tiempo,  á  la  manía  de  ver  una 
España  de  panderetas,  y  desciendan  á  estimar  con  serenidad 
y  buen  sentido  lo  que  es  realmente  nuestro  país. 


¿Por  qué  la  desconfianza  .tan  generalmente  manifestada  de 
que  pudiera  renacer  el  edicto  de  1492,  cuando  el  más  elemental 
conocimiento  en  materia  de  legislación  sabe  que  esto  es  impo- 
sible, aunque  dijesen  lo  contrario  todos  los  Loebs  habidos  y 
por  haber? 

Pasaron  cuatro  siglos  desde  entonces;  agitaron  muchas  re- 
voluciones el  suelo  español;  nacieron  y  perecieron  muchas 
Constituciones,  que  crearon  sobre  esa  y  otras  materias  nuevos 
estados  de  derecho  público;  existe  hoy  una  que  es  terminante, 
cuyo  ^'igor  proclamaron,  en  lo  tocante  al  judaismo,  Cánovas  y 
Sagasta,  cuando  á  ello  fueron  requeridos;  los  Gobiernos,  la 
Prensa,  la  opinión,  las  prácticas  y  el  testimonio  de  los  mismos 
extranjeros,  atestiguan  que  el  respeto  á  las  conciencias  profe- 
sionales y  á  sus  cultos,  tiene  el  apoyo  de  las  leyes  y  de  las 
autoridades;  ¿á  qué,  pues,  esta  duda,  ni  sostener  lo  que  es  in- 
exacto? 

También  en  Francia  fueron  arrojados  los  hebreos  por  mu- 
chos edictos,  desde  los  primeros  tiempos  de  la  Monarquía. 
Arrojó  de  sus  Estados  Dagoberto  I,  en  633,  á  todos  los  que  no 
profesaban  la  religión  cristiana;  arrojó  á  los  judíos  en  1096 


558 


Felipe  I;  los  arrojó  después  Felipe  Augusto;  ordenó  hasta  que 
se  quemaran  el  Talmud  y  ios  demás  libros  religiosos  suyos, 
San  Luis  en  1250;  los  vuelve  á  desterrar  Felipe  el  Hermoso- 
en  1306;  los  arroja  de  nuevo  Felipe  el  Largo  en  1321,  después 
de  perecer  muchos  en  la  hoguera;  los  proscribe  otra  vez  Car- 
los VI  en  1394;  solamente  un  mes  de  plazo  concede  Enri- 
que IV,  en  sus  cartas  del  7  de  Enero  de  1602,  para  que  aban- 
donen las  costas  y  frontera  de  Vizcaya,  mil  familias  hebreas 
allí  establecidas,  etc.,  etc.;  y  si  después  de  los  cambios  desde 
entonces  acaecidos,  y  de  las  revoluciones  y  nuevos  derechos  del 
hombre  que  nan  transformado  la  vida  política  de  la  nación 
francesa,  saliese  ahora  cualquiera,  por  sabio  que  fuese,  apun- 
tando dudas  sobre  la  resurrección  de  las  cartas  de  Enrique  IV,. 
ó  el  decreto  de  expulsión  de  Felipe  el  Hermoso,  por  ejemplo, 
¿no  haría  reir  semejante  ocurrencia  y  peregrino  temor?  ¿No 
saben  quienes  tal  cosa  dicen,  que  hasta  los  más  fanáticos  reco- 
nocen ya,  en  España,  que  lo  de  1492  prescribió,  y  no  solamente 
cayó  en  desuso,  sino  que  fué  derogado  hasta  la  saciedad? 

Lo  que  sucede  con  esto  es  que.  el  Sr.  Bigart,  lo  mismo  que 
los  israelitas  de  Oriente,  á  semejanza  del  Sr.  Azriel  y  otros  co- 
laboradores que  temen  ver  surgir  de  nuevo  á  Torquemada  en. 
la  figura  de  un  Ministro,  dan  pruebas  de  olvidar  ó  descono- 
cer el  valor  de  un  precepto  constitucional  en  un  país  regido 
constitucionalmente.  Ni  una  Real  orden,  que  es  resolución 
meramente  ministerial;  ni  un  Real  decreto,  con  ser  resolu- 
ción superior  del  Poder  ejecutivo  firmada  por  el  Rey;  ni 
siquiera  una  ley  ordinaria,  aun  siendo  una  disposición  de 
las  Cámaras  legislativas  sancionada  por  la  Corona,  pueden 
modificar  un  precepto  constitucional,  para  lo  cual  se  necesitan 
Cortes  especiales  dotadas  del  más  alto  poder  constituyente. 
Cuanto  quisieran  hacer  los  Ministros  sobre  este  particular  sería 
inútil  y  arbitrario.  Ninguno  podría  mermar  ni  aumentar  esa 
tolerancia  que  formula  el  art.  11,  y  cualquier  proyecto  de  ley 
que  hoy  se  presentase  á  las  Cámaras  por  un  Gobierno  en  sen- 
tido modificador,  sería  anticonstitucional  y  promovedor  de 
grandes  discusiones  en  semejante  orden  de  dereciio  público.  Lo 
único  que  se  puede  hacer  es  que  las  costumbres,  el  trato  de 
gentes,  las  comunicaciones  internacionales,  la  mayor  cultura  y 


559 

la  \dda  cosmopolita  vayan  infiltrando  en  las  conciencias,  poco  á' 
poco,  ese  respeto  en  que  se  basa  la  convivencia  pacífica  de  ciu- 
dadanos que  profesan  credos  distintos.  Siendo  así  las  cosas,  ¿á 
qué,  pues,  hablar  más  de  esto,  ni  sacar  tal  espantajo  para  alar- 
mar á  los  que  teman  ver  de  nuevo  arder  hogueras  y  acuchillar 
judíos  en  las  plazas  nuestras?  Eso  sucedió  en  España  hace  mu- 
cho; costó  luego  torrentes  de  sangre  y  hondas  revoluciones  aca- 
bar con  ello,  hasta  que  el  espíritu  liberal  de  la  nación  y  los 
\dentos  de  fuera  apagaron  por  siempre  tales  incendios  y  deste- 
rraron tamañas  barbaries. 

Pero  hay  más  en  estas  injustas  suspicacias.  Se  examina  el 
texto  del  art.  11,  y  porque  el  párrafo  segundo  dice  que  nadie 
será  molestado  en  el  territorio  español  por  sus  opiniones  reli- 
giosas, ni  por  el  ejercicio  de  su  respectivo  culto,  salvo  el  respeto 
debido  á  la  moral  cristiana,  se  advierte  que  los  Gobiernos  }'  los 
tribunales  en  España  no  están  ügados  por  la  manifestación  de 
respeto  que  hiciera  el  Sr.  Sagasta,  sino  que  las  palabras  pueden 
recibir  utia  interpretación  completamente  diferente  y  dejan  el 
campo  abierto  á  la  arbitrariedad. 

Estoes  pasarse  de  maHcioso  y  desconfiado.  La  moral  cristiana 
á  que  se  refiere  el  texto  citado  es  aquella  moral  universal  de 
todo  pueblo  culto  cuando  no  admite,  bajo  supuestos  religiosos, 
ofensas  á  las  buenas  costumbres,  atentados  al  pudor,  ni  dema- 
sías que  vulneren  los  fueros  y  conveniencias  de  una  sociedad 
honorable.  Es  la  moral  misma  que  tiene  la  religión  judía  y  la 
que  practican  .públicamente  Suiza,  Francia,  Italia,  Inglaterra, 
y  todas  las  naciones  civihzadas. 

Y  si  esto  no  bastare,  diríamos  que  es  esa  moral  de  correc- 
ción social  obhgada,  que  se  desprende  del  Decálogo  que  bajá 
Moisés  dos  veces  del  Sinaí;  de  la  oración  conmovedora  El  Pa- 
drenuestro, que  enseñó  el  divino  Jesús  á  sus  discípulos  para  que 
rezaran  á  Dios,  y  de  las  máximas  sublimes  del  Sermón  de  la 
Montaña,  que  difunden  el  espíritu  evangélico  entre  los  hom- 
bres y  los  refrenan  en  sus  egoísmos  y  crueldades.  Y  no  hay  que 
dar  más  vueltas  á  la  frase  apuntada,  porque  no  tiene  más  que 
lo  dicho;  ni  sería  en  todo  caso  la  rehgión  hebraica  la  que  pu- 
diera mirar  con  desconfianza  esa  condicional,  porque  conformes 
nosotros  con  Harnack,  y  piénsese  sobre  cristología  y  mesianis- 


560 


mo  lo  que  se  piense,  nadie  negará  que  la  historia  de  la  religión 
hebraica  es,  por  lo  profunda  y  lo  perfecta,  la  historia  religiosa 
de  la  Humanidad. 

Pero  por  si  no  bastan  estos  cargos,  se  dice  que  España  es  in- 
ferior á  los  ghettos  nauseabundos  de  Marruecos  por  muchas  ra- 
zones: porque  los  sacerdotes  cristianos  hablan  mal  de  los  judíos 
en  la  Semana  de  Pasión;  porque  las  damas  de  la  más  alta  noble- 
za ^¿d¿erow  al  Rey  que  no  se  abriera  el  primer  templo  protestante 
que  se  construyó  en  Madrid,  y  porque  los  pocos  judíos  marro- 
quíes que  hay  en  Andalucía  no  pueden  hacer  ostentación  pú- 
blica de  su  culto. 

Semejante  censura,  por  su  insignificancia  y  el  candor 
que  denota,  acredita  lo  mucho  que  adelantó  España  en  sus 
buenas  costumbres  públicas,  cuando  el  propósito  de  condenar- 
la no  acierta  á  formular  otras  más  graves  y  justificadas  quejas. 

Pero  venga  acá,  señor  secretario,  y  díganos  en  Dios  y  en  su 
alma:  ¿es  que  en  Francia  y  en  otros  pueblos,  los  sacerdotes 
cristianos  hablan  bien  de  los  judíos  cuando  predican  sus  paté- 
ticos sermones  de  Semana  Santa,  y  describen  el  drama  del  Cal- 
vario y  de  la  Pasión?  ¿Acaso  las  damas  católicas  de  otras  nacio- 
nes no  significan  legalmente  temores  y  creencias  en  materia 
religiosa,  ni  buscan  modos  de  favorecer,  dentro  de  las  leyes,  á 
la  supremacía  de  sus  peculiares  cultos?  ¿Por  ventura  no  ma- 
nifiestan pasiones  bajas  las  gentes  de  todos  los  países? 

Invocar  esto  es  sencillamente  desconocer  la  diferencia  que 
existe  entre  el  derecho  creado  por  las  leyes  y  mantenido  por  las 
autoridades,  de  un  lado,  y  la  práctica  natural  y  libre  que  realizan 
los  ciudadanos,  de  otra,  en  aquellas  propagandas  que  pueden  ha- 
cer sin  atentar  al  derecho  análogo  de  los  demás.  Precisamente  lo 
sucedido  cuando  la  inauguración  del  templo  protestante  de  la 
calle  de  la  Beneficencia,  demuestra  la  firmeza  y  seriedad  que  hoy 
tiene  en  España  la  tolerancia  que  dispone  el  art.  11  de  la  Cons- 
titución. Era,  desde  tiempo  inmemorial,  el  primer  edificio  que 
en  Madrid  se  alzaba  para  el  culto  de  una  religión  distinta  de  la 
del  Estado,  y  algunas  damas,  alarmadas  en  sus  escrúpulos  cris- 
tianos, por  sí  ó  por  interesada  sugestión,  quisieron  oponerse  y 
formularon  á  la  Reina  Regente  y  al  Gobierno  su  deseo  de  que 
no  se  consintiera  aquel  nuevo  culto.  Señora  de  grandes  virtu- 


581 

des  cristianas  y  de  religioso  fervor  aquélla,  y  Gobierno  de  res- 
petos católicos  cumplidos  el  segundo,  escucharon  cortesmente 
la  petición,  y  á  su  vez  en  el  Congreso,  los  representantes  del  espí- 
ritu ultramontano,  discutieron  la  novedad;  pero  aquellas  damas 
y  estos  diputados  fueron  cumplidamente  contestados;  y  sin  más 
aparato,  sin  escándalos  públicos  y  sin  violencias  resultó  firme  el 
derecho  constitucional  de  las  demandantes,  respetada  la  ley, 
autorizado  el  culto,  y  nunca  más  se  volvió  á  poner  en  entredicho 


FiG.  184.  —  D.a  Hola  Abensur,  dis- 
tinguida   dama    sefardi   de   la    más 
alta  .sociedp.d  tangerina. 


FiG.  185.  —  D.a  Matilde  Salom,  de 

Sarayevo,  esposa  de  un  di.stinguido 

banquero.  (V.  pág.  333.) 


este  servicio  religioso,  el  cual  ha  traído  ya  otros  intereses  al 
pueblo  de  Madrid.  ¿Cabe  demostración  más  elocuente  y  hermo- 
sa de  la  cultura  pohtica  española?  Se  dice  que  esto  no  hubiera 
sucedido  en  caso  de  ser  judíos  ó  marroquíes  los  que  hubieran 
intentado  abrir  una  sinagoga;  pero  nosotros  contestamos  que 
tal  sospecha  es  ya  una  malicia  inoportuna  y  sin  fundamento,  y 
por  eso  no  merece  respuesta. 

Y  no  la  merece,  porque  lo  justo  y  lo  correcto,  cuando  se 
habla  de  España  acerca  de  los  intereses  judíos,  es  reconocer  y 
proclamar  que  habiendo  en  ella  algunos  miles  de  israelitas,  los 
cuales  residen  en  muchas  poblaciones  del  Reino,  no  recordamos 
ninguna  reclamación,  queja,  ni  atropello,  formulado  por  uno 

36 


562 


sólo,  con  motivo  de  su  significación  étnica  y  religiosa;  que  aquí 
no  hay  contra  ellos  leyes  de  excepción,  aunque  intervienen 
en  negocios  bancarios,  mercantiles  é  industriales;  que  aquí 
no  existe  esa  enfermedad  tan  extendida  por  Austria,  Alemania, 
Rusia,  Rumania,  Francia  y  Argelia,  que  se  llama  el  antisemi- 
tismo, y  que  aquí,  en  fin,  no  se  concibe  sino  como  una  fantás- 
tica novela,  ó  desatinado  drama  de  espectáculo,  esa  conjunción 
de  infamias  y  falsedades  que  se  llamó  L'affaire  Dreyfus,  cuyas 
inverosímiles  maquinaciones  y  malvados  artificios  no  ha  logra- 
do siquiera  comprender  el  pueblo  español,  á  pesar  de  las  mu- 
chísimas columnas  de  periódicos  que  fueron  consagradas  á 
expÜcárselos. 

¡Ya  es  peregrina  ocurrencia  que  un  israelita  francés  vitu- 
pere á  España,  hoy,  por  su  intolerancia  contra  los  judíos!  Qui- 
simos ver  con  qué  autoridad  y  pasión  se  dice  esto  desde  París, 
y  alh,  donde  tenemos  muchos  y  muy  distinguidos  amigos,  que 
pudieran  informarnos  sobre  el  particular,  buscamos  un  juicio 
sereno,  imparcial,  equilibrado  de  sentimientos,  que  nos  dijese 
cuales  ejemplos  de  respeto  y  confraternidad  podíamos  hallar, 
no  en  las  leyes  francesa,  sino  en  sus  prácticas  sociales,  en  el  am- 
biente común,  para  imitarlos;  y  esta  persona,  igualmente  ligada 
con  ambas  religiones,  la  cristiana  y  la  judaica,  nos  respondió 
así,  desde  el  centro  mismo  de  París: 

En  Francia,  donde  loe  judíos  gozan  de  los  mismos  derechos  que  los 
demás  ciudadanos,  no  es  todavía  envidiable  su  suerte.  Desde  el  desgra- 
ciado affaire  Dreyfus,  la  hostilidad  y  el  odio  han  invadido  hasta  las  cla- 
ses más  ínfimas  y  más  ignorantes  de  la  sociedad. 

Es  una  moda  ser  antisemita;  se  tiene  un  pequeño  éxito  siempre  que  se 
dirige  en  público  una  injuria  á  un  judío.  En  el  ejército,  el  antisemitismo 
ha  hecho  progresos  colosales,  al  extremo  de  que  se  han  visto  obligados  á 
retirarse,  oficiales  de  grande  inteligencia  y  brillante  porvenir,  cediendo  á 
los  consejos  de  sus  familias,  que  temían  fundadamente  los  accidentes  trá- 
gicos que  provocaba  la  actitud  insolente  de  sus  camaradas. 

Hay  que  recordar  lo  del  capitán  Coblentz,  nombrado  profesor  en  la 
escuela  de  Fontainebleau,  cargo  muy  honorable  y  deseado,  adonde  le  ha- 
bían elevado  su  capacidad  y  méritos,  quien  apenas  tomó  posesión  se  le 
puso  ostensiblemente  en  cuarentena;  ninguna  de  las  esposas  délos  oficia- 
les devolvía  la  visita  á  la  suya;  se  vio  obligado  á  batirse  con  varios  cama- 
radas,  y  finalmente  órdenes  superiores  le  hicieron  dejar  la  plaza.  Días 
después,  este  mismo  capitán,  usando  del  derecho  que  ¡tienen  los  oficiales 
de  montar  en  las  carreras,  montó  en  las  de  Auteuil,  y  fué  silbado,  gritado 


563 

y  escarnecido,  á  presencia  de  la  policía.  Hubo  hasta  una  infecta  prostituta 
que,  rodeada  de  jóvenes  pertenecientes  á  la  nobleza,  intentó  golpearle  al 
pasar.  Yo  no  sé  si  le  alcanzó  el  sombrillazo,  pero  eí  vi  que  hizo  el  ademán. 
Empleados  de  las  casas  judías  no  vacilan,  hasta  los  que  llevan  pertene- 
ciendo á  ellas  muchos  años,  lo  cual  permite  suponer  que  lo  pasan  bien,  en 
extender  ante  los  ojos  de  sus  amos  los  diarios  que  propalan  las  más  in- 
mundas injurias  sobre  los  judíos. 

En  los  liceos  los  niños  judíos  sufren  los  desprecios  de  los  católicos;  un 
judío  solo  en  el  tren  no  está  seguro  de  no  oir  insultos  contra  su  raza. 

En  resumen:  á  pesar  de  la  igualdad  de  derechos,  bien  por  motivos 
políticos,  bien  por  preocupaciones  de  rancia  nobleza,  bien  por  fervor  cató- 
lico, el  judío  sufre  de  un  estado  de  cosas  que  espero  sea  transitorio.  El 
rico  burgués  cree  darse  aires  de  noble  si  maltrata  á  los  judíos,  con  los 
cuales  se  relaciona  y  adquiere  esa  fortuna  que  le  trastorna.  El  pueblo  bajo 
que  no  cree  en  rehgiones  y  aplaude  la  expulsión  de  las  comunidades, 
muestra  también  su  antipatía.  ¿Por  qué?  No  sabría  decirlo.  Creo  os  he 
contado  ya  que  habiendo  pasado  un  verano  quince  días  en  una  playa  bre- 
tona, todos  los  días  hallábamos  escrito  en  la  arena,  cuando  la  marea 
bajaba:  «¡Muerte  á  los  judíos!» 

Seguro  es  que  esto  cambiará,  porque  no  es  un  odio  sincero  y  no  está 
razonado.  La  moda  hará  cualquier  día  que  los  intelectuales  cambien,  y 
entonces  el  odio  á  estos  pobres  judíos,  que  no  son  peores  ni  mejores  que 
los  demás  mortales,  disminuirá  considerablemente. 

Y  bien;  después  de  esto,  ¿quiere  el  señor  seeietario  de  la 
Alianza  que  pongamos  en  frente  las  declaraciones  fidedignas 
de  Rachel  Pilo  y  de  José  Levy,  residentes  en  Sevilla,  acerca  de 
cómo  son  tratados  allí  los  honrados  israelitas?  ¿Quiere  que  le 
digamos  como  lo  son  en  los  ghettos  marroquíes?  ¡Mal  criterio  es 
ese  que  juzga  del  ambiente  legal  de  un  país,  por  lo  que  hacen 
sus  apasionados  luchadores! 

Seamos  prudentes  y  benévolos  en  nuestros  juicios. 
Francia,  esa  gloriosa  y  adorable  nación,  cuyas  grandezas  y 
heroísmos  por  los  derechos  del  hombre  veneramos  los  españo- 
les, y  tienen  un  culto  en  nuestros  corazones,  presenta  de  todo. 
Y  así  como  aún  vibran  en  su  ambiente  los  sublimes  apostrofes  de 
Mirabeau  pidiendo  la  libertad  religiosa,  y  contestando  con  voz 
indignada  á  Baumetz,  que  el  cristianismo,  por  ser  religión  santa, 
no  maldice  á  nadie  y  bendice  á  todos  los  hombres;  todavía  vibran 
los  ecos,  mucho  más  lejanos  en  la  historia,  pero  más  resonan- 
tes en  la  vida,  de  cuando  la  amenaza  de  Breno  condensó  en 
una  frase  inmortal  el  triste  destino  de  ios  vencidos. 


564 


Y  los  judíos  son  aun  los  infelices  vencidos  de  la  humanidad, 
condenados  á  los  ultrajes  de  la  bajas  pasiones;  quienes  esperan 
una  justicia  social,  por  la  cual  trabajamos  allá,  aquí  y  en  todas 
partes,  cuantos  odiamos  la  desigualdad  y  la  tiranía  entre  los 
hombres.  Ayudémonos  unos  á  otros  y  haremos  obra  grata  á 
la  misericordia  de  Dios  y  útil  á  los  intereses  de  los  caídos. 


CAPÍTULO  IV 


Ambiente  moral  y  económico  de  España. — Razas  superiores  y  razas  inferiores, — 
Los  denigrantes  extranjeros  y  nacionales. — Causas  de  nuestra  decadencia- — La 
hecatombe  de  1898.— Condiciones  |biológicas  naturales  de  España. —Examen 
de  nuestros  defectos  telúricos,  geográficos  y  geológicos.— Hojeada  sintética  de 
la  riqueza  pública  y  el  desen  volvimiento  de  la  nación. — La  frase  de  Acosta 
sobre  el  sepulcro  del  Cid.— Nuestro  pasado  y  nuestro  presente.— Lo  que  nece- 
sita España. —  Nuestra  emigración. 


Si  el  ambiente  religioso  de  España  no  la  incapacita  para 
reconciliarse  con  sus  hijos  desterrados,  mucho  menos  la  in- 
capacitan todavía  las  condiciones  intelectuales  y  económicas 
que  posee.  Hay  la  manía  de  presentar  á  nuestro  país  como 
un  pueblo  degenerado,  y,  por  lo  pobre,  miserable.  Algo  de 
tal  género  viene  á  deducirse  del  tono  con  que  el  honorable 
Mr.  Bigart  habla  de  nuestra  vida,  y  esto, — dicho  sea  con  todas 
las  salvedades  que  aconseja  nuestro  respeto  á  dicho  señor, — es 
absolutamente  inexacto,  dentro  de  la  buena  fe  del  secretario 
de  la  Alianza;  como  es  pérfidamente  calumnioso  algunas  otras 
veces,  cuando  lo  dicen  dé  mala  fe  espíritus  hispanófobos.  Inte- 
resa rectificar  tales  especies. 

Degeneración  llamamos  en  sentido  orgánico,  los  médicos,  á 
una  regresión  substancial  y  funcional  del  organismo  vivo  que 
conduce  por  modo  irremediable  á  la  muerte.  Degenerado  es  el 
corazón  graso  ó  el  del  pobre  miocardítico,  cuya  fibra  muscular 
tiene  perdidas  las  condiciones  de  nutrición  y  la  susceptibilidad 


566 

reactiva  para  el  estímulo  sanguíneo;  como  degenerado  es  el  cere- 
bro ateromatoso  del  anciano,  cuyas  neuronas  y  tejidos  vascu- 
lares se  resisten,  por  modo  creciente,  á  las  gallardías  funciona- 
les de  la  idea;  pero  nada  de  esto,  ni  de  cosa  semejante,  acontece 
con  España. 

Uno  de  los  libros  de  espíritu  más  sensato  y  justo  que  se  han 
escrito  últimamente  es  el  ya  citado  de  N.  Colajanni,  catedráti- 
co de  la  Universidad  de  Ñapóles  y  diputado  en  el  Parlamento 
italiano;  aunque,  como  sucede  infaliblemente,  y  siempre  que  con 
vistas  á  lo  propio  se  quiere  trazar  grandes  líneas  sobre  rasgos 
de  otros  pueblos  y  leyes  de  su  psicología,  también  adolezca  fre- 
cuentemente de  aquel  mismo  mal  de  espíritu  rutinario  y  de 
prejuicios  egoístas,  contra  el  cual  se  halla  inspirada  la  esencia 
del  libro  todo.  Hablar  hoy  de  la  inferioridad  y  superioridad 
étnica  de  tales  y  cuales  naciones,  que  vienen  jugando  en  la 
evolución  del  progreso  humano;  proclamar  jactanciosamente  la 
diferencia  orgánica  de  aptitudes  intelectuales  y  morales,  por  que 
las  circunstancias  de  la  vida  y  de  la  educación  concentran  pre- 
cisamente hoy,  en  unos  pueblos,  fuerza,  brillo  y  poder  que  antes 
gozaron  otros,  y  dedicar  á  esta  demostración,  así  las  farandule- 
rías  altisonantes  de  la  oratoria  pohtica,  como  los  sistematizados 
y  prolijos  razonamientos  de  los  tratadistas,  es  sencillamente 
realizar  una  obra  de  egoísmos  nacionales,  ó  de  paradójicos  dis- 
cursos, donde  ni  la  exactitud  histórica,  ni  la  fiel  observación  de 
los  hechos,  ni  el  sereno  y  bien  contrastado  análisis  tienen  asien- 
to. De  los  estadistas  viciados  por  ambiciones  imperialistas, 
jingoístas  y  chauvinistas  criminosas,  como  de  los  sabios  per- 
vertidos con  la  demostración  de  tesis  más  ó  menos  extravagan- 
tes, se  pueden  y  deben  temer  con  frecuencia  los  más  estupen- 
dos desatinos;  y  no  es  con  verdad  de  las  enseñanzas  menos  in- 
teresantes que  hemos  recogido  en  nuestra  vida,  de  algunos 
años,  pasada  entre  poUticos,  sabios  y  tratadistas,  ver  cuan  sor- 
prendente cantidad  de  ingenio,  erudición  y  grandilocuencia  se 
gasta,  irmy  á  menudo,  para  sostener  errores  y  dislates  que  un 
a  nálisis  tranquilo  y  modesto  rechaza  con  justicia. 

Ese  juicio  de  Colajanni,  de  que  todos  los  pueblos  y  razas  han 
llevado  su  contingente  al  patrimonio  de  la  civiUzación,  y  que 
éi  ta  puede  ser  comparada  á  una  lámpara  que  los  unos  transmi- 


i 


567 

ten  á  los  otros,  es  algo  exacto;  y  lo  es  todavía  más  el  que  nin- 
guna raza  puede  vincular  en  sí  la'aristocracia  intelectual,  ni  las 
más  selectas  aptitudes  del  progreso,  porque  si  hechos  que  pro- 
basen lo  contrario  faltaren  en  la  historia,  ahí  está  la  aparición 
estupenda  de  ese  deslumbrante  So)  japonés,  que  surge  por 
Oriente  dando  categoría,  en  los  destinos  del  mundo,  á  una  raza 
tenida  por  despreciable  y  simia.  Y  este  caso  basta  para  conven- 


FiG,  186. — Muelles  de  Salónica  y  paseo  público. 

cerse,  de  que  todos  los  pueblos  son  aptos  para  empuñar  la  lám- 
para dicha  y  levantarla  muy  alto,  áfin  de  abarcar  bajo  sus  res- 
plandores el  mayor  espacio  posible 

Un  escritor  inglés,  que  ha  querido  firmar  con  el  pseudóni- 
mo de  Calchas,  dice  que  el  siglo  xvi  fué  el  siglo  de  España;  que 
en  el  xvii  preponderó  Francia;  en  el  xviii  y  xix  aventajó  á  ésta 
la  Gran  Bretaña;  á  fines  del  xix,  y  en  la  actualidad,  Alemania 
y  los  Estados  Unidos  superan  á  la  anterior,  y  por  los  despre- 
ciados archipiélagos  asiáticos  del  Océano  índico,  donde  vive 
esa  raza  amarilla,  muchos  siglos  atrás  asiento  de  la  cultura,  y 
después  caída  hasta  ser  considerada  definitivamente  bárbara, 
aparece  otra  vez  quizás  el  Señor  del  mañana  y  el  que  empuja- 
rá las  naciones  por  incalculables  derroteros.  De  este  modo,  no 


568 

solamente  ha  pertenecido  la  superioridad  á  las  razas  todas  de 
Asia  y  de  Europa,  en  momentos  varios  de  su  historia:  á  chinos, 
caldeos,  egipcios,  hebreos,  griegos,  romanos,  sarracenos,  italia- 
nos, españoles,  franceses,  alemanes,  americanos...,  sino  que  el 
destino  vuelve  á  levantar  á  los  caídos,  resucita  Lázaros  en  el 
cementerio  de  los  pueblos,  y  muestra  á  todos  la  consoladora 
idea  de  que  no  se  ha  escrito,  para  las  razas  ni  para  las  naciones, 
el  dantesco  lasciate  ogni  speranza. 

¡Ya  hace  reir  la  vanidad  que  manifiestan  los  pueblos  y 
cómo  cada  cual  se  cree  el  predilecto  y  escogido  por  Dios  para 
dominar  al  mundo,  llevando  á  latigazos  á  los  demás  por  el  ca- 
mino del  bien!  Los  hebreos  fueron  escogidos  de  Dios;  España 
la  creímos  nación  preferida  por  Dios;  los  rusos,  á  quienes  los 
japoneses  hunden  su  ñno  y  artístico  puñal  en  el  corazón,  se 
llaman  los  representantes  de  Dios;  los  alemanes,  predestinados 
están  por  Dios,  y  ese  tío  Sam,  ayer  tan  zaño  y  grotesco,  hoy 
representa  en  sus  caricaturas  á  John  Bull,  pequeño  y  suplican- 
te, es  decir,  mostrándose  también  como  otro  predilecto  de 
Dios...,  y  todos,  así,  juzgan  con  desdén  la  obra  de  la  historia  y 
las  capacitadas  energías  de  los  demás. 

Y,  sin  embargo,  los  hechos  se  presentan  abrumadores,  rec- 
tificando las  sandeces  de  tantos  antropólogos,  sociólogos^  esta- 
distas, diplomáticos  3^  mercachifles,  que  creen  ser,  ellos,  el  eje 
del  mundo  y  los  señores  de  la  humanidad.  ¡Que  vaya  ahora 
Le  Bon  á  los  nipones  con  aquellos  juicios  suyos  sobre  ISi  jerar- 
quía de  las  razas,  cuando  afirmaba  que  todos  los  diplomas  del 
mundo,  jamás  harían  que  un  negro  y  un  japonés  llegasen  al  ni- 
vel de  un  europeo  vulgar!  ¡Y  que  se  acompañe  de  archiduques 
rusos  para  contar  á  Oyama,  Kuroki  y  Nogi,  lo  que  deduce  la 
ciencia  de  los  antropólogos,  en  punto  á  la  distinción  de  razas 
humanas! 

Nosotros  hemos  creído  siempre  que  las  circunstancias  y  la 
educación  son  los  factores  que  más  diferencian  unos  de  otros 
pueblos;  que  la  aptitud  para  ser  educados  no  es  peculiar  á  los 
iadividuos  de  tal  ó  cual  raza,  y  que  examinando  la  vida  de  las 
naciones  todas,  cuando  su  historia  es  larga,  se  aprecian  alti- 
bajos del  poder,  ó  sean  flujos  y  reflujos  de  la  cultura,  según 
son  los  ejes  morales  que  gobiernan  á  la  humanidad,  las  fases 


569 

de  evolución  por  que  cruzan  los  países  que  las  rodean,  el  ge- 
nio de  sus  hombres  públicos,  la  índole  de  las  grandezas  que  ca- 
racterizaron su  esplendor,  etc.,  etc.  Los  mismos  individuos  de 
una  raza  se  muestran  de  un  modo  en  Inglaterra  y  de  otro  muy 
distinto  en  los  Estados  Unidos.  Y  hasta  los  mismos  naturales 
de  una  comarca,  aparecen  cambiados  con  pocos  años  de  inter- 
valo, según  las  circunstancias  de  su  historia.  Por  esto  nadie  co- 
nocería hoy,  en  el  Norte  América,  la  condición  moral  de  aque- 
,llos  Estados,  tan  ignorantes  hace  algunos  lustros,  cuando  las 
CaroHnas  nada  más  contaban  que  cinco  escuelas;  Alabama, 
Missisipí  y  Misouri  no  tenían  una  sola;  firmaba  con  cruces  la 
mayoría  de  los  representantes  de  Maryland,  y  Nueva  York  ca- 
recía de  una  tienda  de  libros. 

Y  á  causa  de  esto  deseamos  decir,  con  Mosso,  que.  por  amor 
á  la  humanidad,  se  debe  combatir  la  doctrina  fatalista  de  las 
razas;  y  reconocer  que  la  actividad  bien  dirigida  sanea  siempre, 
como  el  aire  puro,  la  moralidad  de  un  ambiente  y  desarrolla  el 
vigor  de  un  pueblo. 


España  halló  los  orígenes  principales  de  su  caída  en  las 
propias  fuentes  de  sus  pasadas  grandezas.  Esta  causa  de  enfer- 
medad nacional  no  fué  pecuUar  nuestra,  pues  la  historia  de 
los  más  poderosos  imperios  acredita  que  es  una  ley  de  patoge- 
nia universal.  Los  intereses  creados;  la  velocidad  adquirida  en 
una  dirección  histórica,  difícil  de  rectificar  para  obedecer  á  nue- 
vas exigencias  y  estados  de  la  Sociedad;  la  clase  de  hombres 
públicos  que  rigen  los  destinos  nacionales  en  épocas  determi- 
nadas, y  una  cultura  general  insuficiente,  así  en  los  que  gobier- 
nan como  en  los  gobernados,  nos  sugieren  sensaciones  falsas  y 
un  concepto  erróneo  de  la  vida  positiva.  Hoy  estudiamos  poco, 
y  tratamos  y  resolvemos  las  cuestiones  más  graves  con  lamenta- 
ble ligereza,  cuando  no  con  criterio  caciquil  bastardo.  No  sen- 
timos la  impresión  justa  de  los  sucesos  y  de  los  fenómenos  que 
influyen  en  grado  transcendental  sobre  los  intereses  públicos;  y 
por  esto  nuestras  deducción  es  y  consejos  son  con  frecuencia 
perjudiciales. 

La  vida  parlamentaria  nuestra,  antes  y  después  de  los  te- 


570 

rribles  sucesos  que  produjeron  el  funesto  Tratado  de  París, 
no  nos  ha  dejado  un  recuerdo,  ni  uno  solo,  que  produzca  en  el 
ánimo  vislumbre  de  admiración,  consuelo,  ni  entusiasmo  algu- 
no. Aquella  terrible  época,  durante  la  cual  debiera  el  genio  es- 
pañol haber  producido  algo  sensacional  y  sublime,  que  vibrase 
con  la  magnitad  que  presentaba  nuestro  inmenso  desastre,  de- 
jando siquiera  centelleos  y  resplandores  de  la  nación,  un  día 
poderosa  en  la  historia,  que  se  rinde  al  golpe  de  su  mortal  des- 
gracia, no  inspiró  nada  que  merezca  recordarse.  La  ignorancia, 
la  imprevisión  y  el  egoísmo  de  los  partidos  consumaron  la  obra 
destructora,  sin  que  una  voz  grandilocuente  supiera  expresar 
lo  criminal  de  la  mutilación,  por  el  grito  desgarrador  del  queji- 
do; ni  lo  perdonable  de  nuestro  aniquilamiento,  por  la  conciencia 
y  fatalidad  de  nuestra  irremediable  adversidad.  Lo  ignorába- 
mos todo  y  no  supimos  salir  de  nuestra  vulgar  y  asquerosa  po- 
lítica menuda.  Lanzamos  nuestra  débil  patria  contra  un  coloso 
sin  saber  lo  que  hacíamos.  Fué  el  estúpido  porrazo  del  puche- 
ro frágil  de  barro  contra  la  olla  fuerte  de  hierro.  Por  eso,  cuan- 
do reproducimos  hoy,  en  la  memoria,  las  impresiones  más  sa- 
lientes de  entonces,  surgen  solamente  recuerdos  que  son  verda- 
deras enormidades.  Por  ejemplo:  Un  gárrulo  representante  del 
carlismo  que  amenaza  con  que  su  partido  fusilará  por  detrás 
á  los  soldados  si  no  van  á  la  guerra.  Un  jefe  del  partido  con- 
servador que,  requerido  angustiosamente  por  Sagasta  á  domi- 
nar el  espantable  conflicto  nacional,  con  una  acción  conjunta  y 
patriótica  de  todos  los  partidos,  se  niega  á  la  coparticipación  y 
responsabilidad,  diciendo  que  para  obrar  está  el  Gobierno.  Dos 
parlamentarios  veteranos,  muy  veteranos,  conservador  el  uno 
y  republicano  el  otro,  que  apresuran  con  sus  discursos  la  sali- 
da de  la  escuadra  de  Santiago  de  Cuba,  para  que  luche  con  la 
americana  y  triunfe  ó  perezca.  Un  Ministro  de  Marina  tan  tor- 
pe de  palabra  como  escaso  de  conocimientos,  que  embargaba  el 
Sol  de  las  Victorias,  para  que  alumbrase  los  heroísmos  de  esa 
mísera  escuadra  de  Cavite,  que  pocas  horas  más  tarde  iba  á 
sepultar  por  siempre,  sin  gloria  alguna,  el  pabellón  español  en  el 
fondo  de  las  aguas  cuyo  dominio  incorporó  á  la  España  de  Fe- 
lipe II  el  intrépido  Legazpi.  Un  tribuno  de  grande  autoridad 
parlamentaria  que  se  muestra  atacado  de  la  funesta  manía  de 


571 

querer  prolongar  más  y  raás  una  lucha,  inicua  por  lo  desigual, 
provocando  en  otro  Ministro  de  Marina,  Sr.  Auñón,  aquella 
frase  que  contrasta,  por  lo  positiva  y  práctica,  con  la  ampulosa 
y  fantástica  de  su  antecesor:  «¿Pero  cree  su  señoría  que  en  este 
litigio  España  pleitea  por  pobre?»  Un  orador  portentoso  que 
culpa  al  Gobierno  de  la  derrota,  porque  dejó  de  adquirir 
dos  ó  tres  cruceros  que  pudo  comprar.  Una  emoción  profunda 
que  se  apodera  de  todo  el  Congreso,  en  un  momento  dado,  por- 
que circula  la  falsa  noticia  de  que  Lazaga  dirigió  el  Oquendo  á 
las  costas  yanquis  y  bombardeó  uno  de  sus  puertos...;  y  mien- 
tras la  nación  corría  esta  calle  de  amargura  y  sufría  infamante 
calvario,  el  Verbo  de  la  raza,  Castelar,  á  quien  visitábamos  de 
continuo  en  su  domicilio,  como  amigo  y  como  médico,  y  cuya 
mortal  dolencia  sufría  incurable  gravedad  con  los  desastres  de 
la  patria,  estaba  huido  de  la  tribuna,  daba  de  mano  á  los  Hrismos 
y  grandilocuencias  de  las  épicas  luchas  y  condensaba  en  otra 
frase,  así  las  angustias  de  su  espíritu  como  la  experiencia  de  sus 
años,  repitiendo  á  cada  paso.-  «¡Han  cambiado  los  tiempos. 
Antes  los  pueblos  debían  saber  cómo  se  muere;  hoy  los  pueblos 
deben  saber  cómo  se  \áve! » 

Sí;  la  ignorancia,  la  falta  de  estudio,  de  conocimiento  serio 
y  concienzudo  de  los  problemas,  aparece  siempre  como  uno  de 
los  más  grandes  defectos  de  nuestra  vida  nacional,  y  de  los  que 
nos  causan  mayor  daño  y  atraso.  En  cuanto  hemos  recordado 
se  advierte  un  hecho  fundamental:  fuimos  ciegos  y  afrontamos 
ignorantes  una  guerra  que  era  sencillamente  una  locura.  Arras- 
trados por  la  populachería  y  la  leyenda  de  nuestra  bravura,  pero 
sin  nociones  de  geografía,  aritmética  y  de  estadística  interna- 
cional, que  nos  permitieran  conocer  lo  que  no  cabe  ignorar  en 
tales  empresas,  á  saber:  las  condiciones  de  los  combatientes  y 
de  sus  armas,  fuimos  á  una  bancarrota  de  lo  pasado  y  de  lo 
presente,  y  hasta  comprometimos  lo  futuro,  cuando  menos  por 
largo  tiempo. 

En  todo  esto  no  hubo  más  ni  menos  valor,  más  ni  menos 
capacidad  moral  que  la  que  mostraron  los  yanquis:  hubo  senci- 
llamente ignorancia,  y  si  algunos  de  los  directores  de  la  políti- 
ca española  conocían  bien  las  condiciones  en  que  se  planteaba 
la  lucha,  hubo  falta  de  valor  cívico  para  decir  á  su  patria  con 


572 

•energía  la  verdad,  afrontando  la  impopularidad  de  ir  contra  la 
<;orriente  impetuosa  de  la  opinión  extraviada.  Solamente  Pi 
Margall  y  Moret  presintieron  nuestro  desastre. 

Ignorancia  y  egoísmo  estrecho,  así  de  personas  como  de 
partidos,  en  las  alturas ;  ignorancia  y  espíritu  de  indisciplina  y 
oposición  contra  todo  lo  que  es  autoridad,  en  los  de  abajo;  fri- 
volidad y  populachería  en  gran  parte  de  nuestra  prensa,  antes 
atenta  al  éxito  callejero  que  á  la  severa  razón  y  al  buen  conse- 
jo; he  aquí  los  más  esenciales  defectos,  á  los  cuales  se  suman 
el  caciquismo,  que  es  como  lepra  y  malaria  de  los  distritos  y  de 
las  comarcas,  y  ciertas  letales  pesadumbres  históricas,  que  son 
rastrojos  de  viejas  complexiones  revolucionarias  y  fanatismos 
rojos  y  blancos,  por  los  cuales  todavía  hay  muchos  intelectuales 
que,  no  obstante  las  libertades  sumas  aquí  encarnadas  en  las 
leyes,  y  el  triste  recuerdo  de  nuestra  inquieta  y  trágica  historia 
revolucionaria  del  siglo  xix,  piden  á  gritos  revoluciones  socia- 
les y  conflictos  sangrientos,  que  no  servirían  más  que  á  las 
desesperaciones  de  una  vanidad  mal  atendida,  á  las  necesida- 
des de  una  vida  bohemia,  ó  á  las  angustias  de  neurosis  no  diag- 
nosticadas. 


Pero  si  se  prescinde  de  esto  y  se  remonta  sereno  el  examen 
á  las  condiciones  biológicas  naturales  de  este  país,  y  al  estado^ 
de  sus  energías  todas:  antropológicas,  telúricas  y  geográficas, 
pide  la  justicia  reconocer  que  España,  á  pesar  de  su  larga  y 
gloriosa  historia,  es,  no  un  país  degenerado,  sino  un  país  de  evo- 
lución retardada;  no  un  pueblo  senil  y  caduco,  sino  un  pueblo  de 
juventud  inquieta  y  mal  educada;  no  una  nación  exhausta,  sino 
una  nación  que  muestra  sus  fuentes  de  producción:  suelo,  sub- 
suelo, climas,  mares  y  ríos,  todas  por  explotar,  al  extremo  de  que 
por  doquiera  se  ven  veneros  de  riqueza  que  demandan  genios 
industriales,  y  se  contemplan  fortunas  muertas,  que  esperan  la 
voz  de  quien  las  resucite  y  las  ponga  en  movimiento. 

Hemos  visitado  casi  todas  las  naciones  de  Europa;  hemos 
admirado  la  riqueza  y  hermosura  de  muchos  pueblos,  y  en 
nuestros  libros  y  artículos  de  viaje  queda  un  testimonio  de 


573 


aquella  bondad  de  sentimientos  por  la  cual  se  identifica  el  via- 
jero noble  con  la  historia,  las  costumbres,  los  méritos  y  virtu- 
des de  los  países  que  visita.  Todos,  desde  la  heroica  Holanda 
hasta  la  decadente  Turquía,  nos  han  conmovido  y  han  dejado 
en  nuestros  recuerdos  tan  gratas  impresiones,  que  nunca  he- 
mos transpuesto  una  frontera  sin  sentir  esa  tristeza  que  causa 
la  despedida  del  ser  á  quien  se  admi- 
ra, y  sin  formular  en  nuestra  alma  vo- 
tos por  la  paz,  la  prosperidad  y  la  ven- 
tura de  ciudadanos,  entre  los  cuales 
habíamos  convivido  más  ó  menos 
tiempo.  Pues  bien,  con  todo  esto  de- 
cimos, que  ninguno  fué  dotado  de 
más  encantos  ni  de  más  virtuales  ri- 
quezas que  España;  y  que  aquella 
tan  conocida  leyenda,  aun  por  los  ex- 
tranjeros contada  hasta  el  exceso,  de 
que  Dios  otorgó  á  nuestro  país  todos 
los  atractivos  y  riquezas  deseables 
menos  un  buen  Gobierno,  es  la  expre- 
sión de  una  perfectísima  verdad. 

Y  hay  que  decir  más:  no  obstante 

sus  desastres  coloniales,  sus  agitaciones  regionalistas  y  anar- 
quistas, sus  desaciertos  políticos  y  la  frivolidad  de  sus  gober- 
nantes, España  es  una  nación  que,  por  lo  copioso  de  sus  fuen- 
tes de  vida,  está  presentando  una  evolución  sorprendente  y  des- 
arrollando, por  donde  quiera  se  la  contemple,  energías  y  pro- 
gresos que  tienden  á  juntarla  con  esos  pueblos  adelantados,  de 
los  cuales  venía  muy  separada,  con  un  retraso  imposible  de 
calcular. 

Y  esto  que  decimos  no  ha  de  contraerse  á  una  mera  afirma- 
ción, sino  que  hemos  de  acreditarlo,  presentando,  á  grandes 
rasgos,  pruebas  demostrativas  de  su  exactitud.  Nuestras  des- 
gracias no  han  acabado  con  Hispania.  Aquí  se  halla  el  solar  de^ 
un  poderoso  imperio;  aquí  arraigan  todavía  gérmenes  de  gran- 
deza y  de  vida;  y  la  inundación  asoladora  que  arrancó  á  la  na- 
ción sus  bosques  y  la  llevó  gran  parte  del  suelo,  ha  dejado  ar- 
boleda y  terreno  feraz  suficiente,  para  que  se  repueble  con  lu- 


FiG.  187. — Fortuna  Benselam, 
distinguida  señorita  de  Casa- 
blanca. 


574 

juriante  esplendor  y  se  produzca  una  vida  intensiva  que  supe- 
re en  glorias  y  servicios,  por  bien  de  la  humanidad,  á  la  vida 
extensiva  que  antes  disfrutábamos. 


Tiene  España  una  superficie  de  504.516  kilómetros  cuadrados 
con  20  millones  de  habitantes,  censo  verdad;  y  tienen  respectiva- 
mente, Alemania  540.658  kilómetros  con  56  millones,  y  Francia 
536.408  con  38  millones.  Es  decir,  que  en  una  extensión  de  terre- 
no aproximadamente  igual,  Francia  cuenta  un  censo  casi  doble 
y  Alemania  casi  triple.  En  otro  orden  de  cifras  aparecen:  España 
con  36,  ó  si  se  quiere,  38  habitantes  por  kilómetro  cuadrado; 
Francia  con  74,  y  con  cifras  desiguales  los  Estados  alemanes, 
desde  Sajonia  que  tiene  280,  hasta  99  que  presenta  Prusia.  Es- 
tas cifras  que,  como  es  natural,  cambian  de  un  año  para  otro, 
demuestran  que  España  es  uno  de  los  Estados  menos  poblados 
de  Europa. 

Cuando  se  examina  un  plano  en  relieve  de  nuestra  nación, 
y  se  contemplan  sus  diferentes  cordilleras;  las  cuencas  hidro- 
gráficas que  aquéllas  forman,  vertiendo  sus  aguas  por  Oriente 
al  Mediterráneo  y  por  Occidente  al  Atlántico;  nuestras  muchas 
serranías  y  altas  mesetas;  las  regiones  palúdicas,  así  marinas 
como  fluviales;  las  dilatadas  dehesas  casi  improductivas;  las 
vastas  ondulaciones  graníticas  y  calcáreas  por  donde  se  des- 
peñan las  riadas...,  etc.,  etc.,  algunos  espíritus  impresionables 
dan  en  la  creencia  de  que  gran  parte  del  suelo  español  es  in- 
hospitalario y  estéril,  nada  apto  para   el  desarrollo  de  una 
población  densa;  pero  ya  en  la  Real   Academia  de  Medici- 
na de  Madrid,  contestando  al  discurso  de  ingreso  de  nuestro 
llorado  amigo  D.  Modesto  Martínez  Pacheco,  que  trató  de  este 
punto,  advertimos  cuan  infundado  era  semejante  aserto;  y  des- 
de  entonces  acá  los  hechos    han   confirmado  nuestro  juicio, 
desenvolviendo  fuentes  de  vida  y  de  riqueza  en  lugares  que 
fueron  condenados  como  absolutamente  inhabitables. 

Decíamos  entonces  que  las  altas  mesetas,  las  variaciones  y 
crudezas  de  los  climas,  los  pantanos  y  lugares  palúdicos,  las 
marismas  y  depresiones  geológicas...,  todo  lo  que  se  considera 
á  primera  vista  como  causa  incorregible,  en  España,  de  pobreza 


575 

y  de  muerte,  fué  en  los  pueblos  trabajadores  y  bien  educados 
motivo  de  riqueza  y  de  carácter;  y  lo  será  siempre  cuando  en 
ellos  exista  una  raza  virtuosa,  y  rijan  los  destinos  nacionales 
Gobiernos  que  atiendan  á  la  conservación  y  al  crecimiento  de 
su  principal  riqueza  pública,  que  son  el  censo  y  la  S9,lud  de  sus 
habitantes.  Y  decíamos  más:  que  todos  esos,  al  parecer,  inconve- 
nientes, son  manantiales  de  virtudes  cívicas  y  de  rasgos  antro- 
pológicos firmes,  en  la  constitución  social  y  política  de  las 
comarcas. 

Y  añadíamos  todavía,  que  no  hay  en  las  diferentes  regiones 
de  nuestro  suelo  defecto  alguno  que  no  haya  caracterizado  el 
solar  de  pueblos  afamados  en  la  historia,  ni  sido  vencido  con  el 
temple  firme  de  sus  heroicos  naturales.  Y  probábamos  nuestro 
aserto. 

Las  montañas  y  frías  mesetas  de  nuestras  cordilleras,  como 
sus  variaciones  del  clima  y  accidentes  del  suelo,  los  tuvo  igua- 
les la  Grecia  inmortal,  cuya  península  presenta  una  constitu- 
ción geográfica  semejante  á  la  Península  Ibérica.  Pocas  topo- 
grafías hay  en  el  mundo  tan  ásperas  y  desiguales,  como  aquel 
diminuto  y  venerado  paraje  donde  el  Pindó  se  desprende  de 
los  Alpes  orientales,  y  baja  separando  la  Iliria  de  la  Macedonia 
y  el  Epiro  de  la  Tesalia,  formando  con  los  montes  Cambunia- 
nos  y  el  Ossa  las  nueve  décimas  partes  del  suelo,  creando  en  la 
península  numerosas  ramificaciones  que  se  dirigen  por  opuestos 
sentidos,  se  enlazan  entre  sí,  y  al  reunirse  aprisionan,  como  en- 
tre altos  muros,  las  pequeñas  llanuras;  trazan  desfiladeros  mons- 
truosos, como  el  de  las  Termopilas;  valles  de  salvaje  grandeza 
como  el  de  Tempe;  mantienen  climas  distintos  en  pequeñas  des- 
viaciones del  suelo ,  con  variadas  especies  botánicas,  y  separan 
comarcas  contiguas,  cual  si  pertenecieran  á  razas  y  pueblos  muy 
lejanos;  circunstancia  que  debió  influir  en  aquel  sentimiento 
regional  que  mantuvo  odios  y  luchas  inextinguibles  entre  las 
ciudades  griegas.  Allá  hay  montes  tan  afamados  como  el  Ohm- 
po,  el  Parnaso,  el  Helicón,  el  Taigeto  y  el  Crimanto;  y  allá  exis- 
te el  Peloponeso,  que  es  muy  semejante  á  nuestra  España:  un 
cono  truncado,  cuya  meseta  central  corresponde  á  la  Arcadia. 
Estudiando  las  comarcas  de  aquel  pueblo,  aparece  la  Beocia, 
patria  de  Píndaro,  lugar  húmedo  y  brumoso,  nada  adecuado 


576 


para  la  inspiración  de  inmortales  odas;  la  Dórida,  de  alto  y  frío 
valle;  la  Etolia,  con  sus  pueblos  colgados  en  las  pendientes  de 
las  rocas,  y  sus  naturales  aislados  de  toda  comunicación  en  el 
in\derno,  como  sucede  en  algunos  dantescos  concejos  de  nues- 
tra hermosa  Asturias;  la  Acarnania,  de  terreno  mortalmente 
desabrido  y  seco,  cuyos  hijos  se  alimentaban  con  las  bellotas 
amargas  de  sus  robledales,  y  aparecían  á  los  ojos  de  los  con- 
temporáneos de  Pericles,  como  un  reflejo  fiel  de  los  héroes  que 
había  cantado  el  viejo  Homero;  y  el  Ática,  mucho  más  pobre 
que  la  Beocia,  y  quizás  por  esto  poblada  con  los  hijos  más  ac- 
tivos y  más  ingeniosos  de  la  familia  helena. 

Como  nuestros  pantanos,  marismas  y  cuencas  fluviales, 
donde  hoy  asuela  el  paludismo  y  degenera  la  raza,  los  hubo  siem- 
pre y  fueron  saneados  con  fortuna  antes  de  que  leyes  sanitarias 
vinieran  á  formalizar  las  campañas  contra  el  anofeles,  transmi- 
sor de  las  calenturas.  Ya  en  antigüedades  muy  remotas  Tarquino 
Prisco  saneaba  los  campos  malarios  que  rodeaban  al  Foro,  y 
acometía  el  drenaje  que  mucho  después  había  de  transformar- 
se en  la  Cloaca  Máxima.  Y  en  los  modernos  tiempos  Francia  ha 
demostrado,  con  sus  Laudas  de  Gascuña,  cómo  se  conquistan, 
para  la  grandeza  de  un  pueblo,  comarcas  insalubles  y  pobres, 
convirtiéndolas  en  ricas,  industriosas  y  asiento  de  una  pobla- 
ción sana  y  fuerte.  Y  ha  demostrado  Italia  cómo  la  desecación 
del  lago  Fucino  convierte,  en  fuente  de  riqueza  y  de  población, 
millares  de  hectáreas  azotadas  por  mortíferas  fiebres.  Pero  á 
bien  que  de  esto  mismo  viene  dando  pruebas  nuestra  rica  Carta- 
gena, llevando  el  esplendor  de  su  urbe  al  campo  mismo  donde 
antes  la  muerte  mantenía  su  imperio. 

Sobre  el  defecto  de  nuestros  terrenos  bajos  y  nuestras  vegas 
sometidas  á  espantables  inundaciones  por  ríos  como  el  Segura, 
pueden  enseñarnos  mucho:  en  la  antigüedad,  las  inundaciones 
del  Nilo,  que  engendraron  el  pueblo  de  más  larga  y  poderosa 
vida;  las  de  los  otros  sagrados  ríos,  como  el  Tigris  y  el  Eufrates, 
por  uno  de  los  cuales  la  soberbia  Babilonia  llevó  hasta  cuarenta 
leguas  por  encima  de  la  ciudad  sus  canales,  depósitos,  diques, 
exclusas  y  máquinas  elevadoras,  haciendo  de  aquella  comarca 
la  más  fecunda  en  frutos  de  Ceres;  las  inundaciones  en  el  va- 
lle inferior  del  Cefiso,  que  dieron  á  los  beocios  su  riqueza  agrí- 


577 

€ola;  las  de  Perú,  cuyas  costas,  como  la  tierra  de  los  Farao- 
nes, pertenecían  á  una  región  sin  lluvias;  y  las  de  Méjico,  que 
se  hallaban  en  igual  caso,  bañadas  por  el  Océano  Pacífico. 

Y  si  convertimos  la  atención  á  los  pueblos  modernos,  tene- 
mos á  Holanda,  quizás  el  pueblo  más  interesante  y  más  subli- 
me de  la  historia;  pues  de  él  puede  afirmarse  que  la  tierra  de 
sus  verdes  prados  fué  disputada  al  mar,  y  amasada  con  la  san- 
gre de  sus  hijos,  y  que  sus  limpias  y  cómodas  viviendas  se 
hallan  apilotadas  con  los  huesos  de  sus  héroes. 

No,  no  hay  aquí,  en  España,  comarcas  inhospitalarias,  ni  lu- 
gares de  irremediable  pobreza,  cuando  se  quiere  luchar  por 
vencer  sus  defectos.  Esas  mismas  Hurdes,  tan  conocidas  por  su 
atraso  y  su  pobreza,  y  cuya  regeneración  venimos  trabajando 
algunos,  con  el  honorable  y  entusiasta  D.  Francisco  Jarrin, 
magistral  de  Salamanca,  á  la  cabeza,  llegarán  á  ser  seguramente 
parajes  ricos,  fecundos  y  de  panorámicas  bellezas,  cuando 
allí  penetre  la  cultura  y  circule  la  ^nda  intelectual  y  econó- 
mica de  la  nación.  Recuérdese  que  Tiro,  la  ciudad  donde  se 
tejían  las  túnicas  de  los  sátrapas  de  Persia  y  de  los  tiranos 
de  Sicilia,  y  de  donde  salía  el  ámbar  de  la  Pomerania,  engarza- 
do en  el  oro  de  la  Lidia,  para  adornar  los  cuellos  de  las  reinas, 
se  hallaba  situado  sobre  una  peña  estéril,  rodeado  del  mar;  y, 
sin  embargo,  sus  almacenes  fueron  los  más  ricos  en  vajillas  de 
oro  y  plata,  lienzos  finos  del  Egipto,  gomas  aromáticas  de  la 
Arabia,  marfiles  de  la  India  y  metales  de  Bretaña.  Veuecia  ño- 
reció  en  una  desamparada  orilla  que  empujaban  hacia  el  Adriá- 
tico las  corrientes  desprendidas  de  los  Alpes;  la  rica  Amsterdam, 
la  ciudad  un  día  más  próspera  del  mundo,  nació  en  paraje  muy 
pantanoso  y  desolado,  bajo  un  cielo  siempre  brumoso,  entre  el 
Rhiu  y  el  Océano,  á  los  cuales  desviaron,  á  uno  y  otro  lado,  los 
supremos  esfuerzos  del  hombre...,  yá  este  tenor  podríamos  hacer 
larga,  interminable  relación  de  casos,  que  prueban  nuestra  te- 
sis y  contradicen  los  adocenados  pesimismos- 
Pero  á  bien  que  acreditada  se  halla  aquella  en  la  misma 
España,  con  las  demostraciones  de  su  creciente  prosperidad  y 
la  difusión  de  las  industrias  y  riquezas,  agrícolas  y  mineras,  que 
hoy  se  ven  por  lugares  un  día  muy  desamparados. 


37 


578 

Las  naciones,  como  los  individuos,  prueban  su  buen  des- 
arrollo con  el  aumento  y  el  vigor  fisiológico  de  sus  funciones, 
y  de  este  modo  serio  puede  evidenciar  España  su  crecimiento 
próspero.  Permítanos  el  lector  que  le  presentemos  algunas  ci- 
fras, cuyo  valor  expresivo  supera  al  de  todas  las  hipérboles  y 
razonamientos  posibles. 

España  tenía  en  1787  un  censo  de  10.409.877  habitantes,  y 
la  villa  de  Madrid  147.543;  hoy  suma  la  nación,  en  cifras  verda- 
deras, más  de  20  millones  y  Madrid  cerca  de  540.000 

En  libros,  folletos  y  discursos  varios,  pronunciados  en  el 
Senado  y  en  Academias,  hemos  tratado  ampliamente  el  pro- 
blema de  la  natahdad,  mortalidad  y  morbilidad  de  España 
y  sus  provincias,  y  huyendo  de  consideraciones  que  aquí  serían 
inoportunas,  podemos  asegurar  que  los  tres  conceptos  aparecen 
crecidos  en  nuestro  país,  con  relación  á  los  que  presenta  la  ma- 
yoría de  los  pueblos  de  Europa.  La  proporción  de  mortalidad 
viene  á  oscilar  entre  27  y  28  por  1.000,  y  la  natalidad  es  ma- 
yor. Nuestra  nación  defiende  todavía  muy  mal  su  primera  ri- 
queza, aunque  justo  es  decir  que  Gobiernos,  autoridades  j  so- 
ciedad comienzan  á  preocuparse  con  el  problema  sanitario  y  se 
trabaja,  no  ya  por  obtener  una  buena  legislación  sanitaria,  la  cual 
es  fácil,  y  hasta  podemos  considerarla  hoy  encarnada  en  nuestras 
leyes,  sino  por  proporcionar  recursos  á  sus  servicios,  y  lo  que  es 
mucho  más  difícil  todavía,  por  educar  á  los  ciudadanos  en  la 
práctica  y  la  importancia  de  la  higiene  y  la  sanidad  públicas. 
Por  este  camino  necesita  adelantar  mucho  España,  para  dispu- 
tar á  la  muerte  más  de  doscientas  mil  existencias  que  pierde 
anualmente  por  neghgencia  sanitaria.  Sin  embargo,  debemos 
reconocer  que  vamos  adelantando,  aunque  lentamente. 

La  amplificación  general  de  los  servicios  públicos  se  mani- 
fiesta con  toda  claridad,  exponiendo  el  aumento  que  ha  tenido  el 
presupuesto  de  la  nación  durante  cincuenta  y  cinco  años.  En 
1850  el  total  ascendía  á  384.560.905  pesetas,  y  el  presupuesto 
hoy  vigente,  el  de  1904,  es  de  905.451.827.  Esta  cifra  aparece 
todavía  aumentada  en  el  presupuesto  pendiente  de  discusión 
hoy  en  las  Cámaras  españolas,  cuyo  importe  asciende  á 
988.471.441.  En  cifras  redondas  puede  afirmarse  que  su  presU' 
puesto  actual  es  de  mil  millones  de  pesetas;  el  cual  viene  liqui- 


579 

dándose  con  crecido  sujjerahit  desde  hace  algunos  años.  En  este 
de  1899  fué  de  77,]  9  millones  de  pesetas;  en  1900,  de  88,38 
millones;  en  1901,  de  54,08  millones;  en  1902,  de  57, 14;  en 
1903,  de  7  <  ,51,  y  en  1904,  de  58,79 
millones,  lo  cual  acredita  una  nor- 
malidad económica  y  creciente. 

Hemos  pedido  á  nuestro  dis- 
tinguido amigo  el  Director  general 
de  Aduanas,  D.  Juan  B.  Sitges, 
ilustrado  judaísta,  á  quien  debe- 
mos interesantes  datos  y  referen- 
cias sobre  Israel,  de  las  cuales  hici- 
mos ya  mención  en  nuestro  primer 
libro,  que  nos  remitiese  una  nota 
del  desarrollo  que  han  tenido  la^ 
mercancías  aquí  importadas  y  ex- 
portadas, durante  la  segunda  mi- 
tad del  siglo  último;  y  nos  ha  su- 
ministrado las  siguientes  cifras, 
que  atestiguan  el  desenvolvimien- 
to grande  de  nuestra  balanza  mer- 
cantil, al  extremo  de  crecer  desde  las  cifras  de  importación  y 
exportación  de  167  y  122  millones,  respectivamente,  en  1850. 
hasta  alcanzar  las  de  986  y  836  en  1900. 


FiG.  188. — Esomo.  Sr.  D.  .Juan  B. 
Sitges,  Director  general  de  Adua- 
nas en  España.  Judaísta  ilustrado. 


IMPORTACIÓN 

EXPOETACIOX 

A  X  0  S 

— 

— 

Pesetas. 

Pesetas. 

1850 

167.998.410 

122.127.639 

1860 

370.828.375 

274.550.861 

1870 

521.914.095 

399.549.295 

1880 

712.046  313 

649968.179 

1890 

941.137.925 

937.759.883 

1900 

986.440.946 

836.122.166 

Hemos  demandado  igualmente  á  nuestro  querido  amigo  el 
inteligente  subdirector  de  Contribuciones  D.  Eduardo  de  Ro- 
denas, otra  nota  en  lo  que  se  refiere  á  la  recaudación  por  con- 
tribución industrial,  como  prueba  segura  de  lo  que  aumenta  la 
vida  industrial  en  España,  y  nos  respondió  lo  siguiente: 

En  1875-76  se  recaudaron  por  contribución  industrial  y  de 


580 

comercio  23.712.595,22   pesetas,  según  la  estadística  de  los 
Presupuestos,  que  publicó  hace  años  la  Intervencióu  general. 

En  1904,  según  los  resúmenes  de  ingresos  y  pagos  que  pu- 
blica dicho  Centro,  se  han  recaudado  por  dicha  contribución, 
por  resultas  de  ejercicios  cerrados,  en  junto  43.897.048,53  pe- 
setas. Y  nos  advierte  que  el  argumento  nuestro  resultará  mejor, 
haciendo  notar  que  ahora  figuran,  en  la  contribución  sobre 
utilidades,  muchos  conceptos  que  en  1875-76  figuraban  en  la 
contribución  industrial  y  de  comercio. 

Para  juzgar  la  riqueza  mobiliaria  del  país,  baste  decir  que 
el  impuesto  en  1903  arrojó  un  total  de  123.343.553,60  pesetas, 
con  un  aumento  sobre  1901  de  15.158.296,39  pesetas. 

El  número  de  entidades  contributivas  se  elevó  á  279.810,  ó 
77.674  más  que  en  1901,  lo  que  prueba  que  va  en  aumento  la 
creación  de  nuevos  organismos  industriales  y  productores. 

Examinando  las  clases  de  contribuyentes,  por  agrupaciones, 
resulta  que  en  España  hay  61  instituciones  de  crédito,  Bancos, 
Cajas,  etc.,  con  un  capital  de  784.409.300  pesetas;  33  Compa- 
ñías de  aguas,  con  82.486.708;  30  azucareras,  con  249.211.000; 
seis  de  canales  y  puertos,  con  25.215.000;  118  de  fabricación 
en  general,  con  285.248.100;  87  de  ferrocarriles  y  ti an vías, 
con  835.921.727;  169  de  gas  y  electricidad,  con  193.230.439; 
14  metalúrgicas,  con  68.535.000;  78  de  minas,  con  288.259.202; 
siete  monopolios,  con  95.417.000;  44  municipales  y  provincia- 
les, con  218.745.099;  47  de  navegación,  con  75.915.312;  21  de 
recreo,  con  8.938.500;  122  de  seguros,  con  273.944.003,  y  134 
con  137.581.208  pesetas. 

Por  consecuencia,  los  capitales  empleados  en  la  producción 
de  riqueza,  se  elevan  á  la  suma  de  3.673.057.775  pesetas. 

España  se  preocupa  mucho  con  la  cuestión  social,  y  en  ella 
las  clases  obreras  van  logrando  conquistas  numerosas  y  trans- 
cendentales. El  Sr.  Dato,  ilustre  procer  del  partido  conservador, 
daba  pocos  días  hace  una  notable  conferencia,  y  decía  que 
España,  con  tener  una  industria  naciente,  invierte  un  capital 
de  6.500  millones  en  empresas  industriales;  dato  que  exponía 
para  demostrar  la  importancia  que  tienen  esos  intereses,  y  la 
necesidad  de  evitar  que  las  relaciones  entre  obreros  y  capita- 
listas se  perturben. 


581 

Si  de  este  examen  general  descendemos  al  estudio  de  las 
diferentes  funciones,  se  debe  reconocer  que  todos  los  grandes 
ramos  que  entrañan  la  cultura  y  la  riqueza  de  la  nación,  vienen 
siendo  objeto  de  estudios  y  mejoramientos  importantes,  si- 
quiera no  avancen  con  la  rapidez  y  el  esplendor  que  desearía- 
mos, y  demanda  la  comparación  analógica  con  la  vida  de  otros 
grandes  pueblos.  Débese  esto  á  que  España  permaneció  dormi- 
da muchísimos  años,  mientras  las  demás  naciones,  que  con  ella 
rivalizaron  en  las  luchas  internacionales,  durante  los  anteriores 
siglos,  mostraban  sus  desvelos  y  marchaban  entusiásticas  ca- 
mino adelante;  y  á  que  en  todo  el  siglo  xrx  no  tuvo  más  pre- 
ocupación que  crear  y  mantener  su  régimen  constitucional,  in- 
corporar la  democracia  á  sus  lej^es  y  defenderse  contra  las  aco- 
metidas sangrientas  del  absolutismo,— quien  desea  retrogradar  el 
alma  nacional  á  pasadas  intolerancias,  y  á  Gobiernos  absolutos 
imposibles  ya  en  España,  porque  contra  semejante  retroceso 
se  levantarían,  no  las  piedras,  sino  hasta  las  cenizas  de  los  mi- 
llares y  millares  de  héroes  que  perecieron  en  campos  y  barrica- 
das, por  transformar  el  espíritu  siniestro  y  hosco  de  este  país. 
Por  esto  sucede  que  todo  cuanto  se  halla  adelantada  su  legisla- 
ción política,  aparece  aún  retrasada  su  vida  industrial  y  econó- 
mica, y  procura  ahora,  con  las  vacilaciones  y  dificultades  que 
su  lastre  histórico  ineludiblemente  ocasiona  todav^ía,  ir  des- 
envolviendo esas  fuentes  de  riqueza,  á  que  le  brindan  lo  privi- 
legiado del  suelo  y  el  subsuelo,  y  las  energías  de  sus  medios 
telúricos. 

La  enseñanza  es  una  preocupación  nacional,  á  la  cual  van 
poco  á  poco  haciendo  concesiones  los  Gobiernos,  convencidos 
todos,  así  conservadores  como  liberales,  de  su  importancia. 
Penetra  con  libertad,  sin  traba  alguna,  el  espíritu  extranjero, 
para  educar  y  fortalecer  el  nuestro;  y  ho}^,  la  vida  de  investi- 
gación, de  producción  y  de  difusión  universitaria,  se  va  des- 
envolviendo en  términos  apreciables.  Disminuyen  los  analfa- 
betos; nuestro  teatro  brilla  con  personalidad  y  méritos  propios, 
más  reconocidos  aún  por  los  extranjeros  que  por  nuestros  des- 
dichados críticos, — clase  ésta  de  lo  peorcito  que  ofrece  la  vida 
intelectual  de  España,  así  por  las  menguadas  rencillas  perso- 
nales en  que  generalmente  se  inspira,  como  por  el  plantel  de 


582 

superhombres  con  que  Dios  se  simó  favorecerla.  Y  tenemos 
una  prensa  amplia,  cada  día  más  v  más  próspera  y  bien  in- 
formada, aunque  también  necesitada  de  elevar  un  poco  más  el 
nivel  de  su  general  ilustración,  para  que  pueda  sustraerse  á 
esos  tan  socorridos  temas  de  los  toros,  los  crímenes  y  las  frivo- 
lidades políticas  y  personales,  con  los  cuales  llena  sus  colum- 
nas, y  sepa  abordar,  en  cambio,  los  grandes  motivos  de  la  vida 
universal  y  la  vida  nacional,  de  los  cuales  se  muestra  con  fre- 
cuencia desproWsla. 

Cuando  de  este  ramo  de  la  educación  nacional  pasamos 
al  importantísimo  de  la  agricultura,  debemos  admitir  la  exis- 
tencia de  un  renacimiento  agrario.  Desde  el  Rej,  que  ma- 
nifiesta sus  deseos  de  proceder  en  términos  de  que  se  h  consi- 
dere como  el  primer  agricultor  de  la  nación,  pasando  luego  por 
jefes  de  partido  como  Moret,  y  directores  generales  como  don 
José  del  Prado  y  Palacio,  cuya  reciente  Memoria  El  iwesupues- 
to  de  la  opinión,  proclama  su  laboriosidad,  competencia  y  bue- 
nos deseos;  hasta  esos  propietarios  rurales,  como  el  Conde  de 
Retamoso,  por  ejemplo,  que  abordan  los  magnos  problemas 
agrarios  y  comienzan  á  convencer  al  campesino  de  la  grande 
utilidad  que  rinde  la  maquinaria  moderna;  y  hasta  los  solda- 
dos, cuyo  entusiasmo  por  las  conferencias  sobre  agricultura, 
dadas  en  los  cuarteles,  escuchan  con  notable  interés,  todos  á 
una  manifiestan  su  firme  convicción  de  que  la  agricultura 
es  la  principal  riqueza  del  país,  y  se  impone  el  hacer  gran- 
des esfuerzos  por  sacarla  del  atraso  en  que  se  halla,  y  de  la  es- 
casa producción  que  rinde,  por  tener  el  46  por  500  de  su 
suelo,  más  de  cuatro  millones  de  hectáreas  de  terreno,  no  cul- 
tivado. 

La  nación  acude  con  recursos  asimismo  crecientes  á  estos 
complejos  ser^dcios,  como  lo  prueba  que  en  1850,  el  presupuesto 
del  Ministerio  de  Fomento-,  el  cual  abarcaba  ambos  ramos,  era 
de  15.287.332  pesetas,  en  tanto  que  en  1905  aparece  un  proyec- 
to de  50.722.320  para  Instrucción  pública  y  90.243.184  para 
Agricultura,  ó  sea  un  total  de  140.965.504  pesetas. 

Si  dirigimos  la  mirada  á  nuestros  servicios  postales,  uno 
■de  los  que  mejor  expresan  la  clase  de  vida  que  alcanza  un 
pueblo,  advertiremos  que  se  comienza  precisamente  ahora  la 


I 


583 

construcción  de  un  palacio-edificiOj  donde  tendrá  su  órgano  dig- 
no y  adecuado  esta  función,  ya  encomendada  á  Cuerpo  que 
cada  día  se  muestra  más  capaz,  mejor  organizado  y  con  espe- 
cialistas batalladores  y  progresivos,  como  D.  Francisco  de  Asís 
Gutiérrez,  por  ejemplo,  cuyas  campañas  públicas,  por  la  am- 
pliación y  mejoramiento  del  servicio,  merecen  sinceros  aplausos. 

En  España,  á  pesar  de  que  todavía  nuestras  tarifas  son 
elevadas,  nuestra  organización  poco  extensa,  y  lentas,  com- 
plicadas y  difíciles  nuestras  comunicaciones,  el  número  de  ob- 
jetos circulados  ha  aumentado,  en  diez  años,  195  millones: 
11  objetos  por  habitante,  ó  sea  de  165  millones,  que  circularon 
en  1890,  á  360,  en  1900,  lo  que  demuestra,  de  manera  total  y 
absolutamente  irrefutable,  que  en  un  solo  período  de  diez  años, 
la  correspondencia,  y,  por  tanto,  el  movimiento,  desarrollo  y 
necesidades  del  Correo,  se  han  más  que  duplicado. 

En  el  año  1890  el  total  de  envíos  fué  de  165.486.131,  y  en 
1900  fué  de  360.838.622;  es  decir,  que  en  una  década  hubo  un 
aumento  de  195.352.491. 

Las  vías  de  comunicación  también  aumentan,  aunque  con 
lentitud,  es  verdad,  proporcionalmente  á  las  exigencias  de 
nuestras  vidas  regionales,  para  la  explotación  de  sus  cuencas 
mineras  y  de  sus  productos  agrícolas  y  fabriles.  Sin  embargo, 
poco  á  poco  se  va  apretando  la  malla  de  nuestras  vías  férreas 
y  caminos. 

Según  el  último  Anum-io  publicado  por  la  Dirección  de 
Obras  públicas,  en  1.°  de  Enero  de  1903  tenía  España  en 
explotación  11.224  kilómetros  de  ferrocarriles  de  interés  gene- 
ral, de  vía  ancha;  2.087  de  vía  estrecha  y  789  de  tranvías. 
Además,  hay  en  construcción  366  kilómetros  de  vía  ancha, 
1.041  de  vía  estrecha  y  277  de  tranvías,  y  hay  concesiones, 
sin  empezar  las  obras,  de  731  kilómetros  de  la  primera  clase 
expresada,  1.024  de  la  segunda  y  235  de  tranvías.  De  servicio 
particular  existen  43  kilómetros  de  vía  ancha,  279  de  vía  es- 
trecha, 57  en  construcción  y  29  sin  empezar  las  obras.  En  re- 
sumen: existen  14.937  kilómetros  de  caminos  de  hierro  en 
explotación,  1.742  en  construcción  y  2.911  sin  empezar  las 
obras.  Esto  sin  contar  que  se  preparan  8.000  kilómetros  de  fe- 
rrocarriles secundarios. 


584 

Las  carreteras  del  Estado  construidas  suman  37.565  kiló- 
metros; en  construcción  hay  4.507;  paralizadas,  336  kilóme- 
tros; en  proyectos  aprobados,  6.834;  en  estudio,  17.413,  y  sin 
estudiar,  proyectos  por  kilómetros,  15.720;  en  total,  82.377. 

De  carreteras  provinciales  hay  construidos  6.015  kilóme- 
tros; en  construcción,  884;  paralizados,  291;  con  proyecto  apro- 
bado, 1.037;  en  estudio,  1.592;  sin  estudiar,  5.972;  en  total, 
35.792  kilómetros. 

La  longitud  de  caminos  vecinales  que  se  ejecutan  con  fon- 
dos mixtos  del  Estado,  Diputaciones  y  Ayuntamientos  es  de 
6.015  kilómetros. 


La  vida  industrial  ha  tenido  un  impulso  que  á  las  veces  ha 
podido  resultar  exagerado.  Muchas  regiones,  á  la  cabeza  de 
ellas  Cataluña,  Vizcaya,  Aragón,  Asturias,  Andalucía  y  las  dos 
Castillas,  han  sentido  la  fiebre  de  los  negocios,  y  han  producido 
movimientos  considerables  de  la  riqueza  pública.  Con  ser  Zara- 
goza ciudad  que  parecía  poco  significada  en  este  sentido,  puso 
en  circulación,  ella  sola,  más  de  200  millones  de  pesetas  desde 
el  nefasto  año  de  1898. 

Hablar  del  asombroso  desarrollo  que  en  sus  censos,  en  sus 
barriadas,  en  la  suntuosidad  de  sus  edificios,  en  la  higiene  de 
sus  viviendas,  en  la  hermosura  de  sus  plazas  y  anchas  vías, 
han  reahzado  Madrid,  Barcelona,  Bilbao,  Santander,  Cartagena, 
San  Sebastián,  Gijón,  Málaga  y  Sevilla;  como  hablar  del  senti- 
miento que  se  despierta  en  la  vida  rural  á  favor  del  mejora- 
miento del  caserío,  y  las  exigencias  de  una  vida  digna  y  có- 
moda, según  hemos  tenido  ocasión  de  apreciar  pocos  meses  ha, 
aun  en  concejos  escondidos  de  la  paradisíaca  Asturias,  sería 
enfrascarnos  en  motivos  gratos,  que  acreditan  la  vitalidad  de 
nuestra  nación.  Por  todas  partes  surgen  nuevas  fábricas  y  se 
plantean  industrias  importantes.  La  repoblación  forestal  de 
nuestros  talados  bosques  nos  preocupa;  el  aprovechamiento  de 
los  desniveles  que  ofrecen  las  cuencas  de  nuestros  ríos,  para 
la  creación  de  grandes  energías  eléctricas,  multiplica  las  in- 
dustrias, según  acontece,  por  ejemplo,  en  las  márgenes  del  Ter, 
y  otros  varios  ríos;  y  quien  anda  de  una  en  otra  provincia. 


585 

como  lo  hemos  hecho  durante  los  seis  últimos  años,  en  los- 
cuales  hemos  paseado  España  toda  de  Norte  á  Sur  y  de  Oriente 
á  Occidente,  encuentra  con  frecuencia  motivos  sobrados  para 
regocijar  su  espíritu,  y  llevar  á  sus  labios  el  canto  hermoso  de 
la  paz  y  del  trabajo 

En  resumen:  España  es  un  pueblo  castigado  por  sus  luchas 
y  sus  adversidades,  que  desea  orden  y  una  rehabihtación  dig- 
na y  severa  de  su  pasada  grandeza.  Pide  á  sus  radicales  exal- 
tados y  pide  á  sus  hombres  de  gobierno,  que  no  la  trastornen 
más,  y  que  no  la  comprometan  con  insensatas  aventuras;  como 
necesita  respeto  y  prudencia  todo  desdichado  convaleciente,  á 
quien  sus  calaveradas  han  hecho  sufrir  gravísima  enfermedad. 
Y  pide  á  las  demás  naciones  aquel  respeto  y  humana  conside- 
ración que  reclaman  los  muchos  servicios  prestados  á  la  huma- 
nidad, y  los  profundos  sufrimientos  causados  por  los  egoísmos 
y  las  injusticias  de  los  pueblos  poderosos. 

No  queremos  aventuras;  queremos  orden  y  trabajo.  Uno  de 
nuestros  pensadores  ha  dicho  frase  que  fué  bien  acogida,  á  sa- 
ber: que  España  necesita  cerrar  con  siete  llaves  el  sepulcro  del 
Cid  y  sepultar  en  él  nuestras  románticas  grandezas  y  nuestras 
pedanterías  de  pueblo  hidalgo. 

Es  verdad;  debemos  vivir  más  en  la  realidad;  pero  no  hay 
por  qué  olvidar  lo  pasado  en  absoluto,  así  para  dolemos  y 
aprender  con  nuestros  errores,  como  para  enorgullecemos  y  re- 
animarnos con  nuestras  grandezas. 

Estudiemos  mucho  la  vida;  que  el  maestro,  el  obrero  y  el 
comisionista,  en  las  diferentes  capas  sociales,  nos  aviven  el  sen- 
tido de  la  realidad,  el  cual  tenemos  algo  obtuso  por  los  muchos 
años  de  prolongado  sueño  en  que  permaneció.  Pero  cuando  es- 
tos extranjeros,  desconocedores  de  nuestro  país,  no  quieran  ver 
en  él  otra  cosa  que  frailes  fanáticos,  holgazanes,  mendigos,  ru- 
fianes, bravos  y  ladrones,  es  decir,  la  España  que  pintaron  los 
noveladores  del  tiempo  de  la  Casa  de  Austria,  la  que  aparece 
en  JEl  Lazarillo  del  Tormes,  Giizmán  de  Alfarache,  Rinconete  y 
Cortadillo,  Gil  Blas..,  y  otras  novelas  picarescas  de  su  fuste, 
las  cuales — como  dice  Rodrigo  Amador  de  los  Ríos — ^nos  pre- 
sentan á  todo  mendigo  como  un  fijodalgo,  que  se  envuelve  en 
los  jirones  de  su  raída  y  agujereada  capa,  con  la  majestad  y  el 


586 

empaque  del  Cid  Campeador;  y  á  los  españoles  como  enemigos 
del  trabajo,  ahitos  de  necesidad,  paseantes  al  sol  y  tenorios  de 
convento,  protestemos  con  energía  y  demostremos  que,  en  lo 
pasado  y  en  lo  presente,  fuimos  y  somos  muy  distinta  cosa  de 
esas  ridiculas  creaciones  de  un  género  literario,  que  tomó  de  la 
realidad  lo  que  hoy  toman  de  la  golfemia  nuestros  achulados 
cronistas  y  saineteros,  para  pintarnos  una  España  contempo- 
ránea. 

Según  debemos  condenar  la  inexactitud  y  la  injusticia  de 
nuestros  políticos  sectarios,  cuando  por  atacar  á  los  Gobiernos 
denigran  y  combaten  á  la  patria,  así  debemos  igualmente  con- 
denar á  los  maldicientes  extranjeros,  cuando,  por  favorecer  á  sus 
naciones,  falsean  y  envilecen  la  historia,  en  daño  de  la  nuestra. 

Siempre  que  esto  sucede,  sin  embargo  de  nuestro  afán  por 
atender  á  los  menesteres  del  día  y  á  las  previsiones  del  maña- 
na, nos  acordamos  de  aquel  sublime  Verbo  á  quien  admiró  el 
mundo  todo,  y  de  aquellas  sus  conmovedoras  invocaciones,  y  de- 
cimos también:  hay  que  amar  la  patria  con  exaltación  y  con 
dehrio,  porque  la  consagraron  con  sus  heroísmos  nuestros  pa- 
dres, j  la  ungieron  con  sus  lágrimas  nuestras  madres. 

Podrá  ser  trasnochada  y  cursi  la  invocación  de  lo  pasado, 
para  los  que  gustan  saborear  las  flatulencias  yoistas  de  ciertos 
neurósicos  maldicientes;  pero  cuando  nuestra  patria  sufre 
los  sangrientos  despojos  y  afrentas  de  ese  bandidaje  imperia- 
lista, que  ahora  amenaza  la  paz  y  la  independencia  de  todos  los 
pueblos,  y  causa  hecatombes  no  conocidas  en  la  historia  de  las 
guerras  más  feroces,  gustamos  de  recoger  el  espíritu  y  sumirlo 
en  la  meditación  de  nuestras  pasadas  grandezas,  de  preferencia 
á  inficionarlo  con  el  microbio  virulento  de  nuestros  auto-deni- 
grantes, y  preferimos  recrearnos  pensando  en  aquellas  ciudades 
inmortales  como  Sagunto,  que  protestó  contra  Aníbal;  Numan- 
cia,  que  protestó  contra  Escipión;  y  Zaragoza  y  Gerona,  que  lle- 
varon por  el  mundo  la  fama  de  su  resistencia  á  Bonaparte.  En 
aquellos  astures  que  aterraban  á  Agripa  yá  Augusto,  entonando 
cánticos  de  libertad  en  sus  montañas,  y  se  arrojaban  al  Cantá- 
brico antes  que  pisar  suelo  extranjero,  envilecidos  con  la  cadena 
de  esclavos.  En  aquellas  monarquías  que  lucharon  durante  siete 
siglos,  con  ejércitos  señoriales  y  feudales,  contra  una  raza  po- 


587 

derosa,  y  libraron  á  la  Europa  cristiana  de  la  barbarie  y  de  la 
esclavitud,  deteniendo  á  los  árabes  en  Covadonga,  á  los  almo- 
rávides en  Játiva  y  en  Calatrava,  á  los  almohades  en  las  Navas 
y  á  los  beni-meriues  en  Tarifa.  En  aquellos  aventureros  cata- 
lanes y  aragoneses  que  conquistaron  a  Ñapóles  y  Sicilia,  salva- 
ron con  sus  aceros  la  Hungría  toda,  y  sostuvieron,  en  Atenas  y 
Constantinopla,  al  vacilanle  imperio  bizantino.  En  aquellas 
aventuras  de  mareantes  y  conquistadores  de  América,  la  cual  in- 
venimos al  mundo  civilizado  para  volcar  en  ella  nuestros  teso- 
ros y  nuestra  sangre,  y  donde,  si  cometimos  bélicas  crueldades, 
que  luego  superó  en  sus  conquistas  la  raza  anglosajona,  tam- 
bién acometimos  y  realizamos  homéricas  empresas,  no  iguala- 
das por  pueblo  alguno.  En  aquellas  Constituciones  públicas  de 
nuestras  monarquías,  por  las  cuales  aparece  creado  ya  el  mu- 
nicipio cristiano  en  1020,  y  transformado  en  Cortes  el  Concilio, 
Oastilla  dando  las  libertades  democráticas  antes  que  Italia,  y 
Aragón  las  libertades  constitucionales  antes  que  Inglaterra.  En 
aquellas  guerreras  espadas  y  bravura  indomable,  que  vencieron 
en  nuestro  suelo  á  todos  los  más  grandes  capitanes  del  mundo: 
á  Carlos  Magno,  el  guerrero  más  grande  de  la  Edad  Media;  á 
Francisco  I,  el  guerrero  más  grande  del  Renacimiento,  y  á  Na- 
poleón, el  guerrero  más  grande  de  la  Revolución.  En  esas  pro- 
vincias, cada  una  délas  cuales  tiene  la  grandeza  histórica  de  una 
nación;  porque  Asturias  nos  dio  el  origen  de  nuestra  indepen- 
dencia; Galicia  rechazó  los  normandos,  que  saltaban  de  sus 
barcas  de  cuero  para  talar  las  costas  y  destruir  las  ciudades 
marítimas;  Navarra  sepultó  en  un  desfiladero  á  Carlos  Magno; 
-Castilla  constituyó  el  núcleo  de  nuestra  nacionalidad  y  de 
nuestros  municipios  libres;  Aragón  nos  infundió  el  alma  de  la 
libertad;  Cataluña  y  Baleares  llevaron  su  genio  militar,  político 
y  mercantil,  á  Oriente  y  á  Occidente;  Valencia  recogió  el 
aliento  del  espíritu  griego  y  lo  difundió  por  la  patria;  Extrema- 
dura nos  dio  grandes  descubridores,  poetas  y  guerreros,  y  An- 
dalucía grandes  pintores,  artistas  de  genio  creador  y  oradores 
incomparables.  En  aquellas  Universidades  nuestras  que  ilumi- 
naron al  mundo,  y  en  aquellos  genios  que  divinizaron  el  arte 
con  las  vírgenes  de  Murillo  y  los  Cristos  de  Morales,  ó  fijaron 
la  realidad  con  los  cuadros  históricos  de  Velázquez,  y  los  ana- 


588 

coretas  de  Ribera.  En  aquella  lira  robusta  de  Rioja,  fecundidad' 
de  Lope  de  Vega  3^  genialidad  dramática  de  Calderón,  y  así, 
en  tanto  y  tan  magno  y  emocionante  motivo,  que  explica  la  ex- 
clamación de  Castelar  cuando,  en  su  discurso  del  14  de  Noviem- 
bre de  1881,  decía:  «¡Dios  mío,  qué  mérito  había  en  mí  antes  de 
nacer,  para  que  me  dieses  en  la  vida  natural  una  madre  tan 
buena,  y  en  la  vida  social  una  patria  tan  grande!» 

Y  á  una  nación  así,  ¿cabe  preguntarle  si  está  en  condicio- 
nes de  hacer  algo  por  sus  desterrados  hijos?  ¿Acaso  no  es  insul- 
tarla s®Jamente  el  dudar  de  ello? 


Pero  el  Sr,  Bigart  nos  lanza  al  rostro  prueba  y  cargo  al 
parecer  incontestables:  nos  habla  de  nuestros  muchos  emi- 
grantes. 

Este  capítulo  IV,  de  la  tercera  parte,  fué  redactado  de  muy 
distinta  manera  en  un  principio,  porque  fué  escrito  principal- 
mente sobre  la  emigración.  Los  límites  que  de  antemano  he- 
mos asignado  á  nuestra  obra,  nos  han  hecho  retirar  más  de 
treinta  cuartillas,  donde  tratábamos  de  este  punto,  demos- 
trando: 

1."  Que  el  Sr.  Bigart  desconoce,  al  parecer,  el  problema  de 
la  emig  ración  española,  aún  más  que  los  alcances  de  nuestra 
Constitución. 

2.°  Que  parece  también  como  si  no  hubiera  estudiado,  ni 
conociese  el  problema  de  la  emigración  en  los  pueblos  moder- 
nos, cuando  tan  fácil  y  ligeramente  le  juzga,  ya  que  es  de  suyo 
muy  complejo,  y  el  éxodo  puede  ser  testimonio  tanto  de  po- 
breza cuanto  de  riqueza. 

3.*^  Que  España  emigra  mucho  menos  que  -Italia  y  Alema- 
nia, naciones  poderosas,  ricas  y  que  mantienen,  sin  embargo, 
en  su  seno  un  coeficiente  israelita  crecidísimo. 

Y  4.°  Que  Madrid  cuenta  entre  sus  extranjeros  una  colonia 
suizo-alemana,  que  es  la  más  simpática,  culta,  y  atrayente  que 
se  puede  desear,  y  la  cual  atestigua  cómo  hasta  esa  preciosa,  pe- 
queña, riquísima,  feliz  y  adorable  nación,  tiene  sus  emigrantes. 

Y  no  decimos  más  sobre  esto. 


CAPÍTULO  V 


Aspecto  religioso  y  deberes  de  tolerancia. — La  tolerancia  religiosa  en  Constanti- 
nopla.— impresiones  religiosas  del  autor.  — En  la  sinagoga  de  Berlín. — En  la 
plaza  San  Jorge  de  Liverpool. — En  la  mezquita  Santa  Sofía  de  Constantino- 
pla.— El  espíritu  de  libertad  religiosa  difundido  por  la  Revolución  de  Septiem- 
bre.—El  discurso  de  Castelar  del  12  de  Abril  de  1869. — Génesis  de  su  famoso 
final. — El  cosmopolitismo  en  las  ciudades  españolas. 

Quien  lea  la  información  con  que  nos  han  favorecido  los 
israelitas  de  Oriente  apreciará,  aquí  y  allá,  una  nota  sentida  y 
noble,  la  cual  hemos  registrado  gustoso  siempre  que  la  hemos 
visto  escrita,  es  á  saber:  la  gratitud  hacia  los  Sultanes  turcos 
por  la  hospitalidad  con  que  los  acogieron  en  su  imperio,  cuando 
se  vieron  arrojados  de  todas  partes,  y  las  consideraciones  con 
que  los  tratan  en  el  acervo  sin  igual  de  los  subditos  que  forman 
el  pueblo  otomano. 

Cuando  hoy  mismo  (7  de  Marzo  de  1904)  leemos  en  la  pren- 
sa telegramas  de  Viena,  donde  se  refieren  las  espantosas  ma- 
tanzas cometidas  en  Bakú,  capital  rusa  sobre  el  mar  Caspio,  in- 
fluida del  espíritu  musulmán  turco,  y  en  las  cuales  matanzas 
los  musulmanes  hicieron,  durante  tres  días,  horrible  carnicería 
entre  hombres  y  mujeres,  viejos  y  niños,  cristianos  todos,  no 
hemos  de  incurrir  en  la  inocentada  de  ponderar  la  bondad  y 
tolerancia  de  los  creyentes  de  Mahoma;  pero  es  de  toda  justicia 
reconocer  que  los  Gobiernos  imperiales  de  Turquía,  mostra- 
ron generalmente  una  hospitalidad  que  contrastó  con  la  intole- 
rancia de  los  Gobiernos  cristianos,  más  obligados,  por  el  carao- 


590 

ter  esencial  de  su  religión,  á  superarles  en  bondad  y  respeto  al- 
truista. 

No  nos  propasaremos  hasta  decir  si  esta  tolerancia  emana 
del  Coran,  procede  de  las  costumbres,  la  requiere  esa  muy  abi- 
garrada composición  de  razas  y  creencias  que  forma  el  imperio 
turco,  la  imponen  las  capitulaciones  pactadas  con  los  Gobier- 
nos de  Europa,  ó  si  se  debe  á  todo  esto  á  la  vez;  mas  sea  cual 
fuere  la  causa,  es  lo  cierto  que,  cuando  estuvimos  en  Constanti- 
nopla,  nos  produjo  grata  impresión  observar  aquel  plácido  cos- 
mopolitismo y  libertad  religiosa  que  existe  dentro  de  la  ciudad 
turca  más  afamada. 

Porque  allí,  en  aquella  paradisíaca  metrópoli  del  islamismo, 
donde  se  juntan  Europa,  Asia  y  África,  los  tres  continentes  á 
quienes  debe  su  civilización  el  pasado;  en  aquel  famoso  puen- 
te de  Galata,  bajo  cuyo  ruidoso  pavimento  circula  el  Cuerno  de 
Oro,  y  por  el  cual  bulle  la  muchedumbre  de  pasajeros  más 
numerosa  y  abigarrada  que  hay  en  parte  alguna  de  Europa, 
mucho  más  que  la  del  boulevard  de  los  Italianos  en  París,  la 
de  Regent  Street  en  Londres  y  la  de  Koernthnerstrasse  en  Vie- 
na,  allí,  todo  ser  humano  recibe  notable  lección  práctica  de  res- 
peto y  de  consideración  á  las  creencias  ajenas. 

Sacerdotes  de  las  religiones  conocidas  en  el  mundo,  revesti- 
dos con  las  más  extrañas  vestiduras,  fanáticos  de  todos  los 
cultos,  frailes  y  hermanas  de  todas  las  Ordenes,  ulemas,  dervi- 
ches, popes,  rabinos...,  verbos  elocuentes  de  los  más  opuestos 
ritos  y  teologías,  por  aUl  pasan  y  pasan  á  miles;  se  juntan,  se 
tocan  y  se  entrecruzan,  sin  que  una  mirada  rencorosa,  un  ges- 
to antipático  ó  una  frase  inconveniente  turben  lo  más  míni- 
mo el  hondo  respeto,  la  tranquila  circulación  y  majestuosa  gra- 
vedad con  que  todos  van  de  Stambul  á  Pera  y  Galata,  ó  vicever- 
sa, bajo  la  sombra  de  las  grandiosas  mezquitas  de  Ahmed  y  San- 
ta'Sofía,  al  pie  de  aquel  trágico  At-Meidan,  donde  tantas  veces 
la  sangre  encharcó  el  suelo  y  se  mostró  la  fiereza  de  las  huma- 
nas supersticiones.  Y  pasan  llevaudo  tal  vez.  cada  uno  de  aque- 
llos religiosos,  los  más  hondos  fanatismos  en  su  espíritu;  pero 
suavizándolos  con  dulzuras  y  cortesías  sociales,  que  permiten 
á  todos  la  mayor  diligencia  en  sus  menesteres  y  la  más  digna 
majestad  en  sus  ministerios,  dentro  del  general  concurso. 


591 

Pues  bien,  deseamos  que  España,  por  ser,  cuando  menos, 
tan  tolerante  como  el  Gobierno  turco,  rectifique  con  su  notoria 
conducta  esa  leyenda  de  pueblo  hosco,  fanático  y  cruel,  que  to- 
davía corre  por  el  mundo  acerca  de  ella. 

Siempre  nos  ha  conmovido  el  respeto  á  la  conciencia  reli- 
giosa, y  en  nuestros  relatos  de  viajes  hemos  consignado  con 
marcado  interés,  lo  mucho  que  nos  atraía  este  sentimiento  en  las 
personas  y  en  las  muchedumbres,  cuando  les  sirve  para  apro- 
ximarse más  á  los  desgraciados,  soportar  mejor  los  infortunios 
de  la  existencia  y  confraternizar  las  almas  todas  de  las  criatu- 
ras, sean  cuales  fueren  sus  razas  y  sus  creencias  teológicas. 

Lo  declaramos  ingenuamente:  jamás  nos  ha  interesado  un 
espíritu  ateo.  Aun  admitiendo  lo  inabordable  que  pueda  consi- 
derar el  espíritu  científico  los  fundamentos  divinos  de  las  con- 
fesiones y  teologías,  es  el  caso  que  la  experiencia,  y  el  trato  con 
el  tormento  y  la  desesperación  en  que  nos  formamos  los  médi- 
cos, nos  han  hecho  considerar  la  vida  como  una  enfermedad 
crónica  incurable,  de  duración  más  ó  menos  larga,  con  remi- 
tencias variadas  de  el  dolor  y  el  sufrimiento,  y  somos  de  los  que 
creen  que  la  Medicina  usará  siempre  la  terapéutica  sugestiva 
como  una  de  las  más  bienhechoras  posibles.  Desde  aquí,  hasta 
el  espíritu  profundamente  rehgioso,  con  tal  que  siempre  sea 
evangélico  y  bienhechor,  todo  nos  parece  bueno,  útil  y  hermoso, 
para  las  incurables  angustias  humanas.  Por  eso  recordamos,  de 
los  viajes,  aquellas  ocasiones  en  las  cuales  nuestra  alma,  since- 
ramente cristiana,  se  identificaba  con  otros  rezos  distintos,  y  con 
ellos  elevaba  preces  al  Dios  Único,  pidiendo  misericordia  para 
sus  pecadoras  criaturas.  Apreciad  nuestro  sentimiento. 

•Jamás  olvidaremos  la  vez  primera  que  entramos  en  una 
sinagoga.  Fué  en  BerHn,  un  sábado  de  Agosto,  del  año  1883.  El 
templo  fué  el  grandioso  de  Knoblauch,  donde  largo  rato  estuvi- 
mos contemplando  sus  preciosidades  arquitectónicas  y  ornamen- 
tales. Declinaba  la  tarde,  y  la  extinción  de  la  luz  natural  hacía 
que  brillaran  las  muchas  luces  por  doquiera  repartidas  en  las 
naves. 

El  extremo  derecho  de  una  galería  alta  que  rodea  el  ábsi- 
de se  llenó  de  niños;  poco  después  el  .Jazzan  tomó  asiento  en 
un  sitial,  colocado  frente  al  tabernáculo,  y  comenzó  los  oficios, , 


592 

dejándose  oir  el  órgano  y  tras  él  un  dulce  coro  de  voces  infan- 
tiles. 

Los  salmos  que  los  niños  cantaban  eran  de  muy  tierna  me- 
lodía, y  sus  frescas  voces,  admirablemente  educadas,  uniéndose 
á  los  graves  y  sonoros  lamentos  del  órgano,  formaban  un  todo 
musical  solemne  y  extraño,  que  inundaba  las  naves  del  templo, 
y  repetían  sus  bóvedas  con  angélicos  y  dulces  ecos,  algo  pare- 
cidos á  las  celestiales  resonancias  del  baptisterio  de  Pisa. 

De  cuando  en  cuando  suspendían  los  niños  3U  canto,  y  se 
oía  el  rezo  del  sacerdote,  quien  dirigía  los  salmos  con  una  voz 
de  tenor  nada  vulgar. 

Aquel  cuadro  nos  impresionó.  Los  resplandores  de  un 
día  que  expiraba  alumbraban  todavía  las  altas  claraboyas  de 
las  naves,  cuyos  centros  despedían  chorros  luminosos  de  sus 
ramilletes  inflamados;  leve  suspiro  de  luz  natural,  que  penetra- 
ba también  por  alta  fila  de  ventanas  practicadas  en  el  ábside, 
simulaba  como  una  corona  de  tenuísimas  nubes  azules,  mien- 
tras torrentes  de  luz  dorada  caían  desde  las  lámparas  sobre  las 
Tablas  de  la  Le}^,  iluminaban  con  fuerza  el  tabernáculo  y  deja- 
ban las  tribunas  y  el  ambiente  de  las  naves  envueltos  en  som- 
bras misteriosas,  cruzadas  por  el  chisporroteo  de  los  dorados, 
entre  las  cuales  resaltaban  las  apretadas  filas  de  señoras  que, 
con  tocado  de  sombrero,  ahora  se  levantaban,  ahora  se  sentaban, 
según  lo  requerían  los  oficios.  En  este  escenario,  el  canto  angé- 
lico de  las  criaturas,  pronunciando  frases  musicales  que  ya, 
lánguidas  3'^  dulces,  parecían  de  súplica,  ya,  enérgicas  y  breves, 
parecían  de  protesta,  nos  hizo  recordar  el  famoso  drama  del 
Gólgota,  que  tan  asombrosa  revolución  produjo  en  la  conciencia 
de  los  hombres  y  en  los  destinos  de  los  pueblos,  y  nos  causó 
una  emoción  indescriptible. 

En  escenario  muy  distinto,  y  seis  años  después,  sentimos 
impresiones  semejantes:  fué  en  Liverpool,  la  tarde  de  un  do- 
mingo, en  la  plaza,  frente  á  la  soberbia  y  obscura  mole  de  Saint 
Georges  Hall,  entre  las  estatuas  ecuestres  de  la  Reina  Victoria 
y  el  príncipe  Alberto,  y  la  del  descendiente  de  judíos  españoles 
Lord  Beaconsfield.  Aquí  no  fueron  los  judíos,  sino  los.  protes- 
tantes, los  que  nos  atrajeron  á  su  rezo. 

Regresábamos  ya  al  hotel,  y  á  punto  de  entrar  en  éste 


593 

oímos  un  coro  de  voces  que  partían  del  medio  de  la  plaza.  Nos 
acercamos  y  vimos,  al  pie  de  la  estatua  de  la  Reina  Victoria, 
un  corro  de  más  de  400  personas,  en  derredor  de  una  desven- 
turada ciega,  la  cual  tecleaba  suavemente  un  armonium,  y  de 
cuando  en  cuando  iniciaba  salmos  religiosos,  en  los  que  iban 
entrando  gradualmente  todos  los  presentes,  hasta  que  se  hacía 
general  el  canto. 

Era  variado  el  corro:  la  niña  y  el  anciano,  la  doncella  de 
aspecto  modesto  y  \Trtuoso  y  la  mujer  desarrapada,  el  nego- 
ciante y  el  obrero...,  cuantos  pasaban  cerca  se  aproximaban,  se 
identificaban  al  punto  con  los  rezos,  permanecían  allí  fervo- 
rosos un  rato  y  luego  se  marchaban,  en  silencio  y  conmovidos, 
siendo  reemplazados  por  nuevos  transeúntes. 

Variaban  á  menudo  la  letra  y  la  expresión  musical,  que  á 
veces  era  como  de  muy  deliciosas  baladas,  sin  que  dejasen  un 
momento  de  ser  lánguidas,  melodiosas  y  sentidas.  La  voz 
atiplada  de  la  infancia,  la  sonora  del  mancebo,  la  grave  y  pro- 
funda del  adulto,  la  plateada  de  la  joven,  la  limpia  de  unos  y 
la  engolada  de  otros...,  mil  timbres  distintos  se  dejaban  oir, 
formando  un  entonado  y  agradable  concierto,  como  si  hubieran 
tenido  largos  ensayos;  los  crescendos,  los  finales,  todo  resultaba 
tan  bien  medido  y  expresado,  que  pudimos  notar  entonces,  con 
perfecta  evidencia,  que  el  salmo  es  el  verdadero  canto  popular 
entre  aquellos  anglicanos  del  condado  de  Lancaster.  y  tienen 
todos  una  educación  musical,  cuando  menos  en  el  grado  que 
pueda  requerirlo  un  canto  religioso. 

Cerca,  y  en  la  misma  plaza,  había  otros  dos  corros  pare- 
cidos. 

Sentíamos  un  deleite  tan  especial  escuchando  aquel  celeste 
coro,  que  nos  costó  trabajo  y  tiempo  arrancarnos  á  la  fascina- 
ción que  nos  producía  un  espectáculo  nunca  visto  y  unas  me- 
lodías jamás  oídas;  y  poco  después,  cuando  procurábamos  dor- 
mirnos pensando  en  aquel  pueblo  singular,  ebrio  y  religioso  á 
la  vez,  todavía  penetraba  el  coro  de  voces  en  nuestra  habitación 
como  una  música  sentimental,  llena  de  dulce  unción  rehgiosa, 
y  tan  impregnada  de  un  suavísimo  perfume  de  poesía  popu- 
lar, que  mecía  nuestro  espíritu  con  nuevas  y  jamás  sentidas 
impresiones. 

38 


594 

Pasaron  catorce  años,  y  en  uno  de  los  primeros  días  de 
Septiembre  de  1903,  visitamos  la  mezquita  de  Santa  Sofía,  en 
Constantinopla.  Cuando  en  ella  entramos  teníamos  sobreexci- 
tados y  atónitos,  á  la  par,  nuestros  sentidos  y  potencias  con  la 
avalancha  de  impresiones  de  todas  clases  que  habían  caído  sobre 
nuestra  alma.  Como  lo  hace  Roma,  así  Constantinopla  anonada 
al  \isitante  con  sus  grandezas  históricas  y  arquitectónicas.  Por 
eso,  cuando  se  levanta  el  pesado  portier  que  cierra  la  gran 
puerta  de  entrada,  y  se  descubre  lo  amplísimo  y  suntuoso  del 
templo,  todo  viajero  siente  tal  impresión  de  magnificencia  y 
espasmo  tan  majestuoso,  que  no  hay  palabras  que  puedan  ex- 
presarlos. Deslumbradas  nuestras  retinas  con  los  panoramas  que 
se  distinguen  desde  Seras  Kierat,  ó  Viejo  Serrallo,  donde  tuvo 
su  palacio  Mohamed  el  Conquistador,  uno  de  los  lugares  más 
arrobadores  del  Mundo;  enardecido  nuestro  afán  de  estudio  con 
las  maravillas  del  Museo  Imperial  y  las  riquezas  del  Imperial 
Tesoro,  quizás  el  primero  de  todos  los  tesoros  reales;  vibrantes 
nuestros  nervios  por  las  leyendas  y  relatos  episódicos,  abigarra- 
dos y  sin  igual,  que  comprenden  las  pasiones  humanas  todas, 
desde  los  sensualismos  orientales  más  refinados,  hasta  los  más 
trágicos  sucesos  de  la  historia,  los  cuales  se  acumularon  en 
aquel  privilegiado  suelo  donde  parecen  estrechar  sus  manos  los 
tres  viejos  continentes  de  la  Tierra,  y  hasta  regustado  nuestro 
paladar  con  el  dulce  de  rosa  y  la  taza  de  café  que  se  ofrece  á 
todo  visitante  de  los  palacios  imperiales  del  Bosforo,  como  un 
rasgo  de  la  oriental  hospitahdad  del  Sultán,  imposible  parecía 
que  todavía  hubiera  en  nuestra  alma  sensibihdad  para  nuevas 
emociones. 

Sin  embargo,  tan  extraordinario  era  el  sitio,  tan  afamados 
los  sucesos  que  evocaba,  y  tan  gigantescas  las  figuras  que  aUi 
resurgían,  que  á  un  alma  muerta  infundieran  vida  y  agitaran 
con  fuertes  sentimientos.  Porque  aUí  se  alzaba  el  testimonio  más 
vivo  de  las  opulencias  y  agonías  del  Imperio  bizantino;  allí  la 
incomparable  fábrica  imaginada  por  Constantino  y  realizada 
por  Justiniano, — para  obscurecer  la  gloria  de  Salomón,  cons- 
tructor del  templo  de  Jerusalén, —  trayendo  de  Efeso,  Eliópo- 
hs,  y  cuantos  grandes  templos  poseía  el  romano  Imperio  por  el 
mundo,  los  más  preciosos  materiales  de  construcción;  allí  las 


595 

magnificencias  áureas  de  los  mosaicos  seculares  y  las  inspira- 
ciones gigantescas  del  arte;  allí  las  sangrientas  convulsiones 
del  gran  pueblo  y  la  conquista  aterradora  de  Bizancio  que  hi- 
ciera Mahomed  II  al  Cristianismo,  como  catorce  siglos  antes 
había  realizado  Tito  la  conquista  espantable  de  Jerusalén  al  ju- 
daismo. 

Absortos  y  escalofriados  contemplábamos  las  riquísimas  co- 
lumnas de  serpentina  robadas  al  templo  de  Diana,  sobre  las  cua- 
les se  alza  la  gigantesca  cúpula;  como  con  hondo  sentir  meditá- 
bamos acerca  de  aquel  terrible  asalto  del  29  de  Mayo  de  1453, 
año  de  apocab'pticos  desastres  para  la  rehgión  de  Jesús, — 
igual  que  lo  había  sido  el  70  para  la  de  Moisés, — cuando,  tras  de 
tenaz  resistencia  por  parte  de  los  griegos,  y  de  heroica  acome- 
tividad por  la  de  los  turcos,  en  desesperada  lucha  de  cuarenta 
días,  realizado  ya  el  último  y  decisivo  asalto,  gracias  al  valor 
de  los  genízaros,  queda  abierta  brecha  en  Top  Kapú,  la  antigua 
puerta  de  San  Román, — donde  pereció  como  un  bravo  Cons- 
tantino Dragoces,  el  último  de  los  emperadores  bizantinos,  ca- 
yendo desde  lo  alto  de  las  almenas  sobre  un  montón  de  cadá- 
veres;— penetran  las  legiones  turcas  en  la  ciudad,  llevando  la 
muerte  y  el  espanto,  y  Mahomed  se  dirige  á  la  Gran  Basílica, 
donde  se  habían  refugiado  presas  de  mortal  terror,  sacerdotes, 
hombres,  mujeres,  niños  y  fugitivos  de  todas  clases;  penetra  á 
caballo,  llega  al  altar  mayor,  salta  al  suelo,  levanta  su  espada 
y  gritando:  «No  hay  más  Dios  que  Dios  y  Mahoma  es  su  Pro- 
feta», comienza  una  de  las  degollaciones  y  pillajes  más  espan- 
tables de  la  historia,  con  el  cual  se  abre  á  los  relatos  el  perío- 
do de  la  Edad  Moderna. 

Cercana  entonces  la  hora  del  medio  día  y  advertidos  por  el 
dragomán  de  que  podíamos  presenciar  el  rezo  de  los  fieles,  el 
cual  ya  se  preparaba,  nos  apostamos  en  la  tribuna  situada  al 
fondo,  sobre  la  gran  puerta  central,  y  asistimos  conmovidos  al 
acto  religioso.  Entraron  algunos  centenares  de  turcos,  se  situa- 
ron en  líneas  varias,  donde  les  plugo,  por  aquel  dilatadísimo 
templo,  con  vista  al  Mihrab,  ocupando  las  guías  que  marcan  la 
orientación  de  la  Ateca,  distinta  de  la  que  corresponde  al  eje 
de  este  templo,  no  construido  atento  á  los  lugares  santos  del 
Islamismo;  y  comenzaron  con  toda  devoción  sus  rezos,  acompa- 


596 

fiados  de  un  canto  sencillo  y  monótono.  Con  nerviosa  agilidad, 
alzándose  y  arrodillándose  como  resortes  que  se  doblan  y  esti- 
ran rápidamente,  muy  ensimismados  y  devotos  hicieron  sus 
prácticas,  y  entonces,  aquella  unción  que  habíamos  sentido  en 
la  sinagoga  de  Berlín  y  en  la  plaza  de  Liverpool;  la  misma 
que  habíamos  sentido  en  la  filigranada  aljama  de  Córdoba  y 
en  la  espléndida  basílica  de  San  Pedro,  en  Roma,  al  ver  las 
muchedumbres  rendidas  ante  las  misteriosas  grandezas  del 
Sumo  Hacedor,  juntó  también  nuestra  oración  con  la  de  aquel 
pueblo,  el  más  enemigo  de  la  religión  cristiana. 


No  habría  por  qué  traer  á  cuento  estas  remembranzas,  si 
con  ellas  no  quisiéramos  expresar  que  llevábamos  en  nuestro 
espíritu,  no  los  sentimentalismos  de  un  emocionante,  sino  aquel 
otro  sentimiento  de  tolerancia  que  la  Revolución  del  69  difun- 
dió por  el  ambiente  español,  y  que  fué  una  de  las  más  pre- 
ciosas conquistas  incorporadas  al  Código  nacional  por  las  pri- 
meras Cortes  Constituyentes,  donde  nuestros  más  excelsos  ora- 
dores forjaron,  para  nunca  más  retroceder,  con  sus  inmortales 
discursos,  los  primeros  artículos  de  libertad  religiosa,  inspirada 
en  la  doctrina  sublime  del  Cruficado. 

Hubo  entonces  una  persona,  y  hubo  un  momento,  en  que  la 
labor  de  aquella  creación  brilló  con  resplandores  semidivinos: 
fué  la  tarde  del  12  de  Abril  de  1869,  cuando  Castelar,  el  Verbo 
más  grandilocuente  de  la  raza  latina,  enardecido  por  el  discurso 
de  Manterola,  contra  el  librecultismo  y  la  raza  judía,  pronunció 
su  inmortal  rectificación,  terminada  con  el  paralelo  entre  el 
Dios  del  Calvario  y  el  Dios  de  Sinaí. 

Circunstancias  extraordinarias  realzaron  aquella  discusión 
y  aquel  discurso.  Acababa  España  de  arrumbar,  por  vez  pri- 
mera en  su  larga  historia,  los  poderes  seculares  de  la  Monar- 
quía; la  Revolución  había  triunfado,  y  los  españoles  se  habían 
constituido  en  Cortes  para  trazarse  su  Código  fundamental,  de 
acuerdo  con  las  exigencias  del  progreso  y  de  la  democracia. 
No  menos  significadas  que  las  gloriosas  Cortes  de  Cádiz  en  1812, 
eran  todavíamucho  más  intelectuales  las  Constituyentes  de  1869, 
porque  en  éstas  se  congregaban,  para  realizar  la  obra  legislativa 


597 

de  la  España  futura,  así  las  grandes  figuras  que  habían  des- 
hecho con  sus  puños  de  coloso  lo  pasado,  como  los  nuevos  ge- 
nios que  habían  de  modelar  lo  venidero.  Por  esto  los  nombres 
allí  resonantes  eran  los  esculpidos  después  en  los  anales  inmorta- 
les de  nuestra  nación:  Espartero,  Prim,  Serrano,  Oiózaga,  Oren- 
se, Canalejas  (D.  Francisco  de  Paula),  Cánovas,  Moret,  Sagasta, 
Ríos  Rosas,  Aparisi  y  Guijarro,  Montero  Ríos,  Posada  Herrera, 
Martos,  Rivero,  Topete,  Méndez  Núñez,  Sánchez  Ruano,  los 
Silvelas,  Ruiz  Zorrilla,  Madoz,  Lorenzana,  Figuerola,  Mones- 
cillo,  y  tantos  otros  varones  eminentes. 


Fué  aquel  el  primero  y  más  importante  debate  planteado. 
Se  discutía  el  proyecto  de  Constitución  y  se  había  trabado  la 
lucha  donde  era  forzoso  que  más  se  empeñase,  en  lo  que  más 
había  dañado  á  la  nación  y  más  grave  mal  representaba  para 
sus  destinos:  la  intransigencia  religiosa. 

En  aquella  memorable  sesión  del  12  de  Abril  dejaron  oir  su 
voz  hombres  ilustres:  habló  Sánchez  Ruano,  por  un  motivo  co- 
lonial; discutieron  con  calor  conceptos  equívocos  de  discursos 
anteriores.  Cánovas  del  Castillo  y  Ríos  Rosas;  Ortiz  de  Zarate,  á 
quien  correspondía  hablar  en  el  debate  pendiente,  cede  el  uso 
de  la  palabra  al  magistral  de  Vitoria,  Sr.  Manterola,  y  éste  pro- 
nuncia, ante  la  Cámara  atenta,  un  largo  discurso,  que  duró  dos 
horas,  impugnando  discursos  anteriores  de  Castelar,  y  arre- 
metiendo contra  la  libertad  de  cultos  y  contra  la  raza  judía,  so- 
bre la  cual  lanzó  cuantas  calumnias  y  cargos  habían  acumula- 
do la  historia  y  los  fanatismos. 

Castelar  pidió  la  palabra  para  rectificar  ya  muy  avanzada 
la  sesión,  de  noche,  y  pronunció  su  admirable  réplica,  cuya  ex- 
tensión fué  mitad  de  la  del  discurso  de  Manterola,  pero  cuya 
resonancia  y  transcendencia  orlaron  con  página  inmortal  la 
grandeza  de  la  Humanidad  y  la  de  España,  porque  en  aquel 
empeño  nacional  incomparable,  en  aquellas  Cortes  sin  igual,  en 
aquel  debate  extraordinario  y  entre  aquellos  oradores  giganteos, 
él,  el  mayor  de  todos,  pronunció  sobre  el  más  grandioso  de 
los  motivos  humanos  y  sociales,  el  primero  de  sus  discursos 
y  en  él  vibró  su  frase  imponderable  con  el  más  grandilocuente 


598 


y  hermoso  párrafo  que  pudo  declamar  el  Verbo  de  la  demo- 
cracia, eucarnando  en  los  proscriptos  españoles  toda  la  iniqui- 
dad que  pudieron  cometer  la  sinrazón  y  la  fiereza  del  fanatis- 
mo religioso,  con  sus  terribles  y  seculares  exterminios. 

Fué  interesante  la  génesis  de  aquel  discurso,  acerca  de  la 
cual  algo  podemos  descubrir. 

Castelar  no  tenía,  como  no  le  ha  tenido  nadie  hasta  hoy, 
cumplido  conocimiento  del  estado  y  significación  de  los  deste- 
rrados por  el  edicto  de  1492;  pero 
en  sus  viajes  por  Italia,  realiza- 
dos en  su  juventud,  antes  de  la 
Revolución,  se  había  tropezado 
en  varios  sitios  con  representan- 
tes de  aquella  raza  española,  ha- 
bían impresionado  su  alma  his- 
pana, generosa  y  altruista,  y  por 
ello  había  jurado  en  su  interior 
reparar,  cuando  pudiese,  aquel 
afrentoso  y  odiable  crimen  de  le- 
sa humanidad. 

El  párrafo  donde  Castelar  des- 
cribe este  hallazgo  y  este  jura- 
mento debe  figurar  en  nuestro 
modesto  libro,  para  que  deje  en 
él  algo  de  su  hermosura  y  su 
grandeza. 
Helo  aquí: 

En  sus  Recuerdos  de  Italia,  libro  traducido  á  infinitos  idio- 
mas y  el  más  leído  de  todos  los  del  gran  tribuno,  hay  un  ar- 
tículo titulado  El  Gueto,  donde  describe  el  barrio  judío  de 
E-oma,  y  allí  cuenta  lo  que  sigue: 


FiG.  Ií59.  —  Mr.  Jule.s  Gommes  (Ju- 
lio Gómez),  Presidente  del  Consis- 
torio israelita  de  Bayona.  Sefardí 
honorabilísimo  y  bienhechor  afa- 
mado por  sus  notables  obras  de  ca- 
ridad. (V.   pág.  372.) 


«Yo  jamás  he  visto  amor  patrio  como  el  amor  de  los  judíos 
españoles.  Tantas  injusticias  no  han  sido  parte  á  inspirarles 
desvío  á  esta  madre  España,  convertida  para  ellos  en  madras- 
tra. Conocí  en  Florencia  un  matrimonio  judío  que  viajaba  por 
Europa  y  venía  de  Damasco.  La  mujer  era  hermosísimo  tipo 
oriental.  Su  pálida  tez,  entonada  por  la  lumbre  de  ojos  negros 


599 

y  profundos,  circuidos  de  larguísimas  y  umbrosas  pestañas, 
resaltaban  entre  los  rizos  de  largos  cabellos,  como  la  seda  de 
finos  y  relucientes.  Era  su  nariz  griega,  como  la  nariz  de  la 
Venus  de  Milo,  y  sus  labios- rojos  como  el  encendido  carmín 
de  la  flor  del  granado.  Llamóme  la  atención  tanta  belleza, 
como  á  ella  le  llamó  la  atención  el  idioma  patrio  que  hablaba 
yo  con  varios  españoles  y  americanos.  Inmediatamente  diri- 
gióse á  su  marido  y  le  dijo  algunas  palabras  en  español.  La 
lengua  nacional,  hablada  en  tierra  extraña,  vibrando  en  los 
oídos  del  emigrado,  transporta,  enajena,  como  la  más  armo- 
niosa música.  No  pude  contenerme  y  le  dije:  Señora,  ¿es  usted 
española?  Entonces  me  refirió  que  era  judía,  que  naciera  en 
Liorna,  que  se  casara  con  un  griego,  que  habitaba  en  Damasco, 
que  aprendió  el  español  en  su  sinagoga  patria,  y  que  lo  habla- 
ba con  sus  correligionarios  de  Oriente,  entre  los  cuales  muchos 
lo  han  conservado  como  piadoso  recuerdo  de  su  origen,  como 
glorioso  timbre  de  su  estirpe.  Los  afectos  más  vivos  siempre 
son  los  afectos  más  contrariados.  Mi  amor  patrio,  con  ser  tan 
intenso,  parecióme  tibio  al  compararlo  con  el  amor  á  España 
de  esa  raza,  que  perseguida  como  manada  de  fieras,  injuriada 
por  toda  clase  de  afrentas,  desarraigada  del  suelo  nacional,  en 
la  dispersión,  en  el  destierro  de  cuatro  siglos,  aún  vuelve  los 
ojos  con  amor  á  las  tierras  donde  el  Sol  se  pone,  y  aún  habla 
la  lengua  de  sus  perseguidores,  á  la  manera  que  los  antiguos 
israeütas  entonaban  los  cánticos  de  sus  profetas,  en  las  orillas 
del  Eufrates  bajo  los  llorosos  sauces  de  Babilonia. » 

«Al  pensar  esto,  al  sentir  esto,  vi  como  en  visión  magnética 
el  movimiento  político  que  había  de  romper  la  cadena  de  las 
tradiciones  antiguas  de  mi  patria,  y  juré,  si  alguna  vez  obte- 
nía la  confianza  de  mis  conciudadanos  para  el  magisterio  altí- 
simo de  legislador,  combatir  sin  descanso  hasta  alcanzar  que 
no  fuéramos  en  el  mundo  moderno  monstruosa  excepción  por 
nuestra  intolerancia,  y  abriéramos  las  puertas  de  la  patria  á 
todas  las  ideas  como  á  todas  las  sectas,  y  consagráramos  aquel 
derecho,  sin  el  cual  todos  los  demás  derechos  son  como  si  no 
fueran,  el  derecho  de  abrir  la  conciencia  á  la  luz,  y  adorar  en 
público  como  en  secreto  el  Dios  que  vive  en  la  conciencia.» 


Emilio    Castelar. 

Retrato  correspondiente  á  la  época  de  su  discurso  sobre  los  Judíos. 

Debemos  á  La  Ilustración  Española  y  Americana  la  atención  de 

habernos  regalado  el  cliché,  hecho  exprofeso  para  nuestro  libro. 


601 

Pues  bien,  mucho  más  joven  era,  casi  un  niño,  de  diez  y 
seis  ó  diez  y  siete  años,  no  más,  cuando  Castelar  escribió  su 
novela  Ernesto,  de  un  género  romántico  que  hoy  pondría  la 
indignación  en  muchos  modernistas  y  el  insulto  en  sus  plumas,. 
y  allí  aparece  trazado,  con  brío  y  magnificencia,  su  famoso 
paralelo,  toda\'ía  más  amplio  que  como  lo  pronunció  en  el 
discurso. 

De  esta  suerte,  cuando  Castelar  se  levantó  á  repHcar  á 
Manterola,  á  la  edad  de  treinta  y  seis  años  ya  cumpüdos,  se 
acumulaban  en  su  portentoso  cerebro,  además  de  los  conoci- 
mientos profundos  del  historiador,  los  ímpetus  del  revolucio- 
nario, las  fuertes  impresiones  de  sus  viajes  y  las  remem- 
branzas idíHcas  y  nobles  de  su  más  florida  y  soñadora  juven- 
tud; y  pudo  condensar  tantos  estímulos  en  el  siguiente  final: 

«Señores  Diputados:  me  decía  el  Sr.  Manterola  (y  ahora  me 
siento)  que  renunciaba  á  todas  sus  creencias,  que  renunciaba  á 
todas  sus  ideas  si  los  judíos  volvían  á  juntarse  y  volvían  á  le- 
vantar el  templo  de  Jerusalén.  Pues  qué,  ¿cree  el  Sr.  Manterola 
en  el  dogma  terrible  de  que  los  hijos  son  responsables  de  las 
culpas  de  sus  padres?  ¿Cree  el  Sr.  Manterola  que  ios  judíos  de 
hoy  son  los  que  mataron  á  Cristo?  Pues  yo  no  lo  creo;  yo  soy 
más  cristiano  que  todo  eso,  yo  creo  en  la  justicia  y  en  la  mise- 
ricordia divina.» 

«Grande  es  Dios  en  el  Sinaí;  el  trueno  le  precede,  el  rayo 
le  acompaña,  la  luz  le  envuelve,  la  tierra  tiembla,  los  montes  se 
desgajan;  pero  hay  un  Dios  más  grande,  más  grande  todavía, 
que  no  es  el  majestuoso  Dios  del  Sinaí,  sino  el  humilde  Dios 
del  Calvario,  clavado  en  una  cruz,  herido,  yerto,  coronado  de 
espinas,  con  la  hiél  en  los  labios,  y  sin  embargo,  diciendo: 
«¡Padre  mío,  perdónalos,  perdona  á  mis  verdugos,  perdona  á 
mis  perseguidores,  porque  no  saben  lo  que  se  hacen!»  Grande 
es  la  religión  del  poder,  pero  es  más  grande  la  religión  del  amor; 
grande  es  la  religión  de  la  justicia  implacable,  pero  es  más 
grande  la  rehgión  del  perdón  misericordioso;  y  yo,  en  nombre 
del  Evangelio,  vengo  aquí,  á  pediros  que  escribáis  en  vuestro 
Código  fundamental  la  hbertad  reÜgiosa,  es  decir,  libertad, 
ñ'aternidad,  igualdad  entre  todos  los  hombres.» 


602 

La  estructura  del  párrafo  último  y  la  inspiradísima  per- 
fección de  los  dos  términos  contrapuestos  que  le  forman,  per- 
mitieron al  orador  fascinar  con  los  admirables  recursos  de  sus 
gestos  y  tonos  oratorios.  Alzados  los  brazos,  erguida  la  cabeza 
y  usando  acento  solemne,  tremendo  y  apocalíptico,  describió 
al  Dios  del  Sinaí,  y  produjo  sensación  indescriptible  en  todos 
los  oyentes.  Hizo  pausa  estudiadísima  y  breve,  y  al  entrar  en 
el  segundo  término,  dejó  caer  sus  brazos  como  en  resolución 
dolorosa,  inclinó  la  frente,  y  acometió  la  descripción  del  Dios 
del  Calvario  con  el  timbre  de  las  notas  más  delicadas,  sentidas 
y  temblorosas  que  poseía  su  exquisita  dulcedumbre.  Y  al  aca- 
bar —  ¡cielo  santo!  —  la  impresión  fué  como  no  se  recordaba 
de  ninguna  semejante,  como  quizás  no  se  vuelva  á  producir  ja- 
más. Presidencia,  prelados,  ministros,  diputados,  tribunas,  to- 
dos estallaron  en  una  explosión  tan  frenética  y  sostenida,  que 
ha  dejado  fama  y  ha  hecho  época. 

Renunciamos  á  describir  el  efecto  ulterior  de  este  discurso 
en  el  Congreso  de  los  Diputados,  porque  se  puede  suponer  cuál 
fué. 

El  efecto  en  España  fué  más  útil;  porque  aquel  discurso 
sirvió  como  de  semilla  divina,  esparcida  á  todos  los  vientos. 
Los  españoles  aprendieron  de  memoria  el  párrafo  final,  y  le  re- 
citaban como  una  oración  que  contenía  el  espíritu  evangélico 
de  Cristo. 

Y  el  efecto  para  el  mundo  fué  tan  notorio  que  glorificó  la 
figura  oratoria  de  Castelar,  hasta  colocarla  donde  la  admiración 
universal  tenía  puestas  las  de  Demóstenes  y  Cicerón. 

Aquella  luz  nos  alumbra  hoy,  y  aquella  doctrina  hoy  nos 
guía.  Por  eso  durante  la  discusión  del  Concordato  de  España 
con  Poma,  que  se  mantuvo  con  extraordinaria  solemnidad  en 
el  Senado,  á  fines  del  año  1904,  se  hubo  de  observar  que 
cuantos  en  ella  intervinimos,  así  conservadores  como  libera- 
les, y  desde  Maura  hasta  Labra,  todos  pudimos  atestiguar  que 
nuestros  intereses  y  nuestras  preocupaciones  habían  salido 
completamente  del  estrecho  campo  donde  el  sectario  y  el  faná- 
tico mantenían  las  intransigencias  de  Manterola.  Castelar  abra- 
só con  el  fuego  de  su  elocuencia  aquel  maldito  enemigo,  y 
aventó  las  cenizas  con  el  soplo  de  su  genio.  Años  antes  de  1869» 


603 

hombre  de  tanto  valer  como  D.  José  Amador  de  los  Ríos,  se 
quejaba  en  su  hermoso  y  ya  citada  libro,  de  que  en  España  era 
peligroso  escribir  uua  historia  verdadera  de  los  judíos.  Hoy,  ser 
tan  humilde  como  el  autor  de  esta  obra,  puede  alzar  su  voz  en 
todas  partes  y,  entre  general  aplauso,  mantener  la  doctrina  re- 
dentora del  Crucificado,  en  relación  con  sus  hermanos  de  raza, 
el  maldito  pueblo  judío. 

Seamos  honrado  y  sincero.  Nuestra  obra  no  tiene  ni  si- 
quiera el  mérito  del  valor,  ó  sea,  el  de  ir  contra  la  corriente  y 
el  de  afrontar  un  peligro,  En  esto,  como  en  tantos  otros  mo- 
tivos, somos  uno  del  montón. 


Pero  la  exactitud  de  los  hechos  obliga  á  reconocer  que  Es- 
paña no  puede  acreditar  todavía,  ante  un  examen  ligero,  su  to- 
lerancia religiosa,  porque  le  falta  una  de  las  más  expresivas  y 
ostensibles  demostraciones:  el  cosmopolitismo  de  sus  ciudades. 

Juzgamos  discretamente  la  sabiduría  de  un  intelectual  cuan- 
do penetramos  en  su  biblioteca  y  vemos  lo  copioso  de  su  libre- 
ría, la  variedad  de  sus  materias  y  el  poliglotismo  de  sus  idio- 
mas. Apreciamos,  asimismo,  con  garantías  de  acierto,  la  bondad 
y  la  hospitalidad  de  un  clima  por  la  variedad  de  sus  plantas  y 
la  exquisitez  de  sus  frutos.  Y  así  también  acertamos  á  definir 
la  cultura  de  un  pueblo,  por  el  número  y  variedad  de  sus  tem- 
plos religiosos. 

Podremos  ignorar  toda  la  filiación  y  circunstancias  de  una 
ciudad,  y  podremos  hasta  desconocer  su  nombre,  pero  si  en  ella 
observamos  que  existen,  y  son  igualmente  accesibles  y  respeta- 
dos, el  templo  católico,  la  capilla  evangélica,  la  iglesia  ortodoxa, 
la  sinagoga  y  la  mezquita,  debemos  asegurar  al  punto  que  allí 
existe  un  pueblo  culto,  y  que  allí  el  espíritu  humano  resplande- 
ce con  la  más  preciosa  de  sus  grandezas:  el  respeto  á  la  concien- 
cia rehgiosa. 

Madrid,  Barcelona,  Sevilla,  Valencia,  ninguna  de  nuestras 
ciudades  tiene  este  testimonio  que  tanto  abrillanta  á  Londres, 
Nueva  York,  París,  Berlín,  Ginebra,  Viena,  etc. 

Somos,  tal  vez,  de  más  estrecho  catolicismo  que  Roma, 
la  cual  acaba  de  inaugurar  una  hermosa  sinagoga;  y  somos,  al 


604 


parecer,  menos  adelantados  que  Lisboa,  la  cual  hizo  otro  tanto 
en  el  pasado  año  1904. 

Pues  bien,  nosotros  declaramos,  que  así  como  nuestras  leyes 
tienen  la  virtualidad  necesaria  para  que,  al  amparo  de  la  cul- 
tura nacional,  vivan  aquí  todas  las  religiones,  así  hace  falta 
que  nuestras  principales  ciudades  acrediten  que  sus  ciudadanos 
conviven  dignos  y  respetuosos  en  el  ejercicio  de  todos  los  cul- 
tos, y  que  aquí  nadie  puede  ser,  ni  es  molestado  por  sus  prác- 
ticas piadosas. 

Por  eso  esperamos  que,  cuando  una  colectividad  judaica 
desee  constituirse  modos  de  practicar  su  culto  en  España,  los 
obtenga  sin  dificultad,  y  que  á  su  respeto  acudirán  la  majestad 
de  la  ley,  la  fuerza  de  las  autoridades  y  la  cultura  de  los  ciuda- 
danos. 

Y  confiamos  en  que  si  algunos  sectarios,  ignorantes  y  faná- 
ticos, realizaren  algo  que  afrentase  el  buen  nombre  que  hoy  debe 
procurarse  nuestra  nación,  contra  esos,  fuesen  quienes  fueren,, 
iríamos  todos  cuantos  nos  sentimos  orgullosos  de  nuestra  nacio- 
nalidad, y  amamos  el  esplendor  y  la  honra  de  la  patria. 


CAPÍTULO   VI 


idioma  español  considerado  como  fuente  de  belleza,  soberanía  y  riqueza  públi- 
ca.—Estimación  que  hacen  de  su  idioma  los  pueblos  cultos. —  Enseñanza  del 
español  en  Francia. -Entidades  españolas  que  deben  servir  al  desarrollo  de 
nuestro  idioma  entre  los  sefardim.  —  Lo  que  deben  hacer:  A.  El  Ministerio 
de  Estado. — B.  La  R.  Academia  de  la  Lengua.  — C.  La  R.  Academia  de  la  Histo- 
ria.- D.  La  Asociación  de  Escritores  y  Artistas.  —  £.  La  Unión  Ibero-Ameri- 
cana. —  F.  Las  Cámaras  de  Comercio.  —  G.  Los  amantes  de  España.  —  Y  /y.  El 
autor  de  esta  obra.-  Necesidad  de  una  Asociación  hispano-israeíita. 


Nuestro  espíritu  aventurero  y  romántico  ha  impedido  siem- 
pre que  nos  formemos  como  buenos  prácticos  y  conozcamos  el 
verdadero  valor  y  útil  aprovechamiento  de  muchas  fuerzas 
sociales  y  naturales  que  poseemos.  Esto  nos  lo  prueba  de  un 
modo  elocuentísimo  el  aprecio  que  hemos  hecho  de  nuestro 
idioma.  Hemos  cantado  sus  bellezas,  hemos  admirado  su  com- 
plexión gramatical,  hemos  refinado  la  música  de  sus  armonías 
y  de  sus  cadencias  incomparables,  ya  leyendo  prosa  de  Cervan- 
tes, ya  pronunciando  párrafos  castelarinos,  ya  declamando 
estrofas  zorrillescas;  pero  nunca  hemos  podido  comprender  que 
mereciera  ser  considerado  como  una  fuerza  apropiada  para 
conquistas  de  carácter  mercantil.  El  idioma  patrio  en  los  colo- 
res, altisonancias  y  matices  de  sus  onomatopeyas,  provocaron 
nuestra  pasión  y  justificaron  nuestros  maj^ores  sacrificios;  pero 
en  la  boca  de  un  comisionista,  ó  de  un  divulgador  de  cualquier 
producto  nacional,  no  nos  ha  merecido  siquiera  el  desprecio,  le 
hemos  reservado  nuestra  más  completa  ignorancia. 


606 

A  Castelar,  hombre  que  se  pasó  toda  su  vida  apurado  por 
escasez  de  metálico,  como  era  notorio,  le  hemos  oído  decir:  «He 
sido  soÜcitado  repetidas  veces  para  que  recorriera  naciones  de 
América  pronunciando  discursos  y  conferencias,  los  cuales  se 
me  pagarían  con  cantidades  tan  fabulosas,  que  podría  regresar 
millonario;  pero  siempre  he  rechazado  esta  proposición,  porque 
creo  que  denigraría  mi  palabra  si  sometiera  á  precio  las  propa- 
gandas de  mis  doctrinas  y  los  efectos  de  mi  elocuencia».  Y  no 
hace  muchos  días  que,  al  hablar  con  un  catedrático  que  viene 
preparando,  á  fuerza  de  estudios  prolijos,  molestias  y  sacrifi- 
cios, una  obra  sobre  motivos  de  filología  histórica,  mirábanos 
como  algún  tanto  compadecido  por  esta  nuestra  extraña  manía 
de  querer  retener  y  convertir  en  base  de  riqueza  nacional  los 
rastrojos  y  jirones  del  alma  española,  que  van  desvaneciéndose 
rápidamente  por  todo  el  mundo  israelita.  No  comprendía,  sin 
duda,  que  pudiera  haber  persona  que  considerase  ser  tan  útil 
para  las  exigencias  y  necesidades  de  nuestra  riqueza  pública, 
un  ejército  de  comisionistas  negociando  en  mal  español  por 
Siria,  Marruecos  y  Macedonia,  como  una  serie  de  capítulos 
eruditísimos  y  profundamente  disertos  acerca  de  sutilezas  his- 
tóricas, ó  gallardías  fonéticas  inapreciadas,  con  las  cuales  se 
quede  estupefacta  una  Academia. 

Así,  pues,  es  un  hecho  que  nosotros,  quienes  hemos  visto 
en  la  palabra  una  fuerza  para  enardecer  las  muchedumbres, 
una  música  para  seducir  nuestros  sentidos,  y  un  tema  para 
probar  nuestra  sabiduría,  no  hemos  llegado  todavía  á  penetrar- 
nos de  que  es  un  agente  poderoso  para  enriquecer,  expandir  y 
magnificar  la  patria;  que  es  precisamente  como  más  la  utilizan 
hoy  los  demás  pueblos. 

Y  esto  último  se  advierte  tanto,  que  aun  sin  buscar  las 
pruebas,  surgen  ellas  por  todas  partes,  apenas  traspasamos  la 
frontera.  En  nuestro  libro  anterior  consignamos  algunos  moti- 
vos de  esta  demostración,  que  nos  salieron  al  encuentro  durante 
el  viaje  que  hicimos  á  Oriente  en  1903,  los  cuales  deseamos 
reproducir  aquí,  pues  nos  parecieron  como  providenciales 
advertencias. 

Recordamos  cuánto  hubo  de  interesarnos  observar  cómo  la 


607 

Sociedad  Dante  Alighieri,  que  celebraba  en  Udina  un  Congreso 
á  fines  del  mes  de  Septiembre,  y  discutía  con  grande  calor  el 
establecimiento  de  una  Universidad  italiana  en  Trieste,  estimu- 
laba por  labios  de  su  honorable  presidente,  Pasquale  Villari,  á 
la  juventud  italiana,  para  que  fuera  el  apóstol  que  difundiese 
la  hermosa  lengua  nacional  por  el  mundo  todo;  pedía  que  se 
vencieran  las  dificultades  que  encontraba  en  Túnez  y  Marsella 
su  enseñanza;  y  entre  calurosos  aplausos  escuchaba  una  refe- 
rencia de  Poscia  Zaniboni,  quien,  á  nombre  del  comité  de 
Ñapóles,  anunciaba  la  institución  de  bibliotecas  á  bordo  de  los 
barcos  que  conducían  emigrantes.  —  Recordamos  cómo  las 
Universidades  suizas  comprendían,  en  los  cursillos  de  sus  vaca- 
ciones oficiales,  múltiples  enseñanzas  acerca  del  perfecciona- 
miento de  idiomas,  principalmente  el  alemán  y  el  francés;  y 
cómo  Francia  atendía  con  su  presupuesto  nacional  al  sosteni- 
miento de  Universidades  y  escuelas  especiales  en  otros  pueblos, 
por  ejemplo,  la  Universidad  francesa  de  Atenas,  y  la  Escuela 
francesa  de  Medicina  de  Beyrouth,  para  seguir  ejerciendo  en 
Oriente  ese  dominio  intelectual  que  durante  largo  tiempo  ejer- 
ció en  muchos  países,  y  que  hoy  le  disputan  otras  naciones, 
cuando  no  se  lo  escatiman  los  mismos  pueblos  donde  se  ha 
venido  realizando,  según  acontece,  por  ejemplo,  en  Alemania 
y  Austria,  donde  hemos  visto  una  reacción  contra  el  empleo  de 
otros  idiomas  que  no  sea  el  propio,  en  la  enseñanza  de  cursos 
libres  dada  á  los  alumnos  y  profesores  extranjeros,  con  el  fin 
de  nacionahzar  más  aún  la  obra  docente  y  difundir  mejor  el 
propio  idioma.  Recordamos  cómo  Hungría  mantenía  enérgica 
y  amenazadora  los  fueros  de  su  lengua  magiar,  haciendo  por 
ello  imposible  la  vida  parlamentaria  y  el  desarrollo  de  la  admi- 
nistración pública,  y  creando  un  espantable  coníiicto,  cada  día 
más  grave,  á  la  tranquilidad  y  hegemonía  de  la  nación  germa- 
na conviviente,  el  Austria.  Recordamos  que  Rumania,  ese 
Estado  nuevo  que  camina  veloz  á  su  engrandecimiento,  y  debe 
á  ministros  de  Instrucción  pública  ilustrados  y  patriotas,  como 
lonescu,  Poni  y  Marzescu,  una  legislación  adelantadísima  y 
eficaz  sobre  enseñanza,  cuida  muchísimo  de  formar  su  alma 
nacional,  conquistando  para  el  habla  rumana  toda  la  preponde- 
rancia que  venían  teniendo  otros  idiomas  extranjeros,  á  la  ca- 


608 

beza  de  ellos  el  francés.  Recordamos  que  la  misma  Turquía, 
abriendo  su  antes  intransigente  y  fiero  aislamiento  á  la  nutrición 
intelectual  y  al  comercio  de  ideas  con  los  pueblos  más  adelan- 
tados, da  á  su  nueva  y  magna  Escuela  de  Medicina  militar  y 
civil,  construida  en  Scútari,  é  inaugurada  por  el  mismo  Sultán 
en  30  de  Noviembre  del  año  1903,  todo  el  desarrollo  y  ampli- 
tud de  estudios  que  requieren  las  enseñanzas  científicas  moder- 
nas, en  términos  de  que,  por  virtud  del  plan  de  estudios  médi- 
cos ordenado  en  el  Iradé  de  12  de  No\dembre  de  1903,  puede 
afirmarse  que  si  de  las  viejas  escuelas  médicas  de  Stambul 
solamente  separan  á  la  nueva  las  agitadas  corrientes  del  divino 
Bosforo,  por  lo  que  al  espacio  se  refiere,  las  separa  en  cambio 
toda  la  inmensidad  de  una  espléndida  civilización  por  lo  que 
atañe  á  la  esencia  y  espíritu  de  sus  materias;  pues  nada  menos 
que  durante  ocho  años  consecutivos  se  mantienen  las  enseñan- 
zas del  francés  y  alemán,  desde  el  primer  curso  del  Instituto 
hasta  el  tercer  año  de  la  carrera,  para  mejor  imponerse  de  esta 
suerte  en  los  profundos  estudios  de  una  instrucción  entera- 
mente germana;  y  recordamos,  en  fin,  esa  lucha  que  mantienen 
razas  superiores  y  Estados  poderosos  como  Inglaterra,  Alema- 
nia y  Francia,  para  infundir  en  el  seno  de  los  demás  países, 
con  su  verbo,  su  propia  esencia,  valiéndose  de  periódicos,  cur- 
sos escolares  y  otros  medios  de  expresarse,  realizados  en  el 
propio  idioma. 

Francia  se  ha  preocupado  mucho  con  esto  y  ha  emprendi- 
do, como  ninguna  otra  nación,  la  tarea  de  llevar  su  idioma  á 
todas  partes  para  con  él  llevar  también  su  espíritu,  su  sobera- 
nía y  sus  productos;  3^  la  de  estudiar  dentro  de  su  país  los 
idiomas  de  otros  pueblos  para  que  sirvan  de  relación  á  sus 
emigrantes  y  comisionistas.  ¡Bien  hecho!  Con  ello  realiza  muy 
patriótica  obra,  y  el  autor  de  este  Übro,  que  ama  á  Francia  y 
desea  su  prosperidad  y  su  ventura,  se  lo  aplaude,  se  lo  admira 
y  solamente  desea  que  su  país  tenga  ciudadanos  tan  cultos  y 
tan  patriotas  como  ella. 

D.  José  M.^  Castilla,  un  ilustrado  profesor  de  lenguas  que 
conoce  muy  bien  los  problemas  hngüísticos  y  ha  enseñado  en 
Francia  nuestro  idioma,  ha  tenido  la  bondad  de  suministrar- 
nos datos  interesantes  acerca  de  los  estudios  españoles  que  se 


609 

hacen  en  esta  nación,  y  la  manera  de  formar  sus  profesores 
oficiales  de  idiomas  para  las  Universidades  y  Liceos.  Prescin- 
diendo de  lo  que  se  refiere  al  interesante  grado  de  la  licencia- 
tura en  leti'as  con  mención  español^  sus  enseñanzas,  sueldos,  et- 
cétera, lo  cual  ha  hecho  que  sea  más  conocida  nuestra  literatu- 
ra entre  los  franceses,  daremos  las  siguientes  notas  estadísticas 
que  merecen  ser  conocidas: 

Existen  en  Francia  hoy  cuatro  Universidades  que  tienen 
establecidos  estudios  hispánicos:  París,  Burdeos,  Montpelher  y 
Toulouse.  Para  el  curso  próximo  se  establecerán  en  Marsella. 
Según  la  estadística  del  pasado  curso,  el  número  de  alum- 
nos que  asistieron  á  las  clases  de  estudios  hispánicos  en  las 
distintas  Facultades  universitarias  donde  se  da  esta  especiali- 
dad, fué  de  115. 

Hay  clases  de  español  oficialmente  en  las  siguientes  pobla- 
ciones de  Francia:  en  París,  Liceos  de  Condorcet,  Carnot  y 
Charlemagne;  Beziers,  Albi,  Carcassonne,  Aurillac,  Cahors,  Ba- 
yonne,  Burdeos  (en  el  Liceo  de  varones  y  señoritas);  Toulouse 
(en  el  Liceo  de  varones  y  en  el  de  señoritas);  Pau,  Monde- 
Marsan,  Foix,  Nimes,  Ayens,  Montauban,  Figuére,  S.  Gaudens, 
Losére,  Amiens,  Millan,  Villefranche,  Perpignan.  Total  de  Li- 
ceos que  tienen  cátedra  de  español,  26. 

Hay  que  tener  presente  que  en  las  clases  de  idiomas  no 
puede  haber  más  de  30  alumnos,  y  que  donde  pasa  de  este  nú- 
mero, ó  ponen  dos  profesores,  ó  el  que  hay  tiene  doble  clase,  co- 
bra una  gratificación  que  no  baja  de  1.000  francos  y  no  pasa 
de  1.200  francos. 

En  Octubre  último  se  crearon  dos  nuevas  cátedras,  una  de 
ellas  en  París,  para  las  cuales  han  sido  nombrados  los  dos 
agregados  que  fueron  recibidos,  de  los  18  que  se  presentaron  en 
Agosto  último  á  verificar  los  ejercicios  de  agregación. 

La  última  estadística  que  pudo  consultar  el  Sr.  Castilla  so- 
bre alumnos  matriculados  en  los  Liceos  para  estudiar  la  asig- 
natura de  español,  daba  las  siguientes  cifras:  Distrito  de  Bur- 
deos, 13.439;  Toulouse,  11.575;  Montpellier,  2.448;  París, 
1.395  alumnos. 

Hay  que  tener  en  cuenta,  además,  que  en  todas  las  escue- 
las sostenidas  por  las  Cámaras  de  Comercio  del  Mediodía  de 

39 


610 

Francia  hay  establecidas  clases  de  español  y  que,  como  puede 
verse  por  los  libros  de  texto  que  sirven  para  su  estudio,  son, 
en  general,  menos  teóricos  y  más  prácticos  que  los  que  hay  en 
España  en  los  centros  oficiales. 

En  la  mayoría  de  los  establecimientos  libres  ó  particulares 
que  hay  en  el  Mediodía  de  Francia,  hay  también  clases  de  len- 
gua española,  en  la  cual  enseñan  españoles,  en  su  mayoría  ca- 
talanes; la  estadística  de  los  alumnos  de  estos  establecimientos 
es  sumamente  difícil  de  hacer  por  su  índole  privada. 


Viniendo  á  nuestro  caso:  ¿Qué  hacer  en  este  asunto  del 
castellano  entre  los  israelitas  españoles?  ¿-abandonarlo  por  im- 
posible? ¿Declararnos  impotentes  y  vencidos?  ¡No  se  reiría  poco 
Francia,  ella  que  fué  á  buscar  todo  donde  nada  tenía,  de  que 
nosotros,  que  tanto  poseíamos,  desistiéramos  de  hacer  nada 
por  desaliento  y  abandono!  Proceder  así  sería  mantenernos 
en  nuestra  ignorancia  y  en  nuestra  indolencia  de  siempre,  y 
se  trata  precisamente  de  hacer  todo  lo  contrario.  ¿No  son  la 
sabiduría  y  la  actividad  las  que  nos  han  de  realzar  otra  vez? 
¿No  aspiramos  á  nuevas  rehabilitaciones  por  el  único  camino 
y  con  las  únicas  artes  dignas  del  hombre:  el  trabajo  intensivo? 
Pues  vamos  á  cumplir  con  nuestro  deber,  y  en  vez  de  aban- 
donar un  campo  donde  nuestra  desidia  perdió  mucho,  veamos 
si  nuestras  virtudes  futuras  rehacen  y  crean  algo.  Dejarlo  es 
lo  que  hicimos  durante  cuatro  siglos.  ¡Buena  novedad  sería 
tomar  esta  resolución!  Nos  contraeremos  á  decir  algo  en  las 
menos  cuartillas  y  con  el  mayor  laconismo  posibles.  No  pre- 
tendemos dirigir:  nos  limitamos  á  exponer.  Vengan  otros,  pro- 
pongan y  hagan  distinta  cosa.  Todo  será  más  aceptable  y  útil 
que  no  hacer  nada. 

Nosotros  pudiéramos  dirigirnos  á  muchas  entidades,  pero 
lo  haremos  á  las  siguientes:  el  Gobierno,  la  Real  Academia  de 
la  Lengua,  la  de  la  Historia,  la  Prensa,  la  Asociación  de  Es- 
critores y  Artistas,  la  Unión  Ibero-Americana,  las  Cámaras  de 
Comercio,  los  amantes  de  España  y  el  autor  de  este  libro. 

Vayamos  por  partes. 


üll 

¡El  Gobierno  español!  Se  uos  caen  los  palos  del  sombrajo 
cuando  levantamos  la  vista  y  miramos  los  señores  que  en  re- 
novación, por  frecuente,  funestísima,  ocupan  á  menudo  ese 
banco  azul  que  tanto  contemplamos  los  senadores  y  diputados, 
y  á  quienes  pedimos,  proponemos  y  censuramos,  sin  tregua, 
cosas  que  ohddan  tan  pronto  como  escuchan.  Ayunos  en  esta 
materia,  y  casi  siempre  extraños  á  los  delicados  problemas  de 
una  discreta  expansión  internacional,  ¿cómo  les  vamos  á  ha- 
blar y  á  persuadir?  ¿Cuáles  razones  exponer?  Al  advertir  lo 
mal  tratados  que  tenemos  en  España  estos  intereses  interna- 
cionales, el  mecanismo  rutinario  y  automático  con  que,  al  pa- 
recer, se  determinan  y  resuelven  nuestros  negocios,  y  la  nin- 
guna clase  de  gestiones  y  de  actividades  que  el  país  advierte, 
nos  decimos:  ¿habrá  en  la  Creación  ser  más  plácido  y  sereno, 
habrá  viviente  alguno  que  mejor  revele  la  encarnación  del 
estado  de  niricana,  que  un  Ministro  de  Estado  español?  Fuera 
de  esas  recepciones  diplomáticas  periódicas,  ¿qué  harán  los 
Ministros  en  aquel  restaurado  y  señorial  palacio  de  la  calle  de 
Atocha?  ¿Qué  harán.  Dios  Santo,  que  no  sea  permanecer  en 
éxtasis,  con  los  brazos  en  actitud  hierática  y  gozando  de  la 
suma  perfección  en  que  vive  quien  ha  resuelto  ya  todos  los 
problemas  y  alcanzado  todas  las  sabidurías? 

Un  distinguido  colaborador  de  nuestro  libro ,  ü.  David 
Kousso,  de  Constantinopla,  nos  escribe  el  25  de  Febrero  lo 
siguiente:  <  Con  fecha  20  de  Enero  pasado,  el  Sr.  Moral,  nues- 
tro excelente  cónsul,  envió  una  relación  al  Ministerio  de  Ne- 
gocios extranjeros,  relativa  á  nuestros  proyectos.  Desde  enton- 
ces el  cónsul  no  ha  recibido  nada  de  este  Ministerio.  Le  agra- 
deceríamos mucho  si  usted  se  dignase  hacer  que  activasen  una 
respuesta  favorable. » 

La  comunicación  á  que  se  refiere  la  carta,  es  la  anunciada 
en  nuestra  página  407,  donde  se  trata  de  una  junta  de  perso- 
nas significadas  que  se  celebró  en  Constantinopla  con  el  fin  de 
tratar  sobre  lo  que  procedía  hacer  para  bien  de  nuestra  lengua 
y  nuestro  comercio  en  Oriente.  Iremos  al  Ministerio  de  Estado, 
hablaremos  al  ídolo,  le  sacaremos  de  su  auto-contemplación 
divina,  pero,  ¿lograremos  algo? 

Pues  bien,  desearíamos  que  el  Sr.  Ministro  de  Estado,  re- 


612 

presentante  del  Gobierno  español  y  de  nuestros  intereses  na- 
cionales ante  los  demás  pueblos  del  mundo,  al  recibir  este 
libro  nuestro,  que  le  enviaremos,  como  enviamos  el  anterior 
al  Sr.  Rodríguez  San  Pedro,  le  abra,  le  examine,  no  nos  atre- 
vemos á  pedir  que  lo  lea,  pero  al  menos  que  se  entere  de  la 
materia  que  trata,  de  los  intereses  que  procura  y  de  las  razo- 
nes que  invoca,  y,  pensando  algo  en  lo  que  vale  nuestro  idio- 
ma y  requiere  nuestro  comercio,  lleve  á  sus  presupuestos  una 
modesta  partida  de  quince,  veinte,  ó  treinta  mil  pesetas,  en 
total,  una  friolera,  para  que  después  acometa,  con  la  Alianza 
Iraelita,  una  gestión  encaminada  á  crear  y  subvencionar  cur- 
sos formales  de  lengua  castellana  en  seis,  ocho  ó  diez  de  sus 
escuelas  de  Constantinopla,  Salónica,  Esmirna,  Tánger,  etc. 

Conoce  muy  bien  este  asunto  el  peritísimo  y  celoso  actual 
subsecretario  Sr.  Castro,  sobre  él  discursó  con  elocuencia  y 
datos  en  el  Congreso,  y  nadie  mejor  indicado  para  aconsejar 
y  persuadir  al  Ministro. 

Fuere  cualquiera  la  razón  que  movió  al  Sr.  Bigart  á  escribir 
su  artículo  (y  no  se  necesita  ser  muy  lince  para  adivinarla), 
juzgamos  seguro  que  la  Aliama,  Asociación  creada  por  el  es- 
fuerzo israelita  universal  para  servir  principalmente  á  Israel, 
no  á  los  intereses  políticos  de  Francia,  acogería  gustosa  esta 
subvención,  agradecería  la  significación  moral  del  hecho  y  se 
prestaría  complaciente  á  cooperar  en  la  obra  de  la  purificación 
del  castellano  judío,  sin  abrigar  temor  ni  recelo  alguno  por  lo 
que  pudiere  perjudicar  á  las  expansiones  de  su  idioma  y  de  su 
espíritu  nacional.  Francia  es  grande,  el  mundo  lo  es  más,  y  no 
se  invoca  una  amistad  falsa  y  adventicia  cuando  á  este  senti- 
miento se  apela  entre  ambos  pueblos,  para  que  hagan  juntos 
una  obra  buena.  Además,  hoy  puede  Francia  servir  con  noble 
agrado  á  su  antigua  rival.  Ya  no  es  nuestra  patria  la  nación  de 
quien  se  dijo  durante  siglos:  <' Guando  España  se  mueve,  el  míen- 
do  tiembla  »  Y  mejor  que  favorecer  á  las  expansiones  lingüísti- 
cas de  Inglaterra  y  Alemania,  puede  ayudar  á  las  de  su  desdi- 
chada vecina. 

Y  pediríamos  al  Ministro  dos  cosas  más:  una,  que  concedie- 
se algunas  condecoraciones  sencillas  á  sefardíes  que  se  hubiesen 
significado  como  hispanófilos,  y  otra  que,  donde  mejor  proce- 


613 

diera,  escogiese  á  individuos  de  esta  raza  que  hablasen  bien  el 
castellano  para  representar  en  los  consulados  á  nuestra  patria, 
de  preferencia  á  otros  sujetos  menos  significados  y  que  ni  si- 
quiera nuestra  lengua  poseen. 

Lo  de  las  condecoraciones  españolas  viste  mucho  por  esos 
mundos.  No  hizo  Dios  muy  sensible  al  autor  de  este  libro 
para  las  excelencias  y  distinciones  que  representan;  pero  es  el 
caso  que,  por  servir  á  otros,  más  de  cuatro  y  cinco  veces  ha 
formulado  solicitudes  y  razonado  peticiones  con  desigual  suer- 
te. Hasta  ahora  nunca  logramos  nada  del  Ministerio  de  Estado 
para  honorables  sabios  extranjeros.  ¿Haría  mala  obra  un  señor 
Ministro,  cualquiera  que  fuese,  en  decorar,- — no  honrar;  que 
ellos  por  sí  lo  están  bastante — á  publicistas  como  Jacques  Da- 
non,  de  Adrianópolis;  José  Benoüel,  de  Lisboa;  Daoud  Rousso, 
de  Constantinopla;  Nissim  de  Juda  Pardo,  de  Esmirna;  Samuel 
Levy,  de  Salónica...,  y  otros  por  el  estilo,  á  quienes  se  deben  es- 
fuerzos loables  por  conservar  nuestro  idioma?  La  distinción 
otorgada  á  estos  dignísimos  señores  honorables  y  cultos,  ¿no 
sería  de  un  efecto  moral  grandísimo  en  la  grey  israelita  espa- 
ñola? ¡Es  tan  fácil  y  cuesta  tan  poco  dar  esta  satisfacción! 

Y  no  decimos  más  al  Ministerio  de  Estado. 


La  Academia  de  la  Lengua  es,  en  su  género,  la  Corporación 
más  ilustre,  más  rica  y  más  poderosa  de  España,  y  pregona  á 
todos  vientos  su  fundamental  destino  con  el  célebre  lema:  «lim- 
pia, FIJA  Y  DA  ESPLENDOR.»  Pucs  á  esta  Corporacióu  pregunta- 
mos: ¿Estaría  mal  que  hoy  ampliase  su  lema  con  otro  verbo 
más,  y  dijese:  «limpia,  fi.ja,  difunde  y  da  esplendor?» 

Nadie  se  halla  más  obhgada  ni  nadie  mejor  dispuesta  que  la 
Academia  para  cuidar  de  estos  intereses  y  procurar  su  enrique- 
cimiento. Hombres  inñuyentes  de  la  política,  que  tienen  como 
principal  destino  servir  á  las  supremas  necesidades  de  la  patria, 
han  buscado  aUí  asiento:  Maura,  Silvela,  Villaverde,  Canalejas, 
Fidal  y  otros  muchos  allí  están:  ¿por  qué  no  estudian  en  serio 
este  problema,  que  tanto  se  relaciona  con  la  grandeza  del  len- 
guaje español?  Allí  hay  recursos  poderosos,  autoridad,  influen- 
cia, ¿en  qué  puede  emplearse  todo  esto  con  mejores  frutos,  que 


614 


en  la  conservación  de  nuestra  soberanía  lingüística  por  el  mun- 
do todo,  donde  se  va  perdiendo,  sustituida  por  la  de  Francia, 
Alemania  é  Inglaterra?  Si  ya  no  podemos  luchar  en  el  mundo 
con  nuestras  escuadras  y  nuestros  ejércitos,  ni  reponer  con 
aquellas  temerarias  aventuras  del  Renacimiento  tanta  grande- 
za perdida,  ¿por  qué  no  prestar  atención  á  estas  nobles  compe- 
tencias de  la  cultura,  propias  de  los  pueblos  civilizados,  y  con 
las  cuales  tras  de  la  palabra  va  el  producto,  y  tras  de  éste  la 
más  preciada  y  bienhechora  de  todas  las  soberanías,  la  de  la 
inteligencia? 

He  aquí  un  nuevo  campo  de  labor  que  se  presenta  á  las 
actividades  de  la  Academia;  un  nuevo  destino  donde  podrían 
recoger  copiosos  frutos  el  patriotismo  y  el  entusiasmo  de  los 
académicos.  Desgraciadamente  nuestras  costumbres,  las  condi- 
ciones en  que  van  muchos  señores  á  ocupar  estos  cargos,  algu- 
nos con  tan  frivolos  propósitos  y  extrema  indolencia  que  ni  si- 
quiera toman  posesión  de  sus  plazas  por  no  escribir  un  discur- 
so de  ingreso,  y  el  marco  estrecho  en  que  encierran  su  destino, 
las  más  de  las  veces  puramente  retórico  y  diserto,  explican  la 
poca  transcendencia  que  alcanza  su  obra  en  el  desenvolvimien- 
to de  este  género  de  fuerzas,  sin  embargo  de  que  tanto  sirven  á 
la  prosperidad  de  la  nación. 

La  Academia  de  la  Lengua  se  dignó  recibir  con  benevolen- 
cia, y  atender  con  éxito  honroso,  la  comunicación  que  le  diri- 
gimos; nos  contestó  en  términos  lisonjeros  y  nombró  académi- 
cos correspondientes  á  los  honorables  D.  Enrique  Be  jarano, 
director  de  la  Escuela  Israelita  Española  de  Bucarest,  y  don 
Abraham  Danon,  director  del  Seminario  rabínico  de  Cons- 
tantinopla. 

Gracias,  señores  académicos  todos,  gracias  por  vuestra  aten- 
ción; gracias,  ilustres  Marcelino  Menéndez  Pelayo  y  Ramón 
Menéndez  Pidal ,  por  vuestras  sabias  defensas  y  gestiones; 
nuestra  expresión  no  encuentra  vocablos  para  manifestar  cum- 
plidamente el  reconocimiento  que  sentimos  por  esta  deferen- 
cia; pero,  ¿no  os  parece,  sabios  señores  todos,  que  esta  labor 
requiere  más  desenvolvimiento,  y  que  con  lo  hecho  nada  más 
se  empezó  á  caminar  por  una  dirección,  en  la  cual  hay  que  se- 
guir y...  seguir,  hasta  ir  muy  lejos? 


615 

Señores  académicos,  tratamos  del  idioma  español,  de  aque- 
llo que  es  alma  y  vida  de  la  Academia,  y  os  invitamos  á  que 
leáis  cuanto  sobre  él  dice  la  información  publicada  en  la  se- 
gunda parte  de  este  libro;  á  que  os  fijéis  en  ese  apreciable  afán 
con  que  nos  piden,  en  las  cuatro  partes  del  mundo,  libros,  dic- 
cionarios, periódicos,  cambios,  revistas,  para  las  escuelas  y  las 
Sociedades  israelitas;  os  rogamos  advirtáis  que  hoy  los  pueblos 
grandes  procuran  por  todos  los  medios  despertar,  en  bien  de 
su  lengua  nacional,  estos  intereses,  y  que  nosotros  los  tenemos 
ya  creados  y  solamente  nos  falta  atenderlos;  ¿por  qué  no  gas- 
tar algunos  miles  de  pesetas  en  servir  á  tan  grata  necesidad, 
las  cuales  serán  como  semilla  arrojada  en  campos  fértiles,  que 
devolverán  á  la  patria  y  á  la  Academia,  ciento  por  uno?  ¿No 
advertís  que  á  esto  se  puede  aplicar  la  parábola  de  la  siembra 
en  buena  tierra,  con  la  cual  Jesús  hablaba  á  los  corazones  sa- 
nos, pues  aquí  se  hace  buen  fruto  á  treinta,  á  sesenta  y  á 
ciento,  cuando  se  siembra  con  fe? 

Tenemos  otra  Academia,  también  muy  obligada,  donde 
hay  figuras  tan  eximias  como  el  Marqués  de  la  Vega  de  Ar- 
mijo,  muy  venerado  de  la  grey  sefardita,  según  nos  refiere 
Pinhas  Asayag  (véase  pág.  486);  el  Sr.  Sánchez  Moguel,  perití- 
simo en  estas  materias,  á  quien  se  deben  estudios  intere- 
santes y  el  haber  propuesto  para  académicos  á  Michel  Breal, 
judío  de  Estrasburgo,  y  Joseph  Halevy,  ya  incorporados  desde 
los  años  1889  y  1890,  respectivamente,  lo  cual  acredita  con 
una  prueba  más  su  cultura  y  elevación;  el  sabio  Padre  Fita 
y  algunos  otros  historiadores  y  orientalistas  ilustres,  á  quienes 
debe  interesar  este  asunto.  ¡Cuánto  bien  podrían  hacer  todos,  si 
aplicaran  un  poco  de  su  solicitud  á  más  empresas  que  las 
puramente  retrospectivas! 


La  Asociación  de  Escritores  y  Artistas — ya  lo  hemos  dicho 
— acogió  con  suma  bondad  nuestra  dedicatoria  del  libro  pri- 
mero, y  mostró  grande  interés  en  la  campaña,  cuando  fuimos 
al  seno  de  la  Junta  directiva,  á  exponer  cuanto  hacíamos  y 
esperábamos.  Echegaray,  su  presidente,  Castillo  Soriano,  su 
celoso  y  querido  secretario,  los  sofiores  Bretón,  Zúñiga,  Picón, 
Comba  y...  otros  que  la  dirigen,  todos  nombres  ilustres  y  glorias 


616 

de  España,  á  la  cual  aman,  y  espíritus  cultos  que  consideran  á 
Israel,  se  penetraron  al  punto  de  la  transcendencia  de  nuestra 
propaganda,  y  ofrecieron  cooperar  á  ella,  poniéndose  á  nues- 
tras órdenes.  Pues  bien,  nosotros  esperamos  que  esta  promesa 
no  se  quedará  por  cumplir,  y  supuesto  la  Asociación  cuenta 
con  medios  sobrados  para  que  las  obras  de  nuestros  grandes 
escritores  sean  conocidas,  que  acometerá  una  tarea  de  difusión, 
por  el  estilo  de  esas  que  tanto  realizan  las  naciones  adelantadas, 
y  satisfará  un  poco  la  sed  de  lecturas  españolas  que  revela 
nuestra  información. 

La  Unión  Ibero- Americana,  con  sus  notables  propagandas 
literarias,  y  el  Sr.  Pando  y  Valle,  su  inteligente  y  activo  st.-cre- 
tario,  con  sus  intuiciones  felices  y  fervoroso  patriotismo,  reali- 
zaron ya  una  obra  útil,  que  es  la  de  comunicar  su  Re\'ista  con 
distinguidos  sefardíes  y  convertirlos  en  colaboradores  de  su 
nacional  empresa.  El  número  extraordinario  correspondiente 
al  '2S  de  Febrero  último  (1905),  publica  la  Memoria  leída  por 
el  secretario  general,  y  en  ella  se  dedica  un  párrafo  á  estos 
hijos  expulsados.  Dice  así: 

También  otros  descendientes  de  nuestra  raza,  los  israelitas,  que  lla- 
man á  España  su  madre  patria,  á  la  que  no  olvidan  y  á  la  que  tributan 
manifestaciones  de  filial  afecto,  quieren  contribuir  á  la  estrecha  unión 
entre  los  hermanos  de  España  y  América  diseminados  en  todo  el  orbe, 
conservan  el  vivo  recuerdo  de  sus  ascendientes  y  mantienen  el  idioma 
castellano,  al  que  hacen  vibrar  en  conferencias,  en  libros,  discursos  y  en 
el  trato  común  de  la  vida. 

Aceptemos  su  concurso  y  así  tendremos  la  eficaz  cooperación  para  la 
causa  de  España  de  muchos  hijos  que,  apartados  de  ella  por  motivos  ya 
olvidados,  se  disponen  á  contribuir  á  sus  mayores  prosperidades. 

Como  fácilmente  se  advierte.  La  Unión  Ibero -Americana 
puede  hallar  excelentes  auxiliares  entre  los  sefardíes  para  su 
transcendental  obra  y  seguramente  ampliará  esta  colaboración. 

De  las  Cámaras  de  Comercio  hablaremos  en  el  capítulo 
próximo. 


Más  principal  y  poderosa  acción  compete  realizar  á  los 
ciudadanos  españoles,  por  ser  éstos  los  que  encarnan,  mejor 
que  los  Gobiernos,  el  espíritu  y  los  recursos  de  una  nación.  En 


617 

otras  partes  los  ciudadanos  todos  sienten  con  fuerza  la  patria^ 
asisten  á  sus  necesidades,  cuidan  de  su  engrandecimiento,  pre- 
vienen sus  peligros,  ayudan  á  los  Poderes  públicos  cuando  no 
se  los  adelantan,  y  desenvuelven  de  este  modo  una  fuerza 
creadora  y  educativa  que  asombra.  En  España  tenemos  aún  la 
manía  indolente  de  pedírselo  todo  al  Gobierno,  de  esperar 
siempre  el  remedio  del  Estado.  Protestamos  de  continuo,  eso  sí, 
contra  su  ingerencia  en  todo,  pero  hacemos  que  sea  para 
nuestras  actividades  lo  que  la  muleta  para  el  cojo:  no  sabemos 
dar  un  paso  si  no  nos  apoyamos  siempre  en  él.  De  los  Gobier- 
nos realmente  muy  poco  necesitamos:  orientaciones,  apoyos 
morales,  adhesión  á  las  fuerzas  creadoras  de  la  masa  nacional, 
que  no  estorben,  ni  sean  rutinarios  y  mezquinos;  de  los  ciudada- 
nos, en  cambio,  lo  esperamos  casi  todo,  porque  el  poder,  la  ri- 
queza, la  generosidad,  las  grandes  y  hermosas  dilataciones  del 
espíritu  son  suyos  y  residen  en  ellos. 

Francia  realiza  mucho  en  todo  sin  los  Gobiernos,  con  no 
realizar  tanto  como  los  anglo-sajones.  El  ilustre  Henry  León  y 
el  joven  Isaac  Pisa,  nos  aconsejan  fundar  una  Sociedad  como  la 
Alliance  Franraise  UniverseUe,  para  difundir  la  lengua  española. 
Las  dos  grandes  Asociaciones  francesas:  esta  citada,  y  la  Allian- 
ce Israélite  UniverseUe,  con  cuya  obra  viene  realizando  nuestra 
nación  vecina  una  obra  de  expansión  que  sorprende,  son  ente- 
ramente libres;  son  fruto  de  los  patriotas  y  de  los  israehtas. 
¿Por  qué  no  hemos  de  organizar  en  España  algo  semejante?  El 
autor  de  este  libro  lo  intentará,  y  si  aquí  encontramos  espíritus 
suficientemente  cultos,  y  entre  los  israelitas  ánimos  dotados  de 
cumplido  amor  por  su  raza  para  ayudarnos,  podremos  organi- 
zar una  Asociación  que  comience  modestas  campañas;  y  haga 
siembras  que  en  su  día  rendirán  el  fruto  apetecido.  Nosotros 
nos  dirigimos  con  estas  líneas  á  los  israelitas  todos  del  mundo, 
que  quieran  ayudarnos  con  su  cooperación,  para  acometer  jun- 
tos una  buena  obra,  que  redundará  siempre  en  bien  de  Israel 
y  de  la  confraternidad  universal.  Que  nos  escriban.  Recibimos 
adhesiones,  y  acometeremos  una  labor  plausible  y  elevada. 
Basta  con  dirigirnos  la  correspondencia  á  nuestro  nombre,  como 
senador,  en  Madrid. 

La  Prensa  puede  ayudar  como  nadie.  Contentos  estamos  dg 


618 


su  colaboración,  pero  hasta  ahora  ha  sido  puramente  individual. 
Debe  apreciar  algo  más  la  transcendencia  de  nuestra  obra;  debe 
penetrarse  de  lo  que  significa  para  la  cultura  de  España,  su  li- 
bertad religiosa,  su  comercio,  sus  expansiones  literarias  y  la 
soberanía  de  su  intelectualidad;  debe  también  relacionarse  con 
la  Prensa  israelita  española,  transfundirse  mutuamente  ideas, 
animarla  con  sus  cambios  para  que  acometa  la  grande  y  nece- 
saria reforma  de  que  sustituya  los  caracteres  rabinos  por  los 
latinos,  á  fin  de  que  pueda  circular  por  el  mundo;  debe  propa- 
gar nuestros  periódicos,  aun  á  costa  de  pequeños  sacrificios, 
por  los  Centros  israelitas,  para  aumentar  el  círculo  de  sus  lecto- 
res más  allá  de  nuestras  fronteras,  y  debe,  en  fin,  sentir  y  proce- 
der con  generosidad.  Gestiones  reiteradas  nuestras  por  conseguir 
que  un  diario  que  aspira  á  ser  de  grande  circulación,  fuese  en- 
viado graciosamente  durante  algún  tiempo  á  una  Sociedad  is- 
raelita de  Sarayevo,  que  lo  solicitó  con  repetido  interés,  fraca- 
saron. Verdaderamente  esta  indiferencia  no  conduce  á  nada 
útil,  ni  favorece  á  quien  la  muestra.  En  cambio,  otras  veces 
hemos  apreciado  largueza  en  El  Liberal,  España  y  el  Diario 
Universal,  y  nada  decimos  de  La  Ilustración  Española,  porque 
ya  ésta  fué  debidamente  considerada  en  nuestro  anterior  libro, 
para  servir  cuanto  le  indicábamos,  sin  retribución  alguna. 

En  España  tenemos  muchos  periódicos  ilustrados:  Blanco  y 
Negro,  Nuevo  Mundo,  Alrededor  del  Mundo,  Mercurio,  y  otros 
que  no  citamos.  ¿Por  qué  no  mandan,  de  cuándo  en  cuándo,  á 
centros  israelitas,  aunque  sean  números  atrasados?  ¿No  com- 
prenden el  inmenso  bien  que  á  España  y  á  sus  respectivos  in- 
tereses pueden  causar  con  ello?  ¡Da  lástima,  pero  muy  honda 
lástima,  pensar  cuántas  cosas  buenas  y  útiles  debíamos  hacer, 
y  no  hacemos! 


El  autor  de  este  libro  ha  realizado  solo,  cuanto  le  fué  dable 
hacer,  y  ya  no  puede,  ni  debe,  continuar  haciendo  nada,  sino 
acompañado. 

Si,  como  cree,  su  pensamiento  y  sus  aspiraciones  respon- 
den á  la  conveniencia  de  grandes  intereses  hermanos,  de  raza 
y  de  nación,  deben  ser  muchos  los  que  acojan  su  idea  y  la  rea- 
licen. Ofrece  á  su  país  el  problema  suficientemente  estudiado 


619 

en  este  libro,  para  que  sean  bien  comprendidos  su  alcance  y 
su  significación. 

Si  su  idea  fué  una  de  tantas  ilusiones  de  un  espíritu  visio- 
nario, si  sus  consejos  son  desacertados  propósitos  de  un  cora- 
zón altruista,  y  sus  esperanzas  infantilismos  de  la  bondad, 
hora  es  ya  de  que  abandone  esto  y  cambie  de  tema.  No  por 
eso  creerá  jamás  haber  perdido  lastimosamente  el  tiempo,  pues 
aun  cuando  no  fuese  más  que  la  correspondencia  afectuosísima 
mantenida  y  las  amistades  aquistadas  cod  caracteres  como  los 
de  María  Gross,  Pinhas  Asayag,  Lázaro  Ascher,  Moisés  Abra- 
vanel...  y  otros  por  el  estilo,  le  han  recompensado  con  exceso 
sus  afanes.  La  vida  toda  es  como  un  viaje,  casi  siempre  mo- 
lesto, el  cual  reahzan  los  más  á  manera  de  viajeros  aburri- 
dos que  se  dirigen  á  una  estación  desconocida,  para  cumplir 
un  destino  ignorado.  Tener  la  suerte  de  hallar  en  el  departa- 
mento compañeros  comunicativos,  con  los  cuales  se  mantiene 
una  conversación  agradable  que  haga  pasable  el  trayecto,  es 
cuanto  se  puede  desear.  Un  escritor  humorístico  muerto  hace 
poco,  Ensebio  Blasco,  condensó  en  una  fórmula  las  aspira- 
ciones del  viviente  práctico:  «Todo  se  reduce  á  pasar  el  rato.» 

Pasar  el  rato  agradablemente,  y  forjarse  la  ilusión  de  que 
todavía  se  hace  un  bien  á  los  demás,  es  miel  sobre  hojuelas. 
Aunque  de  esto  no  resultase  nada  más,  siempre  quedaría  en 
nuestro  espíritu  el  sabor  de  una  bebida  agradable,  y  el  perfume 
delicado  de  una  de  esas  hermosas  emanaciones  del  espíritu 
cuando,  levantando  sus  sentimientos,  recibe  el  soplo  de  la  di- 
mana gracia  y  desea  dejar  tras  de  sí  una  estela  luminosa  de 
bondad. 

Pero  es  que  diremos  más: 

El  honorable  Sr.  Levy,  de  Oran,  nos  escribe  entusiasmado: 
La  obra  de  usted  hará  que  nos  conozcamos  los  hijos  de  España 
dispersados  por  el  mundo.  Y  el  bondadoso  Farache  nos  dice 
conmovido:  ¡La  obra  de  usted  hará  que  nos  conozcamos  y  que  nos 
estimemos  más!  Pues  bien,  amigos  queridos,  os  aseguramos  que 
muchas  veces  realizamos  con  más  esfuerzos  obras  menos  gra- 
tas y  no  nos  rindieron  tanto.  De  aqur  en  adelante  cuanto  Israel 
y  España  obtengan  de  ella,  como  rica  añadidura  hemos  de  re- 
cibirlo. 


620 


Si  estamos,  ó  no,  solos  en  adelante,  lo  sabremos  pronto: 
seis  meses  de  información  tuvimos  para  conocer  el  espíritu 
israelita  y  traerlo  á  esta  obra;  pues  otro  período  de  seis 
meses  abriremos,  para  recoger  adhesiones  con  las  cuales  fun- 
dar una  Alianza  hispano-sefardita,  que  realice  lo  que  deman- 
dan estos  intereses.  Si  Dios  se  sirve  conservarnos  con  vida  y 
salud,  volveremos  por  Octubre  á  ocuparnos  en  esta  tarea,  no 
para  escribir  un  libro,  sino  para  fundar  una  Asociación. 

Hasta  ahora  viene  todo  como  por  sus  pasos  contados:  des- 
de Octubre  de  1903  á  Abril  de  1904,  publicamos  nuestros  ar- 
tículos en  la  Prensa  y  el  primer  libro;  desde  Abril  de  1904  á 

Octubre  del  mismo  año,  realiza- 
mos nuestra  información;  desde 
este  Octubre  á  Abril  de  1905,  pre- 
paramos este  segundo  libro,  y  des- 
de Abril  á  Octubre  de  1905,  reco- 
geremos esas  adhesiones  que  nos 
darán  un  resultado,  positivo,  ó  ne- 
gativo, para  la  futura  próxima 
campaña  de  invierno.  Anulamos 
nuestra  acción  individual  para  to- 
do. El  vuelo  que  ha  tomado  este 
asunto,  la  multitud  de  personas  en 
él  interesadas,  y  la  clase  variada 
de  negocios  mercantiles,  lingüísti- 
cos, políticos . . .  que  entraña,  re- 
quieren ya  un  adecuado  organis- 
mo, y  á  intentar  su  creación  va- 
mos. 

Conviene  que  otras  más  altas,  serenas  y  autorizadas  perso- 
nas, sefardíes  y  españolas,  se  hagan  cargo  del  pensamiento  y 
aporten  á  sus  tareas  los  prestigios  de  su  nombre;  y  conviene 
que  nuestra  juventud  entusiasta  se  penetre  de  la  importancia 
que  para  la  vida  internacional  de  España  puede  tener  la  re- 
integración de  un  pueblo  español,  y  ayude.  El  autor  de  este 
libro  desea  ser  uno  de  tantos;  nada  más  que  un  auxiliar,  por- 
que estima  muy  necesario,  para  la  prosperidad  de  la  idea,  que 
otros  la  dirijan  y  representen. 


FiG  191.  —  D.  Rafael  Cansinos 
Assens,  ípublici.sta  español  distin- 
guido,  descendiente   de  israelitas. 


621 

Una  circular  que  redactó  en  unión  con  el  entusiasta  joven 
D.  Rafael  Cansino  Assens,  varias  veces  citado  en  la  primera 
parte,  cree  que  puede  servir  para  consultar  voluntades  y  de 
€lla  espera  valerse,  en  adelante,  para  las  adhesiones,  como  se 
valió  del  cuestionario,  en  el  prólogo  registrado,  para  la  infor- 
mación. 

Y  pasemos  á  tratar  del  aspecto  mercantil  y  político. 


CAPÍTULO  Vil 


Aspecto  mercantil  de  la  campaña.— Atraso  de  España  en  su  educación  comercial. 
— Informes  interesantes  bajo  este  aspecto.- -Carta  del  Sr.  Mazliach,  de  Viena. 
—  Juicios  prácticos  del  Sr.  Cazes,  de  Constantinopla. — Aspecto  político  de 
nuestra  empresa. — Temores  y  recelos  administrativos. — La  naturalización  de 
extranjeros.  — Documento  parlamentario  del  autor. — Deficiencias  burocráticas. 
— Infantilismos  de  la  nación  española. — Resumen  de  las  principales  gestiones 
que  necesita  esta  reconciliación. 


En  los  dos  capítulos  anteriores  hemos  presentado,  con  la 
brevedad  aquí  adecuada,  lo  que  España  debe  hacer  desde  el 
punto  de  vista  religioso  y  lingüístico,  y  vamos  en  este,  que  será 
el  último,  á  decir  algo  de  lo  que  puede  hacer  desde  el  punto  de 
vista  comercial  y  político. 

Quien  haya  leído  la  información  habrá  podido  convencerse 
de  que  jamás  se  pierde  por  entero  una  propaganda,  aunque  sea 
el  apóstol  persona  tan  insignificante  y  desprovista  de  medios 
persuasivos  como  lo  es  el  antor  de  este  libro.  Para  no  citar  más 
que  un  hecho,  basta  leer  lo  que  el  ilustrado  profesor  de  Salóni- 
ca, Sr.  Nehama,  nos  dice  (véase  pág.  448)  acerca  de  que  nues- 
tra campaña  indujo  á  muchos  maestros  á  escribir  obras  en  ju- 
deo-español  limpio  y  claro,  para  que  se  convenza  cualquiera  de 
lo  que  se  puede  lograr,  en  bien  de  todos,  llevando  este  asun- 
to á  grandes,  autorizados  y  bien  dispuestos  organismos  nacio- 
nales. 

Pero  este  efecto  se  observa  en  el  comercio  mejor  que  en  la 
literatura.  Desde  nuestras  primeras  correspondencias  comenza- 
mos á  recibir  de  Oriente,  Austria,  Servia,  Rumania,  Macedo- 


624 


nia,  Marruecos  y  otros  pueblos,  cartas  de  interés  comercial  pi- 
diéndonos catálogos,  datos  sobre  fábricas,  precios  de  artícu- 
los..., á  las  cuales  hemos  respondido  como  mejor  nos  ha  sido 
posible,  y  mandado  hemos  otras  á  la  Cámara  de  Comercio  de 
Madrid,  cuyo  digno  presidente,  nuestro  amigo  D.  Pablo  Ruiz 
de  Velasco,  contestó  siempre  con  su  proverbial  amabilidad.  Y 
este  es  un  aspecto  interesantísimo  de  nuestra  campaña. 

Ante  los  gravísimos  problemas  de  existencia  y  de  subsis- 
tencia, con  los  cuales  lucha  España,  como  lucha  todo  cuanto 
vive,  desde  los  imperios  poderosos  á  los  más  obscuros  indivi- 
duos, por  la  sola  razón  de  haber  nacido,  no  hay  otros  remedios 
sino  producir  lo  necesario  y  colocar  bien  nuestros  productos. 
Y  al  decir  nuestros  productos,  claro  está  que  nos  referimos  á 
los  intelectuales,  morales,  económicos,  sociales  y...  dinámicos 
en  todas  sus  infinitas  variedades.  Pero,  ¿á  qué  hablar  más  de 
principios  tan  elementales  y  axiomáticos? 

Necesita  España  producir  mucho  más  de  lo  que  produce, 
tener  lugares  donde  colocar  sus  artículos  y  regirse  dentro  de 
las  condiciones  que  la  concurrencia  mundial  exige,  para  conse- 
guir las  preponderancias  y  granjerias  del  crédito.  Apena  nues- 
tro ánimo  observar  cómo,  hasta  ahora,  casi  nada  hemos  prepa- 
rado que  sirva  á  esto  con  eficacia,  y  sonroja  advertir  que  son 
nuestros  mismos  expatriados  hijos  quienes  nos  lo  dicen,  según 
se  leerá  algunas  líneas  más  abajo. 

Estos  antiguos  co-nacionales  pueden,  por  las  privilegiadas 
aptitudes  que  tienen,  por  la  situación  geográfica  que  ocupan  y 
por  las  profesionales  tareas  á  que  se  dedican,  ser  uno  de  los  auxi- 
liares más  poderosos  de  que  se  valga  España  para  llevar,  á  toda 
la  redondez  del  mundo  conocido,  cuanto  produzca,  desde  lo  más 
sublime  á  lo  más  trivial,  desde  las  divinas  creaciones  artísticas 
de  nuestros  Galdós,  Echegaray  y  Pradilla,  hasta  las  vestiduras 
de  corcho  arrancadas  á  los  alcornoques  de  nuestras  regiones 
extremeñas  y  catalanas. 

Y  esta  derivación  mercantil  de  las  relaciones  surge  al  pun- 
to con  facilidad  sorprendente. 

Lo  que  hace  mucha  falta  es  acreditar,  de  nuestra  parte,  que 
somos  un  pueblo  siquiera  medianamente  práctico,  para  reco- 
ger estas  fuerzas  dispersas,  encauzarlas  y  dirigirlas  por  camino 


625 


de  aplicaciones  útiles  á  las  dos  partes  interesadas.  Es  decir,  que 
son  las  disposiciones  de  nuestros  expatriados  hijos  como  brotes 
y  veneros  de  aguas  vivas  abandonadas,  las  cuales  podemos  re- 
mansar y  convertir  al  desarrollo  de  fuerzas  y  elementos  de  pú- 
blica riqueza,  si  no  somos  tan  insensatos  que  las  desatendemos 
y  despreciamos. 

Pero,  ¿se  halla  nuestro  país  hoy  en  condiciones  de  respon- 
der bien  á  este  género 
de  tratos?  No.  ¿Cómo 
desconocerlo,  ni  por 
qué  ocultarlo?  Mas  pre- 
cisamente por  eso  mis- 
mo necesita  sacudir  su 
pereza,  estudiar  el  co 
mercio  internacional, 
conocer  las  artes  de 
que  se  valen  y  las  cam- 
pañas que  realizan  las 
demás  naciones  para 
desenvolver  su  riqueza 
industrial  y  hacer  de 
esta  suerte  que  las  pri- 
meras materias  se  pro- 
duzcan aquí  en  abun- 
dancia, se  elaboren  con 
maestría  y  se  difundan 
por  los  mercados  del 
mundo,  en  competen- 
cia noble  con  los  de- 
más países. 

Es  sabido,  y  está  demostrado  hasta  la  saciedad,  que  el  obrero 
español  es  intehgente,  y  asimismo  es  justo  afirmar  que  también 
es  trabajador  y  virtuoso,  pero  le  falta  educación.  Siempre  que 
nuestros  obreros  se  colocan  en  las  mismas  condiciones  que 
gozan  los  de  las  fábricas  del  extranjero,  y  con  ellos  viven,  se 
acreditan  de  aptos,  hstos  y  excelentes.  El  nervio  y  la  vivacidad 
de  la  raza  se  manifiestan  como  una  energía  virtual,  y  pasa  á  ser 
un  privilegio  que  rinde  al  punto  su  fruto.  Lo  que  nos  sucede  es 

40 


FiG.  192.  —  Detalle  de  la  famosa  sinagoga  funda- 
da por  Samuel  Levy,  en  Toledo,  llamada 
El   Tránsito. 


626 


que  generalmente  vivimos  atrasados;  somos  aún  muy  rutina- 
rios, no  conocemos  el  mundo  industrial  y  comercial,  y  no  pode- 
mos competir  en  buenas  condiciones.  Sobre  esto  hemos  solici- 
tado y  recibido  testimonios  sinceros,  que  gustoso  traemos  al 
libro,  porque  de  su  franca  exposición  hemos  de  sacar  prove- 
chosa enseñanza. 

Repasen  nuestros  lectores  algunas  cartas,  por  ejemplo:  la  de 

Ascher,  de  Bucarest, 
pág.  395;  la  de  Rous- 
so,  de  Constantinopla, 
pág.  406;  la  de  Penha, 
de  Barranquilla,  pá- 
gina 511,  etc.,  y  com- 
prenderán el  interés 
que  puede  tener  este 
aspecto  de  la  cuestión 
para  nuestros  fabri- 
cantes. 

Desgraciadamente 
no  responden  todavía 
con  el  debido  celo 
nuestros  industriales 
á  este  movimiento. 
Las  mismas  Cámaras 
de  Comercio  españo- 
las están  aún  muy 
atrasadas,  como  nos 
decía  el  Sr.  Sitges,  en  una  carta  donde  nos  indicaba  lo  que  de- 
bía hacer  España  para  aprovechar  convenientemente  esta  base 
de  riqueza,  y  hasta  nuestras  fábricas  no  despliegan  siempre 
aquel  interés  y  dihgencia,  que  son  base  de  un  buen  crédito  y 
de  un  negocio  bien  desenvuelto. 

En  prueba  de  ello,  véase  lo  que  nos  decía  en  una  carta  el 
distinguido  agente  comercial  Sr.  Mazliach,  de  Viena: 

Conformando  la  ultima  mia  del  7  del  cor.  mi  permito  enfermar  á  V. 
en  cuento  de  mi  negocio,  che  enveluntaria  aquistar  algunas  relaciones  co- 
merciales con  Industrias  españolas,  como  Reprasentanzia  de  fabricantes 
para  Importación  y  Exportación  con  Austria  y  Oriente;  en  vista  de  este 


FiG.  193. — Detalle  de  la  sinagoga  llamada  El  Tránsito. 


627 

objeto  he  visitado  al  Consolado  de  Espafía  y  fué  informado  en  absencia 
del  Señor  Consolo,  del  Sr.  Secretario,  por  algunas  Firmas  de  fabricación 
del  «Corcha». 

Conociendo  la  importansa  de  Taponis  de  corcha  para  Butillas  de  Vinos, 
Cerveza  y  aguas  minerales,  dirigí  cartas  a  los  Señores:  Hijos  de  H.  A.  Ben- 
der,  San  Feliu  de  Guixols,  Antonio  Asensio  y  Co.  Jerez  de  los  Caballeros, 
Juan  Colomer  Folgado,  idem  preguntanda  se  ubiecen  veluntad  de  acerme 
offerta  y  de  establecer  reprasentanzia  en  Viena. 

Pero  de  S.  Bender  solamente  receví  rispuesta,  diziendo,  che  non  pen- 
san  de  laborar  con  esti  paya  —  y  de  las  otras  dos  firmas  dinguna  rispues- 
ta recevy;  paresser  che  non  sería  el  camino  necessario. 

Por  conosser  otros  articolos,  che  uzan  cer  exportados  de  Espafía  por 
Austria,  p.  e:  Telas  de  Lino,  Lana,  o  en  filaturas  para  labor  textyl,  colores 
de  Stampa,  Prensa,  etc.  me  he  faddressado  con  una  carta  al  Consolado 
Real  y  competí,  che  me  haziece  el  favor  de  enseñarme,  en  qual  manera 
podia  enformarme  al  objeto. 

Tube  el  honor  de  resivir  una  rispuesta  muy  amable,  onde  me  propone 
de  proporcionarme  yo  de  un  libro  titulado:  «Catalogo  de  Exportadores  Es- 
pañoles», cual  puedo  obtenir  en  el  Ministerio  de  Estado  en  Madrid. 

Según  mi  parecer  y  enjemplos  de  Austria,  estos  libros  usan  ser  bas- 
tante caros  y  al  fin,  non  specialisados  para  servirmi  a  los  interefsos;  non 
abastecía  de  conoser  solamente  los  «Exportadores»  y,  nonfabricantes  hay 
exportadores,  pero  los  articolos  «che  ya  son  exportados»  o  che  pudiefse 
exportar  España  para  Austria,  o  Oriente,  esto  non  dize  el  libro,  otro  lo  sa- 
ben impiegados  de  Duganas,  Societás  marítimas,  ferrovias,  Ministerio,  etc 

Pensando  che  Usted  non  tiene  tiempo  para  perder,  o  sacrificiar  y  non 
quierendo  yo  ser  tan  inmodesto  de  tomar  en  contribución  a  la  bondad  de 
S.  S.,  pido  de  V.  che  me  aga  el  favor,  se  tal  puede  ser  de  nominarme  al- 
guna Dignitá  de  la  «Camera  del  Comercio»,  o  de  las  Societás  che  V.  me- 
jor sabe,  areccomendando  a  mi  enseñanza,  por  utilizarme  pues  con  cartas 
mias  dirigidas  a  eyos. 

Pero  quien  nos  ha  comunicado  sobre  este  particular  más 
fundadas  observaciones,  ha  sido  el  distinguido  agente  don 
Alberto  Cazes,  copartícipe  de  una  gran  casa  comercial  de  Cons- 
tantinopla,  quien  se  enteró  en  Salónica  de  nuestra  campaña 
por  la  Prensa  oriental,  y  nos  escribió  una  carta  entusiástica  por 
España,  prometiéndonos  hacer  un  viaje  á  Madrid  para  cono- 
cernos, visitar  nuestras  fábricas  y  entablar  relaciones  comer- 
ciales con  su  antigua  madre  patria. 

Como  lo  dijo,  así  lo  hizo.  En  Octubre  de  1904  tuvimos  el 
gusto  de  estrechar  la  mano  de  este  señor,  un  joven  muy  simpá- 
tico, muy  inteligente,  muy  culto,  conocedor  de  muchos  pue- 
blos de  Europa  y  poseedor  de  varios  idiomas.  Antes  de  hablar 


con  nosotros  había  visitado 
algo  su  vida  industrial. 

Nos  habló  con  simpática 


FiG.  194. — D.  Alberto  Cazes,  inteli- 
gentísimo agente  comercial  de  Cons- 
tantinopla.  Hizo  sa  primer  viaje  co- 
mercial á  España  por  estímulos  de 
nuestra  campaña. 


ñol,  nos  escribió  en  francés. 


628 
ya  Barcelona,  y  había  estudiado 

franqueza  acerca  de  lo  bueno  y 
malo  que  había  visto,  y  enton- 
ces nosotros  le  rogamos    que, 
cuando    hubiere    regresado    á 
Constantinopla,  tuviese  la  bon- 
dad de  favorecernos  con  algu- 
nas cuartillas  donde,  con  toda 
sinceridad,  nos  dijese  las   im- 
presiones que  había  sentido  en 
España,    para   registrarlas   en 
esta  obra,  la  cual  habíamos  co- 
menzado  ya  á  escribir.  Como 
cumplió  en  lo  de  su  venida,  así 
cumplió  en  lo  de  su  escrito,  y 
tenemos  el  gusto  de  consignar 
aquí  lo  más  importante,  dándole 
por  su  bondad  las  gracias.  Aun- 
que el  señor  Cazes  habla  espa- 


Recordareis,  sin  duda,  mi  primera  carta  (1)  y  la  sincera  emoción  que 
me  producía  la  idea  de  visitar  esta  hermosa  tierra  de  España,  donde  vi- 
vieron nuestros  abuelos,  no  hace  aún  mucho  tiempo.  Esta  emoción  la  sen- 
tí doblemente,  desde  que  atravesé  la  frontera  francesa  y  observé  que  via- 
jeros españoles  reemplazaban  á  mis  primeros  compañeros  de  tren.  Aun- 
que la  mayoría  eran  catalanes,  no  me  faltaba  ocasión  de  dirigirles  la  pala- 
bra, y  me  ingeniaba  para  comparar  los  matices  de  pronunciación  y  de  len- 
guaje que  existían  entre  mi  idioma  y  el  suyo. 

Mi  impaciencia  por  llegar  á  Barcelona  era  grande.  Se  parecía  á  lo  que 
se  siente  al  entrar  en  casa  de  uno  después  de  largo  viaje,  y  todos  los  que 
casualmente  me  dirigían  la  palabra  en  español  me  causaban  un  vivo  pla- 
cer. En  las  Ramblas,  adonde  marché  inmediatamente,  no  cesaba  de  escu- 
char á  derecha  y  á  izquierda  á  toda  aquella  multitud  abigarrada,  alegre  y 
movida,  vistiendo  los  trajes  nacionales,  que  lucían  por  ser  las  fiestas  de 
la  Merced,  y  era  para  mí  una  alegría  instintiva,  inconsciente,  comprender 
todo  cuanto  se  decían  y  sentir  vibrar  en  el  aire  una  atmósfera  conocida, 
como  una  atmósfera  de  familia  en  la  que  se  hubiera  vivido  largo  tiempo. 
Algunos  dichos  populares,  algunas  palabras  alegres  de  llamada  que  se  es- 


<1)     La  publicamos  en  el  número  168  de  Eupaña. 


629 

capaban  de  tiempo  en  tiempo  de  aquella  multitud,  que  para  mí  represen- 
taba entonces  todo  el  pueblo  español,  me  encantaban,  me  enajenaban,  cuan- 
do esas  palabras  y  esos  dictados  eran  de  los  que  nosotros  mismos  emplea- 
mos aqní. 

La  encantadora  acogida  que  me  hicisteis  en  Madrid,  la  amabilidad  que 
la  señora  y  la  señorita  de  Pulido  me  mostraron,  me  llenaron  de  reconoci- 
miento, y  en  general  encontré  el  pueblo  castellano  más  afable  y  atrayen- 
te  que  el  catalán.  Este,  en  cambio,  es  más  trabajador,  se  ocupa  menos  de 
política  y  lleva  sus  asuntos  cou  espíritu  más  serio.  Es  robusto  y  sano,  y 
podría  con  verosimilitud  compararse  Castilla  y  Cataluña,  á  los  países  del 
Sur  con  los  países  del  Norte  de  Italia.  Quien  ha  visto  Ñapóles  y  Milán  se 
da  bien  cuenta  de  la  diferencia,  y  puede  comparar  su  juicio  con  el  que  le 
producirían  Madrid  y  Barcelona. 

Por  esto  no  he  podido  descubrir  en  Madrid  nada  que  permita  pensar 
en  negocios,  y  mis  diligencias  han  resultado  infructuosas.  En  Barcelona 
no  fué  así.  Había  materia  para  un  buen  trabajo.  ¿Creéis  que  he  podido 
tratar  algunos  negocios?  Ninguno  ó  casi  ninguno. 

España,  y  principalmente  Cataluña,  podría,  como  ya  os  he  escrito,  for- 
mar un  vasto  campo  de  acción  en  Oriente  por  sus  tejidos,  especialmente 
sus  tejidos  estampados.  Y  sin  embargo,  muy  poco  numerosos  son  los  fa- 
bricantes que  han  procurado  introducirse  en  nuestros  mercados;  y  han  se- 
guido los  consejos  de  los  representantes  de  comercio  de  nuestro  país; 
muy  pocos  de  entre  ellos  se  han  decidido  á  cambiar  su  sistema  de  rutina 
y  á  emprender  el  trabajo  de  exportación  con  ideas  prácticas,  trabajo  que 
podría  sólo  salvar  la  industria  textil  española  de  la  crisis  tan  cruel  que 
atraviesa  actualmente;  que  podría  regenerarla,  ponerla  en  pie  de  concurrir 
victoriosamente  con  Italia,  que  ha  sabido  sacar  partido  tan  bueno  de 
nuestra  falta  de  industria. 

¿Qué  falta  á  los  fabricantes  españoles?  Nada,  salvo  la  adopción  de  un 
sistema  de  trabajo  más  práctico,  más  en  proporción  con  los  progresos  del 
comercio  y  de  la  industria  de  las  otras  naciones  civilizadas.  Os  sorpren- 
deríais seguramente,  querido  Sr.  Pulido,  si  os  dijera  que  varios  fabricantes 
que  he  visitado  me  han  manifestado  tener  dificultades  para  el  cálculo  de 
los  precios,  franco  el  porte  de  Turquía,  y  que  ellos  no  querían  sino  vender 
las  piezas  de  género  en  su  casa,  en  sus  almacenes. 

Esto  revela  hallarse  muy  atrasados  con  relación  á  los  tratos  comercia- 
les de  otros  países,  que  buscan  siempre  el  medio  de  facilitar  los  negocios 
de  todas  las  maneras  posibles  y  no  hacerlos  más  difíciles  por  pretensiones 
inexcusables.  Desde  mi  vuelta,  mi  casa  se  ha  dirigido  á  varios  fabricantes 
y  no  hemos  sido  honrados  con  una  sola  respuesta...  Es  para  descorazonar 
á  los  más  pacientes. 

Por  lo  que  nos  dice  Cazas  en  esta  carta,  nos  dijo  en  la  otra 
Mazliach,  y  nos  dijo  Rousso  con  motivo  de  la  comunicación 
que  el  cónsul  de  Constantinopla  dirigió  al  Ministerio  de  Estado, 


630 

nuestra  educación  nacional  debe  comenzar  á  las  veces  por  algo 
más  elemental  que  por  lo  de  saber  negociar  los  productos  de 
nuestras  fábricas,  es  decir:  por  lo  de  saber  responder  cortesmen- 
te  á  una  pregunta  que  se  nos  hace,  ó  á  una  comunicación  que 
se  nos  dirige. 

Y  no  hay  más  remedio:  hay  que  formarse  en  serio.  ¿Y  qué 
menos  se  puede  hacer  que  pedir  á  las  Cámaras  de  Comercio,  á 
los  gremios,  fabricantes,  etc.,  que  estudien  el  modo  como  pro- 
ceden otros  pueblos,  y  comparen  su  estado  con  el  de  ellos?  Y 
esto,  aun  á  los  mismos  catalanes,  cuyo  relativo  atraso,  no  obs- 
tante sus  extremadas  vanidades,  sobrado  demuestran  las  quejas 
que  hemos  presentado.  Compárese  lo  que  dice  Rousso  (pág.  406) 
de  los  sesenta  comerciantes  é  industriales  alemanes,  con  el 
Ministro  de  Comercio  á  su  cabeza,  visitando  el  Imperio  Otoma- 
no, para  estudiar  el  modo  mejor  de  colocar  sus  productos,  con 
la  conducta  de  nuestros  fabricantes,  no  respondiendo  á  las 
cartas,  ni  vendiendo  sino  á  su  gusto  y  en  la  fábrica,  y  se  ad- 
vertirá la  diferencia. 

Después  de  esto,  ¿qué  más  necesitamos  decir  ni  aconsejar? 
¡Es  tan  elocuente  lo  ya  expuesto! 


El  aspecto  político  de  esta  reconciliación  nos  brindaría  á 
largas  é  importantes  consideraciones,  si  nos  propusiéramos  des- 
envolver convenientemente  todas  las  fases  que  presenta  nuestra 
campaña.  Aun  concretando  el  que  apuntamos  ahora  solamente 
al  del  aumento  de  los  subditos  españoles,  en  aquellas  naciones 
donde  carecemos  de  ellos,  y  donde,  sin  embargo,  podrían  pres- 
tar señalados  y  diferentes  servicios  á  España,  cabría  extender- 
nos en  consideraciones  y  enseñanzas  de  grande  interés  (1). 

Los  grandes  elementos  de  vida  aportados  por  extranjeros  y 
la  influencia  suya  en  el  progreso  de  las  naciones  todas,  es  un 
tema  muy  importante,  que  ha  tenido  ya  felicísimos  intérpretes 
en  obras  distintas,  y  algo  pensábamos  discurrir  acerca  de  él 
con  motivo  de  una  interpelación  que  anunciamos  al  Ministro 


(1)     Léase  acerca   de   este   asunto  importante   la   información   procedente   de 
Constantinopla  que  va  en  la  Adición. 


631 

de  la  Gobernación,  cuando  advertimos  que  nuestro  Consejo 
de  Estado  informaba  en  sentido  desfavorable,  sin  razón  al- 
guna valedera  que  lo  justificase,  expedientes  de  nacionaliza- 
ción. 

La  importancia  política  grande  que  ofrece  la  atracción  de 
voluntades  entre  los  israelitas  mogrebinos,  sobrado  la  demues- 
tran los  Sres.  Pinhas  Asayag  y  Vallescá,  en  sus  comunicaciones 
sobre  Tánger  y  Melilla,  aquí  registradas;  pero,  desgraciada- 
mente, muchas  veces  surgen  temores,  supersticiones,  fanatis- 
mos y  antipatías  rutinarias  en  las  ruedas  de  nuestra  adminis- 
tración, desde  los  Ministros  al  último  temporero  que  ha  de 
poner  mano  en  un  expediente,  y  por  ello  fracasa  toda  una  po- 
lítica de  convenientes  adhesiones. 

En  este  género  podríamos  ofrecer  casos  verdaderamente 
peregrinos,  y  que  acreditan  de  cuantas  prevenciones  y  rutinas 
necesita  curarse  nuestro  país,  si  ha  de  administrar  sus  intereses 
con  la  despierta  y  egoísta  solicitud  que  muestran  los  demás 
pueblos  en  la  protección  y  cultivo  de  los  suyos.  Citaremos  dos 
no  más. 

En  cierta  ocasión  un  Director  general  de  Sanidad  se  dirige 
á  su  jefe,  un  Ministro  de  la  Gobernación,  joven,  entusiasta, 
celoso  de  sus  deberes,  estudioso  en  grado  sumo  y  de  mucha 
pericia  administrativa,  y  le  propone  reforzar  la  policía  sanitaria 
de  Algeciras,  porque  se  había  recrudecido  la  peste  en  la  India, 
y  muchos  barcos,  de  los  que  seguían  este  derrotero,  hacían  es- 
cala en  Gibraltar  y  podían  importarnos  una  epidemia.  El  peli- 
gro era  evidente,  la  necesidad  de  prevenirnos  imperiosa,  la  re- 
clamación de  las  comarcas  interesadas  formulada  había  sido 
ya  por  el  diputado  del  distrito,  y  el  estado  de  defensa  sanitaria 
de  la  bahía  hallábase  en  absoluto  abandono,  y  total  carecimien- 
to de  medios  de  desinfección.  Tratábase,  en  fin,  de  cosa  más 
que  elemental,  pues  hasta  se  hallaba  dentro  del  decoro  de  un 
pueblo  civilizado,  cuanto  más  dentro  del  deber  de  nuestros 
compromisos  y  conciertos  sanitarios  internacionales.  Pues  bien, 
con  grande  extrañeza  suya,  el  jSIinistro  se  negó,  en  absoluto,  á 
disponer,  y  aun  á  consentir  se  hiciese  nada,  por  temor  á  que 
pudiera  parecer  mal  á  Inglaterra  cualquiera  medida  sanita- 
ria (!)  que  allí  se  tomase. 


632 

Si  bajamos  de  un  Ministro  á  nuestros  empleados,  los  vere- 
mos algunas  veces  tocados  de  recelos,  supersticiones  y  mali- 
cias tales,  que  llevan  al  ánimo  la  tristísima  y  descorazonante 
idea,  de  que  nuestras  oficinas  públicas  son,  con  frecuencia,  un 
mecanismo  herrumbroso,  oxidado  y  antiguo,  algo  así  como  la 
aplicación  de  fusiles  de  chispa  á  las  modernas  necesidades  de 
la  guerra. 

Vaya  un  ejemplo  que  con  toda  ingenuidad  presentamos: 

Desde  que  comenzamos  nuestra  campaña  venimos  reci- 
biendo, como  es  natural  que  suceda,  cartas  de  varios  países, 
por  las  cuales  nos  manifiestan  sus  autores  deseos  de  ser  subdi- 
tos españoles,  propósito  que  en  nuestro  país  supone  un  expe- 
diente largo  y  difícil  y  con  más  consultas  que  si  se  tratara  de  ce- 
der una  parte  del  territorio  nacional.  No  para  discutir  las  garan- 
tías que  nuestra  legislación,  creyera  conveniente  exigir  á  los  ex- 
tranjeros, cuando  desean  nacionalizarse,  sino  para  examinar  la 
sin  razón  con  que  á  veces  se  informa  mal  por  alguna  dependen- 
cia oficial,  anunciamos  nuestro  deseo  de  interpelar  en  el  Senado 
al  Gobierno  y  pedimos  una  serie  de  expedientes,  los  cuales  nos 
fueron  remitidos.  Enterado  el  digno  Ministro  de  la  Goberna- 
ción, Sr.  Sánchez  Guerra,  de  nuestro  propósito,  se  mostró  con- 
forme con  nuestro  criterio,  y  asimismo  manifestó  su  conformi- 
dad el  ya  citado  en  otros  sitios  Sr.  Marqués  de  Aguilar  de  Cam- 
póo,  Presidente  del  Consejo  de  Estado. 

El  Ministro  dicho  confirmó  su  promesa,  resolviendo  á  fa- 
vor del  solicitante  un  expediente  informado,  sin  razón,  desfavo- 
rablemente por  el  Consejo  de  Estado,  y  entonces  contrajimos 
nuestro  acto  parlamentario  á  la  siguiente  sencilla  manifesta- 
ción, que  hicimos  en  el  Senado  español,  en  la  sesión  del  3  de 
Diciembre  de  1904: 


El  Sr.  Pulido:  He  pedido  la  palabra,  Sres.  Senadores,  para 
dirigir  un  ruego  al  Sr.  Ministro  de  la  Gobernación  y  para  hacer 
una  pequeña  manifestación.  Seré  breve  en  ambas  cosas. 

El  primero...,  etc. 

La  manifestación  á  que  me  he  referido  es  la  de  que  yo 
había  rogado  en  una  de  las  sesiones  anteriores  que  se  trajesen  á 


633 

la  Cámara  los  expedientes  de  extranjeros  que  tenían  solicitada 
su  naturalización  en  España,  y  que  habían  sido  resueltos  nega- 
tivamente por  el  Consejo  de  Estado.  Después,  el  Sr.  Marqués 
de  Aguilar  de  Campóo  pidió  que  también  viniesen  á  la  Cámara 
los  expedientes  resueltos  favorablemente.  Los  he  leído  todos; 
los  he  estudiado  con  la  amplitud  necesaria;  son  en  número  de 
veintiuno:  diez  y  ocho  que  se  han  concedido;  dos  que  se  han 
negado,  y  uno  que  había  informado  negativamente  el  Consejo 
de  Estado  y  que  el  Ministro  de  la  Gobernación  ha  concedido. 

He  hablado  con  el  Sr.  Ministro  de  la  Gobernación  y  con  el 
digno  Sr.  Presidente  del  Consejo  de  Estado,  y  declaro  que  real- 
mente no  hay  motivo  para  explanar  la  interpelación  que  ha- 
bía anunciado,  }'  como  soy  enemigo  de  ocupar  el  tiempo  inútil- 
mente, y  como  estoy  altamente  satisfecho  de  lo  que  me  ha  dicho 
el  Sr.  Ministro  de  la  Gobernación,  de  la  actitud  que  sobre  este 
asunto  ha  adoptado  y  de  las  manifestaciones  que  particular- 
mente he  oído  al  Sr.  Presidente  del  Consejo  de  Estado,  anun- 
cio que  retiro  mi  propósito  de  interpelar  al  Gobierno,  y  ruego 
á  la  Mesa  que  devuelva  al  Ministerio  de  la  Gobernación  los 
expedientes  que  aquí  habían  venido. 

Me  limitaré  á  recomendar  públicamente  al  Sr.  Presidente 
del  Consejo.de  Estado  que  mire  con  el  criterio  amplísimo  con 
que  creo  que  deben  ser  miradas,  esas  solicitudes  de  individuos 
que  desean  nacionahzarse  en  España,  y  desean  identificarse  con 
nuestros  intereses;  teniendo  en  cuenta,  como  es  de  rigor  que 
suceda  (porque  sobre  este  punto  no  hay  necesidad  de  hacer 
consideraciones  de  ningún  género),  todas  aquellas  circunstan- 
cias que  estimen  convenientes  el  Consejo  de  Estado  y  el  Minis- 
terio de  la  Gobernación,  para  que  las  personas  que  lo  soliciten 
sean  dignas  de  obtener  esto,  que  realmente  es  un  honor,  como 
tal  lo  solicitan  y  como  tal  nosotros  los  españoles  hemos  de  con- 
cederlo. 

Yo  calculo,  mejor  dicho,  puedo  asegurar,  que  de  aquí  en 
adelante  vendrán  muchas  sohcitudes  de  esta  índole,  y  creo  que 
á  España  seguramente  le  conviene  muchísimo  ampliar  el  círculo 
de  sus  relaciones  y  tener  subditos  en  multitud  de  países,  pues 
no  tenemos  más  remedio  sino  llevar  á  ellos  manifestaciones  de 
nuestra  vida  intelectual,  de  nuestra  vida  mercantil,  de  nuestra 


634 

vida  industrial  y  hasta  de  nuestra  vida  política,  que  hoy  día  no 
existen;  porque  España,  aparte  de  su  importancia  natural,  es 
uno  de  los  pueblos  de  menos  vida  internacional  que  hoy  tiene 
el  mundo,  y  necesitamos  preocuparnos  muchísimo  con  esto  y 
ver  cómo  aumentamos  las  expansiones  de  nuestra  vida  interna- 
cional, para  responder  á  multitud  de  intereses  que  anterior- 
mente existían  entre  España  y  sus  colonias  y  que  hoy  tienen 
que  buscar  otros  campos  de  esparcimiento.  Por  virtud  de  ello, 
y  por  virtud  de  una  serie  infinita  de  comunicaciones  que  yo 
recibo,  advierto  que  son  numerosas  las  personas  de  buena  po- 
sición, verdaderamente  distinguidas  en  los  países  donde  viven, 
las  cuales  con  grande  gusto  se  naturalizarían  en  España,  porque 
consideran  que  se  honrarían  siendo  subditos  españoles;  y  yo 
quisiera  que,  apreciando  la  cuestión  con  este  criterio  amplísimo 
que  he  señalado,  el  Consejo  de  Estado  no  fuera  exigente, 
teniendo  en  cuenta  que  la  mayor  parte  de  estos  individuos  no 
pueden  acreditar  haber  prestado  servicios  á  España,  cuando 
precisamente  su  deseo  es  que  se  les  ponga  en  condiciones  de 
poder  prestarlos. 

Y  con  esto  termino  lo  que  pensaba  decir  sobre  el  particu- 
lar, insistiendo  en  que  tengo  la  seguridad  de  que  el  Consejo  de 
Estado  ha  de  mirar  con  mucha  benevolencia  las  manifestacio- 
nes que  acabo  de  hacer. 

El  Sr.  Marqués  de  Aguilar  de  Campóo:  Pido  la  palabra. 

El  Sr.  Presidente:  La  tiene  V.  S. 

El  Sr.  Marqués  de  Aguilar  de  Campóo:  El  Senado  compren- 
derá que  no  estaría  bien  que  yo  dejara  de  contestar  á  las  insis- 
tentes y  benévolas  alusiones  que  el  Sr.  Pulido  ha  tenido  la 
bondad  de  dirigirme;  y  como  presidente  del  Consejo  de  Estado, 
y  en  nombre  de  este  Cuerpo,  me  considero  obligado  á  dar  las 
gracias  á  S.  S.  por  la  benevolencia  con  que  ha  tratado  los 
acuerdos  tomados  por  aquél. 

Indudablemente,  el  Sr.  Pulido  lo  ha  dicho:  lo  que  S.  S.  ha 
visto  en  esos  expedientes  resulta  favorable  al  criterio  que  yo 
sosteüía,  criterio  de  expansión  que  se  determina  y  manifiesta 
como  lo  prueban  las  mismas  palabras  de  S.  S.,  puesto  quede  22 
expedientes,  18  han  sido  informados  favorablemente,  inspirán- 
dose en  el  mismo  criterio  que  el  Sr.   Pulido  ha  expuesto  esta 


635 

tarde;  es  decir,  considerando  que  al  otorgar  la  nacionalidad 
española,  España  concede  un  honor  que  debemos  estimar  mu- 
cho los  españoles  á  aquel  que  lo  solicite.  Lo  que  no  podemos 
hacer  es  irá  buscar  á  los  extranjeros  que  quieran  ser  españoles. 

Yo,  que  he  tenido  la  suerte  y  la  fortuna  de  cruzar,  no  pala- 
bras, sino  largas  conversaciones  respecto  de  este  asunto  con  el 
Sr.  Pulido,  puedo  manifestar  al  Senado  que,  por  desgracia, 
hasta  ahora  no  ha  venido  (singularmente  de  aquellos  lejanos 
países,  que  si  no  son  el  Extremo  Oriente,  se  acercan  bastante, 
y  respecto  á  Europa,  son  más  que  el  Extremo  Oriente,  puesto 
que  forman  parte  del  Asia),  no  ha  venido  nada  al  Consejo  de 
Estado. 

Yo  no  dudo  que  vendrán  corrientes  que  nos  serán  altamente 
favorables,  y,  por  tanto,  uno  mi  ruego  al  del  Sr.  Pulido,  y  creo 
firmemente  que  este  Gobierno  y  los  que  le  sucedan  en  el  banco 
azul,  sabrán  por  los  agentes  consulares  promover  corrientes  de 
relaciones,  que  empezando,  al  parecer,  con  escasa  importancia, 
puedan  tener,  sobre  todo  desde  el  punto  de  vista  comercial, 
importancia  grande  en  el  porvenir. 

Termino  estas  palabras,  indicando  al  Sr.  Pulido  la  conve- 
niencia de  que  retire  el  anuncio  de  interpelación  que  había 
formulado,  y  creyendo  haber  correspondido  al  deber  de  cortesía 
que  tenía  con  el  Sr.  Pulido,  me  siento,  rogando  á  la  Cámara 
me  dispense  por  el  tiempo  que  la  he  molestado. 

El  Sr.  Pulido:  Pido  la  palabra. 

El  Sr.  Presidente:  La  tiene  S.  S. 

El  Sr.  Pulido:  Agradezco  mucho  al  Sr.  Presidente  del  Con- 
sejo de  Estado  las  benévolas  frases  con  que  ha  respondido  á 
mi  ruego. 

Refiriéndome  al  asunto  en  que  nos  ocupamos,  efectivamen- 
te creo  que  hasta  ahora  no  se  han  recibido  del  Extremo  Oriente 
de  Europa  solicitudes  en  este  sentido;  pero  sí  diré  á  S.  S.  que 
sobre  el  particular  hay  una  desconfianza  general,  que  he  podido 
apreciar  por  muchas  cartas  que  me  han  escrito. 

Se  cree  que  el  Gobierno  de  España  se  resiste  á  conceder  esas 
naturalizaciones,  y  por  ese  motivo  he  recibido  testimonios  de 
muchos  individuos  que  desean  naturalizarse,  pero  que  renun- 
cian á  ello  porque  creen  que  esto  ofrece  grandes  dificultades. 


636 


Diré  más  á  S.  S., — y  siento  mucho  que  no  se  halle  aquí  el 
Sr.  Ministro  de  Estado,  porque  pudiera  sobre  este  particular 
hacernos  algunas  aclaraciones, — he  recibido  de  Constantinopla, 
hace  cosa  de  un  mes,  una  carta  donde  se  me  da  cuenta  de  una 
reunión  celebrada  allí,  y  presidida  por  nuestro  digno  cónsul, 
creo  que  D.  Nicasio  Moral  y  Cañete,  en  la  cual  unas  cuantas 
personas  distinguidas  de  allí,  encariñadas  con  España,  habían 
manifestado  deseos  de  realizar  trabajos  para  determinar  una 
especie  de  comunicación  entre  los  intereses  de  España  y  los 
israehtas  afectos  á  España  que  se  hallan  en  Constantinopla. 

En  el  Extremo  Oriente  hay  un  desarrollo  industrial  escaso, 
pero  hay  un  desarrollo  comercial  muy  grande,  y  ese  desarrollo 
comercial  se  halla  utilizado  por  unas  cuantas  naciones  europeas, 
entre  ellas  Italia,  Alemania,  Inglaterra  y  Francia,  y  desean 
estas  personas  que  España  entre  en  ese  concurso,  que  vayan 
comisionistas  nuestros,  y  que  se  haga  lo  posible  por  favorecer 
la  conservación  del  idioma  español  en  Constantinopla. 

Sé  que  sobre  este  particular  se  tomaron  algunos  pequeños 
acuerdos,  que  me  dijeron  se  habían  transmitido  en  nota  al 
Sr.  Ministro  de  Estado. 

Yo  no  tengo  noticia  de  que,  efectivamente,  así  se  haya  he- 
cho, pero  sí  tengo  conocimiento  de  la  reunión  celebrada;  si  no 
un  conocimiento  amplio,  el  suficiente  para  saber  que  se  celebró 
la  reunión  y  que  se  trató  de  asunto  tan  importante,  y,  por  con- 
secuencia, tengo  la  seguridad  de  que  si  se  ve  que  de  parte  del 
Gobierno  español  hay  disposición  favorable  para  agradecer  y 
para  servir  los  sentimientos  que  se  manifiestan  á  favor  de 
España,  serán  muchísimos  los  individuos  de  excelentes  condi- 
ciones y  de  buena  posición  social,  que  solicitarán  estas  relacio- 
nes con  nosotros,  las  cuales  podremos  aprovechar  conveniente- 
mente para  el  desarrollo  de  nuestros  intereses  industriales. 

Basta  la  manifestación  que  hoy  se  ha  hecho,  con  ser  suma- 
mente breve,  con  ser  tan  extraordinariamente  sencilla,  }'  hasta 
en  cierto  modo  pudiera  decir  accidental,  pues  la  he  hecho, 
porque  he  visto  que  apenas  había  materia  que  tratar  en  la  se- 
sión del  día,  basta,  digo,  para  que  estas  notas  nuestras  reper- 
cutan por  ahí.  Yo  tengo  la  seguridad  de  que,  cuando  menos, 
en  África  se  reproducirá  lo  que  hemos  dicho  en  la  tarde  de  hoy, 


637 

y  ya  tendrá  ocasión  el  Sr.  Presidente  del  Consejo  de  Estado, 
de  apreciar  las  consecuencias  de  esto,  y  ojalá  que  estas  conse- 
cuencias tengan  los  efectos  transcendentales  que  todos  apete- 
cemos para  los  intereses  de  nuestra  industria  y  de  nuestro  co- 
mercio. (Bien,  hien). 


Parecía  que  después  de  esto,  todo  iría  «como  la  seda»,  según 
decimos  familiarmente.  Pues  vean  nuestros  lectores  cómo  no  es 
así: 

Hace  no  sé  ya  cuántos  meses,  que  andan  de  Ministerio  en 
Ministerio  y  de  España  en  África,  los  expedientes  de  naturali- 
zación de  siete  israelitas  tangerinos,  personas  dignas,  prestigio- 
sas y  que  desean  ser  subditos  españoles.  Estos  expedientes  tie- 
nen todos  los  requisitos  que  señala  la  lej^:  llevan  la  garantía  de 
funcionarios  celosos,  entre  ellos  el  Sr.  Cólogan,  cuyo  nombre 
abona  cuanto  de  él  parte,  y  nosotros,  complaciendo  solicitudes 
perfectamente  plausibles,  recomendamos  su  pronto  y  favorable 
despacho. 

Pero  la  visita  de  un  empleado  del  Consejo  de  Estado  nos 
inspiró  ciertos  recelos  y  procuramos  enterarnos  del  espíritu 
reinante  en  aquellas  oficinas.  Pocos  días  después  se  nos  pre- 
sentaba el  Sr,  Farache  diciéndonos  que  existía  mala  atmós- 
fera contra  estas  naturalizaciones,  porque  había  un  rumor,  el 
de  que  se  pagaban  á  cixco  mil  duros  cada  una.  La  risa  y  la 
indignación  que  al  mismo  tiempo  se  apoderaron  de  nuestro  es- 
píritu con  tal  dislate  no  son  para  dichas. — «No  se  me  va  usted, 
D.  José — le  dije; — ahora  mismo  tomamos  un  coche  y  vamos 
juntos  á  ver  qué  fundamento  tiene  ese  desatino.»  Así  lo  hici- 
mos. Hablamos  con  un  conocedor  de  la  especie,  joven  brillante, 
celoso  y  de  preclara  inteligencia;  le  expusimos  el  daño  que  ta- 
les rumores  producen  y  la  necesidad  ds  fundamentarlos;  escri- 
bimos á  África,  de  donde  recibimos  autorizadas,  dignas  y  enér- 
gicas respuestas;  hablamos  en  el  Ministerio  de  la  Gobernación 
con  los  honorables  empleados  que  allí  tramitan  estos  expedien- 
tes, y  celebraron  con  bromas  la  ocurrencia,  y  este  es  el  día  en 
que  ignoramos  cuándo  y  cómo  dictaminará  el  Consejo  de  Es- 
tado estas  solicitudes,  aunque  no  dudamos  de  que  será  como 
aconseja  el  interés  de  la  nación;  es  decir,  bien. 


638 

Lector,  tú  eres  un  espíritu  despierto,  burlón  y  desconfiado, 
y  por  ello  te  ries  naturalmente,  de  quien  esto  cuenta  y  de  quien 
aquello  dice.  Das  vueltas  á  la  ocurrencia  y  exclamas  alardean- 
do de  picarón:  «Estoy  en  el  secreto!» 

Pues  bien,  cree  al  autor  del  libro,  quien  por  ser  tal  autor  co- 
noce los  asuntos  que  se  trae  entre  manos  para  referírtelos  en  su 


FiG.  195.  —  Sinagoga  española  de  Buoarest. 


obra,  y  no  dudes  que  ni  aquí,  ni  allá,  ni  en  parte  alguna  este 
asunto  cuesta  á  nadie  más  pesetas  que  las  del  papel  sellado. 
Conocemos  el  personal  todo  que  interviene  en  la  interminable 
odisea  que  corren  los  expedientes,  y  se  puede  poner  las  manos 
en  el  fuego  por  su  probidad,  seguro  de  no  quemarse.  En  el 
Ministerio  de  la  Gobernación,  en  el  de  Estado,  en  el  Real 
Consejo,  en  los  consulados,  todos  son  dignísimos  y  escrupulosos. 


639 

Pero  ahora  haz  otra  cosa,  pues  por  algo  hemos  traído  á 
cuento  tan  menudo  chisme  de  bastidores.  Junta  en  tu  pensa- 
miento estos  rasgos  nacionales:  un  Ministro  que,  por  no  alarmar 
á  Inglaterra,  impide  que  se  tomen  precauciones  sanitarias  contra 
una  importación  posible  de  la  peste  bubónica;  un  negociado  que, 
por  temores  á  un  rumor  de  que  se  pagan  á  cinco  mil  duros  ex- 
pedientes de  naturalización  española,  muestra  disposiciones  á 
retrasar,  ó  á  dificultar,  una  política  de  atracción  en  Marruecos, 
iprecisamente  ahora!,  y...  además,  cualquiera  de  aquellos  otros 
rasgos  que  citábamos  en  nuestras  páginas  570  y  71;  por  ejemplo: 
el  de  los  parlamentarios  que  decidieron  la  salida  de  nuestra 
escuadra  de  Santiago  de  Cuba,  para  que  echase  á  pique  la 
escuadra  yanqui,  y  dinos  si  no  encuentras  que  todo  es  equiva- 
lente, armónico  y  explica  un  por  qué  de  nuestros  desastres. 

Y  dinos  más:  si  esto  no  es,  en  medio  de  nuestra  desgracia, 
algo  consolador,  ya  que  es  la  más  hermosa  y  elocuente  demos" 
tración  de  que  se  equivocan  de  medio  á  medio  cuantos  nos  juz- 
gan país  agotado  y  caduco.  Porque  bien  claro  se  ve,  que  no 
hemos  salido  todavía  del  más  descuidado  y  perdurable  infanti- 
lismo. 

Y  hay  que  esperar  á  cuando  Dios  se  sirva  hacernos  mayo- 
res de  edad  para  ver  lo  mucho  y  bueno  que  dará  de  sí  nuestro 
país! 


En  el  curso  de  nuestra  información  aparece  alguna  opinión 
(por  ejemplo,  la  del  Sr.  Cornea,  pág.  361)  sobre  que  España 
podía  atraer  á  los  israelitas,  haciéndoles  gozar  de  privilegios 
negados  á  los  demás  ciudadanos.  Esto  se  halla  en  tal  contradic- 
ción con  el  espíritu  del  país,  que  no  necesita  más  que  ser  enun- 
ciado para  ser  rechazado  al  punto.  El  régimen  democrático  que 
constituye,  de  tiempo  inmemorial,  el  ideal  de  los  españoles, 
odia  en  absoluto  á  todo  privilegio,  ideábamos  con  los  de  la  Co- 
rona, los  del  Clero  y  los  de  la  Aristocracia,  y  no  los  admitimos 
para  nadie.  La  fórmula  es  terminante,  y  de  ella  no  hay  por 
qué  sahrae:  «La  ley  igual  para  todos.  Todos  gozamos  los  mis- 
mos derechos  y  cumplimos  los  mismos  deberes.  >^ 


640 

En  resumen. 

España  se  halla  hoy  en  condiciones  morales  y  económicas 
de  reintegrarse  el  afecto  y  la  convivencia  de  los  israelitas  espa- 
ñoles diseminados  por  el  mundo.  Y  España  debe,  para  conse- 
guirlo, reahzar  una  serie  de  actos,  entre  los  cuales  deben  figu- 
rar como  principales: 

Subvencionar  la  enseñanza  del  español  en  las  escuelas  de 
la  Aliama. 

Prodigar  las  publicaciones  españolas:  hbros,  Revistas,  dia-- 
rios,  comedias,  dramas...  por  los  centros  israelitas  del  mundo. 

Favorecer  los  cambios  de  los  periódicos  y  estimular  á  la 
prensa  judeo-española  para  que  use  los  caracteres  latinos  en 
vez  de  los  rabinos. 

Atender  y  honrar  á  los  israelitas  que  muestran  celo  hispa- 
nófilo. 

Entablar  relaciones  comerciales  por  medio  de  comisionistas 
estudiando  sus  gustos  y  sus  necesidades  y  mostrando  una  bue- 
na solicitud  en  las  respuestas. 

Facilitar  las  naturafizaciones. 

Y  acreditar  con  nuestros  respetos  y  el  fiel  cumplimiento  de 
nuestras  leyes,  que  España  es  un  país  tolerante  y  de  hbertades 
bien  garantidas. 

Es  absolutamente  necesario  que  todos  estos  intereses  nacio- 
nales los  atienda  y  desarrolle,  para  bien  de  Israel  y  de  España, 
una  Liga  ó  Asociación,  constituida  por  individuos  de  todos  los 
partidos  y  creencias,  y  unidos  por  el  amor  á  la  patria  y  al  pro- 
greso humano. 


ADICIÓN 


Después  de  impresa  la  obra  recibimos  algunas  informacio- 
nes, que  sentimos  no  poder  incluir.  Las  tres  siguientes,  sin  em- 
bargo, encierran  tal  interés  que  no  queremos  sustraernos  al  de- 
seo de  que  las  conozcan  nuestros  lectores. 

Los  israelitas  españoles  de  Servia,  por  D.  Benko  S.  Davitscho 
(véase  página  400). 

Belgrado  es  la  capital  de  Servia  y  habitan  en  esa  ciudad,  según  el 
contar  oficial  del  año  1900,  3.367  judios  sefardim. 

Otras  ciudades  en  Servia  donde  habitan  israelitas  españoles  son:  Cha- 
batre,  Pojarevatre,  Niche,  Piróte,  Smederevo,  Lescovatre. 

Según  la  ultima  estadística  general  del  Estado  del  año  1900,  en  Servia 
viven  5.729  judios  de  los  cuales:  2.897  hombres  y  2.832  mujeres. 

Tocante  la  lingua  usada  por  ese  nombre  de  judios,  la  misma  estadística 
da  los  datos  siguientes: 

Judios  hablando  el  servio  hay  2.635  (46  por  100);  id.  id.  el  alemán,  462 
8  por  100);  id.  id.  el  húngaro,  40;  id.  id.  el  español,  1.544  (26. por  100); 
id.  id.  otros  lenguajes,  1.045  (18  por  100). 

Concernandolos  en  general  esos  datos  son  exactos,  maj  como  hijo  na- 
cido y  crecido  aqui,  puedo  confirmarle  que  afuera  de  los  judios  que. pro- 
pios en  las  listas  del  censo  notaron  como  sus  lengua  materna  el  «español», 
todos  los  que  como  linguaje  maternal  notaron  el  servio,  hablan  sin  excep- 
ción, también  el  castellano,  y  se  trovaran  muchos  entre  los  judios  que  ha- 
blando la  jerga  castellana  en  las  listas  mencionadas  la  bautizaron  de  otro 
nombre,  por  ejemplo:  como  hebrea. 

La  grandísima  parte  de  los  israelitas  españoles  se  ocupa  del  comercio, 
muchos  de  la  industria  manual,  y  pocos  de  la  industria  grande  (fabricas 
de  chapellos;. 

Las  personas  que  ocupan  (ó  mejor  ocupaban)  las  posiciones  menciona- 
das en  ese  panto  de  su  cuestionario  son  pocas  y  pueden  contarse: 

41 


642 

El  gobierno,  como  jefe  de  sección  del  ministerio  de  hechos  extranjeros, 
y  mas  tarde  como  consolo  general,  ocupaba  solo  una  persona  (el  Sr.  H.  S. 
Davitscho)  y  otro  judio  español  (el  Sr.  Isaak  Baruch)  ocupaba  el  lugar  de 
jefe  en  el  ministerio  de  hechos  interiores.  En  la  milicia  hay  solo  un  oficial 
(el  teniente  Abraham  Beracha,  en  Piróte),  en  el  ejercito  activo,  y  mas  de 
diez  (tenientes  y  capitanes )  en  el  retén. 

En  las  cátedras  non  hay  judios,  mas  hay  siete  abogados,  cuatro  médi- 
cos y  tres  a  cuatro  banqueros  de  alguna  importancia. 

En  el  dia  de  hoy  no  se  publica  ni  un  periódico  en  idioma  judeo-espa- 


FiG.  196. — Benko   S.    Davitscho,  distinguido  abogado  de 
Belgrado  (Servia),  y  sa  esposa. 


ñol.  Atrás  unos  años  se  publicaba  en  caracteres  t ladinos»  el  «Pasatiempo» 
mas  el  tiempo  de  esos  caracteres  y  periódicos  por  aqui  ya  pasó. 

En  Belgrado  hay  solo  una  escuela  para  los  judios  españoles,  adonde  se 
aprende  la  lengua  santa  (el  hebreo)  en  servio  y  en  judeo-español. 

La  escuela  es  sostenida  por  la  comunidad  de  judios  españoles.  El  go- 
bierno estipendia  solo  el  rabino. 

¿Se  conserva  bien  el  judeoespañol? 

Se  conserva,  mas  como  un  edificio  el  cual  quinientos  años  no  pedieron 
derrocar;  pero  ennegrecieron  su  blancura  de  mármol. 

A  mi  opinión  las  aceptarían  no  solo  por  el  provecho  que  pueden  traer 
esas  relaciones,  sino  y  mas  como  una  satisfacion  histórica  que  España 
debe  á  los  judios. 

Los  judios  en  Servia  no  sufren  ningunas  leyes  de  excepción  ni  perse- 
cuciones. El  pueblo  es  muy  tolerante  y  las  leyes  muy  liberales. 

En  un  meeting  en  Junio  1903  convocado  por  antisemitas  (ó  mejor  espe- 
culadores) expresamente  para  agitar  la  población  contra  los  judios,  fueron 
vituperados  los  convocadores  propios  y  con  resolución  unanima  fué  con- 


643 


denada  por  los  cristianos  propios  la  idea  de  solevantar  en  Servia  movi- 
mientos semejantes. 

Comunidades  de  rito  sefardim  existen  solo  en  Belgrado  y  Niche  y 
existe  solo  un  centro  á  quien  se  puede  mandar  libros  y  revistas  y  ese  es: 
La  sociedad  servio-judia  de  cantores  á  Belgrado. 

Publicaciones  israelitas  poco  se  venden  en  Belgrado.  Hay  una  librería 
internacional,  propiedad  de  un  judio,  Geza  Kohn,  la  cual  se  carga  de  toda 
comisión. 

República   Argentina. 

Informe  de  D,  S.  D.  Levy,  director  de  las  escuelas  de  la  J.  C.  A.  en  la 
Colonia  Mauricio, 

En  la  Capital  federal,  es  decir  en  Buenos  Aires,  hay  unas  150  familias 
de  hebreos  sefardim  con  750  almas.  En  toda  la  Argentina  se  calcula  en 
3.000  los  hebreos  Sefardim;  el  85  por  100  de  este  número  siendo  formado 

de  Tetuaneses  y  el  resto  de  Gibralta- 
rinos,  Tangerinos  de  la  Costa  marro- 
quí y  Turcos. 

Las  principales  ciudades  de  la 
República  Argentina  donde  habitan 
israelitas  españoles  son:  Santa-Fé, 
Rosario,  Bahía  Blanca,  Paraná,  Cha- 
cabuco,  Uruguay,  Concordia,  Tucu- 
man,  etc.  , 

Casi  todos  son  comerciantes.  La 
mayor  parte  viven  desahogadamente, 
varios  son  ricos.  Los  otros  trabajan  y 
suplen  sus  necesidades. 

Xo  ocupan  en  este  país  altas  po- 
siciones. 

No  se  publica  en  este  país  ningún 
periódico  en  idioma  judeo-español. 
La  instrucción  primaria  la  toman 
los  niños  en  las  escuelas  del  Gobier- 
no. La  religiosa  la  toman  á  domicilio 
con  profesores  particulares. 

Naturalmente  no  se  enseña  el  ju- 
deo-español en  las  escuelas. 

Se  habla  todavía  el  judeo-español  en  las  familias,  aunque  generalmente 
conocen  la  lengua  castellana.  Sin  embargo,  en  las  nuevas  generaciones 
hay  tendencia  á  que  desaparezca  completamente  el  judeo-español  por  el 
uso  del  Castellano. 

Los  israelitas  de  la  Argentina  no  han  organizado  aún  una  colectividad 
independiente.  Forman  como  un  prolongamiento  de  la  Comunidad  de 
Tetuan.  Conservan  pues  la  misma  opinión  de  la  Comunidad-madre.  Sin 


FiG.  197.— D.  S.  D.  Levy,  .lirector  de 
las  escuelas  de  la  J.  C.  A.  en  la  Co- 
lonia Mauricio  (Argentina). 


644 

embargo,  bajo  el  punto  de  vista  de  las  relaciones  con  España,  hay  aquí 
cierta  indiferencia  porque  tienden  á  argentinizarse. 

/  No  sufren  los  israelitas  de  la  Argentina  ninguna  ley  de  excepción,  ni 
ninguna,  persecución... 

Las  sinagogas  pueden  ser  consideradas  como  centros  sefardim.  En 
Buenoa-Aires  hay  tres:  1.*^  Congregación  Israelita  latina  (Venezuela  594); 
2.a  Kahal  Kadoch  Hetz  Hayim  (Venezuela  7íj8);  3.a  ídem,  íde  n,  Chaar 
Achamaím  (Junio  420). 

Xo  hay  en  Buenos-Aires  ninguna  librería  sefardita  donde  se  vendan 
las  publicaciones  israelitas.  Hay  una  librería  aschkenazita  (Guedalia, 
Viamonte  1.283)  y  una  revista  denominada  «El  Sionista». 

Los  israelitas  de  Constantinopla. 

•  En  la  información  de  Rousso  (pág.  405)  y  en  nuestra  ma- 
nifestación al  Senado  (pág.  632)  se  trató  de  la  reunión  intere- 
sante que  se  celebró  en  Constantinopla  para  tratar  de.  asuntos 
hispano-orientales;  pues  bien,  las  vaguedades  allí  registradas 
tienen  muy  clara  exposición  en  el  siguiente  informe,  que  debe- 
mos á  uno  de  los  asistentes  al  acto,  cuya  importancia  no  nece- 
sita encorñio.  La  reunión  se  celebró  el  20  de  Enero  del  año  ac- 
tual dé  1905:  , 

He  visto  con  satisfacción  y  legitimo  orgullo  que  la  lengua  espsñola  si- 
gue hablándose  por  parte  de  los  israelitas,  casi  lo  mismo  que  en  el  si- 
glo XV  en  que  ellos  fueron  expulsados  de  España  por  decreto  de  los  Reyes 
Católicos. 

El  entusiasmo  que  los  israelitas  de  Oriente  profesan  á  las  cosas  de  Es- 
paña; la  fiel  conservación  de  su  idioma  y 'de  las  viejas  costumbres  espa- 
ñolas, son  dignas  de  admiración  y  todos  aquellos,  con  quienes  he  tenido 
ocasión  de  hablar  demuestran  tan  grande!  afecto  a  su  antigua  madre  pa- 
tria que  por  su  iniciativa  misma  presidió  el  Cónsul  español  una  reunión 
en  el  Consulado,  en  la,  que  vio  confirmada  su  adhesión  á  España  con  una 
sinceridad  muy  halagadora. 

El  resultado  de  esta  reunión  fué  el  deseo  por  ellos  mismos  expuesto 
de  que  nuestro  Gobierno  tomara  la  iniciativa  para  crear  un  curso  especial 
de  lengua  española,  con  objeto  de  hacer  desaparecer  progresivamente  del 
actual  español  por  ellos  hablado,  las  palabras  antiguas  que  ya  no  se  usan 
y  las  orientales  que  añadieron,  durante  los  cuatro  siglos  de  residencia  en 
Oriente.      , ,  ,  . 

El  medio  principal  para  llevar  á  cabo  este  proyecto  consistiria,  por  el 
pronto,  en  obtener  el  apoyo  moral  del  Gobierno,  si  este  consiente  en  crear 
el  mayor  número  de  nacionales  con  lo  que  hay  de  mas  escogido  entre  los 
israelitas  de  origen  español  que  residen  en  este  Imperio. 
.     -Sj  es  verdad  que  casi  todos  los  Israelitas  deben  considerarse  como 


t)45 

subditos  Otomanos  por  ser  naturales  de  Turquía,  la  mayor  parte  de  ellos 
procuran  obtener  la  protección  de  una  Nación  Europea,  y  desde  luego  da- 
rían siempre  la  preferencia  á  España  por  la  gratitud  de  sus  recuerdos  y 
por  hablar  su  idioma  mas  ó  menos  bien. 

La  propensión  de  estos  individuos  á  tomar  una  nacionalidad  Estranje- 
ra  obedece  al  hecho  de  que  este  Imperio  carece  de  Registro  Civil,  y  los 
nacimientos,  matrimonios  y  defunciones  se  registran  por  las  comunidades 
religiosas  sin  mencionar  la  nacionalidad  á  la  que  pueden  pertenecer  los 
interesados.  En  su  consecuencia,  cuando  uno  de  estos  individuos  solicita 
y  obtiene  la  protección  de  una  Nación  Europea,  su  reconocimiento  por  las 
Autoridades  locales  no  presenta  dificultades,  porqué  en  sus  registros  ellos 
no  figuran  como  subditos  Otomanos.  Como  ampliación  de  lo  expuesto 
debo  manifestar  á  V.  E.  que  cuando  uno  de  estos  individuos  no  todavía 
inscrito  en  un  registro  Consular  Estranjero,  quiere  hacer  un  viaje,  en  vez 
de  solicitar  pasaporte  de  la  Autoridad  turca,  que  le  obligaría  á  reconocerse 
como  subdito  Otomano,  prefiere  valerse  del  pasaporte  de  un  amigo  para 
no  perder  el  derecho  á  una  protección  extranjera. 

En  vista  pues  de  lo  que  antecede,  é  inspirándose  en  los  nobles  empe 
fios  tan  elocuentemente  expresados  por  usted,  Señor  Doctor  Pulido, 
en  la  sesión  del  Senado  de  3  de  Diciembre  del  año  último,  soy  de  opinión 
que  la  misión  de  los  Cónsules  de  España  en  Turquia  seria  la  de  procurar, 
por  todos  los  medios  á  su  alcance,  atraer  á  la  Madre  patria,  aquellos  Israe- 
litas de  origen  Español  que  desean  optar  por  la  Nacionalidad  de  sus  ante- 
pasados.—España  encontraría  muchos  adeptos,  y  de  este  modo  se  crearía 
en  Oriente  una  numerosa  é  importante  colonia  cuyos  resultados  prácticos 
para  nuestro  país  son  incalculables. 

Efectivamente  hay  en  el  Imperio  Otomano  260.000  israelitas  en  el  dis- 
trito Consular  de  Constantinopla  y  166.000  en  Siria  (demarcación  del  con, 
sulado  en  Jerusalem.)  Las  dos  terceras  partes  de  los  israelitas  de  Túrquia 
se  dedican  al  Comercio  y  no  cabe  duda  de  que  cuando  los  principales  de 
ellos  sean  reconocidos  como  Españoles,  buscarán  los'medios  de  crear  y  fo- 
mentar relaciones  comerciales  entre  la  Península  y  este  Imperio.  Asi  po- 
drá nuestra  importante  industria  dar  á  conocer  sus  productos  en  este 
mercado,  cuya  situación  especial  le  hace  figurar  entre  los  principales 
para  la  exportación. 

Creemos  que  todo  esto  lo  ha  comunicado  el  Cónsul  al  Ministro  de  Es- 
tado, rogándole  tenga  á  bien  prestar  al  asunto  la  atención  que  merece.  Le 
pide  su  aprobación  para  autorizar  á  los  Cónsules  de  España  en  el  Imperio 
Otomano  á  que  cursen  las  demandas  de  Naturalización  que  los  Israelitas 
Españoles  les  dirijan,  procurando  en  este  sentido  el  mayor  número  de  ad- 
hesiones posible,  escogidas  entre  las  personas  que  ellos  mismos  conside- 
ren dignas  de  obtener  la  Nacionalidad  Española,  para  lo  cual  le  ha  remi- 
tido un  pequeño  proyecto  referente  á  la  naturalización  de  los  israelitas  de 
origen  español  que  viven  en  Oriente. 


646 

¿Hará  algo  el  Ministerio  de  Estado?  Lo  veremos.  Recomen- 
damos el  asunto  á  esos  organismos  y  personas  que  hoy  se  alzan 
en  España  procurando  un  desenvolvimiento  patriótico  de 
nuestros  intereses  en  Marruecos.  Y  Villaurrutia  es  hombre  que 
vale.  ¡Dios  le  inspire! 


EPÍLOGO 


Hoy  21  de  Marzo,  día  en  que  despunta  la  primavera,  ter- 
minamos este  libro,  comenzado  en  los  primeros  del  pasado  Oc- 
tubre y  escrito  á  vuela  pluma,  sin  cansancio,  al  corriente  holgar 
de  nuestras  tareas  profesionales  y  políticas  ordinarias.  Hemos 
cumplido  con  ello  promesa  hecha  á  cuantos  nos  preguntaban 
en  qué  época  se  publicaría  la  obra  para  la  cual  solicitábamos 
su  información,  porque  siempre  contestábamos:  saldrá  cuando 
broten  las  primeras  flores.  ¡Hela,  pues,  aquí!  Los  almendros  co- 
mienzan á  engalanar  los  campos  con  su  florescencia  temprana, 
y  las  violetas  aroman  ya  los  paseos  j  platabandas  del  Retiro. 

Dios  quiso  favorecernos  con  excepcional  salud  este  invier- 
no. Hace  años  que  solemos  pagar  con  algún  catarro  benigno 
una  levísima  contribución  estacional,  pero  éste  se  nos  pasó  sin 
satisfacer  lo  que  parecía  ya  obligado  canon.  Si  nos  creyé- 
semos un  predestinado,  diríamos  que  muchas  oraciones  desvia- 
ron de  nuestro  cuerpo  la  enfermedad,  porque  escritos  tenemos 
(y  algunos  dejan  su  garantía  en  esta  obra)  por  los  cuales  pode- 
mos suponer  que  Ministros  del  Dios  de  Abraham  y  Ministros 
del  Dios  del  Calvario,  elevaron  igualmente  sus  preces  por  nues- 
tra salud;  entre  éstos  algunas  comunidades  de  Santos  varones, 
una  de  ellas  cierta  Trapa,  no  distante  de  Madrid,  cuyas  conmo- 
vedoras virtudes  proclamamos  un  día  desde  alto  y  majestuoso 
escenario. 

¡Creyente  escrupuloso,  no  te  alarmes  por  esto  que  decimos: 
no  se  mueve  la  hoja  en  el  árbol  sin  la  noluntad  de  Dios,  y  con- 
tra ella  no  hubiéramos  escrito  nuestro  libro,  ni  le  hubiéramos 


648 

terminado  el  primer  día  de  la  primavera  de  1905,  como  había- 
mos prometido  hacerlo! 


Nos  apercibimos  ya  á  limpiar  esta  larga  mesa  donde  escri- 
bimos los  trabajos  de  empeño,  la  cual  se  llenará  más  tarde  con 
documentos  y  libros  de  no  sabemos  cuál  otro  asunto.  Tende- 
mos la  mirada  por  ella  y  vemos  la  indecible  confusión  de  ca- 
pillas, paquetes  de  correspondencias,  libros,  folletos,  retratos  y 
más  retratos,  todo  formando  un  mar  revuelto  de  papeles,  por 
el  cual  hemos  navegado,  siempre  con  gusto  y  esperanza,  duran- 
te seis  meses,  y  nos  disponemos  á  dejar  con  la  alegría  del  que 
acaba  una  obra  prolija,  y  con  la  pena  del  que  abandona  tratos 
y  estímulos  que  conmovieron  su  corazón  y  ganaron  sus  afectos. 

No  hemos  visto  sino  muy  contadas  personas  de  las  que  pre- 
sentadas quedan  en  el  escenario  de  nuestra  obra,  y,  sin  embar- 
go, todas  nos  parecen  ser  amigos  conocidos,  cuya  fisonomía, 
cuya  voz,  cuyos  rasgos  de  carácter  y  de  estilo  nos  son  familia- 
res, por  lo  mucho  que  hemos  manoseado  sus  cartas  y  sus  retra- 
tos, y  cuyo  destino  ya  nos  interesa  y  preocupa,  como  el  de  los 
seres  que  forman  nuestro  hogar. 

Abarcamos  en  rápida  ojeada  toda  la  materia  que  hemos  en- 
cerrado en  la  obra,  y  ésta  nos  parece,  no  un  libro  como  otros 
muchos  que  hemos  publicado,  sino  un  cenáculo  venerable, 
donde  nos  hemos  juntado  muchas  almas...  buenas, — ¿por  qué  no 
decirlo?, — ungidas  con  amor  humano  y  divino,  para  comuni- 
carnos nuestros  éxtasis  y  promulgar  unidas  la  religión  subli- 
me del  Evangelio. 

¿Es  sentimentalismo  histérico  todo  ello?  ¿Amenidades  y 
tropos  puramente  literarios,  y,  por  serlo  nuestros,  de  los  de 
peor  especie?  ¿Sueños  de  un  imaginativo?  No  lo  creemos  así, 
aunque  ya  algunos  lo  han  dicho. 

En  cierto  meeting  político  muy  turbulento  que  se  celebró  du- 
rante los  grandes  apostolados  de  Castelar,  pronunciaba  éste  uno 
de  sus  arrebatadores  discursos,  y  en  medio  de  una  imagen 
grandilocuente,  que  tenía  suspenso  al  auditorio,  gritó  una  voz 
nerviosa:  ¡E'lores,  y  nada  más  que  flores! 

Interrumpió  el  orador  su  discurso;  clavó  la  mirada  en  el  si- 


649 

tio  de  donde  había  partido  la  interrupción,  y  cambiando  de 
tono,  con  aquellos  blandos  acentos  que  le  eran  tan  peculiares, 
exclamó:  ¿Flores?  ¡Es  verdad,  flores!  Pero  ya  lo  veréis,  y  yo  os 
lo  anuncio:  ¡flores  son  que  traerán  sus  frutos! 

Y  el  público  estalló  en  una  tempestad  de  aplausos. 

Pues  bien,  debemos  creer  y  necesitamos  esperar  que  nues- 
tra obra,  la  que  en  este  libro  realizamos  todos,  será  también  de 
flores  hoy,  que  mañana  producirán  sus  frutos. 

Es  evidente:  cuando  saltamos  del  libro  al  mundo  y  vemos 
lo  que  por  él  sucede,  sentimos  un  desvanecimiento  como  si  to- 
dos los  resortes  de  nuestra  energía  se  relajaran  y  fuésemos  á 
caer  desplomados  al  suelo;  pero  del  fondo  de  este  colapso  re- 
surgen la  vida  y  la  esperanza,  y  nos  acordamos  de  la  frase  de 
Jesús  ásus  discípulos:  «Hombres  de  poca  fe,  ¿por  qué  habéis 
dudado?» 

Aterra  ver  el  estado  actual  de  la  humanidad  en  los  pueblos 
civilizados  y  religiosos.  Hoy  mismo,  la  Prensa  no  trae  sino 
ecos  desgarradores  de  exterminio.  La  guerra  ruso-japonesa  se 
halla  en  su  período  álgido.  Kuropatkin  rinde  su  frente  man- 
chada con  el  estigma  de  los  vencidos,  y  entrega  el  mando  á 
Linievitch.  Diez  días  de  combate  produjeron  200.000  bajas 
en  Mukden.  Este  nombre  y  los  de  Puerto- Arturo  y  Liao-Yang, 
parecen  los  delirios  apocalípticos  de  un  cerebro  loco.  La  retira- 
da del  ejército  ruso  amenaza  nuevos  desastres,  y  antes  que 
en  la  paz,  se  piensa  en  que  nuevas  falanges  de  combatientes 
desciendan  á  la  Mandchuria,  para  reproducir  otros  cuadros 
como  ese  de  Kharbin,  donde  hoy  se  amontonan  70.000  heri- 
dos y  enfermos,  y  los  cirujanos  enloquecen  al  verse  impotentes 
para  acudir  á  tan  dantescos  horrores.  Más  aUá,  Filipinas  se 
agita  contra  la  anexión  yanqui;  más  acá,  Saratoff  agita  la  Bul- 
garia y  Macedonia,  reanimando  sus  crueles  insurrecciones  contra 
el  Sultán;  los  insurrectos  de  Creta  celebran  una  Asamblea  en 
Therizo,  y  juran  pelear  hasta  conseguir  su  unión  á  Grecia;  más 
cerca  aún,  el  Maghzen  fermenta  el  espíritu  marroquí  contra 
las  absorciones  imperiaflstas  de  Francia,  y  el  Kaiser  Guiller- 
mo n  se  alza  como  una  incógnita  en  el  problema  de  Marrue- 
cos; los  campesinos  propagan  la  insurrección  por  el  Cáucaso;  las 
matanzas  se  corren  por  muchas  provincias  y  ciudades:  Mohilew, 


650 

Kazan,  Yabatoff,  Kurk.  y  otras;  los  Estados  Unidos  amenazan 
á  Venezuela;  Alemania  refuerza  su  poder  naval;  por  doquiera 
los  pueblos  todos  sienten  hervir,  como  lava  que  amenaza  esta- 
llar, las  desesperaciones  agrarias,  socialistas  y  anarquistas,  que 
todo  lo  arreglan  volando  hombres  y  edificios,  etc.,  etc. 

Sin  embargo,  en  medio  de  esta  cerrazón,  España  percibe 
un  rayo  de  sol  que  le  proporcionan  sus  sabios.  Viene  de  Ingla- 
terra, la  cual  honra  á  García,  el  inventor  del  laringoscopio;  de 
Suecia,  que  premia  con  la  fundación  Nobel  á  Echegaray,  nues- 
tro gran  dramaturgo;  y  de  Alemania,  que  pone  una  corona  más 
en  la  frente  de  Cajal,  con  la  medalla  de  Helmholtz.  Brisas  puras 
son  estas  que  acarician  nuestra  alma,  y  promueven  esa  mani- 
festación nacional  del  día  19  de  Marzo,  grandiosa  y  admirable, 
que  nos  anuncia  la  alborada  de  una  patria  nueva,  rica  y  pode- 
rosa por  el  esfuerzo  y  las  virtudes  de  sus  hijos. 

En  el  juego  de  la  vida,  los  hombres  todos  aventuran  á  dos 
palos  opuestos  los  destinos  de  la  humanidad:  al  de  espadas  ó  al 
de  oros.  Los  espíritus  fuertes,  los  desesperados  y  los  agresivos, 
lo  resolverían  todo  con  violencias  trágicas  y  desastres  espanto- 
sos. Los  blandos  de  corazón,  esperanzados  y  razonadores,  todo 
lo  procurarían,  en  cambio,  con  la  bondad  y  la  persuasión.  Los 
que  opinan  que  los  alumbramientos  sociales  deben  producir  la 
vida  entre  desgarros,  hemorragias  y  dolores,  como  lo  hacen  los 
alumbramientos  naturales,  pueden  aguardar  copiosas  cosechas 
ahora,  porque  la  afilada  mancera  de  Marte  surcó  hondo  y  largo 
en  el  terruño  humano.  Los  que  creemos  que  España  puso  ya 
sobrado  y  con  mala  fortuna  á  este  albur,  cantaremos  los  idilios 
de  la  patria  nueva,  y  al  otro  palo  jugaremos  la  reposición  de 
que  andamos  tan  necesitados. 

Ahora  bien,  en  tan  difícil  empresa,  ¿qué  supone  el  concierto 
de  nuestras  voces  á  favor  de  la  confraternidad  humana?  ¿Qué 
eficacia  logrará  este  libro,  el  cual  es  como  oración  de  paz  diri- 
gida al  Ser  Supremo,  hinmo  de  amor  elevado  á  la  patria  y  re- 
vulsivo de  iniciativas  puesto  á  nuestros  Gobiernos?  ¿Será  fútil 
como  vaso  de  aceite  vertido  en  mar  tempestuoso,  para  calmar 
el  oleaje  irritado  y  abrir  bonanza?  ¿Acaso  menos  todavía?  No 
importa!  Acometerse  deben  estas  empresas,  más  conforme  á  las 
ansias  y  deseos  de  nuestra  pasión,  que  no  á  las  resistencias  de 


651 

fácil  vencimiento.  Todo  nos  hará  entender  que  la  obra  no  será 
completamente  perdida,  por  nimia  que  parezca.  Como  reino  de 
Dios  ha  de  mirarla  el  creyente,  y  de  aquel  su  reino  Jesús  dijo, 
por  boca  de  San  Lucas:  «semejante  es  al  grano  de  la  mostaza, 
que  tomándolo  un  hombre  le  metió  en  su  huerto;  y  creció,  y 
fué  hecho  árbol  grande,  y  las  aves  del  cielo  hicieron  nido  en 
sus  ramas».  Como  obra  de  universal  dinámica  ha  de  tomarla  el 
ateo,  seguro  de  que  no  se  anulará  su  esfuerzo  en  la  resultante 
general  de  los  humanos  destinos,  porque  en  la  Naturaleza  nada 
se  pierde  y  nada  se  crea,  y  menos  que  otra  cosa  alguna,  aquello 
de  que  anda  más  necesitada,  que  son  las  emanaciones  sanas  y 
puras  del  espíritu. 

Bismarck  dijo  que  el  mundo  perienece  á  los  optimistas,  j  esta 
frase,  citada  hace  pocos  días  por  Lord  Barclay  en  el  banquete 
anual  de  la  Sociedad  Internationalis  Concordia,  la  cual  se  con- 
sagra á  difundir  y  desarrollar  el  espíritu  de  confraternidad  en- 
tre los  pueblos,  expresa  la  finahdad  de  nuestra  obra.  Como  pre- 
sidente de  honor  que  somos  de  esta  Sociedad  ilustre,  en  Espa- 
ña (1),  rendimos  el  homenaje  de  nuestro  libro  á  su  hermoso  y 
humanitario  ministerio. 

Nada  hay  en  su  inspiración  que  no  sea  generoso.  Israel,  la 
patria  y  el  mutuo  respeto  y  común  misericordia  entre  los  des- 
graciado^i-  he  aquí  en  lo  que  comulgamos  todos.  El  bien  mate- 
rial vendrá  después  por  añadidura.  Los  intereses  mercantiles, 
las  empresas  industriales,  los  llamados  medros  positivos,  son  ele- 
mentos para  realizar  la  obra  superior:  la  atracción  de  las  almas. 
Cuando  se  erige  un  templo  á  las  más  ideales  y  sacrosantas  abs- 
tracciones del  espíritu,  se  toman  de  la  Naturaleza  los  materia- 
les más  groseros  y  con  ellos  se  forma  la  casa  de  Dios,  donde  se 
juntarán  luego  los  hermanos  para  transmitirse  las  más  subli- 
mes intuiciones. 

El  autor  de  esta  obra  no  es  fabricante,  no  es  mercader,  no 
es  comisionista,  no  es  siquiera  un  vendedor  de  sus  übros,  con 


(l)  £sta  Sociedad  tiene  en  Paríg  su  domicilio  central.  La  preside  el  Dr.  Aa- 
bcau  como  presidente  efectivo.  Tolstoi  te  el  presidente  de  honor  y  protector  en 
Eusia,  Bjornstjeme  Bjomson  en  Noruega,  Dunant  en  Suiza,  Moneta  en  Italia, 
Federico  P  assy  en  Francia,  la  baronesa  Bertha  de  Sutteuer  en  Austria,  Le  -Teune 
en  Bélgica,  etc. 


652 

haber  publicado  muchos;  es  solamente  un  alma  que  repugna  j 
sufre  con  la  persecución  de  ios  desgraciados;  un  ciudadano  que 
siente  y  deplora  los  infortunios  de  su  patria,  y  una  acti\'idad 
que  se  gasta  en  lo  que  juzga  más  conveniente.  Y  según  es  el 
autor  de  este  libro,  así  son  todos  los  colaboradores  que  le  ayu- 
dan, alientan  y  aspiran  al  mismo  desinteresado  bien. 

Solamente  con  esta  razón  podremos  lanzar  tranquilos  nues- 
tra obra  á  la  gruesa  corriente  de  la  circulación  mundial,  di- 
ciendo: Hemos  cumplido  con  nuestro  deber.  Ahora  que  Dios^ 
Israel  y  la  patria  te  acojan  y  atiendan.  Haz  lo  que  puedas. 


Sí,  que  te  acoja  la  patria  y  te  atienda,  porque  dejando 
aparte  los  muchos  bienes  que  España  puede  obtener  de  esta 
reconciliación,  solamente  el  manifestar  sus  propósitos  de  efec- 
tuarla, beneficiará  sus  prestigios  por  el  mundo  y  sus  aptitudes 
y  disposiciones  de  pueblo  hidalgo  y  progresivo. 

Nuestra  presión  religiosa  sobre  los  pueblos  de  Europa  y  de 
América,  primero,  nuestras  luchas  intestinas  y  las  demasías  de 
nuestras  fracciones  pohticas,  después,  nos  crearon  una  reputa- 
ción con  la  cual  nos  fustigan  á  diario  cuantos  nos  quieren  mal 
y  desean  nuestro  daño.  Por  eso  estamos  obhgados  á  purificar 
esta  atmósfera  y  á  desvanecer  las.  un  día,  justificadas  conde- 
naciones. 

No  diremos  que  España  se  arrepienta  de  nada  que  pudo  ha- 
cer, pues  lo  realizó,  como  siempre  lo  hizo,  creyendo  que  cum- 
pha  un  deber  y  que  con  ello  servía  á  la  causa  del  progreso  y 
del  bien  social,  á  cuya  tutela  y  gobierno  le  autorizaban  enton- 
ces sus  grandezas  y  su  hegemonía  moral  y  material.  No  dire- 
mos tampoco  que  sienta  remordimiento  alguno;  solamente  de- 
cimos: ayer  como  ayer,  y  hoy  como  hoy. 

Y  hoy  sentimos  la  necesidad  de  realizar  una  política  de 
franca  libertad  religiosa  y  de  simpática  atracción  con  nuestros 
desterrados. 

Han  cambiado  mucho  los  tiempos,  y  hasta  los  más  intole- 
rantes, como  el  Sr.  Brieva,  por  ejemplo,  cantor  de  fanatismos, 
han  de  rendirse  á  la  evidencia  de  que  no  pueden  ya  las  naciones 
abrir  sus  intereses  al  comercio  y  trato  universal,  sin  proclamar 


I 


653 

y  mantener  un  principio  tan  ineluctable  á  la  existencia  huma- 
na y  al  derecho  de  gentes,  como  es  el  respeto  á  la  conciencia, 
religiosa. 

Vivían  los  pueblos  antes  á  la  manera  de  una  familia.  En 
ellos  era  raro  el  extranjero,  solía  ser  corta  su  residencia  y  pa- 
raba á  veces  en  perjudicial  contra  la  comunidad  el  negocio  que 
le  mantenía  fuera  de  su  patria.  Muy  distinta  cosa  acontece  hoy, 
cuando  los  pueblos  entretejen  sus  ciudadanos  y  forman  una 
urdimbre  cosmopolita,  por  virtud  de  la  cual  las  ciudades  son 
mundos  microscópicos;  en  todos  los  ramos  de  la  riqueza  públi- 
ca hay  numerosas  empresas  nacionales  y  exóticas;  en  toda  casa 
hay  una  familia  extranjera,  y  en  todo  hogar  español  una  amis- 
tad querida  y  honorable,  que  nació  en  lejanas  tierras  y  buscó 
nuestra  convivencia  y  nuestra  hospitalidad.  No  lo  olvidemos 
ya  un  instante.-  las  naciones  nos  honran  teniendo  aquí  hijos  su- 
yos; la  colonia  inglesa,  la  italiana,  la  francesa,  la  alemana,  la 
suiza,  la  argentina,  la  cubana...  ¡Ah!,  diríamos  poco  si  dijéra- 
mos que  el  mundo  nos  contempla;  seremos  más  exactos  si  ad- 
vertimos que  el  mundo  nos  forma  y  nos  realza. 

Estas  convivencias  mixtas  constituyen  una  especie  de  plexo 
nervioso  que  lleva  sus  ramificaciones  por  todo  el  orbe,  y  propa- 
ga con  ellas  las  vibraciones  de  su  sensibilidad  moral.  Un  agra- 
vio, un  atentado,  una  violencia  inferidos  á  cualquiera  y  brota- 
dos de  la  intolerancia  religiosa,  produce  ya  universal  repercu- 
sión, y  levanta  un  clamor  general  de  protesta  indignada  y  un 
deseo  de  castigo  implacable  y  merecido. 

Rusia  no  logra  hoy  despertar  en  el  mundo  todo  la  simpatía 
á  que  le  da  derecho  su  desastre,  porque  es  una  representación 
atrasada  de  estos  fanatismos  y  crueldades  medio-evales. 

Hablando  Gorki  con  el  corresponsal  del  Heraldo  de  Madrid, 
el  ilustre  periodista  D.  Luis  Moróte,  decíale,  pocos  días  después^ 
de  salir  de  la  prisión,  que  padeció  en  la  fortaleza  de  Pedro  y 
Pablo: 

«Rusia  y  Turquía  son  los  dos  pueblos  más  atrasados  del 
mundo,  y  en  ambos  es  la  religión  la  culpable,  la  religión,  que 
engendra  un  fanatismo  bárbaro  y  salvaje.  Y  somos  los  rusos  el 
país  más  fanático  de  la  Tierra,  y,  por  consiguiente,  el  más 
irreligioso.   Aquí  es  el  icono,  no  es  Dios,  quien  reina;  aquí 


654 

no   es  la  moral,  sino  el  rito,  quien  guía  nuestras  acciones.» 

Este  fanatismo  es  el  que  mantiene  tan  atrasado  al  pueblo 
ruso,  el  que  ocasiona  las  matanzas  judías  que  manchan  y  des- 
honran frecuentemente  su  nombre,  es,  en  fin,  el  que  hace  que 
al  ver  destruidos  por  la  guerra  sus  ejércitos,  y  amenazadas  por 
la  revolución  sus  ciudades,  se  digan  todos  los  que  aman  la 
razón  y  la  justicia:  ¡Castigo  del  Cielo!-» 

Algo  semejante  sucedió  cuando  nuestro  desastre,  porque 
entonces  la  conciencia  de  los  imperios  no  quiso  ver  que  se  nos 
despojaba,  criminalmente,  de  colonias  invenidas  y  aquistadas 
con  nuestros  heroísmos  y  tesoros  para  la  civilización  europea; 
sino  que  celebró  la  emancipación  mentida  de  unos  pueblos, 
como  arrancados  á  la  pesadumbre  del  fanatismo  y  devueltos  á 
la  libertad  y  cultura  de  la  vida  universal. 

Por  eso  hay  quienes  afirman  que  no  podrá  sostenerse  la 
razón  de  que  sea  España  un  país  libre,  mientras  no  pueda 
acreditar  amplia  y  cumplidamente,  la  primera  entre  todas  las 
libertades  humanas:  la  libertad  religiosa;  ni  se  podrá  decir  que 
es  un  país  bueno,  mientras  no  logre  servir  á  la  primera  entre 
todas  las  pasiones  civiles:  la  pasión  del  bien  público. 

El  respeto,  ó  tolerancia,  ordenado  por  el  artículo  11  de  la 
Constitución  Española,  irá  necesaria,  indefectiblemente,  des- 
envolviéndose más  de  día  en  día,  al  grado  de  que  cualquiera 
Colonia  extranjera  pueda  practicar,  digna  y  ostensiblemente, 
sus  cultos,  según  lo  requiere  la  majestad  de  toda  conciencia 
religiosa,  sea  la  que  fuere.  Indigno  en  grado  sumo,  y  por  lo 
mismo  afrentoso  á  un  Estado  moderno,  es  conceder  no  más 
que  esa  especie  de  tolerancia  vergonzante,  en  convicciones  tan 
sagradas  y  siempre  éticas,  pues  con  ello  desdora  y  ofende  á 
personas  distinguidas  y  honorables,  obligándolas  á  practicar 
sus  actos  piadosos  en  capillas  ocultas.  Ya  no  se  puede,  ni  se  debe 
consentir,  por  vergüenza  nacional,  se  desconozca  el  hecho  de 
que,  si  hay  algo  que  merezca  ser  proclamado  con  altivez  admi- 
rable, es  aquella  fe  íntima  que  guía  la  existencia,  regimenta  la 
conducta  y  enciende  en  el  alma  ese  valor  sublime  que  induce 
á  sacrificarlo  todo,  y  primero  que  nada  la  existencia. 


655 

Acerca  de  la  reconciliación  hemos  dicho  tanto,  que  difícil- 
mente traeríamos  á  esta  síntesis  final  ideas  nuestras  que  no  es- 
tuviesen ya  registradas  en  las  páginas  del  libro.  Por  esto  prefe- 
rimos invocar  otros  recuerdos.  Permítasenos  ir  á  buscarlos, 
no  ya  entre  nuestros  hijos  los  israelitas,  sino  entre  aquellos 
que  en  la  joven  y  feraz  América  con  más  fama  llevan  nues- 
tra sangre,  hablan  nuestra  lengua,  magnifican  nuestro  espíritu 
♦y  difunden  nuestra  vida:  los  argentinos. 

Pocos  discursos  hemos  leído  tan  hermosos  y  sentidos  como 
el  que  pronunció  el  gran  orador  D.  FéHx  Frías,  el  año  1857, 
cuando  se  discutió  en  las  Cámaras  provinciales  un  proyecto  de 
ley  para  declarar  á  Rosas  reo  de  la  lesa  patria,  y  confiscarle  sus 
bienes.  Frías,  que  formaba  parte  de  aquellas  Cámaras,  lo 
impugnó  en  términos  tan  evangélicos,  con  frases  y  períodos  tan 
sublimes  y  misericordiosos,  y  con  alcances  tan  universales  y 
previsores,  que  bien  puede  la  Argentina  enorgullecerse  al  mos- 
trar esta  página  memorable  de  la  elocuencia  de  sus  hijos,  como 
el  símbolo  de  su  alma  nacional,  pues  no  se  hallará  nada,  en 
pueblo  alguno,  que  más  afee  el  odio  y  la  venganza,  ni  más 
embellezca  la  nobleza  3"^  el  perdón. 

Frías  buscó  en  la  historia  de  su  recién  nacido  pueblo, 
ejemplos  con  que  persuadir  á  sus  conciudadanos,  y  fijando 
el  pensamiento  en  los  días  más  terribles  de  su  existencia, 
cuando  se  luchaba  contra  la  madre  patria  por  recabar  la  inde- 
pendencia, y  había  luchas  facciosas  entre  los  coterráneos  pró- 
ximos, por  constituir  las  nacionalidades,  evocó  un  recuerdo 
conmovedor. 

Era  en  Septiembre  de  1821;  los  soldados  de  la  Argentina, 
marchando  por  el  camino  de  la  victoria,  habían  ido  muy  lejos, 
á  mil  leguas  del  Río  de  la  Plata.  El  glorioso  general  San  Martín 
acababa  de  fundar  la  independencia  del  Perú,  y  sus  tropas,  cu- 
biertas con  los  laureles  de  Chacabuco  y  de  Maipu,  descansaban 
de  las  fatigas  de  once  años  en  la  Ciudad  de  los  Reyes.  Esta  noti- 
cia fué  comunicada  á  los  representantes  de  Buenos  Aires  por  tres 
Ministros,  y  Rivadavia,  uno  de  ellos,  apareció  llevando  en  su 
mano  derecha  el  parte  del  triunfo  del  general  San  Martín,  mien- 
tras que  con  la  izquierda,  la  del  corazón,  portaba  una  ley  genero- 
sa y  pacificadora:  la  ley  del  olvido.  Pero  no  un  olvido  pequeño, 


656 

condicionado,  sino  el  olvido  de  todo:  de  las  ingratitudes,  de  los 
errores  y  de  las  debilidades,  que  habían  degradado  á  los  hombres 
y  afligido  á  los  pueblos. 

Y  decimos  nosotros:  si  las  virtudes  de  las  naciones  así  obli- 
gan, hasta  perdonar  los  crímenes,  los  despojos  y  las  iniquida- 
des de  los  que  atentan  contra  ellas,  ¿qué  no  se  debe  á  los  hijos 
que  fueron  nuestras  víctimas,  y  aguantaron  con  resignación 
nuestras  crueles  equivocaciones? 


Ellos  sí  que  son  quienes  pueden  perdonarnos  y  nosotros 
los  que  necesitamos  de  su  perdón.  Pero  ya  lo  hemos  visto  en 
nuestras  informaciones:  sus  almas  generosas  protestan,  por  to- 
das partes,  de  que  su  olvido  es  sincero,  de  que  su  amor  á  Es- 
paña perdura,  de  que  el  recuerdo  de  la  vieja  patria  conmueve 
sus  sentimientos.  ¿A  cuánto  no  obliga  tan  noble  conducta? 

No  lo  dude  Israel:  la  era  de  su  rehabilitación  ha  comenzado 
ya.  No  sabemos  si  se  cumplirán  sus  esperanzas  sionistas.  Es 
más;  no  sabemos  si  esta  concentración  de  su  vida  en  un  estado 
pequeño  será  un  bien  para  la  humanidad  y  para  el  pueblo  mo- 
saico. Lo  que  sí  creemos  es  que  hoy  han  tomado  posiciones 
ventajosas  en  el  mundo  todo,  y  que  en  la  resultante  fínal  de 
las  mezclas  étnicas,  y  de  las  nuevas  creaciones  nacionales  y  so- 
ciales por  aquéllas  determinadas,  la  sangre,  el  nervio  y  la  ce- 
rebración  israelita,  serán  un  factor  importante,  que  no  podrán 
conjurar  todos  los  odios  de  la  barbarie,  ni  todos  los  crímenes 
del  fanatismo. 

Deseamos  que  España  sea  de  nuevo  para  ellos  tierra  de 
glorias  y  grandezas,  y  que  no  vean  en  nuestra  obra  móviles 
nacionales  egoístas  y  pequeños.  Al  autor  de  este  libro  no  le 
preocupan  esencialmente  unos  cuantos  comisionistas  españoles 
más  ó  menos  viajando  por  el  planeta  Tierra,  ni  algunos  miles 
de  ciudadanos  extranjeros  desparramados  por  el  mundo,  ha- 
blando esta  ó  la  otra  lengua.  Su  patria,  Israel  y  la  humanidad 
toda  le  sugieren  otros  más  altos  vuelos  y  confraternales  intui- 
ciones, que  las  aparejadas  con  chalanees  y  gitanerías  de  este 
fuste.  Para  detenerse  aquí  no  valía  la  pena  de  acometer  el  via- 
je escribiendo  un  libro  como  este. 


657 

De  la  síntesis  de  sus  páginas  todas  y  de  la  efusión  en  ellas 
•estampada,  creemos  se  desprende  bastante  luz,  para  que  todo 
«spíritu  bien  nacido  vea  claro  y  eleve  su  discurso  á  las  regiones 
más  puras  y  serenas  del  amor.  Decía  Frías  que  los  hombres  no 
son  iguales  sino  cuando  son  hermanos,  cuando  se  aman  y  se 
sacrifican  los  unos  por  los  otros  y  todos  por  la  patria;  y  nos- 
otros aspiramos  con  este  libro,  á  infundir  en  nuestros  compa- 
triotas la  convicción  de  que  los  españoles  tenemos  todavía  mu- 
chos hermanos  por  el  mundo,  y  como  tales  debemos  esti- 
marlos. 

Si  á  pesar  de  estas  explicaciones  hay  en  Francia  ó  en  Turquía 
quien  discurre  de  otro  modo,  forzoso  será  dejarle  en  sus  cavi- 
laciones, ó  darle  un  consejo  que  olmos  al  ingenioso  Dr.  Leta- 
mendi,  en  ocasión  que  examinaba  á  un  alumno  de  medicina. 

Habíase  encerrado  éste  en  reflexiones  tan  chabacanas  sobre 
un  tema  elevado,  que  al  examinador  todo  se  le  volvía  decir: 
«¡No  es  eso,  no  es  eso!»  Cansado  de  tanta  ruindad  dio  de  pron- 
to un  puñetazo  en  la  mesa,  y  exclamó  con  acento  imperativo, 
señalando  una  escalera  del  aula:  «Suba  usted  todos  esos  esca- 
lones y  hable  desde  arriba,  á  ver  si  levantando  del  suelo  algu- 
nos metros  su  cerebro,  discurre  usted  con  más  alteza.» 


Vamos  á  concluir  alzando  también  lo  más  alto  posible 
nuestro  pensamiento. 

Más  de  cincuenta  años  de  vida,  más  de  treinta  de  afanes 
públicos  y  muchos  libros  publicados  al  fuego  de  varios  aposto- 
lados, entrañan  desengaños  y  experiencia  dolorosa.  No  tenemos 
derecho  á  forjarnos  ilusiones  sobre  los  grandes  y  prontos  resul- 
tados de  nuestra  campaña,  ni  á  desconocer  que,  como  otras 
muchas  veces,  preparamos  pócima  amarga,  que  alguien  llevará 
á  nuestros  labios,  como  sucede  con  toda  idea  nueva. 

Acometimos,  largos  años  hace,  una  campaña  por  mejorar 
las  condiciones  en  que  habían  de  ser  tratados  locos  que  vimos 
aherrojados  con  argollas,  y  fuimos  por  ella  injuriado. 

Hicimos  luz  pura  y  decisiva  en  grave  asunto  industrial  que 
interesaba  á  pueblos,  y  tras  del  primer  libro  hubo  de  ir  á  esca- 
pe un  segundo  para  contener  la  maledicencia. 

42 


658 

Señalamos  con  valor  peligros  y  daños  que  habrían  de  ocu- 
rrir á  una  comarca  en  intereses  agrarios,  si  se  realizaba  lo  que 
la  justicia  y  la  razón  condenaban,  y  fuimos  escarnecido. 

Sabemos,  pues,  lo  que  es  la  maledicencia  pública. 

Tres  Cortes  sucesivas  fueron  necesarias  para  que  pudiéra- 
mos humanizar  algo  la  ejecución  de  la  pena  capital  en  España, 
arrancándola  á  los  espectáculos  de  la  barbarie  y  á  las  prolonga- 
ciones cruentas  del  dolor,  y  sabemos,  por  ello,  lo  que  cuesta  in- 
corporar á  las  leyes  aun  lo  que  se  halla  en  la  conciencia  pública. 

¿Qué  viles  rumores  y  cuáles  torpes  resistencias  embaraza- 
rán nuestra  obra?  ¡Quién  lo  sabe!  El  campo  humano  responde 
con  muy  variados  frutos  á  todas  las  siembras,  no  importa  cuá- 
les sean.  La  sociedad  lo  hace  todo  y  casi  siempre  á  ciegas:  es- 
cucha y  desoye;  premia  y  castiga. 

Ya  alguna  vez  hemos  sentido  rumor  desagradable.  Latet 
angiiis  in  herha;  el  áspid  se  esconde  entre  la  hierba,  y  escupirá 
su  veneno. 

Solamente  Dios  es  justo  y  á  él  debemos  confiarlo  todo.  Na- 
die lee  tan  claro  en  el  misterio  de  las  conciencias,  ni  puede  na- 
die, como  El,  hacer  prósperas  y  útiles  la  obra  de  los  hombres. 

El  Dios  de  Abraham  es  el  mismo  que  encarnó  su  hipósta- 
sis  humana  en  el  V^arón  Justo  del  Gólgota,  y  podemos  cuantos 
comulgamos  en  el  común  deseo,  ofrendarle  nuestro  libro,  donde 
todos  pusimos  el  corazón,  y  decirle,  á  semejanza  de  aquellos  re- 
zos é  invocaciones  de  nuestro  nunca  olvidado  maestro: 

Tú,  que  sacaste  de  Egipto  á  los  israelitas  opresos,  y  sumer- 
giste á  los  soberbios  Faraones  en  las  hirvientes  aguas  del  Mar 
Rojo;  Tú,  que  redimiste  á  los  humildes  en  el  Sermón  de  la 
montaña,  y  juntaste  á  todos  los  humanos  en  el  Testamento  de 
tu  divino  Evangelio;  Tú,  que  señalaste  como  camino  de  perdi- 
ción amar  al  amigo  y  aborrecer  al  enemigo,  y  como  camino  de 
perfección,  bendecir  á  los  que  nos  maldicen,  hacer  bien  á  los 
que  nos  aborrecen  y  orar  por  los  que  nos  ultrajan  y  persiguen; 
Tú,  que  anunciaste  el  cumplimiento  terrible  de  las  Sagradas 
Escrituras  en  el  seno  de  Israel,  ordenando  á  Pedro  que  volviese 
á  su  lugar  la  espada  que  cortó  la  oreja  á  Maleo,  en  defensa  tuya, 
y  previniste  que  perecerán  á  espada  quienes  la  espada  tomaren; 
Tú,  que  fuiste  el  Creador  de  todo  y  de  todo  careciste;  porque 


I 


659 

cuajaste  de  frutos  exquisitos  los  árboles  y  la  higuera  te  negó  el 
suyo;  alimentaste  con  ríos  los  mares  y  no  hubo  agua  para  tus 
expirantes  labios;  vestiste  las  aves  y  las  flores  con  las  más  pre- 
ciosas vestiduras,  y  pereciste  desnudo;  infundiste  el  Espíritu 
Santo  haciendo  de  rudos  pescadores  la  encarnación  del  ^'^erbo. 
y  no  fuiste  escuchado;  Tú.  en  fin,  que  en  la  hora  suprema  de  la 
muerte,  cuando  todos  los  dolores  desgarraban  tu  cuerpo,  y 
todas  las  angustias  y  aflicciones  desfallecían  tu  espíritu,  pediste 
á  Tu  Divino  Padre  la  paz  para  los  hombres,  el  perdón  para  tus 
verdugos  y  la  luz  para  los  ciegos;  no  desampares  nuestra  obra, 
protege  á  España,  redimiéndola  de  sus  pasadas  culpas  y  extra- 
víos, porque  ella  desea  volver  á  ser  luminar  de  naciones,  sir- 
viendo á  la  humanidad  por  la  paz,  el  progreso  y  la  libertad,  y 
desarrollando  sus  innatas  energías  y  virtuales  disposiciones,  en 
las  cuales  tiene  inquebrantable  y  profunda  fe;  y  protege  á  tu 
desventurado  pueblo,  donde  hubiste  tu  familia  toda,  floreció  la 
pureza  inmaculada  de  María,  encendióse  el  heroísmo  de  tus 
primeros  mártires,  y  asentaste  las  piedras  angulares  de  tu. 
Iglesia. 


índice  de  erratas 


Páginas, 

Lineas 

20 

38 

107 

2 

271 

13 

293 

8 

» 

38 

294 

3 

323 

3 

» 

8 

» 

23 

Dice. 


Debe  decir. 


Nefoces  .leuda 

Gav   Francos 

civiles  y  religioso 

Zadoc  Kan 

Alfonso  Cerdeira 

Judah  Danon. — Zanzíbar  Qi- 

cétera 
Medeano 
implegos 
Selanique,  Constantinopolo- 

lis 


Nefusot  Yeudá 

Gad  Francos 

civiles  y  políticos 

Zadoc  Kan 

Alfonso  Cerdeira 

Judah  Dañan. 

África  Obiental:  Zanzíbar 

Modeano 

empleos 

Salónica,  Constantinopla 


324 

7  8  9 

Hasta  eí  1306  lo  fué 

por 

los 

Del  1306  hasta  1376  pertene- 

servios   y   hugareses; 

fin 

ció  á  los  servios  y  húnga- 

1376... 

ros.  A  fines  de  1506  inde- 
pendientes. 

» 

13 

decimocuarto 

decimoquinto 

> 

17 

á  la  Italia 

de  la  Italia 

> 

34 

«Din  Judan  in  Portugal» 

«Die  Juden  in  Portugal» 

327 

3 

las  modismas 

los  modismos 

329 

29 

no  son  todas  mis  compatrio- 

no son  todos  mis  compatrio- 

tas las... 

tas  los 

371 

37 

Gomnies 

Gommes 

377 

6 

Hahams 

Hajamim 

430 

1  y  2 

indució 

indujo 

480 

12 

desempeñar 

ocupar 

481 

2 

labios  sacerdotales 

labios  rabinos 

Fig. 

6.a 

Juana  Sliak 

Juana  Siaky 

Fig 

59. 

Marcus  M.  Ruffo 

y  siempre  que  se  cita  este 
nombre:  Marcus  M.  Russo. 

Fig. 

119. 

Behmoisam 

Behmoiram 

Fig. 

124. 

escultor 

escritor 

índice 


Consta  esta  obra  de  lo  siguiente: 

Peói.ogo.— Destinado  á  exponer  los  fundamentos  y  estructura  del  libro. 
Comprende  desde  la  página  1.a  á  la  18. 

Pbimeea  paete.— Consagrada  á  la  reivindicación  de  Israel,  fuera  y  den- 
tro de  España,  y  al  estudio  del  ladino.  Tiene  13  capítulos  y  comprende 
desde  la  página  19  hasta  la  290. 

Segunda  paete.— Consagrada  á  la  presentación  regional  de  la  raza  se- 
fardí en  el  mundo.  Tiene  10  capítulos  y  comprende  desde  la  página 
291  hasta  la  518. 

Tebceba  paete.  —Consagrada  á  estudiar  las  condiciones  biológicas  de 
España,  morales  y  económicas,  y  sus  relaciones  futuras  con  los  sefar 
dim.  Tiene  7  capítulos  y  comprende  desde  la  página  619  hasta  la  640 

Adición.— Registra  tres  informaciones  breves  de  Servia,  Argentina  y 
Constantinopla.  Desde  la  página  641  hasta  la  646. 

Epílogo  —Destinado  á  condensar  en  un  resumen  final  el  espíritu  y  los 
motivos  principales  de  la  obra. 


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JAN  J  O  2005 


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■JÜdo  y  Fernandez,  Ángel, 
i  S52-1932. 

^oanoles  sin  patria  y  la 
aza  sefardí  / 


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